Categorías
Argentina Las12

A riesgo de vivir | Contra la ilusión de la seguridad 



Testimonio A (red social): Me crié en un hogar de clase media baja donde molestaba que los ninguneados por el sistema tuvieran acceso a ciertas posibilidades que ellos apenas tenían, apoyaban políticamente a quienes le negaban derechos a la “negrada”, votaban a una clase alta a la que jamás pertenecerían. Ante eso, me hice peronista y el 17 de octubre, frente al bloqueo virtual, con mi familia asumimos el riesgo. Salir a manifestarnos desde el auto nos reforzó las ganas de seguir adelante, nos devolvió la alegría.

En Elogio del riesgo Anne Dufourmantelle considera que la contingencia es parte integrante de la vida. Vivir sin riesgos es una contradicción en los términos. La inmunidad absoluta no existe. Si lo sabrá el capitalismo, el gigante de los seguros contra riesgos al que le brotan riesgos (autoproducidos y de los otros) como hongos. La vida es riesgo, pero, dice la autora, habría que aceptar los desafíos sin caer en la temeridad. Aunque es preferible equivocarse por actuar que inmovilizarse delante del riesgo.

Testimonio B (audio WS): Pienso el riesgo desde la experiencia de caminar por las montañas. Arriesgarse a un cerro de 4000 metros, el clima adverso, llevar agua porque no hay, portar tus propias deposiciones para no contaminar. Si se piensa fríamente, se dice ¡una locura meterse en eso! Pero si no pasás esa instancia, si no decís: bueno, me entrego, no hay posibilidad de vivir la experiencia. Es sublime estar en medio de la cordillera, pero imposible de transmitir, pasar al acto es la única manera. En otro orden de cosas, si no me arriesgara a insinuarme con alguien que me gusta, no cogería jamás.

Pasar al acto sexoafectivo -coronavirus mediante- implica nuevos riesgos. Ya la pandemia de sida había sembrado el miedo a la sexualidad, a los fluídos, a la sangre; pero las bocas se juntaban, hasta se podía compartir mate. Con el covid la sangre no importa, pero besar es riesgoso y el mate compartido imposible. A mediados de 1990 se impusieron los cócteles de drogas, los subsidios para financiarlos y la posibilidad de que el sida se fuera transformando en una enfermedad crónica. Ello contribuyó a que -en algunos grupos minoritarios- el miedo y la precaución se trocaran en desaprensión.

Bug chasig (buscar el bicho) aludía al contacto sexual con seropositivos sin prevención y con ánimo de contagio. El extremo opuesto a la inmunidad. Los buscadores del virus lo romantizaban: don, prueba de amor, metamorfosis. Se iniciaba una transformación orgánica que fungía en forma de resistencia a las coacciones de control biopolítico. La envalentonada se repitió en 2009 con la gripe A. Los locales orgiásticos vieron crecer su clientela durante esa pandemia (en la que no se decretó cuarentena). Le pregunté a un amigo que frecuentaba esos boliches si por lo menos usaban barbijos. “Ni siquiera usamos preservativos, ¡mirá si nos vamos a poner barbijo!”.

Testimonio C (mail): Existe una ley de protección ante los riesgos laborales. Para las leyes el riesgo es algo ante lo que hay que anticiparse. Pero las leyes son universales, son abstracciones. A toda ley la vida le muestra sus fisuras. Por otro lado, el riesgo no solo entraña peligros, te potencia. “El que no arriesga no gana”. ¿Qué hacer?, ¿transitar el riesgo como lo que hay que atenuar?, ¿o enfrentarlo como posibilidad de experiencia singular? En última instancia, hay que arriesgarse, esta es la clave vital.

Ulrich Beck, en La sociedad de riesgo, propone una hipótesis similar, pero responsabiliza a la modernidad y a la tecnociencia, por el riesgo constante. Es discutible, pues una sociedad exenta de riesgos es utopía. La historia vomita hambrunas, pestes y guerras por doquier. Niklas Luhmann compite con Beck desde su Sociología del riesgo. Considera que lo jurídico (entre otras instituciones) no puede resolver adecuadamente los problemas del riesgo, ya que es imposible establecer los comportamientos futuros y sus consecuencias. Tal como se marca en el testimonio C, el derecho se encuentra rebasado por la abstracción universal de los riesgos.

Testimonio D (audio WS): Estoy cursando administración de empresas. Las autoridades insisten en la presencialidad a pesar del riesgo. Podemos mantener la distancia, seguir protocolos, dicen. ¡Economistas! Viven en un mundo de ficción, ni registran que las pibas y los pibes llegamos por transporte público a veces desde muy lejos, que convivimos con abueles, que podríamos contagiar. Hacen como si nada porque ignoran a les otres, total, elles se trasladan en sus autos. Únicamente les preocupa restaurar el movimiento económico, a eso le temen, no al contagio de quienes somos reemplazables.

Existen contraejemplos frente a esa actitud de avestruz que deja al descubierto su trasero y “no ve” el riesgo. Es paradigmática la conducta de Anne Dufourmantelle, la pensadora del elogio del riesgo. Al advertir desde una playa que dos niños se estaban ahogando, se arrojó a socorrerlos. Lo logró, aunque sufrió un infarto por el esfuerzo. Su voluntad de riesgo le costó la vida, pero su pasión por el riesgo salvó dos vidas.

* * *

El contrato te otorga una libra de su carne, pero ni una gota de su sangre, le dice quien oficia de juez -en El mercader de Venecia, de Shakespeare- al prestamista que pretendía cobrarse una deuda rebanando un trozo del cuerpo de su deudor. Shylock no pudo cobrar por la imposibilidad de cortar sin hacer sangrar, nosotros no podríamos vivir en plenitud eludiendo riesgos. Aceptar el riesgo es abrazar la vida. Pero, ¿cómo?, ¿desde lo racional o desde lo pasional? El ser racional se angustia ante la contingencia, procura refugios “seguros”. En cambio, el ser intuitivo torea con los riesgos, se corre del control normalizador, pero eso sí, cuando sufre, sufre más. No obstante, se entrega a la contingencia, a esperar la rompiente con un cutis de playa, ofrecer al rocío dos senos de magnolia, acariciar la tierra con un vientre de oruga y vivir, unos meses, adentro de una piedra, diría Oliverio Girondo. Mientras el que no toma riesgo, respondería Nietzsche, no muestra un rostro palpitante y vivaz sino una máscara con rasgos mesurados y cuando una densa nube de tormenta se descarga sobre él, se asegura, se envuelve en su manto y echa a andar con paso lento.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

¿Modelo de qué? | Trabajadoras del modelaje relatan las exigencias sobre sus cuerpos e insisten sobre el peligro de la belleza hegemónica



“Necesitamos que adelgaces”, “¿Cuántos seguidores en Instagram tenés?”, “Te pagamos con canje de ropa”, son algunas de las frases que Malena escuchó en los pocos años que lleva trabajando como modelo. “He tenido situaciones incómodas donde hicieron comentarios sobre mí, sobre mi cuerpo, sobre cómo me quedaba la ropa en mi cara. Creo que en el tiempo que trabajé como modelo descubrí que tenía más defectos de los que yo creía”, cuenta Josefina. Las historias de ambas bien pueden ser la de tantas otras: chicas que comienzan muy jóvenes -algunas desde los 13 años- a participar en castings, desfiles, campañas publicitarias en un ambiente donde abundan estándares de belleza insostenibles. El mundillo de la moda atraviesa un lento avance en los cambios, en una industria con poca diversidad y malas condiciones laborales en general.

Un par de semanas atrás, en el sitio web The Cut, un ensayo escrito por la modelo Emily Ratajkowski generó un fuerte debate, sobre todo en modelxs de todo el mundo y también en Argentina. En el artículo, Emily hace un crudo análisis de la industria de la moda, donde no sólo abundan requerimientos sobre las medidas del cuerpo, sino también los detalles de la desprotección por la imposibilidad de tener derecho sobre su propia imagen (desde cómo circula hasta qué imágenes se publican) y las situaciones desagradables a las que miles de modelxs están expuestas.

SIN REGULACIÓN

“En un desfile, donde nos daban 3 marcas de ropa a cada modelo, cuando estaba con la ropa de la última marca que me tocaba, ya lista para salir, viene la dueña y me agarra del brazo gritando a esta nena no la quiero, no me gusta su cuerpo, quiero chicas más grandes. Me quedé sin hacer esa pasada”, cuenta Malena, modelo de 21 años. Josefina Masajnik tiene 20 años. Hace dos que trabaja con una agencia, aunque su acercamiento a la industria comenzó a los 15 años. Para ella, el rol de las agencias como filtro para la precarización, es fundamental: “Son un soporte con respecto a todo lo que pasa en el día laboral” dice, y ambas relatan todo tipo de maltratos. “Existe mucho el “no hay presupuesto, ofrecemos canje” cuentan. “En algunos casos es entendible cuando se trata de diseñadores independientes, marcas más chicas, pero en la situación en la que estamos hoy me parece inaceptable. El contexto socioeconómico nos atraviesa a todos y todas y las modelos somos trabajadoras también, pasamos jornadas de 7, 8, 10 hasta 12 horas paradas, sin descanso”. A Sofi Terran le costó varios años decidirse a trabajar como modelo. A sus 24 años, la precarización, las situaciones incómodas y el empoderamiento son temas de charla con sus compañeras. “Lo hablamos siempre entre nosotras. El ambiente está cambiando y se empiezan a blanquear y comentar cosas que quizá en otros momentos eran tabú o los metían debajo de la alfombra.

¿Cómo es la situación de las chicas que trabajan en el exterior?

–Yo aún no trabajé afuera, pero sé de compañeras que en mercados como Paris o Milán la competencia puede ser muy dura. Hay mucha presión y destrato, nos exponemos a situaciones que pueden ser bastante traumáticas y más si sos chica. Tengo 24 años y a veces me duele el rechazo, aprendí con el tiempo a no tomármelo como algo personal. Se que en París podés estar cuatro horas en la fila de un casting para que te miren 20 segundos. Veo que mucha gentea poya esto, onda si sos modelo “te la tenés que bancar”. Falta humanizar el trabajo, es muy privilegiado, pero también muchos discursos se escudan detrás de eso: lo que no te cuentan es que cuando vas a Europa vas a un departamento con otras modelos, quizás tenés trabajos súper duros de 15 horas de jornada de trabajo

¿Cómo manejás el rechazo?

–Aún me cuesta. Por lo general no te dicen nada, se lo dicen a la agencia. Me parece raro tener que exigir un trato más humano a la industria cuando debería ser así. El hecho de que vos vayas a una entrevista de trabajo y que del otro lado no te miren, no pasa en otros entornos. El rechazo es algo con lo que toda modelo debe lidiar. Quizás van 50 personas a un casting donde piden sólo dos modelos. 

En un video producido por la revista Vogue -bastión de lujo y belleza hegemónica- modelxs referentes de la industria decidieron contar sus experiencias en castings. Modelos que fueron tapa de las revistas más famosas y con mayor distribución del mercado, modelos cuya imagen, seguramente, está grabada en la mente de muchas adolescentes como ideal de belleza. “Fuia la agencia, me midieron y me dijeron que tenía que perder 2 centímetros de la cadera y de la cintura. En aquel entonces asocié hacer un buen trabajo con perder de peso, y lo hice. Aún tengo un trastorno alimenticio a mis 17 años, luego de hacer una temporada exitosa en Paris”, cuenta Ali Michael. “Siento que fui públicamente avergonzada. Me afectaron en su momento las críticas públicas a mi cuerpo, me quise esconder y no quería aparecer en cámara”, agregó Gemma Ward, modelo ícono de los años 2000. “Creo que la gente tiene un concepto erróneo sobre ser modelo, piensan que es sólo verse linda, pero no es la realidad. Hay muchos sacrificios en este trabajo. Hay que ser inteligente y saber cómo moverse, es mental y físicamente agotador muchas veces. También es fácil sentirse sola: viajás constantemente, no tenés tiempo para hacer amigos ni conectarte con tu familia por mucho tiempo”, explica Adesuwa Aighewi, modelo nigeriana de 22 años.

“El trabajo de la modelo está cero regulado en todos los sentidos, entonces queda más en la visión de cada agencia lo que elija hacer. Particularmente nosotros elegimos trabajar con una edad mínima de 16 años, pero además lo manejamos de una forma muy tranquila. Siempre insistimos y dejamos bien en claro que la prioridad es la educación, y después con el tiempo libre que le quede empezar a hacer pequeños trabajos a ver si es algo que realmente la persona quiere hacer y le gusta. También es cierto que es necesaria cierta regulación en el lado económico, por ejemplo con los canjes”, explica Theo Raffe, de NotModels Management. Si la precarización laboral y la exposición al rechazo constante son situaciones habituales en la industria, las exigencias para cumplir con cierto estándar de belleza ocupan el podio de situaciones complejas para lxs modelxs.

DERRUMBANDO ESTÁNDARES DE BELLEZA

“Los estándares físicos siempre fueron un tema delicado -explica Josefina. Si bien ahora estamos empezando a ver destellos de un cambio a futuro, sigue siendo algo que tiene peso dentro de la industria y las modelos somos las primeras en sufrirlo. Creo que en el tiempo que trabajé como modelo descubrí que tenía más defectos de los que yo creía. Con la experiencia aprendí a disociarme, fue un trabajo interno y doloroso porque tuve que soportar incontables comentarios o miradas espantosas mientras estaba tratando de hacer mi trabajo. Empecé a hacer oídos sordos e intentar recordarme a mí misma que soy mucho más que sólo aspecto físico, que soy una persona valiosa, capaz, inteligente”. Brenda Mato es modelo plus size y activista por la diversidad corporal. Su trabajo en la industria la llevó a vivir otro tipo de violencias.

¿Cuál fue tu experiencia como modelo plus size?-

–No trabajo mucho en la industria mainstream porque las modelos de tallas grandes no tienen muchas oportunidades de trabajar con marcas grandes en Argentina, trabajamos con las que nos bancan y que producen ropa con nuestros talles. Se nota mucho sobre todo de parte de fotógrafos hombres cómo tratan a las modelos que les resultan atractivas delante de cámara y las que no. Me ha pasado que me han dicho cosas espantosas sobre mi cuerpo, poses que no podía hacer porque “no me quedaban bien”. La violencia que se ejerce sobre las plus size no es la misma porque nosotras ni siquiera tenemos acceso al mundo de la moda. Entonces ni siquiera nos bookean en agencias grandes porque “no vendemos “ y a las marcas no les interesa

Muchas modelos en las entrevistas para esta nota agradecieron el activismo de las modelos plus size. ¿Cómo vivís ese activismo?

–Me pasa mucho que gracias al trabajo que hacemos las modelos de tallas grandes hay mujeres que se animan a hacer cosas que antes no se animaban a hacer, como ponerse un vestido o una malla, no se animaban a usar ciertas prendas o ciertos colores y ahora se sienten representadas y pueden romper con eso. También muchas chicas me dijeron “yo siempre quise ser modelo, pero pensé que no podría serlo”. Di clases en una escuela de modelaje donde hubo más de cien chicas de todo tipo de cuerpxs. 

Una ley de protección a modelos menores de edad fue aprobada en Nueva York en 2017 luego de una fuerte lucha de parte de Models Alliance, una asociación de modelos que se organizaron para defender sus derechos. En la ley se establece que modelos menores de edad tienen que tener protección, tutor que lxs acompañe y horas establecidas en las jornadas de trabajo. En Francia, lugar señalado por las modelos entrevistadas para esta nota como “el lugar más competitivo y duro”, se aprobó una legislación donde las modelos deben aportar certificado médico que pruebe que no están “demasiado delgadas”, y que su peso y altura guarde la proporción saludable de índice de masa corporal. Los empleadores que no respeten la ley -revistas de moda o agencias- podrán ser condenadas a penas de hasta seis meses de prisión y multas de 75.000 euros.

CONSTRUYENDO LAZOS

En la cuenta de Instagram Shit Models Management se compilan las denuncias y experiencias de miles de modelxs de todo el mundo donde denuncian los abusos y maltratos de parte de directores de castings de las grandes marcas, aquellas que construyen estereotipos y comunican ciertos valores para luego ser adoptados en todo el mundo. Estas denuncias derivaron en despidos de fotógrafos, directores de agencias y corrieron el velo de los destratos que cometen diseñadores de moda. “Es muy necesario en este ambiente que surjan esas denuncias, en esta industria donde todo se rige por contactos hay gente que se piensa intocable y es importante que existan estos espacios donde se pueda visibilizar estas situaciones. Hay muchas chicas en los lugares más duros del modelaje que sufrieron cosas bajo la amenaza de “si no participás de esto no trabajás””, explica Brenda Mato.

Uno de los prejuicios que giran en torno al ambiente se centra seguido en la supuesta competencia entre modelxs. En un entorno complejo, los vínculos que se tejen entre trabajadorxs de la industria son fundamentales para sobrellevar el trabajo y malas experiencias. “La sororidad entre nosotras sorprende a mucha gente. Desde afuera, el ámbito de la moda se ve muy competitivo y frio y hostil. Es todo eso, pero encontrás también vínculos muy lindos con chicas que están pasando lo mismo que vos, eso es lo mejor que me pasó trabajando, tenerlas ahí cuando estoy nerviosa o me siento, son un sostén enorme”, cuenta Josefina. Para Sofi, las amistades con las más chicas son muy importantes: “Soy más grande que algunas compañeras de mi agencia, veo chicas muy chicas y se da esto de charlar entre nosotras y hacerles saber que estás ahí para escucharlas. Nos apoyamos en lo que necesitemos y está bueno que se dé eso porque a veces una se siente sola. Es empoderante poder sentarme a hablar y debatir con colegas al respecto”. Tanto Josefina como Malena, como Brenda, como Sofi, esperan cambios profundos. Cambios que permitan que lxs más jóvenes, quienes arrancan en una industria donde cada centímetro del cuerpo está expuesto, puedan trabajar en un ambiente menos hostil, más inclusivo y con mayor diversidad. “Si cambian los estándares de belleza, cambian para nosotras también. Y ahí nos salvan”, dice Josefina. Que así sea.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Con adn feminista | Chile: Una nueva constitución va a plesbicito



Con la sangre todavía caliente por las revueltas que hace un año le anunciaron al mundo que “Chile despertó”, este domingo se vota el plebiscito para definir una nueva Constitución para ese país. La vigente fue aprobada en 1980, en plena dictadura de Pinochet. “Para el movimiento de mujeres y de derechos humanos es muy importante, ya que este plebiscito se realiza porque constituye una demanda de la ciudadanía. No responde a una iniciativa de un gobierno o unas élites políticas, sino a una plataforma de lucha de los movimientos sociales”, expresó Débora Solís, de Aprofa (Asociación para la Protección de la Familia), una de las organizaciones que conforman la Mesa de Acción por el Aborto de Chile. Para Gloria Maira, la coordinadora de la Mesa, los feminismos fueron esenciales en este proceso. “El movimiento feminista ha estado en alza, lleva varios años de movilización, formamos parte del ADN de la revuelta social que abrió las puertas a este proyecto constituyente”, afirma.

En concreto, el domingo bregan para que -como adelantan las encuestas- gane el “apruebo” y, sobre todo, la Convención Constitucional, no la mixta, sino la que surgirá íntegra por la elección directa de la ciudadanía. Esa Convención tendrá una composición paritaria. “Eso es histórico. De hecho, no sé si hay otra experiencia en el mundo donde haya habido una convención constitucional verdaderamente paritaria”, plantea Ana Piquer, directora ejecutiva de Amnistía Internacional en Chile. La semana pasada presentaron un informe sobre violaciones a derechos humanos. “Este informe es un año de trabajo en que se analiza el período entre el 18 de octubre y el 30 de noviembre del año pasado, para identificar ciertos patrones y establecer definitivamente que hubo violaciones generalizadas al derecho a la integridad personal en Chile. Además, también para establecer la existencia de la responsabilidad de mando, que las responsabilidades penales no están solamente en quienes cometen los actos materialmente, sino también en el mando en una institución que es extremadamente jerarquizada. Tenemos evidencia de que los altos mandos sabían lo que estaba pasando en el terreno y no tomaron ninguna medida para detenerlo o evitar que siguiera pasando”. Por eso, se pide la investigación de la cúpula de Carabineros y además, el informe “documenta más en detalle doce casos que son básicamente el ejemplo de algo que se repitió mucho, hay casos tanto de uso indebido de escopetas de perdigones, el uso indebido de otros medios de disuasión, como el carro lanzaguas o bombas lacrimógenas, y por el otro uso de la fuerza directamente golpizas, violencia sexual”. 

Una de las historias que recoge Amnistía es la de Fabiola Campillay, que quedó ciega, perdió el olfato y el gusto. “De hecho ella no estaba ni siquiera participando de la manifestación. Había habido una manifestación donde ella vivía, y estaba esperando el bus para ir a su trabajo. Carabineros disparó una bomba lacrimógena directo a su rostro, que le destrozó el rostro, perdió la visión de ambos ojos y también los sentidos del gusto y del olfato, perdió básicamente tres de sus cinco sentidos. Está en un proceso de recuperación bien difícil”, relata Piquer.

La importancia de obtener una nueva Constitución es imposible de magnificar. “El plebiscito es una oportunidad histórica. Chile y las manifestaciones que se produjeron en el marco de lo que se ha llamado el estallido social tiene mucho que ver con un reclamo por desigualdad ante el acceso a ciertos derechos, sobre todo económicos y sociales. La existencia de desigualdades profundas en temas de salud, educación, acceso a seguridad social, a pensiones. Que en definitiva, Chile tiene un sistema tan privatizado, muy fuertemente condicionado por tu capacidad económica. Y como todo aquello que impacta por capacidad económica, impacta más aún a las mujeres”, plantea Piquer y recuerda lo que se define el domingo: “Nuestra Constitución tiene esta lógica de resguardar con mucha fuerza la libertad económica y la propiedad privada, que no necesariamente es malvado, pero cuando se le da prioridad a eso sobre el rol del estado como garante de derechos humanos, genera desbalances. Y discutir una nueva Constitución de cero, permite poner esa discusión más profunda sobre la mesa, que tiene que ver con cuál es el rol del estado como garante de derechos”.

Es que la Constitución vigente en Chile “no sólo no resguarda los derechos sino que además es un bloqueo al acceso. Tiene una norma inserta sobre derecho a la vida, en el catálogo de derechos fundamentales, que establece que la ley protege al que está por nacer y esa norma se ha ocupado como argumento para decir que en Chile nunca puede haber aborto sin causales. De hecho, se tuvo que llegar al Tribunal Constitucional para defender la ley de aborto en tres causales”. Por eso, Piquer considera que “ahí hay una discusión que se va a abrir también, si nuestros derechos sexuales y reproductivos como mujeres, para todas las personas gestantes y de la diversidad sexual, se encuentran efectivamente resguardados en la Constitución”.

Débora Solís, de Aprofa, organización que lleva décadas de trabajo en resguardo de los derechos sexuales y reproductivos, considera que este domingo tiene una importancia crucial. “Tenemos la única oportunidad en la historia de terminar con una Constitución hecha en tiempos de dictadura, que fue hecha para amordazar a los movimientos sociales y cortar todas las alas a quienes intentaban avanzar en derechos. Entonces, en esa Constitución que hoy está vigente los derechos de las mujeres son absolutamente inexistentes, responde a un modelo económico neoliberal donde la función de la mujer se ve absolutamente replegada a roles tradicionales y muy conservadores. Por lo tanto, las mujeres tenemos una tremenda posibilidad”, subraya Solís, quien enfatiza el empuje de los feminismos para llegar hasta aquí. “Y eso no ha sido una tarea fácil porque Chile es un país tremendamente conservador. Es un país que en términos de derechos sexuales y reproductivos está muy al debe con la situación de las mujeres. No tenemos una ley de educación integral de la sexualidad, que ustedes llaman ESI, nosotros llamamos EI, nunca hemos tenido en la historia una ley. Y la semana pasada perdimos la ley en el congreso en el momento más cerca que hemos estado de lograrlo”. Los argumentos de los antiderechos son los mismos que en Argentina, y en toda la región. “Es imposible que la gente siga pensando que si tiene educación integral de la sexualidad su hijo se va a volver transgénero o que la educación integral de la sexualidad homosexualiza a niños y niñas. Bueno esos fueron los argumentos de los grupos conservadores para no dejarlo pasar y lo perdimos”, se ofusca Solís.

Sobre las estrategias regionales, en las que los sectores antiderechos están aceitados, Solís plantea un contrapunto con los feminismos, que también trazan alianzas. “Los antiderechos tienen estrategias muy potentes, y tienen mucho recurso económico, nosotras tenemos estrategias potentes y no tenemos recursos económicos, pero hemos ido organizándonos y estamos conectadas con ustedes, estamos muy conectadas con nuestras compañeras de la Argentina, con Colombia, con Bolivia, con México, hemos sido parte de las luchas de las mujeres en otros lugares, estamos muy en contacto con las mujeres de Nicaragua que están viviendo una represión feroz. Estamos aprendiendo, hemos dado un tremendo salto porque esa alianza nos ha hecho crecer, no sentirnos solas. Acompañarnos en nuestras luchas es fundamental. Nuestras luchas no tienen fronteras. La lucha de las mujeres es transversal a los límites fronterizos, hay países que van más adelante y otros más atrás, y tenemos que irnos dando la mano para poder tejer esperanza juntos”, define esa tarea conjunta.

La Mesa de Acción por el Aborto en Chile está integrada por organizaciones feministas, de derechos humanos y también por la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir de Chile, que se formó “mirando mucho la experiencia de las compañeras argentinas”, dice Verónica Latorre, una de sus integrantes. “Para las mujeres, para el movimiento feminista, y en general para la sociedad, el hecho de tener una Constitución, por primera vez en muchos años de la historia chilena entre comillas republicana que sea democrática y que tenga la posibilidad de ser paritaria, obviamente es un triunfo en cuanto a poder asegurar la participación de mujeres y grupos minoritarios que siempre se han visto en segundo plano, sobre todo porque las Constituciones en Chile siempre fueron hechas por comités de expertos y sin mucha participación de la ciudadanía. Eso es el principal hito que se disputa este domingo”, señala Verónica, quien también considera que la integración paritaria de la Convención constitucional “sería un logro que nos permitiría asegurar más derechos fundamentales”. Esta semana, la participación en escaños reservados de pueblos indígenas sufrió una nueva encerrona en el Senado chileno. “El hecho de poder incluir estas demandas del feminismo más decolonial, de poder incluir la participación en escaños reservados de pueblos originarios, de pueblos afrodescendientes, también significaría un hito, aún cuando no tenemos claro cuál va a ser el mecanismo de participación porque han puesto bastante cortapisas dentro del sistema político que tenemos”, aclara Latorre.

La legalización del aborto –el horizonte que se plantea la Mesa de Acción—tiene como piso actual la ley de 2017, aprobada durante el gobierno de Michelle Bachelet, de aplicación restringida, que sólo acepta abortos legales por causales. Las tres causales son riesgo de vida, inviabilidad fetal y violación, con determinación hasta la semana 12 o 14. Los feminismos chillaron y reclamaron que era insuficiente. “Quienes trabajamos como profesionales de salud vemos que a tres años de la implementación de la ley todavía no hay un acceso a la información por parte de las mujeres”, dice Latorre y subraya que sólo el 1,5 por ciento de las mujeres accedió a la ley, mientras esperaban que alcance al 3%. “También vemos que es mucha objeción de conciencia, dimos una pelea muy amplia sobre que había, incluso el Tribunal Constitucional promovió la objeción de conciencia institucional, cosa que era totalmente aberrante para nosotras, porque cómo una institución va a tener libertad de conciencia. Si bien eso lo pudimos disputar y lo pudimos sacar a partir del movimiento social, de la despenalización social del aborto, vemos que a muchas mujeres se les obstruye su derecho a decidir”, describe Latorre. Sólo 69 hospitales o centro donde se atiende el alto riesgo obstétrico hacen esta interrupción del embarazo por causales. “En las primeras dos causales que, entre comillas, son las que hay menor objeción de conciencia de los profesionales de salud, también vemos que hay demoras” y en relación a la causal de violación, consideran que accede a esa ley un porcentaje muy mínimo. “En comparación a la violencia sexual que se ha presentado en el país, las personas que acceden al aborto en tercera causal es un porcentaje muy mínimo, y tampoco están garantizado los derechos en todos los hospitales, porque hay una persecución a la gente que es pro derechos. Muchas personas no se identifican como garantes de derechos sexuales y reproductivos por miedo a represalias”, sigue con su descripción la profesional.

A la hora de plantear demandas para la futura Constitución, Latorre reclama que “todos los tratados internacionales tengan un rango constitucional, tratados de derechos humanos, la CEDAW, Belem do Pará. Tiene que tener un rango constitucional para que sea exigible al estado. Por otro lado, que los derechos fundamentales sean consagrados y colectivos, derechos a la salud, sociales, culturales, económicos y dentro del derecho a la salud, que estén los derechos sexuales y reproductivos. Esa es una lucha que tenemos que dar, también que el estado tenga garantías de ser laico y que reconozca la vida desde el nacimiento y no desde la concepción”.

Desde su histórica militancia, y la coordinación de la Mesa de Acción por el Aborto en Chile, Gloria Maira deja bien en claro que “la necesidad de una nueva constitución es algo que el feminismo puso desde antes del fin de la dictadura. Desde los primeros años de los 90 en adelante, las feministas formaron parte de los debates con otros movimientos sociales en términos de cómo avanzar hacia una nueva Asamblea Constituyente. En estas décadas, porque esto se abre a partir de la revuelta de octubre, fue mucho empujar, hacer conciencia… Pero de parte de la institucionalidad pública tenías un cerramiento bastante evidente”. Sobre lo que implica la Constitución para el pueblo chileno, recuerda que “todos los movimientos sociales, incluido por supuesto el feminista, en estos años de demandas por nuestras reivindicaciones específicas, pero también por más democracia, nos hemos chocado con esta Carta Constitucional”.

Por eso, el 18 de octubre de 2019, al grito de “no son 30 pesos, son 30 años”, en relación al aumento del boleto de metro, la ciudadanía comenzó una revuelta que para Maira tiene una lectura. “La movilización popular se dio en torno a dos cosas fundamentales: no más abuso y dignidad. Esos dos conceptos atacan la médula del armado constitucional actual, que es un armado que establece un modelo, que es el neoliberal y funcionaliza la institucionalidad pública, incluso el juego democrático a una estructura que responde a los intereses de ese modelo, con una visión absolutamente conservadora de la sociedad. Por ejemplo, establecer que la familia heterosexual es la base de la sociedad”, destaca Maira, quien considera que esa Constitución habilita y construye “un mundo de abusos, cuando tienes comunidades enteras que no tienen posibilidad de acceder al agua, porque que es privativo de las empresas que han comprado el agua. Tienes un reino de abusos porque todo está en función de eso, de maximizar la ganancia”, enfatiza.

La dignidad es el nombre de la revuelta. “Aquí el chancho está mal repartido –Maira recurre a un dicho bien chileno para hablar de la concentración de la riqueza-. Hay que hacer un nuevo acuerdo, no se trata de eliminar la propiedad privada y pasar a todos los conservadores a la hoguera pero sí hacer un nuevo pacto social. Necesitamos una democracia distinta, sin caer en el romanticismo constitucional, porque sabemos que esto no termina. No es que vamos a hacer la norma y al día siguiente vamos a vivir en un país full color”. 



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

A corazón abierto | Se estrenó Ratched, la precuela en formato de serie de la clásica novela y film “Atrapado sin salida”. 




| Se estrenó Ratched, la precuela en formato de serie de la clásica novela y film “Atrapado sin salida”



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

“Nosotras vamos por la salud, ellos por el dinero” | Mujeres en lucha contra los agrotóxicos



Llegar a Exaltación de la Cruz, el partido bonaerense ubicado a unos 75 kilómetros al norte de la Ciudad de Buenos Aires, es observar una infinidad de pequeñas plantaciones verdes, tiesas y radiantes como único paisaje. Los cultivos intensivos de soja se extienden ampliamente a ambos lados del camino, y todo lo que se puede ver parece impecable, perfecto. Sin embargo, esas imágenes de reluciente pulcritud no son más que el relieve de un trasfondo mucho más oscuro y siniestro.

El encuentro con Anabel Pomar, licenciada en Comunicación Social y traductora de los “Monsanto Papers”, marca el comienzo del itinerario del día, que luego seguirá con la visita a varias de sus compañeras de militancia, quienes desde hace algunos años vienen desafiando el irresponsable, desmedido y, la mayor parte de la veces, ilegal avance de las fumigaciones con agrotóxicos: “Históricamente las mujeres somos las que más resistimos y denunciamos este tipo de injusticias. Esto también tiene que ver con todos los cuidados invisibilizados que realizamos, porque somos las primeras en encender la alarma cuando vemos que algo no va bien y también quienes cuidamos de lxs demás si es que no nos enfermamos antes”, asegura Anabel.

La unión ecologista en este partido se construye a través de “Exaltación Salud” -uno de los cientos de colectivos, asambleas y organizaciones de pueblos fumigados que existen en todo el país- integrado por un grupo de vecinas y vecinos de la zona que luchan por un municipio sin venenos, libre de fumigaciones y con Soberanía Alimentaria.

Un genocidio silencioso

En una mañana primaveral en la zona rural de Los Cardales, una de las doce localidades que conforman Exaltación de la Cruz, Anabel abre la tranquera de su casa. Tiene un barbijo blanco que le cubre la nariz y la boca y una sonrisa en los ojos.

Mientras dos perritos amistosos se encargan de dar la bienvenida al hogar, Anabel empieza a contar la situación: “Acá, como en tantos otros lugares del país, la soja ha ido desplazando a cualquier otro tipo de producción: hoy más de la mitad del territorio de Exaltación está ocupado por cultivos de soja transgénica. La mayoría de los pueblos históricos, los nuevos emprendimientos inmobiliarios, las viviendas y las escuelas están rodeados de campos en donde la producción de agrotóxicos es una constante, y las enfermedades y muertes cada vez están afectando a más personas”.

En Argentina, los cultivos intensivos de soja, maíz y algodón se han ido incrementando a través de los años, y en la actualidad concentran el 80% de la superficie total sembrada del país. Los tres son transgénicos tolerantes a herbicidas casi en su totalidad y, en su mayoría, al glifosato.

Si bien no existen estadísticas oficiales del uso de agrotóxicos en el país, según los datos de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) que publicaba hasta 2012, entre 2003 y 2012 el consumo de agrotóxicos aumentó 850%, y es justamente por eso que Argentina tiene el triste privilegio de ser el país que más agrotóxicos por persona por año utiliza en el mundo entero.

Anabel explica: “Los cultivos transgénicos fueron diseñados específicamente para tolerar los agrotóxicos. En un principio la soja fue modificada genéticamente para tolerar el glifosato. Este herbicida mata las hierbas que rodean a la planta y la deja libre de competencia de otras ‘malezas’, como dice el agronegocio. Pero con los años esas plantas se hicieron cada vez más fuertes y se necesitan más químicos para combatirlas. Ahora, las últimas semillas de soja transgénica ya salen diseñadas genéticamente para tolerar no sólo el glifosato sino muchos otros químicos más. La situación es muy preocupante, porque estamos frente a un círculo vicioso en el que cada vez se necesita más cantidades de agrotóxicos para seguir cultivando”.

El agronegocio -el modelo agroindustrial capitalista, hegemónico y global de producción de alimentos que existe hace más de 50 años y que está relacionado con todas las actividades productivas que se desarrollan en el campo- es el gran responsable de la alta contaminación en las personas y en el medio ambiente. Las únicas beneficiadas con este modelo son las corporaciones multinacionales como Bayer-Monsanto, Dupont o Syngenta, por mencionar algunas de las más poderosas, que controlan la alimentación del mundo y que llegan a quedarse hasta con un 400% de ganancia.

Uno de los trabajos de Anabel fue la traducción de los “Monsanto Papers”, los documentos legales que se hicieron públicos a partir de una demanda colectiva en Estados Unidos y que demuestran cómo la multinacional manipuló informes científicos, realizó presiones a organismos de control y sobornó a la prensa para ocultar el peligro que causan los agrotóxicos en las personas.

“Monsanto ya lleva perdidos tres juicios: uno en 2018 y dos en 2019. Todas las condenas concluyeron lo mismo: que el Roundup, la marca comercial de Monsanto-Bayer, fue sustancial para producir cáncer, y que la empresa actuó con malicia al saber del peligro que tenía el herbicida y no advertirlo adecuadamente”, dice Anabel.

Tan solo a 500 metros de su casa, el paisaje es el mismo que en la mayoría de las localidades del municipio de más de 40 mil habitantes y 60 mil hectáreas rurales: soja y más soja. Mientras Anabel camina bajo el sol por una de las calles de tierra del pueblo para mostrar más de cerca los campos cultivados, explica que lxs damnificadxs por los tres juicios a Monsanto son estadounidensxs que usaron herbicidas de base glifosato y que ahora tienen linfoma de Hodgkin, un tipo de cáncer producido por ese químico.

Anabel Pomar:

Las condenas judiciales terminaron provocando que Bayer perdiera el 40% del valor de sus acciones, una suma equivalente al gasto que la multinacional realizó al invertir en Monsanto: “A la luz de las pruebas, de la documentación pública y de todo lo que está sucediendo, estamos hablando de un gran genocidio y ecocidio. Las personas que permiten que esas sustancias sigan en el mercado son cómplices responsables de todos esos daños”, asegura la licenciada.

Mujeres-amarantos

Un informe reciente de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación que analiza los impactos de los agrotóxicos a nivel global, le dedica un apartado específico al impacto diferencial que genera el uso de plaguicidas en las mujeres, y las presenta como las más afectadas.

“Las personas que vivimos en zonas rurales sabemos que cada vez hay más niñas de 12 años con cáncer, que los casos de abortos espontáneos y de infertilidad son cada vez mayores, que el cáncer de cuello de útero aumentó; porque todas esas enfermedades que producen las fumigaciones son disruptoras hormonales, afectan por completo las zonas reproductivas”, continúa Anabel, quien hace cuatro años decidió unirse a sus vecinas y vecinos del municipio para formar parte de “Exaltación Salud”, el colectivo que nació en 2012 gracias a la iniciativa de dos mujeres del partido para ponerle un freno al agronegocio transgénico.

Cerca del mediodía, Patricia Benítez, Verónica Garri y Johana Tejera, tres mujeres que también integran la organización, se encuentran para conversar con Las12 en la casa de Joha, como le dicen en el pueblo a esta joven de 21 años que junto con sus amigxs fundó la cooperativa de trabajo “Amaranto” para distribuir productos agroecológicos, orgánicos y biodinámicos.

Joha cuenta que el proyecto lleva ese nombre por Fabián Amaranto Tomasi -el fumigador fallecido que se volvió un emblema en la lucha contra los agrotóxicos- pero enseguida agrega que también se debe a la hierba llamada de la misma forma: “El amaranto es una planta muy resistente a los venenos, por eso es muy difícil erradicarla de los lugares en donde está, y creo que quienes luchamos contra las fumigaciones de alguna manera también somos una especie de amaranto”.

Johana Tejera, de la cooperativa de trabajo Amaranto

El trabajo de Joha consiste en nuclear productorxs agroecológicxs de la zona con sus correspondientes consumidorxs; recibir los pedidos, armarlos y repartirlos. Antes de la pandemia lo hacía los fines de semana a través de distintas ferias del municipio pero ahora pasó a ser vía web: “Lo que queremos es cambiar los hábitos de consumo, darle a la gente la posibilidad de elegir cómo quiere alimentarse y generar más mercado y personas que opten por la agroecología”.

El gran avance de las fumigaciones en este último tiempo fue clave para que Joha se embarque en el emprendimiento. Hace dos años, ella y una vecina realizaron una encuesta en San José y Esperanza, dos barrios de Exaltación, y los resultados que obtuvieron fueron devastadores: en 30 manzanas (280 casas) se encontraron con 50 casos de cáncer, de los cuales 31 hoy ya fallecieron. Y también descubrieron que en 94 de esos hogares las personas presentan otras enfermedades relacionadas a las fumigaciones como problemas respiratorios, de la piel, diabetes e hipertiroidismo.

Si bien ahora las pulverizaciones en todo el municipio tuvieron que alejarse unos metros por la ordenanza de las nuevas cautelares, la joven también advierte que enfrente a la Escuela Primaria Nº 8 y Secundaria Nº 5 de San José hay un campo de soja y de trigo que ha sido fumigado durante bastante tiempo. La consecuencia de eso fue que en 2015 murieron de cáncer tres chicas de entre 13 y 15 años, dos de ellas por asistir a esa escuela y la última por vivir en la cuadra de enfrente.

Al recordar todo eso, atravesada por el dolor y la rabia, Joha expresa un deseo que es también el de todas las personas de Exaltación que hoy siguen resistiendo: “No queremos esperar más, queremos hechos; que seamos un partido que apunta hacia la transición de la agroecología y que se prohíban los agrotóxicos. Que dejen de circular mosquitos llenos de veneno por las calles de los barrios y del pueblo, y que paren de lotear hectáreas para hacer barrios en donde solo puede vivir la gente rica”.

Glifosato en sangre

Las mujeres de Exaltación Salud explican que “Soberanía Alimentaria” significa que todas las personas puedan decidir qué se come, cómo se produce ese alimento y en qué condiciones se accede al consumo: “No es lo mismo si es a través del comercio justo, del contacto lo más directo posible entre quien produce y quien consume, que si existen otros tipos de intermediarios”, remarca Joha.

Mientras la conversación continúa, Corina, la chiquita de dos años hija de Verónica, juega y corretea por el jardín. Tiene los deditos manchados con témpera porque hasta hace un rato estuvo dibujando y lleva, bien agarrada de la mano para todos lados adonde va, una muñeca de trapo: “Es porque se la acaba de regalar la tía”, comenta su madre con una sonrisa.

Corina es también la misma niña cuya imagen está estampada en la remera que lleva puesta Vero y que con letras negras dice: “A mi no me vengas con que el glifosato es un avance tecnológico e inocuo”.

Hace un año y medio, cuando Corina tenía apenas 10 meses, el pelo se le empezó a caer. Vero y su compañero, vecinxs de La Lata, uno de los parajes rurales de Exaltación, llevaron a la niña a hacerse todos los análisis, pero no le encontraron nada, hasta que un día una médica les preguntó en dónde vivían, y cuando ellxs le dijeron que en el campo, la doctora les dijo que ahora debían ser ellxs quienes tenían que realizarse los estudios. Y también les aconsejó no hacerlos en ningún hospital de la zona, sino en Mar del Plata. Vero aclara: “La médica, muy piola, sabía perfectamente que acá el tema de los agrotóxicos maneja mucho dinero y que lo más probable era que los estudios nos iban a salir bien”.

Vero y su compañero viajaron a la costa. Los análisis dieron que ambxs tienen un alto porcentaje de glifosato en sangre: “Un cuerpo puede contemplar 0,03 microgramos, pero mi marido tiene 2.5 y yo 1.5”. Así fue como descubrieron que lo que tiene Corina es una enfermedad autoinmune, en este caso de origen genético, llamada alopecia universal: su propio organismo rechaza el pelo de todas las partes del cuerpo.

“Nosotrxs no éramos conscientes de lo que estaba pasando; habíamos decidido vivir en el campo pensando que íbamos a darle una vida natural y sana a nuestras hijas. A veces veíamos pasar un mosquito -las máquinas que fumigan- pero nos parecía algo normal. Y al final terminó siendo todo lo contrario”, se lamenta Vero.

En los días siguientes, ella hizo de todo: denunció al chacarero que le alquila el campo al vecino de al lado de su casa, habló con todos los vecinxs, en la escuela donde trabaja, con la gente de otras localidades, y si bien en muchos lugares la comprendieron y apoyaron, en otros la menospreciaron: “Nos decían que estábamos buscando plata y que somos unos mentirosos”, recuerda.

Las críticas también vinieron por parte del vecino de al lado, el responsable principal de los hechos: “Se tomó todo muy a mal: cuando quisimos hablar nos dijo que él iba a seguir fumigando porque ese es su trabajo y que la ley está a su favor. Y encima nos dijo en la cara que quien maneja todo en el municipio es Bayer-Monsanto, y que por eso él ni siquiera toma agua de su terreno, o sea que es totalmente consciente de lo que pasa”.

Vero hace una pausa y luego reflexiona: “Nosotrxs tenemos en claro que la culpa no es de lxs vecinxs, y tampoco queremos sacarle el trabajo a nadie; pero tampoco queremos mudarnos. Lo que necesitamos es que se deje de usar ese veneno, porque está comprobado que se puede trabajar de otra forma. Y no queremos que se deje de hacer solo por nosotrxs sino por todxs. Yo muchas veces me pregunto si hago bien en exponerla así a Corina, pero después me digo también que si no lo hago, ¿qué futuro le espera a ella y mis hijas?”.

El precio de la salud

“A mí me pasa algo parecido a lo que dice Vero: aunque veo que una y otra vez me voy a dar la cabeza contra la pared no me importa porque sé que todo lo que haga le va a servir a las nuevas generaciones. Ese es mi motor y lo que me sostiene para seguir”.

Quien habla ahora es Patricia, una de las fundadoras del grupo y la primera vecina del municipio en llevar las denuncias ante la Justicia. Gracias a ella y a otras personas que se sumaron a la causa, en todo el partido hoy rige un amparo que prohíbe las fumigaciones a menos de 1.000 metros de distancia. Este hecho es muy importante porque, pese a que en la actualidad hay varios proyectos en curso, aún no existe ninguna ley nacional que regule el uso de agrotóxicos: cada provincia debe tener su propia ley y cada municipio su propia regulación local.

Corría el año 2012 y hacía poco que Patricia había llegado a Exaltación luego de vivir unos años en Capital. El plan era continuar con el trabajo en la farmacia de su marido donde ella atendía, pero quiso hacerlo en un lugar más sano y tranquilo. Patricia dice que así lo creyó hasta que un día una vecina del barrio llegó a su casa diciéndole que le ardían muchísimo los ojos y que había descubierto una gran cantidad de insectos muertos en su jardín. Eran los efectos inmediatos de una pulverización.

Fue así como Patricia empezó a leer y a investigar sobre el tema: “Ahí me enteré que ese terreno todo verde tan bonito que yo veía siempre a una cuadra de mi casa era un campo de soja”. Entonces fue a hablar con las autoridades del partido y descubrió que a pesar de ser un municipio rural no había ninguna ordenanza para el uso de agrotóxicos. “Me asesoré, me junté con gente que sabe mucho del tema y armamos un proyecto de ordenanza para exigir protección. No nos dieron bola, pero nosotrxs seguimos insistiendo igual”.

Patricia Benitez, consiguió por vía judicial que no se pueda fumigar a menos de mil metros

A la par de eso, a Patricia le empezó a llamar mucho la atención la gran cantidad de gente enferma que iba a su farmacia en busca de algún remedio para las alergias, la respiración, la piel, y también para consultar por alguna droga para el cáncer: “Se suponía que acá había más salud, pero en una semana vendíamos la misma cantidad de broncodilatadores que despachábamos en todo un mes en Buenos Aires”.

Patricia consiguió un arreglo con el vecino que fumigaba el campo contiguo a su casa, pero no se quedó conforme con eso y, cuando en 2017 se enteró de la muerte de Anita -la adolescente de 14 años alumna de la escuela del barrio Esperanza que falleció de cáncer- decidió seguir investigando. Y descubrió que la maestra de esa escuela anteriormente había presentado una nota a la municipalidad exigiendo protección pero las autoridades, aún sabiéndolo todo, no habían hecho absolutamente nada.

Patricia consiguió que la Justicia le otorgue un amparo de 1.000 metros para protegerse de las fumigaciones. Sin embargo apeló el fallo porque, según explica, su objetivo no era para ella sola sino para el bien común de todas las personas y el medio ambiente. El poder judicial aceptó su apelación y finalmente la medida cautelar salió para todo el distrito, incluyendo las zonas urbanas, rurales y las escuelas.

Al recordar esto, Patricia se alegra pero también sabe que aún queda mucho por hacer: “El fallo es muy bueno, pero durante este tiempo hemos denunciado un montón de violaciones a ese amparo. Todo es difícil porque siempre vamos con las de perder: nosotrxs vamos por la salud y ellos van por de dinero, pero igualmente no nos vamos a dar por vencidas”.

El agronegocio todo lo destruye

El agronegocio transgénico también pisa fuerte afuera de Buenos Aires. En provincias como Misiones, por ejemplo, se utiliza un alto porcentaje de agrotóxicos en la producción de yerba, de té y de tabaco, además de la producción forestal. Otras provincias en situaciones similares son Chaco, Santiago del Estero, Formosa, Tucumán y Entre Ríos.

La utilización de agrotóxicos también se da en la producción frutal de Río Negro, con los cultivos de peras y manzanas, y en Santa Cruz, conocida como la Capital Nacional de la Cereza, al igual que en varias zonas de Santa Fe con las frutillas.

Si bien en Argentina los daños más irreversibles del agronegocio se vienen dando en los territorios más fumigados -como es el caso de Exaltación de la Cruz- este modelo no solo afecta a quienes viven en zonas rurales sino también a toda la población: los agrotóxicos están en el aire que respiramos, el agua que tomamos y los alimentos que consumimos.

Una foto de Corina en la remera de su mamá, Verónica Garri.

Además de todos estos perjuicios, otras áreas de trabajo también se vieron obligadas a desplazarse, como es el caso de las producciones agrícolas, especialmente la frutihortícola y la ganadera. En esta última, a través de los años, Argentina pasó de tener una ganadería pasto a encerrar a las vacas en los sistemas de indoors y en los engordes a corral, lo que significa una gran profundización de la intensificación productiva animal.

En las zonas forestales, el avance del agronegocio sobre los bosques, las selvas y los humedales está generando una de las tasas de deforestación más altas del mundo y una serie de incendios nunca antes vistos. Y en los territorios de las comunidades indígenas y campesinas también ha causado muchísimos conflictos con las tierras, ya que estos terrenos históricamente fueron ocupados por esos pueblos, pero el agronegocio empezó a reclamarlos a partir de títulos de propiedad.

 

Por todos estos motivos, el contexto que hoy está viviendo Argentina en relación al agronegocio y a las fumigaciones es sumamente grave y alarmante. Y para las mujeres, esas afectaciones en sus cuerpos, su desarrollo y sus sueños, en muchos casos es una cuestión de vida o muerte.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

La impunidad del anonimato en la web: ghosting, grooming, fishing | ¿Soñaban los acosadores con la vida virtual?



Fantasmodio

Esther Díaz

Eneas, sin que lo sospeche la noble Dido, lucubra medios para huir. Ordena a sus hombres que con sigilo aparejen la escuadra y se reúnan en la playa, que guarden las armas y disimulen la causa de aquellos movimientos, mientras busca la manera más propicia para salir lo mejor posible de aquel trance. Así presenta Virgilio uno de los primeros ghosting de nuestra cultura. El héroe troyano, que estaba viviendo una pasión arrasadora con Dido, la reina de Cartago, decide abandonarla e irse con su ejército. Pero no quiere darle explicaciones ni despedirse.

Ghostear remite al corte abrupto de una relación sexoafectiva sin dar explicaciones deviniendo fantasma. Existió siempre, pero a veces resulta costoso. Dido descubrió los preparativos de la huida y le hizo una escena. Se retorcía por dentro pero no cedió el héroe. Cuando se alejaba en su barco volvió la mirada y vio una negra columna de humo. La reina se había suicidado, desde la costa las llamas de su pira mortuoria parpadeaban.

Hoy -digitalidad mediante- el trámite es más ágil. Hacerse fantasma y a otra cosa. Se han creado corrientes de opinión sobre una ética de las relaciones remotas. Pues la virtualidad y sus riesgos aumentaron de modo exponencial con la pandemia. Hay sectores que reclaman responsabilidad afectiva, hay otros que justifican la práctica. Dolorosa para quien recibe el desplante. Aunque la controversia es estéril mientras no se equilibren las relaciones de fuerza entre los géneros. Ghosting, Grooming y Fishing constituyen recursos ciberespaciales patriarcales que intensifican la condición de objeto descartable que los profetas del odio otorgan a las minorías sexuales.

¿Y el grooming? Acoso sexual virtual ejecutado por hombres contra menores de ambos sexos y contra mujeres preferiblemente jóvenes. Durante la primera fase de la cuarentena hubo atletas mujeres que debieron suspender sus entrenamientos ante cámaras por el grooming del que fueron víctimas. Ni hablar de la niñez acechada por el ciberacoso. El abuso virtual suele concretarse de modo presencial mediante engaños y señuelos. Y por una torsión perversa de los agresores, lo que se pescó en internet regresa a su fuente. En una clase universitaria se filtró un video en el que se tortura y viola a una niña.

He ahí el Fishing o utilización de las redes sociales para hacerse pasar por otra persona y conseguir información sexual o empresarial con fines extorsivos sobre víctimas concretas financieras o sexuales. Los parafílicos digitales despliegan recursos de pescadores y encuentran quienes muerden el anzuelo. ¿Cómo se incentivan y en qué se sostienen el ghosting, el grooming y el fishing? En el anonimato, la violencia y el odio. El anonimato al ocultar identidad otorga inmunidad. La violencia utiliza la fuerza para dominar e imponer. El odio provoca daño y sufrimiento. Esa tríada forma parte de pandemias virtuales. En la era tecnológica “vomitar odio” cobró estatus universal: hating. Atacar con comentarios ofensivos por medios remotos. Estos fenómenos virtuales dejaron al descubierto una involución en la evolución de la especie: odiadores seriales.

Agresiones enmascaradas carentes de pensamiento crítico. Pirotecnia de insultos, argumentos ad hominem, descalificación y basureo. El imposible debate, la negación hiperbólica. Ahora bien, si el grooming y el fishing son sin duda patriarcales, el hating (al igual que el machismo) no tiene género.

La escena de color acaramelado muestra a la familia Catsouras. Madre, padre, tres hijas adolescentes. Eran cuatro, pero Nikki, la de dieciocho, un día se subió al auto ofuscada, chocó contra un puente, murió. Entregaron el cajón cerrado. La familia preguntó por las condiciones del cuerpo. Sólo se había deterioro un dedo de la mano, dijeron para alivianar el agobio. Pero entró un mail cuyo asunto decía “¡Mirá papá estoy viva!”. Al abrirlo aparecía la imagen del cuerpo de Nikki destrozado. A cualquier espacio virtual que acudieran se encontraban con fotos de la cabeza de su hija sangrante casi desprendida del cuerpo. Se viralizaron desde celulares de la policía. Ante el aluvión de mensajes y fotos macabras, la familia se desconectó de internet, entablaron juicios, apelaron a mil recursos, pero esas imágenes siguen apareciendo en los lugares más inesperados. El odio y el morbo. “Internet es el anticristo”, dice la madre de Nikki en el documental de Herzog sobre la conectividad. Ocurrió en 2006, pero los intentos de borrar el horror, además de inútiles, produjeron el “efecto Streisand”: al repudiar un hecho digital se lo difunde al infinito.

Existen micromilitancias contra esas costumbres tóxicas, hay leyes que las limitan, grupos que las combaten. ¿Y en lo personal? Cuidarse y cuidar. Desarrollar prácticas de sí. Instrumentar tecnologías preservándose. Una ética del cuidado de sí implica una ética del cuidado de otras personas, implica política.

* * *

El discurso tiene materialidad. En 1938, Orson Welles transmitió por radio una supuesta invasión marciana. Multitudes en pánico, tránsito congestionado, teléfonos colapsados, caos. Pero eran solamente palabras que, en ese caso, dejaron en claro la capacidad del discurso para producir efectos reales, su poder. El discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio del cual, se lucha, aquel poder del que nos queremos adueñar. Foucault analizó la potencia salvadora o aniquiladora de las palabras en relación con el poder. Y, por otra parte, exhumó una ética de la existencia. Epimeleia heautou significa cuidado de sí en función del cuidado de la comunidad. A ello habría que tender para orientar estrategias solidarias cuando de lo que se habla pierde importancia y lo importante se reduce a insultar, burlar y humillar. Imaginar modos de pensar las agresiones comunicacionales para proteger y mitigar los daños. Poner en agenda estos nuevos fenómenos virtuales abarcando la otredad, es decir, siguiendo la metáfora platónica ¿cómo puede el ojo verse a sí mismo?, no simplemente mirándose en el espejo sino reflejándose en las pupilas, otras.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

La última bruja en ser quemada | El hechizo que nunca termina



Hace 125 años, se encontraba en una aldea del condado de Tipperary el cuerpo calcinado de “la última bruja que ardió en Irlanda”, como pasó a la posteridad Bridget Cleary: mujer de 26 que pronto devino parte del folclore popular, inmortalizada incluso por una rima infantil que aún se escucha en ciertas zonas rurales: “Are you a witch or are you a fairy, / Or are you the wife of Michael Cleary?”. Pocos casos del siglo 19 causaron más revuelo a nivel local: con ecos de hechicería, indicios de infidelidad, conspiración familiar y personajes sobrenaturales, no faltaba ingrediente para que la prensa anglo orquestase un cóctel sensacionalista, truculento. A punto tal que historia sigue inspirando poesías, telefilms, libros como The Burning Of Bridget Cleary: A True Story, de Angela Bourke… Meses atrás, por ejemplo, hacía olitas el track que lanzaba la cantautora folk Maija Sofia sobre Bridget, incluido en su celebrado disco Bath Time.

Bridget Cleary era modista, sombrerera y vendía huevos, no tenía hijos, sabía leer y escribir. Su marido, Michael Cleary, era tonelero; laburaba en una ciudad aleñada y pasaba muchas noches afuera. Aunque confortable, la casita que tenían en Tipperary contaba con una petite desventaja: había sido construida sobre los restos de un ringfort, léase un fuerte circular. Se sabe que estos asentamientos fueron levantados entre la Edad de Bronce y la Edad Media, pero en la Irlanda rural de 1895 estaban convencidos de que eran fortalezas de hadas, un portal hacia otro mundo que había que evitar a toda costa. Un día, caminó Bridget hasta un pueblo cercano, Kylenagranagh Hill, donde -al parecer- mantenía un affaire con un criador de gallinas. Allí se habría detenido en un fuerte de hadas que, para la superstición de antaño, fue su perdición…

La joven volvió a casa con un resfrío fuertísimo, que empeoró y empeoró. Su esposo llamó a un doc, que dijo que se trataba de una bronquitis y le recetó unos medicamentos. Pero Michael se negó a darle los remedios: en cambio, pidió consejo a un amigo seanchaí -un cuentacuentos, digamos, versado en la tradición feérica-, que aseguró que esa mujer no era Bridget, ¡era una polimorfa!, un hada cambiante que había tomado el lugar de doña Cleary en Kylenagranagh Hill. Llamaron entonces a un herbolario que confirmó la hipótesis, y así comenzaron los ritos para expulsar a la entidad. Con familiares y vecinos presentes, la obligaron a tragar curas a base de hierbas, y tres veces le preguntaron: “¿Eres Bridget Boland, la esposa de Michael Cleary, en el nombre de Dios?”. Ella solo respondió dos veces, y el tres, mal que pese, era número clave. La sentaron sobre brasas ardientes, por el terror de los polimorfos a las llamas. Intentaron que tragase tres trozos de pan, pero la pobre muchacha apenas pudo embucharse dos. En pleno suplicio, ella grita, resiste, hace notar lo absurdo de la situación: pide leche para beber (conocida es la afición de las hadas por la leche), y finge robar un chelín, como lo hubiera hecho un hada. Acusa a su esposo de tener una madre que escapó con estas criaturas, y un Michael frenético toma la lámpara de aceite… y la prende fuego. “¡Esa no es mi esposa!”, grita iracundo, y asegura que pronto aparecería la verdadera Bridget Cleary montada a caballo blanco.

Obvio es decirlo: no sucede. Días después, alguien notifica a las autoridades, que buscan el cuerpo. Lo encuentran enterrado, calcinado. Y Michael y compañía son encarcelados, llevados a tribunales. El juez ve el caso como un asesinato premeditado y sentencia al esposo a 15 años tras las rejas. Que cumple, antes de mudarse a Canadá para siempre. Cabecitas modernas arriman hoy distintas teorías: que Michael podría haber padecido el síndrome de Capgras, por el que la persona cree que un familiar ha sido reemplazado por un impostor idéntico. Que podría haber atravesado una psicosis transitoria. Que era, lisa y llanamente, un femicida.

Por aquellas fechas, mientras tanto, la prensa se hace un festín, e incurre en el error que persistiría por más de un siglo: habla de quema de bruja, acaso porque era más sencillo así atraer el mórbido interés de lectores. Difícilmente tuviera el mismo efecto referirse a seres polimorfos para los muchos rotativos que cubrieron el asesinato: periódicos británicos (que se hicieron un picnic escribiendo sobre el “oscurantismo medieval” de una Irlanda retrógrada que de ningún modo podía gobernarse por sí misma), estadounidenses, también mexicanos. Si había fuego, había bruja, y de tanto remachar, se instaló la idea.

Aunque la historia de Bridget en nada se
pareciera a la de Alice Kyteler, primera mujer acusada y condenada por brujería
en Irlanda, en el siglo XIV, tras amasar gran fortuna con la muerte de cuatro
maridos. Familiares de los esposos RIP aseguraron que los había asesinado vía
magia negra, sacrificando animales para obtener el favor de demonios. Aunque el
jurado la condenó a la pira, logró huir Kyteler a Inglaterra. Menos suerte tuvo
Petronilla de Midia, una de sus sirvientas, que confesó bajo tortura haber
ayudado a Alice en las artes oscuras y pereció en la hoguera en 1324. Tampoco
tiene nada que ver con el conocido caso de las brujas de Islandmagee, de
1710-11, último juicio de este tipo en Irlanda: ocho mujeres fueron encontradas
culpables de atacar “en forma espectral” a una joven que presentaba signos de
posesión demoníaca; lo típico, vamos, “gritar, jurar, blasfemar, arrojar
Biblias, convulsionar cada vez que un clérigo se le acercaba, vomitar alfileres,
botones, clavos, vidrio…”. En fin.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Gloria y miseria del lenguaje | Cuarenta y seis años del suicidio de la poeta Anne Sexton



A una mujer así no le da vergüenza morir. Y es que ella, bruja poseída, ha sido de esa calaña: criatura solitaria, de doce dedos, demente. Anne Sexton, nacida en Anne Gray Harvey, en Newton, Massachussets, el 9 de noviembre de 1928, llegó a la poesía de la mano de la depresión que se ensañaba con las mujeres en la ultraconservadora sociedad estadounidense de la posguerra. A diferencia de su contemporánea Sylvia Plath, Anne Sexton no cursó estudios universitarios.

Descendiente de una estirpe de WASP -White Anglo-Saxon Protestant- que había prosperado en el sector bancario, completó el secundario con una formación en una de esas instituciones privadas cuya misión era preparar a las jóvenes de familia burguesa a su futuro rol de perfecta esposa y ama de casa. Tras unos breves pasos por una agencia de modelos, se casó a los 19 años con un hombre de su mismo núcleo, Alfred Muller Sexton alias Kayo. En 1953, Anne dio a luz a su primera hija, Linda, que más tarde se convertiría en novelista y en su albacea. 

Al año siguiente se produce la primera manifestación del mal contra el cual luchará toda su vida: depresión nerviosa con impulsos suicidas. En 1955, nació su segunda hija, Joyce. Pero las frecuentes ausencias de Kayo por trabajo la dejan sola con sus ataques de pánico, y ya no puede ocuparse de sus dos hijas: “No se pueden construir pequeñas vallas blancas para evitar las pesadillas. La superficie se fisuró cuando yo tenía 28 años,” dijo en una entrevista. Si la moral burguesa, como argumenta Foucault, separaba, excluía y encerraba a las personas disidentes dentro del cerco de la locura, de la enfermedad, lo mismo ocurría con las mujeres que manifestaban una resistencia interna al lugar que se les asignaba. 

En una organización social situada en el legado inmediato del macartismo, de Hiroshima y de Nagasaki, el culto al materialismo y al progreso apenas lograban contener el quiebre psíquico de las “american housewives”. Desde la casa del padre hasta la del marido, muchas mujeres hacían incursiones en el hospital psiquiátrico. Y así, deslizándose hacia el lado de la patologización, Anne Sexton se descubrió poeta. Todo empezó en la época de su primera hospitalización en Glenside, después de una tentativa de suicidio en 1956. El psiquiatra Martin Orne, con el que siguió una terapia durante ocho años, se interesaba por el psicoanálisis, había leído y trabajado a Freud. 

Le dio en un primer momento el diagnóstico -hoy anacrónico- de “histeria”. Además, la paciente manifestaba alucinaciones y trastornos de la memoria, motivo por el cual el doctor Orne le aconsejó que tomara notas durante la sesión. Y un buen día llegó con un poema escrito, un soneto. La biógrafa de Sexton, Diane Wood Middlebrook, transcribe una entrevista de 1962 en la que la poeta-paciente cuenta cómo llegó a escribir su primer poema, después de escuchar en la radio una conferencia de un profesor de Harvard sobre el soneto: “Pensé, está bien, puedo hacerlo. Bajé las escaleras y escribí uno. Luego llamé a mi madre y se lo leí. Me sugirió que mejorara una imagen. Al día siguiente escribí otro y se lo llevé a mi médico. Dijo que eran maravillosos. Eso es todo lo que quería oír. Así que seguí escribiendo y escribiendo y dándole todo a él, sólo por transferencia. Seguí porque él me aprobaba”. 

A pesar de su toma de apuntes, Anne Sexton seguía a menudo sin acordarse de las palabras que había pronunciado durante la sesión, ya que a veces entraba en estados de trance – torrentes de vida en la escarcha-. Entonces el Dr. Orne empezó a grabar las sesiones para que su paciente pudiera, en esa escucha, enfrentar las verdades que se le venían encima: el acoso sexual por parte de su padre, las equívocas caricias de su adorada tía-abuela Anna Ladd Dingley alias Nana, la ambigüedad de su propia cercanía física con sus dos hijas, Linda Gray Sexton y Joyce Ladd Sexton. En el enfrentamiento de la paciente con aquello que succiona el aire – el lenguaje y su impacto- emergió la poeta.

El sufrimiento y el goce estaban unidos por un mismo vínculo: “El lenguaje no tiene nada que ver con el pensamiento racional”, argumentó. “Por eso la racionalidad me confunde y me enoja […] creo que el lenguaje es hermoso. Llegué incluso a pensar que la locura (la raíz del lenguaje sin duda) es hermosa. Sólo que es doloroso.” Gloria y miseria del lenguaje. Anne Sexton recurría al uso de palíndromos, convirtiendo a las ratas en estrella (rats-star), y a dios en perro (god-dog), y se declaraba artesana de las palabras: “Todo lo que soy es el artificio de las palabras escribiéndose a sí mismas”. Siguiendo el estímulo de su terapeuta, se inscribió en las clases de poesía de John Albert Holmes en 1957, y en las del poeta Robert Lowell en 1959. Su primer poemario, Al Manicomio y Casi de Vuelta (To Bedlam and Part Way Back, 1960), se dio a conocer como parte de una corriente literaria estadounidense nacida en los años sesenta, cuyo iniciador fue Robert Lowell: la poesía confesional. 

El género confesional dialogaba con la psiquiatría, con la depresión y con una forma de auto-testimonio que integraba una representación del inconsciente. Aunque permitía que las mujeres pudieran salir de su lugar de objeto para pensarse y expresarse como sujeto poético, Anne Sexton recusaba la noción de confesión y decía de su poesía que era “personal”. Aquella persona franqueó los límites de la confesión y se adentró en un territorio pocas veces explorado en poesía. El útero, el ciclo menstrual, el cáncer de mama, el aborto, vinieron a formar parte de un lenguaje propio que a su vez brindaba una crítica de la teoría freudiana del complejo de Edipo, y de todo lo de que representaba en tanto que desconocimiento del sujeto femenino. En lugar del frustrado deseo de la niña por su padre, el supuesto deseo del pene, plantea el deseo del padre incestuoso por su hija y el confinamiento de ésta en la casa simbólica del padre.

Sin embargo,los padres tienen pensamientos bizarros, pensamientos como una sierra diestra. Estos son versos del poema “Un-ojo, dos-ojos, tres-ojos”, habla de una niña “primitiva” a merced del Edipo, cuyo tercer ojo no se cerró. El poema es parte del libro Transformaciones (1971), donde Sexton subvierte y reescribe los cuentos de Grimm, siendo una de las primeras en revelar la alienación del sujeto femenino en aquellos cuentos. No solo denuncia el sometimiento de las heroínas expuestas al deseo de posesión de los hombres, sino que avanza una clave de lectura y de representación onírica del incesto y del androcentrismo radicalmente innovadora. La combinación de rigor clásico con lenguaje oral, fluido, inesperado, de imágenes llamativas de elementos tanto íntimos como universales, todo aquello ofrecido en una poesía rítmica, desgarradora, valiente, le ha valido una gran popularidad. 

A pesar de las críticas misóginas a su arte, de ama de casa depresiva se convirtió en una poeta famosa citada en antologías, invitada a dar talleres de escritura en universidades, premiada con becas, agasajada con títulos honoríficos. Y con el grupo musical que formó, “Anne Sexton and her Kind”, llenaba salas enteras y derrochaba carisma en el escenario. Aun así, no pudo salvarse. El título Live or Die (1966), su tercer libro, premiado con el Pulitzer en 1967, se inspira en una frase de la novela Herzog (1964), de Saul Bellow: “Vive o muere pero no lo envenenes todo”. En aquel momento estaba dispuesta a mantener la muerte a cierta distancia y a resistir a las vocecitas que le susurraban al oído que lo estaba envenenando todo. En ese libro se encuentra el poema “Huye en tu burro” (Flee on your donkey), que evoca su paso por el psiquiátrico.

En medio de la experiencia de un intenso dolor psíquico, aún existe la posibilidad de salvarse. El título del poema se inspira a su vez en un verso de Rimbaud. Un día en que volvía a su casa deshecha después de una consulta con el Dr. Orne, sufrió una crisis de lágrimas y, al buscar en su bolsillo un pañuelo, descubrió un pedacito de papel donde había transcrito parte del poema “Fiestas del hambre”, de Rimbaud: Mi hambre, Anne, Anne, / huye a lomos de tu burro. En los versos de nuestra Anne, la poeta alerta a la mujer: Anne, Anne, huye en tu burro, huye de ese triste hotel, lárgate sobre una bestia peluda, galopa de vuelta, aprieta tus nalgas a su cruz, adaptate a su paso torpe como sea. ¡Lárgate por cualquier viejo camino que te plazca!

Un mes antes de cumplir los 46, se largó finalmente por el viejo camino del suicidio, el 4 de octubre de 1974. Se tomó unos tragos de vodka y, vestida con el tapado de piel de su madre, se subió al volante de su Cougar rojo y encendió el motor hasta asfixiarse. Ese camino le habrá dado tiempo suficiente para escribir diez libros de poemas y, como dijo su gran amiga, la poeta Maxine Kumin, para cosechar su lugar en el canon gracias a su profunda franqueza.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

¿Soñaban los acosadores con la vida virtual? | La impunidad del anonimato en la web




| La impunidad del anonimato en la web



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Entrevista a Annamaria, a 60 años de la primera emisión de Buenas Tardes Mucho Gusto | El gusto es nuestro



Algo para decir antes de empezar: es difícil tratar a la entrevistada por su nombre de pila cuando le decís mamá hace 44 años. Pero de esa separación entre su perfil público y privado podría escribir una nota aparte. Porque crecí mirando cómo mi mamá respondía amorosamente a quienes se daban vuelta para saludarla en la calle o la reconocían en el supermercado. A veces se hacía la que no escuchaba, pero pienso que no por hartazgo propio sino por esa investidura que tiene el vínculo con la hija mujer, esa complejidad intrínseca, ese caminar juntas pero a la vez un poco alejadas para que no se superpongan las identidades.

“Siempre quise tener una nena” la escucho decir desde que tengo uso de razón y desde entonces también la veo transformarse, de ese perfil tan alto que tenía a mis 7 años a uno más mesurado que se tejió al calor del activismo, tal vez el punto más alto de nuestra coincidencia y también de nuestros enfrentamientos: no debe ser fácil tener una hija que se autoenuncia más feminista que su madre y lo cuestione todo con la irreverencia de la potencia colectiva que la acompaña.

Durante toda mi infancia, ella me llevó a marchar por la democracia, por lxs desaparecidxs, a caminar con las Madres y Abuelas pero sobre todo a ejercer con el cuerpo ese mantra tan hermoso que dice “las compañeras, siempre las compañeras”. Festejamos con euforia el 3 de junio de 2015, siempre con la seguridad de que el mundo sería mucho mejor sin machirulos pero con la certeza de que la lucha es larga y está llena de curvas peligrosas. Aquí un repaso caprichoso por su larga carrera que empezó con Buenas Tardes Mucho Gusto, un programa emblema de la televisión argentina, y algunas de las razones por las que los medios todavía tienen mucho que aprender cuando piensan sus contenidos y referentes.

¿Cómo fue que te convertiste en la conductora de un programa como BTMG?

–BTMG salió al aire por primera vez el 3 de octubre de 1960, dos días después de la inauguración del canal 13. Cuando empezó, las autoridades del canal no le tenían confianza al programa y le decían a mi papá, que era el creador, que era un programa “provinciano”. Mi papá insistió pero le hicieron un contrato por tres meses, que es una manera de decir te hacemos un contratito y BTMG empezó a emitirse a la tarde, por más que a él le gustaba el mediodía y las primeras horas de la tarde: le parecía que era una buena hora para que las mujeres pudieran mirar la televisión tranquilas. Gloria Raines fue la primera conductora. El programa tuvo tanto éxito que no solo le hicieron un contrato por todo el año siguiente sino que le dieron el horario que él quería, las 14. Entró Maricarmen, que no era conductora profesional. Fue un boom. Yo empecé a trabajar en televisión en 1962 en “Juguemos en el trece”, de ahí a BTMG pasó un año. Yo tenía 18 años.

¿Cómo se hizo popular tan rápidamente?

–Era una época en que las mujeres estaban mucho en su casa, y además se hablaba muy sencillo, sin sofisticaciones. A la gente le gustaba porque no era formal, era flexible, relajado, como si estuvieras en tu casa. Había mucha cocina, manualidades, tejido, maquillaje, moda, había un pediatra, se hablaba de salud femenina, de educación, había mucho nombre importante: Eva Giberti, el Dr. Escardó, Blackie, Cormillot… A lo largo de los 60 tuvo diferentes duraciones, cuando yo empecé duraba una hora y media y después llegué a hacer tres horas, en vivo, todos los días. Se veía mucho en las provincias y en el conurbano y recibíamos muchas cartas. Petrona empezó muy pronto, ella contestaba las cartas personalmente y daba un número de teléfono donde atendía si alguien tenía dudas con una receta.

¿De quién aprendiste el oficio?

–De los técnicos de atrás de cámara que se tomaron el trabajo de mostrarme, de enseñarme cómo moverme, cómo hablar. Aprender a hacer televisión, a moverse delante de una cámara para mí es toda esa relación que yo construí con esas personas que estaban en el detrás de escena. A veces miro la televisión y pienso “¿nadie le dice que tiene que mirar a la otra cámara?”, o veo programas que obligan a la gente a estar una hora parada y se empiezan a mover como si quisieran ir al baño… Yo caminaba, me movía, entraba y salía y eso tenía mucha aceptación. La televisión es un mueble más de la casa, la gente que sale de ahí adentro no puede estar dura, incómoda.

Te hiciste famosa…

–Sí. Yo era chica, y salía con mi mamá por la calle y la paraban a ella para decirle qué linda, qué dulce su hija. ¡Y yo estaba al lado! Hacía BTMG de lunes a viernes y los fines de semana hacía un programa infantil que se llamaba “Cuentos de Nunca Acabar”. Fue una época donde la tele explotó, veníamos de tener solo Canal 7 y de repente surgieron otras opciones. Me compré un Fitito apenas empecé a ganar plata y un día me pregunté “¿voy a hacer esto toda mi vida? ¿quiero esto para siempre como profesión?”. Estudiaba teatro, después me metí a estudiar Filosofía y Letras y en el ´67 dejé todo, me fui a Londres y a París, donde entré a la escuela del teatro Odeon.

El corazón y la casa: el primer icono atrás del suceso Buenas Tardes Mucho Gusto. La imagen es de 1964.
La revista en formato chico acompañó al programa los más de veinte años que estuvo en el aire. 

Hazte la fama…

En mayo del ´68 Annamaria estaba en París, el teatro fue tomado por las juventudes y el clima revolucionario la puso a viajar por todo el continente, hasta que recaló en Madrid y tuvo a su primer hijo. Al tiempo de tenerlo, volvió a Buenos Aires. Los primeros años trabajó como actriz. “Volví a la Argentina en el ´71 e hice tres temporadas de teatro. En el ´72 me ofrecen conducir un programa nuevo que se llamaba “De padres y de hijos”, con Mario Mactas” cuenta. En “De padres y de hijos” se hablaba de aborto, de salud sexual, de psicología, “El armado del programa lo hicimos con la Negra Aberastury, que era una psicoanalista muy prestigiosa, ella me conectó con muchos especialistas que después hicieron carrera. Le iba bien, tenía su público, era muy rupturista para la época. Y tenía su revista, que se llamaba “Padres”, de la que todavía tengo todos los ejemplares. En el ´73, cambian las autoridades del canal 7 y lo levantan de un día para otro sin dar demasiadas explicaciones. Yo me había separado del papá de mi hijo, necesitaba trabajar y volví a conducir BTMG”.

BTMG estuvo en el trece desde el 60 hasta el 71 y después se mudó al nueve, con igual éxito y el mismo horario. Cuando Annamaria se fue contrataron a Daniel Ríos, porque en el canal decían que ella era irremplazable. Pero no funcionó y al poco tiempo, fue Canela la que estuvo al frente.

¿Te frustró tener que volver a conducir BTMG?

–No, yo ya era otra persona, ya no era la chica que caminaba con la mamá sino una mujer separada con un hijo, que ya había vivido en Europa, y que me interesaban otras cosas. Volví a conducir porque necesitaba vivir de algo, vivía sola con mi hijo y tenía que mantenerlo. Pero a mí me gustó mucho hacer “De Padres y de hijos” porque me interesaban más esos temas y para mí que lo levantaran fue una tragedia. Yo ya había leído, ya había conocido al feminismo, había estado en marchas, y dentro de lo posible, quería que BTMG amplificara su mirada. Mi papá no quería traicionar al público, entonces hice lo que pude. No hay que olvidarse que esa fue una época política muy dura y yo me di cuenta que vivir del teatro no era posible, al menos para mí.

Esa etapa duró hasta el comienzo de la dictadura…

–Por la revista Padres mi hermano mayor fue secuestrado y devuelto ocho días después con la condición del cierre de la revista y del retiro de todos los ejemplares de los kioscos. Nos fuimos del país. Yo ya me había vuelto a casar y te había tenido a vos, nos fuimos con vos siendo muy bebé. Vivimos tres años en Barcelona. Fueron años muy difíciles, yo allá no trabajaba y para mí eso era deprimente. Empecé a trabajar tan chica no porque me lo impusieran, porque yo sentía que lo necesitaba. Y para mí estar sin trabajar, estar en la casa cuidando a los chicos, era totalmente asfixiante. Hice movimientos, mandaba notas acá a Buenos Aires pero no tener un trabajo fijo me resultaba horrible. Y mi familia estaba muy golpeada por lo que había pasado, estábamos muy juntos pero también muy solos, porque Barcelona no era tan luminoso como México o Brasil, era más hostil. El exilio es empezar de nuevo, poner una casa, comprar sábanas, armarse un mundo nuevo, y era muy difícil. Mi hermano nunca volvió pero nosotros decidimos volver a principios de los ochenta.

¿Y qué pasó a partir de ahí?

–Puse la condición de que volvía a conducir BTMG si podía producirlo y para mí eso significaba hacerlo mucho más acorde a las cosas que me interesaban, más parecidas a las de “Padres”. Venían abogadas, empezamos a hablar de divorcio, de vínculos, de educación sexual, de vejez, de embarazo y parto… Estaba la cocina, estaban las especialistas en moda pero empezó a haber más entrevistas y editoriales, mesas redondas, y me puse un poco más seria porque era más grande. Aunque yo siempre tuve esa relación muy natural con la cámara.

¿Qué sentias?

–Alguien dijo que yo tenía el don de la cámara, y creo que es verdad. Yo miraba a la lente y sabía que ahí había gente mirando y esperando que yo les hablara. Varias generaciones se criaron con mi voz de fondo, y con mi imagen, y yo tengo que decir que a mí la televisión me gusta mucho como medio de comunicación, creo que es inigualable. La tele es única, porque llega a hogares muy humildes, es fácil de manipular y sobre todo en esa época que era lo único que había. Puede ser que ahora todo el mundo tiene celular pero no reemplaza a la televisión. La tele es prender un botón y estar en el mundo.

¿Qué pensás de la televisión actual?

–Siempre hubo cosas para criticar pero esta es una televisión retrógrada, frívola, que no se actualiza. ¿Por qué hay tan pocas conductoras? ¿Por qué siempre que ponen una mujer es en dupla con un varón o hacen estos programas “para mujeres”? La televisión tiene que ser para todos y todas. Me llamó la atención que hace poco El Trece sacara un programa que se llama “Mujeres”, cuando yo en el 83 ya tuve un programa que se llamaba “Mujer”, pero ¿cuánta agua ha pasado bajo el puente? El feminismo ya ganó las calles, las pibas están en todos lados, se habla del aborto sin tapujos. Cuando mi nieto egresó del Nacional Buenos Aires, las chicas de su camada hicieron una intervención pública en la entrega de diplomas para denunciar los acosos que sufrieron todos los años de secundaria. Fue impresionante. La televisión tiene que reflejar las transformaciones sociales. Nosotras dimos los primeros pasos pero las pibas de ahora siguen avanzando con mucha fuerza. Van al choque y eso está bueno, eso no pasó en generaciones anteriores y tampoco lo muestra la tele.

Annamaria, Petrona y Juanita circa 1974

La vuelta a la democracia

BTMG sobrevivió durante la dictadura gracias al machismo de los milicos que decían “buah, es un programa para las mujeres”. En esos años lo condujeron Nora Perlé y Delfi De Ortega y el formato no se movió de sus pilares. Siguió en automático con la gente que quedó trabajando en Buenos Aires para la empresa que producía el programa. “Volver también fue complicado. Para mi fue un shock pero todo se fue rearmando y me ofrecieron hacer ese programa que te contaba recién que se llamaba Mujer”.

¿De qué se trataba?

–Eran entrevistas, había algo de cocina, era un híbrido, no funcionó porque la producción era mala. Yo tenía muy poco margen de acción. Duré un año, y cuando volvió la democracia enseguida me llamó Daniel Divinsky para hacer un programa diario en radio Belgrano. Yo no habia hecho nunca radio pero me gustó tanto la posibilidad de hacer, por primera vez, un programa feminista, con toda la libertad de acción, que dije que sí enseguida.

¿Y cómo se te ocurrió ponerle Ciudadanas?

–Me salió del alma. Estaba en la entrevista con Daniel y le decía “Yo quiero un programa feminista, donde haya mucho lugar para los derechos humanos y para las voces de Madres y Abuelas”. Me parecía además que el aporte de las mujeres en la reconstrucción de este país era indispensable. Nosotras teníamos que estar al frente, y él me preguntó “¿Y vos cómo le pondrías a un programa así?” y yo le dije “Ciudadanas”. Lo lindo fue que me dijo todo que sí porque entendió que ese era el momento histórico y que yo podía hacerlo.

Pero por qué vos, ¿si venías de conducir programas femeninos?

–Pero yo ahora quería hacer un programa feminista. Lo venía pensando hacía mucho pero no tenía el lugar donde hacerlo y la radio fue “el” lugar. Cuando terminó la dictadura yo sentí que por fin era nuestro momento. Ya me había separado. Empezamos a ir a todas las marchas juntas, le hice una entrevista a Alicia Moreau de Justo, fui a su casa con mi grabador que se enchufaba, debía ser principios del ´84. Me acuerdo que hablamos mucho de salud, del cuerpo de las mujeres, y ella habló mucho de política, era la primera en decir que todas tenían que trabajar. Ese 8 de marzo, que fue el primero en democracia, fuimos al Congreso y Alicia entró a la plaza cuando ya estaba llena, repleta, y cuatro personas la llevaban en andas en una silla. Se vino abajo la plaza.

Ciudadanas tuvo su primer programa el 1° de marzo de 1984 con Annamaria. Marta Merkin (quien falleció en 2005) era la productora y a los pocos meses empezó a conducir con ella. “Marta entraba a la mesa a darme los llamados y yo le preguntaba cosas. Y ahí se daba una pequeña charla al aire hasta que un día se sentó y nos pusimos a hablar: nos dimos cuenta que el programa éramos ella y yo hablando. Por Ciudadanas pasaron todas: las Abuelas, que nosotras le decíamos “las bobes”, Estela y Hebe, Taty, Laura Bonaparte y Laura Comte, Nora Cortiñas, Ilse Fuskova, Dora Coledesky, Moira Soto, Dora Barrancos, Hilda Rais, Isabel Allende, Diana Maffía, Católicas por el derecho a decidir, Silvina Ramos, Haydée Birgin, María del Carmen Feijóo, el Centro de Estudios de la Mujer, Mabel Bianco… Nora dijo una vez en Las12 que ella se hizo feminista por Ciudadanas, fue un espacio muy abierto, muy importante en cuanto a la difusión de ideas feministas pero también de historias de luchas por la identidad, por la filiación política, por la libertad de expresión. Fue un micrófono abierto”.

Marta había pasado el exilio en México así que ella venía con sus propios conocimientos sobre las post dictaduras latinoamericanas y los movimientos feministas. Para vos que estabas acostumbrada a estar sola al frente de un programa, ¿qué significó esa dupla?

–Marta y yo descubrimos muy pronto que teníamos muchas cosas en común a pesar de venir de distintas experiencias laborales. Enseguida nos llevamos bien y nos dimos cuenta que Ciudadanas era el programa que queríamos hacer. Empezar a trabajar así fue mucho más que eso, fue una reunión de amigas, una relación que se hizo personal muy pronto.

Y lo personal es político…

–Sí, y Ciudadanas fue el resultado de eso no solamente por mi relación con Marta sino por la relación con todas: ir a todas las marchas, encontrarnos siempre, abrazarnos, la efervescencia de la vuelta a la democracia, lo que ahora llamamos sororidad era eso: estar conectadas, dispuestas, estar en las rondas de los jueves caminando a la par. Nosotras sacamos de la cárcel a Lily Nava de Cuesta, última presa política del continente, por quien hicimos toda una campaña para su liberación frente al Servicio Penitenciario, pero antes de eso fueron años de ir a verla a Ezeiza, de hacerle notas, y de que se sepa lo que estaba pasando. En el 86 fuimos a Moscú con Marta y Lily al Congreso Internacional de Mujeres organizado por la Fedim. Éramos miles de todo el mundo, el día de la inauguración fue Valentina Tereshkova, y me eligieron para formar parte de la mesa de medios de comunicación con Gisele Halimi y muchas estaban contando sus historias: las negras que venían de África que denunciaban las ablaciones de clítoris, mujeres que venían del mundo árabe a denunciar las violaciones, las lapidaciones, casos terribles de las que habían desaparecido o de las que se habían escapado para huir de esos destinos terribles o para proteger a sus hijas. Se hablaba muchísimo de la feminización de la pobreza y de la importancia de la alfabetización en las niñas en los lugares más remotos.

Ciudadanas terminó con el fin del gobierno de Alfonsín: el menemismo lo levantó. El último programa estuvo lleno de lágrimas y abrazos militantes, la gente que fue a verlas y a solidarizarse con ellas llegaba desde el estudio de la radio, en el fondo del edificio, hasta la calle Uruguay. Salvo por entrevistas y experiencias muy aisladas, Annamaria no volvió nunca más a la tele.

Durante muchos años hiciste tele o radio todos los días, ¿por qué nunca más?

–A la televisión no volví porque di por terminada esa época. Sentí que se había terminado ese momento de mi vida, y aunque me ofrecieron varias cosas, yo siempre dije que no. ¿Qué haría yo en esta televisión, la que tuvimos en las últimas décadas? La radio, en cambio, me gusta, volvería a hacer un programa pero a partir de ahí elegí otros modos de comunicarme, porque yo me considero una comunicadora. A finales de los ochenta, cuando yo todavía hacía Ciudadanas, me invitaron a cubrir La Mujer y El Cine, el primer festival de cine realizado por mujeres. Ahí es donde las conozco a María Luisa Bemberg, a Lita Stantic, a Marta Bianchi, a Gabriela Massuh, a Sara Facio y a Beatriz Villalba Welsh y me meto en los debates: de lo que se hablaba era de la poca o invisibilizada participación de las mujeres como directoras o técnicas en la industria del cine y la urgencia y el deseo de que estas películas tengan su lugar, su difusión. Y discutíamos si el cine realizado por mujeres tenía otra mirada.

¿Y qué pensás de eso?

–El festival se hizo, creció y se agrandó por la idea de que había muchas potenciales directoras que no se animaban a filmar. La idea era que ellas se animaran a hacerlo, en esa época no había premios ni estímulos específicos entonces el festival abrió una puerta. Ese fue el espíritu: y hace treinta y dos años que trabajamos con esta idea, por más que hoy se podría llamar “Las mujeres, lesbianas, trans y travestis y El Cine”. Cuando volví del primer festival de Mar del Plata me llamó María Luisa Bemberg y me convocó para formar parte. Hoy soy la presidenta y se convirtió en un trabajo y en un lugar de pertenencia. Yo no me veo hoy ni me asumo como otra cosa que no sea feminista. Es mi forma de estar en el mundo. Son todas luchas que hay que seguir dando, como el aborto legal, el cupo laboral trans, la violencia machista, médica y social: el cambio de paradigma se viene gestando hace muchos años pero todavía tiene muchas cuentas pendientes. Todavía tenemos muchas víctimas del sistema patriarcal: la lucha continúa. 

Con Marta Merkin en radio Belgrano. EL programa duró cinco años y se llamó Ciudadanas. 
En la marcha del 8M de 1984. Foto: Mónica Tarducci.



Fuente link: