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“Peleo contra un sistema corrupto” | Entrevista a Cristina Castro, la madre de Facundo, al cumplirse tres meses de su desaparición



“No necesito que me lo cuenten, yo vivo día a día el dolor por su ausencia, peleo contra un sistema corrupto que cambia informes, que guía testigos, cuando la verdad está a la vista.” Cristina Castro nunca pensó que iba a tener que escribir esas líneas, tampoco imaginó que las fotos con el rostro de su hijo Facundo iban viajar por todo el país, que se iba a convertir en afiches en las paredes, en las calles y en las redes sociales.

Cristina no descansa, sus días acontecen entre extensas jornadas laborales en la estación de servicio donde trabaja desde hace trece años, y procedimientos judiciales, rastrillajes, allanamientos y pedidos de recusación a un fiscal que omite los pedidos de la querella, que no la escucha, que ni siquiera atiende sus llamados.

Desde el 4 de junio Cristina no se acuerda de lo que es sonreír. Se levanta y se acuesta pensando ¿dónde está Facundo?, caminó los lugares que transitó su hijo por última vez. Indagó, siguió pistas, encontró pruebas y testigos, a la par de sus abogados Luciano Peretto y Leandro Aparicio. “No sé cómo hice para entender sobre una causa judicial, creo que me salió de las entrañas, empecé a investigar yo misma con mis abogados porque veía que no estaban haciendo nada. Fui leyendo y entendiendo todo”, cuenta del otro lado del teléfono en su casa de Pedro Luro, una ciudad del partido de Villarino.

Desde que desapareció Facundo, la rutina de Cristina cambió rotundamente. Cuenta que le gustaría quedarse en su casa, jugar a los jueguitos que le enseñaron “los chicos en la compu”, disfrutar de sus nietas, como lo hacía antes. Pero no puede, tiene que encontrar a su hijo.

No está sola, desde que inició la búsqueda la acompañan no sólo sus vecinxs de Pedro Luro, también lxs familiares de Daniel Solano, Kathy Moscoso, Santiago Maldonado, atravesadxs por el mismo dolor y que aún continúan buscando justicia.

“Cuando me llamaron las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas, sentí un abrazo al alma, siempre las entendí y hoy me toca pasar lo mismo. Sé que ellas me entienden más que nadie, y cada una de las personas que han pasado por esto”, cuenta. Cristina nació en el ´77. Recuerda que, durante su adolescencia, a través de muchas lecturas tomó conocimiento sobre las atrocidades que cometieron los gobiernos represores en nuestro país. “Lo he vivido y llorado también, cuando leía que encontraban a los nietos desaparecidos. Cuando se encontraban los cuerpos pensaba ´qué horror, cómo puede pasar esto en la Argentina´, y lamentablemente sigue pasando. Por eso digo, han cambiado el Falcon por la Hilux. Ahora tienen fiscales a su favor, gente en la Justicia que los cuida, pero a nosotros no nos cuida nadie.”

Otra vez, hay un desparecido en democracia ¿Cómo ser indiferente ante un hecho tan atroz que nos remonta a la etapa más triste de la historia de nuestro país? ¿Cómo no exigir la verdad? ¿Cómo permitirnos mirar para otro lado? ¿Cómo no desconfiar de las fuerzas policiales si durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio los crímenes y abusos de poder de la supuesta “policía del cuidado” han escalado de manera escalofriante? Si tan sólo en junio la Policía Bonaerense asesinó a 18 jóvenes. ¿Cómo no preguntarnos dónde está Facundo? Cuando sabemos muy bien que, si callamos, gana la impunidad.

La búsqueda de la verdad

Cristina tiene tres hijos varones, Facundo es el del medio; los crió sola desde muy pequeños, no fue fácil. Los crió libres, cuenta, con esa convicción, para que cada uno elija qué camino transitar. “Facu eligió militar en ‘Jóvenes por la memoria’. Con la poca internet que teníamos en casa lo ayudábamos a buscar investigaciones sobre los desaparecidos, o iba al ciber a leer sobre las Abuelas y las Madres que han sido sus referentes siempre, buscar verdad y justicia; en la Argentina hace muchos años que no hay justicia”, reflexionó.

Desde que se inició la causa, primero como “averiguación de paradero”, Cristina supo que le estaban ocultando algo. Señaló a los sospechosos, la propia Policía Bonaerense a cargo de la investigación, y exigió el cambio de carátula. Estábamos ante un nuevo caso de desaparición forzada en democracia. Le mostró a la sociedad y a la Justicia que el brazo armado del Estado continúa abusando de su poder, se encargó de desmentir con pruebas a cada uno de los testigos falsos que la policía hizo aparecer casi como por arte de magia. Los puso en jaque, y expuso las contradicciones de las declaraciones. Todas las pruebas presentadas por la policía que ubicaron a Facundo en otro lugar han sido descartadas.

Una supuesta testigo que dijo que vio a Facundo en una esquina de Bahía Blanca cuando ella salió a hacer las compras, nunca se presentó a la audiencia, la Policía Federal fue hasta su casa y nadie abrió la puerta. Otra mujer que según la policía “llevó a Facundo” desde Origone hasta el cruce de las rutas 3 y 22 (cerca de Bahía) en su camioneta Honda, finalmente declaró que no fue el 30 el día que viajó, sino el 27 (recuerda el día exacto porque tenía un turno en el Instituto de Rehabilitación Integral de Bahía Blanca). Además, agregó que el hombre que llevó era más alto y de mayor edad que Facundo. El testimonio de la oficial Xiomara Flores, que dijo haberlo llevado cerca de las 13 a Origone, se cae porque Facundo llamó a su mamá a las 13.33 y es imposible que a esa hora haya estado allí, donde está comprobado que no hay señal telefónica. Alberto González, otro efectivo policial que dijo haber encontrado a Facundo en Teniente Origone y que lo retuvo para requisarlo por una denuncia anónima por violación de la cuarentena, se contradijo tres veces en su relato. Primero dijo que Facundo se subió a una camioneta Duster Oroch, después dijo que se subió a una Honda y finalmente cuando estuvo en el rastrillaje dijo que Facundo se había ido caminando.

Cristina exige que se investigue de manera competente, confió en que el Estado podría ayudarla, pidió apartar a la Bonaerense, pero se hoy se encuentra con otras trabas. La demora de la Policía Federal y un fiscal que desvía y entorpece la investigación con hipótesis insostenibles. Por ello solicitó a la jueza federal Gabriela Marrón, quien lleva hoy la causa, que aparte de la investigación al fiscal federal Santiago Ulpiano Martínez, por “temor de parcialidad”.

El mismo día que me paré en Mayor Buratovich sentí que a mi hijo le habían hecho algo malo, lo sentí en el cuerpo y como mamá. Nadie me va a sacar de la cabeza y del corazón que a mi hijo le hicieron algo malo, y que nunca llegó a Bahía Blanca.” Cristina Castro dice que ya no hay alegría en su casa: “Facu era amistad, alegría, compañerismo, siempre predispuesto a ayudar a quien lo necesitara, un amor incondicional por los animales; perro y gato que andaban dando vuelta en la calle se los traía a la casa, ya era un zoológico mi casa. Siempre digo que mi familia es una mesa, y hoy a esa mesa le falta una pata.”



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