La autopsia reveló cómo murió Ivana Módica | Los resultados del peritaje



Ya se conocieron los resultados de la autopsia del cuerpo de Ivana Módica, la mujer de 47 años que fue hallada asesinada la madrugada del sábado último tras estar ocho días desaparecida en la localidad cordobesa de La Falda. Fuentes judiciales informaron que el peritaje del cadáver determinó que Módica fue estrangulada.

La fiscal de Instrucción de Cosquín, Jorgelina Gómez, confirmó que “la causa de la muerte fue asfixia mecánica por estrangulamiento”. La autopsia finalizó el domingo en la morgue judicial de la ciudad de Córdoba y, después, el cuerpo fue entregado a los familiares de Módica.

Por ahora continúa pendiente la indagatoria a Javier Galván, pareja de la víctima e integrante de la Fuerza Aérea -que lo expulsó luego de que se conociera el crimen-, quien se encuentra detenido en el penal de Bouwer e imputado por homicidio doblemente calificado por el vínculo y por violencia de género.

El viernes, Galván admitió ante la fiscal del caso haber matado a Módica e indicó dónde había arrojado el cuerpo de la víctima. Finalmente Módica fue encontrada  en adyacencias del Camino del Cuadrado de Córdoba, detrás del Hotel Edén.

El Ministerio Público Fiscal (MPF) de Córdoba confirmó que, tras la declaración indagatoria que la fiscal Gómez le tomó a Galván, se ordenó un operativo para hallar el cuerpo de Módica en un sector cercano al camino que une las Sierras Chicas con el Valle de Punilla, a la altura del kilómetro 11,5.

En declaraciones a Cadena 3, la fiscal Gómez consideró que “la investigación iba encaminada a encontrar a Ivana en base a pruebas que se habían incorporado en la causa como, por ejemplo, registros fílmicos”.

Galván fue detenido por decisión de la fiscal Gómez el lunes pasado, tres días después de iniciada la búsqueda de Ivana, debido a las “contradicciones” detectadas en su declaración testimonial y por “violar la orden de distanciamiento” que se le impuso meses atrás, luego de una denuncia que había realizado Módica en su contra por violencia de género.



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Hasta que todas las vidas importen



¿Todas las vidas importan? Está claro que no: ni siquiera todos los femicidios generan la misma conmoción social porque, todavía –y pese a todo lo construido por los transfeminismos en los últimos 35 años en la Argentina– hay una tolerancia al poder patriarcal ejercido de determinadas maneras, sobre determinadas existencias. Que algunos crímenes resulten intolerables es también un llamado de atención. La aparición del cadáver de Ivana Módica tras la confesión de su ex pareja, otro agente de una fuerza de seguridad femicida, fue una confirmación. Javier Galván había querido desviar la investigación, y fue detenido. Acorralado por las evidencias en su contra, develó adónde había dejado el cuerpo de quien era su pareja. 

Salir del círculo de la violencia machista nunca es un camino lineal, y mucho menos fácil. Por eso, todos los tratados internacionales y la ley 26485 establecen que deben existir equipos interdisciplinarios y políticas concretas para apoyar ese camino de libertad. Quizás sea reiterativo recordarlo, pero es necesario: la violencia machista comienza por minar la autonomía de quien la vive. Desde la prohibición de trabajar, pasando por el alejamiento de sus afectos, la dependencia afectiva, son todos aspectos que se despliegan en particular en cada situación, siempre presentes.

Hay que subrayar y destacar todos los días las deficiencias del Estado: la falta de una escucha activa –y relevante, como señala la especialista Ileana Arduino– en la justicia, pero también la necesidad urgente de dispositivos de acompañamiento eficaces para salir de una situación de violencia. Más del 50 por ciento de los femicidios son cometidos por parejas y ex parejas de las víctimas.

Hay otros, y quedan menos inscriptos en la memoria colectiva: en Rosario, en agosto de 2020, Lorena Riquel fue asesinada a golpes. Era feriante, iba a las marchas con la columna de la Corriente Clasista y Combativa y, cuando la necesidad de dinero lo imponía, realizaba trabajo sexual en una esquina. Su familia no lo sabía, pero había compartido noches con algunas compañeras. Lorena Riquel había cumplido 39 años. No fue pancarta, no se convirtió en un grito de hastío nacional.

La pregunta siempre es al Estado, porque tiene la obligación de cumplir los tratados internacionales que forman parte de la Constitución Nacional, como la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación hacia las Mujeres, un instrumento jurídico firmado en 1979. 

Pero es necesario también preguntarse por qué la sociedad tolera las violencias, y cuándo, cuáles, le resultan intolerables. ¿Cuántas personas están dispuestas a reconocer que piensan que las mujeres exageran? Parece que sólo puede registrarse la gravedad de una violencia si hay golpes, o más tarde aún, cuando se comete el femicidio. 

Y hay muchas más preguntas para desplegar: ¿La violencia patriarcal es solo una cuestión entre varones y mujeres? ¿La raza, la clase, la orientación sexual no forman parte de esa estructura social que violenta siempre y a veces mata? ¿Por qué los travesticidios no generan el mismo repudio? 

Por supuesto que un femicidio como el de Úrsula Bahillo genera identificación y bronca. Además, pone el acento en problemas urgentes. Uno de ellos es que las denuncias se hacen, pero muchas veces no hay quién las escuche con eficiencia. La falta de recursos, la tardía asignación de un botón de pánico, la protección corporativa en las fuerzas de seguridad: uno de cada cinco femicidios es perpetrado por un integrante de esas fuerzas. La impunidad. Son situaciones que sufren miles de personas cada día, trabajadoras, migrantes, travestis, lesbianas. Y afuera de los despachos judiciales, también hay poca disposición a escucharlas. Cuando las matan, la noticia indigna apenas unos minutos. 

La costumbre sedimenta un estado de cosas que se puede medir: 51 femicidios desde que comenzó el año, según el Observatorio Lucía Pérez. Los nombres propios que conocemos son pocos: la mayoría de esas víctimas son una noticia más de un flujo incesante. ¿Cómo hacer para que no se naturalice? Los transfeminismos salen a la calle, debaten, gritan, patalean, reclaman políticas públicas. 

Los femicidas son responsables de sus crímenes, y eso es lo más claro, lo que cuesta más instalar es que la sociedad también es femicida, cuando mira para otro lado ante las violencias previas. Hasta que todas las vidas importen, habrá que insistir. 



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Hallaron el cadáver de Ivana Modica cerca del Camino del Cuadrado, en Córdoba | El exvicecomodoro Javier Galván confesó haber asesinado a su pareja



El cuerpo de Ivana Módica, la mujer de 47 años que estaba desaparecida desde el 11 de febrero, fue hallado en adyacencias del Camino del Cuadrado, en Córdoba, luego de que Javier Galván, su pareja, quien estaba detenido por incongruencias en su declaración, confesara ser el autor del femicidio e indicara el lugar en el que estaba el cadáver, informaron fuentes judiciales. Tras la confirmación del femicidio, la Asamblea Ni Una Menos Córdoba convocó a una marcha en reclamo de justicia. El 17 de este mes, en la convocatoria a la marcha a Tribunales por el femicidio de Ursula Bahillo, en Rojas, organizaciones feministas denunciaban que hubo 50 femicidios en las primeras seis semanas de 2021.

El Ministerio Público Fiscal (MPF) de Córdoba confirmó que tras la declaración indagatoria que la fiscal de Instrucción de Cosquín, Jorgelina Gómez, le tomó a Galván, se ordenó un operativo para hallar el cuerpo en un sector cercano al camino que une las Sierras Chicas con el Valle de Punilla, a la altura del kilómetro 11,5.

En la noche del viernes, antes de ser trasladado al penal de Bouwer, Galván pidió declarar en la fiscalía de Cosquín, y allí admitió que había sido el femicida de Módica, tras lo cual indicó el lugar donde había dejado el cadáver.

Tras confesar haber sido el asesino, el acusado fue llevado al lugar donde se encontraba el cuerpo para indicar a los investigadores el punto exacto en el que lo había dejado, en el marco de un importante operativo en el que estuvo custodiado por personal del grupo especial de policía ETER.

El cadáver fue trasladado a la morgue judicial de la ciudad de Córdoba, donde se realizará la autopsia para determinar las causas y fecha de la muerte de la mujer, quien fue vista por última vez el pasado jueves 11 de febrero antes de tener una discusión con Galván.

La fiscal Jorgelina Gómez dijo en el programa vespertino “Cámara del Crimen”, del canal TN, que la autopsia será realizada “en los próximos días” y que también en el transcurso de la semana próxima volverá a tomarle declaración indagatoria al acusado, ya que se le “amplió la imputación” a Galván a “homicidio calificado por el vinculo y por violencia de género”.

En su cuenta oficial, la Fuerza Aérea, en la que revistaba Galván con el grado de vicecomodoro, publicó: “La Institución lamenta la pérdida de la personal civil Ivana Módica. Ante este aberrante hecho, la Fuerza se encuentra consternada expresando su más fervientemente repudio a toda violencia de género, como este atroz femicidio. Acompañamos a su familia en este doloroso momento”. Además confirmó que “ha procedido a efectuar la destitución inmediata del femicida Javier Galván, dejando en claro que este tipo de conductas jamás serán toleradas y que resultan incompatibles con los valores que sustentan el accionar de la Fuerza Aérea”.

Según su perfil en la red social Linkedin, Galván es Piloto de Ensayos en Vuelo de la Fuerza Aérea y tiene 3.090 horas de vuelo.

Operativos de búsqueda

Ocho días de búsqueda fueron los que completaron los diferentes equipos de Bomberos, Policías y Defensa Civil, en operativos ordenados por la fiscalía y que tuvieron varios sitios de rastrillajes, siguiendo distintas pistas.

En primera instancia se buscó en zonas cercanas al cerro La Banderita, el dique La Falda y el camino a Pampa de Olaen, y el viernes la búsqueda se centró en las inmediaciones del cementerio local, donde los pesquisas realizaron un registro exhaustivo, aunque sin obtener resultados. Ese sector es aledaño a la casa donde residían Módica y su pareja y que habían alquilado meses atrás.

El viernes, el abogado del detenido, Felipe Jure, había manifestado a la prensa que creía en la “inocencia” de su cliente y si bien admitió que la noche del jueves 11 de febrero pasado la pareja protagonizó una discusión, aseguró que Galván “salió a tomar aire” tras el altercado.

El letrado afirmó que los motivos principales de las discusiones que sostenían ambos desde hacía un tiempo eran principalmente por la expareja de Galván, y aseguró  tener como prueba un mensaje de audio en el que “se demostraría que Ivana ejercía violencia hacia él”.

“En realidad es al revés, hay una grabación que tenemos que él nos envió antes de que ocurra todo esto y que vamos a ofrecer al expediente. Es una grabación importante porque ahora se está tirando la línea de una violencia de él hacia ella cuando en realidad es a la inversa”, había expresado Jure.

La detención de Galván y la acusación surgieron a partir de las “contradicciones” detectadas en su declaración testimonial y por “violar la orden de distanciamiento” que se le impuso meses atrás, luego de una denuncia que había realizado Módica por violencia de género. Si bien se trataba de un delito excarcelable, los investigadores prefirieron siempre mantener a Galván detenido hasta tanto sea hallada la mujer, lo que finalmente ocurrió en la madrugada de ayer.

En su primera declaración, de unas tres horas, el todavía piloto de la Fuerza Aérea dijo que el viernes salió temprano a trabajar hacia Córdoba, mientras Ivana seguía durmiendo. Como al volver no la encontró,  le mandó un mensaje de texto que nunca tuvo respuesta.

Las cámaras de seguridad detectaron el auto del sospechoso en la zona del complejo Siete Cascadas y en el Dique a la una de la madrugada del viernes. El hombre, por su parte, había dicho que en ese horario el auto estaba en el garage de la casa. Por eso, tras detectar las inconsistencias, se procedió a la detención de Galván y comenzaron en la zona rastrillajes con perros, drones y buzos.

En primera instancia se buscó en zonas cercanas al cerro La Banderita, el dique La Falda y el camino a Pampa de Olaen, y este viernes en las inmediaciones del cementerio local.

Según los investigadores, Módica se comunicó por última vez con su hija Nicole el jueves de la semana pasada cerca de la medianoche, cuando intercambiaron mensajes mediante el teléfono celular. Su madre y Galván, contó, habían tenido problemas de pareja y hasta hubo una denuncia por violencia de género, radicada por la mujer antes de que vivieran juntos, en octubre de 2020.

Galván realizó la denuncia policial por la desaparición de su pareja al día siguiente, el viernes 12, cuando dijo que no tener noticias de ella desde que salió a trabajar a las 6.30 de ese día.

Asimismo, el asesino confeso había manifestado a la Policía que era probable que la mujer hubiera salido a caminar por la zona del cerro La Banderita, en La Falda, por lo que a partir de esa información se montó un operativo de búsqueda con personal de Bomberos, de la Policía, de Defensa Civil y de otros organismos, tanto por vía terrestre con perros, como por vía aérea con drones y un helicóptero.

Sin embargo, con el paso de las horas y a raíz de las contradicciones en la declaración del hombre, la fiscal solicitó su detención y centró la búsqueda primero en el dique La Falda, luego en el camino a la Pampa de Olaen y en cercanías de la vivienda de la pareja.

Cuando se difundió la confesión del femicida, la Asamblea Ni Una Menos Córdoba convocó a una marcha y expresó, a través de las redes: “¡NOS ESTÁN MATANDO! ¡BASTA DE FEMICIDIOS! ¡VIVAS Y LIBRES NOS QUEREMOS!”.

En ese reclamo sostienen que ya se cometieron ocho femicidios en la provincia en lo que va del año: “Sólo han pasado 50 días de este 2021 y en Córdoba ya nos faltan Gabriela Lencina, Ivana Juárez, Nilda Peano, Melisa Moyano, Liliana Stefanatto, Emilse Gajes y Miriam Farias, todas víctimas de femicidio. Hoy sumamos a nuestras razones para seguir gritando, el nombre de Ivana Módica. NI UNA MENOS: el Estado y los gobiernos son responsables. Presupuesto para políticas públicas que enfrenten la violencia machista. ¡Perpetua a Galván y a todos los femicidas!”.



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Más femicidios y un fuerte reclamo que no cesa | Tres mujeres fueron asesinadas este martes, y una continúa desaparecida



El caso de Ursula Bahillo conmocionó a la sociedad argentina por distintos motivos, entre ellos el hecho de que su femicida, Matías Martínez, sea un oficial de la Policía Bonaerense. A pocos días del crimen en Rojas, la conmoción se intensifica con la búsqueda, en La Falda, de Ivana Módica, quien se encuentra desaparecida desde el jueves. El principal sospechoso es su pareja, Javier Galván, piloto de la fuerza aérea de Córdoba. En Formosa, Mirna Elizabeth Palma, una docente de 44 años, fue asesinada el lunes por un policía retirado que, tras el crimen, se suicidó. Este martes hubo además un doble femicidio en Santiago del Estero.

“Uno de cada cinco femicidios en nuestro país es cometido por miembros de fuerzas de seguridad”, advirtió la semana pasada el movimiento Ni Una Menos. Tras lo ocurrido con Ursula convocó a una marcha para este miércoles a las 17 contra la justicia patriarcal y la represión policial” en las puertas de los Tribunales porteños y otros puntos del país. De acuerdo a datos del observatorio de Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), el 12 por ciento de los femicidios de este año sucedió en manos de personal de las fuerzas de seguridad.

Analía Kelly, coordinadora de MuMaLá en la provincia de Buenos Aires, se anticipa al escenario del miércoles: “Va a ser una marcha grande, contundente, con extensión federal. A días del asesinato de Ursula se conocen nuevos hechos que necesitan un abordaje pronto. Una vez más volvemos a alzar nuestras voces y no nos vamos a cansar hasta que efectivamente no haya un freno a la violencia machista“. 

La búsqueda de Ivana

La búsqueda de Ivana Módica, quien se encuentra desaparecida desde la noche del jueves en la localidad cordobesa de La Falda, se enfocó el martes por la mañana en una zona del dique de esa ciudad del Valle de Punilla y las Siete Cascadas. Participaban más de 70 efectivos. Intervenían personal policial, de Defensa Civil y bomberos, aparte de buzos tácticos. Se emplearon drones y kayacs, y perros. Una cámara de seguridad había registrado que un vehículo similar al de Galván había pasado varias veces hacia el dique entre las 22 del jueves y la 1 del viernes.

Después, la investigación se trasladó a un sector específico camino hacia Pampa de Olaen. El abogado de la familia, José Dantona, informó a este diario que ese lugar iba a ser parte del operativo porque es cercano al dique. “Pero además hubo gente del lugar que vio tierra que podía estar movida“, contó.

Galván está detenido desde el lunes por falso testimonio agravado y resistencia a la autoridad. “Técnicamente nadie descarta un accidente o la peor hipótesis de femicidio -dijo Dantona-. La familia siempre tuvo una visión de esta persona. Una opinión, el conocimiento de la relación que mantenían con Ivana. Era una persona violenta. El lunes obviamente estas posiciones, estos pensamientos se acrecentaron.”  El abogado opinó también que “se está haciendo humanamente todo lo posible en la búsqueda” de la mujer. “En cuanto a la detención uno no puede estar conforme, porque él no está imputado, acusado, sospechado de femicidio, sino por falso testimonio. Nosotros ni siquiera íbamos para ese lado. La familia tenía un concepto de él, pero no estaba esa previsión, nos sorprendió“, agregó.

Los investigadores aseguraron que se aguarda para las próximas horas la indagatoria a Galván, apresado a pedido de la fiscal de Cosquín, Jorgelina Gómez. Hubo contradicciones en la declaración testimonial. La detención y la acusación surgieron a partir de esas inconsistencias y por violación de la orden de distanciamiento que se le impuso meses atrás. En octubre de 2020, Módica lo denunció por violencia de género. Fue antes de que vivieran juntos por primera vez.

Era una persona violenta incluso antes de esta denuncia; está acreditado con testimonios de la familia y la psicóloga de Ivana, que forman parte del expediente. Era una relación donde él pedía permanentemente otra oportunidad”, detalló Dantona. Galván había denunciado a Módica previamente “por un hecho menor”. “Muchas veces se hace una denuncia para empatar a otra. A ella le hizo click la cabeza y lo denunció. El terminó llorando, diciendo que iba a cambiar, y eso redundó en una reconciliación con condiciones. Convivían, aunque dormían en cuartos separados. En esa lógica termina la situación en que estamos ahora”, relató.

Este martes por la mañana la madre de la mujer aseguró a Cadena 3 que su hija “es una persona muy fuerte” y que “si no aparece es porque está golpeada en la cabeza, porque si tuviera un golpe en el cuerpo, saldría adelante”. También dijo que jamás salía sin comunicarse y que no sabe qué puede haber ocurrido: “Son todas especulaciones”. “No es de quedarse jamás. Es fuerte de mente, espíritu y cuerpo. Lo que más nos preocupa es que no aparezca”, expresó. Según los investigadores, Ivana se comunicó por última vez por celular con su hija Nicole el jueves cerca de la medianoche.

Galván presta servicios en la Fábrica Argentina de Aviones (Fadea). Según su perfil en la red Linkedin es piloto de ensayos y tiene 3.090 horas de vuelo. “No es alguien que recién empieza, es una persona de muy alto rango, tiene una alta preparación física y psicológica. Además, estaba en los comités de operativos de emergencia por el tema de la Covid”, describió Dantona. El piloto fue quien realizó la denuncia por la desaparición de su pareja, el viernes, argumentando que se había ido a trabajar a las 6.30 y que cuando regresó por la tarde ella no estaba en la casa. Dijo que la mujer había salido a caminar en la zona del cerro La Banderita. Luego, cámaras de seguridad detectaron su auto en la zona del complejo Siete Cascadas y el Dique a la 1 del viernes, cuando él había dicho que en ese horario el vehículo estaba en el garage de su vivienda. Por esto, la fiscal solicitó su detención y la búsqueda de Ivana cambió de lugar. El domingo hubo una marcha para reclamar por su aparición con vida.

El femicidio de Mirna

Mirna Elizabeth Palma. Así se llamaba la docente formoseña de 44 años asesinada por su expareja de un balazo. El era policía retirado, fue identificado como Carlos Medina (59), y tras el femicidio se suicidó.

El crimen ocurrió cerca de las 20.30 del lunes en una vivienda de la calle Juan Bautista Alberdi, en el departamento de Patiño, localidad Estanislao del Campo, a 235 kilómetros de la capital provincial. Fuentes policiales informaron que la investigación comenzó cuando vecinos llamaron al 911 luego de haber escuchado detonaciones de arma de fuego.

Al llegar al lugar, los efectivos encontraron al hombre muerto sobre la vereda de la casa con un disparo en la sien. Al costado de su cuerpo había un arma de fuego. Dentro de la vivienda estaba la víctima, ya fallecida, con un disparo en el rostro. Los investigadores determinaron, en base al relato de testigos, que el hombre mató a su expareja y después se suicidó. En principio, no confirmaron que haya habido denuncias previas por amenazas o violencia de género.

Doble femicidio en Santiago del Estero

Por otro lado, un hombre identificado como Rino Garnica asesinó a puñaladas este martes a su expareja, Silvia Rojas, y a su excuñada, Silvana Natalia, frente a los hijos de 13 y seis años de ambas. Fue en la localidad de Lote 40, en el sur de Santiago del Estero. Garnica se entregó a la policía y quedó detenido. 

De acuerdo a las primeras investigaciones a cargo de la coordinadora de fiscales, María Emilia Ganem, el hombre habría llegado al lugar en donde estaba Silvia “llevando helado para compartir con su hijo”, momento en que se desató el doble femicidio. Los efectivos policiales y los bomberos hallaron a ambas mujeres tendidas en el suelo. Fallecieron de camino al hospital. Hasta el momento se conoció que Silvia se presentó en los primeros días de este mes en la dependencia policial de Los Juríes para hacer una exposición acerca de que se retiraba de su hogar ya que tenía problemas de pareja con Garnica.

Estamos hartas. Sabíamos que ninguna de nuestras luchas finalizaba el 30 de diciembre“, dice Yanina Waldhorn, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, en la víspera de que cientos de mujeres vuelvan a tomar las calles.

“Dolorosamente común”

“¿Y de la Policía quién nos cuida?”: esta es la leyenda que aparece en el flyer de la convocatoria de Ni Una Menos para este miércoles. En el Facebook del colectivo, se lee: “En el país entero surge la necesidad de convocarse, de denunciar. Ahora mismo, otras tiemblan de miedo porque ven replicada su historia en la historia de Ursula. Ese dolor, esa impotencia, esta rabia y este duelo se están organizando”, concluye el texto, escrito antes de la desaparición de Ivana, del femicidio de Mirna, del doble femicidio de Santiago. Es que, como se ve, la historia de Ursula “no es extraordinaria”, sino “dolorosamente común”.

“El eje está puesto en Ursula y en todes, pero fundamentalmente también en que el Estado es responsable. Buscamos resaltar la importancia del Ministerio de Seguridad, para que se ponga a trabajar sobre este tema, muchas vamos a llevar la consigna en provincia de ‘Fuera Berni’ y también ‘basta de impunidad policial y complicidad”, cuenta Kelly. “Cuando los violentos forman parte de alguno de los organismos o instituciones de poder es más difícil y controversial la cuestión, porque no solamente juega el machismo anquilosado en nuestra sociedad, sino también los intereses de poder, puntuales, en quienes ocupan hoy determinados cargos jerárquicos, en su mayoría varones.” 

Por su parte, Waldhorn resalta la necesidad de “una reforma judicial”. Y manifiesta: “En el caso de Ursula todo funcionó mal. Se ponen en juego los dispositivos de los gobiernos nacional, provincial, municipal, pero también la Justicia. Mañana se va a salir en todas las ciudades. Empezó siendo una convocatoria en CABA y otros puntos, pero hoy vimos hasta flyers de Madrid. Venimos de la conquista del aborto legal y nos sentimos fuertes. Ursula nos pidió ayuda de todas formas, intentó hacer todo y no pudo salir. Hace seis años venimos diciendo Ni Una Menos. El grito sigue intacto”.

Femicidios de uniforme

El observatorio Ahora Que Sí Nos Ven registró en 2021 -hasta el 9 de febrero- 38 femicidios, cuatro de ellos perpetrados por agresores pertenecientes a fuerzas de seguridad (dos militares, dos policías). Desde 2018 hasta la actualidad, 214 femicidas pertenecen o han pertenecido a alguna fuerza de acuerdo al monitoreo de La Casa del Encuentro. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) posee números que abarcan el período 2010-2020. Solamente en AMBA, en una década, al menos 48 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas policías. La Correpi acuñó la expresión “femicidios de uniforme“, “la primera causa de muerte de mujeres a manos del aparato represivo estatal”. Desde 1992 hasta la fecha se registran 392 femicidios de uniforme sobre un total de 674 víctimas mujeres de la represión estatal.

Un reciente artículo de Perycia, construido mediante un pedido de Acceso a la Información Pública al Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, revela un dato escalofriante: la Bonaerense tiene 6 mil policías activos denunciados por violencia machista. En los últimos siete años, uno de cada nueve policías bonaerenses fue acusado de violencia de género. El porcentaje de sanciones expulsivas es escasa: más del 80 por ciento de los investigados por Asuntos Internos siguen actualmente en funciones.



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Las fallas de la Justicia frente a los femicidios | Por qué las herramientas actuales son insuficientes para frenar la violencia de género



El femicidio de Úrsula Bahillo, la adolescente de 18 años de la localidad bonaerense de Rojas asesinada por su ex pareja, el policía Matías Ezequiel Martínez, de 25 años, mostró obscenamente los agujeros de un sistema que no da respuestas oportunas y efectivas para proteger a mujeres que denuncian violencia de género. ¿Cuáles son las fallas que se repiten y las dejan indefensas? ¿Qué medidas se deberían tomar? Página 12 conversó con la abogada feminista Mariela Labozzetta, a cargo desde su creación en junio de 2015 –casi a la par del surgimiento del movimiento Ni Una Menos– de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), de la Procuración General de la Nación. “La inacción, la desidia frente a estos casos, ya no puede pasar más. Hace mucho tiempo que estamos mirando el sistema, viendo lo que falla. Y un punto que veo muy determinante mirando el sistema de justicia un poco más de cerca es que esta desidia, la ineficacia y la inacción del Estado no es general en el sistema: Si viene un médico y dice, tengo un paciente psiquiátrico que me está amenazando, le ponen una custodia en la puerta de la casa. Nadie sería inactivo frente a ese tipo de denuncias. Hay inacción cuando se trata de violencia contra las mujeres porque todavía opera muy fuerte el descreimiento frente al testimonio de las víctimas. La palabra y la vida de las mujeres para el sistema judicial no vale”, afirma Labozzetta. Y agrega: “Tenemos que pensar medidas nuevas. En los casos donde haya riesgo, avanzar en la detención de los imputados. Esto de que los delitos tienen baja pena también tiene que ver con que no se miran todos los delitos: la desobediencia tiene baja pena, la amenaza también pero si hay 15 denuncias, todas diseminadas con intervenciones judiciales distintas y nadie las rastrea, tenemos un problema muy grave. La primera medida y la más urgente es ver frente a qué escenario te estás enfrentando en el abordaje de un caso de violencia”, advierte la fiscal especializada.

Desde la UFEM, Labozzetta asesora en casos concretos a otras fiscalías y lleva adelante capacitaciones para incorporar la perspectiva de género en los tribunales: “Adonde me llaman, voy”, dice. Junto a su equipo elaboraron guías de actuación para investigar las denuncias de violencia doméstica y los femicidios.

“Estuve pensando mucho el tema porque a veces, nosotras mismas tenemos una serie de conocimientos e ideas bien arraigadas y estos son los momentos para repensar todo”, dice conmovida por el femicidio de Úrsula Bahillo.

La adolescente de Rojas y su madre, Patricia Nasutti, hicieron tres denuncias y dos ampliaciones de esas denuncias en los días previos al femicidio, ocurrido el lunes 8 de febrero, a manos del oficial de la Bonaerense –con carpeta psiquiátrica desde setiembre–. La primera, el 9 de enero, la hace su mamá. El juzgado de Paz, a cargo de Luciano Callegari, otorga una medida de restricción perimetral y un cese de hostigamiento por seis meses. La siguiente denuncia la vuelve a hacer Patricia, el 1° de febrero, al ver el no cese del hostigamiento de Martínez, pero es desestimada por el juez de Paz, según fuentes de la Dirección de Políticas de Género y Derechos Humanos del Ministerio de Seguridad bonaerense. El viernes 5 de febrero va Úrsula a la comisaría de la Mujer de Rojas y denuncia a Martínez por amenazas y desobediencia: ahí se le da intervención a la Ayudantía Fiscal de ese distrito, que dispone como primer diligencia avalar lo actuado, un pedido de cámaras y que se le tome testimonial a un testigo. El domingo 7 –a horas de su femicidio– Úrsula vuelve a hacer una ampliación de denuncia en la misma comisaría de la Mujer: dice que Martínez la había interceptado en la vía pública. El mismo lunes 8 una vez más se presenta para hacer una ampliación de la denuncia: cuenta que la volvió a interceptar en otro lugar. El Juzgado de Paz recién pide el botón antipánico ese lunes al municipio. Pero el mail con el pedido, recién es leído en la intendencia el martes, según informó el jefe comunal Claudio Rossi, de Cambiemos, a Flavia Delmas, subsecretaria del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual bonaerense. Rossi le tiró la bronca al juez de Paz por no haberlos advertido del pedido con un llamado telefónico. Los botones antipánico los entrega cada municipio.

Para cuando se leyó el pedido en la intendencia, Úrsula ya había sido asesinada por Martínez: la bronca de amigxs y vecinxs estallaba frente a la comisaría de Rojas, desde donde reprimiría con balas de goma la indignación popular. Martínez además tenía otras denuncias formuladas por ex parejas. Por una de ellas, el 18 de abril se había fijado un juicio oral.

La coordinadora del área de Género de Rojas es Carolina Olivera: tiene 25 años y está a cargo de esa función desde agosto de 2020. El área se creó q instancias del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, que encabeza Estela Díaz. La funcionaria comunal es terapista ocupacional, y unos meses antes cuando se graduó, contó a este diario, mandó su CV a Desarrollo Social del municipio, donde constaba que había participado de un congreso en el que había expuesto sobre violencia de género. Por eso la convocaron. La línea telefónica que ofrece a la justicia y a las víctimas para comunicarse con el área las 24 horas es su propio celular.

El teléfono de la jefa interina que estaba a cargo de la Comisaría de la Mujer, Graciela Peralta, es un antiquísimo Nokia 5130, modelo que salió al mercado en 2007, y no permite mensajería instantánea.

“Hay que empezar a separar que, por supuesto, hay un fenómeno social de la violencia machista, en un contexto de un patriarcado, que estamos tratando de deconstruir, y que sabemos que es un proceso lento, largo, que no se va a terminar de un día para el otro. Pero si creo que teniendo en cuenta el recorrido que ha tenido la instalación de la temática en la escena pública y la repercusión que tuvo en el Estado, amerita que ya en el momento en que uno de esos casos ingresa al sistema de Justicia no puede pasar que por la inacción del Estado se muera una víctima”, dice Labozzetta. Aunque a veces, aclara, el sistema judicial “hace todo bien, e igual ocurre un femicidio o el agravamiento de la escena de violencia”.

A pesar de que los mandatos de las convenciones internacionales y de los organismos de derechos humanos a los Estados, de actuar con debida diligencia, eso tampoco se hace. “¿Qué implica actuar con debida diligencia? Cuando una mujer va a hacer una denuncia se la tiene que escuchar y darle muchísima atención a lo que dice, darle relevancia, actuar de inmediato frente a los riesgos, tomar medidas que sean eficaces. Y ahí es donde tenemos que empezar a revisar si las medidas que se toman son eficaces. No solamente cuando no se toman. Tenemos que pensar medidas nuevas. En los casos donde haya riesgo avanzar en la detención de los imputados. Esto de que los delitos tienen baja pena también tiene que ver con que no se miran todos los delitos: la desobediencia tiene baja pena, la amenaza también pero si hay 15 casos, todos diseminados con intervenciones judiciales distintas y nadie las rastrea, tenemos un problema grave. La primera medida y la más urgente es ver frente a qué escenario te estás enfrentando en el abordaje de un caso de violencia”, dice Labozzetta.

–Lo más flagrante que surge en el caso que termina con el femicidio de Úrsula es que no se analizó en su integridad que otras denuncias había contra el mismo sujeto. ¿Por qué todavía no se analiza ese contexto?

–El de la violencia de género es muy distinto a otros fenómenos delictivos. Pero el sistema de justicia actúa de manera neutral, como si estuviera frente a cualquier otro delito. Y es un delito que tiene una dinámica diferente: sobre todo, de repetición cuando hay violencia doméstica. Y si no se conoce o no se quiere conocer –porque ya a esta altura lo conocemos todos, sale en todos los diarios–, es una cuestión de compromisos. Para los delitos de género se han creado unidades especializadas en todas las provincias, pero en general están todas colapsadas por la cantidad de casos que hay, porque las mujeres cada vez denuncian más y porque los recursos que se asignan a estos casos son insuficientes. Pero esta mirada no tiene que ser propia de las fiscalías especializadas. Cualquier operador de la justicia, un juez, un fiscal, tiene que conocer –por una cuestión de sentido común y mínima diligencia en su función– que este fenómeno tiene esta particularidad y además de investigar el caso tiene que chequear si hay riesgos: es una tarea adicional para estos casos. Y parte de esa tarea, como punto uno de la investigación, determinar el contexto de violencia, los casos anteriores. Debería ser la medida básica. Nosotras la sugerimos siempre. Hay una resolución del Ministerio Público provincial de 2014 que establece ese mecanismo.

–Hasta las causas archivadas se deberían relevar de acuerdo con esa resolución.

–Si. Y a nivel nacional hay un dictamen de la ex procuradora (Alejandra Gils Carbó) que dice que aun cuando se trate de distintas jurisdicciones o fueros, se debería soslayar ese aspecto e investigar todas las causas juntas. Primero por la víctima –si no, tiene distintos interlocutores–, segundo, porque ayuda a la prueba en estos casos cuando hay debilidad probatoria y solo se tiene el testimonio de la víctima. Y tercero, para mirar el escenario total del contexto de violencia y evaluar el riesgo, que en muchos casos aunque sean delitos menores, el riesgo es alto.

— A casi seis años del surgimiento del movimiento Ni Una Menos ¿cómo un fiscal o un juez de paz que intervienen en estos casos no pueden tener en cuenta estos elementos básicos?

–Las capacitaciones, vemos, no alcanzan. Se crearon las unidades especializadas para casos de violencia de género porque había que crearlas pero cuando mirás de cerca vez que tal vez no son recursos especializados o no tienen las condiciones para trabajar o tomar denuncias. Y el resto del Poder Judicial no se puede desentender de la temática: es como decir que hay una fiscalía especializada en Derechos Humanos y en todo el resto del sistema de justicia se violan los derechos humanos porque nadie sabe de esa temática. Estamos hablando de los derechos humanos de las mujeres. No podemos tener una fiscalía con tres personas para atender 5000 casos porque sí o sí va a colapsar el sistema. Y eso pasa. A esta altura, se debería informar cuáles poderes judiciales en el país cumplieron con la Ley Micaela y que tipo de contenidos recibieron en la capacitación. De todas formas, veo cada vez más operadores y operadoras de la justicia muy comprometidas con el tema, sobre todo las nuevas generaciones que entran con otra mirada. Creo que es importante destacar, para no dar un mensaje tan desolador, que lo que estamos viendo es que cada vez más mujeres se animan a denunciar, que se está desnaturalizado la violencia, que hemos logrado leyes que han reconocido nuestros derechos. Pero tenemos que ver que es un proceso largo y no vamos a cambiarlo de un día para el otro. Hace una década recién se le puso nombre a los femicidios, con la reforma al Código Penal de 2012.

–Recién en 2015, después del Ni Una Menos, desde la Corte Suprema de Justicia se empezaron a contabilizar en el Estado…

–Estamos a mitad de camino. Pero cuando el sistema de justicia muestra que falla y muestra la impunidad, es un mensaje de avala a la violencia. Esto es lo que hay que cortar por completo por eso la interpelación al sistema de justicia tiene que ser muy fuerte. No creo que haya que hacer reformas legales por la urgencia de un caso. En general no son buenas esas reformas espasmódicas, aumentando penas, pero si es necesaria una reforma integral, que incorpore la perspectiva de género a todo el sistema.



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Femicidios a manos de miembros de fuerzas de seguridad | El crimen de Ursula dejó al desnudo un tema urgente



Femicidios a manos de miembros de las fuerzas de seguridad: uno de los muchos temas urgentes que pone sobre la mesa el de Ursula Bahillo. Reflejo de eso es que en las últimas horas Ni Una Menos convocó a una concentración para el jueves 17 haciendo una alerta: “Uno de cada cinco femicidios en nuestro país es cometido por miembros de fuerzas de seguridad”. En la imagen de la convocatoria unas chicas sostienen una bandera que interroga: “¿De la Policía quién nos cuida?” Es una sensación que deja en la sociedad la muerte de Ursula, potenciada por la represión a la pueblada de los vecinos de Rojas.

Cuando se interceptan la violencia machista y la estatal se potencian“, define María del Carmen Verdú, referente de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi). “Parte de la dimensión constitutiva de la violencia de género es cómo funciona la corporación masculina, que es clave en las fuerzas de seguridad para generar un contexto de impunidad, connivencia y silenciamiento entre varones, sobre todo en espacios tan jerarquizados”, aporta a Página/12 la subsecretaria de Abordaje Integral de las Violencias por Razones de Género de la Nación, Laurana Malacalza.

Ursula tenía 18 años. Antes de ser asesinada por su expareja, Matías Martínez –oficial de la Bonaerense–, lo había denunciado varias veces en la Comisaría de la Mujer. El tenía licencia psiquiátrica desde diciembre. No se lo separó de la fuerza ni se tomaron acciones disciplinarias. El caso de Ursula no es aislado. Giselle Martín, Romina Ibarra, Norma Milessi, Erika Gisela González, Gisela Rojas, Brenda Solange Guerault y Myriam Gladys Illobre son nombres propios del mismo horror.

Según el observatorio de Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), el 12 por ciento de los femicidios de este año sucedió a manos de personal de las fuerzas de seguridad. “Queremos que la Ley Micaela se aplique y se cumpla dentro de las fuerzas y que el Estado monitoree a quienes están a cargo de nuestra seguridad, porque ellos también nos matan”, manifestó la organización en un comunicado. De aquel 12 por ciento el 33 fue con arma reglamentaria. Un relevamiento del Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven revela que en enero hubo 33 femicidios en la Argentina, tres de ellos perpetrados por uniformados (dos militares y un policía). En 2020 fueron ocho los casos de estas características. Desde 2018 hasta la actualidad, 214 femicidas pertenecen o han pertenecido a alguna fuerza de acuerdo de acuerdo al monitoreo de La Casa del Encuentro.

Por su parte, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) posee números que abarcan el período 2010-2020. Solamente en AMBA, en una década, al menos 48 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas policías; 17 de ellas eran funcionarias de seguridad. La mayoría tenía menos de 35 años y muchas eran madres o estaban embarazadas cuando las mataron. “Una de las cuestiones que se repiten –que no se vio en el caso de Ursula– es el rol del arma reglamentaria. Los policías en general la portan las 24 horas. Hay episodios en que aparece como la herramienta con la que se hostiga, se amenaza o se infligen heridas sobre las víctimas”, señala Victoria Darraidou, coordinadora del equipo de Políticas de Seguridad y Violencia Institucional del CELS.

La normativa de las policías de algunas provincias restringe la portación del arma si el funcionario fue denunciado por violencia machista, “pero muchas veces no existe una denuncia previa formal”, puntualiza el informe del organismo. El Ministerio de Seguridad reforzó en 2020 la prohibición para que los agentes federales denunciados portaran las armas que les asigna el Estado. Antes debía existir una orden del Poder Judicial. “Sería relevante extender esta normativa a todas las policías”, sugiere Darraidou.

También está el problema del encubrimiento policial. “Por lo general en casos de violencia institucional las respuestas policiales tratan de hacer valer su propia versión. La Policía cumple una de sus funciones, que es ser auxiliar de la Justicia, y tiene un rol en la escena de un crimen. Hay casos que muestran cómo se trata de entorpecerla para hacer valer la versión policial. Lo importante sería que se disponga la intervención de otra fuerza distinta a la que el implicado pertenece”, analiza. “En muchos casos las mujeres víctimas también son integrantes de las fuerzas, lo que muestra un traslado hacia la vida privada de los patrones de discriminación, acoso laboral y violencia de género que están extendidos al interior de las policías”, puntualiza CELS. 

La Correpi acuñó la expresión “femicidios de uniformela primera causa de muerte de mujeres a manos del aparato represivo estatal”. Desde 1992 hasta la fecha se registran 392 femicidios de uniforme sobre un total de 674 víctimas mujeres de la represión estatal. “En la mayoría de los casos es con arma reglamentaria. Otra modalidad habitual es el ahorcamiento y (los asesinos) fraguan suicidio”, detalla Verdú. “El estado policial implica que cuando sos policía lo sos 24 x 24. En algunas fuerzas, como la Federal, es optativo, pero los tipos no lo toman así. Una medida que venimos planteando a Seguridad es prohibir el uso del arma reglamentaria. Bajaría el gatillo fácil en un 50 por ciento y en un 70 a los femicidios de uniforme”, asegura la abogada.

“No resulta verosímil que las respuestas puedan venir del propio Estado que genera esta estructura. Uno va a una comisaría porque lo llevan preso o para asistir presos. Todo lo demás se hace en otro lado, como las fiscalías. Donde no hay fiscalías hay juzgados. Las comisarías de la mujer son la misma comisaría de siempre con un cartelito que dice ‘de la mujer’. Creo que tenemos que sacar del escenario a las fuerzas. Hay otros lugares de recepción de denuncias atendidos por personal civil”, plantea Verdú. La encrucijada es muy compleja: “Esto no se resuelve con más juezas mujeres o con la incorporación de la perspectiva de género en las fuerzas. Es un tema estructural. El aparato judicial y represivo están construidos a imagen y semejanza de los intereses y privilegios que defienden. La misma fiscalía que investiga el femicidio de Ursula es la que no le dio pelota con las amenazas. ¿Se va a sancionar a sí misma?” 

Por su parte, Malacalza expresa: “Lo que muestra el caso de Ursula es la desarticulación entre los distintos agentes del Estado que intervienen en situaciones de violencia de género. Con el Plan Nacional de Acción contra las Violencias buscamos esa articulación para dar una propuesta integral”. La funcionaria añade: “Tanto en las fuerzas de seguridad como en el Poder Judicial no se pone en valor el testimonio de una persona que se acerca a una dependencia estatal a buscar una medida de protección y asistencia en un contexto de altísimo riesgo. Cuando hay antecedentes como formar parte de una fuerza o tener antecedentes vinculados a la salud mental del agresor se requiere inmediatez“.

En tanto, la ministra de Seguridad Sabina Frederic encabezó el miércoles el primer encuentro virtual de la Mesa Federal de Seguridad, Género y Diversidad, que busca crear un “espacio de diálogo e intercambio” entre las áreas especializadas en temáticas de género y diversidad de las carteras de seguridad provinciales y el Gobierno. También promover y diseñar políticas públicas tendientes a “garantizar el respeto por los derechos humanos en el accionar de las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales y provinciales”. Las calles se expresarán el jueves 17 en contra de la justicia patriarcal y la represión policial.



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“Me mandé una cagada” | Opinión



“Me mandé una cagada”, dijo Matías Ezequiel Martínez, luego de matar a puñaladas a su exnovia Ursula Bahillo. Cagada: “Acción torpe o equivocada”, dice el diccionario. Cagada suena a tan poca cosa. “Me quiero matar”, dijo después, como tantos otros femicidas. Como tantos otros que también dijeron “Me mandé una macana” (una cosita de nada, ¿no?) o:

Se me fue la mano

No sé lo que hice

No sé por qué lo hice

“No sé por qué maté a mi esposa”, dijo Fernando Farré y la acribilló con 74 puñaladas. “No soy un femicida, nunca le pegué a nadie”, dijo también. Como tantos otros que repiten en la intimidad, por teléfono o con la respiración apretada a la cara de su presa:

Si no estás conmigo, no estás con nadie

Mirá cómo me ponés

Vos te lo buscaste

No voy a permitir que estés con otro

Si me dejás, me mato

Si lo contás, te mato

Los femicidas no solo matan. Aun cuando lo reconocen, minimizan lo que hicieron, al nombrarlo o al callar. ¿A quién les hablan? Ya lo han dicho las expertas, el femicidia con su acto les habla a los hombres. A otros hombres que están en la misma, que los pueden entender, que saben de qué está hablando. Por supuesto, la culpa siempre la descargan en la otra, en la víctima, en la novia, mujer, suegra, ex; hasta que después de haberles quitado la vida, se dan cuenta de lo que hicieron (cuando no lo niegan), pero la culpa nunca es de ellos. En todo caso será una metida de pata, un error, y ¿quién no puede tener un error?

“Era solo abusar de ella”, dijo un femicida nicaraguense, y la violó y la mató junto a su primo, con premeditación. “Nadie te va a creer”, dijeron muchos. Acá y en toda Latinoamérica: “calladita te ves más bonita”, o “acá se hace lo que dijo yo”.

“Si no sos mía, no vas a ser de nadie”, le dijo Fabián Tablado a Carolina Aló, y la mató de 114 puñaladas, en 1996.

“Estás loca, nunca pasó, te inventas todo”, dijeron muchos, acá y en países de habla inglesa.

“Me hacían la vida imposible, eran ellas o yo”, dijo el femicida Ricardo Barreda, que había matado a sus dos hijas, a su esposa y a su suegra con una escopeta, en 1992.

“Siempre le pegué a todas mis mujeres y nunca había pasado nada”, dijo Carlos Monzón, femicida de Alicia Muñiz, en 1988, cuando apenas se hablaba de “mujeres golpeadas” porque no se nombraba siquiera la violencia contra las mujeres y menos la violencia de género. La naturalización de la violencia se exhibía con impunidad: “Quién no le ha pegado alguna vez a una mujer”, dijo entonces Alain Delon, amigo del campeón.

Desde mucho antes, todo el tiempo, hombres, mujeres, medios de comunicación, poder judicial, profesores y profesoras, todes, dijeron: Las mujeres dicen ‘No”, cuando en realidad quieren decir ‘Sí´. Se lo buscó por andar vestida así. Las mujeres no denuncian la violencia porque les gusta/son masoquistas. Mi marido me pega lo normal. Deberías ser un poco más femenina. La violencia contra las mujeres es un tema privado, no hay que meterse. Los hombres no lloran. Si un niño te trata mal es porque le gustás. Fue un crimen pasional. La mató por celos…

La lista sigue, por supuesto. Nuestro lenguaje está poblado de expresiones que justifican y sostienen la violencia, el sometimiento de las mujeres y la desigualdad. Quienes venimos del campo de la comunicación hace años proponemos la reflexión sobre el lenguaje, para desmontarlo y modificarlo.

Hoy decimos:#JusticiaporUrsula #Bastadefemicidios #Niunamenos



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La redifusión de “Macho lindo corazón”, el tema de los Palmeras para Carlos Monzón | El femicida tiene quién le cante



“Macho lindo corazón, que tuviste la guapeza de consagrarte campeón”. Así dice la milonga grabada por Los Palmeras hace años, que en enero, con el aniversario de la muerte del femicida Carlos Monzón, se volvió viral. El tema no ahorra elogios: “Te admiro como argentino por tu proeza cumplida”, “glorioso fue tu destino”, “la ley de tu coraje merece toda alabanza”, son algunas de sus estrofas. Basta que suenen Los Palmeras en una fiesta para que todo sea baile. Y todas, todos, todes mueven las caderas mientras cantan “ella tiene un bombón asesino”, por nombrar sólo la canción más conocida. La cumbia santafesina tiene su mayor expresión en esta banda con más de medio siglo de antigüedad. Como el liso, forma parte de la identidad de una ciudad que tiene en su costanera un monumento de ocho metros de altura dedicado al campeón de boxeo muerto el 8 de enero de 1995 en un accidente de tránsito, cuando volvía de una de las salidas transitorias de la cárcel donde cumplía condena por matar a Alicia Muñiz, crimen cometido el 14 de febrero de 1988. Ni Una Menos de Santa Fe, una mesa de articulación de decenas de organizaciones feministas y de la diversidad sexual, se pronunció enseguida. En esa ciudad, el boxeador es intocable y quien lo haga, se expone a agresiones, además de las ya conocidas llamadas a “separar al campeón de su vida privada”.

“Matar a su pareja no es un tema de la vida privada, de Monzón ni de nadie. Es un delito muy grave, tan grave que si hubiera ocurrido hoy a Monzón en vez de once años de prisión le hubieran dado perpetua. Repudiamos las letras que minimizan y que ignoran al Monzón femicida”, dijo Marta Fassino, militante feminista y ex concejal, acostumbrada a que la insulten en redes y en comentarios de las páginas web de los medios santafesinos cuando habla del ídolo popular. “Esta canción me parece muy en contra de dónde tiene que ir una histórica y correcta transformación cultural de la sociedad. Los Palmeras deberían pedir perdón por esa letra, sacar del mercado el tema. El movimiento de mujeres aplaudiría si Los Palmeras pidieran perdón y sacaran el tema. También tendrían que cambiar sus letras machistas. Les haría falta una clase de violencia machista, no solamente a Los Palmeras pero ahora hablamos de ellos”, siguió la activista, que forma parte de un activo movimiento feminista de la capital de la provincia de Santa Fe.

Alicia Muñiz era uruguaya, tenía 32 años, un hijo pequeño en común con su femicida. Había retomado su carrera de modelo y actriz, y el violento rechazaba que ella trabaje. En 1988 nadie hablaba de femicidio, y el crimen encontraba muchos justificadores. Monzón había asegurado que fue un accidente: hicieron falta dos autopsias y la determinación de funcionarios judiciales como el fiscal Carlos Pelliza y la jueza Alicia Ramos Fondeville, entre otros. “Uno de los grandes méritos, además de no permitir la impunidad, fue poner en evidencia el tema de la mujer maltratada. A partir de ahí se incrementaron las denuncias, se crearon comisarías de la mujer. Eso fue muy importante. Fue una sacudida en todo el país este juicio. Veo que la lucha continúa porque los femicidios siguen sucediendo y hay una violencia impresionante. Y la de los hombres a las mujeres es algo terrible porque es algo cultural”, dijo la jueza en una entrevista a Noticias, en 2019, cuando se estrenó una serie de Netflix sobre la vida de Monzón. Que ese crimen y ese juicio fueran una bisagra se debió, sobre todo, a la determinación de los grupos feministas que salieron a la calle y se plantaron en la puerta de los Tribunales cada día del juicio oral y público que terminó con una condena a once años de prisión por homicidio simple (el fiscal había pedido 18 años).

Más de 30 años después, la canción de Los Palmeras –revivida en YouTube– reinstala un debate nada saldado. “¿Por qué esta es una tormenta perfecta en esta ciudad? Se dan tres circunstancias que hacen que esta polémica tome tanta virulencia. Por un lado la desigualdad de género, vivimos en una sociedad patriarcal. Segundo, el chauvinismo del pago chico, el orgullo local de tener un campeón de boxeo, para una ciudad pequeña comparada con Rosario (eterna rival de la capital provincial). Y el otro elemento es la implicancia del grupo musical más famoso que ha tenido Santa Fe en la historia. Es un grupo de hace mucho tiempo, de mucho renombre”, señala Nidia Kreig, también feminista e integrante de Ni Una Menos. Y agrega que el problema no es la cumbia, sino los temas misóginos (que los hay en todos los géneros musicales). La activista recuerda “la reivindicación que hacen las pibas, como por ejemplo, las integrantes de Rebelión en la zanja, ellas dicen que adoptan la cumbia porque es lo popular, lo marginal, lo marrón y lo negro, pero necesitan darle otro contenido y por eso tienen temas como ‘Rajá de acá’ donde hablan de macho facho”.

Hablar de Carlos Monzón podría parecer un anacronismo, pero la vuelta la resucitación del tema musical muestra muchas heridas abiertas. Los tiempos han cambiado, sí, aunque no tanto. Hay núcleos resistentes, que en Santa Fe se expresan en forma de violentos insultos a las feministas allí donde las mencionan. La misoginia no es cosa del pasado, está claro. Uno de los líderes de Los Palmeras, Marcos Camino, aseguró que es un tema antiguo, que ni siquiera es de autoría del grupo, y que no sabe por qué se puso de nuevo en circulación. Tuvieron que llamarlo dos veces del programa Run Run del Espectáculo, el programa de Crónica TV, para que diera alguna explicación. “Nosotros hemos grabado esta canción hace 30 años, cuando se cumplió un aniversario, creo que 20 años de que Carlos ganó el campeonato mundial de box, esto no nació ahora, por tanto creo que lo que se está diciendo no es la verdad ni es lo que nosotros pensamos”, dijo el acordeonista del grupo. Y recordó que “más allá” de la amistad de Los Palmeras con Monzón, el grupo está “a favor de la lucha de las mujeres”. No creen lo mismo las mujeres que integran la Orquesta Filarmónica de Mendoza, que en marzo de 2020 se negaron a tocar con ellos por sus letras sexistas.

Tampoco lo cree Silvina Sierra, integrante de Ni Una Menos Santa Fe, una de las caras visibles del repudio. Para ella, la redifusión del tema musical es “una provocación”. “No sé concretamente quién largó esa canción, porque Camino dijo que la habían grabado cuando se cumplieron 20 años de que él había ganado la corona. Y no dan los números, porque eso fue en 1990. A Alicia, Monzón la mató en 1988”, hace la cuenta Sierra. El santafesino conquistó el campeonato del mundo el 7 de noviembre de 1970. Es decir que, si es como lo dice Camino, la canción se hizo cuando el deportista ya había sido condenado por homicidio simple.

“A mí me parece que esto es una gran provocación, independientemente de que la canción sea vieja, que se nota que lo es. Empezó a viralizarse cuando se cumplieron 26 años de la muerte. Me parece una gran provocación, una reivindicación del macho que se lleva el mundo por delante, que golpea a las mujeres para ejercer poder y disciplinar”, dice Sierra. “Es una provocación a un movimiento que viene desde hace años levantando una bandera como es Ni Una Menos. Parece más una reivindicación del macho que la intención de homenajearlo por los títulos que tuvo”, dice la activista, quien recuerda algo que es palpable en cualquier fiesta –y a quién no le ha pasado– “el ritmo es pegadizo, la gente baila sin saber lo que está cantando. En esa época a lo mejor pasaba desapercibido, pero en esta época ya basta, hagan otras canciones, dejen de cosificar a las mujeres, de denigrarlas”.

La propuesta para Los Palmeras de Mabel Busaniche, histórica militante feminista santafesina, una de las pioneras de la Educación Sexual Integral en la provincia, es concreta. “Que hagan un desagravio social, haciendo un concurso de letras de cumbia y que –con asesores y asesoras con perspectiva de género– pueda elegirse la mejor canción no sexista. Siempre es bueno que incluso los artistas, los que tienen que aportar a la deconstrucción, tengan que hacer una capacitación de la ley Micaela, para no cometer estas barbaridades”, propuso claramente Busaniche. “Hay que ser consciente de que hay una juventud que se está preguntando. Después de la pandemia vamos a tener una juventud que quiere construir una nueva era, donde estas cosas no existan, por algo estamos luchando por un lenguaje no sexista, que va acompañado de los cambios. Precisamente porque el lenguaje expresa las desigualdades”, agregó la activista. No solamente les reclam que pidan perdón, sino que retiren esa canción de circulación y que tengan acciones concretas de desagravio “a la sociedad, a la ciudadanía”. “El mundo está cambiando, no podemos decir todo, porque así estamos perpetuando las cosas que colaboran con los femicidios. Nadie quiere femicidios, ¿entonces cómo hacemos para prevenir los femicidios? ¿cómo hacemos para no construir más machirulos?”, planteó.

Con el monumento a Monzón intacto en la costanera santafesina, cada paseo por la zona se convierte en el refuerzo de un mensaje violento. Así lo escribieron en un artículo Busaniche y Kreig. “En el caso del monumento a Monzón, las mujeres estamos ocultas/negadas tras el héroe deportivo con los puños en alto en actitud victoriosa. La parte no develada pero que hace a la persona es que ese campeón mundial también es un femicida (si bien la tipificación jurídica es posterior al hecho, es la más apropiada para conceptualizar la forma más extrema de la violencia de género). Alicia Muñiz era una mujer que tenía sueños, proyectos, un hijo pequeño que era de ambos. No faltaron quienes en forma desembozada o encubierta –de manual– pretendieron hacerla responsable de su propia muerte, victimizando al victimario. El femicidio de Alicia Muñiz es emblemático porque permitió dar visibilidad a la violencia de género que por primera vez se instalaba en la primera plana de los diarios y se debatía en los programas de televisión. Su vida y su muerte confrontada a las glorias deportivas del ídolo popular parecieran tener menos valía. Pero el movimiento de mujeres no olvida”, hicieron público el 14 de febrero de 2018, cuando se cumplían 30 años del crimen.

Alicia Muñiz es un nombre para recordar. Beba Lorenzo fue la empresaria de modas que la contrató cuando ella volvió a trabajar de modelo. “Cuando yo hacía el desfile en el Bauen, ella venía siempre con su mamá y su niño. Se ha portado bárbaro con todo el equipo de modelos. Nunca trajo problemas”, la recordó para Las12. “Ella estaba enamorada de Monzón, él siempre fue agresivo. Ella contaba que él iba y le hacía escándalos. Un día contó que cuando vivía en un departamento en Belgrano, tuvo que bajar nueve pisos corriendo, esconderse en el kiosco del diario porque él la perseguía con un cuchillo”, recordó la empresaria, quien la definió como “espléndida”.

Desde Estados Unidos, una de las mejores amigas de Alicia Muñiz muestra su conmoción al escuchar el tema de Los Palmeras. “No puedo ser para nada objetiva, porque después de todo, si por algo me localizaste es porque sabés que yo era muy amiga de Alicia, entonces jamás voy a ser objetiva. Entiendo que el tipo fue un ídolo, que los hombres, los apasionados del deporte, del boxeo, hayan disfrutado al cien por ciento de su trayectoria y su forma de boxear que fue impresionante. Eso lo puedo reconocer, pero obviamente no puedo soportar este tipo de cosas, me hace mal”, expresa Carmen Carrasco ante la consulta. Ella misma hace un paralelo que parece inevitable, aunque con diferencias nada pequeñas. “Entiendo que es como el tema de Maradona, que dicen que era esto, era otro, hijo de la madre, irrespetuoso. Todas las cosas que dicen de Maradona, sin embargo, yo disfruté mucho de la época en que jugó, qué sé yo, vos decís de qué lado te ponés. Pero en este caso, es un femicida, es diferente. El otro también le faltaba el respeto a las mujeres. He vivido muchas situaciones cerca de él donde he visto cómo se comportaba. Es lidiar con un hilo muy fino donde de pronto te ponés de un lado y mirás cómo es como deportista o te ponés del otro y mirás cómo es como persona. En el caso de Monzón, esto me afecta un poco porque se trata de una amiga mía”, dice Carmen sobre la canción que elogia al “macho lindo” que mató a Alicia Muñiz.

Mucho se habla de “la época” para justificar la misoginia. ¿Matar estaba bien en 1988? No hace falta recurrir a literatura feminista para desmentir que era un imperativo defender al femicida. Osvaldo Soriano hizo en 1997 una semblanza de Monzón en la revista El Gráfico, que luego se incluyó en el libro Piratas, fantasmas y dinosaurios. Este texto fue rescatado por el periódico Pausa, de Santa Fe. Allí se lee: “Monzón nació en una villa miseria, se abrió paso en silencio y nunca se le ocurrió pensar en los demás. Enseguida se compró una estancia, empezó a romperles la cara a las mujeres, una más linda que otra, y al fin mató a Alicia Muñiz. Los periódicos hicieron del asesinato un dato menor, una anécdota más en la vida del campeón”.

Desde Ni Una Menos, Kreig retoma a Soriano. “Es extraordinario cuando dice que el periodismo convirtió al asesinato de Alicai Muñiz en una anécdota más en la vida del campeón, eso es lo que pretenden al reivindicar al deportista. No podemos borrar a Alicia Muñiz. Su femicidio abrió, hizo público, puso en el debate el tema de la violencia de género. No podemos permitir que se siga minimizando la violencia de género, homenajeando al macho”, expresa la activista. No se trata de cancelación, cada quien puede bailar con lo que más le guste.



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