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Sebastián Simonet: “Estar entre los ocho mejores sería algo soñado” | Entrevista con el central argentino, a días del Mundial de handball



Pasaron cuatro meses desde el inicio de la pandemia para que los jugadores de la Selección Argentina de handball pudieran volver a los entrenamientos en el Cenard, a fines de julio. El principal objetivo: prepararse para el Mundial de Egipto 2021. Sebastián Simonet, el histórico central de Los Gladiadores que volvió a jugar en nuestro país en 2019 y entrenó en su casa durante la cuarentena, conversó con Página/12 sobre la previa, las expectativas del equipo y las propias para lo que será su octavo mundial. También habló sobre cómo seguirá este año, en el que le pondrá punto final a su carrera con la celeste y blanca.

-¿Cómo fue la vuelta a los entrenamientos?

-Fue hermoso después de meses de no haber tenido contacto con mis compañeros, ni con la pelota. Pasar de hacer la parte física en casa con bidones de agua, a volver a una pista de atletismo en el Cenard fue muy lindo. Por el protocolo, primero entrenábamos al aire libre, a los dos meses empezamos en la cancha, pero solo podíamos hacerlo de manera individual. A lo último, llegamos a hacer entrenamientos completos, pero sin poder jugar ningún partido.

-¿Y la preparación para el Mundial?

-Entiendo el momento que estamos atravesando, pero no fue la situación ideal para afrontar un torneo así. Me hubiera gustado haber tenido alguna concentración, o que se hubieran organizado partidos amistosos. Estar en un lugar diez días, entrenar con contacto completo y acceso a un gimnasio para hacer doble turno, hubiera sido ideal. Pero cuando proponíamos este tipo de cosas, nos explicaban todas las dificultades y uno entiende, pero las ganas de mejorar muchas veces pesan más. Igualmente, por las posibilidades que tuvimos, hicimos una gran preparación.

Entre el 27 de diciembre y el 7 de enero, Los Gladiadores participaron de dos torneos previos al debut, primero en Doha y luego en Moscú, en los que mostraron un gran rendimiento e incluso derrotaron a España por primera vez en la historia.

El Mundial contará con la participación de 32 selecciones divididas en ocho zonas de cuatro. De cada grupo clasifican las tres primeras, que se cruzarán con las tres primeras de otra de las zonas y formarán la Main Round. En el caso de Argentina, que forma parte del grupo D, lo haría con el C, formado por Croacia, Japón, Qatar y Angola. Los dos equipos que queden en primer y segundo lugar de esa zona de seis se clasifican directo a cuartos de final.

-Les toca Dinamarca, último campeón del mundo, Bahrein y Congo ¿Cómo ves el grupo?

-Dinamarca es muy fuerte. Una vez logramos sacarle un punto y desde ese entonces, siempre lo peleamos. Lo malo es que ya saben que podemos ganarles o estar ahí y salen a jugar a matar. Después hay dos equipos similares a nosotros, tendríamos que estar un poco más arriba que Congo y muy parejos con Bahrein, que hace menos de un año le ganó a Qatar en Asia. Es un equipo que hay que respetar, con el que lucharemos el segundo puesto. Si la lógica se da, tendríamos que estar entre los tres primeros. El grupo parece accesible, lo malo es que cada vez que nos ha tocado un grupo “bueno” no nos fue bien, pero creo que hemos aprendido de esos errores.

-¿Cuál es el objetivo principal?

-Intentaremos quedar segundos o primeros y meter buenos resultados para quedar lo más arriba posible en la ronda principal. Estar entre los 8 mejores equipos del mundo sería loquísimo, si se da, sería algo soñado. Los cruces del grupo no son imposibles, pero son muy difíciles. Uno se ilusiona viendo las cualidades del equipo y cómo se fue comportando estos últimos años. No nos vamos a achicar, pero tampoco vamos a pensar que porque somos Argentina ya le ganamos a Congo y a Bahrein. Con los pies sobre la tierra, a ser lo más competitivo posible y a dar todo hasta el último minuto del último partido.

-¿Cuál es la fortaleza del equipo?

-Hemos conseguido tener una gran defensa, muy cambiante y dinámica. Ahora es más sólida y le hemos agregado contraataque que nos costaba muchísimo. Lo bueno es que hay una linda cantidad de jugadores que están en un nivel altísimo, han recuperado la forma y están muy bien. Vamos a tener que aprovecharlos, abrirles espacio, generar juego para ellos y fomentar esas situaciones. Pudimos entender lo que Manolo (Cadenas) quería, lo que vio en nosotros y creo que hoy en día es el pilar del equipo.

-¿Tienen algún punto a mejorar?

-La definición muchas veces no fue nuestro fuerte. Cuando el arquero rival se agranda, se nos cierra el arco. Estar concentrados en ese último segundito de definición nos puede dar un plus. Ojalá que podamos mejorar eso. Uno ve a grandes arqueros como Landin de Dinamarca y sentís que no hay manera de hacerle un gol. Igualmente, estamos en un momento en que los jugadores importantes están con una madurez y un acople impresionante.

Simonet también confesó que, si los Juegos Olímpicos de Tokio se hubieran realizado en 2020, no estaría participando en Egipto: “Lo tomo como una oportunidad más para poder disfrutar conscientemente de que es mi último mundial, darlo todo y que se vea una versión muy buena de mí y no que estén pidiendo a gritos que me retire”.

-¿Te vas a retirar en Tokio?

-Sí, es mi sueño. Después de una carrera tan larga, linda y siempre intentando defender de la mejor manera esta camiseta, poder hacerlo por tercera vez consecutiva, con mis hermanos al lado, mis viejos en la tribuna y algún resultado histórico, sería la frutilla del postre. Pedir todo esto es abuso de mi parte, porque he vivido cosas hermosas en el deporte, pero estoy haciendo un gran esfuerzo, no es que lo pido y quiero entrar en la lista de regalo. Estoy haciendo todo para estar ahí y aportar mucho al equipo.

Con el futuro como ex jugador a la vuelta de la esquina, Simonet ya tiene claro lo que quiere: “Tengo ganas de ver qué pasa el día que no sea más jugador, quizás sigo en el club, pero no como profesional. Seguiré trabajando en la empresa familiar, ayudaré a quienes me ayudaron durante toda mi vida y me dedicaré a mi familia. Y de alguna manera siempre estaré presente dentro del handball”.



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Crack a los 16, con los pies y con las manos | La historia de Chiara Singarella, jugadora de selección en fútbol y handball



Lo de Chiara Singarella, de 16 años, es inédito. La mendocina, zurda con los pies y diestra con las manos, juega en los seleccionados argentinos de fútbol y de handball: “Amo los dos deportes. Cuando tenga que elegir uno, será el que más chances me dé en lo académico. Quiero ser deportista profesional pero también estudiar la carrera de medicina”.

Chiara vive en Luján de Cuyo, cursa de manera virtual el cuarto año de la escuela secundaria y se entrena de lunes a sábados, en su casa y en el gimnasio, ahora que puede salir por la flexibilización de la cuarentena en Mendoza.

Singarella, de familia de deportistas, está acostumbrada a tener mucha actividad. Además de estudiar, alterna convocatorias de la Sub 17 y la Sub 20 de fútbol, juega en el seleccionado de cadetes de handball y practica ambos deportes a nivel clubes.

“Creo que no podría haber sido otra cosa que deportista. Mi mamá es profesora de Educación Física y daba clases en la Municipalidad, ahí empecé a jugar a todo al mismo tiempo. Mi papá también siempre jugó al fútbol y handball en Luján; y mi abuelo materno fue arquero de Luján y de la selección mendocina de fútbol”, cuenta Singarella en diálogo con Télam.

Con 14 años, fue la deportista argentina más joven en los Juegos Odesur 2018, donde integró el seleccionado Sub 20 de fútbol. En noviembre último, tuvo premio en su otro deporte: la eligieron como la mejor pivote del Sudamericano de Cadetes de handball.

Chiara jugando por la punta izquierda ante Paraguay, ya que es zurda para el fútbol. (Instagram)

“No me cae la ficha de que estoy jugando en dos seleccionados diferentes. Es re lindo representar a la Argentina. Un orgullo. Pero no podría hacerlo sin el apoyo de los cuerpos técnicos de fútbol y handball. Diego Guacci (dirige la Sub 15 y Sub 17 de fútbol AFA en dupla técnica con Bárbara Abot), por ejemplo, siempre me pregunta por el handball. Mis entrenadores tienen empatía, me alientan a seguir con los dos. Nunca me hicieron elegir”, explica la mendocina, que juega de extremo en fútbol (la banda derecha le queda mejor porque le gusta enganchar para adentro) y de central o pivote en handball.

Singarella sabe que, en un futuro no muy lejano, es probable que tenga que escoger entre uno de los deportes. “Me encantaría seguir con los dos pero nunca se sabe. Elegiré el deporte que me brinde más oportunidades respecto a lo académico, ya sea becas deportivas en los Estados Unidos, España o cualquier otro país. No puedo decir me quedo con uno porque va a depender de las propuestas. Mi intención es ser profesional del deporte, pero me gustaría seguir la carrera de medicina”, expresa.

A un año y medio de finalizar el colegio secundario, Chiara Singarella supone que el fútbol le brindará más salida para estudiar.

“No recibí ofertas de clubes. Estamos viendo el tema de becas deportivas. Estoy estudiando inglés y sé el idioma, en un año me recibo… Estados Unidos sería una gran oportunidad para ir a estudiar y jugar al fútbol. En España tendría más chances con el handball, porque en Estados Unidos no hay mucho”, considera.

En el parquet, Singarella disfruta de la gran dinámica que tiene el juego. (Gonzalo Pacheco/CAH)

Con respecto al crecimiento del fútbol femenino en la Argentina, Chiara opina que “viene creciendo hace años, no sólo por la semi-profesionalización sino en la cantidad de jugadoras que hay en todo el país. La visibilización en la sociedad y en medios de comunicación, además de apoyo de los clubes y la dirigencia en general, acá y en el mundo, ayuda mucho a la aceleración del crecimiento del fútbol femenino. Espero que después de la pandemia siga creciendo, que cada vez haya más mujeres que juegan al fútbol de manera profesional y que podamos vivir del fútbol”.

Lo que Chiara más disfruta del handball es “el ritmo de juego, que es muy dinámico. Me encanta ser central y manejar los tiempos del equipo, la intensidad de ataque. También me gusta defender, me gusta todo”.

Sobre el fútbol, Singarella piensa que “al ser en un espacio más amplio, no podés manejar tanto el tiempo como en el handball, pero es más determinante. En handball tirás una vez al arco, le erraste y pasan cinco minutos y ya tenés la chance de volver a meter un gol. En cambio en el fútbol, si te perdés un gol, no sabés cuánto tiempo más vas a tener para convertir. La toma de decisiones en el fútbol me gusta, meter pases filtrados a la espalda del defensor para la delantera”.



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El multifacético Simonet: el crack del handball que inventó un juego de mesa sobre historia argentina

El multifacético Simonet: el crack del handball que inventó un juego de mesa sobre historia argentina

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Abusos disfrazados de rituales, un secreto a voces que el rugby sostiene en el tiempo

Abusos disfrazados de rituales, un secreto a voces que el rugby sostiene en el tiempo

El rito de iniciación en los planteles puede ir desde raparse la cabeza o tragarse un pez vivo hasta las imposiciones sexuales. Testimonios de casos reales que también llegan al fútbol.

(Foto: AFP)
Por Roberto Parrottino
@rparrottino

29 de Diciembre de 2019

Juveniles del Berazategui Rugby Club le muerden la cola al jugador que va a ascender de categoría. Otros cuentan los segundos. Y le dejan la marca de los dientes en los glúteos colorados. Entrenadores “llevan” a debutar sexualmente a menores con prostitutas en viajes con el equipo. Y en grupo. “Los cagan a trompadas y después les meten una manija en el ano –testimonia una persona a Cecilia Ce, psicóloga y sexóloga, que invita a denunciar–. Se la queda el debutante para la próxima iniciación y así se la van pasando”. Integrantes de la selección Sub 16 de hockey sobre patines de San Juan le pegan cinturonazos en la espalda al “nuevo”. Alaridos entre las risas. Son, apenas, un puñado de casos que salen a la luz en “videos virales” durante los últimos años. En el fútbol, los mayores rapan a los pibes que suben al plantel de Primera en plena pretemporada. Los llaman “rituales de iniciación”. “El bautismo”. La cultura del deporte, también en Argentina, sistematiza con violencia el pasaje a la adultez profesional.

Los testimonios anónimos se le apilaron a la licenciada Ce. “En mi colegio –dice un testigo–, los del último año de rugby le metieron un palo de escoba a uno más chico en el vestuario y lo filmaron. El entrenador lo vio y no hizo nada. Lo denunciaron los padres del chico”. La pareja de una víctima cuenta: “A mi novio lo llevaron a debutar a los 14 años. No sé qué pasó, pero lo condicionó de por vida a la hora de tener relaciones sexuales. Diez años después y con terapia está en proceso de superarlo”. Las historias incluyen a otros deportes colectivos, como el fútbol y el handball. Un forward de Albatros, club de rugby de La Plata, le jugueteó en la oreja y le chupó el lóbulo ante los compañeros a Juan Branz, mientras realizaba el trabajo de campo de Machos de verdad, un libro en el que trata de explicar cómo se moldean las masculinidades desde el deporte. Exfutbolista de Cambaceres y doctor en Comunicación, Branz dice que sorteó la situación con humor. Pero que el forward de Albatros encontró rápido otro “sujeto sacrificial” para demostrar que manejaba el vestuario.

“Es la bienvenida –explica el investigador Branz, que puso el ojo y el cuerpo además en Club Universitario y La Plata Rugby Club–. Son jerarquizaciones múltiples y simbólicas. Es un momento liminal, el paso del mundo juvenil al plantel superior. Las prácticas de ese sometimiento para ‘nivelar’ suelen ser violentas y ubican al otro en el silencio. El que habla es el ‘poronga’. Es que no hay mujeres para subalternizar. Y entonces ‘alguien se tiene que sacrificar’ en esos ‘juegos’ homoeróticos. Y siempre está el terror anal. Porque nadie se asume como homosexual”. Caio Varela –46 años, brasileño, desde hace siete en Argentina, consultor magister en Relaciones Internacionales– sí se asume como homesexual. Y no sólo: es presidente y jugador de Ciervos Pampas Rugby Club, primer equipo de diversidad sexual en América Latina.

“Nosotros vimos varias veces situaciones muy violentas –cuenta Caio Varela–. Uno de los rituales es pegarle en la espalda al que juega por primera vez. Otro ridículo, una idiotez: que se vista de mujer y pida plata. En general tienen esa perspectiva de generarle algo inolvidable a la persona, de dejarle marcas en el cuerpo. Una vez compartimos un vestuario en Avellaneda Athletic y un pibe trató de escaparse y se chocó la rodilla con un banco de cemento. Lo que era su iniciación quizá fue su jubilación”. Otro episodio reciente en un club: tragarse una cucharada de canela, lo que puede traer lesiones intestinales que deriven en internaciones. “El rugby se está transformado en un deporte menos violento –agrega Caio–. Hay mucha gente trabajando internamente para romper con prácticas y esa imagen estereotipada desde afuera. La sensación que tengo cuando veo esas situaciones violentas es la de ‘bancátela, macho’. Y nosotros, desde Ciervos Pampas, planteamos que el deporte es para todes”. Ciervos Pampas, que volverá en 2020 a competir en el torneo empresarial de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA), juega con medias arcoíris, como la bandera símbolo del orgullo LGBT. Y fijó como “bautismo” para el compañero que se suma al equipo un abrazo colectivo.

En Inglaterra, George Blackstock denunció en 2015 a Stoke City y al exarquero Peter Fox por “daños y perjuicios” en “ceremonias de iniciación” cuando era un juvenil de ese club de fútbol entre 1986 y 1988. Blackstock contó que Fox lo abusó: que untó un guante con crema de calor y le introdujo un dedo en el ano. También que compañeros le colocaron una tetera caliente en la cola. “Me han destruido como persona”,  dijo Blackstock, que se refugió después en el fútbol de Irlanda del Norte y confesó tener problemas psicológicos y para dormir. La demanda fue desestimada. “La cultura machista del fútbol –dijo el abogado de Blackstock– fue demasiado lejos en Stoke City”. Dos años después, la Asociación Inglesa abrió una investigación de ritos sexuales a futbolistas en las décadas de 1980 y 1990. David Beckham admitió que fue obligado a masturbarse frente a sus compañeros cuando debutó en Manchester United a los 16 años. A Paul Scholes lo metieron en un lavarropa industrial: sufrió un ataque de asma.

Entre 2012 y 2017 hubo 70 casos de abuso sexual entre compañeros de equipos en colegios de Estados Unidos, según una investigación de la agencia Associated Press. Sólo la punta de un iceberg. El patrón de los casos: integrantes mayores que sodomizan a menores. Agresores hoy, víctimas ayer. “Llamarlos ritos es algo violento –dice Tomás de Vedia, excentro de San Isidro Club (SIC) y Los Pumas, entrenador de neurociencia–. Supongo que pasaban antes, que es algo viejo que ya no existe. Lo que viví yo era tomar un poco más de alcohol, pero nada más”. Francisco Ferronato, médico y capitán de Belgrano Athletic, cuenta que cuando un jugador debuta en la Primera la “iniciación” es raparlo. “No se lo golpea ni se le falta el respeto –apunta Ferronato–. Sé que en otros clubes pasan otras cosas, como tragarse un pececito vivo. Es como un recuerdo, un signo, pero entiendo que puede afectar, y en caso de que no quiera, se respeta. Es más consensuado de lo que parece. Pero en el rugby hay de todo. La cuestión parece pasar por si es ‘macho o no macho’. En un montón de aspectos, el rugby va progresando. Y también se va deconstruyendo, como la sociedad”.

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El miedo a quedarse afuera sostiene los abusos de iniciación

El miedo a quedarse afuera sostiene los abusos de iniciación

Los relatos de casos de ritos a jóvenes que practican rugby, u otros deportes, se acumulan. Distintos especialistas tratan de explicar por qué hasta las víctimas llegan a ver como un juego y a aceptar que una violación grupal sea parte del vestuario.

Por Roberto Parrottino
@rparrottino

5 de Enero de 2020

“Cuando tenía cerca de 11 años -comienza el relato Mariano Díaz- mis compañeritos de rugby de mi categoría y varios más grandes intentaron violarme por diversión. Terminé encerrado en el locker de un baño de la UNSa, sosteniendo la puerta con las piernas y gritando lo más fuerte que pude. Entró un adulto y salieron. No vi que intentaran violar a nadie más, pero iniciaciones que incluían calentar cucharas de metal para pegarle en los cachetes de la cola al aire delante de todo el mundo, sí”. Mariano Díaz ya no juega al rugby. Es periodista e instructor de reiki. Y cuenta lo que vivió en la Universidad Nacional de Salta después de que Tiempo expusiese en la edición del domingo pasado los abusos disfrazados de rituales de iniciación en el deporte, un secreto a voces que el rugby sostiene en el tiempo. No fue el único. Se sucedieron los testimonios personales y de testigos. “Cuando iba al secundario -recordó Flo Arcoba en Facebook- tuve varios compañeros rugbiers y contaban situaciones de iniciación. La clásica: que a fulanito lo habían ‘llevado’ a debutar sexualmente. El deporte debe ser un espacio sin violencia y de respeto”.

El rito de iniciación en los planteles puede ir desde raparse la cabeza o tragarse un pez vivo hasta las imposiciones sexuales. Lo corroboran casos que también llegan a otros deportes colectivos, como fútbol, handball, hockey y voley. La cultura deportiva, también en Argentina, sistematiza con violencia el pasaje a la adultez profesional. Los testimonios saltaron a la esfera pública cuando Cecilia Ce, psicóloga y sexóloga, invitó a través de Instagram a denunciar “los bautismos” en el rugby. Lo hizo porque se habían repetido las consultas de pacientes varones en su consultorio. Ajena al deporte, a Ce le llamó atención. “Más allá de una cuestión social como el machismo y la exigencia, hay una cuestión grupal -explica-. Las prácticas grupales generan cierta impunidad por hacer algo en masa. Se dicen: ‘Estamos todos en esta’. No existe la culpa personal, queda la conducta grupal, que es más anónima. Y hay una cosa muy fuerte de pasarla mal para pertenecer. Se dice: ‘Me merezco pertenecer a este grupo porque pasé la prueba’. Una de las grandes cosas que tienen que combatir los adolescentes es la presión social de pertenecer. No hay nada peor para un pibe que quedarse afuera”.

El psicólogo Esteban Colombo trabajó con la selección juvenil de hockey femenino -Las Leoncitas- y participó de charlas con chicos de las divisiones inferiores de fútbol en relación a la prevención y los factores de riesgo de abusos. “El rapado del pelo obedece a la diferencia de jerarquías, de alguien que se inicia y de alguien que está hace tiempo y decide por el otro -dice Colombo-. Es como que dice: ‘Vos te iniciás y yo puedo hacer con vos lo que se me canta, a nivel grupal e individual’. Es como una castración simbólica, porque te estás iniciando pero a la vez sos un competidor. Los abusos sexuales en los rituales están más invisibilizados porque forman parte de sostener cierta cultura machista en el deporte”.

La licenciada Ce, que recibió contactos de clubes preocupados por los “rituales de iniciación”, cuenta que también le consultaron mujeres que juegan al hockey: “Me dijeron que también pasa en el hockey femenino, pero los ritos están vinculados a lo masculino. ¿Por qué con tanta violencia? La energía masculina es más fuerte. La mujer no es tan agresiva. Las mujeres tienen burlas jodidas, pero el hombre es muchísimo más violento. Y siempre con lo genital: se pasan los genitales por la cara, no hay cortinas en un vestuario, no existe la posibilidad de separarse: es todos juntos, expuestos. Es ‘mostrá y bancatela’”. La construcción hegemónica de las masculinidades, como dijo la antropóloga y activista feminista Rita Segato, es tan nociva para las mujeres como para los varones.

En el deporte, como indica el lugar común, lo que pasa en el vestuario suele quedar en el vestuario. “Códigos”. Pero no siempre. En 2018, José Supera publicó la novela Legión, en la que, impulsado por hechos reales, saca a la luz una serie de episodios que cincelan la vida de un club de rugby. Supera jugó desde los seis hasta los 21 años en La Plata Rugby Club. Fue capitán y campeón, pero no llegó a debutar en la Primera. “Hay muchas cosas que me quedaron dando vueltas de la época que jugaba al rugby, cosas que hice y que otros han hecho -relata-. Sentí que tenía que contar algo. Son sistemas cerrados que quieren que se mantenga todo como se viene manteniendo. Y hay cosas del deporte que están re buenas y otras horribles”. En las 114 páginas de Legión hay una escena en la que, en plan rito de iniciación, le introducen un dedo en el ano a un jugador del equipo. Lo real de la novela: existió el entrenador que abusa de menores invitándolos a su casa. Trabajó casi una década en La Plata Rugby Club y, antes y después, en otros clubes de la ciudad. Pero de eso no se hablaba. Sucede que la realidad, casi siempre, supera a la ficción. Y al tiempo.

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Manolo Cadenas: “Me gustaría ser entrenador cien años más”

Manolo Cadenas: “Me gustaría ser entrenador cien años más”

El español lleva 46 años ligado al handball pero ahora vive un desafío especial: dirigir al seleccionado en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. “El jugador argentino pone en discusión la filosofía de los técnicos”, asegura.

(Foto: Télam)
Por Federico Amigo
@amigofede

23 de Febrero de 2020

A Manolo Cadenas, cada tanto, los jugadores le piden que hable un poco más. “Hoy no me dijiste nada”, escucha a veces el español a cargo de la Selección masculina de handball desde 2017. No es indiferencia ni distancia con sus dirigidos. Menos aun falta de predisposición. Es parte de la esencia del técnico nacido hace 65 años en León, España. “Soy un hombre de acción porque es lo que produce resultados. Yo los veo todo el tiempo: en el entrenamiento, en la cancha, en el partido”, explica el conductor de Los Gladiadores que acumula más de 30 años como entrenador y 46 de vínculo con el deporte.


–¿Que es el handball?

–Es todo en mi vida. Es lo que me permitió desarrollarme. En el balonmano hay más que un deporte: hay relaciones estrechas con jugadores, staff técnico y directivos. Es un modo de vivir y genera relaciones que perduran toda la vida. Es una pasión que tenía de joven: siempre quise dedicarme a esto para la vida y lo he logrado.


–¿Cómo es pasar 46 años en la misma disciplina?

–Parecía impensable ser un profesional del handball. Pude lograrlo por la evolución en España y el mundo. Nunca había dedicado tanto tiempo como ahora que estoy en simultáneo con la Selección y el club Ademar León de España. Sigo apasionado: me gustaría ser entrenador cien años más.


–¿Qué tipo de conducción te identifica?

–La tarea debe ser ilusionar para que los jugadores den todo su potencial. Tengo que ayudar al grupo a superarse sabiendo que hay momentos de todo tipo: duros, tristes, alegres. Mi función es ilusionar y hacer que sea interesante cada momento, entrenamiento y partido.


–¿Qué te cautivó de la Selección?

–Tenía en mi retina los partidos del Mundial 2015 de Qatar al mando de Dady Gallardo. Si había un equipo que había jugado al máximo era Argentina. Era increíble verlos competir con equipos superiores y que los partidos se definieran en momentos finales por poca diferencia. Cuando llegué, veía la dificultad de mejorar un equipo que daba un rendimiento extraordinario. Intenté continuar esa labor de Dady y aprovechar la base que ya estaba. Traté de aportar mi experiencia en el alto nivel.


–Por primera vez vas a estar en unos Juegos Olímpicos.

–Es una experiencia nueva para mí. Como entrenador, siempre me toca generar pasión y motivación en los grupos, pero en este caso Los Gladiadores estaban a un nivel de deseo y pasión por encima del mío. Y me gustó gestionarlo. Salió muy bien, logramos clasificar a Tokio, estar en primer nivel y todo en condiciones económicas precarias.


–¿Cuál es el objetivo?

–Estar allí ya era un logro. Ahora estamos en un problema mayor porque tenemos que ser mejores de lo que hemos sido hasta ahora. Vamos a tener equipos superiores y el objetivo es ser competitivo. Hay que seguir manteniendo vivo el sentido de ser osados y de creer que se puede ganar ante equipos superiores.


–¿Qué te sorprendió del jugador argentino?

–Cómo se implica y se involucra en todo. Todos tienen opinión, reflexionan sobre lo que hacemos los entrenadores y eso también hay que manejarlo como entrenador. Es meritorio y también entraña una discusión porque se pone en discusión la filosofía de los entrenadores. Me ha gustado mucho atravesar ese proceso. Otra característica es la confianza para enfrentarse con menos miedos a equipos más grandes. Al argentino también le gusta hacer cosas extraordinarias mientras juega.


–¿Cómo fue tener que dar más explicaciones?

–Te sientes más cómodo cuando nada se cuestiona. Pero te obliga a más de ti porque tienes que convencer de cosas. Yo les dije algo muy simple: miro lo que hacen los mejores del mundo y trato de enseñarlo. Conozco cómo funciona el alto nivel, los grandes jugadores y los equipos e intento copiarla.


–¿Diego Simonet está a la misma escala que Lionel Messi?

–Cuando alguien está por encima del resto, hay comparaciones. Para el mundo del handball está a la altura de Messi, pero no es un deporte tan mediático. Tiene menos publicidad. La magia del deporte es ver a un jugador haciendo cosas que para otros son imposibles. Diego ya nos había hecho ver a todos lo máximo cuando fue campeón de Europa y MVP con la dificultad de ser un jugador argentino surgido en otras condiciones.


–¿Cuánto ayudaría la profesionalización del handball en Argentina?

–No parece cercano ni que estén las condiciones. Pero pueden cambiar de repente. Para la evolución de cualquier deporte da un gran impulso. Ahora los jugadores tienen que migrar y eso no ayuda.


–Estás en León por tercera vez en tu carrera. ¿Cuánto ayuda?

–Cuando tienes tiempo puedes crear una filosofía de juego competitiva. La única posibilidad es tener trabajo continuo. Acá pude conseguir mi mejor momento como entrenador por el tiempo que he pasado dirigiendo.


–¿Se aprende más en la derrota o la victoria?

–Cuando estás en crisis surgen las ideas, la inventiva y la motivación. Siempre hay duelo, pero después la respuesta es buscar soluciones y formas de volver a vencer.

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