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Las historias que esconden los nombres de los estadios del fútbol argentino

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La leyenda del Ciego Arriagada

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Riquelme: las jugadas invisibles del hombre que no sólo toma mate

Riquelme: las jugadas invisibles del hombre que no sólo toma mate

Como en la cancha, Riquelme parece ser el hombre que ve antes lo que otros no ven. El mensaje a Tevez, la restricción a los dirigentes en los entrenamientos y la tranquilidad de un presente que imagina desde 2016.
Por Roberto Parrottino
@rparrottino

13 de Marzo de 2020

Juan Román Riquelme mira la televisión y coquetea con el mate. River y Boca juegan en el Monumental por la Superliga, diciembre de 2016. En el living de una casa en Castelldefels, Barcelona, Riquelme mueve la bombilla. Noche de otoño. Piensa en dar el salto a la política de Boca. “El tipo -dice acerca de Daniel Passarella, DT que lo hizo debutar en la Selección- logró todo lo que quiso: futbolista, campeón de todo, entrenador, presidente de River. Para mí, lo bajaron porque quería ir a la AFA”. River gana 2-1. Entretiempo. “Boca no puede jugar de contraataque. Y Tevez -comparte- tiene que decidir más”. Boca lo da vuelta: 4-2, con dos goles de Carlos Tevez. Le manda felicitaciones a Guillermo Barros Schelotto, el entrenador. “Gracias, Román, esta es tu casa”, le responde. Riquelme se ríe: sabe que Boca no es su casa. Y que la Bombonera, ni siquiera el patio de su casa. Piensa pedir permiso cuando vuelva a Argentina si quiere su partido despedida. Pasa las tardes con el termo bajo el brazo en Playa de Gavá. Come paella. Cada tanto, toma un vino. Se encuentra con Andrés Iniesta, saluda a Messi. Hace un año dejó de “trabajar” de futbolista, como dice. Faltan tres años para el regreso a Boca.

Ahora, Riquelme es Maquiavelo. “Es buenísima”, dice en Intrusos, el programa de espectáculos de Jorge Rial. “Es divertido. Él -por Daniel Angelici, presidente de Boca- empujó a que me vaya. Cuando ascendimos con Argentinos, que la gente quería que vuelva para retirarme, dijo: ‘Conmigo, no vuelve’. Ahora que digo que no lo acompaño, se enoja. Es buenísima”. Riquelme decide las elecciones. El macrismo se va de Boca después de 24 años. Como vicepresidente segundo, se convierte en el encargado del fútbol de Boca. Piden mil entrenadores. Casi nadie piensa en Miguel Ángel Russo. Riquelme lo trae, a los 63 años. “La misma edad que tenía Bianchi -recuerdan- cuando inició el penoso tercer ciclo”. Toma mate. “No hagas boludeces en la mitad de la cancha. Andá a jugar donde vos sabés. Divertite como en el barrio”, le dice a Tevez, cuando casi nadie confía en el “ex jugador”. Le toca el orgullo de Fuerte Apache. Toma mate. Cuando muchos piden una lluvia de refuerzos, trae apenas a Pol Fernández y al peruano Carlos Zambrano. Y toma mate.

Como en la cancha, Riquelme parece ser el hombre que ve antes lo que otros no ven. Y que, además, ve más allá. Lo hace desde un palco de la Bombonera, sin mosquearse, girando lentamente la bombilla del mate. “El hombre moderno piensa que pierde tiempo cuando no actúa con rapidez. Sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana, salvo matarlo”, escribió el psicoanalista alemán Erich Fromm en El arte de amar. En el acto de cebar mate, Riquelme va en contra de la modernidad. Hace. No habla más en los medios. Invita a Bochini al palco en el primer partido en la Bombonera, ante Independiente. “No quiero ser -había dicho antes de las elecciones- el Bochini de Boca”. Riquelme produce, fecha a fecha, simbología bostera (y futbolera). Boca le gana la Superliga en la última fecha a River. Lo saludan Russo y Tevez. “Tan frío como cuando jugaba, ubicado siempre en el centro del universo -lo describe el periodista Enric González en El País, de España-, Riquelme asistió sin levantar una ceja a un momento histórico”. El título, cavila, no es un mero título, uno más. Puede ser un comienzo.

Al día siguiente de la vuelta olímpica en la Bombonera, Riquelme se levanta temprano en Don Torcuato y enfila hacia Casa Amarilla. Ve la goleada del femenino ante Excursionistas. Toma mate. Durante la semana asiste al predio de Ezeiza de Boca. Clima hermético, de búnker, con el Patrón Bermúdez, Cascini y el Chelo Delgado. Sin (otros) dirigentes. Quiere que todas las categorías de las inferiores juegan con un “10”, con un enganche, 4-3-1-2. En la planificación, en este tercer mes, aparece Bebelo Reynoso. La ejecución calma de su explosión. Hay muchos que, mientras, esperan el error para caerle, babeantes, cuchillo en mano. Riquelme ya no mira televisión. Salió de escena. Volvió a “trabajar” de dirigente en Boca. A jugar a su ritmo. “La torpeza es mayor cuando mayor es la velocidad -escribió Dante Panzeri-. La precisión y la rapidez crecen con la habilidad”. Hablaba de fútbol. Pero no sólo de fútbol.

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Cinco claves futboleras del fin de semana

Cinco claves futboleras del fin de semana

River y Boca ganan hasta cuando erran penales. Messi, en modo Bochini. UAI Urquiza se quedó sin invicto en el femenino. Incidentes en Nueva Chicago. Y otro episodio racista en las canchas de Europa.

(Foto: AFP)
17 de Febrero de 2020

1) River y Boca podrán fallar penales, pero igual ganarán. Ese parece ser el espíritu en el tramo final de la Superliga, que los tiene como protagonistas gracias al “efecto Bover”. Este domingo, River le ganó 1-0 a Banfield en el Monumental. Y Borré estrelló un penal en el travesaño. El equipo de Gallardo registra cinco penales errados de los ocho que tuvo en la actual Superliga. Boca goleó 4-0 a Central Córdoba en Santiago del Estero. En el medio, el Ruso Rodríguez le atajó un penal primero a Tevez y luego a Soldano. Faltan tres fechas. A River, líder con 42 puntos, le queda Estudiantes de visitante, Defensa y Justicia de local, y cierra con Atlético en Tucumán. A Boca, único escolta con 39, Godoy Cruz de local, Colón de visitante, y cierra con el Gimnasia de Maradona en la Bombonera. No se pierden pisada, sí penales.

2) Messi igualó a Bochini en cantidad de partidos con la camiseta de un mismo club: 714 en Barcelona, 714 en Independiente. Y, acaso para homenajearlo, metió una asistencia bochinesca a Griezmann en el Camp Nou. Barcelona le ganó 2-1 a Getafe y quedó a un punto de Real Madrid en la Liga de España. Cualquier semejanza con la Superliga argentina no es coincidencia. “Me alegra que seas vos quien haya alcanzado mi récord. Te felicito por el profesional que sos”, lo saludó Bochini a Messi.

3) El equipo femenino de River dio el gran golpe en el torneo. Este sábado se impuso 4-1 ante UAI Urquiza, actual bicampeón de la Primera División, y le sacó el invicto. Aunque había empezado abajo en el marcador por el gol de Larroquette, River se encendió: marcaron Martelli, Birizamberri (2) y Morcillo. El domingo, Boca goleó 6-0 al SAT y, así, le sacó seis puntos a UAI Urquiza, que tiene un partido menos. Restan cuatro fechas. Y los ocho primeros clasificarán a la Zona Campeonato.

4) En la previa del 1-1 entre Nueva Chicago y Temperley por la Primera Nacional -sí, se jugó-, hubo facazos, piñas y corridas en las tribunas del estadio República de Mataderos. Los incidentes no terminaron con un muerto, como el fin de semana pasado, cuando murió una persona por un disparo en Bahía Blanca, en el marco de Villa Mitre-Olimpo por el Federal A. Pero dos personas fueron heridas con armas blancas. Los hechos sucedieron por la disputa de poder y negocios en la barra brava, al igual que la semana pasada, cuando barras de Independiente Rivadavia de Mendoza entraron hasta el campo de juego y suspendieron el partido ante Atlanta por la Primera Nacional. Este lunes clausuraron de manera preventiva la cancha de Chicago “para preservar las pruebas”, indicó la Justicia. Una de las principales hipótesis es que las facas se encontraban adentro del estadio. Ni la Policía de la Ciudad ni los organismos de seguridad llamaron a la fiscal interviniente, Adriana Bellavigna, cuando comenzó la violencia. Se enteró casi dos horas después, por un llamado del fiscal general porteño Juan Mahiques. Bellavigna habló de “connivencia policial y dirigencial”. Hay dos detenidos y un prófugo.

5) El franco-maliense Moussa Marega se cansó del racismo en el fútbol y dejó la cancha, a pesar de los intentos de compañeros, rivales y árbitro para que no saliera. El delantero de Porto de Portugal escuchó gritos de mono y cánticos racistas en su contra después de marcar el 2-1 que le dio el triunfo a su equipo en la visita a Vitória de Guimarães, y decidió salir como acto de protesta. Antes, en el festejo del gol, le habían arrojado una butaca. Ocurre que Europa vive una ola de racismo que se traslada a los estadios de fútbol. “Quería simplemente decirle a esos idiotas que vienen al estadio a lanzar gritos racistas que se jodan. Agradezco también a los árbitros que no me hayan protegido y me hayan mostrado una tarjeta amarilla por defender mi color de piel”, escribió Marega en su cuenta de Instagram. “Espero no verlos nunca más en un terreno de juego. ¡Son una vergüenza!”.

— Fonsi Loaiza (@FonsiLoaiza) 16 de febrero de 2020

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