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Canje de deuda: El mejor equipo de cara de piedras de los últimos 50 años | Los responsables del megaendeudamiento macrista salieron a felicitar y criticar el acuerdo con los acreedores



Cada vez que alguna selección argentina, del deporte que sea, llega a la final de algún torneo importante, la televisión se llena de especialistas en. Los argentinos fueron especialistas en rally dakar, rugby, handball, judo. También en ciencia forense con el caso Nisman y en infectología con la covid-19. En el día del cierre del acuerdo de deuda
 entre el gobierno y los tenedores de bonos en dólares bajo legislación extranjera, muchos argentinos, los funcionarios que participaron de un gobierno que endeudó al país por 96.602 millones de dólares, pasando de representar un 52 al 81 por ciento del PBI, también se animaron a opinar

Se podría haber logrado un acuerdo mejor. Como Ecuador: más rápido, mayor alivio de intereses, mayores plazos y quita de capital. Pero ya está: con acuerdo no alcanza; sin acuerdo no arranca. Ahora a ponerle todo el diálogo y toda la energía para salir de esta dolorosa recesión“, twitteó el ex Ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat-Gay

Puede que el funcionario quiera tomar de referencia la rapidez con la que cerró la negociación con los fondos buitre que, luego de haber litigado quince años contra la Argentina, se beneficiaron con una ganancia de 1600 por ciento gracias al acuerdo que alcanzó con el gobierno que a su vez implicó un endeudamiento para el país del orden de los 16.500 millones de dólares. “Chau default, arranca una nueva etapa”, celebraba el flamante ministro en aquel entonces. Era verdad, empezaba en aquel entonces la etapa del presidene que más se endeudó de los últimos 50 años. 

El ex ministro de Finanzas que luego devino en presidente del Banco Central, Luis “Toto” Caputo, elogió el acuerdo y felicitó públicamente al presidente Alberto Fernández y al ministro de economía Martín Guzman. “Ojalá esta pesadilla de pandemia termine pronto y comience el proceso de recuperación económica que tanto necesita la gente!”, expresó. 

El “Messi de las finanzas”, como lo apodó el ex presidente Mauricio Macri, es uno de los artífices principales de la deuda contraída, pero quizás su mayor destreza fue la emisión del bono que endeudó al país por los próximos 100
años. La emisión de deuda no lo pone colorado: “La deuda no es una preocupación, hay espacio para financiar una convergencia al equilibrio fiscal”, explicaba en ese momento.

Otro de los ex funcionarios del gobierno de Macri que opinó fue el ex presidente del Banco Central, Guido Sandleris. Escribió en su cuenta de Twitter que el acuerdo de reestructuración de la deuda pública “es una muy buena noticia“, y consideró que la propuesta aceptada “es razonable“, aunque le pareció que la estrategia de negociación  generó demoras innecesarias que “nos forzó a convivir muchos meses con la incertidumbre del default”. 

El ex funcionario del mismo gobierno que inventó el verbo “reperfilar” para evitar el título de default al momento de aplazar el vencimiento de de la deuda en pesos hacia fines del 2019, momento en el que el propio presidente marcó como el inicio del default.  



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Mauricio Macri opinó sin vergüenza sobre la deuda: “Defaultear jamás puede estar bien”  | El artífice del endeudamiento habló desde sus vacaciones en Francia  



Desde distintos sectores de la oposición celebraron el acuerdo con los bonistas
, aunque muchos plantearon también que hace falta un plan económico. Y le apuntaron al déficit fiscal. Mientras vacaciona en París, el ex presidente Mauricio Macri obvió su papel en el incremento de la deuda que se está renegociando y simplemente afirmó: “¡Finalmente se cerró! Defaultear jamás puede estar bien”. Y retomó sus paseos en familia en el veranito europeo. Desde el radicalismo, también reconocieron el acuerdo, aunque el titular de la UCR, Alfredo Cornejo, aclaró que “pudo ser mejor”. La izquierda repudió el entendimiento con los fondos financieros.

Según un estudio de la Universidad de Avellaneda, Macri dejó pagos de deuda por más de 200 mil millones de pesos a vencer durante el mandato de Alberto Fernández. También hizo trepar la deuda bajo tribunales extranjeros en un 158 por ciento (unos 40 mil millones extra) y la deuda con organismos multilaterales como el FMI, en un 241 por ciento (48 mil millones). Ajeno a todo esto, Macri se mostró conforme con el acuerdo desde sus polémicas vacaciones en París
, pero aprovechó para levantar el dedito
: “Defaultear jamás puede estar bien”, aseguró el ex presidente, que continuó con sus paseos, con sus producciones de fotos para revistas favorables y –según esas mismas publicaciones– con la dificultad de encontrar una panadería abierta para comprarle algo dulce a su hija.

“Celebro que se haya llegado a un acuerdo con los acreedores y que la Argentina haya encontrado un esquema de pagos sostenible para el futuro de nuestro país que, a la vez, nos permita cumplir con nuestras obligaciones”, planteó el jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. “En este contexto adverso, el acuerdo es un buen primer paso para retomar la senda del crecimiento y el desarrollo.”

Mauricio no fue el único Macri que opinó. El intendente de Vicente López, Jorge Macri, también reconoció el logro del Gobierno. “Felicitaciones al Presidente y equipo por haber logrado el acuerdo por la deuda. Ahora es tiempo de recorrer el camino del desarrollo y empleo, generando ámbitos de acuerdo y consenso para poner a la Argentina de pie”, escribió.

El senador Esteban Bullrich también compartió esa idea. “Era importante poder avanzar en el acuerdo y dejar el tema cerrado para poder dedicarle el tiempo a las otras áreas de la economía”, indicó el dirigente del PRO. “Desde una oposición constructiva que apoyó la negociación con responsabilidad y más allá de las diferencias, corresponde aplaudirlo. Después analizaremos los detalles”, sostuvo Federico Pinedo, ex presidente provisional del Senado.

Desde el radicalismo, su titular Alfredo Cornejo usó un tono más duro: “Ya no hay excusa, se cerró el acuerdo de la deuda (que pudo ser mejor). El Gobierno ahora debe mostrar el plan económico para el día después de la pandemia. Queremos aportar a la salida de esta crisis que atraviesa el país”, sostuvo el dirigente de un partido con experiencia previa al endeudamiento de Macri: fue parte de la Alianza, en cuyo gobierno se trabó el megacanje y el blindaje con el FMI, que culminaron en la crisis de 2001.

Otro radical, el titular del interbloque de Juntos por el Cambio, Mario Negri, se pronunció: “Celebro que el presidente, Alberto Fernández, y el ministro de Economía, Martín Guzmán, hayan logrado el acuerdo con los acreedores externos. Este es un paso importante para el país, ya que permite sentar una de las bases para mejorar el acceso al financiamiento para el gobierno nacional, las provincias y, también, para el sector privado”. Negri también reclamó que “el Gobierno explicite el rumbo económico y presente los lineamientos de su política para el corto, mediano y largo plazo. Posiblemente, la discusión del proyecto de Presupuesto Nacional 2021 que el Poder Ejecutivo debe enviar el Congreso el próximo 15 de septiembre, sea el ámbito apropiado para lograrlo”. “Si seguimos sosteniendo un déficit de 8, 9, 10 puntos del PBI, no nos va a servir”, apuntó el diputado Ricardo Buryaile la dirección a seguir.

Desde la Coalición Cívica, su titular, Maximiliano Ferraro, afirmó que “desde el inicio de las gestiones apoyamos el proceso de reestructuración de la deuda porque lo importante era evitar un nuevo período de incumplimiento de nuestras obligaciones. Es auspicioso el acuerdo alcanzado, es el primer paso, una condición necesaria pero no suficiente, hacia una economía ordenada y con perspectivas de futuro”. “Ojalá que sea el punto de partida para un consenso sobre la necesidad imprescindible de contar con cuentas públicas equilibradas, la única manera real de hacer sostenible la deuda. Despejado el horizonte financiero, esperamos la presentación de un programa económico que genere las condiciones para la recuperación de la dura recesión actual y el inicio de un período de crecimiento económico que el país no consigue sostener desde el año 2011”, indicó.

En tanto, ya por fuera de la coalición Juntos por el Cambio, el dirigente José Luis Espert sostuvo: “Es una buena noticia para el país que los que nos metieron en default con la deuda externa, nos hayan sacado de ahí. En el medio quedaron las típicas bravucanadas pedorras de nuestra política”, ilustró. “Se cerró donde los acreedores querían. A años luz de lo que el gobierno deseaba”, interpretó.

Desde la izquierda, repudiaron el acuerdo, de manera consistente con su planteo de no pagar la deuda. El dirigente Christian “Chipi” Castillo consideró que “La clase dominante festeja en pleno el arreglo con los “buitres”, que legitima la estafa de la deuda macrista. La riqueza nacional seguirá llenando los bolsillos de los especuladores mientras se ajusta a los jubilados y laburantes. Solo el FIT-Unidad repudia la continuidad del saqueo”. El diputado Nicolás Del Caño consideró: “No es casual que los dirigentes de Juntos por el Cambio también estén festejando junto a los especuladores de Wall Street. El pueblo trabajador no tiene nada que festejar”.





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Macri, por Zoom y desde Francia, selló el rechazo a la reforma judicial | El ala dura de Juntos por el Cambio predomina y endurece la relación con el Gobierno



Nadie le dijo nada del viaje. Aunque todos habían estado murmurando por lo bajo. Desde su habitación de hotel en París, donde disfruta de sus vacaciones europeas, el expresidente Mauricio Macri se comunicó por Zoom con la cúpula de Juntos por el Cambio. Sin alusiones a su salida del país, los dirigentes pautaron que las reuniones de la conducción serán todos los lunes y discutieron sobre la reforma judicial. La semana pasada, antes del anuncio del presidente Alberto Fernández, habían sacado un comunicado rechazando una eventual ampliación de la Corte Suprema. Esa había sido la posición que forzaron Macri y Patricia Bullrich contra un Horacio Rodríguez Larreta más prudente. En el encuentro intercontinental, resolvieron sacar un nuevo comunicado contra la reforma y acordaron negarse a tratar el tema en sesiones virtuales. El comunicado sostuvo que la reforma “no tiene otra explicación que la puesta en marcha de un plan de
impunidad para las causas de corrupción que afectan a integrantes del
oficialismo”

Como informó este diario
, el expresidente recibió una andanada de críticas tanto externas como internas por su decisión de darse todos los lujos en un viaje por Europa en plena pandemia. No obstante, según comentó a este diario uno de los asistentes, nadie se animó a sacarle el tema en un encuentro de la cúpula de Juntos por el Cambio. Es el segundo que tienen en dos semanas. En el anterior había habido algunas tensiones con el sector moderado por las posiciones extremas que plantearon sobre la reforma judicial (aún antes de conocer los detalles) y sobre la moratoria. Los sucesivos comunicados que fue sacando Juntos por el Cambio la semana pasada mostraron que se impuso mayormente el ala dura. Aunque ninguna de esas misivas tuvo firmas. Solo el membrete de la alianza. No ocurrió lo mismo con el nuevo comunicado.

La reunión de los lunes era un clásico para Macri en el PRO. Ahora está consiguiendo reconstituirla en Juntos por el Cambio, como parte de una búsqueda por reconstruir su poder. No obstante, diversas voces del espacio consultadas por este diario insisten en que su papel en la toma de decisiones es menguante y que asiste a las reuniones casi como un “invitado”.

Lo cierto es que Macri participó desde París del encuentro, que duró una hora y media, y del que participaron también Larreta, Bullrich, el diputado Cristian Ritondo, el senador Humberto Schiavoni; por la Coalición Cívica, su titular Maximiliano Ferraro y Juan Manuel López;  por la UCR, Alfredo Cornejo, Mario Negri, Luis Naidenoff y el senador Martín Lousteau. No participó María Eugenia Vidal. Sí estuvo el auditor Miguel Angel Pichetto, quien planteó que había que diferenciarse más claramente de la reforma judicial para que nadie pudiera suponer que estaban abiertos a consensuar algo con el Gobierno. Macri lo secundó en esta posición.

Finalmente, designaron a un grupo de cada partido para que estudie y haga un seguimiento de los detalles de la reforma judicial. Por la fuerza de Elisa Carrió, estarán dos de sus personas de más confianza: Paula Oliveto y Juan López. Pero, a su vez, resolvieron salir con un segundo comunicado demarcando que se oponen a la reforma judicial y que bloquearán su tratamiento si se busca que sea en sesiones virtuales. Para eso, buscarán que no se prorrogue ese sistema en Diputados y comenzaron a discutir cómo diseñar una estrategia en el Senado que sea más efectiva, dado que ahí tienen minoría.

El comunicado, que finalmente salió por la tarde, sostiene que la reforma es “una reedición de la propuesta de los noventa”. “La llamada ‘reforma judicial’ que impulsa el gobierno kirchnerista implica la creación de una desmesurada e injustificada cantidad de cargos, cuyo costo fiscal estimamos en unos 4000 millones de pesos anuales”, afirmaron en un texto que firmaron todos los participantes de la reunión, incluído Larreta. Remarcaron que “el sistema acusatorio demanda más fiscales y no más jueces”. E insistieron en comparar la reforma con la ampliación de la Corte durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, además de asegurar que “funcionarios del gobierno promovieron la libertad de presos comunes y corruptos confesos” y que “los ciudadanos sufren la inseguridad y que tienen Jueces que solo se les ocurre liberar delincuentes”. Como se puede ver, la redacción tiene todas las señas de la ex ministra de Seguridad.

Además, en el Zoom discutieron distintas cuestiones del funcionamiento de la conducción de Juntos por el Cambio. Entre otras cosas, quedaron en verse todos los lunes. Macri lo seguirá haciendo desde Europa, porque no piensa volver hasta el 8 de septiembre.



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Acto de repudio a la presencia de Macri en París | Unas 300 personas participaron de la protesta contra el expresidente



Mientras el expresidente Mauricio Macri se reunía virtualmente desde Francia con la cúpula de Cambiemos para pactar el rechazo a la reforma judicial, en París un grupo de argentinos exponía un implacable alegato sobre las calamidades que sembró durante su mandato. A pleno sol, en la explanada de los Derechos Humanos del Trocadero, con la Torre Eiffel a la espalda y rodeados de banderas argentinas, colombianas, ecuatorianas y la wiphala de Bolivia (la bandera cuadrangular de siete colores utilizada por las etnias de los Andes), unas 300 personas asistieron al acto de repudio por el viaje de Mauricio Macri a Francia convocado por la ACAF, la Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia (lo declaró “persona no grata”). Los carteles eran ya toda una síntesis inapelable de la truculenta maraña de corruptelas multiplataforma que se extendió durante su presidencia. ”Macri, endeudador serial. Tu opulencia es nuestra indigencia”, decía uno. Otro ”Macri-Panamá Papers: corrupción, represión, desaparición, asesinatos, endeudamiento, miseria”. Un tercero “Malvenido Mauricio Macri”. Un cuarto reclamaba “la libertad para Facundo Morales”, un quinto la de Milagros Sala, un sexto decía: ”La caña con ruda macho es buena para los parásitos. Acá tenemos uno: Mauricio Macri”.

Varios oradores miembros de la ACAF, así como un representante del partido Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon y del Partido Comunista tomaron la palabra durante el acto. Explicaron al público la situación en la que el macrismo había dejado a la Argentina y el por qué de la convocatoria.

Por caso, Max Dickmann, uno de los vicepresidentes de la ACAF, narró los estragos macristas, desde la deuda, la corrupción, pasando por la persecución política, el desempleo, la pobreza y el desbarajuste de la economía. Para los participantes, las condiciones del viaje a Francia del exmandatario no tienen justificación alguna en un momento tan crítico como este. Por ello, la investigadora argentina Diana Quattrocchi-Woisson puntualizó que “este viaje es una ofensa que merece esta respuesta”. Otro miembro de la ACAF, José Eduardo Wesfreid, recordó que Mauricio Macri estaba igualmente investigado por la justicia argentina. Se trata de un expediente tan largo que otro orador aclaró que Macri “tenía tantas causas abiertas que harían falta varios días para describirlas a todas”. Ante los aplausos del público, los militantes argentinos reclamaron que Macri “entregue su celular”, tal y como lo ha solicitado la magistrada federal María Romilda Servini como parte de la causa donde se investigan presuntas presiones al Grupo Indalo durante el gobierno macrista (llamadas entre el expresidente, los extitulares de la AFIP, Alberto Abad, y Leandro Cuccioli entre otros imputados en la causa). Uno de los participantes citó los trabajos del economista Eduardo Basualdo (Investigador Principal del CONICET y Coordinador del Área de Economía y Tecnología FLACSO) para condensar mejor la hecatombe de desencadenó Cambiemos durante los cuatro años de su gobierno.

Al aire libre, en una tarde de verano generosa, el relato de la presidencia macrista sonó como una oración fúnebre. Sin embargo, se recordaron también a los injustamente juzgados, a los muertos como Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, ambos hechos encubiertos por un sistema de impunidad organizada, y a los negacionistas del anterior gobierno como el exministro de Cultura Darío Lopérfido. Eran tantos y tantos hechos nefastos que más bien parecía un mandato de varias décadas y no de apenas 4 años. Hubo por ello otro reclamo permanente, dicho con emoción, pero nunca tan visible ni sonoro como esa máscara protectora que llevaba una señora sentada a un costado en cuya tela un texto decía: «Memoria, Verdad, Justicia: Presente”.

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Mauricio Macri y el malestar que el viaje a Paris causó en la tropa | La bronca dentro de Juntos por el Cambio



Hubo quienes lo insultaron por lo bajo. Otros que hicieron lo posible por restarle trascendencia. Lo cierto es que en Juntos por el Cambio no cayó nada bien el viaje de Mauricio Macri
a París en plena pandemia. Las imágenes del ex presidente cenando en un restorán lujoso del barrio latino mientras en el país la mayoría de la población debe seguir en aislamiento trajo las previsibles críticas hacia la figura del ex mandatario. “Fue poco oportuno. Es lo que comentan todos”, señaló a este diario una de las figuras principales del ala moderada. “Así es Mauricio. Una celebrity más que un político tradicional“, consideraron otros. Nadie imagina que este viaje implique que Macri se esté retirando, aunque en el larretismo hubo quien analizó que el contraste del jefe de Gobierno trabajando en la crisis contra un Macri vacacionando en plena pandemia terminará por beneficiarlos.

Nada en política es gratis. Menos irse en un viaje de lujo siendo expresidente cuando la población está amenazada por decenas de muertes y una situación económica que ya venía frágil de 2019 y ahora está aún peor. No obstante, Macri lo hizo: tras su viaje a Paraguay –que nunca se terminó de explicar–, se subió a otro avión y, con la excusa de actividades de la FIFA
, se fue a vacacionar a París. Piensa volver a principios de septiembre, es decir, en un mes.

Pero eso no fue todo: lo que fue trascendiendo sobre su viaje con su esposa Juliana Awada y su hija Antonia muestra los lujos propios del millonario que es (que siempre fue). Allí se vio entonces su llegada al hotel de lujo La Réserve
, su cena al aire libre en la rive gauche en el café De Flore, su estadía en un departamento en el Boulevard Saint-Germain y sus planes de jugar al golf a pocos kilómetros de Saint-Tropez. Y, para completar, al bajar del avión se quejó de la cuarentena en la Argentina: dijo que estaba “recién llegado a una sociedad donde se vive en libertad y con responsabilidad”.

Todo esto, como era previsible, le valió una lluvia de críticas hacia un expresidente que decide viajar (y así) en el contexto de la pandemia. Dentro de Juntos por el Cambio, la decisión cayó muy mal, pero nadie levantó la voz. En privado, sí, hubo muchos comentarios negativos. “La verdad que fue poco oportuno. Lo que más dijeron muchos es que no tiene sentido en este momento. Fue innecesario”, comentó a este diario una de las principales figuras del ala “dialoguista”.

Otros en la sede de Parque Patricios fueron más duros: “Eso algo de nene rico y caprichoso. Se fue a Europa y dijo que allá está todo ordenado y en libertad”. No dejaron de notar el contraste de un Horacio Rodríguez Larreta al frente de la crisis con un Macri en retirada y de vacaciones, sin importarle las críticas. “No sé bien, pero intuyo que a nosotros nos viene bien esto”, comentaron.

Hay quienes  piensan que será inocuo: “La verdad es que no creo que influencie en si será o no líder del espacio. Macri se comporta más como una celebrity que como un político tradicional. Nadie espera que esté hablando en la ONU. Hay algo aspiracional en los que lo siguen y lo ven hacer estas cosas”, indicaban en el PRO bonaerense. “Todos sabemos cómo es Mauricio. Obvio que esto no nos suma, pero tampoco creo que nos cambie demasiado. La mayoría de los que se enojan ya no lo querían”, decía. 

“Algunos se sorprendieron, a otros nos pareció intrascendente”, indicaba un diputado del PRO con muchos años de política encima. “El tipo va a comer afuera en París porque ahí se puede. Entiendo que tenga repercusiones, pero la verdad es que acá no tiene ninguna responsabilidad institucional, ni tampoco forma parte activa de la toma de decisiones del espacio”, afirmaba. “Y por más que este viaje sea inoportuno, no creo que eso lo vaya a bajar de una candidatura a futuro“, analizaba. Y repetía una frase que este diario le escuchó decir muchas veces a distintos dirigentes del espacio: “Así es Mauricio…”.

Los aliados radicales y de la Coalición Cívica tampoco vieron con mucho agrado el viaje de Macri, pero le restaron trascendencia. A lo sumo, lo leyeron como una señal de que el ex presidente se aleja de las decisiones partidarias, algo que algunos de ellos desean fervientemente. “Tiene derecho a irse. Nosotros no lo hubiéramos hecho, porque creemos que es un momento para estar en el país, pero bueno… es su decisión”, fue la respuesta de una fuente cercana a Elisa Carrió.

La mayoría parece esperar que las noticias sobre su viaje se esfumen velozmente. Y que la población se olvide de que alguna vez sucedió.



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Cómo le gusta gobernar a Alberto Fernández | Rumbos,  aciertos, fallas, adversarios y enemigos del Presidente



“Los gobiernos nacionales conviven con fuerzas que ejercen cuanto menos el mismo impacto que ellos en las vidas de sus ciudadanos pero que se encuentran, en distintos grados, fuera de su control. Y, sin embargo, no tienen la opción política de claudicar frente a esas fuerzas que escapan a su control, ni siquiera en el caso que lo desearan”.

Eric Hobsbawm. “Guerra y paz en el siglo XXI”.

Juan Domingo Perón predicaba que un presidente manejaba el cincuenta por ciento de la realidad. Su sabiduría fincaba en elegir bien esa mitad y ejecutarla. Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner razonaron parecido aunque siendo menos optimistas en las proporciones. El presidente Alberto Fernández no se ha pronunciado públicamente sobre el porcentaje aunque es sencillo intuir qué piensa mediando una herencia asfixiante, un cerco geopolítico, una deuda externa récord. Y pandemia como frutilla venenosa del postre.

Quien conduce un país emergente en la nueva tormenta del mundo hace lo que quiere dentro de lo que puede… en el mejor de los casos. De cualquier forma, es interesante preguntarse cómo le gusta(ría) gobernar a AF, acusado de ser infec-dictador a la vez que títere por sus adversarios.

Vale rememorar los dos discursos ante la Asamblea Legislativa, primeros anuncios pre corona virus. Las propuestas de ley, no las generalidades. También lo que hizo cuando la covid-19 cambió para siempre la historia, le confirió un enorme poder temporario a cambio de hacerse cargo de un desafío tremendo y trágico.

* Al presidente lo entusiasma articular con gobernadores e intendentes, pactar acciones conjuntas o concertadas por la división federal de poderes. Los enaltece, les abre el juego, les “da cámara”. Las conferencias de anuncios sobre cuarentena proveen escenas jamás vistas antes en la Argentina. Las condiciones de riesgo “piden” que los mandatarios ejerzan autoridad y exhiban un grado elevado de coincidencias. El mérito del presidente, en este caso, es procurar conseguirlo.

* A Fernández le “cabe” consultar con especialistas, escucharlos, realzar sus consejos, tomarlos en cuenta, difundir sus nombres, agradecerles en público. Los infectólogos a la cabeza.

* En el mismo sentido, con rango de institución permanente, el Consejo Económico Social aspiraba a remozar el sistema democrático con un cuerpo consultivo de participación plural.

El Consejo de Juristas (“el Consejo”) para la Reforma judicial es otra propuesta para visibilizar debates, tratarlos con tiempo y con altura, fomentar las polémicas. Subleva que se menoscabe la iniciativa atribuyéndole urgencia, objetivo único (“salvar a Cristina”). Y que figuras relevantes del mundo intelectual y académico prefieran alertar sobre los peligros antes que proponer mejoras al Poder Judicial, que es una calamidad.

Los dos Consejos proveen ejemplos acerca de límites para la voluntad presidencial. Al de juristas lo sabotean la oposición política y mediática, el contrapoder de los adversarios.

Las demoras para implementar el Consejo Económico Social delatan demoras de gestión, dificultades para hacer realidad las intenciones. Deudas del gobierno por su propio funcionamiento antes que obstáculos generados desde la vereda de enfrente.

La Reforma Judicial “corta” anunciada esta semana se concretó a ocho meses de su anuncio al asumir. Hay un cúmulo de motivos concurrentes (la pandemia siempre está). Pero sería complaciente soslayar que el gobierno tardó mucho, algo que le recriminan sus antagonistas pero también muchos de quienes lo apoyan sin ser obsecuentes ni seguidistas.

                                                            ***

Mucho más que Comodoro Py: La Reforma Judicial (“la Reforma” en adelante) va en pos de varios objetivos, todos compartibles. Sería mala síntesis cifrarlo solo en licuar el poder de los jueces de Comodoro Py. La reingeniería de los fueros federales se expande, para empezar, por toda la Argentina.

La creación de juzgados en las provincias cumple dos funciones imprescindibles. Terminar con el unicato, fuente de concentración de poder en pocas manos. Y fomentar acción más eficaz contra determinados delitos en todo el territorio nacional. Alberto Fernández aspira a que la estructura reforzada combata (de una buena vez) al “crimen organizado” (textual).

El discurso dominante “anti corrupción” centraliza la mira y la persecución en delitos cometidos por funcionarios como autores principales o cómplices necesarios. Las coimas (“cohecho” en jerga técnica) son el arquetipo. Crímenes graves, por cierto, en los que la responsabilidad del funcionario es mayor que la del coautor. Pero no agotan el inventario de delitos federales impunes y muy graves. También se consuman a diario y con enorme inmunidad el contrabando, la evasión fiscal, el lavado de dinero, la trata de personas. No es imprescindible que las asociaciones ilícitas que los perpetran cuenten con ayuda dolosa de personal del Estado. Pocos peces gordos que lideran esas bandas llegan a los banquillos judiciales, casi ninguno es condenado. Bicolor el sistema penal : se ensaña con “negros”, deja en paz a delincuentes de guante blanco.

Los fueros federales Penal Económico (alias Penal cómico) y Contencioso Administrativo están colonizados por grandes estudios que comparten con numerosos jueces o camaristas ideologías, lazos familiares, cátedras y vaya uno a saber qué más.

Fusionarlos ataca a dicha trama de contubernios. Ahorraría por añadidura cantidades de conflictos de competencia urdidos por litigantes aviesos y avalados por jueces porosos. La conflictividad procesal fundada en cuestiones jurídicas esotéricas cumple la función de demorar los trámites, a menudo en sus inicios. Enredarlos, pavimentar el camino hacia la prescripción o el cajoneo.

La creación de numerosos juzgados federales, matemática pura, baja el porcentual de poder de los supervivientes del nefasto sistema actual pergeñado por el ex ministro Carlos Corach hace cerca de treinta años.

La actualización no conllevará cambios de competencia de los expedientes ya iniciados. Todos seguirán en el tribunal que los sustancia aunque los fabuladores de derecha afirmen lo contrario. “Los pleitos contra Cristina” no cambian de manos…

La Reforma tiene que coronar la implantación del sistema acusatorio ya fijado por ley pero pendiente en la Ciudad Autónoma (CABA). Poner fin a las facultades exorbitantes de jueces que además llevan adelante la acusación. Jueces-fiscales al mismo tiempo es igual a inquisidores. Si Sus Señorías se especializan en lo suyo mientras los fiscales se hacen cargo de investigar-acusar se sanea el proceso. El proyecto de ley determina un plazo máximo de dos años para que el procedimiento acusatorio tenga plena aplicación en la CABA.

Los objetivos son loables, reclamados desde décadas atrás. En la Casa Rosada, empezando por el Presidente, cunde el optimismo: se llevarán a cabo, en tiempo y forma.

                                                                    ***

Los riesgos y lo que falta: Tal vez, intuye este cronista, esa lectura subestima los riesgos de potenciales adversarios de la movida. Judicializar decisiones políticas es un deporte expandido en estas pampas, los campeones mundiales revistan en el Poder Judicial. Un amparo no se le niega a nadie, menos a un colega juez ofendido y de derecha. La historia reciente abunda en ejemplos de cautelares exorbitantes que paralizan por años decisiones políticas. Afirmar que ocurrirán constituiría exceso de pesimismo. Asegurar que son imposibles caería en el extremo opuesto.

Otra crítica admisible finca en lo que falta. La ley y el temario entregado al Consejo de Juristas se especializan en los grandes tribunales y en la materia penal. Queda pendiente ocuparse más del acceso ciudadano en condiciones dignas e igualitarias a los tribunales comunes, laborales, de familia, de defensa de la competencia. La cercanía territorial y empática ranquean en primer nivel. La atención veloz, los trámites abreviados, la gratuidad de patrocinio letrado para las personas de bajos recursos, suman derechos no concretados. No hablamos de un terreno desértico ni falto de precedentes valiosos. Sí de insuficiencias crecientes que la malaria ahondará.

Los tribunales del Trabajo y los previsionales siguen siendo las Cenicientas del poder judicial, apenas tangencialmente contemplados en las iniciativas comentadas.

Resumen ejecutivo: la movida es valiosa, cuesta comprender por qué se atrasó tanto. Afronta la perspectiva de empantanarse por resistencia de los perjudicados. Nace inconclusa en una faceta esencial: los derechos de litigantes rasos, desconocidos, gente común.

Si avanzara el juicio por jurados en sede nacional o porteña comenzaría la participación ciudadana en el más aristocrático de los poderes, conservador, vitalicio, ajeno al veredicto popular. Casi tan anti republicano como ineficiente y arrogante… es mucho decir.

                                                                    ***

Sesenta en seis: Las sesenta medidas económicas para la pospandemia, comentan en la Casa Rosada, se darán a conocer a fin de esta semana o en la siguiente. Aparte de medidas coyunturales, se proyecta un plan de desarrollo: inversiones, fomento de economías regionales, obras públicas. El espacio nacional se divide en seis regiones: Centro, Patagonia, Cuyo, NOA, NEA y el AMBA (puesto de resalto por el impacto del coronavirus). Los ministros Eduardo de Pedro y Matías Kulfas los conversan con los gobernadores. Se discuten, se enmiendan, se mejoran. La idea presidencial es una presentación conjunta que subraye la concepción federal. Un anhelo novedoso, impuesto por la peste: que la reactivación y las bases del modelo de desarrollo lleguen desde las provincias a la zona metropolitana.

La lectura de la crisis y, de nuevo, el ánimo pactista caracterizan a Fernández. En el costado del “DEBE” se insinúa la costumbre de anticipar medidas sin realizarlas, de caer asiduamente en la redundancia de preanunciar anuncios.

Otra falla, discutida intramuros del gabinete: la gestión morosa en planes de vivienda, no tan ambiciosos pero con baja ejecución. Gravitan restricciones por motivos de cuidado, los protocolos restringen cantidades de trabajadores. Quizás se agreguen carencias propias, comentadas en voz baja o no tanto.

                                                                      ***

Los rumbos, los otros, el poder: En el principio el verbo fue “poner”: plata en bolsillo de los más humildes. Durante la peste, preservar las fuentes de trabajo y los derechos laborales. Inversiones sociales enormes, salvatajes a empresas, prohibición de despidos, doble indemnización, ahora reglas para el teletrabajo. Coherentes con la historia del peronismo, afrontando resistencias corporativas.

De todos modos, al Gobierno le cuesta construir poder democrático para llevar adelante medidas y proyectos. Subrayamos “poder democrático”, hay que ser enfático en tiempos de discusiones ponzoñosas. Vicentin es el ejemplo acabado, para nada el único. Expropiar una empresa para rescatarla es una medida económica, no un mandato humanitario, que se debe encarar más allá del resultado. Impulsar lo inviable daña la reputación del gobierno, dispersa fuerzas, fortifica a los contrincantes. Un error por donde se lo mire. Quien propugna una expropiación debe contar con los votos necesarios en Diputados. Quien aspira a concitar consensos debe construirlos en el Agora, los medios, dialogando con los interesados.

La lentitud para legislar el tributo a los grandes capitales, la impotencia (hasta ahora) para sancionar a grandes evasores o al menos denunciarlos con pelos y señales muestran a un gobierno diametralmente diferente al que pinta la derecha. Limitado en el conflicto.

“Condenado” a auxilios y subsidios para casi todos por razones válidas, al oficialismo le falta todavía vigor para enfrentar a los poderes fácticos.

Alberto Fernández llegó en un momento difícil, agravado con crueldad por la peste. Su labor esencial en todos los frentes es la reducción de daños. El apoyo de la población a la dura cuarentena, el mantenimiento de la paz social, la vocación de apuntalar el piso de derechos sociales mejoran el acervo presidencial.

En el inventario de sus virtudes y las de su equipo raya alto laburar 24×7, a todo trapo, sin desmayos y sin hacer alharaca. Cumplen su deber, vale. También dan un ejemplo contrapuesto a la conducta frívola. egocéntrica y despectiva del ex presidente Mauricio Macri, un holgazán en París.

A tres años del asesinato de Santiago Maldonado “la justicia” retacea la designación de un magistrado imparcial para investigar su muerte y eventual desaparición. En el doloroso aniversario también corresponde preguntar dónde está Facundo.

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Mauricio Macri en Paris: una visita en estado de desgracia | Este lunes será escrachado por la Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia (ACAF) 



Una visita en estado de desgracia, con algunos misterios residenciales y un destino final, Suiza y la FIFA, cuyo presidente, Gianni Infantino, tiene a la justicia en la puerta de su despacho. Mauricio Macri aterrizó en Francia y va rumbo a Suiza para asumir su cargo como presidente de la Fundación FIFA, donde lo designó Gianni Infantino, hoy imputado por la justicia Suiza (abuso de autoridad, violación del secreto profesional y trabas a la acción penal). Además de la controversia que el viaje a Francia del expresidente Mauricio Macri generó en la Argentina y cuyo desenlace fue incrementando la polémica, al ex mandatario le espera este tres de agosto un coro de bienvenida. La Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia (ACAF) organiza este lunes en la Explanada de los Derechos Humanas ubicada en Trocadero, frente a la Torre Eiffel, un acto de repudio contra el desplazamiento de Mauricio Macri a Francia en un momento nacional y mundial de extrema precariedad. Permanecerá en el territorio francés los 14 días de cuarentena que la Confederación Helvética impone a todos los viajeros que aterrizan en Europa. En el caso específico de Francia, Mauricio Macri no debió cumplir con las dos semanas de cuarentena porque la Argentina no integra la lista de 16 países a cuyos ciudadanos sí se les impone dicha medida.

Luego del fin del confinamiento, las medidas restrictivas se fueron levantando poco a poco. No obstante, tras el amague con una segunda ola de infecciones, el Gobierno apretó un poco las cuerdas y hoy el uso de las máscaras es obligatorio en todos los espacios públicos cerrados. No se ingresa a una panadería ni a un centro comercial sin máscaras protectoras. El arribo a Francia está condicionado por dos obligaciones: que exista una razón y que el viajero haya realizado el examen con hisopados (se hizo en la Argentina), con el cual se prueba que las personas no están contagiadas con covid-19. Se sabe que el ex mandatario estuvo de paseo por el barrio latino y cenó en uno de los lugares más célebres del mundo, Les Deux Magots. Hoy es un templo del turismo mundial pero su celebridad se la debe a la cantidad y la calidad de escritores que se sentaron en sus mesas o escribieron sus obras allí. Hay, no obstante, dos misterios. ¿Dónde está el presidente y hacia dónde irá ?. Sobre el hotel en que supuestamente reside se trenzó una controversia por el lugar que se citó. Se trata del Hotel La Reserve, uno de los palacios más caros de París. La Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia (ACAF), la cual realiza el escrache de este lunes en el Trocadero y lo considera “persona no grata”, denunció en un comunicado que “Su ostentación de lujo desde el hotel « La Reserve », contrasta con la grave situación económica que sufre el pueblo argentino producto de las nefastas consecuencias sociales y económicas y del endeudamiento sin precedente en que dejó al país su gobierno entre 2015 y 2019 y de los estragos de la pandemia”. Por lo pronto, en La Reserve lo dan como huésped desconocido al mismo tiempo que varias filtraciones aseguran que se mudó de allí a la casa de unos amigos ubicada en el barrio Latino. Voceros del presidente negaron que se haya mudado, así como que ya habría salido a cumplir con el resto de los días a la Costa Azul (Niza). Se evoca una “salida próxima” hacia la costa mediterránea. Los gatos son misteriosos y a Macri lo contagiaron los gatitos. El desplazamiento no sólo generó roces retóricos en el seno de Cambiemos, sino que, además, lo que queda del viaje no es nada luminoso. 

Su interlocutor en Suiza no es otro que su amigo Gianni Infantino, el presidente de la Federación Internacional de Fútbol a quien también lo siguen de cerca los jueces. Mauricio Macri tiene causas e investigaciones judiciales pendientes en la Argentina y, desde el pasado 31 de julio, el míster FIFA también. La fiscalía suiza abrió un proceso penal contra Infantino en torno a un caso que lleva la marca de fábrica de este nido hediendo de la corrupción del fútbol mundial. La fiscalía lo acusa de haber mantenido reuniones secretas con Michael Lauber, el responsable de la oficina del Fiscal Federal (procurador). En 2016, Infantino tuvo dos encuentros con Lauber y otro más en 2017. En ese momento el procurador suizo estaba llevando a cabo una mastodóntica investigación en torno a la corrupción dentro de la FIFA con ramificaciones en el mundo entero. El procurador especial suizo, Stefan Keller, estimó que en esos encuentros había “indicaciones de una conducta criminal”. En lo más terrestre y concreto, a Infantino y a Lauber se les apunta por la estrategia que habrían pactado para borrar las pruebas sobre la corrupción en la FIFA. Se trata, objetivamente, de todo el sospechoso entramado de votos comprados y comisiones pagadas para que Rusia y Qatar fueran elegidas como sedes de los mundiales de fútbol de 2018 y 2022. El caso es de tal gravedad que, a finales de mayo, el Comité Judicial del Parlamento inició un proceso de destitución contra Michael Lauber (renunció el 24 de julio).A ese santo lugar se dirige Mauricio Macri luego de su estadía en Francia. Pero también hay otro misterio pendiente: no se sabe si, cuando llegue a Zúrich, su interlocutor, Gianni Infantino, no habrá corrido ya la misma suerte que su predecesor, Joseph Blatter, es decir, el alejamiento del cargo (2016). En un momento se especuló en París con que Infantino podría renunciar a la FIFA al menos durante el tiempo que dure la investigación penal recién abierta en su contra. Sin embargo, en un tardío comunicado de la FIFA el organismo afirma que Infantino “continuará ejerciendo plenamente sus funciones y responsabilidades”

Gianni Infantino nombró en persona a Mauricio Macri para dirigir la Fundación FIFA. “Mauricio es el perfecto elegido para liderar este proyecto”, dijo Infantino cuando eligió a su amigo. En un momento tan inestable para su “amigo” PáginaI12 buscó corroborar que los dos hombres se encontrarían en Suiza, pero la FIFA se mostró imprecisa y molesta. Tal vez, los últimos acontecimientos hayan complicado la agenda de la FIFA. A su presidente lo imputó la justicia suiza y al ex presidente Mauricio Macri lo indaga la argentina. Ya se sabe que Suiza es un paraíso para los perseguidos y la plata, venga de donde vengan ambos.

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“Cambiemos apuntó a ser mucho más que antikirchnerismo y terminó quedando solo en eso” | Guillermo Levy, autor de La Caída. De la ilusión al derrumbe de Cambiemos



“La presidencia de Mauricio Macri comenzó con una enorme carga de optimismo, que se potenció aún más con la victoria en las elecciones legislativas de medio término, en octubre de 2017”. Sin embargo dos meses después, dirá el autor, “el ciclo presidencial de Macri empezó a construir su fecha de vencimiento”. En La Caída. De la ilusión al derrumbe de Cambiemos (Editorial Marea, 2020), Guillermo Levy analiza la derrota de Cambiemos/Juntos por el Cambio y la forma en que se inserta esta experiencia en el marco de los casi cuarenta años de democracia. En diálogo con Página/12 Levy, docente de la carrera de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señala los límites externos e internos con los que se topó la coalición de gobierno y arroja sus hipótesis detrás de ese 40,44 por ciento del electorado que buscó su reelección. Además, las distintas formas que asume el progresismo en la Argentina de hoy y el gobierno del presidente Alberto Fernández (Frente de Todos), cuyos primeros meses transcurren en medio de la pandemia por el coronavirus.

–¿Por qué La Caída? ¿El título del libro refiere a Mauricio Macri como figura política o a Cambiemos como fuerza política?

–Hablo de caída y de fracaso. Las dos palabras son muy representativas y, sobre todo, la articulación entre las dos. Sí diría claramente una caída de Macri, aunque no diría un fracaso total de Cambiemos o de Juntos por el Cambio. Pero sí de una experiencia de poder, que no intentó ser una fuerza vinculada a una clase política novedosa sino una mediación entre la sociedad civil y el Estado, es decir, nunca se asumió propiamente como una clase política. Es la primera vez que en la Argentina llega al poder una fuerza política que no se asume como fuerza política estatal sino que se asume como la representación de una cantidad de demandas sociales cruzadas por un fuerte antiestatismo. Creo que Macri, como figura política preponderante en la Argentina, se acabó, lo que no quiere decir que no pueda ser candidato a diputado por la Capital en 2021 o que no pueda ser una figura que siga influenciando. Pero no vuelve a ser presidente ni una figura determinante en la política argentina. Algunos quieren situarlo como “el nuevo Cristina”, en el sentido de que con él no alcanza pero sin él tampoco. Me parece que es darle demasiado a un Macri que es la imagen de un fracaso y que solo queda como figura golpeada del antikirchnerismo más duro.

-Sin embargo, Cambiemos fue gobierno en 2015, sacó un buen caudal de votos en octubre pasado, y hoy el espacio está en carrera, a diferencia, por ejemplo, de lo que sucedió con la Alianza.

–Creo que la fuerza Juntos por el Cambio/Cambiemos tiene vigencia y representa una cantidad importante de demandas de la sociedad civil. Ese 40 por ciento de octubre último no es un capital inamovible pero tampoco fue solamente una coyuntura electoral. Me parece que el éxito de Cambiemos radicó en la sociedad civil, es decir, en la construcción de una marca que articuló a los que añoran la dictadura, hasta los que detestan la política o que tienen una mirada contraria a cualquier regulación estatal, y todo el progresismo antiperonista que no tiene una agenda reaccionaria pero que es profundamente antiperonista. Por primera vez en la historia argentina hubo una marca enorme y superefectiva desde la derecha para ganar elecciones. El gran fracaso radicó en el salto de la sociedad civil a la gestión estatal nacional. En términos institucionales, algunos podrían pensar que algunas cosas se hicieron bien, lo mismo con la reducción del déficit primario fiscal, y cuestiones vinculadas con la modernización de la gestión pública en algunas áreas, aunque fueron intentos que quedaron truncos, pero sacando esto, fue un fracaso en todas las líneas. En su momento tuvo algunas audacias políticas pero que no le granjearon políticamente demasiado, como fue mandar al Congreso la ley de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE). Tal vez haya que rescatar que, desde el ‘83 hasta hoy, el voto antiperonista en la Argentina nunca bajó del 25 o 30 por ciento, y que ese es un piso que excede a cualquier coyuntura económica.

–De hecho Cambiemos superó ampliamente ese 25 o 30 por ciento.

–El macrismo apuntó a ser mucho más que antikirchnerismo, aunque terminó quedando solo en eso. Muchos de sus armadores apuntaron a que el espacio se transformara en una nueva fuerza hegemónica de una derecha moderna, de un capitalismo serio en la Argentina, pero no sucedió. Hoy, ese antiperonismo reciclado en antikirchnerismo es una fuerza electoral, política e ideológica que es independiente de que te suban la cuenta de luz un mil por ciento. Macri construyó su piso en esa minoría intensa. Es decir que hay un voto antiperonista que aglutina de diversos sectores: desde una derecha reaccionaria y neoliberal, hasta mucho progresismo antiperonista que no está en contra del aborto, que no reivindica la dictadura, que no tiene una agenda social reaccionaria, que no plantea que haya que bajar la edad de la imputabilidad, pero que es profundamente antiperonista. Y por eso hablo de diferentes progresismos y de la división fuerte del progresismo con el kirchnerismo.

–¿Cómo son esos distintos progresismos?

–En una parte de la clase media tenemos un progresismo que ve en el kirchnerismo la realización de las mejores banderas de la transición democrática en adelante, lo mejor del alfonsinismo, lo mejor de la renovación peronista, lo mejor de lo que intentó ser el Partido Intransigente, lo mejor de lo que intentó hacer el Frente Grande. Y para otro progresismo, el kirchnernismo es un menemismo dos; es la continuación del menemismo con discurso de derechos humanos. En ese sentido hay una barrera que se hizo enorme. Y entonces la mayoría de este progresismo hoy va a seguir votando seguramente por alguna opción que se rearme en torno a lo que fue Cambiemos o Juntos por el Cambio o alguna otra opción que se arme de algún progresismo no peronista pero no creo que vaya a apoyar a este gobierno.

–En el libro plantea que el macrismo tuvo puntos altos de confrontación con una “Argentina progresista”. ¿Cuáles son esos puntos?

–El tema derechos humanos quizá fue el único eje en el que el gobierno de Macri tuvo una actitud militante contra todo el legado de medio siglo de los organismos de Derechos Humanos en el país. Desde la discusión del número de desaparecidos a hablar del “curro de los Derechos Humanos”, a volver sobre la “teoría de los dos demonios”, a la reivindicación de la Gendarmería luego de la muerte de Santiago Maldonado o su protección frente al crimen de Rafael Nahuel o la puesta de modelo de policía a Chocobar. Creo que ahí Cambiemos vio que en ese andarivel crecía y lograba hacerse eco del punitivismo penal que en la Argentina tiene un consenso importante –que cruza “la grieta”– y en el que muchos medios trabajan incansablemente hace décadas. De hecho no es casual que la ministra con mejor imagen de los cuatro años de gobierno sea Patricia Bullrich. Ahí Cambiemos puso sus cañones en una batalla en la que se sabía ganador desde el comienzo porque representaba construcciones de sentido común mayoritarias.

–Al analizar el contexto en el que Macri asumió, habla de un “optimismo que atravesó distintas miradas ideológicas y posiciones institucionales”. ¿En qué consistió ese optimismo?

–La idea de un cambio de ciclo, de un cambio de época, fue una construcción eficiente de los equipos de campaña de Cambiemos, que fue tomado por actores interesados pero también por otros que creyeron ver en Cambiemos el comienzo de un ciclo no peronista de crecimiento económico y fortaleza institucional. En los dos primeros años se puede ver un optimismo desbordante, una seguridad del fin del kirchnerismo, y una militancia periodística en exaltar todo acto del gobierno o toda manifestación del presidente y también de la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, a la que se la ve como un hada buena arrasadora donde se vuelve casi imposible vislumbrar un fracaso tan rotundo tan poco tiempo después. Toda esta exaltación son dos años: desde el triunfo del ballotage del 22 de noviembre de 2015 hasta la crisis iniciada, a mi entender, en diciembre de 2017.

El manejo de la inflación y la cuestión de la reforma jubilatoria minaron parte de ese respaldo al gobierno. ¿Qué otras políticas o medidas socavaron esa ilusión?

–El intento trunco por empezar a liberar represores, que se cae con la inmensa movilización del 10 de mayo del 2017 con más de 200 mil personas, o cualquier intento de expectativa de que el macrismo daría una amnistía o un indulto, el pañuelo celeste, hace que muchos se desilusionen con Cambiemos, más allá de que lo pudieran haber vuelto a votar en 2019 para que no vuelva a ganar el peronismo, o Cristina. Muchos de ellos tampoco le perdonan haber puesto en discusión el tema del aborto en la Argentina; como la derecha política no le perdonó al expresidente Raúl Alfonsín el Juicio a las Juntas. En diciembre de 2017, a dos meses del triunfo electoral de medio término, la reelección de Macri era algo prácticamente indiscutible, al menos después de la elección de octubre de 2017. En dos meses pasan dos hechos que al macrismo le van a pegar bastante duro. Por un lado, el fracaso político de la ley de reforma previsional; por otro, el cambio de la meta inflacionaria. En esos días, todo el equipo económico brinda una conferencia de prensa en la que dice que la inflación de 2018 no iba a ser de un 10 por ciento como pensaban sino de un 15. Ahí el gobierno mostró su debilidad e inmediatamente empezaron las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). De pronto, a menos de dos años de asumir, el gobierno salía a pedir la escupidera del FMI para no caer en default. Creo que ahí comienza el derrumbe, sumado a otras cuestiones.

–¿Como cuáles?

–Hay otras ilusiones que el macrismo articuló y que tienen que ver con un desgaste lógico de doce años de kirchnerismo, con una cantidad de errores que hubo en la última etapa también, con ataques desmesurados hacia los sectores medios, y con el muy buen armado acerca de las denuncias de corrupción –algunas ciertas y otras inventadas–, pero que tiene que ver con generar un clima de fin de ciclo y de hartazgo ético que ya se había construido también hacia el final del menemismo. Y cuestiones puntuales como la eliminación del impuesto a las Ganancias de los salarios. Mucha gente apoyó a Macri por esa promesa. Sin embargo, el macrismo aumentó la cantidad de asalariados que pagan este impuesto.

–¿Cómo es ese neoliberalismo con agenda social que observa con el macrismo?

–La agenda social no es prerrogativa del peronismo ni de la izquierda ni del progresismo. Las diversas derechas también pueden tenerla y la han tenido en la historia mundial. Cambiemos se nutre también de mucha militancia proveniente de la iglesia católica y de las iglesias evangélicas que tienen preocupación por la cuestión social y arraigo en sectores populares, por supuesto que con otro formato ideológico que se puede tener en un gobierno progresista. Cambiemos sabe desde el comienzo que un ajuste sin política social activa implica explosión social en un país como la Argentina. El Ministerio de Desarrollo Social tuvo más planes y beneficiarios que en la gestión anterior. La Argentina tiene muchos límites a un programa de ajuste que destruya condiciones de vida y de trabajo sin conflictividad. La derecha más neoliberal, que ya salió desde el primer momento a criticar el “gradualismo” de la primera etapa conducida por Alfonso Prat Gay, pedía que se echara a un millón de empleados públicos. Cambiemos no solo no es una alianza homogénea sino que ha logrado construir una certeza de hasta dónde se puede y hasta dónde no en este país.

–Además, la sociedad también impone sus límites.

–La resolución de la Corte Suprema del 2×1, que hubiese implicado empezar un proceso de liberación de represores, fue cortado de cuajo con una inmensa movilización en mayo de 2017. Así, en varios planos, los límites sociales y culturales construidos desde la transición democrática están vivos en diferentes grados y ponen límites a cualquier aventura de derecha económica dura o que vaya atrás de algunas conquista básicas de nuestra democracia recuperada en 1983. La caída del 20 por ciento del salario real de los docentes de la provincia de Buenos Aires le salió muy caro a Vidal, con el inmenso paro de Suteba. Esas muestras de fuerzas representan límites bien precisos.

–Si en tres años le agregara un capítulo al libro, ¿cómo imagina ese apartado adicional, seguramente dedicado a analizar el mandato de Alberto Fernández, y en el marco de los cuarenta años de democracia?

–Seguramente acerca de la dificultad del reformismo o quizá, ojalá no, la imposibilidad de un verdadero reformismo exitoso en la Argentina. Así como una hegemonía neoliberal en la Argentina o un ciclo largo neoliberal es difícil de sostenerse por los límites que trato de abordar en el libro, un reformismo que se proponga impulsar un desarrollo productivo con integración social, alentando actores y capacidades no explotadas, solucionar los problemas básicos de infraestructura, construir una institucionalidad estatal menos facciosa, garantizar una verdadera reforma impositiva progresiva, fortalecer un bloque regional, forzar a que la cúpula económica tenga una agenda más amplia que de fugar divisas y tener rentabilidades aseguradas, también es una tarea que tiene límites enormes.

–¿Entre ellos?

–Límites corporativos, límites institucionales en diversos poderes del Estado, límites internacionales, regionales, pero también límites sociales y culturales importantes. La oposición “bolsonarista” que se viene agitando contra Alberto y Cristina Fernández y la marcación de cancha que intentan hacer los sectores más concentrados del capital muestran también límites poderosísimos para el éxito de cualquier experiencia reformista sustentable. Las dificultades y tropiezos con Vicentin, la ofensiva que se armó cuando el presidente denunció a Techint por los 1400 despidos al comienzo de la cuarentena o la oposición tajante al intento de reforma judicial son algunas muestras de esto. El capitalismo serio e institucional que propuso Cambiemos fracasó sobre todo porque no produjo crecimiento, redujo el consumo, aumentó la pobreza, aniquiló trabajo de calidad y tampoco se fue con la bandera de la ética con la que se fue –no estoy afirmando si merecidamente o no– Alfonsín. El fracaso o no de esta difícil experiencia del Frente de Todos depende de otras cosas, pero cuenta con enemigos mucho más poderosos que con los que se enfrentó Cambiemos. Aun así, propone un anclaje en la historia nacional mucho más potente que, de lograr algunos éxitos en la pospandemia, va a dejar por un buen tiempo, creo, a Juntos por el Cambio o en lo que esta coalición mute, fuera de la conducción del Estado.



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Millonarios patrióticos



Cierta vez, Mario Vargas Llosa se quejó por la existencia de un Noam Chomsky en Estados Unidos. ¡Justamente en el corazón de la democracia y el libremercado! No podía ser, se ofuscaba. ¿A dónde iremos a parar? Estaba mal informado el más que ardientemente neoliberal y capitoste de la Fundación Libertad. En USA hay muchos que están en contra del neoliberalismo, esa forma financiera de ese capitalismo depredador que se impuso en el mundo a partir de la caída de la URSS. Desde hace un año (o algo así) se desarrolla en el país imperial una organización que se ha puesto por nombre Patriotic Millionaires. O sea, Millonarios Patrióticos. Se opusieron a Bush cuando les quiso bajar los impuestos a los poderosos. Se reunieron con Obama y le comunicaron sus ideas. Piden algo que –a primera vista- parece insólito. Que les aumenten los impuestos y ese dinero se reparta entre los pobres y los que no tienen trabajo. Eso piden. Esa es, en lo esencial, la plataforma básica que sostienen. Su presidente llegó a declarar: “Prefiero pagar más impuestos y no terminar ahorcado”.

Sucede que los poderosos de este mundo son ciegos, son torpes y, sobre todo, son egoístas y mala gente. Parecen ignorar que el capitalismo está devastando el planeta. Que sus industrias lo envenenan. Que la desigualdad entre sectores y clases y subclases sociales es abismal. Que un diez por ciento tiene la riqueza que no tiene el noventa que resta. Carecen de sentimientos humanitarios. Destilan un desdén absoluto sobre los que están debajo de ellos en la escala social. Tienen billetera, no tienen corazón. Ya se sabe.

Parecen ignorar que tal vez el mundo no puede continuar así. Que habrá rebeliones, que los que marchan contra el racismo también marchan contra el sistema que lo sostiene. Cuando el presidente de Millonarios Patriotas dice que no quiere terminar colgado es porque sabe que este sistema basado en las finanzas, en la usura internacional, tendrá que explotar alguna vez. O por el calentamiento global. O por el hartazgo de los pueblos. Pero estallará. Y no por la pandemia. La pandemia terminará, habrá por fin una vacuna y ahí se verá qué hace con ella el capitalismo, que por naturaleza distribuye mal, atiende primero a los bancos y a los ricos y luego a los que siguen (si alcanza).

¡Qué bien nos vendría tener en nuestro país una organización como Millonarios Patrióticos! Pero no, aquí, el poder está híperconcentrado. Está en pocas manos que tienen muchos y fuertes tentáculos. Dominan el poder mediático, que es el sujeto absoluto de nuestros tiempos. Y colonizan la subjetividad del vasto universo receptor. La conciencia de la población receptora es pasiva, recibe de lleno los significantes del poder. Respalda a empresas multinacionales que no le ha dado ni nunca le dará algo. Es el patético sujeto-sujetado. Yo creo ser otro que nunca seré porque apoyo sus intereses. ¿O no han salido a cacerolear en defensa de la multinacional Vicentin? ¿Tienen acciones ahí? No tienen nada. Tienen cuotas, muchas cuotas, la limosna que los poderosos dejan caer sobre los del medio y –si es posible- los de abajo. Aunque raramente es posible. Al final terminan devorados por los intereses de la usura financiera. Pero no importa. Ellos se sienten en la cumbre cuando cacerolean por una multinacional.

El que se va a París y a Suiza en business class es el niño mimado de las clases altas y las medias atontadas de este país. Macri es un personaje con reminiscencias monárquicas. “Si no tienen pan que coman pasteles”, dijo célebremente María Antonieta ante la furia del pueblo francés sublevado. Le cortaron la cabeza. MauMac tendrá otro destino. A nadie se le debe emancipar su cabeza con una cuchilla descendente. Pero sabe irritar. ¡Ah, el viaje a París! Que revienten los que se quedan en ese país que arruiné. Yo me voy. Aquí se respira el aire de la democracia. Se va, es cierto, porque aquí tiene problemas judiciales. Pero sobre todo le gusta irse para refregarnos en la cara su condición monárquica, su condición de privilegiado ciudadano del mundo.

 

Muy lejos está MauMac de los Millonarios Patrióticos. Y otros poderosos de este país también. En fin, casi todos ellos. Odian al populismo porque odian al pueblo. Los siguen entre mansos y fascinados los sectores medios. Que viven un drama ontológico: abominan de su ser. Porque no quieren ser lo que son (clase media), quieren ser lo que no son ni serán jamás (clase alta) y tienen terror de ser lo que todavía no son (clase baja). Pero el sistema que bobamente apoyan es el que más puede llevarlos a la ruina, al hambre. A eso que tanto temen ser, pobres.



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