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Agenda deportiva: el regreso de la Champions con Messi y el clásico uruguayo

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LeBron vs Trump, episodio 1000: “No nos importa que apague la TV” | El astro volvió a cruzar al presidente de EEUU e instó a votar en noviembre



La cruzada de LeBron James con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya parece una cuestión personal. El astro de la NBA no desaprovecha ninguna oportunidad para cuestionar al mandatario,
y ahora también llamó a votar en las elecciones de noviembre, cuando Trump busque su segundo mandato.

El nuevo cruce de James a Trump llegó en la noche del miércoles, luego del partido que Los Angeles Lakers perdió 105-86 ante Oklahoma City Thunder en una nueva jornada de la NBA en la “Burbuja” de Orlando. El basquetbolista salió a responderle al presidente, que había calificado como “vergonzoso” que los jugadores se arrodillen durante el himno estadounidense antes de los partidos y que cuando veía eso apagaba el televisor.

“Creo que el mundo del básquetbol no está triste por perderlo como televidente. No nos podía importar menos”, respondió LeBron en la rueda de prensa posterior al partido ante los Thunder sobre los dichos de Trump. “Es todo lo que tengo que decir sobre este tema. La NBA puede continuar sin sus ojos puestos en él. Puedo hablar en nombre de todos los que amamos el básquetbol, no podía importarnos menos”, completó el jugador de Los Angeles Lakers.

En una entrevista telefónica con el programa Fox & Friends, de Fox News, Trump había atacado a los jugadores por arrodillarse durante el himno en homenaje por el asesinato de Georgo Floyd por parte de un policía de Minneapolis. “Cuando veo gente arrodillada durante el partido, sin respetar nuestra bandera y nuestro himno nacional, lo que hago personalmente es apagar el televisor”, había dicho Trump, que calificó ese comportamiento como “vergonzoso”.

“Creo que es vergonzoso. Trabajamos con ellos -la NBA- para tratar de volver, estuve presionando para que volvieran. Y entonces verlos a todos arrodillados durante el himno no es algo aceptable para mí. Cuando los veo arrodillados durante el partido, solo me desconecto. No tengo ningún interés en el partido. Y permítanme decirles esto, muchas otras personas tampoco”, fue el cuestionamiento del mandatario.

Como si fuese un tenista, James devolvió uno por uno los argumentos de Trump. Por eso aseguró que el gesto de arrodillarse no tiene nada que ver con una falta de respeto a los símbolos. “Cuando escuchas las entrevistas tras los partidos te das cuenta de que arrodillarse no tiene nada que ver con la bandera, ni los soldados, ni las personas que hacen que nuestro país siga siendo un país libre”, aclaró James, respondiendo en nombre de todos los jugadores de la Liga.

Y por más que dijo que no le interesaba hablar del tema, James aprovechó la pregunta para ahondar en la cuestión, ya que combate las políticas de Trump desde el primer momento
. Y en ese sentido, instó a votar en contra del mandatario. “Espero que todos, sin importar la raza o el color, puedan ver el liderazgo que tenemos en nuestro país”, destacó LeBron. “Noviembre está a la vuelta de la esquina y es un gran momento para nosotros como norteamericanos, si seguimos hablando como lo estamos haciendo, todo pueda cambiar”, remarcó el tres veces campeón de la NBA. 



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Agenda deportiva: la acción de la NBA y la final de la FA Cup

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Tras cinco meses de espera, vuelve la NBA en Disney

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El show continúa: Vuelve la NBA en el país de los contagios | Gigantes vs. petisos, los desahuciados de LeBron y otras curiosidades del regreso



Vuelve la NBA. Tras más de cuatro meses de parate, la principal liga de básquet retomará su actividad oficial este jueves, con 22 equipos reubicados en la denominada “Burbuja de Disney
“, situada en las instalaciones de la cadena ESPN (propiedad de Disney) en el predio de Mickey y sus amigos en Orlando, Florida, y supuestamente aislada de la pandemia que ya dejó casi 50 mil muertos y más de 4 millones de infectados en Estados Unidos (al tope de la lista de países afectados por el virus).

Mucho ha pasado en el país del norte desde que la NBA suspendió su actividad oficial en marzo tras registrar el primer caso de covid-19 entre sus filas. El precio del petróleo tocó mínimos históricos; Donald Trump, que en noviembre va por su reelección, suspendió la financiación de la OMS por acusarla de complotarse con China en cuanto a la pandemia; y el Pentágono lanzó un video del avistamiento de unos ovnis
, entre otras locuras. Pero, sin dudas, si algún episodio tendrá repercusión el la reanudación de la NBA será el brutal asesinato del afroamericano Georg Floyd por la policía y sus consecuentes manifestaciones y protestas
.
La lucha contra el racismo y la violencia policial de ese país se hará presente en Orlando a través del simbólico gesto de arrodillarse durante el himno o con los nombres inscriptos de víctimas en las camisetas de los jugadores, por ejemplo.

El formato

En Orlando habrá 22 de los equipos que componen la NBA. Los ocho que quedaron afuera de la excursión (6 del este y 2 del Oeste) son los que ya no tenían chances de clasificar a playoffs al momento de la suspensión. Así las cosas, cada franquicia jugará ocho partidos entre este jueves 30 de julio y el 14 de agosto para completar la temporada regular. Como 12 de los equipos ya tienen la clasificación asegurada a los playoffs, el misterio no abundará en esta etapa, más dedicada a poner en ritmo a los jugadores. En Argentina, los partidos serán televisados por ESPN, DirecTV Sports y NBA TV.

Una de los novedades pasará por la disputa de la octava posición en cada conferencia, la última que otorga un pasaje a playoffs: si el noveno clasificado está a cuatro o menos victorias de distancia del octavo, tendrá el derecho de arrebatarle el lugar en una serie a dos partidos, teniendo que ganar ambos para quedarse con el privilegio. Una vez finalizado el trámite, se dará inicio a los playoffs, que se disputarán del 17 de agosto hasta mediados de octubre y respetarán su formato habitual, con series al mejor de siete encuentros. Claro que, esta vez, la localía no será un factor, a menos que el conjunto en cuestión se llame Orlando Magic.

El club de los desahuciados

Aunque acostumbrado a formar equipos con otras grandes estrellas, LeBron James también tiene simpatía por ir contra la corriente. El número 23 de Los Angeles Lakers (líderes en el Oeste) llevó a Hollywood a varios de los jugadores más subestimados de la liga, muchos de ellos dueños de una justificada mala fama. Las últimas adquisiciones del equipo fueron los escoltas J.R. Smith
y Dion Waiters. El primero, especialista defensivo y triplero, dejó su huella indeleble en los videos de bloopers cuando le costó una final de NBA a los Cavaliers de LeBron en 2018, al confundir el resultado del juego, pensar que su equipo estaba ganando (estaban empatando) y “hacer tiempo” para que corra el reloj mientras LeBron hacía toda gesticulación posible para “avivarlo”. El segundo, Waiters, con facilidad para anotar pero de mala relación con la disciplina, fue cortado por varios equipos a sus 28 años y tendrá su posibilidad de revancha con los Lakers.

La lista de “defectuosos” no termina allí. Con LeBron también estarán el ya veterano pivot Dwight Howard, quien tuvo que lidiar la última década con el mote de “tierno” a la hora del roce que le puso el difunto Kobe Bryant; el atlético interno Javale McGee, blanco de un sinfín de bromas por sus numerosos desaciertos en el campo de juego; y el base Alex Caruso, protagonista de incesantes memes por un “look” que no se condice con su espectacular estilo de juego. Claro que a Caruso nada de eso lo inquieta: prueba de ello es que se ausentó del casamiento de su hermana para no perderse entrenamientos con su equipo en Orlando.

¿Altura o velocidad?

La sensación en Orlando son por el momento los Denver Nuggets (3° en el Oeste). Es que los liderados por el pivot serbio Nikola Jokic
decidieron jugarse un pleno a la altura de su formación inicial mientras lidian con numerosas lesiones. Es así que el equipo comandado por Mike Malone viene saliendo con el serbio de base (2,13 metros y 114 kilos), Jeremi Grant (2,03m) y Torrey Craig (2,01m) como perimetrales, y el novato sudanés Bol Bol (2,18m) y Mason Plumlee (2,11m) de internos.

De la vereda contraria están los Houston Rockets (6° en el Oeste). Los del entrenador Mike D’Antoni apostaron durante el último tramo de la temporada a una alineación súper baja, con sólo un jugador que pasa los dos metros de altura (Robert Covington con 2,01). Tal es la apuesta de los Rockets al juego rápido de James Harden y Russell Westbrook, que se deshicieron a su pivot titular durante años, el suizo Clint Capela.

Los candidatos

Los Lakers de LeBron James por el Oeste y los Milwaukee Bucks del griego Giannis Antetokounmpo por el Este. Los favoritos están claros y el formato de juego de series a siete partidos los potencia aún más. Claro que siempre hay lugar para las sorpresas. En la conferencia del helénico, también se destacan el buen funcionamiento de los vigente campeones, Toronto Raptors, aunque ya sin la estrella de Kawhi Leonard; el aceitado sistema de los Boston Celtics del “mini Popovich” Brad Stevens y el bulldog defensivo Marcus Smart; y los algo desprolijos pero talentosos Philadelphia 76ers del camerunés Joel Embiid y el australiano Ben Simmons.

Por el Oeste, los Clippers de Leonard llegan diezmados por las partidas de vitales jugadores de rol como Patrick Beverley (pilar defensivo), Lou Williams y Montrezl Harrell (ambos candidatos al premio de Mejor Sexto Hombre), quienes debieron atender urgencias familiares y no tienen fecha de regreso a la Burbuja. En tanto, quedará por ver qué pueden conseguir los Nuggets del mágico Jokic, los Rockets del zurdo Harden, o la sensación eslovena Luka Doncic y sus Dallas Mavericks. Además, el novato estrella Zion Williamson, quien por el momento sólo pudo disputar 19 partidos y se lo vio fuera de forma, buscará clasificar a sus New Orleans Pelicans a la postemporada.

Los ausentes

Ante la amenaza de la covid-19, las autoridades de la NBA decidieron no imponer sanciones a los jugadores que no quieran viajar a Orlando, más allá de una quita salarial correspondiente a los partidos que se pierdan. Así, entre los que prefirieron no arriesgar y los que no quieren apresurar la vuelta tras alguna lesión hay varios nombres célebres como los de LaMarcus Aldridge (San Antonio, prefirió operarse de una lesión), Kevin Durant y Kyrie Irving (Brooklyn, por lesión), Gordon Hayward (Boston, jugará con el equipo hasta septiembre, mes en el que está programado el parto de su cuarto hijo), Victor Oladipo (Indiana, por lesión, acompañará al equipo pero no jugará), Sepencer Dinwiddie (Brookyln, dio positivo de Covid-19 por segunda vez y se bajó) o el croata Bojan Bogdanovic (Utah, prefirió operarse de una molestia).

En adhesión, se suman las obvias ausencias de los equipos que ya estaban eliminados de la lucha por los playoffs, donde se destacan los poderosos Golden State Warriors de Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green, víctimas de una temporada plagada de lesiones y rápidamente abocada a buscar una elección alta en el próximo Draft, estipulado para mediados de octubre y donde Argentina tendrá presencia asegurada de la mano del cordobés Leandro Bolmaro.

Veteranía asegurada

El parate pandémico significó, entre muchas
otras cosas, el retiro forzado de Vince Carter a los 43 años. El escolta
considerado como uno de los mejores volcadores de la historia quedó
afuera de la definición en Orlando ya que sus Atlanta Hawks no tenían
chances de clasificar a playoffs. De todas maneras, para llenar el cupo
de veteranía, los Brooklyn Nets (7° en el Este) dieron la sorpresa al
convocar al escolta de 40 años Jamal Crawford
, quien no había conseguido
equipo durante este año y se convertirá ahora en el octavo jugador de
la historia de la liga en jugar 20 temporadas. “Al otro día me desperté
pensando: ‘¿Esto realmente sucedió o estaba soñando? ¿Los Nets me llamaron y realmente firmé contrato
con ellos?’. Por suerte todo fue real”
, declaró tras poner su rúbrica
Crawford, más conocido por su habilidad con la pelota para marear a sus
rivales y dejarlos en el piso.



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Papelones, injusticias y escándalos en tiempos de coronavirus | El deporte y la necesidad de regresar a la actividad a cualquier precio



Desde que la Bundesliga regresó a las actividades hace casi dos meses, diferentes deportes y países intentaron emularla aunque muy pocos pudieron replicar el éxito del modelo alemán. Cuando aquel 16 de mayo el Borussia Dortmund goleaba 4-0 al Schalke 04 en el primer partido en medio de la pandemia, Alemania goleaba a otras potencias por su manejo de la cuestión sanitaria y le mostraba al mundo su capacidad organizativa. Desde entonces, el coronavirus desnudó deportes, países y federaciones, que en su afán de regresar sin las medidas adecuadas, dejaron un tendal de irregularidades, papelones y cientos de contagios que podrían haberse evitado. 

El Adria Tour en los Balcanes, el torneo de tenis benéfico organizado por Novak Djokovic, tal vez sintentiza a la perfección la subestimación del virus. Sin distanciamiento social, con público en el estadio y con protagonistas participando incluso en fiestas en sitios cerrados, el torneo terminó en un escándalo y con dos etapas suspendidas, con el propio número uno del mundo y su esposa Jelena contagiados, además de otros tres jugadores -Grigor Dimitrov, Borna Coric y Victor Troicki- y al menos otras cuatro personas de sus entornos. 

Más allá de las críticas que despertó, Djokovic esgrimió en su defensa en que no había hecho nada ilegal y que la organización se rigió de acuerdo a las medidas del Gobierno serbio. Y razón no le falta: la falta de previsión gubernamental también permitió que el clásico Partizan-Estrella Roja, con público, se convirtiera en una fuente de contagio. Tanto que la vecina Montenegro registró nueve casos de Covid-19 después de un mes sin tenerlos, siete de los cuales eran de ciudadanos montenegrinos que habían concurrido al partido. En aquel momento, el 22 de junio, habían dado positivo cinco futbolistas del Estrella Roja, que este sábado anunció que, después de testear a todo su plantel, seis jugadores deberán permanecerán en cuarentena durante dos semanas. 

Djokovic, responsable del Adria Tour, suspendido por los contagios. (AFP)

El ejemplo de Djokovic no amedrentó a las autoridades del tenis en Estados Unidos, donde este domingo comenzó en West Virginia la World TeamTennis, una liga de tenis profesional mixta que se juega con un formato de equipo y que contará con público en las gradas, con un máximo de 500 personas. Nombres como Mardy Fish, Sabine Lisicki, Jack Sock, Milos Raonic, Steve Johnson, Taylor Fritz, Taylor Townsend, Donald Young, Ryan Harrison, Christina McHale, Coco Vandeweghe y la belga Kim Clijters, entre otros, comprometieron su participación. Entre los ausentes estará Frances Tiafoe, que no pudo recuperarse tras el positivo que tuvo la semana pasada mientras disputaba un torneo de exhibición de Atlanta, donde fue reemplazado por Christopher Eubanks.

Todo esto en medio de una creciente ola de contagios, que pone en riesgo el Masters 1000 de Cincinnati y el US Open, previstos para el mes que viene en Nueva York. Casualmente, la ciudad donde el alcalde, Bill de Blasio, prohibió la celebración de “grandes eventos” hasta el 30 de septiembre, aunque el tenis, a disputarse a puertas cerradas, podría evitar esa medida.

En el golf vale el Siga, Siga 

Para Tiafoe, ser tenista resultó contraproducente. Si hubiese sido jugador de golf, su presencia en los links no estaría en discusión. Así lo demuestra los casos de los estadounidenses Denny McCarthy y Nick Watney y el sudafricano Dylan Frittelli, que esta semana participaron del Workday Charity Open en Ohio, un torneo válido por el PGA Tour ganado por el local Collin Morikawa en desempate con Justin Thomas.

Por más que dieron positivo de Covid, McCarthy, Watney y Frittelli pudieron participar del torneo gracias al protocolo más laxo que rige desde el 1 de julio, cuando se contempló que si pasaron al menos 10 días desde la aparición de síntomas y 72 horas sin fiebre, el jugador ya está en condiciones de competir. 

Denny McCarthy, uno de los tres jugadores con Covid-19 que participaron en el torneo del PGA Tour. (AFP)

“En las primeras etapas de la enfermedad, se supone que el virus es activo y puede causar contagio. A medida que pasa el tiempo y que los síntomas se resuelven, la teoría indica que este virus ya no es activo o contagioso”, argumentó Tom Hospel, asesor médico de la PGA. “Aprendimos que, en algunos casos, los individuos pueden seguir dando positivo durante semanas o meses y se tiene por entendido que esos individuos ya no son contagiosos“, aseguró el médico para justificar la decisión.

Lo concreto es que las formaciones originales para las salidas fueron cambiadas para que McCarthy, Watney y Frittelli salieran los tres juntos, sin tener contacto con otros competidores ni poder compartir espacios bajo techo. Y para fortuna de los organizadores, ninguno de los tres pudo superar el corte clasificatorio, por lo que no fue necesario reubicarlos con otros golfistas en las rondas decisivas. Desde que se reanudó la actividad hace un mes, más de una decena de personas, entre golfistas, caddies o familiares se contagiaron de coronavirus.

Ventajas y desventajas deportivas

La Liga rusa de fútbol regresó justo cuando la curva de contagio en el país comenzó a subir. En ese contexto, el Rostov, después de tener que aislar a su plantel por seis casos positivos, debió presentar una formación con juveniles en partido ante el Sochi, con resultado funesto: un lapidario 10-1, pese a que su arquerito fue figura y hasta atajó un penal. Después de las críticas, mejor suerte tuvo el Dynamo Moscú, ya que su encuentro ante el Krasnodar fue suspendido después de que tres de sus jugadores dieran positivo. 

En Estados Unidos, buscaron minimizar esos riesgos, por lo que pretendieron aislar a todos los jugadores en Orlando, en los complejos hoteleros de Disney. Pero no pudieron evitar las injusticias: como tuvieron casos positivos, los equipos de Dallas y Nashville fueron expulsados del torneo, lo que obligó a reprogramar el calendario que empezó a jugarse el miércoles. A Dallas, con diez futbolistas contagiados, lo sacaron de la competición la semana pasada. En cambio, a Nashville, con nueve positivos, lo eliminaron justo antes de tener que disputar su partido ante Chicago Fire. 

Pero los papelones no se quedaron ahí. Horas antes de que este domingo saltaran a la cancha D.C. United y Toronto, el partido debió ser postergado y ahora deberá ser reprogramado, después de que un jugador diera positivo y otro tuviera un resultado no concluyente en los test que les practicaron el día previo, de acuerdo a lo que informó la MLS. Se supone que ambos futbolistas serán aislados y la competencia podrá seguir como si nada hubiese pasado. 

Con la suspensión a última hora, al menos, se evitó un escándalo similar al que se dio en Bulgaria, donde 19 protagonistas terminaron contagiados después de un partido. El desaguisado comenzó con un error de laboratorio, ya que el test del defensor del Tsarko Selo Martin Kavdanski dio negativo, pese a que estaba infectado. Por ese motivo, Kavdanski jugó sin problemas el partido ante el Cherno More Varna. ¿El resultado? Tres compañeros contagiados y… 16 rivales, según el propio club visitante.

“Por los medios conocimos que el futbolista Kavdanski jugó contra nosotros siendo positivo de Covid-19”, publicó el Chermo More en un comunicado. “Hicimos dos pruebas a cada uno de nuestros jugadores y miembros de la administración, y lamentablemente 16 pruebas dieron positivo. Todos los futbolistas contagiados están bajo cuarentena y se tomaron todas las medidas de precaución”, completó el equipo búlgaro.

La situación podría haber quedado en una anécdota, pero el aumento de casos relacionados con el fútbol motivó esta semana que el Gobierno de Bulgaria decidiera que los eventos deportivos vuelvan a desarrollarse a puertas cerradas. El motivo principal fue la decena de casos que se dieron entre jugadores y miembros de los cuerpos técnicos de cuatro equipos de la Ligue 1 de fútbol y entre hinchas que el domingo pasado festejaron el triunfo de Lokomotiv Plovdiv ante CSKA Sofía en la final de la Copa de Bulgaria. Como el país había sido uno de los menos afectados de Europa, con 7175 casos y 246 fallecimientos, el Gobierno había permitido que se hicieran con público, hasta un 30 por ciento de la capacidad de los estadios.

Si jugar contagiado o ser apartado de un partido a última hora ya suena insólito, lo que le pasó el sábado al arquero del Belenenses portugués André Moreira resulta ciertamente ridículo. En el duelo ante el Moreirense de la Liga Nos, Moreira, que se encontraba en el banco de suplentes, debió abandonar el campo en el entretiempo para cumplir con la cuarentena. 

“En el medio tiempo se ordenó al jugador (André Moreira) que abandonara el campo por decisión de la Autoridad Nacional de Salud y de la doctora Graça Freitas, quienes indicaron que no se respetaron los criterios de distanciamiento y de cuarentena”, explicó la Liga Portuguesa en un comunicado publicado el sábado. La semana pasada, Joao Monteiro, el tercer arquero del club y compañero de habitación de Moreira, dio positivo de Covid, razón por la que el partido ante el Porto resultó postergado. Por ese motivo, Moreira, por ser un contacto directo, debió estar en cuarentena durante dos semanas, algo que no cumplió y que significó que tuviera que dejar el partido que su equipo finalmente perdió 1-0. 

El arquero André Moreira, en cuarentena durante un partido.

Diferente resultó el comportamiento del FC Zürich después de que el defensor Mirlind Kryeziu se contagiara. Tras testear a todos los integrantes del plantel, el club informó el sábado que varios futbolistas, sin precisar el número, habían dado positivo, por lo que todos los integrantes quedaron en cuarentena hasta el 17 de julio. Ante esa situación, la federación suiza ya le postergó sus próximos dos compromisos, ante el Sion y el Basilea.

La Burbuja en el ojo del huracán

El mismo fin de semana en que el Estado de la Florida informó un nuevo récord de contagios durante 24 horas, con 15.299 casos, la NBA consiguió instalar a los 22 equipos que competirán en la fase final de la temporada, en la denominada “Burbuja de Disney”. El desembarco de la Liga coincide con el peor momento sanitario del estado, con hospitales cerca de completar su capacidad de atención y con las autoridades preocupadas ante un posible colapso. 

Aunque todavía restan dos semanas para que comiencen los partidos, las alarmas están por dispararse a cada instante. Además, varias nombres importantes pegarán el faltazo, ya sea por haber dado positivo, por temor a contagiarse o contagiar a familiares o porque prefieren focalizarse en la siguiente temporada. Así ya están confirmadas las ausencias de DeAndre Jordan, Wilson Chandler, Nicolas Claxton y Spencer Dinwiddie (Brooklyn), Thabo Sefolosha (Houston), Trevor Ariza y Caleb Swanigan (Portland), Victor Oladipo (Indiana), Willie Cauley-Stein (Dallas), Avery Bradley (Lakers), LaMarcus Aldridge (San Antonio), Bojan Bogdanovic (Utah) y Kelly Oubre Jr. (Phoenix), entre otros. 

Con casos positivos, Sacramento, Milwaukee, Miami, Clippers, Denver, Phoenix y Brooklyn cerraron sus instalaciones en las últimas semanas y recién reanudaron sus entrenamientos en Orlando, con lo que resulta evidente que llegarán con poco rodaje a la competencia. Y eso, si es que el coronavirus no traspasa la frontera de la Burbuja y produce un descalabro que complique el regreso.

Bajas a último momento

Más allá de los protocolos, el boxeo tampoco quedó exento de los imprevistos. El combate entre Mikkel LesPierre y el puertorriqueño José Pedraza en el MGM de Las Vegas fue suspendido horas antes de concretarse, después de que José Taveras, manager del boxeador estadounidense, diera positivo. Y horas antes de subir al ring ante su compatriota Helen Joseph, la estadounidense Mikaela Mayer también se tuvo que bajar de una velada organizada por Top Rank en Las Vegas por culpa del Covid.

El sábado pasado hubiese sido una jornada estelar para el UFC, ya que en Abu Dhabi se iban a enfrentar el nigeriano Kamaru Usman, campeón mundial de peso welter, ante el brasileño Gilbert Burns, pero el luchador sudamericano confirmó haber dado positivo por Covid-19, por lo que el combate debió ser cancelado. En su lugar y con un puñado de días de preparación, el estadounidense Jorge Masvidal aceptó el reto, pero perdió por puntos en fallo unánime ante el campeón africano.

Y en el automovilismo, el mismo fin de semana que la Fórmula 1 conseguía regresar a la actividad en Austria, la leyenda del Nascar Jimmie Johnson tuvo que desistir de participar en la carrera de Indianapolis por un test positivo, al igual que uno de sus mecánicos. Su lugar en la carrera lo ocupó Justin Allgaier. Una muestra más de que por más que el deporte pretenda regresar a la normalidad, el virus sigue teniendo otros planes.





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Muggsy Bogues, el basquetbolista más bajo de la NBA | La inspiradora historia del ídolo de los Charlotte Hornets 



Era una noche cualquiera de 1970 en Layafette Courts, un condominio de casas públicas que el estado de Baltimore había construido en el este de la ciudad. Un barrio oscuro, carenciado, peligroso, sitiado por la droga y la delincuencia. El nene de cinco años escuchó la explosión del vidrio de una ventana, bajó corriendo las escaleras y, curioso, salió a la calle para ver qué había pasado. Enojado por un nuevo hecho vandálico, el dueño de la tienda tomó su escopeta y disparó hacia afuera, en medio de la noche, con tanta mala suerte que el tiro impactó en las manos y las piernas de ese inocente niño llamado Tyrone Curtis Bogues. “Aquel accidente cambió mi vida. Y mi cabeza… Aunque era muy chico entendí que había que salir de allí, como fuera. La expectativa de vida en mi barrio era de 20 años. Nadie pensaba en vivir más que eso. Esa noche supe que la vida podía terminarse en un instante y que tenía que luchar por otra diferente. Pudo ser una tragedia, pero no lo fue y me sirvió para ser quien soy hoy”, recuerda a los 55 años luego de dejar una huella indeleble en la NBA y el básquet mundial. Muggsy, como fue conocido, quedó en la historia por ser el jugador más bajo (1m59), aunque su legado ha trascendido mucho más allá. Primero dejó un ejemplo inspirador de cómo trascender un contexto social muy desfavorable, luego demostró midiendo tan poco que se podía llegar a lo máximo en un deporte de gente alta (jugó 15 temporadas en la mejor liga del mundo y es el líder histórico de una franquicia –Hornets- en asistencias, robos y minutos) y, lo más importante, terminó salvando la vida de parte de su familia, sacando al padre de la cárcel y a su hermano mayor de las drogas.

Una dura historia familiar

Su padre Richard, trabajador portuario, medía 1m67 y su madre, Elaine, ama de casa, apenas 1m50. Pero Muggsy, el menor de cuatro hermanos (una mujer), repetía que quería ser jugador de básquet, midiendo apenas 1m45, siendo el más bajo de sus amigos, de la escuela y el barrio… Una situación difícil que empeoraría aún más. Pocos meses después, a los 12 años, Richard iría preso por robo a mano armada (también vendía drogas, según admitió el mismo Muggsy) y la madre quedaría a cargo de todo, con varios de sus hijos casi a la deriva, en un barrio sumido en la pobreza y la desigualdad. “Mi crianza fue tan dura como te puedas imaginar. Hasta vi cómo mataron a un hombre con un bate de béisbol. Tampoco estoy orgulloso de lo que gente cercana hizo. Pero sospecho que tuvo que ver con una forma desesperada de sobrevivir. Todas estas cosas me hicieron madurar de golpe”, explicó. Desde muy chico, Muggsy tuvo que adaptarse a superar un ambiente desfavorable. “Muchos de mi barra crecimos sin padre. Era normal. Lo mismo que el racismo o los problemas económicos. En los años 60 y 70 era muy difícil mantener unida a una familia. La falta de dinero hacía que mucha gente se involucrara en actividades ilegales”, recordó. Su padre fue uno de ellos y por eso recibió 20 años de prisión. Lo mismo que su hermano mayor, Chuckie, que se sumió en el consumo de drogas…

En el camino del básquet

Muggsy Bogues, base de la selección de EE.UU.

El básquet fue su vía de escape, “lo que realmente me salvó la vida”, aclaró. En el playground del barrio se destacaba, incluso entre amigos que terminarían en la NBA. Cuentan que sus duelos callejeros junto a Reggie Williams contra David Wingate y Reggie Lewis (sería estrella de los Celtics) eran épicos y convocan a decenas de fans a la canchita del barrio… Y fue en el secundario Dunbar donde Bogues vio la oportunidad de escapar de ese destino que parecía marcado. Fue el base de un equipo talentoso y renombrado a nivel nacional (preclasificado N° 1) que, durante dos temporadas, se mantuvo invicto en 60 partidos, gracias a un cuarteto temible que Bogues formada con Williams, Wingate y Lewis. Pese a compartir equipos con tres futuros NBA y escuchar durante años que no podía jugar a un deporte de altos, Bogues fue votado como el más valioso de aquel equipo. “Mucha gente creía que no podía jugar. Tuve que romper muchas barreras y demostrarle a muchos que estaban equivocados”, explicó. Muggsy logró una beca en la Universidad de Wake Forest y jugó los cuatro años, promediando 11.3 puntos, 8.4 asistencias y 3.1 robos. Cuando terminó su experiencia universitaria, en la conferencia ACC era el líder histórico en pases gol y recuperos. Siendo uno de los mejores bases de la nación fue llamado para la selección estadounidense que disputó y ganó el Mundial de 1986. Su única derrota fue ante la Argentina de Cortijo, Camissasa, Romano y Montenegro. Una imagen suya en la final, tirando por encima del ruso Arvydas Sabonis (que con 2,21 metros, era 62 centímetros más alto), es la imagen más potente de aquel torneo en España.

El equipo de la secundaria Dumbar.

Las puertas abiertas de la NBA

Su nivel y popularidad hicieron que, en 1987, fuera elegido en el N° 12 del draft de la NBA por Washington. Los Bullets le firmaron un contrato de un 1 millón de dólares por cuatro años y él usó parte de su dinero para comprarle una casa a su madre y contratar un nuevo abogado para sacar a su padre de la cárcel, algo que lograría tres años después. “Ambas cosas me cambiaron la vida y me dieron paz interior”, admitió. En la NBA ganó fama por su gran manejo de balón, velocidad, agresividad e intensidad. Pero, en especial, por su determinación y confianza. Nunca se sintió menos que nadie, pese a jugar con colegas que le llevaban hasta 70 centímetros. De hecho, en aquella primera temporada en Washington se viralizó su foto con un compañero, Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31). Pero, claro, no todo salió como quería: el estilo de juego de los Bullets no explotó al máximo las virtudes de Bogues y sus minutos cayeron hasta el punto de ser prescindible. “En Washington nunca terminaron de creer en mí. Es más, siento que me eligieron más por el marketing… Y cuando la prensa empezó a decir que yo era muy bajo, empezaron a dudar y se les terminó la paciencia”, recuerda.

Muggsy Boguer junto a Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31).

Figura de Charlotte Hornets

Pero sí hubo un equipo que confió en él: Charlotte Hornets, flamante franquicia NBA en 1989. Tras un inicio con dudas, la llegada de un nuevo DT cambiaría todo. Alan Briston armó un ataque en base a las cualidades de Muggsy y desarrolló un equipo que daría que hablar, con Larry Johnson y Alonzo Mourning como figuras. “Habrá otro Larry Bird antes que otro Muggsy Bogues”, declaró Bristow, dejando claro la dificultad de lo logrado por un base de 1m59. En la 93/94 promedió 10.8 puntos y 10.1 asistencias. Un éxito que les abrió la puerta a varios “petisos” como Isaiah Thomas (1m75), Nate Robinson (1m74) o Earl Boykins (1m60). “Algunos jugadores sentían que tenían ventajas sobre mí sólo por ser más altos y terminaba siendo al revés. Yo estudiaba a los rivales, sabía sus fortalezas y debilidades. Una de las cosas que más los molestaba era que los presionara toda la cancha, que me metiera debajo de ellos. Se terminaban enojando… Me encantaba competir y demostrar que la altura no era todo”, analizó quien adquirió una populardad que le permitió ser uno de los NBA elegidos para estar en la película Space Jam. Su ascenso se detuvo a partir de una lesión en su rodilla derecha que nunca le permitió ser el mismo. En 1997 resultó cambiado a Golden State y terminó en Toronto hasta su retiro, en 2001. Pero su legado resultó enorme gracias a la determinación para superar prejuicios y contextos desfavorables. “Nunca me quedé pensando en los ‘y sí’ que tanto se repiten en el deporte. Trabajé con lo que Dios me dio y siempre me sentí cómodo con eso, con mi altura, mi cuerpo y condiciones. Además, siempre creí en mí, supe que tenía otras cualidades que podían ser importantes en la cancha. Y pensé que pertenecía a ese mundo”, analizó para Sports Illustrated.

Victorias fuera de la cancha

Aunque lo suyo en el básquet fue muy importante, su mayor victoria se dio fuera de la cancha, superando golpes durísimos y ayudando a quienes lo rodeaban. Primero a su padre. Su trabajo, con nuevos abogados, le pemitió sacarlo de la cárcel cinco años antes de cumplir la sentencia de 20 que le habían dado en Baltimore. Al menos Richard podría vivir en libertad los siguientes tres años de su vida: fallecería en agosto del 93, a causa de una neumonía. Tiempos difíciles para Muggsy. Ocho días antes, el 27 de julio, uno de sus mejores amigos, Reggie Lewis, figura de los Celtics, había colapsado en la cancha y fallecido de un ataque cardíaco repentino. Pero él todavía tenía una misión. En la cancha, probar su valía y afuera, dar la batalla más grande de su vida: salvar a su hermano mayor de las drogas. “Yo tomaba lo que hubiera: heroína, cocaína…”, admitió Chuckie, quien fue arrestrado una vez en 1993 y en 1995 estaba tan metido en el consumo que “ni siquiera se podía tener una conversación conmigo”. Muggsy se lo llevó a su casa en Charlotte y, en silencio, se bancó la rehabilitación. “Si no fuera por él, no estaría acá hablando”, admitió en una nota para ESPN.

Muggsy junto su hermano Chukie, a quien sascó de las drogas.

“Salvarlo era mi trabajo. La familia no sólo está para los momentos buenos. Es lo que me enseñaron mis padres…”, admitió. Los primeros seis meses de Chuckie en su casa fueron brutales: era normal que Muggsy llegara y lo encontrara tirintando, tapado por frazadas. O llorando. Se pasaba parte limpiando sus vómitos. Era normal cocinarle, dejarle el plato al lado de la cama y al mañana siguiente siguiente ver que Chuckie no lo había tocado. Mugssy no se lo contó a nadie, ni siquiera a sus compañeros de equipo. Por momentos se cuestionaba si estaba haciendo bien, pero seguía creyendo que, en el caso del hermano, su casa era mejor que un centro de rehabilitación. Muggsy recuerda un día que Chuckie lo miró a los ojos, como podía, y le dijo “no te voy a decepcionar, hermano”. En 1996, durante la mejor temporada de los Hornets, pudo empezar a salir de la casa y el base comenzó llevarlo a las prácticas y partidos. En el equipo lo adoraban.

Muggsy pudo rehacer su vida. Se casó con Sharon Smith y estuvieron juntos durante seis años. Hasta que el destino volvió a golpearlo. Su novia murió de un cáncer de pecho en 2009. Luego también se ocupó de su hijo mayor, Ty, cuando desvió su camino y tras lograrlo, ya con el chico egresado de la facultad, volvió a juntarse con su ex esposa Kim. Los impactos nunca se detuvieron: su hermana Helen falleció de cáncer de garganta en 2015. Pero él nunca dejó su luchar y ayudar al prójimo. Capaz de vestirse de Papa Noel para ir a un shopping en Charlotte (le dieron la llave de la ciudad), de sacarles sonrisas a los niños que ni imaginaban que detrás de ese disfraz había un ex jugador de la NBA y campeón del mundo. Así Muggsy quiere ser recordado, mucho más que por ser el jugador más bajo de la historia o el líder de asistencias de los Hornets. “A todos los chicos que me cruzo les digo que pueden ser lo que quieran en la vida. Nadie ni nada debe desviarlos del camino y destruir sus sueños. Deben saber que pueden”, es el mensaje de una figura cuya historia nos enseña e inspira a ser mejores cada día.



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Muggsy Bogues, el basquetbolsita más bajo de la NBA | La inspiradora historia del ídolo de los Charlotte Hornets 



Era una noche cualquiera de 1970 en Layafette Courts, un condominio de casas públicas que el estado de Baltimore había construido en el este de la ciudad. Un barrio oscuro, carenciado, peligroso, sitiado por la droga y la delincuencia. El nene de cinco años escuchó la explosión del vidrio de una ventana, bajó corriendo las escaleras y, curioso, salió a la calle para ver qué había pasado. Enojado por un nuevo hecho vandálico, el dueño de la tienda tomó su escopeta y disparó hacia afuera, en medio de la noche, con tanta mala suerte que el tiro impactó en las manos y las piernas de ese inocente niño llamado Tyrone Curtis Bogues. “Aquel accidente cambió mi vida. Y mi cabeza… Aunque era muy chico entendí que había que salir de allí, como fuera. La expectativa de vida en mi barrio era de 20 años. Nadie pensaba en vivir más que eso. Esa noche supe que la vida podía terminarse en un instante y que tenía que luchar por otra diferente. Pudo ser una tragedia, pero no lo fue y me sirvió para ser quien soy hoy”, recuerda a los 55 años luego de dejar una huella indeleble en la NBA y el básquet mundial. Muggsy, como fue conocido, quedó en la historia por ser el jugador más bajo (1m59), aunque su legado ha trascendido mucho más allá. Primero dejó un ejemplo inspirador de cómo trascender un contexto social muy desfavorable, luego demostró midiendo tan poco que se podía llegar a lo máximo en un deporte de gente alta (jugó 15 temporadas en la mejor liga del mundo y es el líder histórico de una franquicia –Hornets- en asistencias, robos y minutos) y, lo más importante, terminó salvando la vida de parte de su familia, sacando al padre de la cárcel y a su hermano mayor de las drogas.

Una dura historia familiar

Su padre Richard, trabajador portuario, medía 1m67 y su madre, Elaine, ama de casa, apenas 1m50. Pero Muggsy, el menor de cuatro hermanos (una mujer), repetía que quería ser jugador de básquet, midiendo apenas 1m45, siendo el más bajo de sus amigos, de la escuela y el barrio… Una situación difícil que empeoraría aún más. Pocos meses después, a los 12 años, Richard iría preso por robo a mano armada (también vendía drogas, según admitió el mismo Muggsy) y la madre quedaría a cargo de todo, con varios de sus hijos casi a la deriva, en un barrio sumido en la pobreza y la desigualdad. “Mi crianza fue tan dura como te puedas imaginar. Hasta vi cómo mataron a un hombre con un bate de béisbol. Tampoco estoy orgulloso de lo que gente cercana hizo. Pero sospecho que tuvo que ver con una forma desesperada de sobrevivir. Todas estas cosas me hicieron madurar de golpe”, explicó. Desde muy chico, Muggsy tuvo que adaptarse a superar un ambiente desfavorable. “Muchos de mi barra crecimos sin padre. Era normal. Lo mismo que el racismo o los problemas económicos. En los años 60 y 70 era muy difícil mantener unida a una familia. La falta de dinero hacía que mucha gente se involucrara en actividades ilegales”, recordó. Su padre fue uno de ellos y por eso recibió 20 años de prisión. Lo mismo que su hermano mayor, Chuckie, que se sumió en el consumo de drogas…

En el camino del básquet

Muggsy Bogues, base de la selección de EE.UU.

El básquet fue su vía de escape, “lo que realmente me salvó la vida”, aclaró. En el playground del barrio se destacaba, incluso entre amigos que terminarían en la NBA. Cuentan que sus duelos callejeros junto a Reggie Williams contra David Wingate y Reggie Lewis (sería estrella de los Celtics) eran épicos y convocan a decenas de fans a la canchita del barrio… Y fue en el secundario Dunbar donde Bogues vio la oportunidad de escapar de ese destino que parecía marcado. Fue el base de un equipo talentoso y renombrado a nivel nacional (preclasificado N° 1) que, durante dos temporadas, se mantuvo invicto en 60 partidos, gracias a un cuarteto temible que Bogues formada con Williams, Wingate y Lewis. Pese a compartir equipos con tres futuros NBA y escuchar durante años que no podía jugar a un deporte de altos, Bogues fue votado como el más valioso de aquel equipo. “Mucha gente creía que no podía jugar. Tuve que romper muchas barreras y demostrarle a muchos que estaban equivocados”, explicó. Muggsy logró una beca en la Universidad de Wake Forest y jugó los cuatro años, promediando 11.3 puntos, 8.4 asistencias y 3.1 robos. Cuando terminó su experiencia universitaria, en la conferencia ACC era el líder histórico en pases gol y recuperos. Siendo uno de los mejores bases de la nación fue llamado para la selección estadounidense que disputó y ganó el Mundial de 1986. Su única derrota fue ante la Argentina de Cortijo, Camissasa, Romano y Montenegro. Una imagen suya en la final, tirando por encima del ruso Arvydas Sabonis (que con 2,21 metros, era 62 centímetros más alto), es la imagen más potente de aquel torneo en España.

El equipo de la secundaria Dumbar.

Las puertas abiertas de la NBA

Su nivel y popularidad hicieron que, en 1987, fuera elegido en el N° 12 del draft de la NBA por Washington. Los Bullets le firmaron un contrato de un 1 millón de dólares por cuatro años y él usó parte de su dinero para comprarle una casa a su madre y contratar un nuevo abogado para sacar a su padre de la cárcel, algo que lograría tres años después. “Ambas cosas me cambiaron la vida y me dieron paz interior”, admitió. En la NBA ganó fama por su gran manejo de balón, velocidad, agresividad e intensidad. Pero, en especial, por su determinación y confianza. Nunca se sintió menos que nadie, pese a jugar con colegas que le llevaban hasta 70 centímetros. De hecho, en aquella primera temporada en Washington se viralizó su foto con un compañero, Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31). Pero, claro, no todo salió como quería: el estilo de juego de los Bullets no explotó al máximo las virtudes de Bogues y sus minutos cayeron hasta el punto de ser prescindible. “En Washington nunca terminaron de creer en mí. Es más, siento que me eligieron más por el marketing… Y cuando la prensa empezó a decir que yo era muy bajo, empezaron a dudar y se les terminó la paciencia”, recuerda.

Muggsy Boguer junto a Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31).

Figura de Charlotte Hornets

Pero sí hubo un equipo que confió en él: Charlotte Hornets, flamante franquicia NBA en 1989. Tras un inicio con dudas, la llegada de un nuevo DT cambiaría todo. Alan Briston armó un ataque en base a las cualidades de Muggsy y desarrolló un equipo que daría que hablar, con Larry Johnson y Alonzo Mourning como figuras. “Habrá otro Larry Bird antes que otro Muggsy Bogues”, declaró Bristow, dejando claro la dificultad de lo logrado por un base de 1m59. En la 93/94 promedió 10.8 puntos y 10.1 asistencias. Un éxito que les abrió la puerta a varios “petisos” como Isaiah Thomas (1m75), Nate Robinson (1m74) o Earl Boykins (1m60). “Algunos jugadores sentían que tenían ventajas sobre mí sólo por ser más altos y terminaba siendo al revés. Yo estudiaba a los rivales, sabía sus fortalezas y debilidades. Una de las cosas que más los molestaba era que los presionara toda la cancha, que me metiera debajo de ellos. Se terminaban enojando… Me encantaba competir y demostrar que la altura no era todo”, analizó quien adquirió una populardad que le permitió ser uno de los NBA elegidos para estar en la película Space Jam. Su ascenso se detuvo a partir de una lesión en su rodilla derecha que nunca le permitió ser el mismo. En 1997 resultó cambiado a Golden State y terminó en Toronto hasta su retiro, en 2001. Pero su legado resultó enorme gracias a la determinación para superar prejuicios y contextos desfavorables. “Nunca me quedé pensando en los ‘y sí’ que tanto se repiten en el deporte. Trabajé con lo que Dios me dio y siempre me sentí cómodo con eso, con mi altura, mi cuerpo y condiciones. Además, siempre creí en mí, supe que tenía otras cualidades que podían ser importantes en la cancha. Y pensé que pertenecía a ese mundo”, analizó para Sports Illustrated.

Victorias fuera de la cancha

Aunque lo suyo en el básquet fue muy importante, su mayor victoria se dio fuera de la cancha, superando golpes durísimos y ayudando a quienes lo rodeaban. Primero a su padre. Su trabajo, con nuevos abogados, le pemitió sacarlo de la cárcel cinco años antes de cumplir la sentencia de 20 que le habían dado en Baltimore. Al menos Richard podría vivir en libertad los siguientes tres años de su vida: fallecería en agosto del 93, a causa de una neumonía. Tiempos difíciles para Muggsy. Ocho días antes, el 27 de julio, uno de sus mejores amigos, Reggie Lewis, figura de los Celtics, había colapsado en la cancha y fallecido de un ataque cardíaco repentino. Pero él todavía tenía una misión. En la cancha, probar su valía y afuera, dar la batalla más grande de su vida: salvar a su hermano mayor de las drogas. “Yo tomaba lo que hubiera: heroína, cocaína…”, admitió Chuckie, quien fue arrestrado una vez en 1993 y en 1995 estaba tan metido en el consumo que “ni siquiera se podía tener una conversación conmigo”. Muggsy se lo llevó a su casa en Charlotte y, en silencio, se bancó la rehabilitación. “Si no fuera por él, no estaría acá hablando”, admitió en una nota para ESPN.

Muggsy junto su hermano Chukie, a quien sascó de las drogas.

“Salvarlo era mi trabajo. La familia no sólo está para los momentos buenos. Es lo que me enseñaron mis padres…”, admitió. Los primeros seis meses de Chuckie en su casa fueron brutales: era normal que Muggsy llegara y lo encontrara tirintando, tapado por frazadas. O llorando. Se pasaba parte limpiando sus vómitos. Era normal cocinarle, dejarle el plato al lado de la cama y al mañana siguiente siguiente ver que Chuckie no lo había tocado. Mugssy no se lo contó a nadie, ni siquiera a sus compañeros de equipo. Por momentos se cuestionaba si estaba haciendo bien, pero seguía creyendo que, en el caso del hermano, su casa era mejor que un centro de rehabilitación. Muggsy recuerda un día que Chuckie lo miró a los ojos, como podía, y le dijo “no te voy a decepcionar, hermano”. En 1996, durante la mejor temporada de los Hornets, pudo empezar a salir de la casa y el base comenzó llevarlo a las prácticas y partidos. En el equipo lo adoraban.

Muggsy pudo rehacer su vida. Se casó con Sharon Smith y estuvieron juntos durante seis años. Hasta que el destino volvió a golpearlo. Su novia murió de un cáncer de pecho en 2009. Luego también se ocupó de su hijo mayor, Ty, cuando desvió su camino y tras lograrlo, ya con el chico egresado de la facultad, volvió a juntarse con su ex esposa Kim. Los impactos nunca se detuvieron: su hermana Helen falleció de cáncer de garganta en 2015. Pero él nunca dejó su luchar y ayudar al prójimo. Capaz de vestirse de Papa Noel para ir a un shopping en Charlotte (le dieron la llave de la ciudad), de sacarles sonrisas a los niños que ni imaginaban que detrás de ese disfraz había un ex jugador de la NBA y campeón del mundo. Así Muggsy quiere ser recordado, mucho más que por ser el jugador más bajo de la historia o el líder de asistencias de los Hornets. “A todos los chicos que me cruzo les digo que pueden ser lo que quieran en la vida. Nadie ni nada debe desviarlos del camino y destruir sus sueños. Deben saber que pueden”, es el mensaje de una figura cuya historia nos enseña e inspira a ser mejores cada día.



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La impresionante demolición del estadio más odiado por Michael Jordan | El Palacio de Auburn Hills, de Detroit Pistons, será un complejo de oficinas



Hogar de las tres consagraciones de los Detroit Pistons, escenario de la mayor hecatombe que se recuerde en la NBA y, por supuesto, uno de los lugares donde más sufrió Michael Jordan cuando todavía no era leyenda. Este sábado fue demolido el Palacio de Auburn Hills, el estadio con mayor capacidad de espectadores de la liga estadounidense (22.076) y, en segundos, un gran pedazo de historia deportiva se esfumó.

Para Jordan, casi un sitio maldito: 19 derrotas y 12 triunfos para el considerado como el mejor basquetbolista de todos los tiempos. El record perdedor en Auburn Hills del emblemático número 23 fue incluso mucho peor antes del retiro de su archienemigo Isiah Thomas, base de los Pistons: 15 caídas y sólo 6 victorias. Claro que recordar el emblemático estadio sólo por “Su Majestad”, no es hacerle justicia.

El Palacio fue el sitio donde los Pistons se hicieron un nombre. En la primera temporada que tuvieron allí como locales, los “Chicos Malos” de Thomas, Dennis Rodman, Joe Dumars, Bill Lambieer y Chuck Daly consiguieron sus primeros títulos (1989 y 1990), metiéndose en la élite de la NBA, pasando a la historia como los grandes rivales de los Bulls en los ’90. Un año antes, habían caído en las finales ante los Lakers de Magic Johnson, Kareem Abdul-Jabbar y James Worthy.

Más de una década después, en 2004, la ciudad automotriz volvió a festejar gracias a otro equipo duro, comandado por Larry Brown y liderado en la cancha por el especialista defensivo Ben Wallace, el base tirador Chauncey Billups y el escurridizo escolta Richard Hamilton, que dio la sorpresa al sopapaear a los Lakers de Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone y Gary Payton por 4-1. Al año siguiente, también llegaron a las finales, pero no pudieron contra los San Antonio Spurs de Manu Ginóbili (18,7 puntos, 5,9 rebotes y 4 asistencias en la serie a siete juegos).

Fue por esos tiempos que el Palacio fue testigo de una monumental gresca denominada “Malicia en el Palacio” entre el equipo local e Indiana Pacers. El episodio se desató cuando quedaba poco para la victoria visitante sobre los campeones vigentes. Ben Wallace, poco acostumbrado a anotar, se fue para la bandeja y Ron Artest (por entonces un chico malo del juego, previo a cambiarse su nombre por Metta World Peace) lo castigó. Al pivot de Detroit, de característico peinado afro cuando jugaba en casa (de visitante, se hacía trenzas cocidas), no le gustó y lo encaró. Empujones fueron, empujones vinieron y, tras algunos minutos, la cosa se detuvo mientras los árbitros revisaban las imágenes de video para repartir sanciones.

Acostado como tomando sol sobre una de las mesas de anotación, Artest esperaba el veredicto, hasta que un vaso con líquido voló desde las tribunas y le impactó. El alero salió disparado hacia los hinchas locales para repartir a diestra y siniestra, lesionando mientras tanto a un periodista que estaba en su camino. Su compañero, Stephen Jackson lo acompañó. Y luego también se sumaron Wallace y otros Pistons. Jugadores vs. hinchas en el estadio. Inconcebible en la elegante NBA. Un episodio digno del noventoso “Deportes en el recuerdo” de Videomatch.

Ya en 2017, lejos de la era de éxitos en que Detroit lideraba los rankings de asistencia a los partidos, el Palacio dejó de ser utilizado por los Pistons, como consecuencia de la renovada estrategia de marketing comandada por la nueva gerencia del equipo, que compró la franquicia en 2011 y quería un estadio más cercano al centro de la ciudad para, así, “renovar” su público. Auburn Hills, una ciudad de menos de 30 mil habitantes, está a casi 40 kilómetros de Detroit (4 millones de personas). Por ende, se mudaron a un estadio de usos múltiples, el Little Ceasers Arena, con capacidad para 20.332 espectadores.

¿El futuro del terreno del Palacio, distinguido además como uno de los pocos estadios que no prestó su nombre a sponsoreos comerciales en la NBA? Será un complejo de oficinas e investigación de empresas tecnológicas, un proyecto que tiene entre sus principales inversores a, casualmente, el dueño de los Pistons, el magnate de las finanzas Tom Gores.



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Segurola: “El Barcelona rodeó a Messi de un vacío abismal y agotador”

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