Categorías
Argentina Sociedad

Dolly Parton cumplirá 75 años y quiere volver a ser tapa de Playboy  | La Reina del Country aseguró que le gustaría posar con el traje de conejita



Dolly Parton, la cantante estadounidense conocida como la “Reina del country”, aseguró que volverá a protagonizar la portada de la revista Playboy. Según adelantó, planea hacerlo para su cumpleaños número 75, en enero de 2021, cuando se cumplirán 43 años desde que posó por primera vez para ese medio. 

Esta semana, durante el programa de Radio 5 Live, aseguró que ya inició el diálogo con la revista para organizar su reaparición.  “Sí, puede que lo haga. Sí, puedo hacerlo con buen gusto, y lo hacemos junto con una muy buena entrevista dentro del número”, dijo la leyenda musical.

“Hice la revista Playboy hace años y pienso que sería un puntazo si pudiera volver a aparecer en la portada cuando tenga 75 años. Probablemente podría usar el mismo traje. Las tetas siguen siendo las mismas“, agregó.

Dolly Parton no ha perdido la vitalidad. Según contó, se levanta a las 3 de la mañana para trabajar y recientemente lanzó su álbum de estudio número 47, A Holly Dolly Christmas. Tmbién tiene en puerta una producción con la plataforma digital Netflix.

Su posible aparición en la tapa de una revista como Playboy vuelve a poner en escena el debate sobre la representación de los cánones de belleza y juventud que imperan en los medios hegemónicos. Habrá que esperar a enero para conocer la postura que la revista tomará respecto a Dolly Parton: si la mostrará tal cual es o si recurrirá al abuso de photoshop cada vez más problematizado por referentes de todo el mundo.

Aunque no es la tendencia que predomina, en los últimos años son cada vez más las mujeres mediáticas que se muestran frente a las cámaras tal cual son, con los signos que la vejez ha dejado en sus cuerpos. La intención, explican estas mujeres, no es romantizar la vejez ni imponer nuevos estereotipos, sino instalar en los medios representaciones más democráticas.



Fuente link:

Categorías
Argentina Sociedad

Francia prohibirá los “certificados de virginidad” | Es una prueba que algunas comunidades religiosas exigen a las mujeres para casarse



El gobierno francés prohibirá los “certificados de virginidad” que algunas comunidades religiosas exigen a las mujeres como requisito para el casamiento. Así lo anunció la ministra de Ciudadanía, Malène Schiappa, quien adelantó que este tipo de pruebas serán penalizadas porque “socavan la dignidad de las jóvenes”.

“La dignidad de las mujeres no se negocia”, sostuvo la antigua responsable de Igualdad en el Gobierno de Emmanuel Macron y actual ministra de Ciudadanía, principal impulsora de la prohibición y penalización de los “certificados de virginidad” que el Ejecutivo francés quiere incluir en su futura ley contra el separatismo religioso, centrada sobre todo en el islamismo. 

“Prohibiremos por ley y penalizaremos las pruebas y los certificados de virginidad, ¡socavan la dignidad de las jóvenes!”, dijo Schiappa a través de sus redes sociales. Según adelantó, si la propuesta queda enmarcada dentro de un proyecto de ley y es aprobada, esta práctica supondrá una multa de 15.000 euros y hasta un año de prisión.

¿Qué son los certificados de virginidad?

Los certificados de virginidad son una práctica habitual en países musulmanes como Marruecos, donde las mujeres tienen que pasar por una revisación médica para asegurar ante sus familiares que no tuvieron sexo antes del casamiento.

En 2018, la ONU Derechos Humanos, junto con ONU Mujeres y la Organización Mundial de la Salud (OMS), hicieron un llamamiento mundial para eliminar las pruebas de virginidad y todo tipo de exámenes ginecológicos “realizados en la creencia de que permiten determinar si una mujer o niña ha tenido relaciones sexuales vaginales”. 

En el comunicado, describieron a esta costumbre como “una práctica innecesaria desde el punto de vista médico, y muchas veces dolorosa, humillante y traumática”. Representantes del gobierno marroquí, sin embargo, se excusaron al explicar que este tipo de pruebas no respondían a ninguna obligación legal, desatendiendo así el llamamiento de la ONU y la OMS.

En Francia, también la Orden de Médicos, responsable de la regulación deontológica del gremio, pidió el año pasado “rechazar” las demandas de certificados de virginidad, al igual que el Colegio Nacional de Ginecólogos de Francia. Hasta ahora, sin embargo, no hay una prohibición formal. 

Propuesta para prohibir los certificados

“Antes de su boda, algunas se prueban un vestido blanco, otras un anillo o hacen la lista de invitados… pero para otras, los preparativos de la ceremonia son menos alegres. Para algunas, casarse significa sufrir lo que se llama una prueba de virginidad (…) para que un profesional la examine y ‘certifique’ su virginidad”, explicó Schiappa la semana pasada, en vísperas del discurso de Macron contra el separatismo islamista.

Para la ministra, este tipo de prácticas son comparables con la certificación de animales. Es “como cuando uno se asegura del pedigrí de un animal, de la ‘pureza’ de su sangre, antes de comprarlo”, denunció.

Aunque Macron no mencionó la inclusión de esta prohibición en la futura ley contra el separatismo religioso que será presentada en diciembre, Schiappa asegura que así sera.  

Según explicó, lo que propone el Gobierno es “penalizar a los que extienden esos certificados” y, eventualmente, “también a los que los piden, como los padres”. En declaraciones a la cadena BFMTV, también adelantó que se buscará prohibir otros certificados “no médicos” como el que atestigua una supuesta alergia al cloro para evitar que las chicas tengan que ir a la piscina, otro de los lugares habituales de choque en materia de laicidad.

Pese a las aseveraciones oficiales, la medida aún tiene que ser completada y aprobada por los diputados, un proceso que no concluirá antes del año que viene.

Repercusiones

“Como mujer, como madre de tres niñas, considero que es abyecto y un deshonor para la mujer tener que presentar ese certificado a su futuro esposo y familia política. Es muy buena idea retirarlos, es algo ancestral que hay que excluir de la sociedad”, sostuvo Fatiha Boyer, de la asociación de mujeres Ni Putas Ni Sumisas y musulmana muy activa en la lucha contra el extremismo religioso.

Para la ginecóloga Ghada Hatem, jefa de La Maison des Femmes en Seine-Saint-Denis, en la periferia parisina, que acoge a mujeres vulnerables y víctimas de violencia, así como está planteada la propuesta es una “muy mala idea” porque se “castiga a la persona equivocada”.

“Si se pudiera penalizar a los padres, a los hermanos, a las comunidades, pues bien. Pero castigar a los médicos es lo contrario de útil. Si el médico no las puede recibir, no tienen a nadie con quien hablar, es una respuesta equivocada”, señaló la ginecóloga, quien reconoció haber expedido este tipo de certificados sin realizar la correspondiente prueba de virginidad.

La Asociación Nacional de Centros de Aborto y de Contracepción (Ancic) sostuvo que “las demandas de esos certificados constituyen una violencia contra las mujeres, un ataque a su dignidad y a la igualdad mujer-hombre”. Esos certificados, dijo la asociación en un comunicado, demuestran “mucha hipocresía social”. Además, aclaró, “ningún profesional puede certificar la virginidad de una mujer”.

Al mismo tiempo“, opinó en línea con las consideraciones de la ginecóloga Hatem, “somos conscientes de que en algunas situaciones extremas, las mujeres corren un peligro real. Es entonces cuando rechazar la redacción de un certificado constituye una nueva violencia, y los profesionales toman la decisión que les parece más ética: hacer ese documento para protegerlas”. 

Como este tipo de certificados no son oficiales ni están registrados, no existen estadísticas que den cuenta de la dimensión del problema. Según Hatem, este tipo de pedidos no son tan frecuentes, sino que “es algo marginal. “El verdadero problema es por qué esas familias no han sido capaces de cambiar de opinión sobre el derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, por qué siguen tan obsesionadas con la pureza y virginidad, no que esas chicas necesiten el apoyo de un médico”, insistió Hatem, quien pide mejorar la educación sexual en colegios y centros para jóvenes.

Para el gobierno, el alcance que tiene esta práctica no es argumento suficiente para no tratar la prohibición. “Aunque solo afecte a unas pocas mujeres, ya es demasiado”, subrayó en ese sentido el Ministerio del Interior del que depende Ciudadanía. 



Fuente link:

Categorías
Argentina Sociedad

Mostrar la vejez de mujeres reales | La belleza de las mayores



Una de las razones por la que Reese Witherspoon (creadora de la serie Big Little Lies) decidió poner su propia productora fue que al leer guiones no había papeles para mujeres desligadas de algún hombre. Especialmente la ponía mal la escena en la que ante una situación difícil la mujer siempre miraba al hombre preguntándole “¿Y ahora qué hacemos?”. Hay otra pregunta que cualquier mujer de más de cuarenta seguramente escuchó: “¿Casi cincuenta? No se te nota, estás divina”. El malestar que provoca ese discurso impulsó en los últimos años proyectos visuales y personalidades que buscan salirse de la norma impuesta por los medios hegemónicos y se preguntan ¿vieja para qué? ¿cuándo se es vieja? ¿por qué es un problema la edad?

Ese comentario que asocia belleza solo a la juventud todavía sigue moldeando cuerpos y cabezas, como contamos a raíz del Photoshop monstruoso que le aplicó la revista Gente a Cecilia Roth .

Flora Proverbio trabajó en publicidad, industria machista y edadista: “llegué a ser un dinosaurio: me quedé sin trabajo a los 47”. Solían decirle: “Ay, casi cincuenta, no se te nota”. “Había un desfasaje entre lo que yo sentía, que estaba en el mejor momento, y que todos me felicitaran porque parecía más joven”, explica en diálogo con Página/12. Desde entonces tiene múltiples proyectos centrados en el segmento de más 50: conduce el podcast “La segunda mitad”, junto al gerontólogo Diego Bernardini; es socia en una consultora con foco en longevidad, Ethnos Strategy; y lanzó una comunidad que se llama “Plateadas” en alusión a las canas, por el brillo y la fortaleza del metal, lo que te da la experiencia transitada. Cada vez que sube una foto de una mujer madura e interesante, arrasa. “La gente quiere ver otros modelos”, dice. El desafío sigue siendo cómo se puede hablar de belleza para mujeres más grandes sin decir “parecés más joven” (¿Cuándo se es vieja?).

Algunas mujeres lograron romper la barrera de belleza y juventud impuesta por los medios hegemónicos e incluso han hecho de eso un camino. Es el caso de Iris Apfel, artista de moda norteamericana, que este año cumplió 99. “De pronto me he convertido en una estrella geriátrica. Mi marido y yo nos reímos mucho con la situación. He estado haciendo esto toda mi vida y ahora me encuentro con montones de revistas, sobre todo europeas, que están escribiendo sobre mí. ¡Pero yo no estoy haciendo nada distinto a lo que he hecho durante los últimos 70 años!”, apuntaba esta mujer capaz de superponer estampas y estilos aparentemente irreconciliables. O la actriz Jane Fonda que, con 82 años, en esta cuarentena volvió a lanzar sus míticos videos de gimnasia en Tik Tok para hablar de la lucha contra el cambio climático. Fue con el éxito de “En forma con Jane Fonda” como pudo solventar en los 80 parte de su activismo político. Además, desde 2015, Fonda protagoniza junto a Lily Tomlin la serie Grace and Frankie que en tono de comedia muestra el aprendizaje de estas mujeres en una nueva forma de vida sin parejas, y aborda distintas experiencias que aparecen con la edad. Por ejemplo, en un capítulo los hijos las quieren obligar a usar un llamador en el cuello para pedir una ambulancia si les pasaba algo o en otro inventan un baño que se eleva a raíz de un problema de cadera de Grace.

Lo que consigue que una mujer siga siendo visible después de los ochenta y se haga cargo de su edad es que podamos ver historias con las que podamos seguir identificándonos. En 2017 Fonda protagonizó la película Nosotros en la noche, donde encarna a una viuda con rodete canoso, que pide a su vecino (Robert Redford), viudo como ella, que duerman juntos para hacerse compañía. Los años, dice la actriz, “no son más que una nueva oportunidad si se tiene el valor y el coraje necesario, y eso tenemos mucho las mujeres”. Amamos a Jane y a Iris, pero cómo no dejar de pensar que estamos ante lo excéntrico, o viendo personas excepcionales. ¿Qué pasa con las mujeres comunes? ¿Dónde están? La expectativa de vida se alargó, los roles van cambiando, pero las cosas llevan más tiempo de lo que nos gustaría. Nosotras mismas hemos creído en el discurso de la belleza joven eterna o en el de la maternidad gloriosa, pero qué pasa cuando el tiempo nos dice que eso ya no será. Pensarnos por fuera de los roles tradicionales y así y todo reconocernos valiosas es un salto cuántico. Aunque no nos puede hacer olvidar la doble vara que aún nos mide. Como dice Proverbio: Mick Jagger es canchero y a Maddona le critican su sexualidad. “Creo que venimos de medio siglo donde grandes grupos con poder creían cosas y las reproducían. Ahora con las redes mucha gente se entera de lo que pasa con Instagram, que es un algoritmo que te trae tu mundo. Empiezo a ver gente que me habla como yo, que hace cosas parecidas a mí y estos poderes hegemónicos se empiezan a resquebrajar un poco. Las viejas hegemonías ven su poder amenazado, por eso hay reacciones fascistas. Son como grandes zarpazos de un gigante que está muriendo”, agrega Proverbio. En La Odisea, mientras el cíclope cae, Ulises aprovecha para escapar, pero no lo hace solo sino ayudado por unas ovejas. Algo de esa cruzada que nunca se da en solitario es la que están librando las mujeres bajo el paraguas del avance del feminismo de los últimos años.

Victoria Sánchez, vestuarista y estilista, tiene un perfil de Instagram que se llama “Mujeres paquetas” donde se ven señoras mayores con looks personales. “Mucha gente las confunde con señoras de Recoleta bien. Pero en realidad me refiero a esa señora coqueta que se viste según el día y se pinta y sale con el bastón de color”, cuenta a este diario. ¿Por qué señoras grandes? “Tengo admiración por la gente mayor. Me fascinan los personajes con arrugas, estilo y vida vivida. A la gente le encanta el etiquetar, a mí nunca me fue. Yo no me mido por la edad. Te podés poner lo que quieras cuando quieras”, dice. Muy pocas veces recibió un comentario del tipo “qué horror, la mataste con las arrugas”. En cambio, le propusieron exponer en Roma y Alemania. Ella no se daba cuenta del suceso que implicaba eludir los estereotipos etarios. “Hay mucho etiquetado. Hay que permitir dejar ser”, dice.

La vieja coqueta es el nombre de un cuadro de Bernardo Strozzi de 1617. En “Transparencia de la vejez y sociedad del espectáculo: pensar a partir de Simone de Beauvoir”, Asunción Bernárdez Rodal, de la Universidad Complutense, lo cita como ejemplo de la misoginia de la representación de las mujeres viejas de esa época que pretendían “continuar siendo hermosa toda la vida”. “No deja de ser paradójico que el destino social de las mujeres haya estado tan ligado a la belleza y a la elaboración de ésta, y que cuando pasa la juventud sea tan duramente criticado el interés por mantenerla”, apunta. Entonces qué significa ser para las mujeres. Siguiendo a Beauvoir, plantea que para las mujeres el ser también es “el parecer o el aparecer” en la vejez.

En esa línea, grupos feministas hablan de la necesidad de que todas las diversidades de mujeres -también las mayores-, sean visibles. El colectivo Old Women Movement es pionero en la lucha contra el edadismo, la discriminación de las mujeres viejas y los estereotipos sociales. Surgió en 2001 en San Diego, Estados Unidos, e instaló una consigna potente para quien quiera leerse: “Las viejas somos tu futuro”. “El edadismo desempodera a todas las mujeres, cualquiera que sea su edad”, dicen. En 2017 una organización del País Vasco difundió el manifiesto de Leioako que sigue el mismo lema. Entre otras cosas plantea: “¿Pasaremos de la maternalización de las mujeres a la abuelización? Tampoco queremos una segunda juventud ni que nos hablen como si fuéramos niñas o estuviéramos seniles”.

Algunas marcas como Natura tomaron nota de los nuevos tiempos. Su campaña de la crema Chronos es un salto copernicano en relación a las de otras cremas antiarrugas. Se pregunta “¿Vieja para qué?”, mientras muestra escenas con mujeres en los cuarenta/cincuenta con cuerpos parecidos al tuyo o probando una aplicación de citas, una pareja de viejos besándose en un ascensor y otros desnudos en una cama. “¿Vieja para ser vos? ¿Quién define que estás vieja para ser vos misma?”. Pero otras marcas y medios hacen como qué (Pongamos viejos que no parezcan viejos). Caen en la trampa del “no parecés de tu edad” mostrando señoras de ochenta andando en skate o con pelo hasta la cintura, cueros y visera, como si solo pudieran aceptar a las viejas jóvenes cancheras (irreales). Hace un tiempo un psicoanalista me dijo que para él lo más difícil de la vejez era sobrevivir a los otros. Quizá el espejo que nos devuelven los medios tiene que ver con negarnos eso que no queremos ver.

No es cuestión de romantizar la vejez sino de verla(s) como lo que es (son) ¿será eso posible? Tampoco se puede imponer nuevos estereotipos. Dice Proverbio que después de dos años de ver imágenes de viejas interesantes, cuando ve una cara toda lavada, joven, le choca. Se le empezó a correr el modelo. Por eso, como muchas, cree que si empezáramos a tener representaciones más democráticas el modelo cambiaría. Los medios y las marcas tienen mucha responsabilidad en eso. 



Fuente link:

Categorías
Argentina normal

Coronavirus: cómo impacta la covid-19 en la vida de las mujeres | Encuesta liderada por la Universidad de San Martín e impulsada por el Conicet y los ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y de Mujeres, Géneros y Diversidad



Medidas extraordinarias que atiendan los problemas relacionados con trabajos de cuidados, las violencias de género, el teletrabajo, el acceso fácil a documentación a migrantes, recursos habitacionales para personas trans y travestis y garantizar tierra y producción a mujeres rurales y originarias, son algunas de las sugerencias de un informe difundido este jueves sobre el impacto de la pandemia de coronavirus en mujeres y disidencias.

Se trata de la encuesta sobre el impacto de la covid-19 en la vida de las mujeres, liderada por un equipo de la Universidad de San Martín (Unsam), e impulsado por el Conicet y los ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y de Mujeres, Géneros y Diversidad.

El estudio reveló la situación en la que se encuentran las mujeres urbanas, rurales, indígenas, afrodescendientes, trans y travestis en el contexto de la pandemia y “la oportunidad de brindar elementos para la planificación de políticas públicas” para el período poscuarentena en Argentina, se destacó en el resumen ejecutivo.

Se realizó en base a un universo de 2.274 mujeres y trans/travestis de la Argentina, de las cuales 2.135 son urbanas y 139 rurales, que residen en su mayoría en las zonas de contagio de la Covid-19 –Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA), Chaco y Córdoba–.

El relevamiento expuso “la crisis de cuidados” entre las mujeres urbanas durante el confinamiento, donde el 55,1% son jefas de hogar, responsables en su mayor parte de los trabajos domésticos y de cuidar. La sobrecarga se notó, por ejemplo, en que un 92,6% se encarga de acompañar las actividades escolares de sus hijos e hijas en cuarentena. En relación a la coparticipación en el reparto de las tareas, el 54,8% respondió que, entre todas las personas de la familia, las mujeres son las que trabajan más.

Si bien la muestra evidenció un alto nivel educativo (60,8% tiene estudios terciarios y universitarios completos en la encuesta urbana y un 43,9% en la rural) “resulta importante observar el impacto sobre las condiciones laborales de las mujeres: el aumento de la precarización del trabajo, la pérdida de ingresos –al ser parte muchas mujeres de las economías populares, artesanas– y por las propias condiciones materiales de infraestructura de los hogares y barrios donde reside”. El estudio mostró cómo estos indicadores de vulnerabilidad se incrementan por segmentación entre mujeres afrodescendientes, trans/travesti, originarias y migrantes.

Respecto a cómo la cuarentena afectó el trabajo y los ingresos en las mujeres urbanas un 20% indicó una situación de precarización laboral (ya sea, con reducción de la carga horaria del trabajo, no está trabajando y no le pagan o fue despedida); el 53,6% tuvo que adaptarse a trabajar de forma virtual; el resto siguió de forma normal o no está trabajando, pero le pagan el sueldo.

La dificultad que más expresaron las participantes del estudio fue conseguir trabajo, estar viviendo de trabajo precario o “changas” , sobre todo entre mujeres trans/travesti, originarias, rurales, afrodescendientes y mestizas. Respecto de la percepción de algún subsidio estatal, las mujeres migrantes junto con las afrodescendientes presentaron mayores dificultades en acceder a las políticas públicas y beneficios sociales y en relación con la alimentación “ha empeorado”, su situación.

El estudio también mostró que un 7,5% de las mujeres urbanas durante la cuarentena sufrieron alguna forma de violencia y que aumentó en un 84,6% la percepción sobre este delito “sin que esto implique necesariamente un aumento en el número de casos”.

Sobre las mujeres rurales y originarias, el análisis señaló que son principalmente afectadas por la destrucción de la naturaleza, el aumento de enfermedades relacionadas con la degradación medioambiental, el impacto del cambio climático, el uso indiscriminado de productos químicos, la falta de agua potable y la imposibilidad de acceder a los alimentos.

En la mayoría de la muestra rural, están vinculadas a actividades agrícolas, el 68,3% son jefas de hogar, y un 94,1% de las mujeres rurales y originarias respondieron que son las responsables del trabajo doméstico y de cuidados.

También se evidenció la brecha digital, ya que “solamente un 56,8% tiene acceso a Internet desde su casa”, y se destacó la sobrecarga de trabajo en relación a la educación de sus hijos e hijas que depende de esta tecnología.

En relación al acceso a los subsidios, el 22,3% recibe la Asignación Universal por Hijo (AUH) y el 20,1% el Ingreso familiar de Emergencia (IFE).

Las principales dificultades expresadas por las encuestadas en zonas rurales fueron: dificultad para conseguir trabajo, enfermedad por otro motivo, acceso o continuidad de estudios, acceso a alimentos en forma regular, a medicamentos y agua potable; situaciones de conflictos territoriales y tenencia precaria de la tierra. Y un 18% denunció que sufró alguna forma de violencia de género.

Como conclusión, Karina Bidaseca, doctora en Ciencias Sociales, que lideró la investigación, consideró que en el caso de las mujeres rurales “es importante reforzar los tejidos comunitarios –que en muchos casos constituyen el apoyo fundamental de mujeres que se quedaron sin trabajo durante la pandemia– y de generar y multiplicar políticas orientadas a la comercialización de los productos de la agricultura familiar”. En tanto que para mujeres originarias “observamos sobre todo una preocupación muy grande por la violencia institucional”, expresó.

Otras medidas de inclusión sugeridas por el equipo de investigación fueron para las mujeres afrodescendientes, las políticas de empleo y de protección social, como la política habitacional. Y para las mujeres migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo, políticas de protección social y facilidad de acceso a la documentación y los trámites de regularización migratoria durante el confinamiento. Para las mujeres trans/travestis, alertaron sobre el riesgo habitacional “ya que se han incrementado los desalojos, como el acceso a recursos institucionales”.

“Una de las situaciones más complejas es el escenario de desocupación y crisis económica que puede dejar la pandemia. Creemos que es urgente comenzar rápidamente un mapeo post pandemia de la economía de los sectores populares. Garantizar la infraestructura de producción y comercialización, como mejorar la alimentación a partir de la perspectiva agroecológica”, señaló Bidaseca.



Fuente link:

Categorías
Argentina Política

Piden juicio político contra el juez que insultó a mujeres

Piden juicio político contra el juez que insultó a mujeres

Este articulo lo podes encontrar en ElDestapeWeb

Link al articulo original

Categorías
Argentina Psicología

Las jóvenes y los movimientos sociales | Algunos conceptos psicoanalíticos para entender los nuevos discursos juveniles



En los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno social y subjetivo singular: el modo en que la gente joven se pone en movimiento, con diversos criterios de agrupación, para expresar en el ámbito público, en calles y plazas, su disconformidad hacia determinadas condiciones de vida críticas para con la salud, el ambiente, el trabajo, la educación, reclamando a las autoridades por cambios legislativos y poniendo en acción variados recursos para expresar su malestar. Desde las protestas juveniles para la defensa del ambiente y denuncias hacia la sobreexplotación salvaje de la naturaleza y por el cambio climático –como lo hace el ecofeminismo– hasta el repudio a la utilización de armas en las escuelas y de otros modos de violencia, la gente joven sale a la calle. El movimiento feminista no ha quedado ajeno a estos modos de manifestar su protesta y sus propuestas de transformación, y actualmente, con variadas modalidades, la gente joven ocupa las calles denunciando violencias de género diversas, poniendo en crisis los clásicos modelos patriarcales, así como también sus reclamos por la legislación relativa a la interrupción del embarazo, a la salud sexual y reproductiva, a la incorporación de la educación sexual integral en las escuelas, y muchas otras cuestiones referidas a condiciones de vida desigualitarias que merecen ser cambiadas. Las teorías y prácticas feministas, que iniciamos en Latinoamérica hacia los años 70 del siglo pasado, se vuelven a poner en práctica en los grupos juveniles, por ejemplo, mediante los grupos de autoconciencia sobre las condiciones de vida opresivas, subalternizadas, invisibilizadas, ahora con el agregado de nuevos dispositivos, originales y creativos, que hacen que aquella revolución silenciosa iniciada por muchas de nosotras en aquellas décadas, hoy pase a ser una revolución bulliciosa, con una polifonía de voces plena de significados y posibilidades. Antiguos lemas utilizados por entonces, tales como “hacer visible lo invisible”, y “lo personal es político”, son revitalizados actualmente por la gente joven.

Se trata de un colectivo juvenil, formado en su mayoría por adolescentes y jóvenes, que se ha configurado como un nuevo sujeto político, que reclama tener su propia voz, y ser escuchados, no sólo como sujetos de derechos, sino también como sujetos sensibles y atentos al modo en que evalúan sus experiencias, tanto desde el punto de vista subjetivo como social. Quienes venimos del campo del psicoanálisis con perspectiva de género escuchamos sus voces, sus malestares, y procuramos darle sentidos no sólo en clave individual sino también como parte de un colectivo, el juvenil, que padece condiciones específicas de sufrimientos. En una escucha calificada de sus malestares, hemos incorporado la noción de empoderamiento, o sea, la capacidad que puedan desarrollar para ser sujetos de la enunciación de sus conflictos, con su particular lenguaje y modos de expresión, y no sólo objetos de los discursos de quienes hablan por ellos. La gente joven, con sus particulares lenguajes y modos de expresión, trata de demostrar que lo que manifiestan es creíble, a menudo relatando experiencias vividas que sobrepasan sus límites porque se trata de situaciones abusivas. Tratamos de alejarnos de los contextos clásicos de la interpretación de estos sujetos sólo en clave adultocéntrica, además de androcéntrica –tan propia de las teorías y prácticas psicoanalíticas convencionales– y ofrecer otros recursos de escucha de sus conflictos, a partir de sus mismos protagonistas. Nuestra cultura patriarcal y adultocéntrica, o sea, centrada en las valoraciones y criterios basados en perspectivas masculinistas y de gente adulta, desconoce la riqueza y heterogeneidad con que se presentan los padecimientos de la gente joven actual, por lo cual necesitamos ofrecer nuevos recursos de comprensión para ese colectivo.

Para ello necesitamos disponer de una reflexión crítica respecto de aquel paradigma con que hemos operado hasta ahora, que suponía que nuestra posición como gente adulta nos otorgaba la máxima autoridad para configurarnos como sujetos de la enunciación. Algunos conceptos psicoanalíticos pueden contribuir a encontrar una clave de entendimiento para los nuevos discursos juveniles, entre ellos el análisis del juicio identificatorio y del juicio crítico. Una de las claves de inteligibilidad con que contamos para comprender los rasgos subjetivos creativos, las propuestas innovadoras, la disposición para las acciones específicas que proponen los jóvenes desde el punto de vista del género es la construcción del juicio crítico. El juicio crítico es una forma de estructurar el pensamiento, ligado al sentimiento de injusticia. Es un tipo de pensamiento que se consolida en la adolescencia, pero que ha encontrado sus precursores en la temprana infancia, a partir de la ruptura de un juicio anterior, que es el juicio identificatorio, que se desarrolla habitualmente durante el primer año de vida del infante humano. El juicio identificatorio opera con las reglas impuestas por el narcisismo temprano, donde no hay diferenciación Yo/no-Yo, una fase del desarrollo donde el supuesto es “yo-el otro somos lo mismo”. En el segundo año de vida, con la adquisición de la marcha y del lenguaje, la criatura experimenta la capacidad para alejarse de aquello –su objeto libidinal en la teoría psicoanalítica– con quien mantenía un firme lazo identificatorio. Poder utilizar sus capacidades psicomotrices y la adquisición de la palabra, fundamentalmente del “no”, lo habilita para alejarse, diferenciarse, de aquel objeto libidinal con quien había establecido un vínculo narcisista en el que “yo-el otro somos lo mismo”. A partir de la experiencia de frustración de ese supuesto, se inicia la ruptura del juicio identificatorio, porque va perdiendo eficacia la premisa de que “yo-el otro somos/deseamos lo mismo”. El juicio crítico consecuente con esta ruptura se instala como resultado de la puesta en crisis de aquel supuesto anterior, con la experiencia de la diferenciación, del recortamiento subjetivo. El colectivo juvenil que participa activa y críticamente en la construcción y deconstrucción de nuevas posiciones genéricas apela a esta modalidad del pensamiento, denominada juicio crítico.

Nuestra ubicación en América Latina también contribuye a que nuestra escucha y nuestras intervenciones androcéntricas y patriarcales pueda implicar la legitimación del modelo patriarcal, naturalizando la masculinidad hegemónica y la femineidad tradicional. El largo proceso iniciado ya hace varias décadas está mostrando sus efectos: ya no es aceptable en la mayoría de los contextos sociales, familiares, educativos, tolerar las conductas violentas, los abusos emocionales y/o sexuales, ni el silenciamiento ante los mismos cuando estos se producen aun en situaciones sacralizadas como las instituciones religiosas, familiares y educativas. Los lemas actuales que circulan en Buenos Aires, “No es no”, y “Yo te creo, hermana”, junto con el movimiento “Ni una menos”, y más recientemente “El violador eres tú”, dan cuenta de estos nuevos posicionamientos ante todo tipo de abuso, gestionados por colectivos de gente joven. Estos movimientos se acompañan de la deconstrucción crítica –y a menudo conflictiva– de los supuestos del amor romántico en los vínculos de pareja, así como en el vínculo materno-filial y en otros vínculos de intimidad, afrontando la decepción resultante cuando reconocen que este modo de amar y de desear puede llevar a desconocer situaciones de violencia entre los géneros, al interior de un mismo género, o entre las generaciones. No se trata de deconstrucciones sencillas: implican dolor, angustia y una dimensión ética que requiere hacerse cargo de la responsabilidad con que se involucran en los vínculos intersubjetivos. Es una responsabilidad individual y colectiva a la vez, para anticipar y prevenir todas las formas de violencia.

La gestión de la elaboración de estas situaciones conflictivas se realiza a veces en forma individual –es frecuente encontrarlas en las consultas y sesiones de psicoanálisis con perspectiva de género–, así como también en el interior de la vida familiar, y más acentuadamente, en los contextos grupales de las escuelas e instituciones educativas.

Una política de las subjetividades: la gente joven y los movimientos sociales

Estamos asistiendo a modalidades novedosas de construcción de los géneros, autorizando el discurso del colectivo juvenil como nuevos sujetos políticos a partir de sus experiencias subjetivas, lo cual supone adoptar una categoría de análisis que hemos caracterizado como política de las subjetividades, poniendo en foco las relaciones de amor y de poder entre los géneros, al interior de un mismo género, y entre las generaciones. Es una política de las subjetividades de carácter feminista, en que se pone nombre al malestar que anteriormente se sentía en forma difusa, difícil de expresar, percibido como un trastorno íntimo, individual, que merecía escasa credibilidad cuando se lo manifestaba públicamente. Aquella era una modalidad propia del género femenino tradicional, descrita ampliamente en la literatura feminista de décadas anteriores, basada en la experiencia vivida, encarnada y padecida por aquellas personas que anteriormente habían sido desestimadas en su capacidad de agenciamiento. Ahora necesitamos disponer del mismo dispositivo de inteligibilidad utilizado entonces, para comprender el malestar de este nuevo colectivo juvenil, enunciado por sus mismos protagonistas. Su fortalecimiento a menudo se produce gracias a los criterios de alianzas con otros grupos, tales como los de derechos humanos, los de preservación de la naturaleza tales como el ecofeminismo, etc.

En otro momento habíamos desarrollado la hipótesis de que es posible que en condiciones de crisis social, la participación activa en un proyecto colectivo promueve la salud mental de los sujetos, en contraposición con las actitudes de aislamiento y repliegue. Entendemos la salud mental como un estado de bienestar subjetivo que favorece la creatividad y las propuestas innovadoras. En el estudio antes mencionado nos hemos preguntado sobre algunas características que ofrece la incorporación a los movimientos sociales que podrían contribuir a la salud mental de la gente joven, y hemos realizado las siguientes propuestas:

a) Los movimientos sociales como espacios transicionales: el problema del reconocimiento.

Nuestra formación psicoanalítica nos permite suponer que la inclusión de los jóvenes en los movimientos sociales los habilita para integrarse en un espacio social distinto, específico, no asimilable a los clásicos espacios familiares, laborales, deportivos, artísticos, etc. Los movimientos sociales constituirían un espacio transicional, un concepto caracterizado el psicoanalista inglés D. Winnicott (1972) para otras circunstancias vitales, pero que en este caso podemos aplicar a los espacios intermedios entre una situación previamente establecida y el pasaje a otra aún desconocida a la que el sujeto tiende a incorporarse. Estos espacios transicionales participan de una doble inscripción: son objetivos y subjetivos a la vez. En tanto espacios objetivos, los movimientos sociales ofrecen a la gente joven incorporarse a grupos que diseñan actividades específicas, reunidos en determinados lugares, bajo ciertas circunstancias temporales y con objetivos establecidos en conjunto. Cuentan con una cultura propia que expresan mediante consignas, lemas y proyectos que son compartidos por todo el colectivo que está incluido en ellos. En sus aspectos subjetivos, los movimientos sociales contienen las fantasías, ilusiones, deseos, tensiones y conflictos de los sujetos que los componen, y que a menudo depositan en las estructuras de estos colectivos, ya sea para movilizarlos o bien para obstaculizarlos. Desde el punto de vista subjetivo, estos movimientos sociales requieren de quienes los integran una actitud de identificación y compromiso con sus proyectos y actividades, que da como resultado el reconocimiento mutuo. La búsqueda y el logro de reconocimiento por parte de sus pares es una de las motivaciones subjetivas fundantes para la inclusión en estos colectivos. Cuando el grupo fracasa en reconocer y aceptar a algunos de sus miembros, ya sea debido a rasgos de personalidad contrarios a la cohesión grupal, o bien a la disidencia con los proyectos o modalidades de interacción dentro del grupo, la crisis y ruptura del movimiento puede llevar no sólo al quiebre y la claudicación del mismo, sino también a una profunda situación de crisis personal en los miembros que lo integraban. En términos de las condiciones necesarias para contribuir a la salud mental de sus integrantes, este sería un factor de riesgo que operaría en detrimento del bienestar subjetivo de los sujetos involucrados. También se plantean problemas por el reconocimiento cuando hacemos un análisis desde la perspectiva de género. El supuesto de igualdad entre los géneros puede entrar en crisis cuando al interior de la organización de los movimientos se perciben desigualdades e inequidades, por ejemplo en la distribución y asignación de tareas, de tiempos, de oportunidades de acceso a los medios de difusión, a tomar la palabra en público, etc.

b) Los movimientos sociales crean figurabilidad ante la crisis.

Otro aspecto que merece destacarse desde la perspectiva psicoanalítica es que la participación de los jóvenes en los movimientos sociales crea figurabilidad, esto es, vuelven figurable, representable y comprensible, muchos aspectos de la realidad vivida y padecida, por ejemplo, ante la falta de trabajo en sociedades crecientemente desiguales que excluyen principalmente a los jóvenes del universo laboral, así como de otras inequidades generizadas. Esta posibilidad de elaborar una representación subjetiva y social de lo que sucede en situaciones de crisis les permite sobrellevar las situaciones inesperadas, contando con marcos de comprensión para la condición actual, que les habiliten para operar ante las nuevas realidades, si las perciben como desesperantes. El riesgo de catástrofe subjetiva, con una ruptura de todos los recursos previos de comprensión, está siempre como telón de fondo amenazante. Al reunirse con sus pares y encontrar nuevas significaciones a sus conflictos, y nuevas claves de comprensión de los mismos, el colapso subjetivo deja de ser tan amenazante porque puede compartir con otros sus observaciones, el análisis y la reflexión crítica de las mismas, y diseñar acciones específicas para enfrentarlos. Este sería el beneficio de la figurabilidad: volver representable lo irrepresentable, lo indecible, que de lo contrario se inscribiría en su psiquismo como hecho traumático. Contar con estos recursos de inteligibilidad opera como factor de protección para la salud mental de la gente joven.

c) Los movimientos sociales permiten la ampliación del repertorio deseante.

Otro aspecto que contribuiría a la salud mental de los jóvenes que se incorporan a los movimientos sociales consiste en la ampliación de su repertorio deseante. Quizá en este punto es donde podamos observar situaciones más novedosas desde la perspectiva del género, al considerar a las mujeres como el grupo que más ha innovado sus modos de desear en las últimas décadas. En tanto los estereotipos tradicionales de género masculino nos ofrecían figuras de varones que a lo largo de la historia han participado en movimientos sociales de todo tipo, con modos específicos de despliegue en el ámbito público, por el contrario, los estereotipos de género femenino tradicionales se referían a mujeres cuyos deseos se desplegaban al interior de la vida familiar y doméstica, en el ámbito privado. Los tiempos han cambiado, a lo largo de los siglos las mujeres fueron expandiendo cada vez más sus ámbitos de representación social junto con la ampliación del concepto de ciudadanía. Hoy en día la participación de las jóvenes en los movimientos sociales es numéricamente similar a la de los varones, así como también existen muchos grupos y colectivos de mujeres que proponen reivindicaciones específicas para su género, tales como los movimientos que luchan por sus derechos sexuales y reproductivos, y en contra del abuso y de la violencia en sus vidas cotidianas.

Los deseos tradicionales descriptos por la teoría psicoanalítica para ser desplegados en la vida privada, tales como el deseo de ser amada, el deseo de completud narcisística a través de un hijo, y otros, han sido revisados en la actualidad por nuevos grupos de mujeres jóvenes que plantean otros deseos constitutivos de su subjetividad. Se trata de deseos que habrán de ser desplegados fundamentalmente en el ámbito público, que incluyen el deseo de autonomía, de independencia económica, el deseo de reconocimiento social, el deseo de decidir sobre sus cuerpos, y el deseo de equidad y de justicia. Esta ampliación del repertorio deseante se observa no sólo en las mujeres en los movimientos sociales, sino en los sujetos feminizados, y aquellos inscriptos en variados colectivos con modalidades generizadas diversas.

Como se puede apreciar, aquel tradicional concepto de salud mental equiparado a establecer condiciones de equilibrio y armonía está siendo reemplazado por otra hipótesis acerca de la salud mental: es la que los sujetos comprometidos construyen a partir del enfrentamiento de las situaciones de tensión y de conflicto, provocadoras de malestar.

La perspectiva del género nos lleva a preguntarnos si las mujeres jóvenes perciben sus condiciones específicas de exclusión y de discriminación social, o si éstas quedan ocultas tras el así llamado “velo de la igualdad” (Lagarde, M., 2003). Varios estudios indican que aunque los discursos que se enuncian son políticamente correctos en cuanto a la igualdad de oportunidades y de acceso al mundo social y laboral entre varones y mujeres, en las prácticas estas condiciones todavía no se cumplen. Muchas jóvenes consideran que aquellos espacios ya han sido conquistados por las mujeres que las precedieron, y que sus posibilidades actuales no necesariamente están vinculadas con las anteriores luchas de género. La persistencia de ciertos estereotipos tradicionales de género femenino, por ejemplo, respecto de la maternidad, así como la violencia de género aún presente en todos los contextos sociales, nos llevan a considerar que todavía es necesario el trabajo de reflexión crítica sobre una conciencia de género que sigue siendo inequitativa para las mujeres.

Mabel Burin es doctora en psicología, directora del Programa de Estudios de Género y Subjetividad, Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES). El presente texto es un fragmento de la conferencia dictada en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México, (CRIM-UNAM), enero 2020.



Fuente link: