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Papelones, injusticias y escándalos en tiempos de coronavirus | El deporte y la necesidad de regresar a la actividad a cualquier precio



Desde que la Bundesliga regresó a las actividades hace casi dos meses, diferentes deportes y países intentaron emularla aunque muy pocos pudieron replicar el éxito del modelo alemán. Cuando aquel 16 de mayo el Borussia Dortmund goleaba 4-0 al Schalke 04 en el primer partido en medio de la pandemia, Alemania goleaba a otras potencias por su manejo de la cuestión sanitaria y le mostraba al mundo su capacidad organizativa. Desde entonces, el coronavirus desnudó deportes, países y federaciones, que en su afán de regresar sin las medidas adecuadas, dejaron un tendal de irregularidades, papelones y cientos de contagios que podrían haberse evitado. 

El Adria Tour en los Balcanes, el torneo de tenis benéfico organizado por Novak Djokovic, tal vez sintentiza a la perfección la subestimación del virus. Sin distanciamiento social, con público en el estadio y con protagonistas participando incluso en fiestas en sitios cerrados, el torneo terminó en un escándalo y con dos etapas suspendidas, con el propio número uno del mundo y su esposa Jelena contagiados, además de otros tres jugadores -Grigor Dimitrov, Borna Coric y Victor Troicki- y al menos otras cuatro personas de sus entornos. 

Más allá de las críticas que despertó, Djokovic esgrimió en su defensa en que no había hecho nada ilegal y que la organización se rigió de acuerdo a las medidas del Gobierno serbio. Y razón no le falta: la falta de previsión gubernamental también permitió que el clásico Partizan-Estrella Roja, con público, se convirtiera en una fuente de contagio. Tanto que la vecina Montenegro registró nueve casos de Covid-19 después de un mes sin tenerlos, siete de los cuales eran de ciudadanos montenegrinos que habían concurrido al partido. En aquel momento, el 22 de junio, habían dado positivo cinco futbolistas del Estrella Roja, que este sábado anunció que, después de testear a todo su plantel, seis jugadores deberán permanecerán en cuarentena durante dos semanas. 

Djokovic, responsable del Adria Tour, suspendido por los contagios. (AFP)

El ejemplo de Djokovic no amedrentó a las autoridades del tenis en Estados Unidos, donde este domingo comenzó en West Virginia la World TeamTennis, una liga de tenis profesional mixta que se juega con un formato de equipo y que contará con público en las gradas, con un máximo de 500 personas. Nombres como Mardy Fish, Sabine Lisicki, Jack Sock, Milos Raonic, Steve Johnson, Taylor Fritz, Taylor Townsend, Donald Young, Ryan Harrison, Christina McHale, Coco Vandeweghe y la belga Kim Clijters, entre otros, comprometieron su participación. Entre los ausentes estará Frances Tiafoe, que no pudo recuperarse tras el positivo que tuvo la semana pasada mientras disputaba un torneo de exhibición de Atlanta, donde fue reemplazado por Christopher Eubanks.

Todo esto en medio de una creciente ola de contagios, que pone en riesgo el Masters 1000 de Cincinnati y el US Open, previstos para el mes que viene en Nueva York. Casualmente, la ciudad donde el alcalde, Bill de Blasio, prohibió la celebración de “grandes eventos” hasta el 30 de septiembre, aunque el tenis, a disputarse a puertas cerradas, podría evitar esa medida.

En el golf vale el Siga, Siga 

Para Tiafoe, ser tenista resultó contraproducente. Si hubiese sido jugador de golf, su presencia en los links no estaría en discusión. Así lo demuestra los casos de los estadounidenses Denny McCarthy y Nick Watney y el sudafricano Dylan Frittelli, que esta semana participaron del Workday Charity Open en Ohio, un torneo válido por el PGA Tour ganado por el local Collin Morikawa en desempate con Justin Thomas.

Por más que dieron positivo de Covid, McCarthy, Watney y Frittelli pudieron participar del torneo gracias al protocolo más laxo que rige desde el 1 de julio, cuando se contempló que si pasaron al menos 10 días desde la aparición de síntomas y 72 horas sin fiebre, el jugador ya está en condiciones de competir. 

Denny McCarthy, uno de los tres jugadores con Covid-19 que participaron en el torneo del PGA Tour. (AFP)

“En las primeras etapas de la enfermedad, se supone que el virus es activo y puede causar contagio. A medida que pasa el tiempo y que los síntomas se resuelven, la teoría indica que este virus ya no es activo o contagioso”, argumentó Tom Hospel, asesor médico de la PGA. “Aprendimos que, en algunos casos, los individuos pueden seguir dando positivo durante semanas o meses y se tiene por entendido que esos individuos ya no son contagiosos“, aseguró el médico para justificar la decisión.

Lo concreto es que las formaciones originales para las salidas fueron cambiadas para que McCarthy, Watney y Frittelli salieran los tres juntos, sin tener contacto con otros competidores ni poder compartir espacios bajo techo. Y para fortuna de los organizadores, ninguno de los tres pudo superar el corte clasificatorio, por lo que no fue necesario reubicarlos con otros golfistas en las rondas decisivas. Desde que se reanudó la actividad hace un mes, más de una decena de personas, entre golfistas, caddies o familiares se contagiaron de coronavirus.

Ventajas y desventajas deportivas

La Liga rusa de fútbol regresó justo cuando la curva de contagio en el país comenzó a subir. En ese contexto, el Rostov, después de tener que aislar a su plantel por seis casos positivos, debió presentar una formación con juveniles en partido ante el Sochi, con resultado funesto: un lapidario 10-1, pese a que su arquerito fue figura y hasta atajó un penal. Después de las críticas, mejor suerte tuvo el Dynamo Moscú, ya que su encuentro ante el Krasnodar fue suspendido después de que tres de sus jugadores dieran positivo. 

En Estados Unidos, buscaron minimizar esos riesgos, por lo que pretendieron aislar a todos los jugadores en Orlando, en los complejos hoteleros de Disney. Pero no pudieron evitar las injusticias: como tuvieron casos positivos, los equipos de Dallas y Nashville fueron expulsados del torneo, lo que obligó a reprogramar el calendario que empezó a jugarse el miércoles. A Dallas, con diez futbolistas contagiados, lo sacaron de la competición la semana pasada. En cambio, a Nashville, con nueve positivos, lo eliminaron justo antes de tener que disputar su partido ante Chicago Fire. 

Pero los papelones no se quedaron ahí. Horas antes de que este domingo saltaran a la cancha D.C. United y Toronto, el partido debió ser postergado y ahora deberá ser reprogramado, después de que un jugador diera positivo y otro tuviera un resultado no concluyente en los test que les practicaron el día previo, de acuerdo a lo que informó la MLS. Se supone que ambos futbolistas serán aislados y la competencia podrá seguir como si nada hubiese pasado. 

Con la suspensión a última hora, al menos, se evitó un escándalo similar al que se dio en Bulgaria, donde 19 protagonistas terminaron contagiados después de un partido. El desaguisado comenzó con un error de laboratorio, ya que el test del defensor del Tsarko Selo Martin Kavdanski dio negativo, pese a que estaba infectado. Por ese motivo, Kavdanski jugó sin problemas el partido ante el Cherno More Varna. ¿El resultado? Tres compañeros contagiados y… 16 rivales, según el propio club visitante.

“Por los medios conocimos que el futbolista Kavdanski jugó contra nosotros siendo positivo de Covid-19”, publicó el Chermo More en un comunicado. “Hicimos dos pruebas a cada uno de nuestros jugadores y miembros de la administración, y lamentablemente 16 pruebas dieron positivo. Todos los futbolistas contagiados están bajo cuarentena y se tomaron todas las medidas de precaución”, completó el equipo búlgaro.

La situación podría haber quedado en una anécdota, pero el aumento de casos relacionados con el fútbol motivó esta semana que el Gobierno de Bulgaria decidiera que los eventos deportivos vuelvan a desarrollarse a puertas cerradas. El motivo principal fue la decena de casos que se dieron entre jugadores y miembros de los cuerpos técnicos de cuatro equipos de la Ligue 1 de fútbol y entre hinchas que el domingo pasado festejaron el triunfo de Lokomotiv Plovdiv ante CSKA Sofía en la final de la Copa de Bulgaria. Como el país había sido uno de los menos afectados de Europa, con 7175 casos y 246 fallecimientos, el Gobierno había permitido que se hicieran con público, hasta un 30 por ciento de la capacidad de los estadios.

Si jugar contagiado o ser apartado de un partido a última hora ya suena insólito, lo que le pasó el sábado al arquero del Belenenses portugués André Moreira resulta ciertamente ridículo. En el duelo ante el Moreirense de la Liga Nos, Moreira, que se encontraba en el banco de suplentes, debió abandonar el campo en el entretiempo para cumplir con la cuarentena. 

“En el medio tiempo se ordenó al jugador (André Moreira) que abandonara el campo por decisión de la Autoridad Nacional de Salud y de la doctora Graça Freitas, quienes indicaron que no se respetaron los criterios de distanciamiento y de cuarentena”, explicó la Liga Portuguesa en un comunicado publicado el sábado. La semana pasada, Joao Monteiro, el tercer arquero del club y compañero de habitación de Moreira, dio positivo de Covid, razón por la que el partido ante el Porto resultó postergado. Por ese motivo, Moreira, por ser un contacto directo, debió estar en cuarentena durante dos semanas, algo que no cumplió y que significó que tuviera que dejar el partido que su equipo finalmente perdió 1-0. 

El arquero André Moreira, en cuarentena durante un partido.

Diferente resultó el comportamiento del FC Zürich después de que el defensor Mirlind Kryeziu se contagiara. Tras testear a todos los integrantes del plantel, el club informó el sábado que varios futbolistas, sin precisar el número, habían dado positivo, por lo que todos los integrantes quedaron en cuarentena hasta el 17 de julio. Ante esa situación, la federación suiza ya le postergó sus próximos dos compromisos, ante el Sion y el Basilea.

La Burbuja en el ojo del huracán

El mismo fin de semana en que el Estado de la Florida informó un nuevo récord de contagios durante 24 horas, con 15.299 casos, la NBA consiguió instalar a los 22 equipos que competirán en la fase final de la temporada, en la denominada “Burbuja de Disney”. El desembarco de la Liga coincide con el peor momento sanitario del estado, con hospitales cerca de completar su capacidad de atención y con las autoridades preocupadas ante un posible colapso. 

Aunque todavía restan dos semanas para que comiencen los partidos, las alarmas están por dispararse a cada instante. Además, varias nombres importantes pegarán el faltazo, ya sea por haber dado positivo, por temor a contagiarse o contagiar a familiares o porque prefieren focalizarse en la siguiente temporada. Así ya están confirmadas las ausencias de DeAndre Jordan, Wilson Chandler, Nicolas Claxton y Spencer Dinwiddie (Brooklyn), Thabo Sefolosha (Houston), Trevor Ariza y Caleb Swanigan (Portland), Victor Oladipo (Indiana), Willie Cauley-Stein (Dallas), Avery Bradley (Lakers), LaMarcus Aldridge (San Antonio), Bojan Bogdanovic (Utah) y Kelly Oubre Jr. (Phoenix), entre otros. 

Con casos positivos, Sacramento, Milwaukee, Miami, Clippers, Denver, Phoenix y Brooklyn cerraron sus instalaciones en las últimas semanas y recién reanudaron sus entrenamientos en Orlando, con lo que resulta evidente que llegarán con poco rodaje a la competencia. Y eso, si es que el coronavirus no traspasa la frontera de la Burbuja y produce un descalabro que complique el regreso.

Bajas a último momento

Más allá de los protocolos, el boxeo tampoco quedó exento de los imprevistos. El combate entre Mikkel LesPierre y el puertorriqueño José Pedraza en el MGM de Las Vegas fue suspendido horas antes de concretarse, después de que José Taveras, manager del boxeador estadounidense, diera positivo. Y horas antes de subir al ring ante su compatriota Helen Joseph, la estadounidense Mikaela Mayer también se tuvo que bajar de una velada organizada por Top Rank en Las Vegas por culpa del Covid.

El sábado pasado hubiese sido una jornada estelar para el UFC, ya que en Abu Dhabi se iban a enfrentar el nigeriano Kamaru Usman, campeón mundial de peso welter, ante el brasileño Gilbert Burns, pero el luchador sudamericano confirmó haber dado positivo por Covid-19, por lo que el combate debió ser cancelado. En su lugar y con un puñado de días de preparación, el estadounidense Jorge Masvidal aceptó el reto, pero perdió por puntos en fallo unánime ante el campeón africano.

Y en el automovilismo, el mismo fin de semana que la Fórmula 1 conseguía regresar a la actividad en Austria, la leyenda del Nascar Jimmie Johnson tuvo que desistir de participar en la carrera de Indianapolis por un test positivo, al igual que uno de sus mecánicos. Su lugar en la carrera lo ocupó Justin Allgaier. Una muestra más de que por más que el deporte pretenda regresar a la normalidad, el virus sigue teniendo otros planes.





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Muggsy Bogues, el basquetbolista más bajo de la NBA | La inspiradora historia del ídolo de los Charlotte Hornets 



Era una noche cualquiera de 1970 en Layafette Courts, un condominio de casas públicas que el estado de Baltimore había construido en el este de la ciudad. Un barrio oscuro, carenciado, peligroso, sitiado por la droga y la delincuencia. El nene de cinco años escuchó la explosión del vidrio de una ventana, bajó corriendo las escaleras y, curioso, salió a la calle para ver qué había pasado. Enojado por un nuevo hecho vandálico, el dueño de la tienda tomó su escopeta y disparó hacia afuera, en medio de la noche, con tanta mala suerte que el tiro impactó en las manos y las piernas de ese inocente niño llamado Tyrone Curtis Bogues. “Aquel accidente cambió mi vida. Y mi cabeza… Aunque era muy chico entendí que había que salir de allí, como fuera. La expectativa de vida en mi barrio era de 20 años. Nadie pensaba en vivir más que eso. Esa noche supe que la vida podía terminarse en un instante y que tenía que luchar por otra diferente. Pudo ser una tragedia, pero no lo fue y me sirvió para ser quien soy hoy”, recuerda a los 55 años luego de dejar una huella indeleble en la NBA y el básquet mundial. Muggsy, como fue conocido, quedó en la historia por ser el jugador más bajo (1m59), aunque su legado ha trascendido mucho más allá. Primero dejó un ejemplo inspirador de cómo trascender un contexto social muy desfavorable, luego demostró midiendo tan poco que se podía llegar a lo máximo en un deporte de gente alta (jugó 15 temporadas en la mejor liga del mundo y es el líder histórico de una franquicia –Hornets- en asistencias, robos y minutos) y, lo más importante, terminó salvando la vida de parte de su familia, sacando al padre de la cárcel y a su hermano mayor de las drogas.

Una dura historia familiar

Su padre Richard, trabajador portuario, medía 1m67 y su madre, Elaine, ama de casa, apenas 1m50. Pero Muggsy, el menor de cuatro hermanos (una mujer), repetía que quería ser jugador de básquet, midiendo apenas 1m45, siendo el más bajo de sus amigos, de la escuela y el barrio… Una situación difícil que empeoraría aún más. Pocos meses después, a los 12 años, Richard iría preso por robo a mano armada (también vendía drogas, según admitió el mismo Muggsy) y la madre quedaría a cargo de todo, con varios de sus hijos casi a la deriva, en un barrio sumido en la pobreza y la desigualdad. “Mi crianza fue tan dura como te puedas imaginar. Hasta vi cómo mataron a un hombre con un bate de béisbol. Tampoco estoy orgulloso de lo que gente cercana hizo. Pero sospecho que tuvo que ver con una forma desesperada de sobrevivir. Todas estas cosas me hicieron madurar de golpe”, explicó. Desde muy chico, Muggsy tuvo que adaptarse a superar un ambiente desfavorable. “Muchos de mi barra crecimos sin padre. Era normal. Lo mismo que el racismo o los problemas económicos. En los años 60 y 70 era muy difícil mantener unida a una familia. La falta de dinero hacía que mucha gente se involucrara en actividades ilegales”, recordó. Su padre fue uno de ellos y por eso recibió 20 años de prisión. Lo mismo que su hermano mayor, Chuckie, que se sumió en el consumo de drogas…

En el camino del básquet

Muggsy Bogues, base de la selección de EE.UU.

El básquet fue su vía de escape, “lo que realmente me salvó la vida”, aclaró. En el playground del barrio se destacaba, incluso entre amigos que terminarían en la NBA. Cuentan que sus duelos callejeros junto a Reggie Williams contra David Wingate y Reggie Lewis (sería estrella de los Celtics) eran épicos y convocan a decenas de fans a la canchita del barrio… Y fue en el secundario Dunbar donde Bogues vio la oportunidad de escapar de ese destino que parecía marcado. Fue el base de un equipo talentoso y renombrado a nivel nacional (preclasificado N° 1) que, durante dos temporadas, se mantuvo invicto en 60 partidos, gracias a un cuarteto temible que Bogues formada con Williams, Wingate y Lewis. Pese a compartir equipos con tres futuros NBA y escuchar durante años que no podía jugar a un deporte de altos, Bogues fue votado como el más valioso de aquel equipo. “Mucha gente creía que no podía jugar. Tuve que romper muchas barreras y demostrarle a muchos que estaban equivocados”, explicó. Muggsy logró una beca en la Universidad de Wake Forest y jugó los cuatro años, promediando 11.3 puntos, 8.4 asistencias y 3.1 robos. Cuando terminó su experiencia universitaria, en la conferencia ACC era el líder histórico en pases gol y recuperos. Siendo uno de los mejores bases de la nación fue llamado para la selección estadounidense que disputó y ganó el Mundial de 1986. Su única derrota fue ante la Argentina de Cortijo, Camissasa, Romano y Montenegro. Una imagen suya en la final, tirando por encima del ruso Arvydas Sabonis (que con 2,21 metros, era 62 centímetros más alto), es la imagen más potente de aquel torneo en España.

El equipo de la secundaria Dumbar.

Las puertas abiertas de la NBA

Su nivel y popularidad hicieron que, en 1987, fuera elegido en el N° 12 del draft de la NBA por Washington. Los Bullets le firmaron un contrato de un 1 millón de dólares por cuatro años y él usó parte de su dinero para comprarle una casa a su madre y contratar un nuevo abogado para sacar a su padre de la cárcel, algo que lograría tres años después. “Ambas cosas me cambiaron la vida y me dieron paz interior”, admitió. En la NBA ganó fama por su gran manejo de balón, velocidad, agresividad e intensidad. Pero, en especial, por su determinación y confianza. Nunca se sintió menos que nadie, pese a jugar con colegas que le llevaban hasta 70 centímetros. De hecho, en aquella primera temporada en Washington se viralizó su foto con un compañero, Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31). Pero, claro, no todo salió como quería: el estilo de juego de los Bullets no explotó al máximo las virtudes de Bogues y sus minutos cayeron hasta el punto de ser prescindible. “En Washington nunca terminaron de creer en mí. Es más, siento que me eligieron más por el marketing… Y cuando la prensa empezó a decir que yo era muy bajo, empezaron a dudar y se les terminó la paciencia”, recuerda.

Muggsy Boguer junto a Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31).

Figura de Charlotte Hornets

Pero sí hubo un equipo que confió en él: Charlotte Hornets, flamante franquicia NBA en 1989. Tras un inicio con dudas, la llegada de un nuevo DT cambiaría todo. Alan Briston armó un ataque en base a las cualidades de Muggsy y desarrolló un equipo que daría que hablar, con Larry Johnson y Alonzo Mourning como figuras. “Habrá otro Larry Bird antes que otro Muggsy Bogues”, declaró Bristow, dejando claro la dificultad de lo logrado por un base de 1m59. En la 93/94 promedió 10.8 puntos y 10.1 asistencias. Un éxito que les abrió la puerta a varios “petisos” como Isaiah Thomas (1m75), Nate Robinson (1m74) o Earl Boykins (1m60). “Algunos jugadores sentían que tenían ventajas sobre mí sólo por ser más altos y terminaba siendo al revés. Yo estudiaba a los rivales, sabía sus fortalezas y debilidades. Una de las cosas que más los molestaba era que los presionara toda la cancha, que me metiera debajo de ellos. Se terminaban enojando… Me encantaba competir y demostrar que la altura no era todo”, analizó quien adquirió una populardad que le permitió ser uno de los NBA elegidos para estar en la película Space Jam. Su ascenso se detuvo a partir de una lesión en su rodilla derecha que nunca le permitió ser el mismo. En 1997 resultó cambiado a Golden State y terminó en Toronto hasta su retiro, en 2001. Pero su legado resultó enorme gracias a la determinación para superar prejuicios y contextos desfavorables. “Nunca me quedé pensando en los ‘y sí’ que tanto se repiten en el deporte. Trabajé con lo que Dios me dio y siempre me sentí cómodo con eso, con mi altura, mi cuerpo y condiciones. Además, siempre creí en mí, supe que tenía otras cualidades que podían ser importantes en la cancha. Y pensé que pertenecía a ese mundo”, analizó para Sports Illustrated.

Victorias fuera de la cancha

Aunque lo suyo en el básquet fue muy importante, su mayor victoria se dio fuera de la cancha, superando golpes durísimos y ayudando a quienes lo rodeaban. Primero a su padre. Su trabajo, con nuevos abogados, le pemitió sacarlo de la cárcel cinco años antes de cumplir la sentencia de 20 que le habían dado en Baltimore. Al menos Richard podría vivir en libertad los siguientes tres años de su vida: fallecería en agosto del 93, a causa de una neumonía. Tiempos difíciles para Muggsy. Ocho días antes, el 27 de julio, uno de sus mejores amigos, Reggie Lewis, figura de los Celtics, había colapsado en la cancha y fallecido de un ataque cardíaco repentino. Pero él todavía tenía una misión. En la cancha, probar su valía y afuera, dar la batalla más grande de su vida: salvar a su hermano mayor de las drogas. “Yo tomaba lo que hubiera: heroína, cocaína…”, admitió Chuckie, quien fue arrestrado una vez en 1993 y en 1995 estaba tan metido en el consumo que “ni siquiera se podía tener una conversación conmigo”. Muggsy se lo llevó a su casa en Charlotte y, en silencio, se bancó la rehabilitación. “Si no fuera por él, no estaría acá hablando”, admitió en una nota para ESPN.

Muggsy junto su hermano Chukie, a quien sascó de las drogas.

“Salvarlo era mi trabajo. La familia no sólo está para los momentos buenos. Es lo que me enseñaron mis padres…”, admitió. Los primeros seis meses de Chuckie en su casa fueron brutales: era normal que Muggsy llegara y lo encontrara tirintando, tapado por frazadas. O llorando. Se pasaba parte limpiando sus vómitos. Era normal cocinarle, dejarle el plato al lado de la cama y al mañana siguiente siguiente ver que Chuckie no lo había tocado. Mugssy no se lo contó a nadie, ni siquiera a sus compañeros de equipo. Por momentos se cuestionaba si estaba haciendo bien, pero seguía creyendo que, en el caso del hermano, su casa era mejor que un centro de rehabilitación. Muggsy recuerda un día que Chuckie lo miró a los ojos, como podía, y le dijo “no te voy a decepcionar, hermano”. En 1996, durante la mejor temporada de los Hornets, pudo empezar a salir de la casa y el base comenzó llevarlo a las prácticas y partidos. En el equipo lo adoraban.

Muggsy pudo rehacer su vida. Se casó con Sharon Smith y estuvieron juntos durante seis años. Hasta que el destino volvió a golpearlo. Su novia murió de un cáncer de pecho en 2009. Luego también se ocupó de su hijo mayor, Ty, cuando desvió su camino y tras lograrlo, ya con el chico egresado de la facultad, volvió a juntarse con su ex esposa Kim. Los impactos nunca se detuvieron: su hermana Helen falleció de cáncer de garganta en 2015. Pero él nunca dejó su luchar y ayudar al prójimo. Capaz de vestirse de Papa Noel para ir a un shopping en Charlotte (le dieron la llave de la ciudad), de sacarles sonrisas a los niños que ni imaginaban que detrás de ese disfraz había un ex jugador de la NBA y campeón del mundo. Así Muggsy quiere ser recordado, mucho más que por ser el jugador más bajo de la historia o el líder de asistencias de los Hornets. “A todos los chicos que me cruzo les digo que pueden ser lo que quieran en la vida. Nadie ni nada debe desviarlos del camino y destruir sus sueños. Deben saber que pueden”, es el mensaje de una figura cuya historia nos enseña e inspira a ser mejores cada día.



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Muggsy Bogues, el basquetbolsita más bajo de la NBA | La inspiradora historia del ídolo de los Charlotte Hornets 



Era una noche cualquiera de 1970 en Layafette Courts, un condominio de casas públicas que el estado de Baltimore había construido en el este de la ciudad. Un barrio oscuro, carenciado, peligroso, sitiado por la droga y la delincuencia. El nene de cinco años escuchó la explosión del vidrio de una ventana, bajó corriendo las escaleras y, curioso, salió a la calle para ver qué había pasado. Enojado por un nuevo hecho vandálico, el dueño de la tienda tomó su escopeta y disparó hacia afuera, en medio de la noche, con tanta mala suerte que el tiro impactó en las manos y las piernas de ese inocente niño llamado Tyrone Curtis Bogues. “Aquel accidente cambió mi vida. Y mi cabeza… Aunque era muy chico entendí que había que salir de allí, como fuera. La expectativa de vida en mi barrio era de 20 años. Nadie pensaba en vivir más que eso. Esa noche supe que la vida podía terminarse en un instante y que tenía que luchar por otra diferente. Pudo ser una tragedia, pero no lo fue y me sirvió para ser quien soy hoy”, recuerda a los 55 años luego de dejar una huella indeleble en la NBA y el básquet mundial. Muggsy, como fue conocido, quedó en la historia por ser el jugador más bajo (1m59), aunque su legado ha trascendido mucho más allá. Primero dejó un ejemplo inspirador de cómo trascender un contexto social muy desfavorable, luego demostró midiendo tan poco que se podía llegar a lo máximo en un deporte de gente alta (jugó 15 temporadas en la mejor liga del mundo y es el líder histórico de una franquicia –Hornets- en asistencias, robos y minutos) y, lo más importante, terminó salvando la vida de parte de su familia, sacando al padre de la cárcel y a su hermano mayor de las drogas.

Una dura historia familiar

Su padre Richard, trabajador portuario, medía 1m67 y su madre, Elaine, ama de casa, apenas 1m50. Pero Muggsy, el menor de cuatro hermanos (una mujer), repetía que quería ser jugador de básquet, midiendo apenas 1m45, siendo el más bajo de sus amigos, de la escuela y el barrio… Una situación difícil que empeoraría aún más. Pocos meses después, a los 12 años, Richard iría preso por robo a mano armada (también vendía drogas, según admitió el mismo Muggsy) y la madre quedaría a cargo de todo, con varios de sus hijos casi a la deriva, en un barrio sumido en la pobreza y la desigualdad. “Mi crianza fue tan dura como te puedas imaginar. Hasta vi cómo mataron a un hombre con un bate de béisbol. Tampoco estoy orgulloso de lo que gente cercana hizo. Pero sospecho que tuvo que ver con una forma desesperada de sobrevivir. Todas estas cosas me hicieron madurar de golpe”, explicó. Desde muy chico, Muggsy tuvo que adaptarse a superar un ambiente desfavorable. “Muchos de mi barra crecimos sin padre. Era normal. Lo mismo que el racismo o los problemas económicos. En los años 60 y 70 era muy difícil mantener unida a una familia. La falta de dinero hacía que mucha gente se involucrara en actividades ilegales”, recordó. Su padre fue uno de ellos y por eso recibió 20 años de prisión. Lo mismo que su hermano mayor, Chuckie, que se sumió en el consumo de drogas…

En el camino del básquet

Muggsy Bogues, base de la selección de EE.UU.

El básquet fue su vía de escape, “lo que realmente me salvó la vida”, aclaró. En el playground del barrio se destacaba, incluso entre amigos que terminarían en la NBA. Cuentan que sus duelos callejeros junto a Reggie Williams contra David Wingate y Reggie Lewis (sería estrella de los Celtics) eran épicos y convocan a decenas de fans a la canchita del barrio… Y fue en el secundario Dunbar donde Bogues vio la oportunidad de escapar de ese destino que parecía marcado. Fue el base de un equipo talentoso y renombrado a nivel nacional (preclasificado N° 1) que, durante dos temporadas, se mantuvo invicto en 60 partidos, gracias a un cuarteto temible que Bogues formada con Williams, Wingate y Lewis. Pese a compartir equipos con tres futuros NBA y escuchar durante años que no podía jugar a un deporte de altos, Bogues fue votado como el más valioso de aquel equipo. “Mucha gente creía que no podía jugar. Tuve que romper muchas barreras y demostrarle a muchos que estaban equivocados”, explicó. Muggsy logró una beca en la Universidad de Wake Forest y jugó los cuatro años, promediando 11.3 puntos, 8.4 asistencias y 3.1 robos. Cuando terminó su experiencia universitaria, en la conferencia ACC era el líder histórico en pases gol y recuperos. Siendo uno de los mejores bases de la nación fue llamado para la selección estadounidense que disputó y ganó el Mundial de 1986. Su única derrota fue ante la Argentina de Cortijo, Camissasa, Romano y Montenegro. Una imagen suya en la final, tirando por encima del ruso Arvydas Sabonis (que con 2,21 metros, era 62 centímetros más alto), es la imagen más potente de aquel torneo en España.

El equipo de la secundaria Dumbar.

Las puertas abiertas de la NBA

Su nivel y popularidad hicieron que, en 1987, fuera elegido en el N° 12 del draft de la NBA por Washington. Los Bullets le firmaron un contrato de un 1 millón de dólares por cuatro años y él usó parte de su dinero para comprarle una casa a su madre y contratar un nuevo abogado para sacar a su padre de la cárcel, algo que lograría tres años después. “Ambas cosas me cambiaron la vida y me dieron paz interior”, admitió. En la NBA ganó fama por su gran manejo de balón, velocidad, agresividad e intensidad. Pero, en especial, por su determinación y confianza. Nunca se sintió menos que nadie, pese a jugar con colegas que le llevaban hasta 70 centímetros. De hecho, en aquella primera temporada en Washington se viralizó su foto con un compañero, Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31). Pero, claro, no todo salió como quería: el estilo de juego de los Bullets no explotó al máximo las virtudes de Bogues y sus minutos cayeron hasta el punto de ser prescindible. “En Washington nunca terminaron de creer en mí. Es más, siento que me eligieron más por el marketing… Y cuando la prensa empezó a decir que yo era muy bajo, empezaron a dudar y se les terminó la paciencia”, recuerda.

Muggsy Boguer junto a Manute Bol, el jugador más alto de la historia (2m31).

Figura de Charlotte Hornets

Pero sí hubo un equipo que confió en él: Charlotte Hornets, flamante franquicia NBA en 1989. Tras un inicio con dudas, la llegada de un nuevo DT cambiaría todo. Alan Briston armó un ataque en base a las cualidades de Muggsy y desarrolló un equipo que daría que hablar, con Larry Johnson y Alonzo Mourning como figuras. “Habrá otro Larry Bird antes que otro Muggsy Bogues”, declaró Bristow, dejando claro la dificultad de lo logrado por un base de 1m59. En la 93/94 promedió 10.8 puntos y 10.1 asistencias. Un éxito que les abrió la puerta a varios “petisos” como Isaiah Thomas (1m75), Nate Robinson (1m74) o Earl Boykins (1m60). “Algunos jugadores sentían que tenían ventajas sobre mí sólo por ser más altos y terminaba siendo al revés. Yo estudiaba a los rivales, sabía sus fortalezas y debilidades. Una de las cosas que más los molestaba era que los presionara toda la cancha, que me metiera debajo de ellos. Se terminaban enojando… Me encantaba competir y demostrar que la altura no era todo”, analizó quien adquirió una populardad que le permitió ser uno de los NBA elegidos para estar en la película Space Jam. Su ascenso se detuvo a partir de una lesión en su rodilla derecha que nunca le permitió ser el mismo. En 1997 resultó cambiado a Golden State y terminó en Toronto hasta su retiro, en 2001. Pero su legado resultó enorme gracias a la determinación para superar prejuicios y contextos desfavorables. “Nunca me quedé pensando en los ‘y sí’ que tanto se repiten en el deporte. Trabajé con lo que Dios me dio y siempre me sentí cómodo con eso, con mi altura, mi cuerpo y condiciones. Además, siempre creí en mí, supe que tenía otras cualidades que podían ser importantes en la cancha. Y pensé que pertenecía a ese mundo”, analizó para Sports Illustrated.

Victorias fuera de la cancha

Aunque lo suyo en el básquet fue muy importante, su mayor victoria se dio fuera de la cancha, superando golpes durísimos y ayudando a quienes lo rodeaban. Primero a su padre. Su trabajo, con nuevos abogados, le pemitió sacarlo de la cárcel cinco años antes de cumplir la sentencia de 20 que le habían dado en Baltimore. Al menos Richard podría vivir en libertad los siguientes tres años de su vida: fallecería en agosto del 93, a causa de una neumonía. Tiempos difíciles para Muggsy. Ocho días antes, el 27 de julio, uno de sus mejores amigos, Reggie Lewis, figura de los Celtics, había colapsado en la cancha y fallecido de un ataque cardíaco repentino. Pero él todavía tenía una misión. En la cancha, probar su valía y afuera, dar la batalla más grande de su vida: salvar a su hermano mayor de las drogas. “Yo tomaba lo que hubiera: heroína, cocaína…”, admitió Chuckie, quien fue arrestrado una vez en 1993 y en 1995 estaba tan metido en el consumo que “ni siquiera se podía tener una conversación conmigo”. Muggsy se lo llevó a su casa en Charlotte y, en silencio, se bancó la rehabilitación. “Si no fuera por él, no estaría acá hablando”, admitió en una nota para ESPN.

Muggsy junto su hermano Chukie, a quien sascó de las drogas.

“Salvarlo era mi trabajo. La familia no sólo está para los momentos buenos. Es lo que me enseñaron mis padres…”, admitió. Los primeros seis meses de Chuckie en su casa fueron brutales: era normal que Muggsy llegara y lo encontrara tirintando, tapado por frazadas. O llorando. Se pasaba parte limpiando sus vómitos. Era normal cocinarle, dejarle el plato al lado de la cama y al mañana siguiente siguiente ver que Chuckie no lo había tocado. Mugssy no se lo contó a nadie, ni siquiera a sus compañeros de equipo. Por momentos se cuestionaba si estaba haciendo bien, pero seguía creyendo que, en el caso del hermano, su casa era mejor que un centro de rehabilitación. Muggsy recuerda un día que Chuckie lo miró a los ojos, como podía, y le dijo “no te voy a decepcionar, hermano”. En 1996, durante la mejor temporada de los Hornets, pudo empezar a salir de la casa y el base comenzó llevarlo a las prácticas y partidos. En el equipo lo adoraban.

Muggsy pudo rehacer su vida. Se casó con Sharon Smith y estuvieron juntos durante seis años. Hasta que el destino volvió a golpearlo. Su novia murió de un cáncer de pecho en 2009. Luego también se ocupó de su hijo mayor, Ty, cuando desvió su camino y tras lograrlo, ya con el chico egresado de la facultad, volvió a juntarse con su ex esposa Kim. Los impactos nunca se detuvieron: su hermana Helen falleció de cáncer de garganta en 2015. Pero él nunca dejó su luchar y ayudar al prójimo. Capaz de vestirse de Papa Noel para ir a un shopping en Charlotte (le dieron la llave de la ciudad), de sacarles sonrisas a los niños que ni imaginaban que detrás de ese disfraz había un ex jugador de la NBA y campeón del mundo. Así Muggsy quiere ser recordado, mucho más que por ser el jugador más bajo de la historia o el líder de asistencias de los Hornets. “A todos los chicos que me cruzo les digo que pueden ser lo que quieran en la vida. Nadie ni nada debe desviarlos del camino y destruir sus sueños. Deben saber que pueden”, es el mensaje de una figura cuya historia nos enseña e inspira a ser mejores cada día.



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La Fórmula 1 comenzó con la victoria de Bottas en Austria | El británico Hamilton quedó fuera del podio por una penalización 



El finlandés Valtteri Bottas se impuso de punta a punta con su Mercedes en el Gran Premio de Austria, la carrera de apertura de la temporada 2020 de Fórmula 1, en la que su compañero de equipo y hexacampeón mundial, el británico Lewis Hamilton, quedó fuera del podio por una penalización de cinco segundos.

Hamilton cruzó la meta detrás de su coequiper, pero ese retraso por provocar una colisión con Alexander Albon (Red Bull) le permitió al monegasco Charles Leclerc (Ferrari) ascender al segundo puesto y a su compatriota Lando Norris (McLaren) firmar su primer podio en la categoría reina con un tercer lugar.

El vigente campeón de la F1 acabó en el cuarto escalón con una diferencia de 5,689 segundos respecto de Bottas, en una jornada de doble sanción ya que, minutos antes de la carrera, recibió la noticia de que largaría quinto, tres puestos menos del alcanzado en la clasificación del sábado, por un reclamo de la escudería Red Bull, que lo denunció por no haber desacelerado su auto bajo la bandera la bandera amarilla como marca el reglamento.

Bottas promedió un tiempo de 1h30m55s739/1000 para cubrir las 71 vueltas sobre el circuito Red Bull Ring de la ciudad de Spielberg, donde no entregó ninguna ventaja a sus perseguidores tras partir de la “pole position” lograda un día antes.

“No puede haber mejor manera de comenzar una temporada”, admitió el finlandés, de 30 años, después de asegurar su octava victoria en el historial de la categoría, que tuvo una ceremonia especial por las medidas de seguridad relativas a la pandemia de coronavirus.

En un autódromo vacío de espectadores, los tres primeros en el trazado de Spielberg fueron entrevistados por la televisión oficial con distanciamiento social, recibieron sus premios con barbijos pero no posaron en el podio ni hicieron el tradicional descorche de champagne.

La clasificación de la primera fecha de la F1 también entregó puntos para el español Carlos Sainz Jr. (McLaren), quinto; el mexicano Sergio Pérez (Racing Point), sexto; el francés Pierre Gasly (Alphatauri Honda), séptimo; su compatriota Esteban Ocon (Renault), octavo; el italiano Antonio Giovinazzi (Alfa Romeo), noveno; y el tetracampeón alemán Sebastian Vettel (Ferrari), décimo.

El francés Nicholas Lafiti, con Williams, fue el último piloto en completar la totalidad de los giros al circuito austríaco, en el que se registraron nueve deserciones, todo un síntoma de la dificultad de comenzar una temporada tardía por la emergencia sanitaria mundial.

Los que no pudieron terminar fueron el finlandés Kimi Raikkonen (Alfa Romeo), el británico George Russel (Williams), el francés Romain Grosjean (Haas), el danés Kevin Magnussen (Haas), el canadiense Lance Stroll (Racing Point), el australiano Daniel Ricciardo (Renault) ni el neerlandés Max Verstappen (Red Bull), ganador del GP de Austria el año pasado.

Antes de la prueba, 14 de los 20 pilotos de la Fórmula 1, entre ellos Hamilton, que lució una camiseta ‘Black Lives Matter’, apoyaron una rodilla en el suelo en apoyo a la lucha contra el racismo. Los demás corredores llevaban una remera con la leyenda: “End Racism” (fin del racismo).

Los pilotos habían aceptado expresar cada uno a su manera su compromiso contra esa discriminación, por eso Verstappen, Leclerc, Sainz Jr, Kvyat, Giovinazzi y Räikkönen se quedaron de pie. 

El circuito Red Bull Ring volverá a ser esceneario el próximo domingo de la segunda fecha de una temporada, que debió ser reconfigurada en su calendario tras no poder comenzar en marzo pasado en Melbourne, Australia, como estaba previsto.

Las carreras confirmadas son ocho por la organización de la Fórmula 1, y a las dos austríacas le seguirán el Gran Premio de Hungía (19 de julio), dos pruebas en Silverstone, Inglaterra (2 y 9 de agosto), otra en Barcelona, España (16 de agosto), una más en Spa-Francorchamps, Bélgica (30 de agosto) y la última en Monza, Italia (6 de septiembre).



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El fútbol del futuro, entre el joystick y la pelota | Un equipo de e-sport compró un club de la Segunda B de España



“Sección de Acción Deportiva Club de Fútbol Internacional de Madrid Deportes Sociedad Limitada”. Aunque es igual de largo, no se trata el nombre cool de alguna repartición del Gobierno de la Ciudad bajo el mandato del macrismo, sino que es la denominación oficial de un club que puede marcar un antes y un después en el fútbol y los negocios. Conocido de manera más coloquial como el Internacional de Madrid, esta semana el conjunto que milita en la Segunda B de España fue noticia por convertirse en el primero en ser comprado por un equipo de e-sports, con la particularidad de que dos de sus principales accionistas son el arquero del Real Madrid Thibaut Courtois y el delantero del Betis Borja Iglesias.

“En cada crisis hay una oportunidad”, es una frase atribuida a Albert Einstein que los e-sports parecen haber entendido a la perfección. En medio de la pandemia, la actividad de los gamers, que ya estaba en pleno auge, tuvo un crecimiento exponencial, a la que se sumaron deportistas profesionales tradicionales. Así, durante la cuarentena se llevaron adelante carreras de Fórmula 1, torneos de tenis y campeonatos de fútbol, entre tantas otras competiciones virtuales, muchas veces con estrellas de ambas modalidades mezcladas para entretener a un público ávido de consumir.

 

De esa forma, mientras se extendía el confinamiento se vio, por ejemplo, al Kun Agüero transformado en un fenómeno viral tras un gol sufrido en el último minuto o por recibir un tanto de su otro yo virtual, manejado por su compañero ucraniano Oleksandr Zinchenko. O el propio Courtois, que sorprendió a los aficionados de la Fórmula 1 cuando reemplazó en Red Bull a Max Verstappen en el Gran Premio de China virtual y mostró un perfecto trabajo de equipo al dejarse superar por el tailandés Alex Albon después de un cambio de neumáticos. El arquero de la selección belga se mostró durante la cuarentena junto a stramers conocidos como DjMariio, Ibai Llanos y The Grefg, y dejó en claro que se sentía muy a gusto en ese ambiente.

Está claro, igualmente, que el fenómeno gamer ya había sido captado por varios clubes de fútbol importantes de Europa, que desde hace un lustro comenzaron a contratar a los mejores jugadores para sumar a sus filas, con presentaciones de sus fichajes parecidas al de sus estrellas reales. Sin embargo, de la mano de Courtois y Borja Iglesias, la ecuación empezó a plantearse de manera inversa: los dos futbolistas se convirtieron en socios mayoritarios de DUX Gaming y, ahora, en propietarios del Inter de Madrid. Entonces, la nueva institución se convirtió en el primer equipo que puso al mundo del fútbol y de los e-sports en un mismo plano.

 

Hace dos semanas, DUX, el campéon de la Liga de España del FIFA y de Europa de NBA 2K, hizo oficial a sus dos fichajes rutilantes. “DUX Gaming le da la bienvenida a Thibaut Courtois, nuevo propietario y embajador del club”, publicó en sus redes sociales. En paralelo, Mario Fernández, un youtuber español más conocido como DJMariio con más de 6,24 millones de suscriptores y presidente honorífico del equipo, utilizaba su canal para presentar a la nueva estrella con un divertido video y entrevista que ya tuvo alrededor de 700.000 visualizaciones.

 

“Durante estos meses de confinamiento he visto las posibilidades que tiene la industria de los e-sports y, sin dudas, DUX era la mejor opción por su proyecto de futuro y por sus valores de vida sana, integración y deportividad que son también mis valores como deportista”, explicó el arquero del Real Madrid para argumentar su presencia en el proyecto como dueño y embajador. 

Cuatro días después, la sociedad presentó a Borja Iglesias, el delantero del Betis que propuso pintarse las uñas de negro para concientizar contra el racismo, en medio de las protestas por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos. “DUX da la bienvenida a Borja Iglesias, nuevo propietario y embajador del club. Un jugador que admiramos y respetamos por los valores que transmite tanto dentro como fuera del terreno de juego”, publicó el club, junto a un corto denominado “Valores” en el que delantero gallego explica los motivos por los que se unió al nuevo emprendimiento.

 

El tercer y decisivo paso se dio el último día de junio, cuando DUX anunció la compra del Inter de Madrid, un equipo que en la última temporada finalizó en el séptimo puesto en Grupo I de la Segunda B de España, un equivalente a la B Metropolitana en Argentina y con rivales como el Real Madrid Castilla y el Atlético Madrid B, filiales de los colosos españoles. El primer impacto para los hinchas es que a partir de la próxima temporada el equipo dejará de usar la camiseta roja y negra similar a la de Flamengo con la que venía jugando y competirá con una casaca negra y blanca a bastones como la que usan los gamers, con su escudo rediseñado en el pecho. “Nos convertimos en copropietarios del Inter de Madrid, que vestirá nuestra equipación y defenderá nuestro escudo la próxima temporada. Nace el club infinito. Somos DUX Internacional de Madrid”, explicó el club electrónico en sus redes sociales.

La fusión del pequeño club de Boadilla, fundado en 2002 en la zona oeste de Madrid, con un monstruo de los juegos de consola marca el comienzo de una nueva unidad de negocio: mientras las actuales autoridades del club seguirán a cargo de la gestión deportiva, con Stephen Newman como presidente, DUX aportará todo lo que lo rodea: imagen, audiencias, talentos y conocimiento del entretenimiento digital. “Queremos llevar los contenidos de fútbol a un nuevo nivel”, afirman sus dueños. “Nuestros jugadores, expertos en el mundo competitivo, lo son también en la creación de contenido, al igual que el equipo directivo de DUX”.

El proyecto suena ambicioso de por sí, pero mucho más si se tiene en cuenta el objetivo que se plantea: inventar la hinchada del futuro, que combine la tradición de ir a los estadios a alentar a los jugadores, con la nueva forma de seguir los deportes, desde un entorno digital para que las nuevas generaciones se sientan integradas y representadas. La otra meta que se plantean es que los hinchas se identifiquen por igual con ambos equipos, el real y el virtual. “Los éxitos de cada división son los éxitos conjuntos del club. Además se aprovecharán las sinergias entre los dos mundos para promover la vida sana, el deporte y el uso responsable de los videojuegos”.

El arquero youtuber

Tan pensada está esa sinergia que el nombre del catalán Carles Santaló puede convertirse en un símbolo de la fusión. Conocido como Kolderiu, Santaló es un youtuber con más de un millón y medio de suscriptores y 200 mil seguidores en Twitter que integra el plantel de gamers de DUX. Lo curioso es que hasta el 24 de mayo era el arquero suplente de la Unión Esportiva Llagostera, club que también milita en la Segunda B como el Inter. Si bien no atajó en ningún partido en el torneo opacado por la figura de Marcos Pérez, fue el arquero titular en la Copa Catalunya, donde el Llagostera llegó a la final ante L’Hospitalet, aunque la definición se postergó por la pandemia. 

A los 22 años y tras hacer inferiores por el Espanyol y pasar por el Horta, el Girona y Granollers, ahora podría combinar sus habilidades en el arco y frente a la consola en el mismo club. Y tal vez, dentro de cuatro años, cuando a Courtois se le venza su contrato en el Real Madrid, pelear el puesto con uno de los propietarios y embajadores del club. Eso sí, habrá que esperar que el sorteo de la Copa del Rey no cruce al Dux con el Real Madrid o con el Betis, algo perfectamente posible por el reglamento, sino los jugadores-propietarios vivirán un pequeño cruce de intereses entre su club profesional y su club virtual. 

Los primeros planes

Para un proyecto que se jacta de su grandeza antes de arrancar, las acciones de marketing son clave y hacia allí apuntan los planes iniciales. Por lo pronto, la camiseta será diseñada por Adidas, uno de los main sponsor del club, que respetará los colores originales del Dux, con su escudo rediseñado. No están definido los uniformes alternativos, pero se esperan que sean innovadores y estén listos y a la venta para septiembre, cuando el club formalice la presentación oficial para la próxima temporada de sus dos planteles, el de jugadores y el de gamers. El acto “contará con representantes tanto de la parte de e-sports como de fútbol”, aseguraron desde el club, que tampoco adelantó la manera en que se comercializaran los abonos para ver al equipo. Sin dudas que será una gran atracción, tanto en los estadios como en los living de las casas.





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Miguel Najdorf y su récord de 45 partidas a ciegas  | AJEDREZ Joyas del deporte argentino



“Corría 1924. Mi papá, que entonces tenía 14 años, fue de visita a la casa de un compañero. Lo recibió el padre, un violinista de la Filarmónica de Varsovia, quien le informó que su hijo había ido a la farmacia a comprar unos medicamentos. El hombre estaba engripado y terriblemente aburrido. Mientras aguardaban el regreso del hijo le preguntó si sabía jugar al ajedrez. Mi papá dijo que no y el violinista contestó de mal modo. ‘¿No te da vergüenza? Un chico tan inteligente no puede ser tan ignorante. Acercame el tablero que te enseño’. Por cortesía tuvo que aceptar. Le indicó el nombre de las piezas, el movimiento y el valor de cada una y jugaron unas pocas partidas. Salió entusiasmado y se compró un libro de ajedrez, en francés. A la semana siguiente le daba a su maestro una torre de ventaja”.

Ese texto marca el comienzo del exquisito libro Najdorf por Najdorf, que escribió una de sus hijas, Liliana, alguna vez estudiante de periodismo, quien embellece con su prosa cientos de anécdotas de todo tipo y revela intimidades de lo complejo que fue estar cerca de ese hombre que “más que comer devoraba y más que amar adoraba”.

Nacido en Varsovia, en el seno de una familia judía, Mojsze Najdorf tenía 29 años cuando el inicio de la Segunda Guerra Mundial lo sorprendió en Buenos Aires hacia donde había viajado como representante de Polonia para participar de la Olimpiada de ajedrez. Se nacionalizó argentino, pasó a ser Miguel sufrió por las grandes pérdidas afectivas y armó, de a poco, una nueva familia. 

En el trabajo ganó mucho dinero como vendedor de seguros: en los trebejos fue múltiple campeón en los torneos de Mar del Plata, recogió grandes resultados como primer tablero de Argentina. También logró el reconocimiento universal por su talento y sus aportes teóricos, como la variante que lleva su nombre en la Defensa Siciliana. 

Entre las hazañas de aquel hombre brillante aparece en primer plano la de San Pablo, cuando jugó 45 partidas a ciegas con el objeto de producir una noticia de resonancia universal que le permitiera saber algo de sus familiares. El 25 de enero de 1947 , elegantemente vestido de blanco, se sentó en un mullido sillón, en una sala pequeña de un club de San Pablo. En un salón contiguo se dispusieron 45 tableros y Najdorf se enfrentó a 83 rivales porque cuando alguno se fatigaba era reemplazado. Por los parlantes le anunciaban la jugada del adversario y él respondía desde un micrófono de mano. 

Tenía por delante la posibilidad de quebrar un récord mundial que estaba en poder del belga George Koltanowsky, quien había jugado 37 simultáneas a ciegas en Escocia, en 1937. Ya Najdorf había roto ese registro en Rosario, en el 43, pero no lo homologaron por falta de veedores internacionales; esta vuelta sí los hubo.

El espectáculo empezó a las 21 del 25 y terminó a las 19.40 del día siguiente, es decir 22 horas 40 minutos. Cuatro médicos lo atendieron en todo ese tiempo (“la verdadera simultánea”, bromeaba él). La revista La Gaceta de San Pablo da cuenta de que no ingirió ningún alimento, sólo bebió jugo de naranja y entre vaso y vaso retuvo más de 1800 jugadas a un promedio de 40 por partida. 

La increíble hazaña incluyó este detalle: en un momento un participante se quejó de que Najdorf había hecho una movida imposible. El, inmutable, reprodujo la partida jugada a jugada y quedó claro que su contrincante había movido involuntariamente una pieza. Cuando el rival admitió el error el salón estalló en un fuerte aplauso. La ovación fue aun mayor cuando llegó el final y se anunció el resultado obtenido por el gran maestro: ganó 39, entabló 4 y perdió 2. 

La noticia circuló por todo el mundo, pero sus familiares nunca se enteraron. Luego se supo que habían estado en el gueto de Varsovia y después en los campos de concentración de Treblinka y Auschwitz antes de que se les perdiera el rastro. Terminada aquella increíble simultánea de San Pablo, Najdord durmió dos días seguidos.

Hasta que murió (el 4 de julio de 1997, esta semana se cumplieron 23 años) le hablaron miles de veces de su memoria prodigiosa. “Depende para qué -decía pícaramente- si me prestan plata capaz que me olvido”.



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“Jugamos por amor a la camiseta” | Milagros Menéndez, la chispa de la Selección argentina



Sus compañeras le pedían perdón mientras corrían hacia el círculo central de la cancha. Unos segundos antes, Milagros Menéndez había pateado al arco de la escocesa Alexander Lee para convertir el primer gol de lo que sería una remontada histórica de la Argentina. Pero no había tiempo para festejos ni abrazos. El partido iba 3-1 a favor de las europeas y sólo restaban 16 minutos para seguir soñando con la Copa del Mundo. Ese 19 de junio, en París, Mili le dio vida a la Selección y el resultado final terminó siendo un empate. No alcanzó para dar pelea en cuartos, pero la chispa memorable del plantel marcó un antes y un después en la historia del fútbol argentino. Así también en la historia de Mili.

—Cuando terminó el Mundial de Francia rechazaste varias ofertas del exterior. ¿Esa decisión tuvo que ver con la situación que estaba atravesando el fútbol en la Argentina?

—Antes de irme había hablado con el técnico de Racing (Antonio Spinelli) y le había dicho que cuente conmigo para la próxima temporada. Después del gol ante Escocia, me llegaron varias ofertas, pero las rechacé porque mi palabra vale más. Además, acá estaba empezando la “profesionalización” del fútbol femenino y era algo que quería vivir en primera persona.

Cumpliste y hoy te vas para el Granada, ¿qué expectativas tenés?

—Sí, durante la pandemia tomé la decisión. Puse varios motivos en la balanza, y uno de ellos fue mi crecimiento deportivo y económico también. Las expectativas son muy buenas. Ya tengo muchas ganas de estar allá y adaptarme al juego para lograr el ascenso con el equipo.

¿Creés que te va a costar adaptarte?

—A toda jugadora le cuesta adaptarse a los equipos nuevos. A mí me costó pasar del fútbol de Mar del Plata al de AFA. Pero espero adaptarme lo más rápido posible. Allá el fútbol es profesional y siendo jugadora podés vivir de eso, no como acá.

Mirándolo a la distancia, ¿qué significa Racing para vos?

—Racing me volvió a enamorar del fútbol, volví a sentir amor al gritar un gol. Fue el primer club que confió en mí, el que me dio la oportunidad de ser profesional. Quiero mucho a Racing hace mucho tiempo.

—El año pasado jugaste por primera vez en el Cilindro. ¿Qué sentiste cuando entraste a la cancha?

—Haber jugado en el estadio principal fue hermoso. Es algo que toda jugadora de fútbol sueña y es lamentable que algunos lo tomen como un merecimiento. Nosotras tenemos el derecho de jugar en los estadios. Hoy pocos clubes lo están haciendo. En la cancha de River jugaron periodistas y no le abren las puertas a las jugadoras. Si el fútbol va a ser profesional, tiene que ser profesional con todas las letras.

¿En qué aspectos se sigue fallando?

—Tengo compañeras que a la mañana laburan, después entrenan y quizás después van a la facultad. El técnico nos exige porque es su trabajo, pero así no podemos estar con la cabeza cien por ciento metida en el fútbol. Por eso no tenemos el mismo nivel que las demás selecciones. La futbolista argentina juega por amor a la camiseta.

¿Qué cambios necesita nuestra selección para ser fuerte en el próximo Mundial?

—Conseguir más fechas FIFA. Si bien este año había tres fechas programadas y se cancelaron por la pandemia, hay que seguir trabajando con AFA. Falta mejorar mucho la formación de las jugadoras y la infraestructura. Pero creo que el Mundial de Francia fue un antes y un después para nosotras. A nivel local se armó un torneo hermoso.

El mes pasado se cumplió un año del gol que le hiciste a Escocia. ¿Cómo lo viviste adentro de la cancha?

—Fue increíble. Se me pasaron mil cosas por la cabeza antes de patear, y lo único que quería era que la pelota tocara la red. Es un momento que nunca voy a olvidar en mi vida porque detrás de ese gol hubo mucho trabajo. A veces la gente dice: ‘mirá qué bien, juega en la selección’, pero yo no soy una jugadora que piensa que siempre va a estar citada, o que soy indispensable para el entrenador. Trabajo mucho para estar ahí.

Hace días se confirmó la sede del Mundial 2023: Australia y Nueva Zelanda… ¿Te ves ahí?

—Ojalá. Vestir la camiseta de tu país es lo más lindo del mundo. Falta muchísimo todavía y no sabemos quiénes van a estar citadas, pero algo que quiero es que muchas de las jugadoras del Sub 20 se acoplen al plantel, porque son una camada increíble.

Hablando de las más chicas, ¿qué le dirías a las nenas que sueñan con ser futbolistas?

—Que se van a encontrar con muchas personas que les van a decir que no van a llegar a nada con el fútbol; pero que si se lo proponen, lo pueden lograr. Querer es poder. Hay que trabajar duro y se llega. Hoy ver a una nena de 7 años pasar entre los conitos y decir que quiere ser como tal jugadora, me vuelve loca. No está más la que dice que quiere ser como Messi, ahora nombran a las jugadoras de fútbol. Eso es hermoso.

Y si tuvieras en frente tuyo a la Mili del pasado, ¿qué le dirías?

—Que luché y gané.

* Ornella Sersale y Florencia Pereiro.





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Solana Sierra, la perla del tenis femenino nacional  | La historia de uno de los mayores proyectos de la Argentina



Noviembre de 2018. Córdoba. En pleno Women’s Circuit de 15 mil dólares en premios, torneo equivalente a los actuales ITF World Tour W15, una pequeña marplatense se lleva todas las miradas. Dueña de un estilo ofensivo atípico por estas latitudes, con sólo 14 años y cuatro meses consigue su primer punto WTA tras vencer 6-0, 3-6 y 6-4 a Delfina Glorioso. La misma edad con la que lo logró, por caso, una tal Gabriela Sabatini. Aquel certamen, disputado en el complejo OSPACA de Villa del Dique, significaría apenas el segundo torneo profesional en la corta pero promisoria carrera de Solana Sierra, el diamante en bruto del tenis femenino que carga con un raquetero rebalsado de sueños.

Formada en el club Teléfonos y entrenada por la ex jugadora Bettina Fulco, la marplatense acaba de cumplir 16 años y emerge como uno de los mayores proyectos a nivel nacional por dos razones: los resultados acumulados, tanto en juniors como en mayores, y el arquetipo de juego por el que suele asemejarse a las tenistas de origen europeo. Despliega un tenis moderno, busca la iniciativa, genera aperturas y suele evitar los puntos cortos; más bien le gusta jugar a tres o cuatro pelotas y pararse bien adentro de la cancha. Quizá haya sido esa pulsión por buscar las líneas la que la llevó a colocarse como la novena jugadora más joven en el listado WTA, después de haber puntuado en cuatro de sus cinco participaciones profesionales.

Mi juego es muy agresivo, siempre intento atacar desde la devolución y terminar los puntos en la red. Creo que mi estilo se asemejaría al de Serena Williams por la agresividad y la potencia”, explicó Solana, en diálogo con Líbero, pocos días después de haber vuelto a los entrenamientos tras la cuarentena en Mar del Plata.

A diferencia de otras jugadoras del país, Solana no tuvo ningún tipo de espejo familiar para inclinarse al tenis. Papá Omar, profesional en sistemas, y mamá Marta, médica veterinaria, jamás tocaron una raqueta. Pero la joven marplatense, hija única, se crió en el barrio Perla Norte con cierta influencia deportiva: de chiquita hizo danza y llegó a destacarse en natación, aunque en un momento debió elegir el tenis porque escaseaba el tiempo para todo. Antes, con apenas tres años, ya sorprendía por su capacidad motriz, por lo que su padre la llevó a tomar clases de tenis.

Conocí a Solana cuando tenía tres añitos. Su papá me pidió que le diera clases pero le dije que no porque, a esa edad, le habría robado el dinero. Le enseñé ejercicios y le mostré las pelotas de Play and stay (NdR: bolas de baja presión para chicos) para que fuera jugando en la casa. Cada tres meses venían Solana y su papá para charlar, hasta que un día el padre me dijo: ‘Bueno, ahora sí, ya pasa varias pelotas por arriba de la red’. Era una enanita de cinco años, la puse en la escuelita y rápidamente se diferenció del resto de los chicos”, rememora Fulco, ex número 23 del ranking WTA y cuartofinalista de Roland Garros en 1988.

Así comenzó su camino en el tenis. Con siete años empezó a competir, se destacó a nivel nacional y llegó a ser número uno de Argentina en las tres categorías, sub 12, sub 14 y sub 16. Los resultados no la abandonaron en el ámbito internacional. Fue campeona sudamericana sub 14 por equipos en Ecuador, en 2018, la misma temporada en la que consiguió una beca para competir en torneos de Tennis Europe. En aquella gira se consagró en Düren, Alemania, en el prestigioso International Deutchs Düren, tras eliminar en el camino a la filipina Alexandra Eala, campeona ese año en Les Petit As, el torneo más importante del mundo sub 14. También ganó el Masters COSAT y logró la clasificación a la Copa América en Orlando, además de alcanzar los cuartos de final en el Junior Orange Bowl de Miami. Hacia fin de año, en tanto, lograba aquel primer punto WTA en Villa del Dique.

Ya en 2019 comenzó a mechar junior con algo de profesionales y no dejó de deslumbrar. Volvió a consagrarse campeona sudamericana en Chile, en sub 16, y descolló en la Junior Fed Cup en Lake Nona, Orlando, donde ganó cinco de sus seis singles, con victoria incluida ante la checa Linda Noskova, top 50 del ranking ITF.

Al mismo tiempo, entre las mayores, logró sumar en todos los torneos que jugó por puntos WTA. Y lo hizo contra jugadoras más experimentadas: alcanzó su primera semifinal en el W15 de El Abierto, en Saavedra, y llegó a octavos de final en el W15 de Obras, actuación que le permitió aparecer en el ranking profesional. Sobre fin de año incluso brilló en el W60 de Colina, Chile, categoría semejante a un Challenger de varones: derrotó en la qualy a la brasileña Thaisa Pedretti, top 350 mundial, y revalidó su ubicación en el listado WTA -hoy es 1131ª-. La propia Solana se sorprendió por sus resultados, aunque no duda de sus capacidades con vistas al futuro: “No me esperaba entrar tan rápido en el ranking WTA, pero cuando lo logré sentí que tenía el nivel para estar ahí”.

El coronavirus frustró los planes de la marplatense tras un prometedor inicio de año. Antes de la llegada de la pandemia, en febrero, se había convertido en la jugadora más joven en conquistar el Sudamericano JB1 de Brasilia, el tercer torneo más importante de la región, éxito que la colocó entre las cien mejores juniors del mundo (hoy figura 97ª). “Estamos tristes porque no vamos a cumplir nada de lo que proyectamos, sobre todo jugar los Grand Slams, pero esperamos volver a entrenar pronto”, describió Fulco, quien ya planifica el crecimiento de Solana en cancha dura, superficie en la que se desarrolla la mayor parte del circuito: “Necesita foguearse más en cancha rápida, se siente cómoda y le corre muchísimo la bola. Si quiere ser profesional tiene que apuntar sí o sí a jugar bien en duras. En caso de que no se juegue más este año, tengo proyectado que vaya en enero a tres torneos profesionales en Cancún”.

La planificación de Bettina tiene un vínculo ineludible con los objetivos a largo plazo que empujan a Solana: “Mis mayores sueños son meterme entre las cien mejores de la WTA y, sobre todo, ganar el US Open”. Si bien hay un largo camino por delante, la ilusión es su mayor motor para triunfar.

La parte mental, clave en el desarrollo

En el entorno de Solana Sierra entienden que el aspecto emocional resulta cada vez más determinante en el tenis profesional y, por ello, sumaron una pata clave en el proyecto: la psicóloga deportiva Mariela García, quien se incorporó semanas atrás al equipo que conforman la entrenadora Bettina Fulco, la preparadora física Claudia Castillo y el kinesiólogo Damián Jaime, que hace las veces de segundo coach.

“Solana ya tuvo varias sesiones virtuales con Mariela; está bueno tener en el equipo a una persona en la que ella pueda confiar y con quien pueda trabajar los aspectos psicológicos de los partidos. Ojalá la ayude porque, en caso de crecer rápido, van a aparecer las presiones”, comentó Fulco respecto de la licenciada. García trabaja desde hace años, por caso, con Nicolás Kicker, el ex 78º de ATP que volverá a jugar en enero tras una sanción por arreglo de partidos.

La ex 23ª del ranking WTA se explayó sobre la mentalidad de Solana: “Es muy competitiva: tiene sangre fría y no se achica en los momentos importantes. Con 16 años recién cumplidos la veo mucho más armada en lo emocional”.

Orsanic, palabra autorizada

Solana Sierra forma parte del futuro del tenis femenino nacional y Daniel Orsanic lo tiene muy claro. Ex director de desarrollo de la Asociación Argentina de Tenis y capitán campeón de la Copa Davis en 2016, tiene palabra más que autorizada para describir las cualidades de la marplatense: “Solana destaca desde muy joven; le gusta mucho jugar y es disciplinada, además de ser tranquila y competitiva a la vez. Tiene las herramientas técnicas fundamentales y muy buen físico, pero además es una nena muy decidida”.

Orsanic fue coordinador de la clínica de tenis previa a la exhibición entre Roger Federer y Alexander Zverev en Parque Roca, en noviembre, y la eligió a Solana para jugar un set con Guillermina Naya en la antesala del partido. “Por habilidades y por deseo, creo que Solana va a poder insertarse en el circuito profesional. Tuve la oportunidad de verla de más chica y le deseo lo mejor”, destacó.

Proyecto Dakar

Solana Sierra está preseleccionada de cara a los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud de Dakar 2022. Llegar a la gran cita en la capital de Senegal es uno de los grandes objetivos de la marplatense hacia el cierre de su carrera junior. En ese sentido, el planteo del año 2021 tendrá la intención de intercalar algunos torneos profesionales pero, sobre todo, sostener un buen ranking juvenil para conseguir la clasificación.

En la competencia junior los Grand Slams serán el objetivo del año que viene; si pudiera llegar a Roland Garros, Wimbledon y el US Open sería fantástico. Si puede mantener el ranking en 2021 y parte de 2022 ya tendría su lugar en los Juegos de Dakar”, explicó su entrenadora Bettina Fulco, quien no quiere perder de vista su desarrollo profesional: “El año pasado jugó de igual a igual con chicas que están 350 del mundo. Apuntamos a que siga en ese nivel de juego, con jugadoras más experimentadas, y que pueda desarrollar su potencial para no tener tantos huecos en su juego”.

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Quién sigue y quién se va en los clubes argentinos | Este martes vencen cientos de contratos en los equipos locales



Que los entrenamientos volverían en agosto, que el fútbol se reiniciaría en octubre, que la Libertadores arrancaría antes… El calendario del fútbol argentino para lo que queda de 2020 es todavía un lienzo sin estrenar. Nunca taxi. A excepción de una fecha, claro, la de este martes, el famoso 30 de junio, cuando los contratos de más de mil futbolistas profesionales lleguen a su fin.

Mucha tinta se le ha dedicado al tema, motivando a la intervención de la AFA y Futbolistas Agremiados para parchear la situación que dejará a muchos jugadores sin trabajo en un semestre donde los clubes ajustan sus números mientras caen los ingresos. La solución fue garantizar un “máximo de cinco pagos equivalentes, cada uno de ellos, al básico de convenio de la categoría correspondiente al último club con el que estuvo vinculado” el o la futbolista, además de la obra social. Los montos mensuales irían de 20 mil hasta 34.500 mil pesos, según la división en la que jugaban.

Con varios nombres rutilantes a un paso de quedarse con el pase en su poder y salir a vender su fuerza de trabajo a mercados más redituables, renovar por igual o menores montos, o aventurarse al mercado laboral y no conseguir reubicarse, las negociaciones se estiran hasta la fecha límite para ver quién da el brazo a torcer. En ese sentido, ¿cuál es la situación de los principales animadores del fútbol argentino, aquellos clubes denominados “grandes”?

Boca, el último campeón nacional de la era pre pandémica, protagoniza varias novelas durante el parate. La de mayor audiencia parecía casi definida, con el anuncio del propio Carlos Tevez de que firmará por seis meses y donará su salario a una entidad benéfica. Pero desde el club se pusieron firmes con la contraoferta que le hicieron inicialmente (contrato por un año y una baja considerable de los montos), así que todavía resta un capítulo para resolverse.

La novela de Tevez tiene un nuevo capítulo, para saber si sigue en Boca. (Fotobaires)

La negociación por otro peso pesado, Mauro Zárate, también es incierta. La propuesta xeneize ya partió con quita salarial y la decisión final será del ex Vélez, quien tuvo muy poca acción bajo el mando de Miguel Russo (65 minutos en 5 partidos). Quedará por verse qué sucederá con Franco Soldano (titular con el DT), que estaba a préstamo desde Olympiakos de Grecia. Mientras, las no renovaciones del arquero Marcos Díaz y del zaguero paraguayo Junior Alonso (fin del préstamo con Lille de Francia) ya son cosa juzgada. En tanto, bajo contrato pero con futuro incierto están el venezolano Jan Hurtado, quien se iría a préstamo, y retornados de diversas cesiones, como Mateo Retegui y Gonzalo Maroni, que se quedarían, o Lucas Olaza (seguiría en Celta de España) y Agustín Rossi (podría emigrar al fútbol europeo).

Por el lado de River, no hay tanto misterio. Ignacio Scocco ya se despidió del club y sería presentado por Newell’s en la semana. Como contraparte a la baja en el ataque, el equipo de Marcelo Gallardo se aseguró la continuidad de sus dos variantes para Franco Armani en el arco, ya que tanto Germán Lux como Enrique Bologna extendieron sus vínculos hasta fines de 2021 y aceptando un contrato menos jugoso.

Ignacio Scocco se despidió de River, ya no que no renovó su vínculo. (NA)

Así las cosas, la atención millonaria estará puesta en el mercado de pases, ya que es pública la intención de vender a alguno de sus baluartes para mejorar sus arcas. Lucas Martínez Quarta, Gonzalo Montiel y el uruguayo Nicolás de la Cruz están en vidriera. De los que vuelven de préstamos, como Luciano Lollo, Jorge Moreira y Carlos Auzqui, no seguiría ninguno.

En Avellaneda, los dispares presentes de Independiente y Racing se reflejaron en las negociaciones de estos días. Acorde a los últimos buenos tiempos del club, la Academia cerró las continuidades de referentes como Lisandro López, Iván Pillud y Darío Cvitanich. Aunque el trato con este último dejó mucho que desear para el delantero, quien hizo público su malestar. “Quiero comunicarles que he decidido aceptar la quita impuesta por la dirigencia para con mi contrato y seguir en el club otros seis meses. Si bien las formas, de acuerdo a mi opinión, no fueron las adecuadas”, disparó en su cuenta de Instagram. Por su parte, el arquero suplente Javier García no aceptaría la quita y se iría. Quedará por verse qué sucede con Ricardo Centurión, quien finalizó su préstamo con Vélez -cuenta con prioridad para comprarlo- y tiene intenciones de pasar a Boca, un interés que es correspondido desde la Ribera.

Iván Pillud continuará una temporada más en Racing. (NA) 

Como contraparte, y acorde a la reciente magra cosecha deportiva, Independiente no sólo tiene problemas para renovar a los que finalizan contrato, sino también para mantener a los otros. Los principales esfuerzos rojos estuvieron dedicados a renegociar los vínculos de Andrés Roa y Leandro Fernández. La situación con el colombiano depende de concretar la compra a Deportivo Cali esta semana. En cambio, el delantero, quien le costó en su momento casi dos millones de dólares al club, ya rechazó un par de ofertas de renovación y parece alejarse.

Mismo destino sería el de los uruguayos Martín Campaña y Gastón Silva, en conflicto con el club por deudas acumuladas -con ellos y una decena de compañeros-. En tanto, también podrían partir los Romero, Silvio y Lucas, con interés desde el fútbol brasileño. Entre los que vuelven de préstamos, se destacan Lucas Abertengo y el ecuatoriano Fernando Gaibor, de futuros inciertos.

Por último, San Lorenzo ya le dijo adiós a Gonzalo Rodríguez -optó por retirarse de la actividad- y le señaló la salida a Gerónimo Poblete y Adam Bareiro, cuyos préstamos no serían renovados. En contraposición, se aseguró la continuidad del histórico Sebastián Torrico y su relevo, Fernando Monetti para tranquilidad de Mariano Soso, quien tendría en cuenta a los retornados Gonzalo Berterame y Nahuel “Perrito” Barrios.

El DT del Ciclón, que asumió un día antes de decretarse la suspensión del torneo, lleva dirigidos más entrenamientos por Zoom que in situ. Todo un reflejo de este fútbol distópico, que tiene mucho de escritorio y poca de pelota en tiempos de pandemia. Y que este martes sumará, al menos, un poco de certidumbre.



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