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Mayor Buratovich: denuncian un caso de violencia policial  | A la joven de 20 años “la amasaron a palos”, dijo su madre



La comisaría de Mayor Buratovich quedó en el centro de otra denuncia por violencia policial. “Ahí están los policías que detuvieron a Facundo Castro, eso ya te quema en la cabeza”, dijo Luciana Giménez al denunciar que los policías de esa dependencia policial dieron una golpiza a su hija, de 20 años, cuya identidad este diario preserva porque la joven está en situación de vulnerabilidad. Giménez compartió en redes un video en el que explica que la joven salió el domingo con amigos y al regresar a su casa se asustó al ver uniformados, intentó pedir ayuda en otra casa pero sus ocupantes al sentir golpes en la puerta también tuvieron temor y llamaron a la policía. Voceros de la secretaría de Derechos Humanos provincial dijeron a Página/12 que están interviniendo en el caso, pero la familia aseguró que “nadie se nos acercó”. “Quiénes se creen que son para golpearla así, no les tengo miedo, los voy a enfrentar como hizo Cristina Castro, si me la mataban no me la iban a devolver, golpean a los pibes con problemas de drogas, no hay dónde denunciar, esto es tierra de nadie”, denunció la madre de la joven.

“Mi hija llegó de madrugada y cuando se levantó pudimos ver en su cuerpo las heridas y los hematomas, ella decía que le dolía todo, que la habían molido a palos”, relató Giménez. La mujer interrogó a su hija, pero dijo que más allá de lo que ella haya hecho no se la podían devolver así. También expresó que L, tal la inicial de su nombre, ya había sido detenida con anterioridad. Giménez reconoce que L tiene “problemas de adicciones”, pero que eso “no justifica lo que le hicieron en la comisaría, no hay derecho, me la entregaron llena de golpes maltratada, en el hospital casi no la revisaron”. Y agregó: “Están haciendo lo mismo que hicieron con Facundo, si no la voy a buscar no la veo más, la policía de Buratovich quiere más jóvenes muertos”, dijo entre llantos.

“Le golpearon la cara y los genitales”

El domingo a la noche L había salido con amigos al bar Carrusel, al salir hacia su casa se cayó y la ayudaron a levantarse y seguir. Una cuadra antes de llegar a su hogar se habría asustado al ver las luces de una patrulla e intentó refugiarse en lo que supuestamente pensó que era su casa, pero golpeó la puerta de sus vecinos, quienes llamaron a la policía y así fue como L terminó detenida en la comisaría de Mayor Buratovich. Fue acusada de querer ingresar a esa vivienda para robar. El amigo, al que también detuvieron, contó que “la arrastraron para subirla al patrullero, y tue una de las policías le metió un puñetazo con un anillo puesto y le rasguñó el cuello. “La patearon en el piso, tiene los puntinazos en el cuerpo, en el estómago y en sus partes íntimas, no se podía levantar”. En la comisaría, no le permitieron verla pero tampoco le explicaban lo sucedido. “Soy una madre luchadora y voy a luchar por ella”, dijo la mujer, trabajadora del INTA.

Voceros de la secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires dijeron a este diario que están interviniendo desde el lunes, al igual que integrantes del ministerio de Seguridad, que “iniciaron de oficio una investigación en Asuntos Internos”. Según fuentes de esa dependencia provincial, la Dirección de Políticas contra la Violencia Institucional de la subsecretaría de Derechos Humanos pidió desafectar al policía identificado, algo que aún no se concretó. Las fuentes agregaron que le “están ofreciendo contención psicosocial desde la dirección de programas para el Desarrollo Sociocomunitario en articulación con los equipos de control de adicciones de Salud de Bahía Blanca, pero indicaron que desde la familia no les respondieron”. 

Sin embargo, la familia aseguró que están solos en su lucha. “Si los pibes hacen cosas que no deben es porque necesitan ayuda, no golpes, las instituciones no se hacen cargo, nadie nos ofreció algo para internar a mi hija”, explicó. Y se dirigió a un policía que es de Pedro Luro pero trabaja en Buratovich y a su compañera, a quien acusó de pegarle un puñetazo en la cara a L: les dijo que los quiere presos.

“Hay droga en Buratovich pero son los policías los que están en la mafia, a mi hija no me la van a tocar más, si me quieren matar que lo hagan pero antes voy a hablar, voy a llamar a los medios, a Facundo lo mataron ellos, estoy harta del abuso de la institución policial que toma represalias contra el pueblo, qué derecho tienen de tocarla sin una orden judicial si yo jamás le levanté una mano”, dijo y rompió en llanto.

La comisaría de Buratovich

Mayor Buratovich es el pueblo de nueve mil habitantes del partido de Villarino donde la mañana del 30 de abril Facundo Astudillo Castro tuvo su primer encuentro con los policías Jana Curuhinca y Mario Sosa, que lo detuvieron por circular sin permiso y en violación al ASPO. En el caso de Luciana y su hija, acusaron a un oficial y otra oficial cuyo nombre no conocen. Giménez dijo que presentará una denuncia judicial ante la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin), que depende del Ministerio Público Fiscal y cuyo titular es Andrés Heim, uno de los fiscales de la causa por la desaparición forzada de Facundo Castro. “Acá todo se tapa, se cubren entre ellos, , dice la madre de la joven de 20 años en el video que tuvo alta circulación en las redes. “El pueblo les paga el sueldo, voy a ir hasta el Presidente, esto no es política, voy a hacer como Cristina”, dijo.



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Trabajadoras sexuales marcharon contra la violencia policial durante la cuarentena

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Recrudece la protesta contra la violencia policial en Colombia | En lo que va del año murieron 230 personas en 56 masacres en todo el país



Desde Medellín.Cuando bajaba de un bus, en medio de las fuertes protestas que desató el asesinato de Javier Ordóñez a manos de policías en Bogotá, Jennifer recibió un disparó. Murió. Gabriel, Julián y en total 13 personas también. El dolor y la rabia son incontenibles: la masacre número 56 del año en Colombia indignó aún más a los jóvenes y ciudadanos que exigen al Estado protección a sus vidas en vez de ser acribillados mientras reclaman sus derechos. En medio del confinamiento, el pueblo colombiano venía condenando virtualmente el asesinato de 230 personasen lo que va del año, según Indepaz. La indignación por el homicidio de Ordóñez que quedó registrado en video mientras suplicaba “por favor” llevó la gente a las calles. El doloroso 2020 ha incluido, además del horrible record del regreso de las masacres, el desplazamiento forzado masivo de comunidades rurales, la amenaza constante por parte de paramilitares, y el creciente asesinato de líderes sociales y defensores humanos, y de los ex guerrilleros de Farc.

Además, las organizaciones campesinas, indígenas y afros han vivido el exterminio con más fuerza durante la cuarentena, y el hostigamiento no solo de grupos al margen de la ley que se disputan sus territorios tras la salida de la ex guerrilla y del Estado mismo de l zona ha venido en aumento. Los operativos armados por la erradicación de la coca se llevan por delante a quienes se empeñan a defender el programa de sustitución voluntaria acordado en La Habana, que les llevó a erradicar las matas, pero no al pago prometido por parte de gobierno. Varios campesinos han sido asesinados en diversos puntos recónditos de la geografía colombiana. Al cierre de esta edición, la Organización Zonal Indígena del Putumayo dio a conocer que en medio de confrontaciones entre Policía y campesinos que se oponen a la erradicación un indígena menor de edad fue herido con un arma de fuego.

Para Jose Quiroga, activista de Medellín conocido como Aquinoticias, “hay un malestar general en la sociedad colombiana que viene creciendo y que se ha manifestado en los últimos diez años con movilizaciones en los sectores indígenas y campesinos. En el sector urbano, los últimos tres años se ha tenido una fuerte movilización; luego vino el Paro Nacional del año pasado que se vio interrumpido por la pandemia; y ahora la gente volvió a las calles tras el asesinato de Ordónez”.

Para Jose, quien también es abogado e influencer, lo que se expresa hoy en las calles de Colombia es la respuesta a la exclusión social y política, el malestar que tiene el pueblo por las pruebas de la relación entre el narcotráfico y el equipo del actual gobierno de Iván Duque y, en los últimos días y marchas consecutivas, el dolor por la violencia policial que le arrebata la vida a los más jóvenes y el rechazo generlizado al abuso de la Fuerza Pública que, el año pasado, terminó con la vida de Dylan Cruz alcanzado por armas de la policía en la capital, y que está levantando todo tipo de denuncias: abuso sexual, obstrucción a la labor informativa, detenciones irreguales, y hasta detenciones en centros clandestinos como se evidenció en videos donde, además, se prueba cómo los agentes de policía se intercambian armas con hombres de civil, disparan en equipo, y además apuntan directamente al cuerpo de los manifestantes y los golpean en estado de indefensión.

Los hombres y mujeres que perdieron la vida por los disparos indiscriminados de los agentes eran todos jóvenes y algunos, como Jennifer, ni participaban de la protesta. También es este el caso de Angie, que recibió una bala y fue encontrada herida y agonizando por su familia. Por eso y por el exceso de la fuerza que la alcaldesa de la capital, Claudia López, no ha podido detener alegando insubordinación en la Policía, los movimientos estudiantiles, organizaciones y ciudadanos sin filiación alguna están manifestándose a diario. Los videos muestra cómo, además, los policías atacaron casas en barrios periféricos, amenazaban a los vecinos en los balcones, y dispararon contra conjuntos residenciales. Además, atacan a transeúntes desprevenidos y les propinan golpizas. Desde la noche del 9 de septiembre cuando iniciaron las movilizaciones y disturbios, ongs como Temblores y Campaña Defender la LIbertad reportan casi un centenar de heridos. La mayoría son civiles, y un porcentaje mínimo son agentes. En algunos casos, como lo asegura el padre Alejandro Angulo del Centro de Investigación y Educación Popular CINEP, en Colombia las protestas suelen ser infiltradas por agitadores profesionales. En las redes sociales, muchos afirman que quienes destruyen el comercio podrían ser policías o vándalos pagados por policías para generar caos y deslegitimar la protesta. Por su lado, el gobierno y el empresariado acusan a guerrillas urbana de los desórdenes.

Según Angulo, el uso de armas de fuego es inaceptable en las protestas. La fuerza policial se hizo para cuidar.  “El poder político y la fuerza deberían ser neutrales, servir a toda la población en vez de estar del lado de los ricos,” señala. El investigador contribuye con el Banco de Datos de DD.HH .y Violencia Política.  En su Revista Noche y Niebla ha dado conocer que los mayores violadores de derechos humanos en Colombia en 2019 fueron los paramilitares y la policía. Según el informe del banco ciado en la revista, en 2019 se presentaron 411 hechos de violación a los dd.hh. por parte de policías en todo el país, mientras los de “paras” fueron 461.

Son ya siete días continuos de protestas no solo en las plazas y avenidas, sino también en la virtualidad, donde crece el llamado a la renuncia del Ministro de Defensa de Iván Duque, Carlos Holmes, y a la reforma estructural al cuerpo policial.  “La ciudadanía está exigiendo una reestructuración profunda de la Policía. Que pase del Ministerio de Defensa al Ministerio del Interior. Que la doctrina cambie, que supere la doctrina del enemigo interno, que se desmonte el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) y que se judicialice a los policías y políticos responsables,” explica el activista José Quiroga a Página/12.  Afirma que es inadmisible que la sociedad se preocupe más por las paredes dañadas que por los cuerpos de sus conciudadanos abatidos por quienes deberían cuidarles. En los puestos de policía que fueron incendiados y dañados durante las protestas, grupos culturales y vecinos instauraron bibliotecas y llevan a cabo veladas musicales donde invitan a educar la rebeldía y cesar la violencia. Todos están de acuerdo en que hoy día en Colombia la Policía no nos cuida. ¡Nos están matando¡ gritan también los muros de las capitales graffiteados en formatos gigantezcos durante el fin de semana pasado.



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Diez muertos en Bogotá durante las protestas por el asesinato de Javier Ordóñez  | Escala en las calles el rechazo a los abusos policiales 



En medio de un fuerte clima de tensión, la cifra de muertos durante las protestas contra el abuso policial en Colombia ascendió a diez. Las movilizaciones empezaron el miércoles por la noche pero se extendieron a lo largo del jueves en repudio a la muerte de Javier Ordóñez, abogado de 46 años que recibió repetidas descargas de la pistola taser de un policía. La alcaldesa bogotana, Claudia López, detalló que las siete personas que perdieron la vida en la ciudad son jóvenes de entre 17 y 27 años que recibieron disparos de arma de fuego. Hubo otras tres víctimas fatales en Soacha, una populosa localidad situada al sur de la capital colombiana. Las protestas dejaron además un saldo de al menos 200 heridos. Durante las manifestaciones también fueron destruidos alrededor de 50 puestos de policía, conocidos como Centros de Atención Inmediata (CAI), y decenas de colectivos del servicio público. 

El presidente de Colombia, Iván Duque, dio una tibia respuesta a la violencia en las calles: dijo que no tendrá “tolerancia ante los abusos”, aunque manifestó la necesidad de separar las “responsabilidades puntuales” del comportamiento de toda la institución policial. El malestar por los abusos policiales se viene acumulando hace mucho tiempo en la sociedad colombiana. Pero la muerte del abogado Javier Ordóñez fue la gota que rebalsó el vaso. La CIDH condenó “enfáticamente los casos de brutalidad y abuso policial” en Colombia y llamó a investigar y sancionar a los culpables. “Es plenamente justificada la indignación ciudadana por la violencia desenfrenada de la policía”, aseguró el senador del Polo Democrático Alternativo, Iván Cepeda, en diálogo con Página/12.

Durante la tarde del jueves se registraron incidentes en el barrio Verbenal, situado al norte de Bogotá, donde varios manifestantes llegaron hasta el CAI de la policía tras la muerte de un joven que recibió cuatro disparos en las protestas del miércoles. Algunos de los movilizados usaron llantas, conos y hasta basura para atacar las instalaciones de la policía y prender fuego. Los uniformados que se encontraban en el interior no resultaron heridos. Mientras tanto, en otro sector del norte de la ciudad, en el barrio El Rincón, en la localidad de Suba, manifestantes atacaron otro CAI. En el barrio Villa Luz, donde Javier Ordóñez perdió la vida, el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) recuperó la calle luego de que varios manifestantes bloquearan el paso con palos y escombros.

“De nuevo se reitera el mismo patrón: el abuso de autoridad y el control excesivo al derecho a la protesta que culmina con el asesinato de diez personas en Bogotá y Soacha, en protestas que intentaban expresar la indignación por los hechos que fueron conocidos a través de las redes sociales de un evidente acto de tortura”, aseguró a este diario Luis Alfonso Castillo, vocero del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE).

Los muertos de las protestas contra la violencia policial son en su amplia mayoría jóvenes. Julieth Ramírez Mesa no participaba de ninguna manifestación pero recibió un disparo al quedar atrapada en medio de los desmanes en La Gaitana, barrio del noroeste de Bogotá. Su padre, Harold Ramírez, recordó que Julieth, que en 15 días cumpliría 19 años, le pidió permiso para ir a casa de una amiga y él se lo dio porque no sabía nada de las protestas que estallaron el miércoles en la capital colombiana. Ramírez detalló: “En un callejón la niña se desplomó, me dice la amiguita, y se nos murió”. Por su parte, la pareja del joven Jaider Alexander Fonseca, de 17, otra de las víctimas mortales, culpó a la policía de “dejar un niño de siete meses sin padre”. 

“Tenemos una policía que pareciera entrenada no solamente para violentar ciudadanos a partir del uso excesivo de la fuerza, sino también para encubrir esas acciones como lo vimos el miércoles en videos de policías que se intercambiaban armas con personal de civil, o que encubrían su identificación volteándose las chaquetas. Sienten que están fuera del control del Estado”, manifestó Franklin Castañeda, presidente del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos y miembro de “Defender la libertad”.

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, se puso al frente de las críticas contra el violento accionar policial. “Al uso indiscriminado de armas de fuego no se le puede considerar abuso policial. Eso es un atentado directo a ciudadanos inermes, a civiles, jóvenes en su inmensa mayoría”, afirmó. “Uno no tiene 58 heridos en una noche por trifulcas, sino por el uso indiscriminado de armas de fuego por parte de miembros de la Policía Nacional”, agregó López, que aunque no declaró toque de queda en Bogotá, le pidió a los ciudadanos estar en casa antes de las siete de la noche.

Por su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se sumó al repudio y condenó “enfáticamente los casos de brutalidad y abuso policial” en Colombia. A través de su cuenta de Twitter, la CIDH apuntó que en el contexto de las protestas por lo ocurrido con el abogado de 46 años, hubo muertos y heridos y “todos estos hechos deben ser esclarecidos, investigados y sancionados”. “La CIDH recuerda al Estado su deber de garantizar el derecho a la vida, integridad y libertad de manifestación”, indicó el organismo en otro tuit.

Necesidad de reforma 

La pérdida de confianza de la ciudadanía en la fuerza policial crece día a día, y la muerte del abogado Javier Ordóñez volvió a poner sobre la mesa la necesidad de reformar a la institución. “La policía está perdiendo buena parte del respeto de la sociedad. Hay un clima de cansancio que nos lleva a la situación que estamos observando”, dijo Castañeda. En Colombia, a diferencia de otros países, la policía nacional no depende del ministerio de Seguridad o del Interior sino del de Defensa, y a pesar de ser un cuerpo civil armado, tomó parte como un ejército regular en la lucha contra los grupos guerrilleros y las bandas dedicadas al narcotráfico.

Del lado del gobierno, la respuesta a lo que sucedió en las calles fue cuanto menos confusa. El presidente Iván Duque aseguró que “no puede haber tolerancia cuando se abuse del uniforme”. Sin embargo, rechazó que se “estigmatice y se les llame asesinos” a los uniformados por “responsabilidades puntuales” de algunos de ellos. “Este hecho se circunscribe dentro de un marco general de violencia y violación a los derechos humanos que se está presentando en Colombia en los últimos meses a los cuales el gobierno ha respondido con un lenguaje belicista”, manifestó al respecto Castillo.

La violencia de esta semana llevó a diferentes sectores a plantear una reforma de la policía. “Por supuesto mi llamado es a que cese toda forma de violencia pero también a que haya una reforma estructural y esencial de la policía”, sostuvo en ese sentido Iván Cepeda. “La policía no puede seguir violando los derechos humanos de la población, y requiere convertirse en un organismo que respete en toda circunstancia los derechos de la ciudadanía”, agregó el senador colombiano. Castillo fue aún más crítico al asegurar que “Colombia hoy está transitando por cuenta de las acciones del gobierno a una agudización del conflicto y a la instalación de un régimen proclive al fascismo”.





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Siete muertos en Bogotá durante las protestas por el asesinato de Javier Ordóñez  | Escala en las calles el rechazo a los abusos policiales 



Siete personas murieron y más de 140 resultaron heridas en protestas y disturbios que estallaron este miércoles en Bogotá, Colombia, tras el fallecimiento de un hombre por repetidas descargas que le propinaron dos policías con un arma eléctrica, informaron este jueves autoridades.

Los cuerpos de los siete fallecidos fueron trasladados para hacerles la autopsia, aunque el general Jorge Luis Vargas, director de seguridad ciudadana de la Policía, señaló que por lo menos hay “tres ciudadanos muertos con arma de fuego”, según declaraciones que cita el diario El Tiempo.

En el mismo sentido, el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, ofreció en la madrugada de este jueves una recompensa por “la captura de los autores del homicidio de cinco personas” en Bogotá y el vecino municipio de Soacha.

Durante las protestas también fueron destruidos 46 puestos de policía, conocidos como Centros de Atención Inmediata (CAI), y decenas de colectivos de servicio público destruidos, según la alcaldesa Claudia López.

Entre los más de 140 heridos, 93 son miembros de las fuerzas de seguridad, y se produjeron 70 detenciones por “daño a bien público y violencia a servidor público”, según el parte divulgado por la Policía.

El ministro Trujillo anunció igualmente, en un mensaje a los medios, que reforzará la seguridad con centenares de efectivos y 300 soldados de la policía militar. 

El caso de Javier Ordóñez

La agresión que desató las violentas protestas ocurrió en la madrugada de este miércoles en el noroeste de Bogotá. Se trata de una brutal detención de un hombre a manos de dos uniformados que quedó registrada en video gracias a dos testigos.

La secuencia de unos dos minutos muestra a los efectivos cuando reducen a Javier Ordóñez, un abogado de 46 años y padre de dos hijos. Ya en el suelo, le propinan al menos cinco descargas de varios segundos con un arma eléctrica.

“Ya, por favor, no más”, se escucha suplicar a Ordóñez en repetidas ocasiones. Luego de recibir las descargas, fue conducido a un puesto policial y de ahí a una clínica donde falleció.

“Expresamos el dolor por la muerte de Javier Ordóñez y nuestro reiterado sentimiento de solidaridad con sus familiares. El gobierno nacional seguirá prestando toda la colaboración que requieran las autoridades competentes para que se esclarezcan los hechos a la mayor brevedad posible”, afirmó el ministro de Defensa.

El caso evocó al del afroestadounidense George Floyd, quien en mayo murió asfixiado en Minneapolis a manos un policía blanco que desoyó sus suplicas mientras lo inmovilizaba en una detención. Tras su deceso se desataron fuertes protestas en Estados Unidos que todavía se mantienen.



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Se conoció el video de otro brutal ataque policial a un afroamericano | Daniel Prude sufrió una crisis respiratoria durante su detención



Nueva York sumó un nuevo caso a la larga lista de ciudadanos afroamericanos asesinados por la brutalidad policial. Se dio a conocer un video de marzo pasado en el cual la policía de Rochester detiene a Daniel Prude, de 41 años. El hombre estaba en la calle desnudo mientras atravesaba una crisis nerviosa. Los agentes le pidieron que se tirara al suelo y lo esposaron. Luego cubrieron su cabeza con una capucha y le presionaran el rostro contra el pavimento durante dos minutos. Prude sufrió una crisis respiratoria por lo que fue derivado a un hospital. Siete días después murió. El hecho se dio a conocer luego de que la familia difundiera videos del ataque policial que ocurrió dos meses antes del asesinato de George Floyd.

El asesinato de Prude

Prude murió el 30 de marzo, una semana después de ser detenido. Lo antecedentes y las descripciones del hecho indican que atravesaba una crisis nerviosa. El hombre había sido trasladado a un hospital un día antes de su detención, según los informes policiales que dio a conocer el diario The New York Times. El informe médico forense del condado de Monroe dictaminó que la muerte fue un homicidio causado por complicaciones de la asfixia en el marco de la restricción física. El “delirio excitado” que padecía el fallecido y la intoxicación aguda por varios fármacos que había tomado fueron también factores que contribuyeron a su estado, según la autopsia.

El 23 de marzo, el hermano de la víctima llamó a la policía para que ayudara a Prude al verlo salir de madrugada desnudo a las calles. Afuera nevaba. Según contó presentaba un estado nervioso y salió corriendo en forma errática. En los videos publicados en las últimas horas se ve a Prude desnudo acercándose hacia la policía. Los agentes les piden que se tire en el piso y el hombre responde sin oponer resistencia. Se coloca boca abajo y un policía le pone esposas. Luego comienza a agitarse. Entonces, los oficiales le colocan una capucha
diseñada para evitar escupitajos o mordiscos de los detenidos.
Además, uno de los agentes lo inmoviliza presionándole el cuello contra el asfalto. 

Después de dos minutos, Prude ya no se mueve ni habla. En ese momento los policías decidieron llamar a los servicios médicos de urgencia, que le practicaron maniobras de resucitación. El hombre manifestó una crisis respiratoria por la cual se le colocó una prótesis ortopédica. Una vez en el hospital, se le retiró la protección y su estado se agravó. Murió siete días después. 

La fiscal general de Nueva York, Letitia James, y el jefe de policía de Rochester dijeron que estaban investigando la muerte. La
fiscal indicó que el hecho había sido una tragedia. “Comparto las preocupaciones de la comunidad para garantizar que haya una investigación justa e independiente sobre su muerte y apoyo su derecho a protestar”, añadió James. Los policías involucrados todavía siguen en servicio. 

El miércoles pasado los familiares organizaron una protesta en Rochester que fue reprimida por la policía con gas pimienta. La jornada culminó con varios arrestos, según informó el diario local Democrat and Chronicle. El hecho fue antecedente al asesinato de George Floyd, en Minneapolis, y se conoció a dos semanas de que un caso similar ocurriera en Kenosha, Winsconsin. Allí, la policía asesinó a Jacob Blake de siete balazos frente a sus tres hijos pequeños.





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Un pelotazo en contra para Donald Trump | Crecen las protestas en Estados Unidos de los atletas y el presidente los critica



Donald Trump sostiene que la audiencia televisiva de la NBA bajó porque se convirtió en una organización política. Si fuera cierto lo que dice, debería ganar las elecciones del 3 noviembre. La gente le creería al presidente de Estados Unidos y no a los basquetbolistas que lo repudian. Pero parece que es todo lo contrario. Su reelección corre serio peligro. El magnate olvidó que a los jugadores les interesa más derrotar al racismo que la presunta caída del rating. Como a muchos otros deportistas que se plantaron ante el candidato republicano, cada vez más aislado en su egocentrismo y al que dan como perdedor todas las encuestas.

“No sé porque protestan”, se quejó como si los asesinatos y brutales ataques en serie de la policía a afroamericanos no fueran un problema de Estado. Al magnate no le gusta que le recuerden lo que tiene que hacer. Su problema es que se lo están diciendo atletas reconocidos, exitosos, que son respetados por millones de potenciales votantes. Eligió como enemigos a los NBA LeBron James, Kawhi Leonard y Stephen Curry en distintos momentos, a Colin Kaepernick del fútbol americano (la NFL) lo llamó “hijo de puta” hace tres años, a la capitana del seleccionado femenino de fútbol, Megan Rapinoe, le provoca un visceral rechazo. Aunque faltan poco más de dos meses para los comicios, es posible que Trump haya cometido un error decisivo. No el peor de todos, como los millones de infectados y miles de muertos que carga su gobierno por el mal manejo de la pandemia, pero si uno que podría influir en la votación. Los deportistas suelen ser seducidos por la política para captarlos como candidatos o voces que penetren en el electorado. El presidente hizo lo contrario.

Kareem Abdul-Jabbar recordó la última semana en una columna de The Guardian que las dos ligas principales de básquetbol, la NBA y la femenina WNBA, tuvieron una actitud “valiente” al suspender sus partidos por el racismo “tomando en cuenta los cientos de millones de dólares involucrados y todos los gastos y esfuerzos que tomó crear sus burbujas deportivas”. El ex jugador de los Milwaukee Bucks y Los Angeles Lakers se mostró orgulloso de que su ex equipo se negara a presentarse en el partido contra Orlando Magic en los playoffs luego del ataque policial por la espalda a Jacob Blake en Kenosha, estado de Wisconsin. También dijo que no lo sorprendió la medida porque el 81,1 por ciento de los NBA y el 88 por ciento de las basquetbolistas de la WNBA son negros y negras cuyas “familias y amigos no viven en una burbuja protectora”.

A la decisión de no jugar los partidos, Trump respondió con la chicana sobre la audiencia televisiva del mejor basquet del mundo: “Creo que la gente está cansada de la NBA porque se ha convertido en una organización parapolítica, y no creo que eso sea bueno ni para el deporte ni para el país”. Su vicepresidente Mike Pence ya había transitado por un camino chauvinista semejante en octubre del año pasado. Cuando la NBA defendió sus intereses comerciales en China –donde tiene una gran popularidad–, el vice dijo que “al ponerse del lado del Partido Comunista y silenciar la libertad de expresión, la NBA está actuando como una subsidiaria que es propiedad total del régimen autoritario”.

Los dueños de las franquicias y los basquetbolistas acordaron firmar un documento el viernes pasado que casi no tiene precedentes para una federación o asociación deportiva en el mundo. Un ejemplo más de cómo la política y el deporte se relacionan para vivir en armonía o tensión permanente. En el texto suscriben que van a “establecer de inmediato una coalición de justicia social, con representantes de jugadores, entrenadores y gobernadores que se centrará en una amplia gama de temas, incluido el aumento del acceso a la votación, la promoción del compromiso cívico y abogando por una significativa reforma policial y de la justicia penal”.

El documento informa que donde cada equipo tenga o administre un estadio, lo pondrá a disposición de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre “a fin de permitir una opción segura de votación en persona para las comunidades vulnerables al Covid”. Pero el punto más audaz del comunicado de la NBA es el tercero. La organización sostiene que “trabajará con los jugadores y nuestros socios de la televisión para crear y emitir anuncios publicitarios en cada juego de Playoffs dedicados a promover una mayor participación cívica en las elecciones nacionales y locales, y para crear conciencia sobre el acceso y las oportunidades de los votantes”. Por último, se anuncia la creación de una Fundación NBA para ayudar económicamente a la comunidad afrocamericana.

La movida del básquetbol que incluyó la suspensión de la quinta jornada de los playoffs, fue acompañada por las jugadoras de la WNBA que se sumaron el jueves pasado al paro. Las Grandes Ligas del béisbol cancelaron varios partidos. La Liga de hockey sobre hielo de EE.UU (NHL) también adhirió con una inactividad de dos días para los playoffs que se están jugando en las ciudades canadienses de Edmonton y Toronto. Tampoco se disputó una jornada del torneo de tenis de Cincinnati que este año cambió de sede a Nueva York. En la liga de fútbol americano (NFL) al menos nueve de los 32 equipos cancelaron sus entrenamientos a dos semanas del comienzo de la temporada. La Major League Soccer (MLS), en la que solo el 26 por ciento de los jugadores son negros, postergó cinco partidos. Las medidas adoptadas por los principales deportes profesionales del país demuestran el rechazo al racismo, la violencia policial contra la comunidad negra y el discurso de mano dura de Trump contra los miles de personas que se movilizan por todo el país.

Al presidente solo lo apoyan en la comunidad deportiva algunos magnates como él que pueden incidir en las elecciones más por el dinero que aportan, que por los votos que estarían en condiciones de acercarle. Uno de ellos es Ed Glazer, uno de los seis hijos de Malcom Glazer, el empresario fallecido que adquirió el Manchester United en 2005. Dijo sobre el movimiento Black Lives Matter que es “un símbolo de odio”. Una declaración que retrata con nitidez su pensamiento. Avram, Joel, Kevin, Bryan y Darcie son sus demás hermanos. La familia tiene también la franquicia del equipo de fútbol americano Tampa Bay Buccaneers y le aportó dinero a Trump en la campaña electoral que lo llevó a la Casa Blanca en 2017. Otro de los que respalda al presidente es Dana White, el CEO de la Ultimate Fighting Championship (UFC) que organiza las peleas sangrientas adentro de una jaula transmitidas por la conservadora cadena Fox. La preferida del magnate que ataca una y otra vez a la comunidad deportiva como si fuera Joe Biden, su rival demócrata en las elecciones.

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Contra Trump, contra la violencia policial | La marcha de protesta en Washington fue masiva



“No podemos estar nunca satisfechos mientras que el negro sea la víctima de los horrores abominables de la brutalidad policial”. La frase es parte de “Yo tengo un sueño”, el discurso más famoso de Martin Luther King Jr., que acaba de cumplir 57 años. Pero para las miles de personas que este viernes se manifestaron en la ciudad de Washington es la descripción de una realidad muy actual.

Bajo el lema “Saquen la rodilla de nuestros cuellos”, la marcha quiso conmemorar un nuevo aniversario de la histórica manifestación organizada por King en el centro de la capital estadounidense. Si en 1963 la marcha pedía trabajo y libertad, la de este viernes se hizo eco de la ola de protestas que sacude al país desde el asesinato de George Floyd en mayo.

Precisamente, la idea de una manifestación masiva que coincidiera con el aniversario del discurso de King empezó en junio, después del funeral de Floyd. Al final, coincidió también con el cierre de una semana agitada en Estados Unidos, en la que el ataque de un policía a un hombre negro en Wisconsin provocó una nueva ola de protestas mientras, en paralelo, la Convención Nacional Republicana prometía defender a la policía.

Como respuesta al mensaje que el Partido Republicano transmitió  en las cuatro noches de la convención, miles se reunieron este viernes en la zona del Lincoln Memorial. Llevaron carteles con mensajes contra Donald Trump y el racismo. Como a principios de junio, los colores del movimiento Black Lives Matter -verde, negro y rojo- volvieron a apoderarse de las calles de Washington, al igual que las remeras con la leyenda “No puedo respirar”, las últimas palabras de Floyd.

Esta vez no hubo solo un pedido de justicia racial, sino también de ir a votar en noviembre. “Mi hermano no puede hablar hoy”, dijo Bridgett Floyd, hermana del hombre asesinado en Minnesota este año. “Nosotros tenemos que ser esa voz, nosotros tenemos que ser ese cambio”, afirmó durante el acto principal de la marcha.

El acto principal se situó en las escalinatas del Lincoln Memorial, pero la manifestación se repartió por distintos lugares del centro de la ciudad. Algunos caminaron al Departamento de Justicia a reclamar que se abrieran los casos cerrados de violencia policial. Otros marcharon hasta las cercanías de la Casa Blanca cantando las palabras que ya se volvieron el lema de estas protestas: “No hay justicia, no hay paz”.

Bianca y Alexis Harmon son hermanas y viven en el estado de Virginia, vecino a la ciudad de Washington. La primera es maestra y decidió ir a la marcha porque el tema impacta en sus estudiantes. “Nuestro abuelo en los años 50 y nuestro tío en los 70 fueron golpeados por la Policía. Estas cosas todavía siguen pasando en 2020”, dijo Bianca a Página|12. “¿Cómo no nos vamos a enojar si nuestro dinero está yendo a algo que nos impacta negativamente? Hay que desmantelar un sistema que nunca nos apoyó y que, a pesar de eso, seguimos pagando”, agregó su hermana. Las dos esperan que la siguiente generación no tenga que pasar por esto.

Saeed N. manejó diez horas desde Atlanta, Georgia, para estar presente en la marcha. No había participado de las protestas de junio, pero está convencido de que Estados Unidos necesita un cambio y llegó a la capital del país para pedirlo. “Estar acá es como llamar a la puerta de la Casa Blanca. Quería ser parte de algo histórico”, dijo a este diario desde la plaza Black Lives Matter, creada por la ciudad de Washington en junio.

No fue solo la comunidad negra la que se movilizó el viernes. “Vengo en solidaridad con el movimiento y a apoyar la iniciativa de desfinanciar a la policía”, explicó Sammy Fries, también desde la plaza Black Lives Matter.

A algunos, el sol y los 34 grados los obligaron a refugiarse a la sombra de los árboles o a refrescarse en las fuentes del National Mall. El área del Monumento a Washington, el obelisco de la capital estadounidense, estuvo completamente cercada. Mientras los manifestantes buscaban caminos alternativos para cruzar la zona, una empresa de eventos todavía trabajaba para levantar los restos de los fuegos artificiales que cerraron la convención republicana, esos que iluminaron el cielo nocturno el jueves por la noche, mientras la zona de la Casa Blanca también era escenario de protestas. “Trump fracasó. Más de 180.000 murieron”, decía un cartel con luces armado por una docena de personas. En ese mismo momento, el presidente cerraba la Convención Nacional Republicana convencido de que hizo un buen trabajo para manejar la pandemia de la covid-19.

En contraste con el acto de Trump del jueves, en el que pocos asistentes usaron barbijo, la marcha instaló carteles en la zona del Lincoln Memorial para pedir a la gente que use máscaras. “Mantener la distancia social. Usar máscara. Usar alcohol en gel. Proteger el voto”, fueron las cuatro consignas que difundió la organización de la manifestación. A diferencia de marchas anteriores, la de este viernes puso el foco en la elección de noviembre como un momento crucial para lograr un cambio en el país.

Eso es lo que considera Yolonda, una mujer de la ciudad que se acercó porque quería “ser parte de algo positivo”, algo que “permita crear otra cultura”. Su principal objetivo ahora es sacar a Trump de la presidencia. “Voy a ser la primera persona en ir a votar el día de la elección. Hay que mandarlo a su casa”, aseguró.



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Boicot en la NBA: “A la mierda con esto, exigimos un cambio” | LeBron James y varias estrellas se sumaron a la histórica protesta



La histórica decisión de los jugadores de Milwaukee Bucks de no presentarse a disputar su partido de Playoffs de la NBA ante el reciente caso de violencia policial racista en Estados Unidos no tardó en generar apoyos en el resto de la liga.

“A la mierda con esto, exigimos un cambio. Asqueado de esto”, disparó en su cuenta de Twitter LeBron James, nada menos que el gran símbolo actual de la NBA, poco después de darse a conocer el boicot iniciado por los Bucks y con un muy posible destinatario: Donald Trump, quien se juega la reelección el noviembre próximo. El alero de Los Angeles Lakers, máximo candidato al título, ya se había manifestado muy seriamente al episodio en el que un policía baleó al menos siete veces por la espalda al afroamericano Jacob Blake, cuando éste intentaba meterse en su auto en Wisconsin (estado al que pertenece Milwaukee).

“Si mirás el video, hubo varios momentos en los que, si quisieron, podrían haberlo tackleado… Podrían haberlo agarrado. Podrían haberlo hecho. ¿Por qué siempre tiene que llegarse a un punto en el que vemos armas disparando? Honestamente, estamos jodidos como comunidad“, había opinado James una vez finalizado el triunfo de su equipo ante Portland el lunes pasado.

Otro de los que no dudó en expresar su apoyo fue la estrella de Utah Jazz, Donovan Mitchell. “Demandamos un cambio. Felicitaciones a los Bucks”, tuiteó. Algo similar expresó el base canadiense de Denver Nuggets, Jamal Murray: “Demandamos justicia”. Incluso el emblemático ex Chicago Bulls Scottie Pippen se sumó, haciendo un juego de palabras en entre el poder de los Bucks (“Bucks power”) y el Black power, movimiento político originado en los ’60 en EE.UU. para defender los derechos de la comunidad afroamericana de ese país.

Lo cierto es que ya se venían manteniendo conversaciones entre varios de los equipos para tomar una medida de fuerza más resonante ante el avance del racismo y la violencia en el país del norte. Previo al reinicio del torneo en la Burbuja de Disney, con el fresco antecedente del asesinato del afroamericano George Floyd, asfixiado por un policía blanco, los jugadores se habían limitado a poner diversas frases en lugar de sus nombres en las camisetas, haciendo alusión a numerosos reclamos, desde el “Black Lives Matter” hasta consignas educativas y electorales.


Pero el reciente caso de Blake, quien se encuentra hospitalizado y difícilmente vuelva a caminar, y los posteriores asesinatos durante las manifestaciones
obligaron a los jugadores a tomar una postura mucho más definida. Los integrantes de Boston Celtics y Toronto Raptors, los únicos clasificados a la siguiente ronda y que iban a iniciar su serie este jueves, habían tenido reuniones para definir acciones que anticipaban el boicot y hasta habían pedido asesoría legal al sindicato que los representa. Finalmente, los Bucks se les adelantaron -aunque con foco puesto en su comunidad y no en la liga- y la NBA decidió suspender el resto de la jornada, misma definición que tomó la WNBA femenina.


“Así que no nos escuchan… Bueno, ahora tampoco pueden vernos”
, expresó el escolta J.R. Smith, de Lakers, en una excelente definición de lo que significa este boicot que por ahora se atañe a los tres partidos que se iban a jugar este miércoles: Milwaukee-Orlando, Houston-Oklahoma y Lakers-Portland. Queda por verse hasta cuándo se extenderá la medida ya que, de depender del fin de la violencia racial en Estados Unidos, no habría más NBA.





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Protestas por Jacob Blake: murieron dos personas en Kenosha | Otra noche de manifestaciones y represión



Dos personas fueron asesinadas y otra resultó gravemente herida por disparos ocurridos durante la tercera noche de protesta en la ciudad estadounidense de Kenosha, Wisconsin, por el ataque policial de Jacob Blake, un afroamericano de 29 años que fue baleado por la policía local mientras intentaban detenerlo.

Los fallecimientos ocurrieron durante la medianoche y las autoridades locales aún no confirmaron quiénes habrían sido sus autores, aunque todo apunta a las fuerzas de seguridad local que salieron a reprimir las movilizaciones en distintos puntos de la ciudad.

El jefe policial del condado de Kenosha, David Beth, informó que el tiroteo se registró anoche a las 23:45 en una zona donde se estaban llevando a cabo las protestas. Uno de los asesinados recibió un tiro en la cabeza y el otro un disparo en el pecho. Hay una tercera persona con riesgo de vida también por graves heridas de arma de fuego.

Las identidades de las víctimas no fueron informadas y sobre las responsabilidades, lo único que se dijo fue que la investigación estaba en curso.

Desde hace tres noches, Kenosha es escenario de fuertes protestas luego de que policías acribillaran al afroamericano Jacob Blake el domingo pasado en un incidente que fue captado en video por un testigo con su teléfono celular.

En el video se ve a policías disparar a quemarropa varias veces por la espalda contra Blake cuando intentaba subir a su camioneta. Tres de los hijos del hombre estaban dentro del vehículo en el momento del tiroteo, el mayor de ellos de 8 años.



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