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La hinchada que echó a su goleador fascista | La insólita historia del Rayo Vallecano y el futbolista ucraniano Román Zozulya



Hay historias cortas que para ser entendidas requieren de una vida larga, de lejanía. Es la vida que transcurre entre las grietas de la memoria, lugar poco habitado, crepuscular. En ocasiones el pasado se conquista desde los sueños atravesados, laminados por emociones desapacibles. Para Adorno la poesía después de Auschwitz era barbarie, para el futbolista ucraniano Román Zozulya, el campo de exterminio polaco es un detalle histórico “para desmontar”. La eterna sucia sangre de la memoria contaminada, fabricada desde las tinieblas. Todos pensamos en cambiar el mundo, pero nadie en cambiarse a si mismo. 

El patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, el primado Filaret, sentenciaba semanas atrás sobre el origen de la pandemia: “Es un castigo de Dios por la homosexualidad”. Días después, la máxima autoridad religiosa del país contraía de forma virulenta el coronavirus casquivano. Sabemos que del ridículo no se vuelve. A veces se está mejor calladito. Filaret es uno de los personajes más importantes en la vida de Román Zozulya. No es el único. El otro es Stepán Bandera, el legendario líder fascista de la OUN (Organización de Nacionalistas Ucranianos), colaboradores nazis del gobierno hitleriano en la Segunda Guerra Mundial. 

Delantero potente y goleador, Román destacó enseguida en el Dinamo de Kiev, también en las filas neonazis del conocido Batallón Azov, un grupo paramilitar activo en la zona de Donetsk, en la última crisis de la península de Crimea. El jugador ucraniano llegó al fútbol español de la mano del Real Betis en 2016. Con un comportamiento futbolístico irregular fue cedido en el mercado de invierno al Rayo Vallecano. El presidente del club madrileño, Raúl Martín Presa, se encontraba exultante por la adquisición: “Hemos traído un goleador importante”.

Otra manifestación política de la hinchada del Rayo, contra el capitalismo.

Buscaba sonrisas donde no las había. Reparar la realidad siempre resulta difícil, y en el cielo rojo de Vallecas se empezó a edificar el arco iris de todos sus problemas. La mañana del 1 de febrero de 2017 amaneció cargada de un aire turbio, oscurecido. El campo de juego “rayista” madrugó empaquetado de banderas libertarias y antifascistas: “Vallecas no es lugar para Nazis”, decía la más tibia. Cientos de aficionados se presentaron en las oficinas centrales de la entidad pidiendo la rescisión del contrato del jugador ucraniano. 

Ante la presión, el presidente del club convocó para el 2 de febrero una reunión de urgencia con el máximo responsable de la Liga Nacional de Fútbol Profesional, Javier Tebas, y el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, para tratar un tema excepcional: qué hacer con un futbolista que su hinchada lo quiere echar por fascista. “No se conoce un caso similar en la historia del fútbol mundial” le dijo Tebas a Presa. El clamor popular consiguió que Zozulya nunca debutara en el club madrileño, regresó al Real Betis, y fue cedido al Albacete donde se encuentra en la actualidad. El vigente Ministro de Consumo del gobierno de España, Alberto Garzón, hincha del Rayo Vallecano, participó de aquellas movilizaciones para detener la incorporación del futbolista ucraniano.

La historia del club está asociada a la liturgia de un barrio combativo. Con dieciocho temporadas en primera división, la última 2018-19, los “trapos” de su hinchada son enormes machetazos al sistema nervioso del neoliberalismo dominante: “El Capitalismo no Tiene Salida. Unidos Hermanos Proletarios”; “No a la Violencia Machista”; “Ama al Rayo, Odia al Racismo”; “Los Desahucios en Vivienda es de un Estado Enfermo. Solidaridad de un Barrio Obrero”. En aquella calidez conquistada la hinchada del Rayo se fabricó hermosas emociones de vida y ruido.

El 15 de diciembre tensaron de alegría y humanidad las costuras de su estadio ante un Rayo Vallecano-Albacete de Zozulya. El partido se suspendió por cantos “inadecuados” de una parte de la grada al jugador ucraniano. El ambiente festivo se alargó en los aledaños del estadio. Como una vincha en la cabeza del mundo se quedó colgada en la tribuna una bandera: “Evitar que un nazi vista La Franja”. Lo consiguieron. Las emociones y los placeres nos definen: una reposera, un buen libro, una copa con los amigos, y el fútbol de siempre vagabundo y cartonero. En el espíritu lírico de la hinchada del Rayo la gambeta del domingo debe ser antifascista, sino, mejor que no sea.

(*) Ex jugador de Vélez, campeón Mundial Juvenil 1979.



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Milagros Martínez: “Es fácil entenderse con el balón de por medio” | La primera mujer en dirigir un equipo masculino en Japón



Su equipo va al frente, no les tiene miedo a los cambios y acepta los desafíos. Algo parecido a como ella se toma la vida. Milagros Martínez pensó en abandonar el fútbol cuando, después de media vida dedicada a “su” Fundación Albacete (como jugadora al comienzo, luego como entrenadora y finalmente como responsable de la academia), el club español decidió prescindir de ella. Pero a pesar de la frustración no se quedó quieta: cargó su currículum en varias páginas web, actualizó sus redes sociales y un buen día el teléfono sonó. La llamada llegaba desde Japón. “Con Fundación Albacete habíamos ascendido a la primera división y mantenido al equipo durante tres temporadas; pero cuando acabó mi contrato, el club consideró que era mejor que otra persona ocupara el cargo. Yo no encontré nada en España, entonces me puse a buscar en el exterior y surgió la oportunidad de entrenar al Suzuka Unlimited”, cuenta. Mila –como la conocen en el mundillo de la redonda– hizo sus valijas sin dudarlo y apenas 13 días después aterrizó en suelo asiático. Con su llegada, lo sabe, pasó a la historia al convertirse en la primera mujer en dirigir a un equipo masculino japonés. “Creo que es complicado que nos den esa oportunidad a nosotras. Dirigir en el fútbol masculino era algo que me apetecía hacer y nunca antes había podido, por eso no lo pensé demasiado y enseguida me vine”, cuenta después de dos años, con su primer título bajo el brazo.

¿Cómo te llegó la oferta del club?

–Acá buscaban a una mujer entrenadora, porque el Suzuka es un club al que le gusta llamar la atención de la gente. Yo justo había hablado con una amiga japonesa que vive en España y trabaja para el Villarreal. Le había contado que buscaba una oportunidad para trabajar fuera del país, y le pedí que se contactara conmigo en caso de saber algo. Los del club justo dieron con ella, por una cuestión de idioma. Entonces, me dijo: “Oye, Mila, están buscando a alguien para entrenar a un equipo masculino, ¿te interesa?”. Y así llegó. Ya estoy aquí hace dos temporadas, y estamos intentando acordar un año más de contrato.

Teniendo en cuenta que estaban acostumbrados a tener entrenadores japoneses, ¿cómo te recibió el equipo?

–Pues, recuerdo que el primer día, cuando entré al vestuario, algunos agachaban la cabeza, otros se reían, y en ese momento pensé: “Me va a costar más de lo que imaginé”. Allá hay mucho respeto por la figura del entrenador, pero con una mujer, encima de la misma edad que algunos de los más veteranos, era complicado. De todas formas, enseguida conseguí ganarme la confianza de ellos. Japón es un país muy tradicional, y acá están acostumbrados a tener entrenamientos más estrictos y físicos. Mi manera de entrenar es más moderna, con el balón, y creo que por ahí me fui ganando a los jugadores.

¿Y con la hinchada cómo te llevás?

–Bueno, con los aficionados pasa algo maravilloso, porque viven el deporte de una forma muy diferente a cómo lo vivimos en España o en Argentina, que es muy intenso y con mucha pasión. Aquí lo ven sólo como un deporte. Si van al campo, festejan, se la pasan bien aunque el resultado no haya sido el esperado. El equipo empata o pierde, y te agradecen por el esfuerzo. No tienen esa presión de tener que ganar sí o sí. La derrota la asimilan muy bien, y eso es bastante positivo para trabajar, sobre todo para los entrenadores.

Mila, hablabas recién de tu manera de entrenar. ¿Nos podés contar cómo juega el Suzuka?

–Creo que el Suzuka es un equipo que, mediante la posesión del balón, intenta controlar los partidos. Aquí los jugadores no paran de correr y no se puede garantizar que vayas a ganar quedando un minuto con dos goles de ventaja. Los finales son frenéticos. Yo quise remediar eso e intentar tener un poco más de control. El año pasado me costó mucho y ahora vamos mejor. Somos un equipo que ataca, nos gusta llegar a la portería rival con mucha gente. Y así es más fácil convencer a los jugadores de un cambio. Decirles que vamos a correr para atacar, es mucho más fácil que decirles que vamos a correr sólo para defender.

Todavía no hay muchas mujeres entrenadoras de equipos masculinos. ¿Qué requisito considerás fundamental para ocupar ese rol?

–Creo que es muy importante confiar en una misma. Yo tengo que reconocer que cuando llegué aquí, dudaba mucho de mis conocimientos y de mi forma de entrenar porque no sabía si en un país tan diferente iba a encajar. Pero el fútbol es universal, y es fácil entenderse con alguien que no habla tu idioma con el balón de por medio. Por eso creo que tenemos que confiar más en nosotras, seguir luchando y estar preparadas para cuando llegue la oportunidad, porque al final llega.

¿Soñás con volver a España y tener una oportunidad allá?

–Me gustaría volver porque estoy lejos y echo de menos a la familia, pero tengo muy claro que quiero dedicarme a esto. La tierra siempre tira, sobre todo este año que ha sido tan complicado, pero mi idea es seguir viviendo del fútbol todo el tiempo que pueda. Creo que para eso nos hemos formado y hemos sacrificado tantas cosas. Cuando decides dedicarte a esto, no tienes un hogar fijo. Mi idea es, sea donde sea, seguir con el fútbol.

*Sofía Martínez, Florencia “China” Pereiro, Ornella Sersale.



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La felicitación de Federer a Nadal: “Es un verdadero honor para mí” | El suizo envió un mensaje después de que el español lo igualara con 20 Grand Slam



Minutos después de que el español Rafael Nadal ganara el último punto ante Novak Djokovic y sellara su título de Roland Garros que lo dejó con 20 trofeos de Grand Slam, el suizo Roger Federer escribió un sentido mensaje en el que se mostró orgulloso de que haya sido el mallorquín el que alcanzó a igualarlo en la cantidad de títulos grandes.

“Siempre he tenido el mayor respeto por mi amigo Rafa como persona y como campeón. Como mi mayor rival durante muchos años, creo que nos hemos empujado mutuamente para convertirnos en mejores jugadores. Por lo tanto, es un verdadero honor para mí felicitarlo por su vigésima victoria de Grand Slam”, escribió Federer en su cuenta de Instagram. 

El helvético también expresó su admiración por la consistencia de Nadal en París, donde ya festejó 13 títulos. “Es especialmente sorprendente que ahora haya ganado Roland Garros en 13 increíbles ocasiones, lo que es uno de los mayores logros en el deporte”, valoró Federer, que en las últimas horas estuvo en Milán, mientras se recupera de una operación de rodilla que lo tiene alejado del circuito desde antes de la pandemia de coronavirus.

Para cerrar el mensaje, el todavía número cuatro del mundo auguró que tanto Nadal como él puedan seguir logrando títulos de Grand Slam. “También felicito a su equipo, porque nadie puede hacer esto solo. Espero que 20 sea solo un paso más en el viaje continuo para ambos. Bien hecho, Rafa. Te lo mereces”, completó Federer.





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Nadia Podoroska: Filosofía, mentalidad positiva y budismo | Las claves de la rosarina que está haciendo historia en Roland Garros



Gran parte del momento maravilloso que vive Nadia Podoroska, sobre todo durante estas dos semanas en Roland Garros, tiene que ver con el aspecto emocional, una pata muy importante en el crecimiento de un tenista profesional. El camino de la estabilidad mental para la rosarina después de tantos obstáculos tuvo origen un año atrás, cuando decidió trabajar con Pedro Merani, un coach de bowling argentino que vive en Doha, dirige a la selección nacional de Qatar y desarrolló un método para el juego mental basado en dos pilares: el bompu zen y la neurociencia. 

Podoroska entiende, en ese sentido, que logró la capacidad de abstraerse del entorno desde que apostó por Merani: “En el aspecto filosófico me hizo muy bien empezar a trabajar con un entrenador mental que apunta más al budismo zen. Eso me enseñó muchas lecciones para aislarme del contexto, por ejemplo, de jugar los octavos de final y tener la posibilidad clara de llegar a cuartos. En lugar de mirar el entorno intento aprovechar cada pequeña chance y ponerme positiva. Todas esas cosas las aprendí gracias al zen, aunque parece medio loco decirlo así (risas)”.

La filosofía parece ser una porción fundamental en esta etapa de Podoroska, cuya influencia en la materia está ligada con su madre Irene. En relación a este tema, por caso, Nadia leyó hace poco La sociedad del cansancio, un libro del ensayista surcoreano Byung Chul Han, de formación alemana, que habla de la evaluación de las personas en cuanto su productividad más allá de los factores de afuera: uno mismo es el regulador del propio rendimiento. En definitiva, ya no se puede pensar en un mundo con límites impuestos por el exterior porque ya desaparecieron. No parece ajeno, en efecto, a la trascendental actuación de la Peque en París



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Eliminatorias: Scaloni entregó la lista final con 28 convocados | Citó cinco jugadores de River y Boca por las bajas por covid-19, lesiones y bajos rendimientos



La Selección argentina volverá a reunirse este lunes casi un año después de su último partido y con el debut en las Eliminatorias sudamericanas rumbo al Mundial de Qatar 2022: el entrenador Lionel Scaloni convocó a 28 jugadores y tendrá un solo entrenamiento previo al encuentro frente a Ecuador del próximo jueves.

Este domingo al mediodía, dos días después de lo previsto inicialmente, Scaloni finalmente anunció la lista de convocados, que luego de las diferentes bajas por lesión y positivos en coronavirus, resolvió completar con cinco futbolistas de la Liga argentina, todos de River y Boca. De ellos, dos son arqueros (Esteban Andrada y Franco Armani), dos defensores (Lucas Martínez Quarta y Gonzalo Montiel) y un mediocampista ofensivo (Eduardo Salvio).

De la lista preliminar que brindó hace un par de semanas, Scaloni tuvo que quitar obligadamente a Walter Kannemann (Gremio) por dar positivo en coronavirus, Agustín Marchesín (Porto de Porgual), Renzo Saravia (Inter de Porto Alegre) y Nicolás González (Stuttgart), todos lesionados; y Cristian Pavón (Los Angeles Galaxy de Estados Unidos), por razones logísticas y futbolísticas.

En tanto, por una decisión de Scaloni respecto de su rendimiento, los marcadores centrales Germán Pezzella (Fiorentina-Italia) y Leonardo Balerdi (Olympique Marsella- Francia) tampoco estarán.

Los convocados llegarán en dos vuelos chárter este lunes a Ezeiza y, dentro de un corredor sanitario, ingresarán en la burbuja que ya está montada en el predio de AFA en esa localidad bonaerense. El primer vuelo, en el chárter de AFA desde Madrid, saldrá bien temprano y llegará después del mediodía a Buenos Aires, mientras que el otro, en el avión privado del capitán Lionel Messi, traerá a quienes jueguen a última hora del domingo para llegar este lunes por la tarde-noche.

Por esa razón, Scaloni solo tendrá a los futbolistas para un entrenamiento intenso el martes, ya que el miércoles deberán cuidar las cargas teniendo en cuenta que se trata de 24 horas antes del partido frene a Ecuador, el jueves a las 21.10 en La Bombonera, mientras que luego viajará a la altura de La Paz para visitar a Bolivia, el martes desde las 17.00 (hora argentina).

La lista final de convocados 

Arqueros: Franco Armani (River), Esteban Andrada (Boca), Emiliano Martínez (Aston Villa-Inglaterra), Juan Musso (Udinese-Italia).

Defensores: Juan Foyth (Tottenham-Inglaterra), Lucas Martínez Quarta (River), Nehuén Pérez (Atlético de Madrid- España), Nicolás Otamendi (Manchester City-Inglaterra), Gonzalo Montiel (River), Nicolás Tagliafico (Ajax-Holanda), Marcos Acuña (Sevilla-España) y Facundo Medina (Lens-Francia).

Mediocampistas: Leandro Paredes (PSG-Francia), Guido Rodríguez (Betis-España), Rodrigo De Paul (Udinese-Italia), Exequiel Palacios (Bayer Leverkusen-Alemania), Giovani Lo Celso (Tottenham-Inglaterra), Nicolás Domínguez (Bologna- Italia), Lucas Ocampos (Sevilla-España), Alexis Mac Allister (Brighton-Inglaterra), Alejandro Gómez (Atalanta-Italia) y Eduardo Salvio (Boca).

Delanteros: Lionel Messi (Barcelona-España), Paulo Dybala (Juventus-Italia), Lucas Alario (Bayer Leverkusen-Alemania), Lautaro Martínez (Inter-Italia), Joaquín Correa (Lazio-Italia) y Giovanni Simeone (Cagliari-Italia).



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Roland Garros: Podoroska se metió entre las ocho mejores del torneo | Triunfazo de la rosarina ante la checa Krejcikova en octavos de final



El sueño parisino de Nadia Podoroska tiene más vida que nunca. Y es ella quien se encarga de alimentarlo cada día un poco más: este domingo volvió a hacer historia y se metió en cuartos de final de Roland Garros tras derrotar 2-6, 6-2 y 6-3 a la checa Barbora Krejcikova (114ª, ex 1ª en dobles). El “enamoramiento” de la Peque en la capital francesa la llevó a volar en la cancha y a vivir las dos mejores semanas de toda su trayectoria. Después de superar la clasificación y ganar cuatro partidos en el cuadro principal -los primeros triunfos en esta calidad de torneos- se medirá este martes ante la ucraniana Elina Svitolina, tercera favorita y número cinco del mundo, quien viene de vencer a la local Caroline Garcia por 6-1 y 6-3.

Para poner en perspectiva esta actuación de Podoroska hay que recurrir a los datos históricos. La rosarina es la primera singlista argentina entre las ocho mejores de un torneo de Grand Slam desde Paola Suárez en Wimbledon 2004. Sí, pasaron nada menos que dieciséis años para que una jugadora nacional volviera a la elite dentro de la elite. Y para eso tuvo que trabajar este domingo con paciencia y decisión en la Simonne Mathieu, la tercera cancha en importancia del complejo ubicado en el barrio parisino de Bois de Boulogne.

La rosarina de 23 años, quien ya acumula siete victorias -tres en la qualy y cuatro en el cuadro-, es la revelación rutilante del último Grand Slam del año. El triunfo de la tercera ronda frente a la eslovaca Anna Karolina Schmiedlova le había asegurado entrar en la historia grande del tenis femenino argentino: con aquel éxito del último viernes garantizaría el acceso al top 100 del ranking. Cuando la WTA oficialice la próxima actualización del listado profesional la Peque aparecerá, al menos, en el puesto 69. Será la 22ª singlista argentina entre las cien mejores desde la creación del ranking WTA en 1975; además terminará con una sequía de seis años (la última que figuró en ese selecto lote fue Paula Ormaechea en septiembre de 2014).

La felicidad incalculable de Podoroska en París. Foto: AFP

Su nombre, en efecto, ya estará escrito junto a las otras jugadoras que lo consiguieron: Raquel Giscafré, Viviana González Locicero, Ivanna Madruga, Claudia Casabianca, Gabriela Sabatini, Adriana Villagrán, Emilse Raponi, Mercedes Paz, Mariana Pérez Roldán, Bettina Fulco, Patricia Tarabini, Florencia Labat, Cristina Tessi, Inés Gorrochategui, María José Gaidano, Paola Suárez, Mariana Díaz Oliva, María Emilia Salerni, Clarisa Fernández, Gisela Dulko y Paula Ormaechea.

El partido más preponderante en la vida deportiva de Porodoska había comenzado cuesta arriba. Si bien Krejcikova no tiene grandes antecedentes en singles, pertecece a la “mesa chica” del circuito de dobles y es una jugadora típica checa con un revés capaz de manejar el desarrollo. La rosarina tuvo un inicio con varios errores no forzados acumulados y bajo porcentaje de puntos ganados con el primer servicio, números que no le permitieron tomar la iniciativa en el primer tramo. Tras perder el primero por 6-2 logró hallar, sin embargo, algunos resquicios en el juego de su rival y consiguió trasladarle la presión tanto en el juego como en el marcador. Así se llevó el segundo por igual resultado y niveló el match.

Antes del definitivo hubo un largo parate por la visita de Krejcikova al baño y Podoroska arrancó con un break en contra. Pero la fortaleza mental que exhibe desde inicios de esta temporada no la dejó claudicar: el destino le presentó una nueva oportunidad y ella se resistió a dejarla escapar. “Al principio estuve un poco nerviosa; una vez que pude quebrarle el servicio empecé a sentir más confianza. En el segundo set las cosas fueron distintas: comencé a usar mi mejor drive y, a partir de esas mejoras, ella empezó a cometer errores”, analizó la número uno de la Argentina en la rueda de prensa. 

Más allá de cómo vaya a terminar esta historia, está claro que Podoroska jamás olvidará estos días en los que se enamoró más que nunca de París por dos razones: en primer lugar porque este torneo habrá sido su gran trampolín profesional para participar de forma sistemática en los escenarios más relevantes del mundo; y después porque generó un impulso inédito en los últimos años y una bocanada de aire fresco para el golpeado tenis femenino argentino. En pocas palabras: tener a una jugadora en plena competencia grande provocará, inexorablemente, un contagio hacia abajo y empujará a las más chicas a creer que llegar hasta ahí es una meta palpable.

El abrazo del alma con Juan Pablo Guzmán, el entrenador de su equipo que la acompaña en París -el otro es Emiliano Redondi-, denota el agradecimiento de Podoroska hacia la gente que siempre la acompañó, incluso en los momentos más duros. Porque la jugadora de 23 años, nacida en el barrio rosarino de Fisherton, debió atravesar varias dificultades que frustraron sus objetivos. En un gran momento años atrás, tras superar la clasificación del US Open 2016, aparecerían los impedimentos físicos: a principios de 2017 tuvo un problema en la cadera, en Roland Garros sufrió en la zona abdominal y después surgió una lesión complicada en la muñeca derecha.

El abrazo del alma con su coach Juampi Guzmán. Foto: AFP

Después de aquellos meses repletos de dudas, la Peque encaró la vuelta y recuperó confianza hacia mediados de 2018. De la mano de Guzmán y Redondi se radicó en Alicante para achicar gastos y tener más opciones de competir ante la falta de torneos y recursos en Sudamérica. Este logro tiene un doble mérito, sobre todo porque el espejo retrovisor refleja un camino espinoso, con lesiones, problemas monetarios y falta de continuidad. La realidad, a partir de ahora, será totalmente diferente: el ranking de dos cifras abrirá puertas inimaginables como una una mayor estabilidad monetaria para planificar en el mediano plazo y el acceso casi garantizado a ciertos cuadros principales del circuito WTA.

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Nadia Podoroska: “Me enfoco en los procesos y en el día a día” | Diálogo con la mejor tenista argentina del momento



Catorce años y nueve meses tenía Nadia Podoroska cuando se convirtió en la tercera argentina más joven en conseguir puntos profesionales. Glorioso podio que comparte con los grandes nombres del tenis local: Gisela Dulko y Gabriela Sabatini. Ahora la Rusita, cuyo apellido en verdad es de origen ucraniano, está lista para un nuevo desafío porque la victoria del viernes frente a la china Xinyu Wang (145º del ranking WTA) por 6-2 y 6-4 en la instancia final de Qualy le dio el pase al main draw de Roland Garros (debutó este domingo con un triunfo por 6-2 y 6-1 ante la belga Greet Minnen). “Intento no darle tanta importancia al resultado y enfocarme siempre en el proceso y el trabajo del día a día”, dice desde París Podoroska, quien ya jugó un cuadro principal de Grand Slam en el US Open 2016. Después de eso, las lesiones pospusieron los sueños de la joven formada en el Club Atlético Fisherton de Rosario, hasta este presente muy cerca del Top 100.

La semana pasada lograste el título más grande de tu carrera ¿Qué se te pasó por la cabeza cuando terminó ese partido?

–Lo primero fue la alegría de haber conseguido el título y después la sensación que me quedó es lo que vengo sintiendo hace semanas. Es un cambio y un proceso que estoy viviendo hace un tiempo, en donde me siento mejor conmigo misma fuera y dentro de la cancha, tengo más seguridad y más herramientas.

Alcanzaste el puesto número 130 en el ranking. ¿Estás atenta a eso?

–No, casi no lo miro. Trato de concentrarme en jugar semana a semana, hacer lo mejor que pueda y mejorar los aspectos del tenis. El ranking es una consecuencia de mi trabajo.

Después de ganarle la final del ITF W60 a la española Cristina Bucsa, dijiste en una entrevista que estabas contenta pero que no habías jugado tu mejor tenis.

–Me refería a que por los nervios y la tensión del partido no me sentí tan suelta como otras veces. La semana anterior había jugado en Praga y pude hacer más diferencia con la actitud, el tranquilizarme un poco y soltar los nervios. No me sentí cómoda jugando pero obviamente que, al ganar un torneo como ese, jugué bien.

Roland Garros 2020 contará con importantes novedades, empezando por la nueva imagen de la mítica pista Philippe-Chatrier: el complejo deportivo de la capital francesa estrenará su techo retráctil en una edición que lógicamente está signada por las medidas de seguridad en torno a la pandemia. “Los protocolos son bastante estrictos. Se trata de hacer una especie de burbuja y sólo nos podemos mover en el hotel, en la transportación oficial y en el club. Todo el mundo que esté en el torneo debe estar dentro de esa burbuja”, repasa la tenista de 23 años que se hizo un test al llegar y tuvo que esperar el resultado negativo para empezar a entrenar.

¿Te imaginás los Juegos Olímpicos del año que viene en este contexto?

–La verdad que no pienso mucho en eso, falta bastante y estamos en esta situación de pandemia que nos excede completamente. Llegado el momento se va a poder tener un panorama más completo. Obviamente me genera mucha ilusión que se puedan hacer y poder ir, pero de no ser así me tendré que preparar para el siguiente.

Estás en un gran momento. ¿Te tocó también una mala racha donde te replanteaste todo?

–No, por suerte nunca he llegado a un punto extremo, siempre recibí mucha ayuda de parte de mi equipo y de mi gente. Sí hubo un punto de inflexión que fue el año pasado en los Juegos Panamericanos; ahí empecé a tener un poco más de discusión y al lograr la clasificación a los juegos recibí apoyo del ENARD. Todo eso me ha ayudado a continuar con mi carrera.

¿Qué significó para vos el apoyo de Gabriela Sabatini?

–Gaby siempre está presente en todo acontecimiento, está a la orden del día con todos los deportes, eso habla del tipo de persona que es. Para mí es muy motivante que ella esté pendiente de los resultados y de cómo me va, no sólo en esta etapa en la que me está yendo bien; en 2018, cuando estaba volviendo de una lesión y hacía ocho meses que no competía, también recibí un mensaje de aliento.

¿Cómo ves al tenis femenino en Argentina?

–Todavía hay mucha diferencia entre las facilidades y las oportunidades que pueden tener los hombres con respecto a las mujeres, entonces creo que hay que trabajarlo para que haya un poco más de igualdad.

¿Creés que se está trabajando?

–Sí, con esta nueva dirigencia de la Asociación está habiendo pequeños cambios y el contexto del feminismo ayuda, pero aún hay mucho por hacer. No veo un cambio sustancial importante.

¿Qué mensaje les darías a las nenas que quieren jugar al tenis?

–Que el tenis es un deporte muy lindo y que no se olviden nunca que no deja de ser un juego. Es un deporte que te abre muchas puertas, poder viajar afuera, conocer muchísima gente y te permite una linda calidad de vida. Y que lo hagan siempre en la medida que lo disfruten.

*Florencia Pereiro, Sofía Martinez, Ornella Sersale, Lucrecia Álvarez.



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Ansu Fati: El crack de Barcelona y el alcalde comunista | Opinión



En el fondo de todos los viajes nunca se sale de casa. Este es un viaje que parte de un sentimiento de ausencia, de dolor lánguido, de hambre acumulada. Una especie de orfandad ante el porvenir, sin despedidas, con las imágenes del último sueño pegados a los párpados y una pobreza eterna difícil de soportar. Es un viaje de saltos de alambradas, de fronteras invisibles, de olor a lejanía donde se quiebra la razón y se desvanece la protección de la tribu: el cuidado “al abrigo del calor del establo” como diría Nietzsche. 

En cualquier sitio se está mejor que fuera de casa, pero a Bori Fatí el gris de la desdicha le fabricó un viaje desapacible, con el fondo de los bolsillos vacíos, huecos. Se fugó de su cárcel interior como un “cartonero” africano cruzando los océanos atravesados, buscando un pedacito de tierra donde refugiarse de un mundo en el que ya no se reconocía. De Guinea Bissau llegó a Portugal, sin llegar: como llegan los recogidos por el viento cálido de la invisibilidad, sin “papeles”, sin huellas en los dedos, sin humanidad. Se sintió transparente, atravesado por la mirada de los otros, esa mirada que mide la distancia en metros de color de piel. 

La realidad turbia lo fue troceando en pedacitos, y al final le dibujó un plato para la voluntad a los pies de su decencia: “terminé pidiendo en la calle”, declaró. Sin Dickens no es posible entender al inmigrante que no quiere irse de donde lo tratan de echar. Se leyó a si mismo en esa semblanza de la desilusión, en esa ausencia del abrazo amable, de una sonrisa, de una lágrima que compartir, y decidió volver al África Occidental: regresó a “su” hambre, al hambre de casa, la de todos los días. Este fue el viaje inicial de inmigración del padre de Ansu Fati, el “otro” ídolo del Barcelona. 

El jugador exuberante que explosionó de vértigo en el fútbol internacional. El pequeño de ébano con un descaro futbolístico tan insolente que la entidad “azulgrana” le tuvo que sujetar las costuras de su contrato con una cláusula de rescisión de 400 millones de euros. El extremo izquierdo electrizante de una selección española que se apresuró en ponerle una bala de cañón en el tobillo para sujetarle la patria, el himno, la bandera y la identidad. Otros tiempos, otras prioridades. Su padre deambuló sin éxito durante años por los laberintos del sistema en busca de un metro cuadrado de baldosa europea donde apoyar los pies y descansar del desconsuelo. 

No tuvo la suerte de su hijo. Son las cloacas del cinismo institucional, las miserias de la aporofobia endémica. En 2001, en su deseo de volver a recrear su propia épica, Bori Fatí atendió el reclamo de solidaridad de un alcalde “rojo”, rojo de humanidad. “Sin Gordillo no estaría aquí, ni yo, ni mi hijo. Me encontró trabajo, me dio una casa, y tiempo después pagó los billetes de avión para traer a mi mujer y mis cinco hijos desde Guinea. Ansu llegó a Marinaleda con seis años”, declaraba. 

Juan Manuel Sánchez Gordillo es el alcalde de la población de 3.586 habitantes de la provincia de Sevilla. “Bori llegó en muy malas condiciones. Su documentación era falsa, lo habían engañado. Regularizamos su residencia, le encontramos un trabajo y le dimos una casa, como hacemos con todos los inmigrantes que llegan al municipio. Soy comunista, tal cual, sin ambigüedades. Gobernamos desde 1979 como Izquierda Unida. La vivienda, la sanidad, la educación, el deporte, etc, son gratis. Todos los funcionarios públicos ganan lo mismo. No tenemos paro. Aquí el comunismo en democracia es una realidad. El éxito de Ansu es el éxito de toda la comunidad. La solidaridad no se escribe con dinero. Ahora que gana muchos millones que los reparta un poco.”, declaraba Gordillo al portal “Nueva Tribuna” de Andalucía.

Hoy en la familia Fati hay un trasfondo de celebración de la vida, de la vendimia de los sentidos, de la poesía como epígrafe. Hambre no es lo mismo que apetito. Existen islas para náufragos que cuentan historias con final feliz. Este viaje migratorio terminó bien, no siempre es así. Mas de 50.000 almas deambulan sin tumba conocida en las aguas turquesas del Mediterráneo. En este mundo extremadamente fatigoso siempre hay tiempo para la ternura. Brecht aseguraba que, un día, también se cantará sobre los tiempos sombríos”.

(*) ex jugador de Vélez y campeón Mundial Tokio 1979.



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Papelones, injusticias y escándalos en tiempos de coronavirus | El deporte y la necesidad de regresar a la actividad a cualquier precio



Desde que la Bundesliga regresó a las actividades hace casi dos meses, diferentes deportes y países intentaron emularla aunque muy pocos pudieron replicar el éxito del modelo alemán. Cuando aquel 16 de mayo el Borussia Dortmund goleaba 4-0 al Schalke 04 en el primer partido en medio de la pandemia, Alemania goleaba a otras potencias por su manejo de la cuestión sanitaria y le mostraba al mundo su capacidad organizativa. Desde entonces, el coronavirus desnudó deportes, países y federaciones, que en su afán de regresar sin las medidas adecuadas, dejaron un tendal de irregularidades, papelones y cientos de contagios que podrían haberse evitado. 

El Adria Tour en los Balcanes, el torneo de tenis benéfico organizado por Novak Djokovic, tal vez sintentiza a la perfección la subestimación del virus. Sin distanciamiento social, con público en el estadio y con protagonistas participando incluso en fiestas en sitios cerrados, el torneo terminó en un escándalo y con dos etapas suspendidas, con el propio número uno del mundo y su esposa Jelena contagiados, además de otros tres jugadores -Grigor Dimitrov, Borna Coric y Victor Troicki- y al menos otras cuatro personas de sus entornos. 

Más allá de las críticas que despertó, Djokovic esgrimió en su defensa en que no había hecho nada ilegal y que la organización se rigió de acuerdo a las medidas del Gobierno serbio. Y razón no le falta: la falta de previsión gubernamental también permitió que el clásico Partizan-Estrella Roja, con público, se convirtiera en una fuente de contagio. Tanto que la vecina Montenegro registró nueve casos de Covid-19 después de un mes sin tenerlos, siete de los cuales eran de ciudadanos montenegrinos que habían concurrido al partido. En aquel momento, el 22 de junio, habían dado positivo cinco futbolistas del Estrella Roja, que este sábado anunció que, después de testear a todo su plantel, seis jugadores deberán permanecerán en cuarentena durante dos semanas. 

Djokovic, responsable del Adria Tour, suspendido por los contagios. (AFP)

El ejemplo de Djokovic no amedrentó a las autoridades del tenis en Estados Unidos, donde este domingo comenzó en West Virginia la World TeamTennis, una liga de tenis profesional mixta que se juega con un formato de equipo y que contará con público en las gradas, con un máximo de 500 personas. Nombres como Mardy Fish, Sabine Lisicki, Jack Sock, Milos Raonic, Steve Johnson, Taylor Fritz, Taylor Townsend, Donald Young, Ryan Harrison, Christina McHale, Coco Vandeweghe y la belga Kim Clijters, entre otros, comprometieron su participación. Entre los ausentes estará Frances Tiafoe, que no pudo recuperarse tras el positivo que tuvo la semana pasada mientras disputaba un torneo de exhibición de Atlanta, donde fue reemplazado por Christopher Eubanks.

Todo esto en medio de una creciente ola de contagios, que pone en riesgo el Masters 1000 de Cincinnati y el US Open, previstos para el mes que viene en Nueva York. Casualmente, la ciudad donde el alcalde, Bill de Blasio, prohibió la celebración de “grandes eventos” hasta el 30 de septiembre, aunque el tenis, a disputarse a puertas cerradas, podría evitar esa medida.

En el golf vale el Siga, Siga 

Para Tiafoe, ser tenista resultó contraproducente. Si hubiese sido jugador de golf, su presencia en los links no estaría en discusión. Así lo demuestra los casos de los estadounidenses Denny McCarthy y Nick Watney y el sudafricano Dylan Frittelli, que esta semana participaron del Workday Charity Open en Ohio, un torneo válido por el PGA Tour ganado por el local Collin Morikawa en desempate con Justin Thomas.

Por más que dieron positivo de Covid, McCarthy, Watney y Frittelli pudieron participar del torneo gracias al protocolo más laxo que rige desde el 1 de julio, cuando se contempló que si pasaron al menos 10 días desde la aparición de síntomas y 72 horas sin fiebre, el jugador ya está en condiciones de competir. 

Denny McCarthy, uno de los tres jugadores con Covid-19 que participaron en el torneo del PGA Tour. (AFP)

“En las primeras etapas de la enfermedad, se supone que el virus es activo y puede causar contagio. A medida que pasa el tiempo y que los síntomas se resuelven, la teoría indica que este virus ya no es activo o contagioso”, argumentó Tom Hospel, asesor médico de la PGA. “Aprendimos que, en algunos casos, los individuos pueden seguir dando positivo durante semanas o meses y se tiene por entendido que esos individuos ya no son contagiosos“, aseguró el médico para justificar la decisión.

Lo concreto es que las formaciones originales para las salidas fueron cambiadas para que McCarthy, Watney y Frittelli salieran los tres juntos, sin tener contacto con otros competidores ni poder compartir espacios bajo techo. Y para fortuna de los organizadores, ninguno de los tres pudo superar el corte clasificatorio, por lo que no fue necesario reubicarlos con otros golfistas en las rondas decisivas. Desde que se reanudó la actividad hace un mes, más de una decena de personas, entre golfistas, caddies o familiares se contagiaron de coronavirus.

Ventajas y desventajas deportivas

La Liga rusa de fútbol regresó justo cuando la curva de contagio en el país comenzó a subir. En ese contexto, el Rostov, después de tener que aislar a su plantel por seis casos positivos, debió presentar una formación con juveniles en partido ante el Sochi, con resultado funesto: un lapidario 10-1, pese a que su arquerito fue figura y hasta atajó un penal. Después de las críticas, mejor suerte tuvo el Dynamo Moscú, ya que su encuentro ante el Krasnodar fue suspendido después de que tres de sus jugadores dieran positivo. 

En Estados Unidos, buscaron minimizar esos riesgos, por lo que pretendieron aislar a todos los jugadores en Orlando, en los complejos hoteleros de Disney. Pero no pudieron evitar las injusticias: como tuvieron casos positivos, los equipos de Dallas y Nashville fueron expulsados del torneo, lo que obligó a reprogramar el calendario que empezó a jugarse el miércoles. A Dallas, con diez futbolistas contagiados, lo sacaron de la competición la semana pasada. En cambio, a Nashville, con nueve positivos, lo eliminaron justo antes de tener que disputar su partido ante Chicago Fire. 

Pero los papelones no se quedaron ahí. Horas antes de que este domingo saltaran a la cancha D.C. United y Toronto, el partido debió ser postergado y ahora deberá ser reprogramado, después de que un jugador diera positivo y otro tuviera un resultado no concluyente en los test que les practicaron el día previo, de acuerdo a lo que informó la MLS. Se supone que ambos futbolistas serán aislados y la competencia podrá seguir como si nada hubiese pasado. 

Con la suspensión a última hora, al menos, se evitó un escándalo similar al que se dio en Bulgaria, donde 19 protagonistas terminaron contagiados después de un partido. El desaguisado comenzó con un error de laboratorio, ya que el test del defensor del Tsarko Selo Martin Kavdanski dio negativo, pese a que estaba infectado. Por ese motivo, Kavdanski jugó sin problemas el partido ante el Cherno More Varna. ¿El resultado? Tres compañeros contagiados y… 16 rivales, según el propio club visitante.

“Por los medios conocimos que el futbolista Kavdanski jugó contra nosotros siendo positivo de Covid-19”, publicó el Chermo More en un comunicado. “Hicimos dos pruebas a cada uno de nuestros jugadores y miembros de la administración, y lamentablemente 16 pruebas dieron positivo. Todos los futbolistas contagiados están bajo cuarentena y se tomaron todas las medidas de precaución”, completó el equipo búlgaro.

La situación podría haber quedado en una anécdota, pero el aumento de casos relacionados con el fútbol motivó esta semana que el Gobierno de Bulgaria decidiera que los eventos deportivos vuelvan a desarrollarse a puertas cerradas. El motivo principal fue la decena de casos que se dieron entre jugadores y miembros de los cuerpos técnicos de cuatro equipos de la Ligue 1 de fútbol y entre hinchas que el domingo pasado festejaron el triunfo de Lokomotiv Plovdiv ante CSKA Sofía en la final de la Copa de Bulgaria. Como el país había sido uno de los menos afectados de Europa, con 7175 casos y 246 fallecimientos, el Gobierno había permitido que se hicieran con público, hasta un 30 por ciento de la capacidad de los estadios.

Si jugar contagiado o ser apartado de un partido a última hora ya suena insólito, lo que le pasó el sábado al arquero del Belenenses portugués André Moreira resulta ciertamente ridículo. En el duelo ante el Moreirense de la Liga Nos, Moreira, que se encontraba en el banco de suplentes, debió abandonar el campo en el entretiempo para cumplir con la cuarentena. 

“En el medio tiempo se ordenó al jugador (André Moreira) que abandonara el campo por decisión de la Autoridad Nacional de Salud y de la doctora Graça Freitas, quienes indicaron que no se respetaron los criterios de distanciamiento y de cuarentena”, explicó la Liga Portuguesa en un comunicado publicado el sábado. La semana pasada, Joao Monteiro, el tercer arquero del club y compañero de habitación de Moreira, dio positivo de Covid, razón por la que el partido ante el Porto resultó postergado. Por ese motivo, Moreira, por ser un contacto directo, debió estar en cuarentena durante dos semanas, algo que no cumplió y que significó que tuviera que dejar el partido que su equipo finalmente perdió 1-0. 

El arquero André Moreira, en cuarentena durante un partido.

Diferente resultó el comportamiento del FC Zürich después de que el defensor Mirlind Kryeziu se contagiara. Tras testear a todos los integrantes del plantel, el club informó el sábado que varios futbolistas, sin precisar el número, habían dado positivo, por lo que todos los integrantes quedaron en cuarentena hasta el 17 de julio. Ante esa situación, la federación suiza ya le postergó sus próximos dos compromisos, ante el Sion y el Basilea.

La Burbuja en el ojo del huracán

El mismo fin de semana en que el Estado de la Florida informó un nuevo récord de contagios durante 24 horas, con 15.299 casos, la NBA consiguió instalar a los 22 equipos que competirán en la fase final de la temporada, en la denominada “Burbuja de Disney”. El desembarco de la Liga coincide con el peor momento sanitario del estado, con hospitales cerca de completar su capacidad de atención y con las autoridades preocupadas ante un posible colapso. 

Aunque todavía restan dos semanas para que comiencen los partidos, las alarmas están por dispararse a cada instante. Además, varias nombres importantes pegarán el faltazo, ya sea por haber dado positivo, por temor a contagiarse o contagiar a familiares o porque prefieren focalizarse en la siguiente temporada. Así ya están confirmadas las ausencias de DeAndre Jordan, Wilson Chandler, Nicolas Claxton y Spencer Dinwiddie (Brooklyn), Thabo Sefolosha (Houston), Trevor Ariza y Caleb Swanigan (Portland), Victor Oladipo (Indiana), Willie Cauley-Stein (Dallas), Avery Bradley (Lakers), LaMarcus Aldridge (San Antonio), Bojan Bogdanovic (Utah) y Kelly Oubre Jr. (Phoenix), entre otros. 

Con casos positivos, Sacramento, Milwaukee, Miami, Clippers, Denver, Phoenix y Brooklyn cerraron sus instalaciones en las últimas semanas y recién reanudaron sus entrenamientos en Orlando, con lo que resulta evidente que llegarán con poco rodaje a la competencia. Y eso, si es que el coronavirus no traspasa la frontera de la Burbuja y produce un descalabro que complique el regreso.

Bajas a último momento

Más allá de los protocolos, el boxeo tampoco quedó exento de los imprevistos. El combate entre Mikkel LesPierre y el puertorriqueño José Pedraza en el MGM de Las Vegas fue suspendido horas antes de concretarse, después de que José Taveras, manager del boxeador estadounidense, diera positivo. Y horas antes de subir al ring ante su compatriota Helen Joseph, la estadounidense Mikaela Mayer también se tuvo que bajar de una velada organizada por Top Rank en Las Vegas por culpa del Covid.

El sábado pasado hubiese sido una jornada estelar para el UFC, ya que en Abu Dhabi se iban a enfrentar el nigeriano Kamaru Usman, campeón mundial de peso welter, ante el brasileño Gilbert Burns, pero el luchador sudamericano confirmó haber dado positivo por Covid-19, por lo que el combate debió ser cancelado. En su lugar y con un puñado de días de preparación, el estadounidense Jorge Masvidal aceptó el reto, pero perdió por puntos en fallo unánime ante el campeón africano.

Y en el automovilismo, el mismo fin de semana que la Fórmula 1 conseguía regresar a la actividad en Austria, la leyenda del Nascar Jimmie Johnson tuvo que desistir de participar en la carrera de Indianapolis por un test positivo, al igual que uno de sus mecánicos. Su lugar en la carrera lo ocupó Justin Allgaier. Una muestra más de que por más que el deporte pretenda regresar a la normalidad, el virus sigue teniendo otros planes.





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Muggsy Bogues, el basquetbolista más bajo de la NBA | La inspiradora historia del ídolo de los Charlotte Hornets 



Era una noche cualquiera de 1970 en Layafette Courts, un condominio de casas públicas que el estado de Baltimore había construido en el este de la ciudad. Un barrio oscuro, carenciado, peligroso, sitiado por la droga y la delincuencia. El nene de cinco años escuchó la explosión del vidrio de una ventana, bajó corriendo las escaleras y, curioso, salió a la calle para ver qué había pasado. Enojado por un nuevo hecho vandálico, el dueño de la tienda tomó su escopeta y disparó hacia afuera, en medio de la noche, con tanta mala suerte que el tiro impactó en las manos y las piernas de ese inocente niño llamado Tyrone Curtis Bogues. “Aquel accidente cambió mi vida. Y mi cabeza… Aunque era muy chico entendí que había que salir de allí, como fuera. La expectativa de vida en mi barrio era de 20 años. Nadie pensaba en vivir más que eso. Esa noche supe que la vida podía terminarse en un instante y que tenía que luchar por otra diferente. Pudo ser una tragedia, pero no lo fue y me sirvió para ser quien soy hoy”, recuerda a los 55 años luego de dejar una huella indeleble en la NBA y el básquet mundial. Muggsy, como fue conocido, quedó en la historia por ser el jugador más bajo (1m59), aunque su legado ha trascendido mucho más allá. Primero dejó un ejemplo inspirador de cómo trascender un contexto social muy desfavorable, luego demostró midiendo tan poco que se podía llegar a lo máximo en un deporte de gente alta (jugó 15 temporadas en la mejor liga del mundo y es el líder histórico de una franquicia –Hornets- en asistencias, robos y minutos) y, lo más importante, terminó salvando la vida de parte de su familia, sacando al padre de la cárcel y a su hermano mayor de las drogas.

Una dura historia familiar

Su padre Richard, trabajador portuario, medía 1m67 y su madre, Elaine, ama de casa, apenas 1m50. Pero Muggsy, el menor de cuatro hermanos (una mujer), repetía que quería ser jugador de básquet, midiendo apenas 1m45, siendo el más bajo de sus amigos, de la escuela y el barrio… Una situación difícil que empeoraría aún más. Pocos meses después, a los 12 años, Richard iría preso por robo a mano armada (también vendía drogas, según admitió el mismo Muggsy) y la madre quedaría a cargo de todo, con varios de sus hijos casi a la deriva, en un barrio sumido en la pobreza y la desigualdad. “Mi crianza fue tan dura como te puedas imaginar. Hasta vi cómo mataron a un hombre con un bate de béisbol. Tampoco estoy orgulloso de lo que gente cercana hizo. Pero sospecho que tuvo que ver con una forma desesperada de sobrevivir. Todas estas cosas me hicieron madurar de golpe”, explicó. Desde muy chico, Muggsy tuvo que adaptarse a superar un ambiente desfavorable. “Muchos de mi barra crecimos sin padre. Era normal. Lo mismo que el racismo o los problemas económicos. En los años 60 y 70 era muy difícil mantener unida a una familia. La falta de dinero hacía que mucha gente se involucrara en actividades ilegales”, recordó. Su padre fue uno de ellos y por eso recibió 20 años de prisión. Lo mismo que su hermano mayor, Chuckie, que se sumió en el consumo de drogas…

En el camino del básquet

Muggsy Bogues, base de la selección de EE.UU.

El básquet fue su vía de escape, “lo que realmente me salvó la vida”, aclaró. En el playground del barrio se destacaba, incluso entre amigos que terminarían en la NBA. Cuentan que sus duelos callejeros junto a Reggie Williams contra David Wingate y Reggie Lewis (sería estrella de los Celtics) eran épicos y convocan a decenas de fans a la canchita del barrio… Y fue en el secundario Dunbar donde Bogues vio la oportunidad de escapar de ese destino que parecía marcado. Fue el base de un equipo talentoso y renombrado a nivel nacional (preclasificado N° 1) que, durante dos temporadas, se mantuvo invicto en 60 partidos, gracias a un cuarteto temible que Bogues formada con Williams, Wingate y Lewis. Pese a compartir equipos con tres futuros NBA y escuchar durante años que no podía jugar a un deporte de altos, Bogues fue votado como el más valioso de aquel equipo. “Mucha gente creía que no podía jugar. Tuve que romper muchas barreras y demostrarle a muchos que estaban equivocados”, explicó. Muggsy logró una beca en la Universidad de Wake Forest y jugó los cuatro años, promediando 11.3 puntos, 8.4 asistencias y 3.1 robos. Cuando terminó su experiencia universitaria, en la conferencia ACC era el líder histórico en pases gol y recuperos. Siendo uno de los mejores bases de la nación fue llamado para la selección estadounidense que disputó y ganó el Mundial de 1986. Su única derrota fue ante la Argentina de Cortijo, Camissasa, Romano y Montenegro. Una imagen suya en la final, tirando por encima del ruso Arvydas Sabonis (que con 2,21 metros, era 62 centímetros más alto), es la imagen más potente de aquel torneo en España.

El equipo de la secundaria Dumbar.

Las puertas abiertas de la NBA

Su nivel y popularidad hicieron que, en 1987, fuera elegido en el N° 12 del draft de la NBA por Washington. Los Bullets le firmaron un contrato de un 1 millón de dólares por cuatro años y él usó parte de su dinero para comprarle una casa a su madre y contratar un nuevo abogado para sacar a su padre de la cárcel, algo que lograría tres años después. “Ambas cosas me cambiaron la vida y me dieron paz interior”, admitió. En la NBA ganó fama por su gran manejo de balón, velocidad, agresividad e intensidad. Pero, en especial, por su determinación y confianza. Nunca se sintió menos que nadie, pese a jugar con colegas que le llevaban hasta 70 centímetros. De hecho, en aquella primera temporada en Washington se viralizó su foto con un compañero, Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31). Pero, claro, no todo salió como quería: el estilo de juego de los Bullets no explotó al máximo las virtudes de Bogues y sus minutos cayeron hasta el punto de ser prescindible. “En Washington nunca terminaron de creer en mí. Es más, siento que me eligieron más por el marketing… Y cuando la prensa empezó a decir que yo era muy bajo, empezaron a dudar y se les terminó la paciencia”, recuerda.

Muggsy Boguer junto a Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31).

Figura de Charlotte Hornets

Pero sí hubo un equipo que confió en él: Charlotte Hornets, flamante franquicia NBA en 1989. Tras un inicio con dudas, la llegada de un nuevo DT cambiaría todo. Alan Briston armó un ataque en base a las cualidades de Muggsy y desarrolló un equipo que daría que hablar, con Larry Johnson y Alonzo Mourning como figuras. “Habrá otro Larry Bird antes que otro Muggsy Bogues”, declaró Bristow, dejando claro la dificultad de lo logrado por un base de 1m59. En la 93/94 promedió 10.8 puntos y 10.1 asistencias. Un éxito que les abrió la puerta a varios “petisos” como Isaiah Thomas (1m75), Nate Robinson (1m74) o Earl Boykins (1m60). “Algunos jugadores sentían que tenían ventajas sobre mí sólo por ser más altos y terminaba siendo al revés. Yo estudiaba a los rivales, sabía sus fortalezas y debilidades. Una de las cosas que más los molestaba era que los presionara toda la cancha, que me metiera debajo de ellos. Se terminaban enojando… Me encantaba competir y demostrar que la altura no era todo”, analizó quien adquirió una populardad que le permitió ser uno de los NBA elegidos para estar en la película Space Jam. Su ascenso se detuvo a partir de una lesión en su rodilla derecha que nunca le permitió ser el mismo. En 1997 resultó cambiado a Golden State y terminó en Toronto hasta su retiro, en 2001. Pero su legado resultó enorme gracias a la determinación para superar prejuicios y contextos desfavorables. “Nunca me quedé pensando en los ‘y sí’ que tanto se repiten en el deporte. Trabajé con lo que Dios me dio y siempre me sentí cómodo con eso, con mi altura, mi cuerpo y condiciones. Además, siempre creí en mí, supe que tenía otras cualidades que podían ser importantes en la cancha. Y pensé que pertenecía a ese mundo”, analizó para Sports Illustrated.

Victorias fuera de la cancha

Aunque lo suyo en el básquet fue muy importante, su mayor victoria se dio fuera de la cancha, superando golpes durísimos y ayudando a quienes lo rodeaban. Primero a su padre. Su trabajo, con nuevos abogados, le pemitió sacarlo de la cárcel cinco años antes de cumplir la sentencia de 20 que le habían dado en Baltimore. Al menos Richard podría vivir en libertad los siguientes tres años de su vida: fallecería en agosto del 93, a causa de una neumonía. Tiempos difíciles para Muggsy. Ocho días antes, el 27 de julio, uno de sus mejores amigos, Reggie Lewis, figura de los Celtics, había colapsado en la cancha y fallecido de un ataque cardíaco repentino. Pero él todavía tenía una misión. En la cancha, probar su valía y afuera, dar la batalla más grande de su vida: salvar a su hermano mayor de las drogas. “Yo tomaba lo que hubiera: heroína, cocaína…”, admitió Chuckie, quien fue arrestrado una vez en 1993 y en 1995 estaba tan metido en el consumo que “ni siquiera se podía tener una conversación conmigo”. Muggsy se lo llevó a su casa en Charlotte y, en silencio, se bancó la rehabilitación. “Si no fuera por él, no estaría acá hablando”, admitió en una nota para ESPN.

Muggsy junto su hermano Chukie, a quien sascó de las drogas.

“Salvarlo era mi trabajo. La familia no sólo está para los momentos buenos. Es lo que me enseñaron mis padres…”, admitió. Los primeros seis meses de Chuckie en su casa fueron brutales: era normal que Muggsy llegara y lo encontrara tirintando, tapado por frazadas. O llorando. Se pasaba parte limpiando sus vómitos. Era normal cocinarle, dejarle el plato al lado de la cama y al mañana siguiente siguiente ver que Chuckie no lo había tocado. Mugssy no se lo contó a nadie, ni siquiera a sus compañeros de equipo. Por momentos se cuestionaba si estaba haciendo bien, pero seguía creyendo que, en el caso del hermano, su casa era mejor que un centro de rehabilitación. Muggsy recuerda un día que Chuckie lo miró a los ojos, como podía, y le dijo “no te voy a decepcionar, hermano”. En 1996, durante la mejor temporada de los Hornets, pudo empezar a salir de la casa y el base comenzó llevarlo a las prácticas y partidos. En el equipo lo adoraban.

Muggsy pudo rehacer su vida. Se casó con Sharon Smith y estuvieron juntos durante seis años. Hasta que el destino volvió a golpearlo. Su novia murió de un cáncer de pecho en 2009. Luego también se ocupó de su hijo mayor, Ty, cuando desvió su camino y tras lograrlo, ya con el chico egresado de la facultad, volvió a juntarse con su ex esposa Kim. Los impactos nunca se detuvieron: su hermana Helen falleció de cáncer de garganta en 2015. Pero él nunca dejó su luchar y ayudar al prójimo. Capaz de vestirse de Papa Noel para ir a un shopping en Charlotte (le dieron la llave de la ciudad), de sacarles sonrisas a los niños que ni imaginaban que detrás de ese disfraz había un ex jugador de la NBA y campeón del mundo. Así Muggsy quiere ser recordado, mucho más que por ser el jugador más bajo de la historia o el líder de asistencias de los Hornets. “A todos los chicos que me cruzo les digo que pueden ser lo que quieran en la vida. Nadie ni nada debe desviarlos del camino y destruir sus sueños. Deben saber que pueden”, es el mensaje de una figura cuya historia nos enseña e inspira a ser mejores cada día.



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