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Una superviviente de cáncer será parte de  la primera misión privada al espacio  | Será la mujer más joven en viajar al espacio con 30 años. 



Una sobreviviente de cáncer infantil de 29 años será el segundo miembro de la tripulación para la primera misión privada al espacio Inspiration4, de SpaceX. Se trata de Hayley Arceneaux, asistente médica del St. Jude Children’s Research Hospital, en Memphis. A fin de este año se convertirá en la mujer más joven en ir al espacio.

Inspiration4 se creó, en parte, como una recaudación de fondos para el St. Jude Children’s Research Hospital, que trató a Arceneaux cuando le diagnosticaron cáncer de huesos a los 10 años.

Ella acababa de cumplir 10 años cuando comenzó a quejarse de dolor en la pierna izquierda. Luego empezó a caminar con dificultad y el problema se hizo más obvio cuando Hayley usó pantalones cortos.”Pude ver este gran bulto por encima de su rodilla”, recordó en una entrevista con el hospital del que forma parte. “Era como un huevo debajo de la piel”, agregó.

Inspiration4

Esta misión es una creación del empresario Jared Isaacman, quien invirtió en un SpaceX Crew Dragon para el vuelo. Isaacman, Arceneaux y otros dos miembros de la tripulación aún por elegir estarán en órbita durante varios días

Los otros dos miembros de la tripulación para la misión serán seleccionados a finales de febrero. Uno será el ganador de una rifa para recaudar fondos para St. Jude y el otro será un empresario seleccionado por un panel de jueces como parte de un concurso.

Arceneaux e Isaacman continuarán entrenando y planificando su misión con SpaceX mientras esperan la selección de sus compañeros de tripulación.

Hasta ahora, la misión espacial recaudó más de nueve millones de dólares para St. Jude, junto con la donación de Isaacman de 100 millones de dólares.



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Descubrieron que se puede detectar el cáncer de útero con un análisis de orina | Un método menos doloroso e invasivo que los existentes



Científicos británicos anunciaron un nuevo avance en la detección temprana del cáncer de útero: un sencillo análisis de orina, mucho menos doloroso e invasivo que las pruebas existentes en la actualidad, que permitiría descubrir indicios de esta enfermedad.

Actualmente, la prueba consiste en realizar una biopsia, es decir tomar una muestra de células rasgando en el interior del útero. Se trata de un procedimiento doloroso, que el 31% de pacientes tiene que repetir debido a problemas técnicos o a un dolor intolerable que dificulta el examen.

Un equipo de científicos de la Universidad de Mánchester consiguió desarrollar una nueva herramienta de detección, basada en la muestra de orina o secreciones vaginales, que las mujeres podrían realizar ellas mismas en casa.

Según este estudio, publicado en la revista Nature Communications, el nuevo sistema diagnosticó correctamente al 91,7% de las mujeres que realmente tenían cáncer de endometrio, o cáncer del cuerpo del útero, que es distinto del cáncer de cuello uterino, detectado con una simple citología.

En el caso de las mujeres sin cáncer de endometrio, la prueba tuvo una eficacia del 88,9% para diagnosticarlas como negativas.

“Nuestros resultados demuestran que las células cancerosas del útero pueden detectarse en muestras de orina y vagina utilizando un microscopio”, explicó la profesora Emma Crosbie, directora del estudio.

Este método podría utilizarse para “detectar a las personas sospechosas de padecer cáncer de útero” y que sean examinadas en profundidad si la prueba resulta positiva. “Las que den negativo estarán tranquilas sin tener que someterse a procedimientos desagradables, invasivos, que provoquen ansiedad y son costosos”, afirmó.

Este “prometedor” estudio, del que participaron hasta ahora 216 mujeres, 103 de las cuales sospechaban o sabían que tenían cáncer de útero, tendrá que ser “confirmado en el marco de un estudio más amplio”, precisó esta experta en oncología ginecológica.

El cáncer de endometrio es el sexto cáncer más común en las mujeres, con un estimado de 382.000 nuevos diagnósticos y 89.900 muertes por la enfermedad en todo el mundo en 2018.

La mayoría de mujeres son tratadas a tiempo tras la aparición de los primeros síntomas -incluida la aparición de hemorragias después de la menopausia-, pero el 20% de quienes son diagnosticadas en una fase avanzada de la enfermedad sólo tiene un 15% de posibilidades de vivir más de 5 años. 



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“Por primera vez el Estado argentino reconoce la relación entre glifosato y cáncer”

https://www.tiempoar.com.ar/nota/por-primera-vez-el-estado-argentino-reconoce-la-relacion-entre-glifosato-y-cancer

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Descubren que los mosquitos pueden oler los primeros signos de cáncer humano | Pueden ayudar a crear una forma económica de detectar la enfermedad



Un equipo científico de la Universidad de Tokio, Japón determinó después de una ardua investigación que existe una conexión entre los mosquitos y su capacidad para detectar cáncer humano.

El grupo de especialistas, liderado por el profesor Shoji Takeuchi, descubrió que estos pequeños insectos son capaces de oler el cáncer en un paciente humano, incluso si esta persona está en un estadio inicial de la enfermedad.

Los mosquitos tienen un sentido del olfato extraordinario que, a raíz de esta nueva investigación científica, se convertirán en el centro de atención por sus posibilidades médicas.

El estudio, publicado en Sciences Advances, revela que los insectos voladores hacen uso de sus células olfativas para detectar rápidamente un olor particular que prevalece en el aliento de una persona con cáncer.

Estos mosquitos tienen hasta 100 tipos diferentes de receptores de olores, ubicados en sus células olfativas y cada uno de ellos puede detectar un olor específico. Cuando estos receptores se conectan con moléculas de olor particulares, su membrana molecular se abre para permitir que los iones de olor entren en la célula y se identifiquen fácilmente.

Además, se ha demostrado que detectan el octenol, una sustancia química que está presente en el sudor humano y también es uno de los indicadores de que una persona tiene cáncer de hígado.

Cómo fue el estudio

El equipo a cargo de Takeuchi creó una membrana celular artificial incrustada a un receptor de olor, como el del mosquito, para detectar octenol, al tiempo que desarrollaron un sensor para detectar la corriente eléctrica creada cuando los iones atraviesan la membrana artificial.

El prototipo, del tamaño de una fiambrera, es capaz de detectar octenol a una concentración de 0,5 partes por mil millones en muestras de aliento en tan solo 10 minutos.

Según el equipo de investigación japonés, esta es una forma increíblemente económica de detectar el cáncer. Los científicos esperan que este novedoso método de detección del cáncer pueda utilizarse con fines médicos en la próxima década.

Los mosquitos representan una gran amenaza para millones de personas en todo el mundo, ya que son vectores de parásitos y patógenos vitales, como el dengue, la malaria o el virus Zika.

Por su parte, el cáncer sigue constituyendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo y se estima que los casos anuales de cáncer aumentarán de los 14 millones registrados en 2012 a alrededor de 22 millones durante las próximas dos décadas.

Hasta el momento, han habido muy pocas pruebas contrastantes de la relación entre las enfermedades transmitidas por mosquitos y el cáncer, y muy pocos estudios lograron examinar realmente el vínculo profundo entre estas dos amenazas globales.



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El demonio de Tasmania vence al cáncer y se salvaría de la extinción | “Tenemos evidencias muy fuertes de que la fase epidémica está llegando a su fin”, celebraron los investigadores 



La aparición de un devastador cáncer facial transmisible entre los demonios de Tasmania durante las últimas décadas causó grandes preocupaciones por el futuro de su especie. Estos mamíferos, emblemáticos en Australia, ya se encontraban amenazados por la distribución regional y otros factores ambientales. 

Después de que se descubriera en 1996, la infección se expandió al 95% del hábitat del demonio de Tasmania y redujo la población en un 80% en solo dos décadas. Sin embargo, un estudio científico reciente, integrado por los investigadores Austin H Patton y Matthew F. Lawrance, entre otros, determinó que la tendencia está cambiando y la perspectiva del animal podría mejorar.

Los autores muestran algunas evidencias de que la contagiosa enfermedad, responsable de los horribles tumores faciales que experimentan gran parte de estos animales, tiene ahora una escala epidemiológica inferior a la que tenía hace unos años. A pesar de que previsiones anteriores vaticinaban una inminente extinción de la especie, se cree ahora que la enfermedad no pondrá en peligro la supervivencia de este animal.

El estudio

Se sabe poco sobre la historia general y la trayectoria de la enfermedad que azota al demonio de Tasmania. A partir de un enfoque epidemiológico filodinámico, los investigadores pudieron precisar el patrón de aparición y propagación de la enfermedad. 

Más puntualmente, los objetivos del estudio fueron: caracterizar la propagación geográfica del tumor; identificar si existen diferentes linajes tumorales circulantes y cuantificar las tasas de transmisión entre linajes.

Descubrieron que las bajas densidades del animal están contribuyendo a una propagación más lenta de la enfermedad. Es un buen primer indicio para su persistencia en la Tierra. Pero también sugiere que se debe ser precavido al considerar alternativas para el aumento de las poblaciones de demonios.

“Tenemos evidencias muy fuertes de que la fase epidémica está llegando a su fin y que la DFTD (siglas en inglés para la enfermedad del tumor facial del demonio) se está convirtiendo en una enfermedad endémica”, dijo Menna Jones, experta de la Universidad de Tasmania.

“Esto significa que el demonio podrá convivir con la enfermedad como parte de su vida normal sin que lo condene”, agregó Jones, quien contribuyó a establecer el programa para investigar esta enfermedad.

Esta conclusión se desprende de una investigación genética de la Universidad Estatal de Washington, en la que se analizó más de 11.000 genes de muestras de los tumores.

El cáncer

El tumor facial se transmite durante las interacciones sociales comunes a través de mordeduras que se infligen los animales en la cara durante los procesos de alimentación y apareamiento. 

La susceptibilidad de la transmisión es muy alta y las tasas de letalidad se acercan al 100%. Aparece en la boca del animal y aumenta de tamaño hasta causar unas deformaciones que le impiden comer.

“Cuando los demonios que nunca han estado expuestos a la enfermedad se cruzan con otros animales salvajes en poblaciones enfermas, es probable que la evolución que hemos visto en las poblaciones salvajes se ralentice o incluso se revierta”, precisó uno de los investigadores.

Hace unas semanas se produjo la primera reintroducción de demonios de Tasmania criados en cautiverio y exentos de la enfermedad en un parque nacional de la Australia continental, cerca de Sídney. 

Estos mamíferos probablemente desparecieron de esa región hace aproximadamente 3.000 años debido a la expansión de los perros dingo, una especie invasora descendiente del lobo asiático. Sin embargo, los científicos creen que durante milenios estuvieron presentes en toda Australia y no solo de la isla de Tasmania como actualmente.



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Las personas que trabajan en turnos rotativos podrían ser más propensas al cáncer   | El experimento, por ahora realizado en ratones, fue publicado en Science Advances  



Un equipo del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes, liderado por el investigador superior del Conicet y divulgador científico Diego Golombek, publicó un artículo sobre un trabajo muy interesante en la revista Science Advances. La investigación arroja nuevas evidencias sobre los efectos que podría generar en los humanos andar desincronizados por la vida. Básicamente, los desajustes del reloj endógeno promueven el crecimiento tumoral a partir de la desregulación del sistema inmune. De esta manera, lo explica Golombek: “Hay pruebas muy claras acerca de la incidencia de ciertas modalidades laborales, puntualmente, de los turnos de trabajo rotativos, sobre la aparición de diversos tipos de cáncer. Lo que sucede es que se generan discrepancias entre nuestro ciclo endógeno y lo que sucede en el ambiente y ello puede traer graves consecuencias”, dice Golombek. Y luego continúa: “Es muy posible que aquellas profesiones que por su naturaleza se ven expuestas de manera permanente a cambiar los horarios (pilotos de aviación, médicos de guardia, personal de seguridad), tengan una mayor propensión a trastornos metabólicos, del sistema inmune y en casos extremos, al cáncer. Por ahora lo investigamos en ratones”.

Ahora bien, ¿qué es un reloj biológico? Podría definirse como una estructura marcapasos (localizada en el hipotálamo) que genera una oscilación endógena, una periodicidad, similar a las 24 horas (por eso es circadiano, cercano al día) y que es capaz de responder a estímulos ambientales con el objetivo de ponerse en hora, es decir, de sincronizarse. Surge evolutivamente como una forma de adaptarse a los cambios del ambiente. Su función es, sencillamente, predecir aquello que pueda llegar a suceder durante el día. “Los ritmos internos están regulados por unos ‘dadores de tiempo’, dentro de los cuales la luz del día se define como el factor más importante de sincronización del reloj interno. La OMS considera a los turnos rotativos y al trabajo nocturno como riesgos para la salud y como aspectos importantes en la progresión del cáncer”, describe Ignacio Aiello, biotecnólogo y doctorando de la UNQ.

“Existían muchísimos trabajos previos que mostraban que si uno desincroniza a los animales, es decir, los pone en situaciones circadianas anómalas, los tumores crecen más rápido. Desde aquí evaluamos cómo crecían aquellos que inducíamos experimentalmente y comprobamos que en muy poco tiempo, un mes y medio en promedio, lo hacían de una manera muy significativa”, apunta Natalia Paladino, doctora en Ciencias Biológicas (UBA) y miembro del Laboratorio. Esta línea de trabajo comenzó a ser explorada luego de la evidencia científica internacional que mostraba, desde hace algún tiempo, que aquellas personas que trabajan en turnos rotativos durante muchos años exhibían una mayor propensión a desarrollar tumores. “Nuestros estudios apuntan a entender, desde la perspectiva de lo circadiano, la función del sistema inmune en la evolución más rápida de los tumores. Si el sistema inmune está desconfigurado no tiene la misma eficacia para eliminarlos, por eso es que la sincronización del reloj interno es clave para que nuestro organismo se pueda defender de este tipo de enfermedades”, sostiene Paladino.

El experimento en ratones

En esta oportunidad, los roedores fueron sometidos a un ciclo de luz disruptivo para generar el desacople circadiano. Aiello lo precisa de forma concreta: “Trabajamos con un modelo en ratones, a los que inoculamos una línea no metastásica de melanoma (cáncer de piel). Contamos con cuatro grupos, a algunos les inducimos cáncer y a otros no. Dos seguían patrones de luz/oscuridad normales (esto es, 12 de luz y 12 de oscuridad) y a los dos restantes los desincronizábamos, es decir, les adelantábamos el ciclo de luz/oscuridad 6 horas cada 2 días. De esa forma sus relojes internos quedaban desacoplados en este segundo caso”, relata Aiello que, además de ser un joven estudiante de la Universidad, es el primer autor del trabajo.

Desde este punto de vista, completa su explicación estacionándose en los resultados. “Lo que comprobamos es que en los animales con jet lag el tumor crecía mucho más rápido que en los otros, con condiciones de luz/oscuridad normales. La respuesta, creímos, estaba en el sistema inmune”. Resulta que las defensas del organismo se organizan de acuerdo a dos grandes perfiles: uno proinflamatorio –que intenta eliminar las células tumorales– y uno antiinflamatorio –que favorece la proliferación del tumor–. “Cuando sometíamos a los ratones a la desincronización circadiana advertimos que los perfiles se perdían o bien se invertían. En efecto, se generaba una situación en la que el tumor se veía muy favorecido para su crecimiento”, destaca.

La investigación es el fruto de la confluencia de tres grandes áreas temáticas bien articuladas: la inmunología, la tumorigénesis y la cronobiología. “Si bien el sistema inmune intenta frenar la progresión de los tumores, éstos poseen mecanismos activos que inhiben las defensas de nuestro cuerpo. Al mismo tiempo, sabemos que el sistema circadiano regula al inmune, que está distribuido por todo el cuerpo y ejerce diversas funciones dependiendo del sitio específico en el que actúa. Eso dota de una gran complejidad al organismo humano”, reflexiona Paladino.

El impacto en la salud

En el presente, las investigaciones vinculadas a los ritmos circadianos tienen una presencia crucial en el campo de la salud. La falta de sincronización del reloj biológico respecto de los ciclos de luz/oscuridad, que se producen en múltiples situaciones, perjudica muy especialmente a aquellas personas que trabajan por la noche, así como también a los que tienen turnos rotativos. Se trata de individuos que están todo el tiempo a contramano de su tendencia natural –diurna– y, en efecto, deben ajustar su reloj de manera permanente. El conflicto es que, en algunos casos, resulta casi imposible que los individuos resincronicen su reloj interno a los ciclos de luz/oscuridad, a partir de estrategias terapéuticas.

Por una parte, es vital que accedan a los sistemas de rotación, es decir, que gestionen por todos los medios la oportunidad de trabajar también durante el día y no siempre de noche. Luego, es fundamental que realicen una dieta basada en fibras y no tanto en hidratos de carbono porque podría desencadenar enfermedades como la diabetes –frecuente en aquellas personas que trabajan con sistema de turnos–. Por último, otra variable clave a regular es la contaminación lumínica. Desde el Laboratorio de Cronobiología han comprobado que aquellas personas que viven en sitios con menos contaminación lumínica descansan más y experimentan mejores condiciones de salud; en contraposición a lo que ocurre con las poblaciones que viven en plena ciudad. Con esto, habrá que intentar desenchufarse de tanto estímulo tecnológico si el objetivo es lograr experiencias más saludables.

Nuestro propósito es generar conciencia sobre lo riesgoso que puede llegar a ser trabajar con turnos rotativos durante mucho tiempo. Colaboramos de forma estrecha con organismos nacionales y empresas para mitigar los posibles efectos que la desincronización tenga sobre la salud, la calidad de vida, la productividad y el nivel de accidentología. Todavía falta mucha concientización acerca de los verdaderas consecuencias de andar desincronizados”, advierte Golombek. Ya vendrán las regulaciones y las políticas públicas. Mientras tanto, la ciencia empuja con evidencia.

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