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Qué hacer en una economía bimonetaria de ingreso medio de inflación elevada | Los principales factores que influyen en la dinámica del alza de precios



La economía argentina ha acentuado su rasgo bimonetario con elevada inflación. Es un régimen que exige un mayor esfuerzo de reflexión para abordar esta complejidad que no se encuentra en otra economía de ingreso medio.

La inflación no es sólo un fenómeno multicausal, sino que, luego de tantos años de niveles elevados y de estrategias diferentes, las medidas para encararla requieren de una mayor amplitud conceptual para no quedar atrapados de postulados teóricos estrictos, ya sean ortodoxos o heterodoxos.

Esta necesaria flexibilidad tiene su origen en que tasas de inflación persistentes muy por encima del promedio mundial, en un largo periodo de niveles bajísimos, exige un análisis bastante más amplio que culpar a formadores de precios, sentenciar que la culpa es de la emisión monetaria o que exclusivamente se debe a la suba de costos y puja distributiva.

Estabilidad

Una determinada explicación que podía ser relativamente apropiada en años anteriores hoy puede mostrar menor relevancia. Las modificaciones, para peor, en el funcionamiento de la economía, en especial por la profundización del régimen bimonetario, demanda una mayor exigencia para el diseño de una estrategia antiinflacionaria.

Con décadas de predominio de un discurso y práctica conservadora, con escasos años de desafío a esos postulados desde la gestión, el manejo de las expectativas de los agentes económicos acerca de la cuestión fiscal y monetaria pasó a ocupar un lugar privilegiado.

El kirchnerismo de la primera etapa consolidó su base económica con el discurso de los superávit gemelos (fiscal y comercial), que fueron resultado de la fase del ciclo económico de recuperación luego de la gran crisis 1998-2002 y no de una estrategia deliberada.

La holgura fiscal, en la economía argentina, mostró que brinda mayor autonomía política, lo que deriva en la necesidad de exhibir senderos de gastos-ingresos que sean aceptados por los agentes económicos aunque no sean los ideales para las posibilidades de expansión.

La política fiscal y monetaria expansiva, pese a que en los años kirchneristas ha resultado conveniente para la actividad y mejorado sustancialmente la tasa de ganancias, es rechazada por el poder económico.

La secuencia de la intervención pública, en el caso de que se pretenda consolidar un proyecto de crecimiento con inclusión social, pasaría por conseguir esa fortaleza fiscal para tener mayor capacidad de disciplinamiento sobre los agentes económicos. El camino inverso demostró sus limitaciones.

Considerar, por lo tanto, conservador u ortodoxo al ministro Martín Guzmán porque plantea un déficit fiscal de 4,5 por ciento del PIB en 2021 y moderación monetaria no toma en cuenta las relaciones de fuerza existentes.

En una economía que ha acentuado su rasgo bimonetario los márgenes fiscales y monetarios se han estrechado aún más. Es un dato de la realidad más allá del deseo.

La necesidad de una política económica ordenadora de la macroeconomía es una condición necesaria de la estabilidad, pero no suficiente para reafirmar una estrategia antiinflacionaria.

La estabilidad macroeconómica no es ortodoxa o heterodoxa; lo que es diferente es que la primera no tiene como objetivo el bienestar general ni la mejor distribución del ingreso, mientras que para la segunda van de la mano estabilidad con justicia social. Esta es la diferencia relevante.

Mercado cambiario

La estabilidad macroeconómica para el manejo de las expectativas de los agentes económicos es necesaria además para tener control sobre un frente clave en una economía bimonetaria con un régimen de inflación elevada: el cambiario.

Los shocks inflacionarios fueron consecuencia de crisis del sector externo que derivaron en fuertes devaluaciones. La traslación a precios del ajuste del tipo de cambio es cada vez más rápida a medida que se van reiterando las crisis, agudizando de ese modo el rasgo bimonetario de la economía.

El encadenamiento de este proceso muestra los muy estrechos márgenes de autonomía de la política económica, lo que vuelve imprescindible apropiarse de un sendero macroeconómico que permita tener bajo control las expectativas (en especial, la cambiaria) de los agentes económicos. La colonización de éstos con postulados ortodoxos, incluyendo pymes y dirigentes sindicales, hace más complejo el manejo de la política monetaria y fiscal.

Como se mencionó, la necesaria expansión, que beneficiaría a empresas y trabajadores, se topa inmediatamente con la advertencia del peligro del desborde de las cuentas públicas, como también del riesgo inflacionario por la emisión monetaria.

Pese a que existe evidencia empírica de que los shocks inflacionarios no tuvieron ese origen, se sigue repitiendo como mantra. Más bien fueron por crisis del sector externo con un stock de reservas frágil que derivó en fuertes devaluaciones. Este ajuste del tipo de cambio se trasladó rápidamente a precios.

Brecha

El mercado cambiario es clave entonces por tres vías: 1. Expectativas. 2. Fijación de precios de insumos clave de la cadena de producción. 3. Dolarización de las ganancias.

Frenar la corrida de septiembre y octubre pasados y luego dominar el mercado cambiario han sido una potente medida antiinflacionaria. Pese a ello hubo un salto en los precios y esto se debió a las expectativas de devaluación, que provocaron remarcaciones preventivas no anuladas luego de que el equipo económico ganara la pulseada cambiaria. Esos aumentos de precios sirvieron entonces para acelerar la recuperación de márgenes de ganancias de la mayoría de los sectores luego de superar los peores meses de la pandemia.

Conseguido el objetivo de controlar el mercado cambiario, como Guzmán puede mostrar en estos primeros meses del año, el paso siguiente es que el tipo de cambio oficial no sea una fuente de presión inflacionaria, como lo fue en 2020.

Bajar la nominalidad del tipo de cambio es una iniciativa básica para disminuir la tensión en los precios de una economía bimonetaria, y desalentar de ese modo las remarcaciones. Con una brecha cambiaria debajo del 60 por ciento, con dólares financieros cotizando menos que el denominado “dólar solidario, se abre la oportunidad de eliminar el 35 por ciento a cuenta de Ganancias y Bienes Personales. Es una posibilidad para bajar la nominalidad y empezar a converger hacia una brecha máxima del 20 por ciento.

Presión

Con una brecha cambiaria reducida resulta más cómodo instrumentar una estrategia antiinflacionaria. En una economía bimonetaria lo que pase con el dólar define mucho el recorrido de los precios.

El año pasado, el Gobierno subió el tipo de cambio casi 5 puntos porcentuales por encima del índice de precios al consumidor. La inflación general fue de 36 y el dólar oficial subió 41. O sea, la política cambiaria fue una fuente sustancial de inflación.

El equipo económico afirma que tiene espacio para desacelerar el aumento de la paridad cambiaria para no alimentar alzas de precios a nivel general.

Guzmán adelantó que el objetivo oficial para este año es subir el dólar 25 por ciento, con una previsión de inflación de 29 por ciento. Más allá de esas cifras, el equipo económico frenó primero la corriente que apostaba a una fuerte devaluación, luego logró estabilizar el mercado cambiario y ahora disminuiría el ajuste del dólar oficial. Este combo en el frente cambiario forma parte de la política antiinflacionaria.

Guzmán sostiene que el tipo de cambio oficial a fin de año será de 102,40 pesos. ¿Ese precio significa atrasar o no el tipo de cambio? El ministro asegura que la paridad se va a mantener sin atraso en relación a la vigente a fin de 2019. O sea, los cinco puntos porcentuales ganados en 2020 en el tipo de cambio real serán compensados con cinco puntos en este año.

De ese modo no habrá atraso cambiario ni se está acumulando una olla a presión que explotará después de las elecciones, como atemorizan economistas mediáticos expertos en equivocarse.

La actual política cambiaria más que atrasar la paridad lo que hace es morigerar que el dólar sea una fuente de presión inflacionaria.

Materias primas

En esta instancia irrumpe otro factor perturbador de los precios en una economía bimonetaria: el alza de las materias primas de exportación. Como si el panorama arriba descripto no fuese bastante complejo, la principal canasta de productos de exportación del país es la misma del consumo de las familias.

Desde el último trimestre de 2020, los precios internacionales de los cuatro cultivos claves (soja, maíz, trigo y girasol) aumentaron de 50 a 60 por ciento. Esas subas se trasladan a los precios de los alimentos si no se aplican medidas que permitan separar la evolución de esos precios internacionales de los domésticos.

Las retenciones son efectivas en esa misión pero después del triunfo político, económico y cultural de 2008 y con el gobierno conservador de Macri que las eliminó menos la de la soja –aunque al final de su mandato, desesperado, las reestableció-, la posibilidad de utilizar esa herramienta quedó muy limitada.

El alza de los precios internacionales de las materias primas de exportación, al igual que el petróleo pese a que existen otros factores en la definición del precio de los combustibles en el mercado local, es otra fuente de presión inflacionaria.

Sin embargo queda claro que en este contexto internacional favorable continuar con devaluaciones diarias, o sea elevando la paridad cambiaria, es un doble beneficio para el complejo agroexportador.

Son dos factores que impulsan al alza la tasa de inflación, además de consolidar una renta adicional a favor de una minoría que se reconoce poderosa porque es dueña de la mayoría de los dólares comerciales. Y que la consigue a costa de un aumento sostenido de los precios que afecta a la mayoría de la población.

Puja distributiva

En este recorrido para describir la complejidad de la dinámica de precios aparece una cuestión estructural, que se encuentra en cada uno de los factores antes mencionados: la puja distributiva.

La orientación de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria resume la relación de  fuerzas entre agentes económicos (fundamentalmente, empresas y trabajadores).

La presión por el lado de los costos (dólar, tarifas y salarios) es eminentemente una expresión de un conflicto distributivo y, por lo tanto, es política

Cómo se defina cada uno de esos precios determinará cuál es la elección política acerca de a quién beneficiar. Esa decisión tiene su reflejo en la tasa de inflación a nivel general puesto que esos precios básicos definen la evolución del resto

A esta altura vale una mención al comportamiento de los formadores de precios y a las estructuras oligopólicas en áreas sensibles. El control de esos mercados y la sanción de abusos son herramientas indispensables pero no marcan el ritmo de aumentos generales de precios.

influyen sobre los niveles de precios y en la generación de expectativas al alza, pero no son un factor estructural de la inflación, lo que no implica que no sean necesarias las políticas de administración de precios.

La puja distributiva en la economía argentina resulta más intensa por una cuestión estructural, que fue la constitución de una base industrial sindicalizada y con gremios poderosos que, pese a la sucesión de crisis que fragmentó y debilitó un mercado laboral que además se hizo heterogéneo, sigue manteniendo una capacidad de negociación superior a la de otros países con cierta tradición de organización sindical.

La mayoría de los economistas dice que la inflación es multicausal, lo que es cierto pero también debería empezar a estudiar cómo abordarla teniendo en cuenta que se despliega desde hace varios años en la excepcionalidad de un régimen bimonetario de una economía de ingreso medio.

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¿Cómo será la recuperación económica? Raíz cuadrada o pipa Nike | Paquete de emergencia fiscal y monetaria, la producción subió rápido y la demanda está perdiendo fuerza



Los silencios del establishment son cada vez más expresivos, como la ausencia de un repudio institucional al levantamiento ilegal e irresponsable de grupos de policías bonaerenses, que llegaron a rodear armados y con patrulleros la Quinta de Olivos.

Sectores políticos, gremiales, de pequeñas y medianas empresas, sociales y culturales difundieron públicamente el rechazo a esa rebeldía, señalando que fue un desafío al Presidente y un juego con fuego de las reglas de convivencia en democracia. Es evidente que eso no fue lo que evaluó el mundo de las grandes empresas agrupadas en diversas cámaras porque no elaboraron un comunicado al respecto

El presidente de la Unión Industrial Argentina, Miguel Acevedo, tuvo en cambio una posición firme, al afirmar en un reportaje a Página/12 que “cuando se sublevan con armas es jorobado, nunca había visto algo como lo que pasó en la residencia del Presidente”.

No deja de sorprender que el resto del establishment no haya manifestado preocupación por las instituciones y la seguridad jurídica, pues esas son sus consignas preferidas para cualquier medida que no le gusta.

Si continúa tan distraído de acontecimientos relevantes, como el resultado exitoso del canje de deuda con acreedores privados o con la rebelión de la Policía Bonaerense, y no muestra un poco de énfasis en repudiar movimientos de desestabilización puede correr el riesgo de que se lo asocie con ellos.

El asedio al gobierno de Alberto Fernández, que se manifiesta en diversas formas con el objetivo preciso de erosionarlo, se despliega sin importar que la sociedad está padeciendo los golpes de una doble crisis: sanitaria y económica.

Ciclo económico

La actual situación económica es mejor respecto al pozo profundo donde cayó la actividad en abril pasado, las únicas cuatro semanas en las que se puede considerar como cuarentena estricta y efectiva. Igual sigue en estado crítico.

Mantener un sendero de mejora constante es una misión compleja. Lo es porque existe un contexto económico internacional que sigue siendo negativo, un desafío sanitario todavía incierto hasta que no haya una vacuna, un cuadro socioeconómico local complicado y un comportamiento tóxico en la generación de expectativas sociales por parte de corporaciones.

Esto último agudiza la incertidumbre propia de una crisis inédita provocada por la pandemia de la covid-19. Gran parte del establishment alucina con un gobierno intervencionista porque se ocupa de irregularidades obscenas del sector privado (Vicentin, Edesur, telecomunicaciones). Así van influyendo en el espacio público para debilitar las perspectivas económicas de rebote, aunque se sabe que esa participación tiene fundamentalmente una misión política de afectar la base electoral y legitimidad política de la coalición gobernante.

El presidente Alberto Fernández busca contrarrestar esos factores negativos con iniciativa de apoyo financiero a diversos sectores, con visitas a plantas industriales que expanden la producción mostrando que la economía está encendiendo los motores, con anuncios de obras públicas en provincias con criterio federal para impulsar la construcción y con una firme vocación de diálogo con diferentes actores económicos y sociales aunque sean beligerantes.

La tendencia del ciclo económico, de todos modos, se juega en otro terreno. Necesita fundamentalmente de una política económica consistente (fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos) para neutralizar las fuerzas negativas que lo impulsan a la baja, al tiempo de definir medidas para fortalecer el movimiento al alza.

Raíz cuadrada

Para vislumbrar una recuperación económica tienen que operar en simultáneo cuatro componentes clave:

1. La vacuna que frene la expansión del coronavirus.

2. Una mayor movilidad de personas vinculadas a la producción de bienes y servicios.

3. El diseño de políticas fiscal y monetaria expansivas

4. La mejora del ingreso en términos reales de la población.

El fuerte impulso de la actividad luego del derrumbe histórico de abril que se extendió hasta julio empezó a mostrar una incipiente fatiga el mes pasado. Muchos analistas evaluaban que la economía podía dibujar un recorrido parecido a una V; esto se traduce en un movimiento de caída brusca de la actividad con posterior suba intensa, para alcanzar rápido el mismo nivel previo a la debacle.

Con los últimos datos de algunos sectores (cemento, demanda de energía eléctrica de la industria, insumos para la construcción, producción de manufacturas de la industria, entre otros) la evaluación es otra. El último informe de coyuntura del Instituto de Trabajo y Economía estima que el dibujo que está realizando la actividad tiene la forma de raíz cuadrada: fuerte caída, recuperación sin alcanzar el nivel anterior y estancamiento en ese umbral que es más bajo respecto al punto de partida.

Pipa Nike

En un evento organizado por la plataforma Outthinker, Paul Krugman postuló que el dibujo de la probable evolución de la economía mundial se asimilaría a la de la pipa del logo de Nike, donde la curva de crecimiento tendría una angulación más plana que la de la caída.

Raíz cuadrada o pipa Nike, la mayoría de los economistas no cree en una recuperación rápida. Krugman lo dijo del siguiente modo: una mejora rápida en V tiene de base una demanda reprimida que, superada la crisis (por ejemplo una guerra), se lanza a consumir aquellos productos que no había podido adquirir durante el período de la debacle.

Esta crisis, en cambio, no ha frenado la adquisición de bienes durables, como automóviles o electrodomésticos. Son mercados que han estado castigados pero no paralizados. No existe un colapso de ese tipo de consumo o de otros productos que el comercio por Internet permitió mantener a flote, lo que no significa bonanza.

Sí existe colapso en actividades de entretenimiento, restaurantes, comercios a la calle, indumentaria. Krugman explicó que son gastos no recuperables; es decir, el sector servicio no se recuperará de las ventas no realizadas y “esto hace que una recuperación en V sea dudosa”.

Krugman

El Premio Nobel de Economía también mencionó que habrá daños colaterales “tremendos” de esta crisis y, por lo tanto, “la resaca que vamos a vivir” afectará a la economía durante mucho tiempo.

Advirtió que serán muchísimos los negocios y las empresas que deberán cerrar, y si no lo hacen se verán muy afectados en su capital: “les costará mucho tiempo y trabajo volver a operar con normalidad“.

Con deudas acumuladas en estos meses, familias y empresas en lugar de consumir se tendrán que dedicar a restaurar el equilibrio financiero. Indicó que además del sufrimiento que la enfermedad en sí misma ocasiona, habrá un sufrimiento económico “muy potente”.

Krugman ofreció una luz de esperanza: “poco a poco nos recuperaremos y eventualmente alcanzaremos una recuperación completa, pero no va a ser tan rápida como la sociedad espera. Veo francamente difícil que en un año podamos mirar atrás y decir: ‘fue muy duro, pero ya ha pasado’. Creo que la resaca de la covid-19 va a durar todo el año que viene, e incluso irá más allá del 2021″.

Oferta y demanda

La actual crisis tiene la particularidad de que un virus provocó una caída vertical en forma inmediata y simultánea de la oferta (producción) y demanda (consumo). Los paquetes de emergencia de los Estados buscaron proteger a los dos actores de esa relación (empresas y trabajadores). Esos estímulos del sector público consiguieron un rebote más rápido por el lado de la oferta, mientras que la demanda tuvo una reacción positiva aunque más lenta.

Esta última respuesta se explica por el aumento del desempleo, la disminución de salarios nominales en algunos casos o el congelamiento en otros, y el freno de los hogares a ampliar el consumo más allá de los productos esenciales por el temor a lo que puede deparar la economía y a las previsiones por exigencias futuras debido al incremento del endeudamiento en estos meses.

Este menor dinamismo de la demanda terminará por arrastrar a la producción hasta el estancamiento o a la pérdida de estímulos al alza. El mayor impulso a la actividad tiene que venir ahora por el lado de la demanda, o sea de la mejora del ingreso disponible de la población para empujar la producción y las ventas.

Esto no significa restar recursos para la protección del tejido productivo o para el financiamiento de las empresas, sino que se requiere fortalecer la política de ingresos.

Mientras las jubilaciones y la Asignación Universal por Hijo tienen ajustes trimestrales, el resto de las prestaciones sociales y la mayoría de los salarios no han tenido actualización en lo que va del año. Teniendo en cuenta el alza de precios en estos meses, sin recomposición de los ingresos la debilidad de la demanda es una consecuencia previsible.

La inflación interanual en julio fue de 42,4 por ciento y los salarios registrados subieron en promedio 35 por ciento, ambas cifras proporcionadas por el Indec. Sólo los salarios del Agro (producción primaria, alimentos y bebidas), con un alza de 54 por ciento, y de Información y Comunicación, con el 50 por ciento, le ganaron a la inflación. El resto quedó por debajo.

Otro indicador de la fragilidad de la demanda es la evolución del gasto público, que tuvo su pico en junio pero bajó al mes siguiente, con la lógica oficial de que si sube la actividad disminuyen las erogaciones del fisco (menos ATP e IFE). Es una medida que necesariamente debilita la recuperación por el lado de la demanda.

Además de apertura de industrias y comercios, los empresarios tienen que pedir que aumente el ingreso disponible de la población porque si no lo hacen van a tener las puertas abiertas pero muy pocos clientes.

Larga marcha

La prudencia fiscal puede ser una estrategia del equipo económico para el inicio de las negociaciones con el FMI o para cambiar las expectativas del mercado, que está jugando a una fuerte devaluación.

La búsqueda de modificar de ese modo ese clima de desconfianza de financistas y empresarios puede terminar por generar otro tipo de expectativas negativas, más amplia e inquietante para la mayoría de la población, que es la de una recuperación floja.

Si se trata de facilitar la presentación del programa económico ante los técnicos del Fondo, la directora gerente, Kristalina Georgieva, y la economista jefa, Gita Gopinath, de ese organismo internacional ofrecen argumentos para eludir presiones.

En el reciente artículo “Emergiendo más fuerte del Gran Confinamiento”, que firmaron ambas en Foreign Policy, señalan que esta crisis está lejos de terminar y que la recuperación sigue siendo muy frágil y desigual.

“Para asegurar que la recuperación continúe, es fundamental que el apoyo no se retire prematuramente (a empresas y a trabajadores)”, aconsejan, en referencia a los paquetes de emergencia fiscal y monetaria.

La economía argentina tiene varios antecedentes de crisis y rebotes. La última de magnitud fue la de 1998-2002. Con un contexto externo favorable (tasa internacional baja y términos de intercambio positivos por el alza de los commodities) y en default, el crecimiento a tasas chinas facilitó una recuperación en casi tres años (33 meses) a una velocidad record. La actividad regresó a los niveles de agosto de 1998 recién en mayo de 2005. 

¿Cuánto tiempo llevará la recuperación de la actual crisis que reúne los dos años de recesión macrista más el impacto fulminante de la pandemia? La caída del Producto Interno Bruto es mayor que en la crisis del estallido de la convertibilidad y el escenario económico internacional es más complejo.

Para que la larga marcha del crecimiento no sea todavía más extensa aparecen dos factores a considerar:

1. No caer en la trampa de aplicar una fuerte devaluación.

2. No debilitar la demanda, lo que significa fortalecer la política de ingresos.

Como se mencionó, la forma y calidad de la economía pospandemia se juega en la consistencia de la política económica durante la pandemia, que debe eludir el acoso del establishment y el griterío de la ortodoxia alimentando la economía del miedo.

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