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Coronavirus: Meseta en el AMBA y explosión en las provincias | En la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano la presión se redujo, pero en el interior se multiplicó



En Argentina, los contagios totales pasaron los 700 mil y los fallecidos acumulados ya superaron la barrera de los 15 mil. La ocupación de camas en Unidades de Terapia Intensiva se halla en un 61% a nivel nacional y un 66% en el Área Metropolitana, aunque algunas regiones con recursos escasos ya están experimentando colapsos. Los expertos explican por qué llegar al pico es “un asunto político”: aunque se perciba una disminución de las cifras en el AMBA, esto se ve compensado con los incrementos en el interior. El pico nunca se produjo en Argentina, a diferencia de otros países europeos que ya atravesaron su punto álgido de contagios y decesos, y en el presente, en el peor de los escenarios, atraviesan rebrotes. España, Gran Bretaña y Francia constituyen ejemplos en este sentido. De todos modos, los especialistas destacan que en la Argentina la cuarentena permitió evitar el colapso sanitario, manejar mejor los tiempos y sobre todo preparar el sistema para que ningún paciente se quede sin atención.

Meseta alta en el AMBA y explosión en el interior

Durante las últimas semanas, el epicentro de la pandemia se desplazó del AMBA hacia el interior del país. En promedio, la mitad de los contagios diarios pertenece a CABA y al conurbano, mientras que el 50% restante corresponde al resto de las provincias. Distritos como Santa Fe y Córdoba exhiben cifras de infectados diarios mayores a la Ciudad de Buenos Aires, cuando meses atrás eran dos de los centros neurálgicos que más destacaban por su limitada circulación viral pese a su densidad demográfica.

“Hasta hace un tiempo Capital Federal y los primeros cordones del conurbano concentraban el 95% de los casos. Sin embargo, durante las últimas semanas se mantuvieron y no siguieron creciendo; inclusive también puede advertirse una leve tendencia a la baja. Al mismo tiempo, en otras provincias como Santa Fe, Mendoza, Córdoba, La Rioja y Tierra del Fuego la incidencia del virus es altísima”, describe Soledad Retamar, docente e investigadora de la UTN Regional Concepción del Uruguay. El caso de Tierra del Fuego es emblemático: durante la última semana exhibe 300 casos por cada 100 mil habitantes. En marzo fue uno de los distritos más complicados por la cantidad de casos importados, luego logró frenar el avance del virus y flexibilizó las restricciones iniciales. Por último, como última estación de su periplo, desde agosto volvió a los problemas y los números comenzaron otra vez a dispararse.

“Al comienzo, a expensas de los casos importados, la pandemia tuvo su eje en el AMBA mientras que los brotes en las provincias eran de baja intensidad y se podían controlar rápidamente. Hoy la realidad es muy diferente: existe una especie de amesetamiento en el Área Metropolitana con un promedio de mil infectados en CABA y cinco mil en la provincia por jornada, con cierta expectativa hacia la merma porque se ha visto que durante algunos días se registraron números menores en ambas regiones. Mientras tanto en el interior hay una explosión de casos y se transita el momento de máximo aumento”, apunta Leda Guzzi, médica infectóloga de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y referencia en el área.

A continuación, Guzzi comparte unas cifras que –por su contundencia– pueden servir para comprender la avanzada del Sars CoV-2 en Argentina. Del 20 de agosto al 20 de septiembre Tucumán pasó de 837 casos acumulados (desde marzo) a tener 9.253, con lo cual, en un mes multiplicó por nueve la cifra. Al 20 de agosto, Santa Fe acumulaba 4.056 casos y un mes más tarde pasó a registrar 25.518, de modo que en apenas 30 días multiplicó por seis. Córdoba, por su parte, pasó de 5.272 a 18.338 y Mendoza de 4.040 a 18.260. “El principal agravante es que el interior no cuenta con la infraestructura sanitaria que tiene la Capital y la provincia de Buenos Aires. El Ministerio de Salud de Nación está colaborando muchísimo: mandan profesionales, voluntarios para el rastreo y recursos, pero verdaderamente falta. Dios atiende en Buenos Aires, no hay con qué darle”, dice Guzzi.

Desde este punto de vista, Retamar destaca algunos datos para comparar la incidencia de los últimos días. “Mientras CABA ronda los 200 casos cada 100 mil habitantes, Santa Fe tiene 275 aproximadamente. La Rioja también es otra de las provincias con una incidencia muy alta. Jujuy, por su parte, tiene una incidencia de 190 pero viene con un crecimiento sostenido desde hace mucho tiempo; de modo que, como le ocurrió al AMBA hace dos meses, empieza a acumular casos aunque con un sistema de salud muchísimo más precario”, alerta Retamar. Y desde aquí continúa con una reflexión similar a la de Guzzi: “Ninguna provincia en Argentina tiene el sistema sanitario del que dispone la Ciudad de Buenos Aires, entonces, la incidencia que pudieron soportar sus hospitales es muy difícil que la toleren otras”. En localidades de Neuquén y Río Negro, los centros de salud están al borde del colapso, los profesionales suspendieron intervenciones quirúrgicas ya planificadas de antemano y todos los equipos decidieron volcarse al tratamiento de personas con covid-19.

Si el lector se detiene a observar los mapas de despliegue del Sars CoV-2, podrá distinguir un rasgo común subyacente, útil para comprender la expansión del fenómeno: en el interior el virus volvió a propagarse gracias a que muchas personas se dirigían al AMBA –por trabajo, turnos médicos, o lo que fuere– y regresaban a sus distritos de origen ya flexibilizados. De esta manera lo explica Retamar: “La clave para entender es que la gente retornaba a sus provincias y allí gozaban de una reapertura considerable. De este modo, las personas llegaban y se juntaban con familiares y amigos, hacían deportes en clubes y estaban relajadas porque, en verdad, estaban habilitadas a hacerlo. Luego de unos días experimentaban los primeros síntomas y se daban cuenta de que se habían contagiado y habían visto a un montón de contactos en el medio”.

El pico como decisión política

Ante la relativa estabilidad registrada en los últimos reportes, en medios hegemónicos volvió al primer plano el famoso pico. Ese del que se habla desde marzo y que, a pesar de las reiteradas definiciones de la comunidad científica y médica, su concepto –todavía– no parece haber quedado demasiado claro. La propagación viral difícilmente se frene por una cuestión fortuita, de hecho, la única manera para que lo haga es a partir del incremento de las restricciones. Basta con advertir la situación en algunos países europeos con rebrotes semanales.

“La confusión fue desde el inicio. Se anunciaban los picos y se ponían fechas como si eso fuera posible de una manera tan sencilla, como si fuera magia. Los casos no bajan de forma natural, disminuirlos depende de decisiones políticas e individuales. Ahora bien, los comportamientos ciudadanos suelen estar muy ligados a la política: es mucho más peligroso juntarme en un bar a tomar algo que hacerlo en mi casa en donde veo poca gente y todos los recaudos dependen de mí”, reflexiona Retamar. En esta línea, sigue con una hipótesis clara: los picos se diseñan. “Dependen directamente de la política: o bien, no se hace nada y se deja que el sistema se sature solo y llegamos a un momento en que la gente por decisión propia extrema los cuidados; o bien, se disponen acciones restrictivas para que bajen los contagios y se produzcan descensos más abruptos”, comenta.

Guzzi propone una explicación y luego una metáfora para graficar el fenómeno: “Para poder decir que en el AMBA, efectivamente, hay un descenso, la baja debe ser sostenida por lo menos durante dos semanas. Solo de esa manera podremos afirmar que hemos transitado el pico. Por ahora estamos en la puna, con una meseta alta donde la concentración de oxígeno es baja”. Desde su experiencia personal, de cualquier modo, percibe una merma. “En el cotidiano hay menos personas que se acercan a consultar, menos internados y un poquito de menor tensión en el sistema sanitario. Los colegas de CABA y del primer y el segundo cordón metropolitano están de acuerdo en describir una menor presión”, sostiene. Ello puede identificarse a partir del porcentaje de ocupación de camas en el AMBA, ahora estacionado en un 61%, cuando el mes pasado ese porcentaje era mayor y ascendía a 68-70%.

Presencia estatal y responsabilidad ciudadana

Desde que comenzó la pandemia, dos premisas fueron y siguen siendo fundamentales. El aislamiento (ahora distanciamiento) social y el rastreo de contactos estrechos. Esta semana el ministro Ginés González García acompañado de Arnaldo Medina, Secretario de Calidad en Salud, presentaron oficialmente los nuevos test de antígenos para detectar covid-19 y los probaron en distintos barrios de Florencio Varela y Quilmes. Se trata de una herramienta adicional que cuenta con varias ventajas: entrega los resultados en 15 o 20 minutos, no requiere de ningún equipamiento adicional para el procesamiento y la evaluación, y es 10 veces más barato que el realizado por la técnica PCR.

“Tener los resultados rápido permite tomar decisiones rápidas. De manera temprana, la persona sabe si se ha contagiado o no, y ello habilita su aislamiento en centros de salud al instante. Así, esperamos que se corten las cadenas de contagio de una manera mucho más eficiente”, anunciaba Medina el jueves. Con la detección precoz que proporciona esta nueva tecnología será posible, confían desde Salud, combatir la propagación del Sars CoV-2 por todo el AMBA y el interior. En este marco, será clave en las intervenciones que se realizan en los territorios en el marco del Plan Detectar.

Desde hace meses que no hay cuarentena. Por ello, quien todavía sostenga que “Argentina atraviesa la cuarentena más larga del mundo”, falta a la verdad. Para llegar a esta conclusión no se requiere de una investigación demasiado exhaustiva; tan solo alcanza con salir a la calle y advertir en qué se ha convertido “la nueva normalidad”. Casi es igual que la “vieja normalidad” pero con barbijos, pautas de higiene y distancia social. En este escenario, el rol de la comunicación resulta clave: la percepción del riesgo parece haber menguado y si la gente deja de tener miedo puede que se relaje, y si se relaja puede que deje de cuidarse, y si deja de cuidarse se contagia y si se contagia, representa un peligro para el resto. La presencia del Estado puede ser muy marcada, pero en cualquier caso se requerirá de la responsabilidad ciudadana, si el propósito es revertir este escenario.

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Coronavirus: Las claves de la estabilidad en el AMBA y la disparada de casos en las provincias | La nueva fase de la pandemia en la mirada de los expertos.



El viernes, durante la última renovación de la cuarentena hasta el 11 de octubre, el mensaje del Gobierno fue claro: aunque el AMBA continúa complicado –con “una meseta alta”– toda la preocupación se concentra en el interior del país. Lejos quedó esa postal en que la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano reunían el 95% de los contagios totales y ocupaban el epicentro de la pandemia en Argentina, mientras que el resto del territorio –casi indemne– parecía haber superado el conflicto. En los últimos reportes que brinda el Ministerio de Salud en cada jornada, por el contrario, se advierte que el asunto está dividido: aproximadamente un 60% de los 12 mil infectados diarios habitan en el Área Metropolitana de Buenos Aires, y la parte restante lo hace en las provincias. De hecho, hay algunas como Santa Fe, Mendoza, Río Negro, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Jujuy que exhiben cifras y una velocidad de propagación preocupantes. ¿Por qué el foco del conflicto sanitario se desplazó de Buenos Aires a las provincias? ¿Cuáles son las claves para comprender el fenómeno?

“La situación en el AMBA está más o menos estable, pero crece significativamente en el interior. La única provincia en la que ya no suben tanto los casos es Entre Ríos, porque hizo un retorno a la Fase 3 por dos semanas que le dio buenos resultados. En el resto, los contagios crecen a una velocidad increíble, de hecho, Mendoza y Jujuy superan a CABA en la cantidad de casos cada 100 mil habitantes”, explica Rodrigo Quiroga, bioinformático, docente en la Universidad Nacional de Córdoba e Investigador del Conicet. Siguiendo con este razonamiento, completa: “La gran mayoría de las provincias se niegan a retornar de fase y es muy preocupante porque significa que habrá muchos más distritos con escenarios desastrosos. Además de Jujuy, el sistema de salud está al límite en Mendoza, Salta, Tucumán, Santiago y La Rioja”.

Jorge Aliaga, físico y secretario de Planeamiento de la Universidad Nacional de Hurlingham, describe al respecto: “Una explicación de lo que está pasando en el AMBA podría ser que hay una combinación de gente que estuvo exceptuada (por actividades esenciales), no se cuidó y ya se contagió; sumado a un montón de adultos mayores que están cuidándose. Como resultado, aquellos que estaban expuestos comienzan a contagiarse menos y, por otro lado, las personas que se verían más afectadas por el patógeno, como se mantienen a resguardo, no están produciendo tantas muertes”. Sin embargo, todavía resta un largo trecho, desde su enfoque, para extraer una conclusión positiva. “El problema principal es que existe una situación completamente inestable, todavía resta un montón de gente por contagiarse. Por más adentro que uno esté, de forma paulatina se puede llegar a infectar porque el contacto con los que circulan por la calle es inevitable”, asume Aliaga. Siempre hay un familiar designado para hacer las compras del supermercado, llevar los medicamentos, realizar los cuidados y hacer compañía. Cualquier contacto con el exterior, desafortunadamente, puede traducirse en un peligro potencial para los adultos mayores y los grupos de riesgo que toman recaudos.

Desde marzo hasta julio, el resto del país no experimentó casos prácticamente. En efecto, si se sumaban los contagios de AMBA y Resistencia, aproximadamente, cubrían el 99% de los infectados y el resto de los focos, desperdigados, estaban controlados. “En las provincias se pasó del aislamiento al distanciamiento y ello provocó un mensaje quizás equivocado en la gente. Se creó la ilusión de que todo había terminado cuando no era así. Muchas de las personas que iban al AMBA por trabajo, volvían contagiados y, para colmo, como en sus lugares de origen todo estaba con menos restricciones, el virus circulaba rápidamente. El peligro de esto, lo diré hasta el cansancio, es que las personas contagian sin saberlo”, repite Aliaga.

Colapso sanitario

Una preocupación central es que las condiciones sanitarias en el interior no son las mismas que en Buenos Aires. Si bien todas las provincias se han equipado para combatir la expansión del Sars CoV-2, existen condiciones estructurales que hacen más difícil la situación en uno y otro caso. Además, aunque los reportes indiquen que todavía hay disponibilidad de camas de terapia intensiva, colectivos de especialistas como la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva han hecho público su reclamo y han sido convocados por Alberto Fernández para compartir su preocupación. Más allá de los esfuerzos realizados, lo que faltan son recursos humanos.

“Estamos en un momento de inflexión de la pandemia. Los casos parecen haberse estabilizado en CABA y el conurbano, aunque al mismo tiempo existe un alarmante aumento de los contagios en distintas provincias. Esto hace que la situación de las terapias intensivas sea grave. No solo estamos trabajando con un alto nivel de ocupación sino que también nos encontramos al borde del agotamiento”, describe Arnaldo Dubin, miembro de la SATI. Y continúa: “En el interior, la situación es disímil: hay provincias en las que el colapso es un hecho. En Jujuy y Salta, por ejemplo, ya están derivando pacientes a otras localidades porque el escenario es desesperante. Estamos en un riesgo cada vez mayor de colapso total”.

Aunque desde la mirada lineal, esquemática y porteñocéntrica el “interior” suele ser definido como un bloque uniforme, en verdad, está repleto de heterogeneidades. Como resultado, el diagnóstico es variopinto: “En algunos sitios todavía queda un poco de resto, los recursos tecnológicos (camas, respiradores) están, pero faltan recursos humanos: médicos, enfermeros y kinesiólogos entrenados en terapia intensiva. En otros, muchos colegas han denunciado la inexistencia de oxígeno durante semanas. Incluso, ciudades importantes como Rosario, con sistemas sanitarios bien desarrollados, están con porcentajes de ocupación elevadísimos”, relata Dubin.

“Hay pueblos cuyos centros de salud tienen poquitas camas. En algunos se enferma la mitad del personal y ello implica que deben dejar de atender. Es difícil. Además, también hay que tener en cuenta que, en todos lados –empezando por Nueva York– los sistemas no están preparados ni de casualidad para que todo el mundo se enferme al mismo tiempo. De la misma forma, los bancos no están preparados para que todos saquen dinero en simultáneo. De hecho, durante nuestros inviernos, el sistema de salud suele estresarse algunas semanas por las enfermedades respiratorias de estación. También juega mucho la cultura”, subraya Aliaga. Con “la cultura” se refiere a un componente que no se ha tenido muy en cuenta en los análisis de la propagación de la curva de infectados y muertes. La referencia es para los abordajes antropológicos y sociológicos que comienzan a incorporarse y visibilizarse. Las costumbres y los hábitos de la población doméstica, esto es, compartir el mate, ir al trabajo a pesar de la enfermedad, los besos y los abrazos, así como la falta de higiene, han demostrado ser factores importantes.

Las más complicadas

Durante las últimas dos semanas, Jujuy, Mendoza, Río Negro, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Santa Fe son las provincias que acumularon la mayor cantidad de casos. Si bien hasta julio los focos de contagio estaban controlados, el escenario sanitario se transformó y estas jurisdicciones detentan altos niveles de circulación. El gobierno jujeño, por ejemplo, anunció que su sistema sanitario estaba colapsado, con hospitales saturados de pacientes en varios puntos del territorio. Acumula 14 mil contagios y 425 muertes.

Santa Fe, que durante buena parte de la pandemia se ubicó como una provincia modelo, desde septiembre es una de las más comprometidas. Ya supera los 25 mil casos acumulados, cuando a mediados de julio solo registraba 500. El crecimiento es exponencial y la principal preocupación se traslada a los barrios de Rosario. Mendoza, por su parte, decretó el retorno a la Fase 1 hasta el martes, con el objetivo de evitar las aglomeraciones y los festejos por el Día de la Primavera. En este sentido, estipuló multas desde 10 mil pesos para aquellas personas que incumplan las medidas.

Río Negro –ya superó los 10 mil desde que todo inició– es la provincia más complicada de la Patagonia. Durante el último mes, muchas ciudades debieron retroceder en las flexibilizaciones porque sus centros de salud habían colapsado. Los ejemplos de General Roca y San Antonio Oeste son paradigmáticos, con la puesta en marcha de “cordones sanitarios” para contener los nuevos brotes de contagios hasta el 27 de este mes. Santa Cruz es la segunda gran complicada del sur, con circulación comunitaria en Calafate; mientras que Tierra del Fuego –la primera que comenzó con la cuarentena en Argentina– ha dispuesto restricciones por rebrotes en Río Grande.

Propuestas y matices

“Estamos entrampados porque existe una baja percepción de riesgo y el colapso es inminente. Entre la relajación que hay y la Fase 1 hay un montón de matices; es dramático que no se haga nada, porque básicamente es abandonar a la ciudadanía a su suerte”, comenta Quiroga. En esta línea, el joven investigador propone algunas líneas de acción que los gobiernos podrían ejecutar para disminuir la velocidad de contagio. El poder político, desde su punto de vista, debería convencer a las cámaras empresariales para que logren entender que tanto los trabajadores con diagnóstico positivo como los sospechosos deben aislarse. “Conozco ejemplos en que algunos patrones obligan a sus empleados a asistir al trabajo, incluso, luego de un hisopado positivo. No entienden que si se les contagia el personal son menos productivos”, apunta.

También se podrían limitar las reuniones sociales; controlar mejor el transporte interjurisdiccional; regular para que las actividades más riesgosas –como los restaurantes, los gimnasios y los bares– se realicen al aire libre de manera obligatoria; implementar un cierre total los fines de semana (medida que funcionó con éxito en naciones como Israel o Turquía); generar la obligación, ahora que se vienen días más cálidos, de ventilar los transportes públicos y llevar las ventanillas abiertas; que los negocios atiendan afuera y que las colas de los bancos siempre sean en las veredas y no dentro de los locales; intensificar el rastreo y el aislamiento de contactos estrechos.

Las localidades chicas con pocos médicos y con poca estructura tienen que tener especial cuidado. El coronavirus y el relajamiento representan un cóctel explosivo. Hay que entender que cada vez que en algún distrito se habilitan actividades las personas circulan más. Llega un momento en que las ganas pueden más que el miedo. El Estado debe imponer nuevas normas de convivencia para poner en primer lugar los derechos supremos que todos y todas tenemos, me refiero a la vida y a la salud”, remata Quiroga.

Percepción del riesgo y el rol de los medios

Uno de los principales inconvenientes para el exdecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA radica en la comunicación y el mensaje que brindan los medios hegemónicos. “Si se sigue comunicando que esto ya pasó y que ya baja, si se presiona con la vuelta a clases y con la apertura de actividades que generan una mayor exposición al contagio, estaremos complicados. Se podría disparar todo de nuevo. La sensación en CABA es que tienen el fuego controlado y le van tirando ramitas a medida que ven que se apaga un poco”, ilustra Aliaga, que además se focaliza en la necesidad acuciante de comunicar mensajes contundentes. En este sentido, no se debe sembrar el pánico en la población así como tampoco deslizar mensajes que abran la puerta a la relajación total porque, a menos que haya inmunidad colectiva (vacuna o 70% de infectados y muchas muertes en el camino), todavía falta.

“La percepción errónea y la manipulación mediática que realizan los periodistas es la siguiente: ‘¿Después de tantos meses de aislamiento me vas a volver a encerrar?’ Sumado a frases que prenden como ‘La cuarentena más larga del mundo’. A mi juicio deberían cerrar y aumentar las restricciones. En Rosario deberían haber cerrado hace un mes; en Venado Tuerto, el día en que los hospitales afirmaban no tener más capacidad, había una marcha en oposición al cierre de actividades”, dice Aliaga. Si bien algunas provincias como San Juan, luego de advertir un incremento de los casos, aumentaron las restricciones, en la gran mayoría, no sucedió del mismo modo. “Paradójicamente, los lugares en los que ganó la oposición hay una menor percepción del riesgo. En Mendoza y Jujuy hay un crecimiento enorme, por ejemplo”, plantea.

Sobre una hipótesis similar trabajan Natalia Aruguete y Ernesto Calvo, expertos en agenda, medios de comunicación y política. Básicamente, aquellos argentinos más alineados con el discurso oficialista suelen priorizar la salud y defienden la respuesta sanitaria del gobierno, mientras que los más afines a la oposición, se focalizan en la economía y critican los costos económicos y laborales (desempleo) que ha supuesto la cuarentena. El color político, por tanto, podría traducirse en la actitud sanitaria que cada individuo tiene frente a la pandemia. Y todo ello se retroalimenta a partir de las redes sociales, que amplifican los miedos y las certezas según el caso.

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Comienza una nueva etapa del aislamiento en AMBA, qué actividades se abren

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Coronavirus: cómo funciona el transporte público en el AMBA | Tanto en trenes como en colectivos se mantiene la merma en la cantidad de pasajeros



El uso del transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) viene sufriendo variaciones en lo que va de aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO). En la primera quincena de septiembre, luego de las paulatinas reaperturas de actividades laborales, el Ministerio de Transporte de la Nación registró un promedio de 1.175.098 usuarios por día, más del doble de lo registrado en la ya lejana segunda quincena de marzo, cuando el presidente Alberto Fernández decretó la cuarentena. Así y todo, desde el Ministerio aseguran que el número aún es bajo y permite garantizar el distanciamiento social: el 16 de septiembre, fecha del último registro, circuló solo el 30 por ciento de los pasajeros que diariamente usaban el transporte público antes del aislamiento.

“Con las aperturas se generó un aumento de usuarios pero no ha sido problemático, siempre se buscó que no haya aglomeraciones”, aseguró a Página 12 Alejo Supply, titular de la Subsecretaría de Transporte de la Provincia de Buenos Aires. Aunque el 16 de septiembre se registró una circulación de 1.269.901 usuarios, voceros de la cartera nacional aseguraron a este diario que “se mantiene la baja de pasajeros” en comparación con los 4.242.450 que, antes de la cuarentena, circulaban cada día en todo el AMBA. Durante la primera quincena de septiembre, el 15 por ciento del total de usuarios del transporte público ingresó de la Provincia a la Ciudad y solo el 4 por ciento lo hizo en sentido contrario.

Desde las dos carteras coinciden en que, hasta el momento, ese número de pasajeros permite mantener el distanciamiento social en los transportes. Para el uso de los trenes, donde se observa el mayor peligro de aglomeraciones debido a la cantidad de personas que utilizan este medio para acceder desde Provincia a la Ciudad, Supply destacó la puesta en funcionamiento de la aplicación “Reservá tu tren”.

La herramienta funciona en el horario pico de la mañana con sentido a Capital Federal en los ferrocarriles Sarmiento, Mitre, San Martín, Belgrano Sur y el ramal La Plata de la línea Roca. Según adelantaron desde el Ministerio, se prevé que la aplicación sea ampliada también al horario pico de la tarde, durante el regreso a casa, ya que, al estar restringida solo al uso de los trabajadores esenciales, “garantiza el distanciamiento social, al tren lo utilizan los que tienen que utilizarlo”, señalaron.

Otra de las medidas que se tomaron para evitar las aglomeraciones en los trenes, en especial en las líneas donde se observa una “sobrecarga” de pasajeros, fue la de fomentar la utilización de colectivos como alternativa al ferrocarril, sumando nuevas unidades de refuerzo. Aunque en la primera quincena del ASPO, cuando por día solo circularon 564.621 personas en todo el AMBA, la cantidad de unidades disponibles fue recortada, los servicios de colectivos fueron volviendo a las calles a lo largo de los meses. De las casi 18 mil unidades que circulaban antes de la pandemia, para mayo ya transitaban más de 9 mil, mientras que, actualmente, se encuentran en uso alrededor de 13 mil, según señaló Supply.

El registro de la cartera de Transporte nacional, que se realiza con datos de las tarjetas SUBE de los usuarios, indica que el 16 de septiembre circuló un promedio de 240 personas por colectivo. Desde el Ministerio aseguran que este número, que representa solo el 41 por ciento de los pasajeros que utilizaban colectivos antes de la pandemia, cuando el promedio alcanzaba a 582 usuarios por unidad, también permite garantizar el cumplimiento del protocolo que establece que no pueden viajar personas paradas en los colectivos y que se debe respetar el distanciamiento social.

“Ese protocolo fue pensado para dar protección a los dos lados: el pasajero y el chofer. En el AMBA, con 18 mil colectivos, los contagios entre conductores no llegaron a los mil casos, cuando en Nueva York, por ejemplo, el 82 por ciento de los colectiveros se contagió. Acá sucedió así porque el Estado estuvo presente para generar y hacer cumplir los protocolos”, sostuvo el funcionario provincial.

Cuando se reactivaron algunas actividades industriales en la provincia, la Subsecretaría también actuó para dar transporte a los trabajadores y evitar que utilizaran los vehículos públicos: “Trabajamos en conjunto con algunos municipios. En Zárate, por ejemplo, entran siete mil personas por día a trabajar. ¿Cómo iban a ir? Ahí surgió la idea de buscar otros transportistas, del turismo o de micros escolares, que estaban quedando afuera y se abrió la puerta para que ellos pudieran trasladar a los trabajadores”, explicó Supply.º

“Encontramos áreas absolutamente diezmadas”

“Lo que ha hecho la gestión anterior en Transporte y Seguridad Vial es vergonzoso. Cuando asumimos nos encontramos con áreas absolutamente diezmadas”, sostiene Alejo Supply, subsecretario de Transporte de la Provincia de Buenos Aires. En diálogo con Página 12, el funcionario provincial asegura que, frente a la pandemia, “tuvimos que hacer un trabajo de recuperación del sector”. Además, señala que, de cara a la “nueva normalidad”, “hay que darle al transporte una visión correspondiente con el peso que tiene, en el mundo cumple una función estratégica”.

–¿Con qué recursos se encontraron para enfrentar la emergencia?

–Para poner un ejemplo, en Seguridad Vial, que está dentro de Transporte, cuando se largó el Operativo Sol de este año había solo seis camionetas, dos que estaban mal ploteadas y cuatro a las que hubo que ponerle ‘Seguridad Vial’ para que se sepa de qué eran. Creo que lo más destacado es el trabajo de recuperación que hicimos. Ahora tenemos más de cincuenta camionetas que utilizamos durante el aislamiento para controlar documentación en los principales nodos de transporte. Superamos los 1.500 operativos con más de cuatro millones de vehículos alcanzados, pero cuando llegamos era un área absolutamente diezmada, lo que han hecho en la provincia es vergonzoso.

–¿Cómo se trabaja, en ese contexto, la coordinación con la gestión de Cambiemos en la Ciudad?

–En ese sentido siempre trabajamos en conjunto los tres titulares de Transporte, con Mario Meoni y Juan José Mendez. Ese trabajo fue y es excelente, y cada cual se encarga de coordinar su sector. Nosotros le damos mucha importancia a controlar los nodos de transporte. Revisamos que se cumpla el distanciamiento en los colectivos, controlamos en todos los nodos que esto sea así. En los primeros momentos de la cuarentena, del total de las personas que antes subían a los colectivos quedó solo el cinco por ciento, pero con las aperturas se ha generado un aumento, aunque no ha sido problemático. Sin dudas lo que esperamos ahora es que la gente no tenga que volver a viajar parada.

–¿Y eso cómo se consigue?

–Hay que reperfilar el transporte del AMBA. Tenemos que elevar la oferta de trenes pero también reordenar la de colectivos. Hay líneas de ferrocarriles, como el Sarmiento, con sobrecarga de pasajeros y poca gente que usa los colectivos, y otras donde la situación es al revés, como el Mitre. Hay que entender a los colectivos en relación con los trenes, como un conjunto, eso implica darle al transporte una visión correspondiente con el peso que tiene. Hoy en el mundo el transporte cumple una función estratégica y requiere políticas de fondo, estructurales, que nosotros estamos dispuestos a hacer.



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El coronavirus y la bonaerense: el desafío de una metrópolis solidaria | Buenos Aires, Ciudad y Provincia, un espacio socio urbano que no coincide con los límites políticos 



La gestión sanitaria del coronavirus y el conflicto salarial de la policía bonaerense pueden parecer problemas de muy distinta índole. Un “enemigo invisible” versus oficiales armados haciendo sonar sirenas. Un inédito problema de salud pública versus la eterna cuestión de la inseguridad y el control de las fuerzas policiales. La necesidad de lograr que la población incorpore las medidas de distanciamiento social versus el desborde de una temeraria manifestación sin las medidas de protección mínimas. Hay, sin embargo, un denominador común, el Área Metropolitana de Buenos Aires. Y, más específicamente, cómo gobernar un espacio urbano enorme, fragmentado y desigual, donde habita una tercera parte de los argentinos y las argentinas. Un área que concentra la riqueza y la pobreza del país.

“La avenida general Paz no es una frontera, es una avenida”, decía hace algunos meses el gobernador Axel Kicillof, sentado junto al presidente Alberto Fernández y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Si bien la frase es correcta desde el punto de vista urbano, el problema radica en que sí es un límite en términos jurisdiccionales. Un desfasaje que tiene una larga historia, y que no estaba en mente de quienes, hace casi un siglo y medio, fueron testigos de la federalización de la ciudad, en 1880, y de la ampliación de los límites de la ciudad, en 1887. Por entonces, el problema jurídico-político y el socio-urbano eran pensados conjuntamente.

La cesión que la provincia de Buenos Aires hizo de su capital para que fuera federalizada resolvió un problema político que atravesó el siglo XIX. Pero este proceso se completó con la extensión de los límites de la ciudad, que pasó de tener 87 km2, a los 203 km2 de la actualidad. En esta ampliación jugaron un rol destacado los discursos higienistas que ganaron terreno luego de la epidemia de fiebre amarilla de 1871. La modificación de los límites de la ciudad, incorporando los pueblos de Belgrano y de Flores, partía de una metáfora organicista, que consideraba que la ciudad debía desarrollarse hasta donde lo fuera en términos de interdependencias higiénicas y urbanas. “Es como el traje del niño que debe ser ensanchado a medida que éste se cría y desarrolla”, argumentaba el diputado provincial Rodolfo Moreno, durante los debates en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires en 1884.

La extensión de Buenos Aires tenía como fin reconocer que la existencia de una única unidad socio-urbana debía tener su correlato en términos jurídicos. Claro que esta unidad no era pensada como un conjunto totalmente urbanizado. Por el contrario, se buscaba que aquellas actividades consideradas problemáticas para la higiene quedaran alejadas de la zona urbanizada. Por esta razón el Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, al justificar el pedido del ensanche, mostraba que dentro del plano proyectado “queda el Cementerio de la Chacarita y hay espacio bastante para establecer mataderos para el consumo, depósitos de basuras y demás servicios análogos, y quedarían suficientemente alejados de la ciudad como para que no fuera dañada por la insalubridad de esos establecimientos, por mucho que se extendiera los lados del N. y del O., que es por donde está marcado el mayor desarrollo de población”.

La gestión de la salud pública era una dimensión central a la hora de pensar cómo ensanchar los límites y gobernar la ciudad. Pocas décadas más tarde, a la mirada médica se sumaron las voces que, desde el derecho y la sociología, interpretaron estas interdependencias apelando a la idea de “solidaridad”. Este concepto permitió dejar atrás las miradas del liberalismo clásico, que consideraban todo problema de condiciones de vida como uno individual y privado, para abrazar la idea de que los déficits derivan del modo en que se relacionan todos los miembros de una sociedad, y por lo tanto su resolución es un problema colectivo. En este sentido, es la sociedad, a través de una concepción social del Estado, la que tiene la responsabilidad de garantizar condiciones de vida digna para sus habitantes. Como le gustaba decir a Adolfo Posada, un siglo atrás, no hay nada “más imperativamente social que la ciudad moderna: geográfica, psicológica, económica y fisiológicamente, la ciudad impone una vida de intensa solidaridad”. Y, por lo tanto, “la tendencia a socializar los goces y las comodidades de la vida, encuentra en la ciudad un campo admirable”. Los límites trazados, donde luego se construiría la Av. General Paz, estaban muy lejos por entonces del ejido urbano, pensados para contener el crecimiento futuro. Y para acompañar el desarrollo urbano con el de la interdependencia social. Pero, como decía Tu Sam, puede fallar.

El presidente Alberto Fernández, en su anuncio sobre el traspaso de un porcentaje de la coparticipación de impuestos de la ciudad a la provincia, mostró un cuadro comparativo de población, ingreso per cápita y gasto en seguridad de la ciudad y la provincia. Algo similar había señalado la vicepresidenta Cristina Kirchner en un acto en Avellaneda durante el año pasado, en la que hizo una comparación entre la evolución poblacional de la provincia y la ciudad, desde la década del ’40 hasta hoy. Para 1947, la población de la ciudad era de aproximadamente 3.000.000 habitantes y la de la Provincia de Buenos Aires, 4.800.000; para el censo de 2010, 2.890.000 y 15.000.000 respectivamente. Este desequilibrio se debe a lo que ocurrió con el conurbano, que pasó en el mismo lapso de 1.7000.000 a 9.9000.000 habitantes. Es decir que mientras que en 1947 la población del conurbano era un poco más de la mitad que la de la ciudad, para 2010 era el triple.

Lo que hasta entonces eran suburbios lejanos pasaron a formar la misma mancha urbana. Pero en el pasado quedaron las metáforas organicistas y los llamados a “extender el traje del niño”. El edificio jurídico-institucional y las dinámicas políticas argentinas hacen que sea prácticamente imposible resolver la cuestión modificando los límites de la ciudad, tal como ocurrió en muchas metrópolis del mundo. Así llegamos a la situación actual, en la que existe un desfasaje entre las unidades municipales y la gran unidad socio-urbana.

La gestión de la pandemia y el conflicto policial son dos caras de un mismo problema: cómo gobernar un espacio socio-urbano que no coincide con el político-municipal. Es difícil hacerlo sin comprender que formamos parte de la misma unidad socio-urbana, unida por relaciones de interdependencia mutua, económicas y sociales. En Buenos Aires tienen residencia 3.000.000 de habitantes, pero trabajan, estudian o transitan muchos más, que van y vienen todos los días desde el conurbano. La gestión de la pandemia puso en primer plano que la dimensión territorial no es sólo un problema urbano sino social. Los recorridos de los habitantes del AMBA unen, a diario, los municipios del conurbano con los barrios de la Capital. Toda forma de administración de desplazamientos debe comprenderse como parte de una misma unidad socio-urbana. Si nos movemos de un lugar a otro, y por lo tanto estamos interconectados todos los días, debemos comprender que formamos parte de una misma sociedad urbana. Y, por lo tanto, generar los mecanismos de solidaridad social que garanticen las condiciones de vida de toda la población. Pensar una metrópolis solidaria implica avanzar a una distribución más justa de los ingresos, que favorezcan el desarrollo de municipios postergados, y equilibren un poco la centralidad porteña. Equiparar los salarios de los policías (pero también de todos los empleados públicos, igualmente postergados y esenciales) es un paso en esa dirección, pero hay que ir más allá. Los problemas de vivienda (que irrumpen bajo las formas de toma de tierras, tanto ahora como en el pasado), educación (que se expresan en la actualidad por los déficits de conectividad, pero que se asocian con un problema más amplio que incluyen aspectos edilicios y salariales), o salud (que hoy aparecen asociados a cifras de ocupación de camas de terapia intensiva, pero que esconden la profunda desigualdad de la infraestructura municipal de salud en municipios ricos o pobres), esperan también a ser tratados con urgencia. 

* Sociólogo. Investigador de Conicet. Investigador/docente de la Universidad de Buenos Aires. Autor de “Gobernar Buenos Aires. Ciudad, política y sociedad, del siglo XIX a nuestros días” (Prometeo, 2018).



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Kreplak: “Los trabajadores de salud hacen un tremendo esfuerzo pero ya no pueden más”

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Coronavirus en Argentina: Se registraron otras 99 muertes | El total de víctimas fatales se elevó a  6.947



El ministerio de Salud emitió el parte matutino de este domingo, en el que informó que se produjeron  99 nuevas muertes. De este modo, al momento la cantidad de personas fallecidas es 6.947.

En tanto, el total de casos confirmados en Argentina es de 336.802 (49,1% mujeres y 50,9% hombres). Por otro lado, a la fecha el total de altas es de 251.400 personas.

Ayer fueron realizadas 18.837 nuevas muestras y desde el inicio del brote se realizaron 1.092.556 pruebas diagnósticas para coronavirus, lo que equivale a 24.077,4 muestras por millón de habitantes.

El número de casos descartados hasta ayer es de 610.161 (por laboratorio y por criterio clínico/ epidemiológico).

En el reporte vespertino del sábado
, el ministerio de Salud informó que se habían registrado en las últimas 24 horas, 7.759 nuevos casos y 118 fallecimientos.



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A pesar del pico, CABA no aumenta los testeos: son apenas un cuarto de los que hace Provincia

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