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El dióxido de cloro e ibuprofeno inhalado no son alternativa terapéutica frente a la covid-19



La utilización del término “uso compasivo” por un médico o por un funcionario del sistema de justicia para la administración a un paciente gravemente enfermo de preparados sin evidencias racionales de beneficio y con serios riesgos para su salud e integridad es motivo de una mala praxis médica y jurídica.

Las normas éticas, legales y sociales han dejado de usar el término “compasivo” porque a los pacientes se los debe tratar como sujetos de derecho y no como objetos pasivos de las virtudes o vicios de quienes les tratan.

Los médicos deben prescribir los medicamentos autorizados por la Anmat para los usos registrados y establecidos en el prospecto de los mismos. El uso fuera de prospecto, que es de exclusiva responsabilidad del médico tratante, es una práctica que se basa en el conocimiento científico disponible y en la experiencia del profesional.

En el caso del paciente del Sanatorio Otamendi no se dispone de esa evidencia científica para las dos prescripciones indicadas ni la especialidad del médico que las indicó supone ninguna experiencia particular en el tratamiento de pacientes afectados de covid-19.

Los jueces no deben dirimir diferencias de escuelas médicas cuando esas diferencias en los métodos y materiales utilizados no afectan en modo importante a los resultados esperables para el beneficio y la seguridad de los pacientes. Pero los jueces deben exigir que los médicos actúen según el estado de los conocimientos médicos y los consensos profesionales más amplios alcanzados en la demostración de los tratamientos de mayor beneficio para los pacientes (Lex Artis Ad-Hoc).

Ese consenso internacional indica que los pacientes afectados de covid-19 de ningún modo deben ser tratados con dióxido de cloro intravenoso, ni tampoco deben ser tratados con ibuprofeno inhalado en el estado actual de los conocimientos.

Queda claro en este caso que desde el punto de vista normativo, administrativo, ético y profesional, ni los profesionales ni el Sanatorio tienen la obligación de administrar un tratamiento que no tiene fundamento. Y aún más, tienen el deber de no administrarlo.

La medida cautelar dispuesta por el juez interviniente contra el Sanatorio Otamendi y sus profesionales debe ser rechazada del modo más enérgico. Es un muy peligroso antecedente para la salud pública en nuestro país, y para los trabajadores e instituciones de salud que deben enfrentar la difícil situación de pandemia que atravesamos.

Prescripción médica y “uso compasivo”

El paciente G.R.O., con un compromiso pulmonar severo por covid, recibía tratamiento convencional y oxígeno, pese a lo cual su saturación de hemoglobina descendía. Por estas causas, C.D. un médico ajeno al establecimiento de salud en el que era tratado, le prescribió tratamiento compasivo con dióxido de cloro endovenoso y nebulizaciones con ibuprofenato de sodio.

La Disposición 849/1995 de la Anmat reglamentaba el uso compasivo de medicamentos, que se definía como el uso estrictamente individual de una droga en situaciones clínicas que comprometen la vida, cuando no es efectiva la terapéutica convencional. Si esa droga no había sido autorizada, debía existir una base racional en la evidencia científica para concluir que la droga podía ser efectiva para el paciente y que no se iba a exponer a éste a un riesgo no razonable. Además de las exigencias en tanto esa droga estuviera en etapa de investigación, la norma exigía que el médico tratante solicitara autorización ante las autoridades de ANMAT, acompañada de una declaración del fabricante, una justificación para el uso de la droga y un consentimiento firmado por el paciente.

Aquella norma tuvo varias modificaciones. La Disposición 4616/2019 reemplazó a las anteriores y estableció el Régimen de Accesibilidad de Excepción a Medicamentos (ex uso compasivo) para medicamentos que no estén registrados ante la ANMAT pero lo estén en un país reconocido por el organismo y se usen para un paciente en particular, o sin estar registrados sean requeridos por el Ministerio de Salud para una emergencia sanitaria, o que sin estar registrados no se encuentren disponibles en el país.

El solicitante de la autorización por la ANMAT debe ser el paciente o un familiar a cargo con la prescripción del médico tratante. La norma establece claramente que la solicitud de importación en caso de emergencia sanitaria debe hacerla el Ministerio de Salud con presentación del la Declaración de Emergencia Sanitaria.

Queda claro que el caso del paciente G.R.O. queda fuera de la normativa vigente sobre el uso de excepción de medicamentos no registrados (antes uso compasivo) y sujeto por tanto a las generales de la ley en cuanto al ejercicio de la medicina y el deber de asistencia. La utilización del término “uso compasivo” por el médico tratante no tiene valor normativo alguno desde el punto de vista administrativo y tampoco lo tiene desde el punto de vista ético como se ha señalado al tratar de las evidencias internacionales de seguridad y eficacia de las drogas prescriptas. Las normas éticas, legales y sociales han dejado de usar el término “compasivo” porque a los pacientes se los debe tratar como sujetos de derecho y no como objetos pasivos a las virtudes (o vicios) de quienes les tratan.

La medida cautelar

Sin embargo, L.J.M., hijo por afinidad de G.R.O., interpuso una medida cautelar para que el Sanatorio en el que el paciente estaba internado, le proveyera a éste con carácter urgente y con el fin de evitar su deceso, los “tratamientos compasivos” prescriptos por el médico tratante.

El juez que entendió en la causa, sostuvo en su fallo que “… a la luz de la documentación acompañada, no se advierte una imposibilidad de orden médica para la implementación de los tratamientos prescriptos y adecuado al caso de autos, que además, es de urgente realización ya que puede mejorar el diagnóstico y el tratamiento consecuente a adoptarse de manera inminente o, en su caso, salvar la vida del paciente (itálicas nuestras)”. Más adelante agrega: “En consecuencia, es claro que en el actual estado de la causa, la cobertura de los tratamientos indicados no ocasionaría un grave perjuicio para la demandada, pero evita, en cambio, el agravamiento de las condiciones de vida de la actora, circunstancia ésta que torna procedente la petición cautelar”. Y por lo tanto resolvió que el Sanatorio arbitre los medios para la implementación de los tratamientos prescriptos por el médico tratante.

Las consideraciones del juez sobre la posibilidad de mejorar la enfermedad del paciente y hasta de salvar su vida, no tienen fundamento médico alguno ni en su texto ni en el estado actual de los conocimientos sobre los tratamientos indicados. La administración de dióxido de cloro ha sido considerada un fraude (The New York Times, Coronavirus Drug and Treatment Tracker) y las evidencias sobre el tratamiento con ibuprofeno inhalado son tan bajas que las sociedades médicas y científicas, nacionales e internacionales han sostenido que no debe utilizarse (Sociedad Argentina de Infectología, “Ibuprofeno inhalado. Documento de posición”, 9 de octubre de 2020).

Queda claro en este caso que desde el punto de vista normativo, administrativo, ético y profesional, ni los profesionales ni el Sanatorio tienen la obligación de administrar un tratamiento que no tiene fundamento. Y aún más, tienen el deber de no administrarlo. El Sanatorio apeló la medida cautelar pero una mala actuación médica y judicial ha cargado a los profesionales y su institución, así como a la asistencia del paciente, con el peso de una desmesura. Un peso que se suma al que ya la situación de pandemia le causa a los trabajadores y las instituciones de salud.

*Juan Carlos Tealdi es coordinador de la Comisión de Bioética de la Fundación FEMEBA.



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Imputan al médico que recetó dióxido de cloro al paciente del Otamendi | El juez Casanello ordenó un allanamiento en el consultorio



Dante Converti, el médico que recetó dióxido de cloro al paciente que murió en el Sanatorio Otamendi, fue imputado en la causa penal que tramita en el fuero federal porteño por la denuncia del Ministerio de Salud. La noche del martes se realizó un allanamiento en el consultorio del neurocirujano.

La investigación se inició a partir de una denuncia presentada el martes ante la Policía “como un hecho de prevención”, según fuentes judiciales. Sebastián Casanello, el juez que quedó a cargo de la causa, ordenó el allanamiento para “preservar la prueba” que fue trasladada al juzgado con sede en Comodoro Py 2002 y ahora “será analizada”.

La denuncia contra Converti está vinculada a la prescripción de dióxido de cloro para tratar el cuadro de coronavirus que padecía Oscar García Rúa. El tratamiento había sido ordenado por un juez porque el equipo médico del Sanatorio Otamendi se negaba a utilizar el químico que no cuenta con la autorización de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat).

La aplicación de un químico que tendría “carácter nocivo” para la salud es un tipo de delito que se investiga en la Justicia federal. Converti está imputado y es investigado, aunque todavía no se formuló una calificación concreta del delito que podría atribuírsele. También está imputado por “mala praxis judicial” el juez que autorizó el tratamiento.

Durante el allanamiento en el consultorio ubicado en la calle Ayacucho, que se inició poco después de las 21 y culminó a las 23, la Policía secuestró historias clínicas y recetas de dióxido de cloro, entre otras evidencias.



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En Salta rechazaron un amparo para dar dióxido de cloro a un paciente  | Hubo apelación y fue a la Corte de Justicia



El juez de la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial, Leonardo Aranibar, rechazó un amparo contra el Hospital San Bernardo promovido por familiares de un paciente al que pretendían proporcionarle dióxido de cloro (CDS) como tratamiento compasivo. 

La novedad del rechazo se conoció recién ayer, pero el amparo se presentó el 1 de septiembre último y el fallo de Aranibar se dictó en octubre. Los familiares apelaron esta decisión y ahora debe resolver la Corte de Justicia de Salta. Sin embargo, según informó una fuente del Hospital, el 16 de noviembre pasado el hombre, de 62 años, fue dado de alta.  

En la causa el juez recibió información del Comité Científico asesor del Colegio Médico de la Provincia de Salta, que presentó material científico y “advertencias de importantes entidades, acerca de la utilización de dióxido de cloro o clorito de sodio en humanos” y hasta recomendó que “se investigue y sancione, si existen profesionales que indiquen o vendan dióxido de cloro en esta provincia”. Y se agregó el informe del 16 de julio de 2020 de la Organización Panamericana de la Salud, en el que se recomendó a la población “no consumir productos que contengan dióxido de cloro o sustancias relacionadas (hipoclorito de sodio, lavandina) y denunciar cualquier promoción que se identifique sobre propiedades curativas de estos productos”.

Además, en la resolución el juez recordó que en el informe en la causa el presidente del comité de Bioética Clínica señaló que el tratamiento solicitado “se encuentra expresamente prohibido por las entidades científicas y administrativas de la salud nacional e internacional (OMS, OPS, FDA, ANMAT, Ministerio de Salud de la Nación, SAP, entre otras) para el uso en seres humanos, tanto para el tratamiento de covid-19, como de otras dolencias”.

A estos informes, el magistrado añadió que el amparo no fue acompañado de certificado alguno de un médico que prescribiera que para este paciente el tratamiento solicitado podría resultar “beneficioso para su salud”.

El paciente ingresó al Hospital Papa Francisco el 11 de
agosto de 2020 con un malestar general y fiebre. Por los síntomas, se pensó que podría tratarse de un contagio de la covid-19, pero el resultado de la prueba fue negativo. El 15 de agosto fue trasladado al Hospital San Bernardo con un diagnóstico de neumonía pleural y artritis séptica en el hombro derecho, lo que le provocaba un cuadro de insuficiencia respiratoria. Estaba internado en terapia intensiva con pronóstico reservado.

El 20 de agosto el médico tratante informó a la
familia que se había identificado la bacteria que afectaba al enfermo y que se iniciaba el
tratamiento farmacológico, con el que continuaba al momento de la acción de amparo, en la que su esposa y sus hijos manifestaban que la evolución de su estado de salud era desfavorable, con deterioro profundo deterioro y que incluso tenía sepsis. 

Ante esta situación, el 1 de septiembre la familia presentó una nota de consentimiento informado ante las
autoridades del Hospital San Bernardo pidiendo la administración de la
“sustancia CDS – dióxido de cloro” bajo el concepto de tratamiento compasivo, sin
desmedro del tratamiento en curso. Pero la gestión no prosperó y por eso los familiares recurrieron a la Justicia pidiendo que “se garantice el derecho de acceso a un tratamiento medico compasivo en la persona del señor R. S. B. y se le administre la sustancia CDS – dióxido de cloro”. 

Al responder al amparo en su contra, el abogado Nicolás Salazar, en representación del
Hospital San Bernardo, entregó un informe sobre el caso y pidió el rechazo del amparo por entender que era improcedente. 

En su resolución, el juez recordó que en materia de salud se entiende por acto compasivo a “la utilización de prácticas o productos que no están aprobados o no forman parte de la terapéutica oficialmente reconocida en situaciones extremas” y señaló que en la Declaración de Helsinki de la Asociación Medica Mundial se sostiene que “En el tratamiento de una persona enferma, el médico debe tener la libertad de utilizar un nuevo procedimiento diagnóstico o terapéutico”, si a su juicio “ofrece una (seria) esperanza de salvar la vida, restablecer la salud o aliviar el sufrimiento”.

Sin embargo, Aranibar llegó a la conclusión de que en este caso “no se advierte que la conducta desplegada por el Hospital San Bernardo, resulte arbitraria ni violatoria de derecho constitucional alguno por lo que la acción deducida no puede prosperar”. “La ilegalidad o arbitrariedad manifiesta, como presupuesto de admisibilidad de la acción de amparo, se debe observar en forma diáfana, a través de un proceder contrario al derecho, que contradiga las normas positivas”, sostuvo. Añadió que este carácter manifiesto implica que el juez debe advertir “sin asomo de duda” que se encuentra “frente a una situación palmariamente anómala”. Y recordó que “Los temas opinables o aquellos que requieren mayor debate y aporte probatorio son ajenos a este remedio procesal de raigambre constitucional”. 



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Dióxido de cloro: Repudio científico y denuncia por mala praxis | La Asociación de Neurocirugía desconoce al médico que recetó dióxido de cloro  



“Este hecho es un claro ejemplo de mala praxis judicial y médica con una afectación simbólica grave porque puede confundir a la gente. No se puede discutir más si dióxido sí o dióxido no: es dióxido no“, sentenció en diálogo con Página/12 Ignacio Maglio, presidente del Comité de Bioética de la Fundación Huésped y asesor del Ministerio de Salud de la Nación. Este martes, el abogado de la familia de Oscar García Rúa, el hombre de 92 años fallecido luego de que un médico externo al Sanatorio Otamendi le suministrara dióxido de cloro por orden judicial, adelantó que iniciarán acciones legales contra el centro de salud por negarse a utilizar el compuesto químico no autorizado por la Anmat. En tanto, 45 sociedades médicas y científicas firmaron un documento en el que observaron con “suma preocupación la injerencia del poder judicial en un tema médico – científico con implicancia en la salud pública”.

“La Justicia no debe obligar a los médicos a indicar una medicación que no tiene respaldo científico y que no está autorizada por los entes de regulación nacionales e internacionales, ni respaldada por las sociedades científicas”, señalaron en el documento las 45 entidades que componen el Foro de Sociedades Científicas, Organizaciones de la Sociedad Civil y Universidades. Entre los organismos firmantes aparecen la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiologia (SAVE), la Asociación Toxicológica Argentina (ATA) y la Fundación Huesped.

En el documento se alertó que “la autonomía del equipo de salud” no puede ser “reemplazada por decisiones judiciales carentes de fundamento científico“, y se recordó que “tanto el Ministerio de Salud de la Nación, como otras instituciones vinculadas a la salud se habían manifestado contraindicando” la aplicación del dióxido de cloro en pacientes diagnosticados con covid-19, “no solo por su ineficiencia sino fundamentalmente por su falta de seguridad“.

“El juez debería haber pedido un informe a los organismos previstos, como el Cuerpo Médico Forense o incluso a la SADI, por ejemplo. Pero ni siquiera hacía falta eso, con buscar en internet se hubiera advertido que está desaconsejado por Anmat desde agosto de 2020 y desde hace tiempo atrás por la OMS y la OPS, que indican que no solo no es un medicamento, sino que provoca eventos adversos leves, moderados y hasta graves“, dijo en este sentido Maglio, que además de presidir el Comité de Bioética de la Fundación es abogado del Hospital Muñiz y forma parte del Comité de Ética y Derechos Humanos en Pandemia Covid-19, conformado en junio de 2020 con el objetivo de asesorar a la cartera sanitaria nacional sobre las implicancias éticas de la pandemia.

Mientras aún se espera que la Justicia determine si la aplicación del dióxido influyó en la muerte del paciente, este martes, Martín Sarubbi, abogado de la familia de García Rúa, indicó que el compuesto químico finalmente no fue suministrado por los profesionales del Otamendi sino que, un día antes del fallecimiento, fue aplicado por el médico Dante Converti, el mismo que lo había recetado en la instancia que terminó con el fallo del juez federal Javier Pico Terrero instando al Otamendi a aplicar el dióxido.

Médico externo al centro de salud, Converti se presenta en su página web como impulsor de “tratamientos únicos por la combinación de distintas terapias según las necesidades del paciente y las características de su patología”. Además, aunque ante la Justicia el médico se presentó como neurocirujano, sus estudios en ese campo datan de la década del ’80 y la Asociación Argentina de Neurocirugía emitió un comunicado en el que no solo informó que Convertir no es miembro de esa entidad sino que, en cualquier caso, el tratamiento médico de un cuadro de covid-19 grave, “no se encuentra dentro de las competencias y entrenamiento de los especialistas en neurocirugía“. Este martes, el consultorio de Converti en la Ciudad de Buenos Aires fue allanado en el marco de las investigaciones judiciales.

Así y todo, Sarubbi adelantó que denunciarán al Otamendi por “homicidio culposo y su responsabilidad en la medida que habiendo una manda judicial se negaron a realizar el tratamiento. Entendemos que eso configura una desobediencia”, aseveró en diálogo con Delta FM. Por su parte, Maglio calificó a esta posible denuncia como “otro delirio jurídico“, y sostuvo que, de presentarse, “la Justicia debería rechazarla de inmediato”.

Uno de los argumentos esgrimidos tanto por la familia del hombre fallecido como por su abogado es que la aplicación de dióxido de cloro a García Rúa fue una más de las muchas “alternativas” que utilizaron para intentar salvarle la vida. “Uno lo lamenta y se compadece con la familia, si te dicen ‘tu familiar se está muriendo y podemos darle esto para mejorar’ te vas a agarrar de eso, pero no se trata de juzgar a la familia, hay que evaluar las responsabilidades del juez y del médico que recetó“, advirtió el especialista en bioética.

En este sentido, en su documento el Foro remarcó que, a pesar de los pedidos de la familia, deben primar los principios de “beneficencia” y “fundamentalmente el de no maleficencia — ‘primero no dañar‘ — un eje rector ante todo acto médico”: “Es un principio que tiene 2500 años, lo planteó Hipócrates y es el fundamento moral de la bioética: evitar el mal“, explicó Maglio.

Informe: Santiago Brunetto.



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Dióxido de cloro: la familia del paciente denunciará al Otamendi por negarse a suministrar la sustancia cáustica | El caso del hombre que murió por coronavirus



Horas más tarde de que le suministraran dióxido de cloro, como había indicado el fallo judicial, el paciente internado en grave estado con covid-19 en el Sanatorio Otamendi falleció. El abogado de la familia confirmó que la sustancia tuvo que ser suministrada por un neurocirujano externo a la clínica ya que la institución se negó a hacerlo. Ahora la familia de Oscar Jorge García Rúa denunciará al Otamendi por desacatar la orden judicial.

“Vamos a denunciar la responsabilidad por homicidio culposo y la responsabilidad del Otamendi en la medida que habiendo una manda judicial se negaron a realizar el tratamiento. Entendemos que eso configura una desobediencia”, confirmó el abogado Martín Sarubbi, en diálogo con Delta FM.

Según contó el letrado, tras la medida cautelar aprobada el jueves por el juez federal Javier Pico Terrero, los médicos del sanatorio se habrían negado a tratar al paciente con la sustancia que no cuenta con autorización del Ministerio de Salud ni de la Anmat para uso médico y está desaconsejada por las sociedades científicas.

Por este motivo, el letrado explicó que el dióxido de cloro fue suministrado por el neurocirujano personal del paciente, externo al Otamendi. Fue ese mismo médico quién indicó el tratamiento.

“La práctica la tuvo que realizar el doctor (Dante) Converti porque a pesar de que existía una manda judicial que autorizaba el tratamiento el sanatorio siguió desoyendo y tuvimos que ampliar el recurso de amparo para que pudiera realizar la práctica médica el doctor Converti, que es externo al Otamendi”, indicó Sarubbi.

El fallo causó conmoción en la comunidad científica y médica, ya que podría implicar un precedente “preocupante” en donde un juez autoriza una práctica médica a partir de una sustancia que no cuenta autorización por el Ministerio de Salud. 



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“Aberración jurídica”: preocupación médica por el fallo que obligó a un sanatorio a usar dióxido de cloro

https://www.tiempoar.com.ar/nota/aberracion-juridica-preocupacion-medica-por-el-fallo-que-obligo-a-un-sanatorio-a-usar-dioxido-de-cloro

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Neuquén: confirman que el niño de Plottier murió por tomar dióxido de cloro | Lo estableció una Junta Médica convocada por la fiscalía



El niño de Plottier que falleció a mediados de agosto, y a quien sus padres administraban dióxido de cloro, murió a causa de esa ingesta, concluyó la Junta Médica que analizó los resultados de la autopsia y otros estudios a pedido del Ministerio Público Fiscal (MPF) neuquino.

Tras conocerse el resultado del informe de los especialistas, la fiscal Sandra Ruixo “analiza si realizará imputaciones y eventualmente por qué delito y a quién o quiénes comprenderá”, indicó en un  comunicado el MPF.

El primer informe de la autopsia había establecido que la muerte se debió a un “fallo multiorgánico” pero no pudo determinar los motivos , por lo que Ruixo había solicitado la intervención de la Junta. 

El cuerpo de expertos convocado por la fiscal “analizó los resultados de la autopsia y estudios bioquímicos, y respondió tres aspectos que consultó la representante del Ministerio Público Fiscal: 1) Causa del fallo multiorgánico revelado por la autopsia; 2) En caso de haber sido originado por una intoxicación, cuál fue la sustancia que lo produjo; 3) Si esa sustancia es compatible con dióxido de cloro”.

Acerca de la causa del fallo, “la junta médica sostuvo que una etiología tóxica sería compatible con el cuadro descripto”, mientras que podría atribuirse a “la ingesta de una sustancia química cáustica”. Finalmente, la Junta concluyó que “los hallazgos descriptos son compatibles con la ingesta de dicho producto, en referencia al dióxido de cloro”, informó el MPF.

El comunicado detalló también que la fiscal “analiza si realizará imputaciones y eventualmente por qué delito y a quién o quiénes comprenderá”. Hasta el momento, la investigación tramita como muerte dudosa, y no hay imputados ni detenidos. Esa situación podría cambiar, en función del resultado de estudios “anatomopatológicos y toxicológicos” aún pendientes, y que están a cargo de los especialistas del Cuerpo Médico Forense y del sistema público de salud que conforman la Junta Médica.

La investigación se basa en la información brindada por el médico que atendió al niño el 15 de agosto a la madrugada, en el hospital de Plottier, adonde había sido llevado por sus familiares directos. El médico “afirmó que los familiares dijeron que le habían dado en forma previa y a modo preventivo por la covid-19, dióxido de cloro”, aseguró el MPF.



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El puré de paltas, el limón, la investigación y ¿una cura para Covid-19? | Acerca de la polémica con el dióxido de cloro



Las personas somos, por naturaleza, seres curiosos. Observamos cosas, nos planteamos preguntas, e intentamos contestarlas. Para esto, muchas veces buscamos evidencias (datos) para confirmar (o no) nuestras sospechas sobre cómo está funcionando ese problema que nos generó curiosidad. Sin embargo, existen distintos tipos de evidencias, asociados a distintos grados de confianza o credibilidad. Simplificando el espectro, hay evidencias muy débiles en un extremo, y evidencias muy fuertes en el otro.

Veamos un ejemplo basándonos en una inquietud culinaria. Muchas veces escuché que para que el puré de paltas no se ponga negro rápidamente (no se oxide) tenemos que agregarle jugo de limón. En mi familia, siempre le ponemos limón al puré de paltas; familias amigas también lo hacen y por lo tanto podríamos pensar que el método funciona. Después de todo, solo en la ciudad de Salta debe haber cientos y cientos de familias que hacen lo mismo, ¿no? Pero, ¿es correcto concluir que el jugo de limón impide que el puré se ponga negro solo porque varias familias dicen lo mismo y lo vienen usando desde hace años y años? ¿Qué habrán hecho esas familias para saber que el método funcionaba?

¿Cómo podríamos hacer para evaluar si el jugo de limón aumenta la durabilidad del puré de paltas en buen estado (o sea, sin ponerse negro)? Podríamos hacer una prueba casera sencilla; veamos:

Prueba 1. Elegimos una palta, preparamos el puré, y le agregamos limón. Luego, medimos el tiempo que pasa hasta que el puré finalmente se pone negro. Supongamos que el puré estuvo en buen estado por 120 minutos, y luego se puso negro: ¡dos horas, un montón! ¿Eso es una evidencia de que el método del limón fue efectivo? No lo sabemos, simplemente porque no sabemos si otra palta se va a comportar de manera similar.

Bueno, ya vimos que nuestra prueba no era la mejor. Es un caso de una evidencia muy débil, “floja de papeles”. Pero podemos mejorarla y hacemos una segunda prueba:

Prueba 2: Elegimos varias paltas, con cada una preparamos el puré, que colocamos en recipientes diferentes y les agregamos jugo de limón. Luego medimos el tiempo en que el puré tardó en ponerse negro en cada recipiente, y vemos que el tiempo promedio ronda los 120 minutos. ¿Eso es una evidencia de que el limón fue efectivo? No lo sabemos, simplemente porque no sabemos si ese mismo tiempo hubiese durado el puré sin limón.

Hagamos otra prueba, esperemos que un poco mejor que la anterior:

Prueba 3. Elegimos dos paltas, y con cada una preparamos el puré y lo dejamos en recipientes separados. A un recipiente le ponemos limón y al otro no. Supongamos que el recipiente con limón permaneció 120 minutos hasta ponerse negro, y que el recipiente sin limón duró 90 minutos. ¡Una diferencia de 30 minutos a favor del limón! Listo, ya puedo afirmar que el jugo de limón sirve para que el puré se mantenga en buen estado por más tiempo. ¿Estará bien esa conclusión?

Al principio nos puede parecer que sí, que es una evidencia clara y creíble a favor de la efectividad del jugo de limón. Pero, lamentablemente todavía no sabemos si lo que observamos se debió al jugo de limón. No podemos asegurarlo porque capaz que justo la palta con la que hicimos el puré que recibió el jugo de limón estaba más inmadura. Y en ese caso, la mayor duración en buen estado puede deberse simplemente a su calidad de inmadura. O también puede ser debido a ambas cosas mezcladas, al jugo y a la inmadurez. En ese último caso, estaríamos confundiendo los efectos. Pero bueno, no la compliquemos tanto aún. Supongamos que ambas paltas estaban igualmente maduras. En ese caso, si partimos con paltas igual de maduras y el puré con limón tardó 30 minutos más en ponerse negro, seguramente se debió al limón, ¿no? Y no, lamentablemente no lo podemos asegurar con esa prueba. ¿Por qué no? Porque no todas las paltas son idénticas y existe una variación intrínseca entre palta y palta, debida a muchos factores: a que son frutos de distintos árboles, a que tienen distintos tamaños, a que son de variedades diferentes, al almacenamiento, al estado fitosanitario, a los golpes recibidos, y un largo eeetttccc. Para explicar por qué todavía no podemos concluir que el limón fue el responsable del resultado encontrado, pensemos en el siguiente caso: ¿qué pasaría si hago 2 purés de paltas con igual madurez, y a ningún recipiente le agrego limón, y aún así entre un recipiente y otro (sin limón) hay una diferencia de 30 minutos? O al revés también funciona la pregunta. ¿Qué pasa si a ambos recipientes les agrego limón, y encuentro una diferencia de 30 minutos? ¿Podría pasar eso? Tranquilamente, pero si no lo medimos, no lo podemos conocer. Si eso ocurre, ¡ya no podemos afirmar que la diferencia de 30 minutos entre un recipiente con y otro sin limón sea debida al efecto del limón!, porque esa diferencia observada de 30 minutos, se puede encontrar también entre distintos recipientes sin jugo de limón (o entre distintos recipientes con jugo de limón).

¿O sea que nuestra Prueba 3 tampoco fue muy buena? No che. Nos faltaría hacer una prueba con varios recipientes más. Hagamos una cuarta prueba.

Prueba 4. Vamos a la casa de mi amiga Ana, le doy un abrazo para que se sienta mejor, y le pido 32 paltas que generosamente nos da. Hacemos 32 purés y los colocamos en recipientes separados. A la mitad de los recipientes (elegidos al azar para que no haya sesgos) les agregamos jugo de limón, y a la otra mitad no. Luego registramos el tiempo transcurrido hasta que el puré de cada recipiente se puso negro. Ahora sí, si la mayoría de los purés con jugo de limón (no necesariamente todos) tuvieron un tiempo mayor hasta ponerse negros en comparación a los recipientes sin limón, es una buena evidencia para proponer que el jugo de limón es el responsable de que el puré dure más tiempo sin ponerse negro. ¿Será correcta esa conclusión?

La respuesta es “depende”. Ese resultado encontrado es aplicable a las paltas del árbol de mi amiga (o a la verdulería donde conseguí paltas). No podemos generalizar nuestra conclusión a todas las paltas, ni siquiera a todas las paltas de Salta. ¿Por qué no? Porque probablemente, las paltas de la verdulería de mi barrio vengan de uno o de pocos árboles de palta. Y claramente pueden existir diferencias entre los frutos de distintos árboles, regiones, microclimas (sombra o sol), suelos, y muchos otros factores más. O sea, que si queremos evaluar si el jugo de limón es efectivo para alargar el tiempo en buen estado del puré más allá de la verdulería de nuestro barrio, o del árbol de mi amiga, en nuestra Prueba deberíamos incluir paltas de diferentes orígenes, tamaños, condiciones, árboles, etc, y para eso necesitamos muchas, pero muchas paltas en nuestra Prueba.

¿Y qué relación hay entre el puré de paltas, el jugo de limón y la cura para Covid-19? Es un ejercicio para entender que con algunos o muchos testimonios anecdóticos (evidencias débiles, o “flojas de papeles”) no alcanza para afirmar que una sustancia (por ejemplo el dióxido de cloro, de ahora en más llamado ClO2) sea efectiva. Es común ver o escuchar en distintos medios que ClO2 es una cura efectiva para Covid-19 (entre otras enfermedades y condiciones), y esa conclusión está basada en la existencia de miles de testimonios de casos que aseguran que la persona se curó gracias al ClO2. ¿Cómo sabemos que se curaron por esa sustancia y no por otra razón? ¿No existen miles de casos de personas recuperadas sin ClO2? Haciendo una analogía con el puré de paltas y el jugo de limón, sería similar a concluir que el jugo de limón es efectivo porque vi que en muchos purés de paltas el tiempo del puré en buen estado fue largo (similar a lo que vimos en la Prueba 2). ¿Cuáles son los cuestionamientos metodológicos que nos impiden confiar en esas afirmaciones que leemos y vemos sobre la efectividad del ClO2?

-Son observaciones anecdóticas, tomadas sin ninguna planificación previa pensada para evaluar su efectividad.

-Estamos ante la presencia de muchos efectos confundidos, porque usualmente, la persona infectada que recibe ClO2, también puede estar siendo tratada con otros métodos. ¿Cómo sabemos que una persona que tomó ClO2 no se curó por otra cosa? ¿Y si se recuperaba sin haber ingerido la sustancia?

-El caso en el que una persona se haya curado luego de tomar ClO2, es análogo a nuestra Prueba 1 de más arriba: un recipiente con puré de palta con jugo de limón. Si muchas personas tomaron ClO2 y se recuperaron, es análogo a nuestra Prueba 2 de más arriba: muchos recipientes con agregado de limón en el puré de palta (sin ningún control, o sea recipientes sin jugo de limón). No podemos asegurar que se deba al ClO2.

-Finalmente, ¿cómo sabemos que la cura luego de haber ingerido ClO2 no se debió al efecto placebo, tan conocido y presente en nuestra especie?

En resumen, para evaluar la efectividad del ClO2 (o de cualquier otra sustancia) sobre alguna dolencia en general, o sobre Covid-19 en particular, debemos planificar un buen estudio, con muchas personas, y a un grupo administrarle ClO2 (sin que sepan lo que están tomando) y a otro grupo administrarle, sin que sepan, un placebo (o sea, una solución similar en aspecto al ClO2, pero sin el compuesto que queremos ver si tiene un efecto). Esto sería hacer una prueba (o experimento) similar a nuestra Prueba 4, pero mejorada para que las conclusiones sean muy abarcativas y generalizables y para controlar el efecto placebo.

Así funciona la ciencia. Nos planteamos preguntas, diseñamos la mejor manera de responderlas, observamos, medimos, experimentamos, obtenemos evidencias fuertes, sacamos conclusiones y luego reflexionamos sobre lo aprendido para volver a plantear nuevas preguntas. Así, con experimentos similares a nuestra Prueba 4 los científicos del CONICET, del INTA, de las universidades, de laboratorios, y de muchos otros centros de investigación, ponemos a prueba la efectividad de algún factor. Así avanzamos en el conocimiento de nuestro mundo y de nosotros mismos.

Entonces, si el ClO2 es tan efectivo como dicen que es, ¿por qué no hay investigaciones que así lo demuestren y estar bastante seguros que los resultados encontrados se deban al ClO2 y no a otros factores que confundan los efectos? Como mínimo deberían existir estudios realizados en otros organismos que no fueran seres humanos. Pero no los hay. Aquí es donde los que piensan que el ClO2 es efectivo argumentan que las editoriales de las revistas científicas están compradas o presionadas por las grandes corporaciones farmacéuticas, y que por eso no hay estudios científicos que avalen su efectividad. Si ese argumento fuera válido, ¿por qué hay muchísima información publicada en diferentes revistas que van en contra de millonarios intereses de industrias farmacológicas, tabacaleras y agroquímicas? Esas investigaciones nunca fueron boicoteadas. Pero, aún permitiendo ese argumento, hay otras opciones para publicar trabajos científicos. Podemos hacerlo en repositorios en la web, como preprints sin que pasen por un proceso editorial de las revistas en las que desconfiamos. Y si no confiamos ni en las revistas científicas, ni en los repositorios de preprints, deberíamos encontrar en la web evidencia fuertes a su favor, y no solo muchos testimonios anecdóticos sobre su supuesta efectividad.

Como científicos, es muy desesperanzador y muy triste, ver que gran parte de la sociedad valora con igual importancia a la información científica basada en buenas evidencias que a una serie de testimonios anecdóticos. Es peor aún cuando se le da más credibilidad a testimonios anecdóticos o a la pseudociencia, que a las investigaciones seriamente realizadas. Entiendo que parte de ese comportamiento está basado en tener una esperanza en un tratamiento efectivo (preocupación totalmente válida), pero es preocupante cuando le sumamos el motivo del descreimiento de la ciencia y de la creencia en la pseudociencia, amparándose indefectiblemente en el argumento del poder de grupos o corporaciones multinacionales que hacen lobby para que no se conozca la supuesta efectividad del ClO2. No todo se reduce a teorías conspirativas.

La ciencia es una herramienta poderosa que venimos utilizando los humanos desde hace siglos y siglos, y es la responsable del gran avance en el conocimiento y de las tecnologías desarrolladas a partir de diferentes investigaciones. No es nuestra enemiga. No perdamos nuestra capacidad crítica para evaluar la información que nos rodea y seamos capaces de tomar decisiones basadas en evidencias fuertes, más aún cuando la salud y la vida están en juego.

1- Muchos afirmarán que sí hay evidencia de la efectividad del ClO2, y nos mostrarán una lista de 83 supuestos estudios o documentos que avalan el uso del dióxido de cloro y su consumo para curar enfermedades. Se puede ver el listado aquí: https://bit.ly/clorosferalist Sin embargo, hubo quien se tomó el trabajo de evaluar cada uno de los 83 “documentos”, y encontró que ninguno de ellos apoya la idea de que consumir ClO2 cura alguna enfermedad. Ver análisis en: https://factorelblog.com/2020/08/17/dioxido-de-cloro/

* Licenciado y Doctor en Biología. Investigador Adjunto del CONICET y docente de Estadística y Diseño Experimental y de Bioestadística Inferencial en la Facultad de Cs. Naturales de la Universidad Nacional de Salta.

** Licenciado y Doctor en
Biología. Investigador en el Consejo de Investigación de la
Universidad Nacional de Salta, y docente de Biología de los Cordados y
Ecología de Comunidades en la Facultad de Cs. Naturales de la UNSa. 



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Denunciaron a Viviana Canosa por promover el dióxido de cloro en tv

https://www.tiempoar.com.ar/nota/denunciaron-a-viviana-canosa-por-promover-el-dioxido-de-cloro-en-tv

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El dióxido de cloro sigue a la venta en Internet | A pesar de las recientes muertes, publicaciones en Mercado Libre ofrecen el compuesto químico



A pesar de las advertencias del Ministerio de Salud de la Nación sobre los graves riesgos de consumir dióxido de cloro, el compuesto químico se comercia en diversas páginas de internet y puede conseguirse libremente a través de la plataforma Mercado Libre. Con un costo promedio que apenas supera los mil pesos por litro, el peligroso producto se vende acompañado de un “PDF para sacar todas las dudas”. Este domingo, el Ministerio pidió responsabilidad a las y los comunicadores y llamó a difundir información relacionada a los riesgos del compuesto.

Dos litros a 2.250 pesos, con envío gratis, es la oferta que puede conseguirse en los sitios de venta online de dióxido de cloro (CDS). En Mercado Libre, las estrategias para vender el producto son diversas. Un vendedor de Córdoba lo ofrece con discreción: los envases aparecen en imágenes junto a gemas o algún fenómeno intergaláctico, mientras que el vendedor garantiza que su producto “mata hongos, bacterias y virus”.

Ante cada pregunta, responde que las instrucciones son enviadas por correo electrónico una vez comprado el producto: “Todas esas dudas te las vas a sacar cuando leas los adjuntos en PDF que enviamos con la compra“. Según indica el vendedor, el compuesto fue trabajado “con un ingeniero químico” y “creería” que se trata de la misma fórmula utilizada por “un médico suizo”. En realidad, el médico es alemán y se llama Andreas Kalcker, un supuesto científico que echó a rodar el mito del CDS para prevenir la covid-19. 

En Buenos Aires, “Gonzales2712”, vendedor con domicilio en Villa Luro, lo asegura sin vueltas: su dióxido, de marca “DGONZALES”, sí está hecho con la fórmula de Kalcker. Este vendedor, que cuenta con el sello de “MercadoLider” y al que Mercado Libre califica como “uno de los mejores del sitio“, se encarga de dar consejos sobre el modo de uso del compuesto: “Tenés que tomar quince mililitros por día máximo“, informa “Gonzalez2712” a un comprador, mientras que a otro le asegura que del producto “tranquilamente pueden tomar dos personas”.

En los últimos días un hombre  de cincuenta años, residente de la localidad jujeña de San Pedro, y un niño neuquino de cinco años , quien no tenía covid – 19fallecieron luego de haber tomado dióxido de cloro y se investiga si esa fue la causa de sus muertes.  

“Exhortamos a las y los comunicadores a actuar con responsabilidad en este delicado momento que vive la humanidad”, advirtió en este sentido la Defensoría de los Niños, Niñas y Adolescentes de la Nación, mientras que este domingo Carla Vizzotti, secretaria de Acceso a la Salud, pidió “a todos los actores relevantes” difundir información “sobre el peligro de consumir CDS”. El Ministerio de Salud ya había alertado que el uso de este compuesto no está autorizado ya que “no cuenta con estudios que demuestren su eficacia y no posee autorización alguna para su comercialización y uso“. A las advertencias del Ministerio, también se sumaron las de la Sociedad Argentina de Pediatria , la ANMAT y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).



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