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Masacre de Ayotzinapa: “La herida sigue abierta y el dolor es cada vez más fuerte”

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En México hay 62 mil desaparecidos

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Christian Rodríguez, el bailarín de los botines blancos

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“Hemos roto el pacto de impunidad y silencio que rodeaba al caso Ayotzinapa”

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Una BOA para asfixiar a AMLO

Una BOA para asfixiar a AMLO

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AMLO, el COVID-19 y la mexicana costumbre de no brincar cuando el suelo es tan parejo

AMLO, el COVID-19 y la mexicana costumbre de no brincar cuando el suelo es tan parejo

(Foto: AFP)
Por Arsinoé Orihuela Ochoa
Periodista

30 de Marzo de 2020

¿Por qué AMLO no hace nada para frenar la propagación del COVID-19? ¿Por qué AMLO desfila, al lado de Donald Trump y Jair Bolsonaro, en la infame lista de los jefes de nación que minimizan la pandemia? ¿Por qué AMLO, si es un presidente del llamado “campo nacional-popular”, prioriza a los mercados por encima del pueblo? ¿Por qué AMLO no paraliza al país, decreta la cuarentena y suspende la actividad económica?

Cuando fui abordado con tales preguntas por colegas argentinos y brasileños, que a la distancia juzgaban con cierto azoro la presunta “inacción” del gobierno mexicano en relación con la crisis sanitaria, respondí a botepronto con el acostumbrado estribillo elusivo: “fábulas de la prensa fifí”. Para asombro de quien escribe, los compañeros del sur me increparon advirtiendo que la corriente de opinión adversa a AMLO y sus (in)disposiciones provenía de la propia prensa crítica e independiente, y no de los rumorólogos a sueldo. Por ellos –los compañeros–, arriesgo algunas consideraciones a modo de respuesta.

Primero, es importante recordar que, en el renglón comunicacional, México fue el primer país en establecer un protocolo de actualización relativo al COVID-19 de frecuencia diaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció públicamente al gobierno mexicano por esta notable contribución. Ciertamente, la figura de la conferencia de prensa matutina –o “mañanera”– permite agilizar la circulación de información en tiempos de crisis o emergencia. Pero el gobierno de AMLO, sin demora o cálculo político, acudió a personal profesional, técnico y científico para comunicar e informar a la población. Allí radica el mérito, en la diligencia. Desde que estalló la epidemia, el gobierno mexicano dispuso dos instancias de información diarias: una cápsula en la “mañanera”, y una conferencia nocturna, exclusiva de COVID-19. En este sentido, no hubo negligencia o negacionismo, como si es posible presumir –verificar– en el caso de los Estados Unidos, en donde el presidente Donald Trump transitó de la trivialización al alarmismo, y asumió irresponsablemente –hasta donde la retórica le bastó– el mando de las comunicaciones, llegando al extremo de autocelebrar sus presuntos conocimientos científicos, “herencia de un lejano tío que fue un emérito académico” (sic). Por cierto –y apenas para el registro– cabe señalar que los mexicanos en Estados Unidos acuden a las fuentes oficiales de México, por oposición a los medios locales o estadounidenses, para indagar información sobre el avance de la pandemia.

Ahora bien, lo cierto es que el plan de AMLO sí es diferente: apuesta a una ralentización a mediano-largo plazo, y no a la ultracontención que ensayaron algunos países desde el primer contagio o caso de infección. La premisa sobre la que descansa el plan es que resulta imposible frenar el brote, y que tal intento apenas maniataría social y económicamente al país. AMLO acude constantemente al recuerdo del H1N1 o Influenza A de origen mexicano, que coincidentemente se produjo en el contexto de otra crisis económica: la financiera de 2008-2009. En esa ocasión, las

tradicionales medidas de contención –que a menudo propician conductas de pánico– no evitaron la propagación, y sí, en cambio, contribuyeron a hundir al país en un estancamiento irreparable, y que devastó a las micro y pequeñas empresas, y arrojó a millones de mexicanos a la informalidad. Por cierto, México es uno de los países con índices de empleo informal más altos del mundo. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la tasa de informalidad laboral en México alcanza cerca de 60% de la población ocupada. Quizá en Estados Unidos tenga un efecto notoriamente más comprensivo la estrategia de enviar al trabajador a su casa con goce de sueldo. En México, esta disposición tendrá un impacto muy acotado, ya que la mayoría de las personas –literalmente– sale a ganarse la vida a la calle cada día y todos los días. En otras palabras, la precaución que atraviesa al plan es que el remedio (protocolo anti-COVID-19) no resulte a la postre más costoso socialmente que la propia enfermedad. Confieso que también tengo ciertas reservas sobre la pertinencia del diseño de acción oficial. Tan sólo me interesa registrar el razonamiento que rige el dispositivo gubernamental, y que –esto sí es crucial recalcar– en ningún sentido denota negligencia, descuido, omisión o minimización (A modo de glosa marginal, tal crítica sí es razonable, acaso urgente, en el renglón de la violencia e inseguridad: 2019 es el año más violento en la historia del país, y en México asesinan a un promedio de 100 personas al día. Allí no hay excusa. La tierra de AMLO continúa siendo un holocausto en cámara lenta).

Ahora, a pesar de la singularidad del “plan mexicano”, en lo general la estrategia gubernamental adhiere lealmente el protocolo de la OMS. Apenas esta semana, México declaró oficialmente la fase dos de la contingencia (transmisión comunitaria del coronavirus). Con esta medida, entra en vigor la Jornada Nacional de Sana Distancia, prevista del 23 de marzo al 19 de abril, y que pone en marcha los dispositivos restrictivos que corresponden a la segunda fase: a saber, la cuarentena, encierro y desmovilización masiva de la población. Hay que resaltar que el país entra a esta fase muy lejos del escenario de propagación vertiginosa que enfrenta Estados Unidos, Italia, España o, en menor escala, Brasil. De hecho, el reporte actualizado, relativo al caso mexicano, registra apenas 475 casos confirmados y 6 muertos, incluso menos que Argentina. No obstante, el énfasis, como en otros países, se desplaza a medidas generalizadas de distanciamiento físico y cuidado prioritario de las poblaciones de riesgo. Al respecto, AMLO anunció: “[…] firmo un decreto para que tanto en el sector público como privado se dé permiso a los adultos mayores para que puedan estar en sus casas con goce de sueldo”. Muy diferente de Jair Bolsonaro en Brasil, que, apenas unos días atrás, mandó una propuesta para suspender los salarios de los trabajadores públicos durante cuatro meses.

Básicamente, lo que quiero destacar es que las medidas drásticas de desmovilización ciudadana y paralización económica no significan a priori o necesariamente la única respuesta “prudente” o “humana”. Lo esencial está en los detalles de las estrategias, y acaso en las singularidades de cada caso-país. Reproducir o importar de manera mecánica los protocolos de otros países no es exactamente adecuado. Y, lo cierto es que, en México, así como atesoramos un amplio conocimiento en materia de desastres sísmicos y protocolos de rescate (los “topos” mexicanos son altamente valorados en el mundo), también somos expertos en calamidades epidemiológicas. Es posible esperar que la población responda favorablemente a la crisis, no sin cierta heterodoxia.

El conjunto de razones arriba expuestas, quizá ayuden a explicar –o no, eso lo dejo a criterio del lector– por qué AMLO y los mexicanos ensayan y proyectan un relativo sosiego en el medio de la catástrofe sanitaria, y que –insisto– no corresponde confundir con inacción o negligencia. Entonces, si las cosas están más o menos bajo control –claro, apenas el control que permite una contingencia– cumple preguntar: “¿Para qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo?”

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La Corte de EEUU rechaza la demanda de la familia de un chico mexicano asesinado por un guardia fronterizo

La Corte de EEUU rechaza la demanda de la familia de un chico mexicano asesinado por un guardia fronterizo

El caso data de julio de 2010, entre Ciudad Juárez y El Paso, cuando un agente de origen hispano mató a Sergio Hernández, de 15 años, quien jugaba con unos amigos en el lecho del río Bravo. El policía alegó que querían ingresar de manera ilegal al país o contrabandear droga. El caso fue controvertido porque el disparo fue desde territorio estadounidense y el muchacho estaba en suelo mexicano. Fallo pedido por Trump pero con venia de Obama.

(Foto: AFP)

26 de Febrero de 2020

Un ajustado fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que satisface el paladar xenófobo de Donald Trump indigna a los mexicanos y plantea una controversia internacional. El caso era la última instancia en una demanda judicial por el asesinato de un chico mexicano de 15 años a manos de un guardia fronterizo -de origen hispano- en el cauce del Río Bravo, entre Ciudad Juárez y El Paso, en julio de 2010. Entre las aristas que los legalistas encuentra en la decisión de rechazar la demanda de los familiares del menor, figuran que con este fallo, para el supremo tribunal de esa nación, en la frontera no rige la Constitución. Pero sobre todo, critican que protege a un agente estatal que atacó a un ciudadano mexicano del otro lado de la frontera.

Los hechos crudos indican que Sergio Adrián Hernández Güereca jugaban en el canal del rio, que a esa altura del año estaba seco. La diversión consistía en correr hasta el lado de EEUU y volver a México. Travesuras de muchachos de entre 14 y 16 años que viven en esa región asolada por la violencia.

El caso es que ese día tuvieron la mala suerte de cruzarse con Jesús Mesa Junior, de quien no hay mayores datos en el fallo. En algún momento Mesa intentó detener a uno de los niños y el resto, entre ellos Sergio, cruzaron hacia el área mexicana. Mesa desenfudó su arma reglamentaria y disparó. Sergio cayó herido por un balazo que le atravesó la cara. Cuando llegaron los médicos del servicio de urgencias, ya estaba muerto.

El agente declaró que no estaban jugando sino que, para él, o estaban intentando introducir drogas en EEUU o querían cruzar de manera ilegal. No hubo pruebas de ninguna de estas sospechas. 

La causa atravesó todos los estamentos judiciales de EEUU y en esos estrados obtuvo el apoyo de organizaciones defensoras de los derechos civiles. Hasta que la causa, luego de los vaivenes normales en la justicia, llegó al máximo tribunal. 

Esta corte es de las más conservadoras que se recuerde en la historia de Estados Unidos.

Podés ver antecedentes acá: Un cambio que pone en riesgo el derecho al aborto…

Y también acá: Trump contra Soros en defensa de su candidato a la Corte…

El 6 de octubre de 2018 Brett Kavanaugh logró la nominación e inclinó la balanza en contra de los jueces más políticamente liberales. Precisamente el fallo en el caso Hernández Vs. Mesa Jr repite este esquema: el dictamen fue de 5 a 4 por denegar el derecho a litigar a los familiares en EEUU, alegando que el crimen no se cometió dentro de territorio estadounidense. Y que por lo tanto el chico no estaba protegido por las leyes estadounidenses.

Esto tira la pelota hacia el gobierno de México, que no parecía tener demasiadas esperanzas en torcer el rumbo que se avizoraba para el proceso. Cuando empezó a rodar el caso, hacía poco más de un año que estaba en la Casa Blanca Barack Obama y mantenía un cierto discurso aperturista. Sin embargo, en 2012 el Departamento de Justicia, la fiscalía local, el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional informaron que no presentarían cargos contra Mesa Jr. El comunicado afirmaba que para semejante determinación “tuvo en cuenta pruebas que indicaban que las acciones del agente constituían un uso razonable de la fuerza o constituirían un acto de autodefensa en respuesta a la amenaza creada por un grupo de contrabandistas lanzando piedras al agente y a su detenido”.

Del otro lado de la frontera, en cambio, en 2010 estaba Felipe Calderón, muy cercano a los intereses de los sectores más conservadores de EEUU y con pocas ganas de salir en defensa del ciudadano. Porque en verdad, el caso debería haberse presentado como un incidente internacional ya que nadie niega que el chico fue baleado desde territorio estadounidense pero estaba en suelo mexicano.Por mucho menos que eso se han iniciado guerras en la historia de la humanidad. precisamente desde la administración de Andrés Manuel López Obrador sostienen qué habría pasado si elcaso hubiera sido al revés: un agente meicano que dispara contra niños estadounidenses en territorio estadounidense.

Desde que llegó al Salón Oval, Donald Trump tomó este juicio como un caso testigo y ajustó las clavijas para que todo siguiera el mismo rumbo. Su campaña de 2016 se basó en criminalizar a los mexicanos en particular y los inmigrantes latinoamericanos en general. No daba para cambiar en la Corte lo que venía ocurriendo en los estrados inferiores. Con la nominación de Kavanaugh logró la mayoría derechista que le garantizaba este fallo, que celebró especialmente.

Una crónica de The Huffington Post destaca que el sitio donde cayó Sergio está lleno de grafittis en su memoria. María Guadalupe Güereca, la madre del menor, lo recuerda como un chico muy estudioso que aspiraba a ser militar, mientras que todos los testigos afirman que no había tirado piedras. Que solo participaba de un juego. El agente, mientras tanto, pidió traslado y se mudó de El Paso.

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