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Volvió Tyson y no estuvo mal | Iron Mike empató con Roy Jones Jr en una muy buena exhibición



Mike Tyson y Roy Jones no desairaron al boxeo e hicieron una exhibición con la mayor dignidad que les permitió su elevada edad. Desde luego que con uno ni otro puede aplicarse el mismo metro patrón que se aplica en el caso de los pugilistas en actividad. Tyson tiene 53 años de edad y llevaba 15 sin trepar a un ring. Jones tiene 51 y no combatía profesionalmente desde 2018. Resulta ilógico, entonces, levantarles más de la cuenta el listón de la exigencia. Por mejores que hayan sido en sus mejores tiempos de gloria.

Al final de la contienda en el Staples Center de Los Angeles, a los dos se les alzaron los brazos, más en señal de agradecimiento por el espectáculo que brindaron, que por el resultado alcanzado. La pelea no tuvo decisión oficial y el jurado de notables ex campeones del mundo que designó el Consejo Mundial de Boxeo para fallar a la distancia hizo mal su trabajo: dictaminó un empate cuando en verdad, Tyson había ganado con transparencia. Vinnie Pazienza sancionó un irrisorio 80-76 en favor de Jones, en tanto que Christy Martin dio 79/73 para Tyson. Chad Dawson entregó un salomónico empate en 76 y Líbero arribó a un 80/72 luego de haberle visto ganar al ex bicampeón mundial de todos los pesos, los 8 rounds de 2 minutos que duró la contienda.

Los pocos testigos que tuvo el pleito en el estadio californiano y los que lo vieron en EE.UU a través de la plataforma digital Triller previo pago de 49.99 dólares en concepto de pay per view, comentaron asombrados el estallido que provocaban los golpes de Tyson (99.900 kg) cada vez que llegaban sobre la humanidad de Jones (95,300). Su fiereza y la determinación para acorralar y conectar a sus rivales parecieron intactos. Aunque la potencia estuvo limitada por los guantes de 12 onzas que se emplearon, más pesados y protectores que los de 10 que se utilizan en las peleas convencionales. “Iron Mike” metió presión desde el comienzo, conectó fuertes golpes curvos, duplicó su izquierda en jab a los planos altos y en gancho al cuerpo y con eso dominó a Jones, a quien le costó sostener físicamente el peso de las acciones.

Hasta en los amarres que propuso Jones para contenerlo, Tyson lució mas poderoso. El extetracampeón del mundo en cuatro divisiones diferentes quiso pelear desde afuera a base de piernas y la izquierda en apertura, pero no lo pudo imponer y terminó agotado, casi sin aliento. “Los golpes al cuerpo me dejaron exhausto. Cuando él te pega, tu cabeza, tu cuerpo, todo se conmueve” reconoció Jones en sus declaraciones tras la pelea. Por su parte, Tyson buscó el nocaut hasta la última campanada, finalizó más entero y en sus declaraciones posteriores, adelantó que hará mas exhibiciones de este tipo. La promoción del evento, que incluyó también shows de varios raperos, corrió por cuenta de la empresa Legends Only, de la que Tyson es uno de los socios. 

“Hemos entretenido a todo el mundo. Estoy contento. Estamos ayudando a gente que es mucho más importante que ganar títulos. Hay que hacerlo otra vez” dijo Tyson proponiéndole a Jones un desquite que él dejó condicionado a la opinión de su familia. Pero es Evander Holyfield, su archirival en los años 90 y aquel al que alguna vez le arrancara un trozo de oreja con un mordiscón, al que todos quieren ver ante Tyson en algún momento de 2021 y con público en el estadio, si el avance de la pandemia lo permitiera.

La idea es avanzar en la creación de una liga de leyendas o un campeonato senior en el que los boxeadores retirados deseosos de volver al ring, puedan reverdecer viejos laureles. Y de paso cobrar buenas bolsas. Tyson y Jones no hicieron una parodia sino un espectáculo digno y respetuoso, lejos del simulacro. Fue una apuesta a la nostalgia entre dos cincuentones quienes ofrecieron la mejor versión que pudieron. Y les salió bien, bastante mejor de lo que se suponía.  

   



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Murió Martillo Roldán, el último ídolo del Luna Park | El popular ex boxeador falleció de coronavirus en Córdoba



El cordobés Juan Domingo “Martillo” Roldán, uno de los más formidables pegadores de la historia del boxeo argentino y último ídolo del estadio Luna Park, falleció en la mañana del miércoles a los 63 años víctima de coronavirus en el hospital J.B. Iturraspe de la ciudad de San Francisco (Córdoba).

Roldán se encontraba internado desde el jueves pasado por un Covid-19 positivo y se hallaba en coma farmacológico con asistencia respiratoria desde hacía varios días, pero su organismo no respondió a los tratamientos con plasma y su estado fue empeorando hasta producirse el fatal desenlace.

En tanto, María Elena, la esposa del ex campeón argentino y sudamericano de los medianos, había sido dada de alta tras su internación en la Clínica Carrá de San Francisco. Ella y el exboxeador habían recibido los resultados del hisopado positivo el viernes 6 de noviembre.

Roldán, de 63 años, nacido en Freyre, provincia de Córdoba, el 5 de marzo de 1957, fue tres veces retador al título mundial de la categoría mediano y nunca pudo conseguir la corona. En 1984 perdió por abandono en el 10ª round ante Marvin Hagler en Las Vegas y en la misma ciudad, fue noqueado en el 4ºasalto por Tommy Hearns en 1987 y en el 8º por Michael Nunn en 1988, en la que fue la última pelea de su carrera profesional que había arrancado en 1978 y que totalizó 67 triunfos (47 por vía rápida), 5 derrotas y 2 empates. 



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La Tigresa Acuña, los últimos rounds de una luchadora | “Estoy acostumbrada a darle pelea a lo que se ponga enfrente”



La formoseña Marcela Acuña fue la primera campeona mundial que tuvo la Argentina y también la cara visible de la lucha por la reglamentación local de la categoría femenina que se consiguió en 2001. Con un récord de 49 victorias (20 por knock out), 7 derrotas y 2 empates, la Tigresa dio su última pelea hace más de un año: un empate con la mexicana Jackie Nava en tierra azteca que dejó muy expuesta la credibilidad de los jueces locales. Sus planes para el 2020 incluían una pelea en Salta y la intención de empezar a preparar el retiro, pero a la pandemia también se le sumó una neumonía que derivó en la internación de la boxeadora de 43 años en el hospital de Haedo. “Muchos me decían que esta era la pelea más difícil que me tocaba enfrentar y yo decía que sí, que es una gran pelea pero con mucha desigualdad, primero porque me tomó por sorpresa y segundo por lo difícil que es el protocolo; aunque no seas covid positivo, los hospitales no te permiten recibir visitas. Estaba completamente sola, nunca me alejé de mi familia durante tanto tiempo”, cuenta hoy totalmente recuperada.

¿Cómo manejaste tu cabeza en esos días?

–Lo manejé de la única forma que nos queda a todos: darte cuenta que estás enfrentando una situación difícil y darle batalla. Estoy acostumbrada a darle pelea a lo que se ponga enfrente. Si bien sentía que no tenía equivalencia en ese sentido, le di batalla.

Vos empezaste a boxear de chiquita. ¿Cómo hiciste para afrontar a todos aquellos que decían que no ibas a poder?

–Mi mamá soñaba con que yo fuera bailarina de danzas españolas, más que nada por algo cultural. Nunca se imaginó que iba a ser deportista pero entendió cuando le dije que el baile no era lo mío y que quería hacer un deporte de contacto. A los siete años comencé a practicar full contact, boxeo con patadas, y desde ese momento ella me apoyó, fue mi fan número uno. Me acompañaba, me cuidaba, estaba constantemente fijándose que no me hiciera falta nada y guiándome con los entrenamientos. El problema arrancó cuando dije que quería boxear. Me presenté en la Federación Argentina de Box, pedí una licencia y empecé a ir a los medios a decir que las mujeres en Argentina queríamos boxear. Al principio era yo sola pero pronto se sumaron otras mujeres que querían lo mismo. El problema era que no estaba la reglamentación, entonces decían que no me podían permitir entrenar. En los medios periodísticos tenía dos o tres amigos a los que les había contado mi sueño; no me tenían mucha fe pero me respetaban.

¿Por qué boxeo? ¿Tenías una referente?

–Todo comenzó cuando vi a Christy Martin boxear en la televisión. Para mí ella es la referente en el boxeo femenino mundial porque era parte de las grandes carteleras, las cuales eran televisadas. Yo quería ser como ella.

En tu película Licencia uno hay un testimonio de Horacio Pagani donde dice: “La mujer nunca podrá representar fortaleza (…). La sociedad no quiere que dos mujeres se peleen arriba de un ring porque queda antiestético, entonces que busquen otra actividad que puedan hacer”. ¿Qué te produce escuchar algo así por parte de una periodista deportivo?

–Siempre dije que hay algunos dinosaurios que se meten en una burbuja y se quedan en el tiempo. No vivieron el cambio de época, el cambio de siglo, por llamarlo de una manera. Con Pagani nos hemos cruzado muchas veces y él sostiene esas mismas declaraciones, pero también tengo que decir que cuando he peleado en el Luna Park ha estado pidiendo entradas. Recién cuando me consagré campeona a nivel mundial, logré convencer al 70% de los periodistas deportivos.

Sos una gran referente para muchas chicas que quieren boxear…

–Las chicas jóvenes, las que recién arrancan, si escuchan estas declaraciones creo que se darán cuenta que están escuchando a un solo periodista. Imagínense lo que puede decir ese 70% que logré convencer. Antes era muy difícil encontrar líneas en los medios gráficos donde hablaran bien.

¿Estás pensando en el retiro?

–No tengo una fecha exacta, puedo decir que en el 2021. Esta pandemia me cambió muchos de los planes que tenía: tenía programadas dos peleas que quería hacer antes de retirarme y no se pudieron llevar a cabo. Creo que este año ya está perdido y terminado, tengo que apuntar al próximo, en donde me gustaría hacer una linda pelea y ya despedirme. Más que nada por el tema de la inactividad, yo ya no puedo jugar con tanto tiempo sin entrenar. Sé que no me voy a poder reponer de este tiempo de estar parada, por eso estoy pensando seriamente en el retiro para el 2021.

* Sofía Martínez y Florencia Pereiro



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Nicolino Locche, el Intocable  | Se cumplen 15 años de la muerte de un boxeador único 



El cigarrillo fue un compañero de toda la vida, pero también su principal enemigo. Apodado el “Intocable” por su forma de plantarse en el ring, Nicolino Locche murió el 7 de septiembre de 2005. Considerado uno de los mejores boxeadores argentinos de todos los tiempos, el hombre que provocaba a sus rivales peleando con la guardia baja e invitaba a que le peguen, inició su carrera como profesional en 1958, bajo la celosa mirada del gran maestro Francisco “Paco” Bermúdez. Diez años más tarde abrazó la gloria mundial tras derrotar por nocaut técnico en el décimo asalto al japonés Takeshi Fuji. Protegido por Tito Lectoure, en el Luna Park reinaba una alegría expectante y desbordaba de gente que disfrutaba cada vez que el púgil mendocino esquivaba los embates de sus contrincantes con estudiados movimientos de cintura. Sobre el cuadrilátero fue dueño de un talento distinto y acaso irrepetible; debajo protagonizó una colección hilarante de anécdotas. Aquí van algunas de ellas.

Humo en el gimnasio 

Menudito, simpático, algo orejudo y con un peso que orillaba los 37 kilos, con apenas 13 años Nico mostraba condiciones para el boxeo con su zurda desenvuelta. Por esa época su mamá, Nicolina Di Vendittis, viuda de don Felipe Locche, no sabía cómo hacer para sacar al “nene” de la calle, donde se peleaba a diario. Hasta que lo llevó al Mocoroa, el gimnasio donde trabajaba Paco Bermúdez. “Quiero ser boxeador”, dicen que le dijo el oriundo de Tunuyán a quien más temprano que tarde sería su maestro durante casi toda la vida profesional. Pero Bermúdez se dio cuenta enseguida de que, en los descansos, Nicolino fumaba a escondidas en el baño y no dudó en semblantearlo. “¡Apague ese cigarrillo! ¿O usted se cree que esto es un salón de baile?” 

Mendoza querida 

Locche se divertía como loco haciéndole errar golpes a sus rivales. Y por si fuera poco, se ganaba unos mangos con algo que disfrutaba. Participó en 122 peleas amateurs y sólo tuvo 5 derrotas. Una fue en Buenos Aires, para un campeonato nacional, nada menos. “Me aburría tanto estar lejos de Mendoza, que perdí a propósito para poder volverme”, dijo una vez sin ponerse colorado.

Cohete en el pantalón

Una tarde en el gimnasio, Locche le pidió permiso a su maestro para cambiarse las vendas en el vestuario. Pero Bermúdez ya lo tenía junado y sabía que se trataba de una mera excusa para a fumar a hurtadillas. Entonces lo siguió sin que se diera cuenta y sorprendió infraganti a Nicolino, que en efecto estaba pitando. El inefable cuyano pretendió esconder el pucho prendido en el pantaloncito de gimnasia, mientras su entrenador no le quitaba los ojos de encima. Hasta que Locche no aguantó más, tiró el cigarrillo aún encendido y gritó: “¡Me quemo, don Paco, me quemo!”.

Amigos son los amigos 

Carlos Aro, que con el paso del tiempo llegó a ser campeón argentino y sudamericano en la década del ‘60, fue uno de los pocos rivales que venció a Locche en el campo amateur. El zurdo contó que cuando llegó al Mocoroa, Bermúdez lo hacía cruzar guantes con el Intocable, porque le veía condiciones y quería perfeccionar su estilo. Ambos boxeadores se hicieron amigos. Una vez el propio Aro relató que, al quedar amarrados cuerpo a cuerpo, le susurró a Nicolino a modo de ruego: “Gringo, dejame meter algunas manos que ahora me está mirando don Paco”.

Ravioles a la carta

Un domingo a la mañana, allá por la década del ‘60, Locche le dijo a su primera mujer que salía a dar una vuelta por el centro para tomar un café con algunos conocidos. Ana María Corvalán le recordó que no se olvidara de pasar por el Mercado Central y trajera los ravioles para el almuerzo de ese día. Sin embargo, Nico se encontró con unos amigos y al rato, en su flamante Torino, estaba viajando a Salta donde tenía varios “compadres” con quienes se reunía a jugar a las cartas por plata. Cuando él apareció de vuelta recién a la semana siguiente, Ana María, acostumbrada a estas fugas o salidas sin aviso, sólo se limitó a preguntarle: “¿Y? ¿Trajiste los ravioles?”.

Aquella gloriosa noche

Locche era capaz de fumarse un pucho antes de subir al ring. Y otro no bien llegaba al vestuario. Aunque pocos creían que su estilo podía ser ganador en el extranjero, Lectoure logró que le dieran una chance para medirse ante el campeón Fuji en el Kuramae Sumo de Tokio. Aquel 12 de diciembre de 1968 representaba la oportunidad de su vida para Nicolino, quien sin embargo durante el masaje previo se quedó dormido y hubo que despertarlo para que vaya a pelear. Así de nervioso subió al cuadrilátero. El mendocino no se dedicó sólo a esquivar casi todos los golpes del nacido en Hawai: también pegó. Y mucho, a juzgar por el aspecto que lucía el campeón que, quebrado en lo anímico y ya sin fuerzas, decidió no salir a disputar el décimo round y dejarle la corona a Locche.  

Hazte fama 

Era tanta la admiración que despertaba Locche, que Chico Navarro le dedicó un tema que se hizo recontra famoso a fines de los ’60. “Un sábado más”, la canción de marras, terminaba con este verso: “Total esta noche, minga de yirar, si hoy pelea Locche en el Luna Park”. Pese a su fama, más de una vez fue sorprendido en su buena fe. “Compré un auto de carrera usado que pagué al contado. Lo trajeron en un remolque y me lo dejaron cerca del Luna Park. Cuando fui a ponerlo en marcha, no arrancaba. ¡Que lo parió, tiene la batería vencida!, me dije. Abrí el capot para solucionar el problema y me di cuenta de que había comprado un auto de carrera sin motor”, contó con gracia.

Provocador serial 

En su libro Crónicas de guantes (2008), el periodista Roberto Suárez recuerda que en mayo de 1967, después de ganarle en diez rounds en el Luna Park a Leston Carl Morgan, un estadounidense con fama de noqueador y que no había podido siquiera tocar a Locche en toda la noche, el mordaz Nicolino se metió en el camarín del visitante, que estaba visiblemente amargado, y siguió provocándolo: “Dale, negro, pegame, acá tenés la cara”.

Así fue este inovidable campeón que a partir de 1969 realizó seis defensas exitosas, las últimas cinco en el “templo” de Corrientes y Bouchard. Aquel escurridizo púgil cuya magia pareció desdibujarse luego de perder su título en 1972, cuando cayó en Panamá por puntos contra el local Alfonso Frazer. El fumador empedernido que disputó 136 peleas, ganó 117 (14 de ellas por KO), tuvo cuatro caídas y 14 empates. El arraigado mendocino que nació y murió en su tierra en el mes de septiembre para quedar entronizado como un icono del boxeo argentino. 



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Nicolino Locche, el más amado de todos | El vínculo irrepetible que el genial boxeador mendocino construyó con el público



La relación de complicidad que se establece entre Locche y su público es un fenómeno que me atrevo a llamar estético, pues pertenece a un orden (pensé en escribir espiritual, y aun creo que ésa es la palabra) que lo acerca a los grandes actores, a los divos, al milagro. Porque a Locche no sólo se lo admira. Se lo quiere. La palabra ídolo, la palabra mito no alcanzan a definir la relación enígmática de Locche con su público. Gardel necesitó morirse para conseguir lo mismo. En vida, sólo Troilo llegó acaso a gozar de ese misterio argentino“.

En una nota publicada por la revista Gente el 7 de abril de 1971 a propósito de la pelea que cuatro días antes habían sostenido en el Luna Park Nicolino Locche ante el español Domingo Barrera Corpas por el título AMB de los welter juniors, el escritor Abelardo Castillo sintetizó con maestría el vínculo irrepetible que el genial boxeador mendocino construyó con el público. El boxeo argentino tuvo cinco ídolos a lo largo de su historia gloriosa: Luis Angel Firpo, Justo Suárez, José María Gatica y Horacio Saldaño componen esa lista. Ninguno fue tan amado como Nicolino.

Locche no necesitó ser campeón del mundo para despertar semejante devoción en las masas. En todo caso, la corona que ganó el 12 de diciembre de 1968 en Tokio ante Paul Takeshi Fujii refrendó un sentimiento que empezó a vibrar en 1959, cuando Nicolino hizo sus dos primeras peleas como preliminarista en el Luna. Y la gente y la prensa especializada entrevieron que su boxeo nada tenía que ver con todo lo que se había visto hasta entonces. “Locche inventó un deporte nuevo, el de no pegar sin dejarse pegar” sentenció alguna vez en una madrugada de copas largas, Félix Daniel Frascara, maestro de periodistas y comentarista de El Gráfico. Fue tal cual.

El público lo vio y se entregó al duende travieso de su boxeo. Cada noche de Luna lleno, cada una de las cinco defensas que hizo Locche de su campeonato del mundo entre 1969 y 1971 en el mítico estadio de Corrientes y Bouchard, cada una de las siete peleas que realizó luego fuera de título entre 1972 y 1976, resultaron una fiesta. Las mujeres enjoyadas iban a verlo porque con él sobre el ring, no había sangre ni drama, había risas y show. Los hombres celebraban su talento defensivo, su arte novedoso e inédito. Al término de cada round, se abrazaban entre sí como si festejaran un gol. Los periodistas exprimían la lengua castellana buscando un adjetivo, una palabra, un concepto que resumiera todo aquello que se veía y se sentía.

Nicolino fue una marca del boxeo de los 60 y los 70, acaso la más importante. Y no tuvo repetición, acaso porque su estilo se creó en el vientre de su madre, doña Nicolina Devenditti, y no en los sudores cotidianos del Mocoroa Boxing Club, el gimnasio mendocino donde su hacedor, Francisco Bermúdez, lo fue tallando con la paciencia de un orfebre. Pascual Pérez y Carlos Monzón, fueron sin dudas, los dos boxeadores más grandes de la historia argentina, los mejores campeones del mundo, los de mayor reconocimiento internacional.  Sin embargo, nadie podrá bajar jamás a Locche del escalón más alto del podio afectivo. A ese lugar llegó sin pegar una sola trompada, haciendo todo lo contrario de lo que hicieron antes y después de él. 

 



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Maravilla Martínez volvió al boxeo con nocaut incluido | A seis años de su retiro, superó al español Fandiño y quiere ser campeón otra vez



Minutos después de haber noqueado en 7 rounds al español José Miguel Fandiño, Sergio “Maravilla” Martínez dejó en claro que no ha vuelto al boxeo porque si. “Tengo en mente volver a ser campeón mundial, lo tengo a Murata (el japonés campeón mundial de los medianos de la Asociación) en mis planes para dentro de tres o cuatro peleas” dijo el ex monarca superwelter y mediano, cuyo optimismo y autoestima parecen situados muy por encima de lo que le dictan sus 45 años de edad.

Era una quimera suponer que Maravilla podía ser aquel boxeador deslumbrante que fue en su apogeo, seis años, dos meses y catorce días después de su última pelea ante Miguel Cotto en el Madison de Nueva York. Ese Maravilla es una imagen de YouTube, nunca volverá en vivo porque el tiempo no corre en vano. Quien le ganó a Fandiño fue un veterano digno, bien puesto en lo físico, pero inevitablemente lento. Sin agilidad en las piernas, sin flexibilidad en la cintura y sin ritmo de pelea. Este Martínez de 45 años que subió a un ring levantado en el campo de juego del estadio El Nuevo Malecón de Torrelavega (España) y ante 1100 espectadores, alcanza para ganarle a rivales como Fandiño, fuertes pero rústicos, sin creatividad ni iniciativa. Si en el futuro pretendiera escalar la exigencia y enfrentar a adversarios más ambiciosos, tal vez las limitaciones físicas y la falta de frescura le pongan un freno a sus legítimas ambiciones. Pero es apenas una especulación.

Por eso, no hay que ir demasiado rápido. Debe analizárselo a Martínez en función del momento que atraviesa y no como si fuera una promesa joven y en ascenso. Habrá que ir viéndolo pelea a pelea para calibrar su evolución (o involución). Y emitir una opinión definitiva el día que se sepa que la oportunidad por el título está al alcance de sus manos y no antes. Faltan tres o cuatro combates más para eso. Un año más a lo sumo. Sentenciar antes no parecería prudente. En todo caso, hay que destacar lo más positivo que dejó la reaparición: que Martínez (73,200) volvio a subir a un ring después de un parate de mucho tiempo y que ganó por nocaut. Para todo lo otro, falta mucho.

Fandiño (75,200) nunca asumió la iniciativa. Se limitó a ser un digno acompañante del regreso de Maravilla dentro de un trámite lento y sin explosiones. Y aún así, Martínez fue siempre a lo seguro. Encaró la pelea con calma, trabajando en base a una derecha precisa y profunda que lanzó con trayectoria de jab y directo y que también llegó a los planos bajos de su contrincante. Así fue acumulando ventajas, anticipándolo siempre a Fandiño quien sólo inquietó en la 5ª vuelta cuando acertó un uppercut de derecha que molestó a Maravilla. En la 6ª, se fue a lona luego de recibir una derecha al hígado. Y en la 7ª sobrevino la definición cuando una zurda de Martínez también a la zona hepática lo mandó a la lona por toda la cuenta.

“Esto es el comienzo de algo bonito. Aprendí a disfrutar del camino y hasta el título mundial no paro, pero necesito hacer unos combates más, necesito consolidarme” dijo Maravilla en una improvisada conferencia de prensa sobre el ring. Estaba emocionado y se lo entiende. Hace dos años soñó volver a ser boxeador y que le levanten la mano en señal de victoria. Y la misión quedó cumplida. Ahora se fijó otra meta: quiere ser otra vez campeón del mundo. Parece una utopía. Maravilla cree que puede. El tiempo y las peleas le dirán la verdad a su debido momento, ni antes ni después.



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Maravilla Martínez vuelve con un objetivo: ser campeón mundial | El argentino se enfrenta el viernes a las 19 a José Miguel Fandiño



Seis años, dos meses y catorce días después de aquella triste derrota por nocaut técnico en el 10º round ante el puertorriqueño Miguel Cotto
en el Madison Square Garden de Nueva York y a los 45 años de edad, Sergio “Maravilla” Martínez vuelve a ascender a un cuadrilátero. Lo hará este viernes desde las 19 y con televisación de TNT Sports ante el probador español José Miguel Fandiño en una pelea a 10 asaltos encuadrada en el peso supermediano que tendrá lugar en el malecón de Torrelavega y en el marco de la fiesta de la Virgen Grande de esa pequeña y pintoresca ciudad del norte de España.

Después de los datos duros, las primeras preguntas surgen solas: ¿Para qué regresa Maravilla? ¿Acaso supone que es posible reverdecer viejos laureles? ¿Quiere sólo sentir la adrenalina incomparable de subir otra vez a un ring? ¿O pretende ser de nuevo campeón del mundo como lo fue entre los superwelters y los medianos? En principio, es preciso dejar en claro que Martínez no vuelve por dinero. No está en la bancarrota ni dilapidó lo que ganó en el último tramo de su brillante carrera. Tiene algunas inversiones en España y aunque lejos está de ser un potentado, lleva una vida cómoda pero también austera. Alejada por completo de la frivolidad y el exhibicionismo.

Pero como todo gran astro del deporte, Maravilla tiene su vanidad intacta. Y tiempo libre de sobra. Nada de lo que intentó en estos años en el mundo del espectáculo (escribir guiones para sus monólogos de stand up) terminó de realizarlo. Y como se siente recuperado de las lesiones en las rodillas que padeció en los dos años finales de su campaña, el 29 de abril de 2018 tomó la decisión de regresar al gimnasio y se entrenó duro con la idea de reaparecer. Ahora es el momento de ver hasta dónde puede llegar apuntándole a lo máximo: una chance por el título del mundo de los medianos.

“El ser humano necesita objetivos y el objetivo que he encontrado es volver a boxear. Pelearé en una ciudad hermosa, pero pequeña. Un sitio modesto. No es Las Vegas, ni Nueva York, ni Los Angeles, ni California, ni el Luna Park, ni Vélez. ¡Y me encanta!”, dijo Martínez en declaraciones recientes. Incluso hace unos días en medio de una videoconferencia con el periodista Leonardo Benatar, el presidente de la Asociación Mundial de Boxeo, Gilberto Jesús Mendoza le prometió que si gana sus próximas tres peleas, le conseguirá un combate ante el japonés Ryota Murata, campeón regular de los medianos de la entidad.

Nacido en Gijón hace 36 años y con un record discreto de 15 triunfos (8 antes del límite) y 6 derrotas, Fandiño es un probador que dará la pauta de la actualidad de Martínez. “Como boxeador, siento admiración y una grandísima gratitud hacia él por darme esta oportunidad. No podría decir nada malo. Es un gran campeón. Todo el mundo del boxeo va a estar pendiente de este combate, es una oportunidad inmensa, independientemente del resultado. Hacer un buen papel me cambiaría la vida”dijo Fandiño quien además de boxeador, hace trabajos como jardinero y albañil.

Sería penoso verlo a Maravilla convertido en una sombra de sí mismo. Más de seis años fuera de los rings es demasiado tiempo y habrá que ver que le pasa cuando reciba los primeros golpes fuertes y vaya avanzándolo la fatiga. En su apogeo, fue un boxeador fabuloso, dueño de unas piernas veloces que cuando se le agotaron, lo dejaron expuesto al alcance de los golpes rivales. Aquel Maravilla rápido, cerebral, creativo y contundente que ganó sus tres títulos mundiales en los Estados Unidos, es una imagen de archivo

Si el que vuelve este viernes es el 50 por ciento de aquel que fue considerado el mejor del mundo, la misión habrá sido cumplida. Y podrá seguir recorriendo con dignidad el duro camino del regreso.     



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Luis Angel Firpo se iba hace 60 años | El primer gran ídolo deportivo de la Argentina



Aquella noche del domingo 7 de agosto de 1960, una triste noticia conmovió las redacciones de los grandes diarios porteños y obligó a interrumpir las programaciones de las radios: había muerto de un infarto fulminante un ídolo popular. Una gloria del deporte nacional, acaso el fundador del boxeo. La partida de Luis Angel Firpo sacudió al país como suelen hacerlo aquellos privilegiados que han logrado meterse en el alma popular. Firpo fue muy grande y no solo por haber sido un gigantón de 1,94 metros de estatura y más de 100 kilos de peso. Firpo fue un mito en vida y lo sigue siendo a 60 años exactos de su muerte. Acaso, el primer gran ídolo deportivo de la Argentina.

El boxeo estaba prohibido en la ciudad de Buenos Aires desde 1892 y aunque en 1915, Jack Johnson, el campeón mundial de los pesados, se presentó en el tattersall del Hipódromo de Palermo para hacer tres peleas de exhibición y en 1920 se fundó la Federación Argentina, nada hubiera sido igual si Firpo no se hubiera subido a un buque de carga en 1922 para hacer lo que nadie antes se había atrevido: tratar de llegar a una pelea por el título mundial de la máxima categoría. Lo hizo por las suyas, a su manera. Sin estilo ni ciencia, a pura potencia y guapeza.

Noqueó a cuatro de sus primeros cinco rivales, y entre 1922 y 1923 enhebró 11 triunfos antes del límite en 13 peleas. Cuando el 14 de septiembre de 1923 Jack Dempsey le dio la oportunidad por el campeonato del mundo, ante 85 mil espectadores en el Polo Grounds de Nueva York, Firpo ya se había metido la Argentina en sus puños y ya era el “Toro Salvaje de las Pampas”, el apodo eterno que le endilgó Damon Runyon, un periodista estadounidense asombrado del poder de sus manos y de la fiereza de su acción.

Buenos Aires no durmió aquella noche. Tampoco los pueblos y barrios circundantes. Julio Cortázar, en su libro La Vuelta al Día en 80 mundos, recordaba a toda su familia reunida en su casa de Banfield en torno de uno de sus tíos que, con auriculares, trataba de escuchar trabajosamente una radio bonaerense, en la que un locutor leía los cables que las agencias informativas emitían desde el borde mismo del ring neoyorquino.

En Corrientes 1066, donde hoy se levanta el Obelisco, dos jóvenes soñadores, Ismael Pace y José Lectoure, recaudaron 820 pesos pasando la retransmisión radiofónica de la pelea en un viejo Luna Park sin techo. Y en la Avenida de Mayo, Natalio Botana, el omnipotente dueño del diario Crítica, hizo instalar dos potentes reflectores en la terraza del Pasaje Barolo, por entonces el edificio más alto de la ciudad. Si se encendía la luz verde, Firpo había ganado y era el nuevo campeón del mundo. Si brillaba la luz roja, había perdido. Al final de la noche, un halo escarlata tiñó de desazón a los miles de porteños que miraban al cielo: lo habían noqueado al nuestro en el 2º round.

La llamada “Pelea del Siglo” duró tres minutos y 57 segundos que todos los argentinos alguna vez hemos visto. Aún hoy está considerada una de las tres más vibrantes de toda la historia del boxeo mundial: Firpo cayó nueve veces y Dempsey dos. Cuando un terrible mandoble de derecha lo lanzó fuera del ring en el épico primer round, el periodista del New York Tribune Jack Lawrence y el telegrafista de la Western Union Perry Grogan, pellizcaron las nalgas de Dempsey y lo hicieron reaccionar para que, obnubilado y todo, volviera al ring. Lo hizo 17 segundos después de la caída, pero el árbitro Jack Gallagher no le hizo la cuenta de diez. Por eso Firpo no fue el primer campeón mundial del boxeo argentino.

La derrota no manchó su nombre y su honor de bravo peleador, más bien todo lo contrario. Le dieron una bienvenida de héroe deportivo y se transformó en una celebridad nacional. Mucho más cuando se supo que había peleado con una fractura en el húmero del brazo izquierdo. En muestra de reconocimiento por su actuación, el intendente de la ciudad de Buenos Aires, Carlos Martín Noel, derogó el 3 de febrero de 1924 la ordenanza que llevaba 32 años prohibiendo el boxeo y rehabilitó su práctica.

O sea: Firpo cambió la historia. Transformó una actividad marginal y clandestina en un fenómeno masivo y popular. Por eso, cada 14 de septiembre, la Argentina celebra en su memoria el Día del Boxeador. Y por eso también, la gente jamás le reprochó aquella derrota rotunda ante Dempsey. Lo veneró como un ídolo pese a que era hosco, desconfiado, tímido y ceceoso al hablar. Hasta llenó el Luna Park una noche lamentable de 1936, cuando a los 41 años, el viejo Toro Salvaje quiso reverdecerse luego de 10 años de retiro y recibió una terrible paliza de parte del chileno Arturo Godoy, que lo derribó seis veces y le ganó por abandono en el tercer asalto. Se fue del boxeo con un récord de 31 triunfos (26 antes del límite), cuatro derrotas y siete sin decisión.

Nacido el 11 de octubre de 1894 en Junín (provincia de Buenos Aires), Firpo de joven peleó cuerpo a cuerpo contra la miseria. Fue cadete en una farmacia, albañil en la construcción del Palacio de Correos, y cobrador de una fábrica de ladrillos. En 1916 se metió a aprender boxeo en el Club Internacional que funcionaba en la esquina de Libertad y Sarmiento en Buenos Aires, donde un año más tarde se hizo profesional sin haber peleado nunca como amateur. Con los primeros triunfos, empezó a tener amigos de alta alcurnia: Macoco Alzaga Unzué, los Tornquist y los Anchorena lo refinaron y le hicieron conocer los placeres de la buena vida. Horacio Lavalle, otro millonario, le empezó a manejar la carrera, y le enseñó a hacer buenos negocios y a ganar mucho dinero.

Firpo fue, quizá, el primer argentino que entrevió al deporte profesional como una fuente inagotable de ingresos. Cuando en 1922 enfrentó al estadounidense Jim Tracey en la vieja cancha de Sportivo Barracas, hizo filmar la pelea y luego la pasó en los cines de los barrios porteños, llevándose un porcentaje de las entradas. Como le fue bien, repitió la idea en cada combate suyo en EE.UU. y siguió sumando. En 1923 cobró 96 mil dólares por noquear en ocho vueltas al ex campeón Jess Willard y 156.250 por desafiar a Dempsey, y no dilapidó un solo dólar.

Cuando se retiró por primera vez en 1926 era inmensamente rico y famoso. Tuvo la representación de una marca de autos importados (Stutz), fue propietario de tres mansiones en el Barrio Norte, llegó a ser dueño de 12 mil hectáreas y miles de cabezas de ganado y caballos en la provincia de Buenos Aires, y era recibido con honores por la Sociedad Rural. Nunca se casó con Blanca, su esposa y jamás le interesó tener hijos.

En 1946, contrató al periodista Horacio Estol para que escriba su biografía autorizada: Vida y Combates de Luis Angel Firpo. Y en 1953, el general Perón lo sentó a una mesa de la residencia de Olivos con Jack Dempsey y los homenajeó a 30 años de la pelea del siglo. Hasta el último instante de su existencia, cada vez que caminaba las calles de Buenos Aires o ingresaba a los salones de la alta sociedad, la figura inmensa (en el más amplio sentido de la palabra) de Firpo ejercía un magnetismo extraño entre la gente. Lo miraban y lo respetaban como una gloria mayor del deporte. Eso fue el Toro Salvaje de las Pampas. Eso sigue siendo a 60 años exactos de su muerte.



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Lucas Matthysse confirmó su retiro del boxeo | El chubutense dijo que le encantaría seguir peleando, pero no volverá a hacerlo



Lucas Matthysse, ex campeón mundial de la división welter de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), anunció su retiro de los cuadriláteros, a los 37 años. Aun cuando hace dos años que no compite profesionalmente, el púgil de Trelew hizo oficial en las últimas horas el abandono de la actividad.

“El deseo siempre está ahí, pero no voy a volver, nunca más. Extraño todo sobre el boxeo, pero este retiro es definitivo”, dijo Matthysse a la FM Comunitaria Radio Sudaca (105.3). “Dí más de 25 años de mi vida, dedicados a entrenar y pelear. Logré más de lo que podría haber imaginado. Entonces, cuando el error me pica, me pregunto ¿por qué volvería? ¿por qué?”, destacó el también otrora ex campeón interino superligero del Consejo Mundial (CMB), tras haber derrotado al nigeriano Olusegun Ajose, en Las Vegas (8 de septiembre de 2012).

Matthysse forjó una dilatada carrera como profesional, que se cimentó con 15 combates en escenarios de los Estados Unidos. El chubutense tuvo como adversarios a Zab Judah (perdió el invicto en decisión dividida en Nueva Jersey en noviembre de 2010), Danny García (cayó en forma unánime en Las Vegas en septiembre de 2013 y vio frustrada la chance de ser campeón mundial AMB y CMB de los superligeros) y Jhon Molina (victoria por nocaut en Carson en abril 2014 para ganar el título vacante CMB Continental superligero), entre otros.

Matthysse también logró significativos triunfos ante el mexicano Roberto Ortiz, el ruso Ruslan Provodnikov y el tailandés Tewa Kirim, a quien superó por nocaut en Inglewood (enero de 2018), para apoderarse del cetro regular de los welter de la AMB. “Luché con los mejores y siempre como visitante. Nunca cambiaría nada de lo que hice. No tengo nada que reprocharme”, sostuvo el ahora ex pugilista. Ese mismo título welter lo perdió en julio de 2018, cuando fue superado ampliamente por el astro filipino Manny Pacquiao en Kuala Lumpur, Malasia.

Matthysse cayó por nocaut ante Pacquiao cuando defendió el título welter de la AMB.

Matthysse recordó que cuando resolvió dedicarse al boxeo “jodía de lunes a lunes, chupaba mucho, me habían dado una puñalada. Hace poco me acordaba de todo y me preguntaba ¿qué hubiera pasado si no me iba?”, aseveró.

Al cabo de su carrera, Matthysse combatió en 45 oportunidades. Ganó 39 peleas (36 por la vía rápida) y perdió 5. No tuvo decisión el combate que suspendió con el mexicano Rogelio Castañeda, en Texas, en septiembre de 2008.

Su debut profesional se produjo en junio de 2004 cuando derrotó por nocaut técnico en el segundo round a Leandro Almagro, en el gimnasio Municipal número 1 de Trelew. Su última pelea había sido ante Pacquiao, quien lo derrotó por nocaut en el séptimo asalto para apoderarse del título welter de la AMB.



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Mike Tyson volverá a combatir ante Roy Jones Jr. | Las dos leyendas del boxeo chocarán a ocho asaltos el 12 de septiembre



En las últimas semanas se mencionaba la posibilidad de que Mike Tyson regresara al boxeo. Y este jueves, el propio ex campeón de los pesados lo hizo oficial con un combate que tocará las fibras de los nostálgicos del deporte, ya que su rival para el retorno será Roy Jones Jr, uno de los mejores púgiles de la década del 90.

A través de un video publicado en sus redes sociales, Tyson, de 54 años, confirmó que regresará al cuadrilátero el 12 de septiembre ante Jones Jr. “I’m back”, escribió Iron Mike, un tremendo noqueador que dominó la categoría pesados en los 80 y 90. Pero lo impactante de su anuncio es que no regresa ante un partenaire de segundo orden.

Roy Jones Jr. estuvo considerado el mejor boxeador libra por libra a fines de los 90, cuando llegó a reinar desde la categoría mediano hasta en los pesados. Más allá de un breve retiro, Jones Jr. continuó boxeando de forma esporádica hasta 2018, cuando peleó y venció a Scott Sigmon. En total, tiene un récord de 66 victorias con 47 nocauts y nueves derrotas, aunque llegó a tener una marca de 49-1 en el apogeo de su carrera.

Tyson, campeón del mundo de los pesados entre 1985 y 1990, tiene una marca de 44 triunfos, con 39 nocauts, y cinco caídas. Su última pelea fue en 2005, cuando perdió con el ignoto irlandés Kevin McBride.





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