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Moratoria: una extensión necesaria | Medida para enfrentar las múltiples consecuencias de la pandemia



El proyecto de ampliación de la moratoria enviado al Congreso por el Poder Ejecutivo forma parte de un esquema integral que está llevando a cabo el gobierno para enfrentar las múltiples consecuencias de la pandemia. Un enfoque que busca proteger la salud y a la vez intenta morigerar sus inevitables impactos sociales y económicos.

No obstante, los diferentes resultados a nivel global en materia sanitaria, en la actividad productiva y en el empleo, son inmensos y se ven en todas las economías. Lo que también se observa es un rol activo de los gobiernos con políticas fiscales y monetarias, aunque mucho depende del margen de acción del que se dispone. Por eso es mucho más valorable lo que se hace en nuestro país, que ya arrastraba una situación de emergencias desde antes que irrumpiera la pandemia sanitaria. Todo esto da marco al proyecto de extensión de moratoria que se comenzó a tratar esta semana.

En virtud de las consecuencias que está generando la pandemia, la propuesta para ampliar la moratoria es otra forma de mitigar los daños sobre el tejido productivo y el empleo, que son muchos y que, por caso, se expresan en un muy fuerte aumento de la deuda tributaria del conjunto de los contribuyentes. El proyecto del Ejecutivo viene a fortalecer los objetivos que ya perseguía la Ley  de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, que se aprobó casi por unanimidad el año pasado. Se otorga, así, un estímulo más para que la producción y el consumo transiten más desahogados este período de restricciones, y generar las condiciones para que, a medida que se resuelve la pandemia, la economía vuelva a crecer.

Se plantea “extender el ámbito temporal de las obligaciones tributarias, de los recursos de la seguridad social y aduaneras previsto por dicho régimen, a aquellas vencidas al 30 de junio de 2020, inclusive”. Se incluyen tanto deudas por falta de pago de obligaciones corrientes, como también por la caída de planes de facilidades de pago que estaban en vigencia.

Además, se amplía el universo a la totalidad de contribuyentes, incluyendo a personas humanas y empresas que no habían sido contempladas en la norma de diciembre. Más allá de algunas especulaciones mediáticas intencionadas, se trata de una medida de carácter general, es decir, no ideada para empresas específicas, que está en absoluta sintonía con la gravedad de la crisis.

Si bien se decidió incluir a las grandes empresas, se contempla una diferenciación que favorece a las MiPyMEs, entidades sin fines de lucro y personas humanas consideradas pequeños y pequeñas contribuyentes, otorgándoles beneficios por sobre el resto, por ejemplo, en materia de plazo máximo de las cuotas.

Un aspecto a destacar es que las grandes empresas que adhieran no podrán distribuir dividendos o utilidades hasta 24 meses después de acceder al régimen. Tampoco podrán acceder al mercado de cambios para realizar pagos de beneficios netos a sujetos vinculados del exterior (por ejemplo por servicios de consultoría y asistencia técnica), ni para realizar operaciones como las de contado con liquidación o las de “dólar MEP”. La idea es incluir distintas medidas que son absolutamente necesarias para evitar el desvío en el uso de los fondos públicos, y que lleguen a quienes lo necesitan, grandes o chicas, pero evitando comportamientos especulativos.

Incluso en países como Estados Unidos estos aspectos se contemplan. Allí se implementó un programa destinado a la industria de la aviación, por más de 50 mil millones de dólares, bajo la forma de préstamos y de subsidios destinados al pago de salarios. A cambio de ese apoyo, las empresas beneficiarias no podrán recomprar acciones ni pagar dividendos y se establecen límites a la compensación de los ejecutivos, entre otras restricciones. En otros países desarrollados hay medidas similares.

 

En definitiva, con el proyecto de ampliación de la moratoria se está tratando de contar con una herramienta para hacerle frente a los problemas actuales y que ayude a la recuperación en la pospandemia. Forma parte de un arsenal de medidas que el Estado Nacional está implementando y hay motivos de sobra para que sea tratado y aprobado en el Congreso. 

* Diputado Nacional Frente de Todos.

Presidente Partido Solidario.



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El mito de los superávits gemelos | El objetivo de conseguir saldos positivos en la balanza comercial y en las cuentas fiscales refleja debilidad más que fortaleza 



Argentina, como casi todos los países del capitalismo moderno, es una economía endeudada con el resto del mundo. Pero, a diferencia de la mayoría de los demás países, no logra dar señales de solvencia externa en las últimas décadas y termina en recurrentes episodios de insolvencia y renegociación compulsiva de sus compromisos, cuando no directamente en default.

La pregunta básica a responder es qué señal de solvencia tendría que dar para no caer en estas situaciones de desconfianza que desencadenan la fuga de capitales y las crisis cambiarias, con los efectos recesivos e inflacionarios a la vez (estanflación) que ya se conocen.

Hay quienes creen que esa señal de solvencia debería ser la de alcanzar de manera permanente un superávit comercial externo, que equivalga por lo menos a los intereses de la deuda externa y que, para que ese superávit no genere un desequilibrio entre oferta y demanda interna, el Estado también tendría que generar un superávit fiscal equivalente. 

Esta idea de los superávits gemelos, derivada del esquema conocido como modelo de las tres brechas en el análisis macroeconómico, adolece de algunas inconsistencias e inconveniencias.

Primero conviene explicar en qué consiste la lógica macroeconómica de los superávits gemelos

El superávit comercial con el resto del mundo implica que una parte de lo que se produce no queda disponible para la demanda interna ya que se exporta por encima de lo que se importa. Si no se quiere que esa menor disponibilidad de bienes sea demandada en el mercado interno, porque ya no estará disponible, habrá que neutralizar una parte equivalente de los ingresos que se generaron en el proceso productivo mismo, y para eso hay dos opciones: se ahorra (las personas) más de lo que se invierte (las empresas) o el Estado tiene que recaudar más de lo que devuelve a la demanda final como gasto público.

En cualquiera de estas dos opciones, la mirada estática del equilibrio macroeconómico llevaría a la conclusión de que cualquier país endeudado con el resto del mundo estaría condenado a no disponer en el mercado interno de la totalidad de lo que produce y, por lo tanto, tener un nivel de vida inferior a lo que es capaz de producir.

Si se le agrega que la economía argentina en lugar de superávits tiene normalmente déficits gemelos, de comercio exterior y fiscal, de esta forma se esta poniendo una vara tan alta que parece inalcanzable. Lo interesante es saber que esta meta no es necesaria, aunque la más lógica de sólo equilibrar el balance comercial externo también sea difícil de alcanzar.

Deuda/PIB

Los países, como las empresa, no tienen como objetivo cancelar o reducir necesariamente su nivel de endeudamiento. Una señal de solvencia que conformaría a sus acreedores es que su nivel de endeudamiento no crezca como proporción (porcentaje) de su volumen de negocios, en el caso de las empresas, o de su nivel de actividad económica, medida por el Producto Interno Bruto, en el caso de los países. 

Si, tanto las empresas como los países, van aumentando su endeudamiento en valor absoluto, pero sin incrementar el porcentaje de esa deuda con respecto a su volumen de negocios o de actividad, no habría motivos para que los acreedores se pongan nerviosos.

Más aún, hasta podría ser que los oferentes de fondos estuvieran dispuestos a admitir un incremento transitorio de la ratio de endeudamiento si es para financiar proyectos que aumenten a futuro las ganancias de las empresas o la tasa de crecimiento de un país.

¿Qué se deduce de este razonamiento? 

Si un país puede mostrar una tasa de crecimiento equivalente al porcentaje de los servicios (intereses) de su deuda no es necesario que tenga un superávit comercial externo equivalente a esos servicios porque, capitalizándolos en renovaciones sucesivas, mantendría el mismo porcentaje de endeudamiento con relación a su PIB. Y no habría razón para que los acreedores tuvieran dudas sobre su solvencia futura, sobre todo porque los oferentes de fondos no quieren recuperarlos sino mantenerlos siempre colocados para obtener más ganancias.

Algunas cifras sirven para entender este razonamiento conceptual. En el cuarto trimestre de 2019, últimos datos disponibles del Indec, el stock total de deuda externa, pública y privada era de 282.000 millones de dólares, de los cuales 212.800 millones correspondían a deuda financiera y el resto a inversiones directas de empresas extranjeras.

Sobre un PIB estimado para ese período en 427 mil millones de dólares, el porcentaje de endeudamiento externo total era del 66 por ciento y el de endeudamiento sólo financiero de casi el 50. Por su parte, los servicios de la deuda financiera sumaron en ese lapso 16.998 millones de dólares, lo que significa una carga anual del 8 por ciento sobre el stock de deuda financiera.

Si se lograra crecer a un ritmo promedio del 4 por ciento anual durante diez años, el PIB se incrementaría en ese lapso 48 por ciento. Y si en ese período se refinanciara los intereses de la deuda externa financiera al 8 por ciento anual promedio, capitalizándolos en esa deuda, la misma crecería en el mismo lapso 116 por ciento, con lo cual pasaría a representar casi el 73 por ciento del PIB en vez del 50 por ciento original. Mucho antes de que eso sucediera habría acreedores que retirarían sus colocaciones por el riesgo de insolvencia que implicaría.

En este caso, la única señal de solvencia externa sería la de lograr un superávit comercial externo y su correlato fiscal de al menos el 4 por ciento del PIB anual para poder mantener el mismo ratio de endeudamiento externo. Este sacrificio innecesario se evitaría con servicios de la deuda externa que no superaran la tasa de crecimiento del PIB.

La cuestión de fondo

De todos modos, una cosa es no necesitar superávit comercial externo y otra es tener déficit cada vez que se reactiva la economía para alcanzar el pleno empleo

Este problema, derivado de lo que Marcelo Diamand caracterizó como Estructura Productiva Desequilibrada (EPD), que lleva a que las importaciones crezcan a mayor ritmo que las exportaciones cuando la economía se acerca al pleno empleo, es el problema de la restricción externa.

Entonces, para dar señales de solvencia externa no tienen que suceder al menos dos cosas: 

1. Aumentar el endeudamiento como consecuencia de déficits comerciales recurrentes y permanentes.

2.  Con equilibrio sostenible del comercio exterior, el porcentaje de servicios (intereses) de la deuda no supere la tasa de crecimiento de la economía en pleno empleo.

Así se llega entonces al planteo que exponen los economistas sobre la condición necesaria y la suficiente para lograr alguna meta

La condición necesaria para dar señales de solvencia externa es resolver la restricción externa por la variante positiva, es decir logrando que las exportaciones crezcan como para poder tener equilibrio comercial externo con pleno empleo de capacidad productiva y mano de obra y sostener el equilibrio cuando esa capacidad crezca, lo que implica que las importaciones no deben crecer a mayor ritmo que las exportaciones en esa situación.

La condición suficiente es que los intereses de la deuda externa sean iguales o menores en porcentaje a la tasa de crecimiento de la economía, para lo cual resulta crucial el logro de esa meta en la renegociación de la deuda que está llevando a cabo el gobierno de Alberto Fernández, en la cual se plantea precisamente tasas de interés a largo plazo por debajo del 4 por ciento. 

Esta estrategia no es entonces una estrategia de coyuntura, sino la condición suficiente para no necesitar a futuro sacrificar una parte de lo que se produce para pagar intereses exagerados. 

Sin alguna de esas dos condiciones no hay posibilidades de dar señales adecuadas de sostenibilidad del endeudamiento externo y la economía estaría condenada a seguir como hasta ahora: pare y arranque (stop and go) en la actividad económica y crisis recurrentes de financiamiento con riesgos periódicos de default.

Cumpliendo con estos objetivos estratégicos en la renegociación de la deuda no se necesitan ni son convenientes los superávits gemelos porque, lejos de ser una señal de solvencia, son no sólo un sacrificio económico inútil para la sociedad, sino que además no dejan de ser una señal de debilidad: la de un país que necesita sobreactuar para que le crean que podrá pagar.

* Docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, subcoordinador de la carrera de Economía.



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China vs. Estados Unidos, las dos caras del coronavirus | Los pronósticos de Paul Krugman



La mayoría de las economías occidentales mostró una falta de capacidad notable para poder coordinar la sociedad ante el shock sanitario del coronavirus. Esto trae a flote un debate de larga data. Se trata de una discusión que en las últimas décadas pareció opacarse pero ahora se encuentra muy presente: las ventajas de la planificación respecto de la libertad del mercado.

Las posibilidades de enfrentar la crisis sanitaria con éxito y poder mantener en marcha una economía se reducen drásticamente en la medida que las respuestas son individuales en lugar de colectivas. En los últimos meses hubo un curso acelerado para entenderlo y los datos publicados a partir de julio brindan argumentos para la corroboración empírica.

En uno de sus últimos informes el Instituto Internacional de Finanzas -una de las instituciones con más influencia global por monitoreo de las variables económicas- adelantó que en China la recuperación comenzó a ser en forma de V.

Sus indicadores adelantados de actividad arrojaron un crecimiento del 2 por ciento en el segundo trimestre con normalización de la industria y las exportaciones.

La calidad de este indicador no puede ponerse en duda por ningún analista con intenciones de desacreditar a China. El Instituto Internacional de Finanzas tiene el patrocinio de los grandes bancos de occidente.

Estos datos son la contracara de la otra potencia. Estados Unidos no termina de resolver sus problemas sanitarios y otra vez las voces influyentes plantean que el mercado interno no tiene la capacidad de recuperarse rápidamente en los próximos meses.

La semana pasada el premio nobel de economía Paul Krugman fue uno de los más críticos: “El próximo desastre está a pocos días de distancia. Millones de estadounidenses desempleados enfrentan una catástrofe inminente”.

El economista usó un solo dato para mostrar la falta de manejo de la crisis sanitaria. Florida tiene un promedio de muertes diarias por coronavirus que es casi idéntico al de toda la Unión Europea, la cual tiene una población 20 veces mayor.

“Ahora otro desastre, esta vez económico en lugar de epidemiológico, está a solo unos días de distancia” y planteó que la Ley Cares permitió ampliar algunos beneficios para los segmentos afectados por la pandemia y evitar que las consecuencias sobre la pobreza se agudicen en una economía que perdió temporalmente 22 millones de empleos.

“Desafortunadamente, todos esos beneficiarios ahora están a punto de ser arrojados por la borda”. Aseguró que el 25 o 26 de julio millones de trabajadores verán que sus ingresos caen en un 60 por ciento al dejar de recibir los suplementos estatales.

“El Gobierno está muy por detrás de la curva del coronavirus. Todavía están hablando de una recuperación en forma de V que nos llevará de vuelta al pleno empleo, haciendo innecesaria la ayuda especial a los desempleados”.

Krguman aseguró que “los funcionarios son ajenos a lo que todos los demás ven: una economía que está tropezando nuevamente a medida que el coronavirus vuelve a surgir”.

En el Congreso no terminan de ponerse de acuerdo en la extensión de beneficios sociales como los cheques semanales de 600 dólares que tienen su último vencimiento a finales de julio y llegan a millones de beneficiarios. La demanda agregada podría desplomarse.

* Analista financiero.



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5G y coronavirus: las teorías conspirativas sobre las antenas y su intencionalidad política | La campaña que dice que propagan la pandemia integra la disputa de Estados Unidos con China



La Organización Panamericana de la Salud (OPS) proyecta más de 438 mil muertes por coronavirus en América latina y el Caribe para el 1° de octubre. 

“Es importante enfatizar que estas proyecciones se convertirán en realidad solo si las condiciones actuales se mantienen. Esto significa que los países pueden cambiarlas si toman las decisiones correctas e implementan medidas de salud estrictas y comprobadas”, afirmó la directora de la OPS Carissa Etienne. 

Hasta el momento, el lote de países con peores resultados son: Perú (376 muertos por millón de habitantes), Chile (376), Brasil (355), Ecuador (292) y en el quinto lugar aparece Bolivia (163).

En ese país, el desborde de los cementerios obligó a la apertura de fosas comunes para enterrar los cadáveres. El problema más serio se registra en el Cementerio General de Cochabamba. 

A mediados de junio, se produjeron diversos atentados contra antenas telefónicas en diferentes localidades bolivianas (San Julián, Ichilo y Yapocaní). La hipótesis más firme es que habrían sido realizados por algunos grupos que culpabilizan a las antenas 5G de propagar la pandemiaEsa tecnología no está disponible en territorio boliviano

La paranoia tiene alcance global: se produjeron ataques de ese tipo en Reino Unido, Irlanda, Chipre y Países Bajos. El cantante español Miguel Bosé escribió en sus redes sociales “yo digo no a la vacuna, no al 5G y no a la alianza España/Bill Gates”. 

Esa proclama replica una denuncia muy viralizada por los amantes de las teorías conspirativas. El cofundador de Microsoft estaría financiando una vacuna que inyectará microchips para controlar a las personas. Ese planteo también se escuchó en las marchas anticuarentena en la Argentina. Por caso, una bandera colgada cerca del Obelisco rezaba “5G y Vacunas=Genocidio”.

En el artículo “Trump,
Bannon y Cañizares: los lobbies ultrarreligiosos alimentan la teoría de la
conspiración abortista del coronavirus”
,
el periodista español Jesús Bastante explica que “la tesis del 5G
parece tener como punto de partida un video de la conferencia que Thomas
Cowan, autor de varios libros en los que se presenta como doctor, pronunció el pasado
12 de marzo en un foro organizado en Tucson (Estados Unidos) por el grupo Humans for
Humanity Coalition, vinculado al movimiento antivacunas. Esta ha sido
ampliamente difundida por un think tank de promotores de la
reelección de Donald Trump en noviembre, y que ha encontrado fácil eco en los
grupúsculos ultraconservadores españoles y europeos ligados al equipo de
trabajo del exasesor de Trump, Steve Bannon”. 

Para Cowan, el foco
original se produjo en Wuhan
porque fue una de las primeras ciudades
chinas donde se instalaron las antenas 5G. Además de que
eso es falso, ninguna evidencia científica respalda
esa “teoría”
. Por el contario, la OMS y diversos expertos descartaron una
posible interacción entre el virus y las ondas de las redes de
telecomunicaciones

La difusión de estas teorías conspirativas son funcionales
a la culpabilización de China por la crítica situación sanitaria mundial
. Una cuestión
no menor en el marco de la disputa geopolítica entre Estados Unidos y el
gigante asiático. 

En el newsletter de Cenital, el periodista Juan Elman apunta
que “‘el Indo-Pacífico es el escenario prioritario del Departamento de Defensa’,
consigna un reporte reciente que el Pentágono de Estados Unidos envió al
Congreso para solicitar un incremento presupuestario de 20 mil millones de
dólares para la contención militar de China en esa región”. 

[email protected]

@diegorubinzal



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La ilusión de un Plan Marshall para la Argentina pospandemia | Análisis histórico de un programa financiero que consolidó la expansión imperial de Estados Unidos



Algunos analistas proponen para el país un nuevo plan Marshall. Es como pensar que la doctrina Monroe se llama en verdad Scalabrini Ortiz. Además de no saber bien que país podría implementar tal cosa (China podría ser uno o el único pero existen serios problemas estratégicos para que eso sea posible, además de no saber si una solución similar es de su interés), muchos desconocen que significaba estratégicamente y piensan que los países europeos no pusieron su granito de arena. 

El plan Marshall ayudó a los países occidentales de Europa con propósitos definidos y estos pudieron reconstruirse y crear en parte los Estados de Bienestar, pero no siguieron ciegamente el modelo estadounidense.

No se entiende como una potencia donde predominaba una mentalidad liberal y empresaria permitió que Europa se expandiera, además de la ayuda, al ritmo de la planificación y la participación estatal. Se deja de lado en el análisis el ejemplo exitoso del New Deal, que mientras Franklin Delano Roosevelt vivía quería aplicarlo al mundo y vio allí la posibilidad de colocar los excedentes de posguerra. Henry Morgenthau Jr, su secretario del Tesoro, decía abiertamente que era necesario un New Deal internacional para evitar otra depresión

Roosevelt iba además hacia un mundo único que incluía a los soviéticos y este curso de acción podía ser protagonizado por los nuevos organismos internacionales creados en Bretton Woods, y por las Naciones Unidas. Esas instituciones económicas y políticas serían como “dos hojas de una misma tijera”, garantes de la paz y la economía internacional.

Imperialismo

Desde un ángulo donde se resucitaba el viejo imperialismo americano, Henry Luce dueño de las influyentes revistas Life y Time, publicó antes de la entrada de Estados Unidos en la guerra, a principios de 1941, un editorial titulado “The American Century”, en el cual luego de criticar a los británicos, acantonados en su Commonwealth, y a los gobiernos norteamericanos pasados o en curso, republicanos, como Herbert Hoover o Calvin Coolidge, o demócratas como Roosevelt, por sus políticas aislacionistas, daba su propia opinión: 

“Considere el siglo XX. Es nuestro no solo porque tenemos la suerte de vivir en él…es también la primera centuria americana que nos encuentra como un poder dominante en el mundo…En lo económico América sola debe determinar si un sistema de libre empresa -un orden económico compatible con la libertad y el progreso-, puede o no prevalecer en la centuria. Es en este espíritu que todos nosotros somos llamados…a crear la primera gran American Century”.

Las dos perspectivas internacionalistas partían de puntos de vista opuestos y se proyectaban al mundo de manera diferente: 

* El New Deal era una experiencia de planificación nacional e intervención del Estado.

* La proclama de Luce se basaba en privilegiar la libre empresa. 

Ambos tenían, sin embargo, en cuenta que para evitar otra crisis como la del treinta los mercados del mundo tenían que abrirse a los productos norteamericanos

El destino jugó también su carta, la muerte de Roosevelt al fin de la guerra y su reemplazo por Harry Truman, y las propias actitudes de los rusos que a toda costa defendieron sus nuevas posesiones en Europa Oriental, originaron la política de contención del comunismo y la Guerra Fría

Superpotencias

El mundo único se dividía ahora entre las dos superpotencias. La recuperación de Europa Occidental se hacía indispensable para Washington, incluyendo a la vencida Alemania nazi. Pero el mundo no siguió tampoco el camino pregonado por Henry Luce.

Por un lado, la Unión Soviética que los hombres de Roosevelt veían en un principio integrando también ese mundo, salió de la guerra como “un vencedor derrotado”. Los costos habían sido para ella altísimos: perdió un 18 por ciento de sus activos humanos y la tasa destrucción de sus activos físicos llegó a más del 25 por ciento de los que poseía. 

Por otro, con Truman en el gobierno ya se afirmaba que Estados Unidos y su poder económico constituirían el “centro vital” vinculado a la definición que hacía Washington de la “estabilidad política y social”.

Por otra parte, estaba el problema mismo de Alemania. Roosevet y su gente querían mantener la alianza de posguerra y desmitalizarla. La amenaza principal del capitalismo había sido en el pasado la revolución rusa, pero la Unión Soviética había sido un aliado. Alemania, por el contrario, provocó las dos guerras mundiales y el horror del holocausto de los judíos y otras poblaciones. Se tenía muy presente que entre las causas principales que llevaron a la aparición del nazismo estaban la imposibilidad del pago de las deudas y reparaciones originadas por aquel primer conflicto bélico y alimentadas luego por empréstitos norteamericanos. Esto era un resultado del Tratado de Versalles, a quien se hacía responsable en parte de la nueva industrialización y rearmamento de la Alemania nazi. En cambio, la Unión Soviética, desangrada por la guerra podría ser un importante mercado para los productos americanos. “El Presidente creía que la paz dependía de mantener y desarrollar la unidad entre las tres grandes potencias”, dijo en su análisis de la Conferencia de Yalta el ex secretario de Estado, Edward Stettinius.

La cuestión sobre el destino de Alemania, tuvo que ver con el plan de desarme y castigo luego de la guerra que presentó el secretario Henry Morgenthau Jr, profundamente antinazi, como lo muestra en sus diarios personales: “Hay un grupo considerable de ricos de este país que harían la paz con Hitler mañana”. Esos ricos que mencionaba Morgenthau eran varios, como Prescott Bush, padre y abuelo de futuros presidentes; el padre de los Kennedy entonces embajador en Londres; Henry Ford, conocido antisemita; y varias grandes compañías norteamericanas que tenían negocios en Alemania, como General Motors. Pero el curso de los acontecimientos siguió un camino diferente.

Reconstrucción

El nuevo presidente Harry Truman, que sucedió a Roosevelt tras su fallecimiento en abril de 1945, era profundamente anticomunista y temía la presencia rusa en Europa Oriental. Inició así la política de contención del comunismo y la llamada Guerra Fría. Tendió, por el contrario, con la formulacion del Plan Marshall en 1947 a la reconstrucción de los devastados países amigos de Europa, incluida Alemania, que debían convertise en bastiones contra la penetración comunista

Pero los nuevos dirigentes norteamericanos se encontraron con un problema para sacar a Europa del marasmo en que el estaba: la influencia cada vez más grande de los partidos comunistas occidentales y el ejemplo de la planificación soviética que ahora parecía positivo. No podían recurrir simple y llamamente a la introducción de un esquema netamente liberal en el viejo continente.

El líder francés Jean Monnet no era adversario a la idea del desarme de Alemania, tesis similar a la de Roosevelt. La unidad europea que propugnaba era imaginada como un respuesta mejor al peligro aleman que las que proponían los americanos: una división política, la amputación o la ocupación permanente de Alemania. El general De Gaulle concordó con esta idea en un discurso en Argelia en 1944 y tuvo la esperanza de constituir una unión europea económica, en alianza con los soviéticos y los americanos. No iba a ser ese el curso de la historia.

Con Truman la política norteamericana se endureció también con respecto al otro aliado en la guerra: se cortaron los desembolsos correspondientes al acuerdo de Préstamos y Arriendos con el Reino Unido, contrariamente al compromiso asumido por Roosevelt. Esta situación puso a los norteamericanos en una posición de ventaja para negociar con los ingleses un nuevo préstamo. 

John Maynard Keynes fue el encargado de representar al gobierno de Londres, y mientras que el economista británico procuraba la obtención de un crédito sustancial a un bajo costo, los representantes estadounidenses pretendían que Gran Bretaña eliminara sus restricciones sobre el comercio, liberara los saldos bloqueados, volviera a la convertibilidad de la libra y eliminara los controles sobre las transacciones en dólares. Sin saldos bloqueados y con la posibilidad de cambiar libras por dólares, los países acreedores de Gran Bretaña podrían comprar libremente los productos norteamericanos. Por tal razón, este fue el punto más difícil en la negociación.

El préstamo fue aprobado por un monto inferior a lo solicitado por Keynes. Un parlamentario británico, criticando a los norteamericanos, que querían volver ahora a los perimidos principios del laissez-faire que tanto habían denostado, intentó levantar el orgullo nacional: “No debemos vender el Imperio Británico por un paquete de cigarrillos.” En todo caso era demasiado tarde. Las políticas tienen mucho más que ver con las realidades e intereses de cada país que con los fundamentos de las teorías económicas.

Impulsada por Washington, la vuelta a la convertibilidad de la libra por parte de Gran Bretaña el 15 de julio de 1947 tuvo consecuencias desastrosas. En pocas semanas se evaporó el remanente de los dólares que quedaban del gran préstamo norteamericano. El Reino Unido se encontraba al borde de la cesación de pagos y la amenaza de tener que utilizar sus reservas de oro. Así, el 20 de agosto de ese año debió decretar nuevamente la inconvertibilidad de la libra. Pero económicamente quedó atrapado por los Estados Unidos y el dólar. Esto perjudicó notablemente la relación de Gran Bretaña con otros países, como la Argentina, y reforzó el dominio norteamericano en el mundo. El objetivo de Washington de desmembrar el imperio británico se vió coronado por la independencia de la India y de otras colonias.

Guerra Fría

En 1948 se produjo otro episodio clave de la Guerra Fría, confirmando el dominio norteamericano, ahora respecto al ex aliado ruso. Las fuerzas armadas norteamericanas habían llevado con ellas en la ocupación de Alemania, reichsmarks impresos en los Estados Unidos. A la Unión Sociética también se les habían dado placas para imprimir esa moneda con lo que pudieron extraer, en cuestión de semanas, varios cientos de millones de dólares en bienes de las zonas de ocupación estadounidense y británica. El reichsmark soviético fue declarado inaceptable en las zonas del oeste, el pago de tropas fue descontinuado, y los cigarrillos se convirtieron en el medio de intercambio en Alemania Occidental. Se planificó entonces en Washington una reforma monetaria bajo el nombre de Operation Bird Dogque implicó la sustitución de los antiguos reichsmarks por nuevos deutshemarks impresos en Washington.

Esta moneda sería legal en las zonas occidentales y su suministro estaría fuera del control soviético. Con el apoyo del plan Marshall, la economía de Berlín oeste era más floreciente que la del este, y ahora su moneda que valdría mucho más la hacía inaccesible para sus vecinos orientales. La Unión Soviética veía esto como parte de un plan general estadounidense para establecer un gobierno en el oeste de Alemania opuesto ideológicamente a los soviéticos. Entonces el ejército soviético bloqueó la ciudad impidiendo la entrada en ella desde el oeste. Mientras parecía que podía estallar otra guerra y la cuestión se discutía en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, presidido en ese momento por el canciller argentino Juan Atilio Bramuglia que actuó brilllantemente como mediador, el traslado a las zonas occidentales y su abastecimiento se hizo por vía aérea. Este episodio dio lugar a la creación de las dos repúblicas alemanas: la Federal y la Democrática, la primera dentro de la alianza con las potencias occidentales, la segunda como parte del bloque soviético. La frontera berlinesa que separaba las dos Alemanias inspiró la novela más famosa de John Le Carre, El espía que vino del frío.

Objetivos

El plan Marshall tenía tres propósitos, que se terminaron de concretar:

1. Debilitar a Gran Bretaña.

2. Hundir económicamente a la Unión Soviética.

3. Defender el predominio de Alemania en el continente. 

América latina sólo servía para como patrio trasero aliado seguro, pero no para levantarla económicamente. “Así paga el diablo”, dijo Perón. Quienes añoran el plan Marshall y quieren aplicar uno en Argentina tienen que cambiarle de nombre y recordar siempre, no importa las formas, que benefició en primer lugar a los mismos norteamericanos y que estaba enmarcado en una estuctura estratégica propia.

* Profesor emérito de la UBA y del ISEN.



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¿Mendoza independiente? El disparate de Alfredo Cornejo | Los datos duros que desmienten al ex gobernador 



En tiempos de cuarentena nos hemos acostumbrado a leer (y a soportar) demasiados disparates en una extensa gama de opiniones que van desde la ignorancia al ridículo. Aun así, algunas se destacan aunque más no sea por su audacia.

En una entrevista radial, el ex gobernador y actual diputado nacional Alfredo Cornejo criticó al gobierno nacional por haber suspendido los trabajos del proyecto hidroeléctrico Portezuelo del Viento, una obra que el oficialismo provincial considera fundamental para la vida económica mendocina. 

Según Cornejo, su provincia es marginada de los beneficios de la obra pública nacional porque “hay mala fe con Mendoza y con todas las provincias productivas”. También aprovechó la ocasión para denunciar que Mendoza percibe menos recursos de la Coparticipación Federal de Impuestos (CFI) que los que en verdad le corresponderían. 

Hasta aquí, sus declaraciones se encuadraban dentro de lo que habitualmente se espera de un dirigente opositor. Pero, de pronto, se le ocurrió lanzar el disparate sobre una eventual independencia mendocina.

Cornejo afirmó que “Mendoza tiene todo para vivir como un país independiente, pero no lo tiene hoy. Hoy, la Argentina perjudica a Mendoza en la negociación de la deuda internacional, en la calificación de riesgo. Mendoza tenía una calificación de riesgo, junto a la CABA, superior a la del resto de las provincias. Sin embargo, se la perjudica para tomar deuda y traer inversiones.”

La realidad 

Según su argumentación, Mendoza es una provincia próspera y bien administrada que se vio perjudicada por un entorno fiscal adverso de la que gobierno nacional es el único responsable. Sin embargo, ante la mención de unos pocos “datos duros” el relato de Cornejo se desgaja.

Pocos días antes, el actual gobernador Rodolfo Suárez (sucesor de Cornejo) presentó un plan para reestructurar la mitad de la deuda pública provincial que, al 31 de marzo, sumaba 1192 millones de dólares. Suárez propuso reconvenir el vencimiento de capital e intereses de los dos principales bonos (PMJ21, emitido en pesos por el equivalente a  81millones de dólares, y PMY24, nominado en dólares por 500 millones) por uno nuevo  perfilado en 11 pagos semestrales, desde el 2024 al 2029.

La oferta fue rechazada por los tenedores de títulos no sólo por considerarla insuficiente sino por una falencia técnica importante: la provincia había omitido incluir el monto de los intereses del vencimiento de 21 millones impago desde mayo.

Del perfil de la deuda provincial actual surge un dato curioso: el 83 por ciento del stock de pasivos (990 millones de dólares) fueron contraídos durante la gestión de Cornejo, pequeño detalle que el exgobernador omite mencionar en sus declaraciones públicas.

Según el reciente estudio del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), Mendoza es actualmente la quinta provincia más endeudada del país, con un pasivo total que equivale al 94 por ciento del total de sus ingresos anuales. 

Estos datos muestran la fragilidad de las finanzas públicas mendocinas, aunque Cornejo sostenga lo contrario.

Calificación

La extensa experiencia internacional sobre colocación de deuda pública a nivel subnacional indica que son contados los casos en los que títulos de deuda emitida por los gobiernos provinciales logran ser más atractivos que los papeles colocados por los gobiernos nacionales. Esto es menos frecuente aun en un contexto como el actual, donde la tendencia inversora es privilegiar carteras con activos más seguros.

El problema debería pensarse al revés de lo que sugiere Cornejo: si su provincia, en cierta coyuntura, logró colocar deuda por 600 millones de dólares fue obra exclusiva de un contexto financiero inducido a favorecer a la Argentina (2016-2017) que ni por asomo se asemeja al actual y que difícilmente se replique sino en el largo plazo. Sostener que el riesgo crediticio de la deuda argentina perjudica a las posibilidades de Mendoza para colocar nueva deuda o atraer inversiones es ignorar cómo opera la lógica del mercado de deuda pública o cómo está hoy el mundo. O, en su defecto, significa mentir.

Coparticipación

Cornejo sostiene que el actual régimen de Coparticipación Federal de Impuestos (CFI) perjudica a su provincia, en la que entre 30 y 40 por ciento de sus recursos provienen de fuente federal.

La CFI se basa en dos criterios. El primero, de carácter devolutivo, tiene por objeto que una parte de la recaudación vuelva a la provincia donde se generó, y el segundo, de carácter distributivo, apunta a que las provincias de mayor desarrollo económico aporten, de manera solidaria, una mayor cantidad de recursos en favor de las provincias menos desarrolladas. Cornejo parece haber olvidado este criterio.

¿Cuánto hay de cierto en que el reparto federal perjudica a Mendoza? Dos simples datos pueden responder a esta pregunta. Según el Indec, la provincia aporta el 4,0 por ciento del PIB del país mientras que las exportaciones mendocinas suman apenas el 2,5 por ciento del valor total exportado. 

Mendoza percibe 4,33 por ciento de la porción de impuestos que les corresponde a todas las provincias. En contraposición, Buenos Aires -con una población nueve veces mayor que la de Mendoza- aporta el 35 por ciento del PIB y 34 por ciento del total de las exportaciones pero se lleva el 19,9 por ciento de la coparticipación.

Además durante la gestión Cornejo, la provincia asumió deudas con el Estado nacional por 207 millones de dólares, a los que se debe sumar otros 225 millones con el Banco Nación y la Anses. La garantía ofrecida Mendoza para todos estos créditos fue el monto de los recursos que percibe de la CFI, lo que significa haber conseguido que la Nación le girara pagos sobre futuros fondos coparticipables.

Historia repetida

Cada vez que una crisis severa acaece sobre la economía argentina, emergen algunas bravuconadas separatistas de ciertos dirigentes provinciales. Por cierto, no son novedosas sino que repiten, como un mantra, el derecho a gozar en exclusividad de los beneficios de la autonomía financiera.

Hace poco menos de 20 años, mientras el país transitaba la traumática salida de la convertibilidad, Adolfo Rodríguez Saá amenazaba con que San Luis iba a escindirse de la República Argentina. El argumento de entonces era similar al que hoy sostiene Cornejo: el de una provincia saneada y eficiente enfrentada a un gobierno federal ineficiente, quebrado en términos fiscales y moroso en remitir a la Tesorería provincial los fondos de la Coparticipación.

Ciertos hechos del pasado permiten que estas amenazas -como las de Cornejo o de Rodríguez Saá- suenen creíbles. La historia argentina muestra un solo caso exitoso en este sentido: en los inicios de la organización nacional, la provincia de Buenos Aires se separó de la Confederación Argentina y conformó un estado independiente durante una década. Eso fue posible por contar con una Aduana que permitió apalancar las finanzas del Estado secesionista y por una abultada emisión monetaria respaldada en las rentas aduaneras.

Precisamente, lo que advirtió el general Urquiza en vísperas de la batalla de Pavón (septiembre de 1861) fue que el Estado de Buenos Aires podía continuar indefinidamente la guerra mientras contara con esos dos grandes instrumentos financieros: la aduana, para cobrar aranceles en divisas fuertes, y la máquina de imprimir billetes. La historia que siguió a Pavón es bien conocida: Urquiza se retiró a Entre Ríos a gozar de su fortuna y el porteño Mitre se hizo cargo del gobierno nacional.

Esta no parece ser hoy la situación de Mendoza, como tampoco era la de San Luis del 2002. Los medios les dieron a las declaraciones de Cornejo una entidad desmesurada, abriendo incluso un tedioso debate sobre la factibilidad jurídica de la “independencia” mendocina.

Aunque tedioso, el aspecto normativo no es un tema menor. La historia ilustra, por ejemplo, que el inicio de la Guerra de Secesión estadounidense se debió, entre otras cosas, a una peculiar interpretación jurídica del pacto constituyente que dio origen a ese país. 

En la navidad de 1860, pocos meses antes de asumir Abraham Lincoln la presidencia, el Estado de Carolina del Sur resolvió separarse de la Unión denunciando que el gobierno federal incumplía sus deberes. Los convencionales que declararon la separación se amparaban en dos derechos: el de cualquier Estado de la Unión a autogobernarse y el de un pueblo a desconocer y caducar al gobierno federal cuando éste lesionara los fines para los cuales fue creado. 

Es obvio señalar que ninguno de estos dos supuestos legales -que, dicho sea de paso, llevaron a una larga y cruenta guerra que implicó la pérdida de más de medio millón de vidas- se ajusta al caso mendocino.

Lo que viene

Hoy, la economía se encuentra devastada y se sostiene por el esfuerzo del gobierno nacional. En este contexto, las declaraciones de Cornejo no suenan oportunas ni inteligentes: son solo fuegos de artificio para complacer a cierto público.

La pandemia nos acostumbró a escuchar, leer y soportar cualquier disparate. El de Cornejo es uno entre tantos. Tal vez, cuando se publiquen estas líneas ya nadie recuerde sus dichos pero lo que sí parece claro es que el federalismo de la pospandemia impondrá una agenda muy diferente a la actual, que poco y nada tendrá que ver con la que propone Cornejo.

Una agenda enfocada en proveer bienes públicos de calidad, adecuados y diversificados en función de las necesidades territoriales y al alcance de todos los ciudadanos, cualquiera sea su condición social o el terruño en el que les toque en suerte nacer. Frente a esta nueva agenda, argumentos como los de Cornejo aportan e importan muy poco.

* Politólogo (UBA). Director de la consultora Tramas & Tendencias. [email protected]



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El juego secreto en el canje de la deuda  | El objetivo de BlackRock, la pelea por el contrato de los nuevos bonos y las próximas elecciones de Estados Unidos



BlackRock no es simplemente una compañía privada. Es prácticamente una empresa estatal en los Estados Unidos. Está alineada con el Tesoro de los Estados Unidos y con la Reserva Federal. Maneja 7 billones de dólares en activos. Es una parte importante del sistema norteamericano”. Estas palabras del economista  Jeffrey Sachs las pronunció la semana pasada y pueden ser estratégicas para la Argentina.

La negociación de la reestructuración de la deuda lleva apenas medio año. La idea original era tener el canje cerrado en el segundo trimestre. Las expectativas económicas de los bonistas extranjeros como del equipo económico se alinearon para que eso ocurra. El valor de recupero del 53 por ciento propuesto hace unos pocos días no difiere prácticamente de lo que pretende cobrar en promedio el conjunto de los grupos de acreedores.

El problema es que este acuerdo monetario no es suficiente para tener una reestructuración exitosa. Las partes tienen miradas distintas acerca de cómo estructurar los contratos del canje. En el Palacio de Hacienda decidieron respetar las formas recomendadas por el FMI y la asociación internacional de mercado de capitales. Los acreedores más agresivos liderados por BlackRock quieren volver a cláusulas de la década pasada que aumentan la cobertura legal para los inversores.

Precedente

En este punto la negociación parece haber ingresado en un terreno de decisiones que excede la lógica financiera y la interpretación más sencilla sería que la disputa es simplemente por un punto y coma en la letra chica de los contratos. Pero lo que se encuentra en juego es más que eso: en esta restructuración argentina se marca un precedente para la renegociación de la deuda global ante el impacto de la crisis sanitaria en el mundo emergente.

El gobierno de Alberto Fernández considera que respetando la esencia de las cláusulas de acción colectiva single limb no sólo se cuida a sí mismo sino que cuida el futuro de los canjes de los países no desarrollados. Pretende defender su estrategia contractual y el criterio de sustentabilidad como las reglas básicas (universales) de la reestructuración de cualquier bono soberano. 

Caso testigo

Pero del otro lado de la mesa de negociaciones también se pretende imponer el criterio básico de las próximas reestructuraciones a escala mundial. BlackRock no está especialmente preocupado por los pocos miles de millones de dólares que tiene colocados en bonos argentinos. No llegan a representar ni el 0,1 por ciento de su cartera global. La negociación con Argentina es un caso testigo: la manera de aprovecharlo es mostrando agresividad.

Este fondo de inversiones a cargo de Larry Fink -el más grande del mundo- sabe que más temprano que tarde deberá aceptar un canje pero aprovecha su capacidad de veto para marcar los tiempos. Los datos de mercado indican que entre el grupo de bonistas Ad Hoc y Exchange se concentra casi uno de cada tres dólares de la deuda de los bonos Globales, Discount y Par.

Pista

Esta disputa de intereses entre el Gobierno y acreedores no deja margen para lograr una salida rápida a la reestructuración. Por ello las palabras de Jeffrey Sachs son la pista para empezar a repensar distintas estrategias para la Argentina.

En noviembre hay elecciones en Estados Unidos. ¿Qué pasa si ganan los demócratas a través de la candidatura de Joe Biden? Se puede especular con que la postura del Departamento del Tesoro sería más flexible con los países emergentes. En otras palabras: los fondos acreedores estarían más presionados para firmar un acuerdo. 

Los dueños de BlackRock –más allá de sus influencias en la eventual administración demócrata- deberán responder a una agenda geopolítica distinta. Algunos se preguntan entonces si no llegó el momento de esperar antes de firmar apurados.



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Vicentin viola la propiedad privada | No paga salarios, incumple con proveedores y se declaró insolvente para hacer frente a deudas con la banca pública



El salario del trabajador es también propiedad privada ¿Y por qué no se respeta? Es muy sencillo, porque las leyes y Constituciones en todos los países del mundo protegen la propiedad privada de la clase capitalista no la propiedad privada de la clase trabajadora.

Tan así es que la Constitución Nacional argentina en su redacción del artículo Nº 17 dice que: La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley”

Da por sentado que se trata de la propiedad empresarial por eso no hace aclaración alguna, por ejemplo, como que la inviolabilidad se refiere a la “propiedad del capital”, de los “medios de producción”, o de los “activos físicos y financiero-monetarios”. No lo específica porque ya se sabe. Redacción que refuerza con que “no puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley”.

La clase asalariada, pues, no es tenida en cuenta porque se da como un supuesto natural que carece de propiedad privada y, sobre todo, menos que deba ser protegida por leyes y hasta por la propia Constitución al igual que la propiedad de los capitalistas.

Fuerza de trabajo 

La pregunta que surge sería: ¿qué propiedad privada tiene el trabajador que deba ser reconocida, respetada y protegida por leyes y por textos constitucionales? 

Si tuviera patrimonio dinerario para invertir, medios de producción o activos reales no sería trabajador, sino que debería ubicarse en la clase no-trabajadora pero sí propietaria. Como trabajador, sin embargo, es un no-propietario razón por la cual el texto constitucional y las leyes no le alcanzan.

A dirigentes políticos, economistas, juristas, instituciones universitarias y de investigación parece que se le haya ocurrido examinar que, si bien el trabajador es un no-propietario, lo es por no poseer patrimonio dinerario, medio de producción o activo real, pero sí es propietario de su salario dinerario. 

El salario como pago por su trabajo es de su propiedad, es la forma dineraria de su “fuerza de trabajo”, es su propiedad privada. 

¿Cómo que el salario es “propiedad privada”? Así es en los hechos aunque las leyes y la Constitución no lo reconozcan económicamente ni jurídicamente, porque se basa en una relación social asimétrica por la cual la clase asalariada al carecer de medios de producción propios debe ofrecer su fuerza de trabajo a quien los posee pero no trabaja aun teniendo capacidad para hacerlo.

Patrimonio dinerario

Si a algún empresario dueño de un patrimonio dinerario se le inhibiera la administración del mismo por parte de una decisión jurídico-política estatal, ¿qué argumentaría como defensa de su patrimonio?  Primero que “se violan las leyes de la propiedad privada y de su efectivo ejercicio”, que es exactamente lo que arguyen los dueños de Vicentin. 

¿Y por qué cuando sucede lo mismo con el “patrimonio dinerario” del trabajador, que eso es su salario, no se denuncia, ni hay alteración en contra de tal violación? En los casos diarios y permanentes de despido, individual o masivo, el empresariado se arroga, además, la decisión (no el derecho) de no pagar de inmediato y obligar a que los trabajadores hagan juicio laboral para acceder a su “propiedad”, porque tal circunstancia llevará años y eso le dará tiempo suficiente para dilatar el pago (retener la propiedad-dineraria del trabajador) y pagar con moneda desvalorizada, cuando no sucede que el trabajador es obligado a aceptar montos indemnizatorios mucho menores para contar con el mismo pues de lo contrario no podría dar de comer a su familia en lo inmediato, a costa de renunciar al juicio y a los importes que por ley se le adeudan.

En estos casos, es evidente que la clase propietaria que pide y exige respeto por su propiedad y, efectivamente, toda la legislación y la Constitución están de su lado, sin embargo no respeta la propiedad privada salarial del trabajador. Se apoya y argumenta en la legislación vigente y en usos y costumbres seculares para violar tal propiedad

El 14 bis

Si se trata de defender la legalidad, por qué no se respeta el texto constitucional cuando en su artículo 14 bis dice “igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección”. La ley y su promulgación están ausentes para dar cumplimiento a lo que exige este artículo lo cual es una flagrante violación por parte del Estado y de las propias empresas.

Así por las condiciones de contratación imperantes, el trabajador primero trabaja y cobra semanas aposteriori, de manera que quien vende (trabajador) no cobra de inmediato lo que vende, y quien compra (capitalista) dispone inmediatamente de lo que compra y paga después de su uso-consumo. 

Situación de compraventa que no se da en ninguna de las otras transacciones en la que quien vende cobra y luego entrega la que vende (fábricas, comercios, negocios, kioscos). De este modo la clase que trabaja concede un crédito a la clase que no trabaja. O sea, la parte débil sostiene a la parte fuerte, pero además cobra con retraso y el trabajador no percibe un resarcimiento por tal situación de demora en el pago como si lo hacen los bancos cuando entregan un crédito. 

El capital una vez en poder de lo producido lo comercializa, recuperando el valor invertido que incluye una porción (importe salarial) que no es de su propiedad, pero que retiene hasta el momento en que debe entregarlo a su legítimo dueño. Esta es la forma en que la clase asalariada se paga a sí misma pero que es presentada y defendida como que la empresa desembolsa de su propio fondo el monto salarial. Lo evidente es que  crédito del trabajador-deuda empresarial se vuelve invisible por el discurso justificatorio y la práctica diaria, que convierte en sentido común lo opuesto (la empresa sostiene y paga el costo salarial desde el inicio).

Confiscación encubierta

Es evidente en el caso de Vicentin los despidos sin pagos de los salarios ni de las indemnizaciones correspondientes, el incumplimiento con los proveedoreslas deudas en mora con la banca pública. Son todas formas en que la propiedad privada Vicentin atropella, viola y defrauda la propiedad privada de trabajadores, de productores independientes y la propiedad estatal (Banco Nación y Banco Provincia).

De hecho, en principio, no es otra cosa que una apropiación-retención de los salarios, una expropiación de los productores y una estafa al erario público, todos procedimientos delictivos que significan en definitiva una confiscación encubierta de los activos de aquellos propietarios presentada como decisión preventiva de quiebra. 

El capital infringe las leyes (vale recordar la confiscación de las cuentas de los ahorristas del corralito de Cavallo en el 2001) y se permite impunidad. Pero vocifera cuando debe rendir cuentas ante la Justicia y la sociedad de que se está violando la propiedd privada y las leyes. Los partidos populares, los movimientos sociales, los sindicatos de trabajadores de la CGT, tienen la obligación política de movilizarse para exigir a los legisladores del Congreso Nacional que aprueben leyes que modernicen las relaciones laborales y las pongan a tono con lo que demanda la sociedad en términos de simetría y equidad social, y lo deben hacer aún dentro de esta sociedad de la desigualdad.

* Fernando Hugo Azcurra: Economista. 



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La doble pandemia chilena | Colapso sanitario con miles de muertes y un modelo sociolaboral estallado



El tridente Trump-Johnson-Bolsonaro minimizó la peligrosidad del coronavirus desde el comienzo de la pandemia. El primer ministro inglés reformateó ese discurso negador luego de ser internado por covid-19. Por el contrario, Trump y Bolsonaro insistieron en su tesitura. Sin llegar al extremo del presidente brasileño, las autoridades chilenas y mexicanas también adoptaron una estrategia sanitaria muy laxa.

Un informe de la consultora PxQ, dirigida por el economista Emmanuel Álvarez Agis, explica que “mientras que Argentina implementó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio el 20 de marzo con 30 casos diarios, Brasil restringió la circulación entrado el mes de abril cuando ya estaba cerca de los 1000 casos diarios y aun cuando se aceleraron los contagios nunca llegó a ser un aislamiento total. En Chile y México sucedió algo similar, con una cuarentena “light” que se endureció cuando los casos comenzaron a acelerarse”.

El caso chileno fue muy particular porque recién el 16 de mayo se decretó una cuarentena obligatoria en la región metropolitana de Santiago. Hasta entonces, los únicos que habían implementado restricciones aisladas fueron algunas comunas y municipios. El resultado de esa estrategia del gobierno de Sebastián Piñera fue un rotundo fracaso. La nación trasandina encabeza el ranking de decesos por millón de habitantes en América latina. 

El colapso del sistema sanitario obligó a la renuncia del ministro de Salud, mientras que el diputado oficialista Andrés Celis Montt propuso el traslado de pacientes chilenos a Buenos Aires o Mendoza en aviones Hércules de la Fuerza Aérea. La economía también está crujiendo: el Índice Mensual de Actividad Económica cayó 14,1 y 15,3 por ciento interanual en abril y mayo, respectivamente. A mediados de mayo, Piñera solicitó al FMI un préstamo flexible por 23.930 millones de dólares. La petición fue aprobada un par de semanas más tarde.

En el artículo “Chile frente a la pandemia neoliberal”, el profesor José Salvador Cárcamo destaca la observación del académico de la Universidad de Chile Ernesto Águila: el país vive “una crisis masiva e inédita, con una abrupta paralización de la economía en el marco de una sociedad caracterizada por la precariedad de las condiciones de vida y del trabajo, donde casi la mitad de los asalariados trabaja sin contrato, a honorarios o con “contratos basura”, donde la pandemia ha dejado al descubierto las injusticias, abusos e irracionalidades de nuestro modelo de vida y económico”.

En ese convulsionado contexto, la sociedad chilena reaccionó con mucha bronca cuando se filtraron detalles de una licitación para la compra de artículos gourmet (caviar, mousse de pato, paté de jabalí u muzzarella de búfala) destinados al comedor de la Casa de la Moneda. El gobierno dio marcha atrás y aclaró que los productos no llegaron a ser comprados.

En el newsletter de Cenital, el politólogo Tomas Aguerre apunta que “la noticia en sí no es tan relevante pero sí la reacción en redes sociales: en Chile fue tendencia el nombre María Antonieta. Fascinante. María Antonieta quedó como símbolo de despilfarro en un momento de crisis económica que terminó en la Revolución Francesa y con su cuerpo separado de su cabeza. La famosa frase “si no hay pan que coman pasteles” se le atribuyó apócrifamente para pintar al personaje”. 

Los últimos sondeos de opinión revelan que más del 70 por ciento de los chilenos desaprueba la gestión Piñera. El niño mimado de la derecha latinoamericana no la tiene nada fácil.

@diegorubinzal

[email protected]



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¿El coronavirus está enviando a terapia intensiva al capitalismo? | La pandemia es el inicio de un ciclo revolucionario o es la profundización de los peores rasgos del capitalismo neoliberal



Un interesante artículo  publicó Página/12 reseñando algunos debates desatados por el coronavirus. En foros virtuales, como el recomendable Social Europe, o en revistas especializadas, como la francesa Alternatives Economiques, se multiplican encarnizadas discusiones acerca de la pandemia y los eventuales cambios que se producirían en la sociedad. 

Filósofos, cientistas sociales y futurólogos intentan desentrañar los profundos efectos que la covid-19 y las políticas para combatirla están causando sobre las sociedades

Las polémicas tratan de descubrir algunos cambios trascendentales que la pandemia  dejará cuando sea sólo un triste recuerdo. Las interpretaciones no pueden ser mas disímiles. Algunos creen ver el inicio de un nuevo ciclo revolucionario hacia una sociedad mejor. Otros, en cambio, ya observan la profundización de los rasgos más cuestionables y asociales del capitalismo neoliberal, imposibles de domesticar.

La profusión de argumentos para fundar las apreciaciones contrasta con una perspectiva mayormente pobre en estructuras analíticas, así como una curiosa falta de perspectiva histórica. No se pretende en pocas líneas cubrir ese vacío, aunque sí dar algunas pistas para un análisis más profundo. Para ello, es recomendable partir de los fundamentos básicos de las ciencias sociales. 

Hace ya mucho tiempo, algunos autores clásicos insistían en que la buena práctica académica obligaba a distinguir e integrar dos niveles igualmente relevantes: el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. Del juego entre ambos emana la dinámica social. La precisión en esos dos procesos es la que más se echa de menos en los análisis. 

¿Cómo influyen en lo que vendrá? La pista se encuentra en algunas de las actuales tendencias.

Ganadores

La mayoría de los países afectados por la pandemia reaccionó, con mas o menos radicalidad, de manera similar. Decretaron una cuarentena, que mantiene funcionando los servicios escenciales y confinaron a la mayor parte de la población en sus hogares. El coronavirus entonces ha provocado una inmediata recesión con una dramática caída de la producción y pérdidas de empleos. Las pérdidas económicas ascienden a cifras astronómicas y condenan al colapso de 2008 a ser reducido a una caricatura de crisis.

Sin embargo, no todos están perdiendo. Para algunas empresas y para algunos sectores, la crisis está resultando una enorme fuente de ganancias y crecimiento. Piense usted conmigo: ¿Que hace la población en cuarentena? En primer lugar, se deprimen un poco. Y luego recurre a alguna plataforma de Internet: Facebook, TipTop, Zoom, Skype u otra red social. La vida sigue y hay que limpiar la casa, comer, arreglar el depósito del baño. Como lo mejor es no salir, se pide la comida con la app, se compra por Internet lo que se necesita en el hogar. Repasemos: Google, Amazon, Facebook, Apple. Las dominantes GAFA y otras plataformas se expanden.

Los reportes económicos muestran que mientras buena parte de la economía mundial se hunde, los gigantes de la economía digital trabajan como nunca. Aunque las cifras no son coincidentes, desde la aparición del coronavirus las ventas de plataformas como Amazon subieron constantemente. Google o Facebook se expande con su negocio menos visible: la venta de datos de usuarios y publicidad. Lo mismo ocurre con las app de delivery de comidas, de medicamentos y de otros bieneso. 

También se encuentran bien posicionadas las empresas que pueden operar con home-office. Quienes trabajan bajo esa modalidad saben que la jornada de trabajo resulta más larga y más intensa que en la “office-office”.

Mundo del trabajo

En un artículo académico reciente , presenté algunos cambios que la economía digital está introduciendo en el mundo del trabajo. Estos cambios no auguran un futuro mejor, debido a los siguientes factores: 

* La economía digital impulsa una creciente precarización del empleo. 

* Explotación de trabajo gratuito, cuando Facebook o Google venden sus datos para campañas publicitarias, es usted mismo el encargado de cargarlos. 

* Explotación creciente de la psiquis. 

* Difuminación del límite entre trabajo y ocio, extendiendo imperceptiblemente la jornada de trabajo. 

* Descalificación del trabajo creativo. 

La hipótesis del documento es que se estaría en un potencial sendero de salida del neoliberalismo hacia una variante del capitalismo mucho peor.

Concentración

Un elemento adicional es, como lo bautizara el bestseller de Shoshana Zuboff, el desarrollo de un capitalismo de vigilancia. Las plataformas de comunicación, la captura de los datos de las personas y hasta la penetración en mecanismos de pensamiento de las población, someten a las sociedades a una vigilancia cada día más fuerte y perceptible, que comienza en la publicidad para que alentar el consumismo de determinados productos y termina, Cambridge Analytica mediante, en el control político.

No sólo eso. Las plataformas digitales suelen sustentarse en dos tendencias muy firmes. Por un lado, una perspectiva de ganancias extraordinarias de corto plazo, al mejor estilo del capital financiero especulativo. Por el otro, una tendencia a la concentración monopólica

El sociólogo alemán Philipp Staab observa que parte de las empresas digitales son, simplemente, intermediarias entre el productor de un bien o servicio y el consumidor. Su carácter monopólico las convierte en el mercado. Es decir, ya no existe una economía en la que el mercado como concepto abstracto (el martillero walrasiano, dirían los economistas) arbitra entre empresas y familias. Esa función es asumida por una empresa-mercado capaz de imponer sus condiciones a oferentes y demandantes, y juntar a ambos.

Las economías de plataforma necesitan individuos fragmentados, escindidos de la sociedad y anclados al mundo virtual; justo lo que provoca el aislamiento social

Por ende, no es extraño que los ganadores sean ellas. El problema es que la nueva situación, aunque temporaria, genera cambios en los comportamientos sociales, en las relaciones de poder, en la acumulación de capital y en la matriz de negocios que consolida el modelo en ciernes.

Contradicciones 

El nuevo desarrollo de las fuerzas productivas tiene un impacto económico-social claramente negativo. La trama de relaciones se vuelve cada día más favorable a un pequeño grupo de conglomerados. Grupos que tienen débiles vínculos territoriales. En general, su presencia etérea les permite escapar a muchas regulaciones nacionales, especialmente en campos como el laboral o en el manejo de datos e información. Además, les facilita la elusión de las cargas impositivas. Por eso, el panorama de ganadores y perdedores con la crisis sanitaria también golpea a los Estados en su capacidad de recaudación.

¿Entonces no quedan ya esperanzas? 

En general, el mundo nunca es tan lineal. La correlación de fuerzas se está desequilibrando, por supuesto. Pero también surgen algunos contrapoderes

Quienes ven el tránsito hacia un mundo mejor insisten en que la crisis impulsó una recuperación parcial de las funciones del Estado, que se venían deshilachando desde hace décadas. En la emergencia, los sistemas sanitarios privados no pudieron reaccionar adecuadamente y la atención y prevención quedó a cargo de los Estados.

También descubrió el velo sobre los grupos más vulnerables de la población que, curiosamente, eran muchísimo más grandes de lo que los formadores de opinión pública contaban, incluso en los países más desarrollados. Los Estados debieron también actuar para evitar una crisis social sin precedentes. 

Los sistemas de investigación científica y tecnológica pública resultan una pieza clave: cómo manejar una pandemia desde el punto de vista médico-sanitaro, pero también como sostener psiquica y socialmente a grandes grupos de personas en cuarentena (las ciencias sociales tenían una utilidad a fin de cuentas) y cómo reorganizar los sistemas educativos de manera virtual.

Una conclusión inmediata es que los sistemas coordinados y organizados por el sector público, el llamado “Estado de Bienestar”, regresó en términos de acción y en términos de consenso. Pocas voces se animan hoy a denostarlo como un actor central en la estructuración y el sostenimiento de las sociedades. 

Regulaciones

En ese contexto, se puede formular la pregunta que quienes analizan críticamente los avances de una digitalización a ultranza se vienen haciendo desde hace tiempo: ¿cómo regular a los conglomerados digitales? 

Algunos de los campos que necesitan regulación están claros: 

* En las relaciones/condiciones laborales.

* En una carga impositiva similar a la del resto de la sociedad.

* En el control en el manejo de los datos y la información, incluyendo aspectos vinculados a la seguridad.

* En el control del abuso de posiciones monopólicas u oligopólicas.

* En el control de normas sanitarias, incluyendo en cuidado de la psiquis.

* En la regulación de los flujos comerciales bajo normativas nacionales, cuidado del medioambiente y de las necesidades emergentes de políticas del desarrollo. 

El impacto del coronavirus deja en evidencia, pues, la existencia y profundización de un campo de tensión entre la dinámica técnica-económica y las necesidades y el desarrollo social

El tamaño y la difuminación de la presencia geográfica de uno de los polos en pugna pone en el centro, además, la cuestión de las relaciones internacionales. Difícilmente un país pueda moverle el amperímetro a los consorcios digitales. Una regulación efectiva sólo es posible a partir de acuerdos mínimos entre Estados a nivel regional y mundial

Esos acuerdos deberían articular las necesidades y las recuperadas atribuciones de los Estados, una perspectiva internacional más consistente con el desarrollo social y la competencia que aún persiste en el campo de la digitalización. Un caso para analizar en el comercio digital es el de la firma estadounidense Amazon. Otros conglomerados, como la china Alibaba, le disputan la presencia territorial. La competencia es diferente a la de los manuales, igual que el rol que en ella juegan los Estados. Pero deja espacios para regularla.

La confrontación plantea así desafíos no sólo económicos, sino también estratégicos. Pero, como toda confrontación, abre brechas por las que pueden filtrarse acciones y reacciones de sectores con menor poder relativo. Existen caminos de ripio por los que las sociedades aún pueden influir en un tiempo de marcadas transformaciones. 

El coronavirus tiene el aspecto positivo de clarificar los debates y las pugnas que estaban planteadas veladamente. Queda, sin embargo, sacar las conclusiones adecuadas y aprovechar el contexto para actuar rápidamente. La condición es hacer una lectura pertinente de las tendencias en desarrollo. 

* Profesor de la UBA e investigador del Idehesi-UBA/Conicet.



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