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La novela por la televisación del fútbol: la confirmación de la AFA no despeja las dudas

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Cine y series: lo que vendrá en 2021 | Disney +, Netflix, HBO Go, Amazon Prime Video y Starzplay



El streaming no se toma vacaciones. Las principales señales y plataformas de VOD (Disney +, Netflix, HBO Go, Amazon Prime Video y Starzplay) mantienen su danza de estrenos sin prestarle mucha atención al cambio de calendario. Eso sí, un vistazo a sus apuestas permite esbozar que van a lo seguro. Al menos en la primera parte del año mandan las continuaciones, reboots, spinoffs, y alguna que otra novedad. Aquí, entonces, van las primeras propuestas en entregas de ficción y documental para el 2021.

Netflix: Karate not dead

La N roja pegó la primera piña. El estreno de la tercera temporada de Cobra Kai estaba pautada para el 8 de enero pero su arribo se concretó el pasado viernes. Se trata de una nueva etapa en la reinvención de la saga de Karate Kid. Daniel LaRusso (Ralph Macchio) y Johnny Lawrence (William Zabka) tratan de resolver sus asuntos mientras el implacable maestro del dojo (Martin Kove) manipula a sus estudiantes. Entre los novatos, el que la tiene más complicada es Miguel Díaz (Xolo Maridueña) quien quedó en el hospital tras una pelea que haría llorar a Señor Miyagi.

El inesperado anuncio de Supongamos que Nueva York es una ciudad (8 de enero), sobre Fran Lebowitz y dirigido por Martin Scorsese, resultó un regalo de fin de año. El especial se enfoca en las obsesiones de la escritora de Vida metropolitana y Estudios sociales. Lo que le gusta y detesta de la Gran Manzana –y hay mucho-, su célebre bloque creativo y opiniones aparecen madiran con su tono corrosivo indefectiblemente newyorker. El trabajo incluye un ping pong con el director italoamericano en esta suerte de continuación del documental Public Speaking.

¿Otros títulos que arribarían en el primer semestre por Netflix? Para febrero se espera Tribus de Europa, producción postapocalíptica alemana que tiene todo para ser la nueva Dark (fue creada por los mismos realizadores). Se ubica a fin de este siglo y tiene como protagonistas a tres hermanos que buscan sobrevivir con el viejo mundo dividido en microestados. Más adelante llegaría Luis Miguel, la serie. En dos líneas de tiempo narrará las dificultades que enfrentó el rey sol (Diego Boneta) para balancear su vida familiar y el éxito profesional. Sky Rojo, por su parte, cuenta con el atractivo de las producciones de Alex Pina (La casa de papel) y el protagónico de Lali Espósito. Sus responsables hablan de “estilo tarantinesco”, “punkie”, “neón”, “empoderamiento” y de unas “Ángeles de Charlie modernas”. Tres prostitutas -una cubana, una argentina y una española- emprenderán una fuga rutera con sicarios y la policía pisándoles los talones.

Disney +: Marvel y Muppets

Ahora es el turno de los superhéroes. Tras el mojón que supuso The Mandalorian para Star Wars y Disney +, la plataforma del ratón está a punto de revelar otras cartas muy fuertes de su mazo. O mejor dicho, de otro de sus mazos llamado Marvel. En este primer semestre se estrenarán tres series derivada del UCM: WandaVision (15 de enero), Falcon y el Soldado del Invierno (19 de marzo) y Loki (mayo). Todas tienen como protagonistas a secundarios de lo que significó la supernova (o agujero negro) de la saga Avengers.

En la primera Elizabeth Olsen y Paul Bettany repiten sus roles pero la sorpresa es el formato que sirve de trampolín. Wanda Maximoff y Vision habitan, al menos en un comienzo, en una parodia de sitcom de los ’50. Se trata de una apuesta bastante radical teniendo en cuenta que uno de los protagonistas no sobrevivió al chasquido de Thanos. Lo más probable es posible que la heroína haya creado una realidad alternativa donde podría suceder cualquier cosa. Por lo visto en avances Falcon… irá por la acción y espectacularidad más clásica, mientras que Loki se aprovechará de la malicia y carisma de su personaje principal. Además de Tom Hiddleston en la piel del Dios vikingo de la farsa aparece Owen Wilson con otro de sus chantas entrañables. En el tráiler se pudo ver al hermano de Thor jugando a ser D. B. Cooper: el pirata que en 1971 secuestró un avión, saltó de un Boeing 727 en pleno vuelo y desapareció como por arte de magia con una valija llena dólares. Más cerca de la realidad que de la metaficción, aparece Marvel 616 (29 de enero). La antología de ocho episodios invita a recorrer la usina comiquera de Stan Lee. Cada episodio está dedicado a los cráneos detrás de los comics que hoy mandan en la cultura popular.

Los Muppets versión 2021.

Con un tanto menos de fanfarria, también tendrán su arribo estelar a la plataforma los entrañables muñecotes creados por Jim Henson, encabezados por la rana René (imposible llamarla Kermit). Muppets Ahora (22 de enero) es una nueva versión de su programa televisivo de varieté, backstage, invitados y anarquía amable.

HBO: novedades y viejos conocidos 

En el horizonte de esta señal, aunque sin fecha de estreno anunciada, se divisan las continuaciones de dos de sus últimos sucesos: la tercera parte de Succession (cuya producción sufrió un parate por la Covid-19) y la segunda de Euphoria. Aunque la ficción protagonizada por Zendaya tiene confirmado el cierre de su especial navideño para el 24 de enero. También aparece la segunda temporada de Batwoman (29 de enero) qe viene con el aditivo de una nuevo protagónico tras la partida de Ruby Rose. Javicia Leslie se hará cargo del papel principal en esta entrega que abre un surco empoderado entre las heroínas de DC.

Los dos estrenos absolutos con fecha marcada vienen del otro lado del atlántico, y encadenan el pasado al presente: Beforebeginners (10 de enero) y La Peste (11 de enero). La última es una producción ibérica que presenta una terrible epidemia en el siglo XVI como presagio del fin del mundo en Sevilla. La otra es una absoluta perversión noruega del policial. El título refiere a unos extranjeros del pasado que aparecen en nuestro mundo de manera sorpresiva. Además de los componentes fantásticos y políticos, la ficción sigue a una dupla de investigadores conformada por un detective y una auténtica vikinga que cuenta con un “background multitemporal”.

Otra producción esperada es 30 monedas. La primera serie de Álex de La Iglesia le da una vuelta de tuerca a las temáticas que el mismo realizador presentó en El día de la bestia. Su protagonista es un exorcista, boxeador y exconvicto (Eduard Fernández) exiliados por la Iglesia en un pueblo remoto de España. El mismo lugar donde está escondida parte del dinero por el que Judas traicionó a Jesús y es parte de una conspiración global.

Amazon Prime Video: los dioses están de vuelta

Del menú de Amazon Prime video se destaca un plato de proporciones bíblicas: American Gods (11 de enero). Nuevo arco para que los exponentes de distintas mitologías combatan contra nuevas creencias como Internet y la Globalización. Shadow (Ricky Whittle) y Mr. Wednesday (el genial Ian McShane) volverán a cruzar sus destinos en las gélidas tierras de Wisconsin. Despampanante y dramática, en esta parte del relato harán su aparición los orishas. La ficción está basada en la novela de Neil Gaiman y cuenta con el sello de Bryan Fuller (Hannibal).

Más adelante será el turno de El internado: Las cumbres, otra producción ibérica de alto rango que se apropia de los códigos del terror.

De la mano de Stephen King

Las adaptaciones seriadas de la obra de Stephen King siguen a la orden del día. Sin ir más lejos, Starzplay estrenará el próximo domingo The Stand, segunda versión audiovisual de una sus primeras y más celebradas novelas. ¿La trama? El mundo ha quedado diezmado por una plaga y se enfrenta a una lucha elemental entre el bien y el mal. “Ninguno de nosotros podría haber imaginado que esta obra maestra sobre una pandemia llegaría a ser tan inquietantemente relevante”, expresó su showrunner, Benjamin Cavell. Además de los paralelismos, la miniserie de nueve episodios se destaca por un elenco variopinto (Whoopi Goldberg, Alexander Skarsgård, Amber Heard, James Marsden y Gregg Kinnear). Los productores se dieron el gusto de ampliar la historia e incluir un nuevo cierre pergeñado por el oriundo de Maine.

Apple TV, por su parte, le dará lugar a La historia de Lisey (sin fecha de estreno). Julianne Moore encarnará a una viuda que descubre los secretos más oscuros de su difunto esposo. Detalle: el propio autor se encargará de los ocho guiones de este thriller producido por J. J. Abrams.

Falta y resto

Nerd: Dragonslayer666 (Film&Arts, martes de enero a las 22). Producción nórdica que constata la desfachatez y originalidad para interpretar el presente desde esa parte del mundo. Su protagonista es un estudiante de secundaria que desea convertirse en una estrella de los Esports. Antes deberá lidiar con grandes desafíos, como que su madre le destruya su computadora. Acidez y humor digital ensamblado en Finlandia.

The Driver (Acorn TV, 7 de enero). Con algo de retraso arriba esta elogiada miniserie de la BBC One. Un taxista, cansado de lidiar con la rutina y el destrato de Londres, acepta trabajar como chofer para la mafia. Prototipo del thriller británico donde David Morrissey (el Gobernador de The Walking Dead) imanta con su rostro imperturbable.

Guerra de espías con Damian Lewis (History Channel, 16 de enero a las 22.45). El actor de Billions y Homeland es el presentador del docudrama que desempolva historias de la Guerra Fría hasta la actualidad: operaciones en código, fugas de diplomáticos e historias que dejarían babeando a Ian Fleming y Graham Greene.

– Segunda temporada de Pennyworth (Starzplay, 28 de febrero). La serie narra el desconocido pasado del mayordomo de Batman y se ubica lejos de Ciudad Gótica -en una oscura Londres de los ’60- donde las logias intentan hacerse del poder. Además de la previa de Alfred (Jack Bannon), la entrega explora el otro lado de los padres del futuro encapotado: Thomas Wayne (Ben Aldridge) y Martha Kane (Emma Paetz). Un dato fue creada por Bruno Heller, el mismo responsable de Gotham.

Incertidumbres pandémicas

Peaky Blinders y The Handmaid’s Tale tenían confirmado su regreso para el 2020. La pandemia obligó a un largo impasse para los Shelby y el sufrimiento de las criadas. Aunque sin fecha confirmada, la sexta parte de los mafiosos de Birmingham estará disponible en Netflix y la ficción protagonizada por Elisabeth Moss hará lo propio por Hulu. ¿La pantalla a nivel local? Saber esto es más complicado que escapar de Gilead.

Otro tipo de incertidumbre corre para Bel-Air. El proyecto surgió de una inquietud de Morgan Cooper: ¿cómo adecuar la sitcom El príncipe del rap a los dilemas y dramas actuales de un joven afroamericano en los Estados Unidos? Hizo un video que se volvió viral, Will Smith vio el filón y produjo este reboot que tendrá su estreno durante este 2021. La reanudación de Dexter, por su parte, deberá erradicar un prejuicio lógico. ¿Tiene sentido retomar una historia que ya tuvo su final? Su showrunner manifestó que no será una novena temporada sino un nuevo comienzo. En definitiva, Michael C. Hall volverá a ponerse en la piel del forense que mataba villanos.

¿Más certezas? Habrá una nueva serie de Nicole Kidman junto a David E. Kelley basada en una novela de Liane Moriarty. El trío intentará repetir el suceso de The Undoing con Nine Perfect Strangers. La australiana encarna a una directora de un centro new age que busca revitalizar las mentes y los cuerpos de nueve extraños. 2021 también será el año de Impeachment: American Crime Story (sobre el affaire Clinton Lewinsky) y la décima temporada de American Horror Story. Porque un año no es tal sin los collages narrativos del incansable Ryan Murphy.

 



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“Soul”, la última película de Pixar desembarca con Disney+ para Navidad  | Una notable incursión animada en el mundo del jazz



Ante el estreno de cada nueva película de los estudios de animación Pixar –de un tiempo a esta parte, uno de los muchos y largos tentáculos del pulpo Disney– suelen renovarse expectativas universales y particulares. Dentro de este último grupo, debe señalarse el desafío cinéfilo de imaginar si estará a la altura de las mejores producciones del pasado. Soul, que en la Argentina desembarcará en la plataforma Disney+ el 25 de diciembre, de forma gratuita para los abonados al servicio, ofrecía a priori varias pistas para esperar lo mejor y otras que podían llegar a generar ciertas dudas y reticencias. En principio, se trata del nuevo largometraje del experimentado Pete Docter (en codirección junto a Kemp Powers), uno de los responsables máximos de títulos como Monsters Inc., Up – Una aventura de altura –dos de los films más venerados de la compañía del velador saltarín– e Intensa Mente, proyecto que supo dividir las aguas críticas, a pesar de contar con un importante grupo de defensores a ultranza de sus virtudes. 

Por otro lado, los adelantos llegados durante las últimas semanas anticipaban una mezcla del hiperrealismo digital usual en Pixar –toda una marca de estilo de la casa– con trazos y texturas muy diferentes a las que suelen apreciarse en los productos de animación familiar mainstream. Las suspicacias tenían otro origen: el hecho de contar con un protagonista afroamericano, en estos tiempos de hipercorrección política, podía hacer pensar a algún espectador desconfiado que las reglas de la etiqueta racial y étnica acabarían por destronar las posibles bondades narrativas. Pero no hay nada que temer, al menos en ese terreno. Soul edifica en Joe Gardner, un profesor de música de mediana edad que nunca logró cumplir el sueño de convertirse en pianista de jazz profesional, a un personaje de cierta complejidad y humanidad, nunca un simple reservorio de ideologías o el reflejo panfletario de anhelos sociales. La ciudad es, desde luego, Nueva York, aunque al menos la mitad de la historia transcurre entre un Más Allá que tiene lugar después de la muerte y un limbo previo a los nacimientos en la Tierra. Entre esos mundos y una meta que parece imposible de cumplir se mueve Joe, el más impensado de los aventureros existenciales.

¿Hay algo más irritante que un grupo de estudiantes de primaria intentando sacarle algún sonido más o menos elegante a un instrumento? Joe, cuya voz posee el inconfundible timbre de Jamie Foxx, resiste con estoicismo los pifies de tono, chirridos y demás cacofonías infantiles, como suele hacer todos los días, antes de recibir una buena nueva que, en el fondo, es lo más parecido a una condena. Finalmente, luego de váyase a saber cuánto tiempo, llega la notificación de su pase a la planta permanente de maestros. Con aguinaldo, vacaciones y seguro médico asegurados. ¿Qué ha hecho Joe para merecer ese último clavo en el ataúd del futuro, luego de tantos intentos por hacer del jazz su estilo de vida y forma de subsistencia? Pero… justo entonces, reafirmando eso de que la vida te quita pero también te da, el llamado telefónico de un colega músico le acerca lo que aparenta ser la última oportunidad para lograr su sueño: una audición para reemplazar al pianista del cuarteto de Dorothea Williams, consumada saxofonista que anda de gira por la Gran Manzana. Los primeros minutos de la película de Docter y Powers enfrentan al protagonista a una nueva discusión con su madre modista, desconocedora del posible gig de esa noche, al tiempo que su hijo se prepara para la gran noche. Pero no podrá ser. Y lo que sigue no es ningún spoiler. A los diez minutos de proyección, ensimismado en sus pensamientos de gloria y loor, Joe cae en un agujero en medio de la calle y muere. O casi. Su cuerpo permanece en un coma profundo del cual nadie ni nada de este mundo podría sacarlo. “La primera versión de la historia no ocupaba prácticamente nada de tiempo en la Tierra”, afirmó Docter en una entrevista con el periódico Los Angeles Times, antes de ofrecer la primera pista de que la agenda política fue siempre secundaria a la creativa, incluso en el origen mismo del proyecto. El hecho de que Joe sea negro fue algo que se definió “luego de que el jazz estuviera integrado a la historia. El jazz, tanto en la cultura afroamericana como en la propia película, son cruciales. Había algo en el hecho de hacer que el protagonista fuera un músico de jazz que se sentía altruista, porque nadie se mete en ese mundo para ser rico y famoso, sino por una verdadera pasión por el género. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que si este tipo iba a ser un músico de jazz debía ser negro. No parecía apropiado que fuera de otra manera ya que el jazz es una de las mayores contribuciones afroamericanas a la cultura de los Estados Unidos”. Los títulos de cierre de Soul listan a una buena cantidad de consultores culturales e históricos, movida precavida que tuvo su corolario en la inclusión del dramaturgo Kemp Powers como uno de los guionistas, posición previa a su ascenso como codirector. Powers –cuya obra teatral One Night in Miami tiene una adaptación al cine dirigida por Regina King, de inminente estreno– “se involucró en el arte, en el proceso de diseño y en la animación y fue transformándose en una piedra angular para que la película se sintiera auténtica”. De allí al empujón hacia la posición central del equipo hubo un solo paso.

EL CIELO PUEDE ESPERAR

El ingreso a los mundos no terrenales le permite a Soul elaborar un diseño visual atractivo y racionalista, cercano por momentos a los trazos minimalistas de cierta animación de finales de los años 50 y comienzos de los 60. Una cruza del famoso estilo UPA con otras corrientes más o menos abstractas. Casi lo opuesto del bullicio multicolor de la tierra de los muertos mexicana de Coco, el otro film Pixar que transcurre en gran medida “del otro lado”. Joe ya no está entre los vivos pero la escalera que lo lleva al cielo no le apetece en lo más mínimo. Escapando de un destino que no acepta excepciones, el héroe cae literalmente en otro universo donde las almas –una de las dos acepciones lógicas de ese soul al que refiere el título– esperan pacientemente su despegue hacia la Tierra, antes de ocupar el cuerpo humano (o no humano) correspondiente. Un lugar donde se dictan los “Seminarios del Tú”, programas de autoayuda para lograr entrar al planeta azul como corresponde. Para evitar el destierro y el regreso a los peldaños celestiales, Joe se hace pasar por un mentor de espíritus díscolos y es así como conoce a 22 (la voz es la de Tina Fey), un almita experimentada en nihilismos, negadora de los bondades de la vida terrena y ansiosa por permanecer en ese purgatorio que se le antoja paradisíaco. Un ente tan rebelde y refutador de las posibilidades vitales que ni siquiera el mecenazgo de un Abraham Lincoln, Muhammad Ali o la Madre Teresa han logrado interesar en virtud humana alguna. Ergo, no hay ninguna “chispa”, ningún interés o anhelo concreto que empuje a 22 a habitar un cuerpo. A todo esto, Joe ha dejado de tener su figura humana, adoptando en su lugar un aspecto redondeado, petiso y etéreo. Aunque con anteojos a tono. El dilema existencial pone primera y el pacto se sella: ¿acaso es posible conseguir ese algo que le falta a 22 para ocupar un cuerpo y enrocarlo con Joe? De esa manera, ambos conseguirían lo que desean: el no nacido, continuar disfrutando de su libertad desencarnada; el alma en pena, volver ahí abajo, a esa cama de hospital ocupada por la carne inerte. Desde luego que semejante trama, de cierta densidad filosófica, no está reñida con el estilo humorístico de Pixar, y cada detalle de angustia ante el vacío es acompañado por el guion con gestos y frases diseñadas para desinflar cualquier atisbo de gravedad. Como esas criaturas energéticas que andan en barco en busca de almas perdidas, sublimación espiritual de un grupo de humanos meditando acá en la Tierra, cuyo líder recorre la superficie de un campo tristón escuchando al Dylan más eléctrico.

La música es, desde luego, esencial a la historia. Los muy activos Trent Reznor (cabeza de la banda Nine Inch Nails) y Atticus Ross, también responsables de la banda sonora de la reciente Mank, de David Fincher, compusieron las distintas melodías que acompañan las aventuras de Joe y compañía. La partitura jazzística, en tanto, le pertenece al multi instrumentalista Jon Batiste, la joven maravilla de Nueva Orleans. De hecho, cuando los encuadres muestran los movedizos dedos de Joe circulando sobre las teclas negras y blancas del piano lo que el espectador está realmente viendo son los dígitos de Jon, reconstruidos digitalmente al detalle por los animadores. En las notas de producción distribuidas a la prensa, Docter hace hincapié en un hecho muy conocido por los historiadores del cine de animación desde los inicios del período sonoro. “Si uno se detiene a mirar los primeros cortos animados hay una conexión real con el jazz. Es rítmico, es interesante de escuchar y es real. Siempre he sentido una enorme alegría cuando puede escucharse algo que está sincronizado visualmente. Creo que eso fue lo que atrajo a muchos animadores tempranos hacia el mundo del jazz: se dieron cuenta de lo bien que sincronizaba con lo que estaban tratando de hacer visualmente”. No hay más que ver algún compilado de las Merry Melodies de los estudios Warner, en particular las más tempranas, para que la reflexión del realizador se vea confirmada con creces. ¿Y acaso no hay alguna conexión espiritual entre Joe y el búho indócil de I Love to Singa, el corto de 1936 dirigido por Tex Avery, cuyo joven protagonista se rebela ante la imposición paterna para seguir los ritmos del jazz más bailable? Cuando Joe toca por primera vez ante Dorothea, antes de su “desaparición física”, el placer de la música que está gestando con sus manos, mente y espíritu lo traslada a otro nivel, a un mundo elevado en el cual la realidad se ve transformada. 

La concentración del músico, el goce de la creación sonora, permiten que la realidad concreta desaparezca momentáneamente. Esa y no otra será la única garantía de éxito en la empresa que le espera, el gancho que le permitirá imaginar un regreso a la vida terrestre. Docter recuerda que fue el encuentro casual con una clase maestra dictada por el músico Herbie Hancock para el sitio web Master Class lo que terminó de sellar el carácter y personalidad de Joe. Una de las “chispas” creativas de Soul. En el fragmento mencionado por el cineasta, Hancock recuerda una anécdota de los tiempos en los cuales solía tocar el piano como miembro del quinteto de Davis. Fue durante unos de los tours europeos de la banda y el tema en cuestión “So What”, una de las composiciones del álbum icónico Kind of Blue. “La estábamos pasando genial. Y en medio de una de las canciones, mientras Miles tocaba, hice sonar un acorde que estaba totalmente mal. Pensé que había destruido todo, que había reducido esa noche a escombros. Miles respiró y comenzó a tocar ciertas notas, haciendo que mi acorde sonara bien. No logré entender cómo lo había hecho, pero sonó como algo mágico. Me llevó años comprender realmente qué había sucedido. Fue esto: yo había juzgado lo que había tocado, Miles no. Miles simplemente lo aceptó como algo nuevo que acababa de ocurrir. E hizo lo que todo músico de jazz siempre debe intentar hacer: transformar cualquier cosa que ocurra en algo de valor”. Joe Gardner no podría estar más de acuerdo.

VIDA INTERIOR

Frank Capra siempre logra colarse en esta clase de historias y Soul no es la excepción. El viaje de Joe para recuperar su cuerpo y el de 22 para ganarse el propio posee varios de los atributos morales del cine del gran realizador estadounidense, en particular (desde luego) algunos aspectos de ¡Qué bello es vivir! Aunque sin Navidad a la vista. La película incorpora en su tercer y último acto cierto énfasis en las lecciones de vida –las bondades infinitas que laten en las cosas más sencillas: la familia, los miembros de la comunidad, una hoja que cae de un árbol iluminado por el sol otoñal– que Pixar parece haber absorbido de la nave nodriza, Disney. Afortunadamente, ese aspecto no termina de empañarlo todo, y a mitad de camino los guionistas incorporan una vuelta de tuerca tragicómica que retoma las ideas de otro clásico de la compañía del ratón: el intercambio de mentes y cuerpos explorado en Un viernes alocado (1976), el film con actores de carne y hueso en el cual el personaje encarnado por Jodie Foster pasaba un día dentro de su propia madre y viceversa, para el horror de ambas. 

No conviene adelantar aquí cómo y en qué condiciones se produce la extraña mezcolanza, pero baste decir que es el origen de algunos de los gags más ocurrentes de la película. En cuanto a los riesgos de la exploración artística y los límites autoimpuestos por una compañía como Disney a sus productos, entre la corrección política y el deseo genuino de no ofender, Docter arriesga en la entrevista con Los Angeles Times un posible compromiso entre ambos extremos: “En Pixar siempre intentamos estilizar, pero hemos cometido muchos errores y llegado tan lejos como pudimos con ciertas cosas, sin darnos cuenta de que a veces podían verse ofensivas. Cosas como el tamaño de las orejas o la nariz, que para nosotros pueden parecer algo estándar, en este caso podían convertirse en una cuerda floja. Si queremos realmente reflejar a la gente y el mundo de manera precisa necesitamos pasar más tiempo mirando y aprendiendo. Eso no es fácil porque es trabajo extra y lleva tiempo. Pero creo que es importante, especialmente cuando se cuenta con esta increíble plataforma, Pixar, y se considera el efecto que estas películas tienen en los niños pequeños. Históricamente, la animación ha sido un grupo de hombre blancos, y eso está cambiando lentamente, aunque creo que aún estamos atrasados. Ojalá podamos en el futuro tener más voces en la mesa para poder ser más intrínsecos y orgánicos. Hasta entonces, lo más cercano es continuar educándonos.”

La copia lleva el sello del Festival de Cannes: la película iba a estrenarse mundialmente en el prestigioso festival francés en mayo de este año, pero el covid-19 anuló todos los planes. El lanzamiento en salas de cine propuesto para junio tampoco pudo ser y, de esa manera, Soul se convirtió en la primera (¿y la última?) producción de Pixar en desembarcar directamente en una plataforma de streaming. Una pena: tanto el diseño visual como el sonoro resultan ideales para ser disfrutados en la comodidad de una butaca y la amplitud de una gran pantalla. En palabras de Docter, “al comienzo me puso un poco triste no tener un estreno en cines, pero dadas las condiciones del mundo esta parece ser la mejor manera de asegurarse de que la película sea vista”. El retratado por Soul es un mundo pre covid, una Nueva York repleta de transeúntes sin barbijos, una ciudad cuya vida diurna es frenética y su nocturnidad está poblada por luces de neón y clubes de jazz. Pero, en su esencia, Soul es una película de interiores humanos. Como Intensa Mente, con la cual parece conformar un díptico animado sobre la vida interna de sus protagonistas. En ese sentido, y sin ser una obra maestra dentro del canon Pixar, el film de Docter y Powers vuelve a demostrar que en el terreno de la animación de gran presupuesto y ambiciones populares muy pocos pueden competirle al ingenio, delicadeza y creatividad del estudio de Emeryville. Con o sin el ratón multimillonario metiendo la cola.

POR QUÉ HAY PIXAR PARA RATO

SE VIENEN LOS TANQUES PARA LA NUEVA TEMPORADA

“A la fecha, Soul debe ser la película de Pixar con el reparto más internacional. Las voces que les dan vida a los guardianes de almas incluyen a Alice Braga de Brasil, Zenobia Shroff de India, Richard Ayoade del Reino Unido y Wes Studi, uno de los actores de origen nativo más conocidos de los Estados Unidos. Creo que esto es representativo de algo que veremos cada vez más seguido en el futuro. No sólo delante de la cámara sino también detrás de escena. Espero que esto se refleje en toda la industria de la animación”. Las palabras de Pete Docter resuenan en uno de los proyectos inmediatos de Pixar, Luca, largometraje cuyo estreno está anunciado para mediados de 2021. Dirigida por el genovés Enrico Casarosa y con producción del propio Docter, la historia transcurre por completo en la Riviera italiana, trasfondo idílico para retratar el particular vínculo que se establece entre un joven y su nuevo amigo quien, detrás de una apariencia humana, esconde un secreto oculto en las profundidades del océano. Es el primer largo de Casarosa, que viene trabajando en las filas de la compañía desde hace varios años como dibujante de storyboards, entre otros roles artísticos. Luca es apenas uno de los varios proyectos confirmados o anunciados hace escasos días por la compañía madre, Disney, para el futuro inmediato y mediato.

En primer lugar, los escritores, dibujantes y diseñadores ya están trabajando en un largometraje titulado Buzz Lightyear, desde ya considerado como uno de los “tanques” animados de la temporada 2022. No se trata, sin embargo, de un spin off del personaje de la saga Toy Story, sino de un relato que describirá la peligrosa vida de un astronauta de carne y hueso (es un decir), cuyas aventuras dan finalmente origen al famoso muñeco a pilas, el compañero inseparable del sheriff Woody. Chris Evans será el responsable de ponerle la voz al protagonista de esta suerte de precuela de las “historias de juguetes” que hicieron famosa a la compañía Pixar. Dejando un poco de lado las infancias para abordar la siempre compleja adolescencia, Turning Red es otro de los proyectos de largometraje con luz verde. Con la dirección de Domee Shi, una de las animadoras principales de Los increíbles 2 y Toy Story 4, el film –otros de los estrenos de Pixar pensados para 2022– se concentrará en una chica llamada Mie cuya aparente normalidad se ve alterada ante situaciones de mucha presión, momentos en los cuales se transforma en un panda rojo gigante. (¡¿?!).

Teniendo en cuenta la importancia cada vez mayor del mercado del streaming global, resulta lógico que entre los anuncios se destaquen varias propuestas seriadas. Entre otras, una saga protagonizada por el perro de Up, otra en la cual Rayo McQueen y Mate continúan sus aventuras motorizadas y una tercera, llamada tentativamente Win or Lose, cuyos protagonistas humanos forman parte del equipo de softball de una escuela secundaria. Cada episodio de este último proyecto tendrá una duración extendida de casi una hora y estará centrado en uno de los miembros del grupo, acercándose a un concepto usualmente ligado a las series con actores de carne y hueso y no tanto a la animación infantil. De esta manera, más allá de la producción pensada para las pantallas hogareñas, Pixar continúa dedicándole un tiempo de gestación y cocción extenso a cada una de las películas, condición que hasta la fecha ha dado como resultado algunos de los films de animación más creativos y estimulantes de las últimas dos décadas y media.



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Se estrena “Mulan”: El maravilloso mundo del… ¡Drag! | Remake de la película de culto LGBTIQ




| Remake de la película de culto LGBTIQ



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“Mulán”: No se puede conformar a todos | Se estrena este viernes en Disney+



MULÁN  –  5 PUNTOS
(Estados Unidos-China/2020)
Dirección: Niki Caro
Guion: Rick Jaffa, Amanda Silver, Lauren Hynek y Elizabeth Martin
Duración: 115 minutos
Elenco: Liu Yifei, Donnie Yen, Gong Li, Jet Li, Jason Scott Lee y Rosalind Chao.

Estreno en Disney+

De haberse estrenado en 2019 y no durante este caótico y eterno 2020, difícilmente se hubiera escrito tanto sobre Mulán, versión live action del film homónimo animado de 1998. Claro que los textos hablaban menos de la película que de lo que hubo alrededor. Y lo que hubo fue un recorrido cuyas distintas postas –desde la preproducción hasta el lanzamiento– cifran las principales encrucijadas del consumo audiovisual contemporáneo, esa suerte de aldea global pródiga en productos tan correctos como desalmados y fácilmente intercambiables entre sí. Mulán, como ellos, lleva con orgullo las huellas de su “deber ser” a flor de piel, dejándose arrastrar por el viento de las imposiciones de la corrección política para contentar a todos, todas y todes. Hasta a los chinos debe contentar esta joven guerrera dispuesta a todo con tal de defender al mismo Rey que les niega gran parte de su condición de humanidad a las mujeres de la comunidad. Película, personaje y productores aspiran a lo imposible: romper las tradiciones pero sin romperlas.

Todo comenzó apenas se supo que la heroína sería interpretada por una occidental y en China pusieron el grito en el cielo aludiendo que no había chance de que una película ambientada en su historia y enmarcada en su cultura funcionara con alguien de ojos redondos llevando adelante la acción. Disney, sabiendo que la parte más jugosa de los ingresos de taquilla llegaría desde el gigante asiático, atendió el reclamo y puso como cabeza del reparto a la estrella local Yifei Liu. Asunto solucionado, hasta que llegó la pandemia. La empresa del castillo aprovechó el cierre de las salas para ensayar una nueva metodología de lanzamiento habilitando el visionado online en Disney+ a aquellos suscriptores dispuestos a pagar un importe extra al abono mensual, mientras las cadenas de exhibición ponían el grito en el cielo, temerosas de que ya nada vuelva a ser como antes luego de ese experimento. Para el resto de los mortales, latinoamericanos incluidos, Mulán podrá verse dentro del paquete básico desde hoy.

Tiene su lógica que una película surgida en medio de esos tironeos e intereses cruzados, entre los pliegues del proverbial monitoreo del régimen rojo sobre las producciones estrenadas en el país y la utopía de un público multitarget, ajeno a los límites fronterizos políticos, que comanda el capitán Mickey desde la cúpula de su castillo, tenga un arco dramático en tensión constante. De un lado hace fuerza el subgénero asiático llamado wuxia (películas épicas vinculadas con las artes marciales y la cultura ancestral china), del que Mulán se nutre con su abrumador despliegue visual en las peleas cuerpo a cuerpo y su vindicación del honor y la hidalguía como nortes éticos. Del otro está la mirada siempre conciliadora y simplificadora de la factoría Disney, que se traduce en la modificación de algunas situaciones y personajes para adecuarlos a los tiempos que corren. Ahí están, por ejemplo, la villana con quien Mulán se espeja o ese soldadito que por momentos parece fungir como interés romántico, una subtrama lo suficientemente lavada como para disolverse sin que a nadie le importe demasiado.



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La jugada de AFA contra Disney chocó con un fallo judicial y Fox podrá transmitir la Copa de la Liga

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Oficial: AFA rompió con Fox y TNT quedará como el dueño de los derechos de TV

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Las razones que llevaron a la AFA a romper el contrato con la TV | Un combo que incluye más dinero, cuestiones legales y conflictos de intereses



El fútbol argentino siempre se rigió por el sálvese quién pueda. Si se aplica el parámetro del tamaño (en ingresos, convocatoria, capacidad de lobby) Boca y River tienen más posibilidades de salvarse. Los demás clubes vienen lejos detrás, en un degradé donde Racing o Independiente pesan mucho más que Arsenal –ya sin Julio Grondona– o Defensa y Justicia. Aún divididos, casi todos -menos los dos de mayor audiencia, Estudiantes y Talleres – votaron el viernes rescindir un contrato clave para la AFA: es el que mantenían con la corporación Disney por los derechos de TV y que finalizaba en 2022. 

¿Qué llevó a la mayoría a tomar esta medida, firme pero osada, si se toma en cuenta la docilidad histórica que siempre tuvo la dirigencia con los dueños del negocio televisivo? Una es elocuente: el fútbol no cobraba lo suficiente por un contrato en pesos que se fagocitó una devaluación imparable. La otra es de orden legal: la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) rechazó la fusión entre Disney y Fox, dueños del 50 por ciento del convenio firmado en 2017 para transmitir los partidos. La otra mitad la tiene Turner, tan estadounidense como aquellas y que ahora se convertirá en la gran ganadora. Hasta ahí todo parece legítimo. Oferta y demanda; pero también deslealtad comercial –como aduce la AFA– porque no se la notificó del control casi monopólico que hubieran gozado las dos primeras cadenas cartelizadas. Tal vez los dirigentes temían la repetición de experiencias negativas del pasado.

Este conflicto de intereses dejó en evidencia cómo funciona el mercado cuando el Estado se corre o interviene, según quién gobierne. Hace tres años y en plena pandemia económica macrista, los clubes quedaron a la intemperie, sometidos cómo estaban a políticas que arrasaban derechos de personas o instituciones. El 24 de febrero de 2017, 68 de los 70 representantes en la asamblea de la AFA dieron de baja el programa Fútbol para Todos y salieron a buscar socios para venderles los derechos de TV. Desde la Casa Rosada no les habían dejado otra salida. No se pondría más un peso bajo el argumento de que “el dinero iría a la construcción de escuelas y hospitales” (sic). Tampoco –hay que decirlo– hubo gestos notorios de rebeldía. Apenas una abstención y un representante que se retiró de aquella asamblea a la hora de votar. De apuro, los clubes firmarían días después el acuerdo con Turner y Fox, ahora sometida al emporio Disney.

Sabían que firmaban un contrato cuestionable –ante la retirada de un Estado desguazado por Macri– y que con el tiempo rechazarían porque quedó desactualizado. Nicolás Russo, el presidente de Lanús, se lo explicó a Página/12: “Queremos mucho más dinero. Diría que como mínimo el doble de lo que estamos cobrando por los derechos de TV. Son valores muy bajos. Deberíamos estar triplicando lo que ganamos”. Los dirigentes siempre recelaron de sus socios, las distintas empresas que manejaron el producto desde mediados de los años ‘80 hasta hoy: Torneos y Competencias (TyC), Televisión Satelital Codificada (TSC) -la sociedad de aquella con el grupo Clarín-, Fox y Turner.

Sí desconfiaban durante el período 2009-2015 mientras estuvo vigente el Fútbol para Todos, no lo decían. Había una diferencia con los privados. El Estado no es dueño de empresas de cable. Pero el grupo Clarín que distribuye los contenidos de Fox y Turner sí lo es. El principal operador del país, Cablevisión, tenía 3,3 millones de abonados a fines de 2019, según los últimos reportes difundidos. Para la AFA ese mercado siempre fue inabordable. Nunca creyó en las cifras de hogares que pagan el servicio de cable, según les informa el grupo que controla Héctor Magnetto.

Si todo continúa como esperan Claudio Chiqui Tapia y Marcelo Tinelli -los dos principales negociadores con Turner-, los derechos de TV se prorrogarán como señala el contrato antes de que este finalice en 2022. Para ese momento habría un único beneficiario: la poderosa AT&T que compró a Time Warner con HBO y DirecTV como socios estratégicos. La opción de renovación es hasta 2027. La sociedad Disney-Fox intentó aumentar el monto a pagar ahora con un adelanto del 50 por ciento del contrato futuro pero recibió una “negativa”, le dijo Russo a este diario. El presidente de Lanús señaló al de River, Rodolfo D’Onofrio, como el gestor de esa iniciativa: “Él nos trajo una propuesta que nos adelantaba el 50% de lo que teníamos que percibir en el 2027, el último año de contrato”.

Es posible que se venga una demanda contra el fútbol. El grupo Clarín se la inició a la AFA cuando perdió en agosto de 2009 el contrato de TV que pasó a manejar la jefatura de Gabinete durante el gobierno de Cristina Kirchner. Eran tiempos del Fútbol para Todos que por ahora no volverá en su formato original, pero sí es posible que en grageas. Altos dirigentes del gobierno, conocedores de la pasión que representa el fútbol, alientan la posibilidad de que algunos partidos sean transmitidos por la Televisión Pública. Pero la mayoría serán emitidos por TNT Sports que ya está mostrando la leyenda “el canal del fútbol argentino”. Un anticipo de lo que vendrá.

El “grave incumplimiento” que señaló la AFA para romper su sociedad con Fox-Disney basándose en la falta de información sobre aquella fusión, fue la coartada necesaria para patear al tablero. El contrato obligaba a las empresas a comunicar cualquier cambio en el status societario dentro de un plazo de 30 días. Disney, la nueva propietaria de los derechos los pondría en la pantalla de ESPN – su controlada-, pero Defensa de la Competencia le dijo que no. “El poder de negociación de la entidad fusionada también estaría reforzado por el hecho de contar en su portfolio de señales con Fox Sports Premium, que cuenta con la exclusividad de la mitad de los partidos de la Superliga Argentina de Fútbol, torneo de mayor relevancia del fútbol a nivel nacional”, explicó la CNDC. En otro párrafo de su resolución agregó: “Dado que las señales Espn y Fox Sports son los competidores más cercanos en el mercado de señales deportivas, la operación de fusión elimina a un competidor relevante. Por consiguiente, la operación tendría como consecuencia el incremento sustancial de la concentración en el mercado de señales deportivas”.

Decidida la rescisión del convenio que duró tres años, los dirigentes ahora van por el nuevo acuerdo con Turner y el reparto más equitativo de las ventajas que obtengan. River y Boca no piensan lo mismo. Russo les recordó dónde está la mayoría de los veinte clubes que votaron terminar con Disney, el gigante de la industria del entretenimiento. Pero además los acusó de “cobrar dinero por afuera”. “Queremos hacer las cosas de forma transparente”, agregó el presidente de Lanús, un hombre que en el fútbol es una de las pocas voces que se escuchan de un rebaño silencioso.

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