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La responsabilidad popular de cada cual 



El campo popular alcanza su verdadera legitimidad cuando no sólo satisface demandas sociales de los sectores más vulnerables sino también si establece nuevas lógicas en la responsabilidad republicana. Lo popular y lo republicano no constituyen ámbitos separados; más bien, en su dinámica social, un gobierno popular también debe ser generador de Derecho e Institucionalidad. Siempre lo Popular y lo Republicano se encuentran en mutua reciprocidad. Es de ese modo que finalmente se constituye un legado histórico que luego se establecerá como una latencia que siempre puede retornar en la lucha por la igualdad y la justicia.

Entre los sentimientos que el neoliberalismo ha destruido está el de la vergüenza. La vergüenza es un velo que junto al pudor revelan que uno mismo no se encuentra dominado por los intereses más obscenos en el puro goce de acumular. Ya no es la acumulación de goce lo que rige actualmente, sino la compulsión de gozar acumulando y que los demás paguen con su sacrificio.

La cantidad de energúmenos desvergonzados que se pavonean en la escena del mundo practicando una impunidad ilimitada ya no constituyen solo un triunfo de las derechas sobre la democracia. Ahora son también el testimonio del comienzo del derrumbe de una civilización. La Política y la Ética nunca se recubren del todo, pero nunca habíamos llegado a este punto donde los dilemas éticos y políticos se encuentran tan cercanos.

Por ello, aunque se hable una y otra vez y se analicen desde distintas teorías la manipulación ejercida por las redes sociales, los chantajes mediáticos y todo lo que constituye a la agenda de las derechas ultraderechizadas, esto no exime la responsabilidad popular. El problema que se presenta en esta cuestión es el siguiente: dado que el Pueblo nunca es algo establecido de antemano y nunca tiene a priori una identidad definitiva, la clave pasa por su construcción política e histórica. Por ello, nunca se puede borrar en la constitución de un pueblo el rol central que tiene en ese proceso del devenir popular la responsabilidad de cada uno de los sujetos que formarán parte de su proyecto. Así como no se puede culpabilizar a las víctimas de la manipulación que ejercen las maquinaciones de las redes y no se debe culpabilizar a los destinatarios de la violencia sistémica de la alianza entre los poderes mediáticos y las derechas antidemocráticas, tampoco ya se puede eludir la responsabilidad de la existencia singular en sus adhesiones políticas.

Es hora de qué la política abra un debate en el que exista la responsabilidad de cada uno y una y se tenga en consideración la problemática cuestión de su abordaje.

Si hay algo nuevo que el gran desastre de la pandemia ha introducido en la vida política es que no puede haber un proyecto transformador si el mismo no comienza por interrogarnos a nosotrxs mismos en la vida de cada unx por el deseo de comunidad que nos habita. En este punto crucial los célebres motivos de la manipulación no son suficientes. Insistir todo el tiempo con ello esconde de un modo implícito una claudicación: establecer que todos seremos tarde o temprano marionetas de un poder horrible. Así como las religiones históricas comenzaron con la entrega singular de cada unx hasta inventar sus propias correas simbólicas de transmisión, la política en medio del colapso debe poder mostrar y desplegar lo que insiste en cada unx como aquello que no puede manipular ningún sistema.



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“Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado”, el libro de Evo Morales que este domingo llega a los kioscos con Página/12 | Se puede comprar en forma opcional con el diario



Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado. Así se llama el libro en el que Evo Morales Ayma relata su vida desde niño campesino hasta su llegada a la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia y que Página/12 ofrece este domingo a sus lectores en Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Misiones, Chaco, Corrientes y Formosa.

El libro será presentado este viernes de manera virtual en una mesa encabezada por el propio Morales, junto a Víctor Santa María, la parlamentaria boliviana del ParlaSur Benita Díaz, el ex gobernador de Cochabamba Iván Canelas Alurralde y los periodistas Stella Calloni y Luis Bruschtein, quien escribió el prólogo del texto.

“Evo Morales ha sido el presidente más importante de los últimos cien años de Bolivia y uno de los más importantes de toda la historia de ese país”, sostiene Bruschtein en el prólogo del libro. En ese marco, destaca que sus logros sociales y económicos significaron “la incorporación de la mayoría de los bolivianos al sistema de decisiones políticas” y en definitiva “la verdadera democratización de un país que hasta ese momento había ignorado y relegado a sus pueblos originarios”.

La presentación será transmitida de manera gratuita por el canal de YouTube de Página/12. 

El libro de 360 páginas, que este domingo Página/12 ofrece a sus lectores, se puede comprar en forma opcional por 450 pesos.



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Matar, robar, mentir



Compañeres que seguimos en cuarentene más que nunca; aburridos en fase 1, 2, 3 ó 5; hartes de todo arte; buscavidas que no saben ya a qué subsidio aplicar; esenciales y esencialas atribulades por tanta pelotuditis mediática, por tanto pichón de tiranosaurio extinto que va pontificando mentiras por ahí; extinguidos y extinguidas de mi patria: ustedes y ustedas son por quienes brindo.

Estamos, querides lectores, viviendo en el futuro:

*Muches amanecen cada mediodía imaginando lo que harán cuando la vacuna les permita generar anticuerpos y entonces salir a la calle no sea una misteriosa encrucijada como en el presente.

*Otres se imaginan en un Nuevo Orden Mundial donde una vacuna pueda modificarnos el ADN y volvernos solidarios, cooperativos y un poco menos egoístas (¡el terror de nuestros clones de Lilita o Pichetto, que superan a Julio Verne!). Estes son los que salen a gritar, desembarbijados: “¡Mi anticuerpo, mi decisión!”. Y llenan los micrófonos de gérmenes de Termococo Primatum.

*Están los Robinson Crusoes y las Robinsonas Crusoas, solos o acompañades, atrincherades en sus habitáculos y desinfectados, desparasitados, desinformados, deserotizados, descamisados, desenfrenados y levemente paranoicos, que pueden susurrar que el virus jamás atravesará la puerta de sus búnkers, pero que, si lo llega a hacer, ¡ahí estarán elles, listes, con la gran palmeta!

*Otres, fundamentalistas lagardianos, se imaginan un planeta donde mueran “ todos los que tienen que morir” (o sea, todos, ellos incluidos), y se visualizan arrojando una Bomba Deudónica sobre los países pobres.

*También están los que ya viven en el 2021 y miden la pandemia en votos y votes. Ven una boleta en cada ARN.

Es extraño que haya tanta gente viviendo en el futuro, y a la vez tan olvidade del pasado, de la historia, de su propia historia. El psicoanálisis, o la vida misma (que vendría a ser lo que le pasa a la gente entre sesión y sesión), nos ha enseñado (o, al menos, trató) que las cosas que nos pasan nos dejan marcas, más o menos profundas, que de alguna manera influyen en nuestro accionar, pensar y sentir de hoy.

Y si eso nos ocurre a las personas, por qué no pensar que algo similar les ocurre a las sociedades, que al fin y al cabo están formadas por seres humanos, mal que les pese a algunos tecnócratas.

Recuerdo mi infancia, allá por los ’60: había robos, crímenes y mentiras…, pero había un consenso social de que eso estaba mal. Quien robaba, mataba o mentía no solo intentaba no ser descubierto, sino que igualmente coincidía con el resto en que “esas cosas no se hacen”.

Luego, en los ’70, vino la dictadura genocida y marcó a la sociedad con la Muerte: “Matar está mal, siempre que el otro sea un ser humano –dirían–, pero si, en cambio, es un subversivo…”. ¡Así es!: deshumanizaron a los humanos, nos volvieron cosas y entonces, ahí, instalaron que se podía matar.

En los ’90, el menemismo explícito instaló, a su vez, que Robar no estaba tan mal: “Meterle a otra persona la mano en el bolsillo o apuntarle con un revólver está mal, peeero… si se trata de su salario, que está en el banco, o si se trata de algo que es del Estado, o sea de todos, ahí no es un robo, es un avatar de mercado, y todo bien”.

Entre el 2015 y el 2019, y desde antes, y sigue ahora, el macrismo instala en la sociedad que Mentir no está mal: “Bueno, finalmente, ¿qué es verdadero y qué no; quién lo decide? ¡Un juez! ¡Entonces, más importante que decir la verdad, o no, es tener un juez amigo que convalide lo que decimos o hacemos!”.

Estos tres conceptos –Matar, Robar y Mentir– se instalaron, no podía ser de otra manera, con el apoyo de poderosos y de medios enfermónicos, y contra la voluntad de una parte (quizás mayoritaria) de la población, que ve y oye con espanto no solamente cómo se roba, se miente o se mata, sino cómo todo eso suma puntos en la meritocracia.

O no. Esa batalla aún no terminó.

Sugerimos acompañar esta nota con el video “Horacio y Mauricio” (micros del Pelado Pepe y el Cantante Secreto), que se puede ver en el canal de YouTube de RS Positivo (Rudy-Sanz):



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Mi Buenos Aires covido 



Compañeres de ruta para cuando se pueda; querides quedadites en casite; militantes del erotismo que a duras penas puede presentarles batalla a los destructivos tanáticos del Mal Organizado que han perdido todo límite –incluso, y sobre todo, el del delirio y la alucinación mediática; personos y seras humanas que aún tienen en mente que para ser libres hay que estar vivos, como bien lo señalara nuestro presidente hace como tres años (en verdad, fue hace tres meses, pero el tiempo también ha perdido su calibre, últimamente); wasaperes, zoomerios y meetingovias que saben que no es lo mismo, pero también saben que acá cerca y no hace tiempo anda el virus: henos, henas y henes aquí, allí y acullí, todes juntes, aislades y viviendo lo mejor posible.

Como ya lo dije, y lo repito, los llevo en mis glóbulos. Por eso mismo, quiero compartir con ustedos la extraña percepción de lo siniestro que me acomete en estos tiempos.

Lo siniestro (unheimlich, en alemán), decía el abuelito Sigmund, es “cuando lo familiar, lo conocido, lo hogareño (heimlich, en alemán) se vuelve extraño”.

O sea, cuando “lo familiar”: un café con amigos, un cumpleaños, juntarse a tomar mate o a ver una peli, un encuentro amoroso, una salida a comer afuera, un picnic; una noche de bowling, de cine, de papas fritas, de sexo, o de todo eso junto; una pizzada, una marcha para encontrarnos, reconocernos y reclamar o celebrar lo justo; cuando todo eso, digo, se vuelve una trampa mortal, individual y social, estamos ante lo siniestro.

Como eso no nos gusta nada y nuestro inconsciente trata de darnos todos los gustos para después poder exigirnos cosas desde el superyó, opera un mecanismo llamado “negación” –y entonces uno “de verdad cree que no pasa nada”–, o bien otro, llamado “renegación” –o sea: “sí, pasa, pero ‘a mí’ no me va a pasar”.

Todo eso funciona desde lo inconsciente, es decir: se supone que uno no se da cuenta de que está haciendo eso.

Y eso se cura con un buen psicoanálisis, o bien con que la realidad nos ponga un buen límite. Que de alguna manera nos diga: “Perejilito de mi vida, tú también eres parte de ‘los demás’. Aunque seas único para tu madre, tu novie o ti misme, no lo eres para el virus, que es un jodido y mata gente, pero es muy democrático y nada excluyente a la hora de hacer maldades”. (¡Uia! ¡Como los mafiosos de las pelis, tan bien educaditos y familiares!).

Pero cuando la realidad se pone del lado del Mal, del virus, del Tánatos, la cosa es, más que siniestra, jodida.

*Cuando en la ciudad te dicen: “Andá tranquilo al bar y pedite un café ‘sin azúcar y sin virus’”.

*Cuando cierto periodismo te dice: “Andá nomás a visitar a la abuelita, que no te va a agarrar el ‘lobid’ en el bosque. ¿Quién te creés que sos? ¿Caperucita?”.

*Cuando en la tele te dicen: “Estamos en un clima autoritario”, y es cierto, pero el autoritario se llama “Covid”, no Alberto.

*Cuando todos saben que la circulación es la manera de contagiarse, pero abren chances de más y más circulación.

*Cuando dejan el cuidado a cargo de cada uno (ya estaría mal si no fuera contagioso, y encima es contagioso).

*Cuando, desde algún lugar de la estratosfera, un Malo muy Malo dice “que se mueran los que tengan que morir” como si tuviera una impunidad biológica que no tiene.

Entonces, hije míe, amigue míe, compañere, ahí tenemos lo siniestro.

Yo vivo y amo vivir en la CABA o, como decimos, la CACBA (Ciudad Autónoma y Contagiada de Buenos Aires); amo los cafés, los cines, los bares, los encuentros, las librerías…, y puede usted, lectore, agrandar la lista.

Y porque amo todo eso, quiero que siga, mejor dicho: que vuelva. Pero no desde lo siniestro, no desde ese lugar de trampa al servicio (imaginario) de la economía.

Sacrificar a los ciudadanos y, sobre todo, al personal de salud, para vender un par más de cervezas o de celulares, es, finalmente, el peor de los negocios. Y disculpen, pero cuesta hacer chistes con esto. Duele mucho.

Para que el postre no sea amargo, sugiero terminar esta nota viendo Los chanchuyos del señor Garqueta, en sus dos versiones, ambas en el canal de YouTube de RS Positivo (Rudy-Sanz). Aquí incluimos el link para acceder a la más breve, a cargo del Coro de Cosacos Porteños; la otra incluye comentarios de Vartolsky Mimitri.

Hasta la que viene.



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El Mal organizado está muy bien organizado



Ansioses de mi corazón, neuróticos de mi duodeno, angustiadites de mi yeyuno, claustrofóbiques de mi esternocleidomastoideo, desilusionades de humor vítreo, obsesivos de mi colon ascendente, compulsivos de mi escafoides, histériques de mi metacarpo, melancóliques de mi falangeta, sonámbules de mi tricúspide, hipo e hipercondríacos de mi glucagón, hipomaníaques de mi glosofaríngeo, esquizoides de mi pituitaria, miedosites de mi escápula: todes ustedos están en mí, en re, en sol y en sí. Son parte de mi música, de mi letra. Los inhalo y los exhalo cada vez que respiro. Los lato.

Es por eso mismo que siento la urgente necesidad de pensar, en una voz tan alta como el teclado me lo permita, qué es lo que nos está pasando, no solamente en nuestra singularidad colectiva, sino también en nuestra comunidad individual.

*¿Alguien me puede decir por qué un señor que llegó a presidente luego de haber perdido las elecciones (contra De la Rúa, ¡no cualquiera pierde contra De la Rúa!) encuentra espacio para hacer una gambeta golpista sin que se le caiga la cabeza de vergüenza?

*¿Alguien me puede decir por qué ese señor no fue conducido del canal directamente al nosocomio más cercano, al simple efecto de que se le realizara un hisopado psiquiátrico y, en caso de darle negativo, fuera inmediatamente conducido a la seccional policial más próxima, acusado de amenazas directas contra la democracia?

*¿Alguien me puede decir por qué algunas agresiones lisas y llanas son entendidas y promovidas como “opinión”; por qué algunas amenazas son consideradas “libertad de expresión” y por qué algunos privilegios son reclamados como “derechos”?

*¿Alguien me puede decir por qué hay espacio para todos los hechos que detallo en la pregunta anterior?

*¿Alguien me puede decir por qué la gente se intoxica con “cloro” o con “clorín”? ¿Hay tanto tanatismo (sí, con “t”), tantas ganas de autodestruir… a los demás?

*¿Alguien me puede decir por qué hay personas que, sin ser dueñas de ninguna compañía de teléfonos, celulares, cable o Internet, se molestan porque el Estado pretende congelar las tarifas por unos meses y, además, que ese servicio sea accesible para todo el mundo?

*¿Alguien me puede decir cuál era el objetivo de una marcha en la que coincidía “No queremos ir a Venezuela” con “Religión o muerte”, con “No sé de qué trata la reforma judicial, pero por las dudas estoy en contra”, con “Esto es una infectadura”, con “Hace tres meses que no la pongo”, con “Soy libertario rama Milei”, con “Alberto, dejame salir de mi casa” (dicho esto fuera de su casa)?

*¿Alguien me puede decir por qué es posible que algunos “periodistas” no entiendan la diferencia entre pandemia y populismo, y sus empleadores no los obliguen, como mínimo, a un curso de capacitación? (no pretendo que pierdan sus trabajos, sino que, al contrario, los pongan en valor)

*¿Alguien me puede decir por qué puede circular un discurso en el que el valor de la propiedad privada supere al de la vida? ¿No saben que los muertos no suelen irse de vacaciones ni comer en restaurantes caros ni tener autos lujosos?

No creo que ninguna de estas preguntas tenga, por separado, una respuesta certera. Pero quizás las tengan todas juntas. Quizás el Mal organizado (bien terrenal, nada del otro mundo) esté muy bien organizado; quizás su mayor triunfo sea que no creamos que esto es así y sigamos consumiendo sus productos y recetas como si fueran “naturales” o “de sentido común”. ¡Vaya uno a saber! (aunque ellos preferirían que vaya uno a ignorar).

Sugerimos acompañar esta nota con el tema La reforma judicial, de RS Positivo
(Rudy-Sanz), publicada en el canal de YouTube de los autores, al que el lector puede,
por supuesto, suscribirse. 

Hasta la que viene.



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El Santo de la Es(ca)pada



Cuarenteñies; añorantos del abrazo amigo y del beso sin codo; hartas ya de estar hartas; padras y madros insoportablos de niñes insoportablas (pandemia mediante), a fuerza de aire compartido; argentinos con neuronas en actividad que saben que el problema es el virus, no la cuarentena, aunque tienen las mismas ganas de salir que los aneuronados por los medios enfermónicos; patriotas y patriotos que este lunes 17 harán patria y matria quedándose en su casa, en vez de salir a defender la propiedad de la que están privados o la macrijusticia que más que ciega parece sorda; amigues y amores que se las ingenian para crecer en medio de esta cosa; descubridores de nuevos deseos, o viejos deseos renovados: todes ustedes están aquí; y los distingo a cada une, a pesar de la máscara, el barbijo, y todo eso que, por nuestro bien, llevamos puesto.

Como todos los años a esta misma altura, un feriado nos recuerda que tuvimos un compatriota, hace unos 200 años, que hizo todo lo que había que hacer, y mucho más, para que hoy seamos nosotros, les argentinas, quienes decidamos y decidamas nuestro propio destino nacional, social, político, económico, y paro acá, porque, si no, la lista de derechos y decisiones excedería los límites de esta columna.

Don José Francisco de San Martín, que de él se trata, nació en Yapeyú (Corrientes), se formó como militar en España, volvió a la Argentina a pelear en la Guerra de la Independencia (a favor de la independencia, mal que les pese a algunos neoliberaludos), cruzó Los Andes contra la opinión del gobierno local –que prefería enfrentar a Artigas antes que a los españoles (siendo que la Banda Oriental no era un imperio amenazante como España, o quizás por eso mismo)–, liberó a la Argentina, Chile y Perú, y, después de tanta lucha, en lugar de disfrutar de sus últimos años honrado, respetado y venerado en su patria que tanto le debe, tuvo que exiliarse en Francia, pues los poderosos de entonces (o de siempre) tenían ganas de convertirlo en calle y monumento antes de tiempo.

Tras más de veinte años de exilio, el Libertador General San Martín falleció en Francia, aunque un presidente argentino aseguraría que Rivadavia había sido quien repatrió sus restos al país..., aunque Rivadavia falleció antes que el Libertador.

Quizás, como en tantas ocasiones, nuestro inefable tuvo un colapsus linguae, y en verdad quiso decir que Rivadavia “expatrió” los restos “del país”. Eso sería creíble, pero difícilmente dijera tal cosa nuestro Primer Descansador. Lo cierto es que nuestro expresi sigue en las Europas, rasgándose las vestiduras, porque “vivimos en un virtual estado de sitio”. Digo yo:

1. ¿Se refería a Francia, donde está él? No lo creo, porque ningún habitante de Francia comentó cosa similar.

2. ¿Se refería a la paranoide campaña de los medios enfermónicos, que proponen salir a la calle, el lunes 17, a contagiarse, negando la creciente y dolorosa suma de muertes, tal como históricamente niegan todo lo que no les conviene? Difícil, ya que él mismo es un abanderado de ese sector.

3. ¿Se refería al Covid 19? Muy poco creíble, siendo que no hace mucho dijo que el populismo era peor que el virus.

4. Entonces…, ¿será otro de sus tantos desencuentros con el lenguaje? ¿Será que acentuó mal, y que en realidad quería decir “en estado de ‘sí, tío’”, dada su ya proverbial dependencia de los nordacas más famosos, conocidos justamente con el apodo de “Tío Sam”?

Ignoramos la respuesta correcta. Lo que sí sabemos es que está en Europa.

El juego de las “pequeñas” diferencias

-En nuestro país tenemos calles, avenidas, pueblos, ciudades y clubes llamados “San Martín”, pero no hay ningune bautizade con el maurítico nombre. Nobleza obliga, digamos que las letras de ese nombre sí están presentes, o probablemente lo estén, en la carátula de más de un expediente.

-M. M. no liberó tres países ni mucho menos un continente, pero recordemos que sí liberó precios y tarifas.

-No hay una marcha ni un himno que honren a M. M., pero digamos que, hace un par de años, “el hit del verano” llevó su nombre y apellido por todo el país, el continente… y más.

-San Martín realizó una gesta libertadora, la mauritocracia nos castigó con la “revolución de la alegría”.

-Así como el general San Martín es recordado como “El Santo de la Espada”, M. M. podría ser recordado como “El Patrono Protector de los que Fugan”, o sea, “El Santo de la Escapada”.

Y, para terminar, un Sentido homenaje al general San Martín, creado y producido por RS Positivo (Rudy-Sanz)
, que incluye una investigación musical acerca de cómo se lo recuerda en todo el mundo. Pueden verlo, disfrutarlo, recomendarlo, suscribirse al YouTube de los autores, o… lo que cada une guste.

Hasta la que viene.



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La técnica del golpe neoliberal



La dialéctica entre oposición y gobierno en los lugares donde existe un gobierno progresista o nacional se va desmoronando día a día.

Sin entrar en sutilezas filosóficas, la dialéctica siempre implicó un mínimo reconocimiento entre los adversarios frente a una instancia superior que si bien no cancelaba los antagonismos los regulaba bajo la idea de Democracia.

La democracia es la idea reguladora que permite que el enemigo se sublime en la figura del adversario.

La actual pandemia y el desastre económico que la acompaña empuja a las derechas ultraderechizadas al derrumbe de esta dialéctica.

En las redes, en los aparatos mediáticos, en los sistemas financieros internacionales parece haberse decidido que es la oportunidad de tratar a los gobiernos democráticos, progresistas, con vocación legal e institucional, como aberraciones comunistas, anómalas y dictatoriales, que se valen de la cuarentena y la tragedia de la muerte como un capricho del dictador “comunista”o “totalitario”.

Destruida la dialéctica, los que gobiernan y los que quieren derrumbar a los gobiernos ya no viven en en mismo mundo y ni siquiera en el mismo país. Son mundos donde se ha clausurado cualquier tipo de intercambio.

La clara sensación que la derecha ultraderechizada ve en la pandemia, su clara oportunidad histórica de destruir dentro de la apariencia democrática el verdadero orden democrático ganado en las urnas, los hace desear el fracaso de la cuarentena, de la ética del cuidado, llegando a exhibir de modo obsceno una oscura satisfacción por los muertos.

En este horizonte al gobierno progresista todo se le vuelve problemático, contingente y difícil de sostener.

Las opciones que se le presentan son ambas muy difíciles de implementar.

La que demanda la izquierda que lo apoya es radicalizarse, redoblar la apuesta y enfrentar a la derecha ultraderechizada como el enemigo que verdaderamente es. El problema de esta opción es el aislamiento y el asedio internacional y el poder de fuego que el mundo financiero puede imponer a su economía definitivamente herida por el neoliberalismo.

La segunda es más terrible o en todo caso más triste, ceder en cuestiones claves para los sectores populares con la falsa esperanza de mediar con un enemigo que no practica la oposición sino una guerra destituyente perfectamente planificada por etapas. No tienen que poner su energía en gobernar y la pueden consagrar enteramente a la conspiración del golpe neoliberal.

Descartada la hipótesis revolucionaria, que ingresaría de inmediato en una lógica sacrificial, no hay por ahora para los gobiernos populares otro recurso que buscar en el pliego de sus legados de luchas populares la actualización de la difícil paradoja: retroceder avanzando. Que el uso público de la razón y el amor por lo común ilumine al pueblo siempre por venir.



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Derechas y el rechazo del amor



¿Cuándo fue que las derechas ultraderechizadas perdieron el sentido del honor? ¿Desde cuándo prefieren el derrumbe de la propia nación y sus habitantes con tal de imponer sus intereses financieros?

Una de las tesis de Jacques Lacan es que el capitalismo en su construcción discursiva se constituye en un rechazo del amor. El mentado odio, que impregna lo social y donde cuesta mucho su transformación política, ése que propagan las derechas, se desprende de este rechazo del amor. Ahora bien: Lacan compartía con Heidegger y Althusser un antihumanismo decidido. Por ello no se debe ir muy rápido en la comprensión de la fórmula “rechazo del amor”. No se trata del amor a los propios miembros de la familia ni del amor entre amantes o amigos, los que según Hegel siempre constituían un obstáculo para la eticidad pública.

El amor que se rechaza en el capitalismo es el amor por lo Común, que incluye siempre por definición al desconocido, la extraña, lo lejano y especialmente la participación no jerárquica en el “uso público de la razón”. Es este rechazo a este tipo de amor por lo común, patria, educación, salud, medio ambiente, derechos de la mujer, etcétera, el que lleva al odio hacia aquello que en lo común intenta introducir justicia e igualdad. El capitalismo rechaza el amor porque no puede por razones estructurales amar lo que de verdad sostiene a una Nación, un vínculo interpretativo con el pasado y un proyecto para un futuro en el que reinen en el pueblo el amor y la igualdad.

El capitalismo opera en la dimensión del presente absoluto.

El comienzo de la destrucción del amor tiene antecedentes heterogéneos pero se cristaliza en el siglo XX con la modulación neoliberal del capitalismo. El proyecto de transformar a los sujetos en un capital humano que debe darse valor compitiendo contra todo no puede -está definitivamente excluido- tener relación con el amor por lo común. En este punto ha funcionado como un intento de religión ya que intenta vincular lo imposible: la experiencia íntima del sujeto con el movimiento del mercado.

De allí que el concepto de burguesías nacionales, las que aún mantenían un arraigo de amor con los lugares donde sus hijos iban a crecer, ha sido afectado definitivamente por la rapiña global.

Ahora esta pandemia pone a prueba definitivamente hasta dónde puede llegar el rechazo del amor por lo común. ¿Una civilización que no ama aquello que tiene en común merece sobrevivir?

Como un rayo luminoso y oscuro a la vez esta pregunta atravesará nuestro tiempo histórico y serenos nosotros mismos la prueba de su respuesta.

Debajo de la grieta política, en su fondo más insondable, se dibuja una gran fisura ética en el acontecer de lo humano.

Asumir esta cuestión es el primer paso para atravesar la indolente barbarie de los representantes oligarcas que rechazan el amor y propagan el odio irresponsable.



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Fugao en París  | El zángano prófugo



Cuarentadoros, ilusioneras, aguantadores de mi patria; seres, seras y seros que siguen contándole tooodas las noches el mismo relato a su puericultado; niñes que preguntan a sus progenitudes qué quiere decir “pasear”; mascotas que se han vuelto psicoanalistas de sus otrora humanos adoptantes; hinchas de Boca, River, Racing o Flandria que sueñan con cánticos tribuneros en castellano mientras degluten, fin de semana a fin de semana, las amargas tribulaciones del fútbol liechtenteniano; fanáticos de la rivalidad, para quienes ahora el clásico de los clásicos es “Nefli vs. Amazonpraim”, romántiques que buscan enamorarse de alguien que viva a menos de dos cuadras como condición sine qua non: todos ustedes reciban mi más sincero codo.

Les decía, hace pocos días –creo que siete, pero disculpen, mi ritmo circadiano está algo alterado, así que quizás haya sido hace dos años o tres minutos–, que estaba sorprendide por la actitud expresidencial francorrajante; no entendía por qué se fue y nos dejó así; tendía a pensar que se trataba de un exdespechado:

“¿No me votan, no me quieren más? Ahora van a ver: me rajo a Europa para olvidarlos, para no tener que verles la cara de crisis, para que no me echen la culpa de todos sus males y todos mis bienes, y, por sobre todas las cosas, para que no me juzguen”.

Este párrafo, digno de un teleteatro setentista –de esos que duraban cinco años–, podría haber reflejado la realidad de los hechos. Y así hubiera sido si el autoeyectado se hubiera llamado a silencio. Pero no. No fue así. No se fue para olvidarnos, sino para que lo recordemos y, digámoslo con la gravedad del caso, para seguir interfiriendo en lo que conocemos como “política nacional”, aunque él lo llamaría “mi caprichito”.

Así, habla de libertades, de reforma judicial y de tantas otras cosas, y pretende, desde su lujosa cuarentena europea, dirigir eso que algunos llamarían “su espacio”, y otres, “su banda”.

La historia y la literatura son pródigas en casos de grandes líderes que, desde su exilio, eran referentes obligatorios de los destinos de su lejano pero no por eso menos añorado país. Recordemos la bellísima novela El recurso del método, de Alejo Carpentier, o señalemos –es inevitable– los tiempos en que el general Juan Domingo Perón residía en España, y allí iban todos y todas les que querían tener voz y voto en nuestro país, para lograr su aval o, al menos, la foto en la puerta.

Quizás, el Ex Sumo Maurífice quiera sentirse a la altura. No lo está. Ni de lejos. Ni siquiera sería “el que se sacó la foto”.

Sus adláteres, lejos de correr a verlo, apenas si dedican parte de su tiempo a anotarse en la carrera sucesoria y la otra parte a intentar la imposible justificación de la escapada: con el futuro meme “reuniones impostergables”, pasando por la digna de un cuento de ciencia ficción “ejercer su cargo de la Fundación FIFA”, para llegar a la número uno del top hit: “Mauricio fue a trabajar”.

¡Naaaaaa…! Las diferencias entre el exilio de Perón y la fuga de Macri son tantas que podrían dar lugar a un libro que nadie estaría interesado en escribir, ya que nadie lo compraría, pues todos, al menos en la Argentina, las conocemos de memoria o de olvido.

Como “el arte se anticipa a la realidad”, terminamos esta nota con la letra de Fugao a París, canción de RS Positivo (Rudy-Sanz) que intenta parodiar un clásico de nuestro acervo cultural tanguero. Además, podrán ustedes ver el video en el cual “el bisnieto de Gardel” lo interpreta –y, si gustan, suscribirse al YouTube
de los autores.

Fugao a París (Rudy-Sanz) -parodia-

Malcriao por la guita que heredó del viejo
dejó Buenos Aires, rajó del país
el tipo se ha ido, bandeado de apremios
nos dejó engrampados, y ahora está en París.

Algunos amigos están enojados
se fue calladito y sin avisar
sospechan que el quía está hasta las manos
por las autopistas y por espiar.

Partió de Buenos Aires, se fue sin saludar
bien llenas las valijas, con ropa pa esquivar
pa esquivar la Justicia, en eso es un “carpeón”
porque él sabe que, en Suiza, no hay extradición.

¿Cómo hará, Cambiemos, su cuenta corriente
ahora que el jefe los abandonó?
Alguien me ha contado que están impacientes
buscando un reemplazo que no apareció.

Las ganas que tienen los jueces de verlo
ya tienen el traje a medida para él
quién sabe, esta vuelta, lo encanen en serio
y ¡chau, manolarga… cantale a Gardel!

Hasta la que viene.



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