Lula y el PT, obsesiones de la derecha brasileña | Opinión



Hay muchas interpretaciones de lo sucedido en las últimas décadas de la historia política brasileña. Pero casi ninguna toca el mecanismo fundamental, que explica el comportamiento de la derecha brasileña y, al mismo tiempo, la fuerza de la izquierda brasileña.

¿Quién puede imaginarse la historia política brasileña de las últimas décadas si no existieran Lula y PT? Sería imposible imaginar tanto los grandes avances de los gobiernos del PT, como la reacción de la derecha, antes y después de esos gobiernos.

Si el fantasma del PT y Lula se fraguaba en la cabeza de la derecha brasileña, que comenzaba a quitarle el sueño, fue en las elecciones de 1989 que se consolidó este mecanismo. A medida que se agotaba el proceso de transición democrática, liderado por el MDB y el gobierno de Sarney, los candidatos a la presidencia vinculados a este proceso -Ulysses Guimaraes, Mario Covas, Aureliano Chaves, entre otros- tenían un pésimo desempeño.

La disputa en la segunda vuelta se proyectó entre Fernando Collor, por el lado de derecha, y Lula (con un margen muy escueto sobre Brizola) por el izquierda. Brizula –como se decía en aquel momento-, asustaba a la derecha, que se decantó por Collor.

Pero la segunda vuelta de esos comicios entre Collor y Lula, se decidió a favor de aquél por la maniobra en la edición de Globo del debate final que perjudicó al líder izquierdista. Aunque Collor ganó por una pequeña diferencia, fue un gran susto del que la derecha nunca logrará  recuperarse. A partir de ese momento, la derecha siempre tuvo como criterio de sus posiciones la búsqueda de caminos que intentaran impedir la victoria del PT.

Tras resultar un fracaso la opción de Collor –duró menos de dos años en el gobierno-, devino la reflexión de Roberto Marinho (dueño de Globo): “Era el último que teníamos de nuestro lado. Ahora tenemos que buscar a alguien del otro lado”. De ahí surgió la opción de Fernando Henrique Cardoso, en principio ubicada en el campo de la izquierda moderada, socialdemócrata, para continuar el modelo neoliberal iniciado por Collor.

Cardoso fue el refugio de la derecha ante el riesgo de que el PT ganara la presidencia de Brasil. Lo cual no costó mucho, dado que él, imitando a la socialdemocracia europea, incorporó el modelo económico neoliberal.

Cuando se agotó esta política, sucedió lo que más temía la derecha: la posición del PT de que el problema fundamental de Brasil no es la inflación, sino las desigualdades, se impuso y Lula fue elegido en 2002. Mario Amato, entonces presidente de Fiesp, ya había hecho la amenaza. en 1989, que si Lula ganaba, 80 mil empresarios huirían de Brasil.

La derecha intentó crear un clima de catástrofe para el gobierno de Lula. Como creían en el Consenso de Washington y en un pensamiento único, asumieron que un gobierno que no favoreciera el ajuste fiscal sería un desastre para Brasil y pronto el PSDB volvería a ganar las elecciones presidenciales.

Pero para su sorpresa, los gobiernos del PT favorecieron las políticas sociales, lograron reducir significativamente las desigualdades sociales, hacer crecer nuevamente la economía y distribuir los ingresos. Sin desequilibrar las cuentas públicas y sin inflación.

Este éxito es fatal para la derecha, contradice todos sus dogmas. A partir de entonces, más que nunca y definitivamente toma esta postura: Todo, menos el PT. Más aún que intentaron derrotar al PT con todo tipo de candidatos del PSDB – Serra (dos veces), Alckmin, Aécio – y perdieron.

Entonces se dieron cuenta de que, en condiciones democráticas, no podrían derrotar al PT. Y apelaron al golpe de 2016 y a la estrategia de lawfare, para judicializar la política, para sacar a Dilma del gobierno, a Lula de la disputa presidencial y a Haddad de la presidencia, mediante maniobras antidemocráticas. De esta forma, la derecha confirma que apela a Bolsonaro porque es el único candidato que encuentra para su maniobra de evitar una disputa democrática. Sabe que no es liberal, ni populista, que es un aventurero que busca poder como sea. 

La historia brasileña de las últimas décadas se explica por el éxito de los gobiernos del PT y los fantasmas que representan para la derecha, que acepta todo, menos al PT.



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El PT cierra los festejos por su aniversario mientras la Corte apoya reclamos de Lula

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“Lula candidato o Lula en campaña” | Fernando Haddad, figura del PT, explica la estrategia para derrotar a Bolsonaro



Desde Brasilia

En 2018, cuando Luiz Inácio Lula da Silva fue impedido de participar en las elecciones a través de la guerra judicial o lawfare, respaldada por los militares como acaba de reconocerlo el entonces jefe del Ejército, Fernando Haddad asumió el desafío de ser el candidato del Partido de los Trabajadores. Fue una candidatura poco menos que heroica: tuvo que llevar adelante una campaña contrarreloj mientras el líder del PT permanecía en prisión sin derecho a formular declaraciones. En esas pocas semanas Haddad logró llegar al segundo turno, donde obtuvo 47 millones de votos frente al vencedor, Jair Bolsonaro, que tuvo de su lado a los banqueros, los medios de comunicación, los generales y los jueces.

En esta entrevista con PáginaI12, Haddad no oculta su intención de enfrentar nuevamente al ex capitán en los comicios de 2022, cuando dispondrá de más tiempo para hacer campaña y contará con el respaldo de Lula en libertad, un dato nada simpático para el campo conservador. Usando una expresión carnavalesca el exmandatario, que continúa proscripto, le propuso a Haddad sacar “el carro a la calle” (poner “o bloco na rua”) como hacen las comparsas de barrio.

“Con esa frase que ha repercutido mucho, Lula quiso decir que no deje pasar el tiempo, que recorra el país con nuestro programa para que la gente lo compare con el desastre de Bolsonaro, el peor presidente de la historia. Bolsonaro no gobierna, está en campaña permanente con vistas a 2022”, explica Haddad. De inmediato aclara que “Lula será el candidato” si le restituyen los derechos políticos. Para ello es necesario que san anulados los del exjuez Sergio Moro en la causa Lava Jato.

–¿Lula será rehabilitado?

–Lula es muy escéptico sobre la posibilidad de recuperar sus derechos políticos, su escepticismo no tiene nada que ver cuestiones jurídicas, lo que está en juego son razones políticas. Considera muy difícil que los dueños del poder asuman la verdad y admitan la persecución que hubo en su contra. Desde su punto de vista la mentira del Lava Jato fue contada en un solo día y la verdad será contada de a poco. Mi perspectiva es algo distinta, creo que hay una hendija, no digo una ventana, que puede permitir que se haga justicia con Lula. Hoy tengo alguna esperanza, al contrario de 2018 cuando no tenía ninguna expectativa sobre la posibilidad de que lo dejaran presentarse a las elecciones.

–¿Qué escenarios imagina?

–Que Lula sea candidato o que Lula trabaje en la campaña.

–¿Usted acepta postularse ?

–Sí, claro. Existe una expectativa en ese sentido. Vamos a trabajar hasta el último minuto para que Lula recupere sus derechos, pero si eso no ocurre nosotros ya pusimos nuestro nombre a consideración (del PT).

–El discurso mediático alimentó un antipetismo que aún sobrevive. ¿Cómo revertirlo?

–Hay que reconectarse con la población, tenemos un año y medio de trabajo para saber qué le pasa a la gente, queremos discutir el atraso en la vacunación, la pérdida de renta y puestos de trabajo, la cuestión ambiental, el aislamiento internacional de Bolsonaro. Queremos dialogar con la parte civilizada del país, que es la mayoría, que comienza a comprender qué significa Bolsonaro, hay que desmontar a Bolsonaro. El antibolsonarismo ha crecido mucho, el antibolsonarismo ya supera al antipetismo.

–¿Cuál es su prioridad política en estos momentos?

–La primer iniciativa es buscar que la derecha, si queda fuera del ballottage en 2022, no vote a la ultraderecha. Recordemos que el gran problema de 2018 fue que la derecha votó a Bolsonaro en la segunda vuelta, violando su compromiso con la democracia. Se deben explotar las contradicciones entre la derecha y la ultraderecha, un viejo profesor dijo que en Brasil los liberales no son muy democráticos y los empresarios no son muy defensores del libre mercado.

–¿Al decir derecha se refiere al Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) del expresidente Fernando Henrique Cardoso?

–En 2018 el PSDB postuló a Joao Doria como candidato a gobernador de San Pablo, Antonio Anastasia para gobernador de Minas Gerais y Eduardo Leite en Rio Grande do Sul. Los tres votaron a Bolsonaro en el segundo turno.

–¿Es realista apostar en una alianza con Joao Doria en 2022?

–Lo corrijo, yo no hablo de una alianza con Joao Doria en 2022, él puede votar a su candidato en la primera vuelta pero en la segunda puede votar al PT en lugar de a Bolsonaro, y luego puede ser oposición al gobierno del PT. Vea lo que pasa actualmente, Bolsonaro ofende semanalmente a Doria, le dice las peores bajezas. Yo me pregunto, ¿Doria tendrá coraje de votarlo?.

–¿Son comparables las Lawfare de Brasil y Argentina?

–Son muy diferentes. En Argentina el Poder Judicial no obtuvo una victoria contra Cristina similar a la que obtuvo acá contra Lula. Aquí la Lawfare fue expeditiva, destructiva, el caso brasileño se parece más al de Ecuador, donde Rafael Correa no pudo ser candidato.

Un homicida

Las encuestas publicadas desde de diciembre muestran a un Bolsonaro con la popularidad en baja y el ascenso del repudio a la vacunación lenta y la política sanitaria ante la Covid-19. Según los especialistas ese retroceso indica que se acabó la paciencia con Bolsonaro en sectores de la clase media que lo votó. Pero pese a ese retroceso conserva un treinta por ciento de popularidad, que refleja a ese público que lo vivó este verano cuando se paseó sin mascarilla e despotricando contra el aislamiento social por las playas de San Pablo y Santa Catarina.

–Nada indica que Bolsonaro está acabado.

–Bolsonaro moviliza a esa gente afecta al individualismo extremo, que cultiva una especie de darwinismo social, es un sector vinculado al crecimiento de la Teología de la Prosperidad, del movimiento neopentecostal, que combina con el neoliberalismo extremo, que no se interesa por la pandemia

–Cuando ya fueron superados los 246 mil muertos…

–Estamos batiendo récords, en los últimos 31 días la media diaria fue de más de mil muertos, mientras el gobierno sabotea el aislamiento social y promueve el tratamiento con hidroxicloroquina, una droga que no tiene efecto sobre el coronavirus. Bolsonaro manipula a la opinión pública con la cloroquina e incitando a que se vacune quien quiera y el que no quiera que no lo haga, sembrando dudas. Los números de la pandemia en enero y febrero son el fruto de lo que Bolsonaro plantó durante casi un año. Si no se toman medidas concretas es posible que en 2021 tengamos tal vez el mismo número de muertos que en 2020, cuando se superaron los 200 mil.

–Los números oficiales indican 10,1 millones de infectados, se sospecha que hay más.

–No hay ninguna duda de que hay más, este gobierno es absolutamente irresponsable al naturalizar la más grave pandemia de los últimos cien años.

–Human Rights Watch considera que Brasil “saboteó” la vacuna y el Tribunal Penal Internacional comenzó a analizar una denuncia por “genocidio.

–Bolsonaro primero saboteó el aislamiento social y la vacuna, desoyó todas las recomendaciones sanitarias hechas por especialistas, razones que fundamentaron varios pedidos de impeachment. Este gobierno actúa de forma criminal. Existe una discusión doctrinaria respecto de si a Bolsonaro incurrió en genocidio o no. Yo tengo mis tengo dudas sobre genocidio, pero estoy seguro de que incurrió en homicidio, él promovió la muerte.

–¿Cuántas muertes pudieron evitarse?

–Si Brasil hubiese adoptado las medidas sanitarias recomendadas por los especialistas actualmente habría entre 70 y 80 mil víctimas fatales. Se puede decir que todo lo que supere los 70 u 80 mil muertos ocurrió por responsabilidad del gobierno. Brasil tiene cerca de 2,7 por ciento de la población mundial y cerca del once por ciento de los muertos por la pandemia. Quiere decir que respondemos por el triple de fallecimientos respecto de nuestra población, una desproporción enorme.

Radicalizar la integración

Haddad analiza el caso brasileño en clave latinoamericana, destacando el contraste del gobierno de extrema derecha frente a un contexto en el que se destacan las administraciones progresistas de Argentina y México.

–¿Qué impacto tendría una victoria del PT en la región?

–Las elecciones de 2022 serán importantes para Brasil y la región. Es vital que Brasil cambie de rumbo, es obvio que hay fuerza suficiente en Argentina y en México para resistir las pretensiones de Bolsonaro de expandir la ultraderecha, pero no es suficiente resistir a Bolsonaro, hay que construir algo en común.

–¿Construir con más integración?

–Soy un entusiasta de la integración radical de América Latina, incluyendo a México, no veo futuro para la región sin un proceso de integración radical. La pandemia es una oportunidad para organizar nuestras acciones. para actuar en común, con vistas al bienestar de nuestra gente. Si Brasil tuviera un gobierno progresista en 2022 creo que con Alberto Fernández, con Andrés Manuel López Obrador, con el presidente boliviano Luis Arce, con la eventual victoria del candidato aliado de Rafael Correa en Ecuador, podremos impulsar un programa de desarrollo regional. Un proyecto que podría ser superador, incluso, del que fue hecho en su momento por los presidentes Kirchner, Lula, Chávez, Evo y Correa. Lo que ellos hicieron fue algo grande, pero nosotros podríamos ir más allá incluso, radicalizando la integración.



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Bolsonaro es favorito, Trump también lo fue | Opinión



Desde Río de Janeiro

Hace un año Trump era uno de los favoritos para ser reelegido presidente de Estados Unidos. Reinaba en lo más alto de las encuestas, mientras sus oponentes luchaban por saber quién lo enfrentaría, divididos, con bajos porcentajes, para poder desafiarlo.

Una situación similar a la que se vive ahora en Brasil. Bolsonaro liquidó a sus oponentes en el campo de la derecha, con golpes duros y rápidos y se quedó solo como posible candidato de los grandes empresarios, de los medios de comunicación y de los partidos de derecha.

Mientras tanto, el Poder Judicial, brindando un servicio más a las oligarquías de Brasil, tarda en juzgar a Lula y devolverle todos sus derechos, para que pueda ser el candidato que unifique la oposición contra Bolsonaro. Las encuestas señalan que Bolsonaro lidera con holgada mayoría, mientras una serie de candidatos de la oposición se dividen sus preferencias entre ellos, todos con enormes dificultades para unificar y canalizar el gran potencial de rechazo al presidente de ultraderecha.

Las encuestas, que consultan a menudo a mil personas en Brasil, están poniendo en la cabeza de las personas situaciones supuestamente inevitables. Nadie piensa que si Lula fuera incluido en los sondeos podría reproducir la situación de 2018, en la que todas las consultoras indicaban que él ganaría a todos los oponentes en la primera vuelta.

Tampoco toma en cuenta que los sondeos, además de ser limitados en el número de entrevistas, se realizan por teléfono, en una situación muy fría y artificial, además de dejar fuera de la consulta a gran parte de la población más pobre. Pero, principalmente, no tiene en cuenta que la encuesta es una cosa, la campaña es otra. Lo que cuenta especialmente para Lula, debido a sus extraordinarias habilidades de comunicador, en particular con las mayorías pobres del país, ya sea como candidato o apoyando a un candidato — lo que le faltó a Haddad en 2018-.

Bolsonaro ni siquiera tuvo la luna de miel de Trump, con la economía norteamericana creciendo y generando empleos, lo que generalmente produce la reelección de un presidente en Estados Unidos. La pandemia puso patas arriba al país, empezando por la economía, que entró en recesión y generó desempleo. Al mismo tiempo, el discurso negativo en relación a la pandemia generó un clima muy desfavorable para la reelección.

Los demócratas, en tanto, se movilizaron en torno a un candidato moderado, que supo, desde el principio, contar con sectores del propio Partido Republicano, descontentos con las posiciones de Trump. Pero sobre todo, canalizó todas las formas de rechazo a Trump, prometiendo un gobierno que reactive la economía y luchar con firmeza contra la pandemia, oponiéndose fuertemente al escenario que representaba a Trump.

Otro aspecto negativo de las encuestas sin Lula es que llevan a los demás candidatos de la oposición a creer que pueden ser el candidato de la izquierda contra Bolsonaro. Está claro, en primer lugar, que la disputa será muy dura, no es cualquier candidato el que pueda afrontarla. En segundo lugar, que Bolsonaro tendrá un fuerte flujo de apoyo, que debe ser contrarrestado por un respaldo apoyo popular, como siempre han tenido los candidatos del PT, arraigado en el nordeste del país, pero ahora también en las periferias de las grandes ciudades del sureste y sur. Una performance que solo Lula, candidato o mentor de una candidatura, puede tener.

También será indispensable, como se desprende de las experiencias boliviana y ecuatoriana, una victoria por amplio margen, para superar los procesos de judicialización que se han impuesto en esos países y también en Brasil, y bajo los cuales se realizan las elecciones en esos países. La salida de este proceso requiere unidad de las fuerzas democráticas, un fuerte apoyo popular y un gran liderazgo que transmita la seguridad de la capacidad de derrotar a Bolsonaro y gobernar con éxito, como logró hacer el PT.

Bolsonaro puede ser favorito, pero no lo será si la izquierda se guía por el criterio de las experiencias de las recientes victorias electorales: Argentina, Estados Unidos, Bolivia. Bolsonaro, como Trump, se mostrará como un francotirador, que solo ataca a la vieja política, a la corrupción, como si no las practicara abiertamente. Será víctima de su gobierno fallido. Está claro que en 2022 todavía la economía estará en recesión y con un alto desempleo. Los efectos de la pandemia se seguirán sintiendo, con el precario suministro de vacunas y aún con las víctimas actuales del coronavirus.

Un referendo que evidencie que hay una alternativa a Bolsonaro: un país con desarrollo económico, distribución de ingresos y empleo, con vacunas para todos, con democracia. Ese será el escenario decisivo para la derrota de Bolsonaro y la victoria de las fuerzas democráticas.



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El exjefe del Ejército brasileño reveló que la cúpula castrense conspiró contra la liberación de Lula da Silva | Amenazaron a la Corte



El exjefe del Ejército de Brasil, Eduardo Villas Boas, reveló una de las tantas arbitrariedades a las que fue sometido el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Según confesó, la cúpula militar brasileña articuló en 2018 –año de elecciones que finalmente llevaron al mando a Jair Bolsonaro– una amenaza para que el Supremo Tribunal Federal no aceptara un habeas corpus para liberar a da Silva, que se perfilaba como candidato favorito en las encuestas.

La revelación está incluida en una entrevista de 13 horas divulgada este jueves que Villas Boas concedió para un libro del Centro de Documentación Histórica de la universidad Fundación Getulio Vargas (FGV). Allí, justifica la amenaza contra la máxima Corte con el argumento de que había movimientos golpistas que pedían una intervención militar en caso de la liberación de Lula, detenido tras ser condenado por corrupción por el exjuez Sérgio Moro.

“El texto (o amenaza)”, que en ese momento se difundió por Twitter, “fue sometido a mi staff y luego a los jefes militares de área (de todo el país) antes de su publicación. Se trataba de una advertencia, mucho más que una amenaza”, dice en el libro el exgeneral del Ejército, quien llegó al cargo máximo en el Gobierno de Dilma Rousseff (2011-2016) y luego, en 2019, tras su retiro, se convirtió en asesor presidencial de Bolsonaro.

El 3 de abril de 2018, en vísperas del juzgamiento del habeas corpus para liberar a Lula que realizó el Supremo Tribunal Federal (que fue derrotado por 6 a 5), Villas Boas, entonces jefe del Ejército de Michel Temer, alertó en un tuit: “hay que preguntarse quién está pensando en el bien del país y en las generaciones futuras y quién apenas en intereses personales”

“Aseguro a la Nación (como el bolsonarismo llama a Brasil) que el Ejército brasileño juzga compartir el anhelo de los ciudadanos de bien en repudio a la impunidad y respeto a la Constitución, a la paz social, a la democracia, así como se mantiene atento a sus misiones institucionales”, decía el mensaje de Twitter de Villas Boas.

En ese momento, explicó en la extensa entrevista que se difundió este jueves el exjefe del ejército, había preocupación en el empresariado y en sectores de las Fuerzas Armadas por la liberación de Lula. El mensaje en Twitter, señaló Villas Boas, habría sido para intentar descomprimir esa presión. “Teníamos un aumento de demandas por una intervención militar. Era muy prudente prevenirlas porque después seríamos empleados en contenerlas. Internamente actuamos en razón de la porosidad de nuestro público interno, todo inmerso en la sociedad. Ellos compartían una ansiedad semejante”, confesó.

En el libro, sin embargo, se negó a revelar una charla en la que Bolsonaro le habría agradecido por la elección. “Lo que conversamos morirá entre nosotros, les aseguro que no es nada conspiratorio”, aseguró el general retirado. Bolsonaro dejó el ejército como capitán por indisciplina en 1988 y levantó desde entonces la bandera de la agenda salarial de las Fuerzas Armadas. Su Gobierno es, además, el de más presencia castrense desde el fin de la dictadura.

Según Villas Boas, la victoria de Bolsonaro se debió a que luchó contra “lo políticamente correcto”. Y ejemplificó, con argumentos polémicos y sin cifras que lo respalden: “Cuanto más igualdad de genero, más crece el femicidio, cuanto más se lucha contra el racismo, mas este se intensifica, cuanto mayor el ambientalismo, más se agrede el medio ambiente”.

En abril de 2018, cuando fue publicado el tuit de Villas Boas, no hubo manifestaciones del poder político del Gobierno de Temer sobre la advertencia a la Corte, que terminó dejando a Lula en la cárcel por 510 días tras una condena por corrupción de Moro. Este ex juez, que adhirió al bolsonarismo, se fue de la magistratura para ser ministro de Justicia, cargo que finalmente dejó en mayo pasado por diferencias con el Presidente. Ahora es consultor de la empresa jurídica estadounidense Alvarez Marsal, encargada de administrar la quiebra de Odebrecht, constructora eje de la operación Lava Jato.



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La Corte de Brasil avaló como prueba los mensajes entre Moro y los fiscales de Lava Jato para implicar a Lula

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Lula da Silva reveló que contrajo coronavirus en diciembre | Aseguró que ya está recuperado y “preparado para darse la vacuna”



El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, reveló que dio positivo de coronavirus durante un viaje a Cuba, aunque ya está recuperado. En un comunicado divulgado por su equipo de prensa, Lula dijo estar “preparado para tomar la vacuna cuando haya vacuna para todos” en Brasil. Afirmó que no comunicó su diagnóstico anteriormente por “estar fuera de Brasil” y para “preservar su familia y la de los demás infectados”. El exmandatario se encontraba en La Habana desde el pasado 21 de diciembre para el rodaje de un documental dirigido por el estadounidense Oliver Stone y acaba de regresar a su país.

Tras la confirmación de la enfermedad, Lula permaneció en aislamiento y bajo la vigilancia sanitaria de las autoridades cubanas, que detectaron unas lesiones pulmonares “compatibles con bronconeumonía asociada a la covid-19”, de las que el expresidente presentó una “excelente recuperación”. 

Yo y todo mi equipo agradecemos la dedicación de los profesionales de salud y del sistema de salud público cubano que estuvieron con nosotros en el cuidado diario”, manifestó el expresidente. También aprovechó para saludar “a todos los profesionales de salud que se esfuerzan para hacer lo mismo aquí en Brasil”, pese a la “irresponsabilidad del presidente de la República (Jair Bolsonaro)“.

En el comunicado, Lula celebró la llegada de la vacuna contra el coronavirus, la que calificó como “la única salida” en medio de la pandemia, que ya deja más de 212.000 víctimas mortales y 8,6 millones de contagios en Brasil. “El expresidente Lula vuelve de Cuba con una única certeza: solamente la vacunación de la humanidad puede librarla del coronavirus. Basta de ignorancia contra la vacuna”, insistió, en clara alusión a Bolsonaro, quien pone en duda la eficacia de las dosis y ya avisó que no se inmunizará.





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¿Qué es el lawfare?




¿Qué es el lawfare?



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Lula da Silva: “Alberto Fernández está desmontando la farsa de los antidemocráticos en la Argentina” | El expresidente de Brasil participó de una charla virtual en el Instituto Patria



El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva dijo que con la llegada al gobierno de Alberto Fernández el país está retomando la senda democrática. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) también habló sobre el avance del lawfare en el continente. “A través del Poder Judicial cuentan mentiras para condenar a alguien sin pruebas, porque no las necesitan”, dijo el exmandatario. También hizo referencia a la necesidad de seguir luchando por la construcción de un bloque continental fuerte en América Latina. “Cada pedacito de libertad que hayamos conquistado es motivo para que seguir luchando e ir por más”, señaló el expresidente en el cierre de un seminario organizado por el Instituto Patria, del que también participó el excanciller de Brasil, Celso Amorím.

La industria del lawfare

La excusa para la presencia de Lula da Silva y Amorím era debatir sobre la política exterior en América latina. El exmandatario hizo referencia al lawfare como el mecanismo con el que los poderes del continente, liderados por Estados Unidos, lograron derribar a los gobiernos progresistas. “EEUU nunca permitió que fuéramos independientes. Hubo interferencias de los embajadores, después de los militares, y ahora del Poder Judicial. Es la industria de la construcción del lawfare”, indicó el expresidente. Hace pocos días la Justicia de Brasil habilitó el pedido de sus abogados para que el Ministerio de Justicia de su país muestre el trabajo que hizo con el FBI en la causa Lava Jato. El exlíder sindical brasileño sostiene que el organismo estadounidense violó leyes para acceder a documentos de Odebretch. Anteriormente la cartera de Justicia se había negado a brindar esa información. Ahora el gobierno de Bolsonaro deberá presentar los documentos que avalen su accionar.

Durante la charla organizada por el instituto que preside de manera honorífica Cristina Fernández de Kirchner, el expresidente también hizo referencia al contexto en que Mauricio Macri llegó a la presidencia del país. “En Argentina una fuerte campaña de destrucción de la imagen de la presidenta Kirchner y mucho dinero hizo que los conservadores llegaran al gobierno”, sostuvo Lula da Silva. Para el líder del PT esta situación no estuvo desconectada del avance conservador en el continente. “Una vez que habíamos creado la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) (…), cuando estábamos conversando con muchas organizaciones internacionales, cuando pasamos a ser protagonistas de las negociaciones con el mundo, comenzaron los golpes, comenzó la desestabilización de los gobierno progresistas de América latina”, indicó el exmandatario. Luego subrayó la importancia de los organismos multilaterales creados durante el avance de las izquierdas a nivel continental. “Fue importantísima la creación del UNASUR. Era necesario que la gente entendiera que era posible crear unidad, un bloque en América del Sur. después del fortalecimiento del Mercosur, creamos la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la única institución multilateral de la que participaba Cuba y en la que no están EEUU y Canadá”, indicó el expresidente.

Lula da Silva recalcó que aún queda mucho por hacer para seguir fortaleciendo las democracias en el subcontinente. “La lucha por la democracia no es algo de un momento, es una lucha de todos los días y a cada hora”, sostuvo el líder del PT. Luego habló sobre las posibilidades de que la izquierda vuelva a triunfar en su país y en Ecuador, donde habrá elecciones el próximo siete de febrero. “Es por esta América latina soberana, productiva, democrática, para los latinoamericanos, que no podemos nunca dejar de luchar”, cerró su intervención el exmandatario.

“Nuestro futuro depende la integración”

Luego, las autoridades del instituto presidido por el senador Oscar Parrilli, dieron la voz al excanciller durante los gobierno del PT. Amorím señaló que la integración regional será indispensable para el mundo pospandemia. “África ya lo entendió y están en eso. Nuestro futuro depende la integración”, señaló el tambíen exministro de Defensa durante el gobierno de Dilma Rouseff. A su vez sostuvo que es necesario incluir en las alianzas continentales progresistas a los gobiernos de signo ideológico diverso. “Con la UNSAUR la fuerza de la integración era tan grande que aún los lideres no progresista sintieron que tenían que estar. Estuvo el Perú de Toledo y Alan García, y gobiernos de derecha como el de Uribe. Necesitamos progresismos que empujen la integración, pero al mismo tiempo tenemos que tolerar a los gobiernos que no lo son para que se integren”, indicó el excanciller.

Amorím tambíen señaló que no creía que el mundo avance hacia una bipolaridad EEUU-China. “Europa es un factor de poder muy importante. Rusia, en algunos aspectos, es la principal fuerza militar. Los países del tercer mundo tienen que estar unidos para recibir lo que se avecina (…). Es una cuestión no esencial, sino existencial para nuestros países”, sostuvo el exministro brasileño. 



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El PT se debate en su crisis: ¿Lula sigue siendo su bala de plata?

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