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Casi 8 de cada 10 recuperados de coronavirus tienen problemas cardíacos  | Investigación de científicos alemanes



Un estudio del Hospital Universitario de Frankfurt asegura que casi un 80 por ciento de pacientes recuperados de coronavirus desarrollan afecciones cardíacas. De este modo, las principales secuelas de la Covid-19 en el organismo no serían en el sistema respiratorio, sino en el cardiovascular.

Los científicos, que publicaron sus resultados en la revista médica JAMA Network
, examinaron a pacientes que habían tenido el virus entre abril y junio de este año, usando marcadores serológicos de lesión cardíaca e imágenes en profundidad altamente estandarizadas con resonancia magnética cardiovascular (CMR). Todos los participantes fueron considerados elegibles después de un mínimo de dos semanas desde el diagnóstico original, en los casos en los que hubo resolución de síntomas respiratorios y resultados negativos en el hisopado al término del aislamiento.

Así, se detectó la presencia de una afección cardíaca en 78 de los cien pacientes. Además, apareció inflamación miocárdica en 60 pacientes, amén de condiciones preexistentes, la gravedad y el curso general de la enfermedad y el tiempo desde que se realizó el diagnóstico. El estudio también incluye estudios histológicos, mostrando edemas intracelulares, incluso en pacientes que experimentaron solamente dos días de fiebre leve.

De los cien pacientes estudiados, 53 eran hombres, con un promedio de 49 años de edad. El intervalo de tiempo medio entre el diagnóstico de coronavirus y el estudio fue de 71 días. 67 de esos cien pacientes se recuperaron en sus casas, el resto, un 33 por ciento, precisó ser hospitalizado. Se les realizó CMR y comparaciones con grupos sanos y con factores de riesgo.

 “Los hallazgos no están validados para el uso en pacientes pediátricos de 18 años o menos. Tampoco representan pacientes durante la infección aguda con Covid-19 o aquellos que son completamente asintomáticos con la enfermedad”, señalaron los responsables del estudio. “Varios pacientes dentro de nuestra cohorte tenían síntomas nuevos o persistentes, lo que aumenta la probabilidad de hallazgos positivos de CMR. Los datos de resultados siguen pendientes. Las secuencias de imágenes utilizadas en este estudio se han validado, estandarizado y bloqueado para su uso en entornos multicéntricos. El uso de otros protocolos de imagen, parámetros de secuencia o enfoques de posprocesamiento puede arrojar resultados diferentes”, detallaron.

En un hilo de Twitter, un investigador del Conicet, Patricio Santagapita, profesor adjunto en química y microbiología en la UBA, estimó que la conclusión del estudio es que “que las consecuencias finales aún no las sabemos. Se necesitan estudios para comprender; aún es muy pronto para saber que implica el ‘largo plazo'”.





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Colombia: Uribe, acusado de los delitos más oscuros, al final, fue preso a lo Capone

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La pandemia en el Delta: solidaridad con el agua al cuello

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“Ahora vienen por mí”

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El colmo de Trump: está parado en un nido de espías pero acusa a Tik Tok

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Levantaron los paros y bloqueos en una Bolivia atendida por sus dueños

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1945

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Derechas y el rechazo del amor



¿Cuándo fue que las derechas ultraderechizadas perdieron el sentido del honor? ¿Desde cuándo prefieren el derrumbe de la propia nación y sus habitantes con tal de imponer sus intereses financieros?

Una de las tesis de Jacques Lacan es que el capitalismo en su construcción discursiva se constituye en un rechazo del amor. El mentado odio, que impregna lo social y donde cuesta mucho su transformación política, ése que propagan las derechas, se desprende de este rechazo del amor. Ahora bien: Lacan compartía con Heidegger y Althusser un antihumanismo decidido. Por ello no se debe ir muy rápido en la comprensión de la fórmula “rechazo del amor”. No se trata del amor a los propios miembros de la familia ni del amor entre amantes o amigos, los que según Hegel siempre constituían un obstáculo para la eticidad pública.

El amor que se rechaza en el capitalismo es el amor por lo Común, que incluye siempre por definición al desconocido, la extraña, lo lejano y especialmente la participación no jerárquica en el “uso público de la razón”. Es este rechazo a este tipo de amor por lo común, patria, educación, salud, medio ambiente, derechos de la mujer, etcétera, el que lleva al odio hacia aquello que en lo común intenta introducir justicia e igualdad. El capitalismo rechaza el amor porque no puede por razones estructurales amar lo que de verdad sostiene a una Nación, un vínculo interpretativo con el pasado y un proyecto para un futuro en el que reinen en el pueblo el amor y la igualdad.

El capitalismo opera en la dimensión del presente absoluto.

El comienzo de la destrucción del amor tiene antecedentes heterogéneos pero se cristaliza en el siglo XX con la modulación neoliberal del capitalismo. El proyecto de transformar a los sujetos en un capital humano que debe darse valor compitiendo contra todo no puede -está definitivamente excluido- tener relación con el amor por lo común. En este punto ha funcionado como un intento de religión ya que intenta vincular lo imposible: la experiencia íntima del sujeto con el movimiento del mercado.

De allí que el concepto de burguesías nacionales, las que aún mantenían un arraigo de amor con los lugares donde sus hijos iban a crecer, ha sido afectado definitivamente por la rapiña global.

Ahora esta pandemia pone a prueba definitivamente hasta dónde puede llegar el rechazo del amor por lo común. ¿Una civilización que no ama aquello que tiene en común merece sobrevivir?

Como un rayo luminoso y oscuro a la vez esta pregunta atravesará nuestro tiempo histórico y serenos nosotros mismos la prueba de su respuesta.

Debajo de la grieta política, en su fondo más insondable, se dibuja una gran fisura ética en el acontecer de lo humano.

Asumir esta cuestión es el primer paso para atravesar la indolente barbarie de los representantes oligarcas que rechazan el amor y propagan el odio irresponsable.



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Niñeras por Zoom para que las mamás y los papás descansen de los chicos | Encuentros para jugar y divertirse 



Hay ciertas horas en el día en que los lápices, títeres y muñecos atraviesan la pantalla. Una casa se transforma en nave espacial, una selva, un bosque. “El juego tiene que ver con la imaginación, una vez que nos conectamos a ese mundo se borran los límites y es como si estuviera ahí”, señaló Iara Ekman, docente de actuación, recreadora y niñera virtual. Antes del aislamiento obligatorio por la pandemia de coronavirus, ella daba clases, actuaba en obras de teatro en escuelas y animaba cumpleaños. Al caerse de repente todas sus posibilidades de trabajo, se reinventó como niñera virtual.

Los encuentros, que según el caso son dos veces a la semana, quincenales o todos los días, duran, en general, entre 50 minutos y una hora. “El primer encuentro es el rompe hielos, nos movemos, vamos a buscar cosas o jugamos a las escondidas. Ahí voy viendo qué juegos le copan, si le gusta conversar o no, si es más disperso”, relató Ekman. A veces, arranca la llamada y del otro lado ya hay una propuesta. Otras veces es cuestión de preguntar algo y arranca una charla, una historia, algo que pasó en el día y se transforma en el hilo del encuentro. “Voy incorporando todo lo que pasa y se arma un mundo gigante en cada llamada”, señaló Ekman y remarcó que “la pantalla le da un marco más cinematográfico, con las cosas que aparecen o desaparecen de cuadro”.

El encuentro es un espacio para los chicos, pero también funciona como alivio para las madres y padres que, que además del cuidado y la educación de sus hijos, tienen a cargo las tareas domésticas y la actividad laboral. “Al principio no estaba segura de que alguien fuese a valorar o necesitar lo que yo ofrecía, pero me di cuenta de lo importante que es para los chicos que alguien les hable en lenguaje de juego, que esté en ese universo. Es un espacio propio, solamente para ellos, y a la vez un descanso para los padres”, relató Ekman.

Antonio fue uno de los primeros chicos que tuvo a cargo, hace tres meses. Tiene seis años y vive en Henderson, en la Provincia de Buenos Aires. “Con la escuela solo tuvo dos encuentros virtuales desde que comenzó el aislamiento. Es un chico activo, con mucha energía y le hace falta interacción, hablar con alguien que no sea yo”, señaló Magdalena, la madre de Antonio. Tanto ella como su marido trabajan un banco, pero ella tiene licencia mientras dure el confinamiento. “Hay que estar todo el tiempo atenta, quiere que lo mire, que juegue, que opine. Al ser hijo único todo el tiempo recurre a mí. Durante esa hora que está entretenido, yo me pongo a limpiar, o me relajo un rato y hago cosas para mí misma”, explicó Magdalena.

En un video, chicos y chicas arman carpas adentro de su casa. Carpas reales o ficticias, de paredes de sábanas y techos de mantas. Para los nostálgicos de los campamentos, el “zoompamento” puede ser una opción. Con la única condición de “llegar cenados”, los artistas de Laberinto Masticable convocan a armar un campamento adentro de la casa. Una vez en la carpa, hay juegos, música y baile. Al otro día la pantalla vuelve a encenderse para el desayuno.

Para los cumpleaños, la niñera virtual
se fusiona con “Rulito” y arman fiestas por Zoom.
“Tenemos un universo que se llama el altillo mágico de los cuentos, que tiene una escenografía, objetos, una historia. Al ser grupal es más como un espectáculo, pero siempre interactuando con los chicos”, relató Ekman, y agregó que “el único límite para jugar es no bajar nunca la intensidad”. Su herramienta clave, tanto en los cumpleaños como en los encuentros individuales, es la planificación. “Una vez que perdés la atención es muy difícil que el chico vuelva a entusiasmarse. Si una actividad deriva en improvisación, genial. Pero si no, hay que tener un abanico de ideas preparadas”, advirtió Ekman.

Un enfoque pedagógico

En la Argentina hay 13 millones de chicos, chicas y adolescentes. El 28 de mayo, día internacional del juego, la Secretaría nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) lanzó el programa Jugar
, que apunta a fomentar la recreación dentro de casa, a través de guías especializadas para las distintas edades, y kits de juegos que se distribuyen en las escuelas, junto a la entrega de alimentos. “Hay que tener en cuenta la realidad de cada casa, de cada familia, porque no todos tienen acceso a las tecnologías que hacen falta para la vida virtual”, relató Catalina Báez, maestra de un jardín público de la localidad de Moreno, en la Provincia de Buenos Aires. “En abril empezamos con las videollamadas, intentamos hacer al menos una por semana pero no todos se animan, les da vergüenza o quizás se quedan callados durante todo el encuentro”, señaló Báez, que tiene a cargo una sala de 30 chicos y chicas.

Claudia Ortiz, educadora de nivel inicial y directora de la consultora El Nido, afirmó que “lo más preocupante es la pérdida de la capacidad de concentración para cuando se pueda volver a la escuela”. Ella ofrece dos servicios de forma virtual: una planificación con guías, juegos y ejercicios –dirigida a los padres y madres que “se quedan sin ideas” para interactuar con sus hijos– o una niñera online con la que pactan un día y horario y se encuentran a través de una videollamada. “Me preocupa que los chicos se desconcentran cada vez más”, advirtió Ortiz, y agregó que “en la escuela estaban durante horas siguiendo consignas, tareas, acatando reglas, prestando atención incluso desde lo recreativo. Es imposible mantener ese ritmo dentro de casa”.

En los encuentros virtuales hay herramientas para ejercitar la atención con los chicos: un juego de figuras en el que, a través de la pantalla, el chico tiene que descubrir las coincidencias, una historia que tiene que ir dibujando, o un cuento al que hay que cambiarle el final. “Con los más chicos, de 4 años o menos, se trabaja con el baile o con los títeres, y los encuentros no duran más de 20 minutos porque además los padres tienen que acompañar durante la llamada”, explicó la especialista.

Según ella, durante las vacaciones de invierno la demanda aumentó. “En época de clases, hay chicos que tienen zoom todos los días y es cansador que se les sume una llamada más”, explicó Ortiz, que actualmente trabaja con familias de Córdoba, Neuquén, y de la Provincia y Ciudad de Buenos Aires. “Los padres están agotados de encargarse de todo”, señaló Ortiz y aclaró que los encuentros virtuales “funcionan mejor cuando los chicos ya se pueden quedar solos con la computadora o el celular. Quedan cautivos por un rato, se divierten, aprenden, y los padres pueden trabajar o hacer otras cosas”.

Reconectarse con las ganas de jugar

“Para un chico no estar en contacto con otros es mucho más extraño que para un adulto”, señaló Javier Zain, actor y director de teatro que desde hace 20 años se dedica, además, a dar talleres. Fue uno de los primeros en transformar su obra Historias de un quién a la modalidad online, y lo mismo hizo con las clases. “Mi rol como docente ahora tiene un agregado de responsabilidad de devolverles a los chicos la alegría, la pulsión de juego que antes surgía de forma natural”, relató Zain.

Antes de empezar cada clase hay un tiempo de conversación para que cada uno cuente cómo está. “En el teatro el instrumento es uno mismo. Angustiarse o enojarse es normal. Al escuchar que a otros les pasa lo mismo hay una red de contención que se genera”, explicó el docente y agregó que, para los chicos y chicas, “lo nuevo no es la vida en la pantalla, sino lograr que ese sea un medio de interacción, de reencontrarse con lo humano”.

Según Zain, lo más problemático para las clases es el espacio. “En la sala hay una libertad, una privacidad que en la casa no existe”, advirtió, y explicó que “cada chico tiene una realidad diferente”. Hay familias grandes en ambientes chicos, o hermanos que se cruzan durante la clase, sin embargo, “el desafío es transformar el espacio, de pronto estamos en un escenario, en una montaña o en un submarino. Es algo propio del juego, algo que ya hacían cuando se juntaban entre ellos o en el recreo de la escuela”. La niñera virtual, que también es actriz, coincide en este punto. “Un almohadón puede ser una guitarra o un sombrero”, señaló y afirmó que “se trata de transformar en algo lúdico todas esas cosas que no son para jugar y que encima vemos todo el tiempo”.

En la obra de Zain
, la intención es similar: a través del canal de Youtube, junto al músico que lo acompaña, él improvisa a partir de las ideas del propio público. No hay escenografía, sino que todo surge de la improvisación teatral. “El teatro online implica crear un nuevo lenguaje, establecer un diálogo con quien está mirando, hacerlo participar”, explicó el artista.

Otra de las posibilidades que habilitó la virtualidad fue la presencia, en los talleres, de chicos y chicas de otras partes del país, e incluso de otros países. “Tengo alumnos que por primera vez están teniendo una experiencia así porque en el pueblo donde viven no existe un taller de teatro para chicos”, señaló Zain, y añadió: “La niñez es el momento más importante de nuestra vida porque es lo que nos define. Tenemos que prestarle atención, lograr que los chicos y chicas estén sanos, contentos y descomprimidos”.

Informe: Lorena Bermejo





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Coronavirus: ir al bingo sin moverse de casa | Dos amigos argentinos crearon el Bingo Pandemia, que ya tiene jugadores hasta de Australia



Alguien se acuerda de cuando ganó el pozo acumulado del Bingo de Avellaneda o quizás de la emoción que lo recorrió cuando pudo cantar Bingoooo antes que los vejestorios de la mesa familiar. Hay quien solo quiere volver a la sensación del palpitar acelerándose cuando le faltaba solo ese número para ganar. O, simple y llanamente, están quienes quieren olvidarse de este 2020 espantoso por un rato. Cualquier motivo es válido para sumarte al Bingo Pandemia. Se trata de un encuentro virtual que organizaron dos amigos para pasar el rato y que pronto trascendió fronteras y creó una comunidad que, como la pandemia, lo lleva por lugares inciertos (¡pero de los buenos!).

La historia es así. Dos amigos decidieron cuarentenear juntos allá, en el comienzo, cuando se pensaba que serían solo dos semanas. Iván Vignau (Maivan) y Lucio Szteinhendler se conocen desde hace diez años (“Somos medio triki trake”, dicen), vacacionaron juntos alguna vez y cuando se anunció la cuarentena uno llamó al otro y se instalaron en Villa Urquiza.

Maivan tiene 42 años y es profe de audiovisuales y arte en escuelas secundarias. En la adolescencia estudió actuación, después condujo; es frontman en una banda de música: siempre buscándose excusas para poder hablar. Lucio tiene 38, trabajó muchos años en producción de teatro, música y eventos. Y ahora está ligado a la construcción, rubro totalmente parado por estos días.

Desde el comienzo se equiparon con mucho juegos y armaron una rutina de entretenimiento. A la mañana jugaban a una cosa y a la tarde otra. Fue la manera que encontraron de darles forma a los extraños días de confinamiento. “Somos personas bastante lúdicas. Ya teníamos todos los juegos jugados y no había abierto el bingo. Lo abrimos, jugamos entre los dos, era un aburrimiento. Ya veníamos componiendo música, haciendo videítos y queríamos abrir el juego para hacerlo más ameno. Entonces empezamos a invitar amistades y gustó. Y empezamos a ver que se generaba algo. Era como un recreo en la cuarentena. A la semana siguiente se juntaron 30 personas”, dice Lucio. Maivan precisa: “Y como somos dos manijas, lo que dijimos fue démosle gas a esto que está siendo muy lindo y empezamos a promocionar. Abrimos el Instagram, le pusimos un nombre”.

Con el apoyo de un amigo programador que vive en Córdoba armaron un sitio web (bingopandemia.com) para que la gente descargara los cartones desde la web, se anotara y pudiera sumarse los jueves y sábados por la noche a jugar al bingo y pasar el rato. ¿Qué ganan? El encuentro, dicen ellos. Pero también intentaron replicar el entusiasmo que genera saber que te ganás algo, aunque sea mínimo. Al principio regalaban un vino, un desodorante desinfectante, un té, cosas que iban comprando ellos mismos. Pero a medida que pasaron las semanas fueron convocando empresas para que sumaran sus premios y hacen sus “chivos”.

También pasó algo que no tenían previsto: la misma gente que participa empezó a ofrecer sus productos o servicios como regalo. “Hablamos de que la comunidad pandémica nos empuja y nos propone muchas cosas. Empezaron a ofrecernos cosas y en los premios aparece la gente. Nosotros decimos que no son espectadores sino que son protagonistas”, dice Maivan.

El bingo se juega por Zoom. La plataforma da la posibilidad de entrar a la casa de las personas y ellos van “poncheando” a cada una, como en la tele. Entonces la gente tiene “su momento”. Porque el Bingo Pandemia no es solo un bingo. “Además, hacemos una consigna. El día del amigo fue mostrar una foto de un amigo. Hacemos fiestas temáticas. La gente se disfraza como si fuera una fiesta. Es una actividad en familia. Se preparan. Después hablan, mandan carteles, son protagonistas”, cuentan.

En el poncheo, de repente, aparecen las historias: “Una noche cae en un hospital. Un chico, Sebastián, estaba jugando desde el hospital. Y se estaba matando de la risa en el medio de una diálisis. Entonces, todo tiene sentido”. O se ve la luz del día a pesar de que son las nueve de la noche. La cámara se detiene y preguntan: ¿Vos dónde estás? Así se enteraron de que había gente conectada desde Australia o Canadá. La mayoría de las más de mil conexiones por encuentro –ya hicieron veinticuatro–, son de Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Rio Negro y Chubut, pero también de México, Colombia, Chile y Australia.

Hay algo de recrear ese “como era antes” a partir de la tecnología que es motor. “Me sorprende ver a adultos mayores usando las aplicaciones. Es lindo ver el menjunje de gente de todos lados. Hay chicos, familias, jóvenes, parejas”, dicen.

Los jueves el encuentro dura una hora y media y los sábados llega a tres horas porque para jóvenes y adultes abren la Fiesta Ponch. “Invitamos un dj. Nos quedamos. Mandamos música y empiezan a pasar cosas”, dicen. Como cuando alguien desde su rinconcito muestra el cartel “Agus desde que te vi me encantaste” y la cámara ponchea a Agus…

“Todavía no entendemos qué está pasando”, dicen Lucio y Maivan. Tampoco saben qué será de Bingo Pandemia cuando la cuarentena termine. Pero están seguros de que algo van a inventar. Hay incertidumbre también cuando jugamos en cuarentena, pero la cosa funciona, además de por todo lo dicho, porque todes queremos ganar y, sobre todo, queremos saber qué responderá Agus.



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