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La urbanización de un barrio popular por dentro, crónica de un día de trabajo en El Bicentenario  | En La Matanza, la cooperativa Construir hace veredas y conexiones de agua potable 



“Integración urbana no es lo mismo que urbanización. El que urbaniza viene con un proyecto y lo aplica al barrio, pero nosotros decimos que hay que hacer integración, porque el barrio decide: se organiza con delegados por cuadra, hace asambleas para fijar prioridades. Y eso es algo que queremos, como trabajadores. Porque, ¿quiénes somos nosotros? Una cooperativa… ¿y qué podemos hacer solos? No cambiamos nada si no es con los barrios”. El que habla, al volante de un Duna rojo que parece haber recibido todos los piedrazos del mundo es Gastón Reyes. 31 años, coordinador de una obra de mejoramiento urbano que se realiza en el barrio Bicentenario, de La Matanza. Militante, además, del Movimiento de Trabajadores Excluidos.

Reyes toma la ruta 3 a la altura de San Justo y pisa el acelerador. Cruza Isidro Casanova, Laferrerre, Gonzalez Catán, y a la altura del kilómetro 35 dobla y se mete barrio adentro.

En ocho manzanas con calles de tierra, sin más servicios que los zanjones que sus habitantes abrieron para no inundarse, la cooperativa Construir Trabajo está haciendo veredas y conexiones de agua potable. Colocan un tanque en cada vivienda, con una canilla intradomiciliaria.

La experiencia es interesante de conocer porque va camino a multiplicarse. El Ministerio de Desarrollo Social, a través de la Secretaria de Integración Socio Urbana, proyecta urbanizar 400 villas y asentamientos por año.

La urbanización de los barrios populares está votada por ley, y la ley fue una conquista de los movimientos sociales, que la redactaron y militaron –primero con un relevamiento de Barrios Populares, después con el proyecto de ley para su integración–. Por ese origen, en uno de sus artículos está escrito que el 35 por ciento de las obras deben ser realizadas por cooperativas.

En las obras que se hacen en el barrio Bicentenario están trabajando 22 personas, entre albañiles y plomeros; hay además un arquitecto, una administrativa, un encargado del pañol y un responsable social.

La cooperativa se formó hace dos años, en 2018, con albañiles y changarines sueltos que se organizaron dentro del MTE, que tiene una rama de Construcción.

“Casi todos éramos jornaleros. Hacíamos changas o íbamos para el lado de Ezeiza, a pararnos donde los contratistas van a buscar albañiles. Si les gustás, te llevan. Ganás poco, sos totalmente descartable”, dice Reyes. “Trabajás salteado. Yo hice de todo: desde chico trabajo en la construcción, porque iba con mi abuelo a las obras, pero he salido a cartonear también, o a cortar el pasto.”

Estar organizados en la economía popular ahora nos permite tener convenios de obra. Para nosotros la organización es una puerta para recuperar el trabajo, y queremos que sea con todos los derechos laborales. Queremos recuperarlos todos”.

En la rama de Construcción del MTE de la Matanza hay otras cooperativas. La mayoría hace obras comunitarias, donde a cambio de 3 jornadas de trabajo semanales se gana un doble salario social, por ejemplo refaccionando comedores. Es un ingreso estatal de 19 mil pesos, con la función de complementar al que vive de la economía informal.

Con las obras de integración barrial, las cooperativas pueden dar el salto a otra escala, tener un piso de varios meses de trabajo. “Lo que tratamos de discutir es que los convenios que firmamos con la Secretaria de Integración Sociourbana estén prácticamente al nivel de los de UOCRA. Trabajamos todos los días, tenemos seguro, obra social, ropa de trabajo que le encargamos a otras cooperativas, elementos de seguridad, transporte, almuerzo. Los salarios son mejores. Un ayudante gana un sueldo básico 34 mil, el medio oficial gana 35 mil , un oficial 36 mil pesos de básico por mes, y eso se agrega un salario social, que no es parte del convenio, pero en nuestro caso se suma como conquista de la organización. Nos pagan por etapas, con certificación de obra, y al finalizar el trabajo si terminamos antes de tiempo o incluso a tiempo la cooperativa reparte lo que para una empresa es la plusvalía. Nosotros le decimos el tanto. Lo distribuimos internamente, de manera proporcional a las horas que trabajó cada integrante de la cooperativa”.

El barrio

El barrio tiene terrenos loteados y postes para el tendido eléctrico, aunque conectados con una inquietante precariedad. Son señales de que alguna vez hubo alguna organización vecinal, aunque hoy no existe una sociedad de fomento, ni una junta barrial. Sí grupos de whatsapp con los que entre vecinos se avisan temas de seguridad.

Débora Pajón, llegada a Bicentenario hace cinco años, madre de tres niños, es una de las delegadas de manzana electas tras el inicio de las obras de conexión del agua. Cuenta que su tarea es participar de las reuniones informativas, e informar a su vez a todo el mundo sobre los avances. ¿Cuáles son las principales necesidades? “La luz y el asfalto“, contesta rápido y sin dudar, porque la electricidad se corta y con las lluvias las calles se llenan de barro. Los colectivos no entran, con lluvia ni sin lluvia, y hay que caminar 18 cuadras para llegar a la primera calle con transporte público. También faltan vacantes en la escuela de la zona, que quedó chica. Y no hay jardines para la primera infancia.

En Bicentenario hay muchos niños aunque casi ningún adolescente, porque las familias se asentaron en años recientes. La mayoría compró su terreno, aunque lo cierto es que la propiedad de la tierra es un tremendo motivo de conflicto en la zona, porque hubo lotes que fueron vendidos y revendidos a más de un comprador, dos o tres veces, o incluso más. “Vivo con un pie afuera y otro adentro”, sintetiza Débora. Y en parte por eso, su casa siguió precaria a pesar de los años.

La cuadrilla

La cuadrilla que hace las veredas trabaja ahora a la vuelta de su casa. “Llevamos cuatro meses de trabajo”, cuenta Pablo Zárate, albañil. El proyecto es hacer tres mil metros lineales de veredas y dotar de conexiones de agua potable y tanques a 90 viviendas. “La ventaja es que esto es constante, porque veníamos de obras a las que íbamos 3 veces por semana, con el plan Hacemos Futuro”.

Domingo Galeano es plomero. Chaqueño, desembarcó en La Matanza hace cuatro años en busca de trabajo, aunque una vez acá no consiguió insertarse. Las biografías de la cuadrilla van por ahí, salidas del molde que estructura las vidas en el conurbano.

Un docente, Manuel Díaz, es el responsable social de la cooperativa. El vínculo con el barrio es una parte clave de las obras. “Una de mis tareas es estar un pasito adelante de la cuadrilla, avisando a los vecinos sobre las obras que van a hacerse. Por ejemplo, para hacer las veredas a veces hay que correr una reja. Además hay que firmar los permisos para que podamos entrar a hacer las conexiones de agua dentro de cada casa. La tercera tarea es organizar una mesa de integración barrial. Elegimos delegados por manzana, hacemos reuniones semanales o cada 15 días y aunque a comienzo no pudimos por la cuarentena, ahora empezamos a hacer asambleas en la calle, con distanciamiento. Porque estas son obras tempranas, que tienen entre los objetivos armar un proyecto de integración mayor”.

La recorrida por el barrio termina en el pañol, un terreno donde un container hace de oficina, depósito de materiales y zona administrativa. Es viernes, tradicional día de asado para la cooperativa, y a un costado, sobre una parrilla, el encargado del pañol se concentra en los preparativos de unas bondiolitas al pan.

El futuro

Reyes se entusiasma en contar el Proyecto Ejecutivo General, para la integración del barrio, en el que está trabajando un equipo. Abarca el asfaltado, la electricidad, cloacas, poner juegos en un baldío que ya fue desmalezado por los vecinos y se resguarda para tener una plaza. “Apostamos a que el barrio se organice porque armar un proyecto no es solo pensarlo“, explica. Porque sobre todos estos proyectos hay fantasmas, amenazas de varios filos: falta una firma, se corta el presupuesto, se traba una habilitación y todo queda frenado. Sin avances, no hay certificación de obra y el grupo de trabajo formado con esfuerzo pronto se desperdiga. Sostener la continuidad de las obras es vital, y es cuesta arriba porque requiere poner de acuerdo a actores nacionales, provinciales y municipales. La organización del barrio es una garantía de que las obras no se abandonen.

La rama de la Construcción del MTE tomó experiencias previas de los sin techo de Mar del Plata, el barrio intercultural de San Martín de los Andes y las cooperativas de Luján. Cada una va definiendo, con su trayectoria el perfil de la economía popular, sus modos de acumular capacitación y fuerza.

Los movimientos también han ido haciendo una acumulación hacia su interior, no para disputar políticas sino para recomponer derechos. Sus trabajadores tienen, en algunas actividades, guarderías para sus hijos, por ejemplo en el reciclado o polos textiles. Está la enorme red de comedores populares, que resultó vital en la pandemia, y las casas de acompañamiento del Sedronar, pero gestionadas por las organizaciones sociales, para personas con consumos problemáticos. Vale agregar el concepto de salario social como complemento de ingresos para los trabajadores de la economía informal. En esta cooperativa han conveniado el acceso a una obra social en la que, como cualquier trabajador, sus integrantes anotan a su familia. Toda esto es un andamiaje que busca mejorar las condiciones de vida.

Reyes lo describe con orgullo. “Hoy podemos decir que tenemos buenas condiciones de trabajo en la cooperativa“, remarca. “Pero tenemos claro que eso se hace en comunidad, junto con la comunidad, que es la que puede impulsar la urbanización de los barrios. Sin la comunidad, sin pensarnos como parte de la economía popular, la cooperativa no cambia nada: volvemos a ser 22 tipos tratando de sobrevivir”. 



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El opositor ruso Alexéi Navalni fue detenido al volver a Moscú | Llevaba más de 4 meses hospitalizado en Alemania por un cuadro de envenenamiento



El dirigente opositor ruso Alexéi Navalni fue detenido este domingo en un aeropuerto de Moscú, al regresar a su país procedente de Alemania. Allí pasó más de cuatro meses recuperándose de un cuadro severo de envenenamiento del que responsabilizó al gobierno del presidente Vladimir Putin. Navalni “enfrenta una sentencia condicional y desde el 29 de diciembre de 2020 era buscado por numerosas infracciones del período de prueba”, planteó el Servicio Penitenciario Federal (FSIN) de Rusia en un comunicado. El dirigente de 44 años habría violado una sentencia en suspenso que data de 2014 por cargos de fraude, y se lo mantendrá en custodia hasta que un tribunal dicte sentencia definitiva.

El regreso de Navalni provocó un enorme revuelo en Moscú, al punto que a último momento se resolvió que el avión aterrizara en un aeropuerto diferente del que estaba programado para ese vuelo. Policías antidisturbios ingresaron al aeropuerto Vnukovo, donde estaba previsto que aterrizara, y obligaron a todas las personas que esperaban a Navalni a salir del edificio. “Liubov Sobol, Ruslan Shavedinov, el jurista Alexéi Molokoyedov, el asistente de Navalni Ilia Pajomov, la directora de campaña Anastasia Kadetova y Konstantin Kotov fueron detenidos”, denunció Ivan Jdanov, allegado al opositor ruso. 

Jake Sullivan, nominado por el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, para ser su asesor de Seguridad Nacional, dijo que “Navalni debe ser liberado inmediatamente y los responsables del vergonzoso ataque a su vida deben ser perseguidos”. La respuesta rusa no se hizo esperar. “Quisiera pedir al señor Sullivan que respete el derecho internacional, y también pido que se ocupe de los problemas en su propio país”, aseguró la vocera de la cancillería rusa, María Zajárova.

El 20 de agosto pasado, Navalni, opositor acérrimo de Putin, se sintió mal repentinamente en un vuelo desde Tomsk, Siberia, hacia Moscú, por lo que el avión debió realizar un aterrizaje de emergencia. Tres laboratorios europeos concluyeron que había sido envenenado con una sustancia neurotóxica de tipo Novichok. Sin embargo, Rusia siempre negó que Navalny hubiera sido envenenado y sostuvo que la sustancia tóxica no estaba presente en su organismo cuando fue tratado en Rusia. El propio Putin dijo en diciembre pasado que esa acusación no fue producto de una “investigación” sino de “materiales de los servicios especiales estadounidenses”.



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Colapso sanitario en Brasil: en Manaos se expiden certificados de defunción a domicilio | Por el desborde hospitalario, las personas mueren en sus casas



En Manaos, la capital del estado de Amazonas, el colapso sanitario es tal que ante la falta de tubos de oxígeno y el desborde hospitalario, las personas mueren en sus casas. Para ayudar a sobrellevar la situación un equipo de técnicos en necrología y patología visita diariamente los hogares donde se produjeron los decesos para agilizar el certificado de defunción.

Durante la última semana hubo más de mil entierros en Manaos, con un pico de 213 el viernes (8 por hora), de los cuales 102 fueron producto del coronavirus. El jueves fueron sepultadas 186 personas, el miércoles 198, el martes 166 y el lunes 150, la mitad de ellas por covid-19. Mientras tanto, los familiares de aquellos que aún batallan por su vida hacen largas filas frente a una empresa privada de suministro de oxígeno, a la espera del producto.

Por la falta de lugar en los hospitales, muchos de esos pacientes deben enfrentar la enfermedad desde sus casas, sin la ayuda médica necesaria, lo que aumenta el riesgo de muerte. Tan solo en esta semana, informaron los medios locales, el número de fallecidos por sospecha de covid-19 en sus hogares aumentó un 130 por ciento.

“Esta semana hubo un aumento muy grande de óbitos en los domicilios. Lo que se hacía en todo un mes, ahora se hace en una semana”, aseguró a Arlindo França, director del Centro de Emisión de Certificados de Defunción de la Secretaría Municipal de Salud. Aunque las muertes se registran en toda la ciudad, buena parte de los casos se da en familias de escasos recursos, que viven en condiciones precarias y que solo cuentan con el sistema de salud pública, al que no pueden acceder por la crisis. 

Según França, la situación se complica en la noches, cuando ocurre el mayor número de fallecimientos. “Nuestro servicio solo funciona desde las 08:00 hasta las 18:00, y por el colapso, las funerarias ya no están recogiendo a domicilio los cuerpos para gestionar en los hospitales el certificado de defunción”, explicó.

Despedir a un familiar en Manaos

Este sábado, en un lapso de 10 horas, el equipo liderado por França atendió a 23 familias, que con la expedición del documento de defunción pudieron enterrar a sus seres queridos. 

Durante el servicio, los técnicos -con mascarillas y la distancia correspondiente- corroboraron con las familias los datos de las víctimas y los síntomas que registraban antes de morir. También verificaron que los cuerpos no tuvieran signos vitales y tomaron las muestras para realizar las pruebas que confirmarán posteriormente si murieron o no por el virus. 

Al término de las pericias, los técnicos entregaron el certificado de defunción y los muertos permanecieron en las casas a la espera de ser recogidos por las funerarias, un servicio que solo se está prestando si las familias tienen el certificado y únicamente en horas del día, ya que, por el colapso, a partir de las 19 la ciudad entra en toque de queda por once horas.

Al igual que los hospitales, los cementerios no dan abasto y ya son comunes las imágenes que muestran a filas de carros fúnebres en las entradas de estos establecimientos. 

Manaos, la ciudad más grande de la región (con 2,2 millones de habitantes), concentra la mayor parte de las víctimas por covid-19 del estado de Amazonas, que ya acumula más de 6.000 muertos y 226.000 infectados.

Cacerolazos contra Bolsonaro

Este fin de semana se desarrollaron en Brasil fuertes cacerolazos contra el presidente Jair Bolsonaro, ante el colapso en Manaos y por la demora en la llegada de las vacunas.

La gestión de Bolsonaro es criticada por su inacción. Brasil es el tercer país en contagios, con 8,3 millones, y ya acumula 208.000 víctimas fatales, un 10 por ciento del total de dos millones de decesos que ha causado la pandemia hasta el momento.



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Argentina Economía

Lammens: “Tuvimos una buena primera quincena” | El ministro de Turismo valoró la recuperación paulatina del sector



La llegada de la segunda quincena de enero de una temporada tan particular instó a que Matías Lammens, el ministro de Turismo y Deportes, se reúna con representantes del sector turístico para repasar los números de la primera quincena de enero y el cumplimiento de protocolos en los destinos. 

Desde el Ministerio y en base a los registros de la aplicación CuidAr Verano, aseguran que 5,5 millones de argentinos y argentinas viajaron desde el inicio de la temporada, que fue oficialmente el primero de diciembre aunque con particularidades según los destinos (Córdoba, por ejemplo, no permitió el ingreso de turistas de otras provincias no propietarios hasta el primero de enero). 

La mayor parte del movimiento turístico de este verano se dirigió hacia la Costa Atlántica y destinos de Córdoba, que representaron el 60 por ciento de las solicitudes. Además de Buenos Aires y Córdoba, los argentinos decidieron ir a veranear a Río Negro, Neuquén, Entre Ríos, Salta y Mendoza; en ese orden. El ranking de destinos lo lideró el Partido de la Costa, por encima de Mar del Plata que usualmente ocupa el primer puesto. Bariloche, Villa Gesell, Pinamar, Carlos Paz, Monte Hermoso, Miramar, San Martín de los Andes y Salta fueron las ciudades que más turistas recibieron esta temporada. 

Ocupación

“Dentro de este contexto tan particular, consideramos que tuvimos una buena primera quincena de enero, con más de cinco millones de argentinas y argentinos movilizados por los destinos de nuestro país. Obviamente que los números de ocupación no son los del verano 2020, en la que habíamos tenido una temporada récord, pero estamos muy conformes con estos primeros ingresos que logramos inyectar a un sector que estuvo a facturación cero durante más de un semestre del año pasado y que será estratégico en el camino de la reactivación económica”, concluyó el ministro Matías Lammens luego de la reunión. 

Las datos de ocupación preliminares otorgados por los destinos son los siguientes. Pinamar 85 por ciento; Partido de la Costa 80 por ciento;Calamuchita 80 por ciento; Villa Gesell 75 por ciento; Carlos Paz 55 por ciento y creciendo (es uno de los destinos que más está creciendo en los últimos días); Bariloche 55 por ciento y Ushuaia 40 por ciento. El más alarmante es el de Mar del Plata, que informó una ocupación del 50 por ciento, 

Pre viaje

Una de las herramientas más valoradas para el sector es el plan Pre Viaje. Más de 580 mil argentinos y argentinas utilizaron el programa del Ministerio de Turismo y Deportes para fomentar el turismo interno con la compensación del 50 por ciento de los gastos, que finalizó este 31 de diciembre.

De acuerdo a estimaciones del ministerio, hubo gastos por 10 mil millones de pesos en el último trimestre de 2020, por lo que se generaron 5 mil millones para utilizar en servicios turísticos durante 2021. Cerca del 50 por ciento del consumo realizado fue en agencias de viajes, mientras que un 40 por ciento se llevó adelante en alojamientos y un 9 por ciento en transporte.



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Argentina Deportes

NFL: El tremendo tackle que le provocó una conmoción a la estrella de los 500 millones | Pat Mahomes fue derribado por Mack Wilson y quedó nocaut



Pat Mahomes, la estrella del fútbol americano que firmó el mejor contrato deportivo de la historia, sufrió este domingo un espectacular tackle que le provocó una conmoción cerebral, en un partido de los playoffs de la NFL, rumbo a la Superbowl LV. Después del golpe, Mahomes intentó pararse, pero debió ser tomado por dos compañeros porque las piernas no le respondían. Luego se retiró del campo con la ayuda de dos auxiliares, para ya no tener acción en lo que restaba del encuentro.

Mahomes, talentoso mariscal de campo de los Kansas City Chiefs, es la nueva estrella de la NFL, luego de llevar a su equipo al título del Superbowl la temporada pasada. Por eso, en julio firmó un contrato por más de 500 millones de dólares por 12 campañas, en lo que está considerado el mejor contrato deportivo de la historia.

En busca de reeditar el título, los Chiefs jugaban por ronda de división (el equivalente a los cuartos de final) ante Cleveland Browns, pero su estrella no pudo terminar el partido, afectado por una conmoción cerebral después de un tackle que le propinó Mack Wilson, defensor del conjunto visitante. Cuando se jugaba el tercer cuarto y Kansas se imponía 19-10, Wilson capturó a Mahomes y lo derribó con un impresionante tackle, que hizo que el astro golpeara su cabeza contra el piso. Cuando intentó levantarse, lo sostuvieron dos compañeros porque estaba totalmente aturdido. 

Antes de que finalice el tercer cuarto, los Chiefs comunicaron que Mahomes ya no podría regresar al partido y que estaba en observación por una conmoción cerebral. Sin embargo, sus compañeros pudieron mantener la ventaja para finalmente imponerse 22-17, aunque habrá que ver la evolución de Mahomes para saber si podrá jugar la próxima semana en la final de la Conferencia, cuando se dispute un boleto para asegurarse un lugar en el Superbowl, en busca de un nuevo título de la NFL.





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Argentina Economía

País productor, alimentos caros | Opinión. Temas de Debate. El desenganche de los precios locales de las cotizaciones internacionales. ¿Necesidad o utopía?



Título Nota 1: El rulo infinito

La discusión en torno al desenganche de los precios internos con los internacionales tiene en Argentina una larga trayectoria que genera severo impacto en la variación de los precios minoristas. Hay en esto algunas inercias y naturalización de derechos adquiridos. Las miradas críticas se dirigen sólo a una de las varias aristas que contiene el prisma que componela estructura de costos de aquello que venden las empresas al mercado externo y al mercado interno. 

Hay una pequeña localidad en el sur santafesino llamada Acebal. La especialización industrial acuñada en años lo es en torno de la fabricación de calzado, golpeada por cuanta crisis existió en el país. Si bien parte de la producción tiene como destino el mercado exterior, es la demanda interna su columna vertebral. Aunque alguien podría considerar legítima la aspiración a vender al precio al cual se lo comercializa en el mercado estadounidense o europeo, es claro que el poder de compra de quienes habitamos este suelo no permite atender esa insostenible pretensión.

En ese caso, ese universo de pequeñxs empresarixs no opta por acumular producto terminados parq venderlos en la próxima temporada o en la subsiguiente a la espera de la convergencia del precio local al internacional o la devaluación de nuestra moneda. La razón es muy sencilla: debieran tener una tasa de rentabilidad lo suficientemente alta y líquida que les permitiese no vender, no otorgarle el diploma de mercancía al trabajo acumulado, lo cual va en sentido estrictamente contrario a la naturaleza del sistema social en el cual vivimos.

No vender apoyado en algún razonamiento especulativo coyuntural pódría ser comprensible, no necesariamente admisible, y sólo viable –año tras año– en el caso antes apuntado: la acumulación de fondos líquidos derivada de la existencia permanente de ganancias extraordinarias que permitan caminar contra la corriente natural del capitalismo tal como lo conocemos. Esto es, producir para no vender.

En la zona de Pergamino o Venado Tuerto. los rindes por hectárea suelen exhibir récprds difícilmente alcanzables en otros territorios destinados al cultivo de cereales y oleaginosas. Allí hay productorxs agropecuarixs de distinto tamaño, cadx unx sujetx a condiciones generales y particulares de producción. Tienen en común que los precios de los insumos de mercado: semillas, plaguicidas, herbicidas, soluciones nitrogenadas, fertilizantes, inoculantes, equipamiento agrícola, construcciones, fletes, dólar, tasas de interés, etc, son fijadxs por otrxs. 

Lxs productorxs, desde este punto de vista, tomadores de precios que fijan otrxs, si bien aquéllos de mayor porte tienen alguna capacidad de negociación. En general, no se escucha de ellxs cuestionamientos sobre la fijación unilateral de los precios de esos insumos ejemplificados en aquella lista incompleta.

Sin embargo, nace la furia cuando se trata de otros dos precios no presentes en ella: lo salarios y los gravámenes tales como impuestos, derechos, contribuciones, tasas, etc. Los proveedorxs de insumos específicos tendrían una especie de derecho natural adquirido incuestionable, reconocido por lxs productorxs. En cambio, las pretensiones de trabajadorxs y el Estado serían algo así como el preanuncio del diluvio universal.

El desenganche de los precios internos de los internacionales es necesario y es posible. Necesario para permitir la reproducción del ciclo económico, dado que dos tercios del producto bruto interno se apoyan en la demanda del mercado interno. Posible porque hay una batería de herramientas disponibles o a construir para tal fin. El uso de instrumentos fiscales como los derechos de exportación, sin dejar de ser una opción legítima, es claramente acotado porque no tiene la misma eficacia para cualquier tipo de situaciones. 

Una política de mayor profundidad debiera ingresar en otros territorios. Entre ellos un trabajo de arqueología imprescindible, la construcción de la estructura de costos de producción y una necesidad emergente, intervenir en la alteración de ella en pos de un horizonte de sustentabilidad en su amplio sentido.

MATE – Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía



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Blindado y desierto, Washington espera la asunción de Joe Biden  | Más allá de algunas detenciones aisladas, no se registraron escenas de violencia



Por miedo a nuevas protestas de simpatizantes del mandatario saliente Donald Trump, tanto el centro de Washington como las sedes de los parlamentos de varios estados del país se blindaron y quedaron prácticamente aislados. La imagen marca la tensión que existe en Estados Unidos en la víspera de la asunción presidencial de Joe Biden el próximo miércoles, y que se multiplicó tras el ataque al Capitolio del pasado seis de enero

La semana pasada, el FBI advirtió que existían convocatorias para realizar protestas de seguidores de Trump frente a las legislaturas de los 50 estados y de la capital. Por eso, el domingo algunos de esos distritos como Michigan, Ohio y Pensilvania decidieron reforzar la seguridad de esos edificios hasta blindarlos. Lo mismo pasó en la capital, Washington DC, donde más allá de algunas detenciones aisladas aún no se vieron escenas de violencia o de tensión similares a las que días atrás impactaron al mundo. 

La capital de Estados Unidos se convirtió en una fortaleza desde la violenta invasión al Congreso: al menos diez mil miembros de la Guardia Nacional ya fueron desplegados y varias calles en el centro fueron bloqueadas con barreras de concreto. Este operativo convertirá a la investidura de Biden en la que cuente con mayor despliegue de seguridad de la historia de Estados Unidos. Los 25 mil militares que se esperan en Washington este miércoles serán el quíntuple del total de cinco mil soldados desplegados ahora en Irak y Afganistán.

Las autoridades de Washington DC detuvieron este fin de semana a una mujer que se hizo pasar por policía y a un segundo hombre armado cerca del Capitolio, después de haber detenido este viernes a otro, quien aseguró que se había perdido. Por ahora no se confirmó que ninguno de los tres detenidos tuviera una intención clara de provocar nuevos episodios de violencia en la capital, o que fueran seguidores del mandatario republicano. 

El último hombre detenido, identificado como Guy Berry, paseaba la madrugada del domingo por la avenida Massachusetts, a un kilómetro del Capitolio, con su pistola “claramente visible” en una cartuchera, de acuerdo con el relato policial. Fue arrestado por portar una pistola sin licencia, poseer cargadores de alta capacidad y tener munición no registrada.

Un día antes, el sábado por la mañana, una mujer fue detenida en uno de los puntos de acceso al amplio perímetro cercado que cubre todo el centro de Washington. La mujer, que no fue identificada, dijo que era una agente de seguridad y exhibió un medallón de bolsillo que suele pertenecerle a comandantes militares. La policía del Capitolio no creyó su historia y la mujer finalmente fue detenida acusada de hacerse pasar por un agente de seguridad, por no obedecer a un agente de la ley y por huir de él

Estos dos nuevos arrestos se suman al de otro hombre, Wesley Allen Beeler, al que la policía acusó de intentar entrar el viernes en el perímetro cercado del centro de Washington con al menos un arma y más de 500 balas. Sin embargo, Beeler aseguró al Washington Post que solo se acercó al punto de control situado cerca del Capitolio porque se había perdido en la capital, a la que había llegado desde Virginia para trabajar como agente de seguridad de una empresa privada. “Fue un error inocente”, aseguró Beeler, y agregó que sí tiene licencia para llevar armas, pero la había olvidado en casa, y que no es cierto que llevara más de 500 balas en el auto, tal como sostiene la policía.



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Creatividad vs. violencia



Borrón y cuenta nueva parecería estarnos diciendo la realidad en esos tiempos aciagos.

El llamado nuevo milenio comenzó en plena algarabía, el mundo entero festejando en forma esplendorosa por la paz universal. Paz que duró un año y monedas, se desmoronó junto con las torres gemelas y la humanidad siguió avanzando a los tumbos, como siempre. Hasta llegar a este enero 2021 con su universal virulencia y la caída estrepitosa de la supuestamente más emblemática de las democracias. Por primera vez en la historia un presidente norteamericano ha sido procesado en dos oportunidades, ahora falta esperar que se lo condene.

Mientras tanto, en los Estados Unidos cunde el pánico de manera jamás experimentada antes, cuando el enemigo por más feroz era un enemigo externo fácil de señalar por más difícil de combatir que fuera. Ahora el enemigo está enquistado entre ellos, en la propia sociedad con sus desigualdades y sus prepotencias. Cunde el pánico en USA y el miedo no es zonzo. Lo que es muchísimo peor que zonzo es el no haberlo visto venir, desde un principio. A la toma del Capitolio la llaman “La insurrección de Trump”, pero él no es el único. La cosa viene de lejos. ¿Acaso un sociópata conoce límites, acaso sus enceguecidos seguidores razonan? Un pálido reflejo del tema sufrimos por estas costas, aunque lo nuestro es juego de niños en comparación. Polimorfos perversos diría el maestro de Viena, pero no viene al caso. Lo que sí viene al caso es un cartel irónico que circuló por WhatsApp en inglés. Dice así, traduzco:

“A ver si entiendo. ¿La persona con los códigos nucleares ha sido considerada demasiado peligrosa para tener una cuenta en Twitter?”

Y no sólo Twitter. Las demás redes sociales le hicieron eco faltando muy pocos días para el cambio de gobierno. Pero no es cuestión de días, ni siquiera de horas. El célebre botón rojo parecería estar titilando. Todo el sistema se siente amenazado: los diputados republicanos que se pronunciaron a favor del impeachment, los capitolios de cada uno de los estados para no hablar de todo Washington que está en pie de guerra preventiva. Los vándalos debidamente pertrechados hicieron trizas el sueño americano. Una forma de “protesta” nunca vista por esas latitudes, que ha visto muchas. Al mejor estilo boomerang, las insurrecciones que los Estados Unidos financiaron en diversas zonas del llamado Tercer Mundo acabó por explotarles en la cara.

Son éstos unos tiempos despiadados, de feroces grietas y desencajadas broncas. Pálidos reflejos, nocivos a su modo, se dan por nuestras costas. Sólo que por fortuna el gobierno ya ha cambiado.

Cabe tomarse un respiro. Para hacerlo elijo un nombre y me detengo en su recuerdo: Grace Paley. La excelsa cuentista y poeta de empática ironía que revolucionó la literatura gringa fue una activista de primera agua. Su conciencia pacifista, ácrata, feminista, ecologista, se puso en manifiesto ya en la escuela primaria y no la abandonó en toda su larga vida (1922/2007). El humor fue su combustible. Le gustaba recordar entre risas aquella magna acción cuando un grupo de intelectuales se propuso levitar el Pentágono. Nada demasiado ambicioso, se habrían conformado con despegarlo al menos unos veinte centímetros del suelo americano, aclaró conciliadora.

La brillante idea se generó en Washington en 1967, plena guerra de Vietnam. La propuesta inicial (no hay nada nuevo bajo el sol) era tomar por asalto el Capitolio, pero cuando la convocatoria llegó a San Francisco y a Berkeley, los hippies del momento con Jerry Rubin a la cabeza entendieron que no era cuestión de atacar la emblemática institución, que el enemigo real estaba en el Pentágono.

En el Pentágono, entendieron, residía el corazón de la guerra, en ese preciso pentáculo de brujos con sus cinco lados maléficos. Fue el poeta Gary Sneyder quien sugirió la necesidad de un exorcismo, y se optó por armar un ritual gigantesco al que se unieron intelectuales neoyorquinos de izquierda, entre otros Grace Paley y Robert Lowell, y Norman Mailer quien lo narraría en su libro Armies of the Night. Y más de diez mil seguidores de toda procedencia, color y laya. La memorable acción tuvo por fin lugar el 21 de octubre 1967, diez días antes de la noche de brujas y seis meses antes del mayo francés.

En Virginia, donde se yergue el Pentágono, no se trató de “la imaginación al poder” sino de la imaginación enfrentándose al poder. El impacto simbólico fue enorme. Se erigieron múltiples altares, se oficiaron ceremonias diversas para todos los cultos. Hubo carradas flores y las marionetas gigantes de Bread and Puppet, articuladas y desmedidas marionetas como hemos visto en diversas manifestaciones antinucleares. Allen Ginsberg supo sintetizar el descomunal evento:

“El Pentágono fue levitado simbólicamente en la cabeza de la gente, en el sentido de que perdió una autoridad que no había sido cuestionada ni desafiada hasta entonces. Pero una vez que circuló esa noción y una vez que un pibe le puso una flor en el caño del rifle a otro pibe como él pero que lucía tenso y nervioso, la autoridad del Pentágono psicológicamente se disolvió”.

(De alguna manera, lo pongo entre paréntesis, por la vía del mal el efecto que lograron los vándalos del día de Reyes fue equivalente: disolvieron de manera simbólica pero a lo bruto la autoridad del Capitolio).

En los años 80, paseando con Grace Paley por el bellísimo jardín de Jefferson’s Market en el corazón del West Village, ella recordó su semana pasada en el Centro de Detención para Mujeres cuando esa mole de cemento estaba plantada allí mismo y las detenidas les gritaban obscenidades desde los ventanucos a sus amantes y a sus cafishos. Grace recordaba con afecto a sus compañeras de infortunio, casi todas negras o portorriqueñas, allí por prostitución o drogas. Pero no recordaba bien las fechas, y fue entonces cuando hizo referencia a la levitación del Pentágono, quizá porque el solo nombrarla la alegraba. En realidad había sido detenida unos meses antes, por haberse plantado en medio de la Quinta Avenida con un gran cartel antibélico para impedir el avance de un desfile militar. La caballería nada menos, que debió interrumpir su paso redoblado ante la presencia inamovible de esa mujer pequeña, maciza, de blancos rulos al viento e indeclinable determinación.

Su mayor angustia en los días de encierro había sido no poder escribir, no contar con papel y lápiz ni siquiera para anotar la letra de la conmovedora canción de una de las prisioneras. “Con lo cual, entendí más tarde, no era que me hacía falta lápiz y papel sino mi propia mente memorizadora. Renuncié a ella junto con cientos de poemas, culpa del llamado aprendizaje de memoria que en aquel entonces considerábamos el enemigo del pensamiento creativo; un gran don humano repudiado”, habría de consignar en “Seis días. Algunos recuerdos” memoria aparecida en 1998 en esa magnífica colección de ensayos y conferencias titulada Just as I though (Tal cual lo pensé), libro insoslayable si de luchas e ideales se trata.

Grace Paley, esa “pacifista bastante combativa y anarquista dispuesta a la cooperación” según propia definición, tenía la empatía a flor de piel. Y de la letra. Espíritu travieso, valiente, brillante al máximo y de radiante humor. Que por supuesto habría de volver a enfrentarse con el Pentágono –porque la guerra de Vietnam tardó años en cesar y el armamento nuclear no ofrecía tregua- pero esta vez desde un acérrimo feminismo. Sus palabras de entonces parecen expresadas hoy:

“Durante dos años las mujeres nos hemos juntado frente al Pentágono porque tememos por nuestras vidas. Y aún más tememos por la vida del planeta, nuestra tierra, y por la vida de los niños y las niñas que son nuestro futuro humano”.

Así empieza el manifiesto redactado por Grace y sus colegas de la Acción de Mujeres ante el Pentágono (Women’s Pentagons Action) en 1982. “Sabemos que hay una forma sana, sensata, amorosa de vivir, y nuestra intención es vivirla así” es la propuesta de las miles de mujeres que conformaban el colectivo, y siempre siempre teniendo en cuenta –Grace Paley mediante– la fuerza de la imaginación, de la creatividad y del humor para llevar adelante las más osadas movilizaciones.

Cuánta falta nos hace ahora –les hace sobre todo a sus compatriotas que se las están viendo más feas que nunca– esta sublime escritora que siempre puso el cuerpo donde estaban sus convicciones y entendió que cuando se escribe con pasión, en el género que fuere, se ilumina aquello que está oculto y por eso mismo escribir es en esencia un acto político.

Me permito en consecuencia cerrar esta columna con una frase excesivamente cándida pero esperanzada:

Abajo la violencia, arriba la creatividad. Con barbijo por ahora, eso sí.



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Una colecta en homenaje a Fernando Báez | La organizaron sus padres y amigos al cumplirse un año del asesinato en Villa Gesell



A un año de su asesinato, el rostro de Fernando Báez Sosa se esparce por Parque Rivadavia. Está en remeras, en afiches y banderas, y lo acompaña siempre la misma palabra: justicia. Sus familiares y amigos se reúnen por primera vez después de casi un año de distancia por la pandemia del coronavirus. Detrás de los caballetes y las tablas que hacen de mostrador, Julieta, la exnovia de Fernando, recibe las donaciones. Junto a ella otras seis chicas reciben bolsas, clasifican productos, ordenan mercadería. Silvino Báez ayuda a cargar en el camión, que cerca de las tres de la tarde ya había hecho tres viajes al colegio Marianista, donde su hijo terminó la secundaria. El homenaje es una forma de recordar el espíritu solidario de Fernando. 

Bajo la carpa que montaron para el evento, Graciela Sosa ayuda a ordenar los productos que van llegando. Lleva puesta una remera blanca con las letras del nombre de su hijo bordadas en negro, y recibe las manos de todos los que se acercan a saludar. Algunos son conocidos, otros simplemente quieren acercarle su apoyo y reconocerle la fortaleza. Cada vez que saluda a alguien, la mujer se esparce en ambas manos unas gotitas de alcohol en gel. Después se aleja de la carpa, cansada de mantenerse en pie con tanto calor y tantas miradas encima. “Es muy difícil el día a día. Se extraña todo, compartir la mesa, escucharlo al llegar de la casa de algún amigo, pasar juntos las fiestas. Perdimos lo mejor que teníamos”, señala a Página/12 Graciela Sosa, después de tomar un poco de agua y ya sentada a la sombra de un árbol. “Nos divertíamos mucho en casa. El me decía: cuando me case quiero que me llenes la heladera con tus comidas. Le gustaba mucho la pasta, yo a veces la escondía para que comiera más sano y entonces él me hacía cosquillas hasta que le decía adonde estaba”, relata la mujer. Con la muerte de su hijo también se fue uno de sus sueños, el de ser abuela. “Pedimos Justicia como un mínimo alivio, aunque la vida de Fer que es lo que importa, eso ya no va a volver”, admitió la madre de Báez Sosa, entre lágrimas.

La semana pasada Silvino y Graciela se reunieron con el Presidente Alberto Fernández, que se comprometió a ayudarlos. “Nos dio su apoyo para que se haga justicia y todos los responsables paguen por lo que hicieron”, explicó Graciela. La fiscal que investiga el caso, Verónica Zamboni, ya elevó al juez David Mancinelli el pedido de juicio contra los ocho rugbiers de Zárate imputados por el asesinato de Fernando Báez Sosa bajo la caráctula de “homicidio doblemente agravado por su comisión con alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas”. Los responsables están detenidos en la Alcaidía de Melchor Romero.

En una ronda que se va agrandando, se juntan amigos y amigas que vinieron a ayudar, a donar algo, a saludar. Camila y Santiago, del colegio Marianista, conversan en junto a la mesa de donaciones. Fernando tenía amigos en todas las divisiones del colegio, y también por fuera, los que le habían quedado de la primaria o de otras actividades. A veces, relata Graciela, se le interponían los festejos de cumpleaños y en un mismo día tenía tres o cuatro fiestas. Silvia, la madre de uno de los mejores amigos de Fernando, cuenta que su hijo lo conoció a los tres años, cuando iban juntos al jardín de infantes. “En general prefiere no hablar del tema porque se pone muy mal. Eran como hermanos. No habla pero de pronto hace cosas y uno se da cuenta de que está triste. Hace poco se tatuó la cara de Fer”, relata la mujer, que vino junto a su marido para ayudar con la organización de la colecta.

Durante su secundaria, Fernando solía participar de las actividades del Proyecto Servir del colegio Marianista. En el verano, hacían colectas y repartían en comedores de barrios vulnerables, o ayudaban con la construcción de las casas. La colecta de este domingo tiene dos destinos: la mitad la repartirá la ONG 18 de Diciembre, en más de cien comedores de barrios populares, y la otra mitad será para las obras de caridad del colegio al que solía asistir Báez Sosa.

Era un buen hijo, un buen compañero, y muy solidario”, recuerdan Elba y Juan, los tíos de Fernando, que llevan una remera con una imagen de su rostro. Elba relata que, por la cuarentena, acompañar a Graciela y a Silvino fue mucho más complicado. “En marzo iba a venir familia de Paraguay, pero tuvimos que suspender todo”, señaló la mujer, que reclamó por “una condena ejemplar para que paguen todos los responsables”. Detrás, una bandera que cuelga debajo de la mesa de las donaciones señala: “Justicia es perpetua”, y otra vez el rostro de Báez Sosa, la sonrisa, la mirada achinada.

Cerca de las tres de la tarde la fila para entregar productos empieza a abultarse. Cada tanto un grupo de personas lleva bolsas de consorcio hasta el camión. En las bolsas hay alimentos no perecederos, juguetes, útiles escolares y hasta un cochecito para bebé. Una familia llega y deja algunas bolsas. “Cuando mataron a Fernando estábamos por irnos a Villa Gesell de vacaciones. Es muy injusto lo que le pasó”, señala Olga. Ella y su familia son de San Martín, en Provincia de Buenos Aires, y vinieron hasta el Parque para participar de la colecta. Cuando piensa por qué el crimen contra Báez Sosa los conmovió tanto a ella y a su marido, Olga señala a su hijo adolescente y advierte que “le podría haber pasado a él, o a cualquier chico inocente”.

Como la familia de Olga, otras familias, parejas, grupos de amigos, llegan desde diferentes barrios y localidades a apoyar el evento. Silvino carga bolsas desde la carpa hasta el camión, y Graciela, ya descansada, vuelve a la mesa de donaciones para seguir ayudando. “La cantidad de flores que encuentro cada vez que voy al cementerio me emociona porque siento que mi hijo es muy querido”, relata, mientras sostiene en una mano una bolsa con un regalo que le dejaron y en la otra un sobrecito con una carta, y agrega: “si me rindo es como dejar en la nada lo que era Fernando, toda su alegría, su voluntad. Esto que hacemos hoy es una forma de recordar lo que él era”. 

Informe: Lorena Bermejo



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