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La oposición y su rama mediática fracasaron con la deuda, ahora apuestan fuerte al coronavirus | Perdieron, no perdamos



El 17 de abril la cantidad de personas fallecidas por coronavirus en el país llegó a 129. Dieciocho días más tarde, el 4 de mayo, la cifra se duplicó hasta 260. Luego el plazo de duplicación mejoró un poco al estirarse a 25 días: el 29 de mayo las víctimas fatales de la pandemia eran 520. El 22 de junio, 24 días después, ya ascendían a 1043. El 17 de julio, otra vez transcurridos 24 días, los muertos de la covid-19 escalaron a 2112. Ahora es el peor momento. Pasaron 20 días hasta alcanzar los 4251 fallecidos el 6 de agosto.

Si se lograra mantener estable el promedio diario de muertos de la última semana, de 115 personas, el 10 de septiembre el número acumulado será de 8502. Sin embargo, la evolución que muestran los contagios y fallecimientos sigue en aumento, lejos de la teoría de la meseta, por lo que seguramente esa cifra será una realidad a más tardar a fin de mes. A este ritmo, para el día de la primavera habrá 15 mil muertos por coronavirus en la Argentina. Y la tragedia no habrá terminado.

Desde el inicio de la pandemia los sectores más enfermos de odio al peronismo asumieron la despreciable posición de tratar de esmerilar al Gobierno militando en contra de la cuarentena. A las enormes dificultades para sostener la logística del cuidado de la vida en una sociedad agotada de tanto esfuerzo se suma ese componente tóxico de quienes llevan su disputa política al terreno de la salud. Entienden que podrán cargar sobre la espalda del Frente de Todos las tenebrosas cifras de los caídos por la covid-19. No les importa que la gestión que apoyaban o integraban, la de Cambiemos, haya debilitado las estructuras sanitarias al punto de degradar al Ministerio de Salud y dejar hospitales sin construir. Tampoco reparan que gobernantes de su propio espacio comparten la responsabilidad por lo que está sucediendo.

Esos sectores confían en la imposición de sentido de la maquinaria mediática que los acompaña, aquella en donde esta semana se vio un puño cerrado de festejo durante el repaso de los números de víctimas y ni siquiera surgió el pedido de sinceras disculpas si es que la celebración tuvo otra motivación y fue solo un descuido desafortunado.

Los medios dominantes esconden de por sí que la Argentina ha tenido un éxito relativo en el combate contra el virus que asola al mundo. Si el país hubiera repetido la curva de fallecidos que presenta Colombia, a esta altura tendría 10.754 muertos en lugar de los 4251 efectivamente registrados hasta este jueves, fecha que tomó el senador correntino Martín Barrionuevo para realizar la comparación, en su valioso trabajo estadístico de análisis de la pandemia. El número de muertos en Argentina sería de 17.938 con la curva de México, de 21.140 con la evolución de Brasil, de 21.896 con la de Estados Unidos y de 23.162 con la de Chile. Es decir, el esfuerzo, la responsabilidad y la solidaridad nacional alcanzaron hasta ahora para salvar entre 6500 y 19.000 personas tomando como referencia esos países.

El ocultamiento de esa realidad busca cortar de raíz la comprensión colectiva, la toma de conciencia social, de que el camino del esfuerzo compartido, la responsabilidad y la solidaridad genera grandes conquistas. Es lo contrario al capitalismo financiero, el modelo neoliberal, que también asola al mundo desde hace casi cinco décadas. Antes que poner en riesgo los privilegios que genera ese sistema para las elites que lo promueven, los Bolsonaro o Trump del mundo prefieren el statu quo y las muertes que ello conlleve.

Aquella ganancia incalculable de haber preservado entre 6500 y 19.000 ciudadanos desde que apareció el coronavirus, de todos modos, está lejos de ser definitiva. Como se indicó más arriba, la aceleración en la duplicación de contagios y fallecimientos acerca cada día a más distritos al momento crítico de ver colapsados sus sistemas de salud, lo que provocaría un aumento exponencial de personas que pierden la vida.

No es una batalla que se pueda perder. La actitud que empieza a extenderse como una mancha de petróleo de sálvese quien pueda debe ser revertida. Los gobiernos nacional y provinciales deben ser capaces de reinventarse para lograr mayor acompañamiento social a la lucha de salvar personas. También en recuperar controles y en el auxilio a los caídos en la desgracia económica. Es evidente que el desafío resulta colosal, pero el famoso pico de contagios sigue sin aparecer con nitidez y la meta final de la vacunación masiva muchísimo menos, pero no será antes de ocho o diez meses. Es demasiado tiempo como para bajar los brazos.

Aquellos que promueven lo contrario, por ejemplo mediante la convocatoria a marchas en este contexto tan difícil, parecen apostar todavía más fuerte a agravar la situación luego de que el croupier se llevó las fichas que habían jugado al fracaso de la negociación de la deuda en virtual default que dejó Mauricio Macri. Confiaban en las huestes de Blackrock, pero la movida les salió mal.

Alberto Fernández explicó en relación al acuerdo que tuvo en cuenta el consejo de la vicepresidenta Cristina Fernández y del ex ministro Roberto Lavagna respecto de cuidar no solo la sustentabilidad económica a través del entendimiento, sino también la sustentabilidad política. Es decir, evitar que la postergación del arreglo para mejorar el perfil de pagos expusiera al Gobierno a una crisis económica todavía más grave que pusiera en riesgo el capital político ganado hasta ahora para avanzar con otras transformaciones.

Los referentes mediáticos y economistas del establishment que hacían fuerza por el fracaso en la negociación con los acreedores perdieron esa pulseada. Antes, el año pasado, ya habían perdido las elecciones. Ahora es crucial que los argentinos no perdamos en la pelea más difícil, la que hay que dar contra el coronavirus. También en ella se ponen en juego la sustentabilidad política y económica del oficialismo, pero antes que nada, la vida de miles de personas.



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Alberto Fernández tras el acuerdo por la deuda: “Ahora tenemos despejado el horizonte” | Las primeras palabras del Presidente  



El presidente Alberto Fernández destacó el acuerdo
alcanzado con los acreedores
internacionales que permitirá reestructurar 66 mil millones de dólares de deuda. “Resolvimos una deuda imposible en la mayor crisis económica que se recuerde y en el medio de una pandemia. Ahora tenemos despejado el horizonte”, dijo el mandatario.

Fernández destacó la figura del ministro de Economía, Martín Guzmán, artífice del acuerdo anunciado en la madrugada de este martes. “Guzmán fue central. Él recogió cuáles eran los objetivos que debíamos alcanzar y se dio una estrategia correcta. Ese es un enorme mérito suyo. Es un hombre de un enorme valor técnico y ético”, planteó el mandatario en declaraciones al newsletter OffTheRecord de Cenital, que fueron compartidas en la cuenta oficial de prensa de Fernández en Twitter.

“Los empresarios tienen hoy un mejor escenario para proyectar sus negocios. Argentina necesita que se comprometan a poner al país de pie. Debemos construir un capitalismo con más compromiso social”, agregó el jefe de Estado.

El acuerdo con los bonistas por la deuda

A las tres de la mañana el Ministerio de Economía anunció oficialmente el acuerdo alcanzado con los tres principales grupos de bonistas. Se establece que para tener tiempo para definir los nuevos contratos de bonos, el gobierno extenderá el plazo de la oferta que está venciendo este martes 4 de agosto hasta el 24 de agosto. La entrada en vigor de los acuerdos continúa siendo el 4 de septiembre.

“Conforme al acuerdo, Argentina ajustará algunas de las fechas de pago contempladas para los nuevos bonos establecidas en su Invitación del 6 de julio (“la Invitación”), sin aumentar el monto total de los pagos de capital o los pagos de interés que Argentina se compromete a realizar y mejorando al mismo tiempo el valor de la propuesta para la comunidad acreedora”, dice el texto.





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El gobierno confirmó un acuerdo con los principales bonistas para reestructurar la deuda

https://www.tiempoar.com.ar/nota/el-gobierno-confirmo-un-acuerdo-con-los-principales-bonistas-para-reestructurar-la-deuda

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Deuda: Gobierno y acreedores anunciaron el acuerdo | Un cambio de pantalla en la economía argentina.



El Gobierno y los acreedores internacionales llegaron a un acuerdo para cerrar la reestructuración de la deuda. A las tres de la mañana del martes se dio a conocer el anuncio oficial a través de un tuit del Ministerio de Economía, donde se consignaba el documento conjunto con los tres principales grupos de bonistas. Previendo ese final, el mercado había reaccionado ante las novedades que se fueron conociendo a lo largo del lunes con saltos de más del 10 por ciento en el precio de las acciones.

En el comunicado conjunto se establece que para tener tiempo para definir los nuevos contratos de bonos, el gobierno extenderá el plazo de la oferta que está venciendo este martes 4 de agosto hasta el 24 de agosto. La entrada en vigor de los acuerdos continúa siendo el 4 de setiembre.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se encontró este lunes con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner para conversar sobre la evolución de la negociación con los inversores y explicar detalles de la contrapropuesta de los acreedores. Guzmán mantiene desde el inicio de la gestión vínculos estrechos con la vicepresidente y el gobernador Axel Kicillof.

Guzmán también tuvo un intercambio vía remota con el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y el presidente del bloque de diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner.

3 centavos de dólar

Las diferencias monetarias entre lo que ofreció el equipo económico en la última enmienda enviada a la SEC –comisión de valores de Estados Unidos- y lo que pidieron los bonistas en su contrapropuesta es de 3 centavos por dólar (evaluados a valor presente).

La cifra resulta insignificante para los fondos de inversión. Se trata de montos que no justifican en términos económico tener que avanzar en un juicio de default contra el país. BlackRock maneja inversiones en el mundo por 7 billones de dólares. Los 2 mil millones de dólares extra reclamados a la Argentina no representan ni el 0,1 por ciento de esos activos globales.

Por este motivo hace semanas que los analistas financieros mencionan que el comportamiento de los fondos Ad Hoc, Exchange y ACC –los principales acreedores del país- fue absolutamente irracional trabando la negociación. El Gobierno les ofreció estos meses una mejora en el valor de recupero desde la oferta inicial para poder alcanzar un acuerdo de buena fe.

Negociación justa

En el equipo económico plantearon desde el inicio de las negociaciones que la prioridad de la Argentina es lograr una reestructuración que cuide la sustentabilidad financiera. Esto implica que los acreedores no pierdan con este canje sino que moderen su tasa de rentabilidad.

Esta semana podría terminar de definirse el valor de recupero final con el que se cerraría la oferta de reestructuración. Hasta ahora el Gobierno presentó en la SEC un monto de 53,5 centavos de dólar. Los acreedores le pedían cerca de 56,5 centavos. El mercado evalúa que el acuerdo se cerró en un valor de 54,8 centavos.

Respaldo de otros bonistas

Parte de los acreedores entre los que se encuentran fondos como Fintech y Greylock le afirmaron al equipo económico su aceptación a la propuesta de canje.

Hans Humes, titular de Greylock, es uno de los inversores que menciona que el Gobierno avanzó de forma acertada en cada una de las etapas de negociación para poder alcanzar una reestructuración exitosa.

En una conversación con la agencia Bloomberg, Humes dijo estar “muy impresionado por la paciencia y la forma en que Guzmán y Fernández manejaron este proceso”. El financista consideró que “la Argentina actuó mucho mejor que en 2005. El ministro Martín Guzmán aprendió sobre la marcha y está llegando a un buen resultado, porque, con un acuerdo, la Argentina va a tener espacio para crecer”.

Para el fundador de Greylock, la Argentina podría volverse un mercado atractivo para la emisión de la deuda: “Hay mucha liquidez y la Argentina representa una buena historia, sobre todo porque su perfil de vencimientos de los próximos años es mucho más bajo que el de otros países emergentes“, sentenció. Por último, consideró que los últimos ajustes sobre el acuerdo “no cambian el flujo de pago que debe hacer el país, sino que apenas adelanta unos meses algunos pagos, lo cual no representa ningún sacrificio para la sociedad o el Gobierno y mejora el precio de los bonos”.

Aire financiero

La posibilidad de finalizar en forma exitosa la negociación de la deuda abre un nuevo panorama para el país en materia financiera y económica, sobre todo por el probable aflojamiento de las presiones de los bonistas desarrolladas a través de los más poderosos medios de comunicación de la Argentina.

Entre los principales resultados que se esperan a partir del cierre del acuerdo se destaca la menor presión cambiaria (reducción de la brecha entre el dólar comercial y el tipo de cambio implícito en lo bonos).

La brecha fue uno de los principales problemas de los últimos meses para acumular reservas internacionales del superávit comercial.

La diferencia entre las cotizaciones del tipo de cambio comercial y el financiero agravó la reticencia de los exportadores a liquidar sus ventas en el extranjero y fortaleció las maniobras de los importadores para aumentar su demanda de divisas, a pesar de tener un menor flujo de compras por la caída del consumo interno.





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Alberto Fernández: “Sé quiénes me votaron y sé qué país quiero” | Entrevista exclusiva con el presidente 



Es un sábado nublado en Olivos. Los negocios están cerrados y en la calle prácticamente no hay nadie, el clima ayuda al cumplimiento de la cuarentena. Pero adentro de la quinta presidencial hay movimiento. Después del mediodía se reunirá el gabinete económico y social para trabajar sobre el plan de la postpandemia, como llama el Presidente a un conjunto de medidas que apuntan a la reactivación económica de todo el país luego de la crisis provocada por el coronavirus. Alberto Fernández llega a la sala de reuniones donde se realizará la entrevista con PáginaI12 acompañado de Dylan y Prócer, los dos collies que lo siguen por todas partes.

En un diálogo extenso, el Presidente anticipa que esta semana presentará el proyecto de Reforma Judicial y que el aporte extraordinario a la riqueza será abordado en el Congreso a la brevedad, aunque aclara que es una iniciativa legislativa. No elude ningún tema, desde las críticas o diferencias dentro de su espacio a su relación con la oposición, dos hechos que marcan su forma de hacer y construir política. “El que se enoja con mi diálogo que se desenoje solo porque no voy a dejar de dialogar”, asegura. Pero también: “sé quienes me votaron, qué intereses represento y qué país quiero. Todo este tiempo dije que tenemos que construir una sociedad más igualitaria y más equilibrada”. Admite que la convocatoria del 9 de julio, donde estuvieron los principales empresarios del país, pudo haber sido más amplia, pero señala: “No puede ser que se interprete que eso implica que uno va a hacer lo que los poderes fácticos mandan. Esa es una lectura mínima, minúscula”. Recuerda que dentro del Frente de Todos conviven miradas distintas . “El problema –concluye– es que nos hagan creer que eso hace imposible nuestra convivencia. Cuando nos convencieron de eso, ganó Mauricio Macri”

–Esta semana se armó cierto revuelo porque Cristina Kirchner recomendó en Twitter una nota de Página/12, de Alfredo Zaiat
, que era crítica de la convocatoria a los empresarios del G6 el 9 de Julio.

–Lo leo mucho a Alfredo, lo respeto mucho. Esa mañana la nota la comenté con Axel (Kicillof), pero no le di mucha trascendencia. Pero Cristina hizo otra lectura y la retuiteó
.

–Surgieron muchas interpretaciones

–La nota plantea cosas que a mi juicio son ciertas y otras que son sesgadas. Si nosotros queremos construir otro modelo de país no podemos hacerlo sólo con los que disfrutan del modelo de país que tenemos, porque ellos no quieren cambiar el país. Pero no podemos hacerlo sin ellos. Son dos cosas distintas.

–¿La convocatoria del 9 de Julio no fue un poco sesgada?

–Podríamos haberla hecho un poco más amplia. Me arrepentí de no haberlo convocado a Hugo Yasky, que representa otra central obrera. Podríamos haber convocado alguien de los movimientos sociales. Pero también sé quiénes me votaron a mí y sé qué intereses represento y sé qué país quiero. Todo este tiempo dije que tenemos que construir una sociedad más igualitaria y más equilibrada y que la pandemia solo dejó al descubierto las miserias de nuestra sociedad, miserias de tal magnitud que de repente aparecieron nueve millones de argentinos a los que el Estado no registraba. Entiendo que la voz de todos ellos soy yo. Porque esos nueve millones de argentinos aparecieron por la acción de mi gobierno, y el Plan Alimentar existe por la acción de mi gobierno, los aumentos en la AUH existen por la acción de mi gobierno. No puede ser que se interprete que un 9 de julio donde están los poderes fácticos de la Argentina acompañando implique que uno va a hacer lo que esos poderes fácticos mandan. Esa es una lectura mínima, minúscula. Hace tres días, cuando a Lula le preguntaron con quién tenía que hablar, dijo lo mismo que yo creo: cuando uno gobierna es el director de orquesta. Todos tienen que tocar la partitura en el momento que les toca. Si ustedes revisan, siempre mis críticas fueron para el discurso único. La opinión de Cristina es muy importante en la política argentina, muy valiosa y muy respetable. Uno tiene que tener en claro por qué llegó. Yo llegué porque los más necesitados están pidiendo que se ocupen de ellos. Yo me ocupé de ellos en todo este tiempo y me voy a ocupar de ellos primordialmente en el futuro. Cada vez que hablé empecé mi discurso diciendo primero los últimos, primero los que lo están pasando peor.

–¿Le molesta que critiquen su excesiva vocación de diálogo?

–El que se enoja con mi diálogo que se desenoje solo porque no voy a dejar de dialogar. Por qué es lo que es lo que siempre creí en política. En política se conduce dialogando.

–¿No se complica el diálogo a veces para representar determinados intereses?

–Creo que muchos empresarios se han dado cuenta que el capitalismo no existe si no tienen consumidores. El capitalismo no existe en un mercado empobrecido. La crisis nos tiene que hacer repensar muchas cosas. El capitalismo tal como lo conocimos no tiene mucho sentido. Ha demostrado una debilidad enorme pues, como le gusta decir a Axel Kicillof, apareció un virus imperceptible al ojo humano y desmoronó la economía mundial en cinco minutos. El sistema económico mundial ha dejado de ser sólido cuando lo financiero pasó a un primer plano y lo productivo pasó a un segundo plano. Es hora de que repensemos un modo de producción menos contaminante, que repensemos un modo de producción antes que un modo de enriquecimiento financiero. Que nos demos cuenta de que hemos generado un sistema de concentración de la riqueza que ha condenado a muchos pueblos del mundo a vivir en la miseria. Esta posición es la que he planteado siempre.

–Desde otro lado, Adelmo Gabbi, de la Bolsa de Comercio, dice que a veces le manejan la lapicera.

–No me preocupa mucho lo que la gente cree. Respeto lo que la gente piensa. Soy muy seguro de mí mismo, que cada uno piense lo que quiera. Estoy muy seguro de lo que estoy haciendo y me siento muy acompañado por mi fuerza.

–¿Qué pasa cuándo no hay voluntad de diálogo del otro lado? Por ejemplo, cuando los presidentes de los partidos de Juntos por el Cambio hicieron ese comunicado sobre la muerte de Fabián Gutiérrez

–En la charla que tuvimos después de ese documento con los diputados de la oposición de Cambiemos expresaron su vocación de dialogar de otro modo. El senador Luis Naidenoff, el diputado Cristian Ritondo hablaron de la necesidad de reconstruir la confianza para generar un diálogo más sincero. Pero para reconstruir la confianza hay cosas que no se deben hacer y decir. Ese comunicado fue tremendo. Insinuaba que el asesinato de una persona era producto del interés judicial de mi vicepresidenta y que yo era su encubridor. Un delirio, un disparate insoportable para la convivencia democrática. Yo estoy dispuesto a renovar la confianza pero hay cosas que pasan el límite. Fue inadmisible.

–En la conferencia del viernes estuvo Gerardo Morales, gobernador de Jujuy, explicando la situación en su provincia. Y en Jujuy sigue presa Milagro Sala.

–Ya dije todo lo que tenía que decir al respecto sobre Milagro Sala y es lo que creo. Marqué dónde estuvieron los errores procesales y judiciales del caso. Creo que ella es parte de los tiempos de la Argentina donde el encarcelamiento preventivo se hizo con una gran irresponsabilidad. Ahora eso está en instancia de apelaciones y no sé si llegó a la Corte Suprema. Pero cuando uno habla con el gobernador de Jujuy, es el que han elegido los jujeños. Y el viernes puse el caso jujeño porque es uno de los casos que son un problema.

–Las diferencias y la confrontación son también parte de la política

–El diálogo es un camino de encuentro, pero si no hay encuentro las decisiones hay que tomarlas. Y hay muchas cosas en las que sé que hay disidencias. El otro día hablé con la Asociación Cristiana de Empresarios y les dije lo que les acabo de decir a ustedes y ellos consideraron que el planteo mío era el planteo correcto pero seguramente el día que tengamos que hablar de aborto tendremos posiciones distintas. Pero creo que hemos hecho las cosas lo mejor que pudimos y creo que los resultados no son negativos. Hay una fuerza que trata de dividirnos permanentemente y nosotros no debemos caer nuevamente en esa trampa. Somos una fuerza heterogénea que tiene miradas diferentes. Eso es cierto pero no queremos que nuestro pueblo vuelva a someterse a políticas que generaron que el país quede virtualmente fuera del mundo y que le ha hecho sufrir a millones de argentinos. Con cierre de fábricas, con pérdida de empleos y aumento de la pobreza. Tenemos que concentrar todo nuestro esfuerzo en esa gente. Tenemos que entrar al mundo con otra inteligencia, sin apegarnos a ningún mandato geopolítico. Tenemos que hacer todo lo posible por volver a reconstruir la unidad del continente. Eso es lo que creo y creo que lo podemos hacer y no nos tienen que confundir. Hay muchas cosas que decimos francamente y que las potencian para que parezcan peleas y conflictos. Lo que tenemos que entender los compañeros es que nos hacen esas cosas para que caigamos en esas peleas y no tenemos que caer.

–¿Lo hacen para incentivar el fuego amigo?

No hay fuego amigo, hay gente que dentro del espacio tiene miradas propias y está bien. Eso fue el peronismo siempre. Y nosotros queremos ser más que el peronismo. Queremos que haya más gente, que haya independientes, gente de centro izquierda que no necesariamente sea peronista y se sienta parte de este frente de todos y todas. Entonces ¿cuál es el problema de que tengan en algún punto una disidencia? El problema es que nos hagan creer que eso hace imposible nuestra convivencia. Cuando nos convencieron de eso ganó Macri, nunca se olviden.

Plan pospandemia y deuda

–Ya hay un plan pospandemia. Lo anunció a los legisladores de la oposición. ¿En qué consiste y cuándo lo lanzarían?

–En una serie de medidas que reactiven y pongan en marcha otra vez la economía. Son un montón de medidas. La idea es dividir el país en seis regiones: AMBA y las cinco que ya existen, Centro, NOA, NEA, Cuyo y Patagonia y hacer planes específicos para potenciar las fortalezas de cada región. La pandemia nos da la oportunidad de ir hacia un lugar de construcción distinto. Hay un plan general y un plan específico. Va a ser necesario hablarlo con los gobernadores de cada región.

–¿Y en qué consiste el plan general?

–Es un conjunto de medidas. Hasta acá tenemos casi 60 medidas que tienden a volver a poner en marcha la economía dando incentivos.

–¿Qué lugar ocupa la obra pública?

–Buena parte del plan es obra pública y la construcción de viviendas. Son formidables movilizadores de la economía porque ayudan a mover muchas actividades y muchos sectores de la economía y no necesitás importar insumos. Creo que en los próximos días vamos a estar en condiciones de anunciarlo. Las medidas van a marcar cuál es nuestro norte. Algunos van a decir que está todo nublado, que no es fácil caminar, eso es la pandemia. Pero lo que no queremos es discutir hacia dónde vamos, porque tratan de instalar que no sabemos qué hacer y nosotros lo sabemos perfectamente. El problema es que está lleno de neblina.

–¿Parte de este paquete puede ser un blanqueo como pide la Cámara de la Construcción?

–Eso está en carpeta. Es un pedido de la Cámara. Confieso que soy muy poco amigo del blanqueo. Me interesa mucho más que el dinero que se blanqueó y se quedó en paraísos fiscales vuelva a la Argentina. La Cámara de la construcción propone hacer un nuevo blanqueo a cambio de que se invierta la plata en construcción. Está como un montón de propuestas en estudio.

–En medio de la pandemia se da también la negociación con los bonistas y BlackRock, uno de los grupos, es muy reticente al acuerdo. ¿Qué expectativas tiene?

–Siempre digo que por algún designio divino cada vez que me toca llegar el Gobierno la Argentina está en default. Nos dimos un plan serio para que la Argentina pueda reordenar su deuda de manera tal que esa deuda se haga pagable sin que eso signifique nuevas postergaciones para sectores ya muy lastimados. Yo no quiero que Alberto Fernández arregle su problema para gobernar, porque eso lo hubiera hecho el primer día. La oferta de ellos fue no pagar nada durante cuatro años y después pagar lo que la Argentina no iba a poder pagar, pero no tengo ningún interés en dejarle el problema a otro. Lo que intento es que la Argentina resuelva su problema. Hemos actuado de buena fe. Hemos seguido los criterios financieros internacionales. Hemos hecho una propuesta auditada por el Fondo Monetario. Los hemos escuchado. Y nos hemos extendido hasta este límite. Esta es la última oferta que hace la Argentina, no va a haber otra.

–¿Es optimista?

–Soy optimista porque espero que entiendan que hemos hecho un gran esfuerzo. Y que en esos años donde ellos compraron deuda yo en Argentina decía que era una locura lo que estaban haciendo. Pero más allá del error que pudo haber significado esa inversión por parte de ellos nosotros queremos encontrar una solución. Espero que sea la última vez en la historia que la Argentina discuta el problema de la deuda. Además sería interesante que el mundo se ordene financieramente, el mundo quedó dado vuelta, hay alrededor de 40 países que están en condiciones de defaultear.

–¿Si se llega a un acuerdo, Argentina después no va a necesitar más nueva deuda?

–Espero no necesitar nada. Espero que la Argentina se recupere con sus propios recursos, con el impulso del Estado y que dejemos de endeudarnos porque la deuda nos condiciona. Pasa en la vida individual y pasa en la vida de los países, no te condiciona sólo políticamente te condiciona para poder proyectar porque tenés esa espada de Damocles en tu cabeza. Soy muy kirchnerista, nestorista. Yo lo viví con Néstor y lo aprendí con Néstor. Había cinco reglas que respetamos durante todo el mandato: desendeudarnos, acumular reservas, tener un dólar competitivo para poder exportar, superávit comercial y superávit fiscal.

–Ahora va a tener un aumento del déficit fiscal.

–Pero claro, lo que pasa es que todo eso ocurre en países sin pandemia. Evidentemente el problema fiscal lo vamos a tener porque hemos puesto mucho dinero que la gente necesitaba en el bolsillo. En un momento donde la economía estaba totalmente paralizada. No soy un dogmático del superávit fiscal, pero claro que es mejor vivir sin deudas y es mejor que gastes lo que te entra. Ahora este es un momento único, único, que nadie vivió, nadie me lo puede contar.



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Martín Guzmán apuesta a sacar al menos un 50% de adhesión pero lanzó una advertencia a los acreedores

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Negociación por la deuda: dos grandes acreedores externos apoyaron la mejora en la propuesta del canje

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Cómo es la oferta final de la deuda: Martín Guzmán presenta el “máximo y último esfuerzo”

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El inesperado apoyo de Luis Caputo a la oferta del Gobierno por la deuda

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Los bonistas quieren que Argentina ponga como garantía la plata de los jubilados, Aerolíneas y el Banco Nación

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