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La cultura Afro llega a la Plaza de Mayo en el Día Nacional de la Conciencia Negra

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“Raza y ficción”, un ciclo que reflexiona sobre el racismo en la Argentina

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Argentina Deportes

Sancionan a un ciclista por tuits racistas en favor de Trump | El equipo Trek-Segafredo suspendió a su corredor Quinn Simmons



El equipo de ciclismo Trek-Segafredo suspendió de las carreras “hasta nuevo aviso” al joven estadounidense Quinn Simmons, de 19 años, después de unos tuits en los que campeón mundial junior de 2019 se pronunció en favor del presidente Donald Trump y que muchos usuarios consideraron que tenían contenido racista. Según explicó la formación patrocinada por el fabricante de bicicletas estadounidense, los posteos de Simmons “dividen, son incendiarios y nefastos para el equipo”. 

“De forma lamentable, el corredor del equipo Quinn Simmons realizó unas declaraciones que consideramos que dividen, son incendiarias y nefastas para el equipo y el ciclismo profesional. Por ello, no correrá más carreras para el Trek-Segafredo hasta nuevo aviso”, indicó el equipo estadounidense en un comunicado publicado en la noche del miércoles al jueves.

El equipo argumentó que si bien apoya el derecho a la libertad de expresión, no tolerará dichos con contenido agresivo. “Trek-Segafredo es una organización que valora la inclusión y apoya un deporte más diverso y equitativo para todos los atletas. Si bien apoyamos el derecho a la libertad de expresión, responsabilizaremos a las personas por sus palabras y acciones”, explicó la formación en el comunicado que anunció la sanción al ciclista, que está cumpliendo su primera temporada como profesional.

La sanción a Simmons llegó después del primer debate de la campaña presidencial estadounidense entre Joe Biden y Donald Trump. En ese momento, el campeón del mundo juniors de 2019 respondió con un “Adiós”, junto a un emoji con una mano negra, a la periodista holandesa Jose Been, que aconsejaba a los partidarios del actual presidente estadounidense a no seguirla en su cuenta de Twitter.

Esa respuesta del corredor de 19 años desató una fuerte polémica en la red social, que terminó con la sanción de su equipo y con la periodista cerrando su cuenta (@TourdeJose). Incluso participó otro ciclista estadounidense, Robin Carpenter, que cuestionó a su colega. “Podemos debatir sobre política sin cesar pero ¿utilizar una mano negra?”, respondió el ciclista del equipo Rally, en contra de su compatriota.

Incluso, Simmons se burló del periodista Peter Flax, que le marcó que no iba a alentar a ciclistas jóvenes que formularan manifestaciones racistas. “Qué perdida”, escribió el corredor de forma irónica, junto a unos corazones. 

La cuestión racial está en el centro de la campaña presidencial estadounidense. Los últimos meses estuvieron marcados por manifestaciones tras la muerte de Breonna Taylor, joven mujer negra asesinada en marzo por la policía cuando se hallaba en su casa, y de George Floyd, muerto por asfixia cuando un policía presionó su cuello con la rodilla, a finales de mayo en Minneapolis.

Ante la polémica, el Trek decidió suspender de la competición “hasta nueva aviso” a Simmons, 135º en la Flecha-Valona el miércoles, pero cuyas características se adaptan mejor al Tour de Flandes y a la París-Roubaix, previstos para los días 18 y 25 de octubre.





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El mundo Internacional

Uno de los casos más resonantes de racismo policial en EEUU quedó sin culpables

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Argentina normal

Conflicto por la tierra, racismo contra los mapuches | La indignación selectiva contra los indígenas y no contra las apropiaciones corporativas



“Al individualismo nosotros le oponemos lo solidario, y ante los emprendimientos de barrios privados proponemos una mirada más justa sobre la distribución de la tierra” sostiene Orlando Carriqueo, desde la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche en Río Negro. Habla desde las afueras de Bariloche, al concluir la actividad que el sábado a mediodía incluyó una olla popular bajo la consigna “Tierras aptas y suficientes para las comunidades y acceso a la tierra para los barrios populares”.

Para el dirigente indígena la problemática plantea una paradoja: “Mientras hay comunidades que reclaman por 30 hectáreas y son cuestionadas, Lewis tiene todo un lago y Benetton tiene un millón de hectáreas, no hay una misma mirada sobre los territorios ni las personas, y lo que intentamos es poner foco en la tierra como un problema social que nos abarca a todos”.

“En la Patagonia, desde la Conquista del Desierto hasta nuestros días, la tierra es un espacio de conflicto” define Magdalena Odarda, titular del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, en relación al conflicto que involucró a las organizaciones indígenas desde que hace una semana, un grupo de vecinos salió a protestar contra una comunidad asentada a orillas del Lago Mascardi con el reclamo “en defensa de la propiedad privada y para que todos podamos disfrutar del lago”. “Pero no van a reclamar a Lewis, que ocupó las orillas del Lago Escondido comprando a precio vil”, esgrimen desde las organizaciones.

“Lo de Bariloche es mínimo en relación a las manifestaciones violentas que se viven en las ciudades grandes, pero hay xenofobia y discriminación racista en su composición social”, plantea Odarda. Esa protesta expresó una necesidad “por excluir al otro, desde una mirada racista” sostiene la funcionaria.

La problemática involucra la extranjerización de tierras y el uso de los recursos naturales. En paralelo, muestra la desprotección a la que vuelve a quedar expuesto el poblador originario ante el avasallamiento del Estado, expulsado por la conquista y desalojado por los terratenientes que adquieren tierras de manera fraudulenta. Pero el conflicto, que volvió a escena con la protesta contra la comunidad Lafken Huincul Mapu, incurre en una doble falsedad, señala Odarda: “El avasallamiento a la propiedad privada no es tal, porque se trata de un Parque Nacional, no es privado”, especifica. “Y se quejan por Bariloche, pero no dicen nada de otros setecientos predios que ocupan privados en otras fracciones de otros parques, ni de Lewis, ni del príncipe de Qatar que también tienen propiedad sobre espejos de agua, que compraron a precios irrisorios”, declara. Y se preocupa, porque “se mira con otros ojos al pueblo mapuche, que es preexistente, y tiene derechos consignados en la constitución”.

Las comunidades suman a la disputa por el espacio físico, un valor simbólico, el que implica culturalmente una pertenencia. Esas tierras integran la vida comunitaria, hasta el genocidio ejecutado por la campaña militar de 1879. Y no fue sino hasta la reforma constitucional de 1994 que el Estado reconoce la preexistencia y los derechos ancestrales de estos pueblos. Y con esto, la propiedad comunitaria de la tierra, sostienen quienes investigan la problemática, como la antropóloga Laura Kropff, quien dirige el exhaustivo Relevamiento Territorial en Río Negro. La primera avanzada de ese trabajo, realizada entre 2012 y 2015, dio como resultado una publicación bajo el título: “La tierra de los otros”, editada en 2019 por la Universidad Nacional de Río Negro.

“Hoy estamos trabajando para ordenar la información y las denuncias, y reactivar el Relevamiento Territorial”, asegura a Página/12, el Secretario de Articulación Federal del Ministerio de Seguridad, Gabriel Fuks. En la documentación relevada la zona andina se presenta como de alta conflictividad. “El departamento de Bariloche concentra casi la mitad –el 43 por ciento— de las denuncias recibidas entre 2012 y 2015 por la comisión que abordó el relevamiento” consigna el informe. “Son irregularidades en la transferencia de tierras fiscales a manos privadas –sostiene la antropóloga Valeria Iñigo, en esa investigación–, y son conflictos sobre la propiedad de la tierra, pero también sobre el uso de los recursos naturales”.

Algunos de ellos se visibilizaron por las protesta y demandas colectivas que tomaron estado público nacional. “El caso emblemático a fines de los ‘90 fue por el acceso a Lago Escondido que involucra al magnate ingles Joseph Lewis, y se reactivó cuando la empresa Laderas –que en la zona se adjudica también a Lewis-, intenta un desarrollo turístico que involucra la naciente de cursos de agua. Esto generó una movilización masiva –con diez mil personas– en El Bolsón y un acampe en defensa del agua y de la tierra”. Cuatro días después de ese evento, multitudinario para la zona, se desato la represión sobre Cushamen, en Chubut, a 70 kilómetros de El Bolsón, y cuyo desenlace inmediato fue la desaparición de Santiago Maldonado.

La mirada discriminadora se instala desde que el Estado determinó el exterminio indígena para correr las fronteras sobre la Patagonia y el Gran Chaco. A partir de entonces “surgen dos maneras de tratar la legitimidad de la propiedad de la tierra, porque claramente hay actores considerados más legítimos que otros”, explica Kropff sobre la entidad que el Estado concede a un extranjero, al avalar la adquisición “a precio vil”.

“El Estado se constituye definiendo un ciudadano ideal –detalla Kropff— y se distingue de aquellos externos a la Nación y también de otros internos, que no cumplen los requisitos”. En función de eso se ejerce la soberanía. Pero Kropff advierte sobre la traza histórica: “Paradójicamente los extranjeros que no pertenecen a la Nación, parecen estar más legitimados para hacerse de las tierras, que aquellos que fueron sometidos y ocupaban libremente el territorio con anterioridad”.

Hoy existe un sentido común que admite que los extranjeros se adueñen de esas tierras y tengan más derechos que los que fueron subyugados por el genocidio indígena. Pero hay herramientas de política pública que permiten pensar en la reparación. Una de esas políticas es la Ley 26.160 que establece la necesidad del Relevamiento Territorial. Reconocer derechos constitucionales de las comunidades significa reconocer la ocupación territorial que lleva adelante la campaña militar de la conquista. Y permite pensar en nuevas formas de habilitar la propiedad de las tierras. “Y si esas tierras no alcanzan o no son aptas, se deben dar otras, que sea fértiles, que sirvan”, insiste Carriqueo.

Esto tiene que tener un abordaje distinto, no es con balas o represión que se va a solucionar, porque el proceso de distribución de la tierra en Argentina no está resuelto y no solo tiene que ver con los pueblos originarios” detalla el dirigente. “Mientras las comunidades reclaman tierras aptas y suficientes, la gente de la ciudad pide tierras para barrios populares, hay que intentar poner el foco en el territorio y en la problemática social. Mirar la ciudad y el territorio” grafica.

El despojo en los territorios, esto es, en las provincias, termina en la ciudad, define Carriqueo.  “En la periferia de las ciudades” puntualiza. “El IFE no alcanza para pagar un alquiler y se está viendo en todo el país, es hora de que en la Argentina se empiece a discutir la distribución de la tierra desde una mirada amplia”.



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Argentina normal

Donald Trump festejó la detención y la muerte de un integrante de Antifa | Michael Forest Reinoehl era un adolescente negro de 16 años



Donald Trump sigue sin condenar las muertes durante las marchas antirracistas, pero su gobierno celebró la detención seguida de muerte de un sospechoso de asesinar a Aaron Danielson, líder de 39 años de un grupo de extrema derecha. El sospechoso que fue abatido era Michael Forest Reinoehl, de 48 años. Danielson fue baleado en el pecho el sábado pasado cuando recorría el centro de Portland junto a una caravana de simpatizantes de Trump.

“La ubicación de Reinoehl es un logro significativo en los esfuerzos actuales para restaurar la ley el orden en Portland y otras ciudades”, aseguró el secretario de Justicia, William Barr, en un comunicado. La administración de Trump perseguía a Reinhoel como sospechoso, pero también por ser integrante de Antifa, la organización antifascista, que el presidente republicano declaró como terrorista en el inicio de las protestas antirracistas.  

Las calles de nuestras ciudades están más seguras sin este agitador violento y las acciones que llevaron a su ubicación son una prueba indiscutible de que Estados Unidos será gobernado por la ley y no por turbas violentas”, agregó el funcionario sobre el abatamiento de una personas sospechosa. 

La figura de Reinoehl representaba todo lo que Trump ha denunciado hasta ahora como “peligroso” o “antipatriótico”. Un miembro de Antifa que, según la prensa local, estuvo presente en todas los días de protestas de Portland, y había sido una de las voces que denunció la represión de la Policía.

Tras 100 noches consecutivas de protestas, y en muchos casos con disturbios, Portland se convirtió en el símbolo de la escalada de violencia política que vive Estados Unidos en la recta final de la campaña presidencial.

La gobernadora de Oregon, Kate Brown, y otros dirigentes demócratas del estado y de la ciudad de Portland pidieron ayer el fin de las protestas y la violencia. Sin embargo, la viralización todas las semanas de nuevos videos de otros casos de brutalidad y racismo policial, y el discurso cada vez más confrontativo del Gobierno hacen difícil imaginar una desescalada.

Como en ninguna otra ciudad, las protestas se mezclaron durante tres meses seguidos con disturbios, incendios, enfrentamientos con la Policía y, finalmente, con una caravana de simpatizantes de Trump. 

Las personas que participaron de la caravana que decidieron viajar al punto más caliente de las manifestaciones antirracistas, luego de que la campaña del presidente y su partido, el Republicano, hicieran repetidos llamados a “recuperar la ley y el orden” en el país.

La Policía de Washington difundió imágenes de la persecución y posterior abatimiento a tiros de un adolescente negro de 16 años, pese a que testigos sostienen que ya había tirado al suelo su arma.

Trump fogonea la violencia para su campaña 

En paralelo, esta semana, Trump viajó, en contra de los pedidos del gobernador y el alcalde, ambos demócratas, a la ciudad de Kenosha, donde un joven negro desarmado fue acribillado por la policía con siete tiros en la espalda frente a su familia.

En su visita, el mandatario ratificó su apoyo a las policías de todo el país y se reunió y solidarizó con los propietarios blancos de un negocio que se destruyó en una de las noches de protestas y disturbios. No se reunió con la familia de la víctima porque ésta pedía que estuviera en la conversación su abogado. 

Luego justificó a Kyle Rittenhouse, el joven de 17 años, declarado simpatizante de su campaña, que respondió al llamado de una milicia agrupación de extrema derecha. Viajó a Kenosha para “vigilar” las protestas y mató a dos manifestantes e hirió a un tercero.

“Parece que estaba en problemas, probablemente lo habrían matado”, aseguró el jefe de la Casa Blanca, pese a que los videos de esa noche muestran que el joven se cayó y comenzó a ser rodeado después de su primer disparo mortal, no antes. Ni el Gobierno ni el mandatario condenaron las muertes porque sostienen que están esperando que termine la investigación para saber “exactamente qué pasó”.



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El mundo Internacional

Dos sociedades

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Argentina Cultura Cultura y Espectáculos

La huelga de deportistas en EEUU se mete de lleno en la campaña electoral

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El mundo Internacional

Cuarta noche de protestas contra el racismo en Wisconsin pese al toque de queda

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Argentina Deportes

Los Redskins y el origen de un racismo que no va más | De las recompensas por los cueros cabelludos de los nativos en el XIX a la actualidad



Los nativos estadounidenses recordarán este 2020 por algo más que la pandemia de coronavirus: tras más de medio siglo de lucha, consiguieron que la franquicia del principal equipo de fútbol americano de Washington anunciara el cambio de su logo y su nombre “Redskins” -un insulto racista degradatorio para sus pueblos originarios- en un acto de justicia y reivindicación de su cultura que hace eco desde la capital de Estados Unidos hacia todo su territorio. En el fútbol americano -y vaya si eso no impacta en la cultura popular- ya no habrá más “palabra con R”, como la denominan los nativos de ese país para no pronunciarla.

El deporte no escapa a las redes del lenguaje al servicio del poder, mucho menos si se habla de Estados Unidos y su deporte más popular. En ese sentido, el colectivo de nativos viene luchando históricamente para que los equipos deportivos (profesionales, universitarios y de escuelas secundarias) dejen de nombrarse en referencia a su universo y a sus imágenes, por considerarlo un acto de poder que los caricaturiza, vacía de sentido y contribuye a su desprecio y a la ignorancia. En ese contexto, el anuncio de este lunes es un hito significativo: no sólo por tratarse de un equipo de Washington, sino porque el nombre que se derrumba es, a sus ojos, quizás el insulto más arraigado y denigrante sobre su universo.

El legado racista

Según el Congreso Nacional de Indígenas Americanos (NCAI, por sus siglas en inglés), la organización más antigua, grande y representativa de Indígenas Americanos y de Nativos de Alaska, “el origen del insulto está enraizado en los anuncios de recompensas del gobierno que pedían el cuero cabelludo sangriento de los nativos americanos en el siglo XIX”. El NCAI, justamente, presentó su primera resolución en contra del nombre del equipo: a lo lejos y hace tiempo, en 1968.

“Está mal que un equipo perpetúe actitudes racistas, pero durante décadas el equipo de la NFL de Washington se negó a reconocer el papel que juega su nombre en la proyección de los estereotipos racistas sobre los nativos americanos, incluso después de múltiples protestas y pedidos al respecto”, recordó Deb Haaland, una de las dos primeras mujeres nativas elegidas para el Congreso de Estados Unidos, en 2018.

El equipo nacido en 1932 como los Bravos de Boston -cambió su denominación un año después y en 1937 se mudó a Washington- ha sido identificado históricamente, por las personalidades que lo forjaron, como uno de los equipos más conservadores y racistas de la historia estadounidense.

Es interesante recordar que, durante los primeros cuatro años de vida del equipo en Washington ya nombrado con “la palabra R”, todavía regían en Estados Unidos las llamadas “Regulaciones de la Civilización”, un conjunto de normas que establecían prohibiciones exclusivas para las poblaciones nativas. Censuraron sus religiones, sus prácticas de la medicina, sus danzas y ceremonias, y los confinaron a la vida en las reservas.

Respecto de la danza, en aquellas regulaciones federales, sucedía algo simbólicamente poderoso, que desmiente el argumento clásico del status quo en torno al uso de imágenes y símbolos de los nativos para “valorar” y “honorar” su universo cultural. Suzan Shown Harjo, una de las principales activistas de los derechos de los nativos y de la causa contra el equipo de Washington, revela en el libro American Indian Nations: Yesterday, Today, and Tomorrow el gesto de poder ya arraigado en la cultura deportiva: las “danzas indias”, que estaban prohibidas para los nativos aún en las reservas donde vivían, sí podían realizarse en los campos deportivos.

Explica Shown Harjo: “Tenías entonces a los no-indios disfrazados como indios, en una especie de ‘actuación interesante’, apareciendo como mascotas en un momento histórico en el que los indios podían ser llamados hostiles, fomentadores de la disidencia, alborotadores, o cualquier otra acusación que podía hacer que los mataran, o que murieran de hambre y fueran encarcelados en nombre de las “Regulaciones de la Civilización”, pero no podían bailar. Los verdaderos indios no podían bailar y las personas que fingían ser indios, en sus ‘disfraces indios’, podían bailar, podían ser mascotas”.

La llama del “Black Lives Matter”

Más allá de esas décadas de lucha, es innegable reconocer el contexto en el que la franquicia deportiva anunció el cambio de su nombre: una sociedad altamente movilizada y conmovida luego del brutal crimen de George Floyd, que llevó a marchas masivas para reclamar por justicia y por los derechos de la población afroamericana, en los 50 estados. El movimiento #BlackLivesMatter reavivó el fuego de numerosas luchas por derechos de colectivos minoritarios e invisibilizados, y allí se encendió con fuerza, una vez más, la lucha de quienes dicen: “Somos nativos, no mascotas deportivas”.

La denuncia racista que movió como un sismo a Estados Unidos las últimas semanas también apunta a la historia del equipo de fútbol americano de Washington. La remoción del nombre de su fundador, George Preston Marshall, del interior del estadio y de su predio de entrenamiento así como de un tributo suyo que había en la ciudad es evidencia viva del racismo que enarboló la institución en sus orígenes: al ingresar con su nuevo equipo en la liga, Marshall promovió el odio hacia los jugadores afroamericanos a tal punto de ser uno de los principales impulsores de la prohibición que, desde 1933, los dejó afuera de la NFL. Su equipo, de hecho, fue el último en integrarlos nuevamente: lo hizo casi 30 años después, en 1962, forzado por presiones que llegaban incluso desde el entonces presidente John Fitzgerald Kennedy.

En este contexto de encendida denuncia al racismo estructural e histórico de Estados Unidos es que debe comprenderse la razón que llevó al equipo de Washington a abandonar el nombre que carga desde hace 87 años: la presión económica, tras la amenaza concreta de sus sponsors más importantes con interrumpir sus contratos si no se concretaba el cambio de nombre. FedEx -la empresa de correos que le aporta su patrocinio al estadio a cambio de 250 millones de dólares hasta 2025- fue de las primeras que puso en duda su continuidad, mientras que empresas como Pepsi, Bank of America y Nike se unieron más tarde con sus propias declaraciones públicas. Incluso Walmart, Amazon y Target, tres de los minoristas más grandes de Estados Unidos, anunciaron que dejarían de vender su merchandising.

El deporte y las luchas del lenguaje

La franquicia de Daniel Snyder, su propietario desde 1999, no es la única que ha generado luchas y resistencias por sus íconos y lenguajes dentro de la cultura deportiva estadounidense. “One down, four to go!” (“Uno menos, ¡quedan cuatro!”) celebra alguien en las redes sociales, junto a una imagen en la que se lee el nombre del equipo de Washington tachado y otros cuatro más: los Bravos de Atlanta, los Indios de Cleveland (béisbol), los Blackhawks de Chicago y los Jefes de Kansas City (fútbol americano).

¿Qué reacción hubo en esos equipos, los otros incluidos en el debate? Después de décadas de resistirse a ello, la franquicia de Cleveland anunció -al igual que la de Washington- que estaba dispuesta a dar el debate. “Estamos comprometidos a involucrar a nuestra comunidad y a las partes interesadas para determinar el mejor camino a seguir con respecto al nombre de nuestro equipo”, explicaron desde la institución.

El conjunto de Kansas City no emitió ninguna declaración al respecto, mientras que los Bravos y los Blackhawks salieron a indicar que no habría modificación en sus nombres, bajo el repetido argumento de que “reverenciaban” esos universos culturales. “Celebramos el legado de la Nación Black Hawk al ofrecer ejemplos reverentes y continuos de la cultura nativa americana”, decía la declaración del equipo de Chicago.

Los activistas de los derechos de los pueblos nativos de Estados Unidos se ilusionan con que esta conquista vuelva insostenible los símbolos, las mascotas y los nombres con que las franquicias deportivas vacían de sentido sus universos culturales.

“Hoy (lunes) es un día de celebración para todos los nativos”, expresó el Congreso Nacional de Indígenas Americanos en un comunicado. Y continúa: “Elogiamos al equipo de la NFL de Washington por eliminar una marca que degradaba, estereotipaba y no respetaba a los nativos, y pedimos a todos los demás equipos deportivos y marcas corporativas que retiren todas las caricaturas de nativos americanos que usan como mascotas. No somos mascotas: somos nativos, ciudadanos de más de 500 naciones tribales que se han mantenido firmes durante milenios y superamos innumerables desafíos para alcanzar este momento crucial en el tiempo en que podemos ayudar a transformar a Estados Unidos en el país justo, equitativo y compasivo que nuestros hijos merecen”.

La gota Trump

La aparición de Donald Trump en la cuestión llegó, podría pensarse, como la gota que rebalsó un vaso de explicaciones racistas y conservadoras en torno a la cuestión. El lunes pasado, justamente una semana antes del anuncio del cambio de nombre, el presidente estadounidense se sumó a la ola argumentativa de personas no nativas que perciben estas referencias deportivas, sus imágenes y sus mascotas como “honoríficas” y hasta “homenajes” hacia las comunidades nativas (aunque estas últimas no lo sientan así). Así, tuiteó: “Nombran a los equipos en referencia a la FUERZA, no a la debilidad, pero ahora los Washington Redskins y los Cleveland Indians, dos legendarias franquicias deportivas, parece que van a cambiar sus nombres para ser políticamente correctos”.

Hubo quienes incluso le recordaron a Trump que en 2013 había criticado al entonces presidente Barack Obama por haber apoyado la lucha nativa. “El presidente no debería decirle a los Washington Redskins que cambien su nombre. ¡Nuestro país tiene mayores problemas! Céntrese en ello, no en tonterías”, había escrito en aquel momento.

Aquel 2013, sin embargo, Trump no fue el único que se desmintió a sí mismo. También lo hizo Daniel Snyder, el propietario del equipo en cuestión, cuando aseguró que su franquicia “nunca cambiará su nombre”.

Snyder quiso hacer como si las luchas en torno a las palabras, los nombres y aquello que nombran fueran estáticas e irreversibles. El comunicado que este lunes llevó su firma y anunció el cambio en su franquicia prueban, junto a una lucha histórica de los nativos de su país, que se equivocó.





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