Categorías
Argentina Las12

¿Barbie salió del closet? | La respuesta de Mattel a los rumores: “una aliada al movimiento que celebra la diversidad”



“¿¡Barbie tiene novia!?”: la inquietud cortaba el aliento de una multitud días pasados en la red del pajarito, con la ilusión palpable de que la perenne muñeca hubiese salido del closet y viviese su sexualidad como le diera la no tan santísima gana. Todavía sin partes pudendas, eso sí, que lo anatómicamente correcto nunca ha sido el fuerte del creador de la criatura, digamos su Victor Frankenstein, aka la firma Mattel. ¿Sería realmente posible que, a semanas de cumplir los 62 pirulos, la rubia se declarase queer, haciendo corte de manga al desabrido Ken, acaso también con ansias de diversificarse? De repente, las power couples Sarah Paulson/Holland Taylor, Ricky Martin/Jwan Yosef parecían cosa del pasado: la mirada tierna (al menos, tan cariñosa como permiten unas gotitas de pintura sobre cuencos plásticos) entre Barbie y su presunta media naranja, Aimee (ya saben: amada, en francés), parecía confirmar la noticia sobre la pareja del momento. La pose inclinada, insinuante; las manitas rozándose; la vestimenta haciendo juego -una remera con el lema “Love Wins” escrito con los colores del arcoiris- y otras pistas que daban a entender un romance a toda marcha, tan veloz como su característico autito rosado lo permitiría.

El rumor lo corroboró la influencer de moda Aimee Song, en quien está inspirada la articulada morena que, acaramelada, acompaña a Barbie en la foto que dio pie al cotilleo. “Yo soy la novia”, tuiteó la (original) muchacha de carne y hueso. Y voló papel picado. De pronto, almas revisionistas recordaban con mirada actual los ojitos cómplices de Barbie en 1963 al presentar a su “mejor amiga”, la pecosa pelicorti Midge. Asimismo, la sensual danza marina que se mandaron la doll estelar y la sirena Isla en el film Barbie y los delfines mágicos, más recíproca y menos sutil que la del flechado monstruo de la Laguna Negra con la despistada Julia Adams. Tomaban otro sentido las baladas que se dedicaban las princesas Liana y Alexa en la película Barbie y el castillo de diamantes. Cuadraba el flirteo entre la skater Renée y la blonda en Barbie Dreamhouse Adventures… A trompicones saltaron especulaciones de más cintas, más escenas: ¡pruebas sáficas por doquier en el valle de la muñeca más famosa del mundo! “¡Barbie, ícono queer!”, aclamaban desde los confines de internet, a la espera de la anhelada confirmación de Mattel.

El gozo al pozo, porque el sueño duró menos que un suspiro: consultada por medios a diestra y siniestra, la empresa Mattel aclaró que Barbie no es exactamente queer sino “una aliada del movimiento, que celebra la diversidad”, remachando que la imagen del revuelo -recientemente viralizada- ni siquiera es actual: corresponde a una campaña del Mes del Orgullo de 2017 para recaudar cash a través de la venta de mini-mini-remeras para una organización sin fines de lucro que ayuda a jóvenes LGBQT+ en Estados Unidos, The Trevor Project.

Devastadora habrá sido la noticia para el pobre Ken que, según opinión generalizada, llevaría décadas queriendo librarse del yugo de la heteronormatividad. Casi, casi lo logra en 1992, cuando el legendario Earring Magic hizo su debut en el mercado con un Ken que llevaba un cock ring colgado en su cincelado cuellito. El detalle lo coronó ícono gay, provocando estupor apenas disimulado entre las filas de Mattel: nomás enterarse del significado del accesorio, paró la fabricación y lo retiró de sus tiendas, a pesar de ser uno de los modelos más buscados. Mucho se ha hablado además de su relación con Allan, primer buddy, de los 60s; también de “Palm Beach Sugar Daddy Ken”… Pero no hay caso: le siguen asignando el rol de insistente galancete pavote que le arrastra el ala a la muchacha de curvas imposibles, aún cuando ella esté pastando en campos más verdes estos últimos años…

Y es que, cuando ya fue imposible desatender el backlash por el tóxico estereotipo de belleza que la “aspiracional” muñeca promovía con su centimetraje fatídico, cuando las ventas bajaban, Mattel dejó que Barbie comiera alguna que otra verdurita, mudara a otros colores, ampliase el horizonte de chica florero. De hecho, según un reciente artículo de Forbes, hoy la variedad de 176 muñecas incluye 9 tipos de cuerpos (aunque la más curvy, todo sea dicho, a duras penas se arrime a un talle M trasladado a tamaño natural), además de 36 tonos de piel y 94 peinados. “Hemos hecho versiones a semejanza de Iris Apfel, ícono de la moda a los 99 años, y de una patinadora profesional de 12 años, Sky Brown; la intención es mostrar diversidad, también de edad, para inspirar”, se jactaba Richard Dickson, presidente de la firma, tratando de mostrarse relativamente a tono con los tiempos modernos. Porque, bueno, cómo olvidar el fiasco de 2014, cuando la firma tuvo que disculparse por el libro I Can Be a Computer Engineer, donde Barbie programadora no pasaba de dibujar un perrito en su compu, llamando a dos varones para que concluyeran el videogame que necesitaba diseñar.

Una tigresa no puede cambiar sus muchas manchas de la noche a la mañana, pero cierto es que, después de modificar cabello, rostro y cuerpo en 2016 en pos de una imagen más “realista”, Mattel lanzó la primera Barbie con hiyab, inspirada en la esgrimista Ibtihaj Muhammad; puso en circulación Barbies en sillas de ruedas, y con piernas protésicas; inventó Barbies con vitíligo, con alopecia, y así sucesivamente. Hay granjeras, cheffes (en Francia ya usan el femenino de chef), fotoperiodistas, biólogas, astrofísicas, presidentas, piloto de avión… También hay una línea género neutral, Creatable World, customizable. Y desde esta semana, una poética Barbie Maya Angelou…  



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Quiero abortar y puedo: las obligaciones de las obras sociales y la medicina prepaga | El sistema de salud ante la ley de IVE



A partir de la entrada en vigencia de la Ley 27.610, el Estado argentino asumió el compromiso de garantizar el acceso libre y gratuito a la interrupción voluntaria del embarazo a todas las personas gestantes que habiten este suelo, hasta la semana 14 de gestación inclusive. Así, libre y gratuito, tal como lo cantamos en infinitas marchas.

“La presente ley tiene por objeto regular el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo y a la atención postaborto” dice el artículo 1. Además, en el artículo 16 se explicita que la práctica formará parte del Plan Médico Obligatorio, lo que obliga a las obras sociales y empresas de medicina prepaga a incluirlo dentro de sus prestaciones. Por eso el aborto podrá ser en el hospital y también en clínicas, consultorios privados, sanatorios y en nuestras propias casas. En cualquier lugar, tal como exigimos en los cánticos renovados de los últimos años.

Entre el debate de 2018 y los datos aportados en 2020, ya no quedan dudas sobre la conveniencia de la ley para el sistema público de salud. No sólo se salvan vidas al evitar complicaciones por abortos mal practicados, sino que también se liberan camas para otres pacientes al evitar internaciones.

Según declararon desde el Poder Ejecutivo, el sistema público ya está abastecido con los insumos necesarios para todo lo que queda del año ¿Y el resto de los prestadores?¿Cómo se va a garantizar la práctica en aquellas provincias donde abundan los objetores?¿Cómo podrán acceder a los medicamentos quienes decidan abortar sin pasar por el sistema de salud?

En buena parte del país no era fácil acceder a las interrupciones legales que ya existían (ILEs) y sabemos que tampoco será sencillo hacer cumplir la ley. El desafío por delante es grande, pero sin dudas el camino recorrido es auspicioso.

Miso para todes: aborto con pastillas

Gracias a la militancia, a la investigación, a les profesionales comprometides, hace tiempo ya que sabemos que la forma más segura y también más económica para abortar es el aborto farmacológico, con pastillas. Sólo en los casos en los que se excedan las 12 semanas o si hubiese alguna patología particular, se recomienda otro tipo de intervención como el AMEU (aspiración manual endouterina).

Desde la promulgación de la ley, bastará sólo con comunicar la decisión para que le profesional que nos atienda tenga la obligación de brindar información y garantizar la práctica. Incluso en el caso de objetores de conciencia porque tendrán que derivar sin dilaciones.

Quiero abortar y puedo. Y también lo deseo. Nos cansamos de escuchar eso de que “nadie quiere abortar”. Y es un error. En todo caso lo que no queremos es quedar embarazades involuntariamente pero no hay nada que deseemos más que abortar cuando eso ocurre. Y las razones ya no importan. Si falló el método, si fue un descuido, si nos arrepentimos. Ninguna de esas son circunstancias ocasionales.

Según el ministro de Salud Ginés González García, ya se compraron insumos para que, durante este año, a nadie le falten medicamentos, test ni anticonceptivos. También explicitó que en la última licitación el Estado compró cajas de Misoprostol por $ 2.800, menos de la mitad de lo que cuesta en farmacias ($ 6.200). También contó que el Fondo de Población de Naciones Unidas ofreció una partida grande a $ 400. Además, está en evaluación la provisión para todo el país a través del laboratorio de Santa Fe, que hoy sólo tiene permiso para abastecer a la provincia.

Si bien en el sistema público se debería poder conseguir, para quienes decidan comprarlo por su cuenta habrá que garantizar que las farmacias lo tengan y que las obras sociales y prepagas lo faciliten, con los descuentos correspondientes. Al día de hoy, a veces cuesta conseguirlo.

Las farmacias son negocios que funcionan por demanda. El Estado no regula su stock de medicamentos. Es probable entonces que, si aumentan los pedidos de misoprostol, sean más las que lo soliciten a sus distribuidores y lo ofrezcan al público.

“A veces es un recorrido laberíntico para quienes quieren comprar misoprostol. Y se les da información errónea. También hay mucha venta trucha por internet” cuenta Ruth Zurbriggen, activista e investigadora de la Colectiva Feminista La Revuelta (Neuquén-Patagonia Argentina), Socorristas en Red y de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Otro desafío en el corto plazo es lograr que se apruebe en nuestro país el uso de mifepristona. “La combinación de misoprostol con mifepristona eleva la calidad de la intervención, acorta la cantidad de horas y además hace que sea una práctica más amable para el cuerpo. Y el sistema de salud gana porque el porcentaje de efectividad es más alto cuando se combinan. El misoprostol tiene una efectividad de entre 89 y 92 % ,y combinados, un 98 %”, apunta Ruth. En la plataforma Misobservatorio se puede encontrar una guía muy completa sobre todos los avances al respecto y también un monitoreo de precios.

Información para decidir

Sobre todo en 2018, buena parte de les legisladores recurrieron a información falsa para sembrar el pánico. “Esto va a hacer colapsar el sistema sanitario”, “no hay recursos para garantizarlo”, decían. Incluso quisieron que el proyecto fuera tratado por la Comisión de Presupuesto, presidida en aquel momento por el ultracatólico Esteban Bullrich. En una de las últimas exposiciones, el ministro de Salud de aquel entonces, Adolfo Rubinstein, fue el primero que, desde una voz oficial, confirmó lo que distintos informes ya adelantaban: los costos del aborto clandestino son ampliamente mayores.

Durante la pandemia, se calcula que alrededor de 100 camas estuvieron ocupadas por internaciones evitables, producto de abortos mal practicados. La información falsa tenía a su favor la clandestinidad. Ahora que tenemos ley y que, de a poco, accederemos a estadísticas más precisas, quizás podamos exigir a quienes aportaron datos falsos que revisen sus discursos. Y que, como buenos creyentes, pidan disculpas.

Para contrarrestar la desinformación, en estos días se difundió mucho el 0 800 222 3444. Se trata de la línea 0 800 Salud Sexual que funciona hace más de diez años pero cuya demanda aumentó exponencialmente desde el debate de 2018. Hoy se convirtió en una herramienta fundamental para conectar a quienes demandan la práctica y les referentes de cada región que trabajan para hacer cumplir la ley.

Desafíos del nuevo presente

“Esta ley es la frutilla del postre” dice Analía Messina, medica tocoginecóloga, consultora de la Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductiva y jefa de servicio de Obstetricia del Hospital Álvarez. “Venimos andando un camino que incluye, por ejemplo, la ley de parto humanizado, la ley de identidad de género, la ley contra las violencias. Hoy tenemos que fortalecer a los equipos que dan respuesta y que cumplen con las leyes que hemos conquistado. De ese modo tenemos que garantizar que cualquier subsector brinde servicios de salud sexual y reproductiva de calidad. Hasta hoy, quien siempre dio más respuestas fue el sistema público”.

Hay obras sociales provinciales con las que se trabaja bien, cuenta Analía y cita el caso de la provincia de Mendoza, Santa Fe y algunas partes de la Provincia de Buenos Aires, pero hay otras que aún no tienen ninguna experiencia. En la Ciudad de Buenos Aires, durante el 2020, más de la mitad de las mujeres y personas gestantes que recibieron atención por ILEs tenían otras coberturas. A nivel país, quienes sólo tienen acceso al sistema público son aún una minoría: el 36 %.

“El Ministerio de Salud de la Nación tiene enormes responsabilidades y enorme trabajo en hacer cumplir la ley. Si porque tuve partos anteriores me atiendo con una ginecóloga amorosa y que me cuida pero si voy por un aborto no me atiende, en realidad lo que sucede es una estigmatización de la práctica. Para todo puedo atenderme con ella, pero para esto no porque en la clínica en la que atiende no se garantizaron los mecanismos. Nuestro trabajo va a estar orientado a todo lo que podamos aportar al sistema público de salud. Por el aprendizaje acerca de la escucha, el cuidado, etcétera. Lo pondremos a disposición como también nuestra capacidad de exigencia”, dice Ruth.

De alguna manera, la implementación de la IVE pondrá al descubierto las fortalezas y debilidades del sistema tripartito de salud. En una de sus últimas intervenciones, la Vicepresidenta Cristina Fernández sugirió que había que debatir la distribución injusta de los recursos. Todo indica que el acceso a la IVE pondrá de manifiesto muchas de las falencias del sistema actual. Por eso será una nueva oportunidad para cuestionar un tema de fondo, de ésos que nos gustan abordar desde los feminismos: ¿hasta cuándo podremos tolerar que la salud sea un negocio? Es una pregunta urgente, sobre todo en tiempos de pandemia.

También podremos mostrar, ya sin miedo a ser criminalizadas, la desigualdad en el acceso a la salud integral en las distintas provincias de nuestro país e incluso entre regiones.

Aunque la palabra “salud integral” se haya vetado y no figure en la ley, sabemos que la polisemia del aborto es infinita y que haber dejado atrás la clandestinidad nos abre un mundo de posibilidades. 



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Un refugio contra la violencia machista para las trabajadoras de la tierra | El triunfo de la fuerza colectiva



Desde que a principios de agosto, Lucía Correa, productora rural de 25 años fue asesinada de un disparo en el abdomen por su pareja, Roger Ismael Cara Tarraga, las mujeres de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) se pusieron a trabajar para poder tener un refugio contra las violencias machistas. Y lo inauguraron el 19 de diciembre de 2020. “Venimos trabajando en el sector viendo las problemáticas de las compañeras que cuando sufrían violencias de género no se podían ir porque no tenían a dónde”, dijo a Las12, María Carolina Rodríguez, referenta de géneros de la organización a nivel nacional, hoy a cargo del refugio que está ubicado en Lisandro Olmos, localidad de la zona hortícola del Gran La Plata.

En los últimos 20 años, el cinturón hortícola del Gran La Plata se extendió y diversificó sus producciones. En Lisandro Olmos viven más de 20 mil personas y su principal motor económico es el trabajo de la tierra. “Fuimos luchando y la organización nos cedió el espacio, se trabajó mucho para reacondicionarlo y el 19 de diciembre pudimos inaugurar el primer refugio a donde las compañeras pueden venir; tenemos 19 lugares”, detalló la responsable del lugar.

Como se sabe, hacer la denuncia lleva mucho esfuerzo y en muchos casos, las tierras donde trabajan las mujeres están lejos de las comisarías. “El primer paso es hacer la denuncia y si la compañera no tiene a dónde ir con los niños se le abren las puertas del refugio, se le brinda ayuda y está pensado como un espacio de micro emprendimiento: tenemos cultivos de plantas medicinales, hacemos dulces y conservas y hoy en día la organización nos sostiene, nos da una mano”, dijo Rodríguez.

“No hay #SoberaníaAlimentaria si las mujeres y campesinas que producimos alimentos, que sostenemos nuestras familias y cuidamos de la tierra, sufrimos violencias. Hoy gritamos ¡BASTA! Seguiremos luchando, con potencia feminista y colectiva, por Lucía y por todas. No estamos más solas, estamos organizadas. Juntas y juntos venceremos”, se pronunció la UTT cuando se conoció el femicidio de Lucía (fue en una quinta de Angel Etcheverry, La Plata), que tenía un hijo de 10 años.

“Pensamos el refugio porque concretamente en los acompañamientos que hacemos las promotoras rurales de género surge la situación de qué hacer cuando las medidas de restricción y las medidas que pedimos en un caso de violencia no llegan, tardan o si llegan, la quinta, el lugar de trabajo de la compañera sigue dependiendo de un acuerdo entre varones con lo cual el dueño de la tierra no accede a que la mujer se quede porque estamos en este sistema patriarcal y nos terminábamos llevando a las compañeras a nuestras casas o saliendo a buscar una vivienda para alquilar o un laburo con casa”, explicó Rosalía Pellegrini, coordinadora nacional de la Secretaría de género de la UTT. Bien saben las mujeres trabajadoras de la tierra que poder garantizar la casa y el trabajo es clave para salir de las situaciones de violencia. “Lo que tiene que ver con lo material, la casa y el trabajo, siempre son un tema entonces el refugio busca dar solución a estas dos problemáticas. La idea es que pueda alojar transitoriamente pero por una etapa larga que puede ser medio año a una familia, al mismo tiempo que funciona el emprendimiento de dulces y conservas y plantas medicinales”, dijo Pellegrini.

El año terminó para las mujeres de la UTT con este triunfo de la lucha organizada. “Está recién empezando entonces estamos probando protocolos y buscándole la vuelta al funcionamiento. En el acompañamiento pasa de todo, a veces las compañeras se arrepienten, hablamos con las parejas también, hacemos talleres para erradicar las violencias. El espacio es autónomo y se sostiene con fondos de la organización”, explicó la coordinadora de género.

El refugio no sólo tiene como objetivo que las mujeres puedan salir de las violencias sino que también puedan formarse y tener asesoramiento jurídico. Otra de las metas es que puedan aprender los oficios como la producción de dulces y conservas y el cultivo y uso de plantas medicinales que luego se comercializan en los almacenes de la UTT. “De cada una de las ventas, una parte va para la secretaría de género y por ende, al refugio”, explicó Julieta Arévalo, integrante del área de prensa de la secretaria de género de la UTT.

Tierra para sembrar, para vivir

La independencia económica es clave para poder salir de la espiral de violencia, por eso la organización está luchando por conseguir la ley de acceso a la tierra. “Para las mujeres es aun más difícil poder acceder a la tierra porque por lo general esos tratos los hacen los varones”, explicó Julieta.

El jueves 22 de octubre de 2020, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra presentó por tercera vez en el Congreso de la Nación la Ley de Acceso a la Tierra, una iniciativa que busca crear un Procrear Rural para que los pequeños y las pequeñas productoras puedan acceder a una vivienda digna y a una parcela propia para producir alimentos. Además, la ley busca impulsar un desarrollo rural ambiental, social y económicamente sustentable.

Desde la organización, con fuerte presencia en 18 provincias del país, buscan demostrar que con el acceso a la tierra para las y los productores de alimentos se solucionarían muchos de los problemas que hoy acarrea la industria agroalimentaria: hiperconcentración, especulación de precios, contaminación y trabajo informal o esclavo. Según datos de la UTT, en Argentina, sólo el 13 por ciento de la tierra está en manos de pequeños productores que producen más del 60 por ciento de alimentos que circulan en el mercado interno, mientras que el 1 por ciento de las empresas agrarias controlan el 36 por ciento de la tierra cultivada en nuestro país. Acorde a lo que proponen, con un crédito del Banco Nación de 110 millones de dólares, unas 2000 familias podrían acceder a una hectárea propia con infraestructura productiva y vivienda digna.

En América Latina, sólo el 30 por ciento de las agricultoras familiares y campesinas accede a tierra propia, explicó Rosalía Pellegrini.

Desde la UTT también llaman a seguir trabajando por políticas públicas destinadas a las mujeres rurales. “Cuando van las mujeres a hacer las denuncias, las tienen horas y les dan mil vueltas e incluso son discriminadas porque no saben escribir”, detalló Julieta.

Durante la pandemia la violencia de género recrudeció y el aislamiento en el campo se multiplicó: no hay señal, no hay internet y las mujeres no pueden comunicarse. “Y es un campo que está a 60 kilómetros de la Capital Federal”, expuso Arévalo. La idea es que éste sea un refugio modelo para que después haya en todas las provincias. “Este año hubo varios femicidios en Jujuy, todo el tendido machista es peor en las ciudades chicas porque el de la comisaría conoce al dueño del campo, el dueño del campo conoce al de la municipalidad, entonces todo queda en la nada”, expuso Julieta.

En palabras de Carolina Rodríguez: “el refugio va a necesitar ayuda. Aunque quisiera que todo fuera diferente y las compañeras no lo necesitaran y no sufrieran violencia, hoy es el hogar para ellas”. 



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

¿Qué es una adicción? ¿Qué produce adicción? ¿Sólo las drogas prohibidas?



¿Qué es una adicción? ¿Qué produce adicción? ¿Sólo las drogas prohibidas? 

Y las permitidas o medicamentos, los helados, la familia, la comida, el sexo, la conectividad, el consumo, el fútbol, el trabajo, las telenovelas turcas, las redes sociales, las religiones, ¿no son adicciones potenciales? 

Adicción, además de drogas clásicas -alcohol, marihuana, tabaco, opiáceos, sintéticas- incluye actividades cotidianas por las que sentimos inclinación. Habría que desbrozar el sendero de las valoraciones morales, sanitaristas y biopolíticas para descubrir los arcones secretos que posibilitan el disfrute de las adicciones alegres, la trampa de las adicciones tristes y las oscuras estrategias que determinan tabúes, controles y administración del consumo que, por alguna razón, se prohíbe o permite según la ocasión, como el camaleón.

Hay adicciones que no producen alarma. Gente adicta a viajar en naves ostentosas, por ejemplo, compiten por cantidad de travesías. Los crucerodependientes consumen lo que el capitalismo póstumo quiere que consuman. En los camarotes, junto al espejo del lavabo, cártel bilingüe: “Se ruega entregar las jeringas descartadas directamente al personal de limpieza para evitar accidentes”. De la sinceridad de ese mensaje -rayando en la parresia– se pasa abruptamente a la fiesta careta del capitán. 

Gente típica consumiendo su propia adicción admitida socialmente. Reminiscencias de coitus interruptus que deja moraleja: si encendés un porro en una vereda de Villa Forito te llevan los esbirros, pero si te inyectás heroína frente a un ojo de buey con vista al mar, y luego depositás la jeringa en la mano enguantada de un camarero, te reverencian.

Los intereses espurios que sostienen la cruzada bélica contra las drogas develan mundos. Las guerras del opio promovidas por luchas colonialistas. La prohibición de la yerba mate en la Argentina que no tuvo nada que ver con la salud pública, como lo muestran Juan Altman y Martín Rieznik, en su documental Historia de una prohibición. O la batalla contra las “drogas peligrosas” (marihuana) en EEUU a comienzos del siglo XX motorizada por la xenofobia contra los músicos negros y por el antisemitismo de Nixon que acusaba a los judíos de traficantes. Otro documental, La hierva es verde, de Stanley Donen, devela parte de esa trama. La plataforma que lo proyecta online ofrece diez películas sobre cannabis.

Lo positivo es expandirnos a nuevas conexiones. Mientras el flujo destructivo no se vuelva sobre sí mismo, dice Deleuze, sino que posibilite la conjunción de diferentes intensidades hay experiencia vital, se amplían las fronteras. Los rockeros que dejaron la droga dura suelen decir “mientras hacíamos buena música, consumir era fecundo, cuando nos paralizó comprendimos que no”. La cuestión se torna suicida u homicida si la potencia se reduce a un motivo excluyente: “mi” dosis, “mi” vaso, “mi” secta. William Burroughs y su mujer jugaban a Guillermo Tell obnubilados por opiáceos, hasta que un disparo no dio en la manzana sino en el cuerpo de ella. El flujo destructivo vuelto sobre sí.

Las adicciones, para Guattari, son mecanismos de producción de subjetividad maquínica. Nos subjetivamos a partir de aquello que nos permite sentir pertenencia. Quien hace máquina con su afinidad sin solidificarse en ella sobrepasa su propio margen, derrama amor. Se trate de sustancias o de sexo, de trabajo o de afectos el inconveniente no es la adicción, sino el apego. Adicción: inclinarse hacia. Apego: adherirse a.

Llamamos droga a una sustancia que en lugar de “ser vencida” por el cuerpo y asimilada como nutrición, es capaz de “vencer” al cuerpo provocando cambios orgánicos y anímicos. Parece que Adán y Eva fueron los primeros en probar, consumieron fruta prohibida, aspiraban al paraíso, a la verdad, al goce. Pero nuestra cultura castiga el disfrute, prefiere la contención, aunque a pesar de todo las subjetividades encuentran líneas de fuga. “La embriaguez es la irrupción de la planta en el cuerpo” (sentencia nietzscheana). Me puedo estimular con música y alcohol, pero me excito más, cuando es con vos, siento todo irreal, canta el líder de Virus jugando con una ambigüedad que se aclara con el título: “Pronta entrega por favor”.

Un amor se “cura” con otro amor; una adicción con otra. Existen adicciones nicotínicas suplantadas por comida; adicción a la cocaína reemplazada por natación; adicción etílica por filiación política; compulsión a la conectividad por conversión evangélica. Aunque en este último caso no queda claro si se trata de algo sanador, o si es una involución de la especie.

* * *

Nadie se vuelve adicto porque ese sea su objetivo, ni está claro qué es lo bueno o lo malo en adicciones. Ahora el tabaco es malo y la marihuana tiene tantas virtudes que hasta se cultiva en la huerta familiar, lanza la escritora Fran Lebowitz, en el documental de Martín Scorsese Supongamos que Nueva York es una ciudad. Por su parte, Antonio Escohotado en Historia general de las drogas, reconstruyó la genealogía de sustancias psicoactivas naturales y de diseño dejando al desnudo su utilización histórica con fines religiosos, punitivos, políticos, terapéuticos, bélicos, discriminadores, hedonistas y educativos. La búsqueda de la verdad, la reacción del Estado y los problemas que conlleva su prohibición, la criminalización y la persecución policíaca. Pero nos deja una tarea: hacer la historia de las adicciones no prohibidas, y hasta estimuladas socialmente: dietas, dependencia familiar, sexo, acumulación de capital. El filósofo español nos deja también testimonios de lo inerme de la prohibición. Ningún prohibicionismo ha sido eficaz a no ser como generador de ilegalismos. La adicción es pasión envuelta en los claroscuros de todo lo que desborda la racionalidad, como el anhelo del capitán Ahab y su atracción por Moby Dick que lo arrojó a la muerte; o la pasión de María Luisa Alcott, la autora de Mujercitas, escritora prolífera a pesar de su dependencia al opio. La adicción arroja a hundimiento irreversible o a la creación de universos insólitos. ¿Satanizar o instruir sobre su empleo? Las subjetividades esculpidas por adicciones pueden relanzar creatividades o hacerlas extinguir lastimosamente. Es preciso no franquear cierto límite y -al mismo tiempo- hacer que ese límite sea susceptible de convertirse en un recorrido perentorio haciendo de esa deriva un arte de vivir.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Resistiré | CINE



“Donde hay deseo, la vida intenta abrirse paso; es un motor de impulso, de transformación”, destaca en charla con Las12 la directora Clarisa Navas al referirse a Las mil y una, su segunda -y muy elogiada- película. Un film coming of age que, en registro naturalista, sigue las peripecias de tres jóvenes LGBTQ+ en un barrio de los márgenes correntinos, donde la ternura florece en el contexto más hostil, en la realidad más deprimida. 

Con honestidad y compromiso, sin romantizar la pobreza ni abonar al maniqueísmo, Navas relata el romance en ciernes de Iris -una muchacha tímida que ha dejado la escuela, aficionada al básquet, notablemente interpretada por la debutante Sofía Cabrera- con la misteriosa Renata (Ana Carolina García), por la que se siente irresistiblemente atraída. El film además refleja la entrañable camaradería entre la protagonista con dos hermanos, sus mejores amigos: el exuberante Darío (destacable labor de Mauricio Vila) y el sensible Ale (Luis Molina), que lidian con sus propias tribulaciones, desde la masculinidad tóxica del afuera hasta la hipocresía, desde primeras experiencias sexuales marcadas por la violencia hasta el bullying.

“El federalismo en las artes visuales sigue siendo una deuda pendiente en la Argentina”, subraya Navas (Corrientes, 1989), docente de la ENERC y de la Universidad Nacional del Nordeste, que fuera distinguida en numerosos festivales por Hoy partido a las 3, su ópera prima. Las mil y una, que puede verse en Cine.AR, también ha cosechado laureles en Mar del Plata, Valdivia, San Sebastián, Jeonju… Fue, de hecho, el primer largo correntino en participar de la prestigiosa Berlinale el pasado 2020, elegido para inaugurar la sección Panorama. Sobre el complejo entramado que se teje en el film a partir de sobresalientes elecciones formales discurre Clarisa Navas con Las12.

La película narra el flechazo -correspondido- de Iris, la protagonista, con una vecina de Las Mil, barriada en decadencia de la periferia correntina. Trabajás con suma elocuencia los gestos y los silencios…

–Es que la película suscribe a una poética del gesto, donde tantas veces se halla el amor. En especial cuando se es adolescente, y la ternura tiene más que ver con el abrazo que con las retóricas que llegan más tarde, con el correr de los años. La intención era trabajar intensamente las sutilezas, las tensiones, las miradas; ir en contra de la palabra viciada. Como las habladurías contra Renata en el barrio, que ponen en evidencia el decir corrosivo. Iris no consiente esa lógica: pese a lo que le cuentan, elije la experiencia del encuentro, que es lo verdaderamente revelador, lo que vuelve el día a día más luminoso.

Sofía Cabrera hace un trabajo de sorprendente naturalidad en su primer protagónico, a pesar de no tener formación ni experiencia previa ¿Cómo enfocaste la dirección en su caso particular?

–Al principio ella tuvo sus momentos de duda, no estaba segura de contar con las condiciones para interpretar el papel. Pero es una persona de una enorme inteligencia corporal, al ser tan buena jugadora de básquet profesional. Lo cual no significa que cualquier deportista pueda actuar, obviamente, pero sí encuentro que tanto la interpretación como el deporte implican estar realmente presentes, algo que no ocurre con la mayoría de las personas; los hábitos, después de todo, llevan a borrar el cuerpo. Entonces busqué armar desde ese impulso, desde esa disponibilidad: Sofía podía reaccionar, y eso -para mí- es clave. Como directora, me interesa trabajar sobre cómo opera el cuerpo desde la imposibilidad, qué potencias se liberan, recuperar la experiencia corporal extraviada.

Ana Carolina García y Sofía Cabrera en Las mil y una

Hoy partido a las 3, tu ópera prima, sigue a un equipo femenino de fútbol durante un torneo barrial en Corrientes; mientras en Las mil y una, el básquet ocupa las horas de Iris, cuando no está con Renata o sus amigos. El deporte parece tener un lugar decisivo en tu obra.

–Yo pertenecí a esos espacios: a las canchas barriales de fútbol femenino; también a las del básquet (N. de R.: jugó en primera división de Argentinos Juniors). También fui entrenadora de pibas de distintas edades en una escuelita, donde lo importante no era enseñarles cómo hacer una bandeja sino armar comunidad. Porque son lugares de resistencia únicos, que -en cuanto a experiencia de vida- anteceden a cualquier dimensión teórica feminista. Pero, en términos económicos, es tremendamente difícil para las mujeres, cualquiera sea la disciplina: no te permite sostenerte y, a la vez, te exige una demanda vital que no te deja dedicarte a nada más.

En Las mil y una, prácticamente no aparecen adultos, ¿por qué motivo?

–Aparece la madre de los mejores amigos de Iris, que intenta entender a sus hijos y los defiende a su modo, manteniendo un vínculo amoroso, sin juzgamientos. Pero, es cierto, el papá de Iris es apenas una voz en off, en pos de transmitir esa impresión adolescente de que las paternidades están pero no comprenden, en especial cuando se transitan disidencias sexuales. Entonces sucede algo del orden de la sobrevivencia, como muestra la película: se construyen estos pequeños oasis entre afinidades, se arman alianzas de amigues que sostienen. En Corrientes sigue siendo muy alta la tasa de suicidios de chiques que no son aceptados por sus familias, que son expulsados de sus hogares, sin ninguna institución que los contenga. Es terrible sentir cómo el afuera quiere borrar la diferencia, te obliga a vivir en constante estado de alerta.

La historia transcurre en Las Mil, donde te criaste, que recorrés con la cámara como una geografía excepcional, laberíntica, de callejones, plazas, escaleras ruinosas… Has puesto el acento en no tratarlo como mero set, en ser lo menos invasiva posible durante el rodaje.

Las Mil fue un proyecto posdictadura que se fue construyendo de a trechos, con la intención de albergar a cierta clase media que estaba concentrada en el centro de la ciudad, cerca de la costanera. Pero desde el vamos el trazado fue muy mezquino, nunca contempló cómo podría ser realmente la vida de las personas, y pronto empezaron los problemas. Por ejemplo, el tener que tirar la garrafa desde un balcón de primer piso, sin ascensor, porque no había modo de bajarla. Si bien a los ojos de Europa, puede verse como una favela, no es así; convive allí una mezcla de clases muy grande. De pronto tenés una casa preciosa frente a un monoblock tomado por la droga. Para mí es muy triste ser testigo del deterioro, que hace patente la desidia estatal, la omisión, el olvido… En lo personal, agradezco haber nacido ahí porque me permitió entender muchas cosas. Por eso creo tanto en películas que partan del margen históricamente silenciado, que cuestionen de una manera decolonial la lógica de construcción de imágenes, de sonidos, las narrativas, que se corran del eje hegemónico. Con Las mil y una, no quería abonar a la espectacularización que todo lo deglute, algo que rige lo ético en mi forma de aproximarme al cine. En sentido amplio: desde cómo mostramos el barrio hasta cómo está representado el lesbianismo o los encuentros sexuales.

El afuera dialoga con un adentro abarrotado, donde nada parece desechable y se convierte en sedimento de distintos momentos de la vida, sean stickers, pilcha, electrodomésticos en desuso…

Lucas Koziarski, un chico supertalentoso de Oberá, Misiones, que fue alumno mío de la ENERC, estuvo a cargo de la dirección de arte. Él vino varias veces a Las Mil antes del rodaje, y entendió la lógica de los espacios, las muchas capas que van superponiéndose. Porque, a priori, una pensaría que, en lugares acotados, lo razonable sería no abarrotar, pero esta estética de la acumulación responde a cierta idea de mundo, a cierto modo de existencia. Un “mientras tanto” muy marcado, asociado a la precariedad: se guarda tal cosa porque el día de mañana puede servir para algo; se hace la mitad de un piso porque hasta ahí alcanzó la plata.

Se percibe un minucioso trabajo de luces, el juego de penumbras. Pero sin buscar estetizar…

Quería conservar la forma de alumbrado del barrio que es el que tiene buena parte de Corrientes, en verdad, y tantas otras provincias. Siempre que viajo a Buenos Aires, noto que allí me faltan tonos; está todo tan, tan iluminado. Pienso también el dinero que comporta mantener ese grado de luminosidad para un Estado… Cuando te vas alejando del centro, aparece lo tenue, lo débil… Pero esa oscuridad, que conlleva un peligro, también tiene su contracara: pone a resguardo y posibilita cierto tipo de encuentros. Armin Marchesini Weihmuller hizo un trabajo estupendo, muy complejo, respetando y evocando esa iluminación.

Sofía Cabrera en Las mil y una

Destacable además la destreza de los planos secuencia con cámara en mano que elegís para contar la historia.

–Se desprende de algo que encontramos en los ensayos: la idea de que el barrio se armara en los tránsitos. Por eso el seguimiento, que la cámara no pueda ver más allá de lo que ven los personajes. También tiene que ver con la intención de no objetualizar el espacio “marginal” en grandes planos generales, como te decía antes. Y con cierta dimensión táctil de las imágenes a partir de entender los movimientos de los cuerpos, sus tensiones en escena.

Llegaste a jugar profesionalmente al básquet, ¿en qué momento te acercás al cine?

–De chica me gustaba escribir cuentos, y a eso de los 13 años, mi hermana y yo tomamos la cámara que había en casa, y con dos amigos empezamos a hacer cortos todos los fines de semana. Pensábamos la historia el viernes -siempre disparatada, con un componente queer-, y el domingo ya teníamos el VHS listo y a las familias reunidas para la función. A mí esa experiencia me sostuvo durante la adolescencia. También el Tropical, que era el videoclub del barrio, donde llegaban títulos muy buenos, y el alquiler era baratísimo. Así conocí el cine de Almodóvar, supe que existían directoras argentinas… Maia, mi hermana, también se volcó a las artes visuales, y hará cosa de una década fundó el Festival Play Videoarte, que una vez al año propone una semana de cine experimental en Corrientes, a partir de una búsqueda diferente, corrida de la lógica de mercado. 



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

La redifusión de “Macho lindo corazón”, el tema de los Palmeras para Carlos Monzón | El femicida tiene quién le cante



“Macho lindo corazón, que tuviste la guapeza de consagrarte campeón”. Así dice la milonga grabada por Los Palmeras hace años, que en enero, con el aniversario de la muerte del femicida Carlos Monzón, se volvió viral. El tema no ahorra elogios: “Te admiro como argentino por tu proeza cumplida”, “glorioso fue tu destino”, “la ley de tu coraje merece toda alabanza”, son algunas de sus estrofas. Basta que suenen Los Palmeras en una fiesta para que todo sea baile. Y todas, todos, todes mueven las caderas mientras cantan “ella tiene un bombón asesino”, por nombrar sólo la canción más conocida. La cumbia santafesina tiene su mayor expresión en esta banda con más de medio siglo de antigüedad. Como el liso, forma parte de la identidad de una ciudad que tiene en su costanera un monumento de ocho metros de altura dedicado al campeón de boxeo muerto el 8 de enero de 1995 en un accidente de tránsito, cuando volvía de una de las salidas transitorias de la cárcel donde cumplía condena por matar a Alicia Muñiz, crimen cometido el 14 de febrero de 1988. Ni Una Menos de Santa Fe, una mesa de articulación de decenas de organizaciones feministas y de la diversidad sexual, se pronunció enseguida. En esa ciudad, el boxeador es intocable y quien lo haga, se expone a agresiones, además de las ya conocidas llamadas a “separar al campeón de su vida privada”.

“Matar a su pareja no es un tema de la vida privada, de Monzón ni de nadie. Es un delito muy grave, tan grave que si hubiera ocurrido hoy a Monzón en vez de once años de prisión le hubieran dado perpetua. Repudiamos las letras que minimizan y que ignoran al Monzón femicida”, dijo Marta Fassino, militante feminista y ex concejal, acostumbrada a que la insulten en redes y en comentarios de las páginas web de los medios santafesinos cuando habla del ídolo popular. “Esta canción me parece muy en contra de dónde tiene que ir una histórica y correcta transformación cultural de la sociedad. Los Palmeras deberían pedir perdón por esa letra, sacar del mercado el tema. El movimiento de mujeres aplaudiría si Los Palmeras pidieran perdón y sacaran el tema. También tendrían que cambiar sus letras machistas. Les haría falta una clase de violencia machista, no solamente a Los Palmeras pero ahora hablamos de ellos”, siguió la activista, que forma parte de un activo movimiento feminista de la capital de la provincia de Santa Fe.

Alicia Muñiz era uruguaya, tenía 32 años, un hijo pequeño en común con su femicida. Había retomado su carrera de modelo y actriz, y el violento rechazaba que ella trabaje. En 1988 nadie hablaba de femicidio, y el crimen encontraba muchos justificadores. Monzón había asegurado que fue un accidente: hicieron falta dos autopsias y la determinación de funcionarios judiciales como el fiscal Carlos Pelliza y la jueza Alicia Ramos Fondeville, entre otros. “Uno de los grandes méritos, además de no permitir la impunidad, fue poner en evidencia el tema de la mujer maltratada. A partir de ahí se incrementaron las denuncias, se crearon comisarías de la mujer. Eso fue muy importante. Fue una sacudida en todo el país este juicio. Veo que la lucha continúa porque los femicidios siguen sucediendo y hay una violencia impresionante. Y la de los hombres a las mujeres es algo terrible porque es algo cultural”, dijo la jueza en una entrevista a Noticias, en 2019, cuando se estrenó una serie de Netflix sobre la vida de Monzón. Que ese crimen y ese juicio fueran una bisagra se debió, sobre todo, a la determinación de los grupos feministas que salieron a la calle y se plantaron en la puerta de los Tribunales cada día del juicio oral y público que terminó con una condena a once años de prisión por homicidio simple (el fiscal había pedido 18 años).

Más de 30 años después, la canción de Los Palmeras –revivida en YouTube– reinstala un debate nada saldado. “¿Por qué esta es una tormenta perfecta en esta ciudad? Se dan tres circunstancias que hacen que esta polémica tome tanta virulencia. Por un lado la desigualdad de género, vivimos en una sociedad patriarcal. Segundo, el chauvinismo del pago chico, el orgullo local de tener un campeón de boxeo, para una ciudad pequeña comparada con Rosario (eterna rival de la capital provincial). Y el otro elemento es la implicancia del grupo musical más famoso que ha tenido Santa Fe en la historia. Es un grupo de hace mucho tiempo, de mucho renombre”, señala Nidia Kreig, también feminista e integrante de Ni Una Menos. Y agrega que el problema no es la cumbia, sino los temas misóginos (que los hay en todos los géneros musicales). La activista recuerda “la reivindicación que hacen las pibas, como por ejemplo, las integrantes de Rebelión en la zanja, ellas dicen que adoptan la cumbia porque es lo popular, lo marginal, lo marrón y lo negro, pero necesitan darle otro contenido y por eso tienen temas como ‘Rajá de acá’ donde hablan de macho facho”.

Hablar de Carlos Monzón podría parecer un anacronismo, pero la vuelta la resucitación del tema musical muestra muchas heridas abiertas. Los tiempos han cambiado, sí, aunque no tanto. Hay núcleos resistentes, que en Santa Fe se expresan en forma de violentos insultos a las feministas allí donde las mencionan. La misoginia no es cosa del pasado, está claro. Uno de los líderes de Los Palmeras, Marcos Camino, aseguró que es un tema antiguo, que ni siquiera es de autoría del grupo, y que no sabe por qué se puso de nuevo en circulación. Tuvieron que llamarlo dos veces del programa Run Run del Espectáculo, el programa de Crónica TV, para que diera alguna explicación. “Nosotros hemos grabado esta canción hace 30 años, cuando se cumplió un aniversario, creo que 20 años de que Carlos ganó el campeonato mundial de box, esto no nació ahora, por tanto creo que lo que se está diciendo no es la verdad ni es lo que nosotros pensamos”, dijo el acordeonista del grupo. Y recordó que “más allá” de la amistad de Los Palmeras con Monzón, el grupo está “a favor de la lucha de las mujeres”. No creen lo mismo las mujeres que integran la Orquesta Filarmónica de Mendoza, que en marzo de 2020 se negaron a tocar con ellos por sus letras sexistas.

Tampoco lo cree Silvina Sierra, integrante de Ni Una Menos Santa Fe, una de las caras visibles del repudio. Para ella, la redifusión del tema musical es “una provocación”. “No sé concretamente quién largó esa canción, porque Camino dijo que la habían grabado cuando se cumplieron 20 años de que él había ganado la corona. Y no dan los números, porque eso fue en 1990. A Alicia, Monzón la mató en 1988”, hace la cuenta Sierra. El santafesino conquistó el campeonato del mundo el 7 de noviembre de 1970. Es decir que, si es como lo dice Camino, la canción se hizo cuando el deportista ya había sido condenado por homicidio simple.

“A mí me parece que esto es una gran provocación, independientemente de que la canción sea vieja, que se nota que lo es. Empezó a viralizarse cuando se cumplieron 26 años de la muerte. Me parece una gran provocación, una reivindicación del macho que se lleva el mundo por delante, que golpea a las mujeres para ejercer poder y disciplinar”, dice Sierra. “Es una provocación a un movimiento que viene desde hace años levantando una bandera como es Ni Una Menos. Parece más una reivindicación del macho que la intención de homenajearlo por los títulos que tuvo”, dice la activista, quien recuerda algo que es palpable en cualquier fiesta –y a quién no le ha pasado– “el ritmo es pegadizo, la gente baila sin saber lo que está cantando. En esa época a lo mejor pasaba desapercibido, pero en esta época ya basta, hagan otras canciones, dejen de cosificar a las mujeres, de denigrarlas”.

La propuesta para Los Palmeras de Mabel Busaniche, histórica militante feminista santafesina, una de las pioneras de la Educación Sexual Integral en la provincia, es concreta. “Que hagan un desagravio social, haciendo un concurso de letras de cumbia y que –con asesores y asesoras con perspectiva de género– pueda elegirse la mejor canción no sexista. Siempre es bueno que incluso los artistas, los que tienen que aportar a la deconstrucción, tengan que hacer una capacitación de la ley Micaela, para no cometer estas barbaridades”, propuso claramente Busaniche. “Hay que ser consciente de que hay una juventud que se está preguntando. Después de la pandemia vamos a tener una juventud que quiere construir una nueva era, donde estas cosas no existan, por algo estamos luchando por un lenguaje no sexista, que va acompañado de los cambios. Precisamente porque el lenguaje expresa las desigualdades”, agregó la activista. No solamente les reclam que pidan perdón, sino que retiren esa canción de circulación y que tengan acciones concretas de desagravio “a la sociedad, a la ciudadanía”. “El mundo está cambiando, no podemos decir todo, porque así estamos perpetuando las cosas que colaboran con los femicidios. Nadie quiere femicidios, ¿entonces cómo hacemos para prevenir los femicidios? ¿cómo hacemos para no construir más machirulos?”, planteó.

Con el monumento a Monzón intacto en la costanera santafesina, cada paseo por la zona se convierte en el refuerzo de un mensaje violento. Así lo escribieron en un artículo Busaniche y Kreig. “En el caso del monumento a Monzón, las mujeres estamos ocultas/negadas tras el héroe deportivo con los puños en alto en actitud victoriosa. La parte no develada pero que hace a la persona es que ese campeón mundial también es un femicida (si bien la tipificación jurídica es posterior al hecho, es la más apropiada para conceptualizar la forma más extrema de la violencia de género). Alicia Muñiz era una mujer que tenía sueños, proyectos, un hijo pequeño que era de ambos. No faltaron quienes en forma desembozada o encubierta –de manual– pretendieron hacerla responsable de su propia muerte, victimizando al victimario. El femicidio de Alicia Muñiz es emblemático porque permitió dar visibilidad a la violencia de género que por primera vez se instalaba en la primera plana de los diarios y se debatía en los programas de televisión. Su vida y su muerte confrontada a las glorias deportivas del ídolo popular parecieran tener menos valía. Pero el movimiento de mujeres no olvida”, hicieron público el 14 de febrero de 2018, cuando se cumplían 30 años del crimen.

Alicia Muñiz es un nombre para recordar. Beba Lorenzo fue la empresaria de modas que la contrató cuando ella volvió a trabajar de modelo. “Cuando yo hacía el desfile en el Bauen, ella venía siempre con su mamá y su niño. Se ha portado bárbaro con todo el equipo de modelos. Nunca trajo problemas”, la recordó para Las12. “Ella estaba enamorada de Monzón, él siempre fue agresivo. Ella contaba que él iba y le hacía escándalos. Un día contó que cuando vivía en un departamento en Belgrano, tuvo que bajar nueve pisos corriendo, esconderse en el kiosco del diario porque él la perseguía con un cuchillo”, recordó la empresaria, quien la definió como “espléndida”.

Desde Estados Unidos, una de las mejores amigas de Alicia Muñiz muestra su conmoción al escuchar el tema de Los Palmeras. “No puedo ser para nada objetiva, porque después de todo, si por algo me localizaste es porque sabés que yo era muy amiga de Alicia, entonces jamás voy a ser objetiva. Entiendo que el tipo fue un ídolo, que los hombres, los apasionados del deporte, del boxeo, hayan disfrutado al cien por ciento de su trayectoria y su forma de boxear que fue impresionante. Eso lo puedo reconocer, pero obviamente no puedo soportar este tipo de cosas, me hace mal”, expresa Carmen Carrasco ante la consulta. Ella misma hace un paralelo que parece inevitable, aunque con diferencias nada pequeñas. “Entiendo que es como el tema de Maradona, que dicen que era esto, era otro, hijo de la madre, irrespetuoso. Todas las cosas que dicen de Maradona, sin embargo, yo disfruté mucho de la época en que jugó, qué sé yo, vos decís de qué lado te ponés. Pero en este caso, es un femicida, es diferente. El otro también le faltaba el respeto a las mujeres. He vivido muchas situaciones cerca de él donde he visto cómo se comportaba. Es lidiar con un hilo muy fino donde de pronto te ponés de un lado y mirás cómo es como deportista o te ponés del otro y mirás cómo es como persona. En el caso de Monzón, esto me afecta un poco porque se trata de una amiga mía”, dice Carmen sobre la canción que elogia al “macho lindo” que mató a Alicia Muñiz.

Mucho se habla de “la época” para justificar la misoginia. ¿Matar estaba bien en 1988? No hace falta recurrir a literatura feminista para desmentir que era un imperativo defender al femicida. Osvaldo Soriano hizo en 1997 una semblanza de Monzón en la revista El Gráfico, que luego se incluyó en el libro Piratas, fantasmas y dinosaurios. Este texto fue rescatado por el periódico Pausa, de Santa Fe. Allí se lee: “Monzón nació en una villa miseria, se abrió paso en silencio y nunca se le ocurrió pensar en los demás. Enseguida se compró una estancia, empezó a romperles la cara a las mujeres, una más linda que otra, y al fin mató a Alicia Muñiz. Los periódicos hicieron del asesinato un dato menor, una anécdota más en la vida del campeón”.

Desde Ni Una Menos, Kreig retoma a Soriano. “Es extraordinario cuando dice que el periodismo convirtió al asesinato de Alicai Muñiz en una anécdota más en la vida del campeón, eso es lo que pretenden al reivindicar al deportista. No podemos borrar a Alicia Muñiz. Su femicidio abrió, hizo público, puso en el debate el tema de la violencia de género. No podemos permitir que se siga minimizando la violencia de género, homenajeando al macho”, expresa la activista. No se trata de cancelación, cada quien puede bailar con lo que más le guste.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Abrir calles, cerrar puertas | La violencia de género expuesta en los procesos de urbanización



“No me podía quedar en un lugar donde estaba siendo violentada por mi ex pareja. El padre de mis hijos nos abandonó una semana después que nació el más chico pero venía siempre al barrio a hostigarme y agredirme. Un día tuve que irme, conseguí una pieza y al poco tiempo tuve que irme también porque era una vivienda afectada por la urbanización. Estuve a punto de quedarme en la calle con mis hijos”.

Jennifer alquiló la primera pieza en el 2016, era una casa con cuatro habitaciones más, cada una alojaba a una familia del barrio de Fraga, también conocido como Playón de Chacarita, ubicado entre las calles Teodoro García, Palpa, Céspedes y las vías del Ferrocarril Urquiza, en la Comuna 15. En ese año fue parte de un censo que a futuro le aseguraría una vivienda definitiva para ella y su familia. Pero muchas veces el derecho a la vivienda también esta atravesado por la violencia de genero: Jennifer tuvo que abandonar la casa en la que estaba censada y buscar otro alquiler. Encontrarlo fue una odisea: “Para una persona que tiene bebes o niños pequeños las viviendas son inseguras y hay accidentes, entonces nunca te quieren alquilar”, finalmente consiguió una pieza muy pequeña donde solo entraba una cama de dos plazas y un placard.

El lunes 30 de noviembre del año pasado la dueña de esa ínfima habitación le dijo que se tenía que ir porque le habían adjudicado una vivienda nueva a la que podría mudarse con la condición de que Jennifer abandonase la pieza. En ese momento su único destino era quedarse en la calle con sus dos hijxs. Mientras el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) le negaba una vivienda nueva argumentando que se encontraba en un domicilio distinto al momento en el que fue censada, también la obligaban a irse de esa pieza sin tener en cuenta la situación de violencia de género que sufrió durante años.

La desesperación la llevó a pararse frente a una de las viviendas provisorias que ofrece el IVC a las familias que van a mudarse a los edificios nuevos. Resistió ahí con su hijo más pequeño en brazos y con el mayor en un ataque de pánico porque la Policía de la Ciudad intentó sacarla por la fuerza. “Sentí mucha angustia porque me iba a quedar en la calle y nadie me respondía, pero ese día había organizaciones sociales y compañeras del barrio organizadas, por eso tuve la fuerza para sostenerme ahí parada con mi hijo en la puerta de una vivienda vacía. Si el IVC te ve sola, ve que nos sabes cuáles son tus derechos, hace lo que quiere. Te tratan mal. Fui muchas veces a pedir ayuda y no me dieron respuesta. Ese día había cámaras y bajaron un poco, me terminaron dando una vivienda. Pero no puede ser así”. 

 Jennifer recuerda el momento en el cual agotadas todas las posibilidades, se sentó en la puerta de una de las viviendas nuevas que se encontraba vacía hace meses para exigir el techo que el instituto le había prometido hacía años. Jennifer estuvo varias horas parada frente a la casa junto a su hijo, al lado tenía colchones, bolsas con ropa y objetos personales.

Jennifer y sus vecinas, reclamando por la vivienda provisoria que finalmente le otorgaron.

El proyecto de integración socio-urbana, que hoy lleva adelante el IVC, fue aprobado por la Ley 5.799, sancionada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en marzo de 2017. Los procesos de integración social y urbana tienen como objetivo mejorar el acceso a la educación, la salud y el trabajo de lxs habitantes y realizar obras que garanticen servicios básicos y viviendas adecuadas.

El terreno donde está situado el barrio solía ser una playa para maniobras del ferrocarril, las primeras personas que habitaron el lugar lo hicieron en el 2001, en enero del año pasado el IVC anunciaba que mudaría a 678 familias del barrio Fraga a los departamentos financiados a 20, 30 y 40 años, en cuotas fijas que no superen el 20% del presupuesto familiar. ¿Cuáles son las problemáticas que surgen en un proceso de reurbanización en materia de violencia de género? ¿Qué incidencias tuvo un año de aislamiento social preventivo y obligatorio en el proceso que debía llevar a cabo el IVC en coordinación con vecinas y vecinos?

Sobre la Avenida Triunvirato entre Lacroze y Elcano hay una cadena montañosa de edificios de entre 4 y 8 pisos que atraviesa el barrio de Chacarita y que es parte de los procesos de reurbanización comandandos por el Gobierno de la Ciudad que implica la mejora de 300 viviendas que quedarán en el sector histórico del barrio y la construcción de 672 viviendas nuevas en el predio aledaño que pertenecía al Ferrocarril Urquiza. Gestionar las viviendas para lxs vecinxs del barrio que hayan entrado en el censo del 2016 es una tarea a cargo del IVC. Las viviendas construidas sobre la calle Triunvirato son para la gente del Playón de Chacarita, uno de los principales problemas a nivel infraestructura es el hacinamiento, el proyecto de reurbanización pretende mudar a las familias para permitir el esponjamiento y la apertura de calles.

“Confiamos que el IVC estaba haciendo bien su trabajo, que primero trasladarían a la gente con problemas de hacinamiento y a quienes tuvieran problemas de agua y de luz, pero con la pandemia se realizaron mudanzas masivas, los mismos vecinos denunciaban que a los edificios se estaba mudando gente que no era del barrio, gente que efectivamente tiene la necesidad de una vivienda, pero desde el organismo no lo manejaron bien” dice Mariluz Zambrana, referente barrial del Playón de Chacarita.

La mesa de gestión participativa (MGP) es un espacio integrado por vecinas y vecinos del barrio, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, la Defensoría General y el Instituto de la Vivienda de la Ciudad. Desde el 2018 se reúnen, según el IVC, para administrar conjuntamente los criterios establecidos por la ley en la adjudicación de viviendas. La última reunión no pudo realizarse “por falta de quórum”, según las funcionarias del IVC. Hasta ese momento nunca había sucedido que una mesa de gestión participativa se cancelara, se hizo justo el día en el que Jennifer junto a sus compañeras iba a relatar frente a organizaciones, vecinas y vecinas el conflicto habitacional que estaba atravesando. Ese día iba a relatar frente a sus vecinxs porque se paró frente a una casa vacía con su hijo en brazos, le iba a poner palabra a algo que probablemente no fuese un caso aislado en el proceso de adjudicación e viviendas, iba a discutir con alguna vecina que no le creyera o con algún otro que dijera que “denuncian violencia de genero para que les den una casa”. No pudo hacerlo, las reuniones empezaron a ser canceladas sistemáticamente y las vecinas organizadas ya tienen mas de 10 casos detectados. El lunes 11 de enero, desde el IVC volvieron a suspender una reunión pactada desde hace más de un mes donde se tratarían los casos atravesados por la violencia machista.

El contraste entre el Barrio Playón de Fraga, donde ya se han demolido viviendas, y los edificios nuevos todavía vacíos en su mayor parte.

Ornella Agostino es integrante del Movimiento de Trabajadores Excluídos y acompaña a distintas mujeres en el barrio: “Cuando una compañera denuncia una situación de violencia frente a IVC la mandan al Centro Integral de la Mujer (CIM) para que les hagan un informe social dando cuenta que están viviendo una situación de violencia. El CIM se vuelve a comunicar con el IVC que le dice a la compañera que no le corresponde una solución habitacional porque no esta en la vivienda en la que fue censada, entonces el CIM no puede hacer el informe social porque a la compañera no le corresponde una vivienda. Es un circulo que nunca termina y mucho menos le da una respuesta a las mujeres en situación de violencia. Es increíble como les dan las espalda y las revictimizan”.

Del acompañamiento desplegado por las redes feministas en el barrio Fraga también es parte el colectivo Ni Una Menos, que durante la pandemia puso el énfasis en el enorme caudal de tareas que recaen en las mujeres en los barrios: “Una de las cuestiones que consideramos claves para lograr las autonomías de mujeres, lesbianas, travestis y trans en situación de violencia personal o institucional es la vivienda. Son necesarias políticas públicas concretas en materia de vivienda que desacoplen la titularidad y posesión de las mismas al varón proveedor, función que además ya está estallada: lo vemos como ejemplo concreto en nuestras compañeras de Fraga pero también en los relatos que salen de la red de asambleas feministas de las villas de CABA, son experiencias que dan cuenta de cómo se encargan de la crianza, los cuidados y también de que entren unos mangos a la casa” explica Natalia Fontana, integrante del Colectivo Ni Una Menos que viene articulando con las vecinas de Fraga y el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad la urgencia de poner en la agenda del Estado la cuestión de la vivienda.

El 22 de diciembre pasado se realizó un encuentro entre la Ministra Elizabeth Gómez Alcorta y las vecinas de Fraga, la reunión se realizó en una huerta agroecológica y transfeminista ubicada sobre la Avenida Triunvirato, se trata de un espacio en donde además de Ni Una Menos, confluyen la Mutual Sentimiento, Futbol Militante y las vecinas organizadas del barrio: “La visita del 22 de la ministra para nosotras fue un apoyo más para visibilizar nuestro problema en el Playón” cuenta Mariluz que junto a otras compañeras le expresaron a la Ministra los distintos casos de cruzan violencia de género y vivienda en el barrio: “Le explicamos cómo se desvincularon las distintas instituciones, no sólo el IVC, sino el también el CIM y la Defensoría General, al momento de proteger a las mujeres, se mantienen al margen. Es como que hay un límite, un límite donde no pueden traspasar si las mujeres nos organizamos. Eso es lo que le fuimos expresando cada una. Eli se comprometió a tomar cartas en el asunto y nosotras contamos con la esperanza de que eso suceda, ya que ella como ministra puede pedir una intervención institucional. Es compañera, se acercó hasta acá y nos escuchó” dice Mariluz que siembra expectativas en las respuestas del Ministerio pero también asegura que si eso no llega, ellas igual seguirán adelante haciéndose visibles y accionando.

La ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad en el encuentro con las Vecinas Organizadas del Barrio Playón de Fraga en la Huerta Agreoecológica Transfeminista. (foto: Estela Fares)

Desde el Colectivo Ni una Menos el pedido fue concreto: “Queremos que el Ministerio se involucre físicamente en una mesa de trabajo para que el IVC implemente el artículo 6 inciso D de la ley 5.799 de Reurbanización e Integración socio-urbana del barrio denominado “Playón Chacarita”, que establece que uno de los criterios de prioridad para la adjudicación de viviendas es la violencia de género, no queremos que sea palabra muerta”

Reurbanización sin perspectiva de género

El IVC elaboró un programa con criterios de adjudicación de viviendas nuevas basado en un sistema de puntajes con determinados criterios. Cada criterio suma puntos, por ejemplo, tiene mayor puntaje una casa que se encuentra afectada por la traza de apertura de calles para poder realizar las obras de infraestructura de servicios básicos, que una casa que tiene peligro de derrumbe. El puntaje más alto que es de 51 puntos lo reciben aquellas viviendas que deben demolerse para poder concretar la obra, le siguen con 13 puntos las viviendas que presenten peligro de derrumbe, las familias que tengan integrantes adultos mayores, discapacitadxs, o alguna patología de salud agravada por la condición de hábitat reciben 10 puntos y viviendas con hacinamiento 8. El criterio de prioridad por violencia de género, fue incorporado gracias a la lucha que dieron las vecinas, poniendo el cuerpo en la Legislatura porteña, no pidieron permiso, se hicieron lugar y obtuvieron este logro, sin embargo, dentro del scoring es el que menos puntaje suma, solo 8 puntos.

Cuando Las12 consultó a las autoridades del IVC cómo responden ante una situación de violencia de género respondieron: “A las mujeres que manifiestan que se encuentran atravesando situaciones de violencia de género se les otorga una solución habitacional diferente, la cual no comparten de ninguna manera con su agresor.” Sin embargo, la historia de Jennifer demuestra que el IVC no cumple con lo acordado, recién le adjudicaron una vivienda cuando estuvo en la puerta de una casa durante horas y ya no tenía donde vivir.

Rosa, se encuentra en una situación similar a la de Jennifer, tiene 27 años y una hija de 5, viven en el barrio desde hace 8, y hace algunos meses se separó de Gastón, el papá de su hija, porque la violentaba. Él está denunciado y tiene una orden de restricción perimetral, pero hasta llegar a esta instancia, Rosa vivió un calvario.

El día en que realizaron el censo ni él ni ella estaban en la casa que alquilaban en el barrio, por eso Rosa tuvo que recopilar toda la documentación necesaria para que pudieran entrar en el censo, pruebas que dieran cuenta de que vivían en el barrio. “Si bien yo trabajaba, no había nada a mi nombre, mi DNI tenía la dirección de una casa en la que yo vivía antes y que estaba fuera de la villa”. Para que la familia pudiese ingresar al censo del 2016 tenía que presentar esos papeles, Gastón no quería saber nada con la adjudicación de la casa: “Él me decía que no quería pagar una vivienda de acá a 30 años, y yo le dije que yo sí, entonces como él vivía en el barrio desde hacía más tiempo, tenía muchas documentaciones, yo las reuní, se las llevé a defensoría y ellos se la llevaron al IVC. Después de insistir por varios meses finalmente ingresaron a la familia al censo, lo que faltaba era el certificado de convivencia que probara que yo también vivía en el barrio ya que todos los documentos estaban a nombre de Gastón. Tuve problemas con los testigos, después él no se presentaba a firmar, y así, hasta que comenzó la pandemia y ya no pude tramitarlo”

Vecinas Organizadas del Barrio Playón de Fraga

Rosa pasó la cuarentena con Gastón y su hija, en ese momento dice que su máxima preocupación era cuidarse. En agosto del año pasado se comunicaron con ella para presentar de manera urgente el certificado de convivencia porque la casa estaba a punto de ser adjudicada pero a nombre de él. “En ese momento, nos separamos y él me dijo que me quedara en la casa nueva con mi hija, que me la cedía porque no quería la casa. Yo hablé con la defensoría, con el IVC insistiendo en que él me lo quería ceder, y ellos me decían que yo no había presentado nada a mi nombre. Lo peor no fue eso, lo peor fue que Gastón se arrepintió y tomó la decisión de quedarse con la vivienda”. La situación habitacional de Rosa empeoraba a medida que pasaba el tiempo, la adjudicación era para su ex y a ella le ofrecían un subsidio de 7000 pesos. La casa que alquilan es un monoambiente y sale alrededor de 10 mil.

“Cuando me enteré que Gastón no me iba a ceder la vivienda, nos aíslan por el Covid, tuvimos que estar encerrados los tres y fue un calvario. Me llamaban de la defensoría diciéndome que me daban el subsidio pero que saliera de ahí, él se puso muy agresivo y violento: Me decía que me tenía que ir de la casa y dejarle a la nena. Me pegó, me amenazó diciéndome cosas horribles: “de acá no salís viva”. Entonces dije “basta”, no quiero que me sigan torturando y busqué ayuda. Hice la denuncia, que no es fácil, pero yo quería estar tranquila, que se fuera de la casa. Lo denuncié un viernes y el martes ya tenía la perimetral. Esa noche, cuando llegó a la casa, le mostré el papel y no me dijo nada. Armó la valija y se fue. Esto fue hace tres meses, todavía tiene ropa acá”

Rosa tuvo que emprender una vez más el camino de la documentación para poder presentar papeles a su nombre, tuvo que revolver hasta encontrar alguna factura que dé cuenta que ella vivió en el barrio durante todos estos años. Ahora tiene que esperar a que le digan si le adjudican o no una casa.

Prioridad para agresores

Jesica delgado tiene 22 años, vive en el barrio hace 10, es promotora de salud, y durante el 2020 comenzó a trabajar de manera formal en el CeSAC N°33 que depende del área programática del Hospital Tornú. De acuerdo a los criterios de prioridad le corresponde una nueva vivienda donde viviría con su pareja y su hijo de dos años. Le sería adjudicada en enero de este año, pero en noviembre pasado su situación cambió rotundamente, una prueba más de que en el camino hacia la adjudicación de las viviendas surgen una serie de problemáticas que es urgente atender.

“El papá de mi hijo me levantó la mano, yo estaba con el nene encima, me golpeó en la frente y al rebotar mi cabeza deslizó justo en la cabeza del nene, me asusté mucho y en ese mismo momento fui hacer la denuncia. Tomé mucho valor y actué rápido. Anteriormente ya venía teniendo problemas porque el papá de mi hijo me cela por todo, no quiere que estudie, ni que trabaje. Me da culpa hacerle pasar por todo esto a mi hijo y por eso dije no me callo más.”

Jesica apenas pudo terminar de relatar ese episodio de violencia que vivió y el llanto le cortó la voz. Su ex pareja tiene una restricción perimetral y ella el botón antipánico: “Cuando fui a buscar a la policía él me dijo que el nene se iba a quedar sin mamá y sin papá, me amenazaba. Estuve desde las 10 de la noche hasta las 3 de la mañana en la comisaría y al día siguiente fui a la OVD a hacer la denuncia, me volvieron a preguntar todo, ahí estuve nueve horas. Es muy difícil, el desamor es duro, la angustia, mi hijo quiere mucho a su papá y me pone muy mal que pregunte por él a cada rato, que llore, que se comporte mal, pero le voy explicando que ahora su papá no puede estar, igual él lo ve, pero estaba acostumbrado a dormir con su papá y levantarse con él. Yo me tuve que reorganizar, sigo trabajando y estudiando, no voy a parar porque alguien me diga que no le gusta.”

La ex pareja de Jessica fue censado en una vivienda afectada, mediante un procedimiento de desglose familiar, Jessica y el hijo que tienen juntes, fueron sumados al proceso de adjudicación como grupo familiar.

Después de la denuncia, Jesica se dirigió al IVC para contar lo que le había sucedido, en enero le sería adjudicada una vivienda con quien ahora es su agresor. “Estuve reclamando al IVC para que nos adelantaran el trámite porque mi hijo y yo tenemos problemas de salud, él tiene broncoespasmo y yo soy asmática. Hablé con las defensorías y lo que me dice el IVC es que a quien corresponde la vivienda es al papá de mi hijo porque él es el que está censado en ese lugar y yo no. A veces desde el mismo IVC dicen ‘la gente se separa para tener dos departamentos y después se vuelven a unir’. Le dije al IVC que me den la prioridad para que me muden con el nene, que no me separé de palabra, sino que tengo una denuncia, una perimetral, un botón antipánico pero me dijeron que le corresponde al papá de mi hijo.”

Cuando se presenta un caso en el que media la violencia de género y la vivienda está por ser adjudicada el IVC específica: “En los casos en donde se manifiesta una situación de violencia, se articula la intervención de la Dirección General de la Mujer y los Centros Integrales de la Mujer para que la víctima reciba orientación, asistencia y acompañamiento. Si bien a ambas personas le corresponde la solución habitacional, se prioriza la adjudicación de la mujer y se mantiene la mayor distancia posible. En caso de haber una restricción perimetral se adjudicará en un consorcio de Manzana A y en un consorcio de Manzana D, o se analizará la posibilidad de un crédito de relocalización externa.” Nada de esto está sucediendo con Jesica, no recibió ni prioridad, ni ayuda, ni contención. Ella continúa golpeando puertas, peleando por la vivienda que le corresponde, presentó su caso en la Defensoría General y en la Defensoría del Pueblo y el pasado 18 de diciembre cuando pudo concretar una reunión con el IVC se refirieron al conflicto que estaba atravesando Jessica como una “separación”, sin dudarlo ella las corrigió: “no es una separación, es violencia de género”. Durante la reunión Jessica se mantuvo firme en su posición de demandar que la vivienda adjudicada le corresponda a ella y a su hijo, desde el IVC consideran que la situación “no es tan clara” porque ella se fue de la vivienda adjudicada a una casa que al no estar afectada no le corresponde una adjudicación, en palabras de una funcionaria del IVC “queda en el aire” y entra en el terreno de la excepcionalidad. Jessica ahora vive con su abuela provisoriamente, el único lugar donde podía ir.

Mariluz cuenta que en el barrio empezaron a pedir explicaciones al IVC cuando se enteraron que hay muchos casos como el de Rosa, Jennifer y Jessica, que hace años están esperando una solución habitacional y las viviendas no van a alcanzar: “A una vecina se le cayó el nene de un segundo piso dentro del barrio, hace más de un año estaba solicitando la vivienda y el IVC se la negó. El nene estuvo en terapia intensiva tres días, varios vecinos salimos a apoyarla, ella está dentro de los casos especiales, tiene 5 hijos y uno de ellos es discapacitado, debía tener prioridad y todo esto lo sabía la Defensoría del Pueblo, la Defensoría General. El IVC nos dice que no hay muchas viviendas. Si el IVC hizo mal el trabajo de cómo repartir las viviendas no es problema de los vecinos y todo el barrio exigimos más información”.

Falta de presupuesto y precarización laboral

Por si acaso fuera poco, además de no dar respuestas para resolver las situaciones de violencia machista que se han presentado al momento de las adjudicaciones de las viviendas, otro de los conflictos que acarrean las autoridades del IVC es la precarización laboral de sus trabajadores quienes a fines del año pasado denunciaron 30 despidos sin indemnización, irregularidad en el pago y falta de recursos para continuar con los proyectos de urbanización que perjudica directamente a lxs vecinxs. “Durante la pandemia seguimos trabajando como esenciales y siempre contratados como monotributistas, no tenemos obra social, ningún tipo de ART y los despidos que se dieron a fin de año fueron sin preaviso, ni indemnización. Ni siquiera tras tres o cuatro años de antigüedad, porque el pase a planta transitoria se da recién a partir de los seis o siete años y si uno tiene conexiones con el gremio, que es Sutecba (Sindicato Único de Trabajadores y Empleados de la CABA) o tiene algún familiar trabajando en planta. De esas 30 personas despedidas que trabajaban en los distintos barrios, algunos tenían muchos años de desempeño en el Gobierno y la mayoría con hijxs a cargo, jefas de hogar para quienes ese era su único sustento. Y además hay al menos otros 30 trabajadores despedidos que son militantes y habitantes de los barrios con contrato temporales a través de las organizaciones que los nuclean en los barrios, que siguen haciendo su trabajo, porque el IVC no puede hacer nada si no es con las organizaciones porque no tienen el personal suficiente”, asegura Denise, una de las trabajadoras quien prefiere reservar su nombre real por temor a represalias.

El IVC es un organismo que hoy depende del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Airesdirigido por María Migliore, por lo tanto, todas las decisiones que se toman en el proceso de reurbanización parten de una política habitacional que proviene del ministerio. En la teoría, el IVC desarrolló un proyecto de reurbanización ideal que el Gobierno de la Ciudad utiliza constantemente para promocionarse pero no resuelve las problemáticas que se presentan en los barrios durante los procesos de integración social y urbana. En la práctica, no se aplica tal como es enunciado y no alcanza con una foto de una calle terminada o un cartel amarillo del Gobierno marcando presencia en los pasillos. Sobre lo que se avecina para el futuro inmediato Denise explica: “Ahora con la cuestión de la coparticipación como excusa hicieron un recorte enorme en el presupuesto del IVC, y está en riesgo la posibilidad de terminar con procesos que fueron muy costosos y largos. Si hoy no está garantizado ese presupuesto, los insumos y los trabajadores necesarios, ese proceso puede quedar trunco, porque lo único que hicieron hasta ahora fue mover a la gente de un lado a otro. Eso no es un proceso de integración de la Ciudad ni de reurbanización. Terminan primando decisiones arbitrarias como, por ejemplo, mudar familias que no estaban habilitadas porque no estaban en situaciones de emergencia y por el solo hecho de ser ‘amigos de’ recibían adjudicaciones.”

Mientras las autoridades del IVC se encuentran veraneando -durante todo el mes de diciembre, al cierre de esta nota no hubo ningún avance- las urgencias que denunciaron las vecinas del Playón de Chacarita continúan sin respuestas y en el medio lxs trabajadores intentan lo imposible: “Además de toda la vulneración que tenemos como trabajadores, nos obligan a exponernos y dar la cara nosotros sobre decisiones con las que no estamos de acuerdo, con las que estamos luchando internamente y tratando de resolverlas, como las situaciones que se dan cuando media la violencia de género. Con los despidos más la cantidad de compañeros que se fueron durante la pandemia porque estaban en la primera línea y no resistieron, es menos personal que tenemos para llevar los procesos en los barrios y hay muchas situaciones de emergencia que no se atienden porque no hay suficientes trabajadores.”

 

En el barrio se están tejiendo redes de contención desde hace tiempo, entre vecinas, el MTE y Ni una Menos, se hacen acompañamientos para realizar denuncias y buscar alternativas provisorias frente al desahucio que produce el quedarse sin un techo para vivir. La urgencia está dentro del barrio, del lado de los organismos del Gobierno de la Ciudad está la obligación de buscar respuestas reales frente a todos los conflictos que se desprenden de la cuestión habitacional. Como decían las vecinas que acompañaron a Jennifer y su hijo esa tarde que la temperatura superó los 30 grados “ole ole, ole ola, vivienda digna y popular para las villas de toda la capital”.



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Pasar al frente | Tributo a María Luisa Bemberg, una cineasta precursora



“Es hora de que las mujeres nos atrevamos a atrevernos”, solía decir María Luisa Bemberg (1922-1995) hace más de cuatro décadas, parafraseando a la periodista y escritora francesa Françoise Parturier. Una máxima que llevó a la práctica esta cineasta decididamente precursora en el ámbito local, que sinceramente deseaba “contribuir a que las mujeres descubran que pueden hacer mucho más que servir y gustar”, que supieran “que pueden crear además de procrear”.

“Es formidable darse cuenta de que una puede caminar, que no es renga ni mutilada. Eso sí, hay que largarse de una buena vez”, arengaba quien, antes de plantarse tras la cámara para rodar su primer largo, ya había sido empresaria teatral (en la década del 50), guionista de dos largometrajes (Crónica de una señora y Triángulo de cuatro), directora de cortometrajes de inspiración feminista. En El mundo de la mujer, del ’72, cargaba contra los imperativos de belleza y sumisión que recaían sobre las mujeres; en Juguetes, del ’78, ponía sobre el tapete cómo los roles de género empezaban a formatearse desde la niñez, precisamente a través de juegos que nada tenían de inocuos…

En plena dictadura, fue una de las fundadoras de la Unión Feminista Argentina en los tempranos 70s, y luego de otros espacios históricos para la militancia local, amén de la asociación La Mujer y El Cine que contribuyó altamente a la difusión de la obra de directoras nacionales e internacionales.

Con convicción y premura, en poco más de una década rodó seis largometrajes que se salieron completamente de la vaina, con personajes femeninos díscolos, atípicos para la pantalla local, que no solo cuestionan distintas maneras de opresión, sino que se atreven a soltar amarras, salirse del destino férreamente asignado. En Momentos, su primer película, de 1981, una mujer casada vive un breve pero apasionado affaire con un hombre bastante más joven. En Señora de nadie, del ‘82, un ama de casa -a la que el marido le ha mentido durante 15 años- hace huelga y abandono del hogar, dejando que el tipo se encargue de las tareas de cuidado, mientras ella se arma una vida diferente, genuina, afianzando nuevas amistades (la más entrañable, con un muchacho gay, interpretado por Julio Chávez en un personaje inusual para el cine argentino de la época).

Fotograma de Señora de nadie. Colección Flia. Bemberg en el Museo del Cine.

En Camila -de 1984, que le valió una nominación al Oscar que tuvo al país en vilo la noche de la entrega de esos premios-, se anima a la transgresión máxima: la trágica historia real de amor de Camila O’Gorman -joven de alta alcurnia, desobediente y contestataria- con el sacerdote de su capilla. En 1986, filma la sobresaliente Miss Mary, plantando cámara en una casa normanda perdida en las pampas para desnudar la hipocresía, el subyacente ideario fascista y la represión femenina de la clase que más conoce, de la que es parte: la alta burguesía argentina. Mencionando incluso -rojiza nota de color- a lo indecible en esas fechas en la pantalla: ¡la menstruación!

“Siempre estoy tratando de desenmarañarme de esa cultura, de encontrar la propia. Pero para las mujeres, todavía se trata de nuestros primeros pasos. Puedo decir que no he tenido que pelearme conmigo misma para desarticular una mirada que podía estar teñida de misoginia o de una cultura con la que no me identifico de verdad. Por lo menos, no conscientemente”, le contaba en julio de 1986 a la periodista Moira Soto para el suplemento La Mujer de Tiempo Argentino, en una nota a cuento del inminente estreno de Miss Mary. En esa misma interviú, advertía que “en determinadas áreas profesionales, todo sigue siendo más difícil para las mujeres. Pero hay otro impedimento que está dentro de nosotras y que tiene que ver con la inseguridad que a menudo paraliza. Lo que me gratifica respecto de mis logros como directora, es haber podido demostrar que cuando una mujer se lo propone, puede hacer cine. Creo que a mí el hecho de ser una mujer tempranamente divorciada me ha dado mucha autonomía para pensar y para vivir. Vivir sola es una buena escuela para una mujer. Mis conocimientos técnicos los he ido adquiriendo por medio de una serie de libros estudiados a fondo. Y el creer firmemente que tenía algo para contar me impulsó a hacer cine. Sentí una especie de alivio el día que descubrí que la escritura cinematográfica se basaba sobre seis movimientos de cámara: como un alfabeto de seis letras. Creo que en el cine no hay leyes, que el estilo tiene que ver con la historia que se quiere contar”.

Miss Mary. Colección Flia. Bemberg en el Museo del Cine.

Al cumplirse los 25 años de su muerte, la cineasta ha recibido recientemente un más que merecido homenaje: el libro El asombro y la audacia. El cine de María Luisa Bemberg, de las investigadoras y docentes Julia Kratje y Marcela Visconti. Kratje es investigadora del Conicet y da clases en la Universidad Nacional de las Artes para la licenciatura de artes audiovisuales y algunas carreras de posgrado. Visconti es docente de análisis y crítica de cine en la facultad de Filosofía y Letras, en la carrera de Artes, e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, por mencionar unas pocas chapas. Ambas se avienen a conversar con Las12 sobre la flamante edición, 200 páginas dedicadas a recorrer la vida y la obra de María Luisa Bemberg.

El asombro y la audacia fue parte del reciente tributo que celebró el legado de María Luisa Bemberg en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. ¿Cómo surge el proyecto de este libro editado con participación del INCAA?

JK: –La invitación fue una sorpresa bienvenida, muy inesperada por el contexto pandémico, que nos tuvo trabajando de sol a sol. Porque el primer contacto fue a mitad de septiembre y, desde ese momento hasta que el libro fue entregado al equipo de diseño, ¡apenas si pasó un mes! Por supuesto, para nosotras -que ya veníamos investigando la filmografía de Bemberg- se presentó como una oportunidad soñada. Desde hace tiempo profundizamos en el campo de la teoría fílmica feminista, en revisiones, críticas y nuevas ideas teóricas que se forman a partir de los 70s, y hay preguntas que reverberan y que quisimos que se expandieran a partir del libro: si la relación entre cine y feminismo aparece en los modos de producción, si el género de la persona que está detrás de cámara tiene que ver con los textos que produce, si incide en el público… Pero retomando los hilos, sí, El asombro y la audacia fue una oportunidad, que de ninguna manera hubiera sido posible sin la generosidad de las muchísimas personas que contactamos, desde investigadoras académicas hasta jóvenes cineastas, que mostraron genuino entusiasmo para que esta pequeña odisea se pudiera concretar. Lucía Galán, vestuarista de Bemberg, nos facilitó figurines; Marta Bianchi, fotografías; el Museo del Cine rápidamente puso a disposición el archivo personal de María Luisa; y siguen las firmas… No quisiera dejar de mencionar a Pablo Marín y Malena Rey, productores, que trabajaron codo a codo con nosotras.

MV: –No es casual que este homenaje, que llega recién 25 años después de su muerte, haya sido por gestión de Cecilia Barrionuevo, que es la primera mujer en ocupar el rol de directora artística del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en toda su historia (el BAFICI, dicho sea de paso, nunca ha tenido una directora artística). De hecho, en esta última edición, también se organizó un foro de cine y perspectiva de género, abriendo espacios de discusión que es vital que existan para incorporar otras experiencias, otras lecturas, más riqueza, más complejidad.

Figurín de la virreina en Yo, la peor de todas. Archivo Graciela Galán

El libro reúne decenas de testimonios de personas allegadas, crónicas, entrevistas, material de archivo, además de ensayos críticos desde distintas ópticas académicas, ¿cómo fue la curaduría de este corpus tan colosal y variopinto?

MV: –No queríamos hacer una especie de efeméride pulcra ni poner a María Luisa en un pedestal. Tampoco leerla con los mismos anteojos con los que se discute el cine habitualmente, bastante sesgados, por cierto. La idea era encontrar otros modos de mirar, de pensar su cine, armar otras agendas, problematizar otras áreas, ir más allá de un homenaje en sentido tradicional. Por eso nos interesaba que este repertorio tan amplio y diverso de voces permitiese distintas entradas, iluminase distintos aspectos de su filmografía; incluso contradicciones históricas que atraviesan a la autora y a su obra. Entonces pensamos cuatro zonas que agrupan diferentes miradas interdisciplinarias, también en cuanto a estilos de escritura, en pos de darle cierta elasticidad y fluidez al libro. El primer apartado, “Enfoques”, va desde la crónica (de Leila Guerriero) hasta la biofilmografía (un trabajo de Julia Montesoro), e incluye trabajos de análisis histórico: de la investigadora María Laura Rosa, vinculado a los feminismos en Argentina; de Ana Forcinito y de Catalina Trebisacce, alrededor de la materialidad de las películas, análisis formales que enfocan en cómo circulan las voces y las miradas en los films, que revelan a partir de esas texturas, trazando puentes con lo político y lo sociocultural.

JK: –Para “Encuentros”, la siguiente zona, entrevistamos a personas que trabajaron con ella. Por ejemplo, protagonistas de sus films como Graciela Dufau (Momentos), Luisina Brando (Señora de nadie) y Susú Pecoraro (Camila); también a la vestuarista Graciela Galán o a Luis María Serra, que compuso la música de todas sus películas. Y a la productora Lita Stantic, por supuesto. “Espejos”, la tercera área, trae la palabra de espectadoras que, por su activismo histórico y su relación con las artes, podían aportar perspectivas valiosas, demostrando que el cine nunca se cierra: sigue reverberando cada vez que vuelve a verse una cinta. Allí está la voz de, entre otras, Dora Barrancos. O de una feminista de enorme trayectoria como Mónica Tarducci que, además de ser la actual directora del Instituto de Investigaciones de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, es una gran cinéfila.

Graciela Dufau y María Luisa Bemberg. Colección Flia. Bemberg en el Museo del Cine.

MV: –Y cerramos El asombro y la audacia con “Entre generaciones”, con la palabra de cineastas contemporáneas que reconocen cómo, de un modo u otro, la figura de María Luisa Bemberg influyó en ellas como directoras. Es una sección que busca destacar cuán importante es poder construir genealogías y pensar intercambios en distintas direcciones.

JK: –Hay que mencionar que muchas mujeres que hoy salen a filmar tuvieron el reconocimiento, apoyo e impulso de la asociación La Mujer y El Cine, que nació gracias al esfuerzo colectivo de Bemberg y otras mujeres (Clara Zappettini, Alicia D’Amico, Graciela Maglie, Annamaría Muchnik, Stantic, Marta Bianchi, entre ellas).

En el prólogo de El asombro y la audacia, recuperan algunos dichos de los tempranos 70s de María Luisa Bemberg, donde ella destacaba cuán “indispensable es la educación sexual” y que “es una discriminación inadmisible que una mujer no pueda tener el control de la natalidad”.

MV: –En este momento histórico, nos pareció que era justo y necesario recordar cómo, muchas décadas antes de que el discurso a favor del aborto fuera vox populi, ella no solo subrayaba la importancia de que la mujer tuviera control sobre su propio cuerpo: hacía hincapié en la natalidad. Cuando pocas se definían abiertamente feministas, ella lo asumía públicamente, y desde ese lugar, empezó a hacer cine. En Yo, la peor de todas, por caso, le hace decir a Sor Juana Inés de la Cruz, deslumbrante mística y poeta que rechaza la domesticidad del matrimonio y la maternidad: “¿Qué hubiera hecho yo con niños agarrados a mi falda, mientras estoy tratando de encontrar una rima?”, idea que lleva directamente a Un cuarto propio, de Virginia Woolf. La necesidad de silencio y soledad para dedicarse al pensamiento está enlazada con la idea de que la maternidad tiene que ser querida, o no ser. En ese mismo film, aparece además una figura que el cine, y la sociedad en general, no mostraba: la de la madre deseante a través de la virreina. Embelesada con Sor Juana, la virreina tiene un hijo, pero haber parido no interfiere con el coqueteo que mantiene con la monja, con ese erotismo subyacente…

JK: –Son muchas las personas allegadas que describen a María Luisa como alguien acelerado, que no podía distraerse, perder el tiempo. Me animaría a decir que la urgencia con la que Bemberg vivió el cine es la encarnadura del “Es ahora”, esta consigna que tanto ha corrido este último tiempo. Como si al caerle la ficha, no hubiera habido vuelta atrás: solo quedaba el arrojo, la audacia a la que hace alusión el título del libro, ir al frente. Envuelta en la segunda ola del movimiento de mujeres, atravesada por ese vitalismo tan fuerte, ella descubre que tiene que correr contra su reloj biológico para narrar a través del cine.

MV: –Recordemos que pisaba los 60 cuando filma su primera película…

JK: –Y que todas sus protagonistas fueron mujeres, algo que evidentemente es adrede. Tanto en sus seis largometrajes, desde Momentos hasta De eso no se habla, como en los dos guiones que escribió antes: Crónica de una señora, de 1970, dirigida por Raúl de la Torre, y Triángulo de cuatro, de 1975, de Fernando Ayala. Son personajes que van contra el confort, que patean el tablero persiguiendo su propio deseo. Un deseo que, tanto en la vida como en la obra de Bemberg, no está formulado desde la pura singularidad sino desde la primera persona del plural.

Bemberg, guionista de Triángulo de cuatro. Colección Flia. Bemberg en el Museo del Cine.

Sin ir más lejos, María Luisa declara en el ’81: “Sabía que si mi película salía mal no iban a decir ‘¡qué bestia la Bemberg!’, sino ‘¿no ven que las mujeres no sirven para hacer cine?’, y ahí caerían en la volteada millones de mujeres inocentes”.

JK: –Y al final abrió muchos caminos. Porque, antes de Bemberg, no hubo en nuestro país directoras que tuviesen una trayectoria dentro de un modo de producción fílmica a gran escala. En ese aspecto, ella -que elegía trabajar con los mejores, que era perfeccionista, elegante, exquisita para optar por el encuadre, dueña de una serie de “encantos fulminantes”, como diría Leila Guerriero- es absolutamente precursora. Indudablemente en Lita Stantic encontró una interlocutora y una aliada a toda prueba para desarrollar una carrera en cine de ficción como ninguna mujer antes.

MV: –Durante la época del cine silente había más directoras, que lamentablemente han pasado al olvido. Pero cuando esta forma de arte se institucionaliza, se vuelve industrial y mueve mucho dinero, cambia el asunto… Vlasta Lah, por ejemplo, solo pudo filmar dos películas: fue la primera mujer en dirigir un largometraje sonoro en Argentina, Las furias, y es un film de 1960. En cine experimental, otro es el cantar; tenemos más referentes, pero acaso encontraran menos trabas porque no había plata en juego. Por eso es tan importante la figura de Bemberg: tuerce esta historia al hacer cine profesional, y encima yéndole tan bien a sus películas. Y eligiendo trabajar, como mencionaba Julia, con una productora. Porque con Lita Stantic arma una dupla sumamente productiva que, en poco más de una década, crea cinco films increíbles (N. de la R.: De eso no se habla, su sexta y última película, fue producida por Oscar Kramer). Lucrecia Martel, que escribió un texto muy lindo, dice que MLB y LS sembraron en ella un malentendido: que era natural que las mujeres hicieran cine.

María Luisa Bemberg y Lita Stantic. Archivo Lita Stantic.

¿Es cierto que Bemberg pone plata de su bolsillo para rodar Momentos?

JK: –Sí, pero solo lo hace con la primera película, porque la segunda –Señora de nadie– se hace con el dinero que se obtuvo de Momentos, producida por GEA, la empresa que fundaron Lita y María Luisa juntas. Camila fue una coproducción española; Miss Mary, americana; Yo, la peor de todas, francesa. No filmó porque tenía plata, solo fue ese primer gesto.

 

MLB declara en cierto momento, como se cita en el libro: “Sería inmoral de mi parte, teniendo la posibilidad de hablar de la mujer, contar la historia de un hombre”, mostrándose como feminista de acción y de compromiso.

JK: –En su obra, es notorio cómo toma una distancia radical de la idea de mujer como compendio de cristalizaciones, de lugares comunes, de presunciones patriarcales. Y en ese gran arco de personajes femeninos, sus protagonistas siguen otra vía: tienen otra forma de ver el mundo, otra manera de vincularse con la sexualidad, con la intimidad, con las relaciones familiares, se involucran con sus deseos.

MV: –Fijate que, como guionista de Crónica de una señora, ella estaba presente todo el tiempo en el rodaje. Es allí, de hecho, cuando frente a una sugerencia de María Luisa, el iluminador Juan Carlos Desanzo le propone “¿Por qué no digirís vos?”, pero a ella en ese momento le parece un disparate, no estaba dentro del canon. Cuestión que, en esos días, teje alianzas con Graciela Borges, que era la protagonista. No al modo de la dupla Beatriz Guido y Elsa Daniel, pero sí hay un ida y vuelta, una fuerte afinidad. Y en ese intercambio, Bemberg le pide a Borges sobre el personaje: “Por favor, no la hagas tonta”.

JK: –A lo largo de su vida, Bemberg tejió lazos de solidaridad, creó alianzas, compromisos colectivos hacia la militancia política, hacia el activismo feminista, hacia el campo cinematográfico que cerraba sus puertas a las mujeres. Aunque, obvio es decirlo, no fue de un día para el otro su proceso de desarticular mandatos: patriarcales, domésticos, eclesiásticos, de clase, al pertenecer a una de las familias aristocráticas de la Argentina.

MV: –Y en su rol de pionera, estuvo vinculada a la fundación de espacios clave: la Unión Feminista Argentina (UFA), que arranca a fines de los 60s con reuniones informales en el Café Tortoni; o la asociación y el festival La Mujer y El Cine en 1988, que alentó el rol de liderazgo femenino en la producción fílmica, vigente hoy día gracias al trabajo de Annamaría Muchnik, su directora. Ella supo ver el potencial de estos espacios, supo estar y supo promover lo que acabaría siendo un semillero, un disparador para un montón de compañeras que empezaban a pensar en su agenciamiento, qué podían hacer, cómo podían contribuir.

La UFA, un hito en el feminismo local, es una de las primeras agrupaciones del país -si no la primera- en desarrollar reuniones de reflexión y discusión de problemáticas comunes a todas las mujeres. Destaquemos, por favor, que en esos días el divorcio era ilegal, el aborto ni se susurraba, la patria potestad era de los hombres. En ese contexto llevan adelante campañas que denuncian la explotación de las mujeres. Por ejemplo, en el Día de la Madre, hacen volantes que dicen “Madre: esclava o reina, pero nunca persona”.

MV: –Absolutamente, no hay que perder de vista que todos los logros que se fueron consiguiendo, se obtuvieron porque el feminismo los militó durante años… A diferencia de lo que pasó en otros lugares del mundo, en Argentina se dio un fenómeno curioso, singular: el feminismo de la segunda ola en gran parte es impulsado por mujeres de la elite. Gabriela Christeller, una condesa italiana radicada acá, entra en contacto con María Luisa a fines de los 60s, principios de los 70s, y juntas fundan la UFA. Bemberg había vuelto al país tras vivir unos años afuera y, con cuatro hijos, se divorcia; trámite que tiene que gestionar en el exterior porque, como decías, en Argentina todavía era ilegal. De sus viajes, empieza a traer lecturas y temarios que se trataban en los encuentros de la Unión: sobre la maternidad, el trabajo, la menstruación, el dinero… Cada mujer compartía vivencias íntimas y, claro, empiezan a darse cuenta de que se asemejaban a las del resto; ahí es cuando se les revela que efectivamente lo personal es político. Te cuento una anécdota que, a mi parecer, es bastante ilustrativa: el guión de Crónica de una señora surge de un texto teatral, La margarita es una flor, que ella había escrito y mandado a un concurso del diario La Nación; no gana, el premio queda desierto. Lo envía con el seudónimo “Cecilia”, una elección en la que veo un gesto político. Porque la obra -y luego su adaptación para cine- trata sobre una mujer aristócrata que atraviesa un proceso de autorreconocimiento tras comenzar a cuestionarse esa vida tediosa, y el catalizador de ese proceso es el suicidio de una amiga suya, que justamente se llama Cecilia. Es como si Bemberg estuviera diciendo: “Todas podemos ser Cecilia”.

JK: –Ese guión está muy atravesado por su lectura de dos obras esenciales de la época: El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, y La mística femenina, de Betty Friedan, que incluso aparecen en escenas de la película. Tiene que ver con cuál era su biblioteca como cineasta en ciernes, qué ideas la abrieron al feminismo. Se revela un tejido sumamente interesante relacionado a la candente teoría feminista de la segunda ola, que reverbera tanto en su vida como en su obra… Pensaba, a partir de lo que decía Marcela, en otro nombre significativo: el de “Leonor”, como llama a la protagonista de Señora de nadie. Luisina Brando, que encarnó el papel, nos contó que era una marca de la fuerza de leona que tiene el personaje, tal cual se va revelando tras romper con el enclaustro doméstico…

MV: –También es un guiño cariñoso, un homenaje a Leonor Calvera, feminista histórica (N. de la R.: también talentosa pensadora, poeta, escritora, autora de una ensayo fundamente, El género mujer, publicado en 1982), que está presente en los albores de la UFA. María Luisa confiaba mucho en su mirada, la consultaba frecuentemente; le pedía que leyera sus guiones; le encomendó, por ejemplo, la investigación histórica de Camila.

¿Tuvo que sortear obstáculos para contar estas historias?

Momentos. Colección Flia. Bemberg en el Museo del Cine.

MV: –Bueno, la primera película que ella quiere hacer es Señora de nadie, no Momentos, pero no pasaba la censura porque aparecía un personaje gay entrañable, no ridiculizado. Algo que hoy parece de otro planeta, pero no fue hace tanto… La tuvo que postergar durante varios años, hasta que se estrena en la víspera de Malvinas, el 1º de abril de 1982. Con Momentos -que se lanza un año antes, en el ’81-, también tuvo ciertas dificultades…

JK: –El guión fue objetado durante un tiempo por el Ente de Calificación Cinematográfica, que veía con malos ojos el núcleo argumental: en palabras del afiche promocional, “el adulterio de una mujer contado por otra mujer”. Pese a que la infidelidad formaba parte del repertorio temático de la ficción, a que no era un tópico inhabitual, era un escándalo si no eran los hombres los que lo practicaban.

En una nota reciente ustedes declaraban que hasta hace poco los estudios fílmicos sobre María Luisa Bemberg se contaban con los dedos de una mano. ¿Este trabajo busca saldar una deuda pendiente?

JK: Mirá, hará cosa de 10 años, para mi maestría, hice un estudio donde trabajé sobre Camila. Por esas fechas, en lo que a material académico se refiere, encontré trabajos acerca de la obra de MLB en revistas de investigación fílmica o estudios hispanoamericanos, pero de Canadá y de Estados Unidos, lógicamente publicados en inglés. A nivel local, salvo raras excepciones, como el análisis de Catalina Trebisacce sobre los cortometrajes El mundo de la mujer (1972) y Juguetes (1978), era escueto, muy salpicado. Estaba también el libro de Clara Fontana, publicado por el Centro Editor de América Latina para una colección de directores argentinos, donde la única figura femenina era la de Bemberg. Pero aunque es un material valioso, no es estrictamente académico. Cuando los estudios académicos sobre cine argentino se empiezan a formar en los años 90, María Luisa no fue una de las figuras sobre la que más se ocuparon… Es algo que, por fortuna, ha empezado a cambiar este último tiempo; un momento en el que, desde el campo de la investigación y de la crítica, se emprenden rescates de figuras olvidadas o invisibilizadas.

MV: –Para prueba, los trabajos de Ana Forcinito o de la propia Julia. A mí lo que no deja de sorprenderme es que sus cortometrajes -de corte feminista, claramente militantes, que hizo por encargo de la UFA- hayan empezado a recuperarse hace tan poco tiempo. Estaban ahí, al alcance, pero nadie los veía, les prestaba atención; completamente desatendidos por parte de la academia.

JK: —El mundo de la mujer es un corto que ella graba en Femimundo ‘72, haciendo un recorrido por los distintos stands de esa exposición dedicada al “universo femenino”, todo aquello que -presuntamente- le interesa a la mujer moderna; es decir, depiladoras portátiles, lápices labiales, pelucas, pestañas postizas, electrodomésticos, masajeadores de glúteos. O sea, lo necesario para la construcción de una mujer bella y servicial, moldeada por el patriarcado para la felicidad del varón. Entonces ese final tan impactante: la imagen de una mujer tras las rejas mientras, como banda sonora, un orgasmo femenino se sobreimprime con la música de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. No es solo la cárcel: es la saturación de la publicidad, del consumo, puesta de manifiesto a través del sonido para hacer visible el entramado en el que está atrapada.

MV: –La reja -como agobio, como libertad coartada- es una figura reincidente, una marca que se repite a lo largo de sus películas…

JK: –Lo interesante es que, a su vez, es una figura que admite desplazamientos: a través de las rendijas se trasluce lo que está en las sombras, otro universo. Las celosías del confesionario, en el caso de Camila, que dejan entrever el deseo mismo, cómo el erotismo aflora en este espacio tan íntimo y tan tabú, los momentos de mayor luminiscencia y las zonas más oscuras.

Marcela Visconti y Julia Kratje

 



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

Niñas indígenas, no madres | El impacto brutal de las barreras de acceso a la Justicia y a derechos sexuales y reproductivos



Cae la tarde en un paraje del Impenetrable chaqueño. La tierra, seca. El monte, cerrado.

Dos niñas wichí juegan bajo un espinillo. Una tiene 13 años y la otra 3. Pero no son amigas, ni hermanas. Son madre e hija.

Como a muchas otras niñas del país, a María se le negó el acceso a la Interrupción Legal del Embarazo en 2017, tras ser víctima de abuso sexual. Fue obligada a ser madre a los 10 años. Vivía en un paraje de la zona de Miraflores, a unos 400 kilómetros de Resistencia.

En su historia se entraman complejas capas de vulnerabilidad. Los prejuicios racistas estigmatizan con fuerza a las niñas indígenas. “Es algo cultural”, “a ellas les gusta”. Frases que repiten funcionarios y personal de salud.

En sus cuerpos impactan de manera más brutal las barreras de acceso a derechos sexuales y reproductivos. A la triple opresión -género, clase y etnia-, se le suma la del adultocentrismo que muchas veces no escucha sus voces ni sus gritos.

¿Cómo sigue hoy la vida de María? ¿Pudo retomar sus estudios? ¿El Estado la sostiene? “No sabemos -reveló una fuente del sistema de salud de Chaco-. Fuimos varias veces a verla y nos decían que no estaba, que se había ido. Se libraron varios oficios judiciales. Pensamos que quizás la familia nos estaba mintiendo, pero no: nos enteramos de que cruzó a Formosa con un tío, presunto abusador, y está viviendo allá con él. Pero lo cierto es que hoy el Estado no sabe cómo está María”.

Durante el aislamiento por la pandemia del Covid, se obturó el acceso a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) a otras dos niñas del Impenetrable. Tienen 13 y 15 años, una situación de pobreza extrema y se presume que han sido víctimas de explotación sexual. Habían expresado su voluntad de interrumpir el embarazo y, tras la consejería en opciones, se definió su traslado al Hospital Perrando de Resistencia, porque tenían un embarazo mayor de 12 semanas. “Y allá, cuando estaban siendo derivadas para la práctica, las vuelven a entrevistar. Eso ya es violencia. Entonces interpretan que ahora no querían y no le hicieron la práctica. Las dejaron tiradas en el hospital. Lloraban que querían volver a su casa. Y las tuvieron que ir a buscar en ambulancia”, dijo la misma fuente que pidió mantener su nombre en reserva.

En el Hospital de Castelli, cabecera del Impenetrable, casi todos los médicos son objetores de conciencia. Y cuando llega alguien para practicarse una ILE, la internan en la misma sala de las que están pariendo.

“Embarazaditas”

Argentina es un país racista y pluricultural. Parecen antónimos, pero conviven. Racista, porque este Estado-Nación se constituyó a partir de un genocidio indígena que continúa negado. Pero a su vez, reconoce al menos a 36 pueblos indígenas que habitan dentro de sus actuales fronteras. Cada pueblo y cada comunidad tendrá sus propias formas de entender la salud, la sexualidad, los géneros. Cosmovisiones que no son monolíticas, si no que tienen variaciones en cada territorio y comunidad, de acuerdo a sus trayectorias y contextos.

“Acá hay muchas niñas madres. Son cosas difíciles de hablar. Pibas de 13 o 14 años cuya pareja cogestante tiene 40. Entonces ahí hay un abuso, porque hay una desigualdad de conocimiento, de poder. Y el sistema de salud, nunca pregunta la edad del cogestante. Está tan naturalizado que usan un término especial para hablar de niñas y adolescentes indígenas embarazadas: ´embarazaditas´. Es horroroso”.

Quien toma la palabra es Tujuayliya Gea Zamora, la primera médica wichí del país. Se formó en Cuba, trabajó en Buenos Aires y hace unos meses volvió a su territorio, Santa Victoria Este, Salta. Su mamá, Octorina Zamora, es una referente en la lucha contra el abuso sexual en grupo por parte de criollos hacia niñas y jóvenes indígenas, que también se conoce como “chineo”.

La médica wichí advierte que “es más fácil denunciar los abusos de criollos que de los propios indígenas. Porque también existe el abuso dentro de las comunidades. Se relativiza constantemente la violación perpetrada por hombres indígenas diciendo que forma parte de costumbres ancestrales. Eso es igual a decir que los indios son violadores y que a las indias nos gusten que nos violen porque forma parte de nuestra cultura”.

Gea Zamora asegura que en el departamento de Santa Victoria -donde el 75 por ciento de la población es indígena- llega toda la canasta de anticonceptivos de Nación y que lo que más se utiliza son los implantes subdérmicos. “El recurso está pero mis colegas no están formados en derechos sexuales y reproductivos. En pandemia no se han hecho ligaduras de trompa acá. Le suspendieron la cita a muchas mujeres y algunas ahora están embarazadas”, cuenta y detalla que “en mi Hospital directamente nunca se hizo una ILE”.

“Una vez -recuerda- iba en una camioneta hablando de cuántas ILE hacíamos en el centro de salud donde yo trabajaba en Buenos Aires. Y abrían los ojos así. Una enfermera me dijo: ´yo pensé que te iban a echar, nunca escuché a una médica hablando de aborto´. Pero yo soy ´gallita´, me impongo y le digo que es un derecho”.

No abortarás

Noolé Cipriana Palomo es la presidenta del Consejo de Mujeres de la Federación Pilagá de Formosa. Vive en Pozo del Tigre, a 260 kilómetros al noroeste de Formosa Capital y es una dirigente indígena de enorme trayectoria. Para ella, “hay muchas chicas que se quieren cuidar, que quieren usar anticonceptivos. Pero la religión tiene mucho que ver para que eso no pase. Les dicen que los métodos están mal, que engordan, que te deforma el vientre. Le llenan la cabeza a la mayoría de las mujeres indígenas jóvenes que se quieren cuidar. En la salita tenemos anticonceptivos. Las mujeres van y buscan, pero sus familias les prohíben usarlos por la religión. Lo que pasa es que ellas no quieren tener tantos hijos. Pero nadie las escucha”.

A las barreras que imponen los credos, también se suma el racismo de las instituciones estatales: “Hace tres años violaron acá a una nena pilagá discapacitada. Tenía 13 y era de comunidad Qompi. Los familiares hicieron la denuncia, quisieron interrumpirlo, pero nada de eso sucedió: igual tuvo el bebé”.

“Cuando algo así le tocó a mi familia -confiesa-, me di cuenta de por qué la gente no denuncia las violaciones: porque es realmente durísimo. Primero, la policía no manda el expediente al juzgado. Te lo deja una semana, quince días. La Justicia dice que vos tenés derecho. No es así. Si sos pilagá y sos pobre, la Justicia es inaccesible”.

En la otra punta del mapa, en la meseta patagónica de Río Negro, una trabajadora de salud mapuche que prefiere mantener su nombre en reserva asegura que allá también “está muy fuerte la cuestión de las iglesias” y explica que “hay todo un proceso de evangelización en la Línea Sur, que impacta en la organización de la vida de las mujeres. Pero aún así, hemos insistido que hay una práctica legal y eso ha permitido que muchas mujeres puedan pedir ILE. Antes era impensable”.

La trabajadora aprovecha sus rondas y se pone a hilar con las campesinas para hablar de derechos sexuales y reproductivos. Va tejiendo complicidades. En su relato, también aparecen femicidios, abusos sexuales a niñas mapuche y un fuerte mandato social en relación a la maternidad: “Yo quiero que a esa adolescente se le respete su decisión, sea la que sea. Son sus derechos sexuales y reproductivos. Si quieren tener hijos o no. Cuántos hijos quiere tener, con quién tenerlos. Son cuestiones muy primarias pero muy complejas por las situaciones de violencia, por cómo arrasa el patriarcado en nuestras localidades. Acá la maternidad es el único destino”.

“Creo que si se legaliza el aborto -continúa-, va a generar otra apertura. Venimos de un tiempo donde se le pedía autorización a los maridos para que la mujer se pudiera hacer una ligadura de trompas. Mujeres que pasan treinta años con parche, DIU, pastillas. Una sobrecarga en nuestros cuerpos. Pero ofrecer vasectomía, no. De eso no se habla”.

En la Línea Sur, así como en otros lugares del país, cuando profesionales de salud son objetores de conciencia se articulan con médicos que están a 100 kilómetros de distancia para poder recibir atención. Eso complejiza mucho las cosas. Para el acceso a ILE y a ligadura de trompas, también. Porque la mujer que decide esas prácticas tiene que viajar y en general los varones del campo se van en grupos a esquilar ovejas. ¿Quién la acompaña a la mujer? ¿Cómo hace si tienen más hijes? El Estado ni se lo pregunta. Y muchas terminan sin acceder a esa práctica.

Por una tablet

Verano de 2019. Tucumán era noticia por haber dilatado la interrupción del embarazo de la niña conocida como “Lucía”: llegó con 16 semanas de gestación, tuvo dos intentos de suicidio y fue obligada a parir por cesárea. Mientras tanto, otra noticia de esa misma provincia no salía a la luz: se le impidió el acceso a la ILE a una niña diaguita de 10 años.

La niña y su madre expresaron su voluntad de interrumpir el embarazo. Organizaciones feministas de Tucumán se contactaron para acompañarlas. “Pero fue una carrera con las mujeres de acá que le prometieron una casa para que no abortara. La madre no sabía qué hacer. ´Nosotras las vamos a acompañar al hospital´, nos dijeron. Pero resulta que no le dieron tiempo y se la llevaron directamente a Tucumán. La tuvieron en un hogar hasta que llegara a término. Y la hicieron parir”.

Laura Liendro es enfermera, docente jubilada y delegada de la Comunidad India Quilmes de Pichao, en el noroeste de la provincia de Tucumán, casi en el límite con Salta y Catamarca. Se le inyectan los ojos de bronca y dice que se quedó “sin piso” cuando se enteró de la violación de esa nena de diez años de su comunidad.

Durante su gestación en la capital tucumana, la comunidad se quedó sin ninguna noticia. La dirigente asegura que “el Siprosa -Sistema Provincial de Salud- la convenció de que no abortara” y detalla: “Le dije a la jefa de agentes sanitarios de Amaicha del Valle que no estaban cumpliendo las normas ILE. ‘Yo soy católica, con esas cosas yo no’, me dijo”.

“Parió la chiquita”. El gobierno tucumano le hizo una casa. El violador, un tío de la niña, está en la cárcel. Ella hoy tiene 11 años, va a la escuela y está maternando. Le cambió su fisonomía. En el pueblo dicen que es “una mujercita”.

“A otras chicas -cuenta la dirigente- le prometen una tablet por continuar con el embarazo. ¿Lo podés creer? Tucumán es el país del nunca jamás. Es muy denso. Acá es el reino de los machos. Eso se respira continuamente. No hay educación sexual en las escuelas. No sé, el sistema querrá que los indios empecemos a desaparecer”.

Racismo

La violencia sexual contra las niñas y adolescentes indígenas es un tema de preocupación frecuente en la agenda de derechos humanos, pero –quizás por el racismo estructural que nos atraviesa como sociedad- muchas de estas temáticas a veces no logran la misma visibilidad en nuestras agendas feministas y mediáticas.

La historia de LNP tuvo trascendencia internacional, una joven qom violada en 2003 por tres varones criollos en El Espinillo, Chaco. Cuando los denunció, fue maltratada en el centro de salud y en la comisaría. Aunque se había probado el acceso carnal, una aberrante sentencia absuelve a los imputados en un juicio plagado de irregularidades, prejuicios de género y discriminación étnico racial. El caso llegó a la Corte Interamericana de la OEA. En 2008, el Gobierno nacional y el de la provincia de Chaco reconocieron su responsabilidad por las violaciones de derechos humanos cometidas y debieron pedirle perdón.

Los últimos datos del Ministerio de Salud de la Nación indican que durante 2018 hubo en la Argentina 685.394 nacimientos, de los cuales 87.118 fueron de niñas y adolescentes menores de 20 años. De esos partos, 2350 correspondieron a niñas y adolescentes de entre 10 y 14 años. ¿Y cuántas de esas niñas y adolescentes son indígenas? No sabemos. Las estadísticas en salud en nuestro país sólo ofrecen datos por provincia pero no se consulta ni registra la pertenencia étnica.

Cada seis minutos una adolescente entra a una sala de partos en la Argentina. Y cada día, lo hacen siete niñas menores de 15 años. En provincias del Norte -como Chaco, Formosa o Misiones-, este porcentaje es aún mayor: uno de cada cinco nacimientos corresponden a niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años. Estos datos forman parte de la Campaña Puedo Decidir, que desarrolló la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), UNICEF, Amnistía Internacional Argentina, FUSA, el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), Fundación Huésped y otras.

Cuerpo y territorio

La dirigente diaguita Laura Liendro es vehemente al hablar y no tiene medias tintas: “A mí las feministas me parecían un plomazo -confiesa-. Yo quería ser princesa. Mirame ahora. Con la pandemia estuvimos cortando la ruta para reclamar al gobierno. Y hace un tiempo logramos sacar al director del Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) por violador”.

Se refiere a Eugenio Guantay, que durante veinte años fue director y médico del único CAPS de la zona, en Colalao del Valle, a unos 10 kilómetros de Pichao. “Era el único médico que atendía acá. Ahora está esperando juicio. Las chicas no iban. Hasta que una por suerte habló. Y detrás de ella, salieron otras tres. Una de ellas era menor. Y todas eran de la Comunidad India de Quilmes”.

¿Qué pasa cuando una indígena trabaja como médica en el sistema de salud? “Y, yo siento tensión –admite Tujuayliya Gea Zamora-. Mis colegas enseguida culpan a la familia. La interculturalidad queda en lo discursivo y termina siendo una suerte de mote, de adorno. Tenemos que ponernos a discutir qué hacemos, cómo lo hacemos, cómo tratamos a los demás. Saber que hay otro cultural que no es igual que vos, que no necesita lo mismo que vos. Todos estudiamos el conocimiento hegemónico sin tener en cuenta las particularidades y saberes de los territorios, que son diversos”.

Territorios que, según la trabajadora mapuche de Línea Sur, Río Negro, han sido recuperados por “mujeres indígenas y campesinas” a las que se las victimiza pero “se desconoce todo el valor y toda la fortaleza que tienen. Ellas ponen el cuerpo en recuperaciones de tierras ancestrales. Han sostenido la lucha. Hubo muchas migraciones forzadas a ciudades para el trabajo doméstico, pero algunas han vuelto. Y vamos tratando de recuperar parte de la historia. Es un camino de lucha y de reencuentro. Con el cuerpo y con el territorio”.

En la escuela, la comisaría, el juzgado. En la salita, la iglesia, el hospital. El poder del Estado avasallando los cuerpos de niñas, mujeres y adolescentes indígenas, que lejos de rendirse siguen de pie luchando -como dice el Feminismo Territorial Mapuche- por ta iñ kalvl, ta iñ mapu, ta iñ jvzkun (nuestros cuerpos, nuestra tierra, nuestros abortos).



Fuente link:

Categorías
Argentina Las12

“La Ley de ESl no contempla que los cuerpos de los hombres trans son fértiles” | Entrevista a Tomás Máscolo



“Con los hombres trans todavía sigue pasando lo mismo, es una ruleta rusa cómo te atienden les profesionales de la salud. A veces te encontrás con médicos que entienden que cada cuerpo es un mundo y hacen un seguimiento ya sea para ser padre o abortar. En Neuquén, por ejemplo, hay muchos socorristas, entonces hay una veta de socorrismo trans. Pero también me he encontrado con casos de chicos trans que no tienen información sobre cómo cuidarse. La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) no contempla que los cuerpos de los hombres trans muchas veces son fértiles. A eso se le suma el desdén de médicos que escogen la violencia y la discriminación frente a un cuerpo que “no es normal”. Un hombre trans que tiene vagina y tiene una pareja que es un hombre cis cree que por inyectarse testosterona queda estéril porque se le corta la menstruación. Sin embargo, hay veces que no, se corta la menstruación, pero podés seguir ovulando, podés quedar embarazado.” Relata el periodista de La Izquierda Diario, Tomás Máscolo, del otro lado del teléfono, mientras deja en stand by la escritura de una nota de cara al 29 de diciembre, día en que lxs senadores decidirán que el aborto continúe en la clandestinidad o se convierta en un derecho sexual y reproductivo. Tom es un varón trans. Hoy, a sus 33 años de las dos experiencias de aborto que tuvo que atravesar, recuerda el miedo de llevar adelante una práctica clandestina y el dolor que sintió. “Desde que aborté hice mucho hincapié en que no me morí, me parece muy importante destacar eso”, asegura.

En 2016 Máscolo realizó una encuesta en la cual entrevistó a más de 30 varones trans de distintos países de Europa y Latinoamérica: “Hay un montón de paternidades trans. Siempre sale ‘el primer hombre trans en tener un hijo’ y no es así, a lo largo de la historia se fue dando. Desde la década del 80 hay tipos trans que son padres y otros que abortan. El punto que tienen en común es la clandestinidad, que es el último eslabón de una cadena de violencia y derechos vulnerados porque antes no tuvo Educación Sexual Integral, no se pudo atender con un ginecólogue, y el miedo de exponerse a una institución médica que sabe muy poco de nuestros cuerpos y del trato hacia nosotros.”

En el debate sobre el aborto, las voces de los varones trans continúan silenciadas y ese silencio tiene su correlato en el imaginario social. A pesar de los aportes que desde hace más de diez años vienen realizando activistas como Blas Radi y Mauro Cabral, el aborto y el embarazo se sigue pensando como un asunto que solamente atañe a mujeres. Las consecuencias son múltiples: desde profesionales de la salud que no saben cómo tratar los cuerpos de varones trans, discriminación social, hasta la negación incluso dentro del movimiento feminista. Tal como afirma Blas Radi en una de sus investigaciones, hay “un compromiso con un paradigma reproductivo (cis)sexista, que se afirma en un modelo mítico de mujer como madre y que, además, clausura cualquier posibilidad reproductiva de las masculinidades trans, históricamente instados a renunciar a ella”.

Por otra parte, desde la lógica del régimen de heterosexualidad obligatoria, algunas personas de manera prejuiciosa y desinformada suponen que los varones trans sólo se vinculan sexoafectivamente con mujeres cis, por ende, las posibilidades de embarazo serían nulas. Los varones trans que conservan sus órganos reproductivos pueden embarazarse. “Algunos se identifican como “putos trans” y tienen relaciones sexuales con varones cis o trans. Otros tienen relaciones sexuales con mujeres trans o con travestis (no se identifican como putos y sostener que lo son implica negar la identidad de género de sus compañeras)”, explica Blas Radi en un artículo de 2018 de Revista Anfibia.

Las dificultades y las formas de violencia institucional que atraviesan los varones trans en el sistema médico van desde el no respeto de su identidad, profesionales no capacitadxs para brindarles atención adecuada, hasta el incumplimiento de la Ley de Identidad de Género. “Aborto legal para varones trans” es una demanda que emerge de que los varones trans que abortan enfrentan una clandestinidad doble: la de un procedimiento ilegal y la que supone negar su identidad de género para no profundizar el maltrato, asegura Radi.

Los silencios provienen incluso dentro de un sector del feminismo que no considera a los varones trans como sujetos políticos de los debates sobre la legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo. Y si nos acercamos al feminismo transexcluyente afirman, sin ningún reparo, que los varones trans ‘son mujeres que han traicionado a su género’. “Cuando empecé a ir a los Encuentros Nacionales de mujeres se dieron distintas peleas, porque no querían que las personas trans y travestis participáramos. Recuerdo que en el Encuentro de Mujeres de Paraná pusimos de pie un taller LGTTBI para hablar sobre el aborto, porque en los talleres que había no me dejaban participar. Me decían que ser varón trans era asumir la identidad del opresor. Un feminismo muy biologicista”, Tom relata situaciones pasadas que hoy se repiten a partir de la avanzada del feminismo transexcluyente.

Hay personas que todavía se sorprenden, desconocen o incluso niegan que los varones trans abortan. ¿Por qué creés que sucede esto todavía?

-Creo que en cierta parte se desconoce por derechos vulnerados previamente, por ejemplo la Ley de Educación Sexual Integral y cómo se aplica. Si se aplicara de una forma que no sea heteronormativa o que no contenga el artículo número 5, que es el que permite la injerencia clerical, se podría dar una educación sexual mejor, con una perspectiva trans, y que se aplique también en todas las instancias escolares e incluso universidades y terciarios. Una ley donde te expliquen cómo funciona el cuerpo, cómo cuidarte y que tengan en cuenta la identidad de cada uno.

¿Notás algún avance con respecto al debate de 2018?

-Entiendo que ahora hay más visibilización sobre los varones trans. La difusión que se dio en 2018 no parte de cero. El proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito nombraba los cuerpos gestantes y ahí se abrió otro mundo, donde podemos decir qué es un cuerpo gestante: un cuerpo que tiene útero, pero cada cuerpo que tiene útero también tiene una identidad, y ahí se abrió el intercambio sobre que no solamente abortan las mujeres, sino también los hombres trans, no binaries, las lesbianas. Particularmente con los hombres trans hay como una especie de binarismo, porque cuando se habla de un hombre trans se piensa que le tienen que gustar las mujeres cisexuales. Para mí es muy necesario que hablen todas las identidades que quieren decidir sobre su cuerpo, porque genera conciencia. En el debate del proyecto el Ejecutivo cercenó algunas voces, no hubo voces trans, que deberían haber estado.

En caso de que se apruebe, ¿creés que debe haber algún apartado especial que mencione el correcto tratamiento que deben recibir los varones trans que quieran abortar?

-Sí, y creo que tiene que haber capacitación en todo lo que es el personal de la salud previo y post aborto, atendiendo a que cada cuerpo es un mundo y que la salud integral es poder acceder a una salud integral antes y después de un aborto, tanto psicológica como física.  



Fuente link: