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Alberto Manguel, piedra libre para el personaje que se esconde detrás de los libros

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Cómo trabaja la Biblioteca Nacional en tiempos de pandemia

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Juan Sasturain: “Una biblioteca es el residuo histórico de nuestra biografía”

Juan Sasturain: “Una biblioteca es el residuo histórico de nuestra biografía”

El director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno asegura que esa institución es el reflejo de nuestra historia como nación y que dirigirla es cumplir “el sueño del pibe”: tener todos los libros. Un funcionario con sentido del humor y sin almidón.

15 de Marzo de 2020

Con el diluvio del miércoles no fue una tarea fácil llegar a la Biblioteca Nacional para entrevistar a su director, Juan Sasturain. El tránsito estaba tan complicado que dio tiempo para las reflexiones intrascendentes: qué curioso que el edificio de una biblioteca responda a un estilo arquitectónico llamado “brutalismo”. Al llegar, erguida sobre sus pilotes de cemento bajo la lluvia, la biblioteca parecía un arca de Noé en reparación empeñada en salvar al país escrito.
Sasturain, el menos formal y el más divertido de todos los funcionarios, recibió a Tiempo Argentino en su despacho presidido por la bandera nacional. También allí llovía, o al menos el agua se filtraba por algún lado form…
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Horacio González: “Lo que produjo el macrismo es el fin del espíritu”

Horacio González: “Lo que produjo el macrismo es el fin del espíritu”

Referente insoslayable de la cultura argentina, pensador original, integrante de disuelto grupo Carta Abierta, el exdirector de la Biblioteca Nacional, dialogó con Tiempo Argentino sobre diversos temas relacionados con el país y la cultura.
(Foto: Pedro Pérez)

9 de Febrero de 2020

Horacio González es, sin duda, uno de los intelectuales más lúcidos, a lo que suma una permanente disposición a la acción. Su gestión al frente de la Biblioteca Nacional durante el gobierno de Cristina Kirchner dejó una huella profunda. Durante ese período la institución abrió sus puertas a un grupo mucho más amplio que el habitual. No sólo se amplió significativamente el horario de atención, sino que se multiplicaron los eventos culturales con un criterio más amplio que el académico. La muestra-homenaje dedicada a Luis Alberto Spinetta fue un ejemplo paradigmático de su apertura.
Por otra parte, durante su gestión, la actividad editorial de la Biblioteca se multiplicó, rescatando publicaciones fundamentales de la cultura argentina que ninguna editorial comercial estaría dispuesta a editar. Se rescataron, además, partituras de músicos argentinos que se concretaron en ediciones discográficas.
En esta nota, una radiografía cultural de la Argentina actual.

–¿Cómo podría sintetizar lo que nos pasó culturalmente en estos cuatro años de macrismo?

–El macrismo tuvo un gran poder de destrucción en todas las esferas donde colocó su impronta. El desmantelamiento del aparato productivo argentino es notorio. Quizá sea menos notorio o más difícil de percibir, aunque para algunos fue muy evidente, el grado de desfibramiento del mundo cultural e intelectual que produjo. Pero cuando en el mundo cultural se presenta “un abismo profundo y oscuro”, como diría Dante Alighieri, ese abismo puede ser un estímulo para la creación.
–¿Y fue así en este caso?

–Sí, de hecho hubo muchas obras y la inquietud crítica de carácter intelectual y moral nunca ha desaparecido. Nadie dejó de pensar y quien tenía cosas para decir desde el punto de vista de su poética, de su escritura o del espectáculo, lo dijo. De todos modos, se extendió por todo el país una atmósfera tenebrosa.
–¿Cuál fue la característica de la cultura macrista?


–El aspecto institucional de la cultura macrista trajo una lógica empresarial al gobierno, un mensaje de disolución de instituciones públicas y presentó como un logro para el país el encadenamiento al mundo de las grandes ficciones financieras. Sin embargo, todo eso tarde o temprano va a ser registrado por el arte y la vida cultural argentina como un modo de respuesta, porque el arte y la vida intelectual tienen en su propia esencia, precisamente, indagar sobre lo lúgubre. Entiendo lo que llamamos macrismo como una especie de danza chistosa sobre una plataforma que parece sustentable pero que, sin embargo, nos induce a pensar en un mundo muy resquebrajado. Lo representa simbólicamente el modo en que Macri bailaba sobre las desgracias que él mismo producía, su tipo de sonrisa, su modo de manejar un cuerpo desencajado danzante sobre las desazones de las desigualdades, de los resultados que afectaban a la vida pública, institucional, cultural.
–¿Con qué concepción de lo que debe ser hoy una biblioteca asumió su cargo al frente de la Biblioteca Nacional?

–En primer lugar, quiero decir que la presencia de Juan Sasturain en la Biblioteca Nacional es la más adecuada para proseguir lo que haya podido tener de bueno la gestión de la que formé parte y de la que participaron muchas personas que hicieron una gran tarea. Muchas de ellas están trabajando hoy con Sasturain. Conozco a Juan y a la gente que trabajó conmigo y ahora con él. Confío mucho en él para proseguir con lo que se hizo en estas nuevas condiciones de escasez, de carencia y de la rareza de esta situación. Creo que con su dirección la Biblioteca va a poder recrearse del mundo macrista que tuvo dos expresiones muy oscuras. Una es la de Alberto Manguel y otra la de la señora que lo siguió en la dirección, Elsa Barber.
–¿Cómo definiría sus gestiones?


–Como gestiones de tipo empresarial basadas en el contacto con empresas privadas, con un estilo privatizador. El estilo de Manguel fue un estilo pomposo y vacío. Él escribió un buen libro sobre la historia del libro, pero su estilo es el del neoliberalismo cultural que ha perdido las aristas de la crítica y la posibilidad de ver las bibliotecas nacionales del mundo, que son viejos artefactos del siglo XIX, en su capacidad de recrearse. Más bien las ve como lugares donde hacer negocios reclinados sobre la posibilidad de que las grandes empresas pongan su óbolo como esponsors. Son lugares de la cultura nacional esponsoreados por grandes empresas que de este modo se convierten en órdenes mendicantes. Eso fue Manguel y eso fue Barber, sin que esto signifique hablar mal de ellos como personas.

...


–¿Y cómo considera usted las bibliotecas nacionales?


–Son viejas instituciones, muchas de ellas milenarias, como la biblioteca de Alejandría, que en el mundo tecnológico de hoy sólo parecen lugares obsoletos destinados a guardar libros y archivos. Estos viejos artefactos no tienen que quedar enmohecidos, sino que hay que revivirlos a través de la vida cultural que incluye la vida bibliotecaria, la catalogación de libros y el software. Pero eso no significa que la vida empresarial deba ser trasladada a las bibliotecas. También hay que tomar en cuenta las industrias culturales, siempre y cuando tengan la capacidad de recrearse y de tener la pepita de oro intelectual en su seno. Sin eso la industria cultural también se convierte en una industria apática. No hay industria cultural sin crítica cultural. La película coreana Parásitos se refiere a la industria cultural coreana y muestra lo que puede pasar en un país si se deja el espíritu de la crítica de lado. Me animaría incluso a hablar de la espiritualidad de la crítica, porque sin esa espiritualidad de la crítica no hay industria cultural que pueda salvar a un país. Una biblioteca nacional no puede ser un lugar no espiritualizado, aunque tenga una buena catalogación, una buena digitalización. Y lo que produjo el macrismo fue el fin del espíritu.
–Durante su gestión la Biblioteca estuvo abierta a todo el mundo, se multiplicaron los actos culturales, las exposiciones de todo tipo…


Sí, pero me pueden decir que no me preocupé por la digitalización, lo que no es cierto. Lo que sí hice es tratar de que no tuviera que ver con las grandes empresas como Google. Francia estaba a la cabeza de la discusión de quién digitaliza el patrimonio mundial. España terminó firmando un acuerdo con Google y luego también lo hizo Francia. Argentina siempre estuvo a punto de hacer un acuerdo y en algún momento lo hará. Pero una vez que lo hacés, el control de la cultura mundial queda a cargo de Google. Ese es un problema que el gobierno argentino debe tener en cuenta. La Argentina no puede digitalizar ahora todo su patrimonio, pero podrá en algún momento, pero con un software libre, con la universidad argentina. Creo que la biblioteca estaría en condiciones de hacer digitalizaciones sin someterse al imperio mundial de la globalización que es Google. Durante mi gestión no se pudo hacer porque la subdirectora Barber, que pesó mucho, estaba vinculada a empresas internacionales.
–Usted será el encargado de dar este año el discurso inaugural de la Feria del Libro. Esto viene precedido de la discusión que planteó cuando la abrió Vargas Llosa. Si no recuerdo mal, tenía que ver con el hecho de que era tradición que la Feria fuera inaugurada por un escritor argentino. ¿Eso lo condiciona de alguna manera?

–Quiero aclarar que mi reacción no tuvo que ver con eso. A muchas ferias del libro de otros países las abren escritores que no son de ese país. La Argentina no tendría por qué ser la excepción. Una cosa que me parece central en el caso de Vargas Llosa es que es un gran escritor, a pesar de que ya no escribe como en los tiempos de Conversación en la catedral o La ciudad y los perros. Hoy es un escritor de la globalización que no ha perdido su condición de gran escritor. Yo no me opuse a que abriera la Feria como escritor, pero sí como escritor de la fundación que lo traía, como escritor del neoliberalismo y la globalización. Como joven lector del joven Vargas Llosa lamenté mucho tener que decir lo que dije. El de Vargas Llosa no es un problema fácil y tampoco lo es que este año abra yo la Feria porque alguien puede volver sobre ese tema que señalaste. Los grandes diarios, por su parte, dirán que abrió la Feria alguien que quiso ejercer la censura, lo que no es así porque jamás negué que Vargas Llosa fuera un gran escritor. Hay grandes escritores de derecha a los de izquierda. Es bien conocido que Rodolfo Walsh aprende a escribir con Borges.
–¿Por qué se disolvió Carta Abierta?

–Lo decidimos entre muchos, era un grupo que ya tenía diez años y se repetía. De las 400 personas iniciales quedaron unas 60. No sé si era bien visto por al nuevo gobierno que iba a asumir, pero creo que quedó su espíritu y muchas personas que estarían dispuestas bajo a otras formas a seguir inspiradas en la crítica cultural. Hoy dentro del gobierno hay mucha gente importante de la cultura y creo que de ahí tiene que salir algo. También creo que debe haber algo fuera del gobierno para acompañarlo y para generar un pensamiento innovador que tenga dimensiones filosóficas, metafísicas, culturales destinadas a pensar la industria y pensar la producción, las industrias culturales, el cine como problemas culturales. Es un gobierno que no puede fracasar, pero que tiene que navegar en un mar de tormentas, por lo que, que haya cultura crítica dentro y fuera de él, me parece importante.
–¿Y cómo considera usted las bibliotecas nacionales?

–Son viejas instituciones, muchas de ellas milenarias, como la biblioteca de Alejandría, que en el mundo tecnológico de hoy sólo parecen lugares obsoletos destinados a guardar libros y archivos. Estos viejos artefactos no tienen que quedar enmohecidos, sino que hay que revivirlos a través de la vida cultural que incluye la vida bibliotecaria, la catalogación de libros y el software. Pero eso no significa que la vida empresarial deba ser trasladada a las bibliotecas. También hay que tomar en cuenta las industrias culturales, siempre y cuando tengan la capacidad de recrearse y de tener la pepita de oro intelectual en su seno. Sin eso la industria cultural también se convierte en una industria apática. No hay industria cultural sin crítica cultural. La película coreana Parásitos se refiere a la industria cultural coreana y muestra lo que puede pasar en un país si se deja el espíritu de la crítica de lado. Me animaría incluso a hablar de la espiritualidad de la crítica, porque sin esa espiritualidad de la crítica no hay industria cultural que pueda salvar a un país. Una biblioteca nacional no puede ser un lugar no espiritualizado, aunque tenga una buena catalogación, una buena digitalización. Y lo que produjo el macrismo fue el fin del espíritu.
–Durante su gestión la Biblioteca estuvo abierta a todo el mundo, se multiplicaron los actos culturales, las exposiciones de todo tipo…


Sí, pero me pueden decir que no me preocupé por la digitalización, lo que no es cierto. Lo que sí hice es tratar de que no tuviera que ver con las grandes empresas como Google. Francia estaba a la cabeza de la discusión de quién digitaliza el patrimonio mundial. España terminó firmando un acuerdo con Google y luego también lo hizo Francia. Argentina siempre estuvo a punto de hacer un acuerdo y en algún momento lo hará. Pero una vez que lo hacés, el control de la cultura mundial queda a cargo de Google. Ese es un problema que el gobierno argentino debe tener en cuenta. La Argentina no puede digitalizar ahora todo su patrimonio, pero podrá en algún momento, pero con un software libre, con la universidad argentina. Creo que la biblioteca estaría en condiciones de hacer digitalizaciones sin someterse al imperio mundial de la globalización que es Google. Durante mi gestión no se pudo hacer porque la subdirectora Barber, que pesó mucho, estaba vinculada a empresas internacionales.
–Usted será el encargado de dar este año el discurso inaugural de la Feria del Libro. Esto viene precedido de la discusión que planteó cuando la abrió Vargas Llosa. Si no recuerdo mal, tenía que ver con el hecho de que era tradición que la Feria fuera inaugurada por un escritor argentino. ¿Eso lo condiciona de alguna manera?

–Quiero aclarar que mi reacción no tuvo que ver con eso. A muchas ferias del libro de otros países las abren escritores que no son de ese país. La Argentina no tendría por qué ser la excepción. Una cosa que me parece central en el caso de Vargas Llosa es que es un gran escritor, a pesar de que ya no escribe como en los tiempos de Conversación en la catedral o La ciudad y los perros. Hoy es un escritor de la globalización que no ha perdido su condición de gran escritor. Yo no me opuse a que abriera la Feria como escritor, pero sí como escritor de la fundación que lo traía, como escritor del neoliberalismo y la globalización. Como joven lector del joven Vargas Llosa lamenté mucho tener que decir lo que dije. El de Vargas Llosa no es un problema fácil y tampoco lo es que este año abra yo la Feria porque alguien puede volver sobre ese tema que señalaste. Los grandes diarios, por su parte, dirán que abrió la Feria alguien que quiso ejercer la censura, lo que no es así porque jamás negué que Vargas Llosa fuera un gran escritor. Hay grandes escritores de derecha a los de izquierda. Es bien conocido que Rodolfo Walsh aprende a escribir con Borges.
–¿Por qué se disolvió Carta Abierta?

–Lo decidimos entre muchos, era un grupo que ya tenía diez años y se repetía. De las 400 personas iniciales quedaron unas 60. No sé si era bien visto por al nuevo gobierno que iba a asumir, pero creo que quedó su espíritu y muchas personas que estarían dispuestas bajo a otras formas a seguir inspiradas en la crítica cultural. Hoy dentro del gobierno hay mucha gente importante de la cultura y creo que de ahí tiene que salir algo. También creo que debe haber algo fuera del gobierno para acompañarlo y para generar un pensamiento innovador que tenga dimensiones filosóficas, metafísicas, culturales destinadas a pensar la industria y pensar la producción, las industrias culturales, el cine como problemas culturales. Es un gobierno que no puede fracasar, pero que tiene que navegar en un mar de tormentas, por lo que, que haya cultura crítica dentro y fuera de él, me parece importante.

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Juan Sasturain: “Ésta va a ser la biblioteca de todos”

Juan Sasturain: “Ésta va a ser la biblioteca de todos”

En un clima de euforia general, el nuevo director presentó ante la prensa los lineamientos de su gestión con un sentido del humor poco usual. 

(Foto: Twitter Biblioteca Nacional)

13 de Febrero de 2020

Parafraseando la famosa novela de Ernest Hemingway, esta nota podría tener por título “La Biblioteca Nacional era una fiesta”. El miércoles casi a las 19:30, media hora después del horario anunciado, comenzó el acto convocado por el nuevo director de la Biblioteca Nacional (BN), Juan Sasturain, y que fue calificado por los organizadores como “conferencia de prensa” aunque en rigor, y por suerte, no fue tal cosa.

La prensa era solo una parte de la concurrencia. El resto estaba conformado por exfuncionarios del gobierno kirchnerista, artistas, figuras de la cultura y gente cercana a la BN y a su nuevo director. Entre ellos se contaron el exdirector Nacional de Industrias Culturales Rodolfo Hamawi, los editores Daniel Divinsky, Paola Lucantis y Julieta Obedman; los escritores Alvaro Abos, Pablo de Santis, Vicente Battista, Luisa Valenzuela, Claudia Piñeiro, Elsa Osorio; la directora del Plan Nacional de Lecturas, Natalia Porta López; el músico Tata Cedrón, y el director del Museo Nacional de Bellas Artes, Andrés Duprat.

Lo más significativo fue que, terminadas las exposiciones, se dio por concluido el acto sin que la prensa formulara preguntas. Lo que sucedió nada tenía que ver con esa práctica periodística formal y un tanto soporífera mediante la cual funcionarios u otro tipo de figuras públicas hacen anuncios respecto de su gestión. El clima de euforia era generalizado y Juan Sasturain lo reforzó con una exposición tan divertida y con tal naturalidad que no cesó de arrancar carcajadas.

Acompañado en la mesa por la nueva vicedirectora de la BN Elsa Rapetti; Gillermo David del área de Dirección de Coordinación Cultural y Roberto Arno, director de Coordinación Administrativa, comenzó diciendo: “Estoy muy contento de estar acá rodeado de amigos, que no es poco. Amigos sentados al lado mío, amigos enfrente y a los costados. Para eso hemos hecho este acto. Esto es más un cumpleaños que otra cosa”. Por un pequeño problema de salud estaba ausente Horacio González que, como se había anunciado hacia muy poco, volverá a la BN para hacerse cargo del sector editorial. “Antes de aceptar la propuesta –dijo Sasturain- me aclaró cuatro veces que lo haría ad honorem”.

También faltó a la cita María Moreno, quien estará al frente del Museo del Libro y de la Lengua. “Tristán”, dijo Sasturain refiriéndose al ministro de Cultura Tristán Bauer, “no vino porque esta no es una ceremonia oficial y no corresponde, pero como él mira las resoluciones oficiales y esas cosas, me dijo que todavía no estamos nombrados. De modo que esta banda de impostores –dijo refiriéndose a quienes lo acompañaban en la mesa- está esperando que me nombren a mí para que yo los pueda nombrar. Pero nosotros somos de la estirpe de uno de los personajes de nuestros grandes narradores, el ingenioso hidalgo Eduardo Belgrano Rawson, que le hace decir a uno de sus personajes: ‘Vayamos fusilando mientras llega la orden’. Este año lo vamos a convocar para que hable de sus parientes. Quién puede llamarse Belgrano Rawson, dos calles en un solo apellido.”

Antes de informar sobre los lineamientos que tendrá su gestión al frente de la BN, dijo haber visto a varios con saco, lo que lo hizo recordar lo que decía un amigo suyo: “A varios no les conocía el saco. Se los vi hoy por primera vez. Me acordé de lo que decía mi amigo, el gordo Eduardo Chimirri, un personaje extraordinario: ‘siempre hay que tener un saco para asumir’. Aunque uno esté en la lona siempre tiene que tener un saco para asumir. ¿Asumir qué? Lo que te toque. Por ahí alguien se equivoca y te hace asumir en algún lado. Yo siempre tengo un saco, pero no pensé que iba a tener que usarlo en estas circunstancias”.

A continuación contó que dos días antes había tenido una reunión similar con todo el personal de la BN en la que hizo algo similar a lo que estaba haciendo en ese momento: presentarse y presentar a quienes lo acompañarán. “Lo primero que quiero decir es que nos debemos a las personas que trabajan con nosotros. Aquí laburan 800 tipos, una barbaridad. Yo soy aquí el único paracaidista. Ellos son los que saben. Por lo que he pasado del ataque de pánico a una serena inconsciencia que es la que rige mi pensamiento en este momento”.

Más adelante agregó: “Conservar los puestos de trabajo es una garantía que les hemos dado a todos aquellos que están aquí (…) La prioridad va a ser –y voy a usar una palabra tonta- que el capital humano no se desvalorice y que podamos mejorar las condiciones de aquellos que están más relegados que otros no poniendo cargos por arriba en lo que se llama la raviolera, sino dándoles un poco más de aire a aquellos que más lo necesitan. Con lo cual no inventamos nada, porque ése es el espíritu que alienta al gobierno y a las políticas nacionales con las que estamos totalmente identificados. Yo estoy acá básicamente porque le creo a Alberto”.

Más tarde agregó: “Sin hacer balances retrospectivos, porque una de nuestras consignas es no llorar ni hacia adentro ni hacia afuera, queremos sacarle el jugo a la biblioteca, recuperar aquellas zonas que se habían dejado secar por abandono o por negligencia, por una pseudo política cultural mal entendida. Esto abarca tanto un aspecto groseramente edilicio que no es algo tan importante como aspectos sí muy importantes que tienen que ver con la gestión, con la creatividad cultural”.

Sasturain ubicó al Museo del Libro y de la Lengua en una de esas áreas de abandono que ya se está haciendo funcionar. También el área editorial volverá a trabajar a pleno. “A lo largo de la gestión de González –afirmó- se convirtió en la única editorial del Estado que generaba textos en forma sistemática y valiosa. Se editaron 400 títulos que no eran publicaciones formales que luego no circulan. Las condiciones, obviamente, no son las mismas porque las posibilidades de editar esos volúmenes en este momento están muy restringidas respecto de las que existieron casi una década atrás.”

La mención de Horacio González a cargo de esa tarea generó aplausos de todos los presentes.

Otro anuncio fue el regreso a la Feria del Libro no con un stand propio porque es muy caro, sino dentro del de Cultura y Educación. “Nunca tendríamos que haber dejado de ir. Fue una vergüenza que la Biblioteca no estuviera en la Feria”.

Por último anunció que se están haciendo las gestiones necesarias para que el histórico anexo de la BN de la calle México, tan asociado con las figuras de Groussac y de Borges, siga formando parte orgánica de la biblioteca.

Antes de dar la palabra a quienes lo acompañaban en la mesa, Sasturain expresó que “esta va a ser la biblioteca de todos, es absolutamente para todos. Van a estar todos los tipos de pensamiento, vamos a estar los de un palo y del otro palo y los que se excluyan será por su propia voluntad. Los cursos que hagamos y los debates van a estar abiertos a la riquísima diversidad del pensamiento argentino. Vamos a trabajar con todas las instituciones, las afines y no tan afines, instituciones públicas y privadas, trabajaremos con la Ciudad de Buenos Aires con la que tenemos muchas cosas por hacer juntos como con la provincia y las entidades privadas”.

Rapetti se refirió a su larga trayectoria en la BN, del momento en que el edificio aún no estaba del todo terminado y tenían que transportar los libros en grandes bolsas. ”Esta va a ser la gestión de Juan y yo quiero que la gestión de Juan brille”. Anunció que “están empezando a llegar 7.000.000 de dólares que obtuvimos de un crédito que nos otorgaron para obras y equipamiento. Lo va a pagar Nación a lo largo de 20 años y lo vamos a usar para que la Biblioteca deje de ser esa gran biblioteca de la ciudad de Buenos Aires y empiece a tener un concepto más federal recuperando esto de ‘nacional’ pero desde la federalización con todas las instituciones del país”.

Arno contó que había desempeñado el cargo para el cual se lo convocó nuevamente, entre 2006 y 2015, durante la gestión de Horacio González. “En ese momento –afirmó- también nos tocó recibir una biblioteca bastante golpeada y entre todos la fuimos poniendo, como dijo Elsa, a la vanguardia de Latinoamérica. Este nuevo desafío hay que enfrentarlo con lucidez, con entereza y con pasión, porque sin pasión no se llega a nada”.

David puso el foco en el objetivo fundamental de la Biblioteca que es “formar lectores, porque sin lectores no hay Nación” y caracterizó el presente, luego de cuatro años oscuros para la Biblioteca y la Nación, como un “momento de peligro y en  los momentos de peligro, como decía Walter Benjamin, se acrecientan nuestras potencialiades.”

Terminadas las exposiciones que fueron breves, el público permaneció en la sala mucho tiempo conversando y, sobre todo, festejando ese cumpleaños sui generis que desplazó a la anunciada conferencia de prensa.

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