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La pandemia del salario | Qué puede hacer el Gobierno para que los trabajadores le ganen a la inflación



Los sueldos en las empresas privadas, en el sector público, el salario mínimo, vital y móvil, todos para atrás. Todos en baja. Hace cinco años que no paran de caer. La destrucción de poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores ha sido una constante el último lustro. A octubre de 2020, último dato disponible en las estadísticas del Indec, los sueldos en el sector privado formal acumularon un retroceso del 20,1 por ciento en comparación con igual mes de 2015. Es decir, perdieron una quinta parte de su capacidad de compra; en promedio, porque hay numerosas actividades en las que el derrumbe ha sido mucho mayor.

Peor les fue a los empleados del Estado. La caída sin pausa –en el sector privado hubo un ligero repunte en 2017 respecto de 2016, aunque igualmente quedó por debajo de los niveles de 2015- llegó al 28,4 por ciento en términos reales esos cinco años. Eso significa que las actualizaciones estuvieron siempre por debajo de la inflación.

“Yendo al 2020, el sector público acumuló hasta octubre un achicamiento del salario del 7,2 por ciento en comparación con el mismo mes de 2019, mientras que el sector privado tuvo una merma del 2,1 por ciento. La situación seguramente empeoró en noviembre y diciembre, dado que la inflación esos meses fue bastante más elevada, con registros del 3,2 y 4,0 por ciento, y no hubo aumentos salariales muy importantes como para compensar el incremento de precios”, anticipa Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma. 

En cuanto al salario mínimo, vital y móvil, pasó de liderar el ranking regional en octubre de 2015 a retroceder al puesto 11 cuando Cambiemos dejó el poder en diciembre de 2019, según un relevamiento de la Universidad de Avellaneda.

En la misma línea, el Observatorio de la CTA Autónoma advirtió que esos ingresos sufrieron una contracción de tal magnitud que su poder de compra actual es equivalente al que tenían en 2004, borrando prácticamente toda la ganancia de los tres gobiernos kirchneristas. También impacta la velocidad con que se dio ese proceso. En 2017-2018, el salario mínimo perdió 11,1 puntos contra la inflación. En 2018-2019 fueron 12,5 puntos. Y en 2019-2020, el declive resultó de 9,0 puntos. La pandemia macrista, como se ve, fue peor que la de la covid-19.

La disminución de la participación del salario en la economía tiene como contracara la apropiación de esas sumas de dinero por parte de los empleadores, marcando un deterioro en la distribución del ingreso nacional.

¿Eso significa que los empresarios se enriquecieron a costa de los trabajadores? No necesariamente. Más bien, son mayoría los sectores económicos a los que les fue mal desde la llegada de Mauricio Macri a la presidencia –con excepciones muy conocidas en sectores concentrados, como las actividades financieras, las prestadoras de luz y gas, las prepagas, las compañías de celulares e internet, entre otras- y en 2020 padecieron la pandemia del coronavirus. Pero en el reparto de las cargas, los asalariados sufrieron un revolcón histórico. Junto con la pérdida del salario, la desocupación saltó del 5,9 al 11,7 por ciento entre el tercer trimestre de 2015 e igual período del año pasado.

De esa descripción se pueden extraer dos conclusiones: es condición necesaria que la economía funcione, que haya un horizonte de crecimiento, para mejorar la situación general. En términos de la perinola, todos ponen cuando se suben al tobogán: empresarios, trabajadores, jubilados, aunque algunos más que otros. Los jubilados perdieron 26 puntos durante el gobierno de Cambiemos: 6,5 puntos en 2016 y 2017 (bajaron 10,2 el primer año y subieron 3,2 el segundo) y 19,5 puntos en 2018 y 2019, con el cambio en la fórmula de movilidad.

La segunda conclusión de lo planteado anteriormente es que la recuperación económica no alcanza para recomponer los ingresos de los trabajadores. Si el Gobierno no interviene con políticas activas, los sueldos quedarán a la cola cuando llegue el momento de remontar la crisis, como se espera que empiece a suceder en 2021. La regresividad en la distribución del ingreso producida los últimos cinco años no se modificará con el rebote de la economía

“Creer
que las paritarias van a resolver la pérdida salarial es ingenuo. La
correlación de fuerzas seguirá a favor del poder económico y en contra de los
sindicatos por varios meses más
. Este año dejar librada la suerte de los
trabajadores a las paritarias provocará otro retroceso de los sueldos en la
mayoría de los gremios”, evalúa Luis Ramírez, quien pertenece a la Asociación
de Abogados Laboralistas y fue presidente de la entidad en tres oportunidades.

“2020 fue un año terrible. He visto situaciones en paritarias que nunca creí que se pudieran dar. Sectores empresarios importantes que le decían a su contraparte sindical: ‘Les hacemos esta oferta y tienen hasta el viernes para aceptarla o si no la retiramos’. En mis cincuenta años de trayectoria nunca había visto que una organización patronal asumiera actitudes tan irreductibles, tan de imponer condiciones. Si te gusta bien, si no andate. El Gobierno hizo lo que pudo para equilibrar la cancha. La orientación del Ministerio de Trabajo es buena, pero hay un marco de debilidad política en el contexto de la crisis muy perjudicial para los trabajadores”, analiza el especialista. 

Qué se puede hacer

Martín Guzmán, ministro de Economía, aseguró que el Gobierno se fijó como meta para este año que los sueldos aumenten 4 puntos por arriba de la inflación. Es un objetivo prioritario para consolidar el despegue de la economía. Como el consumo interno representa más de dos terceras partes del PIB, elevar la masa salarial es imprescindible para traccionar la producción y la inversión. En esa estrategia, el gabinete económico planteó que los precios minoristas suban hasta 29 por ciento, en tanto que los salarios lo deberían hacer un 33 por ciento. Así figura en el Presupuesto aprobado para 2021.

Para contener la inflación, el Gobierno avanza con políticas como Precios Cuidados, Precios Máximos, promete poner en marcha la Ley de Góndolas, convocar al Consejo Económico y Social, segmentar las subas de tarifas, regular aumentos en servicios de conectividad, promover un incremento de la producción para elevar la rentabilidad empresaria a través de un mayor volumen de ventas y no mediante el ajuste de precios, entre los principales lineamientos.

¿Y en materia laboral qué puede hacer? Luis Campos, de la CTA Autónoma, entrega algunos tips:

* “En 2020 fue fundamental el aumento de 4000 pesos que decretó el Gobierno para el sector privado a cuenta de futuras paritarias. Se pagaron 3000 pesos con el sueldo de enero y 1000 con el de febrero. Fue un colchón que sirvió mucho en el primer semestre y amortiguó la caída en el balance anual. Es una medida que debería repetir este año para dar una orientación a las paritarias”.

* “Una señal muy importante sería convocar al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil para marzo. No esperar a junio como se hace habitualmente. Establecer aumentos por arriba de la inflación proyectada sería un buen punto de partida para fortalecer la posición de los sindicatos en sus respectivas paritarias. Además, hay otras remuneraciones atadas al salario mínimo, como el ingreso social complementario de las cooperativas de trabajo, la jubilación de quienes no se retiraron con moratoria y en el salario mínimo de los docentes, que es un 20 por ciento superior al general”.  

* “Otra señal puede surgir de la paritaria nacional docente. Es muy positivo que el Gobierno haya restablecido esa discusión, que el gobierno de Cambiemos había dejado de lado. Hay una oportunidad para que en febero el Poder Ejecutivo nacional empiece a dar lineamientos salariales con esa paritaria”.

* “Bancarios y camioneros tienen que discutir adecuaciones salariales en el verano. El Ministerio de Trabajo puede aprovechar para empujar buenos aumentos. La estrategia general seguramente será negociar acuerdos cortos, por seis meses, y en la medida que la economía se recupere, acelerar el ritmo de los aumentos de sueldos en la segunda mitad del año”.

* “Los salarios del sector público le tienen que ganar a la inflación. Nadie pide recuperar en un solo año lo que se perdió en cinco, pero es una defición importante hacia el sector privado. La negociación está prevista para mayo”.

Luis Ramírez, por su parte, destaca la prórroga de la doble indemnización, incluso con el tope de 500 mil pesos, y la prohibición de despidos por 90 días. “Los sindicatos necesitan que el Gobierno intervenga con gestos muy concretos para tener mayor margen de maniobra en sus respectivas negociaciones con las patronales. Garantizar la doble indemnización hasta fin de año, por más que exista un límite, va por el buen camino”, concluye el experto en materia laboral.



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Por qué acelera la inflación | Qué hace y qué puede hacer el Gobierno frente a la suba de precios



La aceleración de la inflación que se observa desde el último trimestre del año pasado se convirtió en una amenaza para la recuperación de la economía. La suba de precios, en particular en alimentos, puede neutralizar el incipiente rebote en los niveles de consumo. En lugar de marchitarse, es indispensable que la demanda interna florezca para generar incentivos a la producción y el empleo. El Gobierno tiene el desafío de aminorar los aumentos en un contexto donde reaparece la puja distributiva, el incremento de precios de las materias primas suma presión al cuadro general y sectores concentrados intentan sacar provecho de su posición dominante para imponer ajustes a las mayorías populares, incluso cobrando cualquier cosa, como ocurre con compañías de televisión por cable, internet y telefonía celular.

La velocidad con que se están dando los aumentos se refleja en el índice de precios al consumidor, con registros de 3,8 por ciento en octubre, 3,2 en noviembre y 4,0 en diciembre. El gabinete económico deberá actuar en consecuencia, bajo el riesgo de pagar con puntos de crecimiento, menor creación de puestos de trabajo y disminución de la pobreza si demora la intervención.

“El contexto actual implica comprender que no habrá recuperación económica si los ingresos de trabajadores y trabajadoras no le ganan a la inflación”, advierte en ese sentido la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) en su último informe.

La primera respuesta, que se espera se concrete la próxima semana o a más tardar la siguiente, es la convocatoria al Consejo Económico y Social. El Frente de Todos lo imaginó desde un comienzo como un espacio donde administrar la tensión que existe entre empresarios y trabajadores por los márgenes de rentabilidad y la recomposición de los salarios, pero la llegada de la pandemia postergó su creación ya casi un año.

La convocatoria deberá ser amplia a fin de que los distintos sectores se sientan representados. Dentro del grupo Producción y Trabajo, donde confluyen organizaciones sindicales como la Corriente Federal de Trabajadores en la CGT y la CTA de los Trabajadores, pymes como la Mesa Nacional de Unidad Pyme y Cgera, cooperativas como la CNCT y Conarcoop y agrarias como CANPO y ex dirigentes de Federación Agraria, entre otros, existe cierta preocupación por la posibilidad de que no sean invitados.

En la semana hubo comunicaciones de dirigentes de esa corriente con funcionarios encumbrados para transmitirles su malestar si el espacio fuera relegado. El decreto que prepara el Poder Ejecutivo con el llamado al Consejo finalmente los incluiría.

El Gobierno no deberá ser neutral en las negociaciones. Tendrá que reforzar la acción para que los salarios suban más que los precios. El acuerdo por Precios Cuidados es una buena señal en busca de ese objetivo, así como lo fue la declaración de servicio esencial para la telefonía celular y fija, la televisión paga e internet o la sanción de la Ley de Alquileres. Estos últimos dos ejemplos muestran el rumbo, pero también las dificultades y falencias del Estado para hacer cumplir lo que dispone.

Las asociaciones de consumidores están abarrotadas de denuncias contra compañías de aquellos servicios porque a pesar de que el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) autorizó aumentos en enero del 5 por ciento para grandes empresas, Cablevisión y Telecentro enviaron facturas con incrementos del 20. Si bien la instrucción del organismo es que deberán reintegrar la diferencia en la próxima boleta, usuarios que reclaman una refacturación para no pagar ahora de más y esperar la devolución el mes siguiente, como es su derecho, reciben como respuesta mentiras o excusas para negarse a hacerlo.

Con la ley de alquileres ocurre algo similar. Como los precios siguen desregulados, propietarios de inmuebles aplicaron aumentos siderales frente al vencimiento de contratos o se negaron a renovarlos si los inquilinos reclamaban el cumplimiento de la norma.

Son dos ejemplos de medidas potentes a favor de las mayorías que terminan por generar enojo con el Gobierno al no ponerse firme en la exigencia de su aplicación o cerrar canales para su elusión. “Al final la ley de alquileres fue perjudicial para los inquilinos”, es una queja repetida, cuando la regulación buscaba todo lo contrario, terminar con abusos del sector inmobiliario en una relación desigual.

Los procesos de cambio casi nunca son lineales. Tienen avances, pausas y retrocesos, y aunque la cuestión de fondo es la orientación de las políticas, que terminan por imponer el marco general, la coyuntura actual demanda al Gobierno por parte de sus propios votantes que muestre más músculos en la pulseada con los poderes fácticos.

El llamado al Consejo Económico y Social puede ser una oportunidad para canalizar esa demanda. Así lo señala también el informe de FIDE. Destaca “la urgencia por crear un espacio de consenso con los principales actores económicos y sociales, donde se defina no solo cómo se distribuyen los frutos del crecimiento, sino también cómo se avanza en cuestiones estructurales de enorme relevancia para garantizar la sostenibilidad de la fase expansiva”.

La usina heterodoxa que dirige la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, plantea que “los empresarios deben comprender que parte de la recomposición de sus márgenes de ganancia pasará por la ampliación de sus volúmenes de ventas, de la mano de recuperación económica”. El Gobierno es el responsable de hacérselos entender y conseguir que ocurra, para no quedarse en las buenas intenciones.

Otro capítulo clave en ese proceso, también vinculado con la necesidad de contener la inflación, es la negociación que lleva adelante el Ministerio de Agricultura para garantizar el abastecimiento interno de maíz a valores razonables. La suba de precios de las materias primas anticipa que será una cuestión clave este año.

La perspectiva de un aumento en el ingreso de divisas por la mejora del precio internacional de la soja, el maíz y el trigo, entre otros commodities, es la contracara positiva a la presión inflacionaria que ejercen esas subas. Los sectores devaluacionistas, económicos y políticos, la tienen más difícil en las actuales circunstancias.

La consolidación de la paz cambiaria es un punto crucial a favor de la estabilidad de precios. Con todos los problemas heredados de la experiencia neoliberal de los CEO de Cambiemos, más los que trajo la pandemia, no es poca cosa. Sin embargo, el partido de la inflación se define ahora en otra cancha, la de la puja distributiva, cómo desacoplar los precios internacionales de los alimentos de los que rigen en el mercado interno y cómo disciplinar a sectores concentrados, incluyendo la discusión por las tarifas y los combustibles.

Además de la necesidad económica, los niveles de éxito o fracaso que obtenga el Gobierno en la tarea tendrán una influencia decisiva en el año electoral. Su misión será calentar la economía, pero enfriar la inflación.



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La inflación de diciembre fue de 4% y alcanzó el 36,1% en todo 2020  | Resultó 17 puntos inferior a 2019



La inflación de diciembre pasado fue del 4 por ciento, informó este jueves el Indec, con lo cual el acumulado del 2020 arrojó un alza de precios del 36,1 por ciento. Con respecto al 53,8 por ciento de inflación que se registró en 2019, la dinámica de los precios tuvo una reducción de 17,7 puntos porcentuales. La menor inflación estuvo asociada al control sobre el tipo de cambio, el congelamiento de las tarifas de servicios públicos, retraso relativo de varios precios regulados y el control de precios de bienes de consumo masivo a través de los programas de Precios Máximos y Cuidados.

Horas antes de la publicación del informe del Indec, el ministro de Economía, Martín Guzmán, participó de un acto en Paraná, Entre Ríos, y allí anticipó el número oficial de diciembre. Además, se puso como estrategia reducir la suba de precios “de a un cinco por ciento por año y de una forma consistente“. “A la inflación se la ataca con una estrategia macroeconómica integral, que incluye políticas cambiaria, fiscal, monetaria, tarifaria y la política de precios e ingresos”, agregó Guzmán.

El mayor impulso a la inflación de diciembre provino del rubo de alimentos y bebidas. En especial, las carnes tuvieron un aumento del 13,9 por ciento en el Gran Buenos Aires. El desagregado por productos muestra que el kilo de asado subió un 28,5 por ciento mensual; la nalga, un 20 por ciento; el cuadril, 19,3 por ciento y la paleta, 15,3. La suba en el precio de la carne motivó la negociación de acuerdos entre el gobierno y los empresarios del rubro para ofrecer cortes baratos pero además fue una de las razones que explica la posterior intervención oficial en el mercado del maíz –insumo de los feedlots– para intentar limitar las exportaciones y que aumente la oferta interna. En una línea similar, el gobierno también está tejiendo acuerdos con los privados en el caso del aceite y del trigo.

Otro sector de la alimentación que tuvo impacto en la inflación del mes pasado fue frutas y verduras. El limón, por ejemplo, subió un 14,8 por ciento mensual, mientras que la naranja lo hizo en un 22,1 por ciento y la banana, un 10,8 por ciento. El producto con mayor suba fue el zapallo anco, con un 64,7 por ciento. En cambio, el tomate bajó 61,1 por ciento y la cebolla, un 9,2 por ciento.

El capítulo de salud subió un 5,2 por ciento, a raíz del incremento del 10 por ciento en las cuotas de la medicina prepaga autorizado por el gobierno. A diferencia de aquel visto bueno, días atrás el gobierno dio marcha atrás con el incremento del 7 por ciento que había sido en un primer momento aprobado para febrero. También los medicamentos impactaron en la inflación de diciembre, con una suba del 4,5 por ciento. Se calcula que en todo el año, el incremento de los remedios fue del 45 por ciento.

El capítulo de transporte registró en diciembre un aumento del 4,9 por ciento. En este caso, el impulso provino de la suba de los combustibles, de la tarifa de los ómnibus de larga distancia y de los precios de los automóviles. Por su parte, prendas de vestir y calzado subió un 4 por ciento y recreación y cultura, un 5,2.

Vivienda, agua y electricidad subió un 4,1 por ciento por la suba de los alquileres, mientras que equipamiento y mantenimiento del hogar, un 1,9 por ciento.

La inflación de 2020

El 36,1 por ciento de inflación del año pasado se puede desagregar en una suba del 39,4 por ciento del llamado IPC Núcleo, que excluye a los bienes y servicios que sufren movimientos de precios de carácter estacional y también a los que tienen regulación estatal. Por su parte, los estacionales tuvieron un incremento del 64,4 por ciento. En cambio, los regulados lo hicieron en un 14,8 por ciento, muy por debajo de la inflación general del período, lo cual se explica por la política del gobierno nacional de incrementar subsidios para no subir tarifas, en los casos de luz, agua, gas y transporte público, y no autorizar aumentos de precios en telefonía y prepagas, entre otros.

A pesar de la política de Precios Máximos, que moderó fuertemente los aumentos de precios en los bienes y consumo masivo, el rubro de alimentos y bebidas creció en el año un 42,1 por ciento, por encima de la inflación general. También equipamiento y mantenimiento del hogar (37,7), recreación y cultura (48,0) y restaurant y hoteles (36,3) quedaron por encima del promedio. El mayor incremento se verificó en prendas de vestir y calzado, con un 60 por ciento. En cambio, vivienda, agua, electricidad y gas (17,6 por ciento), salud (28,7), transporte (34,2), comunicación (7,6) y educación (20,1) quedaron por debajo del promedio de inflación. De cara a 2021, éstos últimos sectores serán los primeros en reclamar la recomposición de precios.



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Precios: Para los privados, en 2021 subirán casi 50% | Se mantiene alta la expectativa de inflación de las consultoras



La inflación esperada para 2021 se ubica en 49,8 por ciento. Así surge del último relevamiento de expectativas del mercado del Banco Central. La cifra es 0,2 puntos porcentuales menor respecto de la estimación del mes previo.

En el informe se indicó además que para noviembre de 2020 las estimaciones de las consultoras arrojaron que la inflación iba a ser de 3,6 por ciento en el mes, una cifra que fue 0,4 puntos porcentuales mayor respecto del dato observado por el Indec (3,2 por ciento).

Para diciembre de 2020 los analistas estimaron una suba de precios del 4,0 por ciento y el top 10 de economistas que mejor proyectan esta variable ubica la cifra en el 3,9 por ciento. Para los meses siguientes la trayectoria de inflación mensual es descendente en casi todas las estimaciones de las consultoras.

En lo que refiere al crecimiento del PIB, se proyecta un aumento del 5,5, por ciento para 2021. Esto significa un incremento de 0,7 puntos porcentuales mayor respecto de las proyecciones del mes anterior.

“En cuanto a la variación trimestral desestacionalizada del PIB, la estimación para el cuarto trimestre del año se incrementó en 0,8 puntos porcentuales con relación a la encuesta previa hasta 3,6 por ciento, dando continuidad a la recuperación evidenciada en el tercer trimestre (12,8 por ciento)”, detalló el informe del Central.

Por su parte, las consultoras estimaron una desaceleración del crecimiento de la actividad para el primer trimestre de 2021 (0,8 por ciento) y para el segundo trimestre de 2021 (0,6 por ciento).

El tipo de cambio para diciembre de 2021 se espera en 125,80 pesos por dólar (unos 65 centavos menos respecto del relevamiento previo). A su vez, se proyecta un tipo de cambio a 171,45 pesos por dólares para fines de 2022. Los analistas que mejor estima esta variable ubicaron el dólar a fin de 2021 en 128,44 pesos.

En el documento de relevamiento de expectativas del Central empezaron a incorporarse nuevas variables a partir de diciembre. 

“A partir del presente relevamiento comenzaron a encuestarse tres nuevas variables: exportaciones, importaciones y desocupación”, detalló la entidad. Agregó que “en cuanto al valor de las exportaciones (FOB), quienes participan del REM estiman que para 2021 ascendería a 59.959 millones de dólares. En tanto, el valor de las importaciones del año 2021 se ubicaría en 48.147 millones.”

En tanto, la proyección para la desocupación abierta del cuarto trimestre de 2020 se estimó en 11,7 por ciento. Para 2021 los pronósticos se mantienen sin cambios en el primer trimestre ascendiendo hasta 12 por ciento en el segundo trimestre y luego bajando de nuevo al 11 por ciento en el último trimestre del año.

En el relevamiento de expectativas también se consulta sobre la situación fiscal. En el último informe publicado por la autoridad monetaria –tomando las estimaciones a fines de diciembre de los analistas- la proyección del déficit fiscal primario para 2021 disminuyó hasta 1741,8 miles de millones de pesos (una baja de 116,1 miles de millones respecto del último REM).

Los consultores prevén además un déficit de 1506,0 miles de millones para 2022. El promedio de las y los 10 pronosticadores más precisos para esta variable indican un déficit proyectado de 1792,1 miles de millones de pesos para 2021.



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Carlos Melconian: exponente de la autodenigración nacional | Ocultar datos de otros países para confundir con que el derrumbe es sólo de la economía argentina



“¿Qué estamos discutiendo?, ¿paz cambiaria?, ¿chiquitaje berreta? ¡Berretalandia!”, exclamó el economista Carlos Melconian en un reciente artículo, donde también se sorprende que el ministro de Economía, Martín Guzmán, al que califica de “mentiroso”, siendo “una persona formada en una universidad americana (…) viene y se mete al pedo en el quilombo de la política”. 

Para el ex titular del Banco Nación en el gobierno de MauricioMacri, “la Argentina en lugar de guardar y acumular, ahora no tiene fondos de pensión, crédito externo, interno y terminemos de hablar quién lo hizo o por qué vino”. 

Luego de alabar el gobierno de Menem donde hubo “estabilidad” y una mejora de 30 puntos en la “calidad de vida”, indica que este año “de 190 países en el mundo (en la Argentina) se han tenido los peores resultados”. Por último concluyó que “el desaguisado macroeconómico es querer inventar que se puede emitir moneda y no vas a tener inflación, que se puede poner tres policías a controlar el dólar”.

La calificación de “berretalandia” hacia la economía argentina es una demostración del menosprecio hacia la realidad nacional típica del tilingo formado con una mentalidad colonial. En un mundo donde la principal superpotencia la manejaba un personaje desbocado que llegó a decir “está helando y nevando en Nueva York, necesitamos el calentamiento global”, Melconian sigue obnubilado por las luces del centro global. 

Así califica como admirable que Guzmán haya estudiado en una universidad “americana”, borrando con un adjetivo todos los países del continente excepto los Estados Unidos, y se sorprende que haya dejado su cargo en esos ámbitos académicos para ser ministro de Economía de su país, hecho que asocia negativamente con el “quilombo de la política”.

La autodenigración nacional la sostiene a costa de fraguar absurdamente los datos para generar una imagen falsa del derrumbe de la economía de este año, que no difiere en forma sustancial de las proyecciones del FMI para Italia (-10,6 por ciento), España (-12,8), Portugal (-10,0), India (-10,3), Perú (-13,9) o Ecuador (-11,0). 

Más si se toma en cuenta que las perspectivas de nuestra economía ya eran bastante bajas dada la pesada herencia del gobierno de Macri del que Melconian formó parte. Tal vez por ello, prefiere no hablar de “quién lo hizo o por qué vino” cuando señala la ausencia de crédito externo o interno. Casualmente, la gestión de Macri generó el sobreendeudamiento que derivó en el actual cierre de los mercados financieros internos y externos. También fue economista de consulta del tercer intento presidencial de Carlos Menem. Vale recordar que en esa década del ’90 la deuda se incrementó exponencialmente gestando el estallido y default que sepultaría la convertibilidad en 2001.

El berretismo de Melconian continúa en su análisis macroeconómico, donde repite que el problema es la emisión monetaria que genera inflación contra la evidencia empírica. ¿Acaso olvida que el reciente programa de emisión cero de Macri y el FMI derivó en récord inflacionario? ¿En su consultora no le informaron que el actual récord de emisión convivió con una baja en las tasas de inflación?

@AndresAsiain



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La obsesión uno es la desinflación | El Gobierno pone a la contención de precios como eje en 2021



El ministro de Economía, Martín Guzmán, viene siguiendo muy de cerca la evolución de los precios y los índices de inflación. Es que cree, como ha manifestado públicamente, que el proceso de pinchar la expectativa de alzas debe ser el eje de la gestión económica en 2021. Por una razón sencilla: en el Gobierno observan que, más allá de los buenos números que muestran los sectores productivos, si no se alcanza la meta de inflación presupuestada, pagarán una vez más los asalariados y el consumo moderado será el techo de una recuperación que aún es incipiente.

En el entorno del ministro de Hacienda cuentan que es probable que la inflación de diciembre vuelva a ser bastante alta, y que esté en línea o por debajo de la de octubre, que fue de 3,8 por ciento. Ven complejo que se situe por debajo del 3,2 que comunicó el INDEC este martes. De todos modos, la estabilidad en diciembre es vista por el Gobierno como importante para sentar una base de desinflación paulatina que redunde en números más controlados en los primeros tres meses del 2021. 

Según el Presupuesto, la pauta para el año próximo es 29 por ciento, y este año -de seguir la lógica actual, terminaría por debajo del 35 por ciento, 20 puntos menos que la inflación de Cambiemos sin pandemia. Aunque alta y no celebrable más allá de lo netamente político, es un piso nada despreciable para pelear una llegada al número mágico. 

El Gabinete económico está alineado con la idea de que la estabilidad de precios no es un factor sólo numérico, sino también político. Por eso, ya arrancaron reuniones con sectores del poder económico y los sindicatos para consensuar paz inflacionaria y moderación. Se lo dijo un ministro fuerte a un dirigente gremial hace unos días: “si logramos, con apoyo de todos, domar la dinámica de precios, podemos tener paritarias que recompongan y, a la vez, empresarios ganando dinero por la mayor actividad”, expresó. 

Esta dinámica de bajada de línea sobre la importancia de la desinflación sumó un capítulo este miércoles, cuando el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, recibieron a 21 intendentes para coordinar controles al cumplimiento de Precios Cuidados, la Ley de Góndolas y las picardías de los comerciantes. Algún jefe comunal, en esa reunión, deslizó con intención que habría que empezar a mirar cómo suben los combustibles. El dato es clave a la hora de evaluar cuánto subirán los costos de logística de mercaderías como consencuencia de esas subas. 

Sueldos y crecimiento

“Hace tres años que cae el salario, fortalecer el crecimiento depende mucho de la paritaria”, le dijo Guzmán a un empresario hace unos días. El de los sueldos es el paso adelante que miran en Balcarce 50. Según supo Página/12, habrá en 2021 una paritaria testigo que guíe las expectativas. En los años de Néstor Kirchner, en otro escenario económico local y global más virtuoso, esa mesa salarial era la de Camioneros, que siempre consigue aumentos por encima del 30 por ciento como piso. 

Hoy estiman que será difícil que la guía sea ese sector, pero admiten que las paritarias estatales darán más señales de mejora que en 2020. El foco está puesto, además, en el salario docente, de las primeras discusiones en cada año. 

En el Gobierno insisten en que, en pandemia, estar entre 15 y 20 puntos debajo de la inflación de Cambiemos es relevante. Y van más allá al asegurar que en 2019 también hubo una recesión furiosa pero sin confinamiento, y que sin embargo los precios se desbocaron. No quieren que en 2021 ocurra lo mismo, pero ante una dinámica inversa. 

En este contexto, Guzmán tiene en su escritorio informes de diferentes sectores que reflejan un 2021 con buenos niveles de actividad. A esta altura, el piso del crecimiento de la actividad es el 5 por ciento presupuestado, que hasta fue validado en las últimas horas por la Cepal. Por esta razón, Guzmán quiere evitar que la mejora económica se vaya a los precios, como históricamente ha pasado en cada período de bonanza. 

A tales fines, se concentrarán en que la brecha cambiaria siga estabilizada hasta cerrar el acuerdo con el Fondo Monetario (FMI). Y que en la previa al inicio de las negociaciones con el Club de Paris, se inicie un proceso de recuperación de reservas internacionales que produzca la estabilización del frente financiero, todo en paralelo a una economía que suponen caminará más erguida. Hoy, el plan anti inflacionario es una foto adelanto de lo que viene, que pone además a Guzmán ante el mayor desafío político y técnico de los que suelen ocupar esa silla. 



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El aumento en alimentos y bebidas no presionó y la inflación de noviembre fue del 3,2%

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Guzmán anticipó que inflación de noviembre fue menor que la de octubre y que ve “un 2021 positivo”

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Martín Guzmán adelanta cómo viene la economía 2021 | Entrevista exclusiva. Crecimiento, Dólar, CFK-AF, poder económico, FMI, tarifas, salarios e inflación 



Con la pandemia dejada atrás, la economía 2021 crecerá por lo menos 5,5 por ciento. El salario subirá en términos reales. La inflación bajará del nivel de este año hasta el 30 por ciento. No habrá una brusca devaluación con un tipo de cambio oficial que acompañará la evolución general de los precios. Las reservas del Banco Central subirán. Habrá un nuevo esquema de tarifas. Uno de los principales motores de la recuperación será la obra pública y la construcción de viviendas, que impulsará el aumento del empleo formal e informal. En diálogo exclusivo con Página/12, el ministro de Economía, Martín Guzmán, adelantó qué pasará con las principales variables el año próximo, cómo marchan las negociaciones con el FMI, cómo es la relación con el poder económico y qué piensa del Aporte Solidario y Extraordinario.

¿Cómo será la economía 2021?

– Asumiendo que la pandemia está controlada con la vacuna, existe un horizonte claro de recuperación. Habrá una economía mucho más pujante respecto a la de los últimos años. La política económica tiene como principal premisa la recuperación económica, que generará más trabajo con aumentos del salario real.

La crítica que recibe por derecha y por izquierda es que está aplicando un ajuste económico

– Es una crítica absolutamente infundada. Primero, no hay forma de crecer y de estabilizar la economía con un ajuste económico. Eso nunca funcionó. La evidencia es abrumadora. Siempre que hay una recesión un ajuste económico genera más recesión. Eso es lo que ha realizado el gobierno anterior. Nosotros hacemos un Presupuesto orientado a la recuperación.

¿Por qué?

– Si excluimos partidas del momento más duro del aislamiento social, lo que se observa es una expansión del gasto público en términos reales. Se aumenta el gasto de obra pública y viviendas fuertemente, se duplica, en relación a 2019. Se incrementa la inversión en Educación y Salud Pública. El rubro en el cual hay un ajuste es en el gasto destinado al pago de intereses de la deuda a partir de la reestructuración de la deuda.

Cuando se menciona que hay ajuste es porque se baja el déficit fiscal del 7 al 4 por ciento, se disminuye la emisión monetaria, las jubilaciones siguen siendo bajas y los salarios no le ganan a la inflación. ¿Por qué ese esquema no es un ajuste?

– El salario y las jubilaciones superarán a la inflación en 2021. Y la reducción del déficit fiscal es por múltiples factores. Se da por la recuperación de los ingresos por una economía que crece. Al mismo tiempo, hay partidas en que el Estado gastó en un contexto de aislamiento social que dejan de estar presentes por la mejora de la economía. Si se excluyen esas partidas hay un aumento del gasto en términos reales, focalizado en áreas que dan más impulso a la economía en forma inmediata y que van generando condiciones para el crecimiento.

¿Qué pasará con el empleo?

– Esperamos una recuperación. El Estado tendrá un rol central en esa recuperación. El motor principal será la obra pública y la construcción de viviendas, actividades que tienen un multiplicador directo e indirecto sobre la generación de empleo formal e informal.

¿Cómo bajará la pobreza?

– Que sólo con crecimiento económico se bajará la pobreza es un eslogan. Y no está bien. Hay que hacer mucho más. Nada asegura que el crecimiento sea compartido si no hay una acción fuerte del Estado. Tiene que haber una definición de reglas de juego para que el crecimiento sea compartido. La distribución de los frutos del crecimiento tiene que ser equitativa. Tiene que haber políticas sociales de inclusión activas para la generación de puestos de trabajo. Y para la formalización de esos puestos de trabajo.

¿Cuál es el camino estructural para disminuir los niveles de exclusión social?

– La pobreza se ataca cambiando la estructura productiva y con políticas concretas de inclusión social. La educación tiene un rol central, pero sabiendo que un sector de la población no tuvo las oportunidades de adquirir los niveles de educación necesarios para insertarse en el sistema productivo global. Fortaleciendo además políticas de Estado para atacar la pobreza, como la AUH.

La economía no caerá 12 por ciento; ahora las estimaciones son un descenso del 10 o 9 por ciento. Cuando una economía cae tanto también sube con intensidad. ¿Por qué en 2021 la recuperación que calculan es de sólo 5,5%? ¿Es pesimismo, es conservador o es para sorprender?

– Somos prudentes. Sigue habiendo incertidumbres porque la pandemia sigue estando. Por eso la prudencia. Ese 5,5 por ciento es la plataforma de partida. Un escenario de base.

¿Se puede crecer más?

– Puede ser, pero lo sensato es partir de ese supuesto.

¿Cómo será el descongelamiento de las tarifas?

 

– Primero, cambiaremos el esquema del gobierno anterior. No era razonable. No eran tarifas razonables para los hogares y para las empresas. No les permitía operar con competitividad ni generar incentivos para la inversión. Habrá un nuevo esquema tarifario que buscará equilibrios, que respetará el monto de subsidios determinado por el Presupuesto y que será el mismo equivalente en relación al PIB de este año.

 

El verde

¿El dólar está atrasado?

– No. El nivel del tipo de cambio oficial está bien.

¿Qué les dice a aquellos que aseguran que está atrasado?

– Tenemos fundamentos para decir que no está atrasado. Tenemos un superávit comercial robusto éste y el próximo año. No tenemos pagos de deuda a privados. Y estamos negociando con el Fondo para no tener que hacerles pagos. Tenemos controles de capitales que para el manejo del tipo de cambio oficial son efectivos. Las condiciones no se condicen con la posibilidad de un salto cambiario.

¿Entonces quiénes piden la devaluación?

– Cada vez hay menos que la piden. Hubo ruidos cuando subió la brecha cambiaria. Pero prácticamente esas voces se van callando. No la piden los organismos multilaterales. Tampoco la pide la Unión Industrial Argentina.

¿Por qué hay brecha cambiaria?

– Tiene que ver con factores financieros. Es consecuencia de la especulación financiera que se dio entre 2016 y 2019. Período en el cual ingresaron capitales especulativos para conseguir ganancias de muy corto plazo, inicialmente con las Lebac, a una tasa de interés por encima de la devaluación prevista. Y quedaron atrapados. Esos fondos se quieren ir. No tienen interés en la economía real argentina. Quieren salir de los pesos presionando sobre el dólar a través del contado con liquidación. Es un tema que llevará tiempo resolverlo pero se solucionará.

CFK-AF

Empresarios y financistas dicen que la brecha es un tema financiero pero también por la incertidumbre política generada por la relación entre CFK y Alberto Fernández.

– Es muy fácil inventar historias de ese tipo. Son historias que no son ciertas. Yo veo cada día lo que pasa en ese mercado, y la conclusión es que tiene que ver con la resaca de la bicicleta financiera que facilitó el gobierno de  Juntos por el Cambio.

En las reuniones que mantiene con empresarios y banqueros le preguntan acerca de cómo es la relación entre Cristina y Alberto.

– Más que preguntas hacen planteos sobre la situación política. Y hoy lo que existe es un frente político que le aporta al país la posibilidad de generar una síntesis equilibrada acerca de una visión de desarrollo necesario para la Argentina.

¿Cómo analiza la relación CFK-AF?

– Lo que veo en términos globales, a todo el Frente de Todos incluyendo a Sergio Massa, es que se da un espacio de reflexión que resulta en una síntesis equilibrada y efectiva para resolver los problemas que tiene el país. Así fue con la reestructuración de la deuda.

FMI

¿Para qué sirve un acuerdo con el FMI? ¿No se puede renegociar los pagos sin auditorías cada tres meses? Un acuerdo reduce los márgenes de autonomía de la política económica.

– Tenemos que negociar con el FMI porque el gobierno anterior pidió 57 mil millones de dólares, de los cuales fueron desembolsados 45 mil millones. La única razón por la cual el FMI está metido en la Argentina es porque el gobierno de Juntos por el Cambio acudió a ellos, en lugar de atacar los problemas fundamentales que tenía la economía. Quiso disimularlos metiendo al Fondo, y todos los problemas que había se profundizaron.

¿Y qué van a hacer con el Fondo?

– Actuar con responsabilidad. Resolver un problema concreto que dejó el gobierno anterior. Lo primero es tener un programa propio que ataque las deficiencias de la economía en el contexto de la construcción del consenso sobre los pilares de un crecimiento sostenido con estabilidad. Que este el Fondo es una circunstancia. No es algo que el Gobierno quiera. Es una circunstancia impuesta por el gobierno anterior.

El FMI es el principal acreedor de la Argentina. El acuerdo es a 10 años, lo que implica auditorías cada tres meses. Usted plantea que el programa será propio, pero el Fondo tiene una misma receta para todos los países que no ha cambiado.

– Tenemos un problema concreto y lo vamos a resolver. Esto pasa por la circunstancia de lo que dejó el gobierno anterior. No es bueno que el Fondo esté en Argentina. Que eso quede claro. Pero alguien lo trajo. Y nosotros vamos a resolver el problema.

Van a pedir la reforma laboral y la previsional y un mayor ajuste fiscal.

– El Fondo podrá pedir lo que quiera, pero hoy no gobierna Juntos por el Cambio, gobierna el Frente de Todos. Y nosotros vamos a defender los intereses del pueblo argentino. ¿Cuál es la opción? Hacer un default a la deuda del Fondo. Tendría un costo inmenso. Sería hacer un default a los países, que son los socios del organismo. Pasaríamos a ser un país paria.

 

Dólares

Las reservas siguen bajando a menor intensidad, pero bajan. ¿No le preocupa esa tendencia? ¿Cuándo piensa que empezarán a subir?

– Nos ocupa el tema. Y tomamos medidas para atacar ese problema. Con las reservas hay dos conjuntos de factores: 1. Estacionales, por la estructura productiva de la economía argentina hay meses del año con más y otros con menos liquidación de divisas por exportaciones. 2. Coyunturales, por la pandemia tuvimos políticas crediticias de fuerte baja de la tasa de interés y con tasas de corto plazo muy bajas, eso debilitó el frente de las reservas. Los exportadores, en lugar de vender sus productos para tener pesos, tomaban créditos, entonces dilataban la liquidación de divisas; mientras que importadores, con una tasa de interés por debajo de la tasa de devaluación, adelantaron compras y presionaban sobre las reservas. Eso ya se corrigió. El Banco Central armonizó las tasas de interés. Ya no estamos en esa situación. La dinámica está cambiando.

¿Son suficientes las reservas?

– Tenemos reservas. Tenemos superávit comercial. El año próximo también lo vamos a tener. No tenemos pagos de deuda a los privados. Enfrentamos un escenario que nos permitirá mantener la actual política cambiaria.

¿En el 2021 van a crecer las reservas?

– Sí. El objetivo es aumentar las reservas. Cuando difunda el programa plurianual estará esa cifra.

Inflación

En este año el dólar oficial estuvo controlado, las tarifas congeladas, los salarios contenidos y hubo una recesión histórica. ¿Por qué la inflación será de casi 35 por ciento?

– Hubo una reducción fuerte de la inflación. Una baja de poco más de 20 puntos porcentuales respecto al año anterior. Además hubo una política de tipo de cambio que está en línea con la inflación. Y en la economía argentina la variable clave para la determinación de los precios es el tipo de cambio, en un contexto en el cual todavía hay un uso fuerte del financiamiento del Banco Central al Tesoro Nacional. Por eso hay que ir manejando el tipo de cambio de una manera que no provoque desequilibrios. A medida que aumenta la cantidad de pesos, parte de esos pesos van al dólar y pueden provocar una demanda excesiva que afecte las reservas.

¿Está conforme con la evolución de los precios en este año?

– La tasa de inflación era la que esperábamos. Hubo una reducción fuerte pero sabiendo que la inflación no baja a un dígito de un año a otro. Se necesita un marco general de la macroeconomía ayudado por una coordinación de precios e ingresos. Es muy importante tener una estrategia antiinflacionaria integral.

¿Por qué en el 2021 la inflación será menor si esas variables claves se empezarán a mover al alza (tarifas, salarios, dólar)?

– Porque habrá crecimiento económico. Y eso es bueno porque parte de las necesidades de financiamiento del Tesoro para cubrir el déficit fiscal no será tan inflacionaria. Lo que se necesita es un equilibrio entre las variables. Con las tarifas vamos a cambiar el esquema del gobierno de Juntos por el Cambio que era inflacionario; el nuestro no lo será. El tipo de cambio se moverá al ritmo de los precios, en un contexto que esperamos que siga bajando la inflación. Y el salario real se recuperará porque es uno de los motores del crecimiento económico, que es la demanda. En un contexto de crecimiento económico es lógico que el poder adquisitivo del salario suba. Si se observan todas las variables clave hay una proyección de control y reducción de la inflación.

En el 2020 estuvieron contenidas esas variables e igual la inflación fue elevada. Pregunto de otro modo: ¿cuáles consideran que son las principales fuentes de tensión inflacionaria?

– El tipo de cambio es la principal. Y después las tarifas. Por eso es tan importante definir un esquema consistente sobre cómo se determinarán.

¿Y el salario?

– El salario en sí no genera inflación. El salario en Argentina es una institución y tenemos que preservarla. Y buscar que el poder adquisitivo crezca por encima de la inflación para potenciar la recuperación.

Precios

¿Cuál es la estrategia antiinflacionaria?

– La forma que nosotros pensamos la política antiinflacionario es integral. Por un lado está la política macroeconómica, que incluye la política monetaria, cambiaria y fiscal. Por otro lado, la política de precios e ingresos, en un esquema donde hay inflación y pujas distributivas que si no se coordinan provocan un desancle de las variables nominales.

¿Cómo plantea esa estrategia?

– Desde el punto de vista macroeconómico hemos planteado un Presupuesto que incluye una porción de financiamiento del Banco Central al Tesoro y una política cambiaria que busca que el tipo de cambio al 31 de diciembre de 2021 termine en términos reales al mismo nivel que en diciembre de 2019. Así en dos años los precios y el tipo de cambio van a ir de la mano. En términos fiscales, habrá una menor asistencia del Banco Central al Tesoro. Junto a esta base estará la política de tarifas que modificará el esquema para que sea consistente con el objetivo de 29/30 por ciento de inflación proyectado en el Presupuesto 2021.

¿Seguirán los controles de precios?

– Habrá una política de coordinación de precios e ingresos. Es central para reducir la inflación en una economía como la argentina. Es un elemento central la coordinación de los precios. No es la política antiinflacionario per se, pero si es importante. La mesa de coordinación será central en nuestra estrategia.

Las empresas buscarán recomponer sus tasas de ganancias.

– Tiene que haber un aumento del poder adquisitivo del salario. Por lo tanto los márgenes de ganancias de las empresas tienen que respetar esa premisa porque el aumento del salario real es fundamental para potenciar la recuperación económica. Y todos se benefician con el crecimiento. El Estado tendrá un rol central en la coordinación para alcanzar la inflación proyectada.

La clave entonces es que el sector privado acepte esa coordinación. En estas semanas, los empresarios de insumos de la construcción no mostraron esa vocación. Hubo un poco más de demanda y aumentaron los precios. Es la histórica puja distributiva.

– La estabilización de precios es una tarea colectiva. La coordinación estará en manos del Estado. El sector privado estará en esa mesa de coordinación. 

Grandes fortunas

Se ha publicado en varios medios que no está muy convencido del Aporte Solidario y Extraordinario de las grandes fortunas.

– Estamos totalmente a favor. Es una medida extraordinaria para un momento extraordinario. ¿Cuántas veces estuvimos en una pandemia? ¿Cuántas veces la economía mundial tuvo semejante golpe? Con caída abrupta de la demanda y alteración de la forma de organización del sistema productivo. Esto no tiene precedente en el capitalismo moderno. Tuvimos que hacer un esfuerzo inmenso para asistir a los trabajadores, a las empresas y a los sectores vulnerables. Y lo tuvimos que hacer en una economía que había perdido el crédito. El crédito externo se rifó en dos años. Así como se plantea que hay un límite para financiar con emisión monetaria, también hay que entender que para cumplir con eso se necesitan ingresos fiscales. Y el Aporte entrega ingresos fiscales necesarios para afrontar problemas de la economía.

La UIA y la AEA lo resisten con el argumento de que es un ataque a la inversión privada.

– Quienes plantean eso están diciendo que es una carga tributaria permanente. Y eso no es así. Es un aporte extraordinario que tiene que ver con la pandemia y, por lo tanto, no tiene que afectar los incentivos a invertir.

¿No habrá un segundo Aporte Extraordinario?

– La pandemia está ocurriendo este año y el Aporte es de este año para cobrar en el próximo.

Poder económico

¿Por qué piensa que el mundo de grandes empresas manifiesta tanta resistencia al gobierno?

– Mucho de lo que piden que haga el Gobierno es lo que hacía el anterior, y eso fracasó. 

¿Cuál es su objetivo con AEA? Es una entidad del poder económico que no muestra voluntad de cooperar; más bien se opone a cualquiera cosa que ustedes proponen. ¿Por qué piensa que ese acercamiento dará resultado?

– Hay un diálogo franco, que vale la pena. El diálogo impulsa la reflexión. Y en la reflexión hay aprendizaje social. Y aspiramos que Argentina sea una sociedad que cada día aprenda más. Y que además haya construcción de un ambiente de paz. Y por eso el diálogo vale. Desde el gobierno nacional se impulsa esos diálogos. Son diálogos que se dan con franqueza.

¿Cómo es el tono de esos intercambios?

– Si se plantea algo que ya no funcionó, se les dice que no funcionó. Es claro que hay diferencias de visiones pero también hay valor en el trabajar respetando las diferencias, articulando entre el sector privado y el sector público. Hay una experiencia reciente que está funcionando muy bien en ese sentido, que es el Plan Gas. Pero siempre con el gobierno nacional conduciendo, que fue elegido por el pueblo argentino para conducir este proceso económico.

Usted propone un escenario de paz, pero del otro lado la conducción política del poder económico (Techint y Clarín) se opone a todo. No expresa ninguna reflexión sobre lo que pasó y se dedica a tirar misiles.

 

– Trabajamos con responsabilidad para generar esa paz. Existen ejemplos concretos al respecto. Mencionaste una empresa que es parte del Plan Gas. Siempre vamos a apostar por el diálogo.

Economistas del establishment

En estos casi doce meses de ministro, implementó medidas y lideró negociaciones complejas, como la que tuvo con acreedores privados. En cada una de esas gestiones ha recibido críticas muy duras de economistas como Carlos Melconian, Miguel Ángel Broda, Juan Carlos de Pablo y Domingo Cavallo, que lo han menospreciado hasta con tono ofensivo. ¿Qué le generaban esos comentarios?

– Cada quien trabaja en función de los intereses que tiene. Nosotros, bajo el liderazgo de Alberto Fernández, trabajamos para defender los intereses del pueblo argentino.

Pero cuando lo definían como “pasante” que “vino a hacer un paper de la economía argentina”, o que no sabía “cómo negociar con los acreedores” porque es un “académico que no entiende cómo funciona el mercado”, el espacio de la crítica se convirtió en un ataque personal. ¿Qué sentía?

– Trabajamos con la tranquilidad de saber lo que buscamos y de saber cómo buscarlo.

Qué medida anunciaría hoy si pudiese hacerlo con un mayor margen de autonomía de la política económica.

– No hay nada que no hagamos y debiéramos estar haciendo.

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Argentina Economía

Apuntan a las frutas y verduras por la fuerte suba de los alimentos

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