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El apocalipsis siempre defrauda | Pensar la pandemia desde el posthumanismo



Hojas y pasto cortado, cáscaras de fruta, restos de verduras y cereales, tierra, lombrices y otros bichos en un bulto que semana a semana pierde volumen porque se está fundiendo entre sí. Los restos y el hambre de los bichos, hongos y bacterias hacen juntos. Si se apoya la palma de la mano sobre ese compost puede sentir la temperatura. Está tibio. Se puede imaginar que bulle.

O tres doctoras en filosofía (UBA), docentes e investigadoras del Conicet, amigas y feministas más sus dispositivos electrónicos, los animales y las plantas convivientes, sus parentescos, las lecturas de las que se nutren, sus escritos, las imágenes que producen. Desde este otro compost piensa-milita-escribe la Colectiva Materia: Paula Fleisner, Noelia Billi y Guadalupe Lucero. Entidades que se friccionan, se afectan y son afectadas -que serían ellas pero no sólo- intentando construir lo que llaman materialismo post humano, para intervenir desde este territorio latinoamericano en debates que abarcan la ecología política, la animalidad, los nuevos materialismos, los feminismos entre otros temas de la agenda contemporánea. Y los hacen situadas en esa “zona crítica, como dice Bruno Latour, que alude a la fina capa que rodea la Tierra en la que convivimos o coexistimos con los animales y las plantas, pero también con los dispositivos, las cosas, los sistemas de información, etc.”

¿Podríamos decir que es un trabajo colectivo?

— Nuestra idea de lo colectivo es impersonal y neutra en un sentido filosófico porque pensamos esta colectiva y en general la dimensión política de lo colectivo, no como agrupamiento de individualidades sino como un espacio del estar en comunicación que excede las individualidades y más aún, excede lo humano, para poder avanzar en qué es el posthumanismo. Una traducción en términos de experiencia feminista es el concepto de marea, que no parte de individualidades sino de una especie de agenda colectiva que se actualiza en esos cuerpos que están ahí en ese momento pero que no es una suma de voluntades ni responde a un programa, sino que aparecen de acuerdo a algo coyuntural y que ya no se piensan como individualidades. Lo que nos parece interesante pensar es ese compost, para decirlo con Donna Haraway, que es impersonal y neutro no porque no tenga una valoración ética o política, sino por no hacer pie en la persona entendida como unidad moral y económica capitalista.

Y como no hay suma de individualidades, no se distinguen tampoco en esta entrevista las voces de cada quién, sino que resuenan en una misma vibración que recorre tonalidades, produce imágenes. Está afectada por la pandemia, pero con las gradualidades que se imponen cuando no es la humanidad lo único que cuenta. Ni está separada de la naturaleza, sino que se revuelca en el mismo lodo.

Noelia Billis, Paula Fleisner y Guadalupe Lucero

Ahora que en el compost también está la covid-19 ¿es una provocación para pensar, narrar, este momento? Porque parece el fin de algo ¿pero es el fin, al menos del mundo tal como lo conocíamos?

–El discurso sobre el fin es muy recurrente en la filosofía, parece que le viniera muy bien porque el fin es un tópico recurrente, casi un lugar común. Nosotras lo que en general tratamos de pensar es que esa relación con el fin no tiene tanto de excepcional, sino que más es interna a la relación misma con el tiempo. Por eso la excepcionalidad tiende a defraudar, porque no está a la altura del fin. Hay algo ahí de falla de diagnóstico en esto de pensar los tiempos liminares, de alguna manera excepcionales y no poder pensar lo que hay de estar siendo del fin permanentemente. Poder pensar la idea de apocalipsis permanente en lugar de esa ruptura que se propone como fin de los tiempos. Porque el apocalipsis siempre defrauda.

–Hay que pensar radicalmente las condiciones en las que vivimos. Y esas condiciones tienen que ver con la producción de un mundo de determinadas características. Cuando cuestionamos la idea del fin, lo primero que se nos cruza es ¿el fin de qué tipo de vida? Porque como se hizo muy evidente durante la pandemia, no todas las formas de vida son afectadas de la misma forma. No todas las formas de existencia son afectadas de la misma forma. Hay formas de vida que se pudieron sostener sin cambios dramáticos y hay formas de vida que se extinguieron, por ejemplo, de la misma manera que en un incendio muchas existencias precarizadas son expulsadas del ámbito de lo viviente. La comodidad de los discursos filosóficos que ubican todo en las preguntas acerca del tiempo y el espacio están siempre regidas por una especie de antropismo, de antropocentrismo. La idea de que el tiempo se acaba y de que el espacio se achica son ideas que solo funcionan desde una concepción del espacio y el tiempo como modos de acceso de un sujeto al mundo exterior.

–¿Y cómo accedemos al mundo sino es desde los propios sentidos? Borrar el sujeto es como desbaratar todo, “el mundo tal como lo conocíamos”.

–Nosotras nos ubicamos en una tradición que viene horadando, a través de una serie de mediaciones, la figura de el hombre del humanismo: un varón blanco heterosexual, hablante de un idioma estandar, burgués… cada vez que decimos sujeto pensamos en ese hombre que no tiene nada de universal, que se pregunta acerca del cambio de las condiciones espacio temporales en las que habita. Pero el problema acá es el cambio de las condiciones de privilegio de esa humanidad que no tiene nada de universal. Entonces la pregunta sobre qué espacio hay y qué tiempo queda, son preguntas pertinentes en ciertos espacios, para esos que sí son el hombre y no son las preguntas que se harían otros modos de existencias.

¿Y esto qué significa cuando nos planteamos la situación actual?

— Bueno, esa idea de que llegado a su fin el mundo, los humanos tendremos la forma de una especie, seríamos todos iguales, estamos todos iguales ante el fin de los tiempos. Es una idea antigua que se traslada a todo lo que llega a su fin, sea una imagen estética como una especie de cualquier animal o cualquier planta o de la humanidad como especie. Hay como un conflicto muy grande porque por una parte se dice que somos todos iguales ante este virus, este virus no hace diferencia y hay un discurso muy fuerte en que nos reconocemos iguales como especie….

–Como en las películas de Hollywood catastróficas, viene un agente externo y todes luchamos codo…

–Y sin embargo recibimos información todo el tiempo, no sólo mediática, sino sensible en nuestras vidas, que dice que no somos todos iguales, que nos afecta de maneras distintas y no es sólo que no padecemos las mismas consecuencias, sino que además no somos todes responsables de lo que sucede de la misma manera. Porque hay una idea que nos interesa poner en cuestión que es que lo que sucede no tiene responsables individualizables. Es como una catástrofe natural el hecho de que haya ahora este virus. Y esto no es cierto. No es lo mismo que un volcán en erupción. Esto tiene una larga cadena de responsabilidades y causas.

–Es como que el relato de las causas está velado por la épica de la ciencia humana corriendo contra el virus para generar la vacuna.

Creo que los discursos aparecen. En estos días apareció una noticia que decía que en alguna de esas plantas de producción industrial de cerdos apareció la inminencia de una nueva enfermedad que podría tener devenir pandémico. O sea que hay una idea sobre que ese modo de producción sería el origen de las pandemias. Esa discursividad va entrando en el sentido común, pero a la vez no se acusa recibo sobre la posibilidad de modificar esos modos de producción de alimentos, por ejemplo, sino modificar las consecuencias. Y esa necesidad de rápidamente de asumirse como especie donde todes les humanes estaríamos afectados de la misma manera obtura la posibilidad de pensar otros modos de existencia y otros modos de vida que no estarían subidos en este mismo tren, que también es el tren de la historia (que se acaba), del desarrollo, del crecimiento, que es algo que se repite todo el tiempo, cuanto crecen o decrecen los países, la economía mundial, como si se pensara eso en términos unitarios. Porque no vamos a poner en cuestión que la globalización implica algo que afecta a todo el mundo, pero no todo el mundo está participando por igual en ese proceso.

–No parece haber muchas ideas alternativas al desarrollo y al crecimiento -de la economía, de la población o del bienestar…

–Por eso nos interesa pensar los discursos de la pandemia que en realidad eran previos a la pandemia y que tienen que ver con esas voces que ya habían empezado a pensar críticamente la idea de desarrollo, qué podría ser una idea de desarrollo diferente para países como el nuestro, la idea del derecho o no derecho al desarrollo y que sería eso políticamente y qué idea de humanidad implica. Si bien efectivamente eso no aparece en primer plano, evidentemente está en el origen de la cuestión ecológica pero que a la vez se presenta como sin solución sino se puede poner en cuestión seriamente el modelo de producción.

–Pero entonces ¿Quién hace qué? ¿Qué haceres son posibles? ¿Cómo se plantea la ecología mientras China sigue produciendo -creciendo-, por ejemplo? Mientras estamos acá se desmonta, se quema el Amazonas… el año pasado salimos a la calle por eso pero ahora…

— Hay una escala de los fenómenos que exceden los términos de lo individual. Individualmente es desde donde pensamos la acción política “qué puedo hacer yo por esta situación”, la verdad es que lo que se puede hacer de manera individual es totalmente insignificante; porque me hago vegana, reciclo, cuestiones puramente individuales, son un obstáculo, más allá de que pueda ser interesante desde el punto de vista moral. Son un obstáculo para pensar la dimensión de los fenómenos que se están dando, desde el calentamiento global para abajo ¿no? porque cuando lo ves en escala global, el calentamiento está directamente relacionado con la cría de ganado, está directamente relacionado con la forma de alimentar ese ganado, el monocultivo de soja, la forma en que conviven animales humanos y no humanos de manera totalmente hacinada en frigoríficos y mataderos y en toda la línea de producción de alimentos. Una forma de producir alimentos para una población permanentemente en crecimiento y cada vez más precarizada. Son fenómenos colectivos que no sólo involucran a personas humanas sino también a otras entidades, animales, vegetales. Son regímenes de producción y de producción del mundo que llamamos naturaleza pero que esa naturaleza por ser producida no tiene nada de natural en el sentido de lo que no se puede cambiar.

¿Qué sería la naturaleza entonces?

–El concepto de naturaleza separado de lo humano produce también la idea de impotencia, ya sea para pensar en términos de cuidado de la naturaleza o de la extracción, siempre está afuera la naturaleza, en otro lado. Y una puede hacer el rastreo histórico, desde el punto de vista filosófico, de cuándo aparece este concepto de naturaleza y es al mismo tiempo que el concepto de subjetividad, es como si fueran un par, antes que pensar si hay una relación que es buena o mala, lo que hay que pensar es qué pasó antes que ahora nos resulta evidente que hay que pensar en términos de relación algo que sería la humanidad y algo así como la naturaleza. En esta idea del compost no se trata de pensar la relación entre las especies sino de ser en conjunto para dejar de pensar a la naturaleza como algo que está disponible. La idea de compost resulta más interesante, holobiontes y holoentes que incluyen una multiplicidad de existentes. Hay que pensar cuáles son las relaciones en esas existencias que nunca son una suma de individuos sino es una especie de ambiente, por decirlo de alguna manera.

Sargazos, un ejemplo de holobiontes que actuaron como barrera natural a la colonización haciendo encallar barcos y ahora detienen el extractivismo turístico ocupando las playas del Caribe.

–Y sin embargo la transmisión del virus va de individuo en individuo contagiando a poblaciones enteras.

–La retórica del contagio es una retórica que sigue sosteniéndose sobre una idea de individualidad que nosotras la pensamos como perimida. Junto con un montón de otres, claro, incluso con ciertos discursos biológicos que circulan ahora entre algunos debates filosóficos y que piensan la vida como materia que elige. Como dice Lynn Margulis, una bióloga, todo el tiempo hay algo propagándose, todo el tiempo hay un contagio de todos con todos. Justamente acá hay que ver de qué modo la vida como materia que elige está eligiendo estos caminos y cuáles son las condiciones que nos llevaron a que sean estos caminos. Hay una serie de mediaciones desde estas posturas ontológicas que tratan de pensar por fuera de la lógica de los individuos a partir del compost. La idea de individualidad está sostenida en esta concepción inmunológica en la que siempre algo tiene que quedarse afuera para que funcione. Y esto en las políticas estatales para atravesar la crisis se nota todo el tiempo, todo el tiempo hay una decisión sobre cuál va a ser la línea de corte. Lo que importa es la vida, pero en función de eso ¿cuáles vidas importan? Y qué decisiones vamos a tomar para proteger eso que importa.

Si pensamos que son los modos de producción que no se detienen los que producen la crisis, la famosa oposición entre vida y economía resulta falsa.

— Hoy en día las acciones financieras globales tienen que ver con la producción de alimentos y eso necesariamente nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida porque cualquier plato de comida que nos llega a nuestra mesa, si tenemos mesa y si tenemos plato, tiene que ver con los flujos financieros de una forma directa porque lo que impera es lo que Timothy Morton llama una agrologística. El tipo de capitalismo de esta época está basado en la producción de condiciones que hacen posible la vida en el sentido más lato. Se producen monocultivos de granos que necesitan territorios cada vez más extensos y si bien esa tendencia nace con el propio capitalismo se sigue eligiendo de manera permanente esa economía que produce este tipo de vida.

–Se pierde diversidad en la forma de alimentarse, de degustar y a la vez la pérdida de olfato es el síntoma de la enfermedad, toda una metáfora.

—-Adorno dice y también Nietzsche que el materialismo surge de la reivindicación del olfato frente a la vista. Adorno particularmente dice que se volvió materialista cuando en su infancia vio pasar el carro de la perrera. Cualquiera que haya olido esos perros muertos accede a la refutación del idealismo como mecanismo que transforma todo en ideal y reduce todo a un yo que a su vez adquiere todos aquellos binomios que están asociados con el bien: el alma sobre el cuerpo, el espíritu sobre la materia, el varón sobre la mujer, las categorías binarias que fueron construyéndose en torno al pensamiento occidental.

–La vista se puede regular, te podés sustraer a lo que ves y eso supone la distancia. Entonces se abre un espacio para la soberanía del sujeto. El yo de mi interioridad queda a distancia de todo lo demás. El olfato, a contramano de eso, no puede ser cerrado, no puedo evitar sentir el olor asqueroso con el que el agua está saliendo de la canilla ahora. Entonces eso genera otro tipo de malla sensible de la cual es mucho más complicado sustraerse. Y esa sensibilidad por lo cercano también genera resistencia al diagnóstico que dice que no importa de dónde viene mi comida, no importa de dónde vienen los materiales de las cosas con las que me relaciono todos los días porque lo que importa es aquello que yo puedo mantener a distancia y entonces puedo manipular.

Claro, es más fácil ponerse la campera de cuero si una mantiene a distancia que es la piel de la vaca. Pero ahora las nociones de distancia y cercanía también están explotadas. “Distanciamiento” debe ser una de las palabras más usadas en los últimos cuatro meses.

–Lo cercano se volvió lo inmediatamente cercano mientras nos damos cuenta de que dependemos de cosas que están por fuera de nuestro alcance para sobrevivir. Y ahí hay unos nudos de problemas que develan una ironía genial: que haya sido un virus, algo que está en el borde de lo viviente –porque no es viviente aunque solo se propaga a través de células vivas–lo que nos haya hecho evidente a través de la pérdida del olfato hasta qué punto necesitamos creernos a distancia de las cosas para poder interactuar con el mundo.

— Esto del olfato que puso en evidencia la pandemia es como correr el límite de lo que podemos soportar ser meramente una imagen, estar siempre mediades por una distancia. “Bueno, nos encontramos de otra manera”, se dice, pero ese encontrarse o esa otra posibilidad de convertirnos en imagen y viajar por el mundo como imágenes está posibilitada por unos medios materiales muy concretos. La posibilidad misma de que esos medios funcionen implica toda otra relación extractivista con la naturaleza sobre la que no nos preguntamos demasiado. ¿Cuáles son las condiciones materiales de posibilidad de internet? ¿Dónde está el cable que nos conecta? ¿Por dónde entra? ¿Quién lo podría romper? Porque ese cable existe, la nube no está en el aire sino que ocupa un espacio muy concreto, real, hay materias puestas en juego ahí y requieren relaciones y recursos para que exista en cantidades casi inagotables. Ese acceso no está puesto en cuestión como necesidad vital. Lo veo en relación con el olfato porque justamente lo que hemos naturalizado es una exacerbación de algo que ya venía relacionado con la visión, la imagen del sujeto moderno y donde el olfato es lo que no necesitaríamos. Pero es a lo que hay que estar atentas como síntoma.

–Y a la vez de la muerte, que también se hizo presente como tema -aunque sea más que todo un conteo diario-, lo más concreto que tenemos es el olor. Lo que sentimos caminando cerca de los nichos de Chacarita, por ejemplo, aun sin bajar a esos laberintos.

–Ese olor es lo que no se puede sublimar. Sin embargo hay una forma de pensar la existencia vinculada a una imagen de la que no podemos dar cuenta materialmente y que a la vez no sabemos cómo se produce. No sabemos qué hacer si nos quedamos sin internet o si se rompe un dispositivo. Hay algo que dice Silvia Schwarzböck (también filósofa) en relación a la televisión pero que se continua en las redes sociales y es que la imagen es una especie de certificado de existencia y que el “vivo” es una nueva certificación de supervivencia, como la que le piden a los ancianos para cobrar la jubilación.

–Y en la pura imagen no hay olor. Y si no están las videollamadas es como si los vínculos fueran diluyéndose, perdiéndose. Más allá de que este no sea un momento de fin ¿No se sienten en duelo?

–¡Y sí! Eso inesperado que pasaba en la calle, en los encuentros que no pueden ser calculados, eso que se volvió una pura amenaza: lo inesperado pasó a ser estar enferma y tener que aislarte aun más. Hasta se perdió la posibilidad de decir cosas y que no queden grabadas. Hay algo de lo efímero que se da en cualquier ámbito de la escena pública que no es el de la casa que ahora no tenemos y que es un duelo en el cuerpo.

–¿Cómo seguimos con el problema, como dice Donna Haraway? ¿Cómo seguir buscando maneras de vivir juntes ahora que, además, hasta la desobediencia parece haber sido expropiada por la derecha?

Haraway, justamente dice seguir con el problema, no plantear la solución. Es distinto plantear seguir con el problema que decir qué se puede hacer ¿Cómo vamos a seguir viviendo? En principio no sabemos. Todo va a seguir, porque el planeta no va a implosionar. Esto que dicen las chicas de que el apocalipsis defrauda es un poco eso, desde un punto de vista cosmológico es insignificante la vida, todo va a seguir siguiendo y de hecho sigue siguiendo. Entonces lo interesante ahí es no dar soluciones inmediatas a diagnósticos que no estamos entendiendo. Detenerse a hacer el diagnóstico, detenerse en incluir ciertas problemáticas que quedan opacadas por la urgencia de las cosas que se dice que son más urgentes, en nombre de una serie de criterios que ya se establecieron y que no se van a poner en duda: por ejemplo que preservar la vida humana es lo que importa a como de lugar, es estar todo el tiempo entrampades. Tenemos que volver a decir No, pero no es no a la cuarentena o a las medidas de aislamiento. Es No tenemos el mismo diagnóstico y no se puede pensar así la solución porque necesariamente tenemos que seguir con el problema.

–Detenerse a pensar, a imaginar como forma de desobediencia.

— No digo que el mundo debería detenerse para que nos sentáramos a pensar, pero sí creo que estar sentada pensando no es hacer nada. Por otro lado, entiendo lo que decían antes del veganismo como gesto cool pero sustraerse de ciertos espacios es una decisión política. Porque lo personal es político, siempre. Entonces hay veganismos y hay veganismos. Hay modos de circular en el consumo de las cosas. Por supuesto que es apropiable, hay un capitalismo verde, la ecología del súper y los consumismos cool son agenciables por quienes quieren que esto siga siendo siempre igual, curando las heridas más graves para no cambiar nada. Pero también es cierto que cualquier modificación que una haga puede generar el efecto mariposa y eso tampoco lo sabemos. Y ahí también hay que tomar decisiones todo el tiempo.



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Divulgame toda | Redefiniendo el placer sexual y el autocuidado en cuarentena



¿Dónde aprendemos a tener sexo? ¿Quién nos educa en el placer? ¿Quién define lo que es placentero? ¿Cómo construimos deseo sexual? ¿En las películas, en el porno mainstream? ¿Cuántas fantasías no socializamos por miedo a que nos tilden de rarxs o simplemente porque son consideradas tabú? ¿Por qué las practicas fetichistas y el BDSM continúan siendo asociadas a violencia sin consentimiento? “¿Ya te cansaste de garchar cómo te enseñaron?” preguntan lxs creadores de la tienda erótica de salud sexual y placeres transfeminista Kinky Vibe al público de sus redes, bajo el lema: “No habrá libertad real sin deconstrucción del deseo”.

Kinky Vibe surgió en 2015 ante la necesidad de generar espacios para conversar sobre prácticas fetichistas y BDSM, creció en muy poco tiempo y hoy es una cooperativa que no solo vende y distribuye juguetes sexuales, lubricantes y remeras, también se dedica a la divulgación de temas como salud sexual, placer, fetichismo y género a través de fanzines, libros y talleres. “No somos un sex shop ni queremos serlo. Queremos que exploren, pregunten, conozcan y se diviertan”, enuncian en su web
donde invitan a realizar consultas. “Nuestro objetivo es abordar temas complejos como son el placer o las prácticas sadomasoquistas, desde una perspectiva interseccional, antifacista, disidente que busque no solo visibilizar las practicas sino entenderlas en su contexto sociopolítico”, explican sus creadorxs, Melina Feld y Paula Sequeira.

¿Por qué históricamente el BDSM y el fetichismo son prácticas consideradas patológicas?

–Primero haríamos la aclaración de que no es “históricamente”, sino que es desde la institucionalización de la medicina, siglo XVII, XVIII en adelante. Las prácticas eróticas y sensuales no relacionadas específicamente con las prácticas reproductivistas han existido desde mucho antes de su “patologización”. En nuestros talleres intentamos hacer énfasis en que previo al nacimiento de la psiquiatría y los estudios de la sexualidad, había muchas prácticas que no eran catalogadas o experimentadas como “otredades”, o “perversiones”. El mismo Kamasutra tiene descripciones de cómo eróticamente morder a une amante, o golpear sus nalgas. Prácticas que hoy en día bajo nuestros lentes occidentales, blancos y atravesados por las lecturas medicalistas, llamaríamos “sadomasoquistas” si las miramos con “bondad”, y “desviadas” si respondemos a las lecturas de las esferas puristas, reproductivistas y fascistas en las que la Iglesia y las medicinas de derecha se revuelcan.

¿Qué significó ese cruce entre la Iglesia y la medicina?

–Hablamos de una mirada occidental blanca y (cis)heterosexual, la cual ignora todo tipo de otras prácticas y sexualidades que no entren en esa esfera. Muchas de las construcciones de sexualidad hegemónica que seguimos teniendo en la actualidad tuvieron su nacimiento en el cruce entre la iglesia y la medicina. En 1886, el psiquiatra alemán Richard Von Krafft-Ebing publicó Psicopatía Sexual, un libro forense de referencia para médiques y jueces donde introduce términos como “sadismo”, “masoquismo”, “homosexualidad”. Entre sus creencias se encontraba la idea de que cualquier pulsión sexual que no tuviera como fin la procreación, debía considerarse como “desviada”.

¿Cómo se construye esa idea de que hay prácticas sexuales patológicas?

–Llamamos patologización a la práctica estructural de identificar ciertos rasgos, conductas, individuos y/o comunidades como intrínsecamente trastornados, y otros como saludables. Teniendo en cuenta este eje, estructuralmente, se consideran saludables a las prácticas centradas en el coito, en el contacto genital entre personas cisgénero, blancas, heterosexuales con un vínculo estable, preferentemente casades, provisto de herramientas para su sostenimiento. Recientemente esto se ha flexibilizado, en algunos lugares progres tal vez pueden agregar algún juguete, fantasear con la idea de un trío, o tal vez comprar unas esposas con peluche, pero por ahí anda el límite. Esto es lo sano, lo normal y lo aceptable. Aunque existan comunidades sadomasquistas, aunque existan mercados, entendiendo que la asimilación y marketinización con nuestras prácticas no equivale a que se vean nuestras sexualidades como válidas y dignas de respeto, seguimos siendo vistes como desviades.

Es kink, no sucio

Detrás de este proyecto autogestivo
hay dos jóvenes haciendo miles de tareas, Paula Sequeira (25) ilustradora, publicista y autora de los fanzines que se pueden encontrar en la web y otras piezas gráficas informativas y Melina Feld (24) la cara más visible de Kinky Vibe, protagonista de los vivos de Instagram y los talleres donde despliegan una minuciosa pedagogía para abordar temas cómo género y BDSM desde una perspectiva despatologizante y dirigida especialmente a comunidades queer.

El sexo kink hace referencia a prácticas sexuales y eróticas “no normativas” o “no convencionales”, que han sido cuestionadas y patologizadas por la psiquiatría. Recién en 2013 la quinta versión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales que elabora la Asociación Estadounidense de Psiquiatría incluyó una corrección donde aclara que las prácticas fetichistas y el BDSM incluidas dentro del concepto “parafilia” solo se considerarán “desórdenes mentales” si se establecen relaciones no consensuadas o con personas que no tienen la edad legal para consentir. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, aún incluye estas prácticas dentro de su clasificación internacional de enfermedades como “trastornos impulsivos y de hábito”.

¿Cuál sería el ABC del BDSM?

–El BDSM es un acrónimo y un término paraguas que significa: B de (bondage) restringir la movilidad de alguien (sea nosotres u otre), ya sea con cuerdas, esposas, grilletes, nuestras manos o un pañuelo de seda. D/S de intercambio de poder o dominación/sumisión, en donde una de las personas tiene “autoridad, control o poder” sobre la otra persona, dentro de una escena y de forma consensuada. Y después tenemos S/M o sadomasoquismo, que implica dar o recibir experiencias corporales de distinta índole. Ya sea nalgueadas, cera de velas, cosquillas, azotes, entre miles de posibilidades. Una vez que lo describís y lo ponés en perspectiva, muches se dan cuenta de que casi todo el mundo hizo alguna de esas prácticas. La sexualidad humana tiene mucho de juego, y el BDSM es muy lúdico.

¿Qué recomendaciones les darían a aquellas personas que quieren comenzar a practicarlo?

–Para alguien que quiere empezar a tener prácticas fetichistas y/o sadomasoquistas, lo principal es: comunicación, cuidado, precaución y consentimiento. Las cuales deberíamos tener en todas nuestras relaciones, sean sexo afectivas o no. Entender que cualquier encuentro con otres es también un encuentro con sus subjetividades, y que debemos poder cultivar conjuntamente formas de vivir nuestras prácticas y sexualidades desde otros ejes, más constructivos que los que nos enseñaron. Encontrar las partes adentro y afuera nuestro que castigan, disciplinan y buscan extinguir las prácticas consensuadas entre adultes que se escapan de las construcciones de “lo normal”. Creo que, a través de empujar contra las normas, y los dispositivos que castigan nuestra sexualidad, podemos ser más libres.

En época de pandemia abunda el contenido online, pero todavía es difícil encontrar información segura y confiable sobre estos temas, por eso la data de Kinky Vibe puede ser de gran ayuda para informarnos sobre de cuidados, profilaxis, preservativos para vulvas, BDSM, erotismo, identidad de género, tips para usar juguetes sexuales, cómo evitar el cis-sexismo y más. El año pasado Pau y Mel lanzaron la editorial Vibra Mutante donde publican fanzines con contenido teórico sobre sexualidad y géneros con la colaboración de distintxs ilustradorxs, como Carla de Tal. En su web también se puede encontrar un recursero
para personas trans sobre salud sexual y reproductiva, violencias, salud mental, testeo rápido de HIV, aborto e ILE.

Muchas veces el porno mainstream presenta prácticas de BDSM que reproducen ideas machistas y/o racistas ¿Qué lugar juegan los privilegios y las posiciones de poder en esas representaciones? ¿Y en el momento de la práctica real?

–Este es un tema complejísimo y que genera muchísimas discusiones internas en los movimientos y activismos sadomasoquistas. El BDSM como práctica tiende a “erotizar” y “burlar” el “poder” y sus relaciones estratégicas, dando cuenta en el mismo acto de su existencia. Lamentablemente, no es todo tan simple. No podemos pensar las prácticas, ninguna práctica, como existente en el vacío. Si las estructuras en las que existen esas prácticas son racistas, cis heteronormadas, capacitistas, sexistas, clasistas, entre muchas otras opresiones, no podemos pensar que las mismas no van a tener una cuota de eso. La pregunta es qué hacemos para desarmar esas estructuras o al menos no reproducirlas hacia el interior de nuestras relaciones. La sexualidad está profundamente atravesada por estructuras sociales, culturales y territoriales. En el encuentro entre dos o más personas, también hay un encuentro entre privilegios, y desigualdades. Hay un momento en donde ya no hablamos de “comunidad de BDSM” que es a lo que mucha gente se refiere y con lo que muches no nos identificamos, ya que creemos que la mayor parte de esas comunidades utiliza las prácticas disidentes -disidentes de la norma, o con potencialidades contrahegemónicas- para reforzar sus posiciones de poder y privilegio, entendiendo que estas comunidades están mayoritariamente conformadas por personas que históricamente han estado en posiciones de poder. Por eso es que también hacemos tanto énfasis en empezar a hablar de “prácticas fetichistas” o “sadomasoquismo”, y por lo cual esas mismas prácticas han sido visibilizadas y llevadas a cabo por comunidades LGTBQ+ y trabajadores sexuales hetero y no-hetero mucho antes de que personas heterosexuales cis las practicaran. Esto en parte se debe a que al existir esas mismas identidades y prácticas (LGTBQ+) en la marginalidad hubo más espacio para la existencia y re-florecimiento de otras prácticas, identidades y experiencias como toda la subcultura leather, y BDSM consideradas marginales también.



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Thelma Fardin le contesta a Eduardo Feinmann | “¿Serían capaces de querer construir en el imaginario que una mujer abusada no tiene derecho a trabajar? Sí”




| “¿Serían capaces de querer construir en el imaginario que una mujer abusada no tiene derecho a trabajar? Sí”



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Un peligro para el orden mundial patriarcal | SOLIDARIDAD CON LA REVOLUCIÓN DE LAS MUJERES KURDAS



Vivir libremente, hablar la propia lengua, cantar sus canciones, organizarse en Casas de las Mujeres y debatir los problemas comunes en asamblea. Construir sus propias escuelas y hospitales. Son algunos de los principios del confederalismo democrático, al que se conoce también como la revolución de las mujeres kurdas. Un nuevo ataque del régimen turco de Recep Erdogan se despliega en la región que ocupa zonas de Iran, Irak, Siria y Turquía. Los objetivos militares son los lugares donde se viven nuevas formas de organización social basadas en la emancipación de las mujeres para derribar toda opresión, una premisa del Partido de los Trabajadores de Kurdistan, cuyo líder Abdullah Öcalan está preso desde 1999 en Turquía. 

Hubo ataques aéreos sobre Kurdistán del sur, en el norte de Irak. “Estamos hablando de una docena de aviones de guerra que el 15 de junio han atacado simultáneamente el área de Shengal, tierra ancestral de la comunidad yazidí y el campo de refugiados de guerra de Makhmur, donde hay más de 12.000 habitantes”, contó Alessia Dro, del Movimiento de Mujeres de Kurdistán en América Latina. “Las bombas afectaron a civiles, a niños, a mujeres, a los hospitales”, reforzó Alessia.

¿Cuál es la historia de ese campo de refugiados? Hace apenas cinco años se liberaron del Estado Islámico, que atacó, esclavizó y mató a mujeres, y a toda la población civil. Las mujeres kurdas tienen clara la relación de esa organización con Turquía. “Cada vez que el estado islámico no logró ganarle a la defensa popular auto-organizada de la gente –porque no estamos hablando de combatientes profesionales ni de un ejército, estamos hablando de un pueblo de refugiados que ha defendido el área donde vivió–, atrás va el estado turco a seguir la tarea, con la misma voluntad de eliminación. Es importante ver que el Isis (Estado Islámico) es el brazo armado de Turquía”, subraya Alessia.

Virginia Benedetto es la única reportera gráfica argentina que pudo llegar a las tierras revolucionadas por las kurdas. Su gran pregunta –y su bronca—es por qué estos bombardeos no generan la indignación internacional que merecen, y que provocarían si ocurrieran en Europa. “Son ataques contra un pueblo que quiere vivir libremente, tener su autonomía, cantar sus canciones, hablar su idioma, que a sus niños no les caiga la bomba mientras están en la escuela, que no les bombardeen el hospital. Porque si no luchan, les espera la esclavitud. Y ese pueblo ha padecido muchísimos genocidios. El pueblo kurdo ha tenido otros levantamientos, que siempre fueron sofocados con masacres, pero este último levantamiento iniciado en 1978 no lo han podido sofocar, entonces desde Turquía tienen una política de opresión continua”, plantea Benedetto sobre la agresión que sufre esa revolución.

Otro ataque fue en una zona emblemática. “Turquía está intentando obtener el permiso para atacar y ocupar Kobane, que es la ciudad donde el Isis fue derrocado por primera vez por la brigada popular de Autodefensa de Mujeres y es en sí mismo el símbolo de la Revolución de Mujeres de Rojava”, alerta Alessia y le da un contexto geopolítico a lo que considera una vía libre internacional para la agresión. “Rusia dio permiso de invasión a Turquía y al mismo tiempo las tropas estadounidenses que hicieron, sin cumplir, un último acuerdo diplomático garante de la paz, dejaron las áreas que tenían que proteger y días después de esta ausencia tuvimos noticias de la invasión de Venezuela a través de Colombia. Entonces, Estados Unidos retiró las tropas desde el norte de Siria para iniciar otros proyectos hegemónicos, en este caso en América Latina. Nada tiene que ver con la garantía de la paz. Estados Unidos y Turquía tienen un acuerdo, igual que Turquía y Rusia”.

La técnica utilizada por Turquía en Rojava es asesinar con drones a personas seleccionadas como objetivos. El 23 de junio pasado, el estado turco cometió tres crímenes. Zehra Berkel, miembra destacada de la organización de mujeres Kongra Star de la región del Eufrates, Hebûn Mele Xelîl y Amina Waysî, mujeres igualmente comprometidas en el movimiento de mujeres en el norte y este de Siria, asesinadas en un bombardeo de aviones turcos no tripulados en la aldea de Halinja, cerca de Kobane. Además, en Besre, en Deir Ezzor, se realizó un brutal ataque a la Casa de las Mujeres. “Creo que más allá de la dinámica patriarcal interestatal que Turquía va llevando adelante, es muy claro el ataque a las mujeres. Zehra es una compañera que impulsó la reconstrucción después de la invasión de Isis en Kobane, después de la histórica liberación de la ciudad por el pueblo kurdo, árabe, armenio, que logró derrotar al Isis en esta área, Zhera fue la encargada de construir la ciudad desde una perspectiva de mujeres, descentralizando el área comercial, haciendo grandes espacios circulares, y parques desde una dimensión ecológica, fue una de las personas que lideró este proceso”, rescata Alessia.

Acuerdos de Turquía con Iran, Estados Unidos y Rusia son el principal escollo para la autodeterminación del pueblo kurdo. “Cuatro días antes del ataque, el estado turco ha ido directamente a Irak para generar un diálogo. Intentan, con su presión diplomática, legitimar su intento de invasión al norte de Siria diciendo que ahí hay grupos terroristas. En este sentido, las mujeres que van luchando contra la dimensión patriarcal de los estados, son objetivos de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y de los estados que van apoyando a Turquía, pero sabemos también que frente a todo eso, están llevando adelante una resistencia extremadamente fuerte”, subraya Alessia.

La estrategia del Movimiento de Mujeres de Kurdistan es “llevar adelante otro tipo de solidaridad internacionalista basada en luchar juntos en un sentir pensar. Estamos viendo que hay una guerra de los estados naciones contra la autodeterminación de los pueblos”.

¿Qué se puede hacer para rechazar la muerte de miles de personas en Kurdistan? La solidaridad internacionalista va más allá de la firma de un petitorio, y se puede leer día a día la actualidad de esa lucha en http://kurdistanamericalatina.org/

Por otro lado, Alessia pide a quienes viven en Argentina que no compren productos provenientes de Turquía. “Es importante saber que quien viaja a Turquía de vacaciones o quien compra productos turcos en Argentina está financiando una de las más feroces dictaduras de nuestro siglo, homofóbica y fundamentalista de Erdogan”.

Así, Alessia convoca a “apoyar la resistencia histórica de los pueblos y de las mujeres que en medio del caos han construido un sistema alternativo a la realidad capitalista y patriarcal. Esta es la respuesta que el movimiento de las mujeres kurdas está dando, saber que desde siempre la libertad de las mujeres constituye la antítesis histórica a la explotación y a la guerra. En ese sentido necesitamos como mujeres en todo el mundo, no sólo oponernos denunciando sino también unir nuestra lucha y ampliar el espacio de libertad que podemos juntas construir”. La activista del Movimiento de Mujeres de Kurdistan en América Latina retoma la frase de una de las fundadoras, Sakine Cansız, quien afirmó: “La libertad no es algo que ha soñado o que has anhelado, es algo que en verdad se puede construir cada día junto con otras y otros”. Así lo están haciendo, con libertad religiosa, con asambleas y democracia radical, en Kurdistan. Aunque se pueda pensar que queda lejos, no es así: la autodeterminación de los pueblos de Medio Oriente mejora el mundo aquí y ahora. 



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Kermese del día después + Mareadas en la marea: diario íntimo de una revolución  | 10M: el temblor de la tierra se replica en el Museo de la lengua y el libro



Bajo la flamante dirección de María Moreno, reina de los barroquismos castellanos, el Museo del libro y de la lengua reabre sus puertas nada más ni nada menos que el 10 de marzo, el día después del Paro Internacional Feminista que esta vez cae 9M (un domingo no permite desplegar el paro productivo en todo su esplendor). Entonces a la seguidilla de actividades alrededor del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, devenido en Paro Internacional Feminista desde 2017, se suma el festejo del día después: 7M día de la Visibilidad Lésbica, 8M acciones en territorios y paro reproductivo, 9M paro y movilización, 10M Kermés del Día Después. El concepto es una muestra interactiva en homenaje a la Maratón de poesía contra el femicidio realizada en marzo de 2015 en el Museo del Libro y de la Lengua (entonces bajo la dirección de María Pia López) y nacimiento ritual del movimiento Ni Una menos: como un efecto de la politización de la lengua poética y una erotización y poetización de la lengua política. La recuperación colectiva y gozosa de la tradición de las lenguas de las locas como punta de diamante de las lenguas en lucha marcó un hito en la historia de los distintos lectos del castellano argentino y de las lenguas indígenas y originarias o migrantes que se hablan en el territorio (la mal llamada lengua nacional). Es por eso que el Museo del libro y de la lengua celebra la revolución feminista a 5 años del brote del grito colectivo Ni Una Menos, como un acontecimiento de la historia de las lenguas y los libros que cambiaría la historia latinoamericana.

En palabras de la Moreno: “Según el diccionario la palabra kermese viene del neerlandés medio y está compuesta por kerk que quiere decir iglesia y mis que quiere decir misa . Pero una necesaria amnesia política, nos hace hoy olvidarnos de esas acepción por otra: la de una ‘una explosión desenfrenada de libertad popular’. Le kermese del día después mezcla la resaca con la asamblea, las destrezas y habilidades para todes (sin la rivalidad ni la saña), con la regresión a la infancia, evadiendo el control de psicología y de la etiqueta burguesa en una pedagogía del humor. La kermese del día después alude también a la pastilla del día después, denominación común del Misoprostol ya que una de las causas de los feminismo es la del derecho al aborto legal, libre y gratuito.”

El evento tiene múltiples dimensiones y etapas. El 10M coinciden la Kermés del día después (muestra interactiva con picadito feminista, canilla libre de poesía, recitales de música, feria feminista y juegos disponibles para les visitantes, organizada por la escritora e investigadora Laura Arnés) con la apertura de la cuarta edición de la muestra “Mareadas en la Marea: diario íntimo de una revolución feminista”, curada por Fernanda Laguna y la que suscribe, que estará exhibida hasta el 10 de junio.

Mareadas en la marea es un proyecto de investigación y un archivo-vivo del presente que llevamos a cabo desde 2017, a partir de nuestra experiencia como integrantes del colectivo Ni Una Menos y desde una perspectiva íntima y totalmente subjetiva. El archivo se ha exhibido como muestra ya cuatro veces y promete varias apariciones más. Es la historia de dos amigas atravesadas por un proceso revolucionario global, mareadas por el enorme caudal y la radicalidad creativa de ese sujeto histórico y político que llamamos la marea feminista. La marea es el sujeto colectivo que las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries del mundo estamos componiendo en manifestaciones oceánicas de miles a millones de cuerpos sexuados, articulando el mayor y más furioso movimiento feminista de la historia. La marea se alimenta a base de horizontalidad, interseccionalidad, transversalidad, amistad política, alianzas insólitas y el tejido de un nuevo internacionalismo que viene desde el sur y desde abajo. Este acontecimiento de una revolución sensible, se ha experimentado como un acuerpamiento mundial (como se lo llama en Guatemala): poner el cuerpo en una vibratilidad que despierta lo colectivo en lo singular y nos hace percibir una mismidad (por fuera de la identidad) que activa la sororidad, tegumento de la marea. Esa construcción del cuerpo colectivo es un proceso del deseo, una activación y liberación de potencias como forma de acción micropolítica, que se articula macropolíticamente también.

Ya desde la primera marcha Ni Una Menos el 3 de junio de 2015, debut espectacular de la marea, pudimos percibir el carácter particular de ese tipo de acción callejera que desde entonces no ha parado de crecer. Fuimos, por primera vez, cientos de miles; y pudimos reconocernos por primera vez en un nosotras masivo y diverso, que con el tiempo se amplió a nosotres. Desde entonces comenzó un proceso creativo extraordinario y sin precedentes que se reapropia de las prácticas creativas emancipándolas de la esfera puramente estética, liberando la potencia de creación en nosotres mismes como un acceso directo a la naciente del deseo, y activando el principio constructivo de lo común como germen del mundo por venir. Se configura así un movimiento que llamamos vanguardia feminista.

Junto con la explosión humorística (que literalmente nos ha cambiado hasta el sentido del humor) se produce un efecto de extrañamiento respecto de la trama de las violencias más evidentes y de los micromachismos. Ese efecto es popularmente conocido como los anteojos violeta: la perspectiva feminista para la que nada será natural y que implica la desnaturalización de la trama patriarcal de lo cotidiano. Ese extrañamiento no es otra cosa que el efecto estético desde la perspectiva de las vanguardias históricas: ostranenie, para los formalistas rusos, efecto de distanciamiento para Brecht; desautomatización de la percepción para los surrealistas.

La vanguardia feminista lleva a cabo el sueño de las vanguardias artísticas históricas: que la potencia de creación se radicalice y se masifique, que salga a la calle y llegue al Estado (y que entrar al museo no la desactive sino que la potencialice). Esta vanguardia popular, anónima y colectiva se nutre del humor, de la distancia crítica, y sobre todo, de la colectivización del trabajo intelectual, artístico y espiritual: la reapropiación colectiva de la fuerza creadora y de la propia pulsión vital, el combustible del sistema colonial-capitalístico. Para salir a la calle y organizarse, la marea pone en funcionamiento una máquina de transformación subjetiva y de expresión que al crear lenguajes, imágenes, conceptos, elabora utopías y opera una transformación sensible del mundo que deseamos, aquí y ahora, para que valga la pena vivir.

Mareadas en la marea es tanto un archivo-vivo como un diario íntimo-público colectivo de dos amigas surfeando la marea o dejándose arrastrar por ella, explorando los materiales de un levantamiento sensible encontrados en archivos personales. Objetos de poder, souvenirs que hablan, resonancias inéditas, conexiones reveladoras, sororidades, escrituras y lecturas insumisas construyen algo absolutamente nuevo: la fuerza del deseo como cambio social que se impone sin pedir permiso. La historia aparece en lo personal como lo radicalmente político en un mapa de la amistad como vínculo revolucionario. Estos cinco años del movimiento Ni Una Menos constituyen un tiempo intensificado que vivimos a toda velocidad, mareadas y fascinadas por el descubrimiento de lo que somos capaces de hacer, de nuestra expansión y potencialización como sujetas y sujetes de deseo y de derecho, con la certeza de que #EstamosParaNosotres y que #NosotresNosOrganizamos para cambiarlo todo porque #NosMueveElDeseo.

Citando a nuestra célula madre María Moreno, se trata de una “puesta en escena de los feminismos de hoy que son anticapitalistas, antibiologicistas y populares, abiertamente comprometidos con la emancipación latinoamericana. Proponen una revolución que empieza por el cuerpo y sus humores en los dos sentidos, la sororidad sin tabú del incesto que las italianas tradujeron en afiddamento, la belleza de la huelga como potencia y brillo , la política como fiesta y levante mundial, las femineidades y masculinidades trans que jaquean el monocorde catálogo genital del presente.”



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El tesoro de la lengua | Los poemas escondidos de Inés Araóz 



“En esta misma casa/ Estática/ Que construí con la pasión/ De quien va a montar su primera obra/ El techo de los pobres/ El techo de los ricos/ El de quien al fin agacha la cabeza/ Y entra al mundo”, escribe Inés Aráoz en uno de los poemas de Echazón (2008). Desde esa casa en San Miguel de Tucumán, su ciudad natal, Aráoz fue construyendo con la misma pasión un hábitat verbal tan exuberante como elevado. En la Casa-Barco. Obra reunida (el “libro gordo”, como ella lo llama), que publicó la Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán, contiene su obra poética hasta 2016. Escritora secreta, aún poco reconocida en el mundo literario si se tiene en cuenta la magnitud de su obra, Aráoz ha impuesto su nombre, sin proponérselo, a fuerza de talento y perseverancia. Y gracias a las gestiones de escritores y creadores más jóvenes, empieza atrascender fronteras.

En 2018, el escritor y cineasta Fabián Soberón estrenó el documental “Luna en llamas”, donde presenta la figura huidiza de Aráoz, que casi no concede entrevistas ni participa de actos literarios. En 2019, la Academia Argentina de Letras premió su libro Al final del muelle (2016), que cierra la obra reunida, junto con otro del chubutense residente en Salta Juan Carlos Moisés, en el rubro poesía del trienio 2016-2018. Así, su nombre se integra a una lista que incluye a Olga Orozco, Amelia Biagioni y Paulina Vinderman, entre otrxs autorxs. Y este año, llegó el turno de la esperada obra reunida: un volumen de más de setecientas páginas, donde conviven poemas, relatos, notas, traducciones, imágenes y “textos intersticiales”, una forma verbal inédita que sugiere que el mejor refugio para la poesía se ubica entre un lugar y otro. Al fin y al cabo, como enuncia un dístico, el poema no es otra cosa que cosa una de “las varas para medir el mundo”.

–¿Cómo surgió el proyecto de reunir tu obra literaria?

-En 2016, si mal no recuerdo, dos jóvenes poetas muy emprendedores que solían llegarse a la Casa-Barco, Sofía de la Vega y Ezequiel Nacusse, me manifestaron su deseo de publicar mi obra completa si contaban con mi aprobación. La idea era respetar al máximo las ediciones originales. Fueron ellos, entusiastas, quienes finalmente se contactaron con la Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán (Edunt) en la persona de Rossana Nofal, su directora. Y la universidad, generosamente, se embarcó en la aventura, con la colaboración de un magnífico equipo y el aporte incansable y permanente de Sofía y Ezequiel que, además, escribieron el prólogo. Naturalmente, la tarea era un poco más complicada de lo imaginado en relación con la composición del material y hubo que hacer algunos cambios menores. Que Edunt haya publicado

En la Casa-Barco

es un orgullo para mí que durante tantos años frecuenté sus ámbitos y recibí de ella nutrientes, fuera en la Facultad de Filosofía y Letras o en su Escuela de Música o en la Escuela de Luthería. Y por último, cómo no agradecer el entrañable epílogo de Osvaldo Aguirre y las ceñidas palabras de Eugenia Straccali. Muchas veces lo he pensado: haga lo que haga, me lo paso encontrando tesoros.

–No recordaba que habías estudiado luthería…

–Fue solo un año, pero hice una guitarra ¡y me saqué un diez! ¡Tanto en el teórico como en el práctico!

–¿Qué es la Casa-Barco?

–Es la casa en donde vivo y que, a propósito para navegar a mis anchas, empecé a construir en el año 1975, mientras aún vivía en la casa de mis padres. Cuando la terminé, en 1978, se la dediqué a Paul Klee, a Bela Bartok y a Henri Michaux. Un mástil portentoso la alumbra en las tormentas, una más que centenaria araucaria alrededor de la cual fue construido el barco. Al principio era más bien una jungla, ahora navega más liviana, pero abundan en ella los pájaros y no ha perdido su dejo selvático. A partir de 1983 nos tocó, a Hugo Foguet y a mí, navegar juntos hasta su último naufragio. “Cuando el barco trepida”, decíamos, “una echazón es necesaria”. No había lugar para las medias tintas ni para las medias frases. Foguet me llevaba veintiún años pero, y sin embargo, cuando él entró en la Casa-Barco, reconoció todas sus partes como si hubieran sido diseñadas para él. Nos encontramos en el centro del poema.

–¿Cuál es tu método de escritura y qué diferencias hay entre los textos narrativos y los poemas?

–Por lo general manuscribo de noche en cuadernos de hojas lisas. Si el texto resiste mi lectura uno o dos meses (cuando era joven el tiempo de maceración era más prolongado), queda asimilado al nuevo libro que se va estampando en la computadora. No puedo hablar de correcciones sino de ajustes en la medida en que una cambia. No busco los textos. Ellos me buscan sin previo aviso, y mis antenas están siempre atentas y dispuestas a sus llamados. Cuando llegan, sí, y en base a una atención rigurosa sobre cada palabra o idea, redondeo el texto que naturalmente encuentra su forma y su ritmo. No me parece que haya diferencias sustantivas entre un texto en verso o uno en prosa. Las hay, en tono, en aquellos textos que llamo “Notas” y quizás en algunas narraciones.

–¿El canon de la poesía argentina es machista? ¿Qué lugar tiene la poesía en el mapa de la literatura argentina?

–No estoy demasiado atenta al tema del canon, salvo en música. Me animaría a decir que no está presente ni en mis lecturas ni en mis predilecciones. Sí creo en la bondad de los procesos, mucho más que en los hechos aislados, y soy muy optimista con los tiempos actuales en tanto avances científicos, tecnológicos y sobre todo en la ampliación de la conciencia. Cuanta más gente escriba, mejor. Escribir es asimismo un modo de conocer, de sumar vida. Toda palabra tiene su rescate. Y es lo que está sucediendo, aunque por ahí alguien diga que no se lee poesía. A lo mejor se compren menos libros de poesía que de narrativa, no lo sé, pero me consta que hay muchísimos jóvenes que se interesan y bregan por la poesía.

–Muchos lectores y escritores no conocen tu obra en Buenos Aires. ¿Es poco federal la difusión de la literatura?

–En relación con lo federal, no puedo dejar de recordar con una sonrisa las palabras de un viejo amigo, hombre de teatro y periodista. Me refiero a Julio Ardiles Gray. Fue él quien me presentó a Daniel Divinsky para la publicación de mi primer libro, La ecuación y la gracia. Me dijo: “Buenos Aires no existe. Lo inventaron los provincianos”. Bella ciudad, Buenos Aires.

–¿Qué novedades encontraste en la poesía de estos últimos años y qué efecto tiene en tu obra la escritura de los otros?

–Son muchos los escritores o artistas, y no siempre poetas, que me han mostrado o generado nuevas sendas. Y en cada ocasión, empiezan por dejarme atónita. Luego me siento tremendamente agradecida y confiada. Me da cierto pudor mencionar nombres porque varios se dan maña para quedar rezagados tras los pliegues de la memoria y no es posible enmendarlo. Pero son muchos los que me sorprenden, los caídos del cielo, tanto hombres como mujeres, viejos y jóvenes, amigos.

–¿Cómo recibiste el premio que te concedió en 2019 la Academia Argentina de Letras?

–El último libro que incluye En la Casa-Barco es Al final del muelle, de 2016. Luego salió Todo estaba diseñado para que el caballo rozase apenas la montaña (Paradiso, 2018), y le siguió Otras lenguas (Palabrara, 2019), con fotografías de Mercedes Roffé y textos míos. Y poco a poco se va conformando Paisaje con figura, que estoy escribiendo ahora. Pero es justamente Al final del muelle el que dio pie al premio de la Academia Argentina de Letras, compartido con Juan Carlos Moisés, por el trienio 2016/2018. Me llenó de alegría por lo inesperado. No dudo, cuando me lo entreguen, que me sentiré condecorada y quedaré muda. Se podría decir, como un trazo festivo, que es mérito de los muchos años vividos. Pero, sin embargo, no he cesado de ser aprendiz. No de la poesía, por cierto, que es una gracia, sino de lo que a ella nos conduce, esto es, de mi propio tiempo que en la atención me asiste para lo conquista de lo real: asumir espiritualmente nuestra mundanidad, aunar lo celeste con lo terrestre. Pequeños aprendizajes que ahondan estos privilegiados tiempos y ensanchan nuestras conciencias. Y en tales menesteres el lenguaje es, a la vez, lenguaje y partitura que todos ejecutamos. Pareciera, en fin, que una cosa sola nos plantea la vida y es aprender a estar vivos.

–¿Qué les dirías a los que quieren empezar a leer y a escribir poesía, a descubrirla?

–Es difícil aconsejar a nadie sobre el hecho de escribir, más allá del aliento. Todos sabemos caminar. En mi caso, es casi un acoso que me plantea la lucha cuerpo a cuerpo con el lenguaje, medio por el cual saldré airosa o no, en base al rigor extremado de la atención. Y en la contienda hay también un otro que desde adentro busca entender, y exige y exige. Sé que la totalidad está en mí y, sin embargo, hasta el momento, la poesía no me ha dejado expresarlo. Antes me había pasado con la danza y más que nada con la música, mi gran amor junto a Hugo Foguet. Tal como se retrae el lenguaje ante el amor. O ante un tesoro. Como te decía, he buscado y encontrado tesoros toda la vida y siempre quedé muda, gozosa y atribulada. Solo el silencio acompaña. A veces pienso en la poesía como la madre que nos da y otras veces nos devuelve nuestra confianza en el mundo; el mundo, como el lenguaje, son nuestros mejores modos de aprendizaje.



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Un paro feminista contra la deuda | 8M día internacional de las trabajadoras



En estos últimos años, el movimiento feminista transnacional ha tomado como bandera la lucha contra la deuda como parte de la dinámica de la huelga. Hemos dicho aquí y allá ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos! (Argentina), ¡Nosotras contra la deuda! (Puerto Rico), ¡Nos deben una vida! (Chile), ¡No debemos, no pagamos! (España). Es algo histórico: que el movimiento feminista politice, a escala de masas, la cuestión financiera. Y, además, que una lectura feminista de la deuda permita repensar las violencias económicas en su vínculo con las violencias machistas. La huelga feminista, al denunciar la deuda del Fondo Monetario Internacional y la de los acreedores privados y su impacto en las deudas domésticas, no para de hacer aparecer otras deudas. De visibilizarlas y reclamarlas. Al mismo tiempo que los bonistas y fondos de inversión presionan por cobrar el total de sus inversiones, en la calle se pone en evidencia que las acreedoras somos nosotres.

Esto no se ha logrado de cualquier manera. Se ha puesto en escena una inversión fundamental, demostrando en los lugares de trabajo y en las casas, frente a los bancos y contra las trasnacionales, que no debemos nada. Sabemos que la deuda es un mecanismo capitalista histórico para expoliar, explotar y privatizar los bienes comunes que creamos y recreamos. También para incrementar la explotación del trabajo en momentos de crisis. Es más conocido cómo la deuda pública condiciona a los estados. Se trata de una escena cíclica de los países en América Latina. Si en los años 80 el endeudamiento disciplinó las transiciones democráticas en la región como vía de salida de las dictaduras, luego en la década del 90 el “Consenso de Washington” de las reformas neoliberales impuso nuevos umbrales de deuda y, desde los últimos años, asistimos a un nuevo relanzamiento de la colonización financiera de nuestro continente.

Es más reciente, sin embargo, haber trazado políticamente los circuitos que conectan esa deuda pública con sus efectos en la vida cotidiana. Esto se ha logrado porque las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries resistimos y le pusimos palabras a qué implica ser sobreexplotadas simultáneamente como trabajadoras en el mercado de trabajo, como trabajadoras domésticas, como consumidoras y, ahora también, como endeudadas.

Conectar deuda, violencia y trabajo ha sido un logro de las huelgas feministas. En esta cuarta convocatoria al paro internacional, en nuestro país la discusión de la deuda estará en distintos territorios enlazando el paro productivo y reproductivo de doble jornada: 8 y 9 de marzo. Pero además se expresa en la consigna principal: “La deuda es con nosotras y nosotres, ni con el FMI ni con las iglesias”, señalando un diagnóstico preciso tanto de coyuntura como de horizonte largo del movimiento. Decir que “desendeudadas nos queremos” en la villa y en el sindicato, en la calle y en la universidad, es un método de análisis y de acción: ir de las finanzas a los cuerpos.

Pero discutir la deuda no es sólo hablar de deuda. La deuda se conecta directamente con los recortes presupuestarios de servicios públicos, con la baja de salarios, con el reconocimiento del trabajo doméstico y con la obligación de endeudarnos para abortar. No nos endeudamos sin que antes nos hayan dejado sin otros recursos. La deuda sólo viene a “salvarnos” una vez que hemos sido empobrecidas a la fuerza, llevadas a una precariedad inducida. La deuda deviene impagable porque primero hubo saqueo.

Hablar de deuda desde el feminismo pone en evidencia de qué se nutren los flujos globales del capital financiero, que buscan quedarse con jubilaciones, salarios y toda una enorme masa de trabajo gratuito y precarizado que hoy es el que mueve al mundo, el que empuja despojos extractivistas, el que permite rentabilidades extraordinarias de las multinacionales y el que hemos señalado y denunciado por su vínculo directo con el aumento de las violencias laborales, institucionales, racistas y sexistas.

Las geografías del capital financiero

Pongamos un ejemplo práctico de una geografía financiera que se visibiliza con este paro feminista: el fondo de inversión BlackRock, uno de los mayores tenedores de deuda argentina con legislación extranjera, es el mismo fondo que tiene inversiones gigantescas en los fondos de pensión mexicanos y que está exigiendo un ajuste en su sistema previsional. La premisa que conecta especulación financiera, suba de edad jubilatoria y no reconocimiento del trabajo de mujeres, lesbianas, travestis y trans necesita evidenciarse: las ganancias de los fondos de inversión se garantizan extendiendo los años de sobreexplotación de esos trabajos. Pero, además, los activos de esos fondos de inversión (el dinero que captura de jubiladxs que pagan más y durante más tiempo) sirven para comprar empresas públicas y privatizarlas. El combo es completo: en un mismo movimiento esas trabajadoras quedan obligadas a trabajar más tiempo, despojadas de servicios públicos y, por tanto, devaluados también sus ingresos (tienen que pagar por servicios que antes eran públicos y gratuitos).

No es imposible entonces enlazar con esta dinámica de despojos, que se acumulan a favor de la violencia contra ciertos cuerpos y territorios, la razón de por qué hoy en México el llamado a paro ha prendido más fuerte que en otros años. En ese país se habla de un récord de 10 femicidios por día según organismos oficiales. La viralización de la convocatoria al paro 8 y 9M -con consignas diversas: #el9nadiesemueve, #undiasinnosotras-, expresa un acumulado organizativo, de “despliegue de ira”, como explican varias activistas. Ya se han sumado las zapatistas, colectivas feministas, universitarias, artistas de todos los estados, también trabajadoras de las maquilas reclamando contra una de las patronales más duras del continente.

Sin dudas, lo que se teje cada vez con más contundencia es el vínculo entre violencia sexual y violencia política y económica.

Ese mismo fondo de inversión que aterriza en Argentina y en México aspirando riqueza social es el que denuncian lxs chalecos amarillos en Francia: lo señalan como cómplice de la revisión del sistema de jubilaciones impulsada por el presidente Emmanuel Macron que dio origen a las masivas manifestaciones recientes. La huelga de más de cuarenta días en ese país -que involucró desde las bailarinas de la ópera nacional a lxs trabajadorxs ferroviarixs- fue otra escena contundente de los efectos de la expropiación financiera de los salarios y jubilaciones.

Por eso, el modo de funcionamiento de los fondos de inversión (actores fundamentales de la renegociación de la deuda) es inexplicable al interior de una frontera nacional: se nutren con fondos jubilatorios de un país que usan para comprar deuda pública de otro con necesidades de financiamiento, a la vez que pueden invertir en otros lugares re comprando deudas hipotecarias, o inversiones en el área de energía. Así también lo ha evidenciado la Plataforma de Afectadxs por la Hipoteca (PAH), que en diversos puntos de España viene denunciando desalojos a manos de las burbujas financieras. En el 2018, la PAH llevó ante la justicia al fondo buitre Blackstone por provocar una inflación en los precios de la vivienda.

Desde entonces esta denuncia ha sido parte de la movilización feminista y migrante y, en particular, ha permitido vincular la huelga feminista del 8M con las acciones contra los desalojos y por el derecho a la vivienda. La sindicalización de inquilinxs agita la consigna “stop deshaucios”, poniendo nombres propios (#GiselliSeQueda), y defiende casa a casa a sus inquilinxs. “Desde el primer momento la práctica feminista estuvo en la PAH porque desde el primer momento este activismo estuvo compuesto por amas de casa, por mujeres mayores y por mujeres migrantes especialmente de América del Sur.

Las crisis de parejas tradicionales tienen mucho que ver con entrar en impago de la vivienda, y en general son las mujeres las que quedan en las casas y con la deuda” dice Lotta Meri Pirita Tenhunen, activista de ese movimiento en el barrio de Vallekas de Madrid. Para este 8M han escrito: “Somos quienes enfrentamos la estafa inmobiliaria. Nos negamos a pagar alquileres abusivos. Nos negamos a quedarnos en la calle. La lucha por la vivienda es una lucha feminista. Muchas hemos vivido la violencia machista en nuestra casa, también en la calle y en el trabajo. Invitamos a más compas feministas a sumarse al movimiento por la vivienda, codo con codo, a parar desahucios, recuperar casas, pelear con bancos y fondos buitre, exigir derechos, llevarlos a la práctica a través de apoyo mutuo y luchar para que la vida esté en el centro”.

En esta huelga feminista podemos trazar la geografía de despojos y expropiaciones de las que se aprovechan las llamadas “lluvias de inversiones”. La demanda de vivienda, de reconocimiento salarial, de jubilaciones, están en un mismo programa de desobediencia financiera.

Aquí las jubilaciones también han sido un punto clave de la movilización feminista reciente. Cuando en julio pasado se inició un conflicto por el fin de las denominadas “jubilaciones de amas de casa”, se debía a que el gobierno de Mauricio Macri a pedido del FMI daba de baja las moratorias previsionales que posibilitaban pagar en cuotas los aportes que las mujeres ya sea por trabajar en el ámbito doméstico o por trabajar informalmente, no tienen para jubilarse en cantidad necesaria. La alianza entre sindicalismo y feminismo permitió que el movimiento sindical proponga, bajo la consigna #NiUnaJubiladaMenos, el reconocimiento del trabajo doméstico como prioridad de la agenda laboral. Todos los sindicatos se movilizaron en rechazo a esa medida diciendo, entre otras consignas, “Los aportes que me faltan los tiene el patriarcado”.

La huelga feminista de los próximos días tiene a la coordinación intersindical como una de sus protagonistas, ya que ha construido en todos estos años un vínculo estrecho entre demandas del ámbito “reproductivo” y del ámbito “productivo”, evidenciando y denunciando su relación jerarquizada. Del mismo modo, esta trayectoria se expresa en un nuevo estatuto de las trabajadoras de la economía popular que han sido actrices clave de la discusión sobre el trabajo no reconocido ni remunerado en los territorios. La presentación en plena calle, hoy mismo, de la Secretaría de la Mujer y la Diversidad de la UTEP (Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular) se inscribe en esa línea de alianzas que empezaron con el primer paro de mujeres de 2016.

La complicidad de acciones y lenguajes sindicales y feministas ha sido fundamental porque, bajo la consigna #TrabajadorasSomosTodas, permitió problematizar el trabajo en sus múltiples formas. La experimentación con formas de sindicalismo social que mixtura la cuestión del alquiler y del trabajo, de las pensiones y de la economía popular, de denuncia de abusos sexuales y violencia laboral, tiene en el feminismo su matriz. No es casual que hoy en varios sindicatos esté pintada la consigna “No es amor, es trabajo no pago”. Al invertirse la jerarquía del reconocimiento del trabajo no-pago, se invierte también la carga de la deuda. La deuda es del Estado, los patrones y los patriarcas por haberse beneficiado de ese trabajo históricamente obligado y gratuito.

La deuda es con nosotras y nosotres en cada territorio

Este paro internacional feminista que dirá en las calles que la deuda es con nosotras y nosotres, también se propone dar cuenta en cada territorio de qué es lo nos deben. Este 8M habrá asambleas, festivales y actividades en varios puntos de la ciudad y del país, desplegando esa consigna. En la Villa 31 y 31 bis de la ciudad de Buenos Aires, un territorio donde el gobierno local propagandiza un modelo de “integración urbana” que consiste en la instalación de multinacionales como MacDonald´s y el banco Santander mientras lxs vecinxs denuncian la falta de agua y de luz en el barrio, la asamblea feminista organizará una acción en la feria que se encuentra frente al banco. La consigna de convocatoria es clara: “¿cuáles son las tareas que hacemos, que ocupan nuestro tiempo, y nadie nos las paga?”. Cintia Cuevas, de Mala Junta-Poder Feminista, dice: “Desde la asamblea queremos visibilizar los trabajos de cuidado, los trabajos de la economía popular y participar del paro productivo y reproductivo internacional porque lo que muchos llaman amor es trabajo no pago”.

La Asamblea Popular Feminista del barrio de Boedo proyectará sobre un supermercado  la imagen de un corazón-territorio en memoria del femicidio de una trabajadora de ese establecimiento. En Bajo Flores, la Red de docentes, familias y organizaciones harán una Caravana #8M, con el lema “¡Ni encerradas ni desaparecidas, con vida y derechos todas las pibas!”.

La consigna “la deuda es con nosotras y nosotres” produce una investigación práctica en la vida cotidiana sobre qué es lo que se nos debe, denunciando al mismo tiempo la explotación laboral y financiera sobre cada territorio. En el mismo sentido, no es casual la proliferación de colectivas feministas agrupadas en relación a las diferentes formas del trabajo no reconocido y precarizado y, por tanto, vinculados a la obligatoriedad del endeudamiento para la reproducción social.

Este año durante la preparación asamblearia de la jornadas del 8M y 9M se presentó el flamante sindicato de cuidadoras domiciliarias. También la Asamblea por la salud integral Travesti Trans y No binarie contó en ese mismo espacio la lucha que están llevando adelante por la falta de disponibilidad de hormonas de testosterona. Ese Montenegro, activista trans masculino explica: “Desde el año pasado desde el Estado nacional se han suspendido la compra para los tratamientos hormonales y al día de la fecha eso sigue pendiente. Hoy los varones trans, las masculinidades trans, las personas no binaries pero que deciden hormonarse con testosterona no estamos teniendo acceso a la salud”. Se multiplican así los sentidos de lo que significa que la deuda sea con nosotres. El 9M esa consigna será bandera en el paro y la movilización al Congreso.

#NosotrasParamos porque ¡la huelga feminista va!

La huelga feminista no para de acumular fuerzas, de combinar temporalidades, de construir programa. Se convoca también en Colombia y en Ecuador, donde la ebullición del paro de octubre y noviembre respectivamente está presente. Hay que recordar que aquellos paros fueron también en respuesta a medidas económicas impulsadas por planes de ajuste derivados del endeudamiento externo. Habrá paro en Paraguay, en Bolivia, en Uruguay y en casi todos los estados de Brasil.

En Chile donde la huelga general feminista de este 2020 tiene sobre sus espaldas una movilización que no ha cesado ni un día desde octubre se juega el desafío más contundente al neoliberalismo en el país predilecto del experimento de los Chicago Boys y donde la deuda ha estallado en toda su complejidad.

La cuestión de la deuda estudiantil y de la privatización de las jubilaciones en fondos privados de inversión en particular y, de modo más amplio, la deuda como modo de vida es una de las claves de la huelga general feminista contra la precarización de la vida y el terrorismo de Estado. Las voceras de las Coordinadora 8M Alondra Carrillo Vidal y Javiera Manzi Araneda argumentan: “El rechazo a las condiciones precarias del presente y la incertidumbre general ante un futuro sostenido en deudas y créditos fue parte de este primer impulso de la irrupción”.

Las formas de evasión, de denuncia de la feminización de la pobreza y de los despojos generalizados, de la precariedad laboral y de cada existencia, tejen interrogantes. Preguntando ¿cómo se hace huelga a las finanzas y contra las finanzas?, preguntamos también de qué están hechas nuestras deudas y quiénes reclaman tener derecho sobre nuestras existencias.

Los femicidios y travesticidios no son ajenos a esta geografía del capital que impone, acá y allá, formas cada vez más violentas de despojo y explotación. Decir “la deuda es con nosotras y con nosotres” como consigna del paro internacional feminista invierte la carga de la deuda: nos reconoce como acreedoras y hace que la investigación de la deuda empiece en las casas y en las calles.  



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