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Cómo usar los filtros de Zoom para no “aparecer como gato” | Que no te pase como al fiscal Rod Ponton



Las videollamadas se han convertido en una vía de comunicación indispensable en tiempos de pandemia. Una de las aplicaciones más populares para el contacto a distancia es Zoom que, al igual que en otros servicios populares, les da a sus usuarios la posibilidad de cambiar el fondo a través de filtros e incluso modificar su rostro.

En los últimos días se volvió viral el video de un juicio por Zoom en Texas, Estados Unidos, compartido por el juez Roy Ferguson, del juzgado del distrito 394. En el video se ve cómo el abogado Rod Ponton ingresó al juicio online con un filtro de gato, activado por su hijo, que ni él ni sus asistentes podían cambiar. “No soy un gato”, aseguraba mientras al resto de letrados.

A raíz de este cómico incidente, Zoom ha tomado el guante de la necesidad de ha explicar a sus usuarios el uso de filtros.

Cómo usar los filtros

Zoom dispone de una variedad de filtros propios gratuitos para que las reuniones sean divertidas. En una reunión, basta con hacer clic en la flecha hacia arriba situada junto al icono de ‘Detener vídeo’ y seleccionar ‘Elegir filtro de vídeo’. Es posible hacer clic en diferentes filtros para probarlos, y también activar los filtros de vídeo cuando no se está en una reunión.

Filtros ajenos a Zoom

Algunas aplicaciones, como Snap Camera, ofrecen más opciones de filtros que son compatibles con Zoom. 

El primer paso para esto es descargar e instalar el ‘software’ de terceros, y asegurarse también de que el usuario tiene la última versión del cliente de escritorio de Zoom. Después, en el cliente de escritorio de Zoom, hay que hacer clic en la imagen de perfil en la esquina superior derecha de la pantalla y seleccionar ‘Configuración’ y hacer clic en ‘Vídeo’ en el panel izquierdo.

Luego, en ‘Cámara’, hay que hacer clic en el menú desplegable y seleccionar la aplicación de terceros como cámara.

Cómo eliminar los filtros

Hay varias formas de eliminar los filtros de terceros en una reunión de Zoom. El usuario debe hacer clic en la flecha hacia arriba situada junto al icono de “Detener vídeo”.

Es necesario que seleccione una configuración de cámara diferente, o pruebe seleccionar cada cámara de la lista hasta que vuelva a la normalidad. En el caso de los filtros propios de Zoom, el proceso requiere también hacer clic en la flecha hacia arriba situada junto al ícono de “Detener vídeo” y, seleccionar “Elegir filtro de vídeo” para abrir la ventana de configuración. Luego elegir ‘Ninguno’ en la esquina superior.

Eliminar el filtro antes de una reunión es seguramente la opción más recomendable, y es posible comprobar la configuración de antemano para asegurarte que el vídeo no tiene filtros. Para ello, en el cliente de escritorio de Zoom, el usuario tiene que hacer clic en la foto de perfil en la esquina superior derecha de la pantalla, seleccionar “Configuración” y elegir “Fondo y filtros” en el panel izquierdo.

De esta manera, el usuario puede comprobar la vista previa de su video para ver si tiene algún filtro seleccionado. Este es también el momento perfecto para asegurarse de que el fondo virtual sea el adecuado. 

Si se quiere desactivar un filtro de video, hay que hacer clic en la pestaña “Filtros de vídeo” debajo de la ventana de vista previa del vídeo y seleccionar la casilla “Ninguno” en la esquina superior izquierda. Puede que haya que desplazarse hacia arriba hasta ver esta opción.



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Los talleres literarios que se le plantaron a la pandemia

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Patricia Bullrich, imprudente al volante: hizo un zoom mientras manejaba | El hecho es ilegal y está prohibido por las leyes de tránsito 



La dirigente de Juntos por el Cambio y presidenta del PRO, Patricia Bullrich, cometió una imprudencia al participar de una reunión virtual a través de la aplicación Zoom mientras manejaba su auto. Más allá de manejarse de manera imprudente, la situación es ilegal y está prohibida por las leyes de tránsito en el país, Ciudad y Provincia.

Las imágenes y el video se viralizaron rápidamente y aún se desconoce quién filtró ese material. Parte de la interna que ya arde dentro del espacio macrista que tiene varias vertientes.

Según la información difundida, Bullrich cometió la imprudencia mientras hablaba con el expresidente Mauricio Macri, quien está de vacaciones en el sur del país como suele hacer en sus veranos y como lo acostumbraba también como mandatario nacional. La ex ministra de Seguridad fue repudiada en las redes sociales por la negligencia de mostrarse de esa manera, hecho que está prohibido por las leyes de tránsito nacionales.

En Provincia, la Ley de tránsito sostiene que no se puede “utilizar durante la conducción de un vehículo, auriculares y/o sistemas de comunicación telefónica manual, para hacerlo deberán detener el vehículo”. Por su parte, en Capital Federal, el texto es más específico y en el Artículo 6.1.26 de la Ley 451, se establece que “el/la que conduzca un vehículo o motovehículo manipulando teléfono celular o utilizando auriculares en ambos oídos o utilizando equipos reproductores de video, es sancionado con una multa de 100 Unidades Fijas”. Justamente, al estar utilizando la plataforma Zoom, se reproducen videos que pueden distraer al conductor, en este caso, Patricia Bullrich. 



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Argentina normal

El caso de Paola De Simone, la docente que murió mientras daba clases por Zoom | La vida mediatizada, la muerte expuesta



Lo cotidiano hoy está mediatizado y expuesto. En esa situación nos pone la pandemia. Las prácticas mediatizadas se imponen a rituales tradicionales como dar o tomar una clase –en modo virtual–, y se conjuga con la incertidumbre ante el coronavirus y lo imprevisto de la muerte. Esa acechanza potenciada por un virus del que se ignora casi todo se cierne sobre este mundo mediatizado donde quedó inscripta la muerte de la docente Paola De Simone, mientras daba una clase por Zoom a sus estudiantes universitarios.

Expone la “construcción de un mundo mediatizado del que todavía no tomamos conciencia” sostiene el investigador en comunicación y docente universitario José Luis Fernández. Esa falta de conciencia sobre las prácticas transformadas por la virtualidad, es lo que expuso la muerte de la docente, el 2 de septiembre, mientras daba una clase para la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Y quedó inscripta en una línea de tragedias que todavía la sociedad no ha tramitado, en el sentido de “entender el evento” detalla Fernández. Esto supone deconstruir esa muerte y tratar de entenderla desde la dinámica que impone la modalidad. “Lo desmontás y aparece que la docente trabajaba con la misma intensidad del cara a cara –señala Fernández–, sin darse cuenta de que la salud ocupaba un lugar distinto y un tipo de estrés que le generaban las pantallas respecto al aula como ámbito especializado y de contención”.

Paola había tenido covid y aún mantenía síntomas: “leves” explicó la docente en un mensaje de redes cinco días antes del hecho. Y se los recordaba a sus alumnos cada vez que iniciaba una clase. Es parte del protocolo docente. Y esos alumnos fueron los que al viralizar el video de su muerte dieron la alarma sobre “la mediatización de la vida y de la muerte”, destaca Fernández.

El caso inicialmente puso en cuestionamiento el vínculo con sus empleadores. Paola era licenciada en Relaciones Internacionales, en Ciencias Políticas, y se especializó en Recursos Humanos. Daba clases en la UADE y también en el CBC de la UBA, luego de ejercer 15 años en la Torcuato Di Tella, y de graduarse en El Salvador.

“Pero nosotros no nos expedimos porque no vimos hasta el momento que hubiera ninguna anormalidad del empleador para con ella. No hubo denuncias, ni de su familia, respecto a esto. Ella decidió seguir dando clases estando enferma” explican en el Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP). Al sinfín de dudas que provocó su muerte, sus colegas responden con palabras sencillas: “siguió trabajando porque estaba en la casa y no se sentía mal”, “la distraía, era bueno para ella”, “no estaba mal como para quedarse en cama”, cuentan.

Para el SADOP, lo importante es ver que “se trata de una situación de emergencia. No estamos haciendo educación a distancia ni teletrabajo, estamos tratando de mantener el recorrido educativo de los estudiantes ante una emergencia”. Y refuerzan a partir de este caso, la necesidad de garantizar los derechos laborales “como si fueran en el marco de nuestros trabajos habituales”. Pero “tuvimos que adaptarnos a trabajar por medios tecnológicos, tuvimos que aprender muy rápidamente a trabajar desde casa”, detallan. “Por eso queremos advertirles a nuestros compañeros que si se sienten mal tienen que solicitar licencia, porque aunque no tengan que viajar para dar clases, lo que hacemos sigue siendo trabajo, es intensivo y es estresante” sintetizan.

“No sabemos lo que pasó, aparentemente Paola no presentó ningún pedido de licencia a la universidad. No era afiliada nuestra, pero no tenemos constancia de una denuncia en ese sentido ni de que ella hubiera pedido licencia y se la hubieran negado”, explican. Pero el caso les permite “reafirmarnos en el acta paritaria que se firmó el 4 de junio en el Ministerio de Educación, donde se define que esto no es teletrabajo, es educación en un contexto de aislamiento social y es importante garantizar la desconexión digital, no estar en jornada laboral extendida y respetar el horario que teníamos en las aulas”. Destacan que las situaciones médicas continúan teniendo licencia médica. La covid-19 es considerada una enfermedad profesional. La toma la ART. Es un logro gremial. “Si te pasa, avisás, llamás al médico y mandás el certificado para tener una licencia médica” indican.

Desde FEDUBA, el gremio que agrupa a los docentes de la UBA, Christian Dodaro, su Secretario de Comunicación coincide: “hay que extremar los cuidados y pensar que la situación de aislamiento no exime de la licencia por enfermedad, ni de la necesidad de avanzar en el reconocimiento de las condiciones que las universidades tienen que garantizar como las herramientas de trabajo y la conectividad”, aporta.

La muerte de Paola conmovió a la comunidad educativa. No solo por la voracidad digital sobre el video del evento que se hizo viral. “Sino porque muestra niveles de no conciencia social e individual sobre las mediatizaciones” sostiene Fernández, docente de la UBA. Habla de “pasar del cara a cara, a lo mediatizado hace que muchos docentes están desbordados y enojados porque lo ven como perdida. Cuando en realidad es otro régimen de intercambio discursivo. Y hay una gran riqueza, pasan otras cosas, para las que no estamos entrenados y que además la sociedad ignora porque solo se piensa en el contenido. En Zoom, la mediatización se impone”.

Para Fernández, la mediatización expone otro nivel de análisis y es que “estás en vivo, te morís o pasa cualquier cosa, porque el vivo está lleno de accidentes y no hay conciencia de eso. Decir sincrónico, es decir ‘en vivo’, y la muerte se convierte en un evento social para los que miran, te desmayás o se te cae el mate, es el vivo”, enfatiza. Y señala otro nivel de análisis: el de las plataforma y redes: “estas ahí y la profe tiene un colapso, es un tema” reflexiona.

“En el evento que es hoy una clase, estás al borde de la viralizacion con cualquier cosa que salga de la norma, va a circular, esa conciencia de estar en red no está extendida” sostiene el investigador. Y respecto a la queja sobre la reacción de los alumnos señala: “La viralización es inevitable, es un efecto, en este mundo de procedimientos y circunstancias fuera de control, no podemos suponer o especular, sino tratar de entender”. ¿Tendría que haber trabajado la docente, no tendrían que haber viralizado la escena los alumnos?, se pregunta. “Son suposiciones, hay que pensar qué pasó y cómo se llegó a eso. Claramente no por conciencias sino por automatismos” advierte.

Para el SADOP, “a veces la vocación hace que llegado el momento uno siga, y no se puede seguir siempre. Y a pesar de que estemos en casa, no hay que seguir trabajando si entramos en contacto con la enfermedad, es nuestro mensaje a la comunidad” concluyen.

La encuesta

“Apenitas comenzó la pandemia –cuentan en SADOP– organizamos una encuesta nacional sobre trabajo docente: ‘Contanos para ayudar’. Surgió que el 60% de los trabajadores no tenía una computadora de uso exclusivo para trabajar, la tenía que compartir en el ámbito familiar. La cantidad de horas de trabajo excede hoy lo que se hace habitualmente en el aula. Aumentan los dolores y se suman nuevos, en espalda y brazos, por la posición ante la computadora”, resumen. Sobre esa base luego se firmó la paritaria con la que se trató de dar un orden a la nueva modalidad, “que apareció de la nada y donde tuvimos que aprender todo –destacan–, y seguiremos aprendiendo, mientras los empleadores tienen que hacer todo lo posible para proveer de los elementos tecnológicos a los empleados”. 



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El caso de Paola De Simone, la docente muerta mientras daba clases por ZOOM | La vida mediatizada, la muerte expuesta



Lo cotidiano hoy está mediatizado y expuesto. En esa situación nos pone la pandemia. Las prácticas mediatizadas se imponen a rituales tradicionales como dar o tomar una clase –en modo virtual–, y se conjuga con la incertidumbre ante el coronavirus y lo imprevisto de la muerte. Esa acechanza potenciada por un virus del que se ignora casi todo se cierne sobre este mundo mediatizado donde quedó inscripta la muerte de la docente Paola De Simone, mientras daba una clase por Zoom a sus estudiantes universitarios.

Expone la “construcción de un mundo mediatizado del que todavía no tomamos conciencia” sostiene el investigador en comunicación y docente universitario José Luis Fernández. Esa falta de conciencia sobre las prácticas transformadas por la virtualidad, es lo que expuso la muerte de la docente, el 2 de septiembre, mientras daba una clase para la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Y quedó inscripta en una línea de tragedias que todavía la sociedad no ha tramitado, en el sentido de “entender el evento” detalla Fernández. Esto supone deconstruir esa muerte y tratar de entenderla desde la dinámica que impone la modalidad. “Lo desmontás y aparece que la docente trabajaba con la misma intensidad del cara a cara –señala Fernández–, sin darse cuenta de que la salud ocupaba un lugar distinto y un tipo de estrés que le generaban las pantallas respecto al aula como ámbito especializado y de contención”.

Paola había tenido covid y aún mantenía síntomas: “leves” explicó la docente en un mensaje de redes cinco días antes del hecho. Y se los recordaba a sus alumnos cada vez que iniciaba una clase. Es parte del protocolo docente. Y esos alumnos fueron los que al viralizar el video de su muerte dieron la alarma sobre “la mediatización de la vida y de la muerte”, destaca Fernández.

El caso inicialmente puso en cuestionamiento el vínculo con sus empleadores. Paola era licenciada en Relaciones Internacionales, en Ciencias Políticas, y se especializó en Recursos Humanos. Daba clases en la UADE y también en el CBC de la UBA, luego de ejercer 15 años en la Torcuato Di Tella, y de graduarse en El Salvador.

“Pero nosotros no nos expedimos porque no vimos hasta el momento que hubiera ninguna anormalidad del empleador para con ella. No hubo denuncias, ni de su familia, respecto a esto. Ella decidió seguir dando clases estando enferma” explican en el Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP). Al sinfín de dudas que provocó su muerte, sus colegas responden con palabras sencillas: “siguió trabajando porque estaba en la casa y no se sentía mal”, “la distraía, era bueno para ella”, “no estaba mal como para quedarse en cama”, cuentan.

Para el SADOP, lo importante es ver que “se trata de una situación de emergencia. No estamos haciendo educación a distancia ni teletrabajo, estamos tratando de mantener el recorrido educativo de los estudiantes ante una emergencia”. Y refuerzan a partir de este caso, la necesidad de garantizar los derechos laborales “como si fueran en el marco de nuestros trabajos habituales”. Pero “tuvimos que adaptarnos a trabajar por medios tecnológicos, tuvimos que aprender muy rápidamente a trabajar desde casa”, detallan. “Por eso queremos advertirles a nuestros compañeros que si se sienten mal tienen que solicitar licencia, porque aunque no tengan que viajar para dar clases, lo que hacemos sigue siendo trabajo, es intensivo y es estresante” sintetizan.

“No sabemos lo que pasó, aparentemente Paola no presentó ningún pedido de licencia a la universidad. No era afiliada nuestra, pero no tenemos constancia de una denuncia en ese sentido ni de que ella hubiera pedido licencia y se la hubieran negado”, explican. Pero el caso les permite “reafirmarnos en el acta paritaria que se firmó el 4 de junio en el Ministerio de Educación, donde se define que esto no es teletrabajo, es educación en un contexto de aislamiento social y es importante garantizar la desconexión digital, no estar en jornada laboral extendida y respetar el horario que teníamos en las aulas”. Destacan que las situaciones médicas continúan teniendo licencia médica. La covid-19 es considerada una enfermedad profesional. La toma la ART. Es un logro gremial. “Si te pasa, avisás, llamás al médico y mandás el certificado para tener una licencia médica” indican.

Desde FEDUBA, el gremio que agrupa a los docentes de la UBA, Christian Dodaro, su Secretario de Comunicación coincide: “hay que extremar los cuidados y pensar que la situación de aislamiento no exime de la licencia por enfermedad, ni de la necesidad de avanzar en el reconocimiento de las condiciones que las universidades tienen que garantizar como las herramientas de trabajo y la conectividad”, aporta.

La muerte de Paola conmovió a la comunidad educativa. No solo por la voracidad digital sobre el video del evento que se hizo viral. “Sino porque muestra niveles de no conciencia social e individual sobre las mediatizaciones” sostiene Fernández, docente de la UBA. Habla de “pasar del cara a cara, a lo mediatizado hace que muchos docentes están desbordados y enojados porque lo ven como perdida. Cuando en realidad es otro régimen de intercambio discursivo. Y hay una gran riqueza, pasan otras cosas, para las que no estamos entrenados y que además la sociedad ignora porque solo se piensa en el contenido. En Zoom, la mediatización se impone”.

Para Fernández, la mediatización expone otro nivel de análisis y es que “estás en vivo, te morís o pasa cualquier cosa, porque el vivo está lleno de accidentes y no hay conciencia de eso. Decir sincrónico, es decir ‘en vivo’, y la muerte se convierte en un evento social para los que miran, te desmayás o se te cae el mate, es el vivo”, enfatiza. Y señala otro nivel de análisis: el de las plataforma y redes: “estas ahí y la profe tiene un colapso, es un tema” reflexiona.

“En el evento que es hoy una clase, estás al borde de la viralizacion con cualquier cosa que salga de la norma, va a circular, esa conciencia de estar en red no está extendida” sostiene el investigador. Y respecto a la queja sobre la reacción de los alumnos señala: “La viralización es inevitable, es un efecto, en este mundo de procedimientos y circunstancias fuera de control, no podemos suponer o especular, sino tratar de entender”. ¿Tendría que haber trabajado la docente, no tendrían que haber viralizado la escena los alumnos?, se pregunta. “Son suposiciones, hay que pensar qué pasó y cómo se llegó a eso. Claramente no por conciencias sino por automatismos” advierte.

Para el SADOP, “a veces la vocación hace que llegado el momento uno siga, y no se puede seguir siempre. Y a pesar de que estemos en casa, no hay que seguir trabajando si entramos en contacto con la enfermedad, es nuestro mensaje a la comunidad” concluyen.

La encuesta

“Apenitas comenzó la pandemia –cuentan en SADOP– organizamos una encuesta nacional sobre trabajo docente: ‘Contanos para ayudar’. Surgió que el 60% de los trabajadores no tenía una computadora de uso exclusivo para trabajar, la tenía que compartir en el ámbito familiar. La cantidad de horas de trabajo excede hoy lo que se hace habitualmente en el aula. Aumentan los dolores y se suman nuevos, en espalda y brazos, por la posición ante la computadora”, resumen. Sobre esa base luego se firmó la paritaria con la que se trató de dar un orden a la nueva modalidad, “que apareció de la nada y donde tuvimos que aprender todo –destacan–, y seguiremos aprendiendo, mientras los empleadores tienen que hacer todo lo posible para proveer de los elementos tecnológicos a los empleados”. 



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Sin huevos ni harina, universitarios que se recibieron por Zoom

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Mentime que me gusta | La comunicación en pandemia



El aislamiento preventivo puso en crisis al mundo, y los gobiernos mostraron salidas administradas frente a la encrucijada por resolver el golpe en las economías locales. En tanto, los ciudadanos digitales nos quedamos en casa y pasamos el rato consumiendo datos, hablando por Whatsapp o Zoom, entre otras aplicaciones.

Tomando las últimas estadísticas estamos mal pero no tanto. Seguimos haciendo la parabólica humana, como en los años noventa, para tener señal y mantenemos en línea. Según la Cámara Argentina de Internet en septiembre de 2019, contábamos con 9.164.684 conexiones, equivalente a un 65,8 % de penetración en los hogares. Para el INDEC, 8 de cada 10 habitantes de conglomerados urbanos usaron datos desde un celular durante el último tercio del año pasado.

Esos consumos en las ciudades coinciden con los lugares en donde más contagia la covid-19. Y es allí donde el flujo de informaciones circula a gran escala, con la particularidad de hacerlo por medios sociales como Tik-Tok, Instagram, Facebook o Whatsapp.

Whatsapp pertenece a Facebook y Zoom es la herramienta de moda, mientras otras plataformas de contenidos nos divierten hasta morir de aburrimiento. Si bien Netflix ocupa el centro del firmamento de las OTT, la vaca lechera sigue siendo el cable que viene incluido en los paquetes de cuádruple play. Desde 2018 Cablevisión Holding es el principal beneficiario gracias al control cruzado del Grupo Clarín sobre los mercados convergentes y sus prácticas de dumping.

Así las cosas, los Estados instrumentaron estrategias aprovechando Internet. Algunos optaron por preservar la salud e integridad de las personas; en tanto, tipos como Donald Trump eligieron la Bolsa en lugar de la vida.

Para pensar la comunicación en pandemia podemos hacerlo desde dos ejes.

El del flujo constante de información horizontal descrito por Pablo J. Boczkowski en “La postverdad” (Anfibia, 2017). Allí, el investigador deja en suspenso el análisis de “cámaras de eco” y “burbujas de filtro” por las cuales Trump torció el rumbo electoral que lo llevó a la presidencia en 2017, tras comprar 87 millones perfiles de Facebook y orientar el voto indeciso, vía Cambridge Analytica.

Para Boczkowski hay una suerte de “curaduría algorítmica” mezclada con una crisis cultural generalizada en todos los ámbitos sociales, se trate del periodismo, la salud o la escuela. En ese terreno se reproducen las fake news.

Además son visibles los errores del periodismo atolondrado que no chequea sus fuentes (o es operado por ellas).

Esta horizontalidad debe cruzarse con el eje vertical de la globalización capitalista, porque los ciudadanos cedemos nuestros datos personales como moneda de cambio.

Confiamos en que los amigos de FB son buenos y cuando escuchamos que Google News Initiative o FB Journalism Project van a mejorar el mundo, les creemos. Todo a pesar de Trump, los Panamá Papers y las wikifiltraciones del Pentágono.

Las redes sociales emulan la tradición oral y juegan al teléfono descompuesto, creando ambientes de información falsa o con sesgos de confirmación, movilizados por pasiones de una sociedad que encuentra en los smartphones las extensiones del cuerpo que adelantó McLuhan. ¡Y estamos fascinados por el sexto sentido de las tecnologías y sus pantallas!

Pero hoy el eje del poder vertical crea una ilusión de horizontalidad que no es lineal como en los tiempos de teléfonos a disco. Sus ruidos en la comunicación reproducen rumores que no son otra cosa que mentiras que nos gustan. Acá en Argentina, en EEUU y en la isla de Hong Kong.

*Docente universitario. Facultad de Ciencias Sociales – UBA



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Las fallas en Zoom generaron el caldo ideal para una nueva y efectiva estafa online

Las fallas en Zoom generaron el caldo ideal para una nueva y efectiva estafa online

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