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Paro y movilización de médicos porteños | Rechazan el aumento del 15 por ciento en tres cuotas ofrecido por Larreta



La Asociación de Médicos Municipales (AMM) de la Ciudad de Buenos Aires inició este martes un paro de 24 horas con movilización en rechazo de la oferta salarial del Gobierno porteño y en demanda de una mejora del 42 por ciento.

El sindicato de médicos rechazó un incremento del 15 por ciento en tres tramos ofrecido por el Ejecutivo de Horacio Rodríguez Larreta y exigió “un mínimo del 42 por ciento de recomposición”.

La oferta oficial en la mesa paritaria fue insuficiente. No hubo otra alternativa que la convocatoria a un paro, pero se mantendrán las guardias. Será una acción gremial para reafirmar la necesidad de un justo reconocimiento del trabajo médico en la emergencia”, señala un comunicado de prensa de la AMM.

El gremio sostiene que los médicos “son trabajadores esenciales y, por lo mismo, deben cobrar como esenciales”, en especial teniendo en cuenta el contexto de la pandemia por coronavirus.

Además, los médicos porteños denuncian que no recibieron “un solo peso de mejora salarial” en lo que va del año y que el Gobierno de la Ciudad “nunca escucha” los reclamos de los trabajadores.

El militante gremial y médico, Enrique Castelli, afirmó que es urgente una mejora mínima del 42 por ciento y retroactiva a abril, y el pago del salario de forma remunerativa, porque ello coincidiría con la inflación interanual de un año.

De no haber respuestas, los profesionales de la salud convocarán luego del paro de este martes a otra huelga de 24, 48 o 72 horas o por tiempo indeterminado hasta que “se otorgue la mejora”, apuntó.



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Sin paritarias para los esenciales en 2020: este martes paran los médicos porteños

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No te dije adiós | Los duelos en la pandemia



La situación en este país se hace más grave y más siniestra –por los usos políticos de los efectos del virus–, y el descontrol asoma por la posición bolsonarista que, incluso frente al abismo al que llevó a Brasil el desquiciado, prende. Eso habilita algunas preguntas. ¿Cómo ha sido contada esta pandemia? ¿Cómo nos sigue siendo relatada? ¿Qué duda cabe de que los fenómenos sociales que se elaboran como respuesta a esta catástrofe tiene directa relación con aquello a lo que cada sector cree que le contesta?

Vi un video que deben haber visto muchos: muchos corredores trotando a paso lento frente al Hospital Zubizarreta, donde estaban estacionadas las ambulancias de las que bajaban camillas con personas con mascarillas puestas. Si correr está permitido y si tanta gente está segura de que las posibilidades de contagio disminuyen al aire libre, bueno, que corran. Pero, ¿por qué pasar haciéndolo frente a la puerta de un hospital en el que otra gente, creyera lo que creyera, ha caído gravemente frente al virus devaluado por la ultraderecha?

¿Qué desconexión hay ahí? ¿Qué lazo es el que se ha roto para que lo que se reivindica como un acto libre, correr, se lleve a cabo en la vereda de enfrente a quienes han perdido su derecho a la salud y quizá pierdan la libertad de estar vivos? ¿Qué expresa esa carencia de la mínima delicadeza, que era desviarse una cuadra? ¿Qué exhibía esa escena que en su capa más exterior provocaba repulsión?

Los de las camillas no eran robots. Eran personas. Los casi 5000 argentinos que han muerto no eran diferentes a nadie. No eran K. Eran hombres y mujeres y no todos eran viejos, que ahora parece que es una etapa de la vida que la ultraderecha pretende expropiarnos. Han muerto muchos miembros del personal sanitario. En todo el país. Médicos y médicas. Enfermeros y enfermeras. Camilleros, personal de limpieza. ¿Conocen la historia de alguno? ¿Han llorado al leer los testimonios de sus familiares, que no pudieron despedirlos? ¿Han escuchado cómo tiembla la voz que los recuerda, cuando recuerda que han muerto solos? ¿Cuánto se ha reflexionado sobre la muerte en soledad? ¿Qué sabemos de esos duelos? ¿Sabemos cómo son sus entierros? ¿Cómo deciden las familias quién va? ¿Y a los que les avisan que ya los han enterrado? ¿Cómo quedan?

¿Cómo quedan esos seres queridos a los que nadie les informa cuándo, cómo y dónde yace ese padre o hermano o abuelo al que tampoco acompañaron cuando la ambulancia se los llevó de sus casas? Lo escuché esta semana, en una voz española: “Quedamos… como si hubiera desaparecido de pronto, como si la tierra se lo hubiese tragado”.

Hay una película de 50 minutos, realizada por la televisión española, que se llama No te dije adiós, y es un homenaje a las más de 27.000 víctimas de la pandemia. Es dura, es difícil llegar hasta el final. Los separadores son figuras de personas caminando por la calle que de pronto se vacían y quedan solo sus siluetas. Como si hubiesen desaparecido. No es fácil ni es entretenido escuchar esas voces, ver esas fotos. Son puro desgarro, puro dolor. Nuestras sociedades no están preparadas para eso. Somos seres angustiados y neuróticos que hemos sido adiestrados por la cultura de masas para inclinarnos siempre hacia lo ligero, lo líquido, lo fantasioso. Y es entendible que uno llegue a la hora de irse a la cama con ganas de distraerse. Pero es que esto no se trata de una serie de Netflix que uno elige o no elige. Esto es la realidad.

Y esto duele, esto cuesta, esto nos ha puesto frente a una disyuntiva, que es si nos asomamos al dolor o lo evadimos. Cada uno sabrá cómo se lleva con el dolor, pero no hay nadie que tenga seguro contra el dolor. Y si ama, menos que menos. El límite de dolor que se escucha en ese homenaje a las víctimas españolas quizá obligue a parar por la mitad. Pero hay una dimensión ética mínima, que es responder a la realidad, y no a los espejismos, que obliga a participar de ese homenaje, como muchos participaron esta semana en la despedida a una neonatóloga del hospital Rivadavia, Laura Stanga, o del del Jefe de Enfermería del Hospital Evita, de Lanús, Sergio Rey, o los que lloraron a Martín Arjona, enfermero del Hospital Posadas.

Nos ha faltado ese relato de la realidad. Vemos todos los días contagiados saludables que a las dos semanas vuelven a escena y relatan sus jaquecas o su falta de gusto. Eso es todo. A los miles que han muerto y a las decenas de miles que los lloran les debemos saber esas historias. Nos lo debemos a nosotros mismos. Duele, pero nos ha tocado algo que duele, y no podemos ser tan pendejos como para no a acompañar en su sentimiento a tantos compatriotas.

Eso es un pueblo. Un colectivo inmenso que conserva, más allá de variadísimas diferencias, el respeto por la pérdida del otro. Por el dolor ajeno. En todas las culturas, en todos los tiempos, los muertos y su destino y tratamiento han representado la concepción de la vida. Los ritos funerarios cuentan más que lo que se supone que les interesa a los arqueólogos o los antropólogos. También lo que cuentan les interesa a los sociólogos. Cada pueblo, desde el principio de la historia, elaboró su estrategia frente al dolor y la pérdida. La nuestra, la sociedad del capitalismo extraviado, es indiferente nada menos que a la muerte, porque es la vida lo que le es indiferente.

 

Hay historias que deben ser relatadas y deben ser leídas no para entretenerse. Tanto en la génesis de ese relato como en su visión o lectura, hay un deber. Lo que vemos hoy es gente que no quiere ser alcanzada por ese tipo de miedo ni rozada por ese tipo de dolor. Este sistema generador de odio y de crueldad se sanitiza con indiferencia. No hemos sido capaces de ser quienes generaran el corpus del dolor de esta epóca, indudable, tan hondo que casi nos cuesta hablar de eso. Enfrente tenemos gente que dice que es todo mentira. Las voces que deberían confrontarlos con la verdad no son las nuestras. Son la memoria de los que se murieron, y las de los familiares dolientes a los que nadie les presta atención.     



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Los médicos, la primera línea del fútbol argentino, en alerta por el protocolo de regreso

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Médicos de terapia intensiva advierten una “situación crítica” por recortes de sueldos en el sector privado

Terapia intensiva: advierten por recortes de sueldos

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Los médicos, primeras víctimas de la rebaja de sueldos en el sistema privado de salud

Los médicos, primeras víctimas de los recortes salariales

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El Hospital Italiano les redujo un 12% los honorarios a médicos

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Valeria Bonetto, médica: “Amamos la salud pública y estamos comprometidos con esta lucha”

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Sindicatos médicos piden la centralización del sistema de salud pública y privada

Sindicatos médicos piden la centralización del sistema de salud pública y privada

Los gremios del sector estatal y los que representan a los trabajadores de clínicas y sanatorios coinciden en la necesidad de hacer uso de la Emergencia Sanitaria para que el Estado intervenga con el propósito de aunar esfuerzos y recursos para combatir la pandemia de manera eficaz dejando de lado intereses particulares.

Por Alfonso de Villalobos
@alfondevil

23 de Marzo de 2020

El sistema de salud pública está compuesto fundamentalmente por la red de Hospitales Públicos y centros de salud dependientes de las provincias y municipios desde que la atención sanitaria y su presupuesto, al igual que la Educación, fueran descentralizadas en la década del ’90.

Además existe la red de hospitales universitarios financiados con el presupuesto nacional, el Hospital Posadas de gestión nacional y media decena de hospitales de gestión mixta como el Garrahan. Pero además, existe una extensa red de clínicas y sanatorios privados que, a su vez, se funden con la cobertura privada propia de las Obras Sociales Sindicales.

La fragmentación del sistema sanitario nacional ha llegado a un extremo tan profundo que, según los gremios, hoy resulta imposible determinar fehacientemente la infraestructura con la que cuenta el país para hacer frente a la pandemia.

De hecho, el secretario general de la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP), Héctor Garín, explicó que “hay algunos datos pero no son verificables. Nunca se hizo un recuento de camas. El ministerio de Salud y la Superintendencia de Salud lo están averiguando en este momento pero es difícil tener un informe veraz”. De este modo, y de no modificarse la situación, la política sanitaria deberá determinarse relativamente “a ciegas”.

Con todo, estimaciones compartidas por dirigentes del gremio de médicos bonaerenses, la CICOP, indican que la cantidad de “camas críticas” (terapia intensiva y unidad coronaria) que son las que cuentan con respiradores artificiales, llegan a tres mil. De ese total, según Pablo Maciel, secretario gremial de la CICOP, “más de la mitad corresponden al sistema privado”.

Los trascendidos acerca de un otorgamiento de un bono de $30 mil para todos los trabajadores de la salud que incluirían a los empleados privados y sería financiado por el Tesoro Nacional, plantea el debate sobre la posibilidad de que todos los recursos disponibles sean centralizados en un comando único para abordar la problemática en forma coordinada.

Desde la CICOP, Pablo Maciel, de hecho, recordó que “en Francia e Italia el Estado tuvo que intervenir y poner a disposición todas las camas del sistema. Hay que intervenir con la herramienta de la Emergencia Sanitaria y tomar el control de todo el sistema de salud. Sería preocupante que el sector privado se desentienda”.

Consultado sobre esa posibilidad Héctor Garín, Secretario General de AMAP, señaló que “por supuesto que lo veríamos con buenos ojos. Hay países que son absolutamente privados como EEUU y miren el problema que tienen. China que funciona en forma absolutamente estatal y Alemania, que tiene una salud pública muy fuerte, han podido manejar la crisis. Los que creen que el mercado maneja todo, se equivocan. Tenemos una creencia de toda la vida que es que la salud es siempre una cuestión pública. Que luego lo administre el sector privado o las obras sociales es otro tema. Cuando hay una emergencia no hay tres subsectores. Tiene que haber un solo sector complementario”.

Lucas Arriola, también miembro de la comisión directiva de la AMAP, confió que “las obras sociales y el sistema privado están articulando con el ministerio de salud para poner a disposición del Estado la infraestructura. Desconozco los avances. Nosotros nos debemos a la atención médica y, mientras se respeten los horarios y las condiciones de bioseguridad, atenderemos en el lugar donde se disponga”.

En el mismo sentido, Jorge Gilardi, presidente de la Asociación de Médicos Municipales (AMM) de la CABA, coincidió en que “en una epidemia de este nivel nosotros tenemos que tener lo público y lo privado a disposición de la salud de la gente. Hay varios sub sectores. El de la seguridad social (las Obras sociales), las prepagas y el sector público. Los tres tienen que trabajar mancomunadamente. Lo que nos une es el paciente. Hay que dejar todos los intereses en medio para abordar esta situación de gravedad. Se está trabajando pensando en conjunto, cada uno va a aportar lo necesario. No quiero ser ingrato diciendo que no se va a hacer. Por ahora están colaborando entre sí.”.

La pelota, ahora, está en el campo del gobierno que tiene es quien debe tomar una decisión.

La pelota, ahora, está en el campo del gobierno que tiene es quien debe tomar una decisión.

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