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El turbocapitalismo del fútbol de cartón | Opinión



La nuestra es una sociedad remendada con las costuras del odio. En medio de la peste se han instalado los días de la ira, y se discute mal con estos barbijos “bolivarianos”. Es increíble la cantidad de humanidad que se va detrás de la tragedia y del rencor. Hay un nosotros sagrado, amenazado, un nosotros que es un cuerpo colectivo que asedian, con furia, sin tregua, en esa insólita dureza de corazón, de rencor turbio, de negación del otro como ser humano. El evangelio de Mateo contiene un paso conocido que dice: “A todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. El paso forma parte de la “Parábola de los Talentos”, y basta con evocar un libro importante, El Capitalismo Utópico, de Pierre Rosanvallon, para advertir que antes de su éxito, el neoliberalismo también fue una utopía.

El fútbol argentino hace tiempo que no vive de utopías. Dibuja sueños distópicos desde el “turbocapitalismo” del vaciamiento humano que es la televisión. Las plataformas televisivas americanas ya empiezan a ladrar alrededor del balón. Sabemos que cuando pase la guadaña regresará la vida robada, y el fútbol televisado iluminará las canchas vacías llenas de cartones con caras de un pasado que no termina de pasar. Paciencia: sabemos que si hay un sitio donde uno puede ser feliz, incluso sin un libro en la mano, es en un estadio de fútbol. La vida que no podemos vivir podemos soñarla. Soñar es otra manera de vivir, más libre, más bella, más auténtica. Soñemos. Cuando el fútbol regrese a los estadios coloquemos cartones de consenso, de tolerancia, de armonía: coloquemos cartones de hinchas de Racing entremezclados con hinchas de Independiente, de Boca con River, de Central con Newell´s: figuras de respeto, de vida, de paz. 

Empecemos por algo, empecemos por los cartones; por ese sueño imaginario de convivencia, de cordialidad, de civismo. Nos lo debemos. Empecemos por los cartones para saldar esa deuda infinita de la ética de la razón con nuestros menores, con nuestro padres, con nosotros mismos. Instalemos en los estadios la pedagogía sutil de los estoicos: el pensar por uno mismo, el pensar libremente. Educación para la ciudadanía como metáfora de una realidad perdida. En los espacios “barrabravas”, en la tribuna de los violentos, de los intolerantes, de los fanáticos, coloquemos cartones con el rostro de Bolsonaro, de Baby Etchecopar, de Trump, de Paul Singer, de Cambridge Analytic, de Matteo Salvini; cartones de Fox News, de Patricia Bullrich, de Dick Cheney, de Marie Le Pen, del húngaro Órban: rostros que fueron amamantados con el odio y destetados con la violencia. 

En la tribuna del “gallinero”, en el abismo de las espaldas del mundo, arrinconados, olvidados, en los asientos donde la televisión no llega y se hace la tonta -más todavía- coloquemos cartones de Snowden, de Ramona, de niños de Gaza jugando entre los escombros de siempre; cartones de la familia Maldonado, del barco de Open Arms, de Chelsea Manning, de Greta Thunberg; cartones de las Villas, de los obreros textiles de Bangladesh, cartones de Floyd, cartones de los desheredados del mundo, de los olvidados de cartón piedra; cartones del sonido ronco de los invisibles. 

En la tribuna de la Derecha, la del “turbocapitalismo”, coloquemos cartones de Macri e Infantino merendándose la Fundación FIFA; cartones de Cristine Lagarde, de Kristalina Georgieva, de Angela Merkel, de Faceboox, de Joseph Blatter, de Amazon; cartones de ExxonMobil, de la prensa “gaucha” dominante, de Warren Buffet, de la Bolsa de Chicago, del The Wall Street Journal; protegidos por los patrocinadores de siempre desde las vallas publicitarias del hambre: “Créditos sin condiciones en su entidad amiga: Fondo Monetario Internacional”; “Misiles 2×1 en su súper de confianza: El Pentágono”; “Ofertón, si tiene hambre llámenos: Banco Mundial, sucursal Davos-Suiza”. La suya es una libertad solo individual. La libertad de actuar como quieras, de decir lo que quieras, cuando quieras, a quien quieras. Eso no es libertad, eso es el twitter de Baby Etchecopar.

(*) Ex jugador de Vélez, y campeón Mundial Tokio 1979.



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