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¿Cómo funciona el nuevo software para identificar a los estudiantes en un examen? | Se aplicará desde el próximo cuatrimestre en el sistema universitario



Los ministerios de Educación y del Interior firmaron con el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) un convenio para que las universidades usen un software que posibilita garantizar la identidad de los estudiantes al momento de ser evaluados a distancia en el contexto del aislamiento social por la emergencia sanitaria. El programa, desarrollado por el Sistema de Información Universitaria (SIU) del CIN, cruzará datos con el Registro Nacional de las Personas (Renaper) y podrá comenzar a ser utilizado por el sistema de educación superior a partir del segundo cuatrimestre. Autoridades académicas, gremios docentes y representantes del movimiento estudiantil apoyaron esta iniciativa aunque desde algunos sectores manifestaron su preocupación respecto de que no se vulnere “el derecho a la privacidad” de los estudiantes y que no se convierta en una nueva “excusa” para normalizar la virtualidad.

“Todas las universidades vamos a disponer de esta aplicación que va a estar conectada con los sistemas de información del alumnado para certificar la identidad de los estudiantes en el momento de la evaluación y para corroborar asistencia en la participación en foros o campus virtuales”, explicó a PáginaI12 Delfina Veiravé, la presidenta del CIN, el cuerpo que reúne a los rectores de universidades públicas nacionales. 

La iniciativa
fue presentada en el marco de un encuentro virtual del que participaron el ministro de Educación, Nicolás Trotta, el secretario de Políticas Universitarias, Jaime Perczyk, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, rectores de universidades de todo el país y el titular del Renaper, Santiago Rodríguez.  El software, desarrollado por el Sistema de Información Universitaria (SIU), se llama Siu Qechua y cruza datos con el Renaper, que depende del Ministerio del Interior. El sistema estará disponible para 66 universidades e institutos universitarios y abarcará a 1.640.000 alumnos de grado y 117 mil de posgrado en todo el país. Lo que permite es la identificación digital de los estudiantes al momento de rendir un examen a distancia. Cada alumno deberá identificarse, antes de ser evaluado, con los datos de su DNI más una foto de su rostro. 

“Es una aplicación que lo que básicamente hace es análogo a lo que pasa cuando el alumno muestra el DNI al momento de rendir un examen presencial. Sería el proceso de identificación inicial del alumno”, señaló el coordinador del SIU del CIN, Guillermo Diorio.

Según explicó Diorio a este diario, al momento de tomar evaluación a distancia el docente le envía al alumno a través de esta aplicación un vínculo para que el estudiante se tome una fotografía y, a través del reconocimiento facial digital, sea validada su identidad. Este proceso permite verificar en determinado momento que una imagen del rostro de una persona se corresponde con un sujeto registrado en el Renaper.

“Es un sistema que nos va a permitir dar una seguridad a la instancia más complicada en el proceso de educación en un estado de emergencia sanitaria, que es la evaluación”, observó el rector de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), Alejandro Villar.

Desde la federación docente Fedun señalaron que acompañan esta iniciativa mientras “no se vulneren los derechos de los docentes ni de los estudiantes”. “Me parece correcto que se busque un mecanismo fidedigno que valide la identidad del estudiante siempre que se respeten los derechos de todos”, dijo el secretario general de la Fedun, Daniel Ricci. En la misma línea, se expresó el secretario general de la Conadu, Carlos De Feo: “Yo creo que está bien en poner a disposición distintos mecanismos que permitan a los estudiantes poder rendir exámenes y de esa forma que puedan avanzar con sus estudios. Si los estudiantes lo aceptan y les parece bien, a nosotros nos parece bien”.

Con una postura crítica se posicionó la Conadu Histórica: sus dirigentes plantearon su “preocupación” y se declararon “en alerta” para que “no se vulnere la privacidad de los  docentes y estudiantes”. “El movimiento estudiantil tendrá que hacer sus cuestionamientos y aportes para que no vulneren el derecho a la privacidad de los datos personales”, indicó la secretaria adjunta de Conadu Histórica, Claudia Baigorria.

Desde el movimiento estudiantil, el consejero superior de la UBA por la minoría Santiago De Lojo (La Cámpora) opinó: “El tema de las evaluaciones finales es un gran problema. En general toda la cursada virtual tiene problemas. Pero el problema que tiene la toma de finales virtuales es esto de identificar a los estudiantes. Con lo cual, esta aplicación me parece oportuna porque viene a resolver un problema que además es central para lo que es el recorrido académico, si no, se termina generando un cuello de botella”.

El presidente del centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA), Tomás García (Nuevo Espacio) señaló que este nuevo instrumento de validación de la identidad “ayuda a los que tienen buena conectividad y acceso a internet y dispositivos tecnológicos. En este contexto sabemos que hay muchos estudiantes que quedan fuera de la cursada sin poder rendir de manera virtual. Me parece bien que el Gobierno habilite esta aplicación, todo suma, pero también hay que garantizar que más estudiantes puedan acceder a rendir de forma virtual y sabemos que eso no es así, porque hay muchos que no cuentan con las condiciones”, destacó. 

Lucía Tovar (PO), presidenta del centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Veterinarias (UBA), reclamó que la aplicación del software de identificación “no sea una excusa para tomar como una normalidad a la virtualidad y terminar reemplazando la cursada presencial por una virtual que no va a tener la misma calidad, lo que además llevaría a una precarización y a una exclusión de un gran sector”.  



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Una “yapa” para educadores | Opinión / Arturo Jauretche y la colonización pedagógica



Después del año 1966 Arturo Jauretche pasó a integrar la lista de autores de libros más vendidos. Lo hizo a través de varios títulos, como se deja ver en los registros de la revista Primera Plana de la época. La serie se inicia con el éxito de El medio pelo en la sociedad argentina, le sigue la reedición ampliada de Los profetas del odio y le continúa El manual de zonceras. Se trata de una trilogía que analiza desde diferentes ángulos lo que podemos considerar la obsesión de Jauretche: la vida y devenir de la Argentina.

El primero trabaja la cuestión de la estructuración social. El segundo se centra en la cuestión cultural. El tercero trabaja los contenidos ideológicos de la conformación mental. Las obras están entrelazadas. Dialogan entre sí.

Al buscar actualizar la cuestión cultural de Los profetas del odio, cuya primera edición databa de 1957, Jauretche encuentra una categoría fundamental para dar cuenta de un fenómeno central para el sostenimiento de la superestructura cultural y sus mecanismos de reproducción ideológica: la colonización pedagógica. Es ella la que conecta las 44 zonceras del Manual con la constitución del medio pelo.

Se sirve de una categoría tomada de Eduard Spranger, que mucho tiempo antes había incluido en el léxico local Jorge Abelardo Ramos para señalar que en los países semicoloniales la dominación no era realizada por ejércitos y cañones sino por medio de una educación subordinada a la mirada y perspectiva de los dominadores.

Desde la mesa del bar de Córdoba y Esmeralda, el “Castelar Chico”, muy cerca de su departamento Jauretche venía contrastando sus argumentos con sus amistades intelectuales y políticas de entonces, entre los cuales estaba Ramos. Hasta allí se acercan, de manera creciente, jóvenes inquietos por conocerlo y escucharlo. Ese era su método fundamental para la construcción de hipótesis, mediante la conversación, que recuperaba el caso, el sucedido y la anécdota al modo de la conversación de origen rural.

Para ese tiempo Jauretche usa esa categoría en una serie de conferencias que brinda en el interior del país. Allí sigue probando el argumento. Lo vincula a la historia. Lo relaciona con el legado sarmientino. Analiza cómo funciona en los distintos niveles educativos, partiendo de su propia experiencia y recuerdos. Y a ello le va agregando los mecanismos de carácter informal con los que se difunden y propalan las perspectivas de los países centrales o dominantes. Allí aparece el lugar de las conferencias, la prensa y el libro. Y algunos actores concretos como los figurones o los maestros de la juventud o determinadas instituciones tales como las academias nacionales. Recordemos que habla sumergido en la “galaxia Gutemberg”.

Esa colonización pedagógica orquestada por los grupos dominantes del viejo país agrario, que se niega a morir, apunta a formar una segunda naturaleza en los sectores intermedios de la sociedad, que son fluctuantes, volátiles y que engrosan el “medio pelo” argentino, en cuyo fracaso como clase ve el autor el fracaso del desarrollo capitalista autónomo de la Argentina que le tocó vivir.

Los contenidos que desvían a los sujetos del descubrimiento de su propia realidad, de la identificación de sus intereses, de la configuración de una conciencia social vinculada a una experiencia popular y la construcción de una posición nacional son esos esquemas ideológicos difundidos a través de aforismos sin sentido o zonceras. En la base de esa construcción ideológica se encuentra Sarmiento con su dicotomía civilización-barbarie y una serie de derivados como “el mal que aqueja a la Argnetina es la extensión”, “la victoria no da derechos”, etc. Aparecen otro conjunto que apunta a la autodenigración como son la afirmaciones de “política criolla”, “la inferioridad del nativo”, “este país de m…”. Existen también las económicas como la aceptación ciega de la “división internacional del trabajo” o el pago de la deuda “sobre el hambre y la sed de los argentinos”. No faltan las críticas a los medios como en la que se enuncia bajo el título “Dice La Nación…dice La Prensa…”.

Esos contenidos enunciados en el Manual de zonceras son difundidas en la sociedad a través de la colonización pedagógica, mediante los mecanismos formales del sistema educativo y los informales del libro, la prensa y de manera creciente la TV.

El sentido de la educación al servicio de la reproducción de la ideología “colonial”, en el lenguaje del autor, no era nuevo. Venía desde la lectura y los diálogos con Manuel Ortiz Pereyra y de las proclamas de la época de FORJA en los años treinta, del contacto con Saúl Taborda en los cuarenta visitándolo en Córdoba, del choque con la línea “Mayo-Caseros” posterior a 1955, aunque nunca la había asociado de manera directa con esta categorización sumaria.

De esa manera se agrega “la yapa” a la nueva edición de Los profetas del odio. De esa manera queda acuñada la idea con la que se asociara a Jauretche en materia educativa.

Este material, así como la mayor parte de la obra de este autor, circuló mayormente en ambientes políticos e intelectuales. De manera parcial y de forma acotada a determinados momentos, circuló en el ámbito universitario. De manera escasa ha sido introducido en el debate del mundo educacional.

La reedición de la obra y su inclusión en una Colección de ideas en la educación argentina busca saldar esa situación, completando un mapa de enunciaciones de las diversas tradiciones pedagógicas nacionales. Aparece así junto a Sarmiento, Rojas, Vergara, Taborda, Ponce, Mantovani, etc con quienes muy pocas veces se lo pone en conversación, aunque con todos ellos tuvo intensos préstamos, diálogos o polémicas.

Esta “yapa” que constituye la mirada jauretcheana sobre la problemática educativa, repuesta en una reedición por la Universidad Pedagógica gracias a la gentileza de la Editorial Corregidor queda a disposición de los educadores para su uso en los procesos de transmisión en la historia de la educación o en el mapa de las aproximaciones críticas sobre el funcionamiento del sistema educativo nacional.

La lectura de estos materiales en la actualidad, en otro contexto y con otras claves, puede contribuir también a revisar algunas prácticas, diseños y propuestas en el ámbito educativo. Una posibilidad es la puesta en discusión-diálogo con las posiciones “decoloniales” y “críticas” en boga en la era digital, anticipadas de algún modo para el mundo urbano-letrado por este texto que ya puede considerarse un “clásico”.

Darío Pulfer es profesor en Historia y magister en Educación; director de la Colección Ideas en la educación argentina de la Editorial Unipe; y director del Centro de Documentación e Investigación acerca del Peronismo (Unsam).  



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Aprobar materias en cuarentena: ¿Cómo están tomando examen las universidades? | El problema de evaluar a la distancia



La suspensión de las clases presenciales por la pandemia se suplió en las universidades con la enseñanza a distancia, pero dejó planteado el problema de la evaluación y la aprobación de las materias cursadas bajo esa modalidad. En algunas casas de altos estudios se resolvió tomar exámenes finales a través de entornos virtuales y plataformas digitales para que los alumnos puedan aprobar las asignaturas y seguir avanzando con sus carreras: en esos casos, se definieron protocolos que especifican paso a paso como realizar el proceso evaluativo. En general, lo están haciendo dándoles prioridad a quienes están más próximos a graduarse. Un caso que generó críticas se planteó en la Universiad de Córdoba, que adquirió un software para vigilar a los alumnos durante las pruebas. En muchas instituciones aún está en discusión qué hacer. Y otras directamente establecieron que las materias se aprobarán recién cuando los alumnos puedan dar examen en persona. 

En las facultades de Derecho y de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA) ya comenzaron a tomar exámenes finales virtuales. Los docentes de cada curso optan por pruebas orales a través de plataformas como Zoom o Meet. Otros, en cambio, proponen entregas de trabajos en horarios determinados a través de los entornos virtuales. Por ahora la prioridad la tienen aquellos alumnos que están próximos a recibirse teniendo la totalidad de las materias regularizadas. 

En la Facultad de Psicología de la UBA se aprobó la Evaluación Virtual Integral (EVI) para aquellos estudiantes que hayan cursado asignaturas con régimen de promoción sin examen final y que hayan obtenido la condición de
“aprobados” durante la cursada por el campus virtual. La modalidad de la EVI queda a criterio de cada
cátedra: puede ser individual, grupal, oral o escrita. 

En en el resto de las facultades de la UBA aún están analizando los distintos claustros si se aprueba la toma de exámenes de forma virtual o se espera al regreso de la presencialidad para evaluar lo aprendido a distancia.

Vigilancia en Córdoba

La Universidad Nacional de Córdoba adquirió, a cambio de 17 mil dólares, una licencia para usar el software Respondus para evaluar a sus estudiantes: se trata de un programa que controla la computadora del alumno para que, durante el periodo estipulado, solo pueda ocuparse de la prueba, y a la vez registra al estudiante mediante un sistema de reconocimiento facial, en busca de posibles gestos que denoten que se está copiando. En principio, Respondus se usará en las facultades de Ciencias Económicas y de Ciencias Exactas. La decisión generó rechazó en distintos sectores de la comunidad estudiantil y docente, porque implica una vulneración de la privacidad de los alumnos y puede implicar un deterioro para la relación de los estudiantes con sus profesores, que así terminan asumiendo un rol policial.

Los que tienen prioridad

En la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ) también rige el criterio de priorizar la toma de exámenes para aquellos estudiantes que están a pocas materias de recibirse. “Iremos resolviendo el tema en la medida de lo posible. Pero por ahora vamos a priorizar tomarles exámenes a los estudiantes que están a una o dos materias de recibirse”, señaló en diálogo con PáginaI12, el rector de la UNAJ, Ernesto Villanueva.

La Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) dicta carreras de grado y posgrado, presenciales y virtuales. En ese sentido, el rector de la UNQ, Alejando Villar señaló a este diario que “aquellos que ya estaban cursando carreras de forma virtual tienen un régimen por el que tienen que rendir exámenes finales de forma presencial y escrita”. Sin embargo, debido al aislamiento social esos exámenes fueron suspendidos y se puso en marcha la toma de exámenes virtuales para un grupo de 300 estudiantes que están a una o dos materias de recibirse.

En el caso de los los alumnos que cursan carreras presenciales, las autoridades ya han habilitado los mecanismos necesarios para poder realizar las evaluaciones a través de las plataformas digitales. “A los presenciales se los va a evaluar con el curso. Ya está todo armado para que se puedan tomar exámenes ahora en julio y agosto. Cada docente organizará la modalidad de evaluación que puede ser una defensa oral mediada por alguna plataforma como Zoom”, indicó Villar.

En la Universidad Nacional de las Artes (UNA) también están trabajando en la misma línea: priorizar a los estudiantes que están cerca de graduarse. “Actualmente está habilitado el tema de la defensa de tesis y exámenes para alumnos que están a punto de recibirse. Pero todavía estamos consultando con los distintos claustros la posibilidad de extender los exámenes a una mayor cantidad de alumnos. También estamos trabajando para armar un esquema y estructura virtual mucha más solida que la que armamos para el primer cuatrimestre”, señaló la rectora de la UNA, Sandra Torlucci.

Los protocolos para evaluar

En algunas universidades lanzaron protocolos para la toma de exámenes en los que se especifica la metodología de evaluación, horarios y condiciones y criterios de aprobación. La Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (Unnoba) habilitó la Plataforma EDFinales donde cada mesa tendrá un espacio para la toma de su final. Dentro de cada espacio, se cuenta con distintas herramientas para poder diseñar los exámenes finales. La modalidad de los exámenes será oral o escrita según lo decida cada docente. Asimismo, la universidad señala en su protocolo que “los docentes deberán informar con anterioridad al examen, los plazos y formas requeridos para que los alumnos realicen sus reclamos respecto de la pérdida de conectividad u otros problemas que pudieran surgir en el transcurso del examen”.

La Universidad Nacional de Cuyo también elaboró un protocolo para el efectivo desarrollo de exámenes finales (orales, escritos, mixtos) por medios virtuales. “En la medida que puedan retornar las actividades presenciales, se trabajarán acciones compensatorias con las/os estudiantes que no puedan acceder a su derecho a rendir en la modalidad virtual por no contar con internet y/o computadora. En este sentido, las acciones irán diseñándose en función de las regulaciones nacionales y provinciales referidas a la presencialidad en las universidades”, consigna el protocolo de la UNCu.

La Universidad Nacional de Villa María, en Córdoba, ya evaluó a más de 2300 alumnos con la modalidad a distancia. La última semana, en la primera tanda de exámenes desde la vigencia del aislamiento social, se conformaron 1175 mesas en las diferentes sedes de la casa de altos estudios (Villa María, San Francisco, Villa del Rosario y Córdoba), con la participación de 2.348 estudiantes que rindieron materias a través del campus virtual.



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El proceso revolucionario y las claves de la Independencia | INFORME



El creciente interés por la historia ha ido ganando lectores al calor de nuevas formas de divulgación y socialización que las redes sociales y las nuevas tecnologías permiten. Sin embargo, la acelerada circulación de contenidos y la cada vez más basta cantidad de notas vuelven indispensable el trabajo de los historiadores como curadores del contenido histórico. Es así como los trabajos que se vienen desarrollando desde la academia han reinterpretado nociones obsoletas como las de causalidad dentro de dos fechas trascendentes de nuestro pasado. Desacoplar los sucesos de la Independencia como producto de la Revolución de Mayo ha sido uno de los grandes desafíos de la historiografía moderna.

Por eso, hoy es preciso pensar en términos de proceso revolucionario y ubicar las efemérides en contexto: no explicarlas como elementos inconexos. Esta explicación del proceso revolucionario requiere centrarse en los cambios que sufrieron los estudios históricos en nuestro país y en los nuevos focos de análisis que esos cambios determinaron. Para clarificar este recorrido, el Suplemento Universidad conversó con Beatriz Bragoni, doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA), profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo e investigadora principal del CONICET; Gabriel Di Meglio, doctor en Historia por la UBA, investigador independiente del CONICET y docente en la UBA y la Universidad Nacional de San Martín; y Silvia Ratto, doctora en Historia por la UBA, investigadora independiente del CONICET y docente de la Universidad Nacional de Quilmes.

Pensar el proceso y no las fechas

La revolución del 25 de mayo de 1810 y la independencia del 9 de julio de 1816 son representadas en nuestro ideario cotidiano como fotos instantáneas de una época lejana y constitutiva de nuestro país. El problema de esta representación conceptual es que no da cuenta de la complejidad del proceso revolucionario. Aún peor, llevan a pensar ambas fechas como productos locales y las alejan de los sucesos continentales en toda la América española y de los acontecimientos europeos bajo el contexto de la expansión napoleónica.

“Es indispensable pensar la Revolución en el conjunto del Imperio Español, puesto que es este Imperio el que se derrumba al mismo tiempo. No se puede pensar Buenos Aires sin pensar al mismo tiempo Caracas, Santiago de Chile, Bogotá o México. Esto fue una gran renovación porque, antes, el nacionalismo de cada país hacía que los historiadores analizaran de forma aislada los acontecimientos de cada parte del continente”, afirma Gabriel Di Meglio. Esta renovación de los estudios en la materia permitió conectar los procesos revolucionarios de todo el continente buscando vasos comunicantes y nexos explicativos que complejizaran las viejas tradiciones nacionales.

Beatriz Bragoni destaca la importancia que tuvo Tulio Halperin Donghi sobre las generaciones posteriores de historiadores. La producción académica publicada por Halperin entre 1961 y 1979 permitió formular nuevas hipótesis y abrir un abanico de campos de investigación que renovaron los estudios de la Revolución en el Río de la Plata. Con la vuelta de la democracia, la producción académica se asienta sobre líneas de trabajo preexistentes en el campo histiográfico que son el fruto de trabajos comenzados por Halperin. Entre ellos, Bragoni resalta “el peso de las condiciones locales en la aceptación o rechazo del ensayo revolucionario en el interior y la irrupción de la política como actividad que instala un nuevo tipo de relación entre las elites y los sectores populares o plebeyos, a raíz de la militarización y politización”.

Luego de esa primera gran transformación dentro de la disciplina, Di Meglio analiza una segunda renovación donde el principal exponente es Juan Carlos Chiaramonte: “Acá el gran aporte está en el hecho de mostrar que para 1810 no existía la Argentina como identidad. Entonces, no son los argentinos los que se rebelan contra los españoles, sino que la identidad y la Nación son construcciones posteriores a la Revolución. Esto rompe con todas las miradas historiográficas anteriores, empezando por Mitre y siguiendo por el revisionismo”.

Por último, remarca un tercer aporte dentro de la renovación de los estudios: “La tercera innovación, es el hecho de recuperar el proyecto original de Mayo, lo cual permite entender la diferencia entre 1810 y 1816”. En este sentido, la historiografía reciente permite pensar que el resultado final no tiene que condicionar todo el análisis porque se pierde la riqueza de la época.

Para Silvia Ratto, el gran cambio se da a partir de la reinterpretación de fuentes para destacar la voz de sectores sociales que habían sido poco rastreados con anterioridad o cuyo estudio no había sido seguido con detenimiento en pos de organizar los estudios en torno a las elites o grupos dominantes de la sociedad colonial. La historiadora destaca los nuevos trabajos que tienen como protagonistas a los sectores populares urbanos y rurales y a las poblaciones afrodescendientes e indígenas.

Ante estas novedades dentro del campo de la investigación se abrieron una multiplicidad de nuevos trabajos que resaltan y reponen, con nuevas miradas, elementos que habían sido dejados de lado con anterioridad. Los impulsos dados a la historia regional, generando un mosaico de realidades dispares dentro del territorio virreinal; los trabajos sobre las identidades y las prácticas políticas de los sectores populares; y las formas de relación y los tipos de sociabilidad entre indígenas y criollos, se presentan como un nuevo recorrido del proceso revolucionario.

La Revolución en Cuyo y la figura de San Martín

La proclama de la Independencia del 9 de julio de 1816 es uno de los episodios más renombrados dentro del proceso revolucionario. Su impacto en las diferentes regiones del entonces extinto Virreinato fue dispar. Beatriz Bragoni traza una postal de cómo fue recibida la noticia en la Gobernación de Cuyo. “La independencia fue celebrada en la jurisdicción cuyana con todos los rituales de rigor. El acta de la independencia fue jurada en cada ciudad y villas mediante la decisiva participación de los capitanes de milicias, y los curas volcados con entusiasmo en la defensa del sagrado sistema de la libertad”, señala.

Los festejos proliferaron entre la población local y se extendieron junto con el compromiso de prestar testimonio entre las comunidades indígenas. En este sentido, Bragoni indica que “la jura se llevó a cabo incluso en las Lagunas de Guanacache, es decir, en los antiguos pueblos de indios y mestizos de las comunidades huarpes”. “Se trataba de un acontecimiento y explosión de sensibilidades que tenían como antecedentes la regular pedagogía cívica insuflada por los gobiernos locales desde 1810, y multiplicados después de 1813 cuando los hombres de la logia accedieron a las primeras magistraturas en sintonía con el gobierno de la capital”, añade.

La participación de su gobernador intendente, José de San Martín, fue fundamental dentro de la convocatoria del Congreso General celebrado en Tucumán. Beatriz Bragoni apunta que si bien San Martín no era partidario de formas republicanas de gobierno, consideraba necesario sostener un gobierno central en Buenos Aires como un baluarte revolucionario en Sudamérica. Sumado a esto, la historiadora mendocina destaca un hecho importante: “La opción independentista de San Martín residía en que el cambio de status jurídico resultaba capital para encarar la campaña militar a Chile y al Perú porque habilitaba hacer la guerra como nación soberana, y reclamar un tratamiento regulado por el ‘derecho de gentes’”.

La importancia de los sectores populares

Tanto el concepto de clase como el de sectores suponen una situación relacional en tanto se definen en oposición de un otro. Esto lleva a pensar que los nuevos trabajos historiográficos han corrido su enfoque para analizar las condiciones de vida de sectores que no habían sido percibidos en las fuentes. Sectores populares o subalternos, donde se especifica la distancia con los dominadores, son el objeto de diversas investigaciones que proponen buscar nuevas fuentes o mirar con ojos renovados, testimonios que no fueron abordados con esta finalidad.

Gabriel Di Meglio trabaja en profundidad el desarrollo de estos sectores en el contexto revolucionario y marca ciertas rupturas con respecto a los sectores subalternos de otras zonas del continente: “A diferencia de lo que pasó en varios lugares de América Latina, donde la movilización popular estuvo en favor de la causa del rey, en el territorio rioplatense las movilizaciones fueron en favor de la Revolución. En todo el territorio, el principio identitario de esos sectores fue la idea de patria”.

Este concepto no era utilizado como sinónimo de Nación, por el contrario hacía referencia a un principio identitario que, como remarca Di Meglio, era asociado a las nociones de patria, rey y Dios. “Luchar por la patria podía significar pelear por el libre acceso a los recursos, por la distribución de la riqueza, por el acceso a la tierra. En el caso de Buenos Aires, donde la movilización estuvo más vinculada con la ciudad que con la campaña, la movilización implicó un reclamo contra distintos malestares que existían en la ciudad y permitió una forma de organizar una igualación simbólica en el sentido de que todos aquellos que eran inferiores en el sistema colonial; fuera porque eran esclavos, eran miembros de la castas o eran blancos pobres, podían ver en los españoles a los grandes enemigos de la causa”, resalta.

El factor indígena

Con el proceso revolucionario y el desmembramiento de los territorios coloniales se generó en todo el continente una reformaulación de los vínculos entre las sociedades hispano-criollas y las comunidades indígenas. En el territorio del Virreinato del Río de la Plata, esos vínculos sufrieron modificaciones como respuesta de los tratados que las comunidades tenían con los españoles. En este sentido, la historiadora Silvia Ratto destaca: “En el reino de Chile, los patriotas no logran el apoyo de los indígenas justamente porque esto implicaba para algunos grupos perder privilegios políticos y económicos que habían logrado hacia fines del periodo colonial: no pagar impuestos por su comercio, percepción de sueldos militares por parte de los principales caciques, etcétera. En síntesis, los grupos de la Araucania pasan casi en su totalidad a apoyar a los realistas”.

Estos hechos generan un problema para la Revolución puesto que las comunidades indígenas de la Araucania, a ambos lados de la cordillera de los Andes, estaban muy conectadas, con cruces constantes de grupos y comunicación fluida. Sin embargo, la historiadora de la UNQ asegura que no todas las comunidades se relacionaron de la misma manera: “Las agrupaciones indígenas de pampa y patagonia, al no tener un vínculo tan fuerte con las autoridades coloniales, se mantuvieron bastante al margen de los cambios producidos. Sin embargo, esa neutralidad no se mantuvo por mucho tiempo”.

Finalmente, las presiones ejercidas desde el mundo hispanocriollo y los conflictos al interior de las comunidades indígenas, como resultado de la Independencia, reconfiguraron las alianzas y generaron una nueva manera de relacionarse. Ratto destaca que, “como consecuencia de este convulsionado escenario, la relación de los caciques con los gobiernos criollos también se modificó”. “Los jefes étnicos aprovecharon al máximo la diversidad de opciones que se les presentaba para tejer alianzas o dirimir conflictos ancestrales”, resumió.

 



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La cuarentena de las empleadas domésticas | COVID-19 



Una encuesta realizada por la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y el CONICET arrojó datos alarmantes sobre cómo afecta la cuarentena a las condiciones laborales y económicas de las empleadas domésticas. Uno de los datos más graves es que apenas el 33 por ciento de las trabajadoras cobró el salario sin poder trabajar ante la pandemia de coronavirus.

El estudio, que fue llevado a cabo por el Programa Salud, Subjetividad y Trabajo de la UNLa y el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL) del CONICET, comprobó que más de la mitad vio perjudicada su situación a partir del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio.

Entre varios de los datos arrojados por la encuesta realizada a unas 635 trabajadoras, entre el 13 de abril y el 10 de mayo, se comprobó que a otro 11 por ciento le pagan porque van a trabajar a pesar de la cuarentena, y un 55 por ciento respondió que no cuenta con otro ingreso extra.

El investigador adjunto del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales Hernán Palermo aseguró, en diálogo con el Suplemento Universidad, que uno de los principales objetivos de la investigación es “hacer un diagnóstico rápido de la situación” de este sector del trabajo para “aportar a las políticas de Estado”.

“La profunda desigualdad en América Latina, y en particular en Argentina, en momentos de crisis se ahonda más, y los primeros que caen son aquellos sectores que están en las situaciones más precarias respecto a otros”, lamentó el investigador.

También aseveró que en el rubro de las empleadas domésticas otra de las observaciones que se pudo hacer es que “estar registrada o no estarlo es una diferencia, ya que es un resguardo”, y detalló que “6 de cada 10 vieron complicarse su situación a partir de la cuarentena”.

En ese sentido, especificó que en esta cuarentena “algunas trabajadoras fueron despedidas, se les redujo el salario, se las suspendió, se las despidió o se les dio vacaciones anticipadas”. “Otra situación que se dio es que el cobro del IFE, de 10 mil pesos, se les descontó del salario”, añadió.

En la misma sintonía, la coordinadora del programa Salud, Subjetividad y Trabajo de la UNLa, Miriam Wlosko, remarcó que, estructuralmente, las tareas domésticas “son tareas que han sido y son invisibilizadas y desvalorizadas como tales, no sólo económicamente, sino social y moralmente”.

“Es una ocupación absolutamente feminizadas, casi el 100 por ciento son mujeres, en general de sectores populares y pobres, También está vinculada con el origen étnico y con las migraciones internas y externas”, remarcó.

“El estudio expresó, de modo obsceno, la irresponsabilidad de los privilegiados. Por ejemplo, cuando te necesito en mi casa, y aunque esté prohibido, te hago venir incluso metida en un baúl para que pases por la puerta del country poniendo en riesgo mi vida y la de la persona, pero cuando no te necesito no te pago más”, manifestó la coordinadora.



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Universidades y pymes, una alianza contra el coronavirus | INFORME  



El mundo se encuentra en una carrera científica e industrial sin precedentes para poder detener al COVID-19, enfermedad que hasta ahora es imparable y cuya única forma de ralentizar es a través del aislamiento y el cuidado sanitario. En este escenario, Argentina es uno de los tantos países que desarrollan herramientas para resistir a la pandemia hasta que se encuentre una vacuna, investigación que también se realiza en suelo nacional.

Una de las herramientas que facilitará la lucha contra el virus es el kit de diagnóstico ELA-CHEMSTRIP, creado por una alianza entre las universidades nacionales de Quilmes (UNQ) y de San Martín, y producido en masa gracias a las pymes locales Productos Bio-lógicos SA (PB-L) y Chemtest. La novedad de este test es que se realiza en una hora y media; puede detectar la enfermedad tanto en personas que tengan o no síntomas, y no necesita de un laboratorio con una gran infraestructura para garantizar su correcto funcionamiento. A principios de julio se estima que tendrán unas 100 mil copias distribuidas en las principales zonas de riesgo.

Básicamente, se pasa un hisopo por la nariz del paciente, se extrae el ARN del virus del hisopo y se expande la muestra con una amplificación isotérmica (llevar el ácido a una temperatura constante) a 60 grados con una polimerasa particular, una enzima que multiplica genéticamente la muestra por más mínima que sea. Al cabo de una hora, el paciente sabe si tiene o no coronavirus. Se trata de una herramienta vital para conocer con precisión los principales focos de contagio del país. Todo surgió gracias a una afortunada casualidad.

El hito de un encuentro casual

“No es fábula lo que te voy a contar”, dice, con un dejo de intriga, Diego Comerci, uno de los coordinadores del equipo que desarrolló el kit. El fundador del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIB) de la UNSAM y socio de Chemtest relata que el 8 de marzo, a cinco días de que se conociera el primer infectado en el país, recibió un llamado urgente de la UNSAM en el que le pedían desarrollar “un test que se pudiera producir en el país y que garantizara la cobertura de insumos para la pandemia sin depender de factores externos”. Es así que “desde el Gobierno le manifestaron a la UNSAM el miedo que tenían porque se estaba desatando una guerra a nivel mundial para abastecerse de todos los reactivos, insumos y el material médico para atender la pandemia, y temían que hubiera escasez”, explica. Comerci, que ya tenía una vasta experiencia en el desarrollo de kits de diagnóstico, rechazó la oferta porque “no había manera hacerlo en 6 semanas”. Esa noche no pudo dormir y, mientras daba vueltas en la cama, se le ocurrió una idea que le presentó al rectorado al día siguiente. Consistía en adaptar un kit de diagnóstico rápido de dengue basado en tiras reactivas, similar a un test de embarazo, para que detectara el coronavirus. “Pero no nos alcanzaba con lo que teníamos, faltaba algo más”, sostiene el doctor en biotecnología.

Ese “algo más” era la polimerasa que tenía el equipo de Marcos Bilen, biotecnólogo de la UNQ y socio de Productos Bio-Tecnológicos, que había conocido a Comerci en la Feria Innovar (una exposición científica) del año pasado. El stand de Bilen estaba enfrente del de Comerci, y la tecnología que presentaba era un prototipo de testeo de Clamidia en el que se utilizaba dicha polimerasa para detectarla. Esa polimerasa la encontró Bilen de casualidad, cuando tomó unas muestras de aguas termales en Salta en 2002.

Como una de esas ideas que se tienen en un momento desesperado, Comerci supo que era él a quién tenía que acudir. “Diego me llamó y me dijo ‘Marcos, vamos a tener que hacer algo porque (el coronavirus) está creciendo mucho en el mundo’”, narra Bilen para el Suplemento Universidad. “Presentamos en esos días un proyecto al Ministerio de Producción, que gustó; y en paralelo se convocó al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Entre los dos impulsaron el proyecto”, destaca.

El 20 de marzo se declara el aislamiento preventivo, social y obligatorio en todo el país.

Unos días después, el proyecto recibe los fondos y en 60 días ya estaba listo el ELA-CHEMSTRIP. “Lo pudimos testear, validar y garantizamos la producción y el desarrollo en el país. Tenemos el 80 por ciento de los insumos y la idea es tener 300 mil unidades para agosto”, cuenta Comerci con orgullo.

“Lo que te permite el kit es tener un análisis para las muestras in situ, o sea en el lugar donde ocurre el foco. ¿Qué quiere decir esto? Actualmente la forma de diagnóstico es: o la persona va a la clínica o llama a la guardia porque tiene síntomas y viaja. Entonces toda esa logística es un riesgo porque la persona, hasta que llega a tomar una muestra o se deriva al hospital, pasa tiempo que está en contacto con otras personas”, explica pedagógicamente Bilen.

Por su parte, Comerci señala que en Argentina “hay una red de diagnóstico montada tanto en el sector público como en el privado con cicladores térmicos para realizar la qPCR (un tipo de reacción química que demora horas), que es un equipo sofisticado con un alto costo. No todos los laboratorios clínicos tienen eso: hay muchísimos que quedan fuera. ¿Cómo logramos ampliar la capacidad de diagnóstico? Necesitamos incorporar a estos laboratorios. Hacemos test que tengan la misma performance diagnóstica; el ELA CHEMSTRIP lo único que requiere es un equipamiento básico como una incubadora termoestatizada a 60 grados que tienen todos los laboratorios”.

“Si la pandemia crece mucho, la cantidad de contagiados va a ser tan alta que no va a haber medio para contenerla, pero ahora estamos en un tiempo donde tenemos que usar todas las herramientas posibles para disminuir el impacto que tenga esta pandemia, y el Gobierno tiene un poco esa idea”, remarca Bilen y agrega que “el objetivo ideal era eso, que sea un producto económico, rápido, que se pueda producir en dos meses, cosa que sucedió. Pero también que permitiera una primera línea de detección antes de llegar a los centros de referencia para no saturar los sistemas de salud”.

Cómo se desarrolle la pandemia en estas semanas será clave para dirimir el próximo paso para combatir la enfermedad. Bilen, en ese sentido, puntualiza con un tono esperanzador que “en agosto va a empezar a disminuir”, y añade que “cada día que van pasando cosas nos entrenamos para darle la importancia que corresponde, y solucionaremos todo cada vez más rápido”.

La unión con las pymes

Tanto Chemtest como Productos Bio-Tecnológicos son empresas locales que ya contaban con una mínima capacidad de producción a la hora de crear el kit ELA-CHEMSTRIP. Aunque, enfatiza Comerci, la iniciativa recibió “mucha cooperación del Gobierno a través de la unidad de Presidencia y los aviones sanitarios que fletaron a Shangai, que pudieron traer muchos de los equipos para garantizar la continuidad en la producción. Eso fue lo más difícil”.

“Apostar a la tecnología es un valor que tiene el país. Esto debería ser algo estructural, de todos los gobiernos, no de algunos. Es importante entender la ciencia, la generación de conocimiento que se genera acá no puede ser solamente regalada o entregada libremente al mundo”, sostiene Bilen. En ese sentido, Comerci adhiere y resalta la necesidad de “vincular a las pymes con las universidades, porque no sólo hay que generar conocimiento de calidad, sino que hay que apropiárselo en el país. El mundo está lleno de patentes que citan papers argentinos. Tenemos que hacer que esto lo usen nuestras pymes”.

“El conocimiento tiene que explotarse en Argentina, tiene que ser valorizado económicamente e intelectualmente. Chemtest y Productos Bio-tecnológicos tratan de poder aplicar el conocimiento a productos que satisfagan las necesidades locales como primera instancia y luego del mundo, si existe esa necesidad”, insiste el biotecnólogo de la UNQ y añade que “hay una inversión estatal que es importante rescatar y no que quede en manos de una empresa”.

El rol clave de las universidades

Bilen expresa con orgullo que pelea “por la educación pública”, y asevera que “es un baluarte que no debe entrar en discusión”. Al principio se pone dubitativo, pero luego habla con firmeza sobre cómo se deterioró el apoyo a la educación y a la ciencia en los últimos cuatro años. “No sé cuál es la lógica política que hace que un gobierno apoye o no a la ciencia. Junto a la educación y la cultura son valores de una sociedad. Eso no tiene discusión, forjan la sociedad. Es tu capital. Aunque algunos digan que es un gasto, en realidad estás realizando una inversión, desarrollándote como nación”, opina.

Por su parte, Comerci reflexiona que se está “mostrando cómo se pueden alinear los recursos humanos de máxima excelencia que se forman en la universidad. Todo esto se pudo hacer rápido, bien y sacando un buen producto no porque somos genios, sino que tenemos 30 años de trayectoria donde se prioriza la calidad, la alta tecnología y la alta ciencia”.

En las inciertas épocas del coronavirus, proyectos como el ELA CHEMSTRIP demuestran la capacidad que tiene la ciencia argentina y las universidades nacionales para ponerse al frente de la lucha. “Me encantaría saber que el país tiene bases que no se tocan y si es así es porque vienen cosas mejores. Sin eso no creo que seamos nada”, reflexiona Bilen. 

Ilustración: Reinaldo Cortés



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