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En busca del Oscar, “Los sonámbulos” representará al cine nacional  | La película fue elegida por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina




| La película fue elegida por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina



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Presentan “Vicentin: de gran empresa a gran estafa” | La película documental se estrena este sábado



Este sábado 21 de noviembre se estrenará en la pantalla chica la película documental “Vicentin: de gran empresa a gran estafa”. Se trata de un trabajo de investigación testimonial sobre la historia y el desarrollo de la compañía Vicentin, desde sus inicios “hasta llegar a la defraudación y estafa cometida en los últimos años”.

Con idea original de Enrique “Pepe” Albistur, coproducción de Renato Miari y dirección de Joaquín Polo, el documental narra “la complicidad de la empresa de diversos gobiernos y funcionarios a lo largo de los últimos cincuenta años y la responsabilidad penal de sus principales socios”.

“Las voces que construyen la historia, y le dan cuerpo, la convierten en una propuesta indispensable para entender el fenómeno que en los últimos meses irrumpió en la opinión pública. Personalidades, políticos y economistas comparten su mirada y su conocimiento sobre el tema”, cuentan sobre el film los productores y aclaran que entre los testimonios se encuentran el del recién fallecido Pino Solanas junto al de otros referentes como Ricardo Alfonsín, Luis Rubeo, Carlos del Frade, Eduardo Hecker y Claudio Lozano, entre otros.

El estreno será el sábado 21 de noviembre en simultáneo en C5N, Crónica TV y otros canales. La grilla completa en www.vicentinlagranestafa.com.



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David Cronenberg y Darío Argento o dos formas de bajar mil veces al infierno

https://www.tiempoar.com.ar/nota/david-cronenberg-y-dario-argento-o-dos-formas-de-bajar-mil-veces-al-infierno

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Jeff Bridges anunció que tiene cáncer | “Gracias por sus oraciones y buenos deseos”



El ganador del Óscar Jeff Bridges anunció este lunes que fue diagnosticado con un linfoma y aseguró que sus médicos son optimistas sobre su recuperación.

Bridges, de 70 años y una de las figuras más reconocidas y consistentes de Hollywood, no precisó qué tipo de linfoma padece pero indicó que ya comenzó su tratamiento. “Como el Dude diría”, inició un mensaje en Twitter en referencia a su icónico personaje en “El gran Lebowski”. “Nueva m**da ha salido a la luz”.

“Me han diagnosticado un linfoma. Aunque es una enfermedad grave, me siento afortunado de tener un gran equipo de médicos y el pronóstico es bueno”, añadió el actor.

“Estoy profundamente agradecido por el amor y el apoyo de mi familia y amigos”, añadió. “Gracias por sus oraciones y buenos deseos. Y, ahora que tengo su atención, por favor recuerden ir a votar” en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

El linfoma es un tipo de cáncer del sistema linfático, que es parte del organismo que combate los gérmenes.

Bridges proviene de una dinastía que incluye a sus padres Dorothy y Lloyd, con quienes debutó en la pantalla chica en 1958 en la serie “Sea Hunt” antes de saltar a muy temprana edad al cine.

Con más de seis décadas de experiencia y 91 créditos de actuación, Bridges tiene siete nominaciones al Óscar y una estatuilla por “Loco corazón” (2009), en el que demostró sus habilidades como músico al interpretar a un cantante country alcohólico que intenta volver a sus días de gloria.

En su larga carrera ha hecho de todo. Desde sobreviviente de un accidente aéreo en “Sin miedo a la vida” al legendario “The Dude” en la película de culto de los hermanos Joel y Ethan Coen (1998).





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“Crímenes de familia” elegida para los Premios Goya | El film de Sebastián Schindel fue votado por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina



“Habiendo cerrado y fiscalizada la votación, nos complace anunciar que la película que representará al país en la categoría de Mejor Película Iberoamericana de los Premios Goya es Crímenes de familia, dirigida por Sebastián Schindel”, anunció este viernes la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina desde sus redes sociales, al tiempo que aprovecharon para felicitar al director, productores, elenco y equipo técnico. El policial protagonizado por Cecilia Roth, Miguel Ángel Solá y Sofía Gala Castiglione se estrenó este año en Netflix y en la plataforma CineAr Play.

Luego de un inicio en el documental con películas como Mundo Alas (2008) o El rascacielos latino (2012), Sebastián Schindel decidió incursionar en el campo ficcional con producciones muy diversas entre sí: El patrón, radiografía de un crimen (2014) es un retrato social en tono realista, mientras que El hijo (2019) se trata de un thriller con tintes fantásticos y sobrenaturales; ambas protagonizadas por Joaquín Furriel.

En Crímenes de familia, Schindel se sumerge en el género policial de suspenso con un relato que podría ser catalogado como “drama policial iberoamericano”, caracterizado por altos niveles de profesionalismo en los rubros técnicos y artísticos, y una homogeneidad en sus aspectos narrativos y formales. La película no propone adivinar quién es el criminal, sino que invita al espectador a armar las piezas de un rompecabezas caótico. Desde su cuenta de Twitter, el director expresó: “Agradezco a todos los colegas socios de la Academia de Cine Argentina el habernos honrado con su voto para representarnos en los @PremiosGoya. ¡Gracias y mil gracias!”.



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“El dilema de las redes sociales”: paranoia real en Netflix | Documental de Jeff Orlowski



EL DILEMA DE LAS REDES SOCIALES 5 puntos

The Social Dilemma; EE.UU., 2020

Dirección: Jeff Orlowski.

Guion: Davis Coombe, Vickie Curtis y Jeff Orlowski.

Duración: 94 minutos.

Estreno disponible en Netflix.

El mito de que los teléfonos celulares “escuchan” todo lo que decimos podrá ser falso, pero el origen de la paranoia es bien real, como explica claramente el documental El dilema de las redes sociales: cada click, cada “me gusta”, cada búsqueda online pasa a formar parte de un perfil virtual que los algoritmos de Google, Facebook, Twitter y demás apps y sistemas utilizan para ofrecer información acorde al gusto del usuario. Y publicidades, muchas publicidades. “Las únicas dos industrias en las cuales el consumidor es llamado ‘usuario’ son las drogas ilegales y el software”, afirma una placa en el largometraje de Jeff Orlowski, ligeramente reeditado –luego de su paso por el Festival de Sundance– para incluir un par de escenas ligadas a la actual pandemia de covid-19. El título original es un poco más ambiguo y podría traducirse como “el dilema social”, refiriendo desde luego a las ubicuas redes, pero también a la sociedad en su conjunto.

No es un dato menor: lo que plantean muchos de los entrevistados, varios de ellos exempleados en cargos jerárquicos de las compañías más exitosas del ramo, es que las sociedades han cambiado radicalmente desde la explosión digital. Y que el verdadero impacto de la recopilación de datos, preferencias y gustos encerrados en las redes de las computadoras más poderosas del mundo aún está por verse. ¿El futuro es distópico? “No podíamos saber que el pulgar hacia arriba, pensado como algo positivo, podía llegar a generar una compulsión adictiva”, dice, palabras más o menos, uno de los responsables de crear el célebre ícono de Facebook. Un investigador muestra gráficos que demostrarían que, de 2010 a esta parte, la tasa de suicidios entre púberes y adolescentes ha escalado de manera significativa en los EE.UU.. ¿Acaso el uso constante de las redes facilita y/o potencia las tendencias depresivas de algunos de sus usuarios?

Adicciones digitales, la proliferación de fake news, la creciente polarización política a extremos nunca antes vistos son algunos de los temas que El dilema de las redes sociales analiza en detalle, siempre de forma acuciante y poco esperanzada: se extraña la ausencia de alguna voz que opine de manera ligeramente distinta. Pero tal vez el peor elemento en la receta sea la dramatización con actores que grafica esas inquietudes a través de los noventa minutos de metraje, un lastre que reduce la potencia del mensaje y aporta muy poco a la discusión. A pesar de ello, Orlowski logra que el espectador reflexione y encienda más de una señal de alarma. ¿O acaso la explosión de nuevos adeptos a las teorías terraplanistas hubiera existido sin las conexiones virtuales? ¿Y qué decir de los antivacunas? La lamentable visión de grupos de personas tirando abajo torres de señal 5G por la supuesta relación con la actual pandemia es otro ejemplo del peor escenario planteado por la película: si cada ciudadano lee y escucha solamente a quién piensa de manera idéntica, ¿qué posibilidades existen de que el futuro nos encuentre unidos contra males en común?



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Netflix estrena “El diablo a todas horas” | La película tiene actuaciones de Robert Pattinson, Tom Holland,  Bill Skarsgård y Mia Wasikowska



“En 1957 vivían en Knockemstiff unas cuatrocientas personas aproximadamente, casi todas unidas por vínculos de sangre en virtud de una u otra calamidad, ya fuera la lujuria, la necesidad o la pura y simple ignorancia.” La descripción del minúsculo pueblo de Ohio que el escritor Donald Ray Pollock cincela en la novela The Devil All the Time no podría ser más característico del tono oscuro y pesimista que atraviesa (casi) todas las acciones de los personajes. Unas pocas líneas más abajo, a la hora de presentar a Willard Russell, el protagonista de la primera parte de la historia, el autor detalla los sentimientos de Charlotte respecto de las prácticas religiosas de su esposo. “Tal como ella lo veía, el exceso de religión podía ser igual de malo que la carencia, o tal vez incluso peor; el problema era que la moderación no formaba parte de la naturaleza de su marido.”

La voz del propio Pollock, nacido en esa pequeña localidad del estado de Ohio, aparece de manera intermitente a lo largo de las dos horas y veinte minutos de duración de El diablo a todas horas, la adaptación cinematográfica dirigida por el realizador neoyorquino Antonio Campos que tendrá su estreno este miércoles 16 en la plataforma Netflix. La novela está construida como una ambiciosa saga intergeneracional que recorre dos décadas en la vida de un puñado de criaturas de la “América profunda”, y su retrato de los lazos familiares y comunales, enmarcados por una fe siempre temerosa de Dios, ha sido comparada en las reseñas críticas con la prosa de Flannery O’Connor. Aunque fácilmente podría ligarse también al determinismo fatalista de un Frank Norris: no hay nada, absolutamente nada, que los personajes puedan hacer para librarse de un destino que parece estar escrito con sangre en sus genes.

Los suicidios, el asesinato como fútil medio para reforzar la bienaventuranza o bien convertido en objetivo final, sin otra razón que el placer alienado, el abuso sexual escondido detrás de los ropajes socialmente más respetados, la violencia como único recurso para defenderse de otras violencias. La película de Campos sigue las líneas generales dispuestas por Pollock y entrelaza diferentes presentes: 1945, después del final de la Segunda Guerra Mundial, y los años inmediatos; 1957, cuando un hecho trágico dicta el final de varias existencias; 1965, con un nuevo protagonista dispuesto a alzar las armas y utilizarlas hasta las últimas consecuencias. Un tapiz temporal que cruza, de manera irremediable, la vida de los personajes en instancias significativas, “un poco gracias a la suerte y otro poco por la voluntad de Dios”, según afirma el relator antes de iniciar una danza de pecados, sordideces y esperanzas truncadas. 

El aliento literario y definidamente coral de El diablo a todas horas es cabal y recorre todas las escenas e instancias, de principio a fin. El regreso de Willard (Bill Skarsgård) del frente oriental en Japón, donde una horrenda crucifixión quedó grabada en su mente y su cuerpo de manera indeleble, permite el reencuentro con la madre y su tío en la humilde casa de campo familiar, además del primer vistazo de su futura esposa, Charlotte (Haley Bennett), una mesera de buen corazón, esperanzada en lo que pueda traer el futuro. Es en ese mismo bar, en ese mismo momento, cuando una compañera de Charlotte, Sandy (Riley Keough), conoce a su media naranja Carl (Jason Clarke), primer escalón en una carrera demencial de asesinatos en serie en las rutas y caminos polvorientos del Medio Oeste de los Estados Unidos. La obsesión religiosa de Willard –y la de otro personaje central en la trama, el predicador interpretado por Harry Melling– parece la antítesis de la total falta de humanidad de Carl, pero, tal vez, en el fondo sólo sean las dos caras de una moneda. Dos caminos que terminan recorriendo la misma y retorcida moral.

En una de las escasas entrevistas con Antonio Campos publicadas estos últimos días, el realizador –y coguionista del film junto a su hermano Pablo– declaró que se enamoró del libro cuando lo recibió hace cinco años como un regalo. “Uno va pasando las páginas sin poder detenerse. Me encanta su cualidad literaria, pero también los fuertes elementos de género. Lo que más me atraía era la estructura bíblica de su narración: hay algo muy elemental y parabólico en las historias. Fue un libro muy duro de adaptar, en parte porque hay tanto en esas páginas que nos encanta. Soy un gran fan del gótico sureño y el noir y esta novela es un matrimonio perfecto entre ambas cosas. A veces uno adapta una obra y piensa que allí hay una semilla de una buena idea para una película, y tira todo para comenzar desde cero. En este caso fue lo opuesto: amábamos todo lo que estaba escrito.”

El diablo a todas horas transcurre en pequeños pueblos de Ohio y Virginia Occidental, pero fue rodada en gran medida en Alabama, un estado que, según Campos, no ha sido utilizado como locación cinematográfica en muchas ocasiones. En esa misma entrevista en conjunto, la actriz Eliza Scanlen, responsable de encarnar el relevante papel de la adolescente Lenora, declaró que “la película trata sobre las diferentes maneras mediante las cuales la gente lidia con su fe, cómo la definen para sí mismos y como eso los lleva a hacer las cosas que hacen. En el film hay descripciones muy extremas de esa lucha”.

El hijo de Willard, Arvin (Tom Holland) ha crecido y la reciente mayoría de edad, por lógica biológica y ante la ausencia del padre, lo obliga a tomar obligaciones de adulto. Entre otras la de cuidar a su hermanastra Lenora, joven huérfana adoptada por su madre que parece haber heredado las más férreas creencias religiosas de su padre, un predicador amante de los golpes de efecto teatrales durante los sermones. Si algo ha aprendido Arvin de su progenitor es a defenderse ante los ataques y cuando Lenora es objeto del bullying más despreciable no hay más remedio que tomar al toro por las astas. Los golpes arrecian y los nudillos ensangrentados retrotraen a Arvin al pasado, graficado por Campos mediante el viejo (y tal vez innecesario) recurso del micro-flashback. 

“Arvin se pasó mucho tiempo considerando aquél día como el mejor que había pasado nunca con su padre. Esa noche, después de la cena, siguió una vez más a Willard hasta el tronco de rezar”, escribe Donald Ray Pollock en el libro y recita en off en la película, destacando un imborrable recuerdo de infancia, el padre castigando físicamente a los dos vecinos que habían bromeado con la posibilidad de tener sexo con su esposa. Esa remembranza y la pistola Luger traída desde el otro lado del océano, único tótem legado por ese hombre que, a pesar de pertenecer al pasado, comienza a estar más presente que nunca. Pero quizás el enemigo más importante no esté, en principio, tan a la vista. La llegada a la parroquia de un nuevo sacerdote, un joven apuesto y creído de sí mismo llamado Preston (Robert Pattinson), será el disparador del tercer y definitivo acto narrativo, el gatillo que hace saltar por los aires la tapa a presión, el catalizador indirecto de un encuentro que vuelve a cruzar las líneas dispuestas sobre el mapa veinte años atrás, en ese tranquilo bar de un pequeño pueblo de tránsito. El espacio del “tronco de rezar”, ámbito de recogimiento y humildes pedidos a Dios por los seres queridos, pero también de sacrificios literales, ha sido reemplazado por la pequeña iglesia y el automóvil del joven párroco. Y la víctima ya no lo es de la leyes naturales (es decir, de Dios), sino de su emisario. Arvin no es un cordero, tampoco un joven con el temor hacia las represalias celestiales dibujado en el rostro. Los golpes recibidos en la mejilla derecha no tienen correlato en la otra. Arvin no trae la paz, sino la espada.

Los caminos de Dios y del diablo se cruzan constantemente, en las rutas de concreto y en los senderos humanos dibujados por Pollock y Campos. ¿Qué diferencia la carrera criminal de Sandy de la de su hermano, el sheriff Lee (Sebastian Stan), cuyos actos de corrupción se reflejan en el espejo como peldaños de una carrera política, medios oscuros para obtener un fin que nunca puede ser luminoso? Mientras Arvin huye luego de acometer un acto de ¿justicia, venganza, vindicación?, las encrucijadas se preparan para recibir la visita de viejos desconocidos cuyas vidas estaban destinadas a chocar de frente a máxima velocidad. El último acto de un relato de violencias que no pueden sino retroalimentarse en un infernal círculo virtuoso. 

Hijo de un periodista de origen brasileño y una productora cinematográfica de ascendencia italiana, Antonio Campos nació en Nueva York en 1983. Su actividad en los medios cinematográfico y televisivo comenzó hace poco más de tres lustros y su primer largometraje, Afterschool (2008) –una historia adolescente que marcó el debut del actor Ezra Miller– circuló por infinitos festivales de cine, incluido el Bafici, donde compitió en la sección “Cine del futuro” con The Pleasure of Being Robbed, largometraje de otro joven realizador con futuro asegurado, Josh Safdie. Luego le llegaría el turno a Christine (2016), con una impecable Rebecca Hall en el rol de la periodista Christine Chubbuck, además de sus trabajos como director de varios episodios de la serie The Sinner y el rol de productor en la película de Sean Durkin Martha Marcy May Marlene (2011). El diablo a todas horas es, a todas luces, su salto hacia producciones de mayor envergadura y prestigio, sostenido en parte por el origen literario del guión y por un reparto de figuras reconocidas por el público.

En las notas de producción distribuidas a la prensa internacional días antes del lanzamiento del film, Campos afirma que siempre quiso trabajar junto a su hermano mayor, Paulo Campos, especialista en literatura de habla inglesa, y escribe que “siempre hablamos de hacer algo en conjunto, pero nunca habíamos llegado más allá de un par de conversaciones. Una de las cosas que me tocaron del libro es lo vívidas que son las escenas. Mientras leía las imaginaba en una película y cuando comencé a meterme más en el texto iba tildando mentalmente las cosas que deseaba ver en pantalla. Pollock nos contó toda clase de historias de su lugar natal, un pueblo construido alrededor de una papelera, parecido al que describe el libro. El título deriva de una línea en la novela que dice ‘hasta donde podía recordar, parecía que su padre había luchado contra el diablo a todas horas’. Eso habla a las claras de esa lucha contra el mal y la violencia que rodea a los personajes y crece dentro de ellos, mientras el interludio entre la Segunda Guerra y la Guerra de Vietnam le trae poca paz al tapiz de personajes de Pollock. Es una historia generacional sobre un hijo que debe aceptar lo que hizo su padre. En el fondo, es una historia muy íntima y cada uno de los relatos secundarios que la rodean también tienen que ver con la dinámica familiar, las cosas que hemos heredado y cómo lidiamos con ellas. Lo que atraviesa todo es la relación entre la familia y la fe”. 

Sobre el final, otra ruta. Extensa, infinita, abierta hacia el horizonte. Mientras allá lejos, nuevamente en el Oriente, se desarrolla una nueva guerra, otra sociedad posible comienza a abrirse camino en esa América, América convulsionada. ¿O acaso se trata de otro espejismo en el desierto?



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Kate Winslet, arrepentida de trabajar con Woody Allen y Roman Polanski | “¿Qué carajo estaba haciendo?”, se planteó en una entrevista



Kate Winslet expresó su arrepentimiento por haber trabajado con los directores Roman Polanski (en Carnage, de 2011)  y Woody Allen (en Wonder Man, 2017). Durante una entrevista con Vanity Fair, la actriz ganadora del Oscar se cuestionó: “¿Qué carajo estaba haciendo (al trabajar con ellos)?”. La intérprete de 44 años también dijo que le parecía “increíble” que “esos hombres hayan sido tan vastamente apreciados en la industria cinematográfica durante tanto tiempo. Es una maldita desgracia”.

Ya en 2018 Winslet había aludido a un “arrepentimiento” por haber trabajado con alguna gente, a la que no identificó. “Tengo que hacerme responsable por el hecho de que trabajé con ambos”, dijo ahora. “No puedo volver el tiempo atrás. Estoy luchando con ese arrepentimiento pero, ¿qué nos queda si no somos capaces de ser malditamente honestos respecto a todo eso?”.

Allen fue acusado de abusar de su hija adoptiva Dylan Farrow cuando ella tenía 7 años, en 1992, en casa de la que entonces era esposa del director, la actriz Mia Farrow. Allen ha negado categóricamente las acusaciones en repetidas oportunidades. Polanski fue condenado por violar a una chica de 13 años en 1977.

Winslet es la protagonista de la película romántica de época Ammonite, sobre la vida de la paleontóloga británica Mary Anning. El film, en el que también actúa Saoirse Ronan, se estrenará durante este año. “Esta película me ha abierto los ojos acerca de estar incluso más comprometida con honrar lo que las mujeres quieren que se diga por ellas en las películas y cómo realmente queremos ser retratadas, más allá de la orientación sexual”, dijo la actriz de Titanic. “Porque la vida es jodidamente corta y quiero hacer lo mejor que pueda respectoa dejar un buen ejemplo para las mujeres más jóvenes. Ya les estamos dejando un mundo bastante hecho mierda, así que me gustaría hacer mi parte en cuanto a tener algo de integridad”.

* The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.



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“The Batman”: se suspendió el rodaje | Robert Pattinson tendría coronavirus



Robert Pattinson dio positivo por coronavirus, según consigna la revista Vanity Fair, lo que llevó a la producción de The Batman a suspender la filmación en el Reino Unido. Warner Bros. confirmó este jueves más temprano que la producción se suspendía después de que un miembro del equipo dio positivo, pero no confirmó la identidad de la persona.

“Un miembro de la producción de The Batman ha dado positivo por Covid-19 y se está aislando de acuerdo con los protocolos establecidos”, dijo un portavoz de Warner Bros. en un comunicado. “La filmación entra en pausa temporalmente”.

El estudio no respondió a una solicitud de comentarios sobre si Pattinson había contraído el virus o no, ni tampoco un representante del actor, señaló la publicación especializada en espectáculos Variety.

La noticia de la suspensión llega apenas días después de que la nueva versión del encapotado volviera al set tras meses de retrasos. Protagonizada por Pattinson, The Batman llevaba unas siete semanas de rodaje cuando tuvieron que apagar las cámaras debido a la pandemia. A la película le quedan aproximadamente tres meses de material para filmar y espera terminar de filmar para fin de año.

Numerosas producciones quedaron en pausa cuando el virus comenzó a intensificarse la primavera boreal pasada, y muy pocos éxitos de taquilla han reanudado la filmación en medio de la crisis de salud mundial. Jurassic World: Dominion fue la primera película importante que se reinició y ha vuelto a trabajar en Pinewood Studios en el Reino Unido desde julio. Universal Pictures, el estudio que lanza la última secuela de Jurassic, ha tomado medidas costosas y extensas para garantizar que el set permanezca libre de coronavirus. Esos procedimientos de seguridad involucran todo, desde controles de temperatura de rutina hasta alquilar un hotel completo para el elenco y el equipo durante 20 semanas, que permanece sellado como una burbuja.

Dado que la producción de The Batman se suspendió, Warner Bros. retrasó su estreno en cines y ahora planea presentar la película en la pantalla grande el 1 de octubre de 2021.

Matt Reeves dirige The Batman, que también está protagonizada por Zoë Kravitz como Catwoman, Paul Dano como Riddler y Jeffrey Wright como el comisionado Gordon. John Turturro, Peter Sarsgaard, Jayme Lawson, Andy Serkis y Colin Farrell completan el reparto.

En un panel reciente durante DC FanDome, Reeves reveló que The Batman tiene lugar durante el “Año Dos” de la aparición del Caballero Oscuro, antes de que sus enemigos se conviertan en supervillanos en toda regla.



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Edgardo Nieva, el inolvidable “Gatica” de Leonardo Favio | Murió a los 69 años



“Mono, no sabe lo que me ha hecho llorar cuando vi su película”. A Edgardo Nieva, que siempre será recordado por su extraordinaria interpretación del boxeador José María Gatica en el film de Leonardo Favio, Gatica, el Mono (1993), le gustaba que lo confundieran con el personaje; había puesto el cuerpo y el alma para interpretar ese papel tan soñado como buscado. Hasta los más duros, esos que dicen no derramar lágrimas, deben haber sentido la piel de gallina en esa gran escena de la última pelea, que la ganó por abandono de Jesús Andreoli, en 1956: “No señor, a mí se me respeta. ¡Viva Perón, carajo!”, grita tres veces Gatica. De las tripas-corazón de Nieva, que murió a los 69 años a causa de un cáncer, sale ese grito estremecedor prohibido por la “revolución fusiladora”, que mataba y encarcelada peronistas a mansalva.

El destino de Nieva era la actuación. El actor, que nació en Buenos Aires el 19 de marzo de 1951, vivió su infancia en una pensión en Callao 339, frente a lo que hoy es el hotel Bauen, en una pieza de 4 x 4, sin ventana, sin heladera, sin cocina. Su madre era concertista de piano y su padre mozo del mítico bar Ramos. Para sobrevivir vendió fotocopias, trabajó como visitador médico y estudió Ciencias Económicas, hasta que a los 23 años decidió abandonar la carrera para actuar, elección que no fue aprobada por su padre, que lo echó de la casa. El tiempo cicatrizó ese desencuentro entre padre e hijo porque fue el padre de Nieva, como él mismo contó más de una vez, el que le sugirió hacer de Gatica. Como no conocía a nadie en el ambiente, el actor fue a la Asociación Argentina de Actores para que le recomendaran un guionista con quien trabajar. Entre los nombres que le dijeron, estaba el de Zuhair Jury, el hermano de Favio, con quien se contactó.

Favio, que aceptó formar parte del proyecto, le pidió “un pequeño sacrificio quirúrgico” a Nieva. “Me rasgaron los ojos para tener más cara de tigre, me ensancharon la nariz y me cortaron los lóbulos de las orejas. Un acto de locura total”, confesaba el actor. “Pero no cambió mi rostro sino la expresividad. Mi mirada quedó más estilizada porque a Gatica le decían el tigre. El Mono le decía la contra nomás”, aclaraba el actor que compuso al popular boxeador a partir de la observación de los pocos materiales que encontró –un saludo con Perón y algunas imágenes en el ring— y de las charlas con las personas que lo conocieron, especialmente la viuda de Gatica. La repercusión de su actuación llegó hasta Estados Unidos. Robert De Niro, quien también interpretó a un boxeador en Toro salvaje, lo felicitó: “Tu trabajo es extraordinario. Ustedes se pegaban en serio: a mí las trompadas me pasaban a veinte centímetros”.

El actor ya está en la historia del cine argentino con la que sin duda ha sido una de las mejores actuaciones del siglo XX. “Favio nos cuenta a los argentinos mejor que nadie. Era un visionario –planteaba Nieva-. Y Gatica fue el Maradona de la época. Si viajaba, se llevaba 30 pares de zapatos. Se iba de joda y volvía a las 6 de la mañana y sobornaba al conserje para que no lo delatara. Y a los 20 minutos lo buscaba el técnico para ir a entrenar, y él iba sin chistar. Y nunca fue un desclasado. Ganó cinco millones de dólares en toda su campaña, y pudiendo comprarse un piso en Recoleta, nunca salió de los barrios humildes. Además, su historia de algún modo era también la historia del peronismo”.

Pero más allá de ese papel, Nieva también tuvo una intensa actividad teatral. Durante tres meses, estuvo en contacto con personas que vivían con discapacidades neurológicas para interpretar al discapacitado mental de El dragón de fuego, que estrenó en el Cervantes en 1997, con dirección de Julio Ordano. Para Nieva el teatro fue su lugar en el mundo; actuó en Un tranvía llamado deseo, con dirección de Dora Baret; en Esquirlas, dirigido por Víctor Mayol; Muero por ella, con dirección de Beatriz Matar; en El nuevo mundo, dirigido por Néstor Romano; en La empresa perdona un momento de locura, con dirección de Julián Cavero; en Orquesta de señoritas, dirigido por Jorge Paccini, y La demolición, con dirección de Miguel Ávila. En cine, luego de Gatica, el Mono, trabajó en Tesoro mío (2000), película dirigida por Sergio Bellotti; Ni vivo ni muerto (2002), con dirección Víctor Jorge Ruiz; Expediente Santiso (2015), dirigida por Bryan Maya; y Aníbal, justo una muerte (2019), con dirección de Meko-Pura.

Una cuenta pendiente le quedó: interpretar a Juan Manuel de Rosas. Como con Gatica, contrató a un guionista y empezó a preparar el personaje. Trabajador de la cultura, militante peronista y formidable actor, Nieva no sabe lo que nos ha hecho llorar con su muerte.



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