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Lula viene zafando pero las redes del lawfare atrapan a Evo Morales y a Correa

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Noam Chomsky: “Hay que superar la plaga neoliberal” | Entrevista sobre la pandemia, Trump, los nuevos liderazgos políticos y los dos caminos de América latina.



La desconfiguración global que generó la pandemia en el orden político, sanitario y social puede acarrear transformaciones en el rol del Estado y permitir la emergencia de nuevos liderazgos. Ese escenario, según explica el pensador estadounidense Noam Chomsky en una entrevista realizada por la agencia Telam, podría generar las condiciones para el surgimiento de “líderes políticos que puedan lidiar con estas grandes crisis”, aunque advirtió: “Hay que superar la lógica capitalista, la plaga neoliberal y el liderazgo malévolo”.

–¿Qué tipo de liderazgos políticos se requiere en estas circunstancias? ¿Cuáles imagina emergiendo de esta pandemia?

–Ahora mismo es difícil ser particularmente optimistas al respecto, pero sabemos qué tipo de liderazgo político nos gustaría que saliera. La cuestión es si podemos hacer que asuman. Tomemos la Internacional Progresista. Creo que gente como Bernie Sanders y Yanis Varoufakis y otros asociados con su movimiento, AOC (Alexandria Ocasio-Cortez) en Estados Unidos, y algunos otros con este perfil, serían el tipo de líderes políticos que podrían lidiar con estas grandes crisis. No solos, por supuesto. Los líderes políticos no pueden hacer nada (solos). Primero necesitan un apoyo popular masivo. Y luego tienen que romper el poder que poseen las instituciones y que controlan la sociedad. Hay que recordar que vivimos en un mundo de Estado-Capitalismo y cada país tiene una forma u otra de Estado-Capitalismo. Eso significa una concentración extrema de poder en corporaciones privadas, con una poder y una voluntad enormes, que suelen tener una gran influencia en todo lo que sucede. Eso tiene que ser eliminado.

–Lo que aparecen como serios desatinos del presidente Donald Trump han contado, en realidad, con respaldos institucionales sólidos.

–El Congreso Republicano ha aprobado cientos de esfuerzos legislativos para acabar con la ley de atención asequible, la ley de Barack Obama, y no dejar nada en su lugar. La ley algo avanzó. No se acerca a lo que tienen otros países, pero al menos fue un adelanto y quieren matarla, porque para ellos, no debería existir nada fuera del mercado. Si puedes sobrevivir bien o si no mal. Se llaman “Libertarios”, lo que es una broma de mal gusto. Son totalitarios. Te están diciendo que si eres lo suficientemente rico para sobrevivir, genial; si no lo eres, mala suerte. Eso se está manifestando en la crisis de la Covid-19. Hay mucha gente que se niega a hacerse la prueba porque es demasiado cara. Me refiero a que técnicamente el Gobierno paga, pero luego la gente recibe copagos que su compañía de seguros no pagará. Los ciudadanos de Estados Unidos son el 4% de la población mundial y el 25% de los casos. No hay mejoría. De hecho, está empeorando. Yo no he salido de mi casa en cuatro meses.

-¿Hay un momento en que estas ideas tomaron mayor fuerza?

–Echa un vistazo a los hospitales, especialmente desde Reagan. Los programas neoliberales de (Ronald) Reagan fueron realmente duros con la población en general. Los hospitales funcionan con un modelo comercial, deben ser eficientes, solo tienen los recursos a utilizarse en una situación normal. Se asemejan a una línea de montaje en la empresa Ford. Con los recursos justos. Cuando se presenta cualquier situación excepcional, el desastre es total. De hecho, este modelo de negocio reaganiano tuvo un efecto en todo el mundo. Esas son las batallas que se libran internamente en EEUU, pero lo mismo está sucediendo en todas partes. Los movimientos populares están tratando de moverse hacia una sociedad viable y habitable. Y la pregunta es ¿quién va a ganar?

–¿Cómo se pueden revertir algunas de estas políticas frente a tantas urgencias?

–Por supuesto que es mucho lo que puede hacerse, pero hay que superar barreras serias. Hay que superar la lógica capitalista, hay que superar la plaga neoliberal y hay que superar el liderazgo malévolo; tres barreras principales. No va a ser fácil, pero no es imposible. Las otras crisis: calentamiento global, guerra nuclear, deterioro de la democracia, sabemos cómo afrontarlas y es imprescindible hacerlo. No queda mucho tiempo.

–Una pregunta final. En lo que respecta a América Latina, en la cual vemos esta batalla entre gobiernos más progresistas y gobiernos de derecha o extrema derecha como es el caso del Brasil de Bolsonaro. ¿Qué mensaje le gustaría transmitir a la región en este momento?

–Brasil envía mensajes muy claros. El Banco Mundial, que no es una organización particularmente de izquierda, hizo un análisis detallado de la economía en 2016, un par de años después de que Lula dejara el cargo. Calificaron los años de Lula como una década dorada en la historia de Brasil, con fuertes reducciones de la pobreza, incorporación de gran parte de las poblaciones que habían sido marginadas, inclusión, grandes avances en el desarrollo social. Dijeron que fue una década dorada, nada comparable. En ese momento Brasil fue probablemente el país más admirado del mundo, estaba en foros internacionales, era una voz para el Sur Global, estaba uniendo a Sudamérica. Lula era probablemente la figura política más respetada del mundo. ¿Qué pasa ahora? Brasil es simplemente objeto del desprecio y el ridículo del mundo, dirigido por un payaso virulento, una persona que apoya la dictadura militar, que busca destruir. La devastación de la selva amazónica aumentó aproximadamente el 30% sólo en el último año. Acabemos con todo, enriquezcamos aún más a los ricos, matemos a quien no nos guste, dejemos que la pandemia continúe. Es el Gobierno quizás más reaccionario en la historia de Brasil. Un objeto de burla en todo el mundo. Bueno, esas son lecciones. Contamos con un plazo de diez años. La lección es que tienes el futuro en tus manos. Puedes hacerlo de una manera, puedes hacerlo de otra manera. No hay forma de predecirlo. Eso es Brasil, se podría aplicar lo mismo a los demás.



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Lula da Silva de vuelta al ruedo | Opinión



Desde Río de Janeiro.El pasado lunes, 7 de septiembre, fecha de la independencia, Brasil escuchó dos pronunciamientos.

Uno, del ultraderechista presidente Jair Bolsonaro, duró poco más de tres minutos. Ha sido el tiempo suficiente para que, con la dificultad habitual, el desequilibrado leyese un texto escrito por otro u otros. Un texto patético, plagado de mentiras, interpretaciones increíbles de lo que efectivamente ocurrió, manipulaciones burdas de hechos y datos, defensa de la dictadura que duró de 1964 a 1985 con un sinfín de atrocidades, o sea, un retrato nítido del aprendiz de genocida que preside a este pobre país.

Ninguna mísera palabra dedicada a los casi 127 mil muertos por la pandemia del coronavirus. Ninguna. Ese el tamaño de la humanidad y de la solidaridad del primate que ocupa el sillón presidencial.

El otro pronunciamiento, solemnemente ignorado por los conglomerados de la televisión, partió del ex presidente Lula da Silva, y ha sido bastante más prolongado.

Para leer las casi tres mil palabras del texto en una transmisión por las redes sociales, Lula consumió exactos 23 minutos y 48 segundos. Fue acompañado, en vivo, por más de 550 mil personas.

Y lo que esas 550 mil personas vieron en directo, y miles más vieron después, fue un discurso especialmente duro, como en los tiempos de las duras batallas encabezadas por el antiguo dirigente sindical.

Lula no economizó críticas esparcidas por doquier, dejando claras señales de que el silencio que desde que salió de la cárcel (a la que fue injustamente condenado luego de 580 días), interrumpido ocasionalmente por declaraciones cuidadosas, puede haber llegado al fin.

Los golpazos disparados contra Bolsonaro fueron dignos de Muhammad Ali en sus mejores momentos: precisión absoluta, contundencia directa.

Empezó afirmando que a lo largo de los últimos meses “una tristeza infinita me viene apretando el corazón. Brasil vive uno de los peores períodos de su historia”.

Mencionó a los 130 mil muertos y más de cuatro millones de infectados para luego destacar que estamos cayendo en una crisis sanitaria, social, económica y ambiental nunca antes vista. Y destacó algo que, con raras excepciones, suele ser ignorado: la aplastante mayoría de los muertos por la pandemia es formada por pobres, negros y personas vulnerables que fueron abandonadas por el Estado.

Resaltó que en San Pablo, la mayor y más rica ciudad brasileña, las muertes por la covid-19 son 60 por ciento mayores entre negros y mulatos de la periferia, y que cada uno de esos muertos tratados con desdén por el gobierno tenía nombre, apellido, dirección, familia, amigos.

Aseguró que hubiera sido posible evitar tantas muertes: “Estamos entregados a un gobierno que no da valor a la vida y banaliza a la muerte. Un gobierno insensible, irresponsable e incompetente” que, para colmo, “convirtió el coronavirus en un arma de destrucción en masa”.

Luego de denunciar que después del golpe institucional que instaló en el poder primero el régimen cleptómano de Michel Temer, y en seguida una aberración llamada Jair Bolsonaro – el peor presidente y el peor gobierno de la historia de la República –, el sistema nacional de salud viene siendo desmantelado de manera asustadora, Lula otra vez disparó contra el mandatario, al destacar que los recursos que podrían estar siendo usados para salvar vidas fueron destinados a pagar interés al sistema financiero.

Recordó y criticó duramente la radical militarización del ministerio de Salud, con un general a la cabeza y más de una veintena de uniformados premiados con puestos y cargos antes ocupados por médicos e investigadores, Lula partió para atacar algo que pasa desapercibido para la inmensa mayoría de los brasileños: la forma como Bolsonaro abrió mano de algo esencial a cualquier gobernante en cualquier circunstancia, es decir, la soberanía nacional.

Como punto central de esa vertiente cruel del gobierno del ultraderechista, Lula destaca la sumisión vergonzosa y avasalladora de Bolsonaro frente a su ídolo y ejemplo, Donald Trump. Y también como quiebra de la soberanía denuncia el desmantelamiento de los bancos públicos, de la Petrobras, en fin, del patrimonio que debería ser de todos los brasileños.

El impacto del pronunciamiento de Lula con su contundencia aguda en la izquierda y la centro-izquierda, un tanto atónitas desde la elección de Bolsonaro en 2018, se hizo inmediato. Ha sido un susto y una sorpresa, y ahora queda por ver qué pasará: si surgen movimientos llamando a acción, o si las palabras tremendas del expresidente se pierden en el viento.

Al ponerse “a las órdenes” de Brasil y su pueblo, Lula dejó en claro que, si la corte suprema anula sus condenas injustas a manos de un juez inescrupuloso y manipulador llamado Sergio Moro y asistidas de manera omisa por esa misma corte, podrá ser candidato en 2020, y que se ofrece para encabezar un eventual frente de oposición cuyo objetivo sea encarrilar al país sobre sus rieles.

Sea como sea, todo indica que Lula da Silva salió de su gruta. Y que lo hizo dispuesto a hacer lo que hizo a lo largo de la vida: dar batalla.

Bienvenido sea de regreso a la trinchera.



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Evo Morales, Lula da Silva  y Rafael Correa | Opinión



Ninguno de los tres gobierna hoy en su país. Transformaron Brasil, Bolivia y Ecuador, pero están proscriptos, corridos del escenario electoral por una derecha que los exilió o los encarceló, con una coordinación que ni siquiera es disimulada y responde a intereses internos, pero sobre todo externos. El mejor ejemplo de ello es la inhabilitación en simultáneo, el mismo día y con apenas minutos de diferencia, para Rafael Correa y Evo Morales, quienes se disponían a participar como candidatos a vicepresidente y senador, respectivamente, en elecciones ya viciadas de origen. Un mensaje contundente: mismo día, casi misma hora, los dos afuera de la cancha.

En Brasil todo se desencadenó con un impeachment sin crimen de responsabilidad contra la entonces presidenta Dilma Rousseff, con un objetivo inocultable de fondo: la salida del Partido de los Trabajadores del Palacio de Planalto y la prisión y posterior inhabilitación de Luiz Inácio Lula da Silva. Realizado el golpe parlamentario, tras el cual asumió Michel Temer en 2016, no iban a permitir que el candidato mejor valorado en las encuestas compita. Fue lo que pasó: condenaron a Lula por un departamento que no era de él, lo enviaron a prisión y lo corrieron de las presidenciales de 2018. El ultraderechista mesiánico Jair Bolsonaro ganó tras una sucia campaña, recostado en un furibundo antipetismo que fue alimentado por los principales medios de comunicación y con un martilleo sistemático de fake news contra Fernando Haddad, candidato del PT, en redes sociales, principalmente en Whatsapp.

En Bolivia una auditoría precipitada de la Organización de Estados Americanos radicalizó aún más a Luis Fernando Camacho, quien ingresó, Biblia en mano, al Palacio Quemado luego de que los altos mandos militares le pidieran la renuncia a Evo Morales. El candidato del Movimiento al Socialismo había vencido en la primera vuelta electoral de octubre de 2019 a Carlos Mesa, que desconoció el resultado y llamó a una movilización callejera que incendió material electoral a lo largo y ancho de ese país. Luego se autojuramentó, sin quórum, la presidenta de facto Jeanine Añez: llegó anunciando elecciones presidenciales en tres meses y va camino a cumplir un año en su cargo, sin haber sido votada por nadie para ejercer la jefatura del Estado. En el medio reprimió: las masacres de Sacaba y Senkata, documentadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), fueron un mensaje para todo aquel que pretendiera salir a las calles a repudiar al mal llamado gobierno de transición, alineado directamente a la administración Trump.

En Ecuador, la derecha no pudo vencer a Alianza País en las elecciones presidenciales en las cuales Lenín Moreno le ganó, en ajustado ballotage, al banquero Guillermo Lasso. ¿Qué pasó después? Moreno siguió el programa de los derrotados y comenzó una brutal persecución política contra el correísmo, del cual abdicó abandonando todas y cada una de sus banderas. Converso, reprimió las movilizaciones contra el paquetazo económico exigido por el Fondo Monetario Internacional en 2019, encarceló dirigentes opositores, se alineó sin tapujos a Washington y privatizó empresas públicas. Además, se quedó con el partido, al cual destruyó electoralmente en las elecciones regionales, obligando al correísmo a utilizar diferentes listas: primero Compromiso Social y ahora Centro Democrático, tras la inhabilitación de la primera.

Brasil, Bolivia y Ecuador nos muestran hoy el grave deterioro de la democracia en nuestro continente. Son además tres de los países más golpeados por el Covid-19 en América Latina: hemos visto imágenes desoladoras del impacto de la pandemia en Manaos, Cochabamba y Guayaquil, por mencionar solamente algunas ciudades. Perseguidos por gobiernos neoliberales-autoritarios, Lula, Evo y Correa tienen una tarea compleja: aún inhabilitados, proscriptos, deben propiciar una redemocratización de sus países, en búsqueda de un acuerdo social que pueda hablarle también a las clases medias encandiladas por la mass media y su narrativa. Estos tres dirigentes deben buscar rendijas democráticas, participativas, propiciando además la aparición de nuevas generaciones que puedan brindar un horizonte de previsibilidad en sus países: Arauz y Arce responden a esa búsqueda de renovación.

Aún en todo el escenario devastador que acabamos de describir, Lula, Evo y Correa siguen siendo las principales figuras políticas de sus países. Sin poder competir, en el exilio o en la prisión, con causas amañadas, con procesos electorales viciados de origen, los tres dirigentes ocuparon y ocupan aún una centralidad notoria en el escenario político-electoral. ¿Por qué? Porque en su momento, durante sus administraciones, otorgaron previsibilidad, crecimiento económico, desarrollo autónomo y un horizonte de justicia social. Este último elemento, no menor, es el que propicia algún optimismo a mediano plazo: en el convulso mundo de la pandemia y la recesión económica global, se necesitan liderazgos que sepan cómo crecer y, sobre todo, cómo distribuir.

La historia contemporánea de América Latina, plagada de proscripciones (e intentos de) a líderes nacional-populares, algunos de los cuales luego retornaron al poder político enfrentando esas adversidades, nos tiene que servir para concluir cualquier análisis que hagamos del tema. La experiencia del Frente de Todos en Argentina, venciendo en primera vuelta al candidato alineado a Bolsonaro, Moreno y Añez, es la muestra más reciente de que, con unidad, pragmatismo, y una aguda escucha a los problemas sociales, se puede retornar al poder político a pesar del chantaje, la intimidación y la judicialización de la política.    

Politólogo UBA / Magíster en Estudios Sociales Latinoamericanos. 



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Una salida para Brasil | Opinión



Brasil se encuentra en una encrucijada existencial de una dimensión
difícil de imaginar. Es uno de los países con uno de los mayores desastres
humanitarios causados por la pandemia. Brasil tiene alrededor del 2,8 por ciento de
la población mundial, pero tiene el 13,9 de las muertes por COVID-19
. Es
el país que experimentó dos ataques graves contra la democracia y la
primacía del derecho en poco tiempo: el golpe jurídico-político contra la
presidenta Dilma Rousseff en 2016, y la grotesca manipulación judicialpolítica que condujo a la condena sin pruebas del expresidente Lula da Silva
en 2018, hasta hoy el presidente más popular de la historia de Brasil. 

Es el
país gobernado por un presidente, Jair Bolsonaro (foto), quien ganó las elecciones
después de que su rival fuera neutralizado ilegalmente y, no obstante, con la
ayuda de una abrumadora avalancha de noticias falsas. Es el país gobernado
por un presidente no sólo claramente incompetente para ocupar el cargo, sino
también pro-fascista (defensor de la dictadura militar que gobernó el país
entre 1964 y 1985, de la tortura de opositores democráticos, y que viene a
poner bajo vigilancia a los defensores de los derechos humanos por supuestas
actividades…antifascistas); es también cómplice activo del genocidio en
curso en Brasil contra la población indígena y contra la población en general. Es el único gobernante en el mundo que sigue negando la gravedad de
la situación de la pandemia y se niega a declarar el luto nacional por la muerte
de tantos miles de brasileños. Un gobernante que anuncia un producto sin
prueba científica de su eficacia, la cloroquina, producida por un empresario
bolsonarista, de quien el gobierno adquirió suficientes existencias para abastecer al país durante 18 años a un precio seis veces superior al precio por
el que compró el mismo medicamento el año pasado. Es el país donde los
medios de comunicación principales han mostrado a lo largo de los años un
total desprecio por las reglas de la convivencia democrática. 

Es el país donde
Estados Unidos ha sido capaz de infiltrarse en el sistema judicial de la
manera más fácil y eficaz para alinear la política exterior del país con los
intereses estadounidenses en el continente y destruir el tejido económico del
país en algunas áreas que compiten con las empresas estadounidenses
(construcción, aeronáutica y combustibles fósiles). Finalmente, es el país
donde, a pesar de todo esto y en el aparente funcionamiento normal de las
instituciones democráticas, la popularidad del presidente, que ha disminuido
considerablemente en los primeros meses de la pandemia, vuelve a crecer y
lo posiciona para un segundo mandato a partir de 2022.
Teniendo en cuenta esto, la única salida posible para Brasil es, a más
tardar en 2022, poder poner fin democráticamente a la pesadilla infernal del
bolsonarismo. Aunque se han hecho muchos daños irreversibles, la salida
consistirá en que los brasileños y las brasileñas sientan política y
psíquicamente que se han despertado de una pesadilla, que están vivos a
pesar de los seres queridos perdidos, que nace un nuevo día y que un nuevo
comienzo vuelve a ser posible. 

¿Cuáles son las condiciones para esto?
En primer lugar, el presidente y su clan deben ser investigados
seriamente y, por todo lo que se sabe, si lo son, se concluirá que hay
suficientes pruebas para ser acusados, juzgados y encarcelados. Además, a
nivel internacional, ya se han presentado varias denuncias ante la Corte Penal
Internacional de La Haya
contra el presidente Bolsonaro por la forma en que
dirigió el país durante la pandemia, por crímenes de lesa humanidad y, en el
caso de pueblos indígenas, por genocidio, el más grave de estos crímenes.
En segundo lugar, los arquitectos de la grave degradación de la democracia en los últimos años, los jueces y fiscales del Ministerio Público que llevaron
a cabo las “investigaciones” de Curitiba, cometieron tantos y tales pisoteos
que no sólo deberían ser retirados de la función judicial que deshonraron,
sino que deben ser juzgados, respetando todas las garantías procesales, las
mismas que negaron a las víctimas de su manipulación macabra. En
particular Sergio Moro, el candidato estadounidense para las elecciones
presidenciales de 2022, debería ser definitivamente eliminado de la vida
política. ¿Cómo fue posible que un juez federal mediocre de primera
instancia asumiera la jurisdicción nacional y aprovechara el poder para violar
las jerarquías más elementales del sistema judicial? Que nadie sienta lástima
por él, porque los Estados Unidos encontrarán la manera de compensarle por
los servicios prestados, en particular con una posición internacional. En
tercer lugar, el expresidente Lula da Silva debe recuperar plenamente sus
derechos políticos frente a la diabólica trampa judicial-política de la que fue
víctima y cuyos rasgos más grotescos comienzan a ser conocidos. En cuarto
lugar, las fuerzas políticas de izquierda deben estar convencidas de que se
enfrentan a una situación política excepcional
que exige un comportamiento
excepcional y que discutir en este momento si el PSB (partido socialista
brasileño) o el PDT (partido obrero democrático) son o no de izquierda, o
evitar articulaciones con un amplio abanico de fuerzas democráticas de cara
a las próximas luchas electorales son actos de suicidio político que el país se
encargará de recordarles en los próximos años. En quinto lugar, los
movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil tienen que
despertar
de la inquietante somnolencia que les infundió la vida
relativamente fácil que tuvieron durante la administración de Lula da Silva.
El país del Foro Social Mundial es hoy un bochorno para todos los
demócratas y activistas del mundo que vieron en Brasil, a principios de la
década del año 2000, el país líder de una nueva era de movilizaciones sociales incisivas y pacíficas guiadas por la idea inaugural de que “otro
mundo es posible”. 

Estas son las principales condiciones. Los tres primeros están en
manos del poder judicial brasileño. Hay indicios de que los tribunales
superiores se han dado cuenta de que el futuro de la democracia depende en
gran medida de ellos. Han cometido muchos errores en el pasado reciente,
han sido negligentes, si no cómplices, ante violaciones flagrantes de la
garantía procesal que es la razón de ser del sistema judicial en una
democracia. Pero hay señales de que serán la primera institución en despertar
de la pesadilla bolsonarista, y ahora no hay razón para dudar de que estarán
a la altura de la carga histórica. Ciertamente se han dado cuenta de que serán
las próximas víctimas, si la ilegalidad sigue estando en libertad e impune. No
deben dejarse intimidar por grupos extremistas o por el gabinete del odio.
Tienen algunos buenos ejemplos en el continente de que los tribunales a
veces saben cómo asumir la responsabilidad de ellos en un momento
histórico dado. Después de todo, ¿quién podría haber imaginado que el
político más poderoso de Colombia, Álvaro Uribe, senador, expresidente del
país, responsable impune de muchos delitos y de la destrucción de los
acuerdos de paz con la guerrilla, sería detenido bajo arresto domiciliario para
no entorpecer la justicia que lo juzgará por decisión unánime de la Corte
Suprema de Justicia?

 Traducción: Bryan Vargas Reyes 



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Sólo Lula puede salvar a Brasil de su peor crisis | Opinión



Brasil entró en su peor crisis desde el momento en que la derecha rompió con la democracia y luego impidió que Lula fuera elegido presidente de Brasil en la primera vuelta, como indicaban las encuestas. El país habría recuperado su economía, retomado las políticas sociales que reducen las desigualdades, estaría enfrentando la pandemia en mucho mejores condiciones, morirían mucho menos brasileños, todos sufrirían menos.

Brasil vive el peor momento de su historia, una cruel combinación de crisis económica, política, social y de salud pública, en las peores condiciones. Sin un gobierno legítimo, elegido democráticamente por el pueblo –como sucedió durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores, el momento más virtuoso de la historia brasileña, que el pueblo eligió continuar, democráticamente, por su voto, cuatro veces seguidas–, sin tener un estado democrático y fuerte, sin tener un sistema de salud como primera prioridad nacional para enfrentar la pandemia.

Es como si el equipo nacional de Brasil estuviera perdiendo el partido más importante de su vida, con Pelé en el banquillo, sin contar con lo mejor que tiene el país. Lula dejó la presidencia con un 87 por ciento de apoyo, el mayor que haya tenido un presidente, a pesar de que tenía más del 80 por ciento de referencias mediáticas en su contra, habiendo dirigido el mejor gobierno que ha tenido Brasil.

Porque Lula gobernaba para todos, privilegiando a los más necesitados. Por eso fue reconocido por todos, con este apoyo sin precedentes a un presidente. Como Lula se ocupó de la gente, dedicó la mayor parte de sus energías a servir a los más frágiles, a los más necesitados. Porque Lula empezó a representar a Brasil de la mejor manera en el mundo, proyectó a Brasil con el mayor prestigio en todo el mundo. Porque Lula escuchó a todos, organizó un gobierno que respondió a lo que necesitaba Brasil, recuperó la imagen de Brasil, el Estado, el gobierno. Habló con todos, oyó a todos.

Porque Lula reunió al equipo que mejor atendía las necesidades del país, en todos los planes, para poder hacer crecer nuevamente la economía, con políticas sociales para atender a los más necesitados. En la economía, en la educación, en la salud, en la cultura, en las relaciones exteriores, el país se ha recuperado de la recesión más prolongada y profunda, con inclusión social.

Porque Lula hablaba y escuchaba como nadie. No sólo hizo el mejor gobierno, sino que también trató de ayudar a la gente a ser consciente de sus derechos, de cómo el abastecimiento de sus necesidades es responsabilidad del gobierno. A todos les enseñó que gobernar es cuidar a la población, y ‘no dejar a nadie abandonado, es incluir a todos, es luchar contra las desigualdades, como la marra negativa que tiene Brasil’.

Lula podría haber sido elegido democráticamente en 2018, sería presidente de Brasil hoy y todos pueden imaginarse cómo sería el país con él en la presidencia. Una colusión entre las grandes empresas, los medios de comunicación y el poder judicial, cometió el brutal crimen contra la democracia y contra Brasil -por el cual se paga un precio muy alto- para evitar que el presidente de Brasil hoy sea Lula.

Muchos sectores se están dando cuenta de esto. Su mejor forma de corregir el grave crimen que cometieron contra Brasil, contra la democracia y contra el pueblo brasileño, es permitir que Lula recupere plenamente sus derechos políticos, sea el candidato de la democracia para recuperar al país de su peor crisis y apoyarlo en las elecciones y en el gobierno.

La magnitud de la crisis que vive Brasil sólo se puede afrontar con lo mejor que tiene el país. Tener en la conducta de salud publica las mejores personas que se tiene, el mejor personal en salud pública. Tener en educación el mejor personal que ya ha demostrado que puede democratizar y expandir la educación pública brasileña.

Brasil no puede darse el lujo de tener el mejor presidente que el país ha tenido, para salvar al país de la crisis, para salvar la democracia, para salvar al pueblo de la miseria, para salvar la vida de los brasileños. Sólo Lula puede salvar a Brasil de su peor crisis. Brasil tendría que tenerlo nuevamente como presidente, para dirigir una inmensa movilización que pueda salvar a Brasil.



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Lula, mas cerca de una candidatura pesidencial | Desestiman en la Justicia brasileña una delación premiada que lo comprometía



Desde Brasilia. Luiz Inácio Lula da Silva obtuvo una victoria en el Supremo Tribunal Federal que allana el camino, aún lejano y lleno de imponderables, hacia su candidatura presidencial en 2022, la más temida por Jair Bolsonaro que ya esta en campaña con vistas a su reelección.

La Sala II del Supremo consideró que el ex juez Sergio Moro, responsable de la megacausa Lava Jato, fue parcial en el juzgamiento de Lula al divulgar en los medios una delación premiada pocos días antes de las elecciones de octubre de 2018 vencidas por Bolsonaro.

En esa misma resolución los jueces Ricardo Lewandowski y Gilmar Mendes anularon la confesión del arrepentido Antonio Palocci en un proceso sobre un terreno que iba a ser donado por la constructora Odebrecht para erigir las oficinas de una fundación del exmandatario en San Pablo. Igual que en otras confesiones , la de Palocci (fue ministro de Lula), es un relato en el que sobran las imputaciones pero faltan los documentos o evidencias que les den sustento.

Moro en su condición de responsable de esta causa pionera en la “lawfare” latinoamericana, utilizó la delación premiada para intimidar a los imputados quienes, a cambio de su libertad o reducción de sus penas, declaraban aquello que les era “sugerido” por los fiscales.

A través de la coacción (algunos sospechan que también hubo pagos ilegales) Lava Jato logró quebrar a varios procesados cuyas denuncias serían utilizadas para la condena y posterior prisión durante casi 600 días del líder del Partido de los Trabajadores, que de ese modo fue impedido de disputar los comicios de 2018 en los que era favorito.Pese a estar proscripto Lula fue, desde la cárcel, el padrino del canidato petista Fernando Haddad .En el fallo aprobado el martes a la noche en el Supremo, los magistrados Lewandowski y Mendes se refieren a Moro como alguien con actitudes “extravagantes” que se condujo de manera “heterodoxa”, sin apego a la ley, y con la aparente intención de “interferir” en los comicios.

Fue una votación apretada, vencida por de dos votos a uno, este último emitido por el juez Edson Fachin.

Los otros dos miembros de ese Sala II, los magistrados Carmen Lucia y Celso de Mello, no votaron el martes pero seguramente lo harán en los próximos meses cuando se analice una acción promovida por los defensores de Lula que piden anular todo lo actuado por Moro.

En su alegato los patrocinantes del expresidente citan como evidencia casi irrefutable, que luego de las arbitrariedades de Moro en plena campaña, el vencedor de las elecciones, Bolsonaro, lo nombró ministro, o mejor super ministro de Justicia, algo bastante parecido a un premio por los servicios que prestó.

Si en la proxima audiencia del Supremo se llegara a la conclusión de que Moro violó el principio de la imparcialidad Lula sería inocentado y recuperará sus derechos políticos. Esto es: estará de vuelta en carrera para pelear la presidencia dentro de dos años. En una entrevista realizada este fin de semana Lula, que gobernó entre 2003 y 2011, admitió que no descarta la idea de disputar un tercer mandato.Los exministros Ricardo Berzoini y Gilberto Carvalho, ambos petistas, participaron este miércoles en programa del canal Forum que que llevó por título ” ¿ Lula 2022 ? .

Para Berzoini la decisión del Supremo echó luz sobre las “maniobras” del de Moro para “sacar al Lula da las elecciones y derrotar al proyecto democrático popular que gobernó entre 2003 y 2016 (cuando fue derrocada Dilma Rousseff), y que podría haber ganado la quinta elección consecutiva en 2018″.

Lava Jato tuvo a Moro como cara visible pero su poder emanaba del hecho de que fue “teleguiada por los norteamericanos”, señaló Carvalho.Y agregó, “no estamos ingenuamente ilusionados con esta medida del Supremo, todavía falta mucho, la noche es larga, pero la verdad comenzó a aparecer”.Pero además de la anulación de la condena jurídica es necesario acabar con la “condena mediática de la TV Globo”.

Carvalho despachó durante ocho años junto a la oficina de Lula ( al que llama ” Lulita ” ) en el tercer piso del Palacio del Planalto. Sonriente, el ex ministro contó que festejó  el fallo del Supremo que sienta un “precedente importante” .

Si los comentarios y rostros de los dirigentes petistas rebosaban de optimismo , lo contrario ocurría en la tiendas moristas. En el grupo Globo la noticia fue tratada sin la envergadura debida y analizada de manera sesgada, equiparando la derrota del ex juez en el Supremo con un debilitamiento de la justicia.

En su condición de empresa de noticias y entretenimientos hegemónica Globo fue la gestora de la matriz de opinión que convirtió a Moro, un remoto juez de primera instancia del sur del país, en un rock star tratado con indulgencia en el Jornal Nacional, el telediario nocturno de más audiencia.

Cabe hacer un paralelo entre el desprestigio creciente de Moro – pese a que su popularidad sigue siendo alta y es un potencial candidato en 2022 – y la credibilidad devaluada de Globo, cuya supremacía comienza a tambalear ante el avance del multimedios evangélico Record y la norteamericana CNN, que acaba de desembarcar en Brasil con el evidente propósito de liderar el segmento noticioso.

La decisión del Supremo cayó como una bomba en el equipo de fiscales de Lava Jato, grupo que se hacía llamar “fuerza de tareas”.El más golpeado es el todavía fiscal y activista evangélico, Deltan Dallagnol, a quien le cupo la tarea ( sucia ) de montar las acusaciones contra Lula en coludio con Moro, según reveló el sitio The Intercept, con base en mensajes de texto y grabaciones a través de la aplicación Telegram.

  Esa investigación periodística fue devastadora para la “República de Curitiba”, la ciudad donde funcionaba el juzgado federal de primera instancia comandado por Moro.Junto a las revelaciones sobre la complicidad del juez y los fiscales, se informó sobre los acuerdos ilegales con el FBI norteamericano y la manipulación de informaciones sensibles de Petrobras que al parecer fueron cedidas a las autoridades norteamericanas.

Todo lo anterior es parte del arsenal del bloque de diputados petistas que exigen la creación una Comisión Parlamentaria Investigadora, para actuar en paralelo a la causa sustanciada en la Corte.Si las informaciones aparecidas en The Intercept se confirman no se descarta que Moro pueda ser procesado y que Dallagnol sea separado de sus funciones actuales en lo que queda de la “fuerza de tares” de Lava Jato.Es un ajedrez jurídico-político complejo, donde Lula también se beneficia de la ruptura entre Bolsonaro y Moro, luego de la renuncia de éste al ministerio de justicia a fines de abril. Pero los pactos entre la ultraderecha y la derecha podrían regenerase ante el resurgimiento de la amenaza que para ellos representa Lula.  



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Bolsonaro se disfraza de Lula para conquistar el Nordeste  | Cambio de estrategia del presidente brasileño



Desde Brasilia

Haciéndose pasar por Lula. Jair Bolsonaro copió los gestos y hasta el sombrero que suele usar Luiz Inácio Lula da Siva durante la visita que realizó a los estados de Piauí y Bahía, en la región nordeste, la más pobre del país. La coregrafía del líder más importante de la ultraderecha latinoamericana al saludar a sus simpatizantes la semana pasada parece calcada de las recordadas caravanas del exmandatario nacido en el Nordeste donde sigue siendo el político con más altos índices de aprobación.

Bolsonaro prometió retomar los viajes al interior del país esta semana como parte de una estrategia concebida con varios objetivos: hacer pie en los reductos tradicionalmente lulistas, continuar con el proselitismo de cara a las elecciones municipales de noviembre y, sobre todo, proyectarse con miras a las presidenciales de 2022.

Este domingo, cuando la cifra de muertos por el coronavirus subió a 94.104, Bolsonaro paseó en motocicleta por Brasilia e ingresó a una farmacia donde resaltó lo “barato” que está la hidroxicloroquina, la droga que él recomienda casi diariamente a los afectados por la pandemia (llegó a ofrecércela a un avestruz en los jardines de la residencia oficial) , además de criticar el aislamiento social implementado por los gobernadores para frenar el contagio.

El comentario en la farmacia pareció ser un mensaje dirigido a Lula que este fin de semana volvió a acusarlo de haber simulado estar infectado por la covid-19 para promocionar la cloroquina por razones comerciales.

“Este presidente estimula a la gente a salir a la calle, estimula la anarquía, sin explicarle al pueblo que se puede contagiar (..) parece que es el dueño de la empresa que fabrica la cloroquina”. Bolsonaro es cómplice de un “genocidio”.

Durante la entrevista Lula comentó que podría mudarse de San Pablo a Bahía, el estado más importante del nordeste cuyo gobernador, Rui Costa, pertenece al Partido de los Trabajadores.

Y lo más importante: dejó abierta la posibilidad de ser candidato a la presidencia en 2022, algo que seguramente preocupa en el Palacio del Planalto.

Bolsonaro llegó al gobierno gracias a su victoria en las elecciones de octubre de 2018, la que difícilmente hubiera alcanzado si su adversario hubiera sido el jefe del Partido de los Trabajadores. Un mes y medio antes de aquellos comicios atípicos el extornero nordestino estaba preso cumpliendo una condena de la causa Lava Jato y pese a ello tenía casi el doble de intenciones de voto que el capitán retirado.

Lula quedó fuera de carrera electoral debido a una serie de maniobras urdidas por el entonces juez Sergio Moro, gerente de la causa Lava Jato, el Tribunal Superior Electoral y la presión del Ejército, entre otros factores.

La alianza formada por Bolsonaro, los militares, la prensa grande y los grupos económicos dominantes ( coalición bendecida o por lo menos consentida por la embajada estadounidense) sufrió un desgaste acelerado, hasta su implosión ocurrida el 24 de abril de este año. Ese día Moro renunció al ministerio de Justicia – cargo con el que fue premidado por Lava Jato – llevando consigo a facciones del Poder Judicial, varios partidos de derecha y otros grupos, como el multimedios medios Globo que terminó de romper con el Planalto.

Esa fractura ocurrió en el contexto de la crisis del coronavirus que erosionó la popularidad del gobernante, especialmente entre las clases medias espantadas ante sus posiciones negacionistas.

De todos modos la pérdida de popularidad observada en abril no fue pronunciada.

En mayo y junio el ocupante del Planalto comenzó a recuperarse en las encuestas, donde perdió parte de sus seguidores de la clase media pero ganó simpatías entre las franjas sociales más castigadas, las que reciben un “auxilio de emergencia” de unos 600 reales mensuales ( 118 dólares).

Es hacia esos sectores que apunta el oficialismo, que planea lanzar el programa asistencial Renta Brasil y archivar la Bolsa Familia heredada de los tiempos de Lula.

 

Cambio de vestuario

Luego de viajar al caluroso nordeste, disfrazado de Lula, el mandatario cambió de vestuario antes de embarcar hacia la sureña, y bastante fría, ciudad de Bagé, cuna del dictador Emilio Garrastazú Médici. Aterrizó el viernes por la mañana con una campera verde oliva acompañado por el general, Augusto Heleno, ministro de seguridad institucional, uno de sus principales consejeros.

Durante su paso por esa localidad cercana a la frontera con Uruguay, inauguró una escuela cívico-militar y enalteció Médici . “El hombre que encontró a Brasil en uno de los momentos más difíciles (,,) cuando algunos intentaban tomar el poder a cualquier precio”.

Entre 1969 y 1974 Médici condujo el período más violento del régimen militar y en Estados Unidos acordó con su colega Richard Nixon y el asesor de seguridad, Henry Kissinger, alentar los golpes que derrocaron a Salvador Allende en Chile y Juan José Torres en Bolivia, según documentos desclasificados por el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad de Washington.

Bajo la gestión de Médici se realizaron los primeros secuestros de militantes brasileños en Argentina, que sentarían un precedente del Plan Cóndor.

La Doctrina Nixon concebía a Brasil como el brazo ejecutor de la política hemisférica de Washington.

Un concepto que en cierta medida reaparece con Bolsonaro a través de la revisión de la Política Nacional de Defensa en la que se admite la hipótesis de tensiones con países fronterizos.

El general Médici llegó a evaluar la posibilidad de invadir Uruguay si el Frente Amplio ganara las elecciones de 1971. Durante su discurso en Bagé Bolsonaro lanzó críticas contra el gobierno de Venezuela, principal escenario de una eventual confrontación bélica.



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Lula: “Bolsonaro tiene una diferencia con Macri, es más ignorante” | El expresidente de Brasil habló sobre la situación en su país



“Lamento mucho que Brasil, que vivió un momento excepcional con el PT, esté ahora con un gobierno neofascista y una política liberal, con las políticas que Hitler practicaba en Alemania y Mussolini en Italia”, afirmó Lula da Silva, ex Presidente de la República Federativa del Brasil. 

El miembro fundador y presidente honorario del Partido de los Trabajadores (PT) se refirió a la situación actual que está atravesando el país vecino al mando de Jair Bolsonaro. “Estamos llegando a los 2 millones de casos de coronavirus en Brasil y no tenemos un Ministro de Salud. Tenemos un general, cuando deberíamos contar con alguien que sepa de medicina”, opinó en diálogo con Radio con vos.. 

Apuntó directamente contra el actual presidente: “Bolsonaro lo único que sabe hacer es elogiar las locuras del presidente Trump”. “Bolsonaro está haciendo con la economía un poco lo que hizo Macri en Argentina. Tiene una diferencia con Macri, es más ignorante“, comparó. 

Por último, se refirió al hecho de que haya dado positivo en Covid-19: “Dijo que era una gripecita y ahora está contaminado”. “Cuando se creyó que la política no valía nada el resultado en Alemania fue Hitler y en Brasil fue Bolsonaro. Es el resultado de la negación de la política”, analizó.

El político de origen sindicalista puso la mirada sobre la situación actual de Estados Unidos. “Nunca pensé que iba a ser presidente de EEUU una persona como Trump que desafía la democracia día a día”, dijo.

“Está comprobado que Moro acompañaba los intereses del Departamento de Justicia americano”

Sérgio Fernando Moro, exministro de Justicia de Brasil, fue el que condenó a Lula a nueve años y seis meses de prisión, siendo esa la primera vez en la historia de Brasil en que se condenó criminalmente a un expresidente de la República. “Me podría haber ido de Brasil para que no me encarcelaran, pero yo fui a Curitiba para decir que Moro es un mentiroso“, dijo al respecto. Y agregó: “Está comprobado que Moro acompañaba los intereses del Departamento de Justicia americano”.

Finalmente evaluó el caso de corrupción conocido como Lava Jato, investigación llevada a cabo por la Policía Federal de Brasil: “El Lava Jato funcionaba como un instrumento de poder paralelo que tuvo a su lado diarios, programas de televisón, radios. Otorgaban horas de cobertura para la acusación y minutos para la defensa”. Sobre el escándalo político, que involucra transversalmente a las grandes empresas y a la clase dirigente brasileña, agregó: “Cuando hay corrupción se hace un proceso de investigación justo, se prueba que hubo corrupción y se va a la cárcel. En América Latina crearon el lawfare”.



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Aloizio Mercadante: “Bolsonaro es un oscurantista sin ningún compromiso con la ciencia y la medicina”

Aloizio Mercadante: “Bolsonaro es un oscurantista sin ningún compromiso con la ciencia y la medicina”

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