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Cupo laboral trans: las repercusiones tras el decreto | Activistas, funcionarias y legisladoras destacaron el avance que significa la medida



“Siento una alegría enorme, una felicidad muy profunda”, señaló a Página/12 Alba Rueda, subsecretaria de Políticas de Diversidad del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad. Las voces de quienes desde hace años militan por los derechos de las personas travestis y trans se multiplican desde este viernes a la madrugada, cuando a las cero de la madrugada el Gobierno nacional publicó en el Boletín Oficial el decreto 721/2020, que establece el 1 por ciento de representación trans, travesti y transgénero en el sector público nacional. “Estamos tan acostumbrades a las malas noticias, que todavía no puedo creer que el sueño de Diana esté siendo una realidad”, afirmó Say Sacayán, hermano de Diana Sacayán, quien impulsó el reclamo por el cupo laboral trans. 

El decreto aplica a toda la administración pública nacional, que según el artículo 8 de la Ley 24.156 incluye a la administración central y los organismos descentralizados, la Jefatura de Gabinete, los distintos Ministerios, y a todas las empresas y sociedades del Estado, así como a los entes públicos que dependen del Estado nacional. “En junio, durante una reunión, hablamos con el Presidente de que, más allá de lo que suceda con los proyectos de Ley, le parecía bien crear un cupo en la administración publica nacional”, relató a Página/12 Elizabeth Gómez Acorta, la ministra de Mujeres, Género y Diversidad. “Significa un compromiso profundo, una dimensión nueva que va a cambiar la expectativa de vida en la población travesti y trans y a romper con la cadena de expulsión que nos ha tocado recorrer a muchas de nosotras”, advirtió Rueda y detalló que esa cadena “abarca desde la falta de oportunidades hasta los malos tratos, el mal pago, la discriminación o la expulsión de los espacios de trabajo”.

Alba Rueda comenzó a trabajar en el Inadi en 2006, cuando todavía faltaban seis años para la sanción de la Ley de Identidad de Género, y allí tuvo que luchar para que le sea reconocida su identidad autopercibida en el recibo de sueldo. Con la creación del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad asumió como subsecretaria de Políticas de Diversidad. “Poder acceder al trabajo formal implica tener derechos, un sueldo, una obra social, vacaciones, cosas que en la vida miles de personas trans no hemos tenido. Es un cambio sustantivo en la sociedad, reconocer que existe una desigualdad estructural que hay que transformar”, explicó Rueda.

Uno de los ejes más novedosos del proyecto es que contempla no sólo el acceso a puestos de trabajo, sino la posibilidad de continuar, en paralelo con el trabajo, la formación educativa obligatoria o bien otras capacitaciones que apunten a cumplir con los requisitos del puesto. “Es imposible levantarse a estudiar si estuviste toda la noche trabajando y expuesta a situaciones de violencia. Diana entendía esto y por eso luchaba por el empleo, porque el trabajo modifica todos los aspectos de una vida. Te convierte en ciudadana o ciudadano”, señaló a Página/12 Say Sacayán y remarcó que “el acompañamiento psicológico, los espacios de expresión, la cuestión de la educación y la flexibilidad de la idoneidad es fundamental al momento de ingresar a un trabajo”. 

Para él es central que figure la palabra “cupo” porque así lo nombró su hermana, Diana Sacayán, impulsora del reclamo por la inclusión laboral para la población travesti y trans. En la provincia de Buenos Aires la norma que establece el cupo, vigente desde 2015, lleva el nombre de Diana como homenaje de su militancia. “Hay algo histórico que no tiene reparo, que son las que ya no están. Ahora estamos hablando de construir una vida vivible para quienes existimos, y también para las generaciones del futuro”, señaló Sacayán.

El Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad, encargado de la reglamentación del decreto, llevará un registro de los puestos de trabajo vacantes, las ofertas disponibles y la cantidad de cargos cubiertos en el marco de la normativa. Además, abrirá un “Registro de Personas Travestis, Transexuales y/o Transgénero” aspirantes a los puestos de trabajo, que será voluntario y no será requisito para el ingreso a ningún empleo. 

El cupo laboral es el paso que le seguía a la Ley de Identidad de Género. Es una forma de reparación hacia un colectivo que lleva muchos años de lucha esperando una respuesta política”, señaló Gabriela Estévez, diputada del bloque Frente de Todos y autora de uno de los proyectos de Ley que están en debate en el Congreso Nacional, y agregó que “el decreto adelanta los tiempos, ahora hay que tejer un solo cuerpo legal que contemple todos los derechos”.

Próximo paso: que el cupo sea Ley

“Esperamos que se apruebe una ley, para que se garantice una protección sustancial y se incluya a todos los poderes del Estado”, aclaró Rueda. En la comisión de Mujeres y Géneros de la Cámara de Diputados hay 12 proyectos en debate, que apuntan a garantizar la inclusión laboral de la población travesti y trans. “Hay un abanico de proyectos que abarcan las distintas dimensiones, ahora el trabajo es unificar y debatir si se trabaja en un paquete de leyes o en una sola”, explicó a este diario Mónica Macha, quien preside la comisión, y advirtió que “el decreto asegura que el cupo ya se empiece a implementar. Lo que sigue, la ley, es para darle estabilidad a esta política”.

Los ejes que se agregan en los proyectos de ley que debaten en Diputados, complementarios al decreto, tienen que ver con el fomento del cupo en el ámbito privado, la inclusión de las provincias –algunas, como Chubut, Río Negro, Chaco y Santa Fe, ya tienen su propia normativa– y la ampliación a los poderes judiciales y legislativos. En la Cámara de Diputados, el 26 de agosto se aprobó el Programa de Empleo, Formación y Desarrollo para Personas Travestis y Trans, que apunta a la inclusión laboral de esta población, aunque no establece un cupo determinado.

“Las voluntades políticas parciales son fundamentales para quienes están en cada municipio, en cada provincia, pero necesitamos que haya una instancia para que, quien no ha pensado en estas políticas, comience a incorporarlas”, señaló Macha. 

Informe: Lorena Bermejo



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Adiós a César Cigliutti, pionero de la lucha por DDHH de personas LGBT

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Día del Orgullo LGBTI: Los travesticidios sociales también son crímenes de odio

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Alba Rueda: “La emergencia se hizo explícita por las cadenas de violencias históricas.”

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El impacto de la pandemia en el colectivo trans travesti y LGBTI

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Abusos disfrazados de rituales, un secreto a voces que el rugby sostiene en el tiempo

Abusos disfrazados de rituales, un secreto a voces que el rugby sostiene en el tiempo

El rito de iniciación en los planteles puede ir desde raparse la cabeza o tragarse un pez vivo hasta las imposiciones sexuales. Testimonios de casos reales que también llegan al fútbol.

(Foto: AFP)
Por Roberto Parrottino
@rparrottino

29 de Diciembre de 2019

Juveniles del Berazategui Rugby Club le muerden la cola al jugador que va a ascender de categoría. Otros cuentan los segundos. Y le dejan la marca de los dientes en los glúteos colorados. Entrenadores “llevan” a debutar sexualmente a menores con prostitutas en viajes con el equipo. Y en grupo. “Los cagan a trompadas y después les meten una manija en el ano –testimonia una persona a Cecilia Ce, psicóloga y sexóloga, que invita a denunciar–. Se la queda el debutante para la próxima iniciación y así se la van pasando”. Integrantes de la selección Sub 16 de hockey sobre patines de San Juan le pegan cinturonazos en la espalda al “nuevo”. Alaridos entre las risas. Son, apenas, un puñado de casos que salen a la luz en “videos virales” durante los últimos años. En el fútbol, los mayores rapan a los pibes que suben al plantel de Primera en plena pretemporada. Los llaman “rituales de iniciación”. “El bautismo”. La cultura del deporte, también en Argentina, sistematiza con violencia el pasaje a la adultez profesional.

Los testimonios anónimos se le apilaron a la licenciada Ce. “En mi colegio –dice un testigo–, los del último año de rugby le metieron un palo de escoba a uno más chico en el vestuario y lo filmaron. El entrenador lo vio y no hizo nada. Lo denunciaron los padres del chico”. La pareja de una víctima cuenta: “A mi novio lo llevaron a debutar a los 14 años. No sé qué pasó, pero lo condicionó de por vida a la hora de tener relaciones sexuales. Diez años después y con terapia está en proceso de superarlo”. Las historias incluyen a otros deportes colectivos, como el fútbol y el handball. Un forward de Albatros, club de rugby de La Plata, le jugueteó en la oreja y le chupó el lóbulo ante los compañeros a Juan Branz, mientras realizaba el trabajo de campo de Machos de verdad, un libro en el que trata de explicar cómo se moldean las masculinidades desde el deporte. Exfutbolista de Cambaceres y doctor en Comunicación, Branz dice que sorteó la situación con humor. Pero que el forward de Albatros encontró rápido otro “sujeto sacrificial” para demostrar que manejaba el vestuario.

“Es la bienvenida –explica el investigador Branz, que puso el ojo y el cuerpo además en Club Universitario y La Plata Rugby Club–. Son jerarquizaciones múltiples y simbólicas. Es un momento liminal, el paso del mundo juvenil al plantel superior. Las prácticas de ese sometimiento para ‘nivelar’ suelen ser violentas y ubican al otro en el silencio. El que habla es el ‘poronga’. Es que no hay mujeres para subalternizar. Y entonces ‘alguien se tiene que sacrificar’ en esos ‘juegos’ homoeróticos. Y siempre está el terror anal. Porque nadie se asume como homosexual”. Caio Varela –46 años, brasileño, desde hace siete en Argentina, consultor magister en Relaciones Internacionales– sí se asume como homesexual. Y no sólo: es presidente y jugador de Ciervos Pampas Rugby Club, primer equipo de diversidad sexual en América Latina.

“Nosotros vimos varias veces situaciones muy violentas –cuenta Caio Varela–. Uno de los rituales es pegarle en la espalda al que juega por primera vez. Otro ridículo, una idiotez: que se vista de mujer y pida plata. En general tienen esa perspectiva de generarle algo inolvidable a la persona, de dejarle marcas en el cuerpo. Una vez compartimos un vestuario en Avellaneda Athletic y un pibe trató de escaparse y se chocó la rodilla con un banco de cemento. Lo que era su iniciación quizá fue su jubilación”. Otro episodio reciente en un club: tragarse una cucharada de canela, lo que puede traer lesiones intestinales que deriven en internaciones. “El rugby se está transformado en un deporte menos violento –agrega Caio–. Hay mucha gente trabajando internamente para romper con prácticas y esa imagen estereotipada desde afuera. La sensación que tengo cuando veo esas situaciones violentas es la de ‘bancátela, macho’. Y nosotros, desde Ciervos Pampas, planteamos que el deporte es para todes”. Ciervos Pampas, que volverá en 2020 a competir en el torneo empresarial de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA), juega con medias arcoíris, como la bandera símbolo del orgullo LGBT. Y fijó como “bautismo” para el compañero que se suma al equipo un abrazo colectivo.

En Inglaterra, George Blackstock denunció en 2015 a Stoke City y al exarquero Peter Fox por “daños y perjuicios” en “ceremonias de iniciación” cuando era un juvenil de ese club de fútbol entre 1986 y 1988. Blackstock contó que Fox lo abusó: que untó un guante con crema de calor y le introdujo un dedo en el ano. También que compañeros le colocaron una tetera caliente en la cola. “Me han destruido como persona”,  dijo Blackstock, que se refugió después en el fútbol de Irlanda del Norte y confesó tener problemas psicológicos y para dormir. La demanda fue desestimada. “La cultura machista del fútbol –dijo el abogado de Blackstock– fue demasiado lejos en Stoke City”. Dos años después, la Asociación Inglesa abrió una investigación de ritos sexuales a futbolistas en las décadas de 1980 y 1990. David Beckham admitió que fue obligado a masturbarse frente a sus compañeros cuando debutó en Manchester United a los 16 años. A Paul Scholes lo metieron en un lavarropa industrial: sufrió un ataque de asma.

Entre 2012 y 2017 hubo 70 casos de abuso sexual entre compañeros de equipos en colegios de Estados Unidos, según una investigación de la agencia Associated Press. Sólo la punta de un iceberg. El patrón de los casos: integrantes mayores que sodomizan a menores. Agresores hoy, víctimas ayer. “Llamarlos ritos es algo violento –dice Tomás de Vedia, excentro de San Isidro Club (SIC) y Los Pumas, entrenador de neurociencia–. Supongo que pasaban antes, que es algo viejo que ya no existe. Lo que viví yo era tomar un poco más de alcohol, pero nada más”. Francisco Ferronato, médico y capitán de Belgrano Athletic, cuenta que cuando un jugador debuta en la Primera la “iniciación” es raparlo. “No se lo golpea ni se le falta el respeto –apunta Ferronato–. Sé que en otros clubes pasan otras cosas, como tragarse un pececito vivo. Es como un recuerdo, un signo, pero entiendo que puede afectar, y en caso de que no quiera, se respeta. Es más consensuado de lo que parece. Pero en el rugby hay de todo. La cuestión parece pasar por si es ‘macho o no macho’. En un montón de aspectos, el rugby va progresando. Y también se va deconstruyendo, como la sociedad”.

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Año nuevo, tabú viejo: de los 20 mil futbolistas que jugaron en Primera ninguno dijo ser gay

Año nuevo, tabú viejo: de los 20 mil futbolistas que jugaron en Primera ninguno dijo ser gay

Cada vez son más los jugadores que hablan del tema pero aún en el vestuario pesan el miedo, el desconocimiento, las mentiras y los secretos. ¿Por qué el fútbol argentino sigue en el clóset?
(Foto: Club Tigres)
Por Roberto Parrottino
@rparrottino

2 de Febrero de 2020

Como si estuviese lesionado, el representante les avisa a los dirigentes: “Ah, miren que este pibe es puto, eh”. Este pibe: un futbolista que había jugado y salido campeón en un club grande de Argentina y que llega de Europa a un equipo del interior en 2003. Y el jugador les advierte a los compañeros que tiene novio. “Secret Footballer”, un exjugador inglés que publicó libros sin develar su identidad y columnas en The Guardian, reveló años más tarde que varios futbolistas contaron que eran gays ante planteles de la Premier League. Pero en aquel tiempo, los jugadores argentinos ni siquiera hablaban en público de homosexualidad y homofobia en el fútbol, como en la actualidad. Ahora estamos en 2020, y en Argentina, públicamente, todavía ningún futbolista salió del clóset. Tampoco después del retiro, como pasó en Inglaterra. De los más de 20 mil que jugaron en Primera desde la profesionalización en 1931, ninguno dijo ser gay. La diversidad sexual en el fútbol masculino es un tema tabú. Aunque cada vez menos.

En el último año, una nueva generación de futbolistas, como Matías Vargas, Juan Cruz Komar y Augusto Solari, habla de la sexualidad en el fútbol. Durante los primeros días de 2020, Nahuel Guzmán se tiñó el pelo con los colores de la bandera LGBT, símbolo del orgullo gay, y atajó con Tigres en la liga mexicana. Lo siguió Daniel Osvaldo, que jugará en Banfield en su regreso al fútbol. “No tendría ningún problema de decirlo si fuese homosexual -dijo Osvaldo a Infobae-. Pero la gente no tiene por qué saber qué hacés en tu habitación. Respeto la decisión de no decirlo. Si uno lo dice es un riesgo que después vaya a una cancha y te discriminen. Es una realidad horrible. Y ojalá cambie”. En 1995, cuando era DT de la Selección, Daniel Passarella obligó cortes de pelo, sacó aritos y sometió a jugadores a rinoscopias. Y dijo que no aceptaría a un jugador homosexual.

Rodrigo Díaz llegó a debutar en Huracán de Tres Arroyos en el Argentino A en 2009. Hoy tiene 27 años y ya no juega al fútbol. Baila y canta. En 2012, mientras entrenaba a prueba en El Porvenir, admitió: “Sé que soy el primero en blanquear una elección sexual diferente en un ambiente muy machista. Ojalá muchos se animen”. Díaz jugó amistosos en El Porvenir y luego se probó en Atlas. Pero abandonó el deporte. “El fútbol argentino es muy popular, y el hincha argentino, muy castigador -dice ahora Díaz, que había hecho pública su relación con el empresario mediático Ricardo Fort-. Ni aún retirados dicen lo que son. Existe el miedo. En el fútbol hay varios que no lo confesaron y conviven con eso. Lo veo mal: tendrían que salir al frente y que los demás opinen lo que opinen, más allá de que en la vida privada cada uno hace lo que quiere”.

El inglés Justin Fashanu fue el primer futbolista de élite en reconocerse gay, en 1990. Nottingham Forest había pagado un millón de libras por él. Después de admitirlo en la prensa, Fashanu, negro y homosexual, jugó en 13 clubes en siete años. Sufrió insultos y discriminación. Y se suicidó en 1998, después de que lo acusaran de abuso sexual a un menor. La denuncia, al tiempo, se comprobó que era falsa. En 2005, en una entrevista con la revista Gay Barcelona, el uruguayo Wilson Oliver marcó “el ambiente hostil y poco propicio para hacer pública la propia sexualidad” y aseguró que futbolistas eligieron casarse con mujeres como pantalla de una doble vida. Oliver, que jugó en Nacional en 1986, había reaccionado ante una declaración de Jorge Fossati, entonces DT de Uruguay. “Un futbolista homosexual -había dicho- sería un transgresor entre hombres. No debe estar en un plantel. Existen normas”.

Ariel Heredia es presidente y jugador de Los Dogos, primer equipo de fútbol gay de Sudamérica, creado en 1997. Cuenta que muchos jugadores de Los Dogos llegaron después de sufrir discriminación en clubes del fútbol argentino durante el camino al profesionalismo. “En los equipos de Primera -agrega- se sabe si un jugador es gay o no. Pero no se habla. Piensan que un jugador puede ir a menos porque es homosexual. El deporte en general ahora se está abriendo, pero la homofobia en el fútbol es increíble”. Un jugador gay que se mantiene en el fútbol tiene miedo a los insultos, al rechazo de clubes y patrocinadores: a ponerle fin a su carrera. Y se oculta, miente, finge. Otros jugadores desconocen cómo abordar la situación. Uno de cada cuatro futbolistas, técnicos y árbitros del fútbol inglés, según un estudio de la Universidad de Staffordshire, conoce en persona a jugadores homosexuales. Pero en la cultura del fútbol, concluyeron, los representantes y los clubes presionan para mantener el secretismo.

“Se ponen en juego la vergüenza, la penalización del deseo y, tal vez, el aislamiento de la esfera laboral”, aporta Juan Branz, ex futbolista de Cambaceres y doctor en Comunicación, autor de Machos de verdad, libro en el que explica cómo se moldean las masculinidades desde el deporte. “Es tabú porque la historia del fútbol argentino modeló a los jugadores dentro de un esquema absolutamente heteronormativo. Desde cada párrafo de El Gráfico hasta cualquier picado en cualquier barrio. El futbolista se rige y responde a la heterosexualidad”.

Mario Lüthi juega en la Sub 21 del club suizo Young Boys. Llega el alemán Leon Saldo, también delantero. Dupla de ataque. Lüthi, goleador. Saldo, asistidor. Son las promesas. Comparten entrenamientos, salidas, PlayStation. Y el club decide “invertir”: que vayan a vivir a un departamento. Se enamoran. “Si queremos ser profesionales -le dice Lüthi- no podemos hacer esto”. “No me importa”, le responde Saldo. Hasta que los compañeros y el club se enteran de la relación. “Bromas” en el vestuario. El pedido de silencio y “normalidad” de dirigentes y representantes. Saldo se cansa de mentir -y de las mentiras de Lüthi- y regresa a Alemania. Lüthi sigue con novia-amiga y problemas para dormir. Lo compra el St. Pauli de la 2. Bundesliga alemana. Y se reencuentra con Saldo. “Elegiste el fútbol. Yo, otro camino”. Al siguiente partido, Lüthi mete un gol. Y llora. Mario (2018) es una película. Ficción de la realidad. Argentina o europea. Del fútbol.

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“Cuando en la cancha me gritan ‘puto’, me doy vuelta y me río”

“Cuando en la cancha me gritan ‘puto’, me doy vuelta y me río”

Nicolás Fernández juega en la Liga Cultural de La Pampa y es el único actual futbolista argentino en salir del clóset. Dejó su carrera de adolescente y soportó insultos hasta que a los 24 años dijo ser gay: “En el fútbol es tabú”.

(Foto: El Diario de La Pampa)
Por Roberto Parrottino
@rparrottino

16 de Febrero de 2020

Nicolás Fernández se escapó unos días a Pellegrini, el pueblo bonaerense de diez mil habitantes en el que nació hace 24 años, donde, cuenta, “los gays son todos tapados, porque nadie dice nada”. A 114 kilómetros, en Santa Rosa, La Pampa, realiza la pretemporada con el Club General Belgrano, que juega en la Liga Cultural, cuyo premio es un lugar en el Regional Amateur, cuarta categoría del fútbol argentino. Pero Fernández -arquero, de “estilo clásico”, admirador de Marcos Díaz- se destapó: el año pasado dijo públicamente que es homosexual. “Soy feliz. Gracias a quienes lo entienden. Y perdón a quién no. Un género no determina nada y mucho menos habla de quién soy como persona. Estoy enamorado y sí, de alguien de mi mismo sexo”, escribió en su Facebook el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGBT. Y vivió una revolución: de algún modo, es el único futbolista argentino en decirlo.

-¿Cómo empezó tu carrera?

-Arranqué en Huracán de Pellegrini, de la Liga Trenquelauquense. En un momento, cuando fue el inicio de todo esto, dejé, porque estaba en pareja con un chico. Estuve dos años alejado del fútbol. Después retomé en Barrio Viejo, otro club de la Liga Trenquelauquense. Y después pasé a Deportivo Rivera de La Pampa, y de ahí a Atlético Santa Rosa, donde me lesioné y operé los ligamentos cruzados. Y ahora estoy en Belgrano.

-¿Te probaste en Independiente?

-A los 16 años, sí. Sin agrandarme, el coordinador de las inferiores me dijo que muy bien, que era probable que me ficharan. Pasó el tiempo, y nunca me enteré más nada. Pregunté en mi casa si me habían llamado, y nada. Hace dos años, escucho a mi papá hablar con un amigo y decirle que me habían llamado, pero que no quisieron dejarme ir a la pensión de Independiente, que era un lío.

-¿Esperaste el Día del Orgullo para hacer público que sos gay?

-En verdad, nunca supe qué día era. Había salido, estaba con mi pareja y tiré ese estado en Facebook. Después se hizo una revolución, se hicieron eco todos los medios de La Pampa. Muchos se sorprendieron en el fútbol. Otros ya me conocen en Santa Rosa. No ando con un megáfono diciendo qué soy ni nada. Pero ahí me salió.

-¿Cómo fue contarlo en tu familia y en el vestuario?

-Con mi familia fue sencillo. A mis viejos no les di opción. Les dije que si no les gustaba me iba de casa, que no había problema. Tenía 17 años. Pero lo entendieron. Y en el vestuario, fue en Deportivo Rivera. Estaba jodiendo con el capitán. Y me sorprendió, adelante de todo el plantel: “¿Y vos qué onda? ¿Te gustan los chicos o las chicas?”. Se ve que había estado averiguando. Se hizo un silencio. Y les dije que había estado en pareja tres años con un chico, y que si alguno tenía un problema, me lo dijera. Y si no, que acá no había pasado nada. Fue simple, y los muchachos aceptaron sin ningún problema. Me sentí aliviado.

-¿Nunca te sentiste discriminado en el fútbol?

-No tomo mal que hagan un comentario, un chiste. De hecho, mis compañeros lo hacen. Terminamos de entrenar, nos ponemos a estirar, y por ahí sale algún chiste. Me río. No lo tomo a pecho. Tengo claro quién soy, qué hago y qué dejo de hacer. Lo que diga el resto no me interesa.

-¿Por qué nunca un futbolista de Primera División dijo públicamente ser gay?

-En el fútbol es un tema tabú. Se comentan muchas cosas. Hay gente gay que por ahí con un chiste se siente mal. A mí, no me pasa. Me pueden decir cualquier cosa, y me puedo enojar pero lo resuelvo sin ponerme mal. Cuando atajaba en Huracán de Pellegrini vino a jugar Ferro de Trenque Lauquen. Y una persona se puso atrás del arco, arriba de una camioneta, y me insultó todo el partido. Ya sabía. Ahí me calenté. Le decía que cuando terminara el partido lo iba a buscar. Cuando termina, salgo corriendo, la policía me frena. Mi viejo y la hinchada fueron a buscarlo. Tuvo que intervenir la policía para que pudiera irse. Siempre sentí apoyo. Ahora me gritan ‘puto’ en la cancha y yo me doy vuelta y me río. El año pasado atajé con un conjunto de ropa rosa en Atlético Santa Rosa. Me dijeron tantas cosas para hacerme calentar y sacar del partido, que yo me agachaba, le hacía cualquier gesto, me reía. Les gané. No lograron hacerme enojar.

-¿Al futbolista le obligan exhibir cierta masculinidad?

-Hay que actuar, manejarse y proceder con total normalidad, porque no pasa nada, justamente. Cuando llegué a Atlético Santa Rosa, golpeé la puerta del vestuario, pedí permiso, me presenté ante Franco Lescano, el capitán, y saludé a todos. Caí bien y siempre me lo recalcaron. Y un día, hablando con él, le dije que tenía pareja. “Ah, buenísimo”, me dijo. Ningún problema.

-¿El fútbol femenino tiene una relación más libre con la sexualidad?

-Es mucho más abierto. En ese sentido el fútbol femenino está un paso adelante. El fútbol masculino va camino a ser más abierto. Un amigo, Jonathan Fensel, juega en All Boys de Santa Rosa. Y tengo un enojo con un jugador que lo cargaba a él conmigo. “Ay, tu novio, tu novio”. Eso sí me molesta. Son mis amigos y no mezclo una cosa con la otra. Ya me voy a desquitar. La única forma de hacerme enojar es cuando molestan a mis amigos conmigo. El resto, me río. A veces otros jugadores me ven, me saludan y agachan la cabeza. No sé por qué será.

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