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“Carta abierta” de Ctera en respuesta a Soledad Acuña | “Donde ven docen­tes sobre ideologizados, nosotros reconocemos educadores con dignidad” 



Desde la Confederación de los Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) expresaron “públicamente su orgullo hacia la docencia argentina”, luego de “los dichos repudiables de la ministra de educación de CABA respecto a la formación docente, las expresiones de algunos exfuncionarios del macrismo y las notas de opinión de referentes pedagógicos del pensamiento de la derecha publicadas en estos días por las corporaciones mediáticas”. 

En una “Carta abierta a la docencia argentina” firmada por la secretaria general, Sonia Alesso, el secretario adjunto, Roberto Baradel, y el secretario gremial, Eduardo López, entre otros, aseguran que “como docentes pensábamos que, después de haber sufrido el ataque constante durante los últimos cuatro años de restauración conservadora, ya nunca más íbamos a tener que soportar agravios y la denostación pública de nuestro trabajo”. En ese sentido, indicaron que les sorprende que quienes los critican sean “los mismos que forman parte de una alianza que fue derrotada democráticamente” y que “parecen no reconocer aún que el fracaso no es de ‘la docencia’ sino del modelo de país y de educación que ellos intentaron imponer“. 

Haciendo referencia a los dichos de Acuña en los que incitó a los padres de los alumnos a denunciar a los docentes que “bajan línea”, quienes forman parte de Ctera, opinaron que “es necesario que lxs funcionarixs nos convoquen al diálogo y a debates amplios para la construcción de los proyectos educativos y no que, por el contrario, fomenten mecanismos antidemocráticos de denuncia poniendo a las familias en el lugar de un policía de vigilancia curricular y como cómplices de la persecución que pretender hacer a los y las docentes”.

En el texto, los docentes fueron desmintiendo uno a uno los dichos de la ministra de Educación porteña. Con respecto a las cuestiones etarias de los estudiantes para docentes aseguraron que “donde estos referentes del pensamiento de la derecha conservadora ven a ‘perso­nas mayores que eligen la carrera docente como tercera o cuarta opción’; nosotros vemos a vastos sectores de la población que tenazmente y por elección, luego de haber sido excluidxs en los distintos momentos de la historia del neoliberalismo en la Argentina, finalmente pudieron ejercer su derecho a la educación superior”. Y agregaron que “también vemos a muchos jóvenes que eligen la carrera docente como primera opción y porque ven en ella una posibilidad para cambiar el mundo”.

También refutaron las declaraciones de Acuña acerca de que los docentes están “sobre ideologizados”: “donde ven a docen­tes “sobre-ideologizados’; nosotros reconocemos a educadores con convic­ciones y dignidad, que están día a día dando la batalla por una sociedad más jus­ta e igualitaria, que se sienten parte de un colectivo que entiende a la educación como un hecho político y que, por supuesto, tienen su ideología, como también la tienen los funcionarios de la oligarquía que falazmente hablan de desideologizar la educación”, sostuvieron.

Por último, se refirieron a las críticas que Acuña lanzó contra los sindicatos docentes: “Cuando los escuchamos acusar a los sindicatos docentes como “corporaciones’ no hacemos más que corroborar que el neoliberalismo no puede soportar que defendamos a la educación pública frente al embate constante de este sector que no cede en su intento por imponer la lógica privatizadora, mercantilista, individualista y meritocrática”. 



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La insólita reacción de Macri y Juntos por el Cambio frente a la tapa de Página/12 | Buscan disimular el escándalo desatado por los ataques de la ministra Soledad Acuña a los docentes.



La nota de tapa de Página/12 de este domingo donde se informaba sobre el colegio alemán de Bariloche Primo Capraro, en el que estudió la ministra Soledad Acuña en los años en que el colegio era liderado por el criminal de guerra Erich Priebke, desató una ola de reacciones en los dirigentes de Juntos por el Cambio, encabezados por el propio Mauricio Macri. El ex presidente calificó de “vergonzosa” la publicación, y aseguró que “esta tapa y esta historia no tienen nada que ver con el periodismo y dañan a la democracia”.

El tuit en cuestión no refiere a ninguna falsedad en lo publicado por este diario y no explica por qué reproducir seriamente esa información “no tiene nada que ver con el periodismo” y mucho menos por qué dañaría la democracia.

Detrás de lo tuiteado por Macri se encolumnaron otros dirigentes como Patricia Bullrich, Waldo Wolf y Fernando Iglesias. Ninguno desmintió que la ministra asistió a esa escuela ni el lugar ocupado por Priebke en ella. Más bien se concentraron en sostener que Acuña no es nazi, algo que Página/12 no dijo en ningún momento de ella ni de ninguno de los ex alumnos de ese colegio. La nota que disparó el debate dice explícitamente que no es posible hacer esa inferencia.

El otro eje utilizado por los dirigentes de Juntos por el Cambio fue retomar las acusaciones de la ministra contra los maestros, los gremios docentes y el peronismo sobre un supuesto adoctrinamiento realizado por ellos, frente al cual Acuña impulsaba a los padres de los alumnos a sumarse a las campañas macartistas de espionaje y delación llevadas adelante por el Gobierno porteño.

“El objetivo es alimentar el relato para profundizar la división de los argentinos. La tapa de Página/12 ofende no sólo a la ministra, sino a todos los argentinos. No se puede construir futuro con violencia y adoctrinamiento. Sería bueno que el oficialismo repudie estas prácticas”, decía el tuit difundido por la ex ministra de Seguridad, donde se mezclaba sin discriminación el comentario sobre la tapa de este diario con los dichos estigmatizantes de Soledad Acuña sobre las maestras y maestros.

El jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, que había mantenido silencio frente al escándalo desatado por las expresiones de su subordinada, se sumó a la polémica desde la misma red social. “Siempre defiendo y defenderé la libertad de expresión y el intercambio de ideas. Pero la política democrática nada tiene que ver con ataques personales y falaces. Todo mi apoyo y el de nuestro equipo para Soledad Acuña, una ministra cuya única prioridad es dar más y mejor educación para todos los chicos y chicas de la Ciudad de Buenos Aires”, aseguró, sin desmentir la información ni aclarar tampoco cuáles eran los “ataques personales o falaces”.

Que dice la nota de Página/12

Después de que la ministra de Educación porteña desatara una verdadera tormenta con sus agravios a los docentes por “pobres, viejos, militantes y fracasados”, salió a la luz la historia de su formación académica. Muchos resaltaron que nunca estuvo al frente de un curso y, en ese marco, se conoció que estudió en el colegio privado Primo Capraro de Bariloche.

En la historia de esa institución privada se centró la nota de Página/12. Su nombre es conocido mundialmente porque tuvo durante largos años, entre ellos los que Acuña pasó en sus aulas, la orientación de Erich Priebke, un criminal de guerra nazi que se refugió en Bariloche después del fin de la Segunda Guerra Mundial. La comunidad alemana de la ciudad lo acogió tan gentilmente que le confió la presidencia de la Asociación que rige los destinos de ese colegio.

No hay ningún secreto en lo publicado por Página/12. El relato de los hechos es tomado de fuentes identificadas y calificadas y tanto el diario como los especialistas se preocupan por explicitar que haber pasado por esa escuela no convierte a Soledad Acuña ni a ninguno de sus ex alumnos en nazis.

El documentalista Carlos Echeverría, director de una película sobre el paso de Priebke por Bariloche, señala en la nota publicada el domingo que “me parece un poco forzado relacionar las barbaridades que dijo con su formación, porque conozco a muchos egresados del colegio y ninguno tiene los prejuicios que ella tiene”. El guionista Santiago Varela completa: “No todos lo que se recibieron ahí siguieron esa línea, pero los que decidieron seguirla tienen una buena base”.

La indignación de Mauricio Macri

Resulta difícil rastrear cuál es la calificación del ex presidente para afirmar que la nota de Página/12 no tiene nada que ver con el periodismo. Quizás lo habiliten las furiosas persecuciones económicas y penales de su Gobierno contra los medios que no aceptaban sus directrices, que hasta le costaron la libertad a varios empresarios que se negaron a alinearse con sus operaciones ilegales.

En relación con su ataque al compromiso democrático de Página/12, seguramente su idea del lugar del periodismo en la sociedad se limite al que ocuparon la gran mayoría de los medios durante su gobierno, protagonizando un rol activo en la persecución y criminalización de las actividades de ex funcionarios, opositores y empresarios no alineados con sus operaciones de inteligencia, judiciales y mediáticas que desde hace meses están saliendo a la luz en los tribunales.





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Sra. Ministra, confieso que he adoctrinado | Opinión



Recientemente, la Ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, pidió a las familias que denuncien a los docentes que adoctrinan a sus hijos para poder intervenir y señaló que “la raíz de lo sobre ideologizado y la militancia política en las aulas está en la formación docente, en el perfil que se define sobre qué es ser docente. La gran discusión tiene que ser cómo enseñamos a enseñar”.

Como formador de docentes desde hace más de 15 años, confieso que he inducido a mis estudiantes ideas políticas de lo más perturbadoras.

Les he dicho que se comprometan con sus estudiantes y que asuman su rol de ser garantes de su derecho a la educación en lo que les corresponde, que es enseñar.

Les he dicho que trabajen cooperativamente con sus colegas para promover una escuela secundaria mejor, que acoja a todos y todas, que busquen respuestas a los múltiples obstáculos que día a día van a encontrar. Que lo intenten una vez y otra vez y otra vez. Obstinadamente. Que no se quejen porque sus estudiantes no quieran o les cueste. Enseñar es el trabajo de un docente. Lo contrario sería como que un médico que se queje porque sus pacientes enferman.

Les he dicho que participen y que promuevan la participación de sus estudiantes y sus familias. Que investiguen, que se sigan formando, que cuestionen, desnaturalicen, que experimenten, que se equivoquen y que lo vuelvan a intentar. Que sean críticos y autocríticos también.

Les he dicho que cumplan las políticas educativas del Estado y que sean críticos y reclamen cuando el Estado no es consecuente con esas políticas y desatiende a las escuelas, a sus estudiantes y a sus docentes.

Les he dicho que discutan y argumenten contra los que con su pensamiento y su accionar justifican la desigualdad, la intolerancia y la discriminación. Pero también que la realidad social es compleja, que los cambios no son lineales y las soluciones no son evidentes.

Es imposible educar sin transmitir una visión del mundo. Por ello, educar siempre es un acto político que, debería sobrar la aclaración, no es lo mismo que partidario. Y esa visión del mundo se expresa por lo que se enseña y también por lo que se calla; por lo que se cuestiona y también por lo que se deja pasar.

¿Cuál es entonces el límite, si es que lo hay, entre educar y adoctrinar? Es habitual que quienes denuncian a los docentes por adoctrinar, en realidad lo que denuncian es el desafío a sus modos de pensar, de entender la vida, la sociedad, lo humano. El que los comparte, es un docente como “debe ser”. En cambio, adoctrina quien desafía la visión hegemónica vigente, visión que ha tomado el lugar de “la verdad”. Adoctrina el que interroga el status quo, porque es “de izquierda”. Hay que “denunciarlo”.

Dice la ministra que el docente “lo que tiene que hacer es enseñar a pensar, no decirle a los chicos en qué pensar”. Y yo me pregunto, ¿cuál es el resultado de “enseñar a pensar”? ¿Podría ser que como resultado de ese pensar, el niño o la adolescente cuestione los valores hegemónicos? Entonces, ¿su docente será denunciado por adoctrinar o por enseñar a pensar?

No obstante, como docentes, la asimetría de poder con nuestros alumnos nos obliga a la responsabilidad. No se puede justificar la propia parcialidad en la idea de que “todo es político”, “todo es ideológico”. Si hay una distinción entre educar y adoctrinar, se juega en ser capaces de transparentar nuestro propio posicionamiento y fundamentarlo desde el conocimiento, la reflexión y la discusión; en promover la capacidad de escuchar al otro, que piensa distinto, sin demonizarlo; en aceptar la posibilidad de no saber o estar equivocado.

Vivir y construir día a día una sociedad democrática nos obliga a transitar la tensión que encierra la pluralidad de ideas y cosmovisiones. Hoy la escuela pública sigue garantizando eso precisamente porque el control sobre “lo que se debe pensar” no es una política de estado, como si lo fue durante la dictadura, donde explícitamente se generaron instructivos para denunciar a docentes y estudiantes “sospechosos”.

En suma, a mis estudiantes, les he dicho todo eso y mucho más. Básicamente les he dicho que asuman una posición no neutral frente a la desidia, la impotencia, la injusticia, el “siempre fue así”, el “no se puede” y que asuman, con humildad, un posicionamiento político consciente frente a la falacia de que es posible no asumir ninguna posición.

*Investigador docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento.



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El identikit de Soledad Acuña hecho por los estudiantes | “Antigua, retrógrada y clasista”, para empezar



“No aceptamos la mirada despectiva de la ministra. ¿Cuál es el problema de que los profesorados se llenen de pueblo y de sectores populares? ¿Cómo no vamos a querer ser docentes quienes venimos de la clase trabajadora? Nosotros miramos con otros ojos la realidad que vivimos, decidimos ser docentes para transformar el mundo y estamos muy orgullosos de eso”, dice Nadia Candi, estudiante del profesorado de Educación Primaria Normal 7. Al igual que ella, los estudiantes para docentes porteños consultados por Página/12 repudian las declaraciones de la ministra de Educación, Soledad Acuña, quien los trató de fracasados, viejos y pobres. Además piden su renuncia. También cuentan que durante la pandemia, personal de la cartera porteña ingresó a las clases virtuales sin avisar ni pedir permiso y, cuando se les preguntaba cuál era el objetivo de la presencia, no respondían y se iban.

Acuña había dicho que quienes estudian para ser docentes son “cada vez más grandes de edad” y que “eligen la carrera docente como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras”. También apuntó al nivel socioeconómico de los estudiantes para docentes al decir que “son de sectores cada vez más bajos” y por eso tienen “menos para ofrecer en el aula”. Además indicó que las clases remotas les permitieron “ver qué pasaba en las aulas”, e incitó a los padres a denunciar a los docentes en caso de que detectaran “bajadas de línea”.

“La concepción de formación docente que plantea Acuña es muy vieja. Hoy se nos educa de una forma muy vinculada con escuchar a los pibes y con tener en cuenta al otro para la construcción de aprendizaje”, asegura Naara Maddonni, estudiante del profesorado de Educación Primaria en el Normal 1. En su caso, explica que eligió la carrera porque “pensamos que la comunidad puede ser mejor y sabemos que una de las formas fundamentales para que eso suceda es a través de la educación”. Naara terminó la escuela secundaria sabiendo que quería ser docente. “Siempre están las excepciones y es muy lindo ver gente grande estudiando, pero la mayoría somos jóvenes de entre 18 a 35 años”, agrega.

Las desafortunadas declaraciones no solo fueron repudiadas por los sindicatos y la comunidad educativa, sino también por funcionarios del gobierno nacional, organismos de derechos humanos, y los legisladores porteños del FdT, que hicieron un pedido de interpelación para que Acuña fuera al recinto a dar explicaciones –que no prosperó porque JxC cuenta con mayoría en la legislatura–. El espacio político respaldó a la ministra con un silencio que se mantuvo hasta que este sábado Acuña publicó una carta en la que reconoció que sus dichos habían causado “dolor e incomodidad”, pero insistió que iba a mantenerse firme en su postura.

Maddoni opina que la ministra desmerece al nivel terciario, porque “en nuestras carreras tenemos más de 40 materias, sin contar lo que implican las prácticas a contraturno”. Por otra parte, destaca que “es tal el desconocimiento que tiene de lo que sucede en las aulas que habla como si los alumnos fuesen sujetos pasivos a los que sencillamente se les ‘baja línea’ cuando eso es inviable, porque los estudiantes tienen voz y dicen lo que piensan”.

Sol Godoy tiene 23 años, estudia el profesorado de Ciencia Política en el Joaquín V. González y es presidenta del centro de estudiantes. “Gracias a muchos docentes excelentes que tuve dije: ‘me quiero dedicar a esto’”, cuenta. Con respecto a la tarea docente, dice que siente “una responsabilidad histórica y un gran orgullo”. “Defendemos una educación como la que aprendemos de Paulo Freire: que nos invite a pensar y no a obedecer, todo lo contrario a lo que plantea Acuña. Es nefasto que nos culpe a los estudiantes de las problemáticas de las que el Estado debería hacerse cargo”, dice.

Para Godoy, el problema de la “jerarquización docente”, es un tema que depende de lo presupuestario: “el Joaquín V. González se cae a pedazos y todos los normales están destruidos”. En esa línea, Maddoni subraya que “hay falta de recursos y son las cooperadoras las que compran tizas y borradores. Además no hay una ampliación de la planta orgánica funcional y las cursadas están colapsadas”.



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Cómo era el colegio de Bariloche donde se formó la ministra Acuña | El Primo Capraro, dominado por años por el nazi Erich Priebke



La ministra de educación de CABA, Soledad Acuña nació en Bariloche en 1975. Cursó en el colegio alemán Primo Capraro su educación primaria y secundaria y egresó en 1992. Las fotos muestran que, como en todas las promociones del colegio de esos años, en ese acto quien oficia de autoridad es el ex oficial de la SS Erich Priebke, por entonces al frente de la Asociación Cultural germano-argentina que regentea el colegio. Eso fue así hasta 1993, porque en 1995 fue extraditado para ser juzgado en Italia por la masacre de las Fosas Ardeatinas de Roma, ocurrida bajo su mando en 1944.

Si bien es imposible establecer una línea directa entre los despectivos dichos con que Acuña señaló la actual formación de los docentes en CABA, también es difícil evitar esa asociación.

Durante muchos años Priebke vivió en la ciudad andina “al descubierto”, sin alias ni camuflaje, exhibiendo su porte de oficial de la Gestapo y capitán de la SS, desde las oficinas del Asociación hasta los actos de egresados. Entre otros, el de Acuña, quien luego estudió ciencias políticas en la UBA e hizo una Maestría en Administración y Políticas Públicas en la Universidad de San Andrés.

La comunidad alemana está muy presente en la vida de esa ciudad, y esa participación es histórica. “Llegue a conocer bastante gente andando por ahí, europeos hubo siempre, pero lo que llama la atención, es lo importante que fue allí la participación de Priebke, desde el marco del colegio” explica Santiago Varela. El guionista, desde los años ‘60 se dedicó a recorrer la comarca andina: “andaba, subía los cerros, charlaba con la gente”, recuerda. Conserva amigos y una percepción certera sobre el perfil de la ciudad. Y sostiene que la mejor semblanza sobre la llegada y estadía de Priebke allí, y al frente del Colegio Primo Capraro, puede verse en el documental de Carlos Echeverría: “El pacto de silencio” (2006).

Es la visibilidad del jerarca nazi en esa comunidad lo que le asombra a Varela. Algo que el filme de Echeverría describe con detalles. En la institución se festejaba el cumpleaños de Hitler, y su ascenso al poder. En estos los valores fue formada y es difícil pensar que no haya vivido “valores” ni “bajada de línea”. Aunque como señala Echeverría a Página/12: “Me parece un poco forzado relacionar las barbaridades que dijo con su formación, porque conozco a muchos egresados del colegio y ninguno tiene los prejuicios que ella tiene”. Él mismo fue a ese colegio hasta cuarto grado. “Y no puedo asociar que esa sea la fuente de sus ideas respecto a los docentes, o las acciones como la delación, que propone”. Varela coincide: “No todos lo que se recibieron ahí siguieron esa línea, pero los que decidieron seguirla, tienen una buena base”, advierte.

La escuela primaria donde comienza esta historia se funda en 1907 por evangelistas alemanes que venían de Chile, y se cierra en 1939, que “por ser alemanes”, señala Echeverría. Pero el proyecto educativo que reabre en 1953 es diferente. “Allí comienzan a agruparse los inmigrantes, nostálgicos nazis, que llegaron al país en el ‘48”, explica el cineasta. Pero a fines de los 70, la escuela recibe apoyo de Alemania Federal para construir el edifico que sería luego la secundaria, de la que Acuña egresa con título de bachiller. Y en la que fue una activa promotora del Centro de Estudiantes.

El Capraro sostiene un proyecto educativo y político que se trasforma según los cambios históricos en Argentina y Alemania. Pero uno de sus ejes es la recepción de docentes provistos por el ministerio de educación de Alemania, para potenciar el idioma y “la comunidad de inmigrantes”. Esa característica se mantiene, aunque los docentes que van responden a su tiempo. De ahí que Echeverría sostenga, que “la idea de vincular las ideas actuales de Acuña, con su paso por el colegio es atractiva, pero quizá no le hace justicia al hecho de que el colegio, con el tiempo, cambio para bien”, puntualiza.

En su película puede verse a Herbert Best, uno de los profesores de Alemania, que estuvo en el Capraro desde 1957 a 1960, quien comenta el proyecto de los fundadores del colegio “nostálgicos del Tercer Reich”. El filme se concentra en la historia de Priebke que llega en 1954, y hace carrera en esa Asociación: miembro, vicepresidente, y en los ’80 presidente, y elige a directores y docentes. “A todos ellos” señala Echeverría al explicar cómo la comunidad empodera a Priebke. Esto lo refuerzan los testimonios de los docentes que osaban dar, por ejemplo, información sobre el holocausto y eran cuestionados por eso.

La concepción de la Asociación era omitirles a sus alumnos toda información histórica real, según el cineasta “la raíz de esto es que, los que fundaron el colegio venían de una derrota, de un fracaso político estruendoso, y no lo pudieron asumir nunca, la historia política no estaba contemplada en la currícula”. Se prohibía ver “La lista de Schindler”, se prohibía leer a Heinrich Böll, premio Nobel de Literatura en 1972. “Porque es comunista” le decían a la profesora que lo recomendaba.

En el 92 todavía Priebke no había sido “descubierto” por la justicia, pero ya lo había descubierto Esteban Buch, el protagonista de otro filme de Echeverría: “Juan como si nada hubiera sucedido” (1987). Allí, Buch investiga como periodista la desaparición del joven Juan Herman en la ciudad, “desaparecido político” apunta Echeverría. Buch, quien reside en Francia hace treinta años, escribió “El pintor de la Suiza argentina” (Sudamericana, 1991) sobre un artista plástico belga colaboracionista, buscado por la justicia en Bélgica. Nunca lo encontraron, murió en Bariloche y Esteban llegó a conocerlo, cuenta Echeverría, y como no tenía descendientes “le dejó a Esteban un baúl con sus cosas, y ahí él descubre el pasado de este hombre, y a Priebke”. 

Fue esa generación de “fundadores” como los llaman, quienes lograron que las generaciones educadas allí estuvieran “al margen de toda elaboración político-histórica”, señala Echeverría. Tuvieron que buscarla después. Por fuera de esa formación, porque mientras estudiaron allí, la visión rectora era la de Priebke. Y todos tenían su foto grupal con él. “Acuña la debe tener también –arriesga Echeverría–, porque él se ocupó de perpetuarse en las fotos de todos, en el colegio”. Y concluye con un dato: “El colegio tenía hasta hace diez años, fotos en los pasillos, de las distintas promociones, y estaban las de Priebke, los mismos pibes las rayaban, le ponina cosas, la rompían, y desde el colegio volvían a renovar la foto, hasta que los profes nuevos, escribieron a la embajada alemana … y de ahí en más, ya no hay más fotos con Priebke en los pasillos del colegio”.

Tres docentes rebeledes

Herbert Best, Dorothee Engels y Fritz Küper, son docentes alemanes que es tuvieron en Bariloche como profesores del Instituo Capraro, al que llegaban como contraprestación por el subsidio que recibe el colegio, desde Alemania, para seguir construyendo y ampliando la comunidad. Los tres testimonian en la película “El pacto de silencio”, sobre la experiencia de trabajo en un entorno “detenido en el tiempo”, producto de “los fundadores del Capraro, nostálgicos del nazismo”, cuentan.

Best tenía convicciones propias respecto al pasado nazi alemán, no lo compartía. Su posición refleja la nueva política pública de Alemania en educación: tratar el holocausto en las escuelas, llevar a los chicos a ver los campos de concentración. Su formación docente es democrática y humanista. Pero en Bariloche “era muy difícil poder expresarse con libertad”. Pero igual le dice a la Asociación: “estos libros no van mas”, y los saca de los estantes, entre ellos “Mi lucha” de Adolfo Hitler.

Engles trabajaba con literatura alemanda y decide dar a Henirich Böll, un pacifista, Nobel de Literatura 1972, y al día siguiente la llama, a una oficina, una persona que trabajaba con Priebke, y le dice directamente: “No queremos que se habla de Böll acá, porque es un comunista”.

Küper cuenta que un día se enfermo un profesor y para ocupar las dos horas decidió pasar una película alemanda que les proveía el Goethe, y era crítica del nazismo: “La hora de Alemania”. Al otro día tres integrantes de la Asociación llegaron a su oficina a interrogarlo: “¿Por qué pasó esa película?”, preguntaban. Sucedía que “su padre –cuanta Echeverría– fue un jerarca nazi y huyó de Polonia, a Tucuman, en 1948. Él luego toma contacto con un ‘comisario político’ de Bariloche que elegía docentes y lo eligen por ser hijo de un nazi”. Su testimonio visibiliza la formación que esa Asociación, quería para a sus estudiantes.

El relato demuestra que en ese entorno educativo, las autoridades estaban todo el tiempo atentos a la “bajada de línea” de cualquiera de los profesores. Incluso en el área de castellano, en los años 1980 y 1990, en la currícula argentina, cuando un profesor les propone a los alumnos hablar de “desaparecidos” y de los crímenes de la dictadura, no pasó mucho tiempo hasta que lo dejaron cesante porque “no daba el perfil de este colegio”, recuerda Echeverría.



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Soledad Acuña: Dime qué críticas y te diré de qué careces



El debate abierto por las declaraciones de la ministra de Educación del gobierno de GCBA, Soledad Acuña, sobre la sobreideologización de les docentes y la militancia en las aulas, cuya raíz estaría en los institutos de formación docente, tiene además de una resonancia dictatorial, un olor rancio. El rápido apoyo en los medios de un exministro de Educación del gobierno de Cambiemos y de una especialista, sorprende más aún, porque se redobla la apuesta agresiva, sin dudas política. De allí que el argumento de la necesidad de neutralidad y el deseo de pluralidad no parece genuino.

Para fundamentar las críticas al supuesto “adoctrinamiento” en las escuelas y en las universidades públicas, se recurre a ejemplos del pasado y del presente, que siempre se vinculan con la izquierda y el peronismo, como si el liberalismo político y el neoliberalismo, no tuvieran intervenciones político-ideológicas como ha resultado cristalizado y documentado en el gobierno anterior, con un lenguaje oscilante entre el optimismo de la alegría, el desprecio social y la ofensiva represiva. Un antecedente de reacción del mismo ex ministro fue en el año 2017 por el tratamiento del caso Maldonado en unas cartillas docentes. Se insiste con fruición en la impugnación de estudiantes y docentes de escuelas y universidades públicas y representantes gremiales.

En las notas actuales, que buscan avalar los dichos de la ministra y no simplemente abrir un debate sobre un tema siempre interesante, volver sobre el caso de los libros de lectura del segundo gobierno peronista es un clásico remanido, ya estudiado por la historiografía de la educación. En el período de entreguerras la introducción de contenidos políticos en los libros escolares hizo converger a gobiernos nacionalistas de diverso signo, liberales y comunistas. Estamos lejos de aquella etapa en la que los líderes políticos recurrían a una pedagogía política estatal con contenidos doctrinarios, en plena lucha por la hegemonía como analizara desde la cárcel Antonio Gramsci. Poner en cuestión la presencia del debate político en las universidades públicas argentinas, y sostener que la idea de universidad y la de populismo se repelen (sic) supone desconocer que las tradiciones universitarias se encarnan y no son una abstracción, desde el reformismo para acá, pasando por el pensamiento de izquierda en sus diversas variantes y el pensamiento nacional-popular, y también por el liberalismo democrático y no fascista.

Sin dudas, las identificaciones políticas se ponen en juego en el movimiento estudiantil secundario y universitario, que ha tenido un papel clave en la confirmación de una cultura pública movilizada en torno a los grandes debates políticos, sociales y culturales de la Argentina democrática, desde la lucha por los derechos humanos, la democratización del derecho a la educación, las demandas y reivindicaciones vinculadas con el género y la sexualidad y el cuidado del ambiente. Pero también en docentes de los diversos niveles, que con orgullo y esfuerzo, han garantizado la continuidad escolar y académica, con todas las dificultades del caso, algunas que corresponden sin dudas a los gobiernos. Si pensar la educación en clave política, y en clave de políticas más aun, es adoctrinar, yo brindo por ese pensamiento que trata de imaginar e incidir en mejores escenarios de la educación, con más derechos, conciencia histórica y reflexividad. A su salud, pocos días después del día de la militancia.

La relación entre educación y política es un viejo tópico de debate en el campo de las ciencias sociales y en el pensamiento pedagógico. Se ha abrevado en las obras de autores y autoras de Europa, Estados Unidos y América Latina, para revisar y problematizar esa relación. Quienes se escandalizan y reclaman neutralidad y educar para la libertad no desconocen algunas de estas obras, pero lo que hay en juego son discrepancias político-ideológicas. El desfinanciamiento de las escuelas públicas de la ciudad de BsAs sería un escándalo para cualquiera de aquellas figuras intelectuales, así como el retaceo de alimentación para las familias pobres en plena pandemia o la exposición de un estudiante de escuela secundaria en los medios para hacer marketing del retorno a clases, vulnerando todos sus derechos; también solicitar a las familias la realización de denuncias a docentes y usar las clases virtuales como espacio de vigilancia doméstica. Silencio de radio sobre estos temas gravísimos; la salida es por la tangente del adoctrinamiento como si estuviéramos en la Italia fascista.

En años recientes el intelectual alemán Axel Honneth, frente a las tendencias neofascistas y las amenazas a la democracia en Europa, defendió la idea de la escuela como espacio para la educación democrática y como comunidad cooperativa, discrepando con el reclamo de neutralidad del pensamiento neoliberal obsesionado con el rendimiento individual y con el multiculturalismo defensivo de las identidades culturales. Revindicaba una nueva relación entre pedagogía y filosofía política. El pedagogo Henry Giroux, en otro escrito caracteriza a la educación superior como una esfera pública democrática, en la cual formar en una sensibilidad ética y política y desarrollar habilidades analíticas críticas, frente al estado de guerra impuesto por el gobierno de Donald Trump.

Cuestionar el pensamiento crítico y las discrepancias abiertas que sectores docentes han tenido con las políticas educativas llevadas adelante hace más de una década por el PRO en GCBA, o de sectores estudiantiles y docentes de universidades públicas, disidentes con la orientación del anterior gobierno nacional, revela un componente autoritario. Dime qué críticas y te diré de qué careces. Vale también para todos los dichos de la ministra, cuya salida debería decidir prontamente el jefe porteño, que afirma escuchar siempre a vecinas y vecinos.  

* Profesora de la UBA e Investigadora del CONICET



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Acuña soledad



“Sé que merecen y esperan una explicación sobre la polémica que se generó en los últimos días, ya que entiendo que causó dolor e incomodidad en muchos de ustedes, sin haber sido mi intención”. Después de más de diez días de cosechar repudios, la ministra de Educación de Horacio Rodríguez Larreta le hizo llegar a los docentes porteños una carta. Soledad Acuña trata de encontrar un antídoto a su sinceridad. 

Tras haber descripto al universo de maestros y profesores como viejos, fracasados, con escaso capital cultural y –perdón el neologismo– “adoctrinadores”, se permite considerar que “se merecen” una explicación sobre la “polémica”. Eso sí, aclara, que no fue su “intención” causar “dolor e incomodidad”. Un relato digno de una cirujana del lenguaje dispuesta a perfeccionar el control de daños.

La ministra recupera en su carta el dispositivo que, quizás, en el diálogo en confianza con el profesor de Educación Física Fernando Iglesias –a la sazón diputado nacional del PRO– se le fue de las manos: apuesta a circunscribir a los gremios el rol de adoctrinamiento. “Con los chicos no”, dice y ratifica el efectivo artilugio de la derecha por el cual todo lo que interpele el relato dominante pasa a ser ideología. Vade retro. Como se sabe, el poder es aideológico, sólo se trata de ejercerlo y garantizar sumisión. 

En el acto de jura del Día de la Bandera, el 20 de junio de 2016, el entonces presidente Mauricio Macri, jefe político de Acuña, les hizo cantar a los cientos de niñes de primaria: el “Sí se puede”, su latiguillo de campaña. “¡¡No escucho!!”, gritó, “¡Claro que se puede!”, arengó ante la mirada atónita de maestros y autoridades al pie del Monumento a la Bandera. Quizás la misiva de Acuña tendría que tener al expresidente como destinatario. De hecho, varios de los descalificativos propinados a los maestros podrían cuadrar en su figura.

“Los abrazo con todo mi respeto (sic) y cariño”, se despide Acuña en su carta. Ahora sí que ni la sinceridad queda en pie. Habrá que ver si acuña soledad o suma algo más que a la versátil Patricia Bullrich sentada sobre el césped, en posición de Buda, con un un grupo de vecines de Barrancas de Belgrano dibujando la E de educación. La performance que ideó para respaldar a la ministra. 

 



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El intento de Soledad Acuña por explicar el maltrato a los docentes | La Ministra difundió una carta a los trabajadores de la educación



La ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, le envió a todos los docentes porteños una nota que definió como “explicación” por “la polémica que se generó en los últimos días” haciendo referencia a sus dichos en contra de los docentes al decir que los que eligen la carrera docente “son de los sectores cada vez más bajos”. La Ministra intentó dejar en claro que no sólo se refería a “algunos dirigentes que se abusan de su rol docente”. 

“Les escribo porque la clave del enorme trabajo que hicimos juntos en estos años fue una comunicación transparente, honesta y clara. En las buenas y en las malas. Compartimos días, tardes y noches conversando sobre las transformaciones que todos queremos para mejorar la educación de los chicos y chicas de la Ciudad”, comienza la nota de Acuña.

“Por eso sé que merecen y esperan una explicación sobre la polémica que se generó en los últimos días, ya que entiendo que causó dolor e incomodidad en muchos de ustedes, sin haber sido mi intención”, continúa.

“Creo profundamente en la tarea que hacemos juntos todos los días, porque la enorme mayoría de ustedes trabaja por una educación plural, que promueva el pensamiento crítico, el análisis y la discusión informada”, agrega.

“Me consta, y así lo hemos conversado tantas veces, que defendemos el aula como ese lugar para formarse, aprender y reflexionar en un ambiente donde se respeten todas las ideas y creencias, sin militancia partidaria. De ningún partido”, destaca.

En otro apartado de la carta, la ministra volvió a ser crítica con los docentes y señaló: “Sabemos que algunos dirigentes abusan de su rol docente y eligen adoctrinar antes que enseñar a pensar. Por si hiciera falta aclararlo, voy a mantenerme firme: con los chicos, no”.

El secretario adjunto de la Asociación de Enseñanza Media y Superior (Ademys), Jorge Adaro opinó de la carta y señaló que “apunta a dar una explicación sobre algunos números a los que ella le dio una carga subjetiva negativa en su primera declaración”.

Para el secretario adjunto de UTE, Eduardo López: “Fue un intento de justificación pero el maltrato y las agresiones de la ministra solo demuestra su impotencia por no poder doblegarnos. Seguimos reclamado, junto a la comunidad educativa, conectividad , vacantes para todos y aumento del presupuesto educativo”. 

El texto completo de la carta:

Buenos Aires, 20 de noviembre de 2020

A la comunidad de docentes:

Les escribo porque la clave del enorme trabajo que hicimos juntos en estos años fue una comunicación transparente, honesta y clara. En las buenas y en las malas. Compartimos días, tardes y noches conversando sobre las transformaciones que todos queremos para mejorar la educación de los chicos y chicas de la Ciudad.

Por eso sé que merecen y esperan una explicación sobre la polémica que se generó en los últimos días, ya que entiendo que causó dolor e incomodidad en muchos de ustedes, sin haber sido mi intención.

Creo profundamente en la tarea que hacemos juntos todos los días, porque la enorme mayoría de ustedes trabaja por una educación plural, que promueva el pensamiento crítico, el análisis y la discusión informada.

Me consta, y así lo hemos conversado tantas veces, que defendemos el aula como ese lugar para formarse, aprender y reflexionar en un ambiente donde se respeten todas las ideas y creencias, sin militancia partidaria. De ningún partido.

También sabemos que algunos dirigentes abusan de su rol docente y eligen adoctrinar antes que enseñar a pensar. Por si hiciera falta aclararlo, voy a mantenerme firme: con los chicos, no.

En la Ciudad juntos logramos la cobertura total de la escolaridad obligatoria, y todos y todas tienen un lugar en la escuela.

Por supuesto que queda mucho por hacer, en particular sobre los logros de aprendizaje de los estudiantes, que no son todavía suficientes y, además, se distribuyen socialmente de manera desigual. A ninguno de nosotros escapan estos datos de la realidad que duelen y nos obligan a redoblar el esfuerzo.

En un contexto tan complejo, cambiante y diverso como el que vivimos, la actividad que ustedes desempeñan en las aulas requiere dar respuestas a múltiples desafíos, y desde este Ministerio de puertas abiertas trabajamos todos los días para acompañarlos.

Como saben, la capacitación docente ha sido y es nuestra prioridad. Por eso, en los últimos años incrementamos la cantidad de horas de capacitación en servicio pasando de 20 a 100 horas anuales. A su vez, más de 20.000 de ustedes participan cada año de instancias de formación situada. Vamos a seguir en la misma dirección, apoyando las mejoras continuas en la carrera.

Queda un largo camino por recorrer en materia de brechas y oportunidades para los chicos. Pero también en la construcción de valor para la profesión, para que cada vez más jóvenes elijan con orgullo la docencia.

En ese sentido, hay datos de la realidad que elijo no ocultar y trabajar para transformarlos: según la encuesta a ingresantes al sistema de formación docente en la Ciudad de mayo de este año, sólo el 14% lo hace luego de terminar sus estudios secundarios, mientras que el 52% posee trayectorias educativas previas. Casi el 50% trabaja mientras estudia, y se tarda en promedio 7 años para recibirse. Datos similares surgen para el resto del país en el informe producido de las evaluaciones Enseñar, por el Ministerio de Educación de la Nación.

Nuestro compromiso es apoyarlos y acompañarlos a todos en su formación inicial y continua para que ejerzan su tarea con conocimientos y herramientas profesionales adecuadas. La creación de la Universidad de la Ciudad y el trabajo de evaluación y procesos de mejora con los Institutos de Formación Docente son parte importante de esa decisión.

Las cifras son difíciles, incómodas, todos las conocemos y las podemos ver reflejadas en el día a día, en distintas situaciones, más allá de los números. Son realidades que conversamos cada vez que nos encontramos y sobre las que todavía nos debemos un profundo debate con todos los sectores.

El camino para conseguirlo es el mismo que transitamos hasta hoy, y que se refleja en los importantes logros que fuimos teniendo: un diálogo sincero y respetuoso para poner en común ideas y valores que transformen nuestra Argentina.

Gracias a todos y a todas por su compromiso, por acompañar a nuestros chicos en esta pandemia devastadora, por todo lo que hicieron y por todo lo que van a hacer.

Los abrazo con todo mi respeto y cariño,



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La poesía a Soledad Acuña que se volvió viral | “Doña Soledad”, de Silvia Schujer



Los dichos agraviantes de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, inspiraron a la escritora Silvia Schujer los versos de “Doña Soledad”. Pronto la poesía se volvió viral en redes sociales, con los hashtag #RenuncieAcuña y #OrgullosamenteDocente. Y sumaron diversas interpretaciones, como la de la actriz Mónica Cabrera

Una doña ñoña 

en su nombre acuña

eñe de carroña

de saña y pezuña.

Porteña de “alcurña”

su “geño” y figura

añora las mañas

de la dictadura.

Señor y señora

tamaña intención

empeña el mañana

de la educación.

A cerrar el puño

y afilar la uña

que renuncie ahora

Soledad Acuña.



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Piden la renuncia de Soledad Acuña  | Organismos de derechos humanos, sindicatos y legisladores repudiaron sus agravios a docentes



A pesar del rechazo generalizado de docentes, sindicatos, estudiantes, legisladores y funcionarios del Gobierno Nacional, Juntos por el Cambio decidió proteger a la ministra de Educación Porteña, Soledad Acuña, tras sus agresivos dichos en contra de los docentes. No hubo declaraciones públicas al respecto ni muestras de arrepentimiento por parte del gobierno porteño, y desde la Legislatura –con la mayoría automática de JpC–, rechazaron el pedido de interpelación que los diputados del Frente de Todos enviaron para que la ministra diera explicaciones ante el recinto. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, marcó la posición del Ejecutivo nacional: “quiero que quede claro cuál es nuestra opinión sobre los docentes de nuestro país, y es bien distinta a lo que se ha dicho”, afirmó en referencia a las declaraciones de Acuña. “Nosotros reivindicamos la tarea que diariamente hacen los docentes”, y “los esfuerzos que realizaron para adaptarse a las clases virtuales”, agregó. 

Desde Juntos por el Cambio no hay una mirada crítica acerca los exabruptos de la ministra. Más bien están evaluando estratégicamente cuál es la mejor salida discursiva. El silencio es, hasta ahora, la única respuesta del oficialismo porteño cara a la sociedad, tanto de la ministra, como del Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Según trascendidos, durante una reunión de referentes de JpC, Acuña expresó que “si tengo que pedir perdón, pido perdón”, como si se tratara de una obligación, antes que de una reflexión genuina. Fuentes del Gobierno de la Ciudad, en tanto, dijeron a este diario que las frases agraviantes de Acuña forman parte “más o menos lo que ella suele decir”, pero que “hubo algunas palabras de más y tal vez tendría que salir a aclarar algunas cosas“. Otro funcionario del GCBA la comparó con el ministro porteño de Salud, Fernán Quiros: según él, tuvo una gran exposición mediática durante todo el año y aún así “nunca se mandó ninguna como esta”.

Organismos de derechos humanos (Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, H.I.J.O.S. Capital y Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, entre otros) repudiaron el martes los dichos de la ministra en un comunicado. Los sindicatos, que también fueron duramente atacados, están tomando diferentes medidas. Este miércoles Ademys realizó un paro y clases públicas frente al Ministerio de Educación porteño para pedir la renuncia de Acuña. Desde UTE denunciaron a la funcionaria ante el INADI por sus “declaraciones discriminatorias”

Sus dichos fueron una ofensa, un destrato total a la docencia y además tuvieron un carácter completamente persecutorio. Consideramos que siendo la cabeza del Ministerio y nuestra autoridad máxima no puede seguir ocupando ese lugar”, dijo a este diario la Secretaria General de Ademys, Mariana Scayola

Además, tanto Ademys, como UTE están llevando a cabo una campaña en las redes sociales con pronunciamientos en contra de los dichos de la ministra y fotos de docentes de todo el país bajo el hashtag #OrgullosamenteDocente. “Acuña no solo ofendió a los docentes de la Ciudad, sino a los docentes de toda Argentina”, aseguró Scayola, y adelantó que la semana que viene, al cumplirse un año del rechazo al proyecto de la UniCABA, también realizarán movilizaciones para “defender a los institutos docentes, que fueron bastardeados por la ministra”.

El legislador porteño del FdT, Santiago Roberto, forma parte de la comisión de Educación y fue uno de los firmantes del pedido de interpelación que fue rechazado por no contar con el apoyo suficiente en el recinto controlado por JpC. En diálogo con Página/12, Roberto subrayó que “no esperamos que la ministra asista porque no tenemos los 31 votos necesarios, pero seguiremos insistiendo. Acuña no sólo no brinda explicaciones a los diputados, tampoco habla con los docentes, con los padres, ni con nadie de la comunidad educativa”. Además, el legislador destacó que, más allá de la importancia de que asista para dar explicaciones por sus dichos, “queremos que venga porque hay muchas cuestiones que necesitamos debatir. Queremos explicaciones sobre UniCABA, sobre el proyecto educativo del año que viene, que seguramente será a la baja, y de cómo será la presencialidad en las aulas”.

Además, el legislador destacó que “es triste y asusta, pero los dichos de la ministra son muy similares a lo que se decían durante la última dictadura militar: estar atentos al vocabulario de los docentes, denunciarlos, dejar las puertas abiertas para vigilar. Esto tiene que ver con la postura de todo el Gobierno porteño, pero lo que mas enoja es que fue gracias al esfuerzo de los docentes que se ha sostenido la educación durante la pandemia”.

Con respecto al pedido de interpelación, la legisladora y vicepresidenta de la comisión de Educación, Lorena Pokoik, indicó a Página/12 que “debido a la negación absoluta por parte de la ministra de querer conversar, dialogar o retractarse, este miércoles hemos presentado dos proyectos, uno de resolución y uno de declaración y repudio. Ambos fueron firmados por los 17 legisladores de nuestro bloque. Ningún legislador de otro partido quiso acompañar, y por más que sabemos que será rechazado, este jueves volveremos a insistir sobre tablas porque creemos que es fundamental que Acuña de explicaciones sobre lo que dijo”.

“Las declaraciones son de extrema gravedad y, además de estigmatizar y denigrar a todos aquellos que eligen la carrera docente, en este caso Acuña ha cruzado una línea, que es la democrática. Esto supera las diferencias partidarias y tiene que ser ampliamente repudiado”, resaltó Pokoik. Además, se dirigió al jefe de Gobierno porteño: “hay que reconocer que, por primera vez desde que asumió como ministra, hizo una declaración sincera, pero cruzó un límite y por eso pedimos a Larreta que considere pedirle la renuncia”, afirmó.



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