Andrés Di Tella: “El olvido es algo que me da un poco de vértigo”

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Retrospectiva online y gratuita dedicada a los documentalistas Virna Molina y Ernesto Ardito

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Andrés Borghi: “El mundo del 3D se volvió agotador” | El cineasta, desarrollador de videojuegos y escritor revisa la vuelta de la estética 8bits



Difícil encasillar a Andrés Borghi. Se le puede entrar por su trabajo como cineasta, como desarrollador de videojuegos e incluso como escritor. Y él va a los saltos, de una disciplina a la otra para no saturarse. Cuando el NO lo engancha, está en plena manifestación de esa versatilidad: acaba de lanzar la edición décimo aniversario de su videojuego The Black Heart en Steam; y su último corto, Detrás de la puerta, atraviesa una buena recepción en festivales, incluyendo un premio a mejor cortometraje latinoamericano en el Santiago Horror Film Festival.

¿Cómo es ese pasaje habitual de una disciplina a otra?

–Estas tres son las que más me interesan. Y creo que en todas tengo algo que contar y de diferentes maneras. A veces, la verdad, me canso del cine y paso a otra cosa. Así pasé a la literatura por primera vez. Ahora volví al cine y a este juego, que salió reflotarlo y me gustó volver ahí. Hay una cosa de no saturarse. Y no lo puedo evitar: me gusta probar cuantas formas de arte pueda y siempre es un alivio poder salirte de un medio; te descontractura cuando estás muy saturado.

¿Por qué volver a The Black Heart?

–En algún momento alguien me preguntó por qué el juego no estaba en Steam y la verdad es que el motor que usé, Mugen, no permite que vendas lo que hacés con ese motor, pero hay uno nuevo que se llama Ikemen que sí lo permite. Así que me puse a investigar y bueno, me pareció que quizás era el momento.

The Black Heart es un juego de peleas con estética 8bits (que en su momento era, sencillamente, lo que le permitía el motor de juego), pero gore, que cruza distintas tradiciones de terror sobrenatural (desde lo lovecraftiano hasta lo nipón) y tiene un sentido del humor bastante negro.

Hay un pequeño furor por el 8bits y la estética píxel, ¿cómo ves esa movida?

–Creo que surgió una vez que el mundo del 3D se volvió agotador. Son estéticas totalmente distintas que permiten hacer cosas muy diferentes. En un momento la estética 8bits se descartó porque parecía antigua. Pero con el tiempo la gente se dio cuenta de que era otro lenguaje y se podía jugar con la deconstrucción del 8bits, con la nostalgia o contar cosas más adultas. Eso me interesa un montón. En mi caso es de estética retro porque el motor original es viejo, vino así de fábrica y lo hice a esa medida. Pero bueno, supongo que hoy en día cuenta como retro.

Algunos poderes (como el de Ananzi) pasan “fuera de plano”, un recurso cinematográfico, ¿por qué?

–En ese caso puntual, donde Ananzi se convierte en araña y se lleva al oponente fuera de pantalla, lo hice porque hay juegos que hacen eso. Fuera de plano hacen cosas que no te deberían mostrar. Akuma, de Street Fighter, hace un ataque donde se te viene encima y te muele a golpes muy violentamente. Y en ese momento la pantalla se pone negra, sólo se escuchan los golpes, y cuando vuelve, el otro rival está muerto. Como una forma de decir “es tan terrible que no te lo muestro”. Es un código común.

De todos modos también hay otros cruces estéticos con el cine…

–Sí, hay un acercamiento cinematográfico en otros personajes, como Noroko, donde por momentos aparece representada por una actriz de carne y hueso, como en su fatality, con una estética como de película vieja. Todo el juego tiene un poco de fílmico gastado, una estética que viniendo del mundo del cine me gustaba mucho y que hasta ese momento no había visto nunca en un videojuego.

Tenés girando por festivales Detrás de la puerta, otro corto que, como Alexia, habla del pasado que vuelve, ¿por qué este tema?

–Creo que la gente suele estar atrapada por su pasado. Cuesta escaparle y por más que uno lo haga, siempre sigue pesando lo que pasó en el pasado. Estos dos cortos hablan de exorcizar eso, aunque a los personajes les salga mal y el pasado les gane y se los trague.

¿Cómo ves la situación del cine de terror ahora, pandemia mediante?

–A nivel mundial creo que le pasa lo mismo que a otro género: la gente o está esperando que termine la pandemia para filmar o filma en cuarentena, cosas que transcurren por Zoom o tratan de agarrar esa estética Zoom, llamémosle. A veces sale bien, otras mal.

¿Qué impacto creativo puede tener?

–No lo sé. Lo lógico sería que hubiera menos películas sobre el tema. No sé si la gente querría ver ahora una película sobre una pandemia. Yo personalmente no tengo ganas de ver películas que hablen de la pandemia, ya la estoy viendo en vivo y el terror tiene que ver con tratar cosas que no estás viendo en este momento. Si agarrás una peli de terror sobre un tema que te está afectando, te suele pegar muy mal.





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El cine argentino está de remate | Los derechos de cinco filmes de Leonardo Favio en riesgo de ser subastados



El Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio decretado por el Presidente de la Nación, puso en suspenso un remate judicial que iba a ocurrir el viernes 27 de marzo y en el que se subastarían los derechos exclusivos y universales de cinco de los filmes dirigidos por Leonardo Favio y de toda la producción del importante sello Artistas Argentinos Asociados (A.A.A.) a excepción de La guerra gaucha (1942). Este último filme fue adquirido por Aries Cinematográfica, otro destacado sello que se encuentra en un proceso similar ya que según su presidente, el director y productor Héctor Olivera, la empresa volvió a entrar en concurso preventivo luego de que en 2019 fuera decretada su quiebra.

Entre las sesenta películas que aguardan a que bajen el martillo se encuentran Crónica de un niño solo (1965), El dependiente (1969), Nazareno Cruz y el lobo (1975), Soñar soñar (1976) y Gatica (1993), es decir, gran parte de la filmografía de Favio y clásicos como Esposa último modelo (1950) protagonizada por Mirtha Legrand y Angel Magaña, Mercado de Abasto (1955) con Tita Merello, Catita es una dama (1956) con Niní Marshall, Su mejor alumno (1944) con la recordada actuación de Enrique Muiño, Pampa bárbara (1945) el formidable filme de Lucas Demare y Hugo Fregonese sobre el guion de Homero Manzi y Ulises Petit de Murat, entre tantas otras joyas. 

Si bien el precio con el que se ofrecerá es un poco mayor, lo cierto es que según consta en el expediente de la causa judicial, la valuación fijada por un perito es de $ 180.000 pesos argentinos. La suma es irrisoria si tenemos en cuenta el valor simbólico que el conjunto representa, aunque no sea dable tal medición por tratarse de variables disímiles entre sí. Sin embargo, contraponer su valor material a su valor cultural nos permite identificar un conflicto al que se presta el asunto entre el derecho público y privado y que Victor Hugo expresó mejor que nadie en una célebre frase publicada en 1832 en la Revue des deux mondes: “Hay dos cosas en un edificio: su uso y su belleza; su uso pertenece al propietario, su belleza a todo el mundo, a ti, a mí, a todos nosotros. Al demolerlo, su propietario se excede en su derecho”.

La posibilidad que tendríamos de disfrutar de nuestro patrimonio audiovisual se ve amenazada así por la circunstancia –probable- de que dichas películas sean adquiridas por un privado que no le dé la difusión correspondiente o, que incluso, pueda recaer en manos extranjeras. Para esta última, la legislación de países como México contempla la protección de su patrimonio cultural obligando a depositar en su Cineteca Nacional internegativos realizados especialmente antes de que los negativos de los filmes sean enviados fuera del país. 

Este conflicto entre el derecho individual a la propiedad privada y el derecho colectivo a preservar nuestro pasado y acceder a la cultura debe ser resuelto por el Estado y, al hacerlo, no debe dejar de proteger nuestro patrimonio cultural. Este deber está expresado en tratados internacionales sobre la materia que nuestro país suscribe y en la misma Constitución Nacional.

Desde la Sociedad por el Patrimonio Audiovisual solicitamos a las autoridades competentes que declaren como bien de interés artístico nacional a las películas de Leonardo Favio y del sello Artistas Argentinos Asociados (A.A.A.). Dicha solicitud fue cursada ante la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, que está facultada por Ley para proponer al Poder Ejecutivo Nacional la declaración de interés artístico de un bien. En razón de ello, los bienes que sean protegidos no podrán ser vendidos, ni gravados ni enajenados por cualquier título o acto, ni modificado su estatus jurídico y, de forma similar a la protección mexicana, tendrán prohibido la salida del territorio argentino sin la intervención previa de la Comisión Nacional.

Con mismo objetivo nos dirigimos al Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para que las películas sean declaradas como bienes de interés cultural, lo que permitiría proteger a dichas obras acorde a las facultades de la Ley de Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Asimismo y en cumplimiento de los artículos 3º y 13º de la Ley 25.119 y su decreto reglamentario, solicitamos formalmente que la Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional (CINAIN) interceda en base a su competencia funcional en la preservación de los bienes culturales audiovisuales en riesgo. Dicha manda legal declara de utilidad pública a los negativos y copias de películas existentes en el país al efecto de obtener reproducciones para su conservación como así también el deber de recuperar el acervo audiovisual nacional.

A lo largo de la historia, nuestro cine fue desapareciendo por diversas causas: censura, negligencia, ignorancia, mezquindad, egoísmo, incendios que incluyeron explosiones y víctimas fatales, inundaciones, robos, derrumbes y por haber sido tiradas a la basura, entre otras. Los remates han sido una causa más de la triste historia de nuestro patrimonio fílmico, son recordados los remates del Instituto de Cinematografía de películas cuyos productores no podían afrontar las deudas con el organismo o el del importante sello Estudios San Miguel. Es hora de que el Estado realice una acción ejemplar para salvaguardar nuestro patrimonio audiovisual, todavía estamos a tiempo. 

Fernando Madedo es Presidente de la Sociedad por el Patrimonio Audiovisual;
Ana Lucía Amor es Vicepresidenta de la Sociedad por el Patrimonio Audiovisual y socia de Página/12.



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Inauguran la primera sala de cine virtual de la Argentina

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