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La catástrofe de Brasil entre la pandemia y Bolsonaro  | Entrevista al escritor Ricardo Lísias



Escritor y profesor universitario en San Pablo, Ricardo Lísias generalmente logra que sus libros intervengan en el presente, que no se restrinjan a los “ámbitos literarios” y crucen las fronteras que se suelen establecer entre “ficción” y “realidad”. Así lo hizo en Divórcio (novela actualmente en proceso de traducción para su publicación en Argentina), donde una separación en clave de “auto-ficción” deviene en crítica a los mecanismos y funcionamiento de los grandes medios de comunicación. También en El libro de los mandarines –novela ya publicada aquí por Adriana Hidalgo–, una sátira al mundo empresarial “globalizado”. Y en A vista particular, donde cruza la existencia de las favelas con los proyectos del “mundo del arte” y la “estetización de la pobreza”. Agudo e incisivo, ocurrente, imaginativo, Lísias provoca discusiones y controversias, cuando no se las hacen otros a él: una serie de novelas policiales, del “delegado Tobías”, contienen “expedientes judiciales”; ante esto la Policía –la verdadera– le inició una causa, tomando esos “documentos” de la novela, de Facebook, para acusarlo… por “falsificación de documentos públicos”.

Ahora, tras la llegada al gobierno de Brasil de Jair Messias Bolsonaro, Lísias encara el debate, y combate: Diario de la catástrofe brasileña entra de lleno en la arena política y analiza, discute y polemiza el uso de “imágenes como herramientas del neofascismo en las elecciones de 2018”; una “despolitización” que deviene del “vaciamiento de las palabras”: una “imagen y breve leyenda” versus la lectura y la argumentación (¡y la paciencia!) para intentar establecer diálogos, intercambios y críticas. Por “higiene mental”, según declaró, el escritor se niega a escribir en su libro, de trescientas cincuenta páginas, el nombre del actual presidente, limitándose a indicarlo con dos corchetes vacíos: “[]”, y vislumbra continuidades entre el golpismo de 1964 y el avance actual de “comunidades religiosas moralistas”, quienes con grupos políticos ultraderechistas actúan en lo que llama “la principal arena política contemporánea: las redes sociales”. El Lava Jato como una serie de TV, con el juez Moro actuando cual superhéroe, como su públicamente admirado Batman –lo que llevó a Lísias a comparar y encontrar paralelismos entre el funcionario y el discurso y la ideología del hombre-murciélago en los comics–, las ofensivas sobre las universidades –ya que “de ahí sale buena parte del conocimiento liberador”–, la publicidad y las “formas” del arte como útiles para las campañas políticas, y hechos bien reales, como el asesinato de la concejala y activista Marielle Franco, aparecen en el día a día de un Brasil sumido, justamente, en la catástrofe. Alusiones sexuales, fake news, pulsión de muerte y propaganda masiva son, para Lísias, la preocupante y peligrosa avanzada de lo que llama en esta entrevista, una y otra vez, neofascismo; algo construido “a través de las manipulaciones del sentido común”.

Ricardo, fuiste publicando fragmentos del Diario en la web, dispuesto a recibir críticas y opiniones, para eventualmente reescribir o cambiar cosas. ¿Cómo se te ocurrió hacerlo así?

–El gobierno neofascista brasileño tiene un método de acción muy claro: para obtener lo que desea, no utiliza una línea recta. Él hace una afirmación, al día siguiente retrocede, después cambia de nuevo y finalmente confunde a todos. La oposición queda perdida pues no consigue entender siquiera con lo que está lidiando. Con eso el gobierno consigue desestabilizar todo y así derrumba cualquier respuesta. Nada le puede hacer frente pues ni siquiera hay claridad respecto a su rumbo. Claro que todo eso es una trampa. Bien hecha, por más que pueda ser percibida después de alguna investigación. Entonces, para intentar hacer frente a ese tipo de actitud, utilicé una forma que podría también ser mutable: yo redactaba dos o tres meses de análisis, con la forma de un diario, y conforme la situación cambiaba, yo cambiaba también mi texto. Con eso me pude movilizar contra el gobierno brasileño neofascista. Así, mis análisis circularon en primer lugar a través de ebooks, forma a la que me acostumbré. Ahora salió el primer volumen del libro impreso. En el libro impreso están los análisis ya definitivos, que considero que no perderán validez aunque el gobierno neofascista haga una vez más sus volteretas.

Además, hiciste lecturas públicas, donde te fue bien.

–Las presentaciones públicas ocurrieron en universidades, grupos de teatros y otros ambientes de enseñanza, investigación y difusión de la cultura. Fueron muy bien recibidas y enriquecieron mis análisis. El libro está circulando sumamente bien en el interior de las universidades. Además en este mes de octubre conversaré con estudiantes de posgrado que están leyendo mi libro. Ya está en varias bibliografías.

–El diagnóstico que hacés es grave: el fascismo gobierna Brasil, a lo que agregás algunas desmentidas, como que la cultura y/o la universidad es “toda de izquierda”. Para vos hubo falta o imposibilidad de diálogo y debate; ¿se puede resolver o revertir esto? 

–El actual presidente brasileño, cuyo nombre me rehúso a repetir, lidera un movimiento neofascista, cuyos objetivos principales son tres: a) matar a una parte de la población: la comunidad vulnerable que incomoda a los conservadores; b) instaurar en Brasil una especie de gobierno cristiano-ultraconservador, en el que las costumbres estén todas pautadas por reglas cristianas de comportamiento, que son las más atrasadas que se puedan concebir; c) realizar reformas económicas que se orienten por un ultraliberalismo cuya intención principal es hacer a los ricos aún más ricos. El actual gobierno ama la muerte, existe para alabar la muerte y pretende promoverla de la forma más intensa posible. No sé exactamente qué hacer para revertir esta situación. Puedo decir que, de mi parte, estoy invirtiendo toda mi energía en la resistencia y jamás aceptaré que el neofascismo sea naturalizado. En mi opinión, necesitamos movilizarnos todos y unirnos para que el neofascismo sea lo más rápidamente posible apartado del poder. No es fácil pues tiene muchas instancias de apoyo. Lo ideal sería una movilización amplia de numerosos sectores de la sociedad que rechazan el neofascismo y toda esa política orientada para el norte. Lamentablemente, eso está muy lejos de suceder. El Brasil naturalizó el neofascismo y ahora vive esa desgracia como si fuese la cosa más natural del mundo.

Hablás de la manipulación al extremo de las imágenes por parte de la política neofascista. Esto simplifica los “mensajes” y empobrece la posibilidad de pensamiento, diálogo y discusión. ¿Cómo responder, con las mismas herramientas, o se debe seguir priorizando la palabra, la argumentación y las teorías críticas, además del arte?

–Una parte grande del trabajo político del gobierno brasileño es simplemente mentir. Hoy mismo vi la cantidad enorme de mentiras que él dijo sobre el presidente Alberto Fernández. No podemos obviamente usar la misma estrategia. De la misma manera, el culto a la violencia me parece muy dañino y no puede ser multiplicado. Esto es seguro, es necesario un poco más de energía en el combate al neofascismo. He visto muchos intelectuales y escritores aquí y allí manifestándose, pero es siempre de forma agridulce. Muchos escritores brasileños valoran enormemente su propia imagen y son muy bien educados. Con eso escriben textos que atraen justamente porque incomodan muy poco. Yo digo que sin una dosis muy grande de tensión queda todo neutralizado. Creo que hoy el arte más eficaz y efectivo es justamente el híbrido, aquel que no respeta fronteras y ninguna orden, que está “contaminado”, y que trabaja con géneros indefinidos. Tal vez eso consiga la resistencia necesaria al mismo tiempo que atraiga personas que por muchos motivos apoyaron al fascismo brasileño. En tanto, destaco que eso no está ocurriendo: estamos perdiendo feo, y el Brasil se vuelve cada día un país más y más conservador.

¿Qué repercusiones tuvo el libro hasta el momento?

–El libro está recibiendo amplia atención del público universitario. Son muchos cursos diferentes los que están adoptándolo para discutir fragmentos y cuestiones planteadas. En las redes sociales también hay bastante difusión, los lectores se entusiasman mucho y se refieren unos a otros. La prensa, por otro lado, recibió este trabajo con alguna frialdad, ya que el libro muestra el papel de esa misma prensa en el fortalecimiento del actual presidente, y también el hecho de que los escritores tradicionalmente en Brasil no hacen críticas a la prensa en sus trabajos, prefiriendo en general una relación más cómplice. Luego que el libro fuera lanzado, fui víctima de mucha agresión online, como suelen ser los ataques de la extrema derecha. Había mucha amenaza, linchamiento, persecución y cosas así. Hoy eso disminuyó un poco, pero no ha acabado completamente.

¿Estás trabajando en lo que es el “año 2”, al que debemos sumarle otra catástrofe, la pandemia mundial? ¿Cómo ves la situación de Brasil actualmente? 

–El Brasil asistió prácticamente sin ninguna reacción al genocidio. Ese es el principal motivo del volumen II. En tanto yo respondo a esa cuestión, ¡me entero que llegamos a los 150000 muertos! Tenemos el segundo mayor número de muertos del mundo. Cuando la pandemia comenzó, el presidente brasileño fue informado por su entonces ministro de salud de la gravedad de la situación y lo que debería hacerse para que evitásemos tantas muertes. El presidente hace simétricamente lo contrario, lo que demuestra, por lo tanto, que él buscó esas muertes, las estimuló y saboteó todo tipo de lucha más consecuente. Él hizo eso porque su principal plataforma política es la pulsión de muerte. Como todo neofascista él adora la muerte y la violencia. En estos momentos, la prensa informa que los otros poderes de la república están “haciendo las paces” con el presidente. Eso quiere decir en realidad que están ayudándolo a naturalizar tantas muertes. Y muchos otros sectores de la sociedad ya comenzaron a reclamar por un retorno a la “normalidad”, o porque no aguantan más tantas rutinas equivocadas de parte del presidente, o, en fin, son cómplices del genocidio. La izquierda fue en parte aniquilada por la acción del ex juez y  ex aliado del presidente Sergio Moro. Lo que quedó es una minoría que no consigue actuar y continúa con las viejas divisiones y conflictos de antes.

Junto a este, ¿tenés planes de nuevos libros?

–Estoy corrigiendo el volumen II de los diarios, que será publicado al inicio del año que viene. Pretendo seguir todo el gobierno neofascista. Además de eso, estoy corrigiendo un libro de poesía (mi primer libro en el género) que transcurre durante la pandemia y lidia con las cuestiones que ella creó. Se trata al mismo tiempo de un libro con fragmentos satíricos, cuando trato con los personajes del neofascismo brasileño, como el presidente y su familia, Sergio Moro y algunas otras figuras. Aún no sé con seguridad, pero diría que el libro aparecerá durante el año que viene. Me falta por otro lado pensar la forma de circulación, algo que siempre me importa mucho.

 

> FRAGMENTOS DE DIARIO DE LA CATÁSTROFE BRASILEÑA DE RICARDO LÍSIAS 

 

1° de enero de 2020

El 18 de octubre de 2018, la periodista patricia Campos Mello denunció que la campaña de la extrema derecha a la Presidencia estaba haciendo propaganda masiva por WhatsApp, en general financiada por empresarios. Curioso, y ya desconfiado de la catástrofe electoral que ocurriría de allí a diez días, resolví mirar algunos grupos de seguidores en Facebook y en Twitter. Efectivamente, ellos replicaban en esos espacios el mismo material que intercambiaban por teléfono celular. Pasmado, me puse a archivar algunas imágenes.

A esa altura, yo estaba participando activamente de los innúmeros movimientos que intentaban evitar que el peor candidato de la historia electoral brasileña se transformara en nuestro presidente. Llegué a llevar torta y café a una plaza de Moema, invitando a los indecisos a conversar. Algunos conocidos estaban haciendo eso. En mi caso, sólo apareció un mendigo. Al tercer día, dos policías aceptaron un vasito descartable de café, y riendo, me dijeron que me dejara de tonterías.

Esperanzado, le di mucho crédito a la negación que dominaba los ambientes que frecuento. Semanas antes de la segunda vuelta electoral, un evento en una universidad en el interior de Rio Grande do Sul me impresionó. La ciudad era un reducto extremista. Si no me engaño, el ómnibus en el que el expresidente Lula circulaba había sido baleado en aquella región. En caso de que no haya sido, fue allí que un hombre montado a caballo chicoteó a un militante del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra. No dudo que las dos cosas hayan ocurrido en el mismo lugar.

Un profesor hizo una lectura brillante de mi trabajo ante un auditorio formado por estudiantes de maestría y doctorado en Ciencias Humanas. La conversación con ellos también fue muy buena. Antes de dejarme en el hotel, fuimos a tomar un café y el profesor me dijo que el peor candidato de la historia electoral brasileña jamás sería elegido. No da siquiera para imaginar semejante hecho así, concluyó.

2 de enero

Comencé este diario en la noche del 28 de octubre de 2018, el mismo en que 57 millones 796 mil y 986 brasileños hicieron lo inimaginable y depositaron en la urna el voto en un candidato que no tenía ningún programa de gobierno preparado, que había hecho declaraciones racistas, machistas y homofóbicas, elogiara abiertamente a los torturadores y a la dictadura militar y prometiera nombrar como ministro de Hacienda a un hombre con experiencia en el gobierno de Augusto Pinochet e ideas claras para estrangular la vida de la mayoría de la población. Hay que aclarar que hasta ahora el mito y sus ministros están cumpliendo, con notable competencia, todo lo que prometieron.

La policía, desde la elección, se volvió más violenta, casos de censura volvieron a las artes, el Brasil pasó a ser motivo de broma en el mundo, el desmonte alcanzó índices más que alarmantes (y por causa de él, el presidente brasileño, que recibió el voto de 57 millones, 796 mil y 986 electores, y después su ministro de Hacienda llamaron a la primera dama francesa de “fea”), centenares de agrotóxicos fueron liberados para el uso, la población es estimulada a no creer en datos científicos, la agresión a la prensa por parte del gobierno es común y la economía, basta con verlo, continúa en crisis. Hace algunos meses el mito canceló una reunión con el canciller francés para cortarse el pelo y después hizo circular en YouTube su orgullosa falta de modales. Una reforma previsional va a sacrificar aún más a las clases bajas de la población y el ministro de Educación agrede a los profesores constantemente, como hace su colega de Medio Ambiente con el propio medio ambiente. Sergio Moro quiere todavía más gente presa. Cuando yo estaba terminando la última revisión de este libro, investigando sobre una sospecha bastante evidente de corrupción, el presidente gritará a un periodista que le pida al padre el comprobante que debió haberle dado a su madre (o al revés), tras decirle a muchacho (o a otro que también quiso saber de movimientos extraños de un antiguo asesor) que tiene cara de homosexual. La violencia contra las comunidades vulnerables viene aumentando mucho. Ese es el resumen bastante desfasado de la barbaridad en la que nos metimos.

Mi primera intención con el Diario era analizar las imágenes de propaganda de la extrema derecha que, hasta hoy, continúo coleccionando. Luego, vi que ellas encajaban en un contexto mucho más amplio, cultivado hace años por movimientos que desdeñábamos, o ni siquiera percibíamos, a pesar de estar con toda claridad enfrente nuestro. No los imaginábamos. Miré hacia ellos teniendo como foco muchas veces la forma como los mirábamos. Pasamos bastante tiempo riéndonos de aquellos que están ahora destruyendo nuestra vida. Algunos días antes de la toma de posesión del peor candidato de la historia electoral brasileña, descubrí que necesitaba publicar mi reflexión.

3 de enero

Como ocurre con todos mis lectores, la política brasileña es una preocupación para mí. Estudios exhaustivos, por otro lado, siempre preferí los que lidiaban con la geopolítica internacional y con la historia contemporánea. En cuanto a los filósofos y cientistas políticos, los sigo por la prensa. Yo conocía pocos libros de esa área, como por ejemplo Os sentidos do lulismo y después O lulismo em crise, de André Singer.

Me impresioné con la cantidad colosal de equívocos que filósofos y cientistas políticos cometieron durante la campaña presidencial. Fueron muchos los que pasaron tiempo garantizándonos que el peor candidato de nuestra historia electoral jamás sería electo. Tengo la impresión, incluso, de que la profusión de análisis desastrosos que desparramaron ayudó bastante a crear el ambiente de negación que mencioné ayer.

La primera versión de Diario de la catástrofe brasileña fue publicada poco antes de la Navidad de 2018 en una plataforma de libros digitales ofrecida por Amazon. En aquel momento era la manera perfecta para mi objetivo. Una de las principales formas de participación en el debate público, y por lo tanto en el gobierno, de la extrema derecha, es la desinformación, la falta de sentido de las acciones, el va-o-no-va y el juego de puestas en escena y provocación públicas en las que sus miembros se empeñan hace décadas. El formato, por lo tanto, me debería permitir actualizar el contenido conforme el desgobierno alterase la ruta. Con eso yo no quedaría a contramano y mi propuesta no se diluiría en el caos al que el país se acostumbró.

 

Ricardo Lísias, Diário da catástrofe brasileira: ano I: o inimaginável foi electo (Rio de Janeiro, Record, 2020). Traducción: D.P.



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Las cartas y las fotos de Natacha Ebers  | El cuerpo errante y el diálogo íntimo



“En la ciudad como en el campo, ayer como hoy, es el mismo gesto modesto de espigar”. Es el comienzo de Los espigadores y la espigadora, en el que Agnés Varda afirma con el lirismo de las verdades más simples y contundentes que entre las manos de quienes no temen ensuciarse, los restos son y se transforman en abundancia. Un ex-camionero sin trabajo que junta papas tras la cosecha porque no tiene qué comer, un artista que en la basura se llena las manos de posibilidades, un chef que rebusca a campo abierto los ingredientes para su cocina, la misma Varda que decide dejar en el documental imágenes producto del azar o del error, según se lo mire. Hay una imagen elocuente que se va armando a medida que avanza el documental sobre los espigadores: si el acto de recolectar es el de resignificar, entonces no solo esa materia descartable -lo que queda fuera de la serie- cobra otra implicancia, otro relato sobre valor dentro de un capitalismo forjado para expandir mercados eliminando la diferencia, sino que en ese mismo movimiento es el recolector también quien reinventa su existencia en el momento que agacha su espalda para fundar otra manera de ver y de decir lo que está al borde del olvido.

La comunión entre cuerpo y objeto durante la espiga, que es en sí mismo un acto de lectura, redefine la idea de identidad y utilidad, concediéndole a cada uno una nueva forma de estar dentro del mundo. Y en ese sentido, en la búsqueda de la resignificación constante, la obra de la fotógrafa y artista visual Natacha Ebers investiga, problematiza y produce en sintonía de espigadora. Las preguntas de las que parte trazan un recorrido hacia adentro de esa materia de descarte que pueden ser los objetos, la naturaleza, el propio cuerpo a través del tiempo, fotografiados casi en su totalidad con dispositivos construidos por ella misma, con materiales rescatados y reparados en su laboratorio. Querida Natacha: es una obra epistolar, fotográfica e instalativa que este año pasó al formato libro, integrando ocho años de investigación y producción en torno a la fotografía analógica y estenopeica, la posibilidad de la piel como límite y soporte de lo que se proyecta, la errancia de un cuerpo por momentos desdoblado, por momentos multiplicado en imágenes y pensamientos, el diálogo de una mujer consigo misma, las pérdidas, los cruces, los encuentros que se dan puertas adentro de una vida y su deriva. Querida Natacha es el recorrido interno que hace un cuerpo mientras interactúa con la superficie, es la mueca de extrañamiento de la cara frente al espejo, la exhortación a abandonar o a encontrar una casa, el acto cazador de alimentarse, de comprender un sueño, de ser amados por alguien. “En la habitación hay calma, de tanto silencio todo se vuelve transparente. Está por llover, la luz hace que las plantas se despeguen de sus macetas. También estamos salvajes, viviendo una vida en contradicción con nuestros anhelos. Encerradas en una realidad desconocida donde hay una serie de humanos fabricados de otra forma. Natacha, necesitamos tiempo.” 

En la brevedad de esta carta coexisten la luz transformadora con la escritura del encierro -siempre tan ligada una a la otra- y de alguna manera la obra de Ebers se despliega desde ahí, en el intento de encontrar en, por y para Natacha el hogar que afuera parece imposible. En las cartas que se escribe a sí misma hay un cuestionamiento de la forma en la que intenta hacer su trabajo, ganarse el pan, entender el mundo y su forma de habitarlo, en cada trazo de la imagen y de la palabra está la pregunta por la belleza sin buscarla. “Hace dos años comencé a pensar en la posibilidad de una muestra, en cómo llevar la palabra a un formato audiovisual, un recorrido entre imágenes donde el espectador de alguna forma fuera partícipe activo de la propuesta. Surgieron nuevas ideas en relación al espacio y a la dinámica de un recorrido, la muestra estaba siendo pensada para hacerla en la casa en la que estaba viviendo en ese momento, pero tenía sus complejidades y desde esa limitación comienzo a cuestionarme sobre el espacio íntimo, el tiempo, los espectadores. Surge otra mudanza inesperada. La idea del libro latía pero mi intención era encontrar una editorial en donde yo pudiese abrir una discusión en relación a los modos de crear y de construir algo con todo el material que tenía: objetos, cartas, imágenes, dibujos y un mapa en donde hilaba con palabras algo de lo que quería contar. Parecía no haber límites y la idea de hacer un libro se acercaba a lo concreto”. A partir de un post en Instagram, Federico Paladino de La Balsa Editora, argentino radicado en Bilbao, se interesa por el trabajo de Natacha y el libro finalmente se concreta en en País Vasco. “La idea de reproducción de los textos e imágenes a partir de una fotocopiadora se acercaba a lo experiencial de la propuesta que finalmente sucedió. Algo que planteaba Federico me atraía y trascendía las formas en las que generalmente se produce un libro, y eso me entusiasmaba mucho más: el trabajo de construcción a la par entre editor y autora, la experimentación con una minerva tipográfica, la realización de fotograbados, el traslado de una máquina de serigrafías en desuso a pie por la ciudad de Bilbao y una red artístico-afectiva que me esperaba para cederme un espacio de trabajo y de enseñanza.”

MODOS DE EXTRAVIARSE

En 2018, Ebers gana la sexta edición de los Premios ArtexArte con una serie de autorretratos que forman parte del libro. Las imágenes surgen a partir de la observación y el vínculo que tiene con dos pacientes psiquiátricas del centro de salud mental, donde trabaja hace cinco años dando talleres de fotografía. “Creo que mi obra está muy conectada con lo que sucede en el día a día dentro del centro de salud. Al principio no encontraba el tiempo para vincular esas experiencias con mis producciones, hasta que comencé a detenerme en algunas acciones o situaciones con las que me sentía identificada. “Modos de extraviarse”, la obra ganadora, surge de la acción de caminar junto a una paciente y de perdernos por el barrio de Villa Luro y de la observación de otra en donde la experiencia era completamente diferente: lo silencioso era perturbador y lo ruidoso, abrupto. Ahí surgen cuatro autorretratos tomados con una cámara analógica para negativos de 6×6 que se fabricó a finales de los años ’50 hasta los ’70. Las fotos fueron superpuestas y transferidas a doce vidrios que compré en una de esas caminatas.”

El movimiento de andar a la deriva está dado desde la primera carta de Querida Natacha: hay una mudanza, un recorrido que sale de una casa en el barrio de Barracas hasta una habitación en Almagro. Su primer verano en Buenos Aires está por terminar, el punto original de partida es siempre difuso y las fechas de las cartas no siguen una línea temporal, sino que se van sucediendo en una cronología del extravío que mezcla el sueño con la vigilia, la pesadilla de una ciudad en escombros arrasada por dinosaurios, donde Natacha se esconde dentro de un contenedor de basura y solo piensa en la casa que acaba de dejar. Más tarde, fuera del libro pero dentro de la obra, en Bazofia estenopeica Ebers construirá, junto a otros artistas visuales, una gran cámara estenopeica hecha con un contenedor urbano de basura que registrará la ciudad desde ese agujero negro donde solo los recolectores se animan a hurgar. En los trayectos que traza Querida Natacha: hay una suerte de exilio que va dejando de ser abismo a fuerza de volverlo cotidiano, donde las cartas son una soga arrojada al río, nombrando el extravío, cercándolo desde la opacidad de la imágen, donde la existencia se disecciona, se recoge y se cuestiona en movimientos de lenguaje, de imagen y de sonido. Porque la obra fuera del libro se compone de objetos, audios, videos, escritura y fotografía. Querida Natacha: habla de lo inasible y por eso la necesidad de encontrar y contar en todos los soportes posibles. Hay algo de Jonas Mekas en el trabajo de Natacha Ebers, en estos desplazamientos donde no se busca distinguir una trayectoria sino abarcar sus líneas difusas, su sistema de referencias, sus pliegues, sus posibilidades. Si bien en Mekas hay un origen claro, donde la guerra es lo que inaugura el recorrido del artista, en Ebers hay una misma búsqueda de crear sobre la errancia. 

“Caminar te despeja la cabeza y es algo así como una pulsión del cuerpo, que te toma y va hacia adelante”, escribe en una de las cartas, pero ese ir hacia adelante es imposible en un mundo donde las fechas, las casas, los gatos y las cosas están cambiando siempre de lugar. Donde el cuerpo es el único soporte constante aparece la urgencia del registro, del archivo, la anotación para no perderlo todo y hacer que, al mismo tiempo, se pueda dejar ir la vida que ya pasó. “La idea de las fechas no correlativas fue una sugerencia del editor y algo de eso me interesaba. Pensé en mi vínculo con los libros, en cómo los manipulo, qué hago con ellos aparte de leerlos. Los libros que más me interesan los tengo repartidos en diferentes sectores de la casa, como si se movieran solos. Me gusta escribirlos, dibujarlos y mi lectura no es lineal: abro una página leo, me distraigo, leo el índice, lo retomo en otro lugar porque ya me olvidé dónde lo había dejado, no uso señalador. Doblo las hojas en el borde como señal y se multiplican, me pierdo y el libro queda lleno de marcas. Leer a Natacha en el 2013, correr la página y encontrarse con una carta del 2018 genera una vínculo con la lectura en donde el tiempo parece dividido pero los relatos no dejan de corresponderse con una temporalidad. Las fechas y las emociones están mezcladas como Natacha. Viajar en ese ir y volver, permanecer y comparar los relatos me atraía mucho más que una lógica lineal”

¿La idea de tiempo y extravío son condiciones de posibilidad dentro de tu proceso creativo?

-La idea de extravío me identifica, aunque no lo había pensado en relación a las fechas concretamente, me gusta esa lectura. La errancia la entiendo desde “el ir vagando”. Los relatos contienen experiencias de un ir y venir emocional. Vivir en muchas casas, cuidar muchas mascotas, volver a un lugar porque tuviste conexión con una gata, permanecer en otro, recordar momentos significativos, valorar lo que se deja o lo que se abandona, construir y vincularse con lo que se rompe me hace volver a lo no lineal y al concepto de extraviarse, siempre algo está siendo alterado por algo.

PERDIENDO LA FORMA

Natacha se pregunta, se reta, se reclama, se critica a sí misma, se autorretrata ciborg, se dibuja robot y se desarma. Al igual que con las cámaras que construye, se investiga en el funcionamiento, organiza síntomas, busca darse un método hasta que en cierto momento, en una de las cartas, encuentra que ante todo cuenta con la confianza. Confía en las partes de cada proceso, de lo que logra captar el ojo y lo que queda oculto, las partes de cada objeto descartado que vuelve a entrar en escena para componer otro espacio. “La fotografía estenopeica me permitió vincularme con lo que es la fotografía en sí, de otra manera. Porque para hacer una toma fotográfica hay una instancia en la que tengo que construir mi propia cámara, entonces se genera un vínculo con la materialidad antes de concebir la imagen que después voy a revelar en un laboratorio casero. Me dio herramientas a través del tiempo para poder trabajar diferentes dispositivos de salida que, en relación a mi obra, no significa tener una foto enmarcada en la pared sino trabajar también desde la instalación.”

Querida Natacha: contiene parte de la búsqueda de años, pero sin embargo siempre hay algo que se pierde al pasar de una forma a la otra. ¿Los límites del libro cuáles serían?

-La palabra oral, hacia afuera, es algo que siento que me falta. Pero la palabra sobre el papel si bien actúa como vómito está contenida, queda en la hoja, marca un estado que se sitúa en un tiempo y tal vez tenga una interpretación libre para quien lee, sin embargo hacia afuera posiblemente se desvanezca. En el libro la palabra es imagen, los poemas y las cartas originales están escritos a mano en varios soportes como sobres, papel de fax, varios cuadernos, nada destinado específicamente para desarrollar un trabajo de escritura, pedazos de papel que tenía a mano en ese momento incluso algunos de los escritos resultaron ilegibles por los tachones o la forma de la letra y al pasarlos a computadora hizo que algunas palabras fueran transformadas en otras. Por otra parte, llegar hasta el País Vasco para hacer el libro ya fue cruzar un gran límite. Ahí trabajamos en La Taller-Erredakzioa que es un espacio híbrido de grabado y galería, imprenta tipográfica y laboratorio de periodismo. Durante algunos días intentamos imprimir sobre papel de fax la imagen de mi cuerpo en un tamaño que se aproximaba al real. Era hermoso el color de la tinta semi abrillantada y sobre ese soporte nos imaginábamos algo así como un envoltorio para el libro, pero cada vez que enviamos señal a la impresora, el papel patinaba y la tinta nos quedaba entre los dedos. No hubo forma de resolverlo, la idea de piel o camisa recubriendo al libro se desvaneció junto a la imagen de ese cuerpo porque tampoco aparece en el libro. Sin embargo, me pregunto: ¿Cuáles son los límites de algo, en este caso en la realización de un libro, cuando los obstáculos son posibilidades? Las ganas, la red creadora y los movimientos que se iban desplegando en el hacer y pensar el libro fueron borrando los límites por la intensidad que fue tomando la materialización del mismo. 

Así como hizo el trabajo manual de colocar letra por letra hasta formar Querida Natacha:en cada uno de los ejemplares de este libro, la tarea de Ebers es desarmar, desmontar pieza por pieza, descubrir y redefinir las partes y los restos, preguntarse qué hacer con ellos, darles un nuevo valor, armarse un universo posible. Nada es descartable, escribe Ebers cuando piensa en el documental de Agnes Varda. Nada es descartable, afirma con su trabajo de escarbar en las capas que forman a los seres humanos. Y sin embargo no hace una obra de la acumulación, todo lo contrario. Querida Natacha: es una obra sobre el rescate en la que Ebers va hasta lo más profundo de la indagación, se rescata a sí misma y con ella a todo lo que la rodea gracias a la respiración de esa luz, al llamado constante de las cartas, a la pregunta sobre la materia reflejada en la superficie de las cosas hasta encontrar dentro de ellas, una nueva búsqueda hacia dónde ir.

 

Querida Natacha:

Tal vez esta sea la última carta que te escriba. La verdad es que estoy bastante cansada de escribirte.

Te cuento que hace un tiempo surgió la idea de hacer una muestra, sí una muestra de nuestros diálogos, nuestras cartas, nuestras fotos, nuestros objetos, nuestros deseos, nuestro universo y nuestra muerte. ¿Cómo hablar de nuestra muerte ahora? Es que el otro día me dijeron que nos podemos morir en cualquier momento, que eso es algo que nunca se sabe.

Se me ocurrió abrir la casa, los cinco ambientes. A partir de esa ocurrencia comencé a transitar los espacios de otras maneras, vos y yo también, como espacio.

Las cosas empezaron a desprenderse de las cosas, fueron apareciendo las piernas por un lado, la boca, la taza, la espera por otro. Las manos, el ojo, el tiempo. Las palabras, la esencia que se consume. Las cosas que mueren y desaparecen, o perduran. Nosotras. Los glosarios, las listas, las tablas de elementos, las pajas, las novias, mis abuelas. El comportamiento, los modos de extraviarse, los sistemas para perder el miedo, la grabadora de audio y los síntomas del descuido me llevaron a perder la forma y a darme cuenta de que la fotografía ya no me alcanza.

Durante este tiempo hice planos, escuché recomendaciones, me hablaron de un monstruo, tomé un workshop con un británico sin saber inglés y entendí que había que cojerese a la forma FUCK THE FORM! Pero entendí mal, no era eso.

Actué. Hice residencias artísticas. Hice una sinopsis nueva. Escribí muchos cuadernos. Le pedí permiso a mi ex. Tomé Ayahuasca. Tomé muchos talleres que no tienen que ver con la fotografía. Probé métodos y procedimientos.

Recorro mi archivo a diario, pienso en mi padre y en la luz. Me presento en becas y en concursos para ganar plata. Me invento restricciones. Vi quinientas mil referencias. Pienso en la gente porque trabajo con gente de este y otro universo y pensar en todas las posibilidades posibles que se desprenden constantemente de este relato me llevan a un recorrido, al camino y al movimiento de mi y tu accionar.

 



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