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Dólar: Se pincha el paralelo y ya cotiza casi a la par de la divisa en bancos | El “blue” bajó a 146. El denominado “ahorro”, a 144,94 pesos



El dólar paralelo cerró este miércoles en 146 pesos. Se trata de un retroceso de 3 pesos en la jornada. El tipo de cambio ilegal se ubicó esta semana por primera vez en un mes por debajo de los 150 pesos y muestra un cambio de tendencia en las expectativas de devaluación. El dólar contado con liquidación también continuó en baja. Se operó en 141,86 pesos y disminuyó 0,7 por ciento.

El dólar para ahorro cotizó este miércoles en 144,94 pesos y ya es más caro que el contado con liquidación. Al dólar oficial se le suma un 30 por ciento de impuesto país y un 35 por ciento a cuenta de ganancias.

Uno de los frentes de pelea de la conducción económica para reducir las presiones especulativas sobre el mercado de cambios es el de incrementar las emisiones de deuda en moneda local del Tesoro para retirar liquidez del mercado y reducir necesidad de financiamiento con el Banco Central. En diciembre colocó de deuda por más de 110 mil millones de pesos y se canjearon títulos para el próximo año por más de 200 mil millones de pesos. 

Este jueves se anunció además una nueva reapertura de dos bonos soberanos en moneda extranjera (AL30 y A35). El objetivo de este anuncio es permitirle a distintos fondos del extranjero que tenían activos en moneda local hacer un canje de sus tenencias por estos bonos con vencimiento en dólares, para quitarle demanda al contado con liquidación.

En tanto, fuentes del mercado señalaron que el Banco Central pudo comprar en la plaza cambiaria más de 40 millones de dólares. Se suman a los 20 millones de dólares comprados el miércoles.

Por el lado de los activos financieros hubo un fuerte rebote en la bolsa porteña. Las acciones subieron más del 3,3 por ciento y algunas firmas energéticas avanzaron más del 6%. Lo mismo ocurrió entre las compañías argentinas que cotizan en Nueva York.

Los títulos públicos regisraron aumentos de hasta casi 3 por ciento en la modalidad de operación en moneda extranjera. Se destacó el Bonar 2035, con ley Nueva York. Subió 2,8 por ciento.

En la modalidad de operación en moneda local, en cambio, hubo bajas de hasta 0,7 por ciento. Esto se explica por el retroceso de la cotización de los dólares financieros. A medida que baja de la brecha cambiaria se empiezan a desinflar los precios en pesos de los títulos.

El riesgo país finalizó en 1428 puntos y retrocedió 6 unidades.

El cambio de tendencia respecto de las expectativas de devaluación fue claro a partir de noviembre, luego de que el dólar financiero se ubicaram a fines de octubre, por encima de 180 pesos.



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Economía respetará los pagos a los bonistas que no entraron al canje

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Qué pasará con el 1% de los bonos que no entraron al canje

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El 93,5% de los bonistas aceptó la propuesta para reestructurar el 99% de la deuda externa

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El gobierno presenta con un acto en Casa Rosada el canje de deuda con los bonistas

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Algunas dudas sobre el canje de deuda en ciernes

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Llaman a canjear los bonos en dólares bajo ley local

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Los derechos en la era de la desigualdad | El canje, las políticas laborales, la pandemia, los desafíos



El cierre del canje de deuda privada sujeta a legislación extranjera constituye el mayor éxito político del presidente Alberto Fernández fuera de los conseguidos en la lucha contra la pandemia. Llega en un momento bisagra, el peor en materia sanitaria desde que comenzó la cuarentena.

Se despeja el escenario económico-financiero: se consiguen solvencia, alivio, gobernabilidad para los años inminentes, el corto plazo. El domicilio existencial de la gente común, pongalé.

El ministro de Economía Martín Guzmán, ninguneado y agredido por la derecha autóctona en yunta con los bonistas extranjeros, impuso su estrategia. A un desafío colosal le sucede otro, negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las tratativas, miradas desde el interés nacional, “tienen” que ser prolongadas. La correlación de fuerzas arranca adversa, hay que tramitar para mejorarla. Sin vencimientos de deuda con el organismo hasta mediados de 2021, sirve aprovechar ese lapso.

Desde su designación Guzmán afirmó que un acuerdo sustentable con los acreedores externos ayudaría a “tranquilizar” la economía, expresión que describe tanto su personalidad como uno de sus objetivos y herramientas. Lo enunciaba en diciembre, en un estadio pretérito del capitalismo global. Suena raro ahora. “Tranquilizar”, como casi todo, necesita resignificarse. Por lo pronto, exige sostener una magnitud de gasto social que, ni por asomo, estaba en los planes de Fernández-Guzmán. Inmenso, inédito, el mayor de las últimas décadas. Decisión racional, valiosa, imprescindible, faraónica si usted quiere aunque, ay, insuficiente.

El sino del presidente AF es minimizar daños o, puesto de otro modo, remarla para conseguir el mal menor en distintas esferas de gestión. Frente a la peste sus equipos económico y de Salud destacan como los mejores del Gabinete para pelear en desventaja.

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San Cayetano, desangelado: El 7 de agosto llovió con frío acentuando la soledad en las inmediaciones de San Cayetano. Se añoran las multitudes populares que resolvieron, inteligentes y solidarias, no amucharse el viernes ni el 24 de marzo,.

La celebración del santo funciona como registro de la realidad. Ojalá el año que viene se hayan recuperado las calles. Los fieles, simplificamos, concurren para agradecer que tienen laburo o para pedir ayuda. Duele suponer el escenario que vendrá pese a que lo mitigan políticas activas que se comentarán en esta columna.

Puestos a extrañar y a esbozar un homenaje, viene a cuento nombrar a Saúl Ubaldini. Líder sindical impar, luchador contra la dictadura, coherente en democracia. El más popular de los secretarios generales de la Confederación General de Trabajo (CGT) desde 1945 opina este cronista y acepta discusiones. Precursor porque abarcó en convocatoria, discurso y empatía a los trabajadores no afiliados a la Central Obrera. Barruntó que se ampliaban las fronteras de la clase que representó con dignidad y bravura. Es fácil imaginarlo congregando sindicatos, organizaciones sociales, informales, desocupados… Tienta compararlo con las actuales cúpulas cegetistas… deprime bastante.

“Peronistas somos todos”, ironizaba Juan Domingo Perón. Ubaldini encarnó la polifacética mejor tradición peronista. Las líneas maestras de la política laboral armonizan, en tono de época, con dichas vertientes. De nuevo, para defender el mal menor.

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Defender las fuentes: El oficialismo desplegó un abanico de medidas para preservar, en el estrecho margen de lo posible, las fuentes de trabajo y el empleo. Varias de esas movidas existen en otros países, incluso en magnitudes mayores. Acá se complementan con otras propias del sistema de relaciones laborales argentino. La doble indemnización, primero. La obligación de pagar sueldos a las empleadas de casas particulares que no trabajan por la pandemia. La prohibición de despedir sin causa o por fuerza mayor, luego. Reglas de la “rígida” legislación, acentuadas para minimizar la malaria.

El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), similar al de otras latitudes, se asienta sobre un sistema de protección social comparativamente muy expandido. Los ATP subsidiaron a miles de empresas para pagar parte de los sueldos de millones de trabajadores.

Acciones indiscutibles, tutelares. Suscita más polémica una válvula de escape: la autorización para suspender pagando como mínimo el 75 por ciento del sueldo, mediando acuerdo entre la patronal y los gremios. Se la cuestiona “por izquierda” o desde otras miradas nacional populares. El Gobierno la reivindica porque completa un combo, porque la reducción del 25 por ciento no rigió en todos los casos, porque hubo consenso. Quien firma esta nota comparte la finalidad pero cree que la instrumentación concedió demasiado a empresas poderosas que embolsaron ATP y se “sacrificaron” menos que sus empleados.

El combo atenuó la caída del trabajo registrado, que tocó fondo en abril. Repunta con constancia y lentitud. Un riguroso informe de la Subsecretaría de Planificación, Estudios y Estadísticas del Ministerio de Trabajo aborda la “Síntesis de la situación del trabajo registrado”. Se recomienda la lectura íntegra, apreciando que el informe reconozca las dificultades materiales para relevar en este contexto. 

El empleo asalariado registrado cayó un 2,5 por ciento entre febrero y mayo de 2020. Los términos internacionales de comparación son significativos. Quedan excluidos países hermanos con gigantesca informalidad como Perú y Bolivia.

En Estados Unidos los despidos sin indemnización funcionan como base del sistema, se paga seguro de desempleo. Se ajusta cesanteando: allí la caída llegó al 13,8 por ciento. En Chile, el vecino que mejor imita a los gringos, al 12,2 por ciento. En Brasil al 7,5 por ciento.

La registración de aportes funge de fuente para el informe: patronales, monotributistas autónomos, monotributistas sociales. Los números pueden incluir a personas o empresas que siguen activas pero que, asfixiadas por la crisis, dejan de cumplir con las obligaciones fiscales. Imposible cuantificar con precisión pero se trata de una minoría.

Cualquier estimación de desempleo en esta contingencia distorsionaría datos. Las mediciones no consideran desocupado a quien no busca trabajo: ahora hay cantidades enormes de gente que no puede salir porque se conjugan las prohibiciones sanitarias y la crueldad del mercado laboral.

En las carteras de Trabajo, Desarrollo Productivo y Economía observan un repunte en actividad y en contrataciones desde mayo, sostenido en junio y julio. Jamás valdrá para compensar el derrumbe económico anual. Las miradas más optimistas suponen que se recuperará una fracción. Muy condicionada a la evolución de contagios y muertes, agravados en las semanas recientes. Se enciende, demasiado rápido, una atávica señal de alarma. Ante un mínimo repunte económico, la inflación crece.

Se corrobora, para mal, un dato básico: la obediencia o desacato comunitarios derivan del consenso social, no de las sanciones. Se agravan (por motivos a veces comprensibles) tendencias al descuido, al individualismo, a la insolidaridad, a poner en riesgo la salud de terceros o la propia. La covid 19 no inventó una nueva sociedad, imposible esperar milagros.

Los gobernantes son desafiados a repasar tácticas, mensajes, modelos de comunicación que dieron sus frutos. Hay retrocesos aterradores como el sucedido en Jujuy. El gobernador Gerardo Morales alardeaba un par de meses atrás. Ahora pide auxilio, envuelto en una catástrofe. La Argentina es un país federal, no una confederación: la Nación tiene el deber de asistir a la provincia, lo mejor que se pueda.

Como nota al pie, consignemos que el federalismo argentino reaccionó de modo más articulado que el brasileño o el estadounidense. Más sincronización y acuerdos que enfrentamientos entre gobernadores y presidentes. Bien distinto a lo que sucede en los pagos de Jair Bolsonaro y Donald Trump. Otra clave para entender el menor número de muertes y contagios.

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Afirmarse sobre el piso: Puestos a sugerir lecturas, sumamos un artículo del periodista José Natanson en El Dipló, titulado “La distribución del virus”
. El autor explica que “si bien el origen del COVID-19 es biológico, el modo en el que se propaga es social. Uno de los mayores éxitos de la gestión de la pandemia en Argentina es que evitó que las desigualdades sociales se reflejen mecánicamente en los números de contagios y muertos”. Repasa los motivos de estos resultados, provisorios desde ya. Los parafraseamos y reversionamos, al uso nostro. Inciden las políticas nacionales de coyuntura, el abordaje federalista dispuesto desde el Ministerio de Salud, el protagonismo de las organizaciones sociales que complementan (cuando no suplen) a los estados nacional o subnacionales.

El extendido piso de protección social vale como malla de protección. Un funcionario avezado de Trabajo, sin tener guarismos a mano, subraya un hecho casi desconocido. Las jubilaciones cuasi universales determinan que sean, proporcionalmente, pocos los adultos mayores indigentes y aún los que viven por debajo de la línea de pobreza. Condición robustecida por las medidas adoptadas por el PAMI en esta gestión. Para memoriosos: en 2001 y 2002 los jubilados solían ser sostén de hogares a la hora de parar la olla. Eran menos que en 2020, cobraban con atraso mensualidades ínfimas aún cotejadas con las magras mínimas actuales. En 2020 las personas mayores algo reciben regularmente lo que permite que se aíslen, pudiendo sobrevivir y conseguir medicamentos.

La distribución generacional suele plantearse en su dolorosa contracara: la atronadora masa de jóvenes pobres y sin ingresos. Panorama subrayado por el mapa del IFE.

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Un presente eterno: El IFE cuantificó desigualdades etarias, de género, regionales. Preexistían, se ahondaron y modificaron con el desbarranque de cuentapropistas de clase media, por ejemplo.

Las controversias respecto de nuevas políticas sociales siempre aportan… quizás sean prematuras o ajenas a las imposiciones del contexto. Quien firma esta columna piensa que el gobierno no está en condiciones de implementar medidas sofisticadas, innovaciones legislativas sino pulir “lo que hay”.

Ampliar la ayuda social es una prioridad pero como apuntó el economista Emmanuel Alvarez Agis en un reportaje publicado en Clarín: “el Estado tiene dificultades para identificar a quienes necesitan un ingreso”. Un funcionario de Economía suma un ejemplo interesante. En Gran Bretaña hay “créditos energéticos”, subsidios para grupos de personas comunes a los que esa necesidad consume una fracción elevada de sus ingresos (jubilados, por caso, sin agotar la lista). Imposible adoptarlo en la Argentina, por carencia de información confiable. Así las cosas, las transferencias “genéricas” conservan funcionalidad en nuestro suelo: el discreto encanto de lo posible.

Las sesenta medidas para la nueva normalidad en elaboración, pendientes de anuncio, reconocen dos tramos. La vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca Bocco, es su mejor divulgadora. Un primer estadio de impulso a la demanda, reapertura de actividades, fortificación de subsidios o créditos. Un plan nacional, dividido en regiones para más adelante. La pandemia, impredecible y cruel, impone el ritmo. Las regresiones en Europa advierten acerca de la precariedad de pronósticos y la frágil eficacia de las ilusiones prematuras.

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Una parábola para cerrar: Cerramos con un episodio de la vida real válido como parábola. El economista Carlos Rodríguez, un exponente de la ortodoxia derechosa nativa, tuiteó un alegato que tuvo sus días de fama. Textual: Mi 1er día fuera del sanatorio lo pasé llenando papeles para la empleada doméstica en blanco que cobra pero no la dejan venir (ni trata tampoco). Ni bien saquen restricciones la despido con indemnización más rápido que un soplido. No quiero más domésticas con gobierno peronista”. Un alegato, a contrario sensu, favorable a las leyes protectorias dictadas primero por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y luego por Alberto Fernández.

Un autorretrato impecable de la clase dominante. Habrá sabiondos alegando que la suspensión de despidos solo los difiere en el tiempo. Podría ser pero en el ínterin hasta la empleada de casa particular en cuestión cobrará su sueldo. Y luego una indemnización. Sin el Estado mediando, habría quedado desvalida en diez minutos.

La nueva normalidad incentivará las desigualdades y explotaciones. Un porvenir alternativo es posible, acaso. Contra viento, peste y marea. El desafío político es construirlo.

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Canje de deuda: lo bueno, lo malo y lo original  | Lo que hay que aprender de la negociación de Martín Guzmán




| Lo que hay que aprender de la negociación de Martín Guzmán



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La oposición y su rama mediática fracasaron con la deuda, ahora apuestan fuerte al coronavirus | Perdieron, no perdamos



El 17 de abril la cantidad de personas fallecidas por coronavirus en el país llegó a 129. Dieciocho días más tarde, el 4 de mayo, la cifra se duplicó hasta 260. Luego el plazo de duplicación mejoró un poco al estirarse a 25 días: el 29 de mayo las víctimas fatales de la pandemia eran 520. El 22 de junio, 24 días después, ya ascendían a 1043. El 17 de julio, otra vez transcurridos 24 días, los muertos de la covid-19 escalaron a 2112. Ahora es el peor momento. Pasaron 20 días hasta alcanzar los 4251 fallecidos el 6 de agosto.

Si se lograra mantener estable el promedio diario de muertos de la última semana, de 115 personas, el 10 de septiembre el número acumulado será de 8502. Sin embargo, la evolución que muestran los contagios y fallecimientos sigue en aumento, lejos de la teoría de la meseta, por lo que seguramente esa cifra será una realidad a más tardar a fin de mes. A este ritmo, para el día de la primavera habrá 15 mil muertos por coronavirus en la Argentina. Y la tragedia no habrá terminado.

Desde el inicio de la pandemia los sectores más enfermos de odio al peronismo asumieron la despreciable posición de tratar de esmerilar al Gobierno militando en contra de la cuarentena. A las enormes dificultades para sostener la logística del cuidado de la vida en una sociedad agotada de tanto esfuerzo se suma ese componente tóxico de quienes llevan su disputa política al terreno de la salud. Entienden que podrán cargar sobre la espalda del Frente de Todos las tenebrosas cifras de los caídos por la covid-19. No les importa que la gestión que apoyaban o integraban, la de Cambiemos, haya debilitado las estructuras sanitarias al punto de degradar al Ministerio de Salud y dejar hospitales sin construir. Tampoco reparan que gobernantes de su propio espacio comparten la responsabilidad por lo que está sucediendo.

Esos sectores confían en la imposición de sentido de la maquinaria mediática que los acompaña, aquella en donde esta semana se vio un puño cerrado de festejo durante el repaso de los números de víctimas y ni siquiera surgió el pedido de sinceras disculpas si es que la celebración tuvo otra motivación y fue solo un descuido desafortunado.

Los medios dominantes esconden de por sí que la Argentina ha tenido un éxito relativo en el combate contra el virus que asola al mundo. Si el país hubiera repetido la curva de fallecidos que presenta Colombia, a esta altura tendría 10.754 muertos en lugar de los 4251 efectivamente registrados hasta este jueves, fecha que tomó el senador correntino Martín Barrionuevo para realizar la comparación, en su valioso trabajo estadístico de análisis de la pandemia. El número de muertos en Argentina sería de 17.938 con la curva de México, de 21.140 con la evolución de Brasil, de 21.896 con la de Estados Unidos y de 23.162 con la de Chile. Es decir, el esfuerzo, la responsabilidad y la solidaridad nacional alcanzaron hasta ahora para salvar entre 6500 y 19.000 personas tomando como referencia esos países.

El ocultamiento de esa realidad busca cortar de raíz la comprensión colectiva, la toma de conciencia social, de que el camino del esfuerzo compartido, la responsabilidad y la solidaridad genera grandes conquistas. Es lo contrario al capitalismo financiero, el modelo neoliberal, que también asola al mundo desde hace casi cinco décadas. Antes que poner en riesgo los privilegios que genera ese sistema para las elites que lo promueven, los Bolsonaro o Trump del mundo prefieren el statu quo y las muertes que ello conlleve.

Aquella ganancia incalculable de haber preservado entre 6500 y 19.000 ciudadanos desde que apareció el coronavirus, de todos modos, está lejos de ser definitiva. Como se indicó más arriba, la aceleración en la duplicación de contagios y fallecimientos acerca cada día a más distritos al momento crítico de ver colapsados sus sistemas de salud, lo que provocaría un aumento exponencial de personas que pierden la vida.

No es una batalla que se pueda perder. La actitud que empieza a extenderse como una mancha de petróleo de sálvese quien pueda debe ser revertida. Los gobiernos nacional y provinciales deben ser capaces de reinventarse para lograr mayor acompañamiento social a la lucha de salvar personas. También en recuperar controles y en el auxilio a los caídos en la desgracia económica. Es evidente que el desafío resulta colosal, pero el famoso pico de contagios sigue sin aparecer con nitidez y la meta final de la vacunación masiva muchísimo menos, pero no será antes de ocho o diez meses. Es demasiado tiempo como para bajar los brazos.

Aquellos que promueven lo contrario, por ejemplo mediante la convocatoria a marchas en este contexto tan difícil, parecen apostar todavía más fuerte a agravar la situación luego de que el croupier se llevó las fichas que habían jugado al fracaso de la negociación de la deuda en virtual default que dejó Mauricio Macri. Confiaban en las huestes de Blackrock, pero la movida les salió mal.

Alberto Fernández explicó en relación al acuerdo que tuvo en cuenta el consejo de la vicepresidenta Cristina Fernández y del ex ministro Roberto Lavagna respecto de cuidar no solo la sustentabilidad económica a través del entendimiento, sino también la sustentabilidad política. Es decir, evitar que la postergación del arreglo para mejorar el perfil de pagos expusiera al Gobierno a una crisis económica todavía más grave que pusiera en riesgo el capital político ganado hasta ahora para avanzar con otras transformaciones.

Los referentes mediáticos y economistas del establishment que hacían fuerza por el fracaso en la negociación con los acreedores perdieron esa pulseada. Antes, el año pasado, ya habían perdido las elecciones. Ahora es crucial que los argentinos no perdamos en la pelea más difícil, la que hay que dar contra el coronavirus. También en ella se ponen en juego la sustentabilidad política y económica del oficialismo, pero antes que nada, la vida de miles de personas.



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