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El oficialismo abrió en el Senado el debate por la reforma del ministerio público fiscal | Juntos por el Cambio buscó trabar el debate



Entre chicanas y acusaciones cruzadas, la comisión de Justicia del Senado, que preside el oficialista Oscar Parrilli, decidió avanzar en el debate de dos proyectos del macrismo para modificar la ley del Ministerio Público Fiscal, y que sus autores Martín Lousteau y Lucila Crexell quisieron retirar horas antes de la convocatoria para evitar la discusión que proponían en sus iniciativas sobre el acotamiento del mandato del Procurador General. El oficialismo esgrimió argumentos reglamentarios para sostener la vigencia de los proyectos y tras más de dos horas de discusión dispuso pasar a un cuarto intermedio hasta el viernes próximo e invitó a la oposición a proponer una lista de expositores sobre ambas iniciativas para ese día. Un debate que se da en medio de la parálisis del tratamiento del pliego que elevó el Gobierno para la designación del juez Daniel Rafecas como jefe de los fiscales y que la oposición rechaza.

Los senadores de Juntos por el Cambio buscaron justificar el retiro de las iniciativas al sostener que “no era el momento para dar el debate” ante la urgencia por la pandemia y deslizaron sospechas sobre que el oficialismo buscaba modificar la exigencia de los dos tercios para la aprobación del próximo Procurador General, tras su decisión de “ir por la destitución” del procurador interino Eduardo Casal.

Desde el Frente de Todos recordaron que ninguno de los dos proyectos opositores propone modificaciones a la necesidad de contar con dos tercios del Senado para la designación del Procurador. Y que el único proyecto en ese sentido fue el del ex senador macrista Federico Pinedo (que ya perdió estado parlamentario), donde proponía solo la “mayoría absoluta” (la mitad más uno de los integrantes del cuerpo) para la designación del procurador, luego que Mauricio Macri no lograra los dos tercios para la designar en ese cargo a la jueza Inés Weinberg de Roca. También salió al cruce de la queja opositora por los pedidos de juicio político que el FdT impulsa contra Casal: “Es el procedimiento institucional para saldar cuestionamientos sobre al accionar del procurador” y “no es una persecución como hizo el ex presidente Macri contra la ex procuradora (Alejandra) Gils Carbó, para obligarla a renunciar”, sostuvo Parrilli.

La discusión arrancó sobre aspecto reglamentario pero enseguida derivó en cuestionamientos políticos. “Nosotros retiramos el proyecto porque esto no es un juego de inocentes. Se da al mismo tiempo que hay una embestida contra el procurador interino Eduardo Casal”, afirmó el jefe de la bancada de JpC, Luis Naidenoff. “El Poder Ejecutivo conformó una comisión consultiva para tratar este tema. Correspondería aguardar para ver qué dice esa comisión. Pero a ustedes no les interesa eso. Y, entonces, transforman al gobierno en un tembladeral”, sumó el macrista cordobés Ernesto Martínez. La radical tucumana Silvia Elías de Pérez, recordó que Rafecas dijo que bajaría su candidatura si se reduce la exigencia de los dos tercios del Senado, y que el oficialismo busca igual reducirlo para “proponer en su reemplazo a (Graciana) Peñafort o Parrilli”.

Parrilli agradeció irónicamente que lo hayan postulado pero le recomendó que “no crean todo los que dicen los diarios”. La santafecina María de los Ángeles Sacnun (FdT) le pidió a la oposición que “lea sus propios proyectos”, ya que “en ninguno se habla de cambiar las mayorías”. Lo mismo planteó el chubutense Mario Pais, que buscó poner paños fríos y pidió “respeto” en una discusión que subía de tono: “La oposición infiere que queremos modificar los dos tercios y eso no existe”. “El acceso a la administración de justicia es una demanda de la sociedad” y no debe estar condicionado “a otras urgencias” porque “hay sectores políticos que no quieren que cambie nada”, sumó la mendocina Anabel Fernández Sagasti.  



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Larreta: “Estamos en condiciones de seguir avanzando” | Balance de la situación sanitaria en el distrito porteño




| Balance de la situación sanitaria del distrito porteño



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¿Qué pasa con el odio de las ultraderechas?



La derrota clarísima del líder de Vox, Santiago Abascal, frente a la coalición progresista de Sanches e Iglesias, más el calculado desplazamiento de la derecha liberal hacia una posición moderada, posición que les hizo sumarse al No en la votación en contra de la moción de censura del líder ultraderechista Abascal, puede estar señalando un cambio de época que no se reduce a España.

Hay varios factores que permiten pensar en esta nueva orientación, que puede constituir un viraje mundial:

1.- La posibilidad de que Trump pierda no es sólo la perdida de un candidato, es un estilo político primario con bases megalómanas y paranoicas que solo se afirman en el odio 

2.- La principal líder de Europa no quiere saber nada de la alianza entre las derechas conservadoras y liberales con las ultraderechas. La propia historia de Alemania cancela está posibilidad.

3.- La actitud del jefe de Estado del Vaticano, Francisco, que ha intentado por todos los medios desplazar a la Iglesia de su tradición culpabilizante y punitiva.

4.- La pandemia interminable le puede haber dado alas al principio a las ultraderechas, pero el desastre en todos los planos va a ser tan grande, que un discurso que de últimas se basa en la eliminación de toda diferencia ya tiene en la Pandemia una fuente de irradiación del dolor muy potente como para continuar insistiendo en el rechazo, el odio y la promoción de la violencia social. 

Hasta ahora las derechas clásicas habían sido ganadas por la extensión del rechazo de la política propio del discurso de las ultraderechas, pero ahora la dominación neoliberal duda sobre si ese es definitiva su camino.

Los teóricos afines al neoliberalismo saben la religión del Mercado no puede sostenerse en el odio, debe encontrar formas más seductoras para sus consumidores. No obstante, por ahora no pueden ,temen como siempre el ascenso de fuerzas democráticas y progresistas que ya comienzan a retornar.

Pero la ultraderecha del odio, como plan b del neoliberalismo comienza a reducir sus posibilidades.

Se acercan los días en donde se hará patente que el Neoliberalismo no dispone de nada que permita sostener a la Civilización.



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La extrema derecha exhibe su delirio en el Congreso español | Vox saca a relucir su arsenal de extravagancias en el debate de la moción de censura



Desde Madrid.En el día en el que España superó la dramática barrera del millón de infectados por la Covid-19, el Congreso de los Diputados vivió uno de los espectáculos más extravagantes desde la recuperación de la democracia en 1977. La extrema derecha disfrutó del mayor altavoz al que ha tenido acceso desde su irrupción en la política española gracias al debate de la moción de censura presentada por Vox, cuyo líder, Santiago Abascal, tuvo la oportunidad de pronunciar un discurso sin límite de tiempo como candidato a reemplazar a Sánchez y formar gobierno. Su intervención, de dos horas y diez minutos, fue una exhibición no sólo de radicalismo ideológico, sino también de una lectura patológica de la realidad.

Además de su ya acostumbrada criminalización de los inmigrantes y de la reivindicación de un estado centralizado opuesto a la organización institucional fijada por la Constitución de 1978, el líder de la extrema derecha reivindicó a Donald Trump, acusó a China de propagar la Covid-19, negó el cambio climático y arremetió contra el feminismo, el magnate George Soros, la Unión Europea y el gobierno ‘socialcomunista’ de Pedro Sánchez. Su discurso fue un conglomerado de lugares comunes de la extrema derecha europea y de un análisis extravagante de la política internacional, pero consiguió situarse por un día en el centro de la atención de la opinión pública española.

El reglamento del Congreso de los Diputados establece la posibilidad de plantear una moción de censura contra el gobierno que de prosperar supone la caída el ejecutivo en ejercicio y la investidura del candidato propuesto. Presentarla es fácil, ya que sólo es necesario contar con la firma de un diez por ciento de la cámara, es decir 35 diputados. Pero para que triunfe es necesaria la mayoría absoluta. En su historia reciente, España había sido testigo hasta ayer de cuatro iniciativas de este tipo, aunque solamente una, la presentada por Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy en 2018, salió adelante.

La de ayer, miércoles, presentada por los 52 diputados de Vox, fue la quinta y aunque la votación no se celebrará hasta este jueves ya se sabe que no prosperará. La extrema derecha tiene un grupo parlamentario numeroso, pero está muy lejos de conseguir los 176 votos necesarios. Su objetivo, claramente, no era desplazar a Sánchez, sino mostrar al partido ultra como la única alternativa al gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos. Por ello, prácticamente todos los analistas españoles han coincidido en advertir que no ha estado dirigida contra Pedro Sánchez, sino contra Pablo Casado, presidente del Partido Popular y líder de la oposición, un lugar del que el líder de Vox, Santiago Abascal pretende desplazarlo.

Con 88 diputados, el grupo parlamentario del PP es el más reducido desde que José María Aznar consiguiera unificar a la derecha a principios de los noventa. Pablo Casado, cuyo movimiento pendular que por momentos intenta contener la sangría de votos hacia la extrema derecha y por momentos procura seducir al electorado centrista, se enfrenta a un dilema que aún se ignora cómo afrontará. Descartado el voto favorable a la moción, sus opciones son pronunciarse en contra para desmarcarse de los ultras o abstenerse, como le están pidiendo sus diputados más escorados a la derecha extrema, entre ellos la recientemente destituida portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo.

A falta de conocer cuál será la decisión de Casado, los partidarios de no hacerle el juego a Abascal se armaron este miércoles de argumentos. La intervención del candidato de Vox puso al descubierto hasta qué punto las posiciones de la extrema derecha no son homologables a las de una formación considerada partido de Estado y alternativa de Gobierno en un país miembro de la Unión Europea.

En su intervención, quien se presentaba como candidato a presidir el gobierno español aseguró que su formación es víctima de una persecución organizada por la “mafia del gobierno socialcomunista”, de los “aliados de la narcodictadura venezolana” -en referencia a Unidas Podemos-, y de los “traidores y renegados que quieren romper España”, en alusión a los partidos independentistas vascos y catalanes que apoyaron en su día la investidura de Sánchez y a los que Vox promete ilegalizar si algún día llega a gobernar. De los primeros dijo que son ETA y sobre los últimos aseguró que su intención última es romper España y crear la “República Islámica Catalana”. El discurso acabó con un “Viva el rey”.

Antes de ello, en una reivindicación implícita de la dictadura de Franco, Abascal no dudó en referirse al gobierno de Pedro Sánchez como “el peor de los últimos 80 años”, aunque sus mayores dosis de excentricidad llegaron a la hora de analizar la política internacional. Arremetió contra lo que considera una “oligarquía dirigente” en la Unión Europa que, aseguró, pretende convertir a las instituciones comunitarias a “un megaestado federal que se parece demasiado a la República Popular China, a la Unión Soviética y o incluso a la Europa soñada por Hitler». Por ello celebró el crecimiento de las opciones de extrema derecha en el continente, a las que defendió como “movimientos patrióticos que no se quedarán de brazos cruzados mientras unas oligarquías degeneradas convierten las naciones en estercoleros multiculturales», en referencia a la influencia de la inmigración.

También elogió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien erigió en su referente y atacó al Gobierno español por no haber exigido responsabilidades a China, “o bien por fabricar el virus artificialmente, o por no controlar su expansión”. En una intervención cargada de nostalgia por la Guerra Fría y en la línea del trumpismo definió al gigante asiático como “la mayor amenaza para el mundo libre”.

En esa línea, afirmó que China ha convertido la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un instrumento de su política expansionista y llegó a insinuar que el PP quiere ayudar a China a conseguir sus supuestos objetivos.

Sánchez respondió con calma y por momentos en tono burlón. Negó a Abascal la condición de líder de la oposición, le recordó que midió mal sus fuerzas y de no haber calculado cuál es “la fuerza de la democracia”. «Esta Cámara -le dijo- representa a la España real tal y como es, no como usted quiere que sea».



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El día después y el garrote de Nixon



Es sabido que en política no hay camino sin piedras ni baches. Y una prueba la tuvimos este sábado, cuando más allá del esforzado montaje de la plataforma 75Octubres, el ataque cibernético coordinado de jáquers dicen que de 40 países liquidó todo en minutos, cual bomba atómica comunicacional.

Pero también, y esto es lo fantástico, la monumental cretinada provocó que en minutos casi todo un pueblo se lanzara a las calles a celebrar la fiesta que había sido boicoteada. Con manifestaciones imaginativas, cánticos originales, color y alegría, una multitud impresionante ocupó calles y avenidas en la capital y en muchas ciudades y pueblos, con tal originalidad y buen humor que convirtieron la bronca y el desánimo en una fiesta popular exquisita, digna de la mejor tradición peronista.

Después del sainete del incalificable fiscal Stornelli pidiendo censura preventiva para Nodio, el observatorio contra la desinformación recién creado del Congreso al frente del cual se designó a la periodista Miriam Lewin, y en circunstancias en que fueron amenazados tres colegas de verdad independientes (Roberto Navarro, Ari Lijalad y Franco Mizrahi), pareció que en el fin de semana les salían todos los tiros por la culata a los mentirosos y autoritarios asociados al expresidente Macri, ahora atacado de incontinencia verbal. También esto estimuló a que el pueblo peronista saliera a las calles.

Y como es inevitable, este 17 de Octubre seguramente también dejará enseñanzas. Una de ellas: la velocidad que puede tener la respuesta popular. Como si miles, millones de compatriotas hubiesen razonado al unísono: “¿No nos dejan celebrar el aniversario del nacimiento del peronismo virtualmente? Pues entonces, a la calle”.

Y así fue. Y fue, a juicio de algunos, una maravilla. Porque permitió expresar y revalorizar la alegría, la esperanza y la importancia de la movilización callejera como instrumento político histórico del peronismo. Y esta manifestación en particular, además, puede haber cambiado usos políticos ya que autoriza preguntas como: ¿y ahora quién los para? Porque se viene el 27 de octubre, que es otra fecha de alta significación: décimo aniversario de la muerte de Néstor Kirchner y primero del triunfo popular en la primera vuelta de las elecciones nacionales del año pasado que consagraron a Alberto y Cristina.

Cierto que el Presidente había dicho, con su serenidad habitual, que “no se trata de ver quién hace el banderazo más grande: el acto de hoy tiene que funcionar como un punto de inflexión porque el odio nos posterga mucho”. Y tan cierto como eso fue comprobar que afortunadamente no fue el odio el protagonista de la movilización. Lo que dejó en claro que esos panes venenosos son comida exclusiva de anticuarentenas, ignorantes y fascistas.

Esa ausencia de odio y resentimiento, sumada a la alegría esperanzada de cientos de miles de [email protected] de todas las edades y condiciones, magnificó esta manifestación popular masiva, pacífica y alegre, verdadero carnaval de ciudadanos y ciudadanas responsables, de barbijo en boca, prudentes distancias y coches y camiones que le pusieron música de bocinazos a la jornada, con un decidido apoyo a Alberto Fernández.

Por cierto, una de las incógnitas que el sábado desesperaba a más de uno era la presencia, o no, de CFK en el acto de la CGT. Inquietud a la que el Presidente respondió con naturalidad cuando al finalizar el acto le preguntaron por ella. Respondió, con lógica y picardía: “Cristina está”. Y es que de hecho ella no se muestra ni da entrevistas, lo que parece una sabia estrategia para no exponerse al cuete, como pretenden los mentimedios que la atacan. Sería darle aire al fuego malicioso de los que esperan que asome la cabeza para cascotearla.

Esta columna cree que está muy bien que ella se resguarde, y sobre todo que no salir protagónicamente en los diarios es también una manera de cuidar a Alberto. Esa estrategia de no interferir y acompañar en silencio y con perfil bajo al Presidente, sin dudas fortalece a ambos porque, finalmente, ella es la Vicepresidenta de la Nación. Lo dijo con su hijo Máximo: “Algunos criticaban el estilo de la expresidenta y decían que eso hacía que en ciertos sectores hubiera molestia. Los modos de Alberto son otros y la reacción es la misma”.

Sostiene esta columna desde hace mucho que debe ser frustrante, por lo inútil, cada intento de seducir y convivir con los miserables. No existe manera alguna de contentarlos ni de confiar en su amistad, porque su razón existencial es diametralmemte opuesta a la del peronismo, el kirchnerismo, el populismo o como se quiera llamar al pueblo soberano y solidario. No parece haber modo de que el FMI, la banca rapiñera, Clarín, La Nación, Techint, los latifundistas y agroexportadores, y el empresariado macrista en general, sean confiables y colaborativos con nuestro gobierno. Más tarde o más temprano van a traicionar. Desde el gobierno de Raúl Alfonsín, éste es un karma de la política argentina. Y es claro que podemos estar errados en esta generalización, pero todo acercamiento a esos poderes conlleva alejamientos del sustento popular.

Desde ya que pensar, decir y escribir lo anterior no significa negar su existencia y desatenderlos. Es imposible y necio ignorarlos, como es ineludible y sabio dialogar con ellos e incluso negociar lo que no sea desdoroso ni dañino. Lo que esta columna viene sugiriendo, y ratifica, es la necesidad de que todo diálogo con los sectores de la antinación y el neocoloniaje se haga sin mucha ilusión. En todo, caso cabe recordar risueñamiente la actitud que se dice que tenía Richard Nixon cuando negociaba con los lideres soviéticos­: “Hay que hacer como con los osos”, dicen que decía a sus asesores antes de recibir a un líder de Moscú, “hay que hablarles con voz firme y sin gritar, y mirándolos fijamente a los ojos. Pero sosteniendo con la mano atrás, bien firme, un enorme garrote para darles por la cabeza cuando haga falta”. 



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El 17 de Octubre y la otra pantalla



Hubo dos títulos en este diario, en ediciones consecutivas, que fueron un hallazgo de simpleza categórica para definir la previa y el después de un 17 de octubre inédito. Extraño. Desafiante.

El primero, el sábado: “Las patas en el zoom”.

El segundo, ayer, encabezando la columna de Mario Wainfeld: “Un 17 con más gente que avatares”.

Si el primero sintetizó la convocatoria a un histórico espíritu rebelde contra los privilegios de las minorías, caída su plataforma de acceso (¿hackeo y además imprevisión oficial?) el segundo resumió la consecuencia adversa para los atacantes.

Las calles se llenaron de marchantes respetuosos y decididos, muy probablemente incitados ante la decepción de que tampoco podían cuantificarse, desahogarse, en forma virtual pero masiva.

Entonces pasó lo que pasó, si bien las voces gubernamentales insisten en que no se trata de quién tiene el banderazo más largo.

Puede ser porque lo creen o porque la corrección política básica impone decirlo, para no alentar el juego que le conviene a un frente opositor desorbitado.

La cobertura de los canales y señales de noticias fue casi exclusivamente porteño-céntrica (por cierto, algunos de los propios opositores lo hicieron con cronistas de muy buena actitud y aptitud profesional, alejados de cancherismo sobreactuado, a tono con la disposición tranquila de los entrevistados al paso).

Por falta de reflejos en los medios oficialistas y por obvia determinación editorial en el palo contrario, ninguno dio cuenta acabada de lo que también sucedía en las ciudades y pueblos del interior a los que tanta atención prestan cuando se manifiestan los inocentes e indignados republicanistas.

La incertidumbre acentuada en torno de que la economía del Poder — a través del dólar que “le importa a la gente”– muestra a Casa Rosada con debilidades frente al asalto articuladamente devaluatorio, pertinaz, refuerza la importancia de una movilización conmovedora.

El Gobierno debe sentirse ayudado y exigido, porque esa muchedumbre que rechazó expresiones de odio, plagada de jóvenes, cargada de entusiasmo sin resentimientos y de la que los medios no pudieron registrar un solo insulto, una sola provocación, o alguna violación sistemática del distanciamiento físico, es prueba de que hay aguante de sobra frente a golpistas y extorsionadores.

Podrá semejar a una retórica inflada, pero lo ensanchado es en verdad el ánimo desestabilizador del mismo enemigo de siempre.

Cuando el Gobierno asumió había la expectativa favorable, o aunque más no fuere contemplativa, tras el huracán macrista; incluso, lo cual se prolongó durante los comienzos de la llamada cuarentena, aprecio de la clase media no (tan) gorila por la moderación e imagen de fortaleza presidencial. Etcétera.

Pero la pandemia “quemó” todos los libros a poco de andar.

No hay ninguno de esos textos que asegure algo. Ni receta unívoca para enfrentar la emergencia, ni acuerdo total entre la comunidad científica. Ni vacuna inminente y generalizada a la vista.

Que el Presidente insista con que estábamos en terapia intensiva para, además, habernos contagiado el virus, sonará deprimente o muy poco alentador pero, vaya, es eso que se denomina como la realidad.

Sobrevivir a Macri y que encima agujeree una peste universal no podía estar en los cálculos de nadie. En absoluto. Es una enésima reiteración imprescindible.

El golpe a la economía es horroroso, pero en política no sirve llorar.

Dicho en otros espacios y aquí ya varias veces, las respuestas gubernamentales no debieran seguir transitando por aquello de hablar con el corazón para recibir, como respuesta, el bolsillo y la escalada del dólar.

La sensación o convencimiento es que el Gobierno está permanentemente a la defensiva y que no impone agenda.

En ese orden, que se asome en retaguardia constante es injusto porque lo hecho es mucho aunque parezca y sea insuficiente.

La carencia de agenda bien comunicada, en cambio, es cierta en toda la línea.

Lo más ostensible es la desprotección y falta de ímpetu frente a las maniobras especulativas en el “mercado cambiario”.

Pero hay otros aspectos, aguijoneados por los mismos protagonistas de la desestabilización, que revelan la necesidad de coordinar marcadamente mejor lo que se hace, lo que se informa, lo que se responde, lo que se primerea.

Hubo, hay, una embestida con cero de insólita, perfectamente ensamblada, contra la idea de crear un observatorio –gracias si eso, ¡un observatorio!– que en los marcos de la Defensoría del Público registre, alerte, prevenga, sobre una problemática que es motivo de filmografía, debate y denuncia mundial: las falsas noticias, la manipulación informativa, el pescado podrido vendido como intachable.

Ese organismo público, la Defensoría, que tiene control parlamentario, que subsistió al desguace de la ley de Medios, que carece de poder de policía, que no puede imponer sanción alguna, que no tiene injerencia sobre las redes, que atiende y promueve acciones en defensa de los derechos de las audiencias de radio y tevé, es víctima de un fuego despiadado a partir, justamente, de una fake que debería ser escándalo ético: hablan de la creación de un organismo siendo que el organismo ya existe desde 2012, y de una intencionalidad fascista cuando es en el Congreso Nacional donde se nombran, regulan y supervisan sus actividades.

Nada increíble, para agotar: ¿Cómo puede ser que también con acciones porno semejantes logren imponer agenda?

Acerca de lo que más preocupa, que no es eso, resulta quizá inviable que se pueda salir de la extorsión del dólar desatado, arma histórica de los actores concentrados del poder, sin que el Gobierno resuelva grandes cambios o grandes gestos, interpretables como tales.

¿Eso se llama reformulación del gabinete, y/o unificar el comando ministerial de la economía en una figura fuerte, y/o disponer medidas por fin demostrativas de más capacidad de mando que de opinión oficial?

En la entrevista que el Presidente concedió a Alejandro Bercovich, el martes pasado, se vio al mejor Alberto Fernández cuando miró a cámara, para dirigirse al caradura de Mauricio Macri que había reaparecido el día anterior en una pantomima periodística, luego insistida.

“Vos, Macri, que nos dejaste (tal y tal cosa) y que destruiste (tal y tal otra…)” fue el Fernández firme, convincente, cultor del diálogo y enojado en las mismas proporciones.

En cambio, el Fernández que reconoció la insuficiencia –y hasta inutilidad– de haber bajado unos puntos de retenciones al complejo agro-exportador para allegarse dólares urgentes; el que continuó apelando a que “el mercado” confíe y aporte; el que, en síntesis, se situó antes en posición de comentarista que como jefe indubitable, es el que necesita el taladro de la derecha para continuar percudiéndolo.

La muy buena noticia es que hubo vigor, grande, muy grande, para que la ofensiva destituyente tome nota de la cuantía social dispuesta a enfrentarla.

AEA, el coloquio de IDEA, sus mercenarios mediáticos, y sus frikis, y sus trolls, y su elenco estable de economistas que se equivocaron siempre o que no se equivocaron nunca, y sus activadores de fantasma de gobierno delarruista terminado, recibieron el sábado la lección de que no se terminó nada, de que hay disputa, de que se puede retomar ofensiva.

El pueblo, en su acepción más significativa, tiene una potencia mucho más fuerte que figurar en pantalla.



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Entre la lealtad y la alegría



Ellos, los de los banderazos anticuarentena, tienen como denominador común el grito destemplado, la rabia del que ve enemigos hasta debajo de una baldosa, el malhumor y el odio a todo lo que representa lo popular. En ese sentido, se parecen mucho, casi calcados a la oposición venezolana que en sus movilizaciones, más o menos escuálidas, predomina eso mismo, el odio.

Pero no son los únicos que se parecen. Las movilizaciones del peronismo o, para ser más preciso, la del campo popular, nacional, democrático y feminista, son expresiones masivas pletóricas de alegría, entusiasmo, solidaridad, amor, compromiso y lealtad. Así son las marchas chavistas que, vale decirlo, son posteriores a las de acá pero por una cuestión temporal porque el movimiento de Hugo Chávez nació pocos años antes de que finalice el Siglo XX.

Ellos, los opositores vernáculos, repudian todo lo que sucede en estos últimos diez meses olvidando el gobierno que los representó. Esa falta de memoria no es inocente. No es causal que reivindiquen el gobierno de Macri, el que negó los 30.000 y que promovió la caída de las causas de lesa humanidad, el que reprimió para destruir el sistema jubilatorio, la industria nacional y provocó la mayor caída del empleo de los últimos tiempos. Por desgracia para ellos, la memoria está del otro lado y no olvida.

Este último 17 de octubre tuvo una particularidad que lo diferencia del año pasado que también fue diferente a los anteriores. No sólo porque el de 2019 se realizó en La Pampa sino porque era la representación máxima de la unidad del peronismo como garantía de recuperación del gobierno. Fue una fiesta, de eso no hay duda porque representó, de manera clara y precisa, aquel mandamiento laico de Juan Domingo Perón en la noche de hace 75 años cuando les dijo: “¡Únanse! sean hoy más hemanos que nunca. Sobra la hermandad de los que trabajan ha de levantarse de esta hermosa patria la unidad de todos los argentinos”. Parece simple porque se unieron y ganaron las elecciones.

La movilización en vehículos que se produjo este 17 en todo el país es también diferente porque se realizó en el contexto de una pandemia, aguantando casi ocho meses de cuarentena primero y aislamiento social después. Sin embargo, la nueva versión de este 17 de octubre tuvo, a pesar de lo que deseaba la oposición, movimiento, calle, alegría, compromiso y, como siempre, lealtad. Esa que, como destacó Cristina Fernández de Kirchner la noche del último 10 de diciembre, “la lealtad entre la política y el pueblo es a dos puntas. Los pueblos no son zonzos ni tontos, conciben la lealtad con aquellos dirigentes que sienten que los defienden y representan”. No es difícil comprenderlo y vivirlo y disfrutarlo. Ellos, aunque lo nieguen, lo envidian.



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El 17 motorizado




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Las caravanas por el Centro y en la Plaza de Mayo | A mostrar de quién es la calle



Bombos y platillos, puestos de venta de choris, remeras con las caras de Perón y Evita, banderas con el nombre de la rama local del sindicato, silbidos, cantos, bailes alrededor de un parlante que transmite en loop la marcha peronista: por un día, la Plaza de Mayo volvió a ser escenario de una fiesta popular como en los tiempos pre covid. Durante la mañana del 17 de octubre, cientos de camiones, micros, motos, taxis y autos particulares marcharon en caravana desde la sede de SMATA hasta la Plaza de Mayo para celebrar el Día de la Lealtad y manifestar su apoyo al gobierno nacional. Organizada por el Frente Sindical para el Modelo Nacional, que conduce el líder camionero Hugo Moyano, la convocatoria tuvo como objetivo mostrar la capacidad de movilización del sindicalismo y disputarle la calle a las marchas opositoras de los últimos meses. 

“Con la movilización de hoy quisimos transmitir nuestro respaldo al gobierno en general, empezando por el presidente, la vicepresidenta, los diputados. Tienen el inmenso apoyo de los trabajadores que están pasando necesidades difíciles pero que no dejan de reconocer el esfuerzo que está haciendo el gobierno para salir de la situación que nos dejó el gobierno anterior y la pandemia que estamos sufriendo”, sostuvo Hugo Moyano, durante la conferencia de prensa que se realizó en la sede del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), ubicada en el microcentro porteño, previo a que comenzara la “caravana de la Lealtad”. Acompañado por representantes de los gremios que integran el Frente Sindical para el Modelo Nacional, Moyano destacó que la marcha había sido ideada por organizaciones que nuclean a los trabajadores esenciales – “Nosotros sabemos, el laburante sabe cómo cuidar los protocolos”, aseguró y negó que Alberto Fernández le hubiese pedido que cancelara la convocatoria por temor a que se produjeran contagios masivos. 

Durante la conferencia, Moyano apuntó también contra los sectores que organizaron los “Banderazos” contra el gobierno nacional: “Las marchas esas cuando salen las señoras bien alimentadas, con sus ropas, no les veo sentido. Es tan absurdo lo que plantean. Dicen que no hay libertad, pero sin libertad no estarían haciendo las cosas que hacen”, desdeñó. Sin embargo, la ausencia de delegadas fue una constante a lo largo de la jornada, tanto en el acto en donde la única mujer era la secretaria general del Sindicato de Trabajadores Viales, Graciela Aleña, como en la movilización, que comenzó apenas terminó la conferencia de prensa. 

A las 11 de la mañana, la caravana de autos, colectivos, camiones de basura, taxis y motos se puso en movimiento. Equipados con bombos, platillos y silbatos, los choferes de la línea 25 se subieron al colectivo y enfilaron por la avenida Belgrano hasta la Plaza de Mayo. “¡Vamos Cristina! ¡Vamos Alberto! ¡Vamos que podemos! ¡Viva Perón, carajooo!”, exclamaban por la ventana al resto de los manifestantes, la mayoría subidos a otros vehículos, que respondían con chiflidos, gritos y bocinazos. Cerveza en mano y vitoreando cada vez que aparecía al lado algún puesto de venta de choris al grito de “¡Vamos compañeros”, los choferes avanzaban entre una marea de banderas: verde y blanca por Camioneros, amarilla y negra por taxistas y, por todos lados, el azul y blanco de la bandera argentina. Estacionados a los costados, había varios camiones de recolección de residuos sobre los que bailaban y saltaban los trabajadores de Higiene Pública. 

“La mayoría de los trabajadores de la economía popular somos peronistas. Y la lealtad, el peronismo, es algo tremendo. ¿Cómo no celebrarlo? Con cuidados, claro. Pero que por lo menos la pandemia no nos saque esto también”, indicó Jackie Flores, referenta de la UTEP que participó de la caravana, mientras se lavaba las manos con alcohol en gel. Unas cuadras más adelante, llegando ya a la Plaza de Mayo, los autos tocaban con fuerza la bocina a los manifestantes de a pie que los esperaban aplaudiendo y cantando en la plaza. Varios tenían el baúl abierto, desde donde unos parlantes enormes tocaban, una y otra vez, la marcha peronista. “Nosotros vinimos por convicción pura. Yo soy peronista, cristinita, nestorista, de nacimiento. Nos preocupa mucho la pandemia, se que tiene cierta contradicción, pero este día lo teníamos que festejar”, sostuvo Ariel, personal de maestranza de Garín, desde el interior de su auto. “Vengo a apoyar al gobierno para que los gorilas no se crean esta construcción falsa e irreal de que están copando las calles. Hay que pararle el carro a ese afán destituyente que tienen”, indicó Gabriel, ubicado a unos metros, mientras se fumaba un cigarrillo desde adentro de su taxi. “La cuarentena fue absolutamente boicoteada por la oposición. Nosotros seguimos las instrucciones de Alberto y usamos alcohol en gel y barbijo…”, comenzó a explicar y, entre risas, se detuvo para ponerse el tapabocas que tenía apoyado en el asiento de al lado. “Hay que cuidarse”, agregó.

Informe: María Cafferata



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Federico Fagioli, detenido ilegalmente en Bolivia | Había llegado a La Paz como veedor internacional de las elecciones de este domingo



El gobierno de Bolivia, comandado por la presidenta de facto Jeanine Áñez, impidió esta noche el ingreso al país de la comitiva integrada por legisladores argentinos que estaban invitados por la Asamblea Legislativa Boliviana. En ese marco, fue retenido ilegalmente el diputado Federico Fagioli tras su arribo en el aeropuerto de El Alto. Así lo denunció, entre otros, el referente de Patria Grande, Juan Grabois.

“La dictadura boliviana retiene ilegalmente al diputado @Fede_FagioliOK, miembro de la Misión de Observación Oficial Argentina. Esperamos que @CancilleriaARG actúe a la velocidad que corresponde frente a este atropello @felipe_sola”, tuiteó el dirigente social sobre la detención del legislador del Frente de Todos, que visitaba ese país como miembro de la Misión de Observación del Congreso Argentino, de cara a las elecciones de este domingo..

Federico Fagioli había sido designado, junto a otros dos diputados nacionales de su misma fuerza política, Leonardo Grosso y Paula Penacca, como veedor internacional en representación de la República Argentina en las elecciones del próximo domingo en el Estado Plurinacional de Bolivia. La función de los veedores internacionales es la de participar en la apertura del acto electoral en los distintos sitios de votación, recorrer centros de votación y estar presentes para el cierre de los comicios.





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