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Suicidios juveniles: cuando no hay salida entre la presión por llegar a Primera y la desilusión por quedar libre

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Sebastián Vega: “Ojalá que ayude a poder hablarlo y que nadie la pase mal”

Sebastián Vega: “Ojalá que ayude a poder hablarlo y que nadie la pase mal”

Es el primer basquetbolista argentino en contar públicamente que es gay. Dice que se siente más libre y espera que ahora “sea más liviano para otros”.

Por Federico Amigo
@amigofede

21 de Marzo de 2020

Antes de llegar a la caja de un supermercado de Comodoro Rivadavia, un pibe frena a Sebastián Vega. “Te felicito por la carta”, le dice. La carta: una publicación en Twitter en la que, a los 31 años, contó que es gay. Fue el primer basquetbolista argentino en hacerlo. “Sé que no se puede por la cuarentena, pero te quiero dar un abrazo”, agrega el flaco. Unos días antes, una chica le había dicho algo parecido mientras hacía kinesiología. El WhatsApp de su celular también colapsó con mensajes de apoyo y felicitaciones el 10 de marzo, el día que eligió para relatar su historia, cuyo título fue “La verdad nos hace libres”.-¿Cómo fue la previa antes de dar a conocer la carta?-Dormía poco. Esta…
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Año nuevo, tabú viejo: de los 20 mil futbolistas que jugaron en Primera ninguno dijo ser gay

Año nuevo, tabú viejo: de los 20 mil futbolistas que jugaron en Primera ninguno dijo ser gay

Cada vez son más los jugadores que hablan del tema pero aún en el vestuario pesan el miedo, el desconocimiento, las mentiras y los secretos. ¿Por qué el fútbol argentino sigue en el clóset?
(Foto: Club Tigres)
Por Roberto Parrottino
@rparrottino

2 de Febrero de 2020

Como si estuviese lesionado, el representante les avisa a los dirigentes: “Ah, miren que este pibe es puto, eh”. Este pibe: un futbolista que había jugado y salido campeón en un club grande de Argentina y que llega de Europa a un equipo del interior en 2003. Y el jugador les advierte a los compañeros que tiene novio. “Secret Footballer”, un exjugador inglés que publicó libros sin develar su identidad y columnas en The Guardian, reveló años más tarde que varios futbolistas contaron que eran gays ante planteles de la Premier League. Pero en aquel tiempo, los jugadores argentinos ni siquiera hablaban en público de homosexualidad y homofobia en el fútbol, como en la actualidad. Ahora estamos en 2020, y en Argentina, públicamente, todavía ningún futbolista salió del clóset. Tampoco después del retiro, como pasó en Inglaterra. De los más de 20 mil que jugaron en Primera desde la profesionalización en 1931, ninguno dijo ser gay. La diversidad sexual en el fútbol masculino es un tema tabú. Aunque cada vez menos.

En el último año, una nueva generación de futbolistas, como Matías Vargas, Juan Cruz Komar y Augusto Solari, habla de la sexualidad en el fútbol. Durante los primeros días de 2020, Nahuel Guzmán se tiñó el pelo con los colores de la bandera LGBT, símbolo del orgullo gay, y atajó con Tigres en la liga mexicana. Lo siguió Daniel Osvaldo, que jugará en Banfield en su regreso al fútbol. “No tendría ningún problema de decirlo si fuese homosexual -dijo Osvaldo a Infobae-. Pero la gente no tiene por qué saber qué hacés en tu habitación. Respeto la decisión de no decirlo. Si uno lo dice es un riesgo que después vaya a una cancha y te discriminen. Es una realidad horrible. Y ojalá cambie”. En 1995, cuando era DT de la Selección, Daniel Passarella obligó cortes de pelo, sacó aritos y sometió a jugadores a rinoscopias. Y dijo que no aceptaría a un jugador homosexual.

Rodrigo Díaz llegó a debutar en Huracán de Tres Arroyos en el Argentino A en 2009. Hoy tiene 27 años y ya no juega al fútbol. Baila y canta. En 2012, mientras entrenaba a prueba en El Porvenir, admitió: “Sé que soy el primero en blanquear una elección sexual diferente en un ambiente muy machista. Ojalá muchos se animen”. Díaz jugó amistosos en El Porvenir y luego se probó en Atlas. Pero abandonó el deporte. “El fútbol argentino es muy popular, y el hincha argentino, muy castigador -dice ahora Díaz, que había hecho pública su relación con el empresario mediático Ricardo Fort-. Ni aún retirados dicen lo que son. Existe el miedo. En el fútbol hay varios que no lo confesaron y conviven con eso. Lo veo mal: tendrían que salir al frente y que los demás opinen lo que opinen, más allá de que en la vida privada cada uno hace lo que quiere”.

El inglés Justin Fashanu fue el primer futbolista de élite en reconocerse gay, en 1990. Nottingham Forest había pagado un millón de libras por él. Después de admitirlo en la prensa, Fashanu, negro y homosexual, jugó en 13 clubes en siete años. Sufrió insultos y discriminación. Y se suicidó en 1998, después de que lo acusaran de abuso sexual a un menor. La denuncia, al tiempo, se comprobó que era falsa. En 2005, en una entrevista con la revista Gay Barcelona, el uruguayo Wilson Oliver marcó “el ambiente hostil y poco propicio para hacer pública la propia sexualidad” y aseguró que futbolistas eligieron casarse con mujeres como pantalla de una doble vida. Oliver, que jugó en Nacional en 1986, había reaccionado ante una declaración de Jorge Fossati, entonces DT de Uruguay. “Un futbolista homosexual -había dicho- sería un transgresor entre hombres. No debe estar en un plantel. Existen normas”.

Ariel Heredia es presidente y jugador de Los Dogos, primer equipo de fútbol gay de Sudamérica, creado en 1997. Cuenta que muchos jugadores de Los Dogos llegaron después de sufrir discriminación en clubes del fútbol argentino durante el camino al profesionalismo. “En los equipos de Primera -agrega- se sabe si un jugador es gay o no. Pero no se habla. Piensan que un jugador puede ir a menos porque es homosexual. El deporte en general ahora se está abriendo, pero la homofobia en el fútbol es increíble”. Un jugador gay que se mantiene en el fútbol tiene miedo a los insultos, al rechazo de clubes y patrocinadores: a ponerle fin a su carrera. Y se oculta, miente, finge. Otros jugadores desconocen cómo abordar la situación. Uno de cada cuatro futbolistas, técnicos y árbitros del fútbol inglés, según un estudio de la Universidad de Staffordshire, conoce en persona a jugadores homosexuales. Pero en la cultura del fútbol, concluyeron, los representantes y los clubes presionan para mantener el secretismo.

“Se ponen en juego la vergüenza, la penalización del deseo y, tal vez, el aislamiento de la esfera laboral”, aporta Juan Branz, ex futbolista de Cambaceres y doctor en Comunicación, autor de Machos de verdad, libro en el que explica cómo se moldean las masculinidades desde el deporte. “Es tabú porque la historia del fútbol argentino modeló a los jugadores dentro de un esquema absolutamente heteronormativo. Desde cada párrafo de El Gráfico hasta cualquier picado en cualquier barrio. El futbolista se rige y responde a la heterosexualidad”.

Mario Lüthi juega en la Sub 21 del club suizo Young Boys. Llega el alemán Leon Saldo, también delantero. Dupla de ataque. Lüthi, goleador. Saldo, asistidor. Son las promesas. Comparten entrenamientos, salidas, PlayStation. Y el club decide “invertir”: que vayan a vivir a un departamento. Se enamoran. “Si queremos ser profesionales -le dice Lüthi- no podemos hacer esto”. “No me importa”, le responde Saldo. Hasta que los compañeros y el club se enteran de la relación. “Bromas” en el vestuario. El pedido de silencio y “normalidad” de dirigentes y representantes. Saldo se cansa de mentir -y de las mentiras de Lüthi- y regresa a Alemania. Lüthi sigue con novia-amiga y problemas para dormir. Lo compra el St. Pauli de la 2. Bundesliga alemana. Y se reencuentra con Saldo. “Elegiste el fútbol. Yo, otro camino”. Al siguiente partido, Lüthi mete un gol. Y llora. Mario (2018) es una película. Ficción de la realidad. Argentina o europea. Del fútbol.

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“Cuando en la cancha me gritan ‘puto’, me doy vuelta y me río”

“Cuando en la cancha me gritan ‘puto’, me doy vuelta y me río”

Nicolás Fernández juega en la Liga Cultural de La Pampa y es el único actual futbolista argentino en salir del clóset. Dejó su carrera de adolescente y soportó insultos hasta que a los 24 años dijo ser gay: “En el fútbol es tabú”.

(Foto: El Diario de La Pampa)
Por Roberto Parrottino
@rparrottino

16 de Febrero de 2020

Nicolás Fernández se escapó unos días a Pellegrini, el pueblo bonaerense de diez mil habitantes en el que nació hace 24 años, donde, cuenta, “los gays son todos tapados, porque nadie dice nada”. A 114 kilómetros, en Santa Rosa, La Pampa, realiza la pretemporada con el Club General Belgrano, que juega en la Liga Cultural, cuyo premio es un lugar en el Regional Amateur, cuarta categoría del fútbol argentino. Pero Fernández -arquero, de “estilo clásico”, admirador de Marcos Díaz- se destapó: el año pasado dijo públicamente que es homosexual. “Soy feliz. Gracias a quienes lo entienden. Y perdón a quién no. Un género no determina nada y mucho menos habla de quién soy como persona. Estoy enamorado y sí, de alguien de mi mismo sexo”, escribió en su Facebook el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGBT. Y vivió una revolución: de algún modo, es el único futbolista argentino en decirlo.

-¿Cómo empezó tu carrera?

-Arranqué en Huracán de Pellegrini, de la Liga Trenquelauquense. En un momento, cuando fue el inicio de todo esto, dejé, porque estaba en pareja con un chico. Estuve dos años alejado del fútbol. Después retomé en Barrio Viejo, otro club de la Liga Trenquelauquense. Y después pasé a Deportivo Rivera de La Pampa, y de ahí a Atlético Santa Rosa, donde me lesioné y operé los ligamentos cruzados. Y ahora estoy en Belgrano.

-¿Te probaste en Independiente?

-A los 16 años, sí. Sin agrandarme, el coordinador de las inferiores me dijo que muy bien, que era probable que me ficharan. Pasó el tiempo, y nunca me enteré más nada. Pregunté en mi casa si me habían llamado, y nada. Hace dos años, escucho a mi papá hablar con un amigo y decirle que me habían llamado, pero que no quisieron dejarme ir a la pensión de Independiente, que era un lío.

-¿Esperaste el Día del Orgullo para hacer público que sos gay?

-En verdad, nunca supe qué día era. Había salido, estaba con mi pareja y tiré ese estado en Facebook. Después se hizo una revolución, se hicieron eco todos los medios de La Pampa. Muchos se sorprendieron en el fútbol. Otros ya me conocen en Santa Rosa. No ando con un megáfono diciendo qué soy ni nada. Pero ahí me salió.

-¿Cómo fue contarlo en tu familia y en el vestuario?

-Con mi familia fue sencillo. A mis viejos no les di opción. Les dije que si no les gustaba me iba de casa, que no había problema. Tenía 17 años. Pero lo entendieron. Y en el vestuario, fue en Deportivo Rivera. Estaba jodiendo con el capitán. Y me sorprendió, adelante de todo el plantel: “¿Y vos qué onda? ¿Te gustan los chicos o las chicas?”. Se ve que había estado averiguando. Se hizo un silencio. Y les dije que había estado en pareja tres años con un chico, y que si alguno tenía un problema, me lo dijera. Y si no, que acá no había pasado nada. Fue simple, y los muchachos aceptaron sin ningún problema. Me sentí aliviado.

-¿Nunca te sentiste discriminado en el fútbol?

-No tomo mal que hagan un comentario, un chiste. De hecho, mis compañeros lo hacen. Terminamos de entrenar, nos ponemos a estirar, y por ahí sale algún chiste. Me río. No lo tomo a pecho. Tengo claro quién soy, qué hago y qué dejo de hacer. Lo que diga el resto no me interesa.

-¿Por qué nunca un futbolista de Primera División dijo públicamente ser gay?

-En el fútbol es un tema tabú. Se comentan muchas cosas. Hay gente gay que por ahí con un chiste se siente mal. A mí, no me pasa. Me pueden decir cualquier cosa, y me puedo enojar pero lo resuelvo sin ponerme mal. Cuando atajaba en Huracán de Pellegrini vino a jugar Ferro de Trenque Lauquen. Y una persona se puso atrás del arco, arriba de una camioneta, y me insultó todo el partido. Ya sabía. Ahí me calenté. Le decía que cuando terminara el partido lo iba a buscar. Cuando termina, salgo corriendo, la policía me frena. Mi viejo y la hinchada fueron a buscarlo. Tuvo que intervenir la policía para que pudiera irse. Siempre sentí apoyo. Ahora me gritan ‘puto’ en la cancha y yo me doy vuelta y me río. El año pasado atajé con un conjunto de ropa rosa en Atlético Santa Rosa. Me dijeron tantas cosas para hacerme calentar y sacar del partido, que yo me agachaba, le hacía cualquier gesto, me reía. Les gané. No lograron hacerme enojar.

-¿Al futbolista le obligan exhibir cierta masculinidad?

-Hay que actuar, manejarse y proceder con total normalidad, porque no pasa nada, justamente. Cuando llegué a Atlético Santa Rosa, golpeé la puerta del vestuario, pedí permiso, me presenté ante Franco Lescano, el capitán, y saludé a todos. Caí bien y siempre me lo recalcaron. Y un día, hablando con él, le dije que tenía pareja. “Ah, buenísimo”, me dijo. Ningún problema.

-¿El fútbol femenino tiene una relación más libre con la sexualidad?

-Es mucho más abierto. En ese sentido el fútbol femenino está un paso adelante. El fútbol masculino va camino a ser más abierto. Un amigo, Jonathan Fensel, juega en All Boys de Santa Rosa. Y tengo un enojo con un jugador que lo cargaba a él conmigo. “Ay, tu novio, tu novio”. Eso sí me molesta. Son mis amigos y no mezclo una cosa con la otra. Ya me voy a desquitar. La única forma de hacerme enojar es cuando molestan a mis amigos conmigo. El resto, me río. A veces otros jugadores me ven, me saludan y agachan la cabeza. No sé por qué será.

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