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Emilio Monzó: “Unirnos sólo para ganar es repetir el error” | Entrevista al arquitecto del ala dialoguista de Juntos por el Cambio



El departamento ubicado sobre la calle Montevideo, a pocos metros de Libertador, donde Emilio Monzó cerró en 2015 los acuerdos con Ernesto Sanz y Elisa Carrió, que terminaron por depositar a Mauricio Macri en la Casa Rosada, está en venta. En apenas un par de meses, de aquella alianza electoral no quedarán ni las paredes, por lo menos en la vida de Monzó.

Cinco años después, en ese departamento, y en el mismo living donde recibía a Macri, Monzó asegura que “Cambiemos no estaba preparado para gobernar”, pero sostiene que pese a haber sido espiado por la AFI que conducía Gustavo Arribas y de la tensión con la que convivió con un sector del gobierno no se arrepiente de la experiencia.

De cara a lo que viene, el expresidente de la Cámara de Diputados apunta que el tiempo de las candidaturas de personajes frívolos surgidos de sectores lejanos a la política, como Macri, está terminado y que es el tiempo de los actores moderados formados en democracia.

–¿Después de tantos meses de silencio lo primero que hay que saber es si sigue dentro de Cambiemos?

–Después de tantos meses y tantas cosas, hoy estoy pensando y dialogando con actores políticos. Cambiemos fue un esquema electoral de 2015, después se armó otro esquema electoral de Juntos por el Cambio, pero creo que todos los esquemas electorales que se han armado en los últimos diez años duran sólo dos años. Como no tienen consistencia ni ideológica ni ninguna identidad, sino que tienen un objetivo electoral la fecha de vencimiento la tienen cuando ocurre la elección. Estoy dialogando, con Horacio Rodríguez Larreta, Rogelio Frigerio, Nicolás Massot y Sebastián De Lucca.

–Dentro de ese esquema de trabajo en el que también están Larreta, Vidal y Lousteau cómo creen que se tiene que llevar adelante la disputa con el Gobierno?

–Lo primero que hay que hacer es salir de la permanente reivindicación del pasado y empezar a hablar del futuro. Nuestra mayor responsabilidad es armar una dirigencia con volumen político donde la moderación sea el factor común y que esté integrada por Martín Lousteau, Rogelio Frigerio, María Eugenia Vidal y Cristián Ritondo, entre otros. Si logramos formar esa mesa y que esa mesa conduzca la alternativa política creo que es un paso muy importante para nuestro país. Son todos dirigentes producto de la democracia, producto de la tolerancia y el diálogo. Si Cambiemos o Juntos por el Cambio pasa a ser una posición reivindicadora del pasado yo siento que no voy a ser parte. A diferencia de 2015, estos dirigentes – y por eso hay que animarse – tienen conocimiento en la opinión publica. En 2015 los dos partidos más grandes tuvieron que postular a dos candidatos producto de la frivolidad, que no venían de la política, como son Daniel Scioli y Mauricio Macri. A diferencia de esa situación creo que ahora podemos entre diez dirigentes políticos generar un volumen sin tener que acudir a personalidades públicas cuyo conocimiento tiene que ver con otros motivos. Creo que ahora hay cuadros políticos que pueden generar el volumen para tener una expectativa electoral que los lleve al triunfo. Esa mesa es la que hay que parir en los próximos meses tanto para el 2021 como para el 2023. Creo que eso va a ser sano tanto para el oficialismo como para la oposición y para el país. Si el oficialismo tiene enfrente a dirigentes con este volumen y con esta posición seguramente negociar cuestiones de Estado será más fácil. Negociar a mediano y largo plazo va a ser mejor con una dirigencia de centro que con una dirigencia de extremo.

–Esa mesa política convive dentro de un espacio que tensionan Carrió, Bullrich y Macri ¿Cómo se resuelve eso?

–Alberto Fernández también convive con gente que extrema las posiciones del otro lado. Se resuelve poniendo lo que hay que poner. La solución tiene que ver con alguna crisis y con alguna rotura. Yo tomo la expresión de (Joseph) Schumpeter, destrucción creativa. Hay que destruir lo construido que está parido con la génesis equivocada y parir algo nuevo con una conducción distinta. Lo mismo apuesto a que haga Alberto, que transite hacia el centro y junte ese volumen político que no lo extreme.

–Usted tiene diálogo tanto con Larreta como con Alberto Fernández y los conoce hace mucho tiempo. ¿Cree que van a tomar ese camino?

–Los dos sienten que la moderación es el camino. De ahí a que lo puedan hacer y como lo hacen ya hay una distancia.

–¿Cuánto tienen que ver las figuras de Cristina Fernández y de Macri?

–Mucho, porque son posiciones mucho más fuertes y extremas. Eso es lo que tienen que resolver ambos. Los dos tienen que generar volumen para transitar hacia el centro. El gabinete de Alberto (Fernández) es un gabinete de moderados. Wado de Pedro, Mario Meoni, Gabriel Katopodis, son figuras que conozco de toda la vida y son moderados. Del otro lado tenés a Ritondo, Vidal y Rogelio Frigerio. Cuando vos ves eso decís: ¿cómo mierda no nos podemos poner de acuerdo? Cómo puede ser que no nos podamos sentar en una mesa y comenzar a dialogar en el corto plazo, cómo no nos podemos poner de acuerdo de acá a diciembre. Son dirigentes que se conocen entre ellos desde hace 20 años. No entiendo cómo no se produce el encuentro, pero hablo del encuentro de la confianza, no para los medios.

–¿Puede ser el miedo a que lo moderado fracase a la hora de ir a las urnas?

–Hay algo que los moviliza, quizá la inmediatez de los medios. En especial las redes hacen un gran daño en esto. Como en otros ámbitos generan cosas muy interesantes, en la política las redes sociales ocasionan un ritmo y un vértigo que no permite la pausa ni el entendimiento. El mundo de las redes es vertiginoso. Cuando vos jugás para el Twitter, estás jugando para la tribuna. Hoy nos estamos manejando por el Twitter y no por la comunicación personal. La política de Twitter no nos va a sacar adelante.

–Tiene una posición muy contraria a la comunicación y al uso de las redes sociales a la que tenía el Gobierno de Macri. ¿Se arrepiente de haber formado parte de esa gestión?

–No me arrepiento, se dan los hechos y las circunstancias y a uno le toca vivirlas. Todo tiene su lado bueno y su lado malo. Tuve una experiencia nueva como presidente de la Cámara de Diputados, una experiencia de Gobierno rica e interesante. Sufrí mucho la tensión con diferencias de fondo que tuve con el Gobierno en ese momento. No me arrepiento de haber vivido todo ese proceso.

–¿Pese a que lo espiaban?

Eso ya está. Me espiaban. El que se tiene que arrepentir es el que me mandaba espiar. Me generó un impacto negativo, en mi familia especialmente, es una sorpresa cuando te enterás de lo que estaba sucediendo. Pero eso no quita todo el resto de lo vivido. Ahora si me preguntas si lo repetiría, te digo no. Ahora hay que armar una alternativa de gobierno, no una oposición de gobierno. Entre el 2011 y el 2015 el país reclamó una oposición al kirchnerismo, se armó con lo que se pudo y se ganó, pero no se estaba preparado para gobernar. Ahora, del 2019 al 2023 hay que armar una alternativa de gobierno. Hoy sobran figuras para hacerlo. En 2015, toda la sociedad pedía que todo el mundo se junte para ganarle al kirchnerismo, hoy creo que también, yo no estoy con esa posición. Muchos dicen hoy, otra vez, tienen que unirse, pero el tema es unirse para qué. Unirse para ganar y nada más, no. Nos tenemos que unir y prepararnos para hacer algo mejor de lo que se está haciendo hoy. Unirnos sólo para ganar, es repetir el error de 2015. En esta etapa no estoy para armar un esquema electoral que triunfe frente al kirchnerismo, sino un esquema que triunfe y que esté preparado para gobernar.

–¿Y cuáles son los límites de ese esquema? Usted nombró a los que tienen que estar pero ¿quiénes son los que no pueden participar? ¿Volvería a compartir espacio con Elisa Carrió, Marcos Peña y Mauricio Macri?

–No pasa por trabajar con ellos. Yo volvería a hacer esto con Juan Manuel Urtubey, con Larreta, Frigerio, Vidal, Ritondo, Santilli y Lousteau. Yo trabajaría con ellos, el proceso lo haría con ellos.  

Coparticipación

— ¿Le sorprendió la decisión del Presidente respecto de los recursos que le había dado Macri a la Ciudad?

— Creo que la coparticipación tendría que ser el puntapié inicial de un gran acuerdo, el Pacto de la Moncloa Argentino. La Argentina está en deuda con eso desde hace mucho tiempo. La verdad que me sorprendió la forma en que se implementó, este uno por ciento a favor de la provincia de Buenos Aires en desmedro de los recursos de la Ciudad no tiene nada que ver con pensar a mediano y largo plazo. Eso tiene que ver con un cortoplacismo que beneficia a un territorio en desmedro de otro. Eso tendría que haberse logrado en base al acuerdo de los dos actores políticos principales que tiene esta situación grave. Alberto y Larreta, son dos actores que nos dieron un ejemplo de convivencia política frente a la pandemia. Lo del jueves no me gustó desde el punto de vista de las formas porque seguramente afectará la relación, aunque espero que no, de actores que a toda la Argentina nos tenían con la ilusión de que se podía pensar políticas a mediano y largo plazo.

–En el mundo de la política se da por descontado que la respuesta de Larreta a esa acción del Gobierno operó como el lanzamiento de su campaña rumbo al 2023. ¿Coincide?

–No, justamente lo vi a la inversa. Me pareció una respuesta muy prudente, una respuesta que dejó abierto el diálogo con el Gobierno nacional. En ningún momento lo vi agresivo, pero si defendiendo los intereses de la Ciudad de Buenos Aires. No lo vi lanzándose a ninguna candidatura, al contrario, lo vi como un ejemplo de mesura. 

La tensión en el Congreso

Se vio una situación bochornosa en el Congreso hace poco más de una semana. Con una oposición que intentaba bloquear el funcionamiento de la Cámara y el oficialismo forzando la sesión remota. ¿Quién es el responsable de que sea tan difícil la convivencia en el Congreso? ¿Es responsabilidad del ala dura de Juntos por el Cambio? ¿Buscan bloquear la reforma constitucional?

–Lo primero que creo es que la reforma judicial no se tendría que incluir dentro del temario en una situación que es anormal dentro de una institución que es tan importante para la Argentina. Es muy difícil resolver hoy en esta anormalidad el funcionamiento de la Cámara de Diputados. Yo estoy de acuerdo con las sesiones virtuales. Yo diría más, creo que en el día de mañana, en la nueva normalidad, muchas de las Comisiones del Congreso que generan gastos tendrían que continuar de manera virtual. Pero en este caso lo que se debe resolver, y creo que es lo que finalmente acordaron los bloques en el último encuentro que tuvieron con Massa, es que el temario que tenga que ver con los temas urgentes, con lo económico y con la salud se resuelva de manera virtual para que el Gobierno tenga todas las herramientas de ejecución para salir rápido de esta situación. Ahora, los temas tan profundos como la reforma judicial podrían tener una pausa de cinco o seis meses. Si se esperó tanto, se puede esperar un poco más y encontrar un Congreso con un funcionamiento más normal.

–¿Más allá del tema a tratar, no le parece que la actitud de Juntos por el Cambio fue extrema?

–También viví posiciones extremas en los cuatro años anteriores. Nada justifica. Pero son realidades que uno sabe como presidente de la Cámara que te las vas a encontrar. En los Parlamentos de todos lados del mundo están esas posiciones totalmente extremas, pero hay que convivir con eso. Sergio (Massa) hoy como presidente tiene que convivir, y desde ya cuando hay incertidumbres las posiciones extremas tienen más posibilidades de éxito, por la simpleza de sus posiciones. Hay que volver al equilibrio. Más allá de esto, insisto con que las reformas de carácter estructural, en un estado de conmoción como es el que vive Argentina, hay que sacarlas del Congreso y esperar seis o siete meses.

Duhalde

–¿Cree que tienen algún asidero los dichos de Duhalde sobre el golpe de Estado? ¿Puede tener que ver con el conflicto que enfrentó Kicillof con el reclamo de la Policía bonaerense?

–Creo que a Duhalde se le mezcla la preocupación, la tensión que uno recibe de muchos actores producto de lo que estamos viviendo y alguna referencia histórica desactualizada. Esto es imposible que pueda suceder en Argentina. Si hay algo que no está en juego en la Argentina es la democracia. Que la tenemos que mejorar, de eso no hay dudas, pero que la democracia es una institución que está muy consolidada en Argentina y no tiene peligro, tampoco tengo dudas. Si hay conflictos siempre se van a resolver dentro del marco de la democracia. Incluso el conflicto de la policía tiene que ver con otro tipo de problemas, pero está lejos de poner en riesgo las instituciones de nuestro país.

Dialogo y consenso

–¿Alberto Fernández todavía cuenta con el crédito que le dio el triunfo electoral?

–Yo creo que sí. Creo que por la pandemia la gente le va a extender el crédito y todavía va a estar a tiempo de convocar a un pacto.

–¿Convocar un pacto es la única alternativa?

–Sí, lo pedí para Macri, lo pido para Alberto (Fernández) y lo voy a seguir pidiendo. Porque es la única alternativa. La diferencia es que hoy Alberto tiene siete u ocho actores de la oposición que están dispuestos a sentarse en una mesa seria que tenga políticas públicas claras a mediano y largo plazo.

–¿De esa manera no se cae en la lógica del veto opositor? ¿No se cae en el discurso de querer señalar al Gobierno que si no acuerda con la oposición es autoritario?

–¿Y quiénes son esos? Cuando vos planteás eso estás pensando en determinadas personas en la que yo también estoy pensando. Esos, se convierten en actores porque el Gobierno está teniendo acciones que provocan la legitimación de esos sectores. Si el Gobierno no hiciera esas acciones, esa gente no tendría lugar. Cuando el Gobierno abraza a Rodríguez Larreta, el 80 por ciento de la sociedad empatiza con eso. Cuando nos vamos de esa mesa, la sociedad comienza a mirar a los extremos. Hay que consolidar el centro. Si Alberto (Fernández) se corre hacia el centro va a tener una gran recepción en los dirigentes de este lado. Hay algo raro, la gente consume conflicto, pero vota moderación. La gente consume personas beligerantes en televisión, pero cuando vos los encuestás la gente elige moderados. Esto no pasa sólo acá, pasa en todo el mundo. Alberto ganó porque era el candidato más moderado. Si Macri se hubiera corrido y la candidata hubiera sido Vidal no tengo dudas, ya sé que es contrafáctico, de que hubiera ganado ese espacio. Alberto es el moderado que gana la elección, por eso quiero que Alberto siga siendo el moderado que generó esa expectativa.



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Un campo negociador quiebra a los ultras del PRO | La interna del agro



Un agrupamiento importante de empresarios de la agroindustria, la Unión Industrial Argentina (UIA), economías regionales y casi toda la Mesa de Enlace produjo un quiebre en el otrora infranqueable frente del campo e inició una relación con el Gobierno para un plan conjunto de exportación de alimentos procesados.

Con la Sociedad Rural (SRA) como único actor ausente, dirigentes del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) se sentaron este martes con la Comisión de Agricultura del Senado para contar los detalles de un proyecto de ley que ya charlaron con la titular de la Cámara Alta, Cristina Fernández de Kirchner, y el presidente Alberto Fernández. Fue precisamente el acercamiento con la vicepresidenta el hito que marcó el primer reencuentro del campo con el peronismo luego del histórico conflicto por la Resolución 125, y la exposición pública de una agrupación de más de 50 cámaras de todas las actividades que busca salir de la trampa militante que el PRO tiene históricamente en una rama del agro.

El CAA está integrado, entre otros, por José Martins, titular de la Bolsa de Cereales; Gustavo Idigoras, presidente de los exportadores de cereales CIARA-CEC; Carlos Iannizzotto, de Coninagro; Miguel Acevedo, al frente de la UIA, y los presidentes de Federación Agraria (FAA) y Confederaciones Rurales (CRA).

Nació como iniciativa para acercar el campo al Gobierno, pero sobre todo correrse de un perfil de militancia pro Cambiemos de los sectores más ultra. Este último factor es lo que, según los actores centrales, alejaba la posibilidad del trabajo articulado no ya con el campo, sino con la agroindustria como medio para desprimarizar la producción agraria. 

CFK

Para eso, consiguieron primero el aval de CFK, con quien charlaron la ley, que seguramente entrará por el Senado, aunque exista también un anteproyecto que, rápido de reflejos, ya elaboró el jefe de Diputados, Sergio Massa.

Según confiaron a PáginaI12 fuentes oficiales, el Gobierno le pidió al Consejo que avance en el estudio de impacto fiscal, en el empleo y la producción de cada medida. El propio Presidente le encargó a la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, que sea el nexo central con la iniciativa, que el ministro de Agricultura, Luis Basterra, conoce desde su génesis por su vínculo fluido con muchos de los dirigentes rurales.

La idea es que los excedentes producidos para exportar tengan atenuadas sus retenciones. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, mencionó el tema en una reunión reciente con inversores del Fondo Quinquela del Grupo GST, en la que explicó que es parte de una idea del Ejecutivo de tener un modelo que conjugue mercado interno y exportaciones. 

De hecho, hace tiempo, el ministro de Economía, Martín Guzmán, viene charlando la idea de fondo con Gabriel Delgado, el interventor fallido de Vicentin que ahora asesora al gobierno. El ex INTA es el creador del concepto “Vaca Viva”, para graficar que la economía argentina puede tener dólares frescos de fuentes alternativas que no sean el crudo no convencional.

PRO

La movida y el rápido avance en el nexo con el oficialismo alteró los ánimos del campo más conservador, que ya manifestó que no está dispuesto a sumarse al plan. La explicación de la negativa es múltiple, pero se sustenta en que la construcción del ruralismo en las bases está fuertemente penetrada por ex funcionarios de Cambiemos, que además financian la lista opositora a Daniel Pelegrina en la SRA, lo que obligó aún más al oficialismo de esa entidad a rechazar la participación en el armado de ese agrupación dell campo más negociadora.

Si se observa el armado del PRO atrás de los ultras del agro se explica el nacimiento de un CAA menos ideologizado y más pragmático

Luis Miguel Etchevehere, el ex ministro de Agricultura de Macri, comanda una agrupación que se llama Campo y Ciudad, en la que se alistan buena parte de los financistas de la campaña de Cambiemos y que estuvo atrás de los armados de las marchas contra el Gobierno y la convocatoria para defender a Vicentin. 

Allí están su ex jefe de Gabinete, Santiago del Solar y Ricardo Negri, ex secretario de Agricultura, más algunas figuras del establishment rural: el más célebre, David Lacroze, el ex SRA y funcionario de la dictadura que se hizo conocido por un escrache a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en un avión. Es el que apadrina a Etchevehere y, entre ambos, impulsan la candidatura de Nicolás Pino como candidato en la elección de la Rural de septiembre próximo. 

Pino es el creador del polémico bono de 500 mil pesos que se le quiso otorgar a Etchevehere cuando se fue de la SRA para ser funcionario. El otro hombre de peso en el respaldo financiero a los ultras del agro es Martín Goldstein, criador y titular de Brangus, que vía su empresa Cleanosol destinó 3,5 millones de pesos para la campaña de Macri 2019, siendo el financista más importante. 

También aparece Marcos Pereda Born, titular del Grupo Bermejo, hijo de Matilde Born Frías, hermana de Jorge y Juan, que puso casi 6 millones de pesos para la campaña de María Eugenia Vidal, vía varias empresas y de su propio bolsillo. 

Los ultra

Es la línea política del campo más cercana a Macri. Trabajó el esquema para sostener una firme postura antiperonista. En la Rural, naturalmente, aseguran que no participar en el Consejo no tiene que ver con el vínculo político con Cambiemos, sino con diferencias con el CAA sobre las retenciones y, sobre todo, con que “habría que ver si, cuando haya conflicto, este sector del campo sale a la protesta”.

Hace unos meses, en un Zoom que organizó Patricia Bullrich, la titular del PRO, ese grupo ultra se manifestó a favor de transformar “en una 126” la movida para frenar la expropiación de Vicentin.

Este bloque ultra no está exento de fisuras: hace unos días, Etchevehere y Del Solar intentaron convencer a dirigentes de la Fundación Pensar de salir en contra del  Consejo Agroindustrial, al que asimilan con el campo peronista. Los llamados principales fueron para el último ministro de Economía de Macri, Hernán Lacunza, y para el senador Esteban Bullrich. Pero no se logró el cometido, Bullrich, al menos, ya mandó felicitaciones al Consejo. Y las cabezas parlamentarias de Cambiemos Cristina Ritondo y Mario Negri ya se reunieron con los líderes del nuevo campo. 



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Quién era Sergio Nardelli: Los vínculos de Vicentin con Mauricio Macri  | El CEO de la cerealera muerto de un infarto 



Sergio Nardelli, el máximo responsable de la conducción de Vicentin SAIC en los últimos años, y verdadero líder del clan familiar responsable de los destinos de Vicentin, tanto de su espectacular trepada en la última década, sobre todo a partir de 2014, como de su destrucción en los últimos meses de 2019, construyó una estrecha relación con la conducción de Cambiemos mucho antes de la campaña presidencial de 2015.

Ya en 2010, cuando era jefe de Gobierno Mauricio Macri viajó a Reconquista, Santa Fe, para solicitar el apoyo económico de los Nardelli. La relación , sin embargo, se afianzó durante el gobierno de la última alianza entre el PRO, la Coalición Cívica y la UCR, uno de cuyos referentes, Javier González Fraga autorizó el año pasado el otorgamiento de créditos por 300 millones de dólares a Vicentin SA, a pesar de que la empresa ya había empezado a incumplir con sus pagos en agosto de 2019, y pese a que el monto de la deuda excedía los máximos autorizados por el Banco Central para un solo cliente.

El ascenso del PRO, como partido mayoritario de Cambiemos, corrió paralelo al de la cerealera Vicentin. Justamente cuando Macri desembarcó en la Casa Rosada, Alberto Padoan, principal socio de Nardelli en Vicentin, quedó al frente de la Bolsa de Comercio de Rosario.

Durante la gestión del expresidente Macri la empresa protagonizó un crecimiento exponencial que la ubicó en el cuarto puesto entre las cerealeras más importantes del país, que le permitió obtener una ola de créditos irregulares de todos los bancos oficiales dominados por el PRO: el Nación en primer lugar, pero también el Provincia y el Ciudad.

Así, los hermanos Sergio y Gustavo Nardelli se convirtieron en los principales aportantes de las campañas macristas de 2017 y 2019. La cercanía llegó al extremo de que el nombre de Gustavo Nardelli fue medido para la carrera a gobernador en las elecciones que terminó ganando Omar Perotti.

En los pasillos del Banco Nación, en la época en que lo presidía Javier González Fraga, todos comentaban que la impresionante seguidilla de créditos otorgados a Vicentin, contra todas las regulaciones del Banco Central, no hubieran sido posibles sin el impulso decidido que llegaba del edificio ubicado a apenas 100 metros de la sede central del banco: la Casa Rosada.



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“Cambiemos apuntó a ser mucho más que antikirchnerismo y terminó quedando solo en eso” | Guillermo Levy, autor de La Caída. De la ilusión al derrumbe de Cambiemos



“La presidencia de Mauricio Macri comenzó con una enorme carga de optimismo, que se potenció aún más con la victoria en las elecciones legislativas de medio término, en octubre de 2017”. Sin embargo dos meses después, dirá el autor, “el ciclo presidencial de Macri empezó a construir su fecha de vencimiento”. En La Caída. De la ilusión al derrumbe de Cambiemos (Editorial Marea, 2020), Guillermo Levy analiza la derrota de Cambiemos/Juntos por el Cambio y la forma en que se inserta esta experiencia en el marco de los casi cuarenta años de democracia. En diálogo con Página/12 Levy, docente de la carrera de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señala los límites externos e internos con los que se topó la coalición de gobierno y arroja sus hipótesis detrás de ese 40,44 por ciento del electorado que buscó su reelección. Además, las distintas formas que asume el progresismo en la Argentina de hoy y el gobierno del presidente Alberto Fernández (Frente de Todos), cuyos primeros meses transcurren en medio de la pandemia por el coronavirus.

–¿Por qué La Caída? ¿El título del libro refiere a Mauricio Macri como figura política o a Cambiemos como fuerza política?

–Hablo de caída y de fracaso. Las dos palabras son muy representativas y, sobre todo, la articulación entre las dos. Sí diría claramente una caída de Macri, aunque no diría un fracaso total de Cambiemos o de Juntos por el Cambio. Pero sí de una experiencia de poder, que no intentó ser una fuerza vinculada a una clase política novedosa sino una mediación entre la sociedad civil y el Estado, es decir, nunca se asumió propiamente como una clase política. Es la primera vez que en la Argentina llega al poder una fuerza política que no se asume como fuerza política estatal sino que se asume como la representación de una cantidad de demandas sociales cruzadas por un fuerte antiestatismo. Creo que Macri, como figura política preponderante en la Argentina, se acabó, lo que no quiere decir que no pueda ser candidato a diputado por la Capital en 2021 o que no pueda ser una figura que siga influenciando. Pero no vuelve a ser presidente ni una figura determinante en la política argentina. Algunos quieren situarlo como “el nuevo Cristina”, en el sentido de que con él no alcanza pero sin él tampoco. Me parece que es darle demasiado a un Macri que es la imagen de un fracaso y que solo queda como figura golpeada del antikirchnerismo más duro.

-Sin embargo, Cambiemos fue gobierno en 2015, sacó un buen caudal de votos en octubre pasado, y hoy el espacio está en carrera, a diferencia, por ejemplo, de lo que sucedió con la Alianza.

–Creo que la fuerza Juntos por el Cambio/Cambiemos tiene vigencia y representa una cantidad importante de demandas de la sociedad civil. Ese 40 por ciento de octubre último no es un capital inamovible pero tampoco fue solamente una coyuntura electoral. Me parece que el éxito de Cambiemos radicó en la sociedad civil, es decir, en la construcción de una marca que articuló a los que añoran la dictadura, hasta los que detestan la política o que tienen una mirada contraria a cualquier regulación estatal, y todo el progresismo antiperonista que no tiene una agenda reaccionaria pero que es profundamente antiperonista. Por primera vez en la historia argentina hubo una marca enorme y superefectiva desde la derecha para ganar elecciones. El gran fracaso radicó en el salto de la sociedad civil a la gestión estatal nacional. En términos institucionales, algunos podrían pensar que algunas cosas se hicieron bien, lo mismo con la reducción del déficit primario fiscal, y cuestiones vinculadas con la modernización de la gestión pública en algunas áreas, aunque fueron intentos que quedaron truncos, pero sacando esto, fue un fracaso en todas las líneas. En su momento tuvo algunas audacias políticas pero que no le granjearon políticamente demasiado, como fue mandar al Congreso la ley de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE). Tal vez haya que rescatar que, desde el ‘83 hasta hoy, el voto antiperonista en la Argentina nunca bajó del 25 o 30 por ciento, y que ese es un piso que excede a cualquier coyuntura económica.

–De hecho Cambiemos superó ampliamente ese 25 o 30 por ciento.

–El macrismo apuntó a ser mucho más que antikirchnerismo, aunque terminó quedando solo en eso. Muchos de sus armadores apuntaron a que el espacio se transformara en una nueva fuerza hegemónica de una derecha moderna, de un capitalismo serio en la Argentina, pero no sucedió. Hoy, ese antiperonismo reciclado en antikirchnerismo es una fuerza electoral, política e ideológica que es independiente de que te suban la cuenta de luz un mil por ciento. Macri construyó su piso en esa minoría intensa. Es decir que hay un voto antiperonista que aglutina de diversos sectores: desde una derecha reaccionaria y neoliberal, hasta mucho progresismo antiperonista que no está en contra del aborto, que no reivindica la dictadura, que no tiene una agenda social reaccionaria, que no plantea que haya que bajar la edad de la imputabilidad, pero que es profundamente antiperonista. Y por eso hablo de diferentes progresismos y de la división fuerte del progresismo con el kirchnerismo.

–¿Cómo son esos distintos progresismos?

–En una parte de la clase media tenemos un progresismo que ve en el kirchnerismo la realización de las mejores banderas de la transición democrática en adelante, lo mejor del alfonsinismo, lo mejor de la renovación peronista, lo mejor de lo que intentó ser el Partido Intransigente, lo mejor de lo que intentó hacer el Frente Grande. Y para otro progresismo, el kirchnernismo es un menemismo dos; es la continuación del menemismo con discurso de derechos humanos. En ese sentido hay una barrera que se hizo enorme. Y entonces la mayoría de este progresismo hoy va a seguir votando seguramente por alguna opción que se rearme en torno a lo que fue Cambiemos o Juntos por el Cambio o alguna otra opción que se arme de algún progresismo no peronista pero no creo que vaya a apoyar a este gobierno.

–En el libro plantea que el macrismo tuvo puntos altos de confrontación con una “Argentina progresista”. ¿Cuáles son esos puntos?

–El tema derechos humanos quizá fue el único eje en el que el gobierno de Macri tuvo una actitud militante contra todo el legado de medio siglo de los organismos de Derechos Humanos en el país. Desde la discusión del número de desaparecidos a hablar del “curro de los Derechos Humanos”, a volver sobre la “teoría de los dos demonios”, a la reivindicación de la Gendarmería luego de la muerte de Santiago Maldonado o su protección frente al crimen de Rafael Nahuel o la puesta de modelo de policía a Chocobar. Creo que ahí Cambiemos vio que en ese andarivel crecía y lograba hacerse eco del punitivismo penal que en la Argentina tiene un consenso importante –que cruza “la grieta”– y en el que muchos medios trabajan incansablemente hace décadas. De hecho no es casual que la ministra con mejor imagen de los cuatro años de gobierno sea Patricia Bullrich. Ahí Cambiemos puso sus cañones en una batalla en la que se sabía ganador desde el comienzo porque representaba construcciones de sentido común mayoritarias.

–Al analizar el contexto en el que Macri asumió, habla de un “optimismo que atravesó distintas miradas ideológicas y posiciones institucionales”. ¿En qué consistió ese optimismo?

–La idea de un cambio de ciclo, de un cambio de época, fue una construcción eficiente de los equipos de campaña de Cambiemos, que fue tomado por actores interesados pero también por otros que creyeron ver en Cambiemos el comienzo de un ciclo no peronista de crecimiento económico y fortaleza institucional. En los dos primeros años se puede ver un optimismo desbordante, una seguridad del fin del kirchnerismo, y una militancia periodística en exaltar todo acto del gobierno o toda manifestación del presidente y también de la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, a la que se la ve como un hada buena arrasadora donde se vuelve casi imposible vislumbrar un fracaso tan rotundo tan poco tiempo después. Toda esta exaltación son dos años: desde el triunfo del ballotage del 22 de noviembre de 2015 hasta la crisis iniciada, a mi entender, en diciembre de 2017.

El manejo de la inflación y la cuestión de la reforma jubilatoria minaron parte de ese respaldo al gobierno. ¿Qué otras políticas o medidas socavaron esa ilusión?

–El intento trunco por empezar a liberar represores, que se cae con la inmensa movilización del 10 de mayo del 2017 con más de 200 mil personas, o cualquier intento de expectativa de que el macrismo daría una amnistía o un indulto, el pañuelo celeste, hace que muchos se desilusionen con Cambiemos, más allá de que lo pudieran haber vuelto a votar en 2019 para que no vuelva a ganar el peronismo, o Cristina. Muchos de ellos tampoco le perdonan haber puesto en discusión el tema del aborto en la Argentina; como la derecha política no le perdonó al expresidente Raúl Alfonsín el Juicio a las Juntas. En diciembre de 2017, a dos meses del triunfo electoral de medio término, la reelección de Macri era algo prácticamente indiscutible, al menos después de la elección de octubre de 2017. En dos meses pasan dos hechos que al macrismo le van a pegar bastante duro. Por un lado, el fracaso político de la ley de reforma previsional; por otro, el cambio de la meta inflacionaria. En esos días, todo el equipo económico brinda una conferencia de prensa en la que dice que la inflación de 2018 no iba a ser de un 10 por ciento como pensaban sino de un 15. Ahí el gobierno mostró su debilidad e inmediatamente empezaron las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). De pronto, a menos de dos años de asumir, el gobierno salía a pedir la escupidera del FMI para no caer en default. Creo que ahí comienza el derrumbe, sumado a otras cuestiones.

–¿Como cuáles?

–Hay otras ilusiones que el macrismo articuló y que tienen que ver con un desgaste lógico de doce años de kirchnerismo, con una cantidad de errores que hubo en la última etapa también, con ataques desmesurados hacia los sectores medios, y con el muy buen armado acerca de las denuncias de corrupción –algunas ciertas y otras inventadas–, pero que tiene que ver con generar un clima de fin de ciclo y de hartazgo ético que ya se había construido también hacia el final del menemismo. Y cuestiones puntuales como la eliminación del impuesto a las Ganancias de los salarios. Mucha gente apoyó a Macri por esa promesa. Sin embargo, el macrismo aumentó la cantidad de asalariados que pagan este impuesto.

–¿Cómo es ese neoliberalismo con agenda social que observa con el macrismo?

–La agenda social no es prerrogativa del peronismo ni de la izquierda ni del progresismo. Las diversas derechas también pueden tenerla y la han tenido en la historia mundial. Cambiemos se nutre también de mucha militancia proveniente de la iglesia católica y de las iglesias evangélicas que tienen preocupación por la cuestión social y arraigo en sectores populares, por supuesto que con otro formato ideológico que se puede tener en un gobierno progresista. Cambiemos sabe desde el comienzo que un ajuste sin política social activa implica explosión social en un país como la Argentina. El Ministerio de Desarrollo Social tuvo más planes y beneficiarios que en la gestión anterior. La Argentina tiene muchos límites a un programa de ajuste que destruya condiciones de vida y de trabajo sin conflictividad. La derecha más neoliberal, que ya salió desde el primer momento a criticar el “gradualismo” de la primera etapa conducida por Alfonso Prat Gay, pedía que se echara a un millón de empleados públicos. Cambiemos no solo no es una alianza homogénea sino que ha logrado construir una certeza de hasta dónde se puede y hasta dónde no en este país.

–Además, la sociedad también impone sus límites.

–La resolución de la Corte Suprema del 2×1, que hubiese implicado empezar un proceso de liberación de represores, fue cortado de cuajo con una inmensa movilización en mayo de 2017. Así, en varios planos, los límites sociales y culturales construidos desde la transición democrática están vivos en diferentes grados y ponen límites a cualquier aventura de derecha económica dura o que vaya atrás de algunas conquista básicas de nuestra democracia recuperada en 1983. La caída del 20 por ciento del salario real de los docentes de la provincia de Buenos Aires le salió muy caro a Vidal, con el inmenso paro de Suteba. Esas muestras de fuerzas representan límites bien precisos.

–Si en tres años le agregara un capítulo al libro, ¿cómo imagina ese apartado adicional, seguramente dedicado a analizar el mandato de Alberto Fernández, y en el marco de los cuarenta años de democracia?

–Seguramente acerca de la dificultad del reformismo o quizá, ojalá no, la imposibilidad de un verdadero reformismo exitoso en la Argentina. Así como una hegemonía neoliberal en la Argentina o un ciclo largo neoliberal es difícil de sostenerse por los límites que trato de abordar en el libro, un reformismo que se proponga impulsar un desarrollo productivo con integración social, alentando actores y capacidades no explotadas, solucionar los problemas básicos de infraestructura, construir una institucionalidad estatal menos facciosa, garantizar una verdadera reforma impositiva progresiva, fortalecer un bloque regional, forzar a que la cúpula económica tenga una agenda más amplia que de fugar divisas y tener rentabilidades aseguradas, también es una tarea que tiene límites enormes.

–¿Entre ellos?

–Límites corporativos, límites institucionales en diversos poderes del Estado, límites internacionales, regionales, pero también límites sociales y culturales importantes. La oposición “bolsonarista” que se viene agitando contra Alberto y Cristina Fernández y la marcación de cancha que intentan hacer los sectores más concentrados del capital muestran también límites poderosísimos para el éxito de cualquier experiencia reformista sustentable. Las dificultades y tropiezos con Vicentin, la ofensiva que se armó cuando el presidente denunció a Techint por los 1400 despidos al comienzo de la cuarentena o la oposición tajante al intento de reforma judicial son algunas muestras de esto. El capitalismo serio e institucional que propuso Cambiemos fracasó sobre todo porque no produjo crecimiento, redujo el consumo, aumentó la pobreza, aniquiló trabajo de calidad y tampoco se fue con la bandera de la ética con la que se fue –no estoy afirmando si merecidamente o no– Alfonsín. El fracaso o no de esta difícil experiencia del Frente de Todos depende de otras cosas, pero cuenta con enemigos mucho más poderosos que con los que se enfrentó Cambiemos. Aun así, propone un anclaje en la historia nacional mucho más potente que, de lograr algunos éxitos en la pospandemia, va a dejar por un buen tiempo, creo, a Juntos por el Cambio o en lo que esta coalición mute, fuera de la conducción del Estado.



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Argentina Política

Juntos por el vuelto: Aranguren imputado por las tarifas del gas

El fiscal federal Guillermo Marijuán imputó este martes al exministro de Energía y Minería del macrismo Juan José Aranguren, al expresidente del Enargas Ezequiel Roitman y exdirectores del organismo en el marco de una investigación por presuntas irregularidades en la fijación de tarifas de gas.

Marijuán impulsó la investigación y dispuso medidas de prueba, según el dictamen al que accedió la agencia de noticias Télam.

Además, el fiscal imputó al exsubsecretario de Recursos Hidrocarburíferos del Ministerio de Energía y Minería, Marcos Pourteau y a la exgerente de Legales del Enargas, Marcela Valdez.

Intendentes exigen quitarle la concesión a Edesur

Se trata de una denuncia presentada por el actual interventor del Enargas, Federico Bernal. En el dictamen, Marijuán apuntó a un “presunto desvío funcional” por parte de los imputados, quienes “persiguiendo intereses ajenos a aquellos por los que debían velar, habrían incumplido los deberes a su cargo”.

Según la denuncia, en noviembre de 2017 el entonces Ministro de Energía convocó a productores y distribuidores de gas” para establecer bases y condiciones en la comercialización de Gas en PITS (Punto de Ingreso al Sistema de Transporte) fijando por dos años precios uniformes para cada una de las cuencas”.

Esta circunstancia, según la denuncia, “iba por fuera de las pautas de libre competencia- y contratos a un tipo de cambio variable en dólares estadounidenses, que habría sido inédito en la comercialización del recurso bajo el régimen de la ley 24.076 y habrían provocado un perjuicio a las arcas del Estado Nacional y un beneficio indebido para las empresas productoras de gas”.

“Según sostiene el denunciante la presunta maniobra desplegada habría tenido su corolario en octubre de 2018, al momento de devaluarse la moneda argentina respecto del dólar, cuando se pretendió que la variación del valor de cambio fuera afrontado por los usuarios, en cuotas y frente a los reclamos efectuados, aquella diferencia traducida en una suma dineraria fue absorbida por el Estado Nacional”, explicó el fiscal en su dictamen.

Marijuán dispuso medidas de prueba, entre ellas el envío de un oficio al Enargas para que remita en formato digital las resoluciones cuestionadas y un “detalle de todas las resoluciones/actuaciones del ente” en el tema.

Al organismo también se le pidió “un detalle de todas las resoluciones/actuaciones del ente vinculadas con la determinación de precios para la comercialización de gas en PTS” desde el año 2016.

Además la fiscalía requiró al Ministerio de Desarrollo Productivo el envío de documentación.

Por último el fiscal requirió una copia del Decreto 1053/18 de Modificación del Presupuesto General para la Administración Nacional.

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Argentina Economía

Denuncian a Cambiemos por el desvío de más de $ 300 millones en el INTI

Denuncian a Cambiemos por el desvío de más de $ 300 millones en el INTI

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Argentina Política

Se contagió de Covid el jefe de los senadores bonaerenses de Cambiemos

El presidente del bloque de Juntos por el Cambio en la Cámara de Senadores bonaerense, Roberto Costa, informó este jueves que dio positivo el test que le practicaron y tiene el coronavirus Covid-19.

“Quiero contarles que hace un par de horas me dieron el resultado positivo de Covid-19. Agradezco a todos los que me escriben con preocupación. Estoy bien, en mi domicilio y en aislamiento”, posteó el legislador en su cuenta de la red social Twitter.

Fuentes de su espacio político precisaron a la agencia Télam que el presidente de la bancada opositora debió hisoparse “porque había estado reunido con una persona que días después dio positivo” pero el legislador nunca tuvo síntomas.

Asimismo precisaron que “se encuentra en buen estado de salud” y realiza el aislamiento en su vivienda de Mercedes.

Por último, aclararon desde Cambiemos que ninguno de los senadores y diputados de ese espacio político mantuvo contacto con Costa porque el legislador no está viajando a La Plata ya que “todas las reuniones que tuvo fueron a través de la plataforma Zoom”.

Alberto, Larreta y Kicillof: ¿Cómo sigue la cuarentena?

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Argentina Política

Jaime Durán Barba elogió a TN, defendió a Mauricio Macri y atacó la causa de espionaje ilegal

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Argentina Política

Crimen de Gutiérrez: a horas del asesinato, Cambiemos pide que la causa pase a la justicia federal

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Argentina Política

Desmienten INFORMACIÓN FALSA DE CLARÍN y Cambiemos sobre el asesinato de Fabián Gutiérrez

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