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Coronavirus: acto en Plaza de Mayo de les enfermeres porteñes | En el Día de la Enfermería, homenajearon a los muertos en la pandemia y reiteraron el reclamo de la inclusión en la carrera de profesionales de la salud



Trabajadores de la Asociación de Licenciados en Enfermería (ALE) cumplieron hoy su segunda jornada de paro de actividades, en el marco del Día de la Enfermería, con un acto en la Plaza de Mayo en reclamo de “salarios dignos” y la “inclusión en la carrera profesional de la salud de la ciudad de Buenos Aires”.

La organización que agrupa a los enfermeros realizó este mediodía un minuto de silencio para recordar a los trabajadores del sector que fallecieron por coronavirus y una suelta de globos negros en la Plaza de Mayo, donde dieron por finalizado el acampe que habían comenzado ayer.

Como parte del acto, los miembros del sector de Enfermería de la Ciudad de Buenos Aires dieron una vuelta a la Pirámide de Mayo, emulando las tradicionales rondas de los jueves de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Carolina Cáceres, enfermera del Hospital Tornú y referente de ALE, dijo a Télam que el paro de actividades que comenzó el viernes “se realizó con una gran adhesión y también tuvimos una importante movilización donde nos acompañaron muchos compañeros de todos los hospitales de CABA, personal del Garraham y de hospitales de la Provincia de Buenos Aires”. “Pasamos toda la noche, y a las 12 hicimos un minuto de silencio por los compañeros que han luchado contra la pandemia y la precarización”, agregó.

La referente dijo también que si bien este sábado “termina el acampe, vamos a seguir con asambleas, porque la lucha no termina ante la falta de respuestas”.

Por otra parte, señaló que “ningún funcionario del Gobierno de la Ciudad se ha acercado a tener diálogo”, y consideró “urgente que nos ocupemos de nuestras vidas, salarios y derechos. Vamos a seguir hasta que logremos el reconocimiento profesional”.

En noviembre de 2018, la Legislatura porteña modificó la ley 6.035, que actualmente reconoce 24 profesiones de la salud, como médicos, odontólogos, fisioterapeutas, fonoaudiólogos y nutricionistas, pero no incluye a los licenciados en enfermería. Al ser excluidos de esa ley, el salario de los licenciados en enfermería es inferior al de esas 24 profesiones.

Sobre este punto, la legisladora Victoria Montenegro –que acompaña el reclamo de les enfermeres– contó a Télam: “Cuando asumí, hace tres años, uno de los principales proyectos justamente era la incorporación de los licenciados de enfermería a la carrera profesional, pero en el medio el jefe de Gobierno acerca la propuesta de modificar la carrera de los profesionales de la salud”.

“Había cuestiones a rever y era la oportunidad de incorporar a los licenciados en enfermería, pero la decisión política del jefe de Gobierno (Horacio Rodríguez Larreta) fue que no se incorpore a los enfermeros y a partir de ahí lo que sucedió fue que se empezaron a movilizar, a lo que vino la pandemia y el reclamo cobró más ímpetu”, afirmó.

Consultada sobre los motivos por los que se tomó esa decisión, Montenegro sostuvo que “no hay un argumento, porque existe una cuestión que parece natural porque la ley incorpora los años de estudios universitarios, la cercanía con el paciente está, así que técnicamente no hay argumento sino decisiones políticas”.

“El reconocimiento también significaría el incremento de los sueldos, que para el Presupuesto de la Ciudad es ínfimo, así como la valoración de los días de estrés que hoy no los pueden tomar”, concluyó.



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Enfermeros y enfermeras reclamaron ser reconocidos como profesionales en la ciudad | Paro, marcha y acampe en Plaza de Mayo por el Día de la Enfermería



Una multitud de enfermeros y enfermeras de la ciudad de Buenos Aires copó el centro porteño: hubo paro en los hospitales, acampe en Plaza de Mayo, mucho ambo en las calles y un reclamo central: ser reconocidos como profesionales de la salud, una categoría de la que la gestión macrista los excluyó. La movilización se organizó en la víspera del Día de la Enfermería, que se celebra este sábado. Y volvió a visibilizar el doble discurso del gobierno porteño: mientras se elogia la tarea del personal de salud en la emergencia sanitaria, a enfermeras y enfermeros se les niegan derechos básicos como la licencia o las vacaciones. A las condiciones de trabajo agravadas este año por la pandemia, se le sumó también el malestar por el atraso salarial.

Desde los hospitales de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires, cientos de profesionales de la salud se acercaron este viernes a las inmediaciones del Congreso para movlizarse hasta Plaza de Mayo por la profesionalización de la actividad y “por un salario digno”: el sueldo de la categoría de enfermería apenas llega a 35 mil pesos.

También hubo paros y movilizaciones en Neuquén y en Córdoba. “Este es un reclamo federal, porque el maltrato hacia nuestra profesión no hace diferencias”, señaló a Página/12 Clara Bibiloni, enfermera de terapia intensiva en el Hospital Fernández. Después de la marcha, los trabajadores de la salud acamparon en Plaza de Mayo. 

Hay una frase que resuena desde el 2018: “La enfermería es profesional”. Ese año, cuando al sancionar la Ley 6035 la Legislatura porteña dejó a los enfermeros y enfermeras excluidos de la categoría de profesionales de la salud, empezó la lucha de los trabajadores de los hospitales que dependen del Gobierno de la Ciudad. 

Este viernes, la bandera principal que encabezaba la marcha llevó un mensaje contundente: “No a la violencia contra enfermería”. A principios de octubre, en la movilización durante el Día de la Sanidad, un conjunto de enfermeras que se manifestaban en la puerta de la Legislatura fueron golpeadas por la Policía de la Ciudad. Bibiloni, que fue una de ellas, relató: “Lloro muchas veces, antes o después de ir a trabajar. Estoy agotada, llegando a un pico de estrés, y aun así tengo que seguir remando, pensando en sumar nuevos trabajos para llegar a fin de mes”.

De fondo, los cantos acompañaban la movilización que avanzaba por Avenida de Mayo: “reprimen, silencian; mientras la salud espera, seguimos luchando por el pase a la carrera”. Dos enfermeras, que llevaban escritas frases sobre sus ambos blancos, intentaban acomodar su bandera del Hospital Sardá, la maternidad de donde salió la movilización que, a fines de octubre, culminó con un acampe frente a la casa de Gobierno porteño. “La postura de (el ministro de salud porteño, Fernán) Quirós es firme: no quiere reconocer que los enfermeros son profesionales de la salud”, afirmó Rodolfo Arrechea, titular de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE Capital), y advirtió que “si no hay respuesta, vamos a hacer un paro nacional y a pedirle al Presidente, Alberto Fernández, que nos reciba”. 

Si bien entre los referentes corría el rumor de una posible reunión en la Casa Rosada, finalmente no se concretó, aunque pudieron entregar una carta dirigida al Presidente. “Venimos desde el inicio de la pandemia poniendo el cuerpo y dejando la vida en los hospitales”, relataron en el escrito, en el que le solicitaron que convoque a una reunión “de carácter urgente” con los ministros de Salud de la Provincia, de la Ciudad y de Nación. “Sentimos que al día de la fecha ese reconocimiento social no se tradujo a nivel laboral, salarial y profesional”, advirtieron los referentes de las diferentes organizaciones que participaron del reclamo.

 

La columna vertebral del Hospital

La semana pasada, la Asociación de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires (Cicop), convocó a una gran caravana por la Ciudad, que terminó con un reclamo frente al Ministerio nacional de Salud. Este viernes, enfermeros y enfermeras de toda la Provincia de Buenos Aires –del Hospital Eva Perón, del partido de San Martín, del Estéves, de Lomas de Zamora, y del Oñativia, de Rafael Calzada, entre otros– se sumaron a la movilización. “Es triste que arriesguemos nuestra vida y no se nos reconozca con un salario digno. La lucha es común para todos los enfermeros del país”, señaló María, que estudió en la Cruz Roja y en la Universidad de La Plata, y trabaja hace 10 años en el Oñativia.

“La enfermería es la columna vertebral de toda institución de salud, si no mantenés fuerte tu columna vertebral el resto del cuerpo no funciona bien”, explicó Celia Giménez, enfermera en el Hospital Oftalmológico Santa Lucía, y agregó: “La energía para reclamar la sacamos de la vocación, porque las ganas de servir a la sociedad es parte de nuestro pensamiento y no queremos dejar de hacerlo”.

Al masivo reclamo de enfermería, el martes pasado se sumaron los médicos: profesionales de distintas especialidades de los hospitales porteños llevaron adelante un paro de 24 horas para manifestar su rechazo al aumento del 23 por ciento –en tres cuotas– que les propuso el Gobierno de la Ciudad. Si bien la Asociación de Médicos Municipales (AMM) no convocó a una movilización, un movimiento de médicos, concurrentes y residentes autoconvocados se manifestaron frente a la casa de Gobierno porteño.

Este viernes la expansión del reclamo podía verse en las banderas que sostenían los trabajadores de los distintos centros de salud: Méndez, Rivadavia, Borda, Moyano, Posadas, y también el Hospital Garrahan, en el que se reunieron “con una convocatoria multitudinaria” para salir hacia Plaza de Mayo. “La sensación oscila entre la emoción y la tristeza por estar en esta situación siendo un centro de salud de tanta referencia para el país”, se lamentó Norma Lezama, titular de la Asociación de Profesionales y Técnicos del Garrahan.

La semana pasada, los profesionales del Hospital presentaron una carta dirigida al ministro Ginés González García, en la que manifestaron su rechazo al 7 por ciento de aumento que el Consejo de Administración les propuso. “La respuesta fue la oferta de un bono de 10 mil para cobrar por única vez. El problema de los bonos, así como los módulos y las horas extra, es que no son soluciones a largo plazo. Queremos discutir verdaderamente nuestro salario”, explicó a este diario Pino Oroz, referente de ATE en el Garrahan, y remarcó que “fue un año muy estresante”.

Una profesión no reconocida

Para asegurar las guardias mínimas hubo quienes, como parte de la lucha, se quedaron en los hospitales porque no pueden dejar de atender a los pacientes. “Hoy, que estamos de paro, no hay quien cumpla las tareas que hacemos en el Hospital”, advirtió Liliana, que hace 35 años es enfermera y hace 20 trabaja en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. “Yo reclamo para los que vienen, para los que están estudiando”, afirmó y remarcó que la suya “es una profesión muy linda pero poco reconocida”.

En medio de la avenida, Liliana y sus compañeros del Hospital Gutiérrez acarreaban una pequeña camilla con un muñeco de plástico y, atados a los costados, dos tubos de los que colgaban recipientes con líquidos transparentes y rojos que se movían a cada paso. “Esto es para que los que deciden nuestros salarios vean a qué nos enfrentamos cada día. Cómo trabajamos con los pacientes. Vivimos situaciones de mucha presión”, explicó la enfermera, quizás la más experimentada del grupo.

Instrumentadores quirúrgicos, licenciados en bioimágenes y enfermeros y enfermeras llevan adelante un mismo reclamo: que las autoridades de la Ciudad los recategorice como profesionales de la salud. “Es un pedido histórico por una vida mejor, por un sueldo acorde a la importancia que nos dicen que tenemos”, agregó Julia, que trabaja en el Cesac 46, ubicado en el barrio de La Boca.

 

Cerca de las dos de la tarde, el masivo reclamo que ocupaba más de tres cuadras llegó a Plaza de Mayo, donde se instaló el acampe. Reynaldo llegó junto a su compañera que, como él, trabaja en enfermería en el Hospital Fernández. “Enfrentamos situaciones terribles y resistimos durante todo el año, reclamando mientras trabajábamos, sin desatender la situación”, relató el hombre, vestido con su ropa de trabajo, y se preguntó: “¿para qué nos formamos, estudiamos, trabajamos tanto, si nadie nos lo reconoce?”. 



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Trabajadores de la Sanidad marchan en su día y piden ayuda para que no colapse el sistema de salud

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En el Día de la Sanidad, enfermeros reclamarán mejores condiciones laborales y salariales | “El GCBA nos discrimina e insulta a la enfermería en cada una de sus decisiones”, expusieron en un comunicado



En el Día de la Sanidad, profesionales de la enfermería y representantes gremiales del sector llevarán a cabo una “Jornada de lucha” a nivel nacional para reclamar mejores condiciones laborales y salariales en el marco de la pandemia de coronavirus. Además, los enfermeros de la Ciudad de Buenos Aires se movilizarán para pedir al Gobierno porteño la inclusión a la ley 6.035, que los reconozca como profesionales de la salud.

Según informó la Asociación de Licenciados en Enfermería (ALE), a través de un comunicado, en el ámbito de CABA, la jornada del “21S” incluirá una conferencia de prensa en el Obelisco, a las 9, y una marcha de enfermerxs autoconvocadxs desde el Congreso hacia Plaza de Mayo, que iniciará a las 10.

“Desde mucho antes de que iniciara está Pandemia, las enfermeras y enfermeros nos encontramos en pie de lucha por la histórica falta de reconocimiento a nuestra profesión y las desigualdades que esta provoca”, expone el comunicado. “La Pandemia irrumpió en nuestra lucha, y destacó nuestro rol, pero las políticas de salud del GCBA continuaron precarizando al equipo de salud en general y a la Enfermería en particular y con mayor énfasis, fiel al modelo verticalista y patriarcal al que el sistema de salud aún se aferra”, agrega.

La normativa 6.305, aprobada en 2018, incluye a las distintas especialidades que trabajan en el sistema hospitalario y sanitario de la Ciudad, pero excluye a enfermeros, técnicos en instrumentación y especialistas en bioimágenes, quienes son categorizados como “trabajadores de la administración pública”. Los profesionales de enfermería sostienen que esa condición los perjudica: sus salarios son 50% más bajos comparados con los de otros trabajadores de la salud y no se reconocen derechos laborales, como las licencias por estrés profesional.

“Mientras seguimos lamentando ser más de la mitad de los contagios en personal de salud, lo que evidencia que estamos en la primera línea, la falta de reconocimiento por parte del gobierno continúa y la inequidad salarial es tal que nuestros salarios están aproximadamente $30.000 por debajo del resto de profesionales. Las paritarias siguen postergándose y son reducidas al anuncio de un bono insuficiente e inequitativo. El GCBA nos discrimina e insulta a la Enfermería en cada una de sus decisiones: ofrece un bono de 2 cuotas de $10.000 para profesionales de la salud, pero otra vez nos excluye y para lxs profesionales de enfermería son 2 bonos de $5.000 en las mismas fechas. Es decir, Larreta no la reconoce como Profesión y por ello parece valer la mitad que el resto”, expresa ALE.

Según un relevamiento realizado por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), a nivel país se registraron 32.300 contagios y 110 muertes por COVID-19 entre los trabajadores de la salud.

“Lxs trabajadorxs de la salud no podemos esperar más y requerimos medidas urgentes, que nos garanticen condiciones dignas de trabajo y salarios acordes”, cierra el escrito.

Día de la Sanidad: reconocimiento y pedido de ayuda

El presidente de la Sociedad Argentina de Enfermería, David Cardoso leanez, aseguró sentir “mucho orgullo” por el desempeño del personal de salud que “pone el cuerpo desde el inicio de la cuarentena”.

Y si bien reconoció que a seis meses del inicio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio “estamos agotados y nos acostamos cansados”, cada nuevo día “renuevan” su compromiso y esfuerzo “para seguir atendiéndolos, cuidándolos y previniendo”.

“Les pedimos que reconozcan nuestra labor, que entiendan estamos cansados y necesitamos su ayuda para que esto pueda controlarse y no termine de colapsar un sistema sanitario que ya está herido”, concluyó.



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No te dije adiós | Los duelos en la pandemia



La situación en este país se hace más grave y más siniestra –por los usos políticos de los efectos del virus–, y el descontrol asoma por la posición bolsonarista que, incluso frente al abismo al que llevó a Brasil el desquiciado, prende. Eso habilita algunas preguntas. ¿Cómo ha sido contada esta pandemia? ¿Cómo nos sigue siendo relatada? ¿Qué duda cabe de que los fenómenos sociales que se elaboran como respuesta a esta catástrofe tiene directa relación con aquello a lo que cada sector cree que le contesta?

Vi un video que deben haber visto muchos: muchos corredores trotando a paso lento frente al Hospital Zubizarreta, donde estaban estacionadas las ambulancias de las que bajaban camillas con personas con mascarillas puestas. Si correr está permitido y si tanta gente está segura de que las posibilidades de contagio disminuyen al aire libre, bueno, que corran. Pero, ¿por qué pasar haciéndolo frente a la puerta de un hospital en el que otra gente, creyera lo que creyera, ha caído gravemente frente al virus devaluado por la ultraderecha?

¿Qué desconexión hay ahí? ¿Qué lazo es el que se ha roto para que lo que se reivindica como un acto libre, correr, se lleve a cabo en la vereda de enfrente a quienes han perdido su derecho a la salud y quizá pierdan la libertad de estar vivos? ¿Qué expresa esa carencia de la mínima delicadeza, que era desviarse una cuadra? ¿Qué exhibía esa escena que en su capa más exterior provocaba repulsión?

Los de las camillas no eran robots. Eran personas. Los casi 5000 argentinos que han muerto no eran diferentes a nadie. No eran K. Eran hombres y mujeres y no todos eran viejos, que ahora parece que es una etapa de la vida que la ultraderecha pretende expropiarnos. Han muerto muchos miembros del personal sanitario. En todo el país. Médicos y médicas. Enfermeros y enfermeras. Camilleros, personal de limpieza. ¿Conocen la historia de alguno? ¿Han llorado al leer los testimonios de sus familiares, que no pudieron despedirlos? ¿Han escuchado cómo tiembla la voz que los recuerda, cuando recuerda que han muerto solos? ¿Cuánto se ha reflexionado sobre la muerte en soledad? ¿Qué sabemos de esos duelos? ¿Sabemos cómo son sus entierros? ¿Cómo deciden las familias quién va? ¿Y a los que les avisan que ya los han enterrado? ¿Cómo quedan?

¿Cómo quedan esos seres queridos a los que nadie les informa cuándo, cómo y dónde yace ese padre o hermano o abuelo al que tampoco acompañaron cuando la ambulancia se los llevó de sus casas? Lo escuché esta semana, en una voz española: “Quedamos… como si hubiera desaparecido de pronto, como si la tierra se lo hubiese tragado”.

Hay una película de 50 minutos, realizada por la televisión española, que se llama No te dije adiós, y es un homenaje a las más de 27.000 víctimas de la pandemia. Es dura, es difícil llegar hasta el final. Los separadores son figuras de personas caminando por la calle que de pronto se vacían y quedan solo sus siluetas. Como si hubiesen desaparecido. No es fácil ni es entretenido escuchar esas voces, ver esas fotos. Son puro desgarro, puro dolor. Nuestras sociedades no están preparadas para eso. Somos seres angustiados y neuróticos que hemos sido adiestrados por la cultura de masas para inclinarnos siempre hacia lo ligero, lo líquido, lo fantasioso. Y es entendible que uno llegue a la hora de irse a la cama con ganas de distraerse. Pero es que esto no se trata de una serie de Netflix que uno elige o no elige. Esto es la realidad.

Y esto duele, esto cuesta, esto nos ha puesto frente a una disyuntiva, que es si nos asomamos al dolor o lo evadimos. Cada uno sabrá cómo se lleva con el dolor, pero no hay nadie que tenga seguro contra el dolor. Y si ama, menos que menos. El límite de dolor que se escucha en ese homenaje a las víctimas españolas quizá obligue a parar por la mitad. Pero hay una dimensión ética mínima, que es responder a la realidad, y no a los espejismos, que obliga a participar de ese homenaje, como muchos participaron esta semana en la despedida a una neonatóloga del hospital Rivadavia, Laura Stanga, o del del Jefe de Enfermería del Hospital Evita, de Lanús, Sergio Rey, o los que lloraron a Martín Arjona, enfermero del Hospital Posadas.

Nos ha faltado ese relato de la realidad. Vemos todos los días contagiados saludables que a las dos semanas vuelven a escena y relatan sus jaquecas o su falta de gusto. Eso es todo. A los miles que han muerto y a las decenas de miles que los lloran les debemos saber esas historias. Nos lo debemos a nosotros mismos. Duele, pero nos ha tocado algo que duele, y no podemos ser tan pendejos como para no a acompañar en su sentimiento a tantos compatriotas.

Eso es un pueblo. Un colectivo inmenso que conserva, más allá de variadísimas diferencias, el respeto por la pérdida del otro. Por el dolor ajeno. En todas las culturas, en todos los tiempos, los muertos y su destino y tratamiento han representado la concepción de la vida. Los ritos funerarios cuentan más que lo que se supone que les interesa a los arqueólogos o los antropólogos. También lo que cuentan les interesa a los sociólogos. Cada pueblo, desde el principio de la historia, elaboró su estrategia frente al dolor y la pérdida. La nuestra, la sociedad del capitalismo extraviado, es indiferente nada menos que a la muerte, porque es la vida lo que le es indiferente.

 

Hay historias que deben ser relatadas y deben ser leídas no para entretenerse. Tanto en la génesis de ese relato como en su visión o lectura, hay un deber. Lo que vemos hoy es gente que no quiere ser alcanzada por ese tipo de miedo ni rozada por ese tipo de dolor. Este sistema generador de odio y de crueldad se sanitiza con indiferencia. No hemos sido capaces de ser quienes generaran el corpus del dolor de esta epóca, indudable, tan hondo que casi nos cuesta hablar de eso. Enfrente tenemos gente que dice que es todo mentira. Las voces que deberían confrontarlos con la verdad no son las nuestras. Son la memoria de los que se murieron, y las de los familiares dolientes a los que nadie les presta atención.     



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