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Plebiscito en Chile: buena afluencia de votantes jóvenes en Argentina | Más de 600 residentes chilenos ya votaron en el país 



En Argentina, más de 600 residentes chilenos se acercaron durante la mañana de este domingo al centro de votación por el plebiscito constitucional de Chile, ubicado en el edificio de Migraciones sobre Avenida Antártida Argentina 1355, en el barrio porteño de Retiro. Según informó el consulado chileno, la edad promedio de quienes ya emitieron su voto ronda entre los 22 y 25 años.

En ese centro electoral se concentra el voto de los chilenos residentes en la Ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires y La Plata. La expectativa es tal que, para este sufragio, se habilitaron seis mesas electorales: para las últimas elecciones presidenciales, solo habían abierto tres.

“Hubo una importante afluencia de gente, y esperamos más durante la tarde porque hay 2.045 personas empadronadas para votar”, informó una fuente del Consultado de Chile en Argentina, que organiza esta votación. 

Según estimó, una vez cerrada la votación, a las 20, habrá una demora de dos horas para tener la mayoría de los votos escrutados.

La presencia mayoritaria de jóvenes este domingo quedó en evidencia cuando comenzó el horario de votación de las personas mayores de 60 años, que ocuparon solo una de las seis mesas dispuestas en Retiro, mientras que en el resto se veían largas filas de chilenos menores de 30 años esperando para emitir su voto.

La votación se lleva a cabo siguiendo un protocolo de seguridad, con barbijos y  distancia social. El clima, pese a la lluvia, era de alegría entre los votantes, quienes entonaron, dando saltos desde su lugar en la fila, “el pueblo unido jamás será vencido”, una consigna emblemática que nació en Chile y luego se trasladó a muchos países de la región.

El plebiscito constitucional es una votación en dos fases. En la primera se elige aceptar o rechazar la modificación de la Constitución promulgada en 1980, bajo el gobierno dictatorial de Augusto Pinochet. En la segunda se vota sobre la forma de redactar la eventual nueva Carta Magna: “Convención Constitucional” (155 ciudadanos elegidos por la ciudadanía) versus “Convención Mixta” (86 parlamentarios y sólo 86 ciudadanos elegidos).



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Chile vota para terminar con la constitución de Pinochet

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Una demanda de los pueblos

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Que la dignidad se haga costumbre

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Chile da un paso hacia una democratización que arrase con los resabios de la dictadura

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Un plebiscito para borrar a Pinochet | A un año de la protesta, Chile vota cambiar la constitución



Este domingo los chilenos concurrirán a las urnas para elegir si cambian la constitución de 1980, creada por la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet y que ha permitido un sistema económico que privatizó la salud y educación, estimuló el saqueó del estado en menos de monopolios empresariales y facilitó la extracción de recursos naturales que dañaron gravemente al medio ambiente. Serán dos papeletas: la primera con la opción “Apruebo” y “Rechazo” —el cambio de constitución— y la segunda, sobre la modalidad en caso de ganar la primera opción: “Convención Constitucional” (155 ciudadanos elegidos por la ciudadanía) versus “Convención Mixta” (86 parlamentarios y sólo 86 ciudadanos elegidos).

Debido a la pandemia, que suma 18.313 muertos sumando casos sospechosos atribuidos a la covid-19, la clásica polarización de la sociedad chilena se pudo ver sólo las en redes sociales. Entre memes, hilos de twitter y discusiones, llaman la atención los grupos de evangélicos que apoyan el “rechazo”, especialmente líderes como Kevin Valenzuela (una especie de Miley mezclado con Agustín Laje) que han llegado a decir que “Satanás está detrás de este proceso refundacional de Chile”. Algo que más que generar temor, provocó burlas por un discurso que, sin argumentos serios, recuerda mucho a integristas cristianos que apoyaban a Jair Bolsonaro o Donald Trump.

En las calles, al menos este viernes y con la campaña del plebiscito finalizada, el ambiente se ve tranquilo, en parte debido a la primavera ventosa y con temperaturas que promedian los 25 grados, y al proceso de desconfinamiento que ya ha permitido la apertura de restaurantes con mesas en la calle y la apertura de tiendas con aforo reducido.

ESTADO DE EMERGENCIA

Hace un año en Santiago se cumplía una semana del “Estado de Emergencia”, decretado el 18 de octubre tras una escalada de incidentes entre policías y manifestantes liderados por escolares que decidieron evadir el metro tras un alzas de precios, que se sumaban a otras alzas y declaraciones de ministros llamando a “madrugar” para aprovechar las tarifas bajas. Todo esto culminó con estaciones quemadas (en un caso aún sin resolver), barricadas y bombas lacrimógenas lanzadas a granel por las Fuerzas Especiales.

Aún impresiona cómo las fuerzas armadas volvían a desplazarse por la capital pero eran enfrentadas por nuevas generaciones que no tenían ningún temor a pesar de que esos días dejaron un total de cinco muertos, sumados a diez más por parte de carabineros.

Aun no se hablaba de cambiar la constitución, sino más bien de alcanzar un “nuevo pacto social”, discurso casi transversal en la elite política. Tuvo que ser debido a la organización de la sociedad civil, destacando cabildos autoconvocados donde se discutían y generaban documentos sobre la necesidad de cambiar el modelo político y económico del país, la protesta del 25 de octubre que llevó un millón de personas sólo en la capital de Chile y la huelga general del cuatro de noviembre que aceleró las cosas hasta que el 15 de noviembre se anunció tras una maratónica sesión en el Congreso Nacional un “Plebiscito por una Nueva Constitución”. Al amanecer la Plaza Baquedano/Italia, rebautizada por los manifestantes “Plaza de la Dignidad” amaneció cubierta de blanco, un hecho curioso y que contrastaba con voces críticas que alertaban sobre un acuerdo a espaldas de la ciudadanía que, por cierto, jamás dejó de protestar hasta marzo de este año.

Para el historiador, especialista en historia contemporánea de Chile, Marcelo Casals, el sistema político institucional se vio obligado a reaccionar ante la profundidad de la crisis y dar inicio a un proceso constituyente, cuestión que dada la historia reciente de Chile resulta bastante radical. “El último proceso constituyente se dio en el marco de una dictadura contrarrevolucionaria que se arrogó el poder soberano para construir un nuevo orden inmune a todo cambio sustantivo. La Constitución de 1980 tiene una serie de trampas constitucionales que rigidizaron el sistema hasta hacerlo estallar. Sin calle, sin protesta, en realidad, no estaríamos en esta situación”.

¿EL FIN DEL FANTASMA PINOCHET?

Sin excepción todas las encuestas coinciden en el triunfo del “Apruebo”. Según la reciente Data Influye un 69 por ciento votaría por la primera opción frente a un 18 del rechazo. “Convención Constitucional” obtendría 61 por ciento de adhesión.

Para Casals no podría afirmarse nada más allá de eso. “Esa es la gracia de un proceso constituyente, que no hay parámetros preestablecidos que definan el nuevo orden institucional que salga de todo esto. Para aquellos de sensibilidad más conservadora esa es razón suficiente para inclinarse por el rechazo, pero para una mayoría social que dejó de creer en las supuestas bondades del neoliberalismo en economía y en el modelo de democracia semisoberana al decir de Carlos Huneeus en política, es una oportunidad de inclinar la balanza en su favor.

Casals explica que no es responsable hacer otras predicciones. “Existe un consenso sobre los fundamentos del orden político chileno que tienen larga data, y que obedecen a un imaginario republicano fuertemente compartido. Ese consenso tiene hoy una expresión más concreta que podríamos denominar socialdemócrata, también fuertemente difundida entre quienes salieron —salimos— a protestar en octubre del año pasado. En resumen, se exige al Estado probidad, igualdad en el trato, garantía de prestaciones básicas dignas e igualitarias, sobre todo en salud, educación y seguridad social, protección del medioambiente, políticas de reconocimiento de género y étnicas, y control de la feroz acumulación del gran capital a través de una nueva estructura impositiva progresiva y de leyes efectivas contra el extendido abuso empresarial.

Este plebiscito es “de entrada”. Luego vienen las elecciones de ciudadanos integrantes de la convención (ya sea mixta y constituyente) el 11 de abril de 2021, para luego dar paso a la redacción de la Constitución con un plazo de nueve meses, renovable por tres más. Finalmente hará un plebiscito ratificatorio “de salida” durante 2022. Si gana el “rechazo” se mantendría la Constitución de 1980.



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Ardieron dos iglesias en las protestas en Santiago de Chile   | En los alrededores de la Plaza Italia



Una iglesia consumida por el fuego y otra muy dañada en las cercanías de la Plaza Italia de Santiago, fue el resultado de ataques realizados por encapuchados durante una multitudinaria manifestación para conmemorar el primer aniversario del inicio de la revuelta social en Chile.

La pequeña iglesia de la Asunción se convirtió en el segundo templo en ser atacado durante esta jornada de protestas en la capital. Cuando cayó la cúpula en llamas tras el colapso de la estructura, varios manifestantes celebraron.

La estructura fue atacada por encapuchados en momentos en que transcurrían varias horas de manifestación pacífica en los alrededores de la Plaza Italia, donde celebraron el inicio del estallido social del 18 de octubre de 2019.

Cuando la iglesia ardía, bomberos y rescatistas hicieron un cerco para evitar que el colapso de la estructura impactara sobre la gente. “Que caiga, que caiga”, gritaron algunos encapuchados, que celebraron la posterior caída de la cúpula de la pequeña iglesia, conocida también como la “parroquia de los artistas”.

Más temprano, muy cerca de donde se produjo este incendio, otro templo fue saqueado e incendiado, pero los bomberos lograron apagar las llamas sin que pasara a mayores.

La manifestación de este domingo se produce a una semana del plebiscito en que los chilenos decidirán si cambian o no la Constitución que se mantiene como herencia de la dictadura de Augusto Pinochet. El referéndum fue convocado tras un amplio acuerdo político alcanzado tras semanas de violentas protestas el año pasado.

Varias encuestas coinciden en que la opción para aprobar el cambio constitucional podría ganar con más del 60% de los votos, tras un año en que el reclamo por un mayor bienestar social tiene un respaldo transversal en la sociedad, así como también una contundente condena a la violencia en las calles.



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Plaza “Dignidad” se llena en Santiago de Chile celebrando un año del estallido  | A una semana del plebiscito constitucional



Desde Santiago de Chile

Ni la pandemia, ni la represión policial que terminó hace dos semanas con un chico lanzado al río Mapocho ni los llamados del gobierno a “ser responsables” ante el plebiscito del 25 del octubre —donde se decidirá cambiar la Constitución establecida por Pinochet en 1980— impidieron que se llenara esta tarde el sector de Plaza Italia, histórico centro de protestas y manifestaciones en Santiago de Chile.

La zona, frontera simbólica entre las comunas acomodadas y los sectores más populares, fue rebautizado como “Plaza de la Dignidad” por los manifestantes que exactamente hace un año comenzaron el llamado “Estallido Social”. Una serie de protestas, paros nacionales, cabildos ciudadanos, memes en redes sociales o colectivos feministas como Las Tesis lograron alterar el programa de gobierno, los planes de la clase política y a la elite chilena muy cómoda con la herencia de la dictadura. Algo que también dejó decenas de muertos, violaciones a los derechos humanos y más de 500 jóvenes heridos por carabineros que, mostrando su rostro más salvaje, dispararon balines directo al rostro de los manifestantes.

Hasta las 19:00 la manifestación había sido pacífica, con cantos como “el pueblo unido jamás será vencido”, banderas mapuche (curiosamente la bandera chilena ha terminado siendo asociada a la derecha y su particular concepto de patriotismo), algunos en bicicleta y otros con parlantes entonando canciones-himno como “El baile de los que sobran” del grupo pop de los `80 Los Prisioneros. También había carteles que dicen “Renuncia Piñera”. La multitud incluso fue capaz de abrirse espacio para que pasara “el bus del pueblo”, una antigua micro (colectivo) amarillo que ha sido uno de los clásicos de las protestas. La policía se mantenía a distancia y el gobierno monitoreaba desde la Moneda el lugar que se comenzó a llenar desde las 10:00 de la mañana.

Sin embargo, como en un guión que se viene dando desde la gran movilización estudiantil de 2011, grupos de encapuchados comenzaron a armar barricadas y generar desmanes sin que la policía interviniera y —lo más notable— en el horario en que comienzan los noticieros centrales de TV.

Una dinámica violenta que hace que los manifestantes vayan desocupando el recinto y provocando a otros tanto contra los encapuchados como la policía. Esta vez no fue la excepción: la parroquia de carabineros y la iglesia La Asunción fueron atacadas y parcialmente quemadas, al mismo tiempo que comenzaban saqueos (frustrados) en locales aledaños a la plaza. Hasta el cierre de esta edición Piñera y su equipo siguen reunidos.

¿El final de la herencia pinochetista?

Así, el próximo domingo los chilenos deberán elegir entre la opción “Apruebo” (para cambiar la constitución) o “Rechazo” (para mantenerla). Hasta hoy no hay ninguna encuesta que señale el triunfo de esta última. Según el sondeo Data Influye, un 69% votará la primera opción, mientras que sólo un 18% se inclinará por el rechazo, siendo además esta elección la que tendría la mayor participación ciudadana desde el plebiscito de 1988 donde ganó el “No” a Pinochet.

“Lo de Chile fue una revuelta social con rasgos revolucionarios”, dice el filósofo chileno Ricardo Espinoza autor de libros como NosOtros: manual para disolver el capitalismo (Morata, 2020). “Llamarlo solamente estallido encubre algo importante: el chileno era un pobre y desgraciado sujeto individual, egoísta y competitivo que hacía todo por competir y tener éxito en el mundo-mercado. Un zombie y mercancía al mismo tiempo. Un muerto viviente que ahora se conviertió en el único sujeto revolucionario posible para estos tiempos: lo que yo llamo el NosOtros: volverse uno dentro de un colectivo. Con ello la matriz misma del capitalismo quedó trizada y pudimos comenzar a destruir ese infierno capitalista del Chile pre-octubre y que ni la pandemia detuvo”.

La otra pregunta que contendrá esta votación es quien redactaría la Constitución y que pueden votar incluso quienes “rechazan”. Hasta hoy siempre ha ganado la “Convención Constituyente” (155 ciudadanos elegidos por la ciudadanía) frente a la “Convención Mixta” (86 parlamentarios y sólo 86 ciudadanos elegidos). Este plebiscito se conoce como “de entrada”. Luego vendría las elecciones de ciudadanos que integrarán la convención —ya sea mixta y constituyente— el 11 de abril de 2021, para luego dar paso a la redacción de la Constitución con un plazo de nueve meses, renovable por tres más. Finalmente hará un plebiscito ratificatorio “de salida” durante 2022. Si gana el “rechazo” se mantendría la Constitución de 1980.

Sin embargo, analistas políticos como Montserrat Nicolás plantean dudas frente al proceso que se decidió el 15 de noviembre, donde el PC se restó y se comenzó a hablar de una “cocina política” que bloqueó lograr el objetivo principal de las marchas: una convención constituyente. “Esto no nació de la clase política porque por décadas se esperó respuestas de ella y en vez de eso entregaron migajas. Fue al revés: no es que se haya aceptado a regañadientes la idea de un referendo, sino es un intento de secuestro del proceso constituyente. que esperan que funcione como píldora de dormir y que acabe con la agitación social. Ese famoso pacto se firmó de espaldas a la sociedad y sin metodologías. Ahí está la trampa”.

El alza del pasaje que despertó a Chile

Al principio del “Estallido” no se hablaba de cambiar la constitución. Los sectores de derecha o de oposición, incluso, hablaban de “nuevo pacto social”. Una semana antes, el gobierno de Sebastián Piñera anunció un alza de $30 pesos del pasaje del metro (subte) equivalente a unos 0,10 pesos argentinos en los horarios clave como el de 7:00 a 8:59 y 18:00 a 19:59. La cifra podría parecer menor, pero ante un panorama de alzas y sobre todo, el “consejo” del entonces ministro de economía Juan Andrés Fontaine de levantarse más temprano (“Quien madruga puede ser ayudado a través de una tarifa más baja”) la rabia se tradujo en evasiones masivas del metro, liderada por escolares que decidieron no pagar el pasaje y saltar las barreras de seguridad del metro, siendo reprimidos por carabineros mientras el subsecretario del interior Rodrigo Ubilla amenazaba a la ciudadanía con protestar así “no es la forma”.

Todo explotó la tarde del también llamado “18-O”: Santiago estaba repleta de carabineros en las puertas del metro, carros lanza aguas apuntando a la Biblioteca Nacional —una de las salidas más concurridas— y los primeros enfrentamientos con manifestantes. Ya a las 20:00 el aire era irrespirable debido a los gases lacrimógenos lanzados por carabineros y por la TV se anunciaba el incendio de varias estaciones del metro, un hecho aún no resuelto y que mueve a sospechas considerando su moderno sistema de cámaras de vigilancia y lo oportuno del hecho para contener el malestar social.

Más confuso estaba el presidente que fue visto comiendo pizza en el sector alto de Santiago para luego más tarde volver a La Moneda y decretar Estado de Emergencia (que se extendería por nueve días) llamando a los militares a tomarse las calles. Aunque Piñera repitiera que Chile estaba “en guerra” ante “un enemigo poderoso”, la gente increpaba a los militares y seguía protestando en pleno toque de queda. El mejor resumen de la actitud del gobierno de esa noche la dio el diario italiano Il Corriere Di la Sera: “Chile se quema y él comiendo pizza”.



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