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Fútbol por TV a la medida de Bolsonaro   | Por qué el militar favoreció a Flamengo con una medida que en la Argentina no prosperaría



Los derechos televisivos del fútbol brasileño quedaron en cuarentena después de la intromisión del presidente Jair Bolsonaro en ese mercado. Su pelea de fondo con la cadena Globo favorece que cada club decida por su cuenta cómo vende sus partidos por TV. Ganan así los más grandes como Flamengo, cuyo máximo dirigente Rodolfo Landim –hombre muy cercano al gobierno– podría sumarse al Ministerio de Economía aunque por ahora solo revista como asesor en las áreas de petróleo y gas. Las instituciones que juegan el torneo de Primera –el Brasileirao– están divididas. La mayoría quiere negociar individualmente con las distintas empresas y una minoría, como la que representan San Pablo y Gremio de Porto Alegre, se ve venir un reparto inequitativo de la torta. Si la Medida Provisional 984 que firmó el militar ultraderechista es aprobada en el Congreso cada uno hará lo que le plazca. Es la tentación en la que caerían los más grandes, como ya amagaron en la Argentina pasada Boca, River y alguno más. Los clubes de nuestro país se mantienen unidos hasta ahora, aunque quién podría descartar un cambio si cunde el ejemplo del poderoso vecino.

Mientras Bolsonaro baja cada día más en las encuestas, Flamengo sigue bien arriba y el presidente se vale del club en beneficio propio. El fútbol carioca volvió el 18 de junio con el partido entre el Fla y Bangú. Finalmente el club con más hinchas de Brasil salió campeón del torneo estadual y no solo eso. Rompió con el grupo Globo y se puso a la vanguardia de otras instituciones que están de acuerdo en negociar los contratos de TV por su cuenta.

El fútbol de Río de Janeiro fue el primero en volver porque hizo lobby con Bolsonaro durante un almuerzo con nulo distanciamiento social. Los presidentes de Flamengo Landim y de Vasco da Gama, Alexandre Campello, compartieron una larga mesa en mayo donde comieron con el jefe de Estado para pedirle la apertura en el estado que el gobernador Wilson Witzel les negaba. A los postres el militar se calzó la camiseta del campeón de América y Flavio, su hijo mayor, la del Vasco. Posaron con los directivos futbolísticos por el presunto rédito de una foto.

El fútbol paulista regresará el miércoles 22 en medio de los contagios que no se detienen y ya superaron los 2 millones. A Bolsonaro poco le importa. Le seduce más sacar algún tipo de ventaja gracias al fútbol. La semana pasada cuando Flamengo se consagraba campeón después de ganarle a Fluminense la segunda final del estadual, el presidente contagiado de coronavirus se mostró con la camiseta rojinegra. Hizo monigotadas frente al televisor, festejó el título y vio la transmisión en el canal de youtube que tiene el club de Gabigol, quien no jugó por estar suspendido.

Bolsonaro disfrutó que Globo se quedara sin televisar el partido en el mítico Maracaná. La venganza es un plato que se sirve frío, aunque él se lo comió con la pantalla caliente. Flamengo subió de manera sensible la cantidad de televidentes y también de suscriptores a su señal de youtube. El club lidera el grupo de aquellos que se amparan en el MP 984. Su aplicación quedará firme cuando el Congreso se pronuncie sobre las 91 enmiendas que tiene el proyecto original. Lo acompañan en esta pelea contra Globo, Turner y otras cadenas, Corinthians, Inter de Porto Alegre, Palmeiras, Santos, Bahía y Ceará, entre otros. Se pusieron de acuerdo y firmaron un manifiesto donde señalaron que con la nueva norma que firmó el presidente se acabarán los llamados “apagones”. Se refieren a los partidos que quedan sin transmitirse cuando los derechos de TV de un club están vendidos a una cadena que no es la misma que tiene el rival de turno. Más de la mitad de los encuentros no pueden verse en Brasil por esa razón.

Hay instituciones deportivas que son cautivas de Globo y otras de Turner cuyos contratos siguen todavía vigentes hasta 2024. Pero hay más señales de TV. Una de ellas, SBT (Sistema Brasileño de Televisión) tan sensacionalista como volcada al espectáculo es del presentador y empresario Silvio Santos. Transmitió las finales de Flamengo y Fluminense cuando no es de las que televisaban fútbol con habitualidad. Pero esta cadena –que es la segunda en audiencia de Brasil detrás de Globo– tiene una alianza mediática con el gobierno.

Su dueño es un oficialista impenitente. Estuvo siempre con todos los gobiernos, incluida la extensa dictadura (1964-1985) “Mi concesión de televisión pertenece al gobierno federal y nunca me opondría a ninguna decisión de mi ‘jefe’ que es dueño de mi concesión”, dijo una vez. Su actitud se explica por una contraprestación económica: según la Secretaría Especial de Comunicación (Secom) que maneja la pauta oficial, SBT recibió publicidad del gobierno en 2019 por 24,7 millones de reales. Solo por detrás de la cadena religiosa Récord del pastor Edir Macedo, otro aliado de Bolsonaro. Ahora además televisa los principales partidos.

En la Argentina los clubes se ven impedidos de transmitir sus encuentros por un canal de youtube. El presidente del club Lanús, Nicolás Russo, le dijo a este periodista que nunca podrían copiar lo que hizo Flamengo porque el dueto Fox-Turner tiene el usufructo absoluto de todos los derechos (ver aparte). Aunque en el fútbol argentino hay distintas escalas de ingresos para los equipos de la Liga Profesional, se han manejado de manera homogénea y sin que nadie sacara los pies del plato. La posición de nuestras instituciones es parecida a la de Fluminense, Botafogo, San Pablo y Gremio que están en minoría en Brasi. El presidente del club de Porto Alegre, Romildo Bolzán dijo que quiere “una distribución equitativa” y se opone a que la principal porción de lo que entra por derechos de TV quede en manos de los más grandes y poderosos (Flamengo y Corinthians sobre todo).

El problema es que Bolsonaro se metió en el medio, buscó los aliados en el fútbol que perdió al enfrentarse con la omnipresente cadena Globo –la misma que con sus denuncias esmeriló el poder de los ex presidentes del PT, Lula y Dilma Rousseff– y en eso llegó la pandemia. Lo del militar es populismo de derecha y de manual. Se pone la camiseta de Flamengo –del que se confiesa hincha– pero se la saca para vestirse con la de Palmeiras de su amigo Felipe Melo, se coloca la de varios equipos como Botafogo, Vasco da Gama y Fluminense, aunque la que mejor le queda es la de un camaleón futbolero.

La voz de Nicolás Russo

El presidente de Lanús niega cualquier posibilidad de que en la Argentina se copie lo que está sucediendo en Brasil. Nicolás Russo le dice a Página/12 que “es imposible porque acá las negociaciones son en conjunto y ni siquiera hay una discusión planteada. No se toca ese tema. Boca y River lo único que hicieron en su momento fue pelear por un mayor porcentaje de la torta de los derechos de televisión para ellos. Acá no hay ninguna posibilidad de que se negocie por separado, se hace entre todos juntos a través de la Liga Profesional y la AFA”.

A la pregunta de sí esa discusión global se estableció para frenar cualquier intento individual de los clubes más grandes, el dirigente respondió: “No, porque no hay ninguna posibilidad de hacerlo como en Brasil. En la Argentina eso no existe, ponelo así como te lo digo”.  

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